Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 15 DE JULIO DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Surah Al-Fatihah,

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V (atba), dijo las siguientes palabras:

Actualmente se están mencionando los relatos de las expediciones militares de los musulmanes contra los apóstatas rebeldes y más detalles sobre las expediciones de Hazrat Muhayir (ra) y Hazrat Ikrimah (ra) contra los apóstatas en las regiones de Kindah y Hazramaut son que cuando Hazrat Muhayir (ra) se estableció formalmente en Sanaa, le escribió a Hazrat Abu Bakr (ra) informándole de todo lo que había hecho hasta el momento. Mientras esperaba una respuesta, Maaz bin Yabal y varios otros gobernadores de Yemen, que habían estado sirviendo en estos puestos desde la época del Santo Profeta Muhammad (sa), también escribió a Hazrat Abu Bakr (ra) solicitando permiso para regresar a Medina. En respuesta, Hazrat Abu Bakr (ra) concedió a Maaz bin Yabal y a los demás gobernadores la opción de permanecer en Yemen o regresar a Medina, con la condición de que nombraran a otra persona para su cargo. Como se les dio esta opción, todos regresaron a Medina y Hazrat Muhayir (ra) recibió instrucciones de unirse a Hazrat Ikrimah (ra) y ambos se les dijo que fueran a Hazramaut y ayudaran a Ziad bin Labid. Al mismo tiempo, manteniéndolos en sus respectivas posiciones, les ordenó que permitieran regresar a aquellos que habían estado luchando a su lado entre La Meca y Yemen. Si deseaban regresar, podían hacerlo, a menos que la gente quisiera participar voluntariamente en la “yihad” (guerra defensiva, en este caso) y dieran prioridad a la misma. Por su parte, Hazrat Ikrimah (ra) recibió una carta de Hazrat Abu Bakr (ra) y en ella se le indicó que se encontrará con Muhayir bin Abu Umaiyyah (ra), quien se acercaba desde Sanaa. Después de esto, a ambos se les dijo que se dirigieran hacia la tribu de Kindah. Tras recibir esta carta, Hazrat Ikrimah (ra) dejó Mahrah y se quedó en Abyan, esperando a Hazrat Muhayir bin Abu Umaiyah (ra). Abyan era el nombre de un municipio en Yemen.

En “Tarij aT-Tabari” (‘La historia de At-Tabari’), se registra lo siguiente en relación con las expediciones contra los apóstatas de la tribu de Kindah:

“Antes de su apostasía, cuando todas las regiones de Kindah y Hazramaut habían aceptado el Islam, el Santo Profeta (sa) dijo lo siguiente con respecto a recolectar el ‘Zakat’ [impuesto sobre ciertos bienes] de ellos: ‘Algo del Zakat recolectado de la gente de Hazramaut debe ser guardado en Kindah y parte del Zakat recaudado de la gente de Kindah hay que guardarlo en Hazramaut (es decir, hay que enviarlo a Hazramaut y debe ser gastado entre ellos). De manera similar, parte del Zakat recolectado de Hazramaut hay que guardarlo en Sukun y parte del Zakat de Sukun hay que guardarlo en Hazramaut’. Ante esto, algunas personas de Kindah dijeron: ‘¡Oh Mensajero de Dios (sa)! Nosotros no tenemos ningunos camellos. Si lo consideras apropiado, estas personas pueden viajar hasta nosotros en sus monturas y entregar el Zakat’. El Profeta (sa) les respondió (o sea, a la gente de Hazramaut): ‘Si podéis hacerlo, actuad en consecuencia’; y ellos dijeron: ‘Lo consideraremos. Si no tienen animales [como monturas], actuaremos de acuerdo a las circunstancias’.

Cuando el Mensajero de Al’lah (sa) falleció y se acercó el momento de cobrar el Zakat, Hazrat Ziad (ra) llamó a la gente. Se reunieron a su alrededor y Banu Waliyyah, es decir, la gente de Kindah, proclamó: ‘Entrégadnos el Zakat como prometisteis al Santo Profeta Muhammad (sa)’. Y contestaron: ‘Tenéis animales que pueden aliviar vuestra carga. Traed los y dad el Zakat’. Pero ellos mismos se negaron a entregarlo y la gente de Kindah se mantuvo firme en su demanda. Posteriormente, estas personas regresaron a sus hogares. Su postura había cambiado, daban un paso adelante y luego otro paso atrás, por así decirlo. Dado que Hazrat Ziad (ra) estaba esperando a Hazrat Muhayir (ra) se abstuvo de tomar medidas contra ellos. En otras palabras, no tomó ninguna medida contra aquellos que se negaron a ofrecer Zakat hasta que llegó Hazrat Muhayir (ra).

