En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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No fue sino hacia finales del siglo XVIII cuando esta reacción contra la situación prevalente empezó a adoptar una forma organizada. El movimiento que se inició entonces recibió el nombre de democracia. Se puso de manifiesto que el remedio no estaba en las manos de los individuos sino en las manos del Estado. Como he dicho antes, no se puede esperar que un individuo que reside en Lahore o Delhi sepa que el hijo de una mujer pobre se está muriendo de hambre en una choza solitaria en el Himalaya. Tampoco las personas de las ciudades son generalmente conscientes de las condiciones reinantes en las zonas rurales. Pero puede esperarse que el Estado posea, o al menos tenga los medios, para recibir toda esta información. Por lo tanto, se decidió que era deber del Estado adoptar medidas de ayuda y reforma. Como corolario, se instó a que otros, además de los gobernantes, nobles y ministros, tuvieran voz en la decisión de los asuntos de un país, de forma que se pudieran tomar medidas en la sede central, con una información y conocimiento más completo. El primer impulso de la democracia fue, por lo tanto, asegurar la representación de las diferentes clases e intereses, para que los que estaban en el gobierno pudieran mantenerse informados de las condiciones de las diferentes partes del país, y pudieran tener a su disposición consejos de diferentes sectores. Durante algún tiempo estos representantes ejercieron solamente funciones consultivas, pero incluso eso supuso un gran paso adelante, en la medida en que aseguraba que los que estaban en el poder tuvieran mayor información y conocimiento sobre las necesidades y dificultades de aquellos sobre quienes gobernaban. Al principio, estos representantes pertenecían principalmente a las clases terratenientes; y el beneficio de su consejo, por lo tanto, afectaba principalmente a los miembros de sus propias clases. Poco a poco, también los comerciantes y los fabricantes empezaron a reivindicarse, y se inició un nuevo movimiento conocido como Liberalismo, que se encargó principalmente de la salvaguarda y promoción de los intereses de estas clases. Como consecuencia, se amplió la franquicia para cubrir también a estas clases, y comenzaron a influir e incluso a dirigir las políticas del Estado.

Más tarde, otra clase comenzó a luchar por el reconocimiento y por asegurar sus derechos. Éstos eran los obreros de las fábricas y oficinas, que cuando percibieron que sólo estaban representados en la legislatura los intereses de los terratenientes, los comerciantes y los industriales, dijeron que los gobiernos responsables de las legislaturas así compuestas no estaban a la altura de sus necesidades y sufrimientos, y entonces empezaron a reclamar el derecho de representación directa para sí mismos. La política y el programa presentados en nombre de esta clase es conocido como socialismo. El objeto principal de este movimiento es asegurar una distribución más equitativa de la riqueza entre los propietarios del capital y las clases trabajadoras. Para conseguir este objetivo, están ansiosos de tomar la dirección del gobierno en sus propias manos, creyendo que esto dará lugar a una justa reparación de los agravios de los trabajadores y otros sectores pobres de la comunidad.

La siguiente etapa llegó cuando se empezó a sentir que todos estosmovimientosteníanunalcancenacional, yquesusbeneficios sólo se limitaban a ciertos países. Se decía que la mejora de la situación de los trabajadores en Inglaterra, por ejemplo, no era lo suficientemente satisfactoria si los trabajadores en Francia seguían sufriendo privaciones y dificultades. El remedio sugerido era que los trabajadores de los diferentes países se unieran y cooperaran entre sí a través de organizaciones y asociaciones internacionales. Otro incentivo detrás de este movimiento fue la creencia de que las clases capitalistas se estaban organizando en oposición activa a las clases trabajadoras en diferentes países. Consideraban que esto sólo se podía combatir con éxito si los trabajadores se organizaban a nivel internacional. Este movimiento se conoce como socialismo internacional.

La lucha por asegurar un trato equitativo para los trabajadores y terceros recibió un gran ímpetu y adoptó una orientación totalmente nueva a través las doctrinas propuestas por Karl Marx. Este hombre era de origen alemán, judío de raza y cristiano de religión. Después de una reflexión profunda, llegó a la conclusión de que la política defendida por el socialismo tratando de persuadir a las clases capitalistas a través de la presión, era demasiado lenta y no se podía esperar que alcanzara el fin deseado en un plazo razonable de tiempo. Creía que era inútil esperar que aquellos que ejercían el poder político estuvieran dispuestos a reformarse a sí mismos como resultado de la presión social o política. Abogó que la única forma efectiva de lograr la reforma era que los trabajadores tomaran el poder. En lugar de provocar disturbios a lo largo de varios años para conseguir reformas y mejoras específicas, era mucho más efectivo que los trabajadores tomaran posesión de la maquinaria gubernamental y llevaran a cabo una reforma mayorista en las esferas social, económica y política. Por lo tanto, instó a la participación directa en la esfera política, con el objeto de apoderarse del poder político, y lograr así una completa revolución social y económica.

El marxismo es, por lo tanto, un desarrollo del socialismo internacional que apunta a la consecución de sus objetivos mediante la revolución política más que a través del cambio económico. También señala que uno de los motivos del fracaso del socialismo es que los socialistas creen en la cooperación con las clases capitalistas cuando, en realidad, no se puede esperar una mejora real sin el derrocamiento de los capitalistas.

Según Marx, la democracia y todos los sistemas que se basan en la cooperación de las diferentes clases se basan en principios completamente erróneos. Bajo su sistema no se debía dar tregua a las clases capitalistas, y todo el poder y autoridad debían ser detentados por los trabajadores.

