PRÓLOGO DEL AUTOR
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometidoas y Mahdi, fundador del Movimiento Ahmadía, falleció tras una enfermedad que duró varias horas, en Lahore, el 26 de mayo de 1908. Había recibido repetidas advertencias sobre la próxima llegada de su final en las revelaciones divinas que recibió durante un período de varias semanas. Sin embargo, el impacto del acontecimiento, cuando sucedió, fue demoledor para los miembros del Movimiento.

Sus rencorosos oponentes lanzaron un suspiro de alivio, y los más virulentos expresaron un júbilo indecoroso, ya que sentían que había desaparecido una grave amenaza contra algunas de sus creencias y doctrinas queridas, y contra la forma de vida a la que se volvieron adictos. Pensaban que el Movimiento por él fundado pronto pasaría al limbo de la historia, y sería olvidado como una onda intrascendente en la superficie del Islam ortodoxo.

Los musulmanes más prudentes, aunque no respaldaban sus afirmaciones, se vieron privados de un gran defensor del Islam, cuya muerte supuso una pérdida irreparable. Incluso los no musulmanes reconocieron y rindieron homenaje a su alta erudición, a su absoluta sinceridad y a la pureza de su vida virtuosa.

En esa hora fatídica de la historia del Movimiento, del Islam, de la religión y de la humanidad, antes de que sus restos sagrados fueran reverentemente confiados a la tierra en Qadian, el 27 de mayo, su discípulo más importante y devoto, Hazrat Maulwi Nur- ud-Dinra, un eminente teólogo, gran amante del Sagrado Corán, y un destacado y reputado médico, fue aclamado como su sucesor espiritual, y los miembros del Movimiento le juraron lealtad en su capacidad de Jalifatul Masih. En esa capacidad, ordenado por la voluntad divina, estaba destinado a desempeñar el mismo papelque Hazrat Abu Bakrra, el primer Sucesor del Santo Profetasa del Islam, había sido destinado a desempeñar trece siglos antes, en el momento de una crisis mucho más grave en la historia del Islam y de la humanidad. La gracia divina permitió que Hazrat Maulwi Nur-ud-Dinra desempeñara ese papel tan acertadamente, que en el momento de su fallecimiento, en marzo de 1914, el Movimiento, que completó su primer cuarto de siglo en aquel entonces, se hallaba salvaguardado completamente de la devastación y la desintegración. La prueba vino inmediatamente en forma de un desafío a la misma institución del Jilafat, por parte de varios miembros prominentes bien conocidos del Movimiento, que alegaron que tenían el apoyo del noventa y cinco por ciento de sus miembros. Pronto quedaron desengañados. El grueso del Movimiento resistió y afrontó firmemente el desafío, y desde entonces el Movimiento marchó, triunfo tras triunfo, bajo el liderazgo sabio e inspirador de Hazrat Jalifatul Masih II (1914-1965) y Hazrat Jalifatul Masih III. En la actualidad, sus ramas se expanden por todo el mundo y su afiliación, que aumenta diariamente, supera los diez millones. Además, está siendo ampliamente reconocido como el renacimiento divinamente prometido del Islam (9:33).

El rango de Hazrat Maulwi Nur-ud-Din, Jalifatul Masih Ira, ocupa una posición prominente en la historia del Movimiento Ahmadía y del Islam. Sin embargo, poco saben de su vida y de su carácter los miembros del Movimiento y otros buscadores de la verdad que no están familiarizados con el urdu. Este es un humilde esfuerzo para proporcionar un relato conciso de ambos en inglés. De este modo, el autor pretende pagar una pequeña fracción de la gran deuda de gratitud que le debe al augusto, reverenciado, amable y profundamente amado personaje del que ha recibido numerosos favores personales y generosidad.

Para relatar los hechos, el autor ha recurrido casi exclusivamente a Hayati Nur, excepto el Capítulo XVII, que es una biografía detallada de Hazrat Jalifatul Masih, compilada originalmente por el Shaij ‘Abdul Qadir (conocido como Saudagar Mal) que está escrita en urdu. Cada afirmación en esa compilación tan valiosa está avalada por la citación de la fuente en la que se basa. Pero como todas las referencias están también en urdu, no se ha considerado necesario citarlas en este volumen, ya que servirían de poco para el lector común. Un estudiante de investigación las encontrará fácilmente en Hayati Nur.

Todas las referencias, a menos que se especifique lo contrario, son del Sagrado Corán.

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