En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La relación “Padre-Hijo” entre Dios y Jesucristo es esencial para el cristianismo. Intentemos entender, en primer lugar, cuál es el significado de “hijo literal”. Cuando nos centramos en el significado de lo que supone ser un hijo literal de un padre literal, comienzan a aparecer ciertas cosas que nos obligan a revisar nuestra opinión sobre la “filiación” de Jesús. ¿Qué es un hijo? Durante el período en el que la ciencia aún no se había desarrollado y descubierto cómo se produce el nacimiento de un niño, esta cuestión sólo podía responderse de forma vaga. La gente antigua pensaba que cabía la posibilidad de que Dios tuviera un hijo a través de un nacimiento humano. Se trataba de una creencia que prevalecía en casi todas las sociedades paganas de distintas partes del mundo. La mitología griega abunda en tales relatos y la mitología hindú tampoco se queda atrás. El que los así llamados dioses tuvieran tantos hijos e hijas como deseasen, nunca fue seriamente criticado por la razón humana. Sin embargo, hoy día, la ciencia ha experimentado tal desarrollo, que el proceso del nacimiento humano ha sido descrito con minuciosos detalles. El asunto en cuestión se ha vuelto muy complejo, y quienes aún creen que Dios puede dar lugar a hijos e hijas literales tienen serios problemas que resolver, y cuestiones muy difíciles que contestar.

Las Bases Científicas de la Paternidad

En primer lugar, permítanme que les recuerde que tanto el padre como la madre participan de igual manera en la procreación del hijo. Las células de los seres humanos contienen 46 cromosomas, que portan los genes o caracteres conformadores de la vida. El óvulo de la madre humana posee sólo 23 de los 46 cromosomas, que constituyen la mitad del número total encontrado en cada hombre y mujer. Cuando el óvulo de la mujer está maduro y dispuesto para la inseminación, el esperma masculino le proporciona la otra mitad de los cromosomas que carece, al penetrar y fertilizarlo. Este el designio de Dios, ya que de otra manera, el número de cromosomas se duplicaría en cada generación, y, como resultado, la segunda generación tendría 92 cromosomas y los humanos degenerarían -quizás en gigantes- y todo el proceso de crecimiento quedaría desbocado. Dios ha planeado  y diseñado tan bellamente el fenómeno de supervivencia de las especies, que ha hecho que las células reproductoras posean sólo la mitad de los cromosomas. El óvulo de la madre contiene 23 cromosomas, los mismos que los espermatozoos del padre. Así, se puede esperar razonablemente que la mitad de los genes portadores de las características del niño procederán de la mujer y la otra mitad de su pareja masculina. Este es el significado de hijo literal. No hay otra definición de hijo literal que pueda ser atribuida a ningún nacimiento humano. Puede haber variaciones en el proceso, pero no hay excepciones a los principios y reglas expuestos.

Centrando nuestra atención en el nacimiento de Jesús, construyamos un escenario en relación a lo que pudo haber ocurrido en su caso particular. La primera posibilidad, que puede considerarse científicamente, es que el óvulo de María, no fertilizado, proporcionara los 23 cromosomas que forman la contribución de la madre en la gestación del embrión. De ser así, surgiría la cuestión de ¿cómo fue fertilizado el óvulo y de dónde vinieron los 23 cromosomas esenciales restantes?. Es imposible sugerir que las células de Jesús contenían sólo 23 cromosomas. Ningún niño humano normal puede nacer vivo con siquiera 45 cromosomas. Incluso si a un ser humano se le privara de un simple cromosoma de los 46 que son necesarios para la creación de todos los seres humanos normales, el resultado sería algo caótico, si fuera viable. Desde el punto de vista científico, María, por si sola, no pudo proporcionarle 46 cromosomas. 23 habían de proceder de alguna otra parte.

Si Dios es el padre, ello ofrece, a su vez, diversas opciones. Una, que Dios tenga también los mismos cromosomas que los  humanos, y que éstos fueran transferidos, de alguna forma, al útero de María. Esto no es creíble ni aceptable: si Dios tuviera los cromosomas de los humanos significaría que ha dejado de ser Dios. Por lo tanto, como consecuencia de creer en Jesús como “Hijo” literal de Dios, hasta la divinidad del Padre queda en entredicho.

La segunda posibilidad es que Dios crease los cromosomas extras como un fenómeno sobrenatural de creación. En otras palabras, éstos no pertenecían a la persona de Dios, sino que fueron creados de manera milagrosa. Esto nos llevaría automáticamente a rechazar la relación entre Jesús y Dios como la del hijo y el padre, y a concluir de que se trata de la relación que todo lo abarca entre el Universo y Dios: la relación de todo ser creado con su Creador.

