XII JALIFATUL MASIH
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Maulwi Nur-ud-Dinra redactó una declaración el 19 de marzo de 1908, con el permiso del Mesías Prometidoas, titulada “Petición presentada a amigos y hermanos” que decía lo siguiente:

“En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, el Misericordioso. Le alabamos e invocamos Sus bendiciones sobre Su Noble Mensajero.

La paz sea con vosotros, así como la misericordia de Al’lah y Sus bendiciones. Una noche estuve reflexionando sobre mi propia edad, y la prolongada expansión de la era musulmana y me preocupé mucho contemplando lo que hay que hacer antes de que la vida llegue a su fin. La corriente de mis pensamientos se dirigió hacia el significado de las súplicas que se hacen en la postura sentada en la Salat y, en ultima instancia, a la historia del loro que contaba Maulana Yalal-ud-Din Rumi en su Maznawi, cuyo resumen es, que un loro, propiedad de un comerciante, le pidió a su dueño que mandara saludos a sus compañeros loros de la India, cuando pasara cerca de donde vivían. Su propósito era que le guiaran sobre cómo podría obtener su libertad. Ellos le contestaron que el camino hacia la libertad transcurría por el valle de la muerte.

Esta línea de pensamiento me dirigió a los loros de Al’lah, es decir, a las almas de los mártires por la causa de Al’lah, y reflexioné sobre las súplicas hechas en la postura sentada de la Salat: “La paz sea contigo, Gran Profetasa, y la misericordia de Al’lah y Sus bendiciones; y: que la paz sea con nosotros y con todos los siervos justos de Al’lah”; y con un ánimo entusiasta hice un trato con Al’lah, puesto que Él ha dicho: “En verdad, Al’lah ha adquirido de los creyentes sus personas y sus bienes a cambio del Jardín que obtendrán” (9:111). En este versículo Al’lah se describe a Sí mismo como un comprador o un comerciante. Un creyente que se ha comprometido completamente con Al’lah, debe tener cuidado de no gastar su vida ni sus pertenencias sin el permiso de Al’lah. En cumplimiento de este propósito, me volví diligente en invocar la paz y las bendiciones de Al’lah sobre el Santo Profetasa.

Entonces se me ocurrió que debía hacer un gran número de amigos, y elegir para ellos un emblema distintivo, para que pudiéramos glorificar a Al’lah y recordarle mucho. Así que, para que Al’lah fuera alabado de esa manera, de acuerdo con mi limitada inteligencia y relaciones, hice amigos entre los miembros de la Comunidad Ahmadía

-que es una comunidad que aborrece la asociación de partícipes con Al’lah, y las inovaciones en la fe, y cree sinceramente que “no hay Dios excepto Al’lah, y Muhammadsa es Su Mensajero”; y siguiendo la práctica del Santo Profetasa se califica como sunita, y al deberle lealtad a un Imamas debe ser considerada como una Yama’at – entre aquellos que son hombres de buena voluntad, firmes, tolerantes, y tienen fe en la oración. Mi propósito era:

