3. Las Creencias Islámicas: Los Artículos De La Fe.
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

3. Las Creencias Islámicas: Los Artículos De La Fe.

Las enseñanzas islámicas pueden ser divididas en dos amplias categorías: la creencia (iman) y la práctica (amal). La primera trata de la filosofía del Islam, mientras la segunda trata de la implementación práctica del mismo.

La esencia de casi todos los principios del Islam ha sido mencionada en el Sagrado Corán mediante las siguientes palabras:

laisal birra an tuwal-lū wujūhakum qibalalmashriqi wal maghribi wa lā kin-nal birra man āmana bil-lāhi wal yaumil ājiri wal malā’īkati wal kitābi wan-nabiyyīn wa ātal māla ‘alā  hub-bi-hī za wilqurbā wal yatāmā wal masākīna wabnas-sabīli was-sā’ilīna wa firriqāb wa aqāmas-salāta wa ātaz-zakāta wal mūfūna bi ‘ahdihim idhā ‘āhadū was-sābirīna fil ba’sā’i wad-darrā’i wa hīnalba’s ‘ulā’ikal-lazīna sadaqū

wa ‘ulā’ika humul mut-taqūn

“La rectitud no consiste en que volváis vuestros rostros a Oriente o a Occidente, sino que el verdaderamente justo es aquél que cree en Al’lah y en el Último Día, y en los Ángeles, y en el Libro (Corán), y en los Profetas; y gasta su dinero, por amor a Él, entre los parientes y los huérfanos, los necesitados, el viajero y los que piden por caridad, y para el rescate de los cautivos; y quien cumple con la oración y paga el Zakat; y los que cumplen su promesa cuando la hacen, y el paciente en la pobreza y en las desgracias, y el constante y firme en tiempo de guerra; éstos son quienes se han mostrado veraces y quienes sienten temor de Dios”, (2:178).

Las creencias islámicas están contenidas en el siguiente hadiz o dicho de Muhammadsa:

‘an ‘umarabnil jattābira qāla kun-nā ‘inda rasūlil-lāhi fa jā’a rayulun shadīdu bayādiz-ziyābi, shadīdu sawādish-sha‘ri lā yurā ‘alaihi azarus-safari wa lā ya‘rifuhu min-nā ahadun hat-tā atan-nabiyyasa fa alzaqa rukbatahū bi rukbatahī zum-ma qāla yā muhammadu! mal-‘imān qāla “an tu’mina bil-lāhi wa malā’ikatihī wa kutubihī wa rusulihī wal yaumil ājiri walqadri jairihī wa sharrihī”

Hazrat Umar ibn Jattabra relata que estaban sentados en compañía del Santo Profetasa cuando repentinamente llegó un hombre que vestía ropa blanca y limpia, y su cabello aún era negro. No parecía ser un viajero y nadie allí lo conocía. Se sentó cerca del Profetasa, tocando con sus rodillas las del Santo Profetasa, y dijo:

¡Oh Muhammad! Dime algo acerca de la fe”.

El Profetasa respondió: “La fe es que debes creer en Al’lah,

Sus Ángeles, Sus Libros y Sus Profetas;

en el Día del Juicio

y en las leyes Divinas acerca del bien y el mal”.

 La historia relata que poco después, cuando tal hombre se hubo marchado sin dejar rastro alguno, el Santo Profeta Muhammadsa dijo a sus Compañeros que esa persona era en realidad el Arcángel Gabrielas.

(Jami Tirmidhi, “Kitabul Iman”, bab fil wasf Jibril an-Nabiyyul iman wal Islam).

El Islam tiene seis artículos fundamentales de fe, los cuales deben ser profesados por todo el que desee convertirse en musulmán. Por tanto, debe creer en:

  1. La Unidad de Dios (Tauhid).
  2. Los Ángeles.
  3. Los Libros.
  4. Los Profetas.
  5. El Día del Juicio.
  6. El Decreto Divino (Taqdir).

 La unidad de Al’lah  (Tauhid).

El primer artículo de fe en el Islam es la firme creencia en la absoluta Unicidad de Dios. Así pues, el reconocimiento de la Unicidad de Al’lah es el principio más importante y esencial del Islam. Es una Unidad irrompible e indivisible, y que no puede ser multiplicada ni comprimida de ninguna forma. Lo cierto es que la creencia en la Unidad de Dios influencia la vida del hombre en todos los aspectos y todas las demás creencias brotan de esta fuente de verdad eterna. Por el contrario, negar la Unidad de Al’lah y asociar a cualquier otra cosa o persona con Él es “shirk”, el pecado más grave en el Islam.

El Concepto Islámico De Dios.

El Islam presenta a Al’lah (Dios) como el Creador del universo y expone Su Unidad en términos sencillos; además el Islam concibe la Divinidad como un Ser Perfecto, que es la Fuente de toda excelencia y que está libre de cualquier defecto. Es un Dios Vivo que se manifiesta en todas partes, que ama Su creación y escucha sus súplicas. Ninguno de Sus Atributos ha sido suspendido; por lo tanto, Al’lah se comunica con la humanidad como lo hacía antaño y no ha cortado las vías para ser alcanzado sin intercesión alguna. Al mismo tiempo, la doctrina de la Unidad en el Islam es absoluta e indivisible, y no permite de ninguna forma añadir nada ni nadie a la Divinidad. Por eso, Dios no tiene ni padre ni madre, ni una esposa; y para Él, tener hijos o hijas es inconcebible, pues no está en su naturaleza.

El Santo Corán es muy insistente acerca de la Unidad de Al’lah y enfáticamente condena cualquier doctrina, idea o concepto que tienda directa o indirectamente a asociar algo o alguien con Dios como su compañero, igual o copartícipe.

El Libro Sagrado dice sobre Al’lah:

qul hu wal-lāhu ahad al-lā hus-samad lam yalid wa lam yūlad

wa lam ya kul-lahū kufuwan ahad

“Di: ‘Él es Dios, el Único;

Al’lah, el Independiente e Implorado por todos.

No engendra ni fue engendrado.

Y no hay nadie igual que Él’”, (112-2-5).