 

¿Es Posible un Hijo Literal de Dios? 

Evidentemente, por tanto, es imposible una filiación literal de Dios, porque un hijo literal ha de poseer la mitad de los cromosomas de su padre y la mitad de los cromosomas de su madre. Otra dificultad que surge es que el hijo sería mitad hombre y mitad dios, cuando los que creen en la filiación literal afirman e insisten en que Cristo era un hombre perfecto y un dios perfecto.

Si los cromosomas constituyeran la mitad del número requerido, entonces no existiría ningún problema, puesto que no nacería ningún niño. Si suponemos que tal cosa ocurriera, entonces ese niño sólo sería medio hombre, por no mencionar los veintitrés cromosomas que le faltarían, cuando la realidad es que un simple defecto en un gen de un cromosoma hace estragos en el niño que nace con tal defecto congénito: puede nacer ciego, sin miembros, sordo o mudo. Los daños concomitantes con tal desgracia son ilimitados. Debemos ser realistas; es imposible concebir que Dios posea cromosomas, humanos o de otra naturaleza.

Por lo tanto, habiendo excluido la contribución física personal de Dios, si había de nacerle a María un hijo con genes únicamente humanos pertenecientes a su óvulo, fuera cual fuera el resultado, no sería ciertamente el “Hijo” de Dios. A lo sumo se podría describir a este fenómeno de la naturaleza como medio hombre y nada más. Si los órganos reproductores de María eran similares a los de cualquier otra mujer y aún así el óvulo se llegó a fertilizar por sí mismo, de alguna manera, lo más que se podría esperar es la creación de un ser con sólo la mitad de los caracteres humanos. Sería abominable denominar a ese ser el “Hijo” de Dios.

¿Cómo pues nació Cristo? Sabemos que se ha investigado, en muchos países avanzados del mundo, el tema del nacimiento a partir de una madre sola sin la participación del varón. Sin embargo, hasta el momento, el conocimiento humano se halla a tal nivel, que la investigación científica no ha avanzado lo suficiente para que se pueda proporcionar una evidencia irrefutable positiva de nacimientos de mujeres vírgenes en la raza humana. No obstante, todas las posibilidades están abiertas.

En las escalas inferiores de la vida hay dos fenómenos claramente establecidos: la partenogénesis y el hermafroditismo. Como tal, el nacimiento milagroso de Jesús a partir de María, puede entenderse como perteneciente a un fenómeno natural similar, aunque muy raro, cuyos pormenores no han sido plenamente desentrañados por el hombre.

Vamos a exponer brevemente los fenómenos de la partenogénesis y el hermafroditismo. Los lectores interesados en un tratamiento más científico del tema, basado en el conocimiento actual, pueden consultar el Apéndice-II.

Partenogénesis

Se trata del desarrollo asexual de un óvulo femenino hasta convertirse en un individuo adulto, sin la ayuda de un agente masculino. Se observa en numerosas formas inferiores de vida y también en los peces. Hay también evidencia de que la partenogénesis puede ser una estrategia de éxito entre lagartos que viven bajo condiciones difíciles de lluvias intensas. En condiciones de laboratorio, embriones de ratones y conejos se han desarrollado según el mecanismo de la partenogénesis hasta una etapa equivalente a la mitad del embarazo, si bien posteriormente acabaron abortando. En estudios recientes se ha demostrado que los embriones humanos se pueden activar, en ocasiones, en la dirección de la partenogénesis empleando iones de calcio como catalizador. Tales estudios suscitan la posibilidad de que algunas pérdidas tempranas en el embarazo humano pueden tener que ver con la activación partenogénica del embrión. Según los últimos estudios experimentales, no obstante, la posibilidad de un nacimiento virgen ha demostrado ser científicamente posible. Un informe de Nature Genetics de Octubre de 1995 comenta el caso llamativo de un niño de tres años cuyo cuerpo derivaba parcialmente de un óvulo no fertilizado. Los investigadores estudiaron las secuencias del DNA a lo largo del cromosoma X en la piel y la sangre del niño y descubrieron que los cromosomas X de todas sus células eran idénticos entre sí y procedían, por entero, de su madre. De forma similar, los dos miembros de cada uno de los 22 pares de cromosomas restantes hallados en su sangre eran idénticos y procedían únicamente de su madre.