  1. Que sean mis testigos en la tierra por la causa de Al’lah, y den testimonio de mi fe; porque el Santo Profetasa ha dicho que aquel que recibe el buen testimonio de un grupo de personas justas será considerado digno de ser admitido en el Jardín del placer de Al’lah; y el que es considerado indigno por ellos será condenado al A través del testimonio de estos testigos en la tierra por la causa de Al’lah, yo recibiría de Al’lah lo que Él deseara.
  1. Que a través de nuestra asociación, juntos podamos cooperar en la promoción de la virtud y la rectitud, y ser amigos y ayudantes.
  2. Hay ciertas recompensas especiales de Dios que se derraman sólo cuando existe una unidad y acuerdo común. En consecuencia, debe organizarse un grupo de amigos para atraer la gracia especial de Dios, y mediante ella, Al’lah pueda estar complacido con nosotros y convertirnos en verdaderos siervos del Islam y de los
  3. Se dice que el Santo Profetasa dijo: En el Día del Juicio hay siete tipos de gentes que serán protegidas por Al’lah, cuando no haya otro refugio disponible. Uno de estos grupos será el de dos amigos que se aman por el bien de Al’lah, se encuentran por Su causa, y parten por Su Así que deseé que fuéramos parte de ese grupo y como tal, encontremos la prosperidad bajo el refugio del Gran Trono de Dios, que podemos experimentar aquí y en el Mas Allá.
  4. Podemos encontrar algunos medios para difundir el conocimiento del árabe entre todos los musulmanes en general, y particularmente entre los miembros del Movimiento Ahmadía, ya que este es el único modo por el cual los musulmanes de todas las regiones de la tierra pueden promover la unidad y el acuerdo entre Además, la comprensión del Sagrado Corán y el Hadiz depende del conocimiento del árabe. Debemos hacer un esfuerzo especial en este sentido, y descubrir un medio para lograr este propósito, como, por ejemplo, el ferrocarril se ha convertido en un medio para recorrer la tierra.
  5. Dondequiera que exista desacuerdo o mala voluntad entre los miembros del Movimiento Ahmadía, estos amigos deben convertirse en el medio para restaurar el acuerdo y la buena voluntad, tal y como Al’lah ha dicho: arreglad bien las cosas entre vosotros (8:2); estableced, pues, la paz entre hermanos (49:11); y: la reconciliación es lo mejor (4:129).
  1. Deben recurrir a la oración en todas las circunstancias,

ya sea en tiempos de facilidad o de dificultad.

No obstante, es indicativo de la apatía de los musulmanes el que incluso aquellos que residen en Qadian se muestren hasta cierto punto indiferentes. Había preparado respuestas a preguntas relacionadas con este proyecto, y había enviado copias, pero sólo he recibido comentarios de Sialkot y Peshawar. No ha habido respuesta de Lahore. Además, he escrito a los intelectuales musulmanes de tierras lejanas para que me asesoren sobre los medios para promover el aprendizaje del árabe y estimular el interés por la propagación de los valores islámicos. También he sugerido la publicación de pequeños folletos en apoyo de las enseñanzas del Islam y la refutación de la crítica de los no musulmanes, por medio de la cual podamos cumplir, en cierta medida, la obligación de ordenar el bien y prohibir el mal, y nuestros amigos puedan ser advertidos de los graves daños resultantes de pensar mal de los demás”.55

Este proyecto se publicó en Al-Hakam, Badr y Tashhidhul Adhhan, y Maulwi Nur-ud-Dinra imprimió 1400 tarjetas en las que expuso brevemente su propósito. Tenía la intención de que una vez que hubiese conseguido la adhesión de 1400 amigos al proyecto, se propusiera al Mesías Prometidoas que orara especialmente para el logro de los propósitos del proyecto, pero los acontecimientos avanzaron demasiado rápido para permitir que esto sucediera.

Hazrat Ummul Mu’minin estaba enferma y sugirió al Mesías Prometidoas ir a Lahore para que ella pudiera obtener consejo de un médico competente. Él se mostró algo vacilante, pues últimamente había recibido advertencias por medio de revelaciones, del inminente acercamiento de su propio fin. Hacia finales de 1905, tras recibir una advertencia similar de que sólo le quedaba un lapso corto de vida, unos dos o tres años, había publicado su Dirección Testamentaria, ofreciendo a su comunidad el consuelo de que después de su partida Dios les ayudaría con la Segunda Manifestación de Su Poder, igual que había ocurrido con la muerte del Santo Profetasa, cuando Dios eligió a Abu Bakrra para fortalecer a los musulmanes, el cual tomó medidas efectivas para salvaguardarles de los graves peligros que los acechaban desde todas direcciones. También instituyó el Sadr Anyuman Ahmadía (la Sede Central Ahmadía) con el propósito de regular los asuntos administrativos de la Comunidad, y nombró a Maulwi Nur-ud-Dinra su Presidente.