 

El Sagrado Corán no solo excluye la idea de un compañero o un copartícipe de Dios, sino que específicamente excluye por completo la idea de que Al’lah tenga un hijo, excepto en el sentido puramente metafórico en el que todos los humanos somos Sus hijos. Dios es Eterno, Omnisapiente, Quien todo lo escucha y es también el Creador de todo, cuya autoridad se extiende sobre todas las cosas. Atribuirle un hijo, en cualquier forma que no sea metafórica, sería negar Su Unicidad y en efecto Su Divinidad.

Al’lah dice en el Santo Corán:

in-na mal-lāhu ilāhunw-wāhid subhānahū anyya kūna lahū valadum lahū mā fis-samāwāti wa mā fil-ard

”Ciertamente Al’lah es el solo Dios Único.

Lejos está de Su Santidad que Él deba tener un hijo.

 A Él pertenece cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra”, (4:172).

El tema de los Atributos Divinos es bastante extenso y el Libro Sagrado lo trata con una gran riqueza y variedad de detalles. En efecto, cada atributo podría en sí mismo ser el tema de todo un tratado. Aquí, como ilustración de la manera en la que el Sagrado Corán se refiere y trata diversos aspectos de los Atributos Divinos, quizá sea suficiente mencionar este sublime versículo:

Al-lāhu lā ilāha il-la huwa al-hayyul qayyūm lā ta’juzu hū sinatun wa lā naum lahū mā fis-samāwāti wa mā fil-ard man zal-lazī yashfa‘u ‘indahū il-la bi iznih ya‘lamu mā baina aidīhim wa mā jalfahum wa lā yuhītūna bi shai ‘im-min ‘ilmihī il-lā bimā shā’a wasi‘a kursiyyu hus-samāwāti wal-ard wa lā ya’ūduhū hifzuhumā wa huwal ‘aliyyul ‘azīm

“Al’lah, no hay más Dios que Él,

el Viviente, el que Subsiste por Sí Mismo y Quien Sostiene Todo.

No se apoderan de Él ni el cansancio ni el sueño.

 A Él pertenece cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra.

¿Quién es capaz de interceder ante Él si no es con Su permiso?

Él conoce lo que está delante y detrás de ellos,

y ellos no abarcan nada de Su conocimiento, excepto lo que Él quiere.

Su conocimiento se extiende sobre los cielos y la tierra;

y su cuidado no le supone preocupación alguna;

y Él es el Altísimo, el Más Grande”, (2:256).

(“Islam: its meaning for the modern man”, Muhammad Zafrulla Khan, pp. 91-95).

El Santo Corán también afirma sobre Dios Todopoderoso:

izā qadā amran fa in-namā yaqūlu lahū kun fa yakūn

“Cuando Él decreta algo, le dice: ‘¡Sé!’ y comienza a ser, y finalmente es”, (3:48).

“La expresión ‘¡sé! y comienza a ser, y finalmente es’ no indica una transformación espontánea a la existencia desde la nada. En realidad, significa que en el momento en que Al’lah quiere, Su Voluntad comienza a tomar forma y finalmente se hace como Él desea”.

(Explicación de la traducción por Hazrat Jalifatul Masih IV).

La siguiente es una tradición del Muhammadsa sobre Dios:

an ‘abdil-lah hibni ‘umarara qāla qara-ā rasūlul-lāhisa hāzi-hil āyata wa huwa ‘alalminbari: was-samāwātu matwiyyātun bi yamīnihī, subhānahū wa ta‘al-lā ‘am-ma yushrikūn qāla yaqūlul-lāhu anal yab-bāru, anal mutakab-biru, anal maliku, anal muta‘ālu yumajjidu nafsahū qāla faja‘ala rasūlul-lāhisa yurad-didu-hā, hattā rajifa bihal minbaru hattā zanan-nā an-na-hū sayajirru bihī

Hazrat Abdul’lah bin Umarra relata lo que el Santo Profetasa declaró, mientras daba un sermón desde el púlpito:

was-samāwātu matwiy-yātumbi yamīnihī, subhānahū wa

ta’allā ‘am-mā yushrikūn

“…Y los cielos serán enrollados en Su mano derecha.

Glorificado y Exaltado es Él, por encima de lo que ellos asocian con Él”, (39:68).

 

Después, el Profetasa añadió que Al’lah dice:

anal yab-bāru, anal mutakab-biru, anal maliku, anal muta’ālu

yumayidu nafsahū

“Yo Soy el que tiene el poder completo de reformar,

Yo soy el Exaltado, el Soberano; Yo soy el Sublime”.

 

“De esta forma, Dios Altísimo declara Su Gloria y Su Grandeza” y Muhammadsa siguió repitiendo estas palabras con tanta fuerza que el púlpito empezó a temblar y empezamos a preocuparnos por si colapsaba bajo sus pies.

(Musnad Ahmad bin Hanbal, p. 2/88).

El Mesías Prometido y Mahdias escribió lo siguiente sobre la Unidad de Al’lah:

“La mera afirmación de la Unidad de Dios no atrae las bendiciones que se derivan de la verdadera creencia en la Unidad de Al’lah, si no va unida a otras cosas esenciales, como por ejemplo las buenas obras y los actos apropiados. 

Es muy cierto que la creencia en la Unidad de Dios es un fuerte pilar al que todo verdadero musulmán, y cada persona que real y verdaderamente siente temor de Al’lah, debe aferrarse; pero además hay otro aspecto de esta creencia que es el amor a Dios. Así pues, debemos amar a Al’lah. 

El principal objetivo de las enseñanzas del Libro Sagrado es que, ya que Dios es Único y no tiene compañero, Él también debe ser Único y no tener rival cuando mostramos nuestro amor por Al’lah. Todos los Profetas han enseñado la misma cosa, que ha sido el principal objetivo de su predicación.

lā ilāha il-lal-lāh

 “No hay digno de ser adorado sino Al’lah”, o

“No hay dios excepto Al’lah”.

