IV INTERLUDIO HIYAZ
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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En Bombay, Maulwi Nur-ud-Dinra tomó el barco para Yiddah. A bordo, encontró a cinco paisanos peregrinos que pertenecían a su parte del país. Ellos cuidaron de él y le hicieron sentirse cómodo en todos los aspectos. Realizó el viaje terrestre de Yiddah a La Meca en camello. Había oído que siempre se aceptaba la primera súplica que se hacía la primera vez que uno veía la Casa de Al’lah; así que cuando vio la Ka’aba desde una elevación mientras se acercaba a La Meca, suplicó: “Señor, necesito siempre Tu socorro. Te ruego, pues, que siempre que te suplique, Tu misericordia acepte mi súplica.” No estaba seguro si la creencia común sobre la aceptación de todas las súplicas hechas al ver por primera vez la Ka’aba era cierta, pero su experiencia posterior le convenció de que la súplica que hizo en esa ocasión había sido aceptada.

En La Meca estableció su residencia con una persona piadosa, algo avanzada en edad, que era conocido como Majdum, y comenzó a estudiar el Hadiz con tres eruditos excepcionales. Estudió Abu Da’ud con Shaij Muhammad Jazraji, Muslim con Sayyid Husain y Mu’atta con Maulwi Rahmatul’lah. De todos ellos pasó más tiempo con Sayyid Husain, que hablaba poco, y cuyo vocabulario se confinaba a los Hadiz. Maulwi Rahmatul’lah le dijo que conocía a Sayyid Husain desde hacía veinte años, y que no conocía a nadie con quien tuviera una estrecha relación, ni podía adivinar cómo se ganaba la vida. Maulwi Nur-ud-Dinra notó que cuando la gente se acercaba a Sayyid Husain y buscaba su guía, les aconsejaba que adoptaran el hábito de recordar a Dios llamándole Ya Basit (Oh Tú, poseedor de inmensa bondad) o llamándole Ya Ghani (Oh Tú, el Auto Suficiente) o Ya Hamid (Oh Tú, el Alabado) o Ya Mayid (Oh Tú, el Sublime), etc. Tenía en mente preguntarle por la sabiduría que encerraba su consejo, pero no podía aventurarse por respeto a su retraimiento.

Maulwi Rahmatul’lah era un erudito divino que era famoso por su gran habilidad en el debate, particularmente en la refutación de la actual doctrina cristiana. A diferencia de la mayoría de los teólogos, nunca reaccionaba bruscamente ante la oposición. Incluso ante la estupidez más tenaz nunca perdía la paciencia, y seguía sonriendo y siendo cortés.

Shaij Muhammad Jazrayi era muy versado en las seis compilaciones principales del Hadiz. En una ocasión en el curso de su lección de Abu Da’ud, surgió una pequeña discusión entre el maestro y el alumno sobre la cuestión de ¿cuándo debería considerarse que comienza el período de Ai’tikaf (el confinamiento en la mezquita durante los últimos diez días del Ramadán). El Shaij sentía que la pregunta era difícil. Si el Ai’tikaf se iniciaba en la mañana del día veintiuno, existía la posibilidad de que la noche anterior pudiera haber sido Lailatul Qadr. No podía iniciarse en la tarde del 20, ya que el Santo Profetasa prefería comenzarlo por la mañana. Sobre este tema, Maulwi Nur-ud-Dinra observó que no había ninguna dificultad. Ai’tikaf podría ser iniciado en la mañana del vigésimo día. El Shaij observó: “Eso estaría en contra del consenso.” Maulwi Nur-ud-Dinra dijo: “Señor, quisiera llamar la atención sobre las observaciones del Imam Ahmad bin Hambal sobre el tema del consenso. Simplemente significa la opinión de la mayoría de los juristas de cualquier escuela en particular.”

Esto produjo en el Shaij un gran resentimiento, y no dijo una sola palabra durante el resto de la lección. Por la tarde Maulwi Nur-ud- Dinra fue a su lección con Maulwi Rahmatul’lah, quien le preguntó: “Discutiste sobre algo con tu Shaij esta mañana?” “Señor, no puede haber debate entre un alumno y un maestro. Yo no soy más que un estudiante, y el Shaij es un gran teólogo. Sólo había intentado aclarar un pequeño punto.

“Debe haber sido una pregunta importante. El Shaij vino a mí y me dijo: ‘Algunos estudiantes son demasiado atrevidos y crean dificultades.’ Luego me relató toda la historia”.

