Jalifas guiados – Hazrat Usman (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Usman (ra)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

 Sermón del viernes del 26-02-21

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islāmabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Ta’āwwuz y el Sūrah Al-Fātihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Anteriormente, mencioné las expediciones y conquistas que tuvieron lugar en la época de Hazrat ‘Usmān (ra). Hoy continuaré con esos relatos.

‘Ali bin Muhammad Madaini narra: “Tabaristán fue conquistado en la era de Hazrat ‘Usmān (ra), en el año 30 d.H. por Hazrat Said bin Aas (ra). Hubo una batalla y los musulmanes capturaron la fortaleza. Luego, la conquista de Sawari [batalla de los Mástiles] tuvo lugar en 31 d.H. En la mayoría de los libros de historia la ubicación de esta batalla no se menciona, sin embargo Alamah Ibn Jaldun ha mencionado que esta batalla tuvo lugar en Alejandría. Según una narración, los musulmanes lucharon contra las fuerzas bizantinas en una batalla llamada “Sawari”, en el 31 d.H. Por su parte, Abū Mahshar narra que la batalla de Sawari tuvo lugar en el 34 d.H. y la batalla de Usabidah, que fue una batalla naval, tuvo lugar en el 31 d.H. Según Waqidi [un historiador], ambas batallas de Sawari y Usabidah tuvieron lugar en el 31 d.H.

Cuando Hazrat ‘Abdul’lah bin Sad bin Abi Sarh derrotó a los franceses y los bereberes en Ifriqiya y Al-Andalus, los bizantinos se indignaron y fueron a Constante II. Prepararon un ejército para luchar contra los musulmanes, algo que los musulmanes no habían presenciado desde el comienzo del Islām. Este ejército estaba formado por 500 unidades de flota naval, que se encontraron con los musulmanes. Amir Mu’āwiyah nombró a Hazrat ‘Abdul’lah bin Sad bin Abi Sarh comandante de la flota naval. Cuando los dos ejércitos se enfrentaron, se produjo una dura batalla. Finalmente, Dios Altísimo otorgó la victoria a los musulmanes, como resultado de lo cual Constantino II huyó junto con el ejército restante.

La conquista de Armenia tuvo lugar en 31 d.H. Según Waqidi, Armenia fue conquistada en 31 d.H. por Habib bin Maslamah Fehri. Por otra parte, la conquista de Jorasan tuvo lugar en 31 d.H. Hazrat ‘Abdul’lah bin Aamir partió hacia Jorasan y conquistó Abreh, Tus, Abiward y Nasah, hasta llegar a Sarajs.

En el mismo año, la gente de Merv firmó un tratado de paz. Merv está en Turkmenistán y las otras áreas que están situadas en Irán. Las expediciones hacia territorios bizantinos comenzaron en el 32 d.H. En el 32 d.H., Amir Mu’āwiyah  luchó contra los territorios bizantinos y llegó a las costas de Constantinopla.

Las conquistas de Marw Al-Rudh, Taleqan, Faryab, Jowzjan y Tokharistan tuvieron lugar en el 32 d.H. por Hazrat ‘Abdul’lah bin Aamir. Taleqan es la región intermedia entre Balkh y Marw Al-Rudh ubicada en el actual Afganistán; Faryab también es un área del actual Afganistán; así como Jowzjan y Takharistan; todas estas áreas fueron conquistadas.

‘Abul Ushab Sa’di narra de su padre que Ahnaf bin Qais luchó contra la gente de Marw Al-Rudh, Taleqan, Faryab y Jowzjan hasta bien entrada la noche, hasta que Dios Altísimo infligió al enemigo la derrota. Ahnaf bin Qais envió la caballería bajo el mando de Aqrah bin Habis a Jowzjan. Aqrah fue enviado para ocuparse del ejército restante que Ahnaf ya había derrotado. Así, Aqrah los encontró en una feroz batalla en la que muchos de la caballería fueron martirizados. Finalmente, Dios Todopoderoso concedió la victoria a los musulmanes.

Balj fue conquistado en el 32 d.H. Desde Marw Al-Rudh, Ahnaf bin Qais se dirigió hacia Balj y sitió a los residentes en la ciudad. En la antigüedad, Balj fue una de las ciudades más importantes de Jorasan y es la ciudad más antigua del actual Afganistán. La parte antigua de la ciudad está actualmente en ruinas, ubicada a 12 km a la derecha del río Balj. Los habitantes de la ciudad acordaron un tratado de paz por 400.000 dirhams que Ahnaf bin Qais aceptó.

La expedición de Herat tuvo lugar en 32 d.H. Hazrat ‘Usmān (ra) envió a Julaid bin ‘Abdul’lah bin Hanafi a Herat y Badghis. Conquistó ambas ciudades, pero más tarde la gente de las ciudades se rebeló contra los musulmanes y se alió con el rey Karen [la Casa de Karen]. En 32 d.H. Hazrat ‘Abdul’lah bin Aamir partió dejando a Qais bin Hayzim como gobernador en su ausencia. Los Karen habían preparado un gran ejército para enfrentarse a los musulmanes. Qais bin Hayzim nombró a ‘Abdul’lah bin Hazim como gobernador y se fue para ayudar a Hazrat ‘Abdul’lah bin Aamir. Dado que había un gran ejército enemigo enfrentándose a ellos, ‘Abdul’lah bin Hazim partió para luchar contra el rey Karen con un ejército de 4.000 soldados. ‘Abdul’lah bin Hazim envió a 600 soldados como vanguardia y partió detrás de ellos. La fuerza de vanguardia alcanzó al ejército de Karen en la noche y lanzó un ataque. Debido a este ataque repentino, el enemigo quedó petrificado y cuando el ejército musulmán restante llegó allí, el enemigo sufrió una derrota aplastante y el rey Karen murió. Los musulmanes los persiguieron y muchas personas fueron asesinadas o encarceladas después de su captura.

Durante la era de Hazrat ‘Usmān (ra), el Islām llegó al subcontinente indio. El Imam Yusuf escribe en su libro Al-Jaraj, con referencia al Imam Zuhri, que Egipto y Siria fueron conquistadas durante la era de Hazrat ‘Umar (ra) e Ifriqiya, Jorasan y Sindh fueron conquistados durante la era de Hazrat ‘Usmān (ra). Hay una narración sobre la llegada del Islām al subcontinente indio que dice así:

Durante la era de Hazrat ‘Usmān (ra), Hazrat ‘Abdul’lah bin Muamir recibió un ejército bajo su mando y fue enviado a Mukran y Sindh, donde demostró un gran valor y valentía en la conquista de Mukran. Posteriormente, fue nombrado gobernador de estas tierras recién conquistadas. En lo que respecta a Hazrat Muyashi ibn Masud Sulami, está escrito que mientras dirigía un ejército musulmán, luchó una yihad contra los oponentes del Islām en Kabul, la capital del Afganistán actual. Según los historiadores, Kabul se consideraba parte de la India en ese tiempo. Durante la era de Hazrat ‘Usmān (ra), Hazrat Muyashi luchó contra los oponentes del Islām en Beluchistán, una provincia de Pakistán y además conquistó el área vecina de Sistán. A partir de entonces, los musulmanes comenzaron a vivir en estas áreas del subcontinente indio y la consideraron su tierra natal.

Hay varias profecías del Santo Profeta (sa) con respecto a la discordia y la lucha que surgieron durante la era del Jalifato de Hazrat ‘Usmān (ra). Hazrat ‘Ā’isha  (ra) narra que el Santo Profeta (sa) declaró: “¡Oh ‘Usmān! Es posible que Al’lāh te otorgue un manto. Si la gente te exige que te quites este manto, no te lo quites”.

Esta es una narración de Tirmizi y se ha narrado en Sunan Ibn Mayah de la siguiente manera:

Hazrat ‘Ā’isha  (ra) narra que el Santo Profeta (sa) declaró: “¡Oh ‘Usmān! Si alguna vez Al’lāh te confía este asunto [Jalifato] y los hipócritas tratan de quitarte el manto que Al’lāh te ha otorgado, nunca te lo quites”. El Santo Profeta (sa) repitió esto tres veces.

El narrador, Numan, afirma que le preguntó a Hazrat ‘A’isha (ra) qué le impidió informar a otros sobre esta noticia. Hazrat ‘A’isha (ra) declaró que se olvidó de eso.

