Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 22 DE JULIO DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Surah Al-Fatihah,

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V (atba), anunció lo siguiente:

Como mencioné en el sermón del viernes anterior, hoy narraré los relatos relacionados con las expediciones militares contra los persas durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra).

En este sentido, uno de lo enfrentamientos se denominó “Batalla de Zat-us-Salasil” y también es conocida como la “Batalla de Kazima”. Este combate se libró en el mes de Muharram-ul-Haram, en el año 12 después de la Hégira. Además, dicho confrontamiento se conoce por tres nombres: la Batalla de Zat-us-Salasil, la Batalla de Kazima y la Batalla de Hafir. [En primer lugar], este enfrentamiento se conoce como la Batalla de Zat-us-Salasil, es decir, la de las cadenas, porque la palabra árabe para cadena es “silsilah” y “salasil” es su plural. Esto se debe a que los soldados persas se habían atado unos a otros con cadenas para que ninguno pudiera huir de la confrontación. Sin embargo, algunos historiadores no aceptan esta narración sobre la misma. [En todo caso], esta batalla se libró entre musulmanes y persas cerca de Kazima. Como tal, se la conoce además como la Batalla de Kazima, que es una ciudad ubicada en la costa en el camino de Basora a Bahrein; y como se libró en el área conocida como Hafir, también se la conoce como la Batalla de Hafir.

Hazrat Jalid bin Walid (ra) era el comandante en jefe de los musulmanes y el nombre del comandante en jefe de los persas era Hormuz. El ejército musulmán estaba compuesto por 18.000 soldados y como se mencionó en sermones anteriores, Hormuz era el gobernador persa de esa región y disfrutaba de un estatus más alto en términos de ascendencia, dignidad y honor que la mayoría de los demás líderes persas. Cabe decir que era costumbre de las personas más veneradas de Irán usar sombreros caros en lugar de los ordinarios. Cuanto más alto era el estatus de una persona en términos de ascendencia, dignidad y honor, usaba un sombrero correspondiente a su estatus. En este sentido, se dice que el sombrero más caro costaba 100.000 dirhams y solo una persona del más alto nivel de respeto, dignidad y honor era considerado digno de llevarlo. Como tal, el estatus de Hormuz se puede medir por el hecho de que su sombrero costaba 100.000 dirham. Los persas le otorgaron un gran honor, pero los árabes que vivían en la frontera de Irak lo aborrecieron porque trató a esos árabes con mucha más dureza que a todos los demás funcionarios situados en la frontera. O sea, su disgusto por los árabes no-musulmanes había llegado al punto de que cada vez que mencionaban la inmoralidad de un individuo, usaban el nombre de Hormuz como proverbio. Por ejemplo, decían que tal o cual individuo es aún más inmoral que Hormuz; o que tal o cual persona es aún más miserable que Hormuz; y que tal o cual individuo es aún más olvidadizo de los favores que le habían sido otorgados que Hormuz.

Por esta misma razón, Hormuz a menudo tuvo que lidiar con continuas incursiones y escaramuzas realizadas por los árabes. Por otro lado, Hormuz solía participar además en pequeños enfrentamientos con los indios en el mar. No obstante, antes de partir de Yamamah, Hazrat Jalid bin Walid (ra) escribió una carta a Hormuz en la que decía: “Obedece y permanecerás protegido; o puedes adquirir una garantía para tu protección y la de tu nación aceptando pagar el ‘yizia’ (impuesto para los no-musulmanes por disfrutar de la protección y cuidado de los musulmanes que gobernaban). De lo contrario, no habrá nadie a quien culpar sino a ti mismo. ¡He traído a tal nación para oponerse a ti, que ama la muerte como tú amas la vida!”.

Cuando la carta de Hazrat Jalid (ra) llegó a Hormuz, este informó al rey persa. Luego reunió sus fuerzas y partió junto con un rápido batallón a Kazima para luchar contra Hazrat Jalid bin Walid (ra). Avanzó hacia delante más rápido que sus caballos, aunque no se encontró con Hazrat Jalid bin Walid (ra) en su camino. En cambio, escuchó noticias de que el ejército musulmán se estaba reuniendo en Hafir. Por consiguiente, se dio la vuelta y partió hacia Hafir, que era el primer lugar que uno cruzaría en el camino de Basora a La Meca. Tan pronto como llegó allí, organizó la formación de sus fuerzas. Entretanto, Hormuz nombró a sus dos hermanos en sus flancos derecho e izquierdo, el primero de los cuales era Qubaz y el segundo Anushjan. Aparte, las fuerzas persas se habían encadenado entre sí, según esta narración, y se dice que al ver esta estrategia, los que diferían les dijeron: “Habéis ayudado al enemigo atándonos con cadenas. No llevéis a cabo esa acción. Será un mal presagio”. Pero los que estaban a favor de atarse con cadenas respondieron diciendo: “Hemos recibido noticias de que tenéis la intención de huir y escapar”.

Cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) recibió la noticia de la llegada de Hormuz a Hafir, redirigió sus fuerzas a Kazima. Hormuz se enteró de esto e inmediatamente partió hacia Kazima y estableció su campamento allí. Hormuz y sus ejércitos se reunieron en filas y tomaron el control del suministro de agua. Hazrat Jalid bin Walid (ra) instaló un campamento en un área donde no había agua y la gente le presentó este asunto. Su portavoz anunció que todos debían desmontar, descargar sus provisiones y luchar contra el enemigo por el control del agua, porque seguramente el control del suministro de agua caería en manos del ejército más firme y honorable de los dos. Tras esto, se descargaron las provisiones, los soldados con cabalgaduras tomaron su lugar y los de a pie marcharon hacia adelante y atacaron al enemigo. Ambos bandos se enfrentaron en la batalla y mientras tanto Dios envió una nube detrás de las fuerzas musulmanas; es decir, llovía detrás de los musulmanes, lo que les dio mucha fuerza.

