Los que honran el Santo Corán, serán honrados en el Cielo

Una enseñanza fundamental es no abandonar el Santo Corán, pues en él se encuentra vuestra vida. Los que honran al Santo Corán serán honrados en el Cielo, los que lo prefieren al Hadiz (tradiciones) serán preferidos en el cielo.

No existe hoy sobre la faz de la tierra ningún libro como el Corán para la dirección de la humanidad ni Apóstol como el Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) para la intercesión entre los hombres.

Intentad amar profundamente a este Profeta de gloria y honor y no ensalcéis a nadie ante él para que seáis inscritos en el cielo entre los que son dignos de salvación. Tened presente que la salvación no sólo se vislumbra en el otro mundo; la verdadera salvación es la que refleja su luz en este mismo mundo.

¿Quién se salvará?

Aquel que tiene fe firme en la existencia de Dios y reconoce al Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) como intercesor entre Él y la humanidad. No existe bajo los cielos, Profeta con mayor dignidad ni libro más perfecto que el Santo Corán. Dios no ha querido conceder a nadie vida eterna, excepto a este Profeta bendito, que vive eternamente.

Con este fin, Dios nos ha favorecido con las ventajas de Su Ley y Su espiritualidad hasta el Día del Juicio y de la fuente de estas bendiciones ha enviado finalmente al mundo, al Mesías Prometido, cuya venida era indispensable para completar el edificio islámico, pues era necesario que este mundo no se acabase hasta que no se dispensara a la línea musulmana un Mesías espiritual semejante al que fue dispensado en la línea mosaica.

A este respecto, dice el Santo Corán:

«Guíanos por el camino recto, el camino de los que fueron premiados.»

Moisés recibió las riquezas que habían perdido sus antepasados y el Santo Profeta Mohammad, la paz sea con él, recibió las riquezas que perdiera la línea de Moisés.

La línea mohammadí sustituye ahora a la línea mosaica, pero con tal grandeza, que

«el semejante a Moisés»,

supera en miles de veces a Moisés y

«el semejante al hijo de María»

es mil veces superior al hijo de María.

Este Mesías Prometido no sólo ha aparecido catorce siglos después del Santo Profeta, la paz sea con él, así como Jesús apareció catorce siglos después de Moisés, sino que ha venido en una época en que la condición de los musulmanes era similar a la de los judíos en tiempos de Jesús. Yo soy este Mesías. En estos días de angustia, mi alma sólo intercederá por aquel que me acepte, me siga fielmente y me obedezca renunciando a sus inclinaciones.

Vosotros, los que proclamáis ser mis partidarios: sólo podréis ser reconocidos como tales en el cielo cuando adoptéis el camino de la rectitud. Ofreced, pues, las cinco oraciones diarias con tal devoción y fervor que parezca que contempláis a Dios realmente; observad el ayuno fielmente por amor a Él; a quien le corresponda, que ofrezca zakat (limosna) y a quien le incumba, que emprenda la peregrinación a la Meca si nada se lo impide.

Practicad el bien con devoción y sentid aversión hacia el mal, recordando que ningún acto sin rectitud es aceptado por Dios. El temor de Dios es la raíz de todo bien; si esta raíz se marchita, el acto no podrá florecer.

Es necesario que seáis sometidos a pruebas y aflicciones como lo fueron los creyentes de antaño. Cuidad, pues, de los tropiezos. La tierra no os podrá infligir ningún mal si el lazo que os une al cielo es sólido. Son vuestras manos, y no las del adversario, las que causan vuestra perdición. Si se perdiera vuestro honor en la tierra a causa de Dios, Él os recompensaría con eterno honor en el cielo. Así pues, no le abandonéis.

Es preciso que sufráis adversidades y os veáis privados de esperanzas, pero no desesperéis, porque vuestro Dios os somete a pruebas para comprobar quién es constante en Su camino. Si deseáis que los mismos ángeles canten vuestras alabanzas en el cielo, alegraos cuando se os persigue, regocijaos cuando se os injuria y no os separéis de Él aunque el fracaso os abrume.

Sois vosotros el último pueblo elegido por Dios. Practicad el bien hasta límites insuperables. El que se abandone a la pereza, será expulsado de la Comunidad como un lastre y morirá con pesar si haber logrado perjudicar a Dios en absoluto. Escuchad: yo os anuncio la buena nueva de que Dios existe. Aunque todos seamos Sus criaturas, Él elige a quien le elige; se acerca a quien se acerca a Él y ensalza a quien le ensalza. Venid a Él después de purificar vuestros corazones y limpiar vuestra lengua, ojos y oídos, y Él os aceptará.

En cuestión de fe, Dios desea que creáis en un sólo Dios; que Mohammad (la paz sea con él) es Su Profeta, el sello de los profetas y el más grande de todos, y que tras él, ningún profeta puede aparecer excepto el que vaya ataviado con su vestimenta, porque el servidor está unido al amo, como la rama a la raíz.

También debéis estar seguros de que Jesús, el hijo de María, está muerto. Su tumba se encuentra en Srinagar (Cachemira), en la calle Khan Yar. Dios habla de su muerte en el Sagrado Corán. En cuanto a mí, no creáis que niego la excelencia del Profeta Jesús.

Aunque es cierto que Dios me ha revelado que el Mesías Mohammadí es superior en rango al Mesías mosaico, yo honro al hijo de María, ya que desde el punto de vista espiritual yo soy el último sucesor del Islam, así como Jesús fue el último sucesor de la rama israelita, y él era el Mesías Prometido de la comunidad de Moisés, como yo soy el Mesías Prometido de la comunidad musulmana. Por lo tanto, rindo honor a mi homónimo, siendo falsos y sediciosos aquellos que me acusan de no respetar a Jesús.

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