En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Ahora sigo con el Islam y procedo a explicar los remedios sugeridos por el Islam para los males que he estado tratando.

En primer lugar, el Islam abolió la institución de la esclavitud que se hallaba arraigada desde hacía miles de años. Yo afirmo, que de entre todas las religiones, el Islam es la única que abolió la institución de la esclavitud a través de sus propias enseñanzas, y que ninguna otra religión contempla su abolición. Al contrario, esta institución ha sido reconocida en todas las demás religiones. En el judaísmo y el hinduismo, la esclavitud constituye una institución religiosa y no puede ser abolida. El cristianismo no es más que una rama del judaísmo, y las naciones cristianas siguieron admitiendo la esclavitud durante muchos siglos. Cuando fue abolida, la abolición no se produjo por algo que existiera en las enseñanzas del cristianismo, sino por el progreso realizado en los estándares éticos de la época. La historia de la Iglesia muestra como en muchas ocasiones se hicieron esfuerzos para poner fin a la esclavitud, pero en cada una de tales ocasiones la oposición más feroz era la ofrecida por la propia Iglesia. En el hinduismo, el sistema de castas ha arraigado la esclavitud de forma tan firme y a una escala tan vasta, que la esclavitud entendida en su sentido ordinario, se convierte en comparación en un mal menor. El Islam abolió por completo la esclavitud.

Hay, sin embargo, una institución reconocida por el Islam que ha sido descrita como esclavitud, y que se refiere a la toma de prisioneros de guerra. Pero si esto es un mal, es una consecuencia necesaria de la guerra. Cuando dos naciones luchan entre sí, no se puede esperar que los prisioneros tomados durante el día sean puestos en libertad por la noche, para que puedan regresar a su grupo y unirse de nuevo a la batalla con su bando a la mañana siguiente. Incluso en muchos juegos en los que el lado opuesto nos atrapa, quedamos eliminados para el resto del juego, y no tenemos la libertad de seguir participando en el juego para ganar. De hecho, si no pudieran capturarse prisioneros durante una guerra, o si fuera obligatorio liberarlos tan pronto como fueran capturados, las guerras serían prácticamente interminables.

Este es, por tanto, un mal que es consecuencia necesaria de la guerra. Fuera de esto, el Islam no contempla ninguna forma de esclavitud. Dios dice en el Sagrado Corán:

No corresponde a un Profeta tener prisioneros mientras no se haya iniciado una batalla regular en el país. Vosotros deseáis los bienes del mundo, mientras que Al’lah desea para vosotros el Más Allá. Pues Al’lah es Poderoso, Sabio. (8:68).

 No se permitió a ningún profeta esclavizar a nadie. Es decir, no sólo el Santo Profetasa tenía prohibido hacer esclavos, sino que, según esta parte del versículo, tampoco los profetas anteriores tuvieron la libertad de hacerlo, y, por lo tanto, realmente no lo hicieron. Por lo tanto, debemos concluir que ni Krishna, ni Ram Chandra, ni Moisés, ni Jesús lo hicieron, y no debe darse crédito a los que les atribuyen este tipo de conducta. El versículo citado anteriormente continúa diciendo que, en el caso de una guerra, que implica el derramamiento de sangre a gran escala, es permisible tomar prisioneros de guerra. Esto indica, de nuevo, que los prisioneros de guerra solo pueden ser apresados en las guerras que tienen lugar entre naciones o Estados, pero no como resultadoderedadastribalesodisputasfamiliares. Acontinuación, explica que aquellos que desean esclavizar a las personas, o hacerlos prisioneros en otras condiciones, simplemente buscan sus beneficios materiales y no el agrado de Dios, cuando Dios desea que busquen los beneficios para la vida venidera. Dios es Poderoso, Sabio; es decir, que estos mandamientos, como todos los mandamientos de Dios, están basados en la verdadera sabiduría, y si son violados, y los musulmanes decidieran restaurar la institución de la esclavitud, ellos mismos acabarían esclavizados. La historia nos muestra cómo, efectivamente, todos los pueblos que instituyeron la esclavitud, quedaron ellos mismos reducidos a la situación de esclavos. Los Abasidas fomentaron la esclavitud, y el resultado fue que la mayoría de los Califas posteriores fueron hijos de esclavas, y aunque nominalmente eran soberanos y libres, en realidad no eran mejores que los propios esclavos. La palabra Ithjan usada en este versículo para nombrar a la guerra, se refiere a la guerra que se acompaña de derramamiento de sangre a gran escala, y excluye el concepto de los ataques tribales y escaramuzas fronterizas. Presupone una guerra regular entre naciones y Estados organizados. Una nación que no desee asumir el riesgo de que una parte de su pueblo se convierta en prisionera de guerra, solo tiene que evitar la agresión, ya que, si inicia una agresión que conduce a una guerra y al consecuente derramamiento de sangre, no puede protestar cuando una parte de su población se convierte en prisionera de guerra.

