XIV JILAFAT
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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La función de un Jalifa había sido establecida por el Mesías Prometidoas en su Directiva Testamentaria en estos términos:

“Según la práctica de Dios que ha manifestado desde que creó al hombre en la tierra, Él ayuda a Sus Profetas y Mensajeros, y los hace triunfar, tal y como Al’lah ha decretado: “En verdad Yo prevaleceré, Yo y Mis Mensajeros” (58:22). Su triunfo significa que, como el propósito de los Profetas y Mensajeros es que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra, y nadie pueda oponerse a ella, Él establece Su verdad a través de señales poderosas, y siembra la semilla de las verdades que ellos desean difundir en el mundo, a través de sus propias manos; pero no produce su fructificación a través de ellos. Él los hace morir en un momento en que hay aprensión ante su fracaso, y por lo tanto ofrece a sus oponentes la ocasión para burlarse de ellos y ridiculizarlos. Pero después de la burla y el ridículo, Él manifiesta otro aspecto de Su Poder, y provee los medios a través de los cuales los propósitos que habían permanecido hasta cierto punto incumplidos, se alcanzan plenamente. En resumen, Él manifiesta dos tipos de Su Poder. En primer lugar, Él manifiesta Su Poder directamente a través de Sus Profetas. En segundo lugar, cuando después de la muerte de un Profeta, su comunidad se enfrenta a dificultades, y sus oponentes aparecen fuertes, e imaginan que la misión del último demandante ha fracasado, y confían en que su comunidad se arruinará, y los miembros de la comunidad estén confusos y desanimados, y muchos desafortunados empiecen a pensar en apartarse, Dios manifiesta Su gran Poder por segunda vez, y reúne a la comunidad aturdida. Así, el que es verdaderamente firme, dará testimonio de este milagro; como ocurrió cuando falleció el Santo Profetasa, cuya muerte fue considerada inoportuna, y muchos de los habitantes del desierto se alejaron del Islam, y sus compañeros quedaron abrumados por el dolor. En esa coyuntura Dios manifestó Su Poder una segunda vez, y al elevar a Abu Bakrra reforzó y fortaleció al Islam de nuevo, y así cumplió Su promesa: “Él en verdad establecerá para ellos su religión que les ha elegido; y ciertamente les dará a cambio seguridad y paz después de su temor.” (24:56) Lo mismo sucedió en la época de Moisés, cuando murió en el camino a Tierra Santa, sin poder llevar a su pueblo a ella, tal como se había prometido, y hubo un gran duelo entre los hijos de Israel. Según la Torah, la muerte repentina de Moisés y su inoportuno duelo, hizo que se sintieran abrumados por el dolor, y lloraron y se lamentaron durante cuarenta días. De la misma manera, en el momento de la crucifixión de Jesús, los discípulos se dispersaron, y uno de ellos lo repudió.

Así pues, queridos míos, siempre ha sido la práctica de Dios que Él manifieste Su Poder de dos formas, para frustrar las dos falsas alegrías de Sus oponentes. No es posible que en este caso Él se aparte de Su práctica tradicional. Por lo tanto, no os entristezcáis por lo que os he dicho, y no permitáis que vuestros corazones sufran de angustia, pues es necesario que presenciéis también la segunda manifestación del Poder de Dios. Su llegada será lo mejor para vosotros, porque es permanente y durará hasta el Día del Juicio. Esa segunda manifestación no puede llegar hasta que me haya ido; pero cuando yo me vaya, Dios os enviará esa segunda manifestación, y permanecerá con vosotros para siempre”.78

Por tanto, la función de un Jalifa es impulsar el cumplimiento de

los propósitos de su maestro. Por lo tanto, la primera responsabilidad de Hazrat Jalifatul Masihra fue asumir los proyectos que estaban pendientes, o se contemplaban en el momento del fallecimiento de el Mesías Prometidoas.

El Mesías Prometidoas fundó un seminario teológico llamado Madrassa Ahmadía en 1906, con el propósito de proveer instrucción religiosa a alto nivel, y preparar y entrenar a eruditos y teólogos a quienes se les podía confiar la sagrada tarea de llevar el mensaje del Movimiento, y propagar sus dogmas e ideales en todas partes; pero por falta de fondos todavía no había progresado más allá de una etapa elemental. Hazrat Jalifatul Masih nombró un Comité en junio de 1908 compuesto por Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra, Maulwi Muhammad ‘Ali, Nawab Muhammad’ Ali Janra y el Dr. Jalifa Rashid-ud-dinra para tomar las medidas necesarias para poner el seminario en marcha. El Comité elaboró un plan, recomendó la implementación inmediata de ciertas partes y solicitó fondos a la comunidad. Esta institución se ha convertido en una Yami’ah cuyos graduados están haciendo un espléndido trabajo en propagar el mensaje del verdadero Islam en diferentes partes del mundo.

El Mesías Prometidoas había deseado que hubiera al menos cien personas en la comunidad de poseedoras de destacadas cualidades y capacidades, que pudieran familiarizarse con todos los signos, razones y argumentos decisivos que Dios Todopoderoso había manifestado en apoyo del Movimiento y sus demandas, para que pudieran responder de la mejor manera posible a todos los críticos hostiles. También deseaba que fueran capaces de resolver las dudas que tenían los buscadores de la verdad, generadas por los creyentes cristianos y arios con respecto al Islam, y de exponer convincentemente las excelencias del Islam. Con este fin hizo un anuncio el 9 de septiembre de 1901 para que un grupo de personas sabias, inteligentes y cultas emprendieran inmediatamente un estudio de sus libros y escritos, y se ofrecieran a examinarse el 24 de diciembre en Qadian. Este estudio y examen debería repetirse cada año. Por alguna razón este proyecto no siguió adelante en aquel momento. En julio de 1908, Hazrat Jalifatul Masihra sintió la fuerte necesidad de un cuerpo de predicadores bien versados en el conocimiento de la religión que llevaran el mensaje del Islam a todas partes del mundo. Mientras estaba meditando sobre esta idea, el 16 de julio se enteró, por casualidad, del anuncio del Mesías Prometidoas del 9 de septiembre de 1901, y se sintió profundamente conmovido. De inmediato ordenó que el anuncio fuera ampliamente difundido en toda la comunidad, y que cada año se hiciera un examen de ciertos libros seleccionados del Mesías Prometidoas en el mes de diciembre, comenzando el 24 de diciembre de 1908. Desde entonces este método de estudio de los libros del Mesías Prometidoas continua extendiéndose ampliamente en todos los sectores de la comunidad.

