CAPITULO 6 LA OPINIÓN MÉDICA MODERNA
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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CAPITULO 6 LA OPINIÓN MÉDICA MODERNA

La teoría de que Jesús solo se desmayó en la Cruz, y se recuperó posteriormente, es antigua. En 1928, Maulvi A.

  1. Dard, director entonces de The Review of Religions, realizó una encuesta por escrito entre misioneros cristianos, estudiosos eclesiásticos, y profesores, en relación con esta teoría. La respuesta de los misioneros cristianos fue que la teoría del desvanecimiento estaba descartada. Otros confesaron su ignorancia sobre este punto. El director, después de reproducir su respuesta, escribe:

“Queda muy claro por estas respuestas que esta teoría aún no ha sido descartada del todo. Por otra parte, admiten que está en boga en estos días. El obispo de Birmingham no puede asegurar si la teoría del desvanecimiento ha quedado descartada en la práctica por todos los eruditos críticos. Canon Streeter declara que la idea resurge en  “The Bruk Kerith”, y el obispo de Durham, una de las autoridades más eminentes y sabias de la Iglesia de Inglaterra, no duda en afirmar: “No es del todo exacto decir que ha sido descartada la teoría del desvanecimiento para explicar la narración del Evangelio de la resurrección de Cristo. Se repite esta idea en una obra publicada hace solo una o dos semanas: Paganism in our Christianity, de A. Weigall”.

Dejando aparte a los decididos defensores de la teoría, como Paulo, Venturini, Bahrdut y Schleiermacher62, podemos mencionar dos de las publicaciones más importantes que acaban de aparecer en el continente:

  • Dog Jesus pa korest?” del Dr. Hugo Toll (Estocolmo).
  • De Proces de Jesus” del Sr. Paul Roue (Paris).

Está después el libro más importante, The Crucifixion of Jesus, by an eye-witness, publicado en Los Ángeles en 1919, que presenta una narración gráfica de todos los sucesos63.

Reproduzco a continuación, del mismo número de The Review of Religions, la opinión del Dr. Hugo Toll, una eminente autoridad médica de Suecia. El director de R.R. dice de él que tiene 70 años de edad (en 1929) y estuvo al cargo del Hospital de Estocolmo de 1897 a 1923. Este sabio doctor demuestra desde el punto de vista médico que Jesús no murió en la Cruz. La traducción de lo que el Dr. Hugo Toll ha escrito en su libro Dog Jesus pa Korest? es la siguiente:

“La crucifixión era muy común mucho antes de la época de Jesús, y los romanos la utilizaban frecuentemente. No querían matar a sus víctimas de inmediato, y la crucifixión era una tortura lenta. Era una diversión popular. No había procedimiento establecido al respecto, por lo que los ejecutores podían tratar a sus víctimas a su voluntad. A veces solo los sujetaban con cuerdas, otras veces, solo por sus manos. La victima sufría física y mentalmente, y lo peor era la infamia. Solían crucificar solo a esclavos y a personas de nivel muy bajo, así como a criminales, traidores y agitadores.

Jesús estuvo colgado de la Cruz, probablemente desnudo. En aquella época del año hacía frío ( Juan 18:18). Antesde la crucifixión, ofrecieron a Jesús algo de beber. No sabemos muy bien lo que era, si vino y hiel, o vino y mirra. Cuando lo hubo probado, no bebió (Mateo 27:31). Cuando la garganta se contrae por la agonía, no es posible deglutir. Cuando las personas sufren mental o físicamente, piden a menudo agua, pero no pueden beberla. Esto puede ser también prueba de una neurastenia temporal. Mateo (27:50) dice que Jesús lanzó “un fuerte grito y entrego su espíritu”. Se insiste en lo de” fuerte”. El centurión prestó atención a este hecho. Sabía, tal vez por experiencia, que las gentes no solían morir lanzando un grito. Si gritó fuerte, es que Jesús debía contar aún con algunas fuerzas. En la narración de Juan hay algunos incidentes interesantes para un médico, ya que son muy realistas y muy característicos de una conmoción y colapso. La causa habitual del desvanecimiento es que la sangre se retira de una parte de la cabeza y el paciente se pone pálido. Si se tumba al enfermo, sentirá una sequedad espantosa en la garganta y la boca, y solo podrá pronunciar la palabra “agua”. Un desmayo inicial puede evolucionar hacia la muerte, por lo es posible que la persona moribunda haya podido estar pidiendo agua, aunque por lo general la persona moribunda no la pide. Se puede ver que sus labios están secos, y a veces puede tragar una cucharada de agua si se le ofrece, tal vez porque la persona moribunda no tiene fuerzas para negarse (aunque casi siempre no se niega). La persona desmayada, sin embargo, (después de una sensación insufrible de sed) empieza a perder el conocimiento. Parece que la tierra se le hunde bajo sus pies, y tiene la sensación de volar. Ahora puede gritar una despedida, tal vez “me estoy muriendo”. Pero la persona moribunda, totalmente agotada por las hemorragias y la tortura, solo podrá abrir la boca y respirar con dificultad; nunca utilizará las dramáticas palabras “me muero”. Y Jesús dijo estas palabras: “Todo ha terminado. Me muero”.

