INTRODUCCIÓN
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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El tema que voy a discutir en este libro es de gran importancia, ya que está íntimamente relacionado con las creencias de tres grandes religiones, el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.

Los judíos creen que al clavar a Jesús en la Cruz y al condenarlo a lo que universalmente aceptan como una muerte “maldita”, demostraron sin lugar a dudas que era un falso profeta.

Los cristianos se muestran de acuerdo con los judíos en el hecho de que Jesús ciertamente murió de muerte “maldita”, pero afirman que esto sucedió para salvar a la humanidad. En la Carta a los Gálatas, 3:13, San Pablo dice: “Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición para nosotros, pues dice la Escritura: maldito todo el que está colgado de un madero”.

Hace referencia a Deuteronomio 21, 23: “Un colgado es una maldición de Dios”. Sostienen también que la muerte de Jesús en la Cruz seguida por su resurrección, es la base esencial del cristianismo. En su tercera Epístola a los Corintios, San Pablo dice: “Y si no resucitó Jesús, vacía es nuestra predicación y vacía es también nuestra fe”. (15, 14). Contrariamente a esta creencia común, Dios declaró en el Santo Corán que Jesús fue uno de Sus Mensajeros, enviado a las ovejas perdidas de la Casa de Israel, a quien Dios, por Su misericordia, salvó de la muerte maldita ideada por sus oponentes; y le hizo morir de muerte natural como a otros profetas divinos.

Si pudiéramos, pues, demostrar que Jesús no murió en la Cruz, sino que fue bajado de ella en un estado inconsciente, y que vivió después para completar su misión, llegando al final a morir de

muerte natural, demostraremos también que tanto los judíos como los cristianos están equivocados en una parte esencial de sus creencias. No es exagerado afirmar que el cristianismo actual, fundado en la muerte maldita de Jesús, se derrumbará de inmediato. Al tomar los Evangelios como prueba de la verdad de nuestra afirmación de que Jesús no murió en la Cruz, debemos tener presente los siguientes puntos:

  1. Los Concilios de Nicea y Laodicea, escribe Thomas Paine1, se celebraron unos 350 años después de la época en la que se dice que vivió Cristo; y los libros que actualmente componen el Nuevo Testamento fueron votados entonces con votos a favor y en contra como actualmente hacemos con cualquier Muchos de los que fueron presentados recibieron una mayoría de votos negativos y fueron rechazados. De esta manera empezó a existir el Nuevo Testamento: “De cualquier manera, decidieron por votación cuál de los libros de la colección que habían presentado debían ser considerados como Palabra de Dios y cuales no. Rechazaron varios; votaron otros como dudosos, como los llamados libros apócrifos, y los libros que obtuvieron mayoría de votos fueron aceptados como Palabra de Dios. Si hubieran votado de otro modo, todos los pueblos que desde entonces se llaman cristianos habrían creído de otro modo, ya que la creencia de unos procede de las votaciones de los otros”.
  2. Por lo tanto, ni son la Palabra de Dios ni los Evangelistas han hecho nunca afirmación alguna en este
  3. Fueron escritos muchos años después de la crucifixión, “cuando debió ser muy difícil para los escritores efectuar una transcripción exacta, recoger datos fiables y fidedignos del surtido de vagas impresiones que se habían formado en La Era de la Razón sus mentes durante la rápida sucesión de acontecimientos que culminaron en el clímax del Calvario”.
  1. En los cuatro Evangelios existen numerosas contradicciones e incoherencias que son prueba positiva de que su contenido es de carácter dudoso, y que puede ser correcto o
  2. La investigación moderna ha demostrado que el autor del cuarto Evangelio no fue Juan, el discípulo de Jesús, y el versículo 24 del último capítulo de ese Evangelio revela igualmente este hecho. De igual modo, el texto hebreo original del Evangelio de Mateo se perdió, y el autor de la traducción actual fue una persona Los otros dos (Marcos y Lucas) no fueron Apóstoles de Jesús.
  3. Es indudable que una obra histórica recibe a menudo notables influencias de las ideas personales y la mentalidad del historiador. Los diversos datos históricos mencionados en los cuatro Evangelios, como la generación, crucifixión y resurrección, deben ser examinados de la misma manera que examinamos otras obras históricas, exigiendo pruebas Cuando se investigan acontecimientos del pasado hay que cribar cuidadosamente las pruebas, a fin de separar lo fiable de lo inseguro, y aceptar lo que parece razonable y aceptable para la inteligencia a la luz de otros casos similares.
  4. Finalmente, al examinar el caso concreto de la crucifixión y resurrección de Jesús, debemos tener presente que los Evangelios fueron escritos cuando, por una u otra razón, la mayoría de las sectas, aunque no todas, que se denominaban cristianas, creían ya en la muerte de Jesús en la Cruz. Por tanto, si encontramos acontecimientos mencionados en los Evangelios que no apoyan esta creencia es porque estos acontecimientos eran tan conocidos que no podían omitirse fácilmente de un registro de