Hazrat Abu Bakr (ra) escribió una carta a Hazrat Muhayir (ra) y Hazrat Ikrimah (ra) indicándoles a ambos que partieran hacia Hazramaut, y que mantuvieran a Hazrat Ziad (ra) en su puesto. [Él les dijo] que aquellos que vivían en el área entre La Meca y Yemen deberían recibir permiso para regresar, excepto aquellos que deseaban participar en la ‘yihad’ por su propia elección, y que Hazrat Ubaidah bin Sad (ra) debería ir para ayudar a Hazrat Ziad (ra). Por lo tanto, Hazrat Muhayir (ra) implementó estas instrucciones, pues partió de Sanaa hacia Hazramaut y Hazrat Ikrimah (ra) salió de Abyan hacia Hazramaut; y  ambos se encontraron en un lugar llamado Maarib. Los dos cruzaron Suhaid Sahra y más tarde llegaron a Hazramaut. Cuando la gente de Kindah se molestó con Hazrat Ziad (ra) y regresó, él mismo asumió la responsabilidad de cobrar el ‘Zakat’ de los Banu Amr. En este contexto, un joven de Kindah le dio accidentalmente el camello de su hermano a Hazrat Ziad (ra) como ‘Zakat’. Hazrat Ziad (ra) marcó el camello con fuego para indicar que era parte del ‘Zakat’; o sea, le puso un sello para indicar que era parte del tesoro como ‘Zakat’. Cuando el niño pidió que se cambiara el camello porque se lo habían dado por error, Hazrat Ziad (ra) pensó que simplemente estaba presentando excusas y no estuvo de acuerdo. Ante esto, el niño que le dio el camello pidió ayuda a su tribu y a Abu Sumaid. Cuando Abu Sumaid le pidió a Hazrat Ziad (ra) que intercambiara el camello, Hazrat Ziad (ra) se mantuvo firme en su postura. Esto enfureció a Abu Sumaid y liberó el camello por la fuerza, sobre lo cual la gente que estaba con Hazrat Ziad (ra) encarceló a Abu Sumaid y su gente, y también capturó el camello. Entretanto, se llamaron unos a otros para pedir ayuda, por lo que Bani Muawiyah vino a apoyar a Abu Sumaid.

Los Banu Muawiyah pertenecían a Banu Hariz bin Muawiyah y Banu Amr bin Muawiyah, que eran ramas de la tribu Kindah. Solicitaron a Hazrat Ziad (ra) la liberación de su pueblo, pero Hazrat Ziad (ra) se negó a hacerlo hasta que se dispersaron; y dijo que consideraría hacerlo una vez que se hubieran ido. Cuando no se dispersaron, Hazrat Ziad (ra) lanzó un ataque contra ellos que resultó en la muerte de muchos de sus hombres mientras que otros huyeron. Al regresar, Hazrat Ziad (ra) liberó a sus prisioneros, aunque esas personas regresaron y comenzaron a prepararse para la guerra. Por tanto, Banu Amr, Banu Hariz, Ashas bin Qais y Simt bin Aswad regresaron a sus fortalezas, se negaron a ofrecer ‘Zakat’ y se convirtieron en apóstatas. Como resultado, Hazrat Ziad (ra) reunió a su ejército y atacó a Banu Amr, lo que provocó la muerte de muchos de sus hombres mientras que los que pudieron salieron huyendo. Un gran número fue encarcelado por Hazrat Ziad (ra) y los envió a Medina. En el camino, Asha y Banu Hariz lanzaron un ataque contra los musulmanes mediante el cual liberaron a sus prisioneros. Tras este incidente, muchas de las tribus circundantes se unieron a este pueblo y además anunciaron su apostasía. Ante esto, Hazrat Ziad (ra) escribió una carta a Hazrat Muhayir (ra) en busca de ayuda. Hazrat Muhayir (ra) nombró a Hazrat Ikrimah (ra) como su representante y luego, junto con sus hombres, atacó Kindah. La gente de Kindah huyó a una de sus fortalezas llamada Nuyair, que era otro fuerte ubicado en Yemen, cerca de Hazramaut. Había tres entradas a esta fortaleza y Hazrat Ziad (ra) sitió a una de ellas mientras que Hazrat Muhayir (ra) acampó junto a la otra. La tercera permaneció bajo el control de Kindah hasta que llegó Hazrat Ikrimah (ra) y él tomó el control de la misma.

Los ejércitos de Hazrat Ziad (ra) y Hazrat Muhayir (ra) estaban compuestos de quinientos Compañeros (ra) ‘Muhayirin’ (emigrantes musulmanes de La Meca a Medina) y ‘Ansar’ (residentes musulmanes de Medina) junto con otras tribus. Luego, cuando aquellos que estaban sitiados en la fortaleza de Nuyair se dieron cuenta de que los musulmanes continuaban recibiendo refuerzos, se asustaron mucho, por lo que su líder, Ashas, fue inmediatamente a Hazrat Ikrimah (ra) a fin de querer establecer la paz. Por su parte, Hazrat Ikrimah (ra) llevó a Ashas a Hazrat Muhayir (ra). [Una vez allí] Ashas buscó refugio para él y otros nueve individuos con la condición de que abriera una puerta en la fortaleza para los musulmanes. Hazrat Muhayir (ra) aceptó esta condición, pero cuando Ashas escribió los nombres de esas nueve personas, se olvidó de escribir su propio nombre por prisa y debido a su estado de gran temor. Más tarde, llevó lo que había escrito a Hazrat Muhayir (ra), quien lo respaldó con su sello. Cuando Ashas regresó y abrió la puerta de la fortaleza, los musulmanes entraron y se produjo una batalla entre los dos ejércitos, en la que murieron setecientas personas de Kindah. La gente en la fortaleza se defendió. No obstante, sus hombres fueron asesinados y mil mujeres fueron capturadas.

