En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

En lo que se refiere a la necesidad de información, creemos que le hemos hecho justicia. Pero antes de concluir aquí el tema, deseamos hacer una llamada apasionada al mundo cristiano para que baje de su fingida torre de marfil y descienda a las duras realidades de la vida.

Jesucristo era un hombre perfecto en el contexto de su época; pero no más que un hombre. Alcanzó las alturas que estaba destinado a alcanzar como mensajero especial de Dios, con el título del Mesías. Esto le hizo único entre todos los profetas desde el tiempo de Moisés hasta su advenimiento.

A cada profeta se le asigna, ciertamente, una tarea difícil. Han de llevar a cabo la transformación y reforma de un pueblo que se ha vuelto extremadamente malvado. En el caso de Jesús, esta tarea fue aún más difícil porque no sólo tuvo de luchar contra los males sociales comunes sino que hubo de llevar a cabo un cambio dramático y revolucionario en la actitud del pueblo judío.

Al igual que ocurre con los seguidores de toda religión, que con el paso del tiempo se desvían progresivamente de la verdad y comienzan a vagar perdidos en el desierto del pecado, lo mismo ocurrió con el pueblo judío. Cuando Jesús vino, se hallaban virtualmente muertos de espíritu. El agua de la vida divina se había evaporado, dejando detrás corazones difuntos y duros como las piedras. La tarea que se asignó a Jesús consistió en transformarles, de nuevo, en corazones humanos con latido, y hacer brotar de ellos la bondad humana. Este fue el milagro que Jesús produjo y en él radica su grandeza.

Ahora que el mundo del islam y el cristianismo se hallan aguardando conjuntamente el segundo advenimiento de Jesucristo, no deben olvidar que el Jesús que está destinado a venir ha de ser, esencialmente, el mismo Jesús en carácter y naturaleza de su misión. Sin embargo, según las profecías del fundador del islam, Hazrat Mohammad, este Jesús aparecería en su segundo advenimiento, no en el mundo del cristianismo sino en el mundo del islam. No obstante, el gran milagro que llevaría a cabo sería el mismo, aunque serían, en esta época, los corazones de los musulmanes de los últimos días los que habría de transformar. Esta forma de entender su segundo advenimiento encuentra su pleno apoyo en otras profecías del Santo Profeta. Predijo que la situación del pueblo islámico durante los últimos días, sería tan similar a la de los judíos de la época decadente, como un zapato se asemeja al otro del mismo par.

Por lo tanto, si la enfermedad había de ser la misma, también el remedio debía ser el mismo. El Mesías volvería al mundo con el mismo talante humilde, no en su persona sino con su espíritu y carácter, y esto es exactamente lo que ha acontecido. Tales personas divinas y revolucionarias nacen siempre como seres humanos humildes e insignificantes y llevan una vida de modestia. Retornan espiritualmente a la tierra con el mismo estilo y son tratados, de nuevo, con la misma hostilidad fanática, prejuicios y crueldad. Nunca son reconocidos fácilmente como verdaderos representantes de aquellos que prometieron su retorno.

Lo que ocurrió a Cristo en su primera aparición a manos de los judíos, era preciso que le ocurriera a él también, pero en esta ocasión a manos de los musulmanes y los cristianos que esperaban su retorno. Las mismas expectativas distorsionadas e irreales respecto a la manera en que revisitaría la tierra; los mismos objetivos imaginarios que se supone que debería perseguir; los mismos criterios inverosímiles de sus realizaciones y logros en la tierra, tal como eran manifestados por los judíos del tiempo de Jesucristo, habrían de repetirse por los musulmanes durante su segundo advenimiento. De esta manera, la historia se volvería a repetir.

Mirando ahora hacia atrás, uno se encuentra en mejor posición de entender el fracaso de los judíos a la hora de reconocer a su Mesías. Podemos comprender fácilmente su dificultad y extraer lecciones de su tragedia. Su interpretación literal de las escrituras les confundió. Todo esto ya lo hemos discutido, pero la necesidad de hacer énfasis en este tema tan crucial, nos obliga a referirnos una vez más a él. Siempre ocurre en la historia de los reformadores religiosos esperados, que la gente que los aguarda fallan la mayor parte de las veces en reconocerles debido a que las señales de su reconocimiento se leen mal y son mal entendidas. Se mitifican las realidades y las metáforas se toman en sentido literal.