A la vista de la importancia del tema, ruego encarecidamente al lector que considere el contenido de este libro cuidadosamente y sin prejuicios, a fin de llegar a una conclusión correcta. Ahora que se va a publicar la sexta edición del libro, me gustaría añadir lo siguiente a la introducción anterior:

En agosto de 1939, justamente antes de estallar la II Guerra Mundial, imprimí un folleto en cantidad de cien mil ejemplares con el título “La Tumba de Jesucristo en la India”. Se habían distribuido apenas 4.000 de ellos en Londres y en sus suburbios cuando, debido al cambio en las circunstancias, aplacé intencionadamente su distribución hasta que terminara la guerra. Una vez finalizada y cuando el mundo civilizado tuvo de nuevo la posibilidad de respirar libremente, aparecieron en Londres seis misioneros musulmanes de Qadian, India. Naturalmente, se hospedaron conmigo en la Mezquita Fazal, 63 Melrose Road, Londres S.W.18. Con la ayuda de estos misioneros tracé un plan para la distribución de dicho folleto. También se enviaron por correo ejemplares a diversos países de Europa y América. Además de la distribución del folleto, conseguí publicar el libro titulado ¿Dónde Murió Jesús? El folleto y el libro causaron una gran conmoción en Londres, especialmente entre las autoridades eclesiásticas, quienes tomaron seriamente nota del nuevo libro y del folleto. Muchos de los periódicos de Londres publicaron extensas notas sobre el tema. El Wimbledon Borough News publicó un artículo de 300 palabras sobre el descubrimiento de la tumba de Jesús. En este artículo, el director escribe:

“El Imam Shams ha presentado también brevemente los hechos en un folleto distribuido con cien mil ejemplares en un área extensa, incluido Wimbledon”: (W. B. News, 22 de febrero de 1946).

Este artículo provocó diversos comentarios de los lectores. El director publicó la correspondencia que siguió a su artículo en los números del 1, 8 y 29 de marzo de 1946 bajo los títulos: “¿Por qué no abrir la tumba?”, “Lecciones de la Cruz”, “Dónde murió Jesús”, “La tumba de Jesús”, etc.

Un correspònsal, el Sr. M. J. dijo:

“La creencia de que Jesucristo no murió en la Cruz, manifestada en su periódico la semana pasada por el Imam Shams, musulmán, es compartida incluso por algunos cristianos”.

  1. D. Turner escribió:

“Si de hecho no hubo muerte ni resurrección, como se narra en el nuevo Testamento, me parece que desaparecerá toda la cimentación del cristianismo organizado, y en tal caso, ¿en que se apoyaría la Iglesia?”. (Ejemplar del 13 de marzo de 1946).

Y mi respuesta a la pregunta “¿Por qué no abrir la tumba?” fue que, dado que los habitantes de Cachemira consideraban a la tumba como la de un Profeta, nunca permitirían que se abriera mientras no hubiese una fuerte demanda y presión por parte del “mundo cristiano”. No obstante, he discutido el tema con detalle en mi libro ¿Dónde Murió Jesús? y he demostrado con pruebas históricas auténticas que la tumba en cuestión no es otra que la tumba de Jesús, el profeta.

El Reverendo J. Stafford Wright, M. A., Tutor Jefe del Oak Hill College, en un artículo con el título “La invasión musulmana de Inglaterra” publicado en la revista semanal The Life of Faith, Londres, de fecha 15 de mayo de 1946, escribió sobre el folleto y el libro:

“Hace algunas semanas, un alumno me entregó un folleto escrito por un indio. No se trataba de un folleto cristiano, sino musulmán. En los periódicos habían aparecido ya fotografías de un grupo de misioneros musulmanes que habían llegado para convertir a los ingleses. Aquí estaba la prueba de sus actividades. Desde entonces,

se habían distribuido muchos más de estos folletos. El folleto afirma que el Mesías Prometido había aparecido en la persona de Hazrat Ahmad (1835-1908). Incluía también una fotografía de la denominada “tumba de Jesús” en la ciudad de Sirinagar, en Cachemira. Un breve mensaje hablaba de pruebas de que Jesús no murió en la Cruz, sino que viajó a la India y murió allí.