Hazrat Kab bin Ujrah relata que el Santo Profeta (sa) una vez habló sobre una discordia y dijo que ocurriría muy pronto. Mientras el Santo Profeta (sa) narraba esto, pasó una persona, cuya cabeza estaba cubierta y vestida con un manto. El Santo Profeta (sa) declaró: “En ese día (cuando surja esta discordia), este individuo estará en la verdad”. El narrador afirma que inmediatamente se puso de pie y agarró a esa persona y descubrió que era Hazrat ‘Usmān (ra). Sostuvo a Hazrat ‘Usmān (ra) con ambas manos y luego lo giró en la dirección del Santo Profeta (sa) y preguntó: “¿es esta persona?”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Sí”.

Hazrat ‘Ā’isha  (ra) relata que el Santo Profeta (sa) declaró durante su enfermedad que deseaba que algunos de sus Compañeros (ra) estuvieran en su compañía. Ante esto, preguntaron: “¡oh Mensajero (sa) de Al’lāh! ¿Traemos a Abu Bakar?”. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) permaneció en silencio. Luego preguntaron: “¡oh Mensajero (sa) de Al’lāh!  ¿Traemos a ‘Umar?”. Una vez más, el Santo Profeta (sa) permaneció en silencio. Luego preguntaron: “¡oh Mensajero (sa) de Al’lāh! ¿Traemos a ‘Usmān? A esto, el Santo Profeta (sa) respondió afirmativamente. Después de esto, llegó Hazrat ‘Usmān (ra) y el Santo Profeta (sa) lo llevó solo a un lado. Cuando el Santo Profeta (sa) comenzó a hablar con él, la tez del rostro de Hazrat ‘Usmān (ra) comenzó a cambiar.

Qais relata que Abu Sehla, el esclavo liberado de Hazrat ‘Usmān (ra) le dijo que el día de Yaum Al-Dar, Hazrat ‘Usmān bin Affan (ra) declaró que el Santo Profeta (sa) le había dado una instrucción específica que él ahora iba a cumplir. El narrador afirma que Hazrat ‘Usmān (ra) afirmó:

“Soy firmemente paciente sobre esto”.

Yaum Al-Dar es el día en que los hipócritas sitiaron a Hazrat ‘Usmān (ra) en su casa y luego lo martirizaron de manera despiadada.

Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) ha explicado con gran detalle el inicio de la disensión que se inició durante la era del Jalifato de Hazrat ‘Usmān (ra) y los factores que lo llevaron a la misma. Hazrat Musleh Ma’ūd (el Segundo Jalifa) dice:

“Ambos hombres nobles [es decir, Hazrat ‘Usmān (ra) y Hazrat ‘Ali (ra)] se encuentran entre los primeros devotos del Islām. Sus compañeros también se encuentran entre los mejores frutos del Islām. Que se presente una acusación contra su honestidad y virtud es, en realidad, una vergüenza para el Islām. Cualquier musulmán que reflexione sinceramente sobre este hecho llegará definitivamente a la conclusión de que, en realidad, estas personas están por encima de todo tipo de parcialidad. Esta declaración no es infundada; más bien, las páginas de la historia son testimonio de este mismo hecho para cualquiera que las examine con sinceridad.

En lo que respecta a mi investigación, todo lo que se alegue contra estos nobles hombres y sus amigos es obra de los enemigos del Islām. Después de la era de los Compañeros (ra), varias personas que se llamaban musulmanes, llevados ​​por sus egos, lanzaron acusaciones sobre el uno o el otro, de entre estos nobles hombres. Sin embargo, a pesar de ello, la verdad siempre ha prevalecido y nunca ha quedado cubierta en secreto”.

Con respecto a la lucha y las disputas contra Hazrat ‘Usmān (ra), Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) plantea la pregunta de cómo surgió este conflicto:

“Algunos han alegado que la causa fue Hazrat ‘Usmān (ra) mientras que otros alegan que fue Hazrat ‘Ali (ra). Algunos afirman que Hazrat ‘Usmān (ra) introdujo ciertas innovaciones en la fe, lo que produjo una conmoción entre los musulmanes. Otros afirman que Hazrat ‘Ali (ra) conspiró en secreto para hacerse con el Jalifato y mató a Hazrat ‘Usmān (ra) creando hostilidad contra él de tal forma que él mismo pudiera convertirse en Jalifa.

Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) continúa diciendo:

“No obstante, ambas afirmaciones son falsas, pues Hazrat ‘Usmān (ra) no introdujo innovaciones en la fe, ni Hazrat ‘Ali (ra) hizo que lo mataran, ni participó en una conspiración para asesinarlo con el fin de convertirse en Jalifa. De hecho, hubo otras causas para esta revuelta. Hazrat ‘Usmān (ra) y Hazrat ‘Ali (ra) están completamente libres de la mancha de tales acusaciones. Ambos eran hombres muy santos. Hazrat ‘Usmān (ra) era la persona sobre quien el Santo Profeta (sa) dijo que había servido al Islām en tal medida que podía hacer lo que quisiera y Dios no lo cuestionaría, (esta es una narración de Sunan al-Tirmizi). Esto no implicaba que se le exigirían responsabilidades incluso si renunciaba al Islām. De hecho, infirió que había adquirido tantas cualidades y  progresado de tal manera en su virtud que no era posible que alguna de sus acciones violara los mandamientos de Dios Altísimo. Como tal, Hazrat ‘Usmān (ra) no era un hombre que emitiría una orden violando la Sharī’ah, ni Hazrat ‘Ali (ra) un hombre que conspiraría en secreto para asumir el Jalifato”.

Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) afirma además:

“… A comienzos del Jalifato de Hazrat ‘Usmān (ra) no vemos signos de desorden durante seis años. Por el contrario, parece que la gente estaba satisfecha con él. De hecho, se deduce de la historia que en esa época era incluso  más querido por la gente que Hazrat ‘Umar (ra). No solo era querido por la gente, sino que además estaban asombrados con él. Un poeta de esa época da testimonio de este hecho en sus poemas, con las siguientes palabras:

¡Oh pueblo rebelde! No saqueéis ni devoréis la riqueza del pueblo en el reinado de ‘Usmān (ra); porque Ibni ‘Affan es aquel a quien ya habéis conocido bien. De acuerdo con los mandatos coránicos, él ejecuta a los saqueadores; siempre ha sido un guardián de los mandatos del Sagrado Corán; y él es quien enseña a la gente a actuar de acuerdo con estos mandatos”.

Pero después de los seis años vemos un conflicto en el séptimo año; no estaba dirigida contra Hazrat ‘Usmān (ra), sino contra los Compañeros (ra) o contra varios gobernadores. Como tal, Tabari narra que Hazrat ‘Usmān (ra) tomó plena consideración de los derechos de las personas. No obstante, aquellas personas que no disfrutaban de la distinción de ser los pioneros más importantes del Islām no recibían el mismo nivel de honor que los primeros musulmanes pioneros recibían en las reuniones; tampoco recibían una participación igual en el dominio y la riqueza. Con el tiempo, algunas personas comenzaron a criticar esta superioridad y consideraron que era una injusticia. Pero estas personas temían a las masas musulmanas y por temor a la oposición de la gente, no expresaban sus opiniones. En cambio, la práctica que llevaban a cabo era incitar secretamente a la gente contra los Compañeros (ra). Cuando se encontraban con un musulmán sin educación o un esclavo beduino liberado, abrían su libro de quejas. En consecuencia, ya sea por ignorancia o por su propio deseo de ocupar un puesto, ciertas personas se unían a ellos. Poco a poco, este grupo comenzó a multiplicarse y alcanzó un gran número.

Cuando el desorden estaba a punto de estallar, los factores que contribuían a ello también comienzan a acumularse de manera extraordinaria. Por un lado, los de disposición celosa comenzaban a indignarse contra los Compañeros (ra). Por otro lado, el celo por el Islām, que suele estar presente en el corazón de todos aquellos conversos de otras religiones, empezó a decaer en ellos, ya que no habían vivido en compañía del Santo Profeta (sa), ni habían tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo con quienes habían estado en su compañía.