Después de la muerte del Mesías Prometidoas hubo una serie de críticas y objeciones a sus afirmaciones por parte de sus oponentes. Varios eruditos y teólogos de entre los fieles del Movimiento escribieron folletos y artículos refutando estas objeciones. Hazrat Jalifatul Masihra también escribió un folleto bajo el título: El fallecimiento del Mesías Prometidoas. Se basó en los versículos: El Mesías, hijo de María, no fue más que un Mensajero. Todos los Mensajeros anteriores a él fallecieron. (5:76); y: Muhammadsa no es más que un Mensajero y antes que él han pasado todos los Mensajeros. Pero si muere o es asesinado, ¿volveríais sobre vuestros pasos (3:145)?

En este folleto glorificó a Dios por Su gran recompensa; Quien salvó a la comunidad de la desintegración al lograr un acuerdo común tras la muerte del Mesías Prometidoas. Dijo:

“Queridos míos, reflexionad   sobre   cómo   Al’lah, el Poderoso y Supremo, tras la muerte del Mesías Prometidoas, inspiró el espíritu de unidad y de acuerdo en toda la comunidad de norte a sur y de este a oeste. Señor, me sacrificaría fácilmente por Tu amor a causa de Tu gran favor. No sólo uno, sino cuatro hijos y un nieto de Hazrat Mirza Sahibas estaban presentes, así como su capaz y digno yerno, que combina a Muhammad y a ‘Ali en su nombre, y también estaba su suegro, venerado como un padre, y, sin embargo, la comunidad entera, incluyendo todos los que he mencionado, juraron lealtad a alguien fuera de la familia.

Ahora permitid que los oponentes se reúnan y proclamen su alegría. Ellos han sido testigos de la primera manifestación poderosa del poder y ayuda divina, ahora que sean testigos de la segunda manifestación de Su poder. Este árbol que hasta ahora ha sido salvaguardado por la pura gracia de Al’lah, crecerá y florecerá por los mismos medios, a pesar de la escasez de nuestros números y trabajadores.

¡Oh vosotros! Nuestros oponentes apresurados. Deberíais haber ejercitado un poco la paciencia. Habéis sido testigos de la primera manifestación del poder divino, deberíais haber mantenido vuestras almas en paz para la segunda (manifestación); pero Dios Todopoderoso ha reservado la recompensa de la paciencia también para nosotros. Toda alabanza pertenece a Al’lah, Señor de los mundos.

¿No habéis presenciado que nuestro Imam murió, y sufrimos el luto con firmeza? Pero vosotros habéis expresado vuestras condolencias por nuestra tristeza haciendo desfilar efigies y bufones. Vuestros Profesores y Sufies otorgaron el título honorífico de Siervos de la Fe a los manifestantes. Los buenos y los malos mueren en todo el mundo. ¿Dónde habéis leído que este modo de condolencia haya sido adoptado alguna vez por los musulmanes, y que quienes lo han practicado, hayan recibido un título: el de que inicia una práctica malvada? Nunca he presenciado nunca un alboroto tan grande como el que las masas musulmanas de Lahore crearon en aquella ocasión, y temí que no nos dejaran llegar a la estación de ferrocarril, pero, de repente Al’lah, el Todopoderoso, envió a la policía, como signo de Su misericordia, para protegernos, y pudimos abordar el tren sin ninguna dificultad, con la gratitud al gobierno en nuestros corazones.

Hazrat Mirza Sahibas dejó seis hijos; Alabado sea Al’lah, Señor de los mundos.

¿Si uno de ellos o de sus descendientes, resultara poseer la mayor resolución, y ser el gran Emmanuel cuyo nacimiento ha sido profetizado, entonces cómo os enfrentaréis al mundo vosotros o vuestra progenie?79

Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra, que aún no tenía veinte años, también escribió un folleto en esa ocasión, cuyo título era: ¿Quién puede apagar la Luz de los Justos? Después de leerlo, Hazrat Jalifatul Masihra comentó a Maulwi Muhammad ‘Ali: Tu y yo hemos escrito mucho refutando las objeciones planteadas por nuestros oponentes contra el Mesías Prometidoas, pero Miyan Mahmudra nos ha dejado atrás a ambos. Luego envió una copia del folleto a Maulwi Muhammad Husain de Batala, por correo certificado, y le escribió: “Dijiste que la descendencia de Mirza Sahibas no es buena. Te he enviado una copia de un folleto escrito por uno de ellos. Si alguno de tus hijos ha escrito algo similar, envíame una copia de ello.

De las muchas distinciones únicas de Hazrat Jalifatul Masihra, no estaría fuera de lugar mencionar dos de ellas. Fue uno de los narradores de los cuarenta Ahadiz (hádices) del Santo Profetasa que han sido transmitidos oralmente, a través de los siglos, mediante una cadena ininterrumpida de narradores. A su vez los transmitió, junto con los nombres de toda la cadena de narradores, a Hafiz Raushan ‘Alira y Mir Muhammad Ishaqra, entre otros.

También tuvo la oportunidad de realizar el circuito de la Ka’aba en un momento en que nadie lo estaba realizando.