Prácticamente la misma historia se ha repetido en el momento del segundo advenimiento del Mesías, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian. Al igual que en el caso del descenso prometido de Elías desde los cielos, como esperaban los judíos de la época de Jesucristo, de nuevo se esperaba que alguien descendiera con su cuerpo desde el cielo: el propio Mesías, en este caso.

En el caso de los judíos, estos se encontraban esperando que el Mesías llegara en estado de gloria. En el caso de los cristianos, estos esperaban a alguien que les anunciara el comienzo de una nueva era de dominación y supremacía sobre sus dueños romanos. Jesús de Nazaret acabó con todas estas expectativas. Cuando finalmente apareció, lo hizo totalmente distante y alejado de la imagen de llegada mesiánica esperada por los judíos, imagen que abrigaron sentimentalmente durante siglos.

Es sorprendente ver como han sucedido acontecimientos similares en relación con el advenimiento de Cristo en la persona de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian. El papel jugado por sus oponentes es el mismo y sólo cambian los nombres. La mayoría de los grupos musulmanes y cristianos, ambos por igual, han adoptado el carácter y estilo de los judíos del tiempo de Jesús. Las objeciones son las mismas. La lógica de su rechazo es la misma. Sin embargo, Dios trató a este hombre humilde con señales de apoyo aún mayores que las de Jesús de la primera época, y le ayudó a difundir su mensaje mucho más rápidamente y en mayor número de países, en todos los continentes del mundo. Estos son los hechos que hablan por si solos, aunque sólo para aquellos que los escuchan. Estos son los hechos que se hacen cada vez más aparentes con el paso del tiempo, aunque sólo para aquellos que se preocupan de observar.

Permítasenos, finalmente, recordar a los cristianos y musulmanes que se hallan aguardando la reaparición de Cristo a lo largo de los últimos siglos, las palabras proféticas de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, el Mesías de los últimos días designado por Dios.

Recordad bien que nadie descenderá nunca de los cielos. Todos nuestros oponentes que hoy viven, morirán, y ninguno de ellos verá jamás a Jesús, el hijo de María, descender del cielo; luego, los hijos que dejen atrás, también morirán y ninguno de ellos verá nunca a Jesús, el hijo de María bajar del cielo. Luego, su tercera generación también morirá y tampoco verá descender al hijo de María. Entonces Dios provocará una gran consternación en sus mentes y dirán, incluso, que la era de la dominación de la cruz se ha acabado y el modo de vida ha cambiado completamente y, a pesar de ello, el hijo de María no ha descendido. Luego, con gran amargura, los sabios de entre ellos, renunciarán a esta creencia y no pasarán más de tres siglos desde hoy, sin que quienes aguardan el advenimiento de Jesús, hijo de María, tanto si son musulmanes como cristianos, abandonen conjuntamente este concepto[1].

Por lo tanto, podéis esperar hasta que nazca una nueva generación y ella también espere a acabar su trayectoria y que una nueva generación le releve. Este estado de espera continuará hasta el fin del tiempo, pero ningún Jesús descenderá corporalmente del cielo. Por mucho que lo deseen quienes anhelan que retorne a visitarles en persona, nunca verán que su sueño se hace realidad. Pueden incluso crear, para ellos, un muro de lamentaciones como hicieron los judíos hace más de tres mil años, y golpear sus cabezas contra él. Pero lo que ocurrió en el caso de los judíos ocurrirá de nuevo. No verán descender a ningún mesías, generación tras generación tras generación, a pesar de sus gemidos y lamentos. Sus esperanzas futuras de Cristo no les proporcionarán más que el vacío y una oquedad que nunca acabará. Un futuro totalmente desierto.

En cuanto a los cristianos que toman a Cristo seriamente como el hijo literal de Dios, concluyamos esta discusión con las siguientes palabras de advertencia provenientes del Sagrado Corán, que habla del advenimiento del Santo Profeta que llegó:

(árabe)

El (El Santo Mensajero de Al-lah) vino para advertir a quienes atribuyeron a Dios un hijo. No poseen conocimiento -de ello- ni tampoco lo tuvieron sus antepasados. Es una enormidad que proclaman por sus bocas. No proclaman más que falsedad. (18:5-6)

[1]Roohani Khazain Vol. 20: Tazkiratush Shahadatain p.67

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