‘La ilaha il-lal-lah’ nos enseña a creer que el Ser Supremo es Único y al mismo tiempo implica además que uno debe ser perfecto en el amor hacia este Dios Único. ‘La ilaha il-lal-lah’ es una frase tan hermosa y significativa, que no se puede encontrar algo parecido en ninguna de las Escrituras, ya sea la Tora, los Evangelios o cualquier otro Libro, porque ningún otro Libro contiene una enseñanza tan comprehensiva. ‘Ilaha’ significa el ‘amado que es adorado’. Este es el punto fundamental del Islam y denota un amor completo y perfecto. En conclusión, debe recordarse bien que si uno cree en la Unicidad de Al’lah, pero no lo ama, su creencia es defectuosa e incompleta”.

Hazrat Ahmadas escribió también sobre Dios Altísimo:

“Escuchad aquellos que tenéis oídos para escuchar: ¿qué es lo que Al’lah requiere de vosotros? Solo esto: que lleguéis a ser únicamente de Él y no pongáis a nadie a Su altura, ni en esta tierra ni en el Cielo. Nuestro Dios es Quien está hoy en día Vivo como siempre lo estuvo; de la misma forma habla hoy como lo hizo en el pasado y escucha como solía escuchar. Pensar que Al’lah solamente escucha pero no habla en esta época es una falsa creencia. En efecto, Él escucha y habla. Todos Sus Atributos son para siempre eternos y ninguno de Sus Atributos ha sido jamás suspendido, y nunca lo serán. Dios es el mismo Ser Único que no tiene copartícipe; Él no tiene hijos o esposa, y es el mismo Ser Eterno que no tiene igual, y no hay nadie como Él; no existe nadie similar a Él en Sus Atributos y ninguno de Sus poderes disminuyó jamás.

 

Está próximo y a la vez lejos; está distante pero al mismo tiempo cerca. Es el Ser Más Supremo y no se puede decir que haya alguien por debajo de Él o más allá de Él. Está en el Cielo, pero no puede decirse que no esté en la tierra. Él combina en Sí Mismo la totalidad de los Atributos más perfectos y manifiesta las virtudes que son verdaderamente dignas de alabanza. Es la Fuente de toda excelencia; Él es el Todopoderoso. Todo lo bueno se origina de Él y a Él deben retornar todas las cosas, y todas las posesiones le pertenecen; en Él se combinan todas las excelencias. Él está libre de defectos y no tiene debilidades. Él es el Único que tiene derecho de ser adorado por todos los que moran en la tierra o pertenecen al cielo”.

(“Al-Wasiyyat”, Ruhani Khazain, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol. 20, pp. 309-10).

La Unidad de Al’lah ilumina la verdadera dignidad de Dios, pone al hombre a su altura adecuada y, excepto el temor de Al’lah, elimina todos los otros temores de su corazón. Cuando la fe del ser humano se refuerza al ver que el universo y todo lo que contiene se hicieron para el progreso y servicio del hombre, entonces reflexiona y empieza a descubrir los beneficios reales que existen tras la Unidad de Dios, y por ello descubre cada día algún conocimiento nuevo.

Los atributos de al’lah: los nombres divinos. 

El Santo Corán dice:

wa lil-lāhil asmā’ul husnā fad‘ūhu bihā 

“Y solo a Dios pertenecen todos los Atributos perfectos.

Invocadle, pues, mediante ellos”, (7:181).

El Libro Sagrado también dice:

huwal-lā hul jāliqul bāri’ul mu saw-wiru lahul asmā’ulhusnā

yusab-bihu lahu mā fis-samāwāti wal-ard wa huwal ‘azizul hakīm

“Él es Al’lah, el Creador, el Hacedor, el Modelador.

Suyos son los Nombres más bellos.

Todo lo que hay en los cielos y en la tierra Lo glorifica,

y Él es el Poderoso, el Sabio”, (59:25).

 El siguiente es un dicho o hadiz de Muhammadsa sobre Dios:

an abī hurairatara qāla qāla rasūlul-lahisa in-na lil-lāhi ta‘ālā tis‘atanw-wa tis‘īna ismam-man ahsā hā dajalal yan-nata howal-lā hul-lāzī: lā ilāha il-lā huwa ar-Rahmānu, ar-Rahīmu, al-Māliku, al-Qud-dūsu, as-Salāmu, al-Mu’minu, al-Muhaiminu, al-‘Azīzu, al-Yab-bāru, al-Mutakab-biru, al-Jāliqu, al-Bāri’u, al-Musaw-wiru, al-Ghafaru, al-Qahāru, al-Wah-hābu, ar-Razāqu ,al-Fatāhu, al-‘Alimu, al-Qābidu, al-Bāsitu, al-Jāfidu, ar-Rāfi’u, al-Mu‘izu, al-Muzil-lu, as-Sami‘u, al-Basiru, al-Hakamu, al-‘Ādlu , al-Latīfu, al-Jabīru, al-Halimu, al-‘Azimu, al-Ghafuru, ash-Shakūru, al-‘Aliyu, al-Kabīru, al-Hafīzu, al-Muqītu, al-Hasību, al-Jalīlu, al-Karīmu , ar-Raqību, al-Mujību, al-Wasi‘u, al-Hakīmu, al-Wadudu, al-Māyīdu, al-Ba‘ithu, ash-Shahīdu, al-Haq-qu, al-Wakilu, al-Qawiyu, al-Matinu, al-Waliyu, al-Hamidu, al-Muhsi, al-Mubdi’u , al-Mu‘idu, al-Muhyī, al-Mumītu, al-Hayu , al-Qayūmu, al-Wajidu, al-Māyidu, al-Wāhidu, al-Ahadu, as-Amadu, al-Qādiru, al-Muqtadiru, al-Muqad-dimu, al-Muwij-jiru, al-Aw-walu, al-Ājiru, az-Zahiru, al-Bātinu, al-Wālī, al-Muta‘ālī, al-Barru, at-Taw-wābu, al-Muntaqimu, al-‘Afuw-wu, ar-Ra’ufu, al-Mālikul-Mulki, Zul-Yalāli wal-Ikrāmi, al-Muqsitu, al-Yāmi‘u, al-Ghaniyu, al-Mughnī, al-Māni’u, ad-Dā’arru, an-Nāfi‘u, an-Nuru, al-Hādī, al -Badi‘u, al-Bāqī, al-Wārizu, ar-Rashīdu, as-Sabūru.

