En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
Capítulos
  1. 0. Prefacio
  2. 1. Arabia en la época del nacimiento del Profeta
  3. 2. El matrimonio del Santo Profeta con Jadiyya
  4. 3. El Profeta recibe su primera revelación
  5. 4. Los primeros conversos
  6. 5. La persecución de los fieles
  7. 6. El mensaje del Islam
  8. 7. La emigración a Abisinia
  9. 8. ‘Umar acepta el Islam
  10. 9. La persecución se intensifica
  11. 10. El viaje del profeta a Ta’if
  12. 11. El Islam se extiende a Medina
  13. 12. El primer juramento de ‘Aqaba
  14. 13. La Hégira
  15. 14. Suraqa persigue al Profeta
  16. 15. El Profeta llega a Medina
  17. 16. Abu Ayyub Ansari anfitrión del Profeta
  18. 17. La vida en Medina se vuelve insegura
  19. 18. El pacto entre diversas tribus de Medina
  20. 19. Los Mequíes se preparan para atacar Medina
  21. 20. La batalla de Badr
  22. 21. Se cumple una gran profecía
  23. 22. La batalla de Uhud
  24. 23. La victoria se convierte en derrota
  25. 24. Los rumores de la muerte del Profeta llegan a Medina
  26. 25. El enfrentamiento con los Banu Mustaliq
  27. 26. La batalla de la fosa
  28. 27. Una lucha muy desigual
  29. 28. La traición de los Banu Quraiza
  30. 29. Los confederados se dispersan
  31. 30. El castigo de los Banu Quraiza
  32. 31. El juicio de Sa’d inspirado en la Biblia
  33. 32. ¿Deseaba el Profeta continuar la guerra?
  34. 33. Enseñanzas del Judaísmo y Cristianismo sobre la guerra
  35. 34. La enseñanza del Corán respecto a la guerra y la paz
  36. 35. Los preceptos del Profeta respecto a la guerra
  37. 36. Ataques esporádicos de los incrédulos
  38. 37. El Profeta parte a la Meca con mil quinientos compañeros
  39. 38. El tratado de Hudaibiya
  40. 39. Las cartas del Profeta a varios reyes
  41. 40. Carta al rey de Persia
  42. 41. La carta al Negus
  43. 42. Carta al jefe del estado Egipcio
  44. 43. Carta al jefe del Bahrein
  45. 44. La caída de Jaibar
  46. 45. Se cumple la visión del Profeta
  47. 46. La batalla de Mauta
  48. 47. el profeta parte hacia la meca con diez mil fieles
  49. 48. La derrota de la Meca
  50. 49. El Profeta entra en la Meca
  51. 50. La Ka’ba, libre de ídolos
  52. 51. El Profeta perdona a sus enemigos
  53. 52. ‘Ikrima se hace musulmán
  54. 53. La batalla de Hunain
  55. 54. “el profeta de dios os llama”
  56. 55. Un enemigo jurado se convierte en seguidor devoto
  57. 56. El Profeta distribuye el botín
  58. 57. Las maquinaciones de Abu ‘Amir
  59. 58. La expedición de Tabuk
  60. 59. El último peregrinaje
  61. 60. El Profeta hace alusión a su fallecimiento
  62. 61. Los últimos días del Profeta
  63. 62. El Profeta fallece
  64. 63. La personalidad y el carácter del Profeta
  65. 64. La pureza del alma y la limpieza del Profeta
  66. 65. La vida sencilla del Santo Profeta
  67. 66. Su relación con Dios
  68. 67. Su desaprobación de la penitencia
  69. 68. Su actitud hacia sus esposas
  70. 69. Elevadas cualidades morales
  71. 70. Su templanza
  72. 71. Justicia y equidad
  73. 72. Su consideración por los pobres
  74. 73. La protección de los intereses de los pobres
  75. 74. El trato a los esclavos
  76. 75. El trato a las mujeres
  77. 76. Su actitud hacia los difuntos
  78. 77. El trato a los vecinos
  79. 78. El trato a los parientes
  80. 79. La buena compañía
  81. 80. La protección de la fe
  82. 81. El perdón de las faltas ajenas
  83. 82. Paciencia ante la adversidad
  84. 83. La cooperación mutua
  85. 84. La sinceridad
  86. 85. La curiosidad inapropiada
  87. 86. La integridad y la honradez en las transacciones
  88. 87. El pesimismo
  89. 88. La crueldad con los animales
  90. 89. Tolerancia en cuestiones de religión
  91. 90. Valentía
  92. 91. Consideración con los incultos
  93. 92. El cumplimiento de los pactos
  94. 93. El respeto a los servidores de la humanidad
  95. 94. La vida del Profeta es un libro abierto
  96. 95. Notas
  97. 96. Sobre el autor
  98. 97. Índice de Temas
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Nunca hablaba en público de las faltas y las debilidades de los demás, y exhortaba a la gente a no proclamar sus propias faltas. Decía: “Si una persona oculta las faltas de otra, Dios ocultará sus faltas en el Día del Juicio”. También decía: “Cada uno de quienes me siguen pueden evitar las consecuencias de sus errores (es decir, a través del arrepentimiento y la reforma), salvo aquellos que insisten en proclamar sus faltas”. Como ejemplo decía: “Un hombre comete un pecado por la noche y Dios lo oculta; por la mañana se encuentra con sus amigos y presume ante ellos, diciendo: anoche hice esto, anoche hice aquello, y de esta forma revela lo que Dios había ocultado” (Bujari y Muslim).