De hecho, tan pronto como aceptaron el Islām, dieron por sentado que lo habían aprendido todo. Tan pronto como este fervor islámico disminuyó, el control que el Islām poseía sobre sus corazones también comenzó a debilitarse. Una vez más, comenzaron a disfrutar cometiendo pecados que alguna vez habían cometido antes de convertirse en musulmanes. Cuando fueron castigados por sus crímenes, en lugar de reformarse, se inclinaron por la destrucción de quienes administraban estas sentencias. Al final, demostraron ser la causa de la creación de una gran brecha en la unidad que disfrutaba el Islām. El centro de estas personas estaba en Kufa. Sin embargo, lo más extraño es que tuvo lugar un incidente en la propia Medina, lo que demuestra que en ese momento, algunas personas no conocían el Islām, como ocurre hoy en día con las personas ignorantes que viven en las zonas más remotas. Humran bin Abban fue una persona que se casó con una mujer que aún estaba durante su ‘iddat [período de 3 meses después del divorcio, en el que a una mujer se le prohíbe el matrimonio]. Cuando Hazrat ‘‘Usmān, que Dios esté complacido con él, se enteró, se disgustó con él; no solo ordenó la separación, sino que además lo exilió de Medina a Basora. Este hecho demuestra cómo ciertas personas empezaron a percibir que la mera aceptación del Islām les facultaba para ser considerados eruditos del Islām. No sentían la necesidad de investigar más. Quizás, debido a la influencia de varios puntos de vista relacionados con creer en cosas ilícitas como permisibles, consideraron un acto inútil seguir la Sharī’ah.

Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) sigue narrando:

“En verdad, todo este disturbio fue el resultado de una conspiración secreta tramada por los judíos. A ellos se unieron ciertos musulmanes que se sentían atraídos por el deseo mundano y habían abandonado su fe. No fueron los gobernadores provinciales los culpables de esto, ni la causa de este desorden, sino que esto fue instigado por ciertos judíos y también se les unieron algunos musulmanes. Por eso los gobernadores nombrados por Hazrat ‘Usmān (ra) estaban libres de culpa y no instigaron este desorden. Su única falta fue que habían sido nombrados por Hazrat ‘Usmān (ra) y la culpa de Hazrat ‘Usmān (ra) fue que él se aferró a la cuerda de la unidad islámica, a pesar de su vejez y debilidad física. Llevaba sobre sus hombros la carga de la ummah musulmana y le preocupaba el establecimiento de la Sharī’ah islámica. No permitía que los rebeldes y tiranos oprimieran a los débiles e indefensos según sus deseos. Como tal, el siguiente incidente da testimonio de la veracidad de este hecho. Cuando los mismos rebeldes celebraron una reunión en Kufa y comenzaron a discutir sobre cómo podía haberse creado el desorden en los asuntos musulmanes, todos dieron una opinión unánimemente:

“Por Dios, nadie puede atreverse a levantar la cabeza, mientras prevalezca el reinado de ‘Usmān (ra)”.

Era la misma persona de Hazrat ‘Usmān (ra) el que evitó la rebelión. Era necesario apartarlo para que estas personas lograran libremente sus metas”.

Al explicar más detalles sobre la lucha y la discordia, Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) afirma:

“Entonces Hazrat ‘Usmān (ra) llamó a los malhechores y también reunió a los Compañeros del Santo Profeta (sa). Cuando todos se reunieron, Hazrat ‘Usmān (ra) les informó sobre este asunto. Los dos informantes también se mantuvieron como testigos y dieron su testimonio sobre lo que estaban conspirando los rebeldes.

Ante esto, todos los Compañeros (ra) dieron el siguiente veredicto:

‘Ejecutar a esas personas, que están creando desorden en nombre de la “paz” y la “reforma”, porque el Santo Profeta (sa) ha dicho: “Que la maldición de Dios caiga sobre el individuo que llama a la gente a su propia obediencia o la obediencia de otro, en un momento en que hay un Imām presente. Matad a una persona así, sea quien sea”. Luego, recordaron a todos las palabras de Hazrat ‘Umar (ra), (esta narración es de Sahih Muslim): “No considero que la ejecución de una persona se os permita sin que yo no participe”.

En otras palabras, nadie puede ser ejecutado a menos que haya una indicación del gobierno.

Al escuchar el veredicto de los Compañeros (ra), Hazrat ‘Usmān (ra) declaró:

“No, los perdonaremos y aceptaremos sus ruegos. Los asesoraremos con todos nuestros esfuerzos y no nos opondremos a nadie, siempre que no viole claramente la ley o exprese incredulidad”.

Entonces Hazrat ‘Usmān (ra) dijo:

“Estas personas han mencionado ciertas cosas de las que vosotros también sois conscientes y su plan es debatir conmigo sobre estos temas para que ellos puedan regresar y decir; participamos pues en un debate con ‘Usmān sobre estos temas y ha sido derrotado”. Estas personas alegan que durante el viaje yo ofrecí la oración completa, pero el Santo Profeta (sa) solía realizar qasar [oración acortada] durante el viaje. No obstante, fue solo en Minā donde ofrecí la oración completa y eso se debió a dos razones: primero, porque yo era dueño de una propiedad allí y me había casado en ese lugar; en segundo lugar, porque supe que en esos días la gente se había reunido para el Hall (peregrinación a La Meca) y los iletrados de entre ellos empezaron a decir que el Jalifa solo ofrece dos raka’āts [unidad de oración], por lo que solo debe haber dos raka’āts en la oración. ¿No es cierto esto? Los Compañeros (ra) respondieron: “sí, eso es correcto”.

 Después Hazrat ‘Usmān (ra) prosiguió:

“El segundo alegato que hacen es que yo introduje la innovación de establecer pastos públicos, aunque esta es una acusación falsa. Los pastos fueron establecidos antes. Fueron introducidos por Hazrat ‘Umar (ra) y yo solo los he hecho más espaciosos, debido al creciente número de camellos que se dan en limosna. Por tanto, la tierra destinada a pastos públicos no es la riqueza de nadie. No saco ningún beneficio en esto; solo tengo dos camellos, y cuando me convertí en Jalifa era el más rico de todos los árabes. Ahora solo tengo dos camellos que he guardado para el Hall. [Hazrat ‘Usmān (ra) dijo que en el momento en que había sido elegido Jalifa, era el más rico de todos los árabes, pero ahora solo tenía dos camellos en su poder)]. ¿No es cierto? Los nobles Compañeros (ra) afirmaron: efectivamente, lo es”.

A continuación, Hazrat ‘Usmān (ra) añadió:

“Dicen que yo designo a hombres comparativamente jóvenes como gobernadores, pero solo designo como gobernadores a individuos que poseen atributos y modales virtuosos. Los hombres venerables anteriores a mí, nombraron a gobernadores incluso mucho más jóvenes que los que yo he nombrado. Hubo muchas más objeciones contra el Santo Profeta (sa), por nombrar a Usamah bin Zaid como General del ejército, que las que ahora se están haciendo contra mí. ¿No es cierto esto? Los Compañeros (ra) respondieron: es cierto. Hazrat ‘Usmān (ra) manifestó después: estas personas plantean objeciones ante la gente, pero ocultan los hechos reales”.

De este modo, Hazrat ‘Usmān (ra) expuso una a una todas las acusaciones y las rebatió. Los Compañeros (ra) insistieron con rotundidad que debían ser ejecutados, pero Hazrat ‘Usmān (ra) no estuvo de acuerdo y los liberó.

Tabari dice al respecto:

“El resto de los musulmanes estaba convencido que debían ser ejecutados, pero Hazrat ‘Usmān (ra) no pudo ser convencido de ninguna manera para castigarlos”.

Este incidente muestra los diversos tipos de falsedad y engaño que emplearon los transgresores. En esa época, cuando la prensa y los medios de transporte no estaban tan desarrollados como hoy día, era muy fácil engañar a la gente ignorante. De hecho, estas personas no tenían una razón legítima para sublevarse. Ni la verdad les apoyó, ni ellos dijeron la verdad. Todos sus esfuerzos se basaron en mentiras y falsedades. Solo les salvó la piedad de Hazrat ‘Usmān (ra), de lo contrario, los musulmanes les habrían hecho pedazos. Los Compañeros (ra) no podían toleraban que la paz y la seguridad que habían logrado sacrificando sus vidas fuesen aniquiladas de este modo por la maldad de unos pocos infames. Sentían que el Estado islámico se derrumbaría si estas personas no eran castigadas de inmediato. Pero Hazrat ‘Usmān (ra) era la personificación de la clemencia y deseaba, por todos los medios, que estas personas fueran guiadas correctamente para que no murieran en un estado de incredulidad. Como tal, Hazrat ‘Usmān (ra) mostró indulgencia hacia estas personas y consideraba sus acciones de rebelión manifiesta como una mera intención de sublevación y por tanto aplazó su castigo. Este incidente también ilustra que los Compañeros (ra) detestaban profundamente a estas personas. El motivo es que, en primer lugar, los malhechores afirmaron que únicamente estaban con ellos tres personas de Medina, (los malhechores solo nombraron a tres vecinos de Medina que estaban de su parte) y si hubiera habido otros compañeros de su parte, también los habrían nombrado.

