CAPÍTULO 11 JESÚS MARCHA A LA INDIA
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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CAPÍTULO 11 JESÚS MARCHA A LA INDIA

 ¿Adónde fue Jesús?

 Yaquí surge la pregunta: “Si Jesús no murió en la Cruz ni subió al cielo ¿adónde fue?”.

Quienes no saben nada sobre el lugar al que se dirigió después de dar a sus discípulos la última despedida, dirían que debió marcharse y morir en algún lugar. Su caso es como el de una persona que es obligada a despedirse de sus paisanos, se va a un lugar desconocido, y no vuelve nunca a verlos. Por consiguiente, es dado por muerto después de transcurrido el tiempo normal de una vida. El Profesor Heinrich Eberhard Gottlob Paulus (1761- 1851), por ejemplo, que creía que Jesús no murió en la Cruz, escribe:

“El lugar en que Jesús murió realmente, ellos (los discípulos) nunca lo supieron, por lo que describen su despedida como una ascensión”187.

De igual manera, Ernest Brougham Docker, Juez del Tribunal del Distrito de Sidney, dice:

“Si Jesús no murió en la Cruz ¿cómo, dónde y cuándo abandonó esta etapa terrenal? Debemos admitir que no tenemos prueba que nos permita contestar. Por mi parte, me complace creer que, siendo

hombre, pasó por la misma puerta, “el estrecho y terrible paso de la muerte por el que han de pasar todos los demás seres humanos”. Es posible que Jesús nunca abandonara su refugio galileo, sino que sufriera una muerte lenta a causa de sus heridas en un campamento solitario junto al lago Tiberíades, o en alguna cumbre de una montaña solitaria, o en algún valle oculto, y que “ningún hombre supiera de su sepulcro hasta hoy”188.

Quienes, a la luz de los hechos y de la razón, niegan la muerte de Jesús en la Cruz y su subida al cielo, creen en su muerte natural, pero no pueden decir dónde y cuándo.

En los tiempos modernos, cuando las personas más ilustradas de Europa, debido a su incapacidad para encontrar el lugar de su enterramiento, empezaron a considerar toda la historia de su vida como un mito, hubo una voz, que se levantó desde el corazón de la India, en los últimos años del pasado siglo, en Qadian, un pueblo entonces desconocido, pero actualmente centro floreciente del resurgimiento islámico, que proclamó que Jesús, que había sido adorado erróneamente como Dios durante siglos, y cuya morada se consideraba que estaba en el tercer cielo189, estaba en realidad enterrado en la calle Jan Yar de Sirinagar en Cachemira. Esta voz, apoyada en argumentos coherentes y sólidos, convenció a centenares de millares de personas sensatas de que el ocupante de la tumba era Jesús, el hijo de María, el profeta de las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Este descubrimiento, de acuerdo con la voluntad de Dios, está destinado a crear una revolución en la cristiandad, y hacer que centenares de millones de personas abandonen la adoración de un ser humano, y otros dogmas tomados del paganismo. El descubridor de la tumba de Jesús es el profeta de nuestra era, cuya aparición fue predicha por los profetas de varias naciones; y en su persona se ha cumplido la profecía referente al segundo advenimiento de Jesús.

Muhammadsaw, según el Santo Corán y la profecía de Moisés en Deuteronomio 18:18, era semejante a Moisés; y Ahmadas, el profeta de nuestra época, es semejante a Jesús, la paz sea con él, ya que fue el objeto de la profecía de su segundo advenimiento.

El sepulcro de Moisés

 En Deuteronomio 34:6 leemos que “ningún hombre conoció el sepulcro de Moisés hasta el día de hoy”. Además, su final, como el de Jesús, permanece rodeado por la leyenda.

“Habiéndose despedido del pueblo, fue a abrazar a Eleazar y Josué en el Monte Nebo, cuando una nube repentinamente se puso sobre él y desapareció, aunque él escribió en la escritura que murió, lo que se hizo por temor a que el pueblo dijera que, debido a su virtud extraordinaria, se había convertido en Dios. (Ant. IV:8 y 48). Más tarde, se popularizó la creencia de que Moisés no murió, sino que “fue llevado al cielo como Elías”190.

El lugar de su entierro permaneció desconocido durante casi dos mil años hasta que apareció “su semejante”, es decir, el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y lo descubrió. Dijo que “cuando se acercaba la muerte de Moisés, él pidió a Dios que le permitiera acercarse a un tiro de piedra de la Tierra Santa Prometida, y muriera allí”. Abu Huraira, el narrador, dice que el Santo Profetasaw191 añadió: “Si yo hubiera estado allí, te habría mostrado su sepulcro, situado cerca del borde del camino, al pie de un altozano de color bermejo”192. Esta tumba concreta es conocida en Palestina por los musulmanes como Qabr Nabi Musa, es decir, la tumba de Moisés el profeta”.193

De la misma manera, la tumba de Jesús permaneció desconocida para el mundo durante aproximadamente el mismo período de dos mil años, y solo fue descubierta por Ahmad, el Mesías Prometido, el semejante a Jesús, y es actualmente reconocida por centenares de miles de personas como Qabr Nabi Isa, es decir, la tumba de Jesús, el profeta. Así es como actúa el Señor, y resulta maravilloso a nuestros ojos. Hazrat Ahmad, el profeta de esta época, ha expuesto esta cuestión con detalle en su libro Masih Hindustan Mein ( Jesús en la India), pero teniendo en consideración el volumen de este librito, solo mencionaré algunos puntos en relación con este descubrimiento.