Alguna gente se imagina, equivocadamente, que la confesión de un pecado conduce al arrepentimiento; cuando la realidad es que sólo sirve para reforzar la deshonestidad. El pecado es un mal, y el que peca pero siente vergüenza y remordimiento tiene la oportunidad de volver a situarse, a través del arrepentimiento, en el camino de la pureza y la rectitud. Su caso es como el de una persona que ha sido seducida por el mal, pero es perseguido por la rectitud; cuando se le presenta la oportunidad es capaz de vencer al mal y la virtud reclama al pecador. Sin embargo, aquellos que proclaman sus pecados y se muestran orgullosos de ellos, pierden todo sentido del bien y del mal, y se vuelven incapaces de arrepentirse.

Un día, un hombre dijo al Santo Profeta(sa): “He cometido adulterio” (esto constituía un delito castigable bajo la Ley islámica, siempre cuando se dispusiera de la evidencia adecuada). Oyendo la confesión del hombre, el Santo Profeta(sa) se dio la vuelta para ocuparse de otra cosa. Quería indicar que el mejor remedio en tal caso es el arrepentimiento, no la confesión pública. Pero el hombre no se percató de ello, y creyendo que el Santo Profeta(sa) no le había oído, se puso nuevamente delante de él y le repitió su confesión. El Santo Profeta(sa) le volvió a dar la espalda, pero el hombre volvió a ponerse delante para repetir su confesión. Tras hacerlo por cuarta vez, el Santo Profeta(sa) dijo: “Hubiera preferido que este hombre no proclamara su pecado hasta que Dios no indicara su voluntad al respecto, pero ya que ha repetido su confesión cuatro veces, me veo obligado a actuar” (Tirmidhi). Entonces añadió: “Este hombre ha confesado, y no ha sido acusado por la mujer respecto a quien hace la confesión. La mujer debe ser interrogada, y si niega su culpabilidad, no será molestada, y sólo será castigado el hombre de acuerdo con su confesión; pero si ella confiesa, también será castigada”. El Santo Profeta(sa) tenía la costumbre de seguir la Ley de la Torá en aquellos casos en los que el Corán guardaba silencio, y dado que la Torá establece que el adulterio debe ser castigado con la pena de muerte por lapidación, dictó dicha sentencia contra este individuo. Mientras se ejecutaba la sentencia, el hombre intentó escapar, pero la gente le persiguió y llevó a cabo la sentencia. Cuando el Santo Profeta(sa) supo esto, expresó su desaprobación. Dijo que el hombre había sido condenado según su propia confesión. Su intento de escapar constituía, de hecho, una retractación de dicha confesión, y que, por lo tanto, la gente había hecho mal en infligirle un castigo que solo se le había impuesto en consonancia con su propia confesión.