El Islam, además, prohíbe la agresión, y el único tipo de guerra que el Islam contempla es la guerra defensiva. En otras palabras, no permite iniciar un conflicto bélico con el propósito, o con la esperanza de, capturar prisioneros.

El Santo Corán dice:

Se da permiso para combatir a quienes son combatidos, porque han sido perjudicados y Allah tiene en verdad poder para ayudarles.

Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: “Nuestro Señor es Al’lah”– y si Al’lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al’lah. Mas Al’lah ayudará en verdad a quien le ayude. Al’lah es ciertamente Fuerte, Poderoso.

Aquellos que, si los establecemos en la tierra, cumplen la Oración y pagan el Zakat, ordenan el bien y prohíben el mal. Pues en Al’lah está el destino final de todos los asuntos. (22: 40-42)

Es decir, sólo se concede permiso para ir a la guerra a los que han sido víctimas de la tiranía y de la agresión; y este permiso se les concede porque Dios desea mostrar Su poder para ayudar a los oprimidos frente a sus opresores. A menudo sucede que los fuertes y poderosos emprenden la agresión contra los débiles e indefensos. En este versículo Dios declara que permite a los musulmanes tomar las armas en defensa propia, a causa de la opresión a la que han sido sometidos, y porque son víctimas de una agresión; y que Dios, por tanto, ha decidido ayudarlos contra sus opresores, para que los débiles puedan vencer a los fuertes. De modo que no sólo les dio permiso para tomar las armas, sino que declaró que Él ayudaría y socorrería a los oprimidos para que vencieran y derrotaran a sus opresores.

El versículo continúa diciendo que en aquel momento se permitió luchar a los musulmanes, por haber sido expulsados de sus hogares por el mero hecho de haber aceptado al Islam, y haber proclamado a Al’lah como su Creador y Sustentador. Luego dice que llegará un tiempo en el que la gente denunciará la crueldad de las guerras, y harán llamamientos en nombre de la humanidad para acabar con ellas. El versículo continúa explicando que siempre será necesario contrarrestar la agresión con la fuerza, porque de no ser así, todos los templos, monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas dedicados a la adoración de Dios serían destruidos. Es obvio que los planes de un agresor no quedan frustrados simplemente porque otras personas estén deseando vivir en paz y no tengan ningún deseo de ir a la guerra. Uno de los principios cardinales del Islam es asegurar la libertad absoluta para la fe, y el objeto de esta parte del versículo es explicar que, si la guerra estuviera absolutamente prohibida, aquellos que desearan subordinar todos los asuntos de creencia y religión a su propia autoridad política, se sentirían alentados a embarcarse en políticas agresivas y totalitarias, y buscarían no sólo controlar las actividades políticas y seculares, sino que se esforzarían por destruir completamente la religión y demoler los lugares de culto. El versículo continúa declarando que Dios ayudará a aquellos que luchan para asegurar la libertad de religión, y puesto que Él es Fuerte y Poderoso, aquellos a quienes Él socorra nunca serán vencidos. Luego afirma que aquellas personas que están dispuestas a sacrificar sus posesiones y sus vidas para asegurar la libertad de la fe, no explotarán a otras personas si llegan al poder, sino que adorarán a Dios con sinceridad, distribuirán la riqueza equitativamente, evitarán el mal, pondrán fin a las prácticas malvadas de los demás, y alentarán las buenas obras.

Está claro que una guerra de este tipo sólo puede iniciarse por parte de algún agresor en contra de los musulmanes, y no por los propios musulmanes. La responsabilidad, por lo tanto, de que se tomen prisioneros en esa guerra recae sobre los hombros del agresor que inicia dicha guerra. Si no se abstiene de la agresión y provoca deliberadamente la guerra, se convierte realmente en una amenaza, y merece ser hecho prisionero. Tal conducta nace de su propia elección. De no haber privado a otros de la libertad espiritual, no habría puesto en peligro su propia libertad.