En una ocasión en que tres jóvenes, dos de ellos estudiantes de medicina, estaban haciendo el juramento de lealtad, Hazrat Jalifatul Masihra les advirtió:

“El que acepta el compromiso se convierte en esclavo, voluntariamente y por propia decisión. Los de Occidente dicen que el hombre nace libre y que la esclavitud es un mal. Pero permitidme que os mencione una anécdota. Uno de mis preceptores espirituales fue el muy venerado Shaij ‘Abdul Ghani Mujaddadi, que se estableció en Medina. Personas de países lejanos como Siria, Egipto, Occidente y Rusia, etc., le juraron lealtad. Yo solía visitarle a menudo, pero me imaginaba que como el bien y el mal se exponían con detalle en los libros, y yo había terminado mi educación, no merecía la pena jurarle lealtad a nadie; y me asombraba el gran número de quienes sí lo hacían. Entonces, en un una ocasión, pensé en jurarle lealtad, de forma experimental. Si no obtenía ningún beneficio, podría repudiarlo. Así que le visité con ese objetivo, pero mi conciencia me reprendió, por la posibilidad de que repudiara una promesa, y volví sin dar ese paso. Más tarde me decidí a hacerle la promesa, y cuando le visité le pregunté qué ganaría si le juraba lealtad. Él respondió que al hacer una promesa de lealtad espiritual los supuestos rumores se convierten en hechos factibles, y aquello que se escucha se puede observar personalmente. Aprendí mucho de él y progresé mucho espiritualmente bajo su guía”.80

Durante los últimos diez días del Ramadán (octubre de 1908), Hazrat Jalifatul Masihra se retiró (en I‘tikaf) en la mezquita en compañía de muchos, incluyendo a Sahibzada Mirza Bashir-ud- Din Mahmud Ahmad. Excepto durante los cinco servicios de la Oración, permaneció desde el amanecer hasta el anochecer enseñando el Sagrado Corán a sus compañeros, explicando puntos difíciles, llamando la atención sobre sus sutilezas, y respondiendo a las preguntas, cubriendo cada día una décima parte del Sagrado Corán y completando la exposición de todo el Libro Sagrado cuando terminó el Ramadán. Si solo consideramos el esfuerzo físico que tuvo que realizar, teniendo en cuenta su edad, su salud y el stress del ayuno, fue toda una proeza. Fue una ilustración cabal de su amor consumado y de su devoción incondicional a la Santa Palabra de Dios.

En el otoño de 1908, la ciudad de Hyderabad, en el sur de la India, fue alcanzada por una inundación de violencia extraordinaria, que infligió terribles sufrimientos al pueblo. Toda la ciudad quedo derruida, y miles de personas perecieron enterradas entre los escombros. Hazrat Jalifatul Masihra despachó varias cartas certificadas y telegramas urgentes para obtener noticias sobre la comunidad en la ciudad afligida, pero en la confusión existente, ninguno de ellas fue entregada y, por lo tanto, no hubo respuesta. Luego envió a Hafiz Abu Sa’id Arab como emisario suyo para que le informara sobre la situación. La carta que recibió de la comunidad de la ciudad de Hyderabad agradeciéndole la preocupación que mostró por sus miembros y su simpatía por ellos en su sufrimiento, reveló cuán profundamente amaba a los miembros de la comunidad y lo ansioso que estaba por su seguridad y su bienestar. Así fue redactada:

“En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, el Misericordioso.

“Le alabamos e invocamos Sus bendiciones sobre Su Noble Mensajero. Al exaltado Jalifatul Masih wal Mahdira, Comandante de los Fieles, Hazrat A’la Nur-ud- Din, que Al’lah perpetúe para nosotros su beneficencia y sus bendiciones.

La paz sea con usted y la misericordia de Al’lah y Sus bendiciones. Los miembros de la Comunidad Ahmadía de Hyderabad no pueden encontrar palabras para expresar su agradecimiento a Hazrat Jalifatul Masihra por enviar, con su gran bondad y afecto, varias cartas certificadas y telegramas interesándose por nuestro bienestar en un momento en que la gente de Deccan fue afligida de la manera descrita en el Sagrado Corán como: El día en que el hombre se aparte de su hermano, de su madre y de su padre, y de su esposa y de sus hijos (80:35-37). Desafortunadamente no nos entregaron esos amables mensajes debido al estado de desorden prevaleciente, y no fueron, por lo tanto, recibidas. Pero la sincera simpatía y cariño del Comandante de los Fieles no podía contentarse con menos que enviar a uno de sus amigos sinceros Hafiz Abu Sa’id Arabra en un viaje tan largo a su propio cargo, para cuidar de nosotros a causa de nuestra aflicción y a pesar de la distancia. Desde su llegada, Arab Sahibra, a pesar de encontrarse indispuesto, ha sido diligente en el desempeño de sus deberes y, al tranquilizar a todos los hermanos áhmadis ha demostrado que posee las más altas cualidades morales de un áhmadi.

Arab Sahibra también nos ha transmitido el mensaje afable de Hazrat Jalifatul Masihra diciendo que si los miembros de la familia de un áhmadi se hubieran quedado carentes de provisión como resultado de esta inesperada calamidad, deberían, si así lo desean, ser enviados inmediatamente a Qadian donde se les atenderá adecuadamente, y el costo de su viaje también les será abonado. No esperábamos, ni esperaremos nada menos de la bendita personalidad de Hazrat Jalifatul Masihra, pero él y los demás dignatarios del Movimiento sin duda se sentirán contentos al saber que, a pesar de que las residencias de la mayoría de los miembros del Movimiento están situadas en medio de zonas tan peligrosas que han quedado completamente devastadas y arruinadas, y de donde se han recuperado miles de cadáveres, ni un solo áhmadi ni un solo pariente de un áhmadi ha perdido su vida en esta terrible calamidad. Toda alabanza se la debemos a Al’lah por Su misericordia.

En conclusión, todos los miembros de la Comunidad Ahmadía de Hyderabad solicitan respetuosamente a Hazrat Jalifatul Masihra que tenga la amabilidad de suplicar a Dios, el Beneficente, que perfeccione la fe de estos seres indefensos situados tan alejados en la distancia, que les confiera firmeza en estos tiempos de prueba, y reforme su conducta. Para que podamos llevar a cabo un cambio espiritual en nuestro interior, y dar un buen ejemplo a los demás; para que cuando abandonemos esta morada transitoria podamos ser considerados verdaderos siervos fieles, obedientes y sinceros del Movimiento Ahmadía, Amén”.81

El 30 de octubre de 1908, Shaij Ya’qub ‘Ali ‘Irfani escribió en Al-

Hakam: “En dos palabras: Hazrat Jalifatul Masihra pasa su tiempo poniendo en práctica los mandamientos de Dios y mostrando la compasión hacia Sus criaturas.”