El oró por sus perseguidores. Vio a los ladrones en sus cruces antes de que lo pusieran en la suya. Entonces piensa en su propia liberación y en la de todos los hombres. Piensa en su madre y en su futuro, como un buen hijo, tan sencillo y natural. Había pensado que era el Mesías, que construiría el reino de Dios. Tal vez su sufrimiento se lo recordara. Recuerda un himno de David: “¡Dios mío, Dios mío!

¿por qué me has abandonado?” Al final, sintiendo que las fuerzas lo abandonan, piensa en sí mismo: “Padre, en Tus manos encomiendo mi espíritu”, y finalmente grita: “Agua, me muero”.

¿De qué murió Jesús? En los Evangelios solo se dice que «entregó el espíritu». De esto se entiende que murió. El centurión pensó lo mismo; de otro modo, le habría roto los huesos. Las personas pueden morir sin causa aparente. Pueden morir de un susto y de un shock, pero pocas personas mueren por crucifixión. Eusebio ha relatado escenas de la persecución de Diocleciano, y dice que las personas crucificadas morían después de varios días por agotamiento, hambre o por los ataques de pájaros de presa u otros animales salvajes. Los ladrones que fueron crucificados con Jesús estaban vivos al anochecer, y los soldados tuvieron que romperles las piernas. Cuando José le dijo a Pilato que Jesús había muerto, no lo creyó. Preguntó al centurión, ya que Pilato tenía experiencia en estas cosas. Jesús pudo haber muerto de agotamiento y hemorragia, pero no es probable que muriera.

Si Jesús hubiese estado muerto no habría salido sangre de su cuerpo. Juan, que relata este incidente, sabía tal vez de la importancia de este fenómeno. Los que lo comprendieron más tarde no se atrevieron a hablar de él. Jesús había sido azotado por la mañana. Sabemos que una fuerte irritación de la piel puede provocar edema y ampollas. Hay un exudado acuoso que penetra en la piel y forma ampollas pequeñas o grandes. A esto se le denomina “hinchazón traumática de

serositis y decoloración de la piel”. Uno de los soldados vio las ampollas y rascó una de ellas, tal vez por maldad, o tal vez sin darse cuenta, por lo que hirió a Jesús y salió sangre y agua. Ahora Jesús estaba aparentemente muerto, inconsciente. Los pobres ignorantes no comprendieron que Jesús no había muerto. Parece que lo enterraron en una tumba temporal, y allí lo depositaron porque la tumba estaba cerca”. “Tal vez encontró una capa de hortelano que era sucia y fea”. Cuando ella (María) no lo reconoció, le dice implorante: “María”, una sola palabra. Pero esto demuestra su desamparo y su soledad. Entonces ella lo reconoce y le besa las manos; pero él dice: “No me toques”. Sentía tanto dolor en sus heridas que no debía tocarlo.

Cuando dice: “Aún no me he ido a mi Padre” utiliza el florido lenguaje oriental. Quiere decir: “Aún no he muerto”, pero se nota tan destrozado, enfermo y desgraciado que se siente como si pudiera morir en cualquier momento, y envía sus mejores deseos a sus hermanos.

¿No es eso totalmente natural? Había sufrido el más terrible castigo conocido en aquella época. Había sido un hombre condenado y un paria. No debía mancillar la tierra con su presencia, y no se atrevía a mostrarse en público para que sus enemigos no lo encontraran de nuevo. Está tan avergonzado que se esconde en el huerto, y cuando anda por un camino solitario que conduce a Emaús, un día se reúne con sus discípulos, pero solo durante algún tiempo. No se atreven a ofrecerle ayuda, no se atreven a andar con él por temor a ser descubiertos. Si los discípulos lo hubiesen ayudado a volver a la vida, no lo habrían dejado ir solo, hambriento y sin amigos. A través de algunos mensajeros dispuso su reunión con ellos en un lugar solitario.

Desaparece y vuelve a aparecer y al final los deja para siempre.

Solo una vez (Mateo 28:18) habla con su tono elevado: “Me han dado todo el poder en los cielos y en la tierra”. Nosotros, los médicos, sabemos lo que es: lo llamamos “demencia paranoide”.

En oriente existe una comunidad religiosa basada en la fe de que Jesús vivió después de la crucifixión, se dirigió posteriormente a la India y al final, con el nombre de Izza (Isa) se estableció en Sirinagar (la ciudad de la felicidad) en el maravilloso valle de Cachemira. Allí se dice que vivió hasta que cumplió los 120 años y allí está enterrado. Dicen que su nombre es Yuz Asaf. El nombre de esta comunidad es Ahmadía, según la “Enciclopedia del Islam”, 1913, B, página 218.

Esta libre opinión de una eminente autoridad médica de Suecia, publicada después de un examen atento de las narraciones de los Evangelios, no debe dejarnos duda alguna de que Jesús no murió en la Cruz, y de que si hubiese sido examinado por cualquier autoridad médica, cuando fue bajado de la Cruz, ciertamente así lo habría certificado.

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