“Señor, es un punto ritual menor. De comenzar el Ai’tikaf en la mañana del día veinte del Ramadán, en lugar de la mañana del día veintiuno, se reconciliaría cualquier inconsistencia entre los Ahadiz sobre este tema.” “Pero eso sería contrario al consenso.” “Señor, ¿qué consenso podría haber sobre una cuestión tan pequeña?” “Bueno, vamos a posponer la lección hasta mañana, y vamos a mi casa.” Cuando emergieron al patio de la Ka’aba, Maulwi Nur-ud-Dinra señaló a la Ka’aba y preguntó: “Señor, ¿por qué la gente se postra en dirección a la Casa durante la Oración?” “Tal es el mandato del Santo Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él.” “Señor, usted está plenamente familiarizado con las Escrituras Judías y sabe que Jerusalén fue la Qibla según el consenso de todos los Profetas de Bani Isra’il. Entonces, ¿por qué se apartaron del consenso de los Profetas debido al mandato de un Profetasa? Si he diferido en la interpretación de un Hadiz en un punto menor, ¿qué daño he hecho?” “Mi corazón se siente perturbado.” “Pero, ¿qué hay de aquel cuyo corazón no se siente perturbado?” “He intercedido por ti con tu Shaij y le he tranquilizado. Puedes reanudar libremente tu lección con él.” 10

A partir de entonces, Maulwi Nur-ud-Dinra completó su estudio de Nasa’i e Ibni Mayah, además de Abu Da’ud con Shaij Muhammad Jazrayi.

Mientras tanto, Hazrat Shah ‘Abdul Ghani Muyaddadi llegó a la Meca desde Medina. Su llegada fue ampliamente proclamada en la Meca y fue recibida con entusiasmo. Maulwi Nur-ud-Dinra también fue a presentarle sus respetos. Luego se sentó en el patio de la Ka’aba, rodeado de un ejército de admiradores. Maulwi Nur- ud-Dinra, después de saludarle, y sin más preliminares, le preguntó: “Señor, ¿cuándo debe iniciarse el Ai’tikaf?” Él respondió sin vacilar: “En la mañana del vigésimo día.”

Maulwi Nur-ud-Dinra se sintió profundamente satisfecho y muy impresionado con su grandeza y alto estatus. Entonces se aventuró a decir: “Señor, he oído que esto sería contrario al consenso.” Shah Sahib respondió en un tono extraño: “La ignorancia es una aflicción muy pesada.” Y nombró a varios juristas de las escuelas de Hanafi, Maliki, Shafi’i y Hambali que eran de la misma opinión. 11

Esa vasta erudición y pensamiento liberal ganó la admiración y la devoción de Maulwi Nur-ud-Dinra y, al apartarse, escribió una nota pidiendo permiso a Shah Sahib para acompañarle a Medina para estudiar con él. Al leer la nota, Shah Sahib indicó que debía ir a Medina después de completar su curso de estudios en la Meca.

Maulwi Nur-ud-Dinra relató todo esto a Maulwi Rahmatul’lah y dijo: “En esto consiste el verdadero aprendizaje. Nuestro Shaij era tímido, pero Shah Sahib anunció su opinión en el patio de la Ka’aba en presencia de miles de personas y nadie se opuso.” El comentario de Maulwi Rahmatul’lah fue: “Shah Sahib es un gran teólogo.”

En una ocasión la madre de uno de los profesores de Maulwi Nur-ud-Dinra enfermó y su enfermedad se prolongó. Varios médicos trataron de curarle, pero nada parecía ayudarle. El maestro le pidió a Maulwi Nur-ud-Dinra que fuera a consultar a algún médico que él pudiera conocer. Sin revelar que él mismo era médico, preparó un medicamento que la curó en dos o tres días. El profesor nunca descubrió la identidad del médico.