Ahora, antes de partir hacia Lahore, suplicó en busca de orientación respecto a su viaje previsto, y pidió a sus amigos que le ayudaran con sus oraciones. Le dijo a su hija mayor, Nawab Mubarka Begum, que tenía que tomar una decisión importante y le agradecería que le ayudara con sus oraciones. Al día siguiente ella le dijo que había orado fervientemente y había visto en su sueño a Maulwi Nur-ud-Dinra sentado en una habitación de la planta superior con un libro en la mano. Él le dijo: Este libro contiene las revelaciones recibidas por Hazrat Sahibas acerca de mí. Soy Abu Bakrra.

El Mesías Prometidoas le dijo que no mencionara su sueño a su madre, y se preparó para continuar su viaje a Lahore. El grupo salió de Qadian el 27 de abril de 1908, se detuvo en Batala un par de días y llegó a Lahore el 29 de abril. El Mesías Prometidoas estableció su residencia en la casa de Jawaya Kamal-ud-Din, en los edificios áhmadis de Brandreth Road, pero después de unos días se trasladó a la casa contigua del Dr. Sayyid Muhammad Husain en el mismo edificio. Debido a que su estancia en Lahore se prolongó, llamó a Maulwi Nur-ud-Dinra y a algunos otros teólogos de Qadian.

El 17 de mayo, un número de musulmanes distinguidos fueron invitados a reunirse con el Mesías Prometidoas durante el almuerzo, y él pronunció un discurso exponiendo la base y la naturaleza de su reclamación, y eliminando los malentendidos que le concernían. Le escucharon con profundo interés, y algunos de los presentes le instaron a ofrecer un discurso público en Lahore, para que el público en general pudiera beneficiarse de su sabiduría. Siguiendo esta sugerencia, comenzó a escribir un discurso al que llamó Paigham-e-Sulh (Mensaje de Paz), en la que expuso un programa para promover el acuerdo entre hindúes y musulmanes. Mientras tanto, recibió continuas revelaciones admonitorias de creciente urgencia, pero continuó con su tarea en perfecta serenidad. Terminó de escribir su discurso en la tarde del 25 de mayo y luego salió para dar una vuelta en coche.

Cuando regresó, dirigió las oraciones combinadas del atardecer y de la noche, tomó una comida ligera, y como se sentía un poco exhausto, se fue temprano a la cama. Alrededor de la medianoche tuvo náuseas en dos ocasiones en un breve intervalo, lo que le debilitó mucho y pidió que llamaran a Maulwi Nur-ud-Dinra que estaba en la habitación contigua, quien vino inmediatamente, y junto con el Dr. Sayyid Muhammad Husain y Mirza Ya’qub Baig intentó tratarlo con todo lo que se le ocurrió, pero sin éxito. Su augusto paciente tuvo otra náusea, y su condición empeoró rápidamente. Realizó la oración del amanecer en semi-inconsciencia y luego pareció entrar en coma. De vez en cuando se le oía susurrar: “Al’lah, mi amado Al’lah”. A las diez de la mañana perdió completamente la conciencia, respirando con dificultad, y a las 10:30 dejó de respirar. Sus restos sagrados fueron transportados a Qadian, donde llegaron a las 8 de la mañana del 27 de mayo. Fueron colocados en su casa ajardinada donde, durante la mayor parte del día, sus devotos seguidores, a medida que llegaban de cerca y de lejos, tuvieron la oportunidad de contemplar por última vez el sereno rostro de su santo y amado maestro.

La noticia del fallecimiento del Mesías Prometidoas supuso un golpe demoledor para los miembros del Movimiento. Quedaron desconcertados, y en este momento de desamparo total suplicaron humilde y fervientemente para ser guiados. Tal vez el más afectado fue Maulwi Nur-ud-Dinra, quien expresó repetidamente su profundo sentimiento de pérdida exclamando: Después de la muerte de Hazrat, el universo parece inánime.

¿Qué hacer? ¿Hacia donde dirigirse?

Los dirigentes principales, incluidos los miembros del Sadr Anyuman Ahmadía, se reunieron en la casa de Nawab Muhammad ‘Ali Jan, yerno del Mesías Prometidoas; mientras que el resto de los miembros, convergiendo en Qadian desde todas direcciones, esperaba los acontecimientos en el gran jardín, junto a la casa en la que se había colocado el cuerpo de su venerado líder. Jawaya Kamal-ud-Din se dirigió al gran grupo de miembros en términos muy conmovedores: “Un hombre apareció en la tierra como el Heraldo de Dios y convocó a la humanidad en Su nombre. Respondimos a su llamada y nos reunimos alrededor de él. Ahora se ha apartado de nosotros y ha vuelto a Dios. ¿Qué debemos que hacer en esta situación?”