Hazrat Abu Hurairara relata que el Santo Profetasa dijo: “Para Al’lah, el Supremo, existen 99 Nombres. Quienquiera que siempre tenga presente estos Nombres y trate de ser una manifestación de los mismos, entrará en el Cielo.

Y son estos:

Al’lah Taala (Dios Altísimo), aparte de Quien no hay nadie digno de ser adorado:

01-El Clemente     Ar Rahman

02-El Misericordioso      Ar Rahim

03-El Soberano     Al Malik

04-El Santísimo     Al Quddus

05-La Fuente de Paz      As Salam

 06-El Guardián de la Fe, El Donador de Seguridad

Al Mumin

07-El Protector     Al Muhaimin

08-El Poderoso     Al Aziz

09-El Subyugador, El Reformador   Al Yabbar

10-El Exaltado     Al Mutakabbir

11-El Creador    Al Jaliq

12-El Originador  Al Bari

13-El Modelador    Al Musawwir

14-El Gran Perdonador  Al Ghafar

15-El Supremo Al Qahar

16-El Donador Al Wahab

17-El Proveedor   Ar Razaq

18-El Que Abre las Puertas del Éxito  Al Fatah

19-El Omnisapiente     Al Alim

20-El Controlador, El que Atrapa   Al Qabiz

21-El Que Expande y Agranda   Al Basit

22-El Eliminador del Orgullo   Al Jafiz

23-El Exaltado     Ar Rafi

24-El Donador de Honor     Al Muiz

25-El Abatidor de los Altivos     Al Muzil

26-El Que Todo lo Escucha     As Sami

27-Quien Todo lo Ve     Al Basir

28-El Sabio Juez     Al Hakam

29-El Justo     Al Adul

 30-El Más Sutil y Conocedor de Todas las Sutilezas,

      El Incomprensible. 

Al Latif

31-El Que Todo lo Sabe     Al Jabir

32-El Indulgente, El Tolerante     Al Halim

33-El Grande     Al Azim

34-El Sumo Perdonador     Al Gafur

35-El Sumo Apreciador     Al Shakur

36-El Altísimo     Al Aliyy

37-El Incomparablemente Grande     Al Kabir

38-El Guardián     Al Hafiz

39-El Preservador (de las facultades de Su creación),

     El Poderoso

Al Muqit

40-El Calculador     Al Hasib

41-El Señor de la Majestad     Al Yalil

42-El Generoso, El Noble    Al Karim

43-El Vigilante     Ar Raqib

44-El Que Responde a las Oraciones     Al Muyib

45-El Magnánimo    Al Wasi

46-El Sabio     Al Hakim

47-El Que Ama y Cuida     Al Wadud

48-El Glorioso     Al Mayid

49-El Resucitador      Al Baiz

50-El Testigo, El Observador     Ash Shahid

51-El Verdadero, La Verdad       Al Haq

52-El Administrador    Al Wakil

53-El Poderoso    Al Qawiy

54-El Fuerte     Al Matin

55-El Mejor Amigo, El Protector     Al Waliy

56-El Digno de Adoración     Al Hamid

57-El Que lleva las cuentas     Al Muhsi

58-El Originador y Fuente (de la Vida)   Al Mubdi

59-El Que Repite la Vida     Al Muid

60-Quien da la Vida     Al Muhyi

61-Quien da la Muerte     Al Mumit

62-El Viviente     Al Hayi

 63-El Auto-Suficiente, El Que Subsiste por Sí Mismo

Al Qayum

64-El Que Encuentra      Al Wayid

65-El Noble, El Excelente      Al Mayid

66-El Único     Al Wahid

67-El Señor de la Unidad    Al Ahad

 68-El Independiente e Implorado por Todos

                          As Samad

69-El Poseedor de Poder y Autoridad     Al Qadir

70-El Omnipotente     Al Muqtadir

 71-Quien Provee los Medios para el Desarrollo

                                    Al Muqaddim

72-El Que Pospone (cualquier evento o castigo)

                                   Al Muwijjir

73-El Primero     Al Awwal

74-El Último, El Eterno Al Ajir

75-El Manifiesto   Az Zahir

 76-El Oculto, El Revelador de las Realidades Ocultas

Al Batin

77-El Que Gobierna     Al Wali

78-El Más Alto, El Incomparablemente Grande

Al Mutaali

79-El Benigno    Al Barr

80-Quien Siempre Se Vuelve Hacia Sus Criaturas,

     El Que Acepta el Arrepentimiento

At Tawwab

81-El Castigador, El Vengador      Al Muntaqim

82-El Perdonador      Al Afuw

83-El Compasivo     Ar Rauf

84-El Señor de la Soberanía   Al Malikul-Mulk

85-El Señor de la Majestad y El Honor

Zul Yalali wal Ikram

86-El Equitativo     Al Muqsit

87-El Reunidor     Al Yami

88-El Auto-Suficiente     Al Ghani

89-El Enriquecedor     Al Mughni

90-El Prohibidor, El Retenedor    Al Mani

91-El Castigador     Ad Daarr

92-El Benefactor     An Nafi

93-La Luz     An Nur

94-La Guía     Al Hadi

95-El Incomparable, El Bello  Al Badi

96-El Sobreviviente Último    Al Baqi

97-El Heredero Final     Al Wariz

98-La Guía Hacia el Camino Recto      Ar Rashid

99-El Paciente      As Sabur

 (Jami Tirmidhi, “Kitabud Dawat”, bab jamiad-dawat; Hadiqatus-Salihin, pp. 9-11).

Ahora presentamos algunos otros Atributos de Al’lah que también aparecen en el Sagrado Corán:

 El Señor y Sustentador     Ar Raab

 El Juez Último y Supremo,     

 El Dueño del Día del Juicio        Maliki Yaumiddin

 El Suficiente   Al Kafi

 El Sanador    As Shafi

 El Señor del Trono    Zul Arsh

  El Poseedor de la Solidez y La Firmeza

                         Zul Waqar

Quien Habla con  Sus Siervos   Al Mutakal’lim

El Derramador de Favores         Al Munim

El Más Alto, El Incomparablemente Grande

                                                Al Mutaal

El Amigo o Compañero Íntimo       Ar Rafiq

Los Angeles.