En el supuesto de que una guerra de este tipo se haga inevitable, y los musulmanes se vean obligados a tomar las armas, el Corán ordena:

Cuando os enfrentéis en una batalla regular contra los incrédulos, golpeadles en el cuello y, una vez que los hayáis vencido, atad fuertemente a los vencidos –más tarde, liberadlos como gracia o recibiendo un rescate– hasta que la guerra haya depuesto sus cargas. (47:5)

Es decir, en una guerra así definida, se pueden tomar prisioneros. Pero si así se hace, se deben adoptar una de estas dos vías cuando la guerra llega a su fin: los prisioneros han de ser liberados bien por pura benevolencia; o bien mediante el pago de un rescate convenido. Si un prisionero no es liberado por pura benevolencia, debe permanecer bajo custodia hasta que sea rescatado, y durante ese período, debe hacer un trabajo adecuado para su captor. Esto no puede considerarse una crueldad, porque incluso en los tiempos modernos, los prisioneros de guerra son sometidos a menudo a trabajos que se adaptan a su capacidad.

Parece ser que el Santo Profetasa permitió que un prisionero de guerra pudiera ser liberado si garantizaba que no volvería a tomar parte en una guerra contra los musulmanes. Hay un incidente que ocurrió en la época del Santo Profetasa que así lo ilustra. En la batalla de Badr, se capturó a un prisionero llamado Abu ‘Uzzah. El Santo Profetasa lo liberó con la promesa de que no participaría en ninguna guerra posterior contra los musulmanes. Él rompió esta promesa y luchó contra los musulmanes nuevamente en la batalla de Uhud. Finalmente fue hecho prisionero en la batalla de Hamra’ul Asad y fue ejecutado.

Para recapitular: el Islam prescribe dos alternativas a seguir en cuanto al trato a los prisioneros de guerra. Deben ser liberados sin rescate, o mantenidos en cautiverio hasta que sean rescatados. Mientras estén en cautiverio, es permisible asignarles un trabajo adecuado. Pero incluso respecto a este trabajo, el Islam prescribe que no se debe exigir a ningún prisionero que realice una tarea que esté más allá de su fuerza o capacidad, y que debe ser alimentado y vestido de la misma manera que su captor. Este es un precepto que va mucho más allá de la práctica de los Estados modernos. Incluso los países que forman parte de convenios internacionales no están obligados a alimentar y vestir a los prisioneros de guerra de forma similar al promedio de sus propios ciudadanos. Sin embargo, este mandamiento fue implementado muy estrictamente por los Compañeros del Santo Profetasa. Se narra que, en un viaje particular, algunos de los Compañeros fueron acompañados por prisioneros, y los propios prisioneros relatan que el grupo se vio falto de suficientes provisiones en un determinado momento . Los Compañeros, por lo tanto, decidieron alimentar a los prisioneros con los dátiles que les quedaban, y subsistir ellos mismos con los huesos de los dátiles. Se relata que ni siquiera había huesos de dátiles suficientes para todos. Debe admitirse que este mandato del Islam es muy equitativo y humano.

Otra regla establecida por el Islam es que ningún prisionero de guerra debe ser apaleado o golpeado. Si algún prisionero de guerra es golpeado o maltratado, debe ser puesto en libertad de inmediato. En una ocasión el Santo Profetasa al salir de su casa vio como un musulmán golpeaba a un prisionero. Este musulmán relata que mientras lo estaba golpeando escuchó al Santo Profetasa decir: “¿Qué estás haciendo? ¡Esto es completamente anti-islámico! ¿No te das cuenta de que Dios tiene mucho más poder sobre ti, que tú sobre este prisionero?” Dijo que se sintió aterrorizado al oír esto y le contestó: “Oh Profeta de Dios, lo libero de inmediato.” El Santo Profetasa dijo: “Si no lo hubieras hecho, habrías probado el fuego”. Hoy día muchas personas carecen de escrúpulos y golpean a sus sirvientes domésticos; sin embargo, el Santo Profetasa exigió rendir cuentas a uno de sus Compañeros por haber agredido a un prisionero.