En segundo lugar, los Compañeros (ra) demostraron, a través de sus acciones, que aborrecían las acciones de estos malhechores; y consideraron sus actos como una violación de la Sharī’ah, hasta tal punto que, en su opinión, ningún castigo menor que la ejecución era aceptable para ellos. Si los compañeros que apoyaban a estas personas o a la gente de Medina hubieran tenido los mismos puntos de vista que los malhechores, no habrían necesitado ninguna otra justificación o excusa, y habrían matado a Hazrat ‘Usmān (ra) allí mismo, y habrían elegido a otra persona para el cargo de Jalifa en su lugar. Sin embargo, observamos que estas personas en vez de lograr matar a Hazrat ‘Usmān, que Dios esté complacido con él, vieron sus propias vidas amenazadas por las espadas desenvainadas de los Compañeros (ra). Esto fue gracias al favor y a la amabilidad de esa persona piadosa y compasiva, a quien pretendían asesinar y contra quien habían instigado un ultraje, que pudieron escapar sin problemas.

Uno se sorprende de la malicia y la injusticia de estos malhechores, porque no obtuvieron el más mínimo beneficio de este incidente. Cada una de sus alegaciones fue ampliamente refutada y se demostró que todas sus objeciones eran falsas e infundadas. Fueron testigos de la misericordia y la compasión de Hazrat ‘Usmān (ra), y el alma de cada individuo daba testimonio de que no había una persona así como esta en la faz de la tierra en este momento. Pero en lugar de arrepentirse de sus pecados, avergonzarse de su iniquidad, sentir remordimiento por sus ofensas y abstenerse de sus maldades, estas personas comenzaron a arder aún más en el fuego de la furia y la ira. Consideraron su enmudecimiento una deshonra y el perdón de Hazrat ‘Usmān (ra) el resultado de su buena planificación. Así, regresaron mientras diseñaban estrategias para cumplir su plan restante en el futuro”.

Continuaré narrando estos relatos, si Dios quiere, en el futuro.

Ahora voy a hablar sobre algunos miembros que han fallecido recientemente.

El primero es un mártir, ‘Abdul Qadir Bashir Sahib de Bazidjel, Peshawar, que fue martirizado el 11 de febrero.

“En verdad a Al’lāh pertenecemos y hacia Él será el retorno”.

Según los informes, ‘Abdul Qadir Sahib trabajaba en la clínica de su tío, el fallecido Dr. Manzur Ahmad Sahib, situada en Bazidjel, Peshawar. El fallecido se encontraba en una de las salas de la clínica junto a otros miembros de la Comunidad con el fin de ofrecer las oraciones de Zohar. Al sonar el timbre de la puerta que utilizaban los pacientes, ‘Abdul Qadir Sahib abrió la puerta y un joven disfrazado de paciente abrió fuego contra él, resultando gravemente herido. Sufrió dos disparos en el pecho. Fue trasladado inmediatamente al hospital, pero sucumbió a las heridas que sufrió y fue martirizado.

“En verdad a Al’lāh pertenecemos y hacia Él será el retorno”.

El mártir fallecido tenía 65 años de edad. El autor del asesinato fue detenido por la policía o la gente lo detuvo y lo entregó a la policía. La familia del fallecido, junto a otras familias áhmadis, ha estado sufriendo una intensa persecución durante algún tiempo. El 19 de enero de 2009, extremistas religiosos atacaron esta clínica y, como consecuencia, ‘Abdul Qadir Sahib recibió un disparo en la pierna. Posteriormente se vio obligado a emigrar de Peshawar y después de un largo tiempo regresó. Debido a la reciente ola de persecución, por orden de la Comunidad, tuvo que trasladarse a Rabwah hace dos meses. Su familia vivía en Rabwah, pero el fallecido residía en Bazidjel debido a su trabajo en la clínica antes mencionada.

El Ahmadiat se introdujo en la familia del fallecido por medio de su abuelo paterno, el respetado Nizam-ud-Din Ahmad, quien tuvo el honor de jurar lealtad durante el Jalifato de Hazrat Jalifatul Masih I (ra). Su abuelo tenía dos hermanos mayores, el Dr. Fateh Din Sahib, que era cirujano civil en Peshawar y ‘Abdul Latif Sahib, que era ingeniero. Al conocer la proclamación del Mesías Prometido (as), el Dr. Fateh Din Sahib, visitó Qadián en 1902, cuando era un estudiante. Por amor, el Mesías Prometido (as) incluso puso su bendita mano sobre la suya y declaró que era un joven bueno, pero nunca tuvo la oportunidad de jurar lealtad. Más tarde llegó al Reino Unido con una beca y obtuvo su título de médico. Posteriormente en 1908, cuando se enteró del fallecimiento del Mesías Prometido (as), visitó Qadián y juró lealtad a Hazrat Jalifatul Masih I (ra). El otro hermano de su abuelo, ‘Abdul Latif Sahib, que era ingeniero, también juró lealtad en la época de Hazrat Jalifatul Masih I (ra), junto a su hermano. Siguiendo el consejo de ambos hermanos, miembros de su familia, incluido el abuelo del fallecido, prometieron fidelidad.

El fallecido tenía muchas cualidades, sentía un gran amor por el Jalifa y siempre mostró respeto y admiración por los funcionarios de la Comunidad. Sentía pasión por llamar a otros hacia el camino de Dios y debido a esto enfrentó mucha persecución. Debido a esta persecución, en los últimos dos años se mudó de casa siete veces, pero por la gracia de Dios se mantuvo firme en el Ahmadiat. Aparte del Tahayyud (oración voluntaria de la noche) y de ofrecer las oraciones obligatorias, solía recitar el Sagrado Corán. Era muy compasivo y sociable. A lo largo de su vida nunca se peleó con nadie. Su esposa dijo: “pasamos muchos altibajos a lo largo de nuestras vidas, pero él nunca fue agresivo en su conducta, incluso si le hablaba de manera severa, él siempre respondía de manera suave. Siempre mostró amor y compasión hacia sus hijos. Tenía mucho anhelo por alcanzar el grado de martirio. Siempre decía que cuando afrontaba una prueba nunca daría la espalda al Jilafat-e-Ahmadiat y que antes de eso aceptaría la muerte”. Ella escribe además: “el estado de sus oraciones era tal que, en ocasiones, cuando él estaba en sajdah [postración], los miembros de la familia lo empujaban levemente, por si le hubiera sucedido algo, Dios no lo quiera”; ya que permanecía en el estado de sajdah durante un tiempo muy largo. El mártir fallecido tuvo la oportunidad de servir a la Comunidad en Bazdijel como Muntazim Tarbiyat. El fallecido deja a su esposa, Sajdah Qadir Sahiba, cuatro hijos y cinco hijas. ¡Qué Dios Todopoderoso eleve el estatus del mártir fallecido y proteja a los que deja atrás! ¡Qué Dios permita a sus hijos continuar con obras virtuosas!

El segundo funeral es de Akbar ‘Ali Sahib, hijo de Ibrahim Sahib, que fue un preso en el camino de Dios. Vivió en la colonia Shaukat Abad en el distrito de Nankana. Falleció el 16 de febrero.

Akbar ‘Ali Sahib, que había sido encarcelado en el camino de Dios, falleció el 16 de febrero de 2021, debido a un ataque al corazón mientras estaba en la prisión de Sheijupura.

“En verdad a Al’lāh pertenecemos y hacia Él será el retorno”.

Había otras dos personas junto a él. Se presentó un caso contra todos ellos el 2 de mayo del 2020. En octubre, el día en que se iba a confirmar oficialmente su fianza, el Tribunal Supremo rechazó su fianza provisional y ordenó su encarcelamiento. Posteriormente, los tres fueron encarcelados. Posteriormente, en enero de 2021, el magistrado de Nankana Sahib, sin escuchar nuestro punto de vista, en un proceso completamente injusto, agregó en su contra la acusación del artículo 295C [del Código Penal de Pakistán], que es una acusación muy grave.

De todos modos, el fallecido pasó los últimos cuatro meses y medio en la cárcel y tenía 55 años en el momento de su fallecimiento. Por la gracia de Dios el Altísimo, el fallecido formaba parte de la organización del Wassiyat (el Testamento). El Ahmadiat se introdujo en su familia por medio de su padre, el respetado Ibrahim Sahib, quien hizo el Bai’at durante la época del segundo Jalifa en 1920, junto con su hermano, el respetado Ismail Sahib.