A partir de entonces, Hazrat Muhayir (ra) pidió el acuerdo escrito de protección y perdonó a las personas cuyos nombres estaban escritos en él, aunque el nombre de Ashas no se incluyó. Ante esto, Hazrat Muhayir (ra) intentó matarlo, pero por el requerimiento de Hazrat Ikrimah (ra), fue enviado junto con los otros prisioneros a Hazrat Abu Bakr (ra) para que pudiera tomar una decisión sobre su caso. Cuando la noticia de la victoria de los musulmanes junto con los prisioneros llegó a Hazrat Abu Bakr (ra), este buscó a Ashas y exclamó: ‘Fuiste engañado por los Banu Waliyah y no son tales como para que puedas engañarlos, ni ellos consideraron que serías capaz de hacerlo. Ellos se arruinaron y causaron tu ruina también. ¿No temes estar entre aquellos contra quienes el Santo Profeta (sa) oró?’. Y es que el Mensajero de Al’lah (sa) había maldecido a cuatro líderes de la tribu Kindah que aceptaron el islam junto con Ashas, aunque luego se convirtieron en apóstatas.

Hazrat Abu Bakr (ra) dijo: ‘¿Cómo crees que te trataré?’. Ashas respondió: ‘No sé lo que pretendes hacer’. Hazrat Abu Bakr (ra) respondió: ‘Creo que deberías ser asesinado’. Ashas replicó: ‘Soy responsable de hacer un acuerdo que salvó la vida de 10 personas de mi tribu. ¿Cómo merezco la muerte?’. Acto seguido, Hazrat Abu Bakr (ra) declaró: ‘¿Los musulmanes te confiaron este asunto?’; y él respondió afirmativamente. Hazrat Abu Bakr (ra) manifestó entonces: ‘Cuando te confiaron este asunto y viniste a ellos, ¿te dieron un sello de aprobación?’; y respondió afirmativamente. Luego, Hazrat Abu Bakr (ra) exclamó: ‘La resolución detallada en los documentos se vuelve obligatoria una vez que lleva el sello de aprobación. Antes de eso, solo intentabas negociar’. Entonces, cuando Ashas llegó a temer por su vida, se sometió humildemente diciento: ‘Si usted percibe aunque sea una pizca de bondad en mí, por favor libere a estos prisioneros, perdone mis errores, acépteme en el redil del Islam, tráteme como a cualquier otra persona en mi situación y devuélvame a mi esposa’.

Está registrado que antes de que este incidente tuviera lugar, una vez, Ashas vino al Santo Profeta Muhammad (sa) y llegó con una propuesta de matrimonio para la hija de Hazrat Abu Bakr (ra), Umm Farwa bint Abu Qahafah (ra). Hazrat Abu Qahafah (ra) [es decir, Hazrat Abu Bakr (ra)] casó a su hija con él y decidió que la enviaría con Ashas en su próxima visita. Según un autor, Umm Farwa (ra) era la hija de Hazrat Abu Bakr (ra). No obstante, después de que el Profeta (sa) falleciera y Ashas se convirtiera en un apóstata, temió que su esposa no le fuera devuelta. Por eso, Ashas le dijo a Hazrat Abu Bakr (ra): ‘Me encontrará entre los mejores de su entorno al servicio de la religión de Al’lah’. Ante esto, Hazrat Abu Bakr (ra) le perdonó la vida, lo aceptó en el redil del Islam y le devolvió a su familia. Después de esto, Hazrat Abu Bakr (ra) manifestó: ‘Puedes marcharte. A partir de ahora, solo quiero oír cosas buenas de ti’. De este modo, Hazrat Abu Bakr (ra) también liberó a todos los prisioneros, quienes regresaron a sus respectivas regiones.

Según una narración, debido a que Ashas era culpable de incumplir una promesa hecha a su tribu, no se atrevió a volver con ellos. Tras ser liberado, permaneció en Medina con Umm Farwa (ra). En la época de Hazrat Umar (ra), cuando tenían lugar las batallas en Irak y Siria, Ashas también se encontraba entre los ejércitos musulmanes que salieron a luchar contra los iraníes y los bizantinos. Contribuyó de forma excepcional en estas batallas y así recuperó el respeto del pueblo, y restauró su mermada reputación. En definitiva, hasta que no se establecieron la paz y la seguridad y el gobierno islámico no se restableció firmemente, Hazrat Muhayir (ra) y Hazrat Ikrimah (ra) permanecieron en Kindah y Hazramaut. Estas fueron las últimas batallas libradas contra los apóstatas rebeldes. Tras la realización de estas expediciones, la rebelión fue completamente erradicada y todas las tribus quedaron bajo el dominio del Islam. Para mantener la paz y la seguridad en esa región y someter por completo todos y cada uno los medios que pudieran dar lugar a una rebelión, Hazrat Muhayir (ra) empleó las mismas medidas estrictas que había mostrado en Yemen. Entretanto, Hazrat Abu Bakr (ra) escribió a Hazrat Muhayir (ra), instruyéndole para que supervisara Yemen o Hazramaut, de los cuales eligió Yemen. Debido a esto, se nombraron dos líderes para Yemen. Mientras se dirigía a los gobernantes que hacían esfuerzos contra los rebeldes y los apóstatas, Hazrat Abu Bakr (ra) escribió: ‘Desde mi punto de vista, es preferible que solo asignen funciones de gobierno a aquellos que han permanecido puros de cualquier mancha de apostasía y rebelión’.”