Hermafroditismo 

Se aplica este término cuando los órganos de ambos sexos se hallan presentes en el interior de una sola hembra y los cromosomas muestran tanto caracteres masculinos como femeninos, estando alineados juntos. Las pruebas de laboratorio han mostrado casos tales como el de un conejo hermafrodita que, en un ciclo determinado, cubrió a diversas hembras y engendró más de 250 crías de ambos sexos, mientras que en otro momento quedó preñado encontrándose aislado y dió a luz a siete crías sanas de ambos sexos. Cuando se le practicó la autopsia, demostró poseer dos ovarios funcionales y dos testes infértiles, encontrándose en ese momento preñado. Estudios recientes sugieren que tal fenómeno -aunque raro- es posible también entre los humanos.

¿Qué son los milagros?

Con la posibilidad abierta de un nacimiento virgen, tal suceso no queda como algo imposible y antinatural. ¿Dónde está la necesidad de buscar una explicación sobrenatural al nacimiento de Jesús, o incluso ir más lejos, hasta el extremo de creer en el nacimiento de un “Hijo” de Dios surgido a través de un nacimiento humano? Cuando todo esto se toma en consideración como un hecho natural ¿por qué es difícil creer que el nacimiento de Jesucristo fue un fenómeno natural oculto, producido por un designio especial de Dios? Algo ocurrió en María que hizo que diera a luz a ese niño de forma milagrosa, sin que ningún hombre la tocara. Los musulmanes áhmadis creemos que esto es exactamente lo que ocurrió.

Nuestra creencia es sólida puesto que ningún científico puede rechazarla como carente de sentido o por ser opuesta a las leyes de la naturaleza.

El Islam no considera los milagros como sucesos antinaturales, sino que los conceptua como fenómenos naturales que están ocultos al conocimiento humano en el período de tiempo en que acontecen. Si no fuera así, surgirían numerosas cuestiones en contra de la sabiduría divina. Si Dios creó las leyes de la Naturaleza, debió haber hecho las previsiones necesarias para que, sin contradecirlas, pudiera proporcionar las soluciones adecuadas a cada problema.

No todas las leyes son conocidas por el hombre. Hay categorías de leyes que operan, por así decirlo, en diferentes escalas y planos distintos. En ocasiones son conocidas por el hombre en un sólo plano y la vista humana es incapaz de penetrar más adentro. A medida que el tiempo avanza y aumenta el conocimiento humano, también crece su capacidad de penetración y observación que le permiten percibir ciertas leyes que permanecían ocultas hasta entonces. En otra era posterior del conocimiento científico se producen nuevos descubrimientos que arrojan más luz sobre ciertas leyes que operan en conjunto. Así, no sólo se conoce mejor su función sino también su interacción con las demás leyes.

Aquello que pareció un milagro en la época pasada, ahora no se consideraría como tal. Los milagros sólo son milagros en relación con el conocimiento del hombre en un período específico de tiempo. Cuando se muestra un ejercicio especial del poder de Dios, se rompe, en apariencia, una ley. Pero en realidad no es así: se trata de una ley oculta que ya existía y que se pone en marcha por orden divina. La gente de una determinada época no entiende dicha ley ni posee control sobre la misma. Por ejemplo, la fuerza del magnetismo era desconocida para el hombre hace unos cuantos miles de años. Si alguien la hubiera descubierto accidentalmente y hubiera ideado un artilugio con el que hacer elevar algunos objetos sin aparente causa discernible para el ojo desnudo y ante el asombro de los demás, podría exclamar: “¡Mirad: un milagro, un milagro!”. Hoy día estos trucos se considerarían triviales y ordinarios.

El conocimiento del hombre es limitado mientras que el de Dios es ilimitado. Si una determinada ley, que está fuera del alcance del conocimiento humano, se pone en funcionamiento, puede parecer un milagro. Pero si miramos retrospectivamente tales ejemplos con la mirada del conocimiento acumulado desde entonces, podemos definir a estas alteraciones de las leyes de la naturaleza como un mero fenómeno natural que no fue plenamente entendido por el hombre de su época. Es por esto por lo que afirmo que ha de existir un fenómeno natural responsable del nacimiento de Jesús de un sólo padre, que era desconocido para los hombres de aquel período, y que no es plenamente comprendido por el hombre de hoy. Pero la ciencia está avanzando en esta dirección y cada vez se entienden más cosas. Puede llegar, por tanto, un tiempo, en el que nadie pueda ser capaz de afirmar que el nacimiento de Jesús fue antinatural. Se habrá de coincidir en que se trató de un suceso natural aunque raro, tan raro que apenas ocurre en la historia humana.