Una carta enviada a la Mezquita de Londres produjo un libro más  completo  titulado  “¿Dónde   murió   Jesús?”.  Este  libro tiene 128 páginas y ha sido escrito y publicado por el Imam de la Mezquita, Maulvi J. D. Shams. El sector del Islam responsable de la propaganda es el Movimiento Ahmadía, sobre el cual apareció un artículo hace algunos meses en “The Life of Faith”, escrito por el Rev. A. R. Pittway, un misionero de Kenia que conoció allí a uno de sus propagandistas. Se trata de un movimiento misionero, y aunque algunos musulmanes lo consideran poco ortodoxo, está suficientemente cerca del mahometanismo tradicional como para considerarse plenamente representativo de la fe mahometana.

El libro es un ataque cuidadosamente documentado contra el cristianismo, y presenta finalmente la idea de que Jesús viajó a la India y murió allí. Naturalmente, hay tres puntos clave del cristianismo que son atacados: la muerte de Cristo, la resurrección y la ascensión, todos los cuales se muestra que son falsos, puesto que la teoría es que Jesús solo perdió el conocimiento en la Cruz, lo recuperó en la tumba, salió y se reunió con sus discípulos, y más tarde se dirigió a la India, donde murió al final. Constituye una verdadera vergüenza para nosotros, los cristianos, que nuestro país esté experimentando actualmente una invasión musulmana de este tipo, pero siendo la tolerancia británica tal como es, es muy posible que parte de esta propaganda se extienda. En ese caso, conviene estar preparados contra ella”.

El Psychic News, de Londres, del 20 de abril de 1946, publicó una fotografía de la tumba de Jesús en Sirinagar, Cachemira, con la descripción “Aquí, en la calle Janyar, Sirinagar, Cachemira, existe una tumba que los musulmanes consideran que es la de Jesús. Invitan a una investigación”.

La revista publicó también una declaración sobre las pruebas de los áhmadis en cuanto a la muerte de Jesús. El artículo comenzaba con las palabras:

“Hemos publicado esta fotografía y su interpretación creyendo que será de interés para muchos espiritualistas que tal vez desconozcan la afirmación de que Jesús no murió en el Calvario, como ha predicado la Iglesia durante 2.000 años. Se trata también de un asunto de interés histórico en el que no tomamos posición”.

Los lectores pueden analizar la afirmación siguiente por sí mismos: “Tras presentar un breve resumen de los argumentos de mi libro ¿Dónde murió Jesús?, el periódico terminaba su artículo con las palabras:

“He aquí una buena oportunidad para los arqueólogos”.

En el Pychic News del 11 de mayo de 1946, su director escribió:

“Nuestra reciente publicación de la presunta tumba de Jesús en Sirinagar, Cachemira, ha generado un número bastante elevado de cartas de nuestros lectores, algunos de los cuales aceptan la afirmación de la secta musulmana y otros se oponen a ella. He aquí una selección”.

A continuación, presento la opinión de dos de ellos: El Sr. George Rulf, de Heaton, New Castle-on-Tyne, quien en una extensa carta afirma:

“Me interesó mucho su artículo sobre la afirmación de una secta musulmana de que el Maestro, Jesús, no murió en la Cruz, sino que

viajó a través de Persia y Afganistán hasta Cachemira y murió al final en Sirinagar donde fue enterrado su cuerpo. Esto concuerda prácticamente con la explicación del trance, dada hace muchos años por un guía espiritual muy conocido. Pero, en mi opinión, ha llegado el momento de que las personas dejen de aceptar como verdaderos los cuentos de hadas teológicos que no tienen base real. Aquel guía decía que nunca esperó que le dirigiésemos esa pregunta, pero dado que lo hicimos… y nos prometió decir siempre la verdad, nos contó, pues, la historia verdadera, aunque temía que sería imposible de digerir para la mayoría de las personas con actitudes ortodoxas.

Empezó diciendo que el nombre de Jesús era en aquellos días tan común como nuestro apellido Smith. Mi propio comentario es: El Maestro Jesús no era conocido en su época por el nombre de Jesús sino por el de su nombre correcto, Yoshua. Solo mucho más tarde, cuando se recopilaron las narraciones de los Evangelios, los recopiladores decidieron cambiar el nombre por el griego “Yayzous” (escrito en nuestra escritura: Jesús) puesto que había existido ya un profeta Yoshua ( Josué) y, en su opinión, si llamaban al Maestro “Yoshua II” podría causarse confusión. En esto, creo yo, tuvieron razón”.

