20. Algunos Conceptos Islámicos
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La revelación divina.

Uno de los atributos de Al’lah es que “Él habla”. No obstante, en estos días, aparte de la Comunidad Musulmana Ahmadía, casi todo el mundo rechaza este concepto, pues la mayoría de la gente considera que, aunque en tiempos pasados Dios hablaba con Sus siervos, ya no lo hace y tampoco lo hará en el futuro. En este sentido, es como si consideraran que este atributo de Al’lah hubiera sido suspendido (Dios nos perdone); por desgracia, incluso hay otras personas que no están convencidas de que este atributo exista en absoluto. En cualquier caso, de acuerdo con estas dos corrientes de pensamiento, este atributo Divino no está operativo en la época actual. Tal suposición sobre el Ser de Dios demuestra una extrema desconfianza, pues la verdad del asunto es que aquellos que consideran que Al’lah ya no habla a Sus siervos, aunque estén de acuerdo en que anteriormente Dios alguna vez tuvo este atributo, nunca podrán creer verdaderamente en esta posibilidad. Lo cierto es que no es posible que alguien que tenga un verdadero conocimiento de los Atributos Divinos crea que Al’lah tuvo este atributo una vez y que actualmente ya no lo tiene o ha dejado de estar activo.

¿Cómo podría un musulmán considerar que Dios habló una vez a Sus siervos, pero que ahora está tan disgustado con el pueblo de Muhammadsa que ni siquiera los que poseen un rango espiritual muy alto de entre ellos pueden acceder a este honor? Tal conjetura no es solo una desconfianza flagrante hacia Al’lah, sino que también pone en duda la idea misma del desarrollo espiritual del hombre. El propio Mesías Prometido y Mahdias afirmó que si fuera correcto que la revelación Divina se hubiera detenido, entonces aquellos que aman a Dios habrían desperdiciado sus vidas y su fe en Al’lah no llegaría a la etapa de ser una verdad certera. Por lo tanto, es una realidad totalmente cierta que Dios todavía habla a Sus queridos siervos como lo hizo en el pasado; y así como la conexión del hombre con Al’lah aumenta según su capacidad y sacrificio, el hombre todavía puede sentir la manifestación de este atributo Divino, tanto de forma imperceptible como evidente, bien sea en forma de gotas de rocío o de lluvia torrencial.

(“Letter to a dear one”, Muhammad Zafrullah Khanra, pp. 27-38).

Hazrat Mesihe Maudas escribió acerca de la revelación:

“La revelación es la conversación viva y poderosa del Santo y Poderoso Dios con un siervo escogido por Él, o con alguien a quien Él se propone convertirlo en Su elegido. Cuando esta conversación comienza de manera adecuada y satisfactoria, estando completamente libre de la oscuridad de los falsos conceptos y no compuesta solo de unas pocas palabras inadecuadas y sin sentido, y llena de deleite, sabiduría y grandeza, entonces seguramente es la Palabra de Al’lah, con la cual Él planea consolar a Su siervo y manifestarse ante Él. 

A veces, la revelación es concedida a una persona en forma de prueba, pero esta no trae consigo todas las bendiciones. En tal caso, el receptor es sometido a un test en esta etapa elemental, de modo que después de haber probado algo de la revelación encauce su vida acorde con aquellos que son verdaderos receptores de la revelación, puesto que si no lo hace solo encontrará frustración; es decir, si no adopta los caminos de los verdaderamente justos, se verá privado de la plenitud de esta recompensa y sumido en una vana jactancia.

 

Millones de personas virtuosas han sido receptoras de la revelación, aunque no eran de igual rango a la vista de Dios. De hecho, incluso los Profetas de Al’lah, que son receptores de la Revelación Divina al más alto nivel, no son  iguales en rango, como Dios Todopoderoso ha dicho:

tilkar-rusulu fad-dalnā ba‘dahum ‘alā ba‘d

‘Estos son los Mensajeros y hemos hecho que algunos de ellos superen a otros’, (2:254).

Esto demuestra que la revelación es pura Gracia Divina y no es evidencia de exaltación, que más bien está de acuerdo con el grado de verdad, sinceridad y fidelidad del receptor y que solo Al’lah conoce. Si la revelación reune todas sus benditas condiciones es también uno de los frutos de tales cualidades. 

