En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Hasta ahora me he referido a los movimientos puramente seculares. Ahora continuaré con los planes presentados por los seguidores de las diferentes religiones para establecer un nuevo orden. De estas religiones las principales son el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Los seguidores de cada una de estas creencias declaran que su fe particular es superior a las demás, y alegan que, siguiendo sus enseñanzas, todo el dolor y las tribulaciones desaparecerán del mundo. Los hindúes proclaman quedesplegaránlabanderadeOmenLaMeca(Diosnolopermita). Los judíos afirman que su ley es superior a todas las demás. Los cristianos tratan de persuadir a la gente de que solo las enseñanzas de Jesús son dignas de ser practicadas. Los musulmanes afirman, y con razón, que sólo el Islam prescribe remedios eficaces para la miseria y el sufrimiento de la humanidad. No estoy hablando en este momento de los beneficios espirituales que se derivan de la oración y el ayuno. Estoy tratando de la cuestión de la miseria y la pobreza. Me he referido antes a movimientos que se han iniciado con el objeto de abolir la miseria y la pobreza. Ahora deseo abordar las teorías presentadas por estas grandes religiones para este propósito. En otras palabras, ¿cuáles son los sistemas sociales y económicos que estas religiones desean ver establecidos en el mundo?

Para este propósito comenzaré con el judaísmo. El sistema que defiende el judaísmo es puramente racial. No hay nada universal en él. Por ejemplo, el judaísmo enseña que sólo los descendientes de Israel son los elegidos de Dios, y que el resto de la humanidad fue creada para servirles. Si los seguidores de esta religión obtienen una posición de dominación en el mundo, la tiranía está destinada a aumentar en vez de declinar. Además, el judaísmo prohíbe que un judío le preste dinero a otro judío cobrando intereses (Deuteronomio 23: 19-20, Lev. 25: 35-37), pero le da libertad para prestar con usura a otros. Ahora bien, si el préstamo de dinero con intereses es malo, ¿por qué está prohibido este mal cuando el deudor es judío y está permitido en el caso de un deudor gentil? La razón es que el judaísmo es una fe puramente racial, y permite en el caso de los gentiles lo que no admite en el caso de los judíos. Si esta fe prevaleciera, es obvio que impondrá gravámenes a los gentiles y repartirá este beneficio entre los judíos. Del mismo modo, el judaísmo estimula el gasto de dinero para aliviar la pobreza y otros propósitos caritativos, pero restringe su aplicación sólo para los judíos. Bajo un gobierno judío, por lo tanto, el beneficio de todos esos gastos será sólo para los judíos. De nuevo, el judaísmo no prohíbe la esclavitud, pero prohíbe que un judío sea hecho esclavo permanentemente. Es decir, en general un judío no debería ser reducido a la posición de esclavo, pero si se da el caso de que lo es, sólo puede serlo temporalmente. Esto está garantizado por la ordenanza que especifica que todos los esclavos judíos deben ser puestos en libertad cada séptimo año, (Deuteronomio 15:12, Ex 21: 2).

Si se compra un esclavo judío inmediatamente después de que expire uno de estos septenios, podrá quedar libre después de siete años. Si es comprado un año después del comienzo de un nuevo ciclo, obtendrá su libertad después de seis años y así sucesivamente (Levítico 25: 39-46). Es decir, el período máximo durante el cual un judío puede permanecer en esclavitud es de siete años. El hecho de que el resto de la humanidad puede verse reducida a la esclavitud perpetua no le preocupa al judaísmo.

El judaísmo también establece condiciones muy duras que deben imponerse a las naciones que se le oponen.

“Cuando te acerques a una ciudad para sitiarla, le propondrás la paz. Si ella te la acepta y te abre las puertas, toda la gente que en ella se encuentra te pagarán impuestos y te servirán.

Si no acepta la paz que tú le propones y te declara la guerra, la sitiarás. Y cuando el Señor tu Dios la entregue en tus manos, pasarás a cuchillo a todos los varones, pero las mujeres y niños y el ganado y las demás cosas que en ella encuentres serán tu botín, y comerás de los despojos de tus enemigos que el Señor tu Dios te haya entregado. Así será con las ciudades que estén lejos de ti, que no son de las ciudades de estas naciones.” (Deuteronomio 20: 10- 15). Esto es, con respecto a los países extranjeros. Con respecto a la tierra de Canaán que era la tierra prometida, el mandato es aún más estricto. “Pero de las ciudades de este pueblo que el Señor tu Dios te da por herencia, no dejarás a salvo nada que respire” (Deuteronomio 20:16).