Otro Compañero relata que eran siete hermanos y que tenían una prisionera, y en una ocasión el más joven de ellos le dio una bofetada por alguna falta que había cometido. Cuando el Santo Profetasa  se enteró, dijo que el único castigo aceptable por la bofetada era que ella debía ser liberada, y así se hizo. En otras palabras, no sólo estaban prohibidas las palizas o agresiones serias, sino que incluso una bofetada suponía la liberación, ya que tal conducta indicaba que la persona culpable no era apta para que se le confiara la custodia o autoridad sobre otro ser humano.

El Sagrado Corán también prescribe que debe concertarse el matrimonio para los prisioneros que han llegado a la edad de casarse:

Y desposad a los célibes de entre vosotros, y a vuestros esclavos y esclavas que sean apropiados para el matrimonio. (24:33).

¿Podría darse más importancia a la consideración humana? El Islam dice: ‘Alimentadles con la comida que vosotros coméis; dadles para vestir la misma ropa que usáis; no los sometáis a ninguna clase de dificultad; planead su matrimonio; y si alguna vez alguno de vosotros golpea a uno de ellos, el único castigo aceptable es su liberación”. Muchos podrán ser liberados incondicionalmente, o con la única condición de que no vuelvan a participar en una guerra contra los musulmanes. Dudo mucho que actualmente el Estado más civilizado libere a sus prisioneros de guerra, renunciando a las indemnizaciones, con la única condición de que no vuelvan a participar en una guerra contra el mismo.

Es necesario hacer aquí un comentario para explicar cual es el sistema de rescate de los prisioneros de guerra. Como ya he dicho, el primer mandamiento del Islam es liberar a los prisioneros de guerra sin rescate, pero si un captor no puede permitírselo, debe liberar a sus prisioneros al recibir este rescate que solo pretende ser una especie de compensación o indemnización por los gastos en los que ha incurrido el captor a causa de la guerra. La diferencia entre las condiciones entonces existentes y las que prevalecen hoy, es que en aquellos tiempos cada soldado tenía que costear sus propias armas y equipamiento, y cada individuo tenía que pagar las indemnizaciones. No había ejércitos regulares ni disposiciones para el mantenimiento o custodia de prisioneros de guerra a gran escala. Por lo tanto, los prisioneros de guerra se distribuían entre los que habían sufragado los gastos de la campaña, y habían hecho sacrificios por la misma. Ahora que los Estados modernos mantienen ejércitos regulares, y en tiempos de guerra toda la actividad militar es financiada y sustentada por el Estado, las indemnizaciones constituyen también una cuestión de acuerdo entre los Estados beligerantes, y las disposiciones para el mantenimiento y la custodia de los prisioneros de guerra también son una responsabilidad estatal. Al concluir la paz, todas las cuestiones de indemnizaciones, penas, intercambio y liberación de presos han de ser resueltas entre los Estados beligerantes. Volviendo, no obstante, a las enseñanzas islámicas en este aspecto, lo que deseo enfatizar es que un prisionero de guerra siempre tendrá garantizada su liberación con el pago de un rescate. Este pago podía hacerlo él mismo, o sus familiares, o la tribu de la que fuera miembro, o el Estado al que perteneciera. No hay nada en estas regulaciones que imponga una pérdida perpetua de su libertad.

Se puede argumentar que un prisionero puede ser pobre e incapaz de pagar su rescate; o que su tribu o Estado puede mostrar indiferencia. Sus parientes pueden serle hostiles y desear la prolongación de su cautiverio; y su captor puede ser pobre y el gasto que ha tenido que asumir a causa de la guerra tan fuerte, que no puede permitirse su liberación sin rescate. Entonces, ¿qué oportunidad le queda al prisionero para obtener su liberación? Incluso esta contingencia está prevista en el Islam. El Sagrado Corán dice:

Yaquellosdevuestrosesclavosquedeseancontratarunaescritura de emancipación, extendédsela si veis que poseen alguna buena capacidad; ydadles de la riquezaqueverdaderamentepertenece a Al’lah y que Él os ha concedido. (24: 34).

Es decir, que “si alguno de vuestros prisioneros no puede pagar su rescate, pero está dispuesto a comprar su libertad a condición de pagar el rescate a plazos, debéis acordar con él tales plazos, y darle una escritura al respecto, siempre que penséis que posee la capacidad suficiente para descontar las cuotas de sus ganancias. Si en ese supuesto, también os podéis permitir prestarle dinero a modo de capital para sus proyectos, se os encomienda que lo hagáis”. Desde el momento en que se otorga tal escritura, el prisionero queda libre para valerse por sí mismo de la manera que quiera, y tiene el derecho de adquirir y disponer de bienes, con la única obligación de pagar debidamente las cuotas.