Durante la vida del Mesías Prometidoas, Maulwi Nur-ud-Dinra dirigió los servicios de la Oración en el Masyid Mubarak. Cuando Maulwi ‘Abdul Karimra se trasladó permanentemente a Qadian, le pidieron que dirigiera los servicios de Oración en esa mezquita pero, a su muerte, Maulwi Nur-ud-Dinra, a pesar de su reticencia, tuvo que reanudar el liderazgo de los servicios de Oración en el Masyid Mubarak. Desde que se convirtió en Jalifa, siguió dirigiendo estos servicios a pesar de su debilidad física y su salud precaria.

Después del servicio de oración del amanecer, daba lecciones del Sagrado Corán a varias mujeres. Luego, durante una hora, atendía una clínica para pacientes que venían a Qadian desde fuera. Después, impartía lecciones a Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra y a Mir Muhammad Ishaqra. Además, impartía lecciones del Sagrado Corán, Hadiz y Principios de Jurisprudencia a las que cualquiera podía asistir.

Continuamente recitaba oraciones en voz baja. He visto con mis propios ojos cómo cuando recibía su correo sostenía cada carta en su mano y oraba por el escritor. La cantidad de cartas era tan grande que, después de cada servicio de oración, y después de la lección del Sagrado Corán sostenía decenas de peticiones escritas para oraciones en sus manos, y mientras leía cada una, oraba para cada suplicante según el propósito de su petición. Antes de convertirse en Jalifa, su relación con los miembros del Movimiento era la de un hermano, y oraba por ellos en esa capacidad. Ahora era su padre espiritual, y todos podían apreciar cómo el padre anhelaba a sus hijos y estaba ansioso por su bienestar. En una comunidad de cuatrocientos mil miembros había muchos que estaban enfermos, muchos que era indigentes, y muchos que morían. Es difícil hacerse una idea de como su corazón compasivo reaccionaba ante todo esto.

Puesto que Dios le ha elevado a su exaltado oficio, ha sido investido con una capacidad extraordinaria de supervisión. Se mantiene informado de la condición y las circunstancias de cada individuo en Qadian, y reacciona como un padre afectuoso ante los dolores y las penas de cada uno. Yo personalmente le admiro por sus numerosas bondades. Durante una enfermedad mía me hizo visitas inesperadas y cuidó de mi. Mi esposa enfermó cuando él estaba en I‘tikaf y nombró a dos o tres personas para que la cuidaran y le informaran de su condición. Estoy seguro de que todo el mundo se siente como un objeto especial de su cuidado y preocupación, como ocurrió con el difunto Imamas.

A pesar de su constante preocupación por la condición de la comunidad y la salvaguardia del Islam, encuentra tiempo para examinar y hacer prescripciones a cada paciente que acude a él; para escribir respuestas a las cartas importantes; dar las instrucciones necesarias al Sadr Anyuman Ahmadía sobre sus asuntos; conocer a los visitantes de fuera, escuchar sus problemas y peticiones, darles consejo y asesoría, deliberar sobre planes y proyectos para la propagación del Islam y del Movimiento, y llamar la atención de los miembros a este respecto. Los tiempos de los servicios de oración son los prescritos; el resto ha de ser ajustado ad hoc.

La profundidad y la amplitud de su simpatía se pueden medir a partir de un ejemplo ya citado. Una inundación extraordinaria causó estragos en la distante Hyderabad. Hazrat Jalifatul Masih estaba tan profundamente afectado que cuando las cartas y los telegramas no lograban obtener información, envió a un emisario especial a la distante Hyderabad ofreciendo ayuda y mensajes de simpatía y tranquilidad a los miembros de la comunidad. Debido a eso, la comunidad en general se dió cuenta de que, después de la muerte de las Santo Fundadoras del Movimiento, Dios Todopoderoso ha elevado a la mejor persona para dirigirles. Que Al’lah prolongue su vida para que podamos continuar durante mucho tiempo siendo bendecidos por Su gracia que desciende sobre nosotros en la persona de Nur-ud-Dinra.

Sus oraciones están siempre con nosotros. Concluyó su discurso con ocasión del Eid con: “Que la comunidad continúe prosperando. Que se mantengan firmes y estén unidos en el amor. Que sean inspirados por el Espíritu Santo y estén protegidos contra las calamidades terrenales y celestiales, y sean protegidos por Ti contra las pruebas espirituales. Que salgan victoriosos con Tu ayuda. Que puedan surgir de entre ellos oradores sinceros e inteligentes, predicadores y aquellos que invoquen a Dios. Que sus líderes estén bien versados en el Islam, ilustrándolo en su conducta y en sus profundas convicciones. Que los que tienen autoridad entre ellos sean sinceros y con la vista en el futuro.

Después del servicio de oración del viernes la mayor parte del tiempo lo pasa orando por la comunidad, de lo cual hemos citado una muestra. Sólo Dios sabe cómo, en qué estado de ánimo y con qué súplicas emotivas, este pastor suplica a su Señor por su rebaño durante las oscuras, silenciosas y solitarias horas de la noche, cuando cada uno de ellos está profundamente dormido. Que Dios acepte sus súplicas y nos haga beneficiarios de ellas, Amén”.82

El 26 de diciembre de 1908, Hazrat Jalifatul Masihra pronunció un discurso en la Conferencia Anual del Movimiento de casi tres horas. Explicó cómo su formación comenzó con: “No hay dios aparte de Al’lah”; y cómo progresó. Prestó particular atención a la importancia y a las bendiciones de la oración, la necesidad de una elevada resolución, del Sagrado Corán y de la cooperación mutua. Luego hizo una exposición detallada de la fe y de sus numerosas fases, basándose en el versículo: “En verdad, Al’lah ha adquirido de los creyentes sus personas y sus bienes” (9:111). Adicionalmente, al comentar la muerte del Mesías Prometidoas, mencionó que la Gaceta de Curzon de Delhi había escrito que la cúpula de los áhmadis había quedado truncada y su líder actual no era capaz de hacer otra cosa que recitar el Corán en una mezquita. Sobre esto comentó: “Que Dios así lo haga posible, y me permita continuar recitándoos el Sagrado Corán.”

Se dirigió de nuevo a la Conferencia el 28 de diciembre por la tarde. El tema elegido fue “el amor a Dios”. Primero definió el amor y luego procedió a hacer una exposición de sus diversas gradaciones. Luego enfatizó que el verdadero objeto del amor es el Ser cuya belleza y beneficencia superan a las de todos los demás. Su belleza es perfecta y Su beneficencia es eterna.

