CAPÍTULO 9 EL PAGANISMO Y PABLO
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Como he dicho en el último capítulo, Jesús prohibió a sus discípulos predicar a otros pueblos distintos de los

israelitas. En relación con su misión, afirmaba:

“No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la Casa de Israel”.

Refiriéndose a otros pueblos como perros, dice:

“No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros”125.

A través de su ministerio, Jesús predicó únicamente a los israelitas, y lo mismo hicieron sus discípulos. Si Jesús hubiese sido enviado también a los gentiles, les habría predicado igualmente. Éstos vivían en Palestina, junto a los judíos. Pero no lo hizo. Algunos pasajes de los Evangelios como el de “enseñad a todas las naciones” de Mateo 28:19, que están contra la afirmación anterior de Jesús y su práctica, son añadidos de personas desconocidas, o bien la palabra nación aquí tiene el significado de tribu y no de nación (ver la Enciclopedia Bíblica). Si el pasaje se relaciona con el segundo advenimiento de Jesús, la profecía se ha cumplido en la persona de Ahmadsaw el fundador del Movimiento Ahmadía. En mi libro Islam ya he escrito sobre este tema.

Fue San Pablo quien, contrariamente a las instrucciones de Jesús y a la práctica de sus discípulos, lanzó la idea de predicar a los gentiles. Es incomprensible que el mismo Jesús y los compañeros que vivieron con él no conocieran la verdadera misión de Jesús, y que San Pablo, que nunca tuvo el privilegio de estar en su compañía ni de oírlo, encontrara la verdadera misión para la que fue enviado. No creo que pueda haber nada más ridículo que eso.

Jesús ordenó explícitamente a sus discípulos:

“No toméis el camino de los gentiles”126.

Pero San Pablo, enfadado con los judíos por su oposición, dijo:

“Yo soy inocente y desde ahora me dirigiré a los gentiles”127.

El resultado de superar los límites establecidos por Jesús en su predicación fue lo que el mismo Jesús había predicho diciendo:

“No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen”128 .

Cuando San Pablo empezó a predicar a los gentiles, la actitud de estos le obligó a modificar los principios enseñados por Jesús. Presentó al Jesús crucificado de la misma manera en que ellos creían en sus dioses. Menciono, a continuación, a título de ejemplo, algunos dioses en los que creían los paganos.

  • En las fiestas de Adonis que se celebraban en el Asia occidental y los territorios griegos, la muerte del dios era llorada anualmente con amargas lamentaciones, especialmente por las mujeres; se llevaban, para enterrar, imágenes suyas preparadas para asemejarse a cadáveres, que se lanzaban después al mar o a los ríos. En algunos lugares, su resurrección se celebraba al día siguiente. En Alejandría, lloraban, no sin esperanza, ya que cantaban que el perdido volvería a aparecer… En el gran Santuario Fenicio de Astartes en Biblos, se lloraba anualmente la muerte de Adonis… pero al día siguiente se creía que resucitaba y subía al cielo en presencia de sus adoradores129.
  • El Dios Colgado. En épocas antiguas, el sacerdote que llevaba el nombre y desempeñaba el papel de Attis en el festival de primavera de Cibeles, era colgado normalmente o sacrificado de cualquier otro modo, sobre el árbol Esta bárbara costumbre se mitigó posteriormente en la forma en la que nos ha llegado en tiempos posteriores, en la que el sacerdote se limita a sacar sangre de su cuerpo bajo el árbol, y cuelga una efigie al tronco, en lugar de hacerlo él mismo. En la gruta santa de Upsala se sacrificaba a hombres y animales, colgándolos de árboles sagrados. Por lo general, se mataba a víctimas humanas dedicadas a Odín, colgándolas, o mediante una combinación de colgadura y clavos, siendo los hombres atados a un árbol o a una horca, y heridos después con una lanza. Por tanto, Odín era llamado el Señor de las horcas o el dios de los colgados, y se representaba sentado debajo de una horca. En realidad, se dice que se sacrificó él mismo de la manera ordinaria que leemos en los misteriosos versículos de Havamal que se mencionan a continuación, en los que el dios describe cómo adquirió su poder divino adquiriendo la magia:

Sé que colgué del árbol azotado por el viento Durante ocho noches completas;

Herido con la lanza, dedicado a Odín, Yo mismo para mí mismo130.