El Guía dijo que la historia de la pasión fue una composición en cuanto al juicio y la muerte de cuatro personas diferentes, un general rebelde, un ladrón y alguna otra persona (cito de memoria ya que no dispongo aquí de mis anotaciones) y el Maestro viajero.

Sucedió que todos tenían el nombre de Yoshua. Esto dio lugar a una confusión en los cronistas posteriores que mezclaron los juicios y muertes de aquellas personas y extrajeron una sola historia de todos ellos. En realidad, el Maestro Jesús vivió hasta edad muy madura y viajó hasta otros países. Pero, dijo el Guía, esto no representa en

absoluto menoscabo alguno de la grandeza del maravilloso maestro a quien elogió con considerable afecto y respeto.

Mis propias observaciones finales son que la historia del “Salvador de la Cruz” es una pura invención de los escritores eclesiásticos de los siglos V al VII; y los pueblos de aquella época se indignaban cuando se les pedía que llevaran crucifijos con el cuerpo del maestro en ellos y rechazaban enérgicamente esta idea. Pero el clero insistió, ya que todo el montaje, es decir, crear temor, piedad y asombro reverente, se adaptaba a su finalidad. El mundo ha quedado desde entonces cargado con ese culmen de tristeza de la ortodoxia llamado “Viernes Santo”, y la historia de un Salvador que, a través de su muerte, se supone que cargó sobre sus hombros los pecados de todos los cristianos creyentes, mientras que todos los demás no se salvarían, sino que irían directamente al infierno.

Dª N. E. Clark, de Heathcroft, N. W. 11, escribió:

“En relación con el artículo sobre la tumba de Jesús, “El Manual de la India, Burma y Ceilán” de Murray, cita la inscripción: I.S.A. ( Jesús) en una mezquita de Fatepur. Todas las inscripciones pueden encontrarse en el “Miftahul Tawarij” de John Ellis, impreso en Agra. En el libro “Hafed, el Príncipe de Persia”, se afirma que Jesús viajó a la India”.

Free Thinkers

 Transcribo a continuación algunos extractos de un artículo publicado en el conocido periódico de Londres Free Thinkers del domingo 2 de junio de 1946 bajo el título “Prueba Cristiana en Situación Precaria”.

El tema principal es el discurso presidencial del Obispo de Londres en la Asamblea Anual de la Sociedad de las Pruebas Cristianas celebrada en Caxton Hall.

La audiencia era de unas cincuenta personas, la mayoría de edad avanzada, siendo la proporción de mujeres de uno a cinco. Esto constituye una prueba clara del hecho de que la fe cristiana está perdiendo rápidamente su arraigo, y los hombres son los primeros en apartarse de su yugo.

Nos hemos habituado a pensar que estamos en posesión de la verdad. Ahora tenemos que comprender que no somos las únicas personas que estamos intentando propagar una fe religiosa. No tenemos simplemente ataques a la fe religiosa como tal, sino a una religión rival.

¿Puede parecer esto amenazador cuando las fuerzas del Islam se están preparando para invadir nuestros santuarios? ¿Puede haber un formidable renacimiento del budismo? No, toda esta solemne advertencia ha sido provocada por el hecho de que el Obispo había visto a algunos orientales distribuyendo en una estación del metro un folleto donde aparecía una imagen de un templo indio, debajo del cual se afirmaba que estaba el cuerpo de Jesucristo. El Obispo añadió pintorescamente: “El supuesto de que si la tumba se abriera se encontrarían los restos, no es totalmente científico”. Era, dijo, otra religión la que había emprendido una forma intensiva de propaganda.

Después de asistir a la reunión, conseguí el folleto (libro) al que se hacía referencia. Su título es ¿Dónde murió Jesús? El autor es J.

  1. Shams y está publicado por la Mezquita de Wimbledon. Es notablemente interesante para los que no rechazan la historicidad de Jesús. La opinión que se defiende es que Jesús no murió en

la Cruz, sino que abandonó Palestina después de intentarse su crucifixión. Esta fue la opinión adoptada por Thomas Henry Huxley, y propuesta de forma ficticia por George Mure en “The Buk Kerith”.

Folleto Final

 En mayo de 1946 publiqué el siguiente folleto en una cuantía de varios millares. Fue enviado por correo a las autoridades eclesiásticas y distribuido en varios millares en todo Londres.

“Un reto a la iglesia” Jesús murió de muerte natural.

Encontrada su tumba en la India.