Las tribus perdidas de Israel

 Las doce tribus continuaron unidas bajo un dirigente, formando un solo Estado y un pueblo, hasta después de la muerte de Salomón; entonces diez tribus de Israel se rebelaron contra la Casa de Israel, tomaron por rey suyo a Jeroboam, mientras que solo las tribus de Judá y Benjamín continuaron bajo el mando de Rehoboam (1 Reyes 12:16-20). Esta separación podría considerarse como la causa principal de las calamidades que se abatieron después sobre los dos reinos, y sobre toda la nación hebrea. Tilgath- Piseler se llevó primero como cautivas a las tribus de Rubén, Gad, Neftalí y a la mitad de la tribu de Manasés, que estaban más allá

  • La tumba de Moisés”, escribe el Phillip, “está situada entre el Mar Muerto y el Mar de Saba. Está señalada como la Mezquita de Nabi Musa y es un lugar importante para los peregrinos musulmanes en la época de la Pascua. Vi a una procesión numerosa y pintoresca que pasaba a través de la Puerta de San Esteban en Jerusalén hasta el valle de Cedrón y la tumba del profeta Musa”. Through Bible Lands, página 303, nota a pié de página del Dr. Phillip Schaab, Londres, James Nisbet & Co., Nueva Edición, septiembre de 1988.

del Éufrates (II Reyes 15:29; I Crónicas 5:26). Algunos años después, Salmanasar, rey de Asiria, se apoderó de la ciudad de Samaria, la destruyó y se llevó al resto de los habitantes de Israel, colocándolos más allá del Éufrates, y envió a otros habitantes al país a cultivarlo y tomar posesión de él (II Reyes 17:6 y 24, y 18, 10, 11). Esto puso fin al reino de las Diez Tribus de Israel. La mayor parte de los padres e intérpretes son de la opinión de que estas diez tribus exiliadas nunca volvieron a su propio país. Otros, por el contrario, piensan que nunca volvieron, aunque al mismo tiempo reconocen que su regreso no está apoyado claramente por la historia, ya que no fue completo, sino que un gran número de israelitas permanecieron más allá del Éufrates”.194

Alfred Edersheim escribe:

“En general, es de suma importancia recordar, respecto a la dispersión a Oriente, que solo una minoría de los judíos, formada por un total de unos 50.000, volvieron originalmente de Babilonia, primero bajo Zerubabel y después bajo Ezra (537 a. C. y 458/9 a.C.). Y su inferioridad tampoco se limitó a sus miembros. Los judíos más ricos e influyentes se quedaron donde estaban. Según Josefo (Ant. 1, 5,) con el que Filo está esencialmente de acuerdo, grandes números, calculados en millones, habitaron las provincias transeufráticas… Una tradición posterior afirma que la población judía en el imperio persa era tan numerosa, que Ciro prohibió que siguieran volviendo los exiliados, para que el país no se despoblara. Un cuerpo tan grande y compacto se convirtió muy pronto en un poder político. “La “Dispersión” Babilónica había extendido ya su influencia en todas las direcciones… y hacia oriente había llegado hasta la India”. “Y sin embargo la gran masa de las diez tribus, tanto en los días de Cristo como en nuestra propia época, estaba perdida para la nación hebrea”.195

En el cuarto libro de Esdras (13:39-45) se declara que las diez tribus fueron llevadas por Hosia, rey de la época de Salmanasar, al Éufrates, en los pasos estrechos del río, en donde continuaron de viaje durante un año y medio, hasta un lugar llamado Arzareth”196. Nabucodonosor destruyó Jerusalén (586 a. C.), demolió e incendió el Templo, y se llevó como prisioneros a Babilonia a los más ilustres y ricos de sus habitantes. Los israelitas, que habían estado en el exilio 134 años antes que los habitantes de Judá nunca volvieron. Lo que les sucedió ha sido siempre, y supongo que seguirá siendo, objeto de la más vaga especulación”.197

Los israelitas en la India

 Las citas anteriores dejan claro que las diez tribus se perdieron y se dispersaron por diversos países. Dado que el tema que me ocupa solo se refiere a la India, veamos, pues, si podemos encontrar algún vestigio de estas tribus perdidas en las regiones de la India.

La investigación moderna ha demostrado que los afganos, los habitantes de Cachemira y los Beni Israel de Bombay, son descendientes de Israel.

En la Enciclopedia Judía, en el capítulo Tribus, leemos:

“Abraham Farissol identifica el río Ganges con el río Gozan y supone que los Beni Israel de la India son los descendientes de las Diez Tribus Perdidas. Un viajero cristiano, Vicente de Milán, que

estuvo prisionero en manos de los turcos durante veinticinco años, y que llegó hasta Fez, y de allí a la India, encontró el río Sambation y a un grupo de judíos vestidos de seda y púrpura. Eran gobernados por siete reyes y, al pedírseles que pagaran tributo al Sultán Salim, dijeron que no pagaron nunca tributo alguno a sultanes ni a reyes”.

Según sus tradiciones originales, los afganos se identifican también con las Diez Tribus Perdidas. Declaran que Nabucodonosor los deportó a las montañas de Ghor, donde mantuvieron correspondencia con los judíos de Arabia y posteriormente se hicieron musulmanes (Malcom, History of Persia, 11, 596, Londres, 1815). Los afganos siguen llamándose “Beni-Israel” y se reconoce que tienen un aspecto marcadamente judío. Su reivindicación de su origen israelita es aceptada por la mayoría de los escritores musulmanes. G. Mur, en su libro Lost Tribes, pp. 143-160, Londres, 1886, identificó también a los afganos con las Diez Tribus:

Sir Henry Yule, K.C.S.I., declara:

“Los cronistas afganos llaman a su pueblo Beni Israel (la denominación árabe de “Hijos de Israel”) y reivindican su descendencia del rey Saúl (a quien llaman por corrupción mahometana Talut) a través de un hijo que le atribuyen, llamado Jeremías, que tuvo también un hijo llamado Afghanna. La numerosa descendencia de Afghanna fue deportada por Nabucodonosor y se dirigió a las montañas de Ghor y Feroza, al este y al norte de Hirat”.

James B. Frazer, en su libro Historical and Descriptive Account of Persia and Afghanistán, p. 298 (Nueva York, 1843) escribe:

“Según sus propias tradiciones (afganas), se creen descendientes de los judíos; y en una historia de los afganos (de Neamat-ul-lah, traducida por la Sociedad de Traducción), escrita en el siglo XVI

y traducida posteriormente del persa, afirman proceder de Afghan, hijo de Eremías, hijo de Saúl, rey de Israel, cuya posterioridad fue deportada en la época de la cautividad, y establecida por el conquistador en las montañas de Ghor, Kabul, Chandar y Ghazni. Conservaron la pureza de su religión hasta que abrazaron el Islam”.