Aunque muchos habían vuelto [al Islam], les dijo que tuvieran cuidado con los que se habían convertido en apóstatas o se habían rebelado; y a continuación declaró: “Todos ustedes deben cumplir este reglamento y actuar en consecuencia. Aquellos de su ejército que deseen regresar deben recibir permiso para hacerlo y bajo ninguna circunstancia deben buscar la ayuda de ningún rebelde o apóstata en su ‘yihad’ contra el enemigo”.

Por otra parte, al destacar estas batallas bajo el liderazgo de Hazrat Abu Bakr (ra), la mayoría de los autores, especialmente los biógrafos de esta época, suelen afirmar que esta “yihad” se libró contra los falsos proclamadores a ser profetas y que fueron eliminados por la fuerza de la espada, y que éste fue su castigo a la luz de la “Sharía” islámica. De todas formas, quien ha estudiado la historia nunca podría apoyar tales afirmaciones. Como se mencionó antes, a la luz del Sagrado Corán, la bendita práctica del Santo Profeta Muhammad (sa) y los hadices, el Mensajero de Dios (sa) nunca actuó contra un individuo porque reclamara ser profeta, ni Hazrat Abu Bakr (ra) emprendió estas expediciones con el propósito de silenciar a los falsos profetas. Por el contrario, la verdadera causa de la adopción de tales medidas fue su comportamiento rebelde.

Al explicar la razón por la que los compañeros [del Santo Profeta (sa)] emprendieron la guerra contra los aspirantes a ser profetas, Hazrat Musleh Maud, Jalifatul Masih II (ra), afirma:

“Maulana Maududi Sahib ha escrito que los Compañeros (ra) lucharon contra todos los que reclamaron ser profetas después de Muhammad (sa), aunque esto va en contra de las narraciones de los Compañeros (ra). Maulana Maududi Sahib debería recordar (esto fue escrito cuando aún vivía) que aquellos que proclamaron ser profetas tras el Santo Profeta (sa) y contra los que lucharon los Compañeros (ra), todos ellos se habían rebelado contra el gobierno islámico y le habían declarado abiertamente la guerra”.

Hazrat Musleh Maud (ra) relata además:

“El Maluana hace una gran afirmación de haber leído la literatura islámica, pero, antes de expresar su opinión sobre este asunto, si hubiera estudiado la historia del Islam, se habría enterado de que Musailimah Kazzab, Aswad Ansi, Sayyah bint Hariz y Tulaiha bin Juwailid Asadi se negaron a cumplir con las directrices el gobierno en Medina y todos ellos afirmaron haber establecido su propio gobierno en sus respectivas áreas”.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Si hubiera leído cuidadosamente el ‘Tarij Ibn Jaldun’, habría quedado evidentemente claro que su opinión, o sea, la de Maulana Sahib, era errónea, pues está escrito [en ‘Tarij Ibn Jaldun’] que las noticias de la apostasía de todos los árabes, ya sea de la población en general o de la gente prominente, comenzaron a llegar a Medina. Solo las tribus Qureish y Zaqif no cayeron en la apostasía. Por otra parte, la cuestión de Musailimah se agravó mucho y la tribu de los Tayy y los Asad prometieron su obediencia a Tulaiha bin Juwailid. Luego, la tribu Ghatfan también apostató y la Hawazin dejó de pagar el ‘Zakat’. Además, los jefes de Bani Sulaim se convirtieron en apóstatas. Aparte, los diferentes líderes que habían sido nombrados por el Santo Profeta (sa) en Yemen, Yamamah, Bani Asad y de manera similar en otros pueblos y ciudades, regresaron y declararon que todos los árabes se habían negado a mostrar obediencia.

Hazrat Abu Bakr (ra) esperó a que Usamah (ra) regresara y entonces lucharía contra ellos, pero las tribus de Abas y Zubyan se marcharon rápidamente y acamparon en Abraq, que estaba cerca de Medina. Otras personas acamparon en Zul Qassah y algunas personas de los Bani Asad y Bani Kananah también se unieron a ellos. Todos ellos enviaron una delegación a Hazrat Abu Bakr (ra) y expusieron su demanda de que solo estaban dispuestos a aceptar sus mandamientos relativos a la oración. (Toda esta gente se reunió alrededor de Medina y declaró que estaban dispuestos a cumplir con el mandamiento de la oración, aunque no pagarían el ‘Zakat’. Sin embargo, Hazrat Abu Bakr (ra) rechazó esta demanda suya”.