Jesús ¿el Hijo de Dios?

Existen muchos otros problemas derivados del entendimiento cristiano de Jesús, su naturaleza y su relación con Dios. De un estudio adicional crítico y analítico de la doctrina cristiana se deduce que existe un “Hijo de Dios” que posee las características de un hombre perfecto y también de un dios perfecto. Sin embargo, debemos recordar que, incluso desde el punto de vista de la doctrina cristiana, el Padre no es exactamente igual que el “Hijo”. El Dios Padre es un Dios perfecto y no un hombre perfecto, mientras que el “Hijo” es a la vez un hombre perfecto y un Dios perfecto. En tal caso se trata de dos personalidades con características diferentes.

Debe comprenderse que tales características no son transferibles. Hay caracteres en determinadas sustancias que son transferibles. Por ejemplo, el agua puede convertirse en nieve y también en vapor, sin que se origine un cambio en la sustancia o la composición del agua. Pero el tipo de diferencias en las características de Dios y de Cristo, donde se añaden ciertos caracteres a uno de ellos, son irreconciliables. No es posible que uno de ellos atraviese esta transformación y aun así permanezca indistinguible del otro. Del mismo modo, constituye un problema serio la consideración de que Jesucristo era un dios perfecto a la vez que un hombre perfecto. Si lo fuera, era entonces ciertamente diferente del Padre, que nunca fue un hombre perfecto, ni tan siquiera un hombre imperfecto ¿Qué tipo de relación era ésta? ¿Era el “Hijo” más grande que el Padre? Si este carácter adicional no hacía al “Hijo” más grande, debía tratarse de un defecto. En tal caso ese “Hijo-Dios” defectuoso no sólo va en contra de las afirmaciones del cristianismo sino también contra el entendimiento universal de Dios. ¿Cómo, pues, puede nadie entender el dogma paradójico del cristianismo que pretende que creamos que “Uno en Tres” y “Tres en Uno” son la misma cosa, sin ninguna diferencia. Esto sólo ocurre cuando los fundamentos propios de la fe no se fundamentan en hechos objetivos, sino sólo en mitos.

Hay otro problema a resolver que es el siguiente: si Jesús se convirtió en “Hijo de Dios” como consecuencia de su nacimiento del vientre de María, ¿Cuál era entonces su situación anterior? Si era eternamente el “Hijo”, sin haber nacido de María ¿por qué era necesario que se le hiciera nacer con forma humana?. Si era necesario, entonces, la cualidad de “Hijo” no era eterna, y sólo se convirtió en una característica adicional después de haberle hecho nacer, y desapareció cuando rechazó el cuerpo y volvió al cielo. Así pues, surgen numerosas complejidades de una creencia que rechaza el sentido común. Les invito de nuevo a aceptar un escenario mucho más respetable y realista: creer que el nacimiento de Jesucristo fue una creación especial originada por Dios a través de la activación de algunas leyes ocultas de la naturaleza. Jesús era es hijo metafórico de Dios, amado por El de manera especial, pero un ser humano igual que los demás. Su status de “Hijo” fue añadido a su persona cerca de trescientos años más tarde, para permitir que su leyenda permaneciera viva (trataremos de este tema más adelante).

Respecto a la cuestión de la naturaleza de la relación nupcial entre Dios Padre y María, se trata de un tema que prefiero evitar. No obstante, es un mal ineludible si se pretende entender el papel intermediario de María entre el “Padre” y el “Hijo”. Quizá fuera ésta la cuestión que preocupó tanto a Nietzche que hizo que diera rienda suelta a su insatisfacción, con las siguientes palabras:

No mucho después de haberse librado Zaratustra del mago vio de nuevo a alguien sentado junto al camino que él seguía, a saber, un hombre alto y negro, de pálido y descarnado rostro: éste le causó una violenta contrariedad. “Ay, dijo a su corazón, allí está sentada la tribulación embozada, aquello me parece pertenecer a la especie de los sacerdotes: ¿qué quieren ésos en mi reino?”…”¡Quienquiera que seas, viajero, dijo, ayuda a un extraviado, a uno que busca, a un anciano al que con facilidad puede ocurrirle aquí algún daño!

Este mundo de aquí me es extraño y lejano, también he oído aullar animales salvajes; y el que habría podido ofrecerme ayuda, ése no existe ya.

