No os conforméis con antiguas leyendas

<p class=”texto”>Dios es hoy el mismo que fue en el pasado; Sus poderes son los mismos que fueron antes y Su capacidad de mostrar prodigios la misma que antaño. ¿Por qué os resignáis, pues, con meras leyendas? La religión que sobrevive gracias a los milagros y profecías del pasado es una religión muerta y está en trance de desaparición. También fracasará la comunidad que no conoce a Dios ni se purifica con Su mano.

De la misma forma que es atraído el hombre hacia los encantos mundanos, es arrastrado hacia Dios tras experimentar la dulzura espiritual que emana de la fe. Es tal la fascinación que su belleza le produce, que todo lo demás le resulta intrascendente. Sólo consigue el hombre escapar del pecado, cuando adquiere un conocimiento certero de la existencia de Dios, de Su Poder y del juicio divino. La ignorancia es la raíz de la temeridad. Por tanto, sólo es consciente del temor a Dios el que tiene acceso al conocimiento divino. Nadie permanecerá en una casa amenazada de ser arrasada por una inundación o de ser destruida por un incendio. ¿Cómo podréis, pues, permanecer impasibles ante situaciones peligrosas estando informados de la retribución divina?

Abrid, pues, los ojos y contemplad la Ley divina que rige al mundo. No seáis como las ratas que escarban bajo tierra, sino como palomas que aman el fresco aroma de los cielos. No persistáis en el pecado después de jurar arrepentimiento. No imitéis a las serpientes que siguen siendo serpientes aunque cambien de piel. Recordad la muerte, que se acerca a vosotros y estáis desprevenidos. Intentad purificaos y recordad que sólo cuando os transforméis totalmente lograréis la pureza.

La oración implorada con devoción es el medio para adquirir pureza

¿Cómo podréis alcanzar esta bendición? El mismo Dios nos responde en el Corán:

«Implorad la ayuda de Dios con la perseverancia y la oración.»

¿Qué es la oración? Es la plegaria dirigida a Dios con espíritu de humildad que le suplica, alaba y glorifica a la vez que implora el perdón e invoca Sus bendiciones para el Santo Profeta. Así pues, cuando os dispongáis a rezar, no lo hagáis con la inconsciencia del que sólo recita palabras en árabe, pues sus oraciones y alabanzas no son más que ritos desprovistos de sentido.

Cuando vosotros oréis, aparte de recitar las oraciones enseñadas por el Santo Corán, que es la Palabra de Dios, y las enseñanzas por el Santo Profeta, dirigid vuestras súplicas en vuestra propia lengua con sincera humildad para que surtan mayor efecto en el corazón. La oración es el remedio para prevenir desgracias. Desconocéis lo que el nuevo día os reserva. Así pues, antes de cada amanecer, rogad a Dios que el nuevo día os depare bendiciones y paz.

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