Bajo sus instrucciones Maulwi Muhammad ‘Ali publicó una apelación el 21 de enero de 1909, para solicitar contribuciones a un fondo con el fin proporcionar asistencia a los estudiantes huérfanos y necesitados que la merecieran. La contribución personal de Hazrat Jalifatul Masihra al fondo ascendió al cinco por ciento del total de las contribuciones.

Hablando con un grupo de niños de corta edad el 23 de enero de 1909, enfatizó la importancia de evitar los malos hábitos y ofrecer la Salat con regularidad. Señaló:

“Cuando se plantan semillas de mango en la tierra, brotan en la estación lluviosa y, como sabéis, los niños las sacan y hacen silbatos a partir de ellas. Cinco o seis años más tarde, cuando la semilla plantada ha echado raíces, incluso un hombre fuerte tendría dificultades para arrancarla. Los hábitos y las creencias son también como las plantas y los árboles. Ahora podéis arrancar los malos hábitos fácilmente, pero una vez que han echado raíz puede ser imposible extraerlos. Algunos niños caen en el hábito de decir mentiras. Si no se desprenden pronto de este hábito, les resultará difícil hacerlo más tarde. He observado que algunos de los que habían adquirido este hábito en su niñez no han sido capaces de deshacerse de él ni siquiera en su madurez, aunque ahora son teólogos y eruditos.

La segunda cosa sobre la que quiero aconsejaros es la regularidad en la Salat. Si no sois cuidadosos al respecto ahora, os volveréis negligentes cuando seáis adultos”.83

Casi al mismo tiempo le informaron que alguien había afirmado que las contribuciones de la comunidad no se empleaban para promover sus propósitos declarados, sino que se desviaban hacia el logro de objetivos egoístas. Hazrat Jalifatul Masihra respondió en detalle a las objeciones específicas planteadas por el crítico, y además, le amonestó:

“La mera crítica nunca ha servido de nada a nadie. Hay cristianos que difamaron a todos los Profetas, desde Adánas al Santo Profetasa, la paz sea con todos ellos. Los judíos desde el principio, y los musulmanes durante los últimos trece siglos los han refutado. ¿Acaso ha habido algún cambio en los cristianos? Además, los chiítas han menospreciado a los compañeros del Santo Profetasa, y a los musulmanes que los siguieron, y a los grandes personajes de la fe. Bujari ha relatado que criticaron a Hazrat Usmanra en presencia de Ibn Umarra. Luego, el manto de la crítica cayó sobre los arios. ¿Algún musulmán ha sido capaz de detenerlos? Así pues, no sigáis las huellas de los cristianos, los chiítas y los arios. Ese camino es muy peligroso, áspero y dañino. Enseñamos el Islam, con la capacidad que Al’lah nos ha otorgado, como lo enseñó el Santo Profeta.”84

El Instituto Islámico Ta’limul, de Qadian, fue inaugurado en enero de 1898, y estaba progresando adecuadamente. La escuela y su albergue estaban situados en la ciudad y estaban construidos con estructuras de ladrillos sencillos cocidos al sol. En los comienzos del Jilafat, se había sentido la necesidad de construir edificios espaciosos adecuados para la escuela y el albergue, junto con una mezquita fuera de la ciudad. Se adquirió un área de cincuenta acres y el orden de prioridad establecido fue el de mezquita, albergue y escuela. La mezquita, llamada Masyid Nur, fue construida con fondos conseguidos en gran parte a través de los esfuerzos devotos de Mir Nasir Nawabra. En el primer año del Jilafat se recolectaron diez mil rupias para el albergue, y se instaló un horno para hornear ladrillos. Se necesitaban treinta mil rupias más para la construcción del albergue. En mayo de 1909, bajo la dirección de Hazrat Jalifatul Masihra, se pidió una aportación por esa cantidad a la comunidad, a través de Maulwi Muhammad ‘Ali, y se creó un comité compuesto por Sahibzada Mirza Bashir-ud-Din Mahmud Ahmadra, el Dr. Sayyid Muhammad Husainra, el Dr. Mirza Ya’qub Baigra, Jawaya Kamal-ud-Din, Mutfi Muhammad Sadiqra, Shaij Ya’qub ‘Ali’ Irfani y Maulwi Muhammad ‘Ali para la recaudación de fondos. Hazrat Jalifatul Masihra hizo una contribución personal de seiscientas rupias. A su debido tiempo, también se construyó el edificio de la escuela, gracias a una subvención que el gobierno hizo de veinticinco mil rupias. Algún tiempo después se agregó un hospital a través de los continuos esfuerzos de Mir Nasir Nawab. Fue llamado Hospital Nur. Otro de sus proyectos benéficos fue la construcción de varios barrios para los indigentes. Todo esto recibió el apoyo de Hazrat Jalifatul Masihra con sus oraciones y contribuciones económicas, y su apoyo fue un ejemplo para los demás.

Las oraciones de Hazrat Jalifatul Masihra se cumplían de manera extraordinaria mediante la gracia y la misericordia de Al’lah. Qadi Muhammad Zahur-ud-din Akmal, editor asistente de Badr, publicó un poema en 1909, con un argumento místico, cuyo título era: “No lo sabía”. Una tarde, cuando Hazrat Jalifatul Masihra estaba descansando en su casa, escuchó a su esposa recitar el poema en un tono que lo conmovió profundamente. Se sentó de repente y exclamó: ¡Alabado sea Al’lah, yo siempre lo he sabido! Preguntó de quién era ese poema, y cuando se lo dijo, y también que el poeta había perdido dos hijos, uno tras otro en poco tiempo, cuando eran jóvenes, él le envió inmediatamente una nota:

“He orado fervientemente por ti. Al’lah te compensará misericordiosamente por la pérdida de tus hijos. Nunca mis súplicas a Ti, oh Señor, han quedado infructuosas”.85

Los padres afligidos fueron bendecidos con un hijo en 1910, a quien Hazrat Jalifatul Masihra llamó ‘Abdur Rahman, y otro en 1913, a quien llamó ‘Abdur Rahim. Ambos se convirtieron en graduados universitarios y tuvieron buenas carreras.