En Civil and Military Gazette (23 de noviembre de 1898) se publicó un artículo sobre este tema en el que el autor afirma: “Ellos, los afganos, remontan su origen a las tribus israelitas”. Después de mencionar que sus nombres son israelitas y mantienen la fiesta de la Pascua, el autor dice: “Por tanto, el primer afgano tal vez fuese un israelita, absorbido en las antiguas tribus de Rallput, y esta me ha parecido siempre la solución más probable al problema de su origen”. Continúa diciendo que A.K. Johnston ha citado la siguiente tradición: “Cuando Nadir Shah llegó a Peshawar, los jefes de las tribus de Yusufzai le presentaron una Biblia escrita en hebreo, y varios artículos que habían sido utilizados en su antiguo culto y que habían conservado; aquellos artículos fueron reconocidos inmediatamente por los judíos que seguían al campamento”.

  1. W. Bellews escribe:

“Las tradiciones de este pueblo (afgano) citan a Siria como el país de su residencia en el momento en que fueron llevados cautivos por Bujtanasar (Nabucodonosor) y establecidos como colonos en diferentes partes de Persia y Media. Desde estos lugares, en algún período posterior, emigraron hacia oriente hasta el país montañoso de Ghor, donde fueron llamados por los pueblos vecinos “Bani Afgan” y “Bani Israel”, esto es, hijos de Afgan e hijos de Israel. Para corroborar esto, tenemos el testimonio del profeta Esdras, en el sentido de que las diez tribus de Israel que fueron llevadas en cautividad, escaparon posteriormente y se refugiaron en el país de Arzareth, que se supone es idéntico al país de Hazarath de la

actualidad y del que forma parte Ghor. En Tabagati Nasiri se afirma igualmente que, en la época de la dinastía primigenia de Shansabi había un pueblo llamado Beni Israel que vivía en aquel país, y que algunos de ellos estaban dedicados, sobre todo, al comercio con las regiones circundantes”.198199

El Dr. Alfred Edersheim escribe:

“Las investigaciones modernas han señalado a los Nestorianos, y más tarde, con pruebas casi igual de convincentes, (en la medida de lo posible) a los afganos, como descendientes de las tribus perdidas”.200

El Coronel Sir Thomas H. Holdich, escribe sobre Afganistán en la Enciclopedia Británica, undécima edición, y dice:

“Las mujeres tienen los rasgos elegantes de la raza judía (encontrándose estos últimos rasgos también en los hombres)201”.

“El Sr. Manouchi era veneciano, y fue médico jefe del Emperador Orangzeb [sic] durante unos cuarenta años. Dado que tenía acceso a los registros históricos del imperio mogol, y se le permitió traducir al portugués lo que deseaba, la autenticidad de su medio de información es indudable”. El Rev. James Hough, citando de sus memorias la descripción de los habitantes de Cachemira, escribe en su libro The History of Christianity in India (Londres, 1839):

“En la obra a partir de la cual está compuesto principalmente este capítulo (el cuarto), el autor ha hecho una observación sobre el aspecto y las circunstancias de algunos de los habitantes de Cachemira, que serán especialmente interesantes para las personas que, en diferentes períodos, han mostrado su interés por descubrir a las diez tribus de Israel perdidas desde hace tanto tiempo”. Hemos visto que menciona a un judío en el tribunal de Akbar, y continúa diciendo: “Existe una tradición antigua de que los judíos que fueron llevados cautivos por Shalmaneser se establecieron en Cachemira, y que las personas de aquella región son descendientes de dichos judíos. Aunque no encontremos en Cachemira reminiscencias de la religión judía, ya que las gentes de la región son gentiles o mahometanos, es cierto que hay diversos vestigios de una raza procedente de los israelitas. El aire del rostro y el aspecto de los actuales habitantes tienen algo que es peculiar de los judíos, que los distingue de todos los demás pueblos. Moisés es un nombre muy común allí, y algunos monumentos antiguos, que aún quedan por ver, demuestran que son un pueblo procedente de Israel”.202 203

En la nota al pie de la página 291 el Rev. Hough declara:

  • Hough, History of Christianity in India, 2, pp. 281, 288, 2. Cartou, General History of the Mogul Empire, extraído de Memoirs of M. Manouchi, pp. 195-196.
  • Antes de relatar la tradición antigua, M. Marouchi describe a los habitantes de Cachemira con estas palabras: “El mismo pueblo que habita ese maravilloso país no tiene nada del afeminamiento y holgazanería de los indios. Son fuertes y laboriosos, hábiles en la labor de sus campos, y muy valientes en la guerra”.

“El Sr. Forster quedó tan admirado por el aspecto general, garbo y maneras de los habitantes de Cachemira que pensó, sin conocer previamente nada sobre el hecho, que de repente había sido trasladado a una nación de judíos”. (Ver Viajes de Forster)

El Dr. A. Keith Johnston, en su Dictionary of Geography escribe:

“Los nativos (de Cachemira) son de talla alta y robusta, con características muy salientes; las mujeres bien formadas y elegantes, con nariz aquilina y rasgos similares a los de los judíos”.204

El Dr. François Bernier, en sus Travels in the Mogul Empire, 1656-1668 d.C. (traducido por Archibald Constable) escribe:

Al entrar en el reino (Cachemira) después de cruzar la cordillera de Pire-Penjale, los habitantes de los pueblos fronterizos me maravillaron por su semejanza con los judíos. Su porte y maneras, y esa indescriptible peculiaridad que permite a un viajero distinguir a los habitantes de diferentes naciones, parecían todos pertenecientes a esa antigua raza. No se debe achacar lo que digo a mera fantasía, ya que el aspecto judío de estos campesinos ya fue observado por nuestro Padre Jesuita y por algunos otros europeos mucho antes de que yo visitara Cachemira”.