Hormuz luego tramó un complot para engañar a Hazrat Jalid bin Walid (ra) y dio instrucciones a sus fuerzas defensivas de que desafiaría a Hazrat Jalid bin Walid (ra) a un duelo y mientras lo mantenía ocupado en el combate, deberían lanzar un ataque sorpresa contra el propio Hazrat Jalid bin Walid (ra). Así pues, Hormuz se acercó al campo de batalla y Hazrat Jalid bin Walid (ra) desmontó de su caballo. Hormuz también se bajó del caballo y desafió a Hazrat Jalid bin Walid (ra) a un duelo. Hazrat Jalid bin Walid (ra) se acercó a él y se produjo una pelea, y ambos se atacaron entre sí. Hazrat Jalid bin Walid (ra) pudo vencer a Hormuz, por lo que sus fuerzas defensivas rompieron el protocolo y atacaron a Hazrat Jalid bin Walid (ra) mientras lo rodeaban. Cuando se lleva a cabo un duelo de combate individual como este, no se permite que otros interfieran y ataquen; no obstante, el ejército enemigo lanzó un ataque. A pesar de esto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) pudo finalmente matar a Hormuz. Entretanto, tan pronto como Hazrat Qaqa bin Amr (ra) fue testigo de este engaño de los persas, rodeó y atacó a las fuerzas defensivas de Hormuz y las mató. Las fuerzas persas sufrieron la derrota y huyeron; y Qubaz y Anushjan también estaban entre los que huyeron. De todas maneras, los musulmanes persiguieron a las fuerzas persas en la oscuridad de la noche y continuaron matándolos hasta el gran puente sobre el río Éufrates donde hoy se encuentra Basora.

Tras la conclusión de esta batalla, Hazrat Jalid bin Walid (ra) recogió el botín de guerra y entre el mismo además se encontraba la carga de cadenas que podía llevar un camello. Las cadenas pesaban 1.000 “ratals”, o sea, aproximadamente 375 kilogramos. El botín de guerra enviado a Hazrat Abu Bakr (ra) también incluía el sombrero de Hormuz, que valía 100.000 dirhams y estaba adornado con gemas. Al final, Hazrat Abu Bakr (ra) le dio este gorro a Hazrat Jalid bin Walid (ra), quien envió las buenas nuevas de la victoria, la quinta parte del botín llamada “jums” y un elefante a Medina, y anunció por todas partes la victoria del ejército islámico. En concreto, Zirr bin Kulaib fue a Medina con los “jums” y el elefante. La gente de Medina nunca antes había visto un elefante. No solo la gente de Medina, es que ningún árabe había visto jamás a un elefante aparte de los elefantes del ejército de Abraha. Cuando el elefante fue paseado por toda la ciudad, al verlo, las ancianas se asombraron y preguntaron si era algo perteneciente a la creación de Dios, ya que pensaron que quizá era algo que se había construido. Más tarde, Hazrat Abu Bakr (ra) envió el elefante de regreso con Zirr para devolvérselo a Hazrat Jalid bin Walid (ra).

Una razón clave por la que los musulmanes triunfaron en esta batalla fue la política que Hazrat Abu Bakr (ra) ideó con respecto a los agricultores de Irak, que Hazrat Jalid bin Walid (ra) implementó estrictamente. Bajo esa línea política, los agricultores no fueron molestados y, en cambio, se les dejó dondequiera que se hubieran establecido. Aparte de una pequeña cantidad tomada en forma de “yizia” (lo que pagaban los no-musulmanes por disfrutar de la protección de los musulmanes), no se les pidieron impuestos ni reparaciones.

Cada miembro de la caballería que participó en la Batalla de Zat al-Salasil recibió 1.000 dirhams y los de a pie recibieron un tercio de esto. La Batalla de Kazima tuvo un impacto de gran alcance, pues hizo que los musulmanes se dieran cuenta de una cosa, que a pesar de saber todo sobre la reputación del poder ejercido por los persas, su ejército completo no podía competir con un pequeño ejército musulmán. Ni siquiera podían imaginar el volumen del botín que adquirieron.

Luego se menciona la “Batalla de Ubul’lah”, que se produjo en el año 12 después de la Hégira. En estes caso, Hazrat Abu Bakr (ra) ordenó a Hazrat Jalid bin Walid (ra) que comenzara la campaña en Irak desde Ubul’lah, que era una parte fronteriza del área del Golfo Pérsico. Las caravanas comerciales de Irak que viajarían al subcontinente y Sindh primero se detendrían en Ubul’lah. En este sentido, hay dos narraciones con respecto a la conquista de Ubul’lah. Una narración es que los musulmanes la conquistaron por primera vez durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), pero luego volvió a caer en manos de los persas. No obstante, fue durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra) que los musulmanes la conquistaron por completo.

Según la segunda narración, Ubul’lah fue conquistada en la época de Hazrat Umar (ra). En este caso, Alamah Al-Tabari ha registrado breves detalles de esta batalla en su libro, bajo el apartado sobre el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra) y escribe al respecto:

“La conquista de Ubul’lah, que ha sido mencionada por los historiadores durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), parece ser contraria a las narraciones auténticas, porque Ubul’lah fue conquistada en el año 14 d.H. durante el Jalifato de Hazrat Umar ( ra) y a manos de Utbah bin Ghazwan (ra)”.

Esto se ha mencionado en otros libros de historia con respecto a la Batalla de Ubul’lah. De todas formas, algunos historiadores atribuyen la primera victoria al periodo del Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), mientras que otros rechazan esta noción y afirman que esta batalla no tuvo lugar en el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), sino que fue durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra). Sin embargo, en los libros de historia, la Batalla de Ubul’lah y su conquista se han registrado durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra). Por ello, parece que Ubul’lah fue conquistada por primera vez durante el bendito Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), aunque después, debido a que recibió ayuda persa a través de las rutas marítimas, la gente de Ubul’lah se rebeló y se separó. Luego, durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra), fue conquistada nuevamente.