 El segundo artículo de la fe hace referencia a la creencia en los ángeles (“malaika” en árabe). El Islam nos exige creer en ellos, pues los ángeles son seres espirituales creados por Dios para que Le obedezcan e implementen Sus mandamientos. Al contrario de los humanos, los ángeles no tienen libre albedrío y no pueden actuar de forma independiente; por lo que bajo las órdenes de Al’lah llevan revelaciones a los Profetas y castigan a sus enemigos, glorifican a Dios con Sus alabanzas y guardan los registros de las acciones de cada ser humano, entre otras cosas. Por último, los ángeles no son físicamente visibles para el ojo humano, aunque algunas veces aparecen ante el hombre de una forma u otra. No obstante, esta aparición no es una manifestación física sino espiritual.

El Santo Corán dice:

in-nal-lazīna qālū rab-bunal-lāhu zum-masta qāmū tata naz-zalu ‘alaihimul malā’ikatu al-lā tayāfū wa lā tahzanū wa abshirū

bil yan-natil-latī kuntum tū‘adūn

“En cuanto a los que dicen:

‘Nuestro Señor es Al’lah’

y permanecen después perseverantes,

los ángeles descienden sobre ellos diciéndoles:

‘No temáis, ni os aflijáis;

y regocijaos en el Jardín (Paraíso) que se os prometió’”, (41:31).

El Concepto Islámico De Los Ángeles

 La naturaleza de los ángeles es entendida de manera distinta entre los seguidores de diferentes religiones. Por su parte, el Islam habla de los ángeles como seres celestiales, que tienen su propia entidad como las personas. El papel principal que desempeñan es la transmisión de los mensajes de Dios a los seres humanos; aunque según el Libro Sagrado, todo el universo material, así como el universo espiritual, están gobernados por ciertos poderes espirituales, a los que se refiere como “ángeles”. Todo lo que hacen es por sumisión completa a la Voluntad de Al’lah y al propósito para el que Él creó las cosas. No pueden tener la menor desviación del curso establecido o las funciones asignadas para ellos, ni del plan general de las cosas hecho por Dios.

El Sagrado Corán dice sobre los ángeles:

lā ya‘sūnal-lāha mā amarahum wa yaf‘alūna ma yu’marūn

“…Quienes (los ángeles) no desobedecen a Al’lah en lo que Él les ordena

y hacen lo que se les encomienda”, (66:7).

De acuerdo con el Santo Corán, se han asignado dos ángeles para cada ser humano, a fin de registrar las buenas y las malas acciones, según sea el caso. Los ángeles son agentes de Al’lah y son también responsables de controlar y mantener las leyes de la naturaleza.

El Libro Sagrado menciona en relación a los ángeles:

wa taral malā’ikata hā af-fīna min haulil ‘arshi yusab-bi hūna

bi hamdi rab-bi him

“Y verás a los ángeles yendo alrededor del Trono,

glorificando a su Señor con Sus alabanzas”, (39:76).

El Sagrado Corán dice además sobre los ángeles:

al-lāhu yastafī minal malā’ikati rusu law-wa mi nan-nāsi

“Dios elige a Sus mensajeros de entre los ángeles y de entre los hombres”, (22:76).

El Mesías Prometido y Mahdias describe las siguientes funciones y características de los ángeles:

  • Son medios externos para el cumplimiento de nuestras necesidades espirituales.
  • Tienen una existencia independiente.
  • Llevan a cabo las tareas que les son asignadas.
  • No se mueven de los lugares donde han sido colocados.
  • Son la vida de los planetas, las estrellas y todos los cuerpos celestiales.
  • Algunas veces aparecen en forma humana.
  • Son la causa de cada cambio y desarrollo.
  • El hombre tiene una posición más alta que la de los ángeles.
  • Cada ángel lleva a cabo una tarea diferente.
  • Descienden con el advenimiento de un Jalifa o Representante de Al’lah.
  • Pueden ser vistos, pero los ángeles, al igual que Dios Todopoderoso, son en realidad seres imperceptibles; aunque aquellos que poseen un entendimiento profundo contemplan los ángeles con sus ojos espirituales en las visiones que, en un estado de vigilia, experimentan a menudo.
  • Son mediadores para desarrollo espiritual del hombre.
  • Administran y regulan todos los asuntos.

(“The Essence of Islam”, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol. II, pp. 110-146).

Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas también escribió lo siguiente sobre los ángeles:

“El Libro Sagrado menciona tres tipos de ángeles. Primero, están las partículas de los cuerpos terrenales y las facultades de las almas. En segundo lugar, las fuerzas que operan en el cielo, el sol, la luna, las nubes de la tierra, etc. Tercero, los poderes superiores a todos estos como Gabriel y Miguel, y otros que son llamados en los Vedas ‘jum’ (seres que llevan el Trono de Al’lah). El Santo Corán usa la palabra ‘ángel’ muy frecuentemente. Además, todo lo que oye la voz de Dios es Su ángel y cada partícula del mundo es un ángel de Al’lah, porque oye Su voz y le obedece”.

(“Nasimi Dawat”, Ruhani Khazain, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol.19, pp. 89 – 90).

Hay muchos ángeles en el Reino de Dios, pero los más prominentes entre ellos son:

Yibrail o Yibril (Gabriel, el ángel de la revelación), Mikail o Mikal (Miguel, el ángel de la misericordia), Izrail (Malakul Maut, también llamado Azrail, el ángel de la muerte) e Israfil (Rafael, el ángel que nos llamará en el día de la resurrección).

Los libros sagrados: escrituras divinas.

 El tercer artículo está relacionado con la creencia en los Libros Revelados. En términos religiosos, “los Libros” se refieren a las Escrituras Divinas y a través de esos Libros Al’lah guía a la humanidad hacia el camino recto. Los Libros Sagrados más conocidos son el Suhufi Ibrahim (Manuscritos de Abrahamas), la Taurat (Tora) de Moisésas, el Zabur (Salmos) de Davidas, el Inyil (Evangelio) de Jesúsas y el Sagrado Corán, que es el último Libro Revelado y que tiene validez hasta el Día del Juicio.