El captor no tiene derecho a negar la libertad a un prisionero que pague su rescate a plazos, a menos que continúe la amenaza de la guerra, o que el prisionero sea muy inepto, o no pueda ganarse el sustento por sí mismo, y se tema que si se le deja marchar por su cuenta es probable que haga más daño que bien. Se puede objetar que un captor podría aprovecharse injustamente de esta excepción y tratar de continuar con la servidumbre de un prisionero con el pretexto de que es deficiente en inteligencia. Pero la ley islámica estipula que el prisionero siempre tiene la libertad de recurrir a un magistrado para que fije los plazos en caso de que el captor rechace el pago aplazado, o en el caso de que el acuerdo ofrecido sea injusto.

Si, a pesar de todas estas facilidades, un prisionero de guerra no las aprovecha, sólo puede significar que prefiere la condición en la que está, a la que podría obtener en caso de ser liberado. La verdad es que muchos de los prisioneros que estaban bajo la custodia de los Compañeros del Santo Profetasa prefirieron continuar en ese estado en vez de volver a su condición original de libertad. Fueron tratados por sus captores como miembros iguales a sus propias familias, y su condición era mucho mejor que cuando estaban libres. Los Compañeros les proveían de la misma comida y ropa que disponían para sí mismos; no les imponían tareas que sobrepasaran su capacidad; no les pedían hacer nada que ellos mismos no estuvieran dispuestos a realizar; no los sometían a malos tratos, y estaban siempre dispuestos a liberarlos mediante el pago de un rescate en forma de una suma fija o en cuotas. Es cierto que estos prisioneros estaban técnicamente en cautiverio, pero a menudo la luz del Islam había penetrado en sus corazones y, debido a ello, no tenían ningún deseo de volver a su condición original. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el caso de Zaidra Bin Harithra que, en un momento dado fue esclavo de Hadrat Jadiyahra.

Zaidra no era un esclavo común, sino que pertenecía a una familia árabe libre. Fue hecho prisionero en alguna incursión local, y llegó finalmente a ser propiedad de Hadrat Jadiyahra. Cuando el Santo Profetasa se casó con Hadrat Jadiyahra, (aunque esto ocurrió mucho antes del comienzo de su ministerio), ella puso a su disposición todos sus bienes y pertenencias, incluyendo a Zaidra. El Santo Profetasa liberó a Zaidra, pero él decidió seguir viviendo con su amo. Finalmente, su padre y su tío descubrieron su paradero, fueron a visitar al Santo Profetasa y le rogaron que dejara que Zaidra regresara con ellos. El Santo Profetasa les dijo que ya había puesto a Zaidra en libertad, y que era libre de ir a donde quisiera. Entonces trataron de persuadir a Zaidra para que los acompañara de vuelta a casa, pero él se negó, diciendo que, aunque había sido puesto en libertad, no tenía ningún deseo de abandonar al Santo Profetasa y estaba decidido a continuar a su servicio. Su padre y su tío suplicaron durante mucho tiempo, y le dijeron que su madre estaba sufriendo mucho desde la separación, pero nada de esto conmovió a Zaidra, que reiteró que la amabilidad y afecto que recibió del Santo Profetasa era mayor incluso que la de sus padres. Ciertamente nadie puede poner ninguna objeción a este tipo de servidumbre, si es que se le puede considerar servidumbre como tal.

Uno se sorprende de que haya existido tal vínculo de afecto y bondad entre dos seres humanos, entre los cuales la relación técnica era la de amo y esclavo.

Si en la primera época del Islam, por lo tanto, algunas personas prefirieron permanecer en la esclavitud en lugar de reclamar su libertad, fue por su propia libre elección. Se dieron cuenta de que estaban mucho mejor en su estado de servidumbre que si fueran libres. Pero los misioneros europeos siguen proclamando a gritos que el Islam promueve la institución de la esclavitud. Vuestra presencia aquí es un ejemplo de lo que tengo en mente.

