La liberación del pecado depende de la certeza

<p class=”texto”>Vosotros, los que buscáis a Dios: Prestad atención a mis palabras: Nada se puede comparar con la certeza. La certeza es lo único que rompe las cadenas del pecado; la certeza es lo único que infunde vigor para hacer el bien; la certeza es lo único que puede crear amor hacia Dios. ¿Pretendéis evitar el pecado sin la ayuda de la certeza? ¿Pretendéis controlar vuestras pasiones sin la ayuda de la certeza? ¿Aspiráis a alcanzar la satisfacción sin ayuda de la certeza? ¿Pensáis que vuestras vidas pueden ser transformadas en pureza sin ayuda de la certeza? ¿O que es posible alcanzar la verdadera felicidad sin la certeza? ¿Creéis que existe algún tipo de redención en el mundo que os pueda liberar del pecado? ¿Acaso la supuesta sangre del hijo de María os eximirá del yugo del pecado? Absteneos de proferir una mentira que puede hacer saltar la tierra en pedazos. El mismo Jesús tuvo necesidad de la certeza para su propia salvación y fue salvado porque la tuvo.

Desdichados los que engañan al mundo proclamando haber sido redimidos gracias a la sangre de Jesús, mientras se encuentran sumergidos en el pecado desde la cabeza hasta los pies. No conocen a su Dios. Sus vidas discurren placenteramente. Se embriagan de vino, pero la embriaguez pura que descienden del cielo les es extraña; desconocen totalmente los parabienes de una existencia purificada al lado de Dios.

Tened presente que sin la fe, no podréis salir de la oscuridad, ni recibir al Espíritu Santo. Bienaventurados los que tienen fe, porque podrán contemplar a Dios. Bienaventurados los que disipan sus dudas, porque encontrarán la salvación. Bienaventurado tú, cuando recibas el tesoro de la fe, porque con él pondrás fin a tus pecados.

La fe no puede coexistir con el pecado. ¿Introduciríais la mano en un agujero sabiendo que contiene serpientes venenosas? ¿Permaneceríais junto a un volcán en erupción, en un paraje fulminado por los rayos, frente aun feroz león o donde la peste esté causando estragos? Si tuvierais la misma convicción respecto a Dios que sobre la serpiente, el rayo, la lava o la peste, no osaríais rebelaros contra los mandamientos divinos ni romper la relación de amor y fidelidad que os une a Él, condenándoos al castigo.

Vosotros, los que habéis sido invitados hacia el bien y la verdad: Tened la seguridad de que sólo nacerá en vuestros corazones la atracción divina y lograréis purificaros de toda mancha cuando vuestros corazones rebosen de fe. Pero si creéis que ya la habéis adquirido, estáis sufriendo un engaño. No tenéis nada de fe, pues no reunís las mínimas condiciones para ello. La razón es que no os abstenéis del pecado ni obráis como es debido, y no teméis el mal como debéis temerlo.

Reflexionad por un momento: ¿Quién introducirá su mano en un agujero lleno de serpientes venenosas? ¿Quién consumirá a sabiendas una comida envenenada? ¿Quién penetrará en una selva plagada de fieras sin tomar precauciones? ¿Cómo es posible que vuestras manos y pies, vuestros oídos y ojos se arriesguen a cometer tantos pecados estando al corriente de la retribución divina? El mal no puede triunfar ante el bien. ¿Seríais capaces de arrojaros a un fuego abrasador que os reduciría a cenizas?

Las cúpulas de la fe se elevan hasta el cielo, donde Satanás nunca podrá llegar. Quienquiera que logre purificarse, será gracias a la fe. La fe conforta en el dolor, hasta el punto de hacer bajar a un rey del trono para adoptar la mendicidad; la fe nos consuela en la desgracia; la fe nos capacita para ver a Dios; sin la fe es inútil la expiación y vana la redención, pues sólo mediante la fe se logra la rectitud; la fe libera al hombre de la esclavitud del pecado y le conduce hasta Dios, hasta el punto de hacerle superar a los mismos ángeles en perseverancia y sinceridad. Cualquier religión incapaz de inculcar la fe es falsa; cualquier religión incapaz de mostrar a Dios es falsa; cualquier religión que se apoye solamente en antiguas leyendas es falsa.

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