Para el logro de este objetivo creía en la revolución violenta a través de la organización y el ataque. Es esta enseñanza de Marx la que ha tomado forma práctica en el bolchevismo.

Marx también opinaba que las clases capitalistas habían permanecido tanto tiempo en el poder, y los trabajadores se habían desmoralizado tanto, que no se podía esperar que los trabajadores pudieran salvaguardar sus intereses tan pronto como los capitalistas fueran expulsados del poder. Ustedes habrán oído la historia de un hombre, con un suelo mísero, que iba a casarse, y a quien un amigo le aconsejó que pidiera a su jefe un aumento de sueldo, y que abandonara al jefe si se negaba a darle un aumento. Después de considerables dudas y mucha meditación, decidió actuar siguiendo el consejo. Una mañana, cuando el patrón acababa de regresar de su viaje, el hombre pidió permiso para hacerle una petición. Al decirle que siguiera adelante, exclamó: “Señor, todo el mundo en mi posición está recibiendo un salario mucho mayor del que yo estoy recibiendo. Pido, por lo tanto, que aumente mi salario, o …” —“¿O, qué, criado?”— tronó el jefe, de forma súbita. —“O seguiré igual que hasta ahora”— gimió el hombre aterrorizado. Toda la determinación de conseguir un ascenso con la amenaza de dejar a su jefe se evaporó con un solo golpe.

Es verdad que un largo sufrimiento y la privación despojan a las personas de su resistencia y voluntad. Yo mismo he tratado de generar algún tipo de ambición, algún deseo de mejora en las clases deprimidas. Escuchan pacientemente, pero al final comentan con una sonrisa algo desdeñosa: “Dios ha ordenado las cosas tal como son; no sirve de nada tratar de alterarlas.” Como si alguien que trata de cambiar o reformar el orden existente estuviese desquiciado. Es esta actitud la que llevó a Karl Marx a observar que era peligroso conferir a los trabajadores y a las masas una autoridad directa al principio. Según él, era necesario comenzar con una dictadura bajo la cual los trabajadores debían ser organizados y educados, y en la que se debían eliminar todas las distinciones de clase, para que la siguiente generación creciera en un ambiente de igualdad y sin ningún sentido de inferioridad. Sólo entonces la autoridad política podía ser otorgada a las masas. La transferencia prematura de autoridad podría poner en peligro todo el movimiento.

Marx murió, y no hubo ninguna mejora apreciable. De hecho, las cosas empeoraron. Pero en ciertos lugares, algunas personas comenzaron a organizar a los trabajadores siguiendo las líneas establecidas por Marx. Uno de ellos fue Lenin, que posteriormente se convirtió en el primer dictador de Rusia. Lenin y sus compañeros dieron forma definida a las teorías marxistas, y llevaron a cabo una propaganda activa entre los trabajadores. Llamaron la atención sobre el contraste entre las miserables condiciones en las que los trabajadores tenían que vivir, y el lujo y la extravagancia que rodeaban a los empresarios y a sus familias. A medida que su propaganda se difundía, comenzaron a surgir varias organizaciones anti-capitalistas.

Cuando las organizaciones de trabajadores llegaron a ser lo suficientemente fuertes, sus líderes convocaron una reunión con el propósito de establecer una línea de acción para el caso de que llegaran al poder. Durante el debate que tuvo lugar en esa reunión se manifestaron serias diferencias de opinión entre Lenin y Martof5, que también era un poderoso líder del movimiento obrero. Lenin consiguió convencer a la mayoría, y su partido llegó a ser conocido como el de los bolcheviques (el partido mayoritario) y el de Martof como el de los mencheviques (el partido minoritario).

Lenin era un seguidor más ortodoxo de Marx que Martof. Creía que para un logro más efectivo de sus objetivos, los trabajadores no debían aliarse con ningún otro grupo o partido. Martof, por otra parte, opinaba que, hasta que consiguieran el poder, deberían trabajar en cooperación con otros grupos activos. En otras palabras, Lenin confió completamente en la integridad de su propio programa y política, y no pensó que fuera necesario contar con la ayuda o cooperación de ningún otro grupo o partido para lograr el éxito.

Otra diferencia entre los dos fue que Martof abogó desde el principio por establecer una forma republicana de gobierno, mientras que Lenin sostenía que en las primeras etapas era inevitable ladictadura. Esposibleque Martofestuvierapersuadido por la idea de que, si se elegía a un dictador, Lenin sería la elección obvia.

Una vez más, Martof insistió en que, bajo la nueva orden, la pena de muerte debería ser abolida desde el principio, de acuerdo con los principios socialistas ortodoxos. En contra de esto, Lenin sostuvo que si bien la pena de muerte debía ser abolida en última instancia, no era factible hacerlo desde el principio. Insistió, por ejemplo, en que era necesario matar al Zar después de echarlo del poder, pues mientras el Zar viviera, la República estaría en peligro.

5      En ruso al final de una palabra, la ‘v’ (en ruso B) se escribe como ‘v’ pero se pronuncia como ‘f’. Incluimos aquí las variantes fonéticas correspondientes.

Su odio al Zar era tan profundo que estaba dispuesto a luchar por diferir la abolición de la pena de muerte, con tal de cumplir su propósito de matar al Zar. Como he dicho, Lenin fue capaz de llevarse con él a la mayoría del partido, pero cuando estalló la revolución y el Zar se vio obligado a abdicar, los mencheviques fueron los primeros en llegar al poder y los demás partidos en el país se mostraron más dispuestos a prestarles su apoyo. Sin embargo, esto no duró mucho tiempo, y los bolcheviques pronto pudieron imponerse y tomar el poder.