 Recientemente se ha distribuido en Londres otro folleto en número de cien mil ejemplares. El núcleo del folleto es que Jesús no murió en la Cruz, sino que escapó a la muerte, y fue a la India donde murió de muerte natural. Su tumba en la India ha sido descubierta por el profeta Ahmad de Qadian, Punjab, India, en cuya persona se ha cumplido la profecía sobre el segundo advenimiento de Jesús.

Algunos periódicos han publicado una amplia información al respecto, seguida de una correspondencia entusiasta, mientras que otros han reproducido también la fotografía de la tumba. Además, he recibido muchas cartas cuyos remitentes han mostrado un gran interés, y han pedido más información. A estas personas se les ha enviado mi libro ¿Dónde murió Jesús? En este libro he expuesto la cuestión con detalle, y he demostrado, de manera realmente convincente para todo lector sin prejuicios, que Jesús no murió en la Cruz, sino que murió de muerte natural,

como los demás profetas de Dios. Muchos de los lectores han dado crédito a este hecho y han pedido más información. Uno escribió: “Esta afirmación parece bastante factible”. Otro escribe: “Como cristiano ortodoxo y buscador de la verdad, su sugerencia me atrae ya que apoya una creencia personal mía…”.

Mi libro ha resultado interesante y convincente para muchos lectores. Por ejemplo, uno de ellos, que pedía otros folletos, escribe: “Es muy convincente y creo que es verdadero. Me gustaría ser seguidor del Islam”.

Pero otros, especialmente los católicos romanos, en lugar de pedir más información, han escrito:

El descubrimiento es una vergüenza y un fraude…Es un ataque malicioso a la Biblia, la palabra inspirada de Dios…Jesucristo está vivo… Él vive para salvarnos.

Un católico romano escribió:

“Han sido ustedes increíblemente engañados por un fanático iluso o por un charlatán, igual que aquellos, se lo aseguro, que hemos producido en este país (con nuestra marca particular)”.

Algunos de los clérigos se mostraron tan rudos y ultrajantes que intentaron arrebatar y romper los folletos de las manos de los distribuidores, mientras que otros, después de aceptarlos, los rompieron en trozos. A este último grupo me gustaría decirles que su actitud es poco constructiva, y no les beneficia en absoluto. El mismo Jesucristo fue atacado de la peor manera por sus enemigos, los escribas y fariseos.

No deberíamos ser antagonistas en materia de religión. Nosotros, los musulmanes, creemos que Jesucristo fue un profeta de Dios, y que, como los demás grandes profetas, sufrió en manos de sus enemigos, que fracasaron en su objetivo de hacerle morir una muerte maldita. La Resurrección, Ascensión y la afirmación

de que está vivo en el cielo para salvar a la humanidad son ideas falsas. Muhammadsaw2 fue un verdadero profeta de Dios al que se le reveló una ley perfecta. Todos los puntos positivos que se encuentran en las demás escrituras se hallan compiladas en las enseñanzas islámicas.

Si cualquier obispo, clérigo u otra autoridad eclesiástica piensa de otro modo, le invito a presentarse y rebatir los argumentos de mi libro ¿Dónde murió Jesús? Yo siempre estaré dispuesto a demostrar mi afirmación, y a discutirla en público si cualquier institución imparcial e interesada organiza la reunión. Este es mi reto a la Iglesia.

Por último, quisiera expresar mi admiración ante el ciudadano medio, que carece de prejuicios y examina todo a la luz de la razón y la sabiduría, y no camina a ciegas. Ellos son los que, al final, disfrutarán de la paz y tranquilidad de la mente.

Por último, quisiera citar aquí las palabras finales de la crítica de mi libro del Profesor Qazi M. Aslam, Jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Karachi:

“Maulana Shams ha escrito un libro importante e interesante, que será un hito en la historia de los esfuerzos en nombre del Islam, que los áhmadis están defendiendo con tanto éxito en occidente”. (The Sunrise, 3 de agosto de 1946)

La esperanza expresada en esta crítica se está convirtiendo en una realidad mediante la gracia de Dios, ya que nuestros misioneros están extendiendo esta idea por todos los lugares de Occidente. En 1959 se ha publicado la versión holandesa de este libro, por N. W. Kluwer Deventer, y en 1958 la versión en malayo. Actualmente se está realizando la traducción francesa, que aparecerá en breve.

  • a.w: abreviatura árabe de “la paz y bendiciones de Dios sean con él”

Oremos a Dios Todopoderoso que rescate a nuestros hermanos cristianos de la adoración de un hombre que fue enviado para propagar la adoración al único Dios.

  1. D. Shams, 1965
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