Cuando estaba listo para irse a Medina, Maulwi Nur-ud-Dinra confió una gran suma de dinero y una parte de su equipaje a un compañero de clase de Bhera que vivía en la Meca, y le dijo que empleara el dinero en su negocio, y que a su regreso de Medina recuperaría el equipaje y el dinero, dejándole el beneficio que pudiera obtener del dinero. En Medina se presentó ante Hazrat Shah ‘Abdul Ghani quien le asignó un cuarto para su residencia. Después de unos días se ofreció para jurar lealtad a Shah Sahib como su preceptor espiritual. Shah Sahib estuvo de acuerdo, siempre y cuando se quedara con él por un período mínimo de seis meses. Le dio instrucciones para que se concentrara en el versículo del Sagrado Corán: “Estamos más cerca del hombre que su vena yugular” (50:17), a lo cual, poco después, añadió el versículo: “Él está contigo dondequiera que estés “(57: 5). Como resultado de tal concentración, fue frecuentemente honrado con visiones del Santo Profetasa en sus sueños, y se dio cuenta de las consecuencias de su laxitud espiritual en ciertos aspectos. Sacó todo el beneficio que pudo del tiempo que pasó junto con Shah Sahib, que era muy circunspecto, un hombre de pocas palabras, muy distante, y de gran erudición. Él le dio clases en Bujari, Tirmidhi, Mathnawi de Maulana Rum y Qashiría. Era muy cortés. En una ocasión Maulwi Nur-ud-Dinra le preguntó cómo evaluaba las cuatro escuelas de Jurisprudencia sunita. Su respuesta fue: “La más conocida es la escuela de Abu Hanifah, la más extensa es la escuela de Malik, la más firme es la escuela de Shafi’i y la más completa es la escuela de Ahmad bin Hambal.”

Todo el Sagrado Corán se recitaba diariamente en su casa, y algunos de sus discípulos repetían: “No hay Dios sino Al’lah” diecinueve mil veces al día. Uno de ellos se quejó a Shah Sahib: “Nur-ud-Din no es diligente en los ejercicios espirituales. Además, recita el Fatihah en momentos de la oración en los cuales el Imam lo recita en voz alta. También aprueba que se alcen las manos en ciertos momentos durante el curso de la oración.- A esto Shah Sahib replicó: -Bueno, entonces, tomen un cuchillo y corten las referencias de Bujari respecto a la recitación de Fatihah cuando el Imam lo recita en voz alta, y a poder alzar las manos en ciertos puntos durante la oración. También, muéstrenle alguna autoridad que avale la repetición de: ‘No hay Dios excepto Al’lah’ diecinueve mil veces al día, y estoy seguro de que lo cumplirá.- Esto silenció a los críticos.

Un Maulwi de nombre Nabi Bajsh Chishti de Yampur vivía en el cuarto junto al de Maulwi Nur-ud-Dinra. El propósito de su residencia en Medina era su deseo de ver al Santo Profetasa en estado de vigilia. Se aferró a la idea de que no era permisible ofrecer un Raka’at en la oración de Witar. Maulwi Nur-ud-Dinra le convenció de lo contrario. Poco después Maulwi Nur-ud-Dinra vio en un sueño al Santo Profetasa, quien le dijo: “Se te ordena comer en mi casa, pero estoy muy preocupado por Nabi Bajsh”. Maulwi Sahib permaneció a la espera de Nabi Bajsh durante un largo período, pero este no acudió a su cuarto. Cuando le encontró al fin, le preguntó si se encontraba en alguna dificultad y le ofreció algo de dinero. Confesó que había pasado un tiempo de grandes penurias, pero acababa de encontrar algo de trabajo y ganaba una pequeña cantidad que le había dado alivio, de modo que ya no lo necesitaba.

Un residente turco de Medina, que poseía una gran biblioteca, desarrolló un gran cariño por Maulwi Nur-ud-Dinra y quedó tan impresionado por su amor al Sagrado Corán que se ofreció a prestarle cualquier libro que deseara leer. Le pidió un libro que pudiera iluminarle sobre la cuestión de la supuesta abrogación de cierto número de versículos del Sagrado Corán. Le trajo un libro en el que se afirmaba que hasta seiscientos versículos habían sido abolidos. Esto le dejó perplejo. Su amigo entonces le trajo Itqan, de donde concluyó que solamente diecinueve versículos habían sido revocados. Estaba muy complacido y pensó en estudiar el libro de Shah Wal’lul’lah Fauzul Kabir, que había comprado en Bombay, pero aún no había leído. Se llenó de alegría cuando descubrió que según Shah Wal’lul’lah sólo cinco versículos habían sido abrogados. Esto le convenció de que toda la cuestión de la abrogación era un asunto de reflexión y comprensión. Más tarde fue capaz de resolver todo el problema y estaba completamente satisfecho de que no se había derogado ni un solo versículo del Sagrado Corán.