“Uno de los primeros lugares de asentamiento del cristianismo fue Antioquía, pero en esa ciudad se celebraba anualmente la muerte y resurrección del dios Tammuz o Adonis, significando este último nombre “el Señor”… El lugar de Belén seleccionado por los primeros cristianos como escena del nacimiento de Jesús (al no saber dónde sucedió realmente el acontecimiento) no fue sino un antiguo santuario de este dios pagano, como San Jerónimo descubrió horrorizado; hecho que demuestra que Tammuz o Adonis se confundieron al final con Jesucristo en las mentes de los hombres. Se creía que este dios sufrió una muerte cruel, descendió a los infiernos o al Hades, resucitó de nuevo y subió al cielo; y en su festival, tal como se celebra en diversas regiones, su muerte era llorada y se preparaba una efigie de su cuerpo muerto para el enterramiento, lavándolo con agua y untándolo con ungüentos; y al día siguiente, se conmemoraba su resurrección con gran regocijo, usándose probablemente las mismas palabras: “El Señor ha resucitado”. La celebración de su ascensión a la vista de sus fieles era el acto final del festival”131. “Hay un cierto aspecto en la historia del Evangelio que parece realmente tomado de la religión de Adonis y también de otras religiones paganas, es decir, la bajada al Infierno”132.

  • Otra religión que tuvo su influencia en el cristianismo fue la adoración del dios o héroe divino espartano, Jacinto, que murió por un golpe accidental. Su festival de tres días se celebraba anualmente en primavera o a comienzos del verano. El primer día era llorado como muerto; en el segundo día se celebraba su resurrección, con gran regocijo; y en el tercer día, al parecer, se conmemoraba su ascensión, ya que las esculturas de su tumba lo mostraban subiendo
  • Weigal, Paganism in our Christianity, págs. 110, 111, Hutchinson & Ltd., Londres
  • Ídem, 113

al cielo, con su hermana virgen, en compañía de ángeles o diosas”133.

  • Estaba también el culto a Attis era el Dios Pastor, hijo de Cibeles, la Gran Madre, alternativa de la virgen Nana, que lo concibió sin unión con hombre mortal, como en la historia de la Virgen María; pero en la flor de su vida se mutiló y se desangró hasta la muerte al pie de su pino sagrado. En Roma, las fiestas de la muerte y resurrección se celebraban anualmente del 22 al 25 de marzo. En estas fiestas, se cortaba un pino el día 22 de marzo y se sujetaba a su tronco una imagen del dios, siendo así Attis “matado y colgado de un árbol”, según la frase bíblica. Esta imagen era posteriormente enterrada en una tumba. El 24 de marzo era el Día de la Sangre, en el que el Sumo Sacerdote, que representaba por su parte a Attis, obtenía sangre de un sacrificio humano, sacrificándose, al parecer, a sí mismo. Nos trae a la mente las palabras de la Epístola a los Hebreos:

“Pero presentóse Cristo como Sumo Sacerdote…no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre… consiguiendo una redención eterna para nosotros”.