No hay duda que si la revelación viene como una respuesta de Dios después de que el receptor de la misma haya pedido algo, y existe una secuencia entre pregunta y respuesta, y la revelación se caracteriza por la Majestad Divina y la luz, y comprende el conocimiento de lo invisible y el verdadero entendimiento, es verdaderamente la Palabra de Al’lah. Al mismo tiempo, es necesario que la revelación Divina sea como un diálogo entre dos amigos. Cuando el siervo hace una pregunta, debe recibir una respuesta dulce y elocuente por parte de Dios Altísimo, en la que su propio pensamiento y reflexión no deben tomar parte. Si tal diálogo se concede como recompensa hacia una persona, se trata de la Palabra de Al’lah y su destinatario es tomado como alguien querido por Él. 

Esa revelación debe ser concedida como una recompensa y una serie viva y santa de revelaciones deben ser otorgadas por Dios a un siervo, de forma clara y en una forma pura; y no se le otorga a nadie excepto a aquellos que alcanzan un alto nivel de fe, sinceridad y acción justa, y de aquello que no podemos revelar aquí. La verdadera y santa revelación muestra muchas maravillas de la Divinidad. Muy a menudo se genera una luz brillante y, junto con ella, una revelación majestuosa y luminosa es otorgada. ¿Qué mejor recompensa puede existir que mantener una conversación con el Ser que es el Creador de los Cielos y de la tierra? La verdad es que Dios solo puede ser visto en este mundo a través de dicha conversación”.

(“La filosofía de las enseñanzas del Islam”, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, pp. 129-130, 1996).

Características de una verdadera revelación.

El Mesías Prometido y Mahdias ha enunciado las siguientes características de una verdadera revelación:

  1. Se revela en un momento en que el corazón del receptor, derretido a consecuencia de su dolor por conocer la verdad, fluye hacia Al’lah como el agua clara. Ya se indica en el Hadiz que el Sagrado Corán fue revelado en el dolor y debe ser estudiado con un corazón apenado.
  1. La verdadera revelación viene acompañada de placer y transmite certeza de una manera desconocida, penetrando en el corazón como un clavo de hierro. Sus palabras son elocuentes y están libres de cualquier error.
  1. La revelación verdadera posee una cierta majestad que llega al corazón con poder y desciende sobre él con una voz impresionante. La falsa revelación se transmite en voz baja como la voz de los ladrones, los eunucos y algunas mujeres, en tanto que satanás es un ladrón, un eunuco y un tipo de mujer malvada.

 

  1. La revelación está cargada con el poder de Dios Todopoderoso y contiene profecías que se cumplen.

 

  1. La verdadera revelación fomenta la bondad del destinatario y lo purifica de impurezas interiores, y mejora su condición moral.

 

  1. La revelación verdadera es testificada por todas las potencias internas del receptor y arroja una luz nueva y pura sobre todas sus facultades, quien percibe un cambio en sí mismo. Su vida anterior llega a su fin y comienza una nueva vida para él, convirtiéndose en una fuente de compasión para la humanidad.

 

  1. La verdadera revelación no termina con solo una frase, ya que la voz de Al’lah tiene una continuación. Él es muy amable y le habla a quien se inclina ante Él y responde a sus preguntas. Por eso, el receptor de la verdadera revelación recibe una respuesta a sus súplicas en un lugar y en un momento determinados, aunque a veces ocurre un intervalo entre dos series de revelaciones.
  1. El receptor de la verdadera revelación nunca es un cobarde y no tiene miedo de enfrentarse a los falsos proclamadores de tener revelación. Él sabe que Dios está con él y humillará a cualquier proclamador falso.
  1. La revelación verdadera es el medio para adquirir conocimiento y entendimiento, pues Al’lah no desea dejar a su receptor sin conocimiento y en la ignorancia.
  1. La verdadera revelación va acompañada de muchas bendiciones, pues al receptor de una verdadera revelación se le otorga honor desde lo invisible y se le da prestigio.

(“Zaruratul Imam”, Ruhani Khazain, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol. 13, pp. 13-19).

El alma.

Dios Altísimo dice en el Santo Corán en relación con el alma:

wa yas ’alūnaka ‘anir-rūhi qulir-rūhu min amri

rab-bī wa mā ūfitum-minal ‘ilmi qalīlan

“Si te preguntan acerca del alma, diles:

El alma es por mandato de mi Señor

y de su conocimiento se os ha dado una pequeña parte”, (17:86).