Este es el sistema social y económico prescrito por el judaísmo. Si el judaísmo prevaleciera, todo gentil varón tendría que ser degollado y sus mujeres y niños reducidos a la esclavitud. No sólo los hombres, mujeres y niños cristianos residentes en la tierra de Canaán, sino incluso los caballos, burros, perros, gatos, serpientes y lagartijas de la tierra deben ser muertos. Porque el la orden es matar todo lo que respira. Bajo este sistema los judíos pueden sentirse aliviados, pero las demás naciones quedarían totalmente destruidas.

El mensaje del cristianismo es que la Ley es una maldición. Si la Ley es un anatema, entonces todo lo que ordena o prohíbe también debe ser un anatema. El cristianismo, sin duda, predica el amor, pero las naciones cristianas se niegan a actuar conforme a esa enseñanza. Si se hubieran tomado en serio esta enseñanza, Europa debería haber sido escena de una paz perfecta y no hubiera generado conflictos y guerras constantes. El cristianismo, al haber declarado que la Ley es una maldición, no puede proponer ningún programa definido. Pues, sea cual sea el programa, será parte de la Ley y, por lo tanto, un anatema. Su aplicación no traerá ningún alivio a la humanidad, sino que sólo aumentará su miseria. Las naciones cristianas parecen creer que la Ley Divina, por muy breve y simple que sea, es una maldición; pero que las leyes hechas por el hombre, por complejas que sean, son benditas. El resultado es que, a falta de algo mejor, el ideal cristiano es descrito como todo aquello que una nación cristiana exitosa y dominante se esfuerza por seguir; a cualquier filosofía predominante en un momento dado se le llama filosofía cristiana, y a cualquier sistema social prevalente o popular es llamado sistema cristiano. Si en cualquier momento Gran Bretaña es la nación predominante, es la victoria del socialismo cristiano, si Alemania sale a la luz es también la victoria del socialismo cristiano, y si los Estados Unidos de América ganan la carrera por el poder, es igualmente el triunfo de socialismo cristiano. El cristianismo es, pues, el aliado de los triunfadores y los victoriosos, de modo que cualquier sistema que se haga predominante, supone la difusión de la civilización cristiana. Hubo un tiempo, por ejemplo, en el que la prohibición del divorcio era una característica del cristianismo. Hoy el divorcio es muy apreciado entre las naciones protestantes. Su fe es, por tanto, como una figura de cera que puede ser moldeada de cualquier forma deseada; no hay peligro de que se rompa. El cristianismo como religión, por lo tanto, nunca tuvo y nunca tendrá un programa.

La religión hindú, al inculcar las doctrinas del Karma y la transmigración de las almas ha bloqueado por completo la puerta de la paz y del progreso a la humanidad. Teniendo en cuenta estas doctrinas, es imposible establecer un nuevo sistema diseñado para abolir la discriminación resultante de la distribución desigual de la riqueza. Cuando se llega a la creencia de que una persona se hace pobre como castigo por sus acciones en una vida anterior, no se puede hacer nada para alterar sus circunstancias en esta vida. Un hombre puede nacer ocupando una posición de mando y dominación, como recompensa de sus acciones en una vida anterior; otro puede nacer en un estado de pobreza y miseria como castigo por acciones anteriores; y nadie tiene poder para alterar las circunstancias de la vida de uno u otro. Teniendo en cuenta esta doctrina, la religión hindú no es capaz de proponer un nuevo programa para el progreso de la humanidad, pues un nuevo programa implica hacer un esfuerzo para lograr un cambio en el conjunto prevalente de las circunstancias. Pero si el conjunto general de las circunstancias ha sido prescrito y ordenado en base a las acciones de la humanidad en una existencia anterior, entonces nadie tiene el poder de modificarlo, puesto que debemos considerar que ha sido fijado y designado de manera inalterable.