Su audiencia quedó atónita; Hubo un silencio total. Después de unos momentos, Shaij Rahmatul’lah, un miembro del Sadr Anyuman se puso de pie, y en palabras cargadas de emoción, dijo: “Durante el viaje desde Lahore a Qadian me he dicho repetidamente a mí mismo, y ahora os lo digo a vosotros, que debemos rogar a nuestro venerado anciano (refiriéndose a Maulwi Nur-ud-Dinra) para que tome el liderazgo. Sin él nos perderemos.” Nadie planteó ninguna objeción a esto, y se asumió que su sugerencia era bienvenida por todos los presentes. Entre ellos estaba Sahibzada Mirza Bashir-ud- Din Mahmud Ahmadra, quien se mostró de acuerdo; y también lo hizo Mir Nasir Nawabra, suegro del Mesías Prometidoas, que se hallaba entonces en el jardín. Posteriormente se pidió a Jawaya Kamal- ud-Din que esperara a Hazrat Ummul Mu’minin y averiguara su punto de vista. Ella dijo que Maulwi Nur-ud-Dinra era la persona más honrada de la comunidad, y debía ser el Jalifa.

Se redactó una breve declaración y los presentes se la presentaron a Hazrat Maulwi Sahibra. La recibió en silencio e insinuó que daría una respuesta después de suplicar a Dios para que le guiara. Se lavó y se puso de pie en oración. Cuando terminó, dijo: Vamos todos a donde están los restos de nuestro maestro, y donde nuestros hermanos nos esperan. Cuando llegaron al jardín, Mufti Muhammad Sadiq, de acuerdo con los deseos de todos los presentes, leyó la siguiente solicitud:

“En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, el Misericordioso. Le alabamos e invocamos Sus bendiciones sobre Sus Nobles Mensajerossa. Todas las alabanzas pertenecen a Al’lah, Señor de los mundos, y que las bendiciones y la paz sean sobre el Jatamun Nabiyyin, Muhammadsa, el elegido, y sobre el Mesías Prometidoas, el Jatamul Auliya’.

De acuerdo con el mandato del Mesías Prometidoas establecido en Al-Wasiyyat (el Testamento), nosotros los áhmadis, cuyas firmas se adjuntan a continuación, estamos sinceramente convencidos de que todos los presentes y futuros miembros de la Comunidad Ahmadía deben hacer el juramento de fidelidad espiritual, en el nombre de Ahmadas, al Primer Emigrante Hazrat Hayi Hakim Nur-ud-Dinra, el más erudito y más virtuoso de todos nosotros, y el más devoto y antiguo amigo de Hazrat Imamas, que lo consideraba un excelente ejemplo, tal como él dijo:

‘Qué bueno sería si cada miembro de la comunidad fuese un Nur-ud-Dinra; así sería si todos los corazones estuvieran llenos de la luz de la certeza de la fe.’

Las órdenes de Hazrat Maulwi Sahib serán tan vinculantes para nosotros, como lo fueron las órdenes del Santo Hazrat, el Mesías Prometido y Mahdias”. 56

En respuesta Hazrat Maulwi Sahib comentó:

“Observad mi vida pasada. Nunca he codiciado el liderazgo. Me conozco bien, y mi Señor me conoce aún mejor. No deseo nada del mundo. Todo lo que deseo es que mi Maestro se sienta complacido conmigo. Rezo por esto, y por eso he residido y seguiré residiendo en Qadian. Durante algún tiempo he reflexionado sobre cuál sería nuestra situación después de Hazrat Sahibas. Por eso me he esforzado para impulsar la educación de Miyan Mahmud.