Akbar ‘Ali Sahib se alistó en el ejército y sirvió en él durante 23 años como “hawaldar” [suboficial equivalente a sargento]. Se retiró del ejército hace 16 años y luego trabajó como guardia de seguridad. Era un individuo muy responsable y valiente. Trabajaba como guardia de seguridad en un banco antes de ser encarcelado. Un opositor de la Comunidad se quejó al director del banco por haber contratado a Akbar ‘Ali Sahib, a pesar de que era un “kafir” [incrédulo]. El director del banco respondió que todas las mañanas comprobaba las grabaciones de las cámaras de seguridad y que Akbar ‘Ali ofrecía oraciones nawafil [voluntarias] por la noche, recitaba el Sagrado Corán y observaba los ayunos del Ramadán, por lo que no podía ser un kafir. Debió de ser un gerente muy audaz y valiente.

El fallecido tuvo la oportunidad de ser presidente de su Comunidad local durante seis años. Antes de su encarcelamiento, se desempeñaba como Secretario de Finanzas. Tenía una gran compasión por los pobres, era muy hospitalario y mostraba mucho amor a todos los miembros de su familia. Tenía una gran pasión por propagar el mensaje del Islām y siempre hablaba de forma muy convincente, por lo que también tenía que enfrentarse a mucha oposición; y fue debido a la oposición contra él que tuvo que renunciar a su trabajo como guardia de seguridad. Le sobreviven dos esposas, Zinat Bibi Sahiba y Fazilat Bibi Sahiba, así como un hijo de 19 años y una hija de 16.

¡Que Dios Todopoderoso le conceda Su perdón y misericordia, y eleve su estatus! ¡Que Él sea también el Protector y Ayudante de su progenie, y les permita continuar sus buenas acciones!

El siguiente funeral es el de Jalid Mahmud-ul-Hasan Bhatti Sahib, que actualmente ejercía de Wakil-ul-Maal Salis en Tehrik-e-Yadid, Rabwah; también trabaja como Naib Sadr Ansarul’lah (colectivo de hombres mayores de 40 años) y Naib Afsar Yalsa Salana. Falleció en el Instituto del Corazón Tahir de Rabwah, a la edad de 67 años.

“En verdad a Al’lāh pertenecemos y hacia Él será el retorno”.

El abuelo del fallecido, Baab-ul-Jan Bhatti Sahib, aceptó el Ahmadiat, aunque el padre de Jalid Mahmud-ul-Hasan Bhatti Sahib no lo aceptó, porque su corazón no estaba completamente convencido; o sea, Baab-ul-Jan Sahib aceptó el Ahmadiat pero su padre no. Un día estaba en la granja mientras hacían trabajos agrícolas y el padre de Jalid Mahmud-ul-Hasan Bhatti Sahib también estaba allí y yacía acostado con una manta encima. El molvi de la mezquita no áhmadi, donde el padre de Jalid Mahmud-ul-Hassan Bhatti Sahib iba a rezar, pasó por allí y se sentó. Su discusión llegó al tema de Ahmadiat y durante la conversación, el Molvi Sahib admitió que el Ahmadiat era realmente verdadero. El padre de Jalid Mahmud-ul-Hasan Bhatti Sahib se quitó inmediatamente la manta de la cara y se levantó y dijo: “si el Ahmadiat es verdadero, ¿por qué nos llevas por el mal camino?”. (En otras palabras, lo llevó por el mal camino al decirle que el Ahmadiat estaba equivocado y que no debía seguir a su padre en la aceptación del Ahmadiat). En cualquier caso, su padre declaró entonces: “escucha con atención, a partir de hoy, estaré del lado de donde esté la verdad”. Después, realizó el Bai’at (juramento de iniciación) de la mano de Hazrat Musleh Ma’ūd (ra).

Jalid Mahmud-ul-Hasan Bhatti Sahib se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad de Punyab, en 1978. En 1980 obtuvo una maestría en historia. A continuación, trabajó en el servicio gubernamental como profesor durante dos años y luego presentó su renuncia después de dos años. En 1982, dedicó su vida al servicio de la Comunidad y tuvo la oportunidad de servir a la Yama’at de distintas maneras durante aproximadamente 38 años.

En 1982, fue nombrado en Wakalat-e-Tamil-o-Tanfiz y también sirvió como Naib Wakil. Luego fue nombrado Wakil-ul-Diwan y después Wakil-ul-Maal Salis. También tuvo la oportunidad de visitar oficialmente Indonesia, Singapur, Birmania, Sri Lanka, Nepal, Uganda, etc. Cualquiera que fuera el país que visitara, hacía una evaluación muy detallada y luego los guiaba en consecuencia. En particular, cuando visitó Birmania y Sri Lanka, la Comunidad se benefició enormemente de su orientación y así lo reconocen. Muchos de ellos me han escrito mencionando que aprendieron mucho de él sobre el Nizam-e-Yama’at [sistema administrativo] y que desempeñó un papel importante en el establecimiento de su relación con el Jalifato. Asimismo, formó parte del Comité Central de Juddam-ul-Ahmadía (jóvenes áhmadis) y de Ansarul’lah (hombres mayores de 40 años), y fue miembro de varios comités, entre ellos la Junta de Qaza (jurisprudencia).

Le sobreviven su esposa, Nusrat Nahid Sahiba, dos hijas y un hijo, Jurrum ‘Usmān, que trabaja como Waqfe Zindagi en la MTA aquí en el Reino Unido. Su esposa escribe que, después de terminar su maestría en Ciencias Políticas, le expresó a su padre que quería hacer una maestría en historia. Su padre le aconsejó que podía estudiar todo lo que quisiera, pero que recordara que si iba a trabajar, sólo debía hacerlo para la Comunidad. Además, afirma que en los 43 años de su matrimonio, él siempre la trató con la máxima amabilidad. Cuando regresaba de sus viajes oficiales, siempre relataba incidentes de cómo Dios Todopoderoso lo trataba con amor. Era un padre muy cariñoso. Se esforzaba por cumplir todos sus deseos que fueran aceptables.

Su hija mayor, la Dra. Saima, afirma que solicitó dos veces un visado y que se lo negaron en ambas ocasiones. Lo solicitó por tercera vez y al mismo tiempo Bhatti Sahib [su padre] salía de viaje oficial. Le pidió que retrasara el viaje unos días porque le habían dado una fecha para el resultado de su visado y tenía que ir a la embajada. Al escuchar esto dijo que eso no era posible y que debía ir sola, porque como él viajaba por la causa de Dios Altísimo, Él le otorgaría Sus bendiciones y sucedió que su visado fue aprobado en esa ocasión. Su hija menor escribe que era un padre muy cariñoso y que los trataba con la máxima amabilidad. Nunca les regañaba y siempre les aconsejaba de forma muy cariñosa. Siempre daba prioridad al trabajo de la Yama’at y no importaba lo importante que fuera el trabajo en casa, primero terminaba todo el trabajo de la oficina y luego volvía a casa. Constantemente estaba dispuesto a servir a la Comunidad y tenía un gran amor y pasión por el trabajo de la Yama’at. Siempre daba prioridad a su fe sobre todos los asuntos mundanos. También he observado que trabajaba con mucha diligencia y que además servía con la máxima lealtad y con un espíritu de dedicación.

Una de sus hijas afirma que siempre que nos enfrentábamos a una dificultad, nos aconsejaba confiar en Dios Todopoderoso. Decía que Dios Todopoderoso nunca los abandonaría y, de hecho, Dios Altísimo nunca lo hizo. Su hijo escribe que, desde que tienen memoria, siempre lo han visto sirviendo a la Comunidad. Cada vez que se enfrentaba a una dificultad o a una prueba, decía que como estaba sirviendo a la fe y haciendo el trabajo de Dios, por lo tanto Él le concedería ayuda y ciertamente Al’lāh le otorgaría Sus bendiciones, y le proporcionaría facilidad en su trabajo.

Realmente mantenía el espíritu de su Waqf (de haber consagrado su vida). Su hijo afirma además que, a pesar de su compromiso con el servicio a la Yama’at, nunca descuidó ninguna de sus responsabilidades en el hogar. Se ocupó personalmente de todos y cada uno de los asuntos.

Laiq Abid Sahib es asesor jurídico de Tehrik-e-Yadid y  dice: “llevo 38 años trabajando con él. Siempre respetaba y defendía a las tradiciones de la Comunidad. Una de sus muchas cualidades era que consideraba de suma importancia proteger los bienes de la Yama’at con gran diligencia”.