Los musulmanes creen que Dios, a través de Sus Profetas, reveló Su ley a la humanidad por etapas y, por lo tanto, además del Santo Corán, aceptan la Tora, el Evangelio, el Zabur y el Suhufi Ibrahim como Libros Sagrados. Así pues, los musulmanes deben creer en las Escrituras Sagradas de todos los Mensajeros de Al’lah. Sin embargo, todas las revelaciones anteriores estaban limitadas a un tiempo específico y a una gente determinada, y no se encuentran preservadas hoy día en su pureza original. Al final, todas las Escrituras Sagradas llegaron a su culminación y fueron perfeccionadas en el Sagrado Corán, para el beneficio de la humanidad. En este sentido, el reconocimiento de la verdad de todos los Libros y de todos los Profetas es una declaración revolucionaria, que tiene muchos beneficios para toda la humanidad, pues entre otras cosas allana el camino hacia la paz y la armonía entre las religiones.

Los profetas.

 El cuarto artículo fundamental de la fe islámica es la creencia en todos los Profetas. Por tanto, los musulmanes han de creer en todos los Profetas y Mensajeros enviados por Dios Todopoderoso, y les muestran reverencia.

La guía Divina es una bondad universal que ha llegado a la humanidad en todas las épocas y lugares. El Santo Corán nos dice que no hay ni una raza ni un pueblo que no hayan sido bendecidos con la generosidad de la guía Divina; y que no hay una sola región en la tierra o un grupo de personas que no haya recibido Profetas y Mensajeros de Al’lah.

Dios Altísimo afirma en el Libro Sagrado:

walaqad ba‘aznā fī kul-li um-matir-rasulan ani‘budul-lāha

wajtani  but-tāghūt

“Y suscitamos de entre cada pueblo un Mensajero, que predicó:

‘Adorad a Al’lah y rechazad al maligno’”, (16:37).

El Santo Corán dice además que, incluso antes de su propia revelación y de la llegada del Profeta Muhammadsa, en efecto, habían sido enviados Mensajeros Divinos a cada nación y a cada parte del mundo, pero su alcance era regional y sus tareas eran temporales. Esto fue así porque la civilización humana no había alcanzado todavía un estado de desarrollo que permitiese la llegada de un mensajero universal, portando también un mensaje universal.

Dirigiéndose a Muhammadsa, Dios Todopoderoso dice en el Sagrado Corán:

in-nā arsalnāka bilhaq-qi bashīranw-wa nazīra wa im-min

um-matin il-lā jalā fīhā nazir

“En verdad, Te hemos enviado con la verdad,

como portador de buenas nuevas y como un Amonestador;

y no existe ningún pueblo al que no se le haya enviado un Amonestador”, (35:25).

De acuerdo con una tradición del Santo Profetasa, el número de Profetas aparecidos en la tierra es de ciento veinticuatro mil, pero el  Corán solamente nombra a algunos de estos Profetas, empezando con Adánas y terminando con Muhammadsa.

Los Profetas mencionados específicamente en el Libro Sagrado son:

Adamas (Adán), Idrisas (Enoch), Nuhas (Noé), Hudas, Salehas, Ibrahimas (Abraham), Ishmailas (Ismael), Ishaqas (Isaac), Lutas (Lot), Yaqubas (Jacobo), Yusufas (José), Shuaibas (Jezro), Ayubas (Job), Musaas (Moisés), Harunas (Aarón), Zul-Kifalas (Ezequiel), Daudas (David), Suleimanas (Salomón), Ilyasas (Elías), Al Yasaas (Elíseo), *Luqmanas, Yunusas (Jonás), Zakariyahas (Zacarías), Yahyaas (Juan el Bautista), Isaas (Jesús) y Muhammadsa.

*Si Luqmanas fue en realidad un profeta, no se sabe con certeza, (aclaración de Jalifatul Masih IVrh en Noviembre del 2000).

(“Dini syllabus” for the training of Nau Mubain”, en urdu, Nazarat nashru ishaat, Qadián, p. 5).

Los nombres mencionados en el Sagrado Corán son solo algunos ejemplos. El Santo Corán requiere de cada musulmán no solo creer en todos los Profetas, sino que además nos informa claramente que en todas las regiones del mundo y en todas las épocas Al’lah envió Mensajeros y Profetas. Aparte del Islam, ninguno de los otros Libros Divinos da testimonio sobre la verdad de los fundadores de otras religiones. Según el Libro Sagrado, la institución del profetazgo es universal y para siempre. Los musulmanes son instados a creer en todos los demás Profetas, exactamente de la misma manera que creen en su propio Profetasa. No obstante, los musulmanes creen que Muhammadsa es el más grande y el “Sello de los Profetas”, porque no ha sido enviado a una sola nación, sino a todas las naciones, y por tanto para toda la humanidad.

Dios Altísimo dice en el Corán:

wa mā arsalnāka il-lā kā-af-fatal-lin-nāsi bashīranw-wa nazīranw-wa lākin-na akzaran-nāsi lāya‘lamūn

“Y no te hemos enviado sino como portador de buenas nuevas

y como Amonestador para toda la humanidad,

pero la mayoría de los hombres no lo saben”, (34:29).

El Santo Corán dice lo siguiente acerca de creer en todos los Profetas:

 āmanar-rasūlu bimā unzila ilaihi mir-rabi hī walmu’minūn

kul-lun āmana bil-lāhi wa malā’ika tihi wa kutubihī wa rusulihī

lā nufar-riqu baina ahadim-mir-rusulih

“Este Mensajero Nuestro cree en lo que le ha sido revelado por su Señor

y así lo hacen los creyentes: todos creen en Al’lah y en Sus Ángeles,

y en Sus Libros, y en Sus Mensajeros, diciendo:

‘No hacemos distinción alguna entre ninguno de Sus Mensajeros’”, (2:286).

De acuerdo con las profecías del mismo Santo Profetasa, en el decimocuarto siglo después de la Hégira, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadiánas vino como sirviente y esclavo de su Maestro,  Muhammad Mustafása, el Elegido, y para ser el Mesías Prometido y Mahdi: “Mesías Prometido”, porque se prometió que aparecería un “Mesías” en la Umma o nación musulmana, que vendría para reformar y unir de nuevo a los musulmanes, al igual que lo fue Jesús, el Hijo de Maríaas, quien fue Mesías para el pueblo de Israel y profeta de Dios, aunque sin ley y subordinado a su maestro Moisésas, y que vino para reformar y unir de nuevo al pueblo judío; y “Mahdi”, porque estaría guiado por Al’lah. 