Después de citar algunos puntos en apoyo de su opinión, dice:

“Verá, pues, que no estoy dispuesto a negar que los judíos hayan podido establecer su residencia en Cachemira… La pureza de su ley, después de tantos siglos, tal vez se haya corrompido, e incluso hayan degenerado en la idolatría, siendo inducidos, como otros muchos paganos, a adoptar el credo de Mahoma. Es cierto que muchos judíos se asentaron en Persia y en Indostán, hacia Goa y Cochín”.205

En una nota al pie de página, el traductor dice:

La serie de rasgos judíos de muchos de los habitantes de Cachemira ha sido observada por varios viajeros modernos. El historiador musulmán conocido como Albreuni (nacido el 973 d.C.) dice en su descripción de Cachemira, cuando habla de sus habitantes: “Se sienten especialmente preocupados por la potencia natural de su país y, en consecuencia, cuidan mucho el control de las entradas y de los caminos que llevan a él. En consecuencia, es muy difícil mantener comercio alguno con ellos. En tiempos antiguos solían permitir a uno o dos extranjeros que entraran en su país, sobre todo a judíos, pero en la actualidad no permiten la entrada a ningún otro hindú a quien no conozcan personalmente, y mucho menos a otras personas”. (P. 206, Vol. I, edición inglesa por el Dr. Edward C. Sachau, Londres, Trubner, 1888).

Sir Francis Younghusband, que había sido Agente Político en Chitral en 1893-84, Comisionado Británico en el Tíbet de 1902 a 1904 y residente en Cachemira de 1906 a 1909, escribe:

“El visitante con una norma ordinaria de lo que es la belleza, cuando pasa a lo largo del río, de los caminos y de las calles, ve mucho más que una o dos mujeres realmente hermosas. A menudo verá a mujeres increíblemente bellas, con cejas muy marcadas y un aspecto general judío”. (P. 125).

“Pueden encontrarse otros tipos interesantes de mahometanos de Cachemira entre los jefes de las pintorescas aldeas asentadas al pie de las colinas. Aquí podemos ver a los maravillosos tipos patriarcales antiguos, tal como nos representamos a los héroes israelitas de la antigüedad. En realidad, algunos dicen, aunque debo admitir que, sin mucha autoridad, que estos habitantes de Cachemira pertenecen a las tribus perdidas de Israel”.

Después de mencionar la teoría del Fundador del Movimiento Ahmadía, de que Jesús no murió en la Cruz, sino que fue descendido y luego desapareció, llegando a Cachemira, donde murió y fue enterrado en Sirinagar, Sir Francis comenta:

“Cuando las personas tienen un aspecto tan decididamente judío es curioso que exista esa teoría, y ciertamente, como he dicho, en cualquier lugar de Cachemira pueden verse auténticos tipos bíblicos, y especialmente en los pueblos de la montaña. Aquí puede verse cualquier día a un pastor israelita cuidando de sus rebaños y manadas”.206

Estas opiniones, algunas de las cuales se han expresado hace siglos, muestran claramente que los judíos de las diez tribus perdidas se establecieron en Cachemira. Las dos últimas opiniones son de dos cristianos que, por coincidencia, tienen el mismo nombre, François un viajero francés, y “Francis”, un alto funcionario inglés que ocupó cargos civiles y militares en aquellas regiones de la India. La opinión del primero se expresó antes del descubrimiento de la tumba de Jesús en Sirinagar, y la segunda después del descubrimiento, pero ambas son unánimes en el hecho de que los cachemires tienen un aspecto increíblemente israelita. En efecto, como han mencionado Sir Francis y M. Manouchi, pertenecen a las diez tribus perdidas de los israelitas.

Además de la semejanza de los afganos y los cachemires con los judíos en sus rasgos, estructura física, vestigios y algunas de sus costumbres, existe otra prueba firme y convincente de que son de origen israelita. Es un hecho —y lo confirman las colonizaciones europeas en Canadá, Australia, etc.— que los emigrantes o colonos dan a sus nuevas casas, ciudades y regiones los nombres de sus antiguas ciudades y de los patriarcas de su país de origen. Es una costumbre común en todas las naciones. Ese mismo amor lo encontramos en los miembros de las diez tribus perdidas que se establecieron en Afganistán y Cachemira. Además de sus propios nombres, han dado a sus tribus, montañas y ríos los nombres de sus antiguos patriarcas como Musa Jel (las tribus de Moisés), Sulaiman Zai (la tribu de Salomón), Daud Zai (la tribu de David), Yusaf Zai (la tribu de José), Koh-i-Sulaimán (el Monte de Salomón), Tajt-i-Sulaimán (el trono de Salomón), Tajt-i- Sulaimán (el trono de Salomón) y el río Kabul. Como ejemplo, doy a continuación algunos nombres de sus ciudades que son idénticos a los de antiguas ciudades sirias:

Afganistán y Cachemira

Siria

Referencia

Kabul (capital de Afganistán)

Cabul

I Reyes 9:13

Zaida (en la frontera)

Zaidon o Sidan (Mod-Saida)

Jueces 18:28

Hims (cerca de Ladakj)

Hamath

Números 13:21

Hazarah

Hazara

Números 11:35

Gilgit

Golgotha

Mateo 27:33

Tíbet Ladaj Leh

Tibbath Laadah

Lehi (un distrito)

I Crónicas 18:8

I Crónicas 4:21

Jueces 15:9

La existencia de estos y otros nombres bíblicos revela el hecho de que hubo israelitas viviendo en estas regiones de la India. En el Usul Cafi (un libro de tradiciones de la secta chiíta recopilado hace más de mil años, p. 334), existe una leyenda que afirma que en Cachemira vivió un rey cuyos cuarenta cortesanos conocían perfectamente la Torah (la ley mosaica) y solían leer el Evangelio, los Salmos y las Escrituras de Abraham. Cuando oyeron hablar

de la aparición del profeta Muhammad,saw enviaron a un emisario para investigar y, en consecuencia, aceptaron el Islam.