En todo caso, los detalles de la Batalla de Ubul’lah son los siguientes:

Después de la Batalla de Zat al-Salasil, Hazrat Jalid bin Walid (ra) envió a Hazrat Muzanna (ra) a perseguir al ejército persa derrotado. Al mismo tiempo, envió a Hazrat Maqal a Ubul’lah (ra) para recoger el botín de guerra y capturar a los prisioneros. Por lo tanto, Hazrat Maqal (ra) partió de allí, llegó a Ubul’lah y reunió el botín y los prisioneros.

Más detalles sobre esta conquista durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra) son los siguientes:

Hazrat Umar (ra) envió a Hazrat Utbah bin Ghazwan (ra) a Basora en el 14 o 16 después de la Hégira y le ordenó que permaneciera allí durante un mes. El pueblo de Ubul’lah salió a enfrentarse a él y fueron 500 soldados no-árabes los que fueron designados para salvaguardar Ubul’lah. Por su parte, Hazrat Utbah (ra) luchó contra ellos y los derrotó, y penetró en la ciudad persa; [y tras su victoria] Hazrat Utbah (ra) regresó a su ejército. En esta ocasión, Dios Altísimo infundió temor y miedo en los corazones de los persas y estos abandonaron la ciudad; se llevaron lo poco que pudieron y subieron a los barcos. Cruzaron el río y se marcharon; por lo que de este modo toda la ciudad quedó vacía. Entonces, los musulmanes entraron en la ciudad y encontraron muchas armas, así como otras provisiones, y tomaron prisioneros. Después de sacar el “jums” (1/5 parte) de todo el botín de guerra, el resto se repartió entre los soldados musulmanes, que eran 300 en total.

También está la Batalla de Mazar, que se libró en el mes de Safar, del año 12 d.H. Mazar era un asentamiento en Mesan. Entre Mazar y Basora había cuatro días de viaje. Durante este incidente, todos recitaban lo siguiente: “El mes de Safar ha llegado y todo opresor rebelde será asesinado en el lugar donde se juntan los ríos”. Ya en la Batalla de Zat al-Salasil, Hormuz se enfrentó a Hazrat Jalid bin Walid (ra). Por su parte, Hormuz había escrito a su rey para que enviara refuerzos y el rey envió un contingente como refuerzo bajo el mando de Qarin. Sin embargo, este contingente sólo había llegado a Mazar cuando recibió la noticia de la derrota de Hormuz en la Batalla de Zat al-Salasil y su muerte. Junto a esto, contingentes del ejército derrotado de Hormuz corrieron a Mazar y se encontraron con Qarin. Algunos de los soldados del contingente que huyeron dijeron a los soldados a las órdenes de Qarin: “Si os dispersáis hoy, nunca podréis volver a reuniros de nuevo como un solo grupo. Por consiguiente, preparáos inmediatamente para regresar”. Los soldados del ejército que huyó y los de los refuerzos -es decir, el nuevo ejército procedente de Persia- unieron sus fuerzas y ambos se incitaron mutuamente a la guerra. Se formó un nuevo ejército para defender al rey. Las fuerzas que habían huido dijeron: “Este es nuestro comandante, Qarin, es muy posible que Dios nos conceda la victoria y nos libre de nuestro enemigo. Así podremos recuperar parte de nuestras pérdidas”. 

Por lo tanto, actuaron en consecuencia y se instalaron en Mazar. Qarin asignó la vanguardia a Qubaz y Anushyan, que habían huido durante la Batalla de Zat al-Salasil. Mientras tanto, Hazrat Muzanna (ra) y Hazrat Muannah (ra) habían enviado noticias de las actividades del enemigo a Hazrat Jalid bin Walid (ra) y en cuanto este se enteró de la llegada de Qarin, distribuyó el botín de guerra recibido de la Batalla de Zat al-Salasil entre los soldados a los que se les había asignado el botín según el decreto de Dios. Además, dio del “jums” todo lo que deseaban. Entonces, envió el botín restante y el “jums” de la Batalla de Zat al-Salasil y las buenas noticias de la victoria a Hazrat Abu Bakr (ra). Además, informó a Hazrat Abu Bakr (ra) que el ejército derrotado en la Batalla de Zat al-Salasil se había unido al nuevo contingente bajo el mando de Qarin y se reunieron en un solo lugar. Así pues, Hazrat Jalid bin Walid (ra) salió de allí y fue a enfrentarse al ejército de Qarin en Mazar. Dispuso su ejército en filas y finalmente los dos bandos se enfrentaron en un estado de rabia y furia. Por su parte, Qarin entró en el campo de batalla para batirse en duelo. Tanto Hazrat Jalid bin Walid (ra) como Hazrat Maqal bin Ashah (ra) se adelantaron para enfrentarse a Qarin, pero Hazrat Maqal (ra) se adelantó rápidamente para dominar a Qarin y lo mató. A continuación, Hazrat Asim (ra) mató a Anushyan y Hazrat Adi (ra) a Qubaz. Entonces, cuando tres de estos comandantes persas fueron asesinados, la determinación de las fuerzas restantes se quebró y comenzaron a huir.

Durante esta batalla, muchos persas murieron; y los que se retiraron montaron en barcos y huyeron. Hazrat Jalid bin Walid (ra) permaneció en Mazar y dio las provisiones pertenecientes a los soldados muertos a las personas que los habían matado, sin importar la cantidad. Aparte, les dio el botín adquirido sin luchar [“maal-e-faey”]. Además, de la cantidad del “jums” dio una parte a los soldados que mostraron hazañas extraordinarias y envió el resto del mismo a Medina con una delegación encabezada por Hazrat Said bin Numan (ra).

Según una narración, 30.000 persas murieron en esta guerra, y esto no incluye a los que saltaron al río y se ahogaron. Se dice que si el agua no hubiera detenido a los musulmanes, no se habría salvado ni un solo soldado. Sin embargo, hubo algunos que sobrevivieron y huyeron frenéticamente, dejando atrás todo lo que tenían. Tras la batalla, todos los que lucharon y ayudaron al ejército persa fueron encarcelados junto con sus familias. Entre estos prisioneros se encontraba Abu al-Hasan Basri, del cual se dice que era el padre del imam Hassan Basri, que se hizo musulmán y fue un renombrado predicador y sufi de Basora. Es más, se relata que, tras ser encarcelado, Abu Al-Hassan Basri fue llevado a Medina, donde su captor lo liberó. En todo caso, tras esta victoria, la población en general fue tratada con mucha amabilidad y, sin infligirles ningún tipo de daño, se instó a los campesinos y a todos los demás a ofrecer el “yiziah” y se les permitió mantener la posesión de sus tierras y propiedades.

Tras ocuparse de estos asuntos preliminares, Hazrat Jalid bin Walid (ra) dirigió su atención hacia la ley y el orden de la tierra conquistada. [Para este propósito] asignó recaudadores para cobrar el “yiziah” en varios lugares. Para garantizar la seguridad de la tierra conquistada, los ejércitos designados en Hafir y en Yisr-e-Azam, es decir, en el Gran Puente, se organizaron mejor: a cada batallón se le nombró un oficial al mando y se les ordenó que estuvieran al tanto de los movimientos secretos y abiertos del enemigo, y que los combatieran si surgiera la necesidad. ¡Qué mayor testimonio puede haber de la destreza militar de Hazrat Jalid bin Walid (ra) que el hecho de que desde el principio de sus avances en Irán, los poderosos ejércitos de Chosroes comenzaron a caer y su vigorosa confianza y entusiasmo se disiparon!

La Batalla de Mazar tuvo lugar a poca distancia de Hirah, que está situada entre el Golfo Pérsico y Madain. Al ocuparse de varios asuntos después de la batalla, Hazrat Jalid bin Walid (ra) se centró en obtener información sobre los planes del enemigo para poder estar al tanto de sus movimientos y asegurarse de que no se estaban agrupando contra el Islam.

Otro enfrentamiento fue la Batalla de Walayah, que tuvo lugar en el mes de Safar del año 12 d.H. Walayah era una tierra seca cerca de Kaskar. Los persas ya habían sufrido una humillante derrota en la Batalla de Mazar, en la que murieron muchos de sus principales líderes. Tras esto, el rey persa ideó otra estratagema y quiso enfrentarse a los musulmanes con una mejor preparación. Por ello, el gobierno persa invitó a ir hacia Irán a una destacada tribu de cristianos de Irak llamada Bakr bin Wail y, tras incitarlos a luchar contra los musulmanes, formaron un ejército y un famoso caballero llamado Andurzeghar fue nombrado su líder. Este ejército se dirigió entonces a Walayah. Así pues, había una gran tribu de cristianos que residían en Irak y se llamaba “Bakr bin Wail”. El emperador Artajerjes los llamó y los organizó en un ejército, tras lo cual los envió a Walayah para luchar contra los musulmanes. Los residentes y agricultores que vivían en los alrededores de Hirah y Kaskar también se unieron al ejército. Hirah era una ciudad situada a tres millas al noroeste de Kufa, mientras que Kaskar estaba localizada entre Kufa y Basora. Se pensó que todo el mérito de la derrota de los musulmanes no debía recaer únicamente en los árabes cristianos, por lo que se envió además a un destacado soldado llamado Bahman Yazwiyah con un gran ejército.

Cuando el gobernante persa sintió que su contingente de fuerza era bastante grande, decidió atacar a Hazrat Jalid bin Walid (ra), quien estaba cerca de Basora cuando se enteró de que el ejército persa se estaba reuniendo en Walayah. Entonces, pensó que la mejor manera de proceder era atacar al ejército persa por tres lados para que se dispersara y se confundiera debido al repentino ataque. Por consigiente, nombró a Suwaid bin Muqarrin en su lugar y le ordenó que permaneciera en Hafir y fue a reunirse con los que había dejado en la parte baja de Diylah. Entretanto, les instruyó para que se mantuvieran siempre vigilantes con respecto al enemigo y para que nunca fueran sorprendidos o engañados. Tomó su ejército y partió hacia Walayah y luchó contra el enemigo y sus partidarios, lo que dio lugar a una feroz batalla. Hazrat Jalid bin Walid (ra) hizo que los soldados musulmanes se acecharan a ambos lados del ejército enemigo y, finalmente, ambos batallones atacaron al enemigo desde ambos lados. Los ejércitos persas huyeron al sufrir la derrota, aunque fueron rodeados por delante por Hazrat Jalid bin Walid (ra) y por detrás por los dos batallones que habían estado esperando para la emboscada. Esto les perturbó hasta el punto de que ya no les importaba que sus compatriotas fueran asesinados. El líder de las fuerzas enemigas fue finalmente derrotado y matado. Hazrat Jalid bin Walid (ra) trató a los campesinos como lo hacía habitualmente, o sea, no mató a ninguno de ellos. Solo se capturó a los hijos de los que habían participado en la guerra y a sus partidarios, mientras que se instó a la población general de la nación a ofrecer el “yiziah” y a formar parte del dominio musulmán, lo que el pueblo aceptó.

Luego se menciona la Batalla de Ulais,  que tuvo lugar en el mes de Safar 12 d.H. Ulais era una de las ciudades de la provincia de Anbar, en Irak. La humillante derrota infligida por Hazrat Jalid bin Walid (ra) a la tribu de Bakr bin Wail y a los persas en la Batalla de Walayah enfureció mucho a sus compañeros cristianos. Ellos y los persas intercambiaron cartas y luego se reunieron en un lugar llamado Ulais. El líder que nombraron fue Abd al-Aswad Ijli. Asimismo, el emperador persa escribió una carta a Bahman Yazwiyah en la que le ordenaba llevar su ejército a Ulais y unirse a los cristianos persas y árabes allí reunidos. Bahman Yazwiyah no acompañó al ejército él mismo, pero nombró a otro valiente luchador llamado Yaban y lo envió con las instrucciones de incitar a la gente a luchar, pero que no debía entrar en batalla con la oposición hasta que él mismo llegara, a menos que fueran atacados primero. Por ello, Yaban partió hacia el Ulais y Bahman Yazwiyah se dirigió entonces al emperador persa Artajerjes para consultar con él, aunque al llegar encontró al emperador enfermo. De ahí que Bahman Yazwiyah se ocupó de atenderlo y no envió ningunas directrices a Yaban, quien partió junto con el ejército hacia el frente de batalla y llegó a Ulais en el mes de Safar. Varias tribus y cristianos árabes de los alrededores de Hirah se unieron a Yaban. Cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) se enteró de que estas tribus cristianas se habían reunido, se dispuso a combatirlas, aunque no sabía que Yaban también estaba cerca. Hazrat Jalid bin Walid (ra) se había puesto en marcha solo con la intención de combatir a esos árabes y cristianos; sin embargo, se enfrentó a Yaban en Ulais.

Cuando Yaban llegó a Ulais, los no-árabes le preguntaron su opinión sobre si debían reunir información o comer primero. En otras palabras, preguntaron si debían empezar a luchar o comer primero y luego luchar. Yaban dijo que si la oposición no suponía ningún obstáculo, entonces debían permanecer en silencio, no obstante, creía que les atacarían de repente y no les darían la oportunidad de comer. A pesar de esto, no hicieron caso a lo que dijo Yaban, pusieron los manteles, seleccionaron la comida y tras invitar a todos empezaron a comer. Una vez que Hazrat Jalid bin Walid (ra) llegó para combatir al enemigo, hizo una pausa y ordenó que descargaran sus pertenencias. Una vez hecho eso, dirigió su atención hacia el enemigo. Entonces, Hazrat Jalid bin Walid (ra) designó un batallón para que le protegieran por detrás. Más tarde se dirigió hacia las filas enemigas mientras proclamaba: “¿Dónde está Abyar? ¿Dónde está Abd al-Aswad? ¿Dónde está Malik bin Aiz?”. Aparte de Malik, todos los demás permanecieron en silencio por miedo, pero Malik se adelantó a luchar. En este contexto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) declaró: “De toda esta gente, ¿qué te ha dado valor para venir a enfrentarte a mí? Ni siquiera posees la fuerza para combatirme”.

Después de decir esto, atacó y mató a Malik e hizo que los no-árabes se levantaran [de las mantas que habían puesto en el suelo] antes de que pudieran comer. Entretanto, Yaban dijo a su gente: “¿No os advertí que no comierais antes? Por Dios, que nunca he temido a ningún soldado como temo la batalla de hoy”. Cuando no pudieron comer, empezaron a sobrevalorar su valentía diciendo: “Dejaremos la comida por ahora, hasta que acabemos con los musulmanes y entonces comeremos”. De todas formas, Yaban manifestó: “Por Dios, me parece que habéis dejado esta comida para nuestros adversarios. No penséis que saldréis victoriosos y luego comeréis; más bien creo que vuestros adversarios se comerán esta comida (refiriéndose a los musulmanes), pero vosotros no os estáis dando cuenta de ello. Escuchad lo que digo ahora”. Les pidió que le escucharan y anunció: “Envenenad la comida. Si salís victoriosos, la pérdida de alimentos es ínfima. Si el oponente sale victorioso, entonces habréis hecho algo para causar daño a nuestros oponentes, porque habrán comido la comida envenenada”. No obstante, esas personas estaban firmemente convencidas de su victoria y decían que no era necesario envenenar los alimentos, ya que ganarían fácilmente la guerra y se comerían la comida.

Hazrat Jalid bin Walid (ra) organizó la formación del ejército de la misma manera que lo hizo en las batallas anteriores y se produjo entonces una feroz lucha. Los persas esperaban la llegada de Bahman Jazaviyah porque Yaban les daba esperanzas de ello y les informaba de que había partido con un gran ejército, de ahí que lucharan con gran decisión e intensidad. Pero debido a la mala salud del rey persa, Bahman no pudo informar al rey de las circunstancias de ese momento ni pudo partir con un ejército. Ya no pudo tener ninguna comunicación con Yaban. Los musulmanes también lucharon con gran valor y coraje en esta batalla, y se produjeron intensos combates.

En relación con la pasión y el celo del ejército persa y el estado de debilitamiento de los musulmanes, un historiador escribe:

“De las fuerzas persas, los cristianos fueron los primeros en lanzar un ataque, pero su líder, Malik bin Qais, fue asesinado. En cuanto lo mataron, su condición cambió por completo y se abatieron. Al ver esto, Yaban ordenó a los persas que salieran y con la esperanza de la inminente llegada de Bahman con refuerzos, todos lucharon con gran valentía. Por su parte, los musulmanes atacaron repetidamente, aunque los persas fueron capaces de repeler estos ataques con gran fuerza y determinación. Entonces, al ver que todas las medidas físicas que se podían adoptar resultaban insuficientes, Hazrat Jalid bin Walid (ra) levantó las manos y comenzó a suplicar con suma humildad: “¡Oh Al’lah! Si nos concedes la victoria sobre el enemigo, no perdonaré a ninguno de ellos y el río se teñirá de rojo con su sangre’.”

En otros libros se menciona que Hazrat Jalid bin Walid (ra) juró o prometió que si se le concedía la victoria en la batalla, no dejaría con vida a ningún soldado del enemigo. En cualquier caso, Hazrat Jalid bin Walid (ra) movió con tacto el flanco derecho e izquierdo del ejército para atacar la retaguardia del contingente persa. Posteriormente, el ejército persa se dispersó y se dio cuenta de que la opción más segura para ellos era huir o rendirse. Hazrat Jalid bin Walid (ra) ordenó tomar a las fuerzas enemigas como prisioneros y no matar a nadie aparte de los que estaban luchando; es más, solo debían morir los que estuvieran participando en el combate.

Hay una nota en relación con esto de la Célula de Investigación [de nuestra Yamat] y también creo que esto es correcto. Al mencionar los detalles de este incidente, la mayoría de los biógrafos e historiadores, incluido el libro “Tarij At-Tabari” (‘La historia de At-Tabari’), han mencionado que, de acuerdo con la promesa que hizo en su oración, Hazrat Jalid bin Walid (ra) mandó matar a todos los prisioneros y los arrojó al río continuamente durante una noche y un día, para que el río se tiñera de rojo con su sangre. En otras palabras, no solo luchó contra los que participaban en el combate, sino que además mató a los que habían sido tomados como prisioneros. Por este motivo, este río se conoce hasta hoy como “Nahr-ul-Dam”, o sea, el río de la sangre. De todas maneras, esto no parece ser cierto, en el sentido de que los prisioneros fueron asesinados y su sangre fue derramada en el río. Es muy probable que los historiadores hayan actuado con negligencia o exagerado en gran medida, o es muy posible que quienes pretendían incluir deliberadamente relatos falsos de crueldad y barbarie en las guerras libradas por los musulmanes incluyeran dichas narraciones siempre que encontraran la oportunidad; pues entre los historiadores había algunos que se oponían a los musulmanes y albergaban malicia contra ellos, por lo que escribían esas cosas. En consecuencia, es posible que hayan escrito que los prisioneros fueron asesinados y arrojados al río.

Así, parece que esos relatos han sido añadidos por ellos mismos, para que a través de sus estratagemas y engaños, hacer ver que los musulmanes llevaron a cabo la crueldad y la opresión, y que los prisioneros desarmados fueron asesinados. En primer lugar, de acuerdo con las reglas y principios de la guerra que prevalecían en la época, no habría sido objetable matar a los prisioneros. Sin embargo, en las batallas que tuvieron lugar especialmente durante la bendita vida del Santo Profeta Muhammad (sa) y en la era de Jalifato Rashida (Jalifato Rectamente Guiado) nunca hubo un caso en el que los prisioneros fueran asesinados de esta manera. Aunque hubo cientos de miles de personas que murieron durante estas batallas, todos ellos en realidad murieron en los enfrentamientos. Si uno estudia las luchas del comandante en jefe, Hazrat Jalid bin Walid (ra), descubrirá que, en la medida de lo posible, en el campo de batalla perdonaba la vida a los que se rendían o estaban dispuestos a jurar su obediencia. Y, a pesar de los falsos relatos de los historiadores, cualquiera que investigue el caso de alguien que muriera a manos suyas, encontrará justificaciones sólidas por ello.

Del mismo modo, si uno reflexiona sobre este incidente, también encontrará que parece ser fabricado. Esto se debe a que de entre los biógrafos e historiadores, que han detallado cada minuto de información con respecto a estos incidentes, hay algunos que no han mencionado este incidente en absoluto. Esto es una prueba del hecho de que esto fue completamente fabricado. De hecho, un autor que, por lo general tiende a documentar la historia de forma muy liberal y ha mencionado ciertas cosas con las que no se puede estar de acuerdo, incluso mencionó, tras referirse a este incidente, que los narradores del mismo han exagerado mucho. No hay duda de que Hazrat Jalid bin Walid (ra) trató a los opositores del Islam con un rigor que ni siquiera Hazrat Qaqa (ra) y sus hombres podían soportar. Trató a los prisioneros de manera muy estricta, pero decir que los mató es un error. Del mismo modo, otro autor escribe que es evidente que los persas no fueron realmente asesinados y arrojados al río; y escribe que Hazrat Jalid bin Walid (ra) lanzó un ataque contra el ejército cristiano de una manera tan inteligente que los destrozó y destruyó las filas del ejército persa, que parecía que estaban hechas de barro en lugar de músculo y carne. Como el ejército persa estaba muy repartido, formó una media luna y rodeó a los musulmanes. Posteriormente, los musulmanes se vieron rodeados por los persas y los cristianos árabes, y los adversarios comenzaron a luchar con gran pasión. Pero la pasión del ejército cristiano no pudo igualar la de los musulmanes. Cada musulmán se convirtió en un león sediento de sangre y mediante poderosas embestidas cortaron las filas del ejército cristiano como si fuera hierba. Al mismo tiempo, aunque los persas martirizaban y herían a los musulmanes, eran muy pocos los que caían y los que eran heridos luchaban con mayor pasión. Los persas morían en tan gran número que el campo de batalla estaba cubierto de sus cuerpos y los que estaban heridos abandonaban el campo de batalla. Los musulmanes mataron a tantos de sus oponentes que sus ropas quedaron cubiertas de manchas de sangre. Las ropas de Hazrat Jalid bin Walid (ra) también estaban en el mismo estado. El suelo se empapó de la sangre del ejército persa y comenzó a fluir como el agua.

Finalmente, los persas sufrieron la derrota y huyeron presas del pánico. Los musulmanes los persiguieron y siguieron matando o apresando a sus soldados hasta llegar bastante lejos. Los persas huyeron en tal desorden que un millar de sus soldados se precipitaron al río y se ahogaron. Luego, cuando los persas se habían alejado ya bastante, los musulmanes regresaron. En esta batalla murieron 70.000 persas y 138 musulmanes fueron martirizados. Además, los historiadores se asombran de cómo los musulmanes fueron capaces de matar a tantos persas. Esto es lo que ha escrito otro historiador. Por lo tanto, a partir de esto es evidente que, incluso si se considera que el incidente en el que el río se tiñó de rojo es cierto, entonces es posible que ocurriera debido a esos soldados heridos que se ahogaron en el río. De esta forma, puede decirse que hay algún elemento de exageración en estos relatos y que, basándose en ello, la gente tuvo la oportunidad de lanzar acusaciones tan peculiares contra las guerras islámicas y contra el carácter de Hazrat Jalid bin Walid (ra). En definitiva, a través de estas batallas, han intentado acusar a los musulmanes de ser crueles y opresores. En cualquier caso, Dios sabe mejor, porque a primera vista parece que estas son meras alegaciones.

Cuando el enemigo sufrió la derrota, su ejército se dispersó y los musulmanes dejaron de ir tras ellos y regresaron. Entonces, Hazrat Jalid bin Walid (ra) se puso al lado de las provisiones de comida y dijo que eso era para ellos, porque siempre que el Santo Profeta (sa) encontraba la comida que había sido preparada por el enemigo que había huido de la batalla, la distribuía entre su ejército. Por eso, los musulmanes empezaron a comer de dichas provisiones como cena. Al final, en la Batalla del Ulais murieron 70.000 soldados de entre los enemigos, lo que ya se ha mencionado.

Con respecto a la Victoria en Amavasya está escrito que Dios Altísimo concedió la victoria sobre Amavasya en el mes de Safar del año 12 d.H., sin que [en realidad] tuviera lugar ninguna batalla. Amavasya es el nombre de un lugar en Irak. Pues bien, cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) terminó de conquistar Ulais, se preparó y fue a Amavasya. No obstante, antes de su llegada, sus habitantes huyeron rápidamente de la zona y se dispersaron en Sawad. Los asentamientos de Irak que los musulmanes conquistaron durante la época de Hazrat Umar (ra) recibieron el nombre de Sawad debido a sus exuberantes campos verdes. Por su parte, Hazrat Jalid bin Walid (ra) ordenó apoderarse de todo lo que había en Amavasya y en sus alrededores. Amavasya era una ciudad como Hirah y Ulais era su acantonamiento militar. El botín de guerra adquirido por los musulmanes en Amavasya fue tan abundante que nunca se había adquirido una cantidad tan grande en todas las batallas anteriores a partir de Zat-ul-Salasil. La parte [del botín de guerra] concedida a los jinetes fue de 1.500 dirhams y esto se sumó a lo que se dio a todos los que lograron grandes hazañas en esta batalla.

Más tarde, la noticia de la conquista de Ulais y Amavasya fue dada por Hazrat Jalid bin Walid (ra) a través de una persona llamada Yandal, que pertenecía a la tribu Iyal y era famoso por ser un guía valiente. Se presentó ante Hazrat Abu Bakr (ra) y le transmitió las noticias sobre la conquista de Ulais y le dio detalles de la cantidad adquirida del botín de guerra, el número de prisioneros y el montante adquirido como parte del “jums”, así como los que lograron grandes hazañas. En particular, mencionó los valientes esfuerzos de Hazrat Jalid bin Walid (ra) de manera excelente. Por su parte, Hazrat Abu Bakr (ra) quedó muy impresionado por su valentía, su firme decisión y la forma en que este emisario transmitió la noticia de la victoria. A Hazrat Abu Bakr (ra) le gustaban los gestos, los relatos de valentía y coraje y la forma en que narraba estos relatos. Hazrat Abu Bakr (ra) le preguntó su nombre y él respondió que se llamaba Yandal. Hazrat Abu Bakr (ra) le elogió entonces y le concedió una esclava del botín de guerra de la que tenía descendencia. En esta ocasión, Hazrat Abu Bakr (ra) declaró: “Ninguna mujer a partir de ahora podrá dar a luz a un niño como Jalid bin Walid (ra)”.

El resto de los relatos serán narrados en el futuro, InshAl’lah.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que como había dicho en el sermón anterior, relatoría las expediciones contra el Imperio Persa durante la era de Hazrat Abu Bakr (ra).

La batalla de las cadenas

Su Santidad (aba) dijo que una de las batallas que tuvo lugar fue la Batalla de Dhatus-Salasil, también conocida como la Batalla de Kazimah y la Batalla de Hafir. Se conoce como Dhatus-Salasil (La de las Cadenas) porque durante esta batalla, los persas se ataron unos a otros con cadenas. Esta batalla se libró entre los persas y los musulmanes en un lugar llamado Kazimah y en la zona de Hafir. El líder del ejército musulmán era Hazrat Khalid bin Walid (ra) mientras que el líder del ejército persa era Hormuz.

Su Santidad (aba) dijo que los nobles de Persia usaban sombreros, y cuanto más alto fuera su rango, más caro era su sombrero. El sombrero más caro costaba unos 10,000 dinares, que solo llevaban los de mayor rango. Consta que el sombrero que llevaba Hormuz era de 10,000 dinares.

Su Santidad (aba) dijo que antes de partir, Hazrat Khalid bin Walid (ra) escribió una carta a Hormuz instándole a proteger a su pueblo accediendo a pagar el Jizyah (impuesto), de lo contrario traía un ejército que amaba la muerte como Hormuz amaba la vida. Hormuz informó al emperador persa y luego reunió a su ejército que se dirigió a Kazimah para luchar contra Hazrat Khalid bin Walid (ra). Una vez allí, no lo encontraron y se enteraron de que estaba en Hafir. Así los persas se dirigieron a Hafir y se ataron unos a otros con cadenas. Algunos de ellos no estaban de acuerdo con esta estrategia y decían que estaban haciendo un favor al ejército contrario al encadenarse.

Tácticas engañosas de Hormuz

Su Santidad (aba) dijo que cuando Hazrat Khalid bin Walid (ra) se enteró de la llegada del ejército persa a Hafir, fue a Kazimah, y Hormuz lo siguió y acampó allí. Hormuz y su ejército tenían el control del agua en la zona. Cuando los musulmanes se quejaron a Hazrat Khalid bin Walid (ra) de no tener agua, éste ordenó a un llamador que gritara que los musulmanes debían luchar contra el adversario por el control del agua. Ambos bandos lucharon y Hormuz ideó una estratagema para invitar a Hazrat Khalid (ra) a un combate individual y mientras lo mantenía ocupado, le dijo a su ejército que se acercara por detrás y lo atacara. Así, mientras Hormuz y Hazrat Khalid (ra) luchaban, la gente del ejército persa lo rodeó y atacó. A pesar de esto, Hazrat Khalid (ra) fue capaz de mantenerlos a raya y mató a Hormuz.

Su Santidad (aba) dijo que al ver esto los musulmanes atacaron a los persas, matando a muchos de ellos mientras otros huían. Los musulmanes persiguieron a los que huyeron y los golpearon también. Cuando el botín de guerra fue enviado a Hazrat Abu Bakr (ra), incluía el sombrero que llevaba Hormuz, que Hazrat Abu Bakr (ra) concedió a Hazrat Khalid bin Walid (ra). El botín también incluía un elefante, que la gente de Medina nunca había visto antes. Fue llevado alrededor de la ciudad para que la gente pudiera verlo, y algunos se asombraron preguntándose si era fabricado o una creación de Al’lah. Hazrat Abu Bakr (ra) acabó devolviendo el elefante a Hazrat Khalid (ra).

Su Santidad (aba) dijo que derrotar a los persas -cuyo poderío era ampliamente considerado- aumentó en gran medida la confianza de los musulmanes.

La batalla de Ubul’lah

Su Santidad (aba) dijo que luego tivo lugar la Batalla de Ubul’lah. Hazrat Abu Bakr (ra) instruyó a Hazrat Khalid (ra) para que conquistara Ubul’lah en Irak, ya que era una fortaleza de los persas. Su Santidad (aba) dijo que la conquista de Ubul’lah se menciona en los libros de historia como algo que tuvo lugar durante las épocas de Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra). Por lo tanto, parece que primero fue conquistada durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra) y luego una vez más durante la época de Hazrat Umar (ra).

La batalla de Mazar

Su Santidad (aba) dijo que entonces tuvo lugar la Batalla de Mazar. El emperador persa había enviado un ejército bajo el liderazgo de Karin para ayudar a Hormuz en la batalla de Dhatus-Salasil. Sin embargo, este ejército sólo había llegado a Mazar cuando se enteró de la derrota de Hormuz. Los que habían huido se reunieron con Karin y ambos acordaron que debían prepararse para la batalla e intentar recuperar sus pérdidas. Cuando Hazrat Khalid (ra) se enteró de esto, informó a Hazrat Abu Bakr (ra), y se dirigió a Mazar. Ambos bandos libraron una feroz batalla en la que también murió Karin junto con otros líderes del ejército. Esto desanimó mucho al ejército y muchos persas huyeron del campo de batalla. Se ha registrado que 30,000 persas murieron en esta batalla. Tras esta victoria, los musulmanes trataron a la población local con mucha amabilidad, permitiéndoles mantener la propiedad de sus tierras y bienes, al tiempo que les instaban a ofrecer la Jizyah.

La batalla de Walayah

Su Santidad (aba) dijo que luego tuvo lugar la batalla de Walayah. Después de la pérdida en la batalla de Mazar, el emperador persa trató de organizar un ataque mejor planificado contra los musulmanes. Por ello, llamó a una prominente tribu cristiana de Irak llamada Bakr bin Wa’il y le incitó a luchar contra los musulmanes, reforzando así su ejército. Este ejército fue enviado a Walayah. Los persas no querían que todo el mérito de la posible derrota de los musulmanes fuera para el ejército cristiano, por lo que también se envió otro ejército persa a la Walayah. Cuando Hazrat Khalid (ra) se enteró de esto, estaba cerca de Basra. Decidió que el ejército persa debía ser atacado por tres lados diferentes. Se produjo una feroz batalla que acabó con la derrota del ejército persa.

La batalla de Ul’lais

Su Santidad (aba) dijo que luego tuvo lugar la batalla de Ul’lais. Tras la derrota de los ejércitos cristiano y persa, los persas que habían huido se reunieron en Ul’lais. El ejército persa fue confiado a una persona llamada Yaban. Al llegar a Ul’lais, los persas decidieron comer antes de entrar en combate. Cuando Hazrat Khalid (ra) llegó a Ul’lais, se dirigió hacia el ejército persa y les atacó antes de que pudieran comer. Yaban dijo a los persas que envenenaran la comida, en caso de que los musulmanes ganaran y luego comieran su comida. Hubo una feroz batalla en la que los persas se defendieron bien de los ataques de los musulmanes. Al ver esto, Hazrat Khalid (ra) rezó a Dios pidiendo ayuda para la victoria. Hazrat Khalid (ra) ideó un plan para atacar a los persas por la espalda, lo que hizo que los persas se dispersaran y que los musulmanes salieran victoriosos.

La Conquista de Amgheshiyah

Su Santidad (aba) dijo que también tuvo lugar la Conquista de Amgheshiyah. Los musulmanes salieron victoriosos aquí sin necesidad de luchar. Cuando la gente de Amgheshiyah se enteró de la inminente llegada del ejército musulmán, huyeron de la ciudad. Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) fue informado de las victorias de Ul’lais y Amgheshiyah se sintió muy complacido, especialmente por la forma en que le fue transmitida la noticia por un hombre llamado Yandal.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría narrando estos relatos en futuros sermones.

Resumen preparado por The Review of Religions

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