El Santo Profeta(sa) estableció que la ley se ocupaba tan sólo de los actos manifiestos. Durante la guerra, un grupo de musulmanes encontró a un no musulmán que solía emboscarse en lugares solitarios para atacar y acabar con la vida de todo musulmán que encontraba. En una ocasión, Usama bin ­Zaidra lo persiguió y tras alcanzarle sacó la espada para matarle. Cuando el hombre vio que no quedaba otra escapatoria, repitió la primera parte de la confesión musulmana de fe: “No hay nadie digno de ser adorado, salvo Al’lah”, dando a entender que había aceptado el Islam. Usamaraignoró sus palabras y le mató. Cuando se presentaron al Santo Profeta(sa) el informe de éste y otros incidentes de la campaña, mandó traer a Usamara y le preguntó a este respecto. Cuando confirmó la veracidad del informe sobre el incidente, el Santo Profeta(sa) le preguntó: “¿Qué te ocurrirá el Día del Juicio cuando la confesión de fe de aquel hombre atestigüe a su favor?”. Hazrat Usamara contestó: “Mensajero de Al’lah, aquel hombre mataba a musulmanes, y el hecho de que se declarara musulmán no era más que una estratagema para poder escapar de una castigo justo”. Pero el Santo Profeta(sa) siguió repitiendo: “Usama ¿qué te ocurrirá en el Día del Juicio cuando la confesión de fe de aquel hombre sea utilizada contra ti?”. Con esto quería decir que Dios consideraría a Usamara responsable de la muerte del hombre, pues a pesar de haber matado a muchos musulmanes, su confesión de fe constituía una indicación de que se había arrepentido de sus crímenes. Hazrat Usamara protestó insistiendo en que la recitación de la confesión de fe se debía a su temor a la muerte, y no constituía una indicación de arrepentimiento. Sin embargo, el Santo Profeta(sa) le preguntó:

“¿Acaso miraste en su corazón para ver si decía la verdad?”, y siguió repitiendo: “¿Cómo contestarás el Día del Juicio cuando su confesión de fe se cite como evidencia contra ti?”. Usamara dice: “Al oír al Profeta(sa) repetir esto con tanta frecuencia, desee haberme convertido en musulmán sólo en ese momento, y no haber sido culpable del delito del que fui acusado” (Muslim, Kitab al-Iman).

El Santo Profeta(sa) siempre estaba dispuesto a perdonar a la gente sus faltas y pecados. Una de las personas implicadas en el asunto de la difamación de su esposa Hazrat A’ishara, dependía de la caridad de Hazrat Abu Bakr(ra) (el padre de A’ishara). Cuando se hubo establecido claramente la falsedad de la acusación contra Hazrat A’ishara, Hazrat Abu Bakr(ra) dejó de mantener a este hombre. Incluso esta actitud hubiera sido muestra de una moderación loable por parte de Hazrat Abu Bakr(ra). Otra persona habría adoptado medidas más extremas contra alguien dependiente de él, culpable de haber difamado a su hija. Cuando el Santo Profeta(sa) supo lo que había hecho Hazrat Abu Bakr(ra), fue a hablar con él, insistiendo en que, aun siendo el hombre culpable, no correspondía a una persona como Abu Bakr(ra) privarle de sus medios de subsistencia por el delito que había cometido. Entonces, Hazrat Abu Bakr(ra) volvió a encargarse de su sustento (Bujari, Kitab al-Tafsir).