Hazrat Jalifatul Masih IVrh escribe:

“De acuerdo con el Islam, todos los Profetas son seres humanos y ninguno de ellos tiene características sobrehumanas. Aunque siempre hay algunos milagros atribuidos a los Profetas, que se entiende podrían indicar que poseen un carácter sobrehumano, las declaraciones categóricas y claras del Libro Sagrado rechazan tal idea.

Por ejemplo, a ningún profeta se le otorga un período excepcionalmente largo de vida que lo haga ser totalmente diferente y estar por encima de la hermandad de los Profetas a la que pertenece. Tampoco se menciona que ningún profeta se haya elevado físicamente hasta la parte más remota del universo y dondequiera que haya tal mención, en todo caso, se refiere al ascenso espiritual y no a un ascenso corporal, que el Sagrado Corán categóricamente declara como algo que va contra del carácter de los Profetas.

El énfasis en las características y limitaciones humanas de los Profetas es uno de los rasgos más bellos de las enseñanzas islámicas fundamentales. En realidad, los Profetas se elevaron por encima de sus contemporáneos, no porque estaban dotados de cualidades sobrehumanas, sino solo porque usaron debidamente y mucho mejor las cualidades que les fueron otorgadas. Ellos siguieron siendo humanos, a pesar de haber ascendido a grandes alturas espirituales; y su conducta como tal es inimitable por otros seres humanos”.

(“An elementary study of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 29-31).

El día del juicio.

 El quinto artículo de la fe es la creencia en el Día del Juicio, e implica que cada ser humano será resucitado después de la muerte y tendrá que rendir cuentas ante Al’lah con respecto a la vida que llevó aquí en la tierra.

Después de la creencia en un Dios Único, la creencia en el Día del Juicio es la doctrina más destacada que se menciona en el Sagrado Corán. Aparte, ningún otro Libro Revelado muestra una imagen tan detallada de la vida después de la muerte como lo hace el Santo Corán. En este sentido, dice que todo el universo llegará a su fin el Día del Juicio y que los muertos serán resucitados y cada uno vendrá con el registro completo de sus acciones. Las personas que hayan hecho buenas obras entrarán en el Cielo, mientras que aquellos que hay cometido malas obras serán arrojados al infierno; aunque este, de acuerdo con las enseñanzas del Islam, es una morada temporal mientras que el Cielo es eterno.

Al’lah dice en Su Libro Sagrado:

kaifa takfurūna bil-lāhi wa kuntum amwātan fa ahyākum zum-ma yumītukum zum-ma yuhyīkum zumma ilaihi turya‘ūn

“¿Cómo podéis no creer en Dios? Cuando no teníais vida, Él os dio la vida;

y después Él os hará morir, y os devolverá de nuevo a la vida,

y luego a Él seréis retornados”, (2:29).

(“The words of wisdom and purification”, Rashid Ahmad Chaudhry, pp. 168-9).

 En definitiva, el Islam enseña que la muerte física no es el final de la existencia de los seres humanos, sino que más bien es la puerta hacia una forma de vida superior que puede acercarnos o alejarnos de Al’lah, dependiendo de nuestras obras en esta vida.

 El decreto divino (taqdir).

 Los musulmanes creen que el Decreto Divino (Taqdir) controla el resultado final de todos los acontecimientos en este universo. Pero dentro de los límites del Decreto Divino, al hombre se le ha dado libre albedrío para elegir su camino, por lo que en el Día del Juicio seremos juzgados sobre la base de nuestras intenciones y actos. Por tanto, si seguimos los mandamientos de Dios, seremos recompensados; y si no los seguimos, seremos castigados. Así pues, la creencia en el Decreto Divino significa creer que las leyes de la naturaleza y las leyes de la religión (Sharia) han sido creadas por Al’lah, y que solo Él tiene el Poder Supremo sobre dichas leyes, las cuales operan en todo el universo.

Finalmente, en el Sagrado Corán, Dios Altísimo dice:

wa kāna amrul-lāhi qadaram-maqdūra

“Y el mandamiento de Al’lah es un decreto promulgado”, (33:39).

El concepto islámico sobre la predestinación Y el libre albedrío

 Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas escribe:

“Existen dos tipos de decretos Divinos: uno puede ser descrito como condicional y el otro como absoluto. La manifestación de un ‘decreto condicional’ puede ser evitada por la gracia de Dios Todopoderoso, a través de la oración y la limosna; pero la manifestación de un ‘decreto absoluto’ no puede ser evitada a través de la oración y la caridad, aunque Al’lah otorgará algún beneficio a cambio de ellas. En algunos casos, Dios provoca un retraso en la manifestación de un decreto. Lo cierto es que la existencia de estos dos tipos de decretos Divinos se puede extraer del Santo Corán”.

(“Malfuzat”, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol. 1, p. 150).

Hazrat Jalifatul Masih IVrh escribe sobre este tema:

“Podemos dividir a aquellos que creen en el destino en dos grandes categorías. Por un lado, tenemos aquellos con la creencia ciega de que el destino es la predeterminación total de Al’lah sobre todo lo grande y lo pequeño. Esta creencia es popular entre algunos grupos crípticos de los sufis, quienes viven una vida separada de la gente común. Ellos declaran que el hombre no tiene control alguno sobre las cosas y todo está predeterminado. Así pues, todo lo que pasa es el despliegue del gran plan del destino, conocido solamente por Dios. El otro punto de vista es el de la libre elección, en el que el destino prácticamente no desempeña ningún papel en lo que el hombre decide y ejecuta.

El destino tiene muchas categorías y cada una desempeña un papel distinto en su respectivo ámbito de operación, trabajando simultáneamente. La verdad es que las leyes de la naturaleza reinan supremas y nadie está por encima de su influencia. Este es el plan general de las cosas, al que nos podemos referir como el concepto más amplio de destino. Entonces, quien siga las leyes de la naturaleza con una comprensión profunda de las mismas, obtendrá alguna ventaja sobre quienes no lo hacen. Esas personas siempre están destinadas a beneficiarse y a experimentar en sí mismas una vida mejor. Pero ninguna de ellas está predestinada a pertenecer a ningún grupo específico, en relación con su posición del lado correcto o incorrecto de las leyes de la naturaleza.

