CAPITULO 7 ¿ASCENDIÓ JESÚS A LOS CIELOS?
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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CAPITULO 7 ¿ASCENDIÓ JESÚS A LOS CIELOS?

Por las cuatro narraciones de los autores de los Evangelios, es evidente que Jesús salió del sepulcro con su cuerpo físico. Cuando los discípulos lo tomaron por un espíritu, les dijo: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo; tocadme y ved; pues un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. Entonces les preguntó: “¿Tenéis algo de comer?” y le dieron un trozo de pescado cocido y un poco de miel. Y él lo tomó y comió ante ellos64. Solo se reunió con sus discípulos en secreto o fuera de los lugares de paso, por temor a ser arrestado de nuevo. No se mostró a otros, tal como dice Pedro: “Dios lo manifestó abiertamente, no a todas las personas sino a testigos escogidos ante Dios, incluso a nosotros, que ni comimos ni bebimos con él

después de que resucitó de entre los muertos65”.

De haber resucitado de entre los muertos o de haber sido convertido o transformado su cuerpo en un organismo astral, no habría tenido miedo a ser arrestado, ni a la muerte. Se habría mostrado a sus enemigos y proclamado en público su escapatoria, su victoria sobre la muerte. Además, habría mostrado su amor a sus enemigos predicándoles para que creyeran en él. Pero tomó precauciones respecto a su seguridad, porque mantenía su cuerpo mortal y temía ser capturado de nuevo y condenado a muerte.

Diversos autores, en su comentario del versículo 39, capítulo 24 de Lucas, escriben:

“Una de las principales herejías de la iglesia primitiva fue la que enseñaba, en contradicción directa con este y otros pasajes, que Cristo era solo una aparición, un fantasma, y que no tenía cuerpo real, y por tanto no sentía verdaderos sufrimientos. Este cuerpo resucitado del Señor era el mismo con el que ahora se encuentra sentado a la diestra de Dios”.66

Preguntó a sus discípulos si tenían algo de comer y comió ante ellos; anduvo toda la distancia de Jerusalén a Galilea a pie, no por la carretera principal, sino por caminos recónditos a fin de evitar la persecución, lo cual no necesitaba hacer si hubiera sido algo más que un ser terrenal.

La aparición repentina

 “Jesús llegó cuando las puertas estaban cerradas, en donde los discípulos estaban reunidos por temor a los judíos, y se puso de pie en medio de ellos”67 .

Esta afirmación tampoco nos dice que resucitara con un cuerpo astral. Los diversos autores, en sus comentarios al versículo 39, capítulo 24, de Lucas, comentan: “No sabemos cómo un cuerpo de carne y hueso, pudo entrar en una habitación con las puertas cerradas”.

En mi opinión, el pasaje no muestra que la aparición de Jesús fuese extraordinaria, o un milagro, o que no tuviese su cuerpo mortal. Al mostrar sus manos y su costado a los discípulos68, les confirmaba que estaba en un molde terrenal, y ellos se alegraron de verlo. Este pasaje solo revela el hecho de que Jesús acudió a sus discípulos cuando estaban reunidos “por temor a los judíos” probablemente en una casa de campo oscura, escondida, recóndita. Lo más probable es que Jesús entrara en aquel lugar al mismo tiempo que ellos. Tampoco es increíble que su anfitrión (ya que ellos no eran de Jerusalén) o unos amigos esenios de Jesús lo llevaran al lugar desde una puerta secreta, ya que el lugar tenía muchas puertas. Lucas, al narrar este acontecimiento, ha omitido mencionar las puertas, lo que demuestra claramente que no es una parte importante del suceso. En caso contrario, su suposición de que vieron un espíritu estaría totalmente fundada; pero el mismo Jesús lo negó y demostró su falsedad mostrándoles las manos y el costado, y a través de la clara afirmación de que era el mismo Jesús, con su cuerpo de carne y hueso.