Los Beni Israel de la Presidencia de Bombay son también descendientes de Israel. Se dice que fundaron sus hogares en la India mucho tiempo antes de Jesús. En un valioso libro, The History of the Beni-Israel, escrito por Hakim Samuel Kehimkar (1830-1899) y publicado en Tel-Aviv (Palestina) en 1937, se presenta una historia completa de esta comunidad. El autor expone en primer lugar diferentes las narraciones de esta comunidad ofrecida por diversos autores extranjeros. Escribe:

“El fallecido Dr. Wilson realizó una breve exposición ante la Sección de Bombay de la Real Sociedad Asiática, en su reunión de aniversario celebrada en 1838, y publicada en Lands of the Bible. Allí demuestra que los Beni Israel llevaban establecidos durante muchos siglos en este país y opina que pertenecen a las diez tribus perdidas de Israel. Pero en su Appeal for the Christian Education of the Beni Israel, publicado en 1866, abandonó esa opinión anterior, afirmando en sus tratados más recientes que los antecesores de los Beni Israel procedían del Yemen, o de la Arabia Félix, en el siglo sexto de la era cristiana”.

Israel José Benjamín II, que ha escrito también una narración de los Beni Israel en su obra titulada Eight Years in Asia and Africa de 1846 a 1855, y que fue publicada en Hannover en 1859, ha seguido casi en su totalidad al Dr. Wilson. No solo defiende que los Beni Israel son auténticos judíos, sino afirma igualmente que son descendientes directos de las diez tribus que, en época de Oseas, el último rey de Israel, fueron deportadas por los asirios.

A continuación, el autor empieza con la historia más antigua de los Beni Israel, afirmando que, después de la caída del reino de

Israel y la desaparición del reino de Judá, quedaron restos de aquel pueblo en Palestina. “Algunos de los hebreos dispersos”, según el Dr. Isaac M. Wise, “se dirigieron a Egipto y a las Islas Jónicas, así como a Etiopía, Arabia, India y China… Sin embargo, la mayor parte de los hebreos de los dos antiguos reinos de Israel y de Judá, habitaron el imperio medo-persa” … “Entre los hebreos dispersos que se dirigieron a la India en aquella época deben incluirse, pensamos, a los antecesores de la parte de la comunidad judía que se encuentra actualmente habitando la Costa de Malabar, los cuales, desde la llegada de los “Judíos Blancos” han sido conocidos como “Judíos Negros”. Después de comentar las costumbres y fiestas judías, etc. celebradas por los Beni Israel de la Presidencia de Bombay, el autor escribe:

Hemos expresado arriba nuestra firme convicción de que los antecesores de los Beni Israel vinieron directamente de Palestina… unos 175 años antes de la era cristiana. Ahora bien, si los antecesores de los Beni Israel hubieran llegado a la India desde el Yemen o cualquier otro lugar hace 1200 años aproximadamente, como se sugiere, habrían abandonado previamente la práctica de hacer ofrendas de carne en sacrificio, como hicieron los judíos en otros países, quienes dejaron de realizar tales ofrendas incluso desde la destrucción del Segundo Templo… Además, los judíos que fueron llevados a cautividad en la época de la destrucción del Primer Templo y no volvieron al cabo de los setenta años, habían olvidado ya la costumbre. Pero el hecho de que la práctica haya estado extendida entre los Beni Israel de la India desde tiempo inmemorial demuestra igualmente que los antecesores de los Beni Israel estuvieron realmente en Palestina durante la época de existencia del Segundo Templo, y que salieron de allí en algún momento antes de su destrucción”.207

En consecuencia, comprobamos que mucho antes de la aparición de Jesús, la mayoría de las tribus perdidas de los israelitas vivían en el norte, sur y suroeste de la India.

La Misión de Jesús

 Jesús fue el Mesías de los israelitas y lo proclamó con palabras categóricas:

“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la Casa de Israel”208.

El término “perdidas” puede tomarse en dos sentidos, literal y metafórico. Puede, pues, aplicarse metafóricamente a las tribus perdidas, pero también de manera literal. Durante siglos, habían estado alejados de la Tierra Santa. No hay que admirarse de que Jesús exhortara a sus discípulos: “Id más bien a las ovejas perdidas de la Casa de Israel”209 . Jesús predijo incluso que iría a la búsqueda de los israelitas perdidos y los encontraría. Dijo: “Y también tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz”210. Dado que, según su afirmación anterior, solo había sido enviado a los israelitas, estas otras ovejas, no pertenecientes a los judíos palestinos, debían encontrarse pues entre las diez tribus perdidas dispersadas en otros países. Una conclusión similar puede extraerse de otro dicho de Jesús:

“Un profeta carece de honor, solo en su patria y en su casa”211 .

Creer, pues, que Jesús no fue a ningún otro país, en el que fuera honrado, equivale a creer que falleció sin honor. Su afirmación de que su caso, siendo evidente la trama de sus enemigos para destruirlo, sería similar al caso del profeta Jonás, revela igualmente que, al igual que Jonás fue honrado por su pueblo después de haber estado en el vientre de la ballena, Jesús sería honrado por las tribus perdidas de la Casa de Israel después de haber estado en el corazón de la tierra, esto es, en una cámara excavada en la roca que le sirvió de tumba. Y así sucedió. Fue a otros países en los que vivían las ovejas perdidas, y fue honrado por ellas. El relato de los hombres sabios de oriente que visitaron Palestina en el momento del nacimiento de Jesús (que eran evidentemente israelitas, porque ninguna nación aparte de ellos esperaba la aparición del Mesías, y por decir: “¿dónde está el nacido Rey de los judíos?”) apuntaba a que Jesús sería honrado por las ovejas que vivían en los países de oriente.

Jesús mencionó también una parábola que apuntaba a lo mismo. Dijo:

“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas”212.

Si es cierto lo que contiene esta parábola; si es cierto que Jesús fue un buen pastor; si es cierto que las diez tribus de Israel se perdieron y fueron dispersadas por potencias extranjeras como castigo divino por apartarse del camino recto; y si es cierto que él fue enviado a las ovejas perdidas de la Casa de Israel; entonces, indudablemente, su obligación primordial era ir a la búsqueda de esas ovejas perdidas de la Casa de Israel y regocijarse después de encontrarlas.