Hazrat Musleh Maud (ra) menciona además:

“De esta referencia está claro que las personas contra las que lucharon los Compañeros (ra) fueron las que se rebelaron contra el gobierno, pues se negaron a pagar el impuesto y atacaron Medina, por lo que  todos ellos se reunieron en torno a Medina y amenazaron con atacar si no se satisfacían sus demandas. Durante la vida del Profeta (sa), Musailimah escribió al Mensajero de Al’lah (sa) en la que afirmaba que se le había ordenado que la mitad de la tierra árabe era suya y la otra mitad para los Qureish. Tras la muerte del Santo Profeta (sa), expulsó a Zumamah bin Uzal, que había sido nombrado gobernador de Hayr y Yamamah, y en su lugar se volvió él mismo en gobernador de esa zona y atacó a los musulmanes. También capturó a dos Compañeros (ra) que habían venido de Medina, Habib bin Zaid y Abdul’lah bin Wahb, y los obligó a aceptar su proclamación de ser profeta. (Esto se ha mencionado antes). Por miedo, Abdul’lah bin Wahb (ra) cumplió con lo que dijo, pero Habib bin Zaid (ra) se negó a aceptar su demanda. Ante esto, Musailimah Kazzab le cortó extremidad por extremidad y lo quemó.

Respecto a aquellos que habían sido designados oficialmente por el Santo Profeta (sa) en Yemen, encarceló a algunos de ellos y además aplicó estrictos castigos a otros. Del mismo modo, At-Tabari ha escrito que Aswad Ansi también se rebeló y comenzó a dar problemas a los que habían sido nombrados oficialmente como gobernadores por el Mensajero (sa), y ordenó que se les quitara la riqueza del ‘Zakat’. Además atacó a Shar bin Bazan en Sanaa, que había sido nombrado gobernador de la ciudad por el propio Santo Profeta Muhammad (sa). Mató a muchos musulmanes, saqueó la zona, asesinó a su gobernador y luego se casó con su esposa en contra su voluntad. Además, los Banu Nayaran se rebelaron y se unieron a Aswad Ansi, y expulsaron a dos Compañeros (ra) de su zona: Amr bin Hazm (ra) y Jalid bin Said (ra).

De todo esto se desprende que no lucharon contra esta gente porque pretendieran ser profetas de entre la Ummah del Mensajero de Dios (sa) y desearan difundir su fe. De hecho los Compañeros (ra) lucharon contra ellos porque intentaban abrogar las leyes islámicas y establecer las suyas propias en su lugar. Incluso, se proclamaron gobernantes de sus respectivas zonas y, no solo eso, además mataron a muchos Compañeros (ra), atacaron las tierras musulmanas, se rebelaron contra el gobierno existente y anunciaron ser completamente libres e independientes”.

Hazrat Musleh Maud (ra) sigue explicando:

“Por consiguiente, a la luz de estos acontecimientos, que Maulana Maududi Sahib diga que todos los Compañeros (ra) lucharon contra los que proclamaron ser profetas es completamente falso. Si alguien afirma que los nobles Compañeros (ra) consideraban lícito el asesinato de humanos, ¿se justificaría esta opinión simplemente porque Musailimah Kazzab y Aswad Ansi también eran humanos?”.

Hazrat Musleh Maud (ra) narra además:

“Quienes tergiversan la historia islámica no prestan ningún servicio al Islam. Si su objetivo es servir de verdad al Islam, debe darse la máxima importancia a la verdad y abstenerse por completo de la falsedad y de tergiversar los incidentes [históricos]”.

En cualquier caso, al acabar con esta gente, la rebelión quedó completamente desarraigada en toda la tierra árabe. En este sentido, un historiador ha escrito:

“Ahora, habían puesto fin a todas las rebeliones y todos los apóstatas habían sido aplastados. La meticulosa planificación y la rapidez con la que Hazrat Abu Bakr (ra) sofocó por completo este desorden, que se había extendido por toda la tierra [de Arabia], refleja sus extraordinarias habilidades. Es evidente que se le concedió el apoyo y la ayuda Divina a cada paso, ya que dominar el desorden de los apóstatas y los rebeldes y restablecer la autoridad del Islam en la tierra árabe en menos de un año fue realmente una hazaña notable. [Por esta razón] Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) estaba extremadamente feliz por la victoria del Islam, aunque no había ni un solo rastro de orgullo o arrogancia en esta felicidad. Esto se debe a que sabía que todo sucedió gracias a las bendiciones de Dios y a Su benevolencia. Era consciente de que no poseía el poder para derrotar a los poderosos ejércitos de los apóstatas en toda la tierra árabe con solo un puñado de musulmanes y así levantar de nuevo la bandera del Islam con toda su gloria y grandeza.

Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) se enfrentó ahora a la tarea de qué medidas tomar para fortalecer la fe del Islam y permitirle alcanzar sus altas cotas. El único objetivo de los esfuerzos políticos de Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) era establecer la autoridad del Islam y este deseo permaneció en su corazón y mente en cada momento de su vida. Después de acabar con los apóstatas rebeldes, todo el mundo estaba convencido de que ya no podía haber ningún malhechor que se enfrentara al Jalifa del Mensajero (sa). Pero a diferencia del público en general, Hazrat Abu Bakr (ra) no tenía ninguna falsa esperanza. Sabía que los poderes externos podían reanimar a los que trataban de instigar la apostasía y la rebelión, y causar así el desorden. (En otras palabras, este podría haber cesado solo temporalmente y que los poderes externos, en forma de gobiernos poderosos que se oponían al Islam, podrían crear el desorden de nuevo en las fronteras de la tierra árabe. De ahí que Hazrat Abu Bakr -ra- no tuviera ningún tipo de falsa esperanza).

Por consiguiente, para salvaguardarse de la sublevación de los árabes, consideró oportuno dirigir su atención hacia Irán y Siria, para que no tuvieran la oportunidad de crear desórdenes contra el gobierno y de esta manera los musulmanes se sintieran en paz y pudieran practicar libremente los mandatos de su fe. Y así, para proteger las fronteras de la tierra árabe y salvaguardarse del fuerte enemigo, era necesario transmitir el mensaje del Islam a estas poderosas naciones, para que aceptando o comprendiendo el mensaje universal del mismo no solo vivieran en paz ellos mismos, sino que los demás también estuvieran protegidos de ellos y vivieran en paz y armonía, y tuvieran la libertad de practicar sus creencias religiosas”.

En cuanto al método y la sabiduría que Hazrat Abu Bakr (ra) empleó para ello, está escrito en un libro de historia:

“Después de que las guerras y expediciones contra los apóstatas rebeldes habían llegado a su fin, Hazrat Abu Bakr (ra) comenzó a reflexionar sobre el siguiente curso de acción con el fin de proporcionar una protección a largo plazo a la tierra árabe y al Islam de Irán y Siria, que eran antiguos enemigos. Incluso durante la bendita vida del Santo Profeta (sa), estos dos poderes querían subordinar a los árabes. Y tras el fallecimiento del Mensajero de Al’lah (sa), cuando las llamas de la apostasía y la rebelión en muchas zonas y tribus afectaron al gobierno de Medina, estos dos poderes tuvieron que ver con la instigación de esto en muchas de esas zonas. Aprovechando esta situación, las fuerzas del emperador bizantino comenzaron a reunirse en Siria y las iraníes se reunieron en Irak. No era posible que Hazrat Abu Bakr (ra), cuya primera acción en obediencia a la bendita instrucción del Profeta (sa) fue enviar el ejército de Hazrat Usamah (ra) contra los bizantinos, se mantuviera sin ningún temor o preocupación por parte de estos poderes crueles y opresivos. No obstante, antes de que pudiera presentar su plan de acción ante el pueblo, recibió la noticia de que Hazrat Musanna bin Hariza (ra), que había ayudado a someter a los apóstatas rebeldes en Bahrein, se dirigía con sus hombres hacia el norte, dirección a Irak, por la costa del Golfo Pérsico. Finalmente, llegaron a las tribus árabes que se habían asentado en las zonas del delta de los ríos Éufrates y Tigris.

Hazrat Musanna bin Hariza (ra) pertenecía a una tribu de Bahrein llamada Bakr bin Wail y Bahrein estaba situado entre el Golfo Pérsico y Yamamah. Los actuales Qatar y Emiratos formaban parte de la zona de Bahrein, y su capital era Darin. De todas formas, aunque Hazrat Musanna bin Hariza (ra) había luchado contra los rebeldes junto con Hazrat Ala bin Hazrami (ra). Hazrat Musanna (ra) era el jefe de las personas de Bahrein y sus alrededores que permanecían establecidas en el Islam y de los que se unieron a las filas de los ejércitos islámicos para luchar contra los rebeldes. Mientras tanto, Hazrat Abu Bakr (ra) aún no había decidido los siguientes pasos cuando Hazrat Musanna (ra) llegó a Medina, y le informó sobre la situación de las tribus que se habían asentado alrededor del delta de los ríos Éufrates y Tigris. Los habitantes de la zona los trataban con dureza. Los árabes eran principalmente agricultores [en esa zona] y cuando los cultivos estaban listos para la cosecha, los lugareños los saqueaban. Hazrat Musanna bin Hariza (ra) sugirió enviar un ejército musulmán para salvar a los musulmanes de esta prueba. Al mismo tiempo, Hazrat Abu Bakr (ra) pidió consejo a los Compañeros (ra) que estaban en Medina y presentó el la opinión de Hazrat Musanna bin Hariza (ra) ante ellos. Como la gente de Medina no estaba al tanto de la situación en Irak, sugirieron llamar a Hazrat Jalid bin Walid (ra) para informarle de todo el asunto y aceptar su sugerencia.