Hay tres personas candidatas entre los parientes cercanos de Hazrat Sahibas. Está Miyan Mahmud Ahmadra, que es tanto mi hermano como mi hijo. Tengo una relación especial con él. También Mir Nasir Nawabra, como suegro de Hazrat Sahib, tiene derecho a su respeto y a nuestro respeto. El tercero es su yerno, Nawab Muhammad ‘Ali Janra. Entre los que han servido a su fe con devoción está Sayyid Muhammad Ahsan, que posee una habilidad sobresaliente. Es descendiente del Santo Profetasa. Ha prestado un servicio tan meritorio a la fe que hace que una persona como yo sienta vergüenza. En su vejez ha escrito varios libros en apoyo de Hazrat Sahibas y, de esta manera ha prestado un servicio único. Luego está Maulwi Muhammad ‘Ali, quien sirve de tales formas que ni siquiera puedo concebir. Todos ellos están presentes en Qadian. Entre los que están fuera se encuentran Sayyid Hamid Shahra, Maulwi Ghulam Hasan Janra y varios otros.

Esta es una responsabilidad pesada y peligrosa, que sólo puede ser ejercida por alguien que Dios haya elegido, que reciba promesas extraordinarias de apoyo divino que le ayuden contra las cargas quebrantadoras. En este momento es necesario que los hombres y mujeres se unan. Para lograr esto, juren su lealtad a cualquiera de los venerados personajes que les he nombrado; también yo lo haré junto con ustedes. Soy débil, no tengo buena salud y mi temperamento no se adapta a la tarea, que es pesada y difícil de realizar.

“Hazrat Sahibas realizó cuatro funciones (a) el cumplimiento de sus obligaciones personales como siervo de Dios. (b) el cuidado de su familia, (c) su hospitalidad,

(d) la propagación del Islam, que era su verdadero propósito. De éstas se ha llevado a (a) con él. Al igual que ha servido aquí, así servirá en el Más Allá. Estáis libres de esta carga. De las tres restantes, la propagación del Islam es muy importante y muy difícil. Además del ateísmo, el Islam está siendo acosado por disensiones y diferencias internas. Dios ha designado a nuestra comunidad para la erradicación de estas disensiones y diferencias. Puede que consideréis que esto es un trabajo fácil, pero para aquel que tenga que llevar esta carga es lo más difícil. Os prometo solemnemente que si vosotros elegís a cualquiera de los que he nombrado, le prometeré mi lealtad junto con vosotros.

Pero si vosotros insistís en jurarme vuestra lealtad a mí, entonces es importante que tengáis presente que esta promesa significa un compromiso total. En una ocasión Hazrat Sahibas me indicó indirectamente que no pensara más en mi casa. Desde ese momento todo mi honor y todo mi pensamiento se centraron en él, y nunca recordé a mi hogar. Asimismo, el juramento de fidelidad es un asunto solemne y grave. El que toma el compromiso subordina toda su libertad y sus deseos a la voluntad de otro, por eso Al’lah, el Exaltado, denomina al hombre Su siervo. Es difícil para un individuo cumplir con las responsabilidades personales que conlleva esta servidumbre, ¿cómo y en qué medida puede asumir y desempeñar tales responsabilidades en nombre de otro? Teniendo en cuenta la diversidad de temperamentos, es necesaria una elevada resolución para cumplir con este acuerdo. Siempre me he asombrado por las obras de Hazrat Sahib. Gozaba de una salud precaria y, sin embargo, llevaba una carga muy pesada que abarcaba diversos tipos de actividades. Pero disfrutó de un apoyo divino continuo, y yo, casi de su edad, me encuentro vacío. Es gracias a la generosidad divina que seamos todos hermanos. Nada puede lograrse sin Su gracia.