Hazrat Ahmadas afirmó acerca del alma:

“Es absolutamente cierto que el alma es una luz muy sutil que se desarrolla en el interior del cuerpo y se nutre en la matriz de la madre. Al comienzo está oculta y es imperceptible, pero luego se hace manifiesta. Desde el principio su esencia está presente en el esperma y relacionada con el mismo de una manera misteriosa por el diseño, el mandato y la voluntad de Al’lah. Es una cualidad brillante del esperma y llena de luz, aunque no se puede decir que sea una parte del mismo como la materia es parte de la materia, ni se puede decir que viene de fuera o cae sobre la tierra y se mezcla con la materia del esperma. La verdad es que el alma está latente en el esperma como el fuego lo está en el pedernal.

 La Palabra de Dios no enseña que el alma desciende del Cielo como una entidad separada o cae sobre la tierra desde la atmósfera y entonces por casualidad se mezcla con el esperma al entrar en la matriz para mezclarse con él. No existe una base para tal idea y la ley de la naturaleza la rechaza. Nosotros observamos diariamente que miles de insectos infectan alimentos impuros y rancios, y se generan en heridas que no han sido lavadas. La ropa sucia cría cientos de piojos y todo tipo de gusanos se generan dentro del estómago de una persona. Por tanto, no se puede decir que todo eso viene de fuera o que puede ser visto como bajando del Cielo. Lo cierto es que el alma se desarrolla dentro del cuerpo y esto además demuestra que es creada, y que no es auto-existente.

 Ahora bien, el segundo nacimiento del alma, según el deseo del Todopoderoso que ha creado el alma del cuerpo con Su perfecto Poder, parece ser que también debe tener lugar a través del cuerpo. Los movimientos del alma siguen los movimientos del cuerpo; o sea, si este toma una dirección en particular, el alma lo sigue automáticamente. Por consiguiente, es una caracterísitca del Sagrado Corán estar dirigido primero al estado natural del hombre y por eso el Libro de Al’lah presta tanta atención a la reforma del estado natural de los humanos y da instrucciones sobre cada una de sus acciones; por ejemplo sobre cómo sonreír, llorar, alimentarse, vestirse, descansar, hablar, estar callado, casarse y permanecer célibe, y sobre cómo caminar, pararse, limpiarse, bañarse, someterse a una disciplina en la salud y la enfermedad, etc. En definitiva, afirma que la condición física humana afecta profundamente su condición espiritual”.

(“La filosofía de las enseñanzas del Islam”, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, pp. 7-8, 1996).

Cualidades del alma.

El Santo Corán ha mencionado detalladamente las muchas cualidades, facultades, los magníficos poderes y las capacidades de las almas, de las cuales exponemos algunas de ellas a modo de ilustración:

01) El afán de adquirir conocimiento y percepción.

02) Obtener conocimiento.

03) Salvaguardar el conocimiento que ha sido adquirido.

04) Sentir amor hacia Dios.

05) Derivar placer del encuentro con lo Divino.

06) Ver visiones.

07) Influir y de ser influenciada.

08) Establecer relaciones con los cuerpos.

09) Adquirir cualidades Divinas.

10) Recibir revelaciones.

11) Tener estados expansivos y constrictos.

12) Obtener una comprensión ilimitada.

13) Tomar el color de la manifestación de lo Divino.

14) La de la razón, para distinguir entre belleza e imperfección.

15) Recibir impresiones y de ser influenciada por ellas, en

contraste con los cuerpos a los que está relacionada.

16) Reconocer la existencia del Verdadero Creador.

17) Manifestar nuevas cualidades en combinación con los

cuerpos y sus formas especiales.

18) La de atracción mutua, que podría ser designada como una

fuerza magnética.

19) La inmortalidad.

20) La de mantener una relación especial con las partículas del cuerpo

fallecido y que se manifiesta a los que experimentan visiones.

En conclusión, aparte de estas, hay muchas otras facultades de las almas que son detalladas en el Sagrado Corán de forma excelente y exquisita.

(“Surmah Chashm Arya”, Ruhani Khazain, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, vol. 2, pp. 245-247).

La vida después de la muerte.