Esa noche, los sacerdotes iban a la tumba y la encontraban iluminada desde su interior, y se descubría entonces que estaba vacía, ya que el dios había resucitado al tercer día de entre los muertos, y el día 25 se celebraba la resurrección con gran regocijo, tomándose una comida sacramental de algún tipo, y bautizándose a los iniciados con sangre, con lo que se le perdonaban sus pecados y se decía que nacían de nuevo134.La idea central en la adoración de Adonis era la muerte y resurrección de este dios: era matado por un jabalí, pero el jabalí era una encarnación de él mismo, por lo que el dios era al mismo tiempo el ejecutor y la víctima, una idea propuesta ya en la Epístola a los Hebreos, en la que Cristo se describe como sumo sacerdote que, para limpiarnos del pecado, se sacrificó a sí mismo. De la misma manera, Adonis sacrificaba un toro, pero este toro también era él mismo; se sacrificaban una cabra y un toro a Dionisios, pero eran también representaciones de ese dios; se sacrificaba un oso a Artemis, pero este oso era también el mismo Artemis; y así sucesivamente… Por tanto, estaba muy extendida la idea de un dios que se sacrificaba por los pecados de la humanidad con su propio sacrificio; y los sacrificios humanos en general, que simbolizaban directa o indirectamente la muerte beneficiosa de dioses, eran ideas Tertulión dice que se sacrificaban niños a Saturno incluso bajo el mandato de Tiberio. Dion Cassius habla del sacrificio de dos soldados a Marte en tiempos de Julio César, y podrían citarse otros casos para demostrar lo generalizada que estaba la creencia en la eficacia de los sacrificios humanos en la época de Cristo”135.

En la época de Cristo se defendían firmemente las opiniones antiguas de los judíos en cuanto al ofrecimiento por los pecados; y el sacrificio de un cordero, una cabra o algún otro animal para el perdón de los pecados era una costumbre ordinaria, y se empleaba como variante de esta práctica al chivo expiatorio136, el cual, cargando con todos los pecados de la nación, era conducido al desierto para que fuese devorado por las fieras… En todas partes se suponía que los dioses paganos sufrían y sangraban por la humanidad, mientras sus altares rezumaban con la sangre de las víctimas humanas y animales torturados y matados para la remisión de los pecados”137.

Sir James Frazer escribe:

“El empleo de un hombre consagrado o un animal como chivo expiatorio es algo que merece ser especialmente señalado… se cree que todos los males se transfieren a un dios que muere posteriormente…por otra parte, hemos visto que era habitual matar al dios humano o animal, a fin de salvar su vida divina del debilitamiento por el avance de los años. Por otro lado, hemos visto también la costumbre de la expulsión general de los males y pecados una vez al año. Ahora bien, si a un pueblo se le ocurría combinar estas dos costumbres, el resultado sería el empleo de un dios moribundo como chivo expiatorio. Lo mataban, en principio, no para conseguir el perdón de los pecados, sino para salvar la vida divina de la degeneración del envejecimiento; pero dado que debía morir a toda costa, las gentes solían pensar que podrían aprovechar la oportunidad de echar sobre él la carga de sus sufrimientos y pecados a fin de que se los llevara con él al mundo desconocido que está más allá de la tumba”.138

Si se comparan estas creencias paganas con la historia del Jesús crucificado que San Pablo presentó a los gentiles, vemos que esta última no es más que una copia de las primeras. De hecho, los discípulos de Jesús no insistieron excesivamente en su crucifixión y resurrección, y no escuchamos gran cosa de esta nueva doctrina hasta el regreso de S. Pablo de Arabia, cuando empezó a predicar a los gentiles. Se admite que el primer mártir del cristianismo fue Esteban, cuyo martirio afectó profundamente al modo de pensar de Pablo. En los Hechos de los Apóstoles, capítulos 6 y 7, leemos una narración sobre este gran mártir. “Hacía grandes maravillas y milagros entre el pueblo”. Después mantuvo una fuerte discusión con los judíos. Denunció el culto local del Lugar Santo del Templo, y fue detenido por su blasfemia contra Moisés y contra Dios. A continuación, pronunció un discurso excelente y animado sobre materias de la Escritura; pero no dice ni una sola palabra sobre la “resurrección” de Jesús en toda esa larga disputa. Si el “Señor” resucitado era el centro de sus convicciones ¿por qué no lo dijo? En su discurso debió haber subrayado la “resurrección” más que ninguna otra cosa. Pero no lo hace así.

Solo es Pablo el que insiste en el Jesús crucificado y se muestra entusiasmado sobre su “resurrección”. Como dice:

“Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe”139.

Y fue él quien dijo:

“Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros”140.

Y fue él quien se glorió en la Cruz de Jesucristo141.