La única ley predeterminada, en relación con este tipo de destino, es el mandamiento inmutable de que quien estudie la naturaleza sin prejuicios y se deje conducir a donde las leyes de la naturaleza lo lleven recorrerá un camino de progreso eterno. Esta es la categoría general y omnipresente del destino que trasciende todo, excepto las leyes del destino relativas a la religión.

No hay evidencia que indique que la vida de cada hombre está pre-determinada y que no tiene posibilidad ni opción de elegir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. El Libro Sagrado rechaza categóricamente el concepto de compulsión y establece claramente que todo ser humano es libre de elegir entre el bien y el mal:

lā ikrāha fid-dīn

‘No ha de existir coacción en la religión’, (2:257).

lā yukal-liful-lāhu nafsan il-lā wus‘aha lahā mā kasabat wa

‘alaihā maktasabat

‘Al’lah no impone cargas a ningún alma más allá de su capacidad.

Tendrá la recompensa que gane y recibirá el castigo que merezca’, (2:287).

 wa al-laisa lil insāni il-lā mā sa’ā

‘Y que el hombre no tendrá nada más que los frutos de su esfuerzo’,  (53:40).

No obstante, en relación a la religión, hay algunas esferas del destino que están predeterminadas y no se pueden cambiar. El Sagrado Corán se refiere a ellas como ‘la Sunna o práctica de Al’lah’. Una de esas ‘sunnas’ es que el destino de los Mensajeros de Dios siempre será alcanzar la victoria, tanto si son aceptados como si no; y que si son rechazados, los planes del oponente se verán frustrados. Los Profetas, sus mensajes y misiones siempre prevalecerán, sin importar cuán poderosos sean sus enemigos. En este sentido, hay algunos ejemplos destacados en la historia de la humanidad, como la confrontación entre Moisésas y el Faraón, entre Jesúsas y sus oponentes, y entre Muhammadsa y sus adversarios.

De acuerdo al Islam, si Al’lah decide favorecer a uno de Sus siervos con una manifestación especial a través de algunas leyes ocultas, tal manifestación será considerada por quienes la ven como un milagro y un evento sobrenatural; aunque esas cosas en realidad ocurren de acuerdo a las propias leyes de la naturaleza, pero son controladas sutilmente para producir un efecto asombroso. Aquí, el destino desempeña un papel específico en la vida de un siervo especial de Dios.

De forma similar, el destino puede ser comprendido en relación al trasfondo social, económico o educacional del individuo, que parece ser simplemente la víctima indefensa de las circunstancias. Esta indefensión del individuo crea su destino, sobre el cual no tiene ningún control. Por eso se dice, por ejemplo, que ‘el niño de un hombre rico nace con una cuchara de plata en su boca’.

 Las circunstancias en las que nace una persona, la sociedad en la que ha crecido, el juego cotidiano de posibilidades que tiene un papel en la vida de uno, tener la así llamada ‘suerte’ a nuestro favor o en contra, los accidentes de los que uno puede escapar o verse envuelto, etc., todas estas son áreas donde el individuo tiene muy poca opción; y no se puede suponer que él sea particularmente el objetivo de tales eventos o accidentes, que juegan un papel importante en la creación o destrucción de su vida.

Desde un punto de vista económico muy amplio, al final habrá más personas afortunadas y menos no tan afortunadas, con ventajas y desventajas relativas. Pero sería erróneo decir que fueron marcados individualmente por un ‘creador del destino’, incluso antes de su nacimiento, para nacer bajo ciertas circunstancias específicas. En este sentido, hay otras preguntas que deben ser contestadas. ¿Cómo serán tratados respecto a los crímenes cometidos por ellos mismos, en comparación con aquellos que nacen en ciertas circunstancias comparativamente más saludables y que tienen muy pocos factores, si acaso alguno, que los lleven a la delincuencia? Y si el delito es el mismo, ¿serán tratados de igual manera? El Santo Corán responde a esta compleja pregunta en el siguiente versículo:

lā yukal-liful-lāhu nafsan il-lā wus‘aha

“Al’lah no impone cargas a ningún alma más allá de su capacidad”, (2:287).

La cuestión del destino es muy complicada, pero como la decisión final está en manos de Dios, Quien es Omnisapiente, Benevolente, Todopoderoso y el Más Sabio, en el análisis final, los dictados de la justicia ciertamente prevalecerán.

Hay ciertas áreas en las que el hombre es libre de ejercer su voluntad, donde puede elegir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, por lo que será el responsable de ello. Por otro lado, hay áreas en las que el hombre tiene pocas opciones enfrente suyo y aparece como si fuese una marioneta en la mano de un titiritero. El plan general de las cosas en la naturaleza, que abarca y controla los destinos de las naciones y las personas, es una de esas áreas. Las circunstancias de una aplicación más amplia hacen que un individuo de la sociedad se vea completamente indefenso, pues no tiene más remedio que desplazarse como una hoja transportada por la corriente de un río en movimiento”.

(“An elementary study of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 53-60).

Algunas Otras Creencias De Los Musulmanes

 Aparte de las seis creencias fundamentales ya expuestas, existen muchas otras creencias importantes en el Islam.

Algunas de ellas son:

  1. Los musulmanes creen que cada persona nace inocente y completamente libre de pecado; y solo cuando alguien alcanza la madurez de entendimiento y puede distinguir entre el bien y el mal se vuelve responsable de sus actos.
  1. Los musulmanes creen que Al’lah no pide cuentas a nadie a menos que le haya enseñado primero el camino correcto a seguir. Por eso, Dios siempre ha enviado Mensajeros y revelaciones como guía y advertencia antes de infligir un castigo sobre la gente.
  1. Se requiere de los musulmanes que sigan su fe con la ayuda de la razón y el entendimiento. Por lo tanto, un musulmán debe usar su capacidad de raciocinio y reflexionar en su corazón sobre las enseñanzas de Al’lah.

(“Pathways to Paradise”, una publicación de Lallna Imaillah de EE.UU., p. 6).

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