La importancia de la oración

El Santo Corán define el Salat, o la oración, como el rasgo distintivo de un verdadero creyente. El Santo Corán dice:

“Este es un Libro perfecto. No hay duda en él; es una guía para los justos, quienes creen en lo Invisible y observan la oración y gastan de lo que les hemos provisto.” (2:3-4)

La oración, o Salat, nos ayuda a librarnos del pecado, aumenta nuestra inclinación a Dios y hacia las buenas obras, y nos purifica gradualmente. La oración, además, acerca al hombre a su Creador. El orante intenta imitar a Dios en Sus más excelentes atributos transformando sus bajas y mundanales pasiones en sublimes cualidades, convirtiéndose en un siervo de Dios noble y excelso. El Santo Corán menciona esta cualidad distintiva de la Salat con estas palabras:

Recita lo que te ha sido revelado del Libro, y cumple la Oración. En verdad, la Oración preserva a la persona de la obscenidad y el mal manifiesto, y el recuerdo de Al-lah es en verdad la mayor virtud. Pues Al-lah sabe lo que hacéis (29:46)

La oración es sin duda un remedio inequívoco para la pureza del alma y el corazón. Sólo a través de la oración es posible establecer una comunión directa con Al-lah. El Corán dice:

En verdad, sólo los que siguen el Libro de Al-lah y cumplen la Oración y emplean de lo que les hemos proporcionado, en secreto y a la vista de todos, mantienen la esperanza de una re-compensa que nunca fallará; para que Al-lah les conceda Su plena recompensa e incluso la aumente por Su magnanimidad. El es en verdad el Sumo Indulgente, el Sumo Apreciador. (35:30-31)

El Santo Profeta (p.b.D.) dijo que el Salat es la cúspide de la vida espiritual del creyente. Es la forma más sublime de adoración divina. El Santo Profeta Mohammad (p.b.D.) dijo:

La oración conduce al creyente a la comunión con su Señor.

Debe tenerse en cuenta que la oración sincera nunca se malogra. A veces, la profunda experiencia espiritual del intenso amor divino hace que broten las lágrimas y, otras veces, un placentero gozo amoroso inunda el corazón de inmensa felicidad. Estas experiencias demuestran que la oración existe, tiene sentido y produce sus frutos. Por el contrario, la ejecución de un simple rito no es suficiente para beneficiar al hombre, ya que se asemejaría a una obediencia forzosa. Por lo tanto, es indispensable que cada principiante tenga en cuenta este noble objetivo e intente siempre que sus oraciones cobren vida.

El Salat combina todos los elementos de expresión de humildad y sumisión. Los orantes han de permanecer respetuosamente de pie en filas detrás del Imam.

Todos los orantes que se hallan situados en hilera detrás del Imam deben seguir sus movimientos tras su llamada. La llamada para cada postura es Al-lahu Akbar excepto cuando el Imam se yergue después de la posición de Raku o reverencia. En esta posición se dice: Sami Al-lahu Liman Hamidah, que significa:

“Sin duda Dios escucha a quienes le alaban”.

Tras esta llamada, todos los orantes se ponen de pie con los brazos al lado de sus costados y recitan: Rabbana wa lakal hamd hamdan kaziran tayyiban mubarakan fih, que significa:

“Oh Señor, para Ti es la alabanza, la alabanza que es abundante, pura y bendita”.

La sinceridad y humildad son elementos esenciales en la oración. Al-lah dice a los creyentes:

En verdad, llegará el éxito a los creyentes, que son diligentes en el cumplimiento de sus oraciones. (23:2-3)

El Santo Profeta (p.b.D.) dijo:

“Ningún siervo de Al-lah se humilla ante Dios sin que Dios le conceda su Rafa”.

Rafa es una palabra árabe que significa “elevar”. No significa que Dios elevará su cuerpo físico al cielo, sino que exaltará su rango espiritual.

La verdadera humildad puede adquirirse únicamente a través de la concentración en los atributos de Al-lah. Cuando la persona se percata de Su inmensa grandeza no tiene más opción que adoptar la humildad.