Yo buscaba al último hombre piadoso, un santo y un eremita, que, solo en su bosque no había oído aún nada de lo que todo el mundo sabe hoy”.

“¿Qué sabe hoy todo el mundo?, preguntó Zaratustra ¿Acaso que no vive ya el viejo Dios en quien todo el mundo creyó en otro tiempo?”

“Tu lo has dicho, respondió el anciano contristado. Y yo he servido a ese viejo Dios hasta su última hora.

Mas ahora estoy jubilado, no tengo dueño y, sin embargo, no estoy libre, tampoco estoy alegre ni una sola hora, a no ser cuando me entrego a los recuerdos.

Por ello he subido a estas montañas, para celebrar por fin de nuevo una fiesta para mí, cual conviene a un antiguo papa y padre de la Iglesia: pues sábelo ¡yo soy el último papa! -una fiesta de piadosos recuerdos y cultos divinos.

Pero ahora también él ha muerto, el más piadoso de los hombres, aquel santo del bosque que alababa constantemente a su Dios cantando y gruñendo.

A él no lo encontré ya cuando encontré su choza, -pero sí a los lobos dentro, que aullaban por su muerte- pues todos los animales le amaban. Entonces me fui de allí corriendo.

¿Inútilmente había venido yo, por tanto, a estos bosques y montañas? Mi corazón decidió entonces que yo buscase a otro distinto, al más piadoso de todos aquellos que no creen en Dios, -¡a que yo buscase a Zaratustra!”

Así habló el anciano y miró con ojos penetrantes a aquél que se hallaba delante de él; más Zaratustra cogió la mano del viejo papa y la contempló largo tiempo con admiración.

“Mira, venerable, dijo luego, ¿qué mano tan bella y tan larga! Esta es la mano de uno que ha impartido siempre bendiciones. Pero ahora esa mano agarra firmemente a aquel a quien tu buscas, a mí, Zaratustra.

Yo soy Zaratustra, el ateo, que dice: ¿quién es más ateo que yo, para gozarme con sus enseñanzas?”-

Así habló Zaratustra, y con sus miradas perforaba los pensamientos y las más recónditas intenciones del viejo papa. Por fin éste comenzó a decir:

“Quien lo amó y lo poseyó más que ningún otro, ése lo ha perdido también más que ningún otro:-

-mira, ¿no soy yo, ahora, de entre nosotros dos, el más ateo? ¿Mas quién podría alegrarse de eso!”-

-“Tu le has servido hasta el final, preguntó Zaratustra pensativo, después de un profundo silencio, ¿sabes cómo murió? ¿es verdad, como se dice, que fue la compasión la que le estranguló,

-que vio como el hombre pendía de la cruz, y no soportó que el amor al hombre se convirtiese en su infierno y finalmente en su muerte?”-

Mas el viejo papa no respondió, sino que tímidamente, y con la expresión dolorosa y sombría, desvió la mirada.

“Déjalo que se vaya, dijo Zaratustra tras prolongada reflexión, mirando siempre al anciano derechamente a los ojos.

Déjalo que se vaya, ya ha desaparecido. Y aunque te honra el que no digas más que cosas buenas de ese muerto, tú sabes tan bien como yo quién era; y que seguía caminos extraños”.

“Hablando entre tres ojos, dijo, recobrado, el viejo papa (pues era tuerto), en asuntos de Dios yo soy más ilustrado que Zaratustra en persona -y me es lícito serlo.

Mi amor le ha servido durante largos años, mi voluntad siguió en todo a su voluntad. Pero un buen servidor sabe todo, incluso muchas cosas que su señor se oculta a sí mismo.

El era un Dios oculto, lleno de secretos. En verdad, no supo procurarse un hijo más que por caminos tortuosos. En la puerta de su fe se encuentra el adulterio.

Quien le ensalza como a Dios del amor no tiene una idea suficientemente alta del amor mismo ¿No quería este Dios ser también juez? Pero el amante ama más allá de la recompensa o la retribución.

Cuando era joven, ese Dios del Oriente, era duro y vengativo y construyó un infierno para diversión de sus favoritos.

Pero al final se volvió viejo y débil y blando y compasivo, más parecido a un abuelo que a un padre, y parecido sobre todo a una vieja abuela vacilante.

Se sentaba allí, mustio en el rincón de su estufa, se afligía a causa de la debilidad de sus piernas, cansado del mundo, cansado de querer, y un día se asfixió con su excesiva compasión”.-

(Así Habló Zaratustra. Friedrich Nietzche. p. 347-350. Traducción publicada por Alianza Editorial. 1972).