Al’lah dice en el Sagrado Corán:

wa yaqūlul insānu a izā mā mit’tu lasaufa ujriyu hayy

awalā yazkurul insānu an-na jalaqnāhu min qablu wa lam yaku shai’ā

“Y dice el hombre, ¡Cómo! ¿Después de muerto seré devuelto a la vida?

 ¿No recuerda el hombre que Nosotros lo creamos antes, cuando no era nada?”, (19:67-68).

El Corán deja muy claro que la forma de existencia de la vida venidera será tan diferente de todas las formas conocidas de vida aquí en la tierra que está más allá de la imaginación humana incluso tener la menor idea de la realidad del otro mundo.

Dios Altísimo dice en el Libro Sagrado:

nahno qad-darna bainakomol mautu wa mā nahno bimasbuqīn

‘alā an-nubadila amzālakum wa nunshi’akum fī mā lā ta‘lamūn

“Hemos decretado la muerte para todos vosotros

y no se Nos puede impedir que cambiemos vuestras formas actuales,

y que os transformemos en algo que de momento desconocéis”, (56:61-62).

Esta es la declaración categórica del Corán sobre el tema y en nuestra época reciente, el fundador de la Yamat Musulmana Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadiánas presentó esta visión de la existencia espiritual en contraposición a la existencia carnal, en su magnífico y portentoso tratado titulado “La filosofía de las enseñanzas del Islam”. Todos los puntos de vista expuestos en dicho libro están bien documentados con referencias coránicas y tradiciones del Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammadsa.

A continuación se presentamos una descripción de “la vida después de la vida” hecha por Hazrat Mirza Tahir Ahmad, Jalifatul Masih IVrh:

“De acuerdo con su profundo estudio (el del Mesías Prometidoas), la vida en el Más Allá no será material, sino de una naturaleza espiritual y de la cual solo podemos visualizar ciertos aspectos. No podemos determinar con precisión cómo van a tomar forma las cosas, pero uno de los rasgos destacados de su visión del Más Allá se refiere a que el alma da a luz a otra entidad fuera de lo común, que ocuparía la misma posición en relación con el alma original y sería igual a la que el alma ocupa en relación a nuestra existencia carnal aquí en la tierra. El nacimiento de un alma dentro del alma estará relacionado con el tipo de vida que hemos vivido aquí en la tierra. Así pues, si hemos pasado nuestras vidas en la sumisión a la Voluntad de Al’lah y de acuerdo con Sus mandamientos, nuestros estados gradualmente se adaptarán y sincronizarán para disfrutar de los placeres espirituales en lugar de los placeres carnales. En este sentido, dentro del alma empieza a tomar forma una especie de alma embrionaria, de la que nacen nuevas facultades y se adquieren nuevos gustos, donde los que están acostumbrados a los placeres carnales no van a encontrar ningún deleite.

Estos nuevos tipos de refinados seres humanos podrán hallar el contento de su corazón y el sacrificio, como algo totalmente diferente a la usurpación de los derechos de los demás, se convertirá en algo agradable. El perdón estará por encima de la venganza y el amor, sin ningún motivo egoísta, nacerá en nosotros como una segunda naturaleza, reemplazando todas las relaciones que tengan ocultas intenciones. Así, se puede decir que una nueva alma dentro del alma estará a la vista”.

(“An elementary study of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 46-47).

La naturaleza exacta de la vida tras la muerte ha sido uno de los fenómenos más difíciles concebir de todas las épocas, debido al simple hecho de que nadie puede ser testigo de ello, ya que somos incapaces de explicar los detalles de ese mundo a través de la experiencia personal. Sin embargo, los buscadores de la verdad ciertamente pueden encontrar una guía bastante elaborada en las palabras de aquellos que son capaces de iluminar a otros sobre la base de su conocimiento espiritual y la percepción que les ha sido otorgada por Dios Altísimo.

Ahora presentaremos algunos puntos de orientación respecto a este tema presentados por el Mesías Prometidoas en su famoso libro “La filosofía de las enseñanzas del Islam”:

“En pocas palabras, el estado después de la muerte no es un estado completamente nuevo, sino que de hecho es una representación completa y una imagen clara y total de nuestro estado espiritual en la vida presente. Aquí los aspectos buenos o malos de los actos y pensamientos de un hombre están latentes dentro de él, y su beneficio o daño a menudo se percