Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

El resumen del sermón está disponible al final de esta página.

Después de recitar el Tashahud, el Ta’awwuz y el Surah Al-Fātihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Hoy continuaré los relatos del sermón anterior sobre Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). La semana pasada narré un relato que tuvo lugar durante la batalla de Badr, en el que mencioné la expresión de lealtad y devoción de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). Hazrat Musleh Maud (ra) también ha mencionado este relato con sus propias palabras y relata que:

“Naturalmente, cuando uno ama a otro, no desea que ningún daño llegue a su amado, ni nadie desearía que fuera a batallar. Más bien, haría todo lo posible a su alcance para salvar a su amado de cualquier guerra. Del mismo modo, los Compañeros no deseaban que el Santo Profeta (sa) fuera a batallar y no estaban disgustados de por qué ellos mismos tenían que ir a combatir, sino que estaban preocupados porque el mismo Santo Profeta (sa) iba a la batalla y este es un deseo natural que todos los devotos tienen por su amado. Aparte de esto, encontramos muchas evidencias en la historia de que cuando el Santo Profeta (sa) llegó cerca de Badr, les dijo a los Compañeros: Dios Altísimo me ha informado que no nos enfrentaremos a una caravana, sino a un ejército”.

El Santo Profeta (sa) luego buscó su consejo y preguntó: “¿cuál es vuestra sugerencia?”. Al escuchar esto, uno tras otro, los estimados Compañeros se pusieron de pie y pronunciaron discursos extremadamente apasionados de celo y devoción, diciendo que estaban listos para servir de cualquier manera posible.  Se ponían de pie, hacían su alocución y tras ello se sentaban; luego el siguiente se ponía de pie, presentaba su sugerencia y volvía a sentarse. De esta forma, todos los que se pusieron de pie dijeron que, si Dios Altísimo les había ordenado que pelearan, ciertamente lo harían. Sin embargo, cada vez que uno de ellos se sentaba después de dar su consejo, el Santo Profeta (sa) pedía más consejos; y la razón de esto era que todos los Compañeros que se habían levantado para dar su consejo, hasta entonces, eran todos Muhayirin; y después de pedir repetidamente consejo, Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), jefe de la tribu Aus, entendió el propósito de esto. Así pues, en representación de los Ansar, se puso de pie y dijo: ‘¡oh Mensajero de Al’lah (sa), estás teniendo todo el consejo que deseas, pero continúas pidiendo más! Tal vez desees buscar el consejo de los Ansar. Hasta ahora, la razón por la que hemos permanecido en silencio es que si apoyamos ir a la batalla, nuestros hermanos Muhayirin pueden pensar que solo deseamos luchar y matar a su gente y a sus hermanos’. Y añadió: ‘¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Tal vez estás reflexionando sobre la promesa que hicimos contigo en Aqabah, en la que presentamos la condición de que si los oponentes nos atacan en Medina, te concederemos protección, pero no seríamos responsables si lucháramos fuera de Medina’. El Santo Profeta (sa) dijo: ‘sí’.  Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) luego exclamó: ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Antes de que llegaras a Medina, no éramos completamente conscientes del alto y elevado rango y posición que tienes, pero ahora hemos sido testigos de tu verdadero estatus con nuestros propios ojos. Por lo tanto, este pacto ya no tiene ninguna importancia en nuestras mentes (es decir, la promesa que tuvo lugar en Aqabah, que en términos mundanos era un acuerdo ordinario). Pero después de lo que hemos presenciado, y después de que nuestros ojos espirituales se han abierto, esta (promesa) ya no tiene ningún peso. Por consiguiente, estaremos contigo donde quiera que vayas y, por Dios, si nos indicas que nos sumerjamos en el mar, ninguno de nosotros se quedará atrás. ¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! Lucharemos frente a ti y detrás de ti, a tu derecha y a tu izquierda, y el enemigo no te alcanzará sin antes pasar por encima de nuestros cadáveres”.

Al comentar Hazrat Musleh Maud (ra) el versículo 12 del Surah Ra’d:

[árabe]

“Para él (el Mensajero) hay una sucesión de ángeles delante de él y detrás de él”,

y explicándolo en profundidad, afirma: “Todo el período del profetazgo del Santo Profeta (sa) muestra una clara evidencia de esta protección, que Dios Altísimo había prometido (es decir, que ‘hemos designado guardianes delante de él y detrás de él’). Eran los ángeles quienes lo protegían en La Meca, porque ¿cómo podría haber permanecido a salvo cuando estaba rodeado de tantos enemigos? Luego, por supuesto, se le otorgó ambos tipos de protección, una vez que emigró a Medina: la de los ángeles celestiales y la de los ángeles de la tierra, es decir, los Compañeros (ra). La batalla de Badr es un maravilloso ejemplo de esta protección física y espiritual. Cuando el Santo Profeta (sa) llegó a Medina, hizo un pacto con la gente de allí, que si él fuera y luchara fuera de Medina, no les correspondería apoyarlo. El Santo Profeta (sa) buscó el consejo de los Ansar y los Muhayirin con respecto a la lucha en la batalla de Badr. Los Muhayirin insistieron una y otra vez en luchar, pero después de escuchar sus sugerencias, el Santo Profeta (sa) aún preguntaba: ‘¡oh gente, denme consejo!’. Al escuchar esto, un ansari, Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) dijo: ‘¿te refieres a nosotros?’. El Santo Profeta (sa) dijo: sí. Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) dijo entonces: ‘es cierto que hicimos un juramento contigo, de que si lucháramos fuera [de Medina] no estaríamos obligados a ayudarte, pero eso fue en un momento diferente. Pero ahora que hemos sido testigos de que eres el legítimo Profeta de Al’lah, ¿qué necesidad hay de este consejo? Si nos indicas que lo hagamos, nos tiraremos al mar con nuestros caballos, ya que no somos como los compañeros de Moisés (as) que dijeron: ve tú y tu Señor a luchar, que nosotros permaneceremos sentados aquí; más bien, lucharemos a tu derecha, a tu izquierda, delante de ti y detrás de ti; y el enemigo no te alcanzará sin pasar primero por encima de nuestros cadáveres”.

Hazrat Musleh Maud (ra) continúa su relato:

“En mi opinión, estas personas devotas estaban entre los Mu’aqqibat, es decir, los guardianes que Dios Altísimo designó para proteger al Santo Profeta (sa)”.

Un Compañero relata: “Acompañé al Santo Profeta (sa) en trece batallas, pero en lugar de haber peleado en estas batallas, ahora el deseo de mi corazón es que ojalá hubiera sido yo quien pronunciara las palabras que dijo Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), es decir, las palabras de lealtad y devoción”.

Por su parte, mencionando la devoción y sinceridad de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) durante la batalla de Badr, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe en Sirat Jatamun-Nabiyyin:

“El lugar donde acampó el ejército musulmán no era ideal (estratégicamente). Por ello, Hubbab bin Munzir (ra) preguntó al Santo Profeta (sa) si había seleccionado este lugar según la revelación Divina o simplemente como una estrategia de guerra. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo: ‘No he recibido ningún mandamiento Divino a este respecto, así pues, si deseas hacer una propuesta, por favor hazla’. Habbab bin Munzir (ra) respondió: ‘pues, en mi opinión, este lugar no es ideal desde el punto de vista militar. Sería mejor avanzar y tomar posesión del manantial más cercano a los quraish. Conozco ese manantial y su agua es potable y, en general, también abundante’. 

 

El Santo Profeta (sa) aprobó esta propuesta y hasta entonces, como los quraish estaban todavía acampados en el lado opuesto de la colina y el manantial estaba desocupado, los musulmanes avanzaron y tomaron posesión de este manantial. No obstante, como se menciona en el Sagrado Corán, incluso en ese momento, el agua del manantial no era tan abundante como de costumbre y los musulmanes se enfrentaron a una situación de escasez de agua. Además, el lado del valle en el que se situaban los musulmanes tampoco era el ideal, porque era muy arenoso, lo que dificultaba mantener una base firme para moverse y andar.

A continuación, después de haber seleccionado un lugar para establecer el campamento, a propuesta de Sa’d bin Mu’az (ra), jefe de los Aus, se preparó una especie de tienda para el Santo Profeta (sa) a un lado del campo. Sa’d (ra) ató la montura del Santo Profeta (sa) cerca de la tienda y dijo:

¡Oh, Mensajero de Al’lah! Siéntese en esta tienda y luego lucharemos contra el enemigo en el nombre de Al’lah. Si Al’lah nos concede la victoria, entonces ese es nuestro mero deseo. Pero si, Dios no lo permita, las circunstancias se ponen feas, entonces tome su montura y llegue a Medina de cualquier manera posible. (Él fijó una buena montura a la tienda). Allí encontrará a nuestros hermanos y familiares, que no son menos que nosotros en amor y sinceridad;  porque como no eran conscientes de que se enfrentarían a la guerra en esta campaña, no nos han acompañado. De lo contrario, nunca se hubieran quedado atrás. Cuando se den cuenta de la situación actual, no desistirán en dar sus vidas para protegerle.

Esta fue la apasionada sinceridad de Sa’d (ra), que es digna de alabanza en cualquier caso; aunque ¿se puede pensar que el Mensajero de Al’lah huiría alguna vez del campo de batalla? Nunca, pues el Santo Profeta (sa) siempre estuvo al frente de las batallas. Por ejemplo, en el campo de batalla de Hunain, un ejército de 12.000 personas le dieron la espalda, pero este centro de la Unidad Divina no tembló ni un centímetro. En cualquier caso, la tienda estaba preparada y Sa’d (ra), junto con algunos otros Ansar, la rodearon y montaron guardia. El Santo Profeta (sa) se retiró a esta tienda junto con Hazrat Abu Bakr (ra). Durante toda la noche, llorando con el mayor fervor, el Santo Profeta (sa) suplicó ante Dios. Está escrito que de todo el ejército, sólo el Santo Profeta (sa) permaneció despierto toda la noche. Los demás pudieron descansar un poco por turnos”.

En la noche del viernes, durante la batalla de Uhud, Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), Hazrat Usaid bin Hudair (ra) y Hazrat Sa’d bin Ubaidah (ra) tomaron las armas y montaron guardia en la puerta del Santo Profeta (sa), en Masyid Nabwi (La Mezquita del Profeta Muhammad -sa-). Durante la batalla de Uhud, cuando el Santo Profeta (sa) montó sobre su cabalgadura con su arco sobre los hombros y una lanza en la mano partiendo de Medina, los dos Sa’ds, es decir, Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) y Hazrat Sa’d bin Ubaidah (ra) corrían delante de él, vestidos con una armadura. Mencionando la batalla de Uhud, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“Después de realizar la oración de asr, el Santo Profeta (sa) salió de Medina con un grupo numeroso de Compañeros. Los jefes de las tribus Aus y Jazrall, Sa’d bin Mu’az (ra) y Sa’d bin Ubaidah (ra) siguieron adelante, corriendo lentamente, justo al frente de la montura del Santo Profeta (sa) y el resto de los Compañeros iban a su derecha, a su izquierda y detrás de él. Cuando el Santo Profeta (sa) regresó de la batalla de Uhud a Medina, se desmontó y entró en su casa con la ayuda de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) y Hazrat Sa’d bin Ubaidah (ra)”.

Hazrat Musleh Maud (ra) ha mencionado un incidente que muestra el profundo amor que la madre de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) tenía por el Santo Profeta (sa). Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“A la vuelta de la batalla de Uhud, Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) sostenía las riendas de la montura del Santo Profeta (sa) y caminaba con gran orgullo. Su hermano había sido martirizado en la batalla. Al llegar a Medina, Hazrat Sa’d (ra) vio a su madre acercándose y dijo: ‘¡oh Mensajero (sa) de Al’lah! Mi madre se está acercando’. La madre de Hazrat Sa’d (ra) tenía casi 80 u 82 años y su vista era tan débil, que con dificultad podía distinguir entre la luz y la oscuridad. En ese tiempo, se habían extendido rumores (falsos) de que el Santo Profeta (sa) había sido martirizado. Por tanto, al oír esta noticia, con gran dificultad, esta anciana también salió de Medina. Hazrat Sa’d (ra) informó al Santo Profeta (sa) que su madre se acercaba. Al oír esto el Santo Profeta (sa) dijo: ‘Detén mi montura cerca de donde está tu madre (de pie)’. Cuando el Santo Profeta (sa) se acercó a la anciana, ella no preguntó por sus hijos,  sino que solo preguntó por el paradero del Santo Profeta (sa). Hazrat Sa’d (ra) le informó que estaba de pie frente a ella. La anciana miró hacia arriba con su vista debilitada, hasta que su mirada se fijó en el rostro del Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) dijo entonces: ‘Querida señora, me apena la pérdida de su joven hijo, que fue martirizado durante la batalla’. La verdad es que si alguien escucha este tipo de noticias con una edad avanzada, puede ser peligroso para su salud. Sin embargo, esta anciana respondió de la manera más cariñosa diciendo: ‘¡oh Mensajero (sa) de Al’lah! ¿Qué es lo que dices? Sólo me preocupaba por tu bienestar’.

Una vez, después de narrar este incidente, Hazrat Musleh Maud (ra) se dirigió a las mujeres áhmadis y les aconsejó sobre su responsabilidad de hacer tabligh [propagar el mensaje del Islam] y dijo:

“Estas fueron las mujeres que trabajaron junto a los hombres en la propagación del mensaje del islam y son los sacrificios de estas mismas mujeres los que son una fuente de orgullo para el mundo islámico. Todas vosotras (es decir, las que habéis aceptado al Mesías Prometido -as-) afirmáis sin duda haber aceptado al que fue la manifestación espiritual [Baruz] del Santo Profeta (sa). Esto, en esencia, significa que sois la manifestación espiritual de las Compañeras del Santo Profeta (sa). Pero decidme abiertamente, ¿hay el mismo nivel de pasión por la fe en vosotras que había en las Compañeras (del Santo Profeta -sa-)? ¿Tenéis la misma luz espiritual dentro de vosotras que se encontraba dentro de las compañeras? ¿Vuestros hijos son tan piadosos como los de las Compañeras? Si reflexionáis profundamente, os daréis cuenta de que estáis muy por detrás de dichas Compañeras. Los sacrificios ofrecidos por las Compañeras no se ven en la faz de la tierra hoy día. Ellas ofrecieron sacrificios sin mostrar ninguna preocupación por sus propias vidas y Dios Altísimo estaba tan complacido con sus sacrificios que les concedió un éxito repentino.  Hasta el punto de que los logros que otras naciones no lograron en siglos, fueron posibles para ellas en tan solo unos pocos años”.

En este sermón, Hazrat Musleh Maud (ra) estaba hablando ante las mujeres áhmadis, por este motivo se dirigió principalmente a ellas.  En este sentido, los Jalifas han mencionado en innumerables ocasiones, al igual que yo mismo he hecho, que los hombres también tienen que seguir los mismos nobles ejemplos. Solo entonces podemos cumplir nuestra proclama de que propagaremos el islam por todo el mundo y reuniremos a la gente bajo la bandera del islam. Esto solo puede conseguirse cuando nuestras acciones y nuestros sacrificios igualen a los ejemplos establecidos por los Compañeros y Compañeras del Santo Profeta (sa).