Había escrito ya esta narración anterior de la aparición repentina de Jesús en una habitación cerrada, cuando encontré el libro de Docker, If Jesus did not Die upon the Cross? en el que da una explicación similar de esta aparición repentina. Escribe (páginas 14-16):

Algunos han supuesto que este cuerpo, después de la crucifixión, fue dotado de un poder sobrenatural, como el poder de pasar a través de puertas cerradas … pero no existe en realidad base alguna para esta suposición. Los tres primeros evangelistas dispusieron cuidadosamente los detalles que debían ofrecer de la aparición, a fin de excluir la idea de que lo que vio el observador era un espíritu y no un cuerpo natural; e incluso San Juan no afirma explícitamente que

Jesús pasara a través de una puerta cerrada. Tomando las palabras que usa en sentido literal, es una explicación razonable afirmar que Jesús debió haber permanecido oculto en Jerusalén hasta su regreso a Galilea. Se afirma expresamente que no apareció en público. Evidentemente, si las autoridades hubieran sabido que estaba vivo lo habrían detenido y ejecutado, por lo que San Juan escribe que las puertas estaban cerradas “por temor a los judíos”. Las puertas así cerradas serían las exteriores. El lugar más adecuado para esa ocultación sería la casa de sus amigos, donde él y sus discípulos estaban acostumbrados a reunirse, donde podían proporcionarle alimento y cuidarle las heridas. El hecho de que las puertas exteriores estuviesen cerradas no le impediría venir desde otra parte de la casa a la habitación en la que los discípulos estaban reunidos. Podría incluso haber estado en la habitación antes de que llegaran ellos, oculto, hasta que se hizo visible y apareció en medio de ellos. Por la historia de San Lucas del viaje a Emaús se ha supuesto que el Jesús resucitado tenía el poder de hacerse invisible. El “desapareció de su vista” cuando salió de la casa. El Dr. Arthur Wright llega incluso más allá al afirmar que estaba “en un momento en Emaús y al siguiente en Jerusalén. En un instante está en el mundo de los sentidos y en otro en el mundo del espíritu” (afirmación de Cristo, etc. “The Interpreter”, julio de 1916, p. 385), olvidando al parecer que, según la narración de San Lucas, los dos discípulos salieron de Emaús después de que él muriera y llegaron a la habitación de Jerusalén antes que él. Es difícil creer que San Lucas quisiera decir algo más que, simplemente, se fue con rapidez (teniendo que volver a Jerusalén) cuando se recuerda que la historia va seguida de inmediato por pruebas dadas por Jesús de que su cuerpo seguía siendo de carne y hueso y no el de un espíritu.

Si es cierto que invitó a Tomás a poner sus dedos en la huella de los clavos; si es cierto que dijo a sus discípulos que dudaban: “Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo, tocadme y ved; pues un espíritu no tiene carne y hueso como veis que yo tengo”69; si es cierto que comió en presencia de los discípulos; si es cierto que se disfrazó de hortelano después de salir del sepulcro; si es cierto que anduvo a pie la distancia que hay desde Jerusalén a Galilea; si es cierto que tomó todas las precauciones posibles para evitar ser arrestado, la consecuencia, tan clara como que el día sigue a la noche, es que la afirmación de que apareció repentinamente en habitaciones cuyas puertas estaban cerradas no es verdadera en el sentido literal, y su cuerpo no era un cuerpo astral sino un cuerpo hecho de carne y hueso. Esto demuestra igualmente que la afirmación de los evangelistas de que unos cuarenta días después de los trágicos acontecimientos de la crucifixión fue ascendido al cielo en una nube es un mito (si se toma literalmente) ya que, una vez demostrado que tenía un cuerpo físico y mortal, es una locura decir que una nube de vapor se lo llevó a los cielos. Ninguna nube tiene el poder de elevar a un cuerpo físico. Ningún mortal puede subir al cielo. Si hubiese asumido un cuerpo astral, ¿adónde se fue su cuerpo físico? No lo dejó en el sepulcro, y hemos visto que durante los días restantes de su estancia en su país nativo se movió con un cuerpo de carne y hueso. Decir que ascendió al cielo con su cuerpo mortal, como hemos citado antes en el comentario de diversos autores, es absolutamente contrario a las afirmaciones de Jesús, ya que él dijo: “Ningún hombre ha subido al cielo excepto aquél que bajó del cielo”70. Es evidente que él no bajó del cielo con su cuerpo de carne y hueso, por lo que no pudo ascender al cielo con el mismo. Decir que él, con su cuerpo de carne y hueso, está sentado a la derecha de Dios, una noción puramente pagana, es tan ridículo que no necesita siquiera ser refutado.