Otra doctrina que el hinduismo enseña es que cada sección de la humanidad debe actuar dentro de un círculo prescrito, y nadie tiene el poder de ir más allá del mismo. Los Brahmanes tienen su esfera de actividad predeterminada, y no está permitido que un Sudra realice ninguna de sus tareas. Tampoco está permitido que un Vaishya haga algo que se permita a un Sudra, ni que un Kshatriya actúe como un Vaishya. Esta doctrina también  se interpone en el camino de la abolición de la discriminación entre ricos y pobres. Un sistema que busque alcanzar este objetivo debe salvaguardar por igual los derechos de todas las clases, y debe hacer provisiones adecuadas para todos, independientemente de su casta. Pero el Manu dice, en contra de esto, que “ningún Sudra tiene permitido recaudar riqueza aunque sea capaz de hacerlo; un Sudra que adquiere riqueza, provoca dolor a los Brahmanes.” (Leyes de Manu, Tr. By G. Buhler, X, 129).

Bajo esta ley un Brahmán o un Vaishya podría ganar millones, pero si un Sudra ahorra apenas cinco rupias para sufragar los gastos de la boda de su hija, es deber del Estado quitarle esta pequeña cantidad, simplemente porque es un Sudra y un Sudra no puede ahorrar dinero. ¿Qué margen de acción quedaría para cualquier sistema que tuviera por objeto mejorar la situación de los pobres?

De nuevo, está escrito: “Incluso por su trabajo (personal) el deudor pagará (lo que debe) a su acreedor, si es de la misma casta o de una inferior; pero el deudor de una casta superior la pagará gradualmente (cuando gane algo)” (Op. Cit., VIII, 177).

La aplicación de esta ley tendería de nuevo a mantener a un Sudra en la pobreza, o hacerlo aún más pobre, y a liberar a un Brahman de las obligaciones que pueda deber a un Sudra. Lejos de proporcionar alivio alguno a los pobres, no hace sino aumentar su miseria.

Esta doctrina de la discriminación entre castas va mucho más lejos. En el caso de la muerte de una persona que deja tras sí viudas pertenecientes a castas diferentes, está escrito: “O que aquel que conoce la ley, haga diez partes de todo el patrimonio, y distribuya justamente de acuerdo con la siguiente regla: el Brahmin (hijo) tomará cuatro partes, el hijo de Kshatriya (esposa) tres, el hijo de los Vaishya tendrá dos partes, el hijo del Sudra puede tomar una parte.” (Op. Cit., IX, 152- 153). Bajo este sistema, ¿qué oportunidad hay para que un Sudra mejore su suerte?

Pero esto no es todo. Se dice: “Un Brahman puede confiscar los bienes de un Sudra (esclavo); porque como (el esclavo) no puede tener bienes, su amo puede tomar sus posesiones.” (Op. Cit., VIII, 417).

Esto resuelve todas las dificultades de los Brahmanes, porque se les ordena que confisquen todo lo que los Sudras puedan haber conseguido, y se les dice que no sientan ningún remordimiento por ello, porque este saqueo de los Sudras no es pecado, sino un acto de justicia en la medida en que la riqueza de los Sudras no es suya, sino que pertenece justamente a los Brahmanes. Esta es la doctrina que predica la religión hindú, y puesto que, de acuerdo con esa religión, todo el mundo excepto los Brahmanes, Kshatriyas y Vaishyas es un Sudra, es decir, los Syeds, Mogols, Pathans, Parsis, cristianos, etc. son todos Sudras, los Brahmanes tienen el derecho de despojarles a todos de todo lo que comúnmente se supone que les pertenece, y de apropiárselo para su propio uso. Si cualquiera de ellos obtiene algo mediante el trabajo o ejercitando su talento, y un brahmin se lo quita por la fuerza, no tiene derecho a recurrir a un tribunal de justicia, ya que si presenta una demanda en el tribunal, el juez estaría obligado a informarle que, según las enseñanzas de Manu, lo que había ganado no era suyo, sino que pertenecía de antemano a los Brahmanes.

Debéis recordar que yo no afirmo que las doctrinas que hoy enseñan estas religiones sean las doctrinas enseñadas por los fundadores de dichas religiones. Es posible que una parte de las enseñanzas originales de sus fundadores fuera de carácter temporal y aplicación limitada, y que sirvieron a su propósito hace mucho tiempo. Por otro lado, es posible que no enseñaran gran parte de lo que se les atribuye hoy en día. Sea como fuere, estas doctrinas no pueden dar paso a una era de paz y satisfacción para la humanidad.