Hazrat Musleh Maud (ra) dice:

“Los cristianos se enorgullecen de que María Magdalena y las mujeres llegaron a la tumba de Jesús (as) durante la mañana evadiendo al enemigo. Yo les imploro que reflexionen sobre la conducta mostrada por los leales y devotos seguidores de mi amado [es decir, el Santo Profeta (sa)] y vean por sí mismos en qué precarias circunstancias le apoyaron y sobre qué condiciones alzaron la bandera de la Unidad de Dios. En concreto, podemos encontrar un ejemplo de esta devoción cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, después de haber enterrado a los mártires de Uhud”. Hazrat Musleh Maud (ra) presentó en esta ocasión el mismo incidente de la madre de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra).

“Cuando el Santo Profeta (sa) regresaba a Medina, después de haber enterrado a los muertos, vio que las mujeres y los niños habían salido de Medina para recibirle. Sa’d bin Mu´az (ra), uno de los jefes de Medina, llevaba las riendas de la montura de su camella y la lideraba con gran orgullo. Parecía proclamar al mundo que, después de todo, habían logrado traer al Santo Profeta Muhammad (sa) de vuelta a Medina de forma segura. Mientras avanzaba, Sa´d (ra) vio que su anciana madre se acercaba para recibir al grupo de musulmanes que regresaba. La vista de esta anciana se había vuelto muy débil. Uno de sus hijos, Amr bin Mu’az (ra), también había sido martirizado en Uhud. Al verla, él se volvió al Santo Profeta (sa) y dijo: ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Mi madre, (es decir mi madre se acerca).

Déjala acercarse con las bendiciones de Dios Altísimo, respondió el Santo Profeta (sa).

La anciana se acercó y con una mirada perdida, intentó localizar el bendito rostro del Santo Profeta (sa). Por fin pudo reconocerlo y se llenó de alegría. Al verla, el Santo Profeta (sa) dijo: ¡querida mujer! Lamento la pérdida de tu hijo. ‘Pero’, dijo la devota mujer, ‘después de verte vivo he aceptado

todas mis desdichas”, por así decirlo. La expresión utilizada fue: ‘he aceptado mi infortunio y me lo he tragado’. ¿Qué emociones tan profundas indica esta extraordinaria expresión? Normalmente el dolor consume a las personas y aquí tenemos una mujer anciana que había perdido a su hijo, un apoyo en su vejez. Pero al ver al Santo Profeta (sa) vivo, dijo que en vez de dejar que el dolor la consumiera, ella había consumido su dolor. El pensamiento de que mi hijo ha sido asesinado no me desanima,  por el contrario, el saber que ha dado la vida por el Santo Profeta (sa) me ha dado fuerzas una vez más”.

Mientras alababa a los Ansar y rezaba por ellos, Hazrat Musleh Maud (ra) declaró: “¡Oh Ansar! ¡Qué mi vida sea sacrificada por vosotros! ¡Ciertamente, habéis cosechado innumerables bendiciones!”.

El Santo Profeta (sa) dictaminó la pena de muerte para Ka’b bin Ashraf por diversas razones, entre las que se encuentra iniciar diferentes complots y confabulaciones, su malicia y enemistad, así como la conspiración para asesinar al Santo Profeta (sa). En su calidad de líder de los Ansar, el Santo Profeta (sa) instruyó que también se debía buscar el consejo de Hazrat Sa´d bin Mu’az (ra) en cómo se promulgaría el veredicto. He narrado los detalles del asesinato de Ka´b bin Ashraf anteriormente en relación con otros dos Compañeros, pero volveré a narrar de nuevo los relatos relacionados con Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). He cogido el incidente de diferentes fuentes y en parte de Sirat Jataman Nabiyyin.

Cuando el Santo Profeta (sa) emigró a Medina, junto con los otros judíos, Ka´b bin Ashraf también participó en el tratado que el Santo Profeta (sa) redactó entre los judíos, en relación a la mutua amistad, paz y seguridad, y la defensa colectiva. No obstante, en el fondo, el fuego de la malicia y la enemistad comenzó a arder en el corazón de Ka‘b y empezó a oponerse al islam y a su fundador mediante planes secretos y conspiraciones. Así, hay constancia de que cada año Ka‘b daba una gran cantidad de caridad a los eruditos judíos y a los líderes religiosos. En una ocasión, mencionando al Santo Profeta (sa), les preguntó sobre el mismo, a la luz de las escrituras religiosas y si pensaban que era un profeta verdadero o no. Ellos respondieron que aparentemente parecía que era el mismo profeta que les había sido prometido. Ka´b era un enemigo acérrimo del Santo Profeta (sa) y del islam. Estaba muy disgustado con esta respuesta y les despidió calificándoles de inmensamente incompetentes, y no les dio su caridad habitual.