¿Acaso no tenemos la experiencia de ver cómo en las reuniones ordinarias, cuando el conferenciante más eminente se excede en su tiempo, siquiera unos minutos, la audiencia comienza a exhibir su impaciencia de muchas maneras? Aquí estáis presentes miles de vosotros, sentados juntos, durante muchas horas, con gran incomodidad, pasando frío y hambre, escuchándome y deseando continuamente que siga hablando. ¿A qué se debe esta diferencia?

¿No es debido a que habéis creído en el Mesías Prometidoas y habéis entregado vuestros corazones a su servicio? ¿Acaso puede alguien objetar este tipo de servidumbre? ¿No es más bien una indicación y una medida de la fe verdadera? Vuestra sumisión no es al hombre, sino a Dios.

En resumen, no se puede insistir en afirmar que la esclavitud fue abolida por el avance de la civilización. La esclavitud fue abolida por el Islam. Es cierto queenel Islam sepermitiótomarprisioneros de guerra, pero incluso respecto a ellos, se crearon normas mucho mas avanzadas que las que los Aliados y las Potencias del Eje observan hoy. Permítanme recapitularlas brevemente. Solo se podían tomar prisioneros en una guerra librada para asegurar la libertad de religión. Al final de la guerra deben ser liberados, o bien sin rescate, o bien a través de un rescate. El rescate puede ser pagado por el propio prisionero, o en su nombre a través de sus parientes, tribu o Estado. Si no puede disponer del dinero de esta manera, el prisionero puede pedir liquidar su rescate en cuotas y, cuando se acuerden las cuotas, él es libre de trabajar y ganarse la vida como considere oportuno.

Esto es en lo que respecta a la esclavitud o la semi-esclavitud. Ahora me referiré a la esclavitud que, en la práctica, es consecuencia de las condiciones económicas. Antes de pasar a explicar los remedios que el Islam ha propuesto en este campo, es necesario recordar las teorías que conducen a la discriminación entre ricos y pobres que hoy observamos.

En primer lugar, se dice a veces que, como último recurso, la mayoría de las personas actúan con la regla de la razón del más fuerte, loqueobligaalrestodelahumanidadaseguiresteprincipio en defensa propia. Por ejemplo, los británicos cuando poseían el poder tomaron posesión de todo lo que pudieron obtener. Por lo tanto, otros países pueden considerar legítimo seguir sus pasos. Así pues, cuando Italia invadió Abisinia, Mussolini tuvo que esforzarse para explicar que el objeto de la invasión era similar al motivo por el que los británicos se habían hecho los amos de la India: ampliar la cultura y la civilización. Dijo que los británicos alegaban que no podían desprenderse de la India, porque estaban ansiosos por elevarla al nivel de otros países avanzados y civilizados. Mussolini afirmó que sus compatriotas estaban en este sentido a favor de los británicos en su inquietud de ayudar y servir a los países atrasados, y que su ataque a Abisinia estaba inspirado totalmente por estos motivos.

En segundo lugar, algunas personas sostienen que el Estado no debe tratar de controlar la economía, y que debe permitir que la economía se ajuste al ritmo del trabajo. Estas personas creen que los poderosos y los fuertes tienen derecho a seguir adelante, y no deben ser sometidos a ningún control artificial.

Otra teoría es que las diferencias de raza son una realidad que no puede pasarse por alto, y que se debe establecer una compensación adecuada. El sistema de castas hindúes se basa y se justifica apelando a esta teoría. Bajo este sistema la casta queda determinada por el nacimiento, y la discriminación resultante no puede ser modificada o abolida.

Una cuarta teoría se resume en la frase: “La mayoría tiene la autoridad.” De acuerdo con esta teoría, las minorías no tienen ninguna voz en los asuntos de la nación, y a menudo son reprimidas sin piedad.

Otra teoría es que aquello que no tiene dueño pertenece al primero que lo encuentra. De niños todos conocíamos esta doctrina. Siempre que alguno de nosotros encontraba algo en el suelo que indicaba que era un objeto perdido o desechado, nos lo apropiábamos repitiendo la frase “el que lo encuentra se lo queda”, como si eso justificara estas apropiaciones. Pero los objetos a los que los niños aplican esta regla generalmente carecen de valor. En una ocasión, le preguntaron al Santo Profetasa qué debía hacerse con un artículo que no tuviera dueño. Él le dijo al interlocutor que explicara lo que quería decir. El interlocutor le preguntó qué debía hacer si se topaba con una cabra perdida en el desierto. El Santo Profetasa dijo: “En ese caso debes buscar a su dueño, y si a pesar de buscarle no eres capaz de encontrarle, puedes quedarte con la cabra, porque, si no lo haces, será devorada por un lobo.” Entonces le preguntaron qué debía hacerse con un camello perdido. Él respondió: “No te preocupes por un camello perdido, como puede alimentarse y cuidar de sí mismo, debes ponerlo en libertad.”; El interlocutor le dijo: “¿Qué debo hacer,