Un joven de Lucknow, demasiado franco, libre y descuidado en su conducta, pero completamente sincero y rebosante de compasión y bondad humana, era estudiante de la escuela de medicina de Lahore. Era un áhmadi entusiasta y un gran admirador de Hazrat Jalifatul Masihra a quien visitaba con frecuencia. Siempre estaba en desacuerdo con sus profesores y maestros, y creía que mantenían prejuicios en su contra. En dos ocasiones no logró la calificación en su examen final. En su enojo, dijo en un susurro audible a un amigo, mientras estaba en compañía de Hazrat Jalifatul Masihra, y quizás con la intención de provocarlo: -¡O no hay Dios, o Él no tiene control sobre mis examinadores!- El Jalifatul Masihra le oyó, le miró y exclamó: -¡Oh! ¿En serio?- y continuó con su trabajo. Ese año el estudiante frustrado aprobó su examen. Cuando informó a Hazrat Jalifatul Masih, algo avergonzado, de su éxito, él sonrió y le preguntó: -¿Has presenciado la manifestación del poder de mi Poderoso Señor?-

En una ocasión, Hazrat Jalifatul Masihra comentó: -La salvación se obtiene por la gracia de Dios, y Su gracia es atraída por la conducta justa. Así pues, la fe sola no es suficiente, sino que debe ir acompañada de acciones justas. Los cristianos no dan importancia a esto.- Entonces alguien preguntó: -¿Qué tipo de conducta se necesita para el Jilafat?- Él respondió:

“El Jilafat es una especie de vice-profetazgo, y ambos son regalos de Dios. Me parece, sin embargo, que esta gracia es atraída mediante el servicio a la humanidad, y me he sentido inspirado por este sentimiento desde mi juventud. Siempre he querido servir a todos sin distinción de casta, credo, país o nacionalidad, tanto intelectual como prácticamente”.

Shaij Ya’qub ‘Ali ‘Irfanira escribió en julio de 1909:

“Cuando un visitante llega por primera vez a Qadian desde fuera, naturalmente busca a Hazrat Jalifatul Masihra. Cuando se dirige hacia él, se sorprende al ver a varias personas sentadas en esteras, sin formalidad y sin ninguna distinción de ningún tipo. Entonces encuentra entre ellos a un anciano cortés, imponente, con un rostro resplandeciente; pero su vestimenta, sus movimientos y su modo de conversar no dan ninguna indicación de que este ser radiante adorne el asiento del Jilafat. Atiende a los enfermos e indispuestos, vestidos con sus prendas sin lavar y malolientes, con sencillez y sin formalidad, diagnostica sus problemas y prescribe su tratamiento. También hay quienes hacen todo tipo de preguntas sobre temas religiosos y escuchan las respuestas de sus labios.

Al cabo de un rato el visitante se da cuenta de que él es a quien sus ojos estaban buscando, y se maravilla presenciando este espectáculo práctico del Jilafat.

Nuestro Jalifa, que es nuestro líder, es la sencillez y la solemnidad personificada. Él habla a cada uno de tal manera que la persona a quien se dirige concibe que él es el elegido a la hora de recibir su afecto y atención. Pero no es así. Muestra la misma simpatía y afecto por cada uno. Tanto en el interior como en el exterior es la sencillez personificada; su comida es simple, su vestimenta es simple. Lo que le distingue de sus semejantes es su rostro majestuoso y brillante. Su tiempo lo dedica a servir a sus semejantes y a servir a la fe”.86

Hazrat Jalifatul Masihra dedicó su casa en Bhera para cumplir con los propósitos de una mezquita para la comunidad Ahmadía. Algunos de los vecinos denunciaron este proyecto totalmente benéfico, tachándolo de malintencionado. Entonces dirigió el siguiente mensaje al principal teólogo de entre ellos:

“Hazrat Maulwi Sahibra, este humilde siervo siempre ha aborrecido las malas intenciones desde el fondo de su corazón, de modo que ninguna idea con mala intención encuentra su camino en él. Afirmo por conocimiento personal que la conducta maliciosa era repugnante para mi padre y para mi abuelo. Al’lah, Compasivo y Beneficente, conoce la verdad; ¿Quién más la conoce? Usted no ha estado en mi compañía, ni en compañía de mis hermanos. No eran dados a la mala conducta. Alabado sea Al’lah gracias a quien, por lo que sé, la maldad fue detestada por mi madre, mi abuela y mis hermanas.

Creo sinceramente que: No hay dios aparte de Al’lah; Muhammad es el Mensajero de Al’lah. Realizo la Salat, observo el ayuno, pago el Zakat, he realizado dos veces la peregrinación, he enseñado el Sagrado Corán a miles y los he animado a cumplir sus mandamientos. Alabado sea Al’lah, Señor de los mundos. El número de mis discípulos es de cientos de miles; entre ellos Quraishis, Mughals, Pazans, Shaijs. Yo no instruyo a ninguno de ellos en la maldad. Los miembros de nuestra comunidad evitan el mal; sufren pérdidas pero se mantienen fuera de la maldad. No todos son iguales; pero en comparación con otros, cumplen mejor con los mandamientos relacionados con la Salat, Zakat y ayuno.

Cuando la gente de Bhera empezó a molestarme en la mezquita, comencé a realizar mi Salat en casa, para evitar altercados en la mezquita. Siempre tengo presente: ¿hay alguien más injusto que quien prohíbe que el nombre de Al’lah sea glorificado en los templos de Al’lah (2:115)? Los miembros de nuestra comunidad no entraron en la mezquita con ningún propósito ilegal; pero fueron constantemente atacados, golpeados y acusados falsamente de robo. Continuamos insistiéndoles que permanecieran perseverantes. Cuando la persecución se hizo insoportable, decidimos tener nuestra propia mezquita y anunciamos que para nadie estaría prohibido adorar allí. ¿Llama a esto mala intención? A Al’lah pertenecemos, y a Él retornaremos (2:157).

Estimamos a vuestras hijas como a nuestras propias hijas. Nosotros mismos estamos deseosos de cumplir con los requisitos de salvaguardar la privacidad de las mujeres; usted no necesita preocuparse por esto. Esta mezquita no ha sido diseñada para causar daño ni promover la discordia, sino como un último recurso cuyo propósito es el de protegernos del daño y mantener el orden. Usted ha comprado, sin previo aviso, una casa de la cual éramos dueños conjuntos. ¿No es este un paso en la dirección de generar conflicto, y no dirigido al mantenimiento de la paz y el orden? Reflexione sobre: “No hay dios aparte de Al’lah; Muhammad es el Mensajero de Al’lah”. No hemos diseñado la entrada a la mezquita para contravenir los requisitos de la privacidad.