Cuando los eruditos judíos perdieron su sustento, regresaron con Ka’b después de un tiempo y le dijeron que habían reconsiderado las señales y que habían llegado a la conclusión de que, en realidad, Muhammad (sa) no era el profeta que les había sido prometido. (Incluso los clérigos de hoy se sienten atraídos por el atractivo de la riqueza y esto fue lo mismo que ocurrió con ellos). Ahora, esta respuesta complació a Ka‘b y les restableció su asignación anual. Contar con el apoyo de los eruditos religiosos judíos no era un asunto significativo, pero sí el plan sumamente peligroso que ideó después de la batalla de Badr, pues comenzó a tener una conducta extremadamente cruel y sediciosa, y creó circunstancias muy peligrosas para los musulmanes. Sin embargo, con ocasión de Badr, cuando se concedió una victoria extraordinaria a los musulmanes y fueron muertos la mayoría de los jefes de los quraish, comprendió que esta nueva religión no se extinguiría por sí sola. Inicialmente pensó que el islam se acabaría por sí mismo y no se extendería. Por lo tanto, después de Badr, decidió hacer todo lo posible para abolir y destruir completamente el islam. Como se mencionó anteriormente, después de Badr, se enfureció aún más y debido a esta ira, decidió destruir el islam.  Inmediatamente se preparó para viajar dirección a La Meca y, al llegar allí, a través del poder de su discurso persuasivo y su lengua poética, encendió el fuego en los corazones de los quraish.

Creó una sed insaciable en sus corazones por la sangre musulmana y también los llenó de sentimientos de venganza y enemistad. Los incitó diciéndoles que habían sucumbido a la derrota y que sus líderes habían sido asesinados mientras ellos permanecían sentados allí. Así pues, debían ir a buscar venganza. Siguiendo su apasionado discurso y lenguaje poético, sus corazones se llenaron de rabia y venganza. Entonces, cuando sus emociones se habían encendido inmensamente como resultado de su incitación, Ka’b los llevó al patio de la Kaabah y, entregándoles las cortinas de la misma, les hizo jurar que no descansarían hasta que el islam y el fundador del islam (sa) fueran borrados de la faz de la tierra.

Después de crear esta atmósfera ardiente en La Meca, este malvado se dirigió a las otras tribus de Arabia y, viajando de tribu en tribu, incitó a mucha gente en contra los musulmanes. Luego, regresó a Medina e intensificó sus esfuerzos contra el islam. También aludió a las mujeres musulmanas de una manera muy sucia y obscena en sus provocativas coplas, que recitó ante los no musulmanes y los judíos en particular. No sólo encendió el fuego de la enemistad, sino que finalmente urdió una conspiración para asesinar al Santo Profeta (sa). Bajo la estratagema de una gran cena, invitó al Santo Profeta (sa) a su residencia y con algunos jóvenes judíos planeó asesinarlo. No obstante, por la gracia de Dios, Él le puso en  conocimiento de esta maquinación con antelación y este plan suyo no tuvo éxito.

A la luz del tratado que se había establecido entre los habitantes de Medina a su llegada, el Santo Profeta (sa) era el jefe ejecutivo y comandante en jefe del Estado democrático de Medina. Por eso, cuando la situación se agravó hasta un punto crítico y quedaron establecidos los cargos de infracción de tratado, rebelión, incitación a la guerra, sedición, uso de lenguaje soez y conspiración para asesinar al Santo Profeta (sa), se emitió el veredicto de que Ka’b bin Ashraf debía sin duda ser ejecutado por sus viles acciones. A la luz del tratado que se había establecido entre los habitantes de Medina a su llegada, el Santo Profeta (sa) era el jefe ejecutivo y comandante en jefe del Estado democrático de Medina. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) instruyó a algunos de sus Compañeros para que lo ejecutaran, pero debido a las circunstancias de la época, el Santo Profeta (sa) instruyó que Ka’b no debía ser ejecutado públicamente, sino que unas pocas personas debían encontrar una oportunidad apropiada y poner fin a su vida. El Santo Profeta (sa) asignó este deber a un fiel Compañero llamado Muhammad bin Maslamah (ra), e hizo hincapié en que cualquier estrategia que se ideara, debería ser ejecutada con el consejo de Sa’d bin Mu’az (ra), que era el jefe de la tribu Aus;

y así, con el consejo de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), Muhammad bin Maslamah (ra) tomó a Abu Nailah (ra), y algunos otros Compañeros para matar a Ka’b. He mencionado anteriormente en referencia a otros compañeros los detalles de cómo fue asesinado y la sabiduría que emplearon para ejecutarlo. En cualquier caso, según el plan que habían ideado, se las compusieron para sacarlo de su casa por la noche y luego lo mataron.

Por la mañana, cuando se conoció la noticia de la ejecución de Ka’b, un temblor recorrió la ciudad y el pueblo judío se enfureció profundamente. Al día siguiente, de mañana, una delegación de judíos se presentó ante el Santo Profeta (sa) y protestaron diciendo que su líder Ka’b bin Ashraf había sido asesinado de esta manera.