Deseo llamar vuestra atención a un gran acontecimiento en la historia del Islam. Durante la época de Abu Bakrra,toda Arabia, con excepción de La Meca, Medina y uno o dos lugares más, quedó sumida en una rebelión. Los habitantes de La Meca también estaban a punto de caer en ella, pero él los fortaleció con la siguiente advertencia: “Vosotros fuisteis los últimos en creer, ¿por qué deseáis ser los primeros en renunciar?” Su hija A’ishara dijo: “Si la montaña que ha caído sobre mi padre hubiera caído sobre otro, lo habría aplastado.” En Medina tenía a su disposición veinte mil hombres fuertes, pero como el Santo Profetasa tenía la intención de enviar un ejército al norte, Abu Bakrra, en consecuencia, los despachó a ese destino. En esa situación, Dios Todopoderoso manifestó Su poder y demostró el cumplimiento de Su promesa: Él en verdad establecerá para ellos su religión que les ha elegido (24:56). Hoy nos enfrentamos a una situación similar. Deseo que antes del entierro del cuerpo del Mesías Prometidoas pueda establecerse un acuerdo entre nosotros.

Después de la muerte del Santo Profetasa, sus compañeros, bajo la dirección de Abu Bakrra, llevaron a cabo varios grandes proyectos, de los cuales el mayor fue la compilación del Sagrado Corán en forma de libro. Una actividad paralela, en la actualidad, sería concentrarse en su puesta en práctica. Además, Hazrat Abu Bakrra organizó la recaudación del Zakat. Este es un gran proyecto que exige un alto grado de obediencia; y hay varios otros deberes y obligaciones que tienen que cumplirse. Ahora, cualesquiera que sean vuestras inclinaciones individuales, tendréis que cumplir mis órdenes. Si esto es aceptable para vosotros, asumiré esta responsabilidad independientemente de mi voluntad.

Las diez condiciones de la promesa establecidas por el Mesías Prometidoas seguirán vigentes. Incluiré entre ellas y haré hincapié en la enseñanza del Sagrado Corán, en la recaudación del Zakat, en la formación de predicadores y en otros proyectos que Al’lah tenga el agrado de inspirarme. La instrucción religiosa y los cursos de estudio en el seminario teológico requerirán mi aprobación. Asumo esta responsabilidad únicamente por la causa de Al’lah, quien ha ordenado: Y que surja de entre vosotros un grupo de hombres que invite a la bondad, imponga la justicia y prohíba la maldad (3: 105).

Recordad, todo bien proviene de un acuerdo. Una nación sin líderes está muerta”.57

Tan pronto como terminó de hablar, todos los presentes, que habían llegado de todas partes, y que eran alrededor de 1200, le instaron con una sola voz: “Te ofrecemos nuestra promesa. Obedeceremos tus órdenes. Tú eres nuestro Amir y el Sucesor de nuestro Mesíasas.”

Tras sus súplicas llenas de lágrimas en las que rogaron por recibir orientación se sintieron muy aliviados al descubrir que ahora tenían un nuevo líder espiritual en la persona de Hazrat Maulwi Nur-ud- Dinra. Todos ellos le juraron lealtad en calidad de Jalifatul Masih I. La promesa se redactó de la siguiente manera:

“Yo doy testimonio de que no hay más Dios que Al’lah, el Único, Aquel que no tiene copartícipe; y testifico que Muhammadsa es Su siervo y Su Mensajero (repetido tres veces).

En este día realizo el juramento de fidelidad espiritual a manos de Nur-ud-Dinra y acepto todas las condiciones prescritas por el Mesías Prometidoas para este compromiso; y prometo especialmente que me esforzaré por estudiar y escuchar el Sagrado Corán, la Sunna y el Hadiz verdadero, y que actuaré en conformidad con ellos; y estaré siempre dispuesto a dedicar mi vida y mis pertenencias a la propagación del Islam según mi capacidad y mis medios; y prestaré especial atención a ofrecer el pago del Zakat; y me esforzaré por establecer relaciones de amistad entre los hermanos.

Busco el perdón de Al’lah, mi Señor, por todas mis faltas, y me vuelvo a Él en arrepentimiento (repetido tres veces).

Señor, he dañado a mi alma y confieso mis pecados, perdona mis pecados, porque nadie puede conceder el perdón por los pecados excepto Tú mismo”.58

Cuando todos los presentes realizaron la promesa, el Jalifatul

Masihra dirigió las oraciones fúnebres del Mesías Prometidoas, y después dirigió el servicio de oración de la tarde. Entonces todo el mundo pasó por delante del ataúd y vio por última vez el amado rostro de su santo difunto. El entierro finalizó a las 6 p.m. “A Al’lah pertenecemos y a Él retornaremos”.