El primer grupo de discípulos no aceptó su innovación y se opusieron a él con todas sus fuerzas, pero, a medida que pasó el tiempo, su religión fácil, aunque rechazada por los judíos, se convirtió en la religión conquistadora del imperio romano pagano. Se promulgaron creencias y ceremonias paganas, y se fusionó el culto a Attis con el de Jesús. Y “fue en el Concilio de Nicea, en el año 325, alrededor de tres siglos después de la crucifixión, cuando Jesús fue por primera vez reconocido oficialmente por la Iglesia como Dios”142. Así, la doctrina creada por Pablo hizo que se tomara a Jesús, que era un ser mortal, como Dios. ¡Y sin embargo había sido enviado para establecer la Unicidad de Dios y enseñar que no debía adorarse a nadie aparte de Él!

¿Profetizó Jesús la Crucifixión y la Resurrección?

 En 1927, estando en Damasco, tuvo un lugar un debate escrito entre el Rvdo. Alfred Nelson, encargado entonces de la misión cristiana de Damasco, y un servidor, sobre el tema: ¿Murió Jesús en la Cruz? A lo largo del mismo, me dirigió la pregunta siguiente: “Si creemos que Jesús no murió en la Cruz, entonces ¿fue falsa su profecía de que moriría y resucitaría al tercer día?”.

Mi respuesta a la pregunta fue: Usted no puede decir positivamente que esas fueron las palabras exactas dichas por Jesús. Estos libros fueron escritos en una época en la que la teoría de la crucifixión, inventada por Pablo, había sido aceptada por la mayoría de los cristianos. Que sepamos, Lucas estuvo mucho tiempo en compañía de Pablo. Lo acompañó en muchos de sus viajes143. Estuvo con él en Roma144. Y Marcos, según un fragmento de Papías, era el seguidor e intérprete de Pedro145.

Además, existe una controversia sobre quiénes fueron los autores de los otros dos Evangelios. No es pues extraño que encontremos en estos libros algunas frases en apoyo de la teoría de Pablo. Hay que recordar igualmente que las palabras de esta profecía difieren en cada Evangelio. Así, Mateo escribe que cuando Jesús dijo a sus discípulos que sería traicionado a manos de los hombres y que ellos lo matarían, “y al tercer día resucitaría”, “ellos se mostraron profundamente entristecidos”146. Este pasaje demuestra que entendieron lo que les dijo y se entristecieron por ello. Lucas dice que les dijo que sería entregado a las manos de los hombres. “Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto”147. Y en el cuarto Evangelio se observa que no conocían profecía alguna en el sentido de que debiera resucitar de entre los muertos148. Marcos dice que cuando María Magdalena les dijo a los discípulos, que gemían y lloraban, que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después de que se apareciera a los dos y cuando ellos se lo contaron al resto, tampoco los creyeron. “Entonces se apareció a los once y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a quienes lo habían visto resucitado”149. Su lamentación y su incredulidad en la noticia de su resurrección demuestran que no conocían profecía alguna de este tipo.

En tercer lugar, podemos decir que la segunda parte de esta profecía: “Que sería resucitado al tercer día” no se cumplió con estas mismas palabras. Según Juan 20:1 y Lucas 24:1 estuvo en el sepulcro un día y dos noches, y no tres días y tres noches como estuvo el profeta Jonás en el vientre de la ballena. Tampoco se cumplió la primera parte de la profecía en sus mismas palabras, excepto que podamos decir que la aparente muerte en la Cruz, tal como contempló Juan el Divino, que lo vio “como degollado”150 sea una referencia simbólica a la muerte, o que la espantosa tortura que iba a sufrir en la Cruz, seguida por un desvanecimiento, se describiera de forma figurada como muerte.

Por otro lado, hay muchas profecías, alguna de las cuales he mencionado en el primer capítulo, que muestran que Dios lo salvaría de la muerte en la Cruz. Es, pues, innegable que cuando todo el mundo había desesperado por su vida, Dios lo salvó de la muerte y cumplió así lo que había predicho. Permaneció en el sepulcro vivo al igual que Jonás permaneció vivo en el vientre de la ballena.

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