El Santo Profeta (sa) escuchó sus comentarios y dijo: “¿También sois conscientes de los crímenes de los que Ka’b era culpable y por los que ha sido castigado?”. Entonces, el Santo Profeta (sa) les recordó brevemente todos los planes malignos de los que Ka’b era culpable, es decir, la infracción del tratado, la incitación a la guerra, la sedición, el uso de lenguaje soez y la conspiración de asesinato, etc. Ante esto, dicha gente se volvió temerosa y no dijo una palabra más. Todos sabían que en verdad era culpable de esos crímenes.

Tras esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “Al menos de aquí en adelante, haríais bien en vivir en paz y armonía, y no sembrar la semilla de la enemistad, la violencia y el desorden”. En este sentido, con el beneplácito de los judíos, se redactó un nuevo tratado, y los judíos prometieron una vez más vivir con los musulmanes en paz y armonía, y abstenerse de seguir por las vías de la violencia y desorden. Además, en ninguna parte de la historia se ha registrado que después de esto, los judíos hayan mencionado la ejecución de Ka’b bin Ashraf y acusado a los musulmanes, porque en sus corazones sabían que Ka’b recibió el castigo correcto que le correspondía. Por lo tanto, este fue el castigo que recibió y el Santo Profeta (sa) no negó el hecho de que era consciente de ello, de hecho, les recordó los crímenes de los que Ka’b era culpable y esta fue su decisión como jefe de Estado. Aparte, el consejo de otros dos jefes musulmanes de Medina también se incluyó en esta decisión, y uno de ellos era Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra).

Más tarde, los Banu Nazir planearon un plan para engañar al Santo Profeta (sa) y luego matarlo arrojándole una gran piedra. Sin embargo, Al’lah Altísimo informó al Santo Profeta (sa) de este plan a través de la revelación Divina. En ese momento, el Santo Profeta (sa), junto con algunos de sus Compañeros, fue a reunirse con los Banu Nadir, pero regresó inmediatamente al enterarse de este plan. A partir de entonces, el Santo Profeta (sa) ordenó que los Banu Nadir fueran asediados. No teniendo otra opción y en defensa propia, el Santo Profeta (sa) tuvo que pisar el campo de batalla en el mes de Rabbiul Awwal, del cuarto año después de la Hégira. Como resultado, los Banu Nazir fueron expulsados de Medina.

Cuando el Santo Profeta (sa) recibió el botín de los Banu Nazir, el Santo Profeta (sa) instruyó a Hazrat Zabit bin Qais (ra) que reuniera a toda su gente. Hazrat Zabit bin Qais (ra) preguntó: ‘¡Oh Mensajero de Al’lah! ¿Puedo traer a toda la gente perteneciente a la tribu Jazrall? El Santo Profeta (sa) respondió: ”Llama a todos los Ansar, pertenezcan a la tribu que sea”. Y entonces, la gente de Aus y Jazrall fueron llamados para reunirse ante el Santo Profeta (sa). En su discurso, el Santo Profeta (sa) primero alabó a Dios Altísimo, Quien es el Más Digno, y luego relató los favores de los Ansar que habían conferido a sus hermanos Muhayirin, a los cuales permitieron quedarse en sus casas y dándoles prioridad sobre sí mismos. Luego el Santo Profeta (sa) declaró: “Si lo deseáis, distribuiré la riqueza recibida de los Banu Nazir entre los Muhayirin y los Ansar. Pero los Muhayirin continuarán viviendo en vuestras casas y participarán de vuestras riquezas”. En otras palabras, podían dividir igualmente la riqueza entre los Ansar y los Muhayirin, pero en ese caso, los Muhayirin continuarían viviendo en las casas de los Ansar y los Ansar continuarían tratándolos de la misma manera que antes. “Sin embargo, la otra opción es que, si lo deseáis, distribuiré toda la riqueza entre los Muhayirin sin dar nada a los Ansar. Aunque luego los Muhayirin dejarán vuestros hogares y buscarán su propio lugar donde vivir, porque habrán adquirido suficiente riqueza”.

Sobre esto Hazrat Sa’d bin Ubaidah (ra) y Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) consultaron con alguien más y luego se presentaron al Santo Profeta (sa) diciendo: ”¡Oh Mensajero de Al’lah, usted puede distribuir toda la riqueza entre los Muhayirin, pero aun así los Muhayirin pueden seguir viviendo en nuestros hogares como lo hacían antes. No queremos que después de adquirir la riqueza, ellos dejen nuestros hogares. Los derechos que fueron establecidos para ellos como resultado del vínculo de hermandad entre nosotros permanecerán y ellos continuarán viviendo en nuestros hogares”.  El resto de los Ansar también dijeron al Santo Profeta (sa) que ellos estaban completamente de acuerdo con esto y que no expresarían ninguna queja si toda la riqueza fuese distribuida entre los Muhayirin.  Entonces, el Santo Profeta (sa) declaró: ”¡Oh Al’lah! Concede Tu misericordia a los Ansar y a sus hijos”.

Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) distribuyó la riqueza entre los Muhayirin. Aparte de dos compañeros de entre los Ansar, no se dio nada a los otros Ansar. Los dos compañeros fueron Hazrat Sahl bin Hunaif (ra) y Hazrat Abu Duyana (ra) quienes realmente la necesitaban. A Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) se le otorgó la espada de Abu Huqaiq, que era judío, y esta espada era muy respetada entre los propios judíos.