Al día siguiente, Jawaya Kamal-ud-Din, miembro y secretario

de Sadr Anyuman Ahmadía publicó la siguiente declaración:

“Antes de la oración fúnebre por el Mesías Prometidosa todos los miembros de la comunidad que estaban presentes en Qadian, y cuyo número era de mil doscientos, aceptó a Hazrat Hayi Hakim Nur-ud-Dinra, que Al’lah le proteja, como su Sucesor y Jalifa, de acuerdo con las directivas establecidas en Al-Wasiyyat y de conformidad con la recomendación de los miembros del Sadr Anyuman Ahmadía, entonces en Qadian, y los parientes del Mesías Prometidoas, y con el permiso de Hazrat Ummul Mu’minin; y le juraron su lealtad. De los miembros del Sadr Anyuman Ahmadía estaban presentes Maulwi Sayyid Muhammad Ahsan, Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmad, Nawab Muhammad ‘Ali Jan, Shaij Rahmatul’lah, Maulwi Muhammad’ Ali, Dr. Mirza Ya’qub Baig, el Dr. Sayyid Muhammad Husain Shah y el Dr. Jalifa Rashid-ud-din.

Aunque el fallecimiento fue repentino y no se disponía de mucho tiempo, un gran número de amigos respetados llegaron de Ambala, Yul’lundhur, Kapurzala, Amritsar, Lahore, Guyranwala, Wazirabad, Sialkot, Yammu, Guyrat, Batala, Gurdaspur y otros lugares, y aceptaron por unanimidad a Hazrat Qibla Hakimul Ummat, que Al’lah le proteja, y se unieron a la oración fúnebre por el Mesías Prometidosa. Esta invitación se dirige a todos los miembros del Movimiento, quienes, al recibirla, deben realizar de inmediato el juramento de lealtad a Hazrat Hakimul Ummat, Jalifatul Masih wal Mahdira, en persona o por carta”.59

Al recibir esta instrucción, la totalidad de los miembros del Movimiento realizaron, rápidamente y con entusiasmo, el juramento de lealtad a Hazrat Jalifatul Masihra, y, en un período muy corto, la comunidad entera se reunió, una vez más, bajo un estandarte.

De esta manera, la nave del Ahmadíat, que había partido 19 años atrás, atravesó con seguridad la peligrosa tempestad que de forma repentina se abatió sobre ella, aunque al poco tiempo empezaron a oírse sonidos de crujidos y grietas. La primera indicación de una grieta apareció en menos de una semana. El sexto día después de haber jurado lealtad al Jalifa, cuyas órdenes debían ser tan vinculantes como lo habían sido las órdenes del Mesías Prometidoas, Jawaya Kamal-ud-Din llegó a Qadian. En el transcurso de una conversación con Sahibzada Mirza Bashirud-Din Mahmud Ahmadra comentó, como si por casualidad: -Miyan, hemos caído en un error que sólo puede ser corregido si definimos los límites de la autoridad del Jalifa. Debería aceptar el juramento de lealtad de los nuevos miembros, dirigir las oraciones, las ceremonias de matrimonio y las oraciones fúnebres y nada más.- La reacción de Sahibzada ante este comentario fue: -Es demasiado tarde para pensar de esta manera. Deberías haber pensado en ello antes de realizar el juramento de lealtad. El Jalifa dejó muy claro que el juramento implicaba una completa obediencia. Hemos realizado el juramento sabiendo lo que implicaba. Nuestra relación con el Jalifa es ahora el de amo y sirviente. No tenemos derecho a definir la autoridad de nuestro maestro.- Jawaya Sahib se dio cuenta de que su enfoque era erróneo y no continuó con el tema.

Con el permiso del Jalifatul Masih, el mensaje de paz, que contenía las últimas palabras del Mesías Prometidoas, fue leído el 21 de junio de 1908 por Jawaya Kamal-ud-Din, ante una asamblea de varios miles de personas en el University Hall de Lahore. La presidencia fue asumida por el Juez Pratul Chandra Chattarji, Juez del Tribunal Supremo de Punjab.

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