¡Oh Profeta de Dios!, si encuentro una bolsa con dinero?” El Santo Profetasa respondió: “Si encuentras una bolsa de dinero, tómala, anuncia que la has encontrado hasta que aparezca su dueño, y luego devuélvesela”. Por lo tanto, la regla aplicable es diferente para objetos distintos. Si se encuentra un artículo que va a perecer, puede ser apropiado tras haber hecho un esfuerzo razonable para encontrar al propietario. Si no está expuesto a tal peligro, debe dejarse en paz. Si está en peligro de perderse, pero se puede conservar sin grandes esfuerzos o inconvenientes, se debe preservar, intentando encontrar al dueño, y, cuando el dueño aparezca, hay que devolvérselo. Hay un gran contraste entre estos principios islámicos y la teoría que las naciones europeas han seguido con respecto a los pueblos débiles e indefensos. Piensan que tienen derecho a apropiarse de lo que no tenga dueño o pertenezca a una nación débil. Australia es un gran continente, pero ha sido apropiada por los británicos como territorio sin dueño. La India es un país vasto con una población enorme. Pero también se han apropiado de ella bajo el mismo principio. Lo mismo se aplica a otras naciones europeas que se han apoderado de vastos continentes como América del Norte y del Sur, grupos de islas etc.; el principio es que un país recién descubierto o un continente, o un país con un gobierno débil pertenece al primero que llega.

Además de estas teorías, existen algunos defectos y deficiencias prácticas que incrementan la discriminación entre los ricos y los pobres, y las privaciones sufridas por los pobres. La primera de ellas es que, en el pasado, el Estado no se ha hecho responsable de los necesitados y los indefensos. En tiempos más recientes algunos gobiernos han comenzado a prestar atención a este asunto, y se han establecido departamentos que se encargan de proporcionar ayuda. Pero estos planes de ayuda ni siquiera ahora están a la altura de lo que el Islam ha ideado. En segundo lugar, han permitido que las instituciones cuyo funcionamiento tendía a concentrar la riqueza a manos de una pequeña parte de la población, se desarrollaran sin trabas. En tercer lugar, se ha dado rienda suelta a la implementación de doctrinas que sirven para que, aquellos que han podido acumular riqueza, puedan retenerla. En cuarto lugar, se han gastado grandes cantidades de la riqueza nacional en actividades sin beneficio, y en objetos a los que se ha dado el nombre de arte.

El Islam ha impuesto un control sobre todos estos males, y ha abierto la puerta del progreso para toda la humanidad. Se ha propuesto lograr este objetivo de la siguiente manera:

En primer lugar, el Islam enseña que todo lo que la Providencia ha creado es para el beneficio de toda la humanidad, y no para una parte de ella, aunque pueda parecer que algunos bienes hayan sido asignados o entregados al cuidado de un pueblo en particular. Este es el mismo ejemplo que el de una madre que entrega un plato de dulces a un niño, y le dice que lo comparta con todos sus hermanos y hermanas. De la misma manera Dios dice en el Sagrado Corán:

Es decir: “Él es quien creó para vosotros todo lo que hay en la tierra” (2:30).