Díganos, ¿qué debemos hacer? Usted y sus denuncias nos han excluido de la mezquita. Ahora que planeamos convertir nuestra propia casa en una mezquita nos denuncian como malhechores. ¿Acaso es eso el Islam? Reflexione y consulte con un musulmán responsable y hágamelo saber. En cuanto a la hermandad, dejo en sus manos que se pronuncien con justicia sobre ese aspecto. Todo lo que necesito decir es que son reconocidos como Quraishis, y nosotros somos lo que somos.

Maulwi Sahibra, ¿alguien tiraría una gran casa ancestral de tres pisos? Cuando no encontramos otra manera de salvaguardarnos contra el daño, la injuria y la discordia, planificamos este método con el propósito de mantener la paz y el orden. ¿Desea interrumpir a nuestra comunidad y evitar que mencionemos el nombre de Al’lah en este barrio de la ciudad? Y, a pesar de todo, ¡nos llama a nosotros maliciosos! ¿No tiene miedo de Al’lah? Le suplicamos a Él solo como Guardián. “Pero Al’lah es el mejor Protector, y Él es el Más Misericordioso de entre los que muestran misericordia” (12:65). ¿Que más puedo decir? Usted es mayor que yo. Sus hermanos eran más jóvenes que usted; todos ellos han fallecido. Yo a mi vez moriré. Ninguna de estas casas ni estos edificios irán con nosotros.87

A principios de agosto de 1909, Shaij Ya’qub ‘Ali’ Irfanira pidió a Hazrat Jalifatul Masih que le diera un mensaje para una comunidad local que estaba a punto de visitar, y escribió: “Me gustaría pedir a los miembros de la Comunidad Ahmadía que den prioridad a la fe sobre el mundo entero; que, en caso de conflicto entre ambos, no deis valor alguno al mundo. Requiero hombres de elevada determinación como predicadores, que prediquen con sinceridad y con comprensión de las verdades. Requiero a teólogos que sean perspicaces, que confíen completamente en Dios, que crean en la oración, y no se enorgullezcan de su erudición; y que estén preocupados todo el tiempo en descubrir maneras de ganar el agrado de Al’lah. Pero hay pocos. Hago mi súplica solamente a Al’lah.” 88

El 19 de enero de 1910, escribió a los estudiantes áhmadis en la

facultad M.A.O. de ‘Aligarh:

“Queridos, la paz y la misericordia de Al’lah y Sus bendiciones sean con vosotros. Allí donde estáis tenéis exámenes de diplomaturas y licenciaturas, y hay un ambiente similar al de Cambridge y Oxford, mientras que nosotros estamos consagrados al ambiente del valle estéril (donde Abrahamas había establecido a Hagarrh e Ismaelas, 14:38). Haced una resolución para que podáis pasar las dos pruebas y ser incluidos entre aquellos que logran un gran triunfo (33-72)”.89

La Conferencia Anual de 1909 fue pospuesta para la primavera de 1910 y se celebró del 25 al 27 de marzo de 1910. Fue una reunión muy exitosa, y un gran número de personas realizaron el juramento de lealtad, pero Hazrat Jalifatul Masihra no quedó enteramente satisfecho, y expresó su inquietud en su siguiente sermón del viernes, en el curso del cual comentó:

“He venido aquí con gran dificultad. No me siento bien en absoluto. Tengo un agudo dolor de cabeza. Durante este período de indisposición he hecho un profundo estudio de vuestra condición y de la mía. A veces he tenido miedo de perder la vista; y también he pensado en el ojo de Dios que no pierde nada de vista.

En pocas palabras, mis pensamientos han abarcado distintos temas. Tenía en mente recitar: yo doy testimonio de que no hay dios aparte de Al’lah; y sentarme, pero hay una urgencia que me obliga a hablar. Imaginad que este es mi último día, y lo que voy a decir son mis últimas palabras.

Os habéis reunido aquí, y también han habido reuniones en Gurukul, y en el Anyuman Himayat-e-Islam en Lahore, y en la Conferencia Educativa en ‘Aligarh, en las cuales se leyeron unos informes. Aquí también nuestro corresponsal nos ha contado todo lo relacionado con los ingresos y los gastos. Pero he estado pensando ¿por qué nos reunimos aquí? El dinero podría haber sido remitido a través de la oficina de correos, y el informe podría haber sido impreso y enviado por correo. La asistencia fue de tres mil personas. Incluso si sólo vuestros responsables se hubieran reunido conmigo, habría orado por ellos y les habría aconsejado. Pero los que vinieron a verme lo hicieron cuando estaban listos para partir, y vinieron sólo para decir adiós. Tomad nota y tened en cuenta que me disgustan intensamente esas reuniones cuyo propósito principal no es el fomento de los valores espirituales. Como he dicho, el dinero podría haber sido remitido por giro postal, y se podrían haber ahorrado todos los gastos del viaje y el costo de la hospitalidad aquí. Los comerciantes locales, además, tenían sólo en mente sus ganancias mundanas, porque querían que la Conferencia se celebrara en la ciudad para poder impulsar sus ventas. Aquellos que me escuchan deben recordar, y deben transmitir a otros que detesto todas las reuniones que se celebran, y todos los fondos que se recogen para propósitos mundanos. Estoy enfermo de ansiedad sobre este tema. Qué bueno hubiera sido si los secretarios y otros que ostentan cargos en diferentes lugares hubieran pasado algún tiempo conmigo. Les habría instruido en diversos tipos de bien. Estoy molesto con los miembros del Sadr Anyuman también por no haberles enseñado esto a los que habían venido de fuera. No estoy interesado en cuánto se ha recibido y se ha recaudado. Nuestra gran necesidad es Dios. No sé cuánto se ha recaudado, ni me importa. Os exhorto nuevamente a poner a Dios frente a todo lo demás. Todos nuestros esfuerzos deben apuntar a ese propósito. Si descuidamos eso, ¿de qué sirve la escuela secundaria, y sus edificios; debemos buscar el placer de nuestro Maestro. Escribid a vuestros amigos y amonestadles con esa finalidad. Yo seguía esperando incluso a nuestros amigos de Lahore y Amritsar, pero ninguno de ellos apareció con el propósito de aprender nada de mí. Deseo que todos vosotros os volváis justos y virtuosos, y prestéis menos atención al mundo y a sus atavíos”.90