En Medina se sintió apesadumbrado al descubrir la falta de integridad y de honestidad entre los funcionarios públicos. Un amigo suyo había planeado la construcción de una cómoda posada de viajeros para el confort de los visitantes de Medina, y gastó una gran suma de dinero en ese proyecto. El Qadi le pidió un préstamo de cien libras. Buscó el consejo de Shah ‘Abdul Ghani, quien le dijo que el préstamo no le sería devuelto. Se negó a entregar el dinero. Al día siguiente recibió una notificación del departamento del Qadi en la que se hacía constar que la posada obstruiría una vía pública, lo que supondría la contravención a una directiva del Santo Profetasa y que, por lo tanto, el trabajo de la posada debía ser suspendido. Esto alteró sus planes, y buscó el consejo de un amigo que le sugirió que fuera a Yiddah y buscara la ayuda del cónsul británico. Luego escribió al Qadi, quien al recibir la carta del cónsul emitió otra notificación en el sentido de que, como las investigaciones habían establecido que la vía ya no se usaba, no había ningun problema de obstrucción, ¡y se permitía la construcción de la posada! En una ocasión alguien vino a Shah Sahib y se quejó de que había emigrado a Medina, pero las condiciones en Medina eran deplorables. Shah Sahib se enfadó mucho y comentó: “Yo también he emigrado aquí. Si tu migración fue inspirada por el anhelo de lograr la cercanía del Santo Profetasa, podrás conseguirla aquí. Pero si has venido buscando la compañía de Abu Bakrra, ‘Umarra, ‘Usmanra y’ Alira, no los encontrarás aquí. Es mejor que vayas a buscarlos a otra parte.

Maulwi Nur-ud-Dinra en una ocasión se perdió la oración del mediodía y se sintió profundamente angustiado de haber sido culpable de un pecado mayor que no sería perdonado. Entró en la mezquita con una gran perturbación por la Puerta de la Misericordia, sobre la cual estaba escrito el versículo: “Oh, mis siervos que habéis cometido excesos contra vosotros mismos, no desesperéis de la misericordia de Al’lah, Al’lah perdona todos los pecados; Él es Indulgente, Misericordioso” (39:54). Incluso esta seguridad divina no pudo consolar su alma. Comenzó a realizar su oración en un lugar entre el púlpito y la habitación del Santo Profetasa. Mientras se inclinaba recordó que el Santo Profetasa había descrito el espacio entre el púlpito y su habitación como parte de los Jardines del Paraíso. Él estaba, por tanto, en el Paraíso y se le otorgaría todo lo por lo cual suplicara. Entonces suplicó por el perdón de su falta.

Durante su viaje de la Meca a la Medina había notado que, a menudo, había discusiones entre los camelleros beduinos y sus clientes indios, lo que provocaba molestias a ambos. Reflexionó sobre los dos factores que contribuían principalmente a esta situación: en priimer lugar, la falta de vías adecuadas de comunicación. Los peregrinos de la India rara vez tenían conocimiento del árabe, y los beduinos no conocían el hindú.

En segundo lugar, la costumbre árabe de que todo el mundo es bienvenido a una comida. Debido a ello, a menudo sucede que la comida que proporciona un pasajero a su conductor del camello es compartida por varios, con el resultado de que nadie come hasta saciarse, y todos pasan hambre y se vuelven irritables.

El primer factor no era aplicable en el caso de Maulwi Nur-ud- Dinra. Para salvaguardarse contra el segundo, tomó la precaución de aprovisionarse de abundantes dátiles antes de salir de Medina, en su viaje de regreso, y cada noche, sobre la mitad del viaje, le daba dos puñados de dátiles a su conductor del camello, lo que lo mantenía bien alimentado y de buen humor, de modo que le servía con devoción, estudiando su comodidad y anticipándose a sus necesidades.

Al acercarse a la Meca recordó que en un hadiz se mencionaba que el Santo Profetasa había entrado en la Meca a través de Kada’, pero se percató que los camellos y los burros cargados no podían proceder de esa manera. Desmontó de su camello a una cierta distancia de Dhi Tawa y entró en la Meca a través de Kada’. Se dio cuenta de que sólo unos pocos hacían eso.

En la Meca, cada vez que deseaba realizar ‘Umra, se colocaba el Ihram (la vestimenta del peregrino) en su residencia. Al darse cuenta, su anfitrión, el venerable Majdum, le sugirió que debía ir a Tan’im y ponerse el Ihram allí. Le contestó que no era necesario alejarse 9 o 10 kilómetros fuera de la ciudad, cuando había una autoridad fidedigna en el Hadiz que decía que los habitantes de la Meca podían ponerse el Ihram en la Meca. Majdum se disgustó y dijo: -actúas en contra de la práctica de los ciudadanos y te estás oponiendo a ellos.- Señaló que no quería oponerse a los ciudadanos; sólo a los conductores de burros cuyos clientes disminuían por este motivo. Esto hizo dibujar una sonrisa en Majdum, y se mantuvo la paz. Habiendo realizado la peregrinación, fue a su compañero de clase de Bhera, y le pidió de vuelta su equipaje y su dinero. Lo intentó disuadir una o dos veces, pero al final, debido a su insistencia, el hombre le condujo a una casa grande, cuya puerta estaba cerrada con llave, y le dijo: -He depositado tu equipaje y dinero con el dueño de esta casa. No sé a dónde ha ido.- Mientras hablaban, un árabe llegó y preguntó: -¿Qué es lo que pasa?- Maulwi Nur-ud-Dinra dijo: -Mi equipaje está con el dueño de esta casa, y es extraño que una casa tan grande esté cerrada.- El árabe preguntó:

-¿Por qué está aquí este indio?- -Él es el que ha dejado mi equipaje aquí.- Al oír esto, el árabe se enfureció y exclamó: -Este hombre es un mentiroso y un tramposo. Ha malgastado tu dinero y tu equipaje. El propietario de esta casa es un ciudadano muy respetado. Él y los miembros de su familia han ido a Yiddah para ver a sus amigos y no volverán hasta que todos los peregrinos se hayan ido a sus hogares.-

El árabe habló cortés y cariñosamente a Maulwi Nur-ud-Dinra, pero insultó abiertamente a su compañero de clase, que permaneció en silencio y bajó la cabeza con verguenza. El árabe respondió:

-así es en la Meca. Estos indios nos han dado un mal nombre, y no hacen nada para mejorar sus costumbres. Señor, este tipo ha dado todo tu dinero y tu equipaje a una mujer bengalí. Estas personas se dedican a ese tipo de asuntos. No recuperarás ninguna de tus pertenencias.-

Más tarde, cuando el maestro de Maulwi Nur-ud-Dinra, del cual ambos habían sido condiscípulos, estaba a punto de salir en peregrinación, fue advertido de que cuidara de todo él mismo y no depositara su confianza en nadie. Al regresar de la peregrinación expresó su gratitud a Maulwi Sahib por su consejo que lo había salvaguardado de los estragos de su ex alumno.

Majdum Sahib era de edad avanzada. Su esposa era mucho más joven y era muy hermosa. Un día Maulwi Nur-ud-Dinra le dijo:

-Quisiera hacerle dos preguntas. La primera es: ¿Eres plenamente consciente de tu gran belleza?- -Si, lo soy. Soy consciente de que en toda la Meca soy la única mujer que no usa ningún maquillaje.-

-Mi segunda pregunta es: he observado que trabajas muy duro para que Majdum Sahib esté cómodo. Es muy viejo y tu eres muy joven. Tu completa devoción a él me sorprende.- -Si no fuera viejo, no trabajaría tan duro. Al haber hecho Dios que sea mi esposo, es mi deber comportarme de la manera más apacible hacia él y ofrecerle cualquier comodidad.-

Maulwi Nur-ud-Dinra estaba convencido de que la joven había alcanzado el clímax de la virtud y la beneficencia. Le preguntó a Majdum Sahib: -¿Estás completamente satisfecho con tu esposa?- Él respondió: -Puedo dar fe de su veracidad. Ella es muy consciente de mis necesidades, y justifica plenamente su nombre: Saddiqa (la justa).-12

Maulwi Nur-ud-Dinra llegó a Bombay con una gran cantidad de libros. Registró para enviar a Lahore las cajas que los contenían, y el flete se pagaría al recibir la entrega. Se detuvo en Delhi, donde le dijeron que su maestro de medicina también estaba allí. Fue a presentarle sus respetos y él le preguntó: -¿Qué has traído del Hiyaz?- Mencionó algunos de los libros que había recopilado. Su maestro dijo: -Traspásamelos.- -Señor, estaré encantado de hacerlo. Se han despachado a Lahore. Al llegar a Lahore se los enviaré.-

-Quiero ver Lahore. Vamos juntos hoy mismo.-

Le acompañó con entusiasmo a Lahore y le mostró todo. Hablaron de los libros, y el gentil maestro recibió la entrega de las cajas, y pagó el flete de la carga desde Bombay. Cuando le traspasó las cajas a su ex-alumno, explicó: -Lo he hecho así, para que yo también pueda contribuir a proveerte de libros.-13

De hecho, Maulwi Nur-ud-Dinra no tenía en ese momento dinero

para pagar el flete. Cuando se despidió de su maestro, un hindú de Bhera que poseía un cierto número de unidades de transporte por carretera, se ofreció a transportar todo su equipaje a Bhera, diciendole que lo recogiera a su llegada a Bhera.

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