Los pasajes en los que se basa la teoría de la ascensión son poco fiables. Mateo no dice nada sobre la ascensión; se limita a afirmar que después del salir del sepulcro, Jesús se dirigió a Galilea y se reunió con sus discípulos en una montaña que les había señalado71.

Marcos comenta que Jesús envió un mensaje a sus discípulos diciéndoles que se reunieran con él en Galilea, y después, sin relación alguna con lo que había mencionado antes, y sin dar detalles en cuanto al lugar, hace esta afirmación:

“Con esto, el Señor, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”72.

Esta última frase, “y se sentó a la derecha de Dios” hace que toda la afirmación pierda verosimilitud, ya que es inconcebible que el escritor fuese también al cielo y viera a Jesús sentado a la derecha de Dios. La verdad en relación con los doce últimos versículos de Marcos es que “fueron añadidos (a la narración original) aún más tarde, probablemente a comienzos del siglo segundo, tal vez para ocupar el lugar de un final que se había perdido o que fue considerado defectuoso”73. La narración de Marcos, por tanto, no puede tomarse como base para este dogma.

San Lucas escribe lo siguiente:

“Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo”.

Por tanto, según San Lucas, se separó de sus compañeros, lo que está muy lejos de querer decir que ellos lo vieron subir al cielo.

También leemos en los Hechos de los Apóstoles:

Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos”.

Ahora bien, ocultarse a sus ojos no significa subir al cielo. Es muy posible que se dirigiera a lo más alto de la montaña, y al estar su cima oscurecida por nubes o niebla, quedara oculto ante ellos, para, a continuación, desde la cima de la montaña, continuar bajando por el otro lado, abandonar el país y dirigirse a alguna otra región en la que estuviera a salvo de la enemistad y maquinaciones de los judíos.

Juan confirma esto diciendo que Jesús se reunió por última vez con sus discípulos en el mar de Tiberiades, y dijo a Pedro: “Apacienta mis ovejas” y también dijo: “Sígueme”, y Pedro vio al discípulo a quien Jesús amaba seguirlo.

No hay duda de que estas últimas líneas de Juan indican claramente que Jesús no subió al cielo, sino que emigró a otro país.

Es, pues, evidente que las narraciones tanto de Mateo como de Juan apoyan fuertemente esta teoría, al mismo tiempo que ninguno de ellos dice nada en cuanto la ascensión.

La narración de Marcos sobre la ascensión es una adición a la exposición original por parte de alguna persona desconocida. Lucas, que alude de manera vaga a su subida a los cielos, no estaba presente con los discípulos cuando Jesús se separó de ellos y se despidió. Como prueba adicional de su incompetencia como autoridades en este tema, comprobamos que están en desacuerdo en ciertos puntos importantes. Dos lo hacen subir al cielo desde Betania y desde el Monte de los Olivos, y un tercero desde Jerusalén, sin indicar el lugar; y Mateo dice que se dirigió a Galilea y se reunió con sus discípulos, y Juan, que se despidió de sus discípulos en Tiberiades. Weigal escribe:

“La ascensión no se menciona en los primeros escritos cristianos, esto es, las Epístolas, ni al parecer aparecía en el primer Evangelio, el de San Marcos, ya que las palabras “fue elevado al cielo” son más bien vagas y se incluyen en los doce últimos versículos del libro que ahora reconocen prácticamente todos los especialistas en la Sagrada Escritura como una adición muy posterior”.

Además, dice:

“Esta ascensión al cielo era el final habitual de las leyendas míticas de las vidas de los dioses paganos, como ocurrió con la legendaria vida de Elías. Se creyó que el dios Adonis, cuyo culto floreció en los mismos países en los que creció el cristianismo, había subido al cielo en presencia de sus seguidores después de su resurrección, y lo mismo ocurrió con Dionisos, Heracles, Jacinto, Krishna, Mithra y otras deidades que subieron al cielo”.77

La conclusión a la que llegamos es que es erróneo basar la teoría de la ascensión sobre una base tan insegura.

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