Hazrat Jalifatul Masihra fue convocado en Multan como testigo de la defensa en un juicio penal en el tribunal de Ra’iy Kaishu Das, el 26 de julio de 1910. Dejó Qadian el 24 de julio y paró en Lahore durante un día en su camino hacia Multan. Mientras estaba en Lahore, recibió una carta de un chií que proponía un debate en una fecha posterior entre él y un teólogo chiíta que había llegado de Irán, y sugirió acordar la elección de un árbitro que diera su veredicto sobre el debate. Respondió:

“Estoy siempre dispuesto a buscar la verdad. Por la gracia de Al’lah tengo setenta años de edad y a mi vida no le queda mucho tiempo. Sin embargo, si descubro un camino hacia la verdad, no persistiré en el error, si Al’lah así lo desea. Pero, ¿qué capacidad tendrá el árbitro y cómo se garantizaría su imparcialidad?91

El chií no insistió en el asunto.

El acusado en el juicio penal en Multan era un ex soldado que fue acusado del delito de homicidio culpable, que no equivalía a asesinato. Su defensa alegaba que su salud mental no era buena. Cerca de seis meses antes había ido a Qadian para ser tratado por Hakim Nur-ud-Dinra, y había permanecido allí durante una semana o diez días. Cuando el augusto testigo compareció en la corte, el magistrado le extendió toda la cortesía, y le trató con gran respeto. Se disculpó ante él porque en cumplimiento de los requisitos procesales se había visto obligado a requerir su citación como testigo. No se le pidió que subiera al estrado e hizo su declaración sentado en una silla. La esencia de su declaración fue:

“Identifico al acusado. Vino a mí para tratamiento hace más de seis meses. Estaba acompañado por otra persona. Mi diagnóstico fue que él sufría de manía, que es una forma de locura. Sus síntomas son la depresión, la reticencia a revelar su verdadera condición al médico, la opacidad del blanco de los ojos y la falta de temperamento. Permaneció durante una semana o diez días, pero su estado no mejoró. Le pedí que se quedara más tiempo, pero no lo hizo. Le examiné una vez al día. Sólo me llevó unos pocos minutos. No le insistí en que se quedara en mi compañía.

Soy el primer Sucesor de Hazrat Mirza Sahibas, y soy el Líder de la Comunidad Ahmadía. He practicado la medicina durante unos cuarenta y cinco años. Fui el médico jefe de la realeza en Cachemira. Viví en ese estado durante unos quince años. No oí que el acusado hubiera agredido a nadie. Recuerdo que le escribí una receta. No tengo registro de pacientes. Examino a cada paciente cuidadosamente, nunca casualmente”.92

Los abogados y el Inspector de la Corte también se comportaron con él con la debida cortesía.

Tenía la intención de dejar Multan ese mismo día, pero a petición de la nobleza de la ciudad acordó quedarse otro día más durante el cual se mantuvo ocupado examinando a pacientes, y por la noche pronunció un discurso en el salón del Anyuman Islamiah. Se fue a Lahore esa misma noche y pasó allí tres días. El domingo por la mañana 31 de julio, dio un discurso público sobre el Islam y otras religiones y regresó esa misma tarde a Qadian.

El 22 de octubre de 1910 escribió a un amigo dando testimonio de su creencia:

“Está más allá del poder humano cortar y exponer el corazón de uno. Ante una declaración de juramento de alguien, no hay mayor garantía de verdad que llamar a Al’lah, el Grande, para que sea testigo. Después de mi muerte ni tú ni nadie más estará conmigo. Sólo estaré acompañado por mi fe y mis obras. Todo será juzgado por Al’lah, el Grande, por cuya orden el cielo y la tierra se mantienen.

Creo en la piedad de Hazrat Mirza Sahibas. Él fue el reformador de este siglo. Creo que él fue el siervo más sincero de Muhammadsa, el Mensajero de Al’lah, el Profeta árabe de La Meca, el Jatamun Nabiyyin, y de la ley que él trajo. Hazrat Mirza Sahibas consideraba que él mismo era un devoto servidor del Profeta árabe Muhammadsa bin ‘Abdul Muttalib bin Hasham bin ‘Abd Manaf. La expresión Nabi connota a alguien que predice conforme a lo que Dios le revela. No creemos que un Profeta deba ser un portador de ley.

Hazrat Mirza Sahibas y yo nos adherimos firmemente a la creencia de que cualquiera que rechaza incluso un acento de una vocal del Sagrado Corán, o de la ley de Muhammadsa, el Mensajero de Al’lah, es un incrédulo y es rechazado por Dios. Quien rechaza esta afirmación mía, la niega o la considera insincera es responsable ante Dios”93.

El editor de Badr publicó el siguiente anuncio en Badr a principios de noviembre de 1910:

“Hazrat Jalifatul Masih ha indicado que, puesto que su salud continúa debilitándose, y algunas veces enferma gravemente, y siendo incierta la vida humana, debe anunciarse que cualquiera que considere que tenga alguna reclamación en su contra respecto a dinero que le haya prestado o adelantado, o por cualquier otra causa, o un paciente que considere que no ha recibido el valor de su dinero, debe presentarse y recibir lo que considere que le corresponde. Ha dicho que, por la gracia de Al’lah, es muy fácil para él satisfacer todas esas demandas. Dios le ha provisto de los medios”.94

“Con motivo de la última Conferencia Anual, cuando Hazrat Jalifatul Masihra estaba al sur de la residencia de Nawab Muhammad ‘Ali Janra, alguien le dio algo de dinero. No recuerda quién era, y con qué propósito le dio el dinero. El dinero ha sido apartado, y ni siquiera se ha contado. Los lectores de este anuncio deben mencionarlo a otros también, y se debe hacer un esfuerzo para descubrir quién le dio este dinero y con qué propósito”.95

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