En esos días, Hazrat Jalid bin Walid (ra) estaba presente en Yamamah y entonces Hazrat Abu Bakr (ra) le pidió que fuera a Medina y al llegar allí, Hazrat Abu Bakr (ra) le habló de la sugerencia de Hazrat Musanna (ra) con respecto a enviar un ejército a Irak. Por su parte, Hazrat Jalid bin Walid (ra) era de la opinión de que las expediciones que habían sido iniciadas en las fronteras de Irak por Hazrat Musanna (ra), Dios no quisiera que se enfrentaran a la derrota y el ejército de Hazrat Musanna (ra) se retiraba hacia Arabia, entonces los líderes iraníes se volverían aún más audaces. Entonces no solo les bastaría con eliminar el ejército de Hazrat Musanna (ra) de las fronteras de Irak, sino que establecerían su control sobre las áreas de Bahrein y las zonas vecinas. Así, tatarían de establecer su autoridad y en tal caso ello resultaría perjudicial para el gobierno islámico. Por tanto, para salvarse de este peligro se le deberían enviar refuerzos; o sea, Hazrat Musanna (ra) debía recibir refuerzos y en lugar de permitir que los iraníes establecieran su dominio, debían ser sometidos, para que Arabia nunca se enfrentase a ningún peligro por parte de ellos. Hazrat Jalid bin Walid (ra) presentó su opinión y al escuchar esto, los otros Compañeros (ra) también estuvieron de acuerdo con la sugerencia de Hazrat Musanna (ra). Entonces, Hazrat Abu Bakr (ra) nombró a Hazrat Musanna (ra) como comandante del ejército que había llevado hacia Irak y se le dieron instrucciones para que las demás tribus árabes se unieran a él y les invitara a unirse al redil del Islam. Asimismo, se le informó de que muy pronto se enviaría un contingente desde Medina como refuerzo, con el que podría realizar nuevos avances. 

Algunos historiadores opinan que Hazrat Musanna (ra) nunca fue a Medina a pedir refuerzos ni se reunió con Hazrat Abu Bakr (ra). De hecho, llevó a su ejército a la zona del delta y avanzó mucho. Se encontró con el ejército de Hormuz, el comandante en jefe iraní. En ese momento, Hormuz comandaba el ejército en las fronteras y había recibido el rango más alto posible para cualquier ciudadano por parte de Chosroes. Así pues, la batalla entre los ejércitos de Hazrat Musanna (ra) y Hormuz estaba en marcha cuando Hazrat Abu Bakr (ra) recibió noticias de los acontecimientos. En ese momento, Hazrat Abu Bakr (ra) no sabía quién era Hazrat Musanna (ra), pero cuando Hazrat Abu Bakr (ra) recibió noticias de estos acontecimientos, hizo una investigación y descubrió que Hazrat Musanna (ra) prestó muchos servicios notables contra los apóstatas rebeldes en Bahrein. Hazrat Abu Bakr (ra) ordenó a Hazrat Jalid bin Walid (ra) que tomara un contingente y ayudara a Hazrat Musanna (ra) en Irak contra Hormuz, y tras tener éxito, desde allí deberían dirigirse hacia Hirah, que era una ciudad situada a unos cinco kilómetros de Kufa. Por otra parte, ordenó a Hazrat Iyad bin Ghanam (ra) que fuera a Dumah Al-Yandal, que era un fuerte y un asentamiento situado entre Madina y Siria y, según el modo de transporte de la época, estaba a una distancia de aproximadamente 15 a 16 días de viaje; y tras aplastar a los rebeldes apóstatas de allí, se le ordenó ir a Hirah.  

Hazrat Iyad bin Ghanam (ra) fue un Compañero del Santo Profeta Muhammad (sa), quien aceptó el Islam antes del ‘Tratado de Hudaibiyah’ y también formó parte de él. Cuando Hazrat Abu Ubaidah (ra) estaba cerca de su muerte, nombró a Hazrat Iyad (ra) como gobernador de Siria después de él. Más tarde, Hazrat Umar (ra) lo mantuvo en esta posición y dijo: ‘No cambiaré al gobernador que fue nombrado por Hazrat Abu Ubaidah (ra)’.

No obstante, Hazrat Abu Bakr (ra) declaró que de Hazrat Jalid bin Walid (ra) y Hazrat Iyad bin Ghanam (ra), quien llegara primero a Hirah, sería el comandante militar de las operaciones en esa zona”.

Según una narración, cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) terminó de salir de Yamamah, Hazrat Abu Bakr (ra) le ordenó que partiera de Faj Al-Hind, es decir, de Ubulah y se dirigiera hacia el norte de Irak, que reuniera a la gente en el camino y que los invitara al Islam; si aceptaban, entonces estaba bien, aunque de lo contrario, que les quitara el “yizia” (impuesto establecido para los no-musulmanes por los beneficios que disfrutaban bajo el gobier nomusulmán). Si se negaban a pagar el “yizia”, debían luchar contra ellos. También le ordenó que no obligara a nadie a luchar junto a ellos y que no aceptara la ayuda de nadie que apostatara del Islam, aunque aceptara de nuevo el Islam; además, que incluyera a cualquier musulmán a lo largo del camino. Entonces Hazrat Abu Bakr (ra) se ocupó de organizar los refuerzos para Hazrat Jalid bin Walid (ra).