Jesús, según pensamos nosotros, un verdadero profeta y amado de Dios, no podía negarse a la obligación que Dios le impuso. Cuando vio que los judíos palestinos no iban a aceptarlo, y que no dejaban de remover ninguna piedra para destruirlo, abandonó el país y se fue a la búsqueda de las ovejas perdidas, que no pertenecían a las filas de los judíos palestinos.

Santo Tomás en la India

 Antes de continuar descubriendo las huellas de Jesús después de abandonar Palestina, me gustaría decir algunas palabras sobre la aventura de Santo Tomás, uno de los doce discípulos de Jesús, que acompañó a su maestro en su largo viaje, o bien lo siguió después para cumplir su tarea de predicar a las ovejas perdidas de la Casa de Israel, viviendo en Extremo Oriente y la India. Conviene recordar que fue Santo Tomás quien, al ver la huella de los clavos en las manos de Jesús y su costado herido, dio una prueba positiva de que la persona que veía no era un fantasma, sino el mismo Jesús, con su cuerpo físico herido; y se convirtió, pues, en testigo para siempre de que Jesús no murió de una muerte “maldita”. Está perfectamente demostrado que Santo Tomás fue a la India y murió allí.

El Dr. Frances C. Burkitt, Profesor de Teología de la Universidad de Cambridge, afirma:

“Eusebio (H.E.Ill, I, I) dice que Tomás fue el evangelista de “Partia” probablementeporquea Edessa(q.v.), dondeseconservaronalgunos de sus huesos, se le denomina, a veces, “Edesa de los partos”. Existía la tradición de que estos huesos habían sido llevados a Edesa desde la India, y una obra conocida como Los Hechos de Tomás constituye una autoridad importante para el cristianismo de la primera época en los países al oriente del Éufrates… Una coincidencia curiosa es que el nombre del Apóstol se da como Judas Tomás, y se indica

expresamente que era gemelo de Jesucristo”213.

  • El ser denominado como gemelo de Jesús significa probablemente que,

Se afirma que los Hechos son históricos, y además que la escena de los Hechos se desarrolla en el sur de la India. Desgraciadamente para su opinión, los detalles de los Hechos que señalan cualquier conocimiento de la India están relacionados con el noroeste214 y la región entre India y Mesopotamia. El nombre de “cristianos de Santo Tomás” se aplica frecuentemente a las antiguas iglesias católicas del sur de la India, y la opinión que se saca de su historia está tan íntimamente relacionada con la historicidad de Los Hechos de Tomás, que es conveniente tratarla aquí.

Según la tradición, Santo Tomás fundó las iglesias cristianas de Malabar (costa suroeste), y atravesó después Mylapur, actualmente un suburbio de Madrás, donde el santuario de su martirio sigue existiendo en Mt. St. Thomas, reconstruido por los portugueses en 1547, donde aparece una Cruz con una inscripción en pahlavi que puede remontarse al siglo séptimo. Sabemos por Cosmos Indicoplenstes que hubo cristianos de origen persa (Siria oriental) e indudablemente del credo nestoriano, en Ceilán, Malabar y en Galiana (norte de Bombay) antes del 55 d.C.215.

Después de visitar el Estado de Travancore, el Rev. Yeats Brown escribió:

“El más antiguo rito cristiano, no solo de Travancore, sino tal vez del mundo entero, es el sirio-malankaran, cuyos miembros afirman que

el mismo Santo Tomás bautizó a los primeros de ellos, cuando llegó

de entre todos sus discípulos, él lo acompañó en su largo viaje a la India, y predicó su mensaje, siendo la misión de Jesús su propia misión; de lo contrario no existe razón consistente para que fuera llamado el “gemelo de Jesús”.

  • Esto corrobora nuestra teoría. El noroeste fue el lugar en donde se asentaron la mayor parte de las diez tribus perdidas. Jesús y su discípulo Santo Tomás fueron primero al noroeste, y después Tomás fue enviado por Jesús, si es que lo acompañó, o bien por su propia cuenta, siguió a Jesús hasta el suroeste de la India, en donde vivían también algunos
  • Enciclopedia Británica, 14, Santo Tomás.

a esta costa en el año 59 d.C. Los llamó nazarenos, ya que el término aún no se había empezado a utilizar”. (Hechos de los Apóstoles 11:26)216

El Arzobispo Lord Lang (antiguo arzobispo de Canterbury) en una conferencia pronunciada por radio, dijo:

“La tradición de que Santo Tomás fue a la India nunca ha sido refutada, y sin duda el cristianismo tiene en la India antiguas raíces”.217

H.G. Rawlison C.I.E., en su libro India A Short Cultural History

(p. 92 a 93), escribe:

“Nos interesa especialmente uno de los príncipes indo-partos o de Saka, de Taxila, conocido por los griegos como Grondopharnes, porque, según el apócrifo Hechos de Tomás, el apóstol Tomás fue a su corte a predicar el cristianismo. Hubo anteriormente muchas dudas sobre si Santo Tomás visitó alguna vez la India, pero las investigaciones recientes tienden a demostrar que la leyenda se basa en un hecho histórico: Bartolomé y Tomás fueron enviados a predicar el Evangelio en Oriente. Tomás llegó probablemente a Taxila a través de la conocida ruta marítima, desde Alejandría a la boca del Indo. Fue bien acogido en la corte de Gondopharnes, ya que Taxila era un centro cosmopolita de cultura, y estaba habituada a escuchar gustosamente a los maestros de países extraños. No obstante, sus tareas misioneras se interrumpieron por la invasión de Lushan, y Tomás se vio obligado a huir. Volvió a dirigir sus pasos a la desembocadura del Indo, y de allí tomó un barco dirigiéndose a Muziris, la colonia romana de la costa de Malabar, recalando en su camino en Socotra. Aquí llegó el 52 d.C. y fundó la Iglesia de Malabar. Veinte años después se dirigió a la costa oriental y fue

  • The Spectator, núm. 5636, 1124, Londres.
  • Great Britain and the East, 3 de diciembre, 1936,

martirizado por los brahmanes. Sus reliquias reposan en la catedral dedicada a él en Mylapore cerca de Madras218. Gondopharnes es una corrupción del persa Vindaphorna, el que trae la victoria. En la versión armenia de la historia, se convierte de Gathaspar, el nombre dado al segundo de los magos que visitaron la cuna del recién nacido Jesús (p. 92, 93)”.