Cuando tuvo lugar el incidente de la gran calumnia por la que se levantó una alegación muy seria contra Hazrat Aisha (ra), consecuentemente el Santo Profeta (sa), Hazrat Aisha (ra) y los miembros de su familia tuvieron que soportar un periodo de gran dolor y dificultad. Y después de algún tiempo, cuando el Santo Profeta (sa) mencionó a sus Compañeros las acciones ilícitas de los hipócritas, en ese momento Hazrat Sa’d bin Mauz (ra) expresó nuevamente su devoción por el Santo Profeta (sa). Hazrat Musleh Maud (ra) ha mencionado este incidente detalladamente y ya lo he mencionado, mientras me refería a los relatos del Compañero Hazrat Mistah (ra). No obstante, narraré solo la parte del relato que está relacionada con Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). Como ya he mencionado, un día, durante este período, el Santo Profeta (sa) salió de su residencia y reunió a sus Compañeros y declaró: “¿Quién puede concederme un respiro del individuo que me ha causado un gran dolor y pena?”. Con esto el Santo Profeta (sa) se refería a Abdul’lah bin Ubbay bin Salul. Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), quien era el jefe de la tribu Aus, se puso de pie y dijo: “¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! Si esta persona es de nuestra tribu, estamos listos para matarlo y si es de entre la tribu Jazrall, aun así, estamos preparados para matarlo”.

Durante la batalla de Jandaq (la Zanja), Abu Sufián envió a Huy, el jefe de los Banu Nazir, a Ka’b bin Aswad, quien era el jefe de los Banu Quraiyzah, para convencerlo de que terminara el tratado que habían hecho con los musulmanes. Pero cuando se negó a hacerlo, Huy le vendió una imagen de exuberantes jardines verdes y le dio mucha confianza en la inminente destrucción del islam; por eso, en última instancia, aceptó no comprometerse más con el tratado que había hecho con los musulmanes y, no solo eso, sino que también lo convenció para ayudar a los incrédulos de La Meca.

Mientras relata este incidente, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) declara en Sirat Jatamun-Nabiyyin:

“Cuando el Santo Profeta (sa) recibió noticias de esta peligrosa traición de los Banu Quraiẓah, al principio envió a Zubair bin Al-‘Awwam (ra) para obtener información en secreto, unas dos o tres veces. Luego, después de esto, el Santo Profeta (sa) envió formalmente a Sa’d bin Mu’az (ra) y Sa’d bin Ubaidah (ra), quienes eran los jefes de las tribus Aus y Jazrall, junto con otros Compañeros influyentes en forma de una delegación hacia los Banu Qurayiẓah; e instruyó estrictamente que si hubieran noticias preocupantes, no debían divulgarse públicamente a su regreso, sino que se mantuvieran en secreto para que la gente no se volviera aprensiva. Cuando estas personas llegaron a las viviendas de los Banu Qurayiẓah y se acercaron a Ka’b bin Asad, este hombre malvado les hizo frente de una manera muy arrogante. Entonces, los dos Sa’ds, es decir Sa’d bin Mu’az (ra) y Sa’d bin Ubaidah (ra), hablaron del tratado, pero Ka’b y la gente de su tribu se volvieron agresivos y dijeron: ¡marcharos de aquí! No hay ningún tratado entre Muhammad (sa) y nosotros’. Al escuchar estas palabras, esta delegación de Compañeros partió de allí. Sa’d bin Mu’az (ra) y Sa’d bin Ubaidah (ra) se presentaron ante el Santo Profeta (sa) y le informaron sobre la situación de una manera apropiada”.

Inicialmente, en ese momento, este acto suyo fue una sorpresa para los musulmanes, porque los incrédulos de La Meca habían rodeado la ciudad entera de Medina por todos lados. Además, debido a las circunstancias de la batalla, tampoco pudieron llevar a cabo ninguna acción contra esta tribu. No obstante, cuando concluyó la batalla y el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, se le informó a través de una visión sobre la traición de los Banu Quraiyzah y el castigo que merecían por su acto de rebelión. La orden era que debían ser castigados y, por tanto, el Santo Profeta (sa) anunció que todos debían dirigirse a las fortalezas de los Banu Quraiyzah y que deberían ofrecer su oración Asr al llegar allí. El Santo Profeta (sa) envió una delegación por adelantado bajo el mando de Hazrat Ali (ra). Hay una recopilación detallada bastante extensa en relación con esta batalla y Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) también jugó un gran papel al emitir su decisión al final; pero no hay mucho tiempo ahora y, por consiguiente, insha Al’lah (si Dios quiere), mencionaré esto en el próximo sermón.

Resumen

Resumen del sermón de viernes – 3 de julio del 2020

Tras la recitación de Tashayud y Ta’wwuz, Hazur e Anwar (aba) continuó hablando sobre la vida del compañero Badri del Santo profeta Muhammad (sa), llamado S ‘ad Bin Mu’az (ra).En referencia a Hazrat S’ad bin Muaz (ra), Hazrat Musleh Maud ra (el segundo Jalifa del Mesías Prometido) dijo que:

“Cuando una persona ama a otra, desea que su ser querido no sufra ningún daño ni lesión.”