Al partir de Yamamah hacia Irak, Hazrat Jalid bin Walid (ra) dividió su ejército en tres partes y no los despachó por la misma ruta, sino que envió a Hazrat Musanna (ra) dos días antes de su propia partida. Luego envió a Adi bin Hatim y Asim bin Amr con un día de diferencia y Hazrat Jalid bin Walid (ra) partió al final. Todos juraron reunirse en Hafir para poder atacar al enemigo de inmediato, lugar que estaba situado en el primer “manzil” [jornada de viaje según los medios de la época] de Basora a La Meca. En este sentido, se dice que de todas las fronteras del Imperio Persa, Hafir era considerada la más ilustre y magnífica en cuanto a su fuerza y estaba gobernada por Hormuz. El comandante en jefe de esta zona no solo se enfrentó a los árabes por tierra, sino que también se lo hizo ante el peligro que venía por mar de parte de los habitantes de la India.

No obstante, el contingente del ejército de Hazrat Jalid bin Jalid (ra) era pequeño y la razón de esto es que, en primer lugar, la mayoría del ejército ya había participado en la Batalla de Yamamah; y en segundo lugar, Hazrat Abu Bakr (ra) le había ordenado que si alguien no deseaba participar en las campañas en Irak, no debía ser forzado. Junto a esto, emitió una instrucción muy importante que consistía en que no debían incluir a ninguna persona que hubiera apostatado del Islam, aunque hubiera vuelto al Islam, a menos que obtuviera un permiso especial del Jalifa.

[En esta situación], Hazrat Jalid bin Walid (ra) escribió a Hazrat Abu Bakr (ra) pidiendo más refuerzos, pero solo envió a un hombre para ayudarles: Hazrat Kaka bin Amr (ra). La gente se quedó perpleja y preguntó: “¿Solo envías a un hombre para ayudarle, mientras que una gran parte del ejército de Hazrat Jalid bin Walid (ra) se ha separado de él?”. Y Hazrat Abu Bakr (ra) respondió: “El ejército que comprende una persona como Kaka, ese ejército no puede ser derrotado”. A pesar de esto, Hazrat Abu Bakr (ra) envió una carta a Hazrat Jalid bin Walid (ra) con Hazrat Kaka (ra) en la que decía que alentara a aquellas personas a unirse a su ejército que se mantuvieran firmes en el Islam después del fallecimiento del Profeta (sa), y que participaran en las batallas contra los apóstatas. Al recibir la carta, Hazrat Jalid bin Walid (ra) comenzó a preparar su ejército.

Con referencia a las instrucciones de Hazrat Abu Bakr (ra) sobre los agricultores de Irak y la sabiduría que hay detrás, está escrito que los árabes trabajarían como agricultores en Irak. Pero cuando las cosechas estaban listas, recibían muy poco del producto, pues la mayor parte de los productos iban a parar a los agricultores iraníes propietarios de las tierras, quienes infligían graves crueldades a los agricultores árabes más pobres y los trataban peor que a los esclavos. Por eso, Hazrat Abu Bakr (ra) ordenó a sus comandantes en Irak que no dañaran a los campesinos árabes en la batalla, ni los mataran, ni los hicieran cautivos. En resumen, no debían ser maltratados de ninguna manera porque también eran árabes como ellos y habían sido sometidos a torturas y persecuciones por parte de los iraníes. Había que hacerles sentir que, con el establecimiento del gobierno árabe, sus días de sufrir persecución llegaban a su fin; y que ahora que sus hermanos habían establecido el gobierno, podrían vivir bajo la verdadera justicia, la imparcialidad y la completa igualdad; y este sabio gobierno de Hazrat Abu Bakr (ra) benefició enormemente a los musulmanes y les facilitó el camino hacia la victoria. Esto se debía a que ya no temían un ataque desde la retaguardia durante sus avances, lo que bloquearía su camino.

Posteriormente, cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) acampó en Libaj, Hazrat Musanna (ra) estaba presente con su ejército en Jafan. Libaj era un lugar entre Yamamah y Basora; y Jafan era un sitio cercano a Kufa. Hazrat Jalid bin Walid (ra) escribió una carta a Hazrat Musanna (ra) para que acudiera a él, y también le envió la carta en la que Hazrat Abu Bakr (ra) instruía a Hazrat Musanna bin Hariza (ra) para que obedeciera a Hazrat Jalid bin Walid (ra).

Esta narración ha sido tomada de “Tarij At-Tabari”. Pues bien, en esta segunda narración se menciona que Hazrat Abu Bakr (ra) envió a Hazrat Jalid bin Walid (ra) en persona.

No obstante, hubo batallas que siguieron después de esto. Ahora bien, qué guerras se libraron, cuáles fueron sus nombres y los detalles sobre las victorias se mencionarán en el futuro, si Dios quiere.

Las guerras durante la era del Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra), en las que Dios Altísimo permitió a los musulmanes luchar contra los persas en la zona de Irak y los relatos sobre sus victorias serán mencionados en el futuro, si Dios quiere.

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