L.W. Brown, Obispo de Uganda, escribe:

“Hay pruebas de que en los Hechos, el término “India” hace referencia a nuestra India, o más bien al área que está en la provincia de la frontera del noroeste que actualmente se encuentra en Pakistán. Se sabe ahora que el rey Gundaphoros y su hermano Gad son figuras históricas, que gobernaron el imperio escita-indio, a oriente y occidente del Indo, desde aproximadamente el 19 al 45

Se dice también que había tribus cristianas viviendo en el norte

  • N. Farquhar, The Apostle Thomas in Southern India. John Rylands Library Bulletin, 1927, p. 20.
  • R. Philipps, Indian Antiquary, xxx111, pp. 1off., “Trans. of Notes on the Indo-Scythians por Sylvain Levi”; Camb. Hist.India, 1, pp. 563–78; Arch. Survey of India, Annual Report of 1902–3, p. 167. Algunos eruditos, sin embargo, no consideran que se conozca con precisión la fecha de Gundaphoros.
  • El Kharosttic (Sanscrito en escritura semítica) en inscripciones de monedas, y la inscripción en arameo de uno de los edictos de Asoka encontrados en Taxila establecen este hecho; Journal of Asiatic Studies (1915)
  1. 340–7 Herzfeld, Egripraphia Indica, xix, p. 251–3 ver también N. A. Faris,

The Arab Heritage.

  • Hist. India, pp. 580–5.

de la India pero que mantenían su fe en secreto frente a todos los demás. Por ejemplo, en el Indo existe una comunidad fakir que se denomina ella misma con un nombre arameo, algo así como “Bartolmai” y afirma proceder de los convertidos de Santo Tomás, y poseer libros y reliquias que lo demuestran. Por desgracia, no se ha permitido nunca a ningún extranjero ver esta presunta prueba222”.

Es muy probable que el apóstol recorriera la ruta interior hasta los dominios de Gundaphoros y predicara el Evangelio en su reino antes de que lo llamaran desde el sur de la India. Cabe mencionar también a este respecto que Partia estuvo también asociada a las actividades del apóstol. En Persia y Afganistán, en aquella época bajo dominio parto, había un número considerable de judíos de la Diáspora, y la ansiedad de apóstol de comunicar a sus conciudadanos la buena nueva del advenimiento del Mesías debió llevarlo en primer lugar a esas regiones. Incluso hoy día, muchas tribus de la frontera indoafgana reclaman ser descendientes de Israel.

Después de predicar el Evangelio en el reino de Gundaforos, otros países llamaron la atención del apóstol. Un apóstol tan entusiasta y de la energía de Tomás no podía encontrar la paz mientras una sola región siguiera ignorando la vida y las enseñanzas del Maestro. Las condiciones anárquicas existentes entonces en el Indostán propiamente dicho, y las noticias de la existencia de numerosas comunidades judías en los puertos de

  • A. Trotter, Conferencia The history of Christianity in Sind. Febrero 1947. Christians and Christianity in India and Pakistan por P. Thomas George, Allen Unwin Ltd., Londres 1954.

Extraído de la página 47 de Indian Christians of St. Thomas, an account of the ancient Syrian Church of Malabar p. 47, por L. W. Brown, Obispo de Uganda, antiguo Rector del Seminario Teológico Unido de Kerala, Trivandrum, Travencore, y a veces Capellán de Fesus y Dowing College Cambridge, Cambridge, en University Press, 1956.

la costa occidental debieron influir en la decisión del apóstol de continuar a la Costa Malabar desde el Reino de Gundaforos.

Así, Santo Tomás, al viajar a las regiones en las que vivían las diez tribus perdidas, cumplió a la obligación que Jesús impuso a los discípulos al decirles: “Id más bien a las ovejas perdidas de la Casa de Israel”.

Y Santiago obedeció también esta orden escribiendo una Epístola dirigida a las doce tribus, allí donde se encontraran. Su Epístola empezaba con estas palabras: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Diáspora”.

Jesús a la búsqueda de las otras Ovejas

 El cuarto Evangelio revela el hecho de que Jesús se reunió por última vez con sus discípulos junto al Mar de Tiberíades, cenó con ellos, le dijo a Pedro “apacienta mis ovejas”, se despidió de todos, y se fue. ¿A dónde se dirigió? El Evangelio no nos da la respuesta. En los Hechos y las Epístolas de San Pablo, sin embargo, leemos que San Pablo lo vio en una visión cerca de Damasco, pero lo citado en I Corintios 15:8 ha hecho que algunos autores lleguen a la conclusión de que, en el momento de la conversión de San Pablo al cristianismo, que fue entre seis a doce meses después de la crucifixión, Jesús estaba todavía en las regiones de Siria. El juez Docker, Juez del Tribunal del Distrito de Sydney, da la siguiente explicación a la historia de la conversión de Saúl:

“Jesús, comprobando que no podía permanecer ya seguro en Galilea, inició su viaje para visitar a las tribus perdidas de Israel de Oriente, a través de Damasco, en donde se quedó algún tiempo, lo suficiente como para hacer discípulos a Ananías y otros. Esta podría ser la razón de que las autoridades judías enviaran a una misión para

continuar allí la persecución. Jesús, sabiendo que se acercaban, salió a su encuentro, como el antiguo Elías, para hacer frente a su enemigo Saúl, y el resultado de su maravilloso poder personal fue la conversión del perseguidor en discípulo. Es posible que las relaciones entre ellos continuaran durante algunos días en la casa de Ananías, o en donde residiera Jesús. Sin embargo, la llegada de la comisión demostró que Jesús tampoco estaba seguro en Damasco, y se dirigió hacia Babilonia en su camino a oriente”.