Así fue el caso con los compañeros del Santo Profeta (sa); quienes no soportaban que el Santo Profeta (sa) peleara en las batallas. Esa era una muestra de amor de los compañeros por el Santo Profeta Muhammad (sa). Cuando el Santo Profeta (sa) pidió su consejo antes de la batalla de Badr, los compañeros se pusieron de pie uno por uno y, por turnos, expresaron, en forma de discursos apasionados, su inmensa conformidad con hacer frente a cualquier sacrificio. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) siguió pidiendo consejo a otras personas.La razón de ello fue que todos los discursos hasta entonces pronunciados, eran de compañeros Muhayirin (migrantes). Hazrat S’ad (sa) reconoció la intención del Santo Profeta (sa). Se puso de pie y dijo:

“Oh Profeta de Al’lah, no habíamos pronunciado palabra alguna para que los Muhayirin no pensaran que estamos ansiosos por luchar contra su tribu. Hemos reconocido su veracidad con nuestros ojos. Le seguiremos donde quiera que vaya. Por Al’lah, incluso si nos ordena arrojarnos al océano, con gusto lo haríamos. El enemigo no puede alcanzarle sin pasar sobre nuestros cuerpos muertos.”Otro compañero, que acompañó al Santo Profeta Muhammad (pbd) en 13 batallas, relata que hubiera preferido haber pronunciado él mismo las palabras de lealtad que pronunció Hazrat S’ad (ra) antes de la batalla de Badr. Hazrat Musleh Maud (ra) dijo: Dios, en el Corán, dice lo siguiente sobre la protección del Santo Profeta (sa):

“Para él (el Mensajero) hay una sucesión de ángeles delante y detrás de él, que lo guardan por mandato de Al’lah.” (13:12)

Hazrat Musleh Maud (ra) afirma que: en mi opinión, esto se refiere tanto a los ángeles de Dios como a los compañeros del Santo Profeta (sa) que lo salvaguardaron. Después de la batalla de Uhud, Hazrat S’ad (ra) entró en Medina caminando frente al caballo en el que cabalgaba el Santo Profeta (sa). Su hermano había sido martirizado en la batalla. Vio a su anciana madre acercándose a él. La madre de Hazrat S’ad, debido a su avanzada edad, no veía bien. Con lo cual, Hazrat S’ad (ra) informó al Santo Profeta (sa) de su llegada. El Santo Profeta (sa) ordenó detenerse como muestra de respeto hacia ella. El falso rumor del martirio del Santo Profeta (sa) se había extendido por Medina. Su madre preguntó dónde estaba el Santo Profeta (sa). Hazrat S’ad (ra) le hizo saber que estaba frente a ella. Ella volvió la cara hacia el Santo Profeta (sa), quien le ofreció sus condolencias por el martirio de su hijo. Ella respondió:

“Oh Profeta de Al’lah, ¿por qué dice esto? Él solo estaba preocupado por su bienestar”.

Narrando este relato, Hazrat Musleh Maud (ra) dijo:

“Oh Ansaar, que mi vida sea sacrificada por ustedes. Habéis ganado una gran recompensa divina”.

Al mencionar este incidente de la madre de Hazrat S’ad (ra), Hazrat Musleh Maud (ra) advirtió a las mujeres áhmadis musulmanas de que esas mujeres que se unieron a los hombres para difundir el mensaje del Islam y cuyos sacrificios se recuerdan hasta nuestros días. También afirman haber creído en el Mesías Prometido (as) que es un reflejo espiritual del Santo Profeta (sa). ¿Poseen la misma luz y pasión que esas mujeres que fueron compañeras del Profeta Muhammad (sa)? Si reflexionan sobre sus condiciones, se darán cuenta de que todavía están muy por debajo de sus estándares … Luego dijo que el mundo cristiano está orgulloso de Hazrat Maryam y sus compañeras por llegar secretamente a la habitación donde el Profeta Jesús se recuperó después de la crucificción. Sin embargo, les digo que si les compararan con las mujeres compañeras del Santo Profeta (sa), entenderán que las mujeres compañeras del Santo Profeta Muhammad (sa) están muy por delante en sacrificio y pasión. Hazrat S’ad (ra) también mostró su lealtad y amor durante el incidente de Ifk: cuando se hicieron acusaciones falsas redpecto a Hazrat Aisha y se difundieron rumores falsos en Medina. En esa ocasión, el Santo Profeta (sa) reunió a sus compañeros y preguntó: ¿quién me salvará de esta persona? Se refería a Abdul’lah bin Ubay Salul, quien fue el principal culpable de ese entramado. En ese momento, Hazrat S’ad (ra) dijo que, tanto si él es uno de ellos (tribu Aus) como si es de la tribu de Khazraj, estaba listos para ejecutarlo.

Al final Hazur e Anwar (aba) dijo: continuaré narrando sobre la vida de Hazrat S’ad (ra) en el próximo sermón.

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