Uno de sus compañeros de clase, Muhammad Idris Sahib, dice: “después de dedicar su vida, Jalid, que generalmente era muy reservado, se transformó en una personalidad única. El amor por el Jalifato estaba quizás arraigado en cada fibra de su ser y siempre mostró completa obediencia al Jalifa de la época y estuvo siempre inmerso en el servicio a la Comunidad”.

Un trabajador [del departamento] de Wakalat-e-Maal Salis dice: “ningún correo que recibía en la oficina quedaba pendiente. Inmediatamente se ponía a trabajar en ello y nos aconsejaba que completáramos nuestras tareas diarias ese mismo día. Decía que la vida es imprevisible y uno puede no tener la oportunidad de hacerlo al día siguiente”.

Como ya he dicho, dondequiera que iba, ya fuera en Pakistán o el extranjero, dejaba una impresión positiva. Trabajaba con un espíritu de servicio a la Comunidad y mantuvo su Waqf con gran sinceridad. ¡Que Dios Todopoderoso eleve su estatus y que también permita a sus hijos continuar con sus buenas acciones!

El siguiente funeral es el del respetado Mubārak Ahmad Tāhir Sahib, que trabajaba como asesor legal de Sadr Anyuman Ahmadía. Falleció en el hospital Tahir Heart Institute, el 17 de febrero, a la edad de 81 años:

[Ciertamente a Al’lāh pertenecemos y a Él volveremos].

El Ahmadiat entró en su familia a través de su padre, el respetado Sufi Ghulām Muhammad Sahib, en 1927. Cuando se enteró del establecimiento de la Yama’at en Qādián, él y sus parientes decidieron viajar allí para averiguar más. Por ello, en 1926, viajaron desde Zarparkar, Sindh, para asistir al Yalsa Salana (la convención anual) en Qādián. Quedaron muy impresionados por Hazrat Musleh Ma’ūd (ra) y la Comunidad, pero no hicieron el Bai’at. Decidió ir a Qadián también al año siguiente, pero sus amigos se negaron a ir. Sin embargo, cuando viajó a Qādián al año siguiente, en 1927, asistió a la Convención Anual y realizó allí el Bai’at. En ese momento tenía 28 años. Su pueblo seguía estrictamente a Ahl-e-Hadīz [secta del Islām] y se enfrentaba a una gran oposición. Sus suegros le dijeron a su mujer que se había convertido en un incrédulo y le dijeron que volviera a casa.

No obstante, al poco tiempo, su esposa le dijo: “he observado que después de convertirse en un ‘incrédulo’, se ha convertido, de hecho, en un mejor musulmán”. Por lo tanto, he vuelto y no veo ninguna razón para dejarlo”. A pesar de ello, todo el pueblo boicoteó a la familia, hasta el punto de impedirles obtener agua del pozo del pueblo. Tenían que recorrer varios kilómetros para recoger agua y narra que: “después de varias semanas, el pozo de nuestro pueblo local se secó y la gente del pueblo creyó que la razón por la que se había secado era que habían impedido que Sufi Sahib obtuviera agua”. A continuación, volvieron a preparar un pozo. Se dirigieron a él y le pidieron que fuera el primer individuo en hacer una contribución financiera para ello, ya que creían que si contribuía a ello, el pozo proporcionaría agua continuamente.

Por consiguiente, aunque sus familiares no aceptaron el Ahmadiat, sin embargo dejaron de oponerse a él tras este incidente. Le sobrevive su esposa, Rashida Parwin Sahiba, y Dios Todopoderoso les bendijo con cuatro hijos y dos hijas. Uno de sus hijos es Hafiz Iyaz Ahmad Tahir, que reside aquí en Islāmabad y es profesor en Yamia Ahmadía Reino Unido. Otro hijo suyo es Nasir Ahmad Tahir, que es una persona consagrada y trabaja en la revista The Review of Religions en Canadá.

En 1968, el respetado Mubarak Tahir Sahib finalizó su máster en economía. Luego, en 1969, obtuvo su título de abogado y en enero de 1970 se aprobó su solicitud de Waqf. Tras obtener sus títulos de máster y LLB, fue nombrado en Wakalat-e-Ulya como Muharar Darja Awwal. Luego, el 5 de febrero de 1971, fue enviado a Uganda como profesor. Regresó a Pakistán en 1972 y tuvo la oportunidad de servir en Wakalat-e-Maal Thani durante algún tiempo. Luego, en 1976, Hazrat Jalifatul Masih III (rh) lo envió a Lahore, junto con otros jefes de departamento (Wukala) para que recibiera formación sobre el impuesto sobre la renta y asuntos relacionados con las propiedades. También se inscribió en el Consejo de Abogados; luego, en 1970, fue nombrado en Tahrik-e-Yadid como asesor jurídico. El 1 de julio de 1983, Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) lo nombró también Asesor Jurídico de Sadr Anyuman, cargo que ocupó hasta su fallecimiento. Sus servicios abarcan un periodo de más de cincuenta años; además sirvió al Markazi Juddamul Ahmadía en varios puestos como Mohtamim.

Su esposa, Rashida Parvin Sahiba, dice que: “siempre entraba en casa con una sonrisa en la cara, transmitía el saludo de paz, primero ofrecía sus oraciones y luego comía algo”. Continúa diciendo que: “tenía innumerables recuerdos con los Jalifas; siempre que se sentaba con los niños de la familia les contaba incidentes que inspiran la fe. Les hablaba de las bondades, las bendiciones y las recompensas asociadas a permanecer junto con el Jalifato. Ayudaba discretamente a los necesitados hasta el punto de que ni siquiera nosotros lo sabíamos y sólo nos enterábamos cuando alguien que había sido ayudado por él venía a contárnoslo o lo expresaba de una u otra manera. Compartía el dolor de los demás y participaba de su felicidad. Ofrecía oraciones Nawafil (voluntarias), recitaba el Sagrado Corán e invocaba salutaciones sobre el Santo Profeta (sa). Solía decir que Dios Todopoderoso se encarga del éxito de una persona consagrada y que hay que tener plena confianza en Dios, rezar, buscar el perdón y desarrollar el amor por el Jalifato; y que finalmente es muy importante escribir al Jalifa para pedirle oraciones”.

Todo esto es cierto: tenía mucha confianza en Dios. Yo mismo he visto cuando era Nazir-e-Ala, e incluso antes cuando tuve que tratar con él en relación con varios trabajos de la Comunidad, que tenía una gran confianza en Dios Todopoderoso. Siempre que se enfrentaba a tareas difíciles tenía un alto grado de confianza en Al’lāh y decía que ese era el trabajo de la Comunidad y que se haría a través de las oraciones del Jalifa, si Dios quiere. Comenzaba las tareas ofreciendo primero oraciones y dando limosna y luego, por la gracia de Dios, veía el éxito.

Su hijo, Hafiz Iyaz Sahib dice que una vez relató un incidente: en 1967, Hazrat Jalifatul Masih III (rh) viajaba a Karachi en tren. El tren se detuvo durante algún tiempo en la estación de Hyderabad, donde muchos áhmadis se reunieron para conocer a Hazrat Jalifatul Masih III (rh). Hazur (rh) estaba de pie en la puerta del tren y le indicó al respetado Mubarak Tāhir Sahib que se acercara. No tenía ningún conocimiento previo de él, o al menos él (Mubarak Tahir Sahib) pensaba que el Hazrat Jalifatul Masih III (rh) no lo conocía. En cualquier caso, continúa diciendo que Mubarak Tāhir Sahib avanzó rápidamente entre la multitud hacia Hazur (rh). Cuando llegó a la puerta, Hazrat Jalifatul Masih III (rh) metió la mano en su sherwani (abrigo largo tradicional), sacó algo de dinero y lo puso en el bolsillo de Mubarak Tahir Sahib, tras lo cual el tren partió. Mubarak Tāhir Sahib solía decir que gracias a las bendiciones del dinero que Hazrat Jalifatul Masih III (rh) había puesto en su bolsillo, sus bolsillos siempre permanecían llenos. Y esta es la realidad, Dios Altísimo mantenía sus bolsillos llenos y recibía ingresos de forma extraordinaria. Pero, así como lo recibía, de la misma manera gastaba abiertamente en los pobres y para la Yamā’at también.