Esta explicación la apoya Johannes Weiss (Paul and Jesús, p. 31):

“La visión y la conversión de Pablo son psicológicamente inconcebibles, salvo en el supuesto de que hubiese quedado real y vívidamente impresionado por la personalidad humana de Jesús”223.

Jesús en Nisibus 224

 En su libro Masih Hindustan Mein el Mesías Prometido, abandonando las narraciones exageradas, presenta la siguiente exposición de Rauzatus-Safa (pp. 130-135), un libro de historia conocido:

“Jesús (la paz sea con él) fue llamado “Mesías” porque fue un gran viajero. Llevaba un turbante de lana en la cabeza y una túnica de lana sobre el cuerpo. Llevaba un bastón en la mano; solía viajar de un país a otro y de una ciudad a otra y, al caer la noche, permanecía donde estuviera. Comía verduras silvestres, bebía agua del bosque y

efectuaba sus viajes a pie… Viajando desde su país, llegó a Nasibain,

  • Docker: If Jesus did not die upon the Cross?, 75-76.
  • “Nisbis (Nasibinia en la descripción asiria), la moderna Nezib o Nasibin, es una antigua ciudad y fortaleza del Norte de Mesopotamia, cerca del lugar donde los mygdonianos (modernos jaghjagha) salen de la montaña por un estrecho desfiladero. Tiene 4.000 habitantes, en su mayoría judíos”. (Enc. Ed. II).

a centenares de millas de su casa. Con él estaban algunos de sus discípulos que fueron enviados a la ciudad a predicar. En la ciudad, empero, circulaban rumores erróneos e infundados sobre Jesús (la paz sea con él) y sobre su madre. En consecuencia, el gobernador de la ciudad arrestó a los discípulos y después requirió la presencia de Jesús. Jesús curó milagrosamente a algunas personas y realizó otros milagros. Viendo esto, el rey del territorio de Nasibain con todo su ejército y su pueblo, creyeron en él”.225b

Esta breve declaración de Rauzatus-Safa, dice el Mesías Prometido (la paz sea con él), lleva a la conclusión de que Jesús (la paz sea con él), llegó a Nasibin en el curso de sus viajes, una ciudad entre Mosul y Siria. Si viajamos de Siria a Persia debemos pasar por ella. Nasibain está a 450 millas de Jerusalén y a 150 millas de la frontera de Persia. La frontera oriental de Persia toca la ciudad de Herat (Afganistán). En otras palabras, Herat se encuentra en los límites occidentales de Persia. De Herat hasta Jaiber la distancia es de casi 500 millas.

Este informe de Rauzatus-Safa es ciertamente correcto ya que, después de su rechazo y persecución por los israelitas en Palestina, Jesús se fue de Palestina y llegó a Nasibain; esto concordaba con su misión. Josefus, el célebre historiador de aquella época, dice que por aquel entonces Nasibain estaba habitada por los judíos de las diez tribus perdidas. Dice:

“Una espantosa calamidad asoló ahora a los judíos que estaban en Mesopotamia, y especialmente a los que moraban en Babilonia… También se encontraba la ciudad de Nisbis, situada en la misma corriente del río”. (p.314).

“En ese momento toda la nación de los judíos, por temor tanto a

los babilonios como a los seleúcidas, debido a que todos los sirios

  • bEl autor ha mencionado estos hechos bajo el título “Huida de Jesús a Jerusalén y manifestación de algunos milagros en el viaje”.

que vivían en aquellos lugares se pusieron de acuerdo con los seleúcidas para combatir a los judíos, se reunieron en su mayoría, y se dirigieron a Naarda y Nisibis, obteniendo allí seguridad por la posición defensiva de las ciudades y también de sus habitantes que eran muchos y eran todos hombres guerreros”.226

Desde Nasibain, Jesús cruzó Persia hasta llegar a Afganistán, y de allí, a través del Punjab, entró en Cachemira. De los relatos se deduce que visitó también el Tíbet y otras regiones de la India, pero parece seguro que vivió y murió finalmente en Cachemira.

Una de las principales razones de que Jesús fuese llamado el Masih, escribe el Mesías Prometido, es que fue un gran viajero. Un santo musulmán, Abu Bakr Mohammed Attartushi, en su libro Sirayul Maluk (p. 6, Egipto, 1306) llama a Jesús “El Jefe de los Viajeros”. De igual manera, en Lisan-ul-Arab, un auténtico léxico árabe, leemos: “Jesús fue llamado Masih porque viajó de un lugar a otro y no permaneció en uno solo”.

En Kanzul-Ummal, una colección voluminosa de los dichos del Santo Profeta del islamsaw y de sus compañeros, leemos que Abu Huraira (Dios le tenga en su gloria) dijo que Dios reveló a Jesús lo siguiente: “Oh, Jesús, desplázate de un lugar a otro, no sea que seas reconocido y perseguido”. En ese mismo libro, leemos en un informe de Jabir, que Jesús se desplazaba constantemente. Iba de un país a otro y, a la caída de la noche, en donde se encontrara, comía de la vegetación de la jungla y bebía agua pura. También en ese mismo libro encontramos un informe de Abdul-lah, hijo de Omar, que dice lo siguiente:

“El Santo Profetasaw declaró que los más favorecidos a la vista de Dios eran los Gharib. Preguntado por lo que se entendía por Gharib,

  • The Works of Flavius Josephus, traducción de Whitson, con notas, por Sir W. Wilson, Vol. 3, p. 324, Londres, 1889.

respondió: “Personas como Jesús, el Mesías, que huyó de su país con su fe”. (Vol. 2, págs. 34, 71, y Vol. 6, p. 51).

Estos informes sobre Jesús no solo son antiguos, sino que se encuentran en los libros fiables de la tradición musulmana. Si Jesús hubiera permanecido en Palestina toda su vida, no podría ser denominado con propiedad “el Jefe de los Viajeros”. Por lo tanto, a la vista de estos informes, que nos han llegado de diversas fuentes independientes, no tenemos otra opción que la de creer que Jesús huyó de Palestina, viajó de un país a otro y, al final, llegó a la India. Así mereció el título de “Jefe de los Viajeros”.

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