Al inculcar este principio, el Islam rechaza al imperialismo, el nacionalsocialismo y el socialismo internacional, pues todos estos sistemas contemplan la dominación de las naciones poderosas, técnicamente bien equipadas y organizadas, sobre las naciones más débiles. Observamos que esta tendencia está presente también hoy de varias formas y direcciones. Se ha expresado el temor de que si se reconociera la independencia de la India, las tribus africanas podrían reclamar su propia libertad e independencia, a pesar de que en la actualidad su nivel de cultura es muy bajo. Cuando llegaron las naciones europeas al continente negro, las tribus africanas solían andar desnudas y solían subsistir de lo que la naturaleza les proveía de su abundancia. Los europeos introdujeron los rudimentos de la cultura y de la civilización. Se dice que, de alguna manera, esto dio a las naciones europeas una especie de derecho de propiedad sobre África, y en todo caso le dio derecho a una posición de dominio en ese continente. El Islam no reconoce tal derecho. A ninguna nación se le ha encargado la misión de civilizar a otras naciones, o de imponer sobre ellas ninguna clase particular de cultura. El Corán establece que todo lo que Dios ha creado es para el beneficio de toda la humanidad (2:30). El Islam rechaza la idea de que una nación tenga el derecho a cualquier monopolio. El Islam no apoya ninguna doctrina según la cual Sudáfrica pueda ser reservada exclusivamente para los Boers y los británicos, o que el continente de América pueda ser propiedad exclusiva de unas pocas naciones, y que todo el resto de la humanidad deba ser excluida de compartir los beneficios proporcionados por los recursos naturales de esos países. Del mismo modo, el Islam busca reducir el poder y la influencia de aquellos que se dedican a la producción de riqueza mediante el aprovechamiento o utilización de los recursos naturales, y que luego reclaman el control total sobre la riqueza así producida. El Islam dice que la comunidad en general también tiene derecho a compartir esa riqueza, en la medida en que los recursos naturales que han sido creados para el beneficio de toda la humanidad, han sido utilizados en la producción de esta riqueza. Por ejemplo, toda la riqueza mineral pertenece a la nación o a la comunidad, y ningún individuo en particular tiene derecho a su apropiación completa. El Islam prescribe que el 20% de toda la riqueza mineral que pueda ser explotada, debe ser entregada al Estado para ser utilizada en beneficio de la comunidad en general. Esto es adicional a la responsabilidad de pagar el Zakat que, bajo la ley islámica, se aplica a toda la riqueza y el capital acumulado. Según esta disposición, en lo que se refiere a los recursos minerales, el Estado se convierte en copropietario de estos recursos; y al ser explotados, recibe una quinta parte de los beneficios para el beneficio de la comunidad en general. Esta disposición sirve de corrección a los males que podrían resultar de la explotación incontrolada de estos recursos.

Una vez más, el Islam enseña:

No dirijas tu mirada con codicia al placer temporal que hemos proporcionado a algunos grupos de ellos, ni te aflijas por ellos; más bien cubre con tu ala de misericordia a los creyentes. (15:89)

Todo el sistema moderno de colonización se basa en la viciosa afirmación de que una nación tiene derecho a apoderarse de las tierras de otro con el propósito de introducir mejoras en ese país. Este supuesto principio no sólo es falso e insostenible en sí mismo, sino que su falacia queda pronto demostrada en la práctica, pues la nación dominante ni siquiera pretende compartir la riqueza explotada de esos países con sus pueblos. Observemos el caso de África Oriental, por ejemplo. La comparación entre la riqueza y la prosperidad de los colonos europeos, y la pobreza y la marginación de los habitantes originales del país, muestra sin lugar a dudas cómo funciona este principio en la práctica. El Islam, por lo tanto, enseña que cada pueblo debe concentrarse en mejorar sus propias condiciones y circunstancias, y que ningún pueblo, bajo ningún pretexto, debe explotar a otro.

Se puede objetar que esto podría poner fin a la cooperación entre los diferentes sectores de la humanidad. Pero no es así. El Islam no prohíbe la cooperación entre naciones para la mejora o el servicio mutuo. Prohíbe la dominación política o comercial. Un profesor o un maestro sirve ofreciendo su talento a cambio de una compensación adecuada, pero ninguna nación está dispuesta a servir a otra sobre esta misma base. La tendencia actual es asumir el control sobre las personas y los recursos de otro país con el resultado de que la gente del propio país queda privada de los principales beneficios de dichos recursos. El Islam lo prohíbe, y declara ilícito que un pueblo establezca una dominación política sobre otro. La humanidad es libre de asociarse, pero debe ser por medio del servicio y la cooperación mutua. En teoría, los bolcheviques niegan toda intención de dominar a otras personas, pero en la práctica subyugan a las naciones no soviéticas. Su ataque a Finlandia es un ejemplo. El problema colonial, que presenta tantas dificultades, solo puede ser resuelto satisfactoriamente mediante los preceptos islámicos. Todas las demás soluciones son ineficaces y, de hecho, solo sirven para prolongar el sistema.