En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

No creáis que la revelación es cosa del pasado, que ya no es posible, y que el Espíritu Santo ya no desciende como lo hacía antaño, pues yo os aseguro que aunque todas las puertas se cerraran, la puerta de la revelación siempre permanecerá abierta. Abrid las puertas de vuestro corazón para que por ellas entre. Sois vosotros los que impedís que os alumbren los rayos del sol al mantener cerradas las ventanas. Levanta, pues y abre esa ventana para que la luz entre por sí misma. Sabiendo que Dios no sólo mantiene abiertas las puertas de los beneficios terrenales sino que cada vez os abre más ¿por qué os obstináis en creer que os ha cerrado las puertas de las bendiciones celestiales, que necesitáis ahora más que nunca? ¿Por qué os negáis a recibir este don si están a vuestra disposición, según las enseñanzas del Surat Fateha (oración principal) todas las mercedes divinas? No os engañéis, pues esa puerta está abierta de par en par.

Ansiad el agua de esta fuente y manará hacia vosotros; llorad como niños por esta leche y fluirá del pecho por sí sola; inspirad compasión y seréis perdonados; afligíos y seréis consolados; gemid sin cesar para que una mano os socorra. Es estrecho el camino que conduce a Dios, pero se ensancha para los que se arrojan al abismo dispuestos a morir. Bendito sea el que por amor a Él, lucha contra sus pasiones; desgraciado el que lucha contra Dios por defender sus pasiones y se niega a someterse a Su voluntad.

El que elude los mandamientos de Dios por satisfacer sus pasiones no podrá entrar en el cielo. Haced lo posible para que ninguna palabra ni párrafo del Corán atestigüe contra vosotros para que no seáis castigados, ya que la más leve falta es digna de castigo. El tiempo es corto y vuestra misión aún no ha terminado. Apremiad el paso, que la noche se acerca. Examinad una y otra vez cuanto tengáis que presentar ante Dios, no sea que omitáis algo que pueda causar vuestra perdición, o que vuestra ofrenda sea impura y, por tanto, indigna de ser presentada ante la Corte Real.