Después de algún tiempo, al ver un sueño, consagró su vida. Cuando dedicó su vida, su matrimonio ya estaba resuelto y el Nikah (ceremonia de matrimonio) ya había tenido lugar. En ese momento se encontraba en Hyderabad y los familiares de su esposa la habían llevado para que recibiera tratamiento médico allí. También informaron a Mubarak Ahmad Tāhir Sahib de que iban a ver a un médico. Cuando bajaron del tren, una mujer de la familia le dijo a Mubarak Ahmad Tāhir Sahib que había oído que había dedicado su vida y que los consagrados no tienen ni siquiera dinero para comer. Mubarak Sahib dijo inmediatamente que hasta entonces sólo se había producido el Nikah y que el matrimonio aún no se había consumado, y que si tenían tantas dudas sobre su futuro, debían llevar a su hija a casa y entonces se marchó de allí disgustado. De esta manera, mantuvo el honor de ser una persona consagrada y Dios Todopoderoso mantuvo su honor otorgándole una abundancia de riqueza mientras era una persona consagrada.

Fue asesor jurídico durante la época de Hazrat Jalifatul Masih III (rh) y tenía que viajar fuera de la ciudad para tratar los casos y tenía que viajar en autobús, ya que no todo el mundo tenía la facilidad de un coche en ese momento en Rabwah. Hazrat Jalifatul Masih III (rh) le había ordenado entonces que cada vez que regresara de un viaje, le informara. Dijo que en una ocasión, era extremadamente tarde en la noche y sólo llegó un par de horas antes de la oración de fáyar. Pensó que no era necesario informar a Hazrat Jalifatul Masih III (rh) de su regreso en ese momento, pensando que le molestaría, ya que tal vez estaría ofreciendo oraciones voluntarias, ofreciendo salat o podría estar durmiendo. Pensó que, como había llegado un par de horas antes del Fayar, se limitaría a informarle en la oración del Fayar. Cuando Hazrat Jalifatul Masih III (rh) lo vio en la oración del fáyar, le preguntó: “Mubarak Sahib, ¿a qué hora de la noche has llegado?”. Le informó de que había llegado hace apenas unas horas. Ante esto, Hazrat Jalifatul Masih III (rh) dijo: “si hubieras venido a informarme en ese momento, entonces tal vez habría podido dormir un poco también, ya que te he estado esperando y no sabía si habías llegado a salvo o no”.

Su hijo cuenta que cuando decidió dedicar su vida e ir a Yamia, su padre le dijo: “dedicar tu vida significa ser obediente. Tienes un temperamento impaciente que no es propicio para una persona consagrada. Dedicar tu vida es servir en silencio y con total obediencia. Si eres capaz de hacerlo entonces es un asunto de gran felicidad, de lo contrario no deseo que dediques tu vida para luego abandonarla”. Por tanto, esta fue la orientación y la formación que impartió. Por la gracia de Dios, hasta ahora su hijo ha sido capaz de cumplirlo, y que siga haciéndolo. Durante el sermón del Jalifa, éste ordenaba a todos los habitantes de la casa que dejaran lo que estaban haciendo y escucharan atentamente el sermón; y si en este había alguna orientación, instrucción o llamamiento financiero para donar, en cuanto terminaba el sermón, empezaba a ponerlo en práctica de inmediato e instaba a sus hijos a hacer lo mismo.

Mirzā Adil Ahmad, que fue su ayudante en el departamento jurídico de Sadr Anyuman, dice: “por lo que he visto, amaba verdaderamente el Jalifato. Tenía una creencia inquebrantable en la oración y si alguna vez había un asunto que le preocupara o una tarea difícil que tuviera que atender, decía: “he rezado mucho en mis oraciones del Nawafil y he dado limosna. Escribamos ahora al Jalifa y veremos; Dios nos concederá Sus bendiciones”.

Además, afirma: “era un hombre de honor, pero al mismo tiempo, por el bien del trabajo de la Comunidad, incluso si tenía que pedir ayuda a la persona que hacía el té o al asistente de la oficina, nunca dudaba en pedirla. También adoptaba todos los medios posibles para establecer conexiones con los que tenían autoridad. En una ocasión, el Anyuman había tomado una decisión y en su opinión, si esta decisión se aplicaba, podría tener un impacto negativo para la Yamā’at. Me dijo que la decisión no le parecía correcta y luego dijo que escribiría su opinión al Jalifa, ya que nuestro deber es simplemente darle nuestra opinión, y luego cualquier decisión que se tome estará llena de bendiciones”.

El doctor Sultan Mubashar dice: “sabía cómo establecer conexiones con quienes ocupaban posiciones de autoridad y siempre utilizaba estas conexiones en beneficio de la Comunidad. Por muy difíciles que fueran las circunstancias, siempre mantenía una sonrisa en su rostro y nunca expresaba ningún tipo de preocupación. Para atender los casos relativos a la Yama’at, tuvo que desplazarse a esos lugares donde, además de otras dificultades, existía una amenaza para su vida. Sin embargo, este hombre valiente nunca se apartó del cumplimiento de sus deberes”.

Como he dicho antes, Dios Todopoderoso había concedido abundantes riquezas. Dios Todopoderoso le ayudaba mediante bonos, de los que recibía grandes sumas. El doctor Sahib dice que una vez recibió cerca de 5 millones (de rupias) de los cuales dio cerca del sesenta por ciento a varios planes financieros de la Comunidad y también ayudó a los pobres y necesitados. No se trata de un incidente aislado, sino que esta ha sido siempre su práctica. Dios Altísimo le concedía grandes sumas y él daba la mayor parte en contribuciones financieras (chanda) y para ayudar a los pobres.

Tenía dos grandes deseos que le dijo y por los que pedía a los demás que rezaran: el primero era permanecer en el servicio hasta su último aliento y el segundo era partir de este mundo mientras estuviera en estado de independencia y no ser una carga para nadie. Dios Altísimo cumplió ambos deseos. Yo mismo he visto que poseía muchas grandes cualidades. Trabajó con mucha paciencia y cuidado y nunca se preocupó. Su nivel de confianza en Dios era extraordinario. Que Al’lāh eleve su posición y permita que su progenie sea el destinatario de sus oraciones.

Después de ofrecer las oraciones, dirigiré la oración fúnebre in-absentia de todos los miembros fallecidos, si Dios quiere.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y el Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando incidentes de la vida de Hazrat Uthman (ra).

Su Santidad (aba) mencionó la batalla de Sawari que tuvo lugar entre los musulmanes y los romanos. Constantino envió un ejército de 500 barcos contra los musulmanes. Pero al final, los musulmanes triunfaron. Del mismo modo, Su Santidad (aba) mencionó las victorias obtenidas por los musulmanes en varias regiones y países durante la época de Hazrat Uthman (ra). Entre ellos se encuentran lugares como Roma, Armenia y Afganistán.

El mensaje del Islam llega al subcontinente indio

Su Santidad (aba) dijo que el mensaje del Islam también llegó al subcontinente indio durante la época de Hazrat Uthman (ra). Se narra que Hazrat Uthman (ra) envió ejércitos hacia Mukran y Sindh donde los musulmanes pudieron difundir el mensaje del Islam. Del mismo modo, un enviado fue mandado a lo que ahora es Baluchistán en Pakistán, donde los oponentes del Islam fueron derrotados. Asimismo, el mensaje del Islam se difundió en Kabul, que según los historiadores también formaba parte del subcontinente indio en aquella época.

Disensión predicha por el Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que el Santo Profeta (sa) había predicho que habría oposición contra Hazrat Uthman (ra). El Santo Profeta (sa) le dijo a Hazrat Uthman (ra) que podría ser que un día, Dios le concediera un manto para usar, y habría quienes desearían que se lo quitara. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) dijo que si los hipócritas trataban de hacer que Hazrat Uthman (ra) se quitara este manto que le fue dado por Dios, no debía quitárselo. Según otra narración, el Santo Profeta (sa) mencionó un desorden que pronto surgiría. En ese momento, pasaba un hombre encapuchado. El Santo Profeta (sa) dijo que cuando este desorden surgiera, esa persona estaría en el camino correctamente guiado.

Su Santidad (aba) dijo que durante los días de su enfermedad, el Santo Profeta (sa) llamó a Hazrat Uthman (ra) y se sentaron solos y el Santo Profeta (sa) le habló. Se narra que mientras el Santo Profeta (sa) le hablaba, el color de su rostro cambió. Más tarde, en llaumud Dar (el día en que Hazrat Uthman (ra) fue martirizado) Hazrat Uthman (ra) dijo que el Santo Profeta (sa) le había predicho y advertido sobre lo que iba a suceder.

Su Santidad (aba) dijo que fue durante la época de Hazrat Uthman (ra) cuando empezó a surgir el desorden entre los musulmanes. Su Santidad (aba) citó al Segundo Califa (ra), quien dijo que algunos culpan a Hazrat Uthman (ra) o a Hazrat Ali (ra) como las causa por la que comenzó este desorden, sin embargo explica que tal noción es completamente falsa, ya que ambos eran grandes servidores del Islam y habían alcanzado tales niveles de espiritualidad que no podían cometer ningún acto que contradijera las enseñanzas del Islam.

Además, los primeros 6 años del Califato de Hazrat Uthman (ra) fueron un período de gran paz. Era un hombre imponente y muy respetado por todos, debido a los grandes servicios que prestó al Islam. Hazrat Uthman (ra) también era conocido como alguien que cumplía con los derechos que se debían a los demás.

Propagación de la maldad

De hecho, había un grupo de personas que difundían falsedades sobre los Compañeros del Santo Profeta (sa). Iban de un lado a otro y expresaban sus quejas a quien quisiera escucharlos. Poco a poco, este grupo comenzó a crecer, siendo fácilmente influenciables ya que serían atrapados tan pronto como aceptaran el Islam y su fe fuera débil. Además, nunca habían conocido o pasado tiempo cerca del Santo Profeta (sa), ni siquiera de sus Compañeros mayores (ra). Por lo tanto, eran fácilmente influenciables. Entre los que difundieron estas falsedades se encontraban algunos del pueblo judío, así como musulmanes poco preparados.

Clemencia y sabiduría de Hazrat Uthman (ra)

Durante la época de Hazrat Uthman (ra), este desorden se estaba generando, sin embargo, incluso los perpetradores del desorden aceptaron el hecho de que no podrían propagar abiertamente este desorden mientras Hazrat Uthman (ra) estuviera en el poder. De hecho, Hazrat Uthman (ra) reunió a esta gente así como a los compañeros (ra). En ese momento, los que estaban propagando este desorden empezaron a buscar el perdón de Hazrat Uthman (ra). Sin embargo, los Compañeros (ra) dijeron que incluso sería permisible matar a los que estaban levantando este desorden. Sin embargo, Hazrat Uthman (ra) dijo que aceptaría sus disculpas y que no había razón para realizar tal acto.

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Uthman (ra) aclaró las diversas acusaciones que los hipócritas lanzaban contra él. Por ejemplo, había una alegación de que Hazrat Uthman (ra) mientras viajaba, no acortaba sus oraciones como le había ordenado el Santo Profeta (sa). Hazrat Uthman (ra) aclaró que esto sólo ocurrió una vez cuando viajó a Mina, y que no necesitaba acortar su oración allí porque tenía una propiedad allí, y la familia de su esposa también residía en Mina. Además, otra acusación era que nombraba a jóvenes para altos cargos. Sin embargo, aclaró que sólo nombraba a aquellos que poseían altos niveles de piedad y tenían la capacidad de asumir el deber del puesto dado.

Aún así, cuando los Compañeros (ra) insistieron en que debían ser asesinados a causa del desorden que estaban generando, Hazrat Uthman (ra) dijo firmemente que no se tomaría tal decisión, pues esperaba la reforma de esa gente. Este fue el nivel de misericordia mostrado por Hazrat Uthman (ra). Sin embargo, desgraciadamente, este perdón y misericordia que se les mostró no sirvió de nada a los hipócritas, y siguieron aumentando su disensión y desorden.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría relatando incidentes de la vida de Hazrat Uthman (ra) en el futuro.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres en ausencia de los siguientes miembros:

Abdul Qadir Sahib

Abdul Qadir Sahib, de Peshawar, fue martirizado el 11 de febrero. Estaba trabajando en la clínica médica, cuando sonó el timbre de los pacientes. Cuando Abdul Qadir Sahib fue a abrir la puerta, había un chico haciéndose pasar por un paciente, que luego disparó y mató a Abdul Qadir Sahib. Su abuelo aceptó el Ahmadíat durante la época del Primer Califa, después de que sus hermanos mayores hubieran ido antes a conocer al Mesías Prometido (as). Abdul Qadir Sahib amaba mucho el Jilafat, y tenía un celo por propagar el mensaje del Islam Ahmadíat, debido a lo cual tuvo que enfrentar una gran oposición. Siempre trató a su esposa e hijos con gran amabilidad. Era regular en sus oraciones, de hecho sus oraciones eran tales que su familia a menudo preguntaba si estaba bien ya que había estado en postración durante mucho tiempo. Le sobreviven su esposa, cuatro hijos y cinco hijas. Su Santidad (aba) rezó para que se eleve su estatus en el Paraíso, que Allah proteja a su familia y permita a sus hijos mantener vivo el legado de sus virtudes.

Akbar Ali Sahib

Akbar Ali Sahib falleció el 16 de febrero. Estaba en la cárcel como prisionero en el camino de Al’lah, a causa de su fe, donde falleció debido a un ataque al corazón. Llevaba cuatro meses y medio encarcelado, después de que el caso ni siquiera hubiera sido debidamente juzgado. Trabajaba como guardia de seguridad y era una persona muy valiente. Trabajaba como guardia de seguridad en un banco, y cuando alguien le dijo al director del banco que había contratado a un incrédulo, el director le contestó que lo había visto ofreciendo oraciones y recitando el Corán, ¿cómo podía ser incrédulo? Le sobreviven dos esposas, un hijo y una hija. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah lo trate con perdón y misericordia y permita a sus hijos continuar el legado de sus virtudes.

Khalid Mahmood-ul-Hassan Bhatti Sahib

Khalid Mahmood-ul-Hassan Bhatti Sahib fue Wakilul Maal Thalith en Rabwah. También fue vicepresidente de Maylis Ansarul’lah y del Naib Afsar Yalsa Salana. Sirvió a la Comunidad en varios puestos durante treinta y ocho años de servicio. En sus capacidades, viajaba a varios lugares donde ayudaba a enseñar a la gente sobre la Comunidad, su sistema, y animaba a la gente a fortalecer su vínculo con el Jilafat. Le sobreviven su esposa, dos hijas y un hijo. Trabajó con gran pasión y dedicación, y siempre confió en Dios para todos los asuntos. Estableció el espíritu de un devoto de la vida en su verdadero sentido. A pesar de estar siempre ocupado con su trabajo, nunca descuidó sus deberes en casa y siempre estuvo presente. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah eleve su estación en el Paraíso y permita a sus hijos mantener vivo el legado de sus virtudes.

Mubarak Ahmad Tahir Sahib

Mubarak Ahmad Tahir Sahib falleció el 17 de febrero. Le sobreviven su esposa, cuatro hijos y dos hijas. Uno de los hijos es Hafiz Ijaz Ahmad Tahir, profesor en Yamia Ahmadía UK y Nasr Ahmad Tahir, devoto de la vida que trabaja en The Review of Religions. Mubarak Ahmad Tahir Sahib sirvió como devoto de la vida en varias capacidades, incluyendo como profesor en Uganda. A su regreso a Rabwah, desempeñó varios cargos. Fue nombrado Mashir-e-Qanuni por el Cuarto Califa (rh), cargo que desempeñó hasta su fallecimiento. Siempre volvía a casa con una cara sonriente, y siempre contaba sus historias e incidentes con los Califas y aconsejaba a los jóvenes que se mantuvieran unidos al Jilafat. Siempre confiaba en Dios y tenía una gran conexión con el Jilafat, que atribuía como las razones de cualquier éxito. Su Santidad (aba) dijo que él mismo vio que tenía una gran confianza en Dios, y que no importaban las circunstancias difíciles a las que se enfrentara, estaría contento ya que confiaba en Dios y sabía que las oraciones del Califa estaban con él. Una vez, el Tercer Califa (rh) puso algo de dinero en su bolsillo, debido a lo cual sus bolsillos siempre permanecían llenos. Siempre gastaba en el camino de Al’lah y daba a los pobres y necesitados. Aconsejó a sus hijos, que también se convirtieron en devotos de la vida, que dedicar la vida de uno es volverse completamente obediente. Es en base a este consejo que sus hijos están sirviendo como devotos de la vida. Dios Todopoderoso le concedió una gran riqueza, la mayor parte de la cual se gastaría en ayudar a los menos afortunados y a los pobres. Su Santidad (aba) comentó que poseía muchas grandes cualidades y lo vio trabajar con gran paciencia y cuidado y nunca se preocupó ya que mantenía constantemente su confianza en Dios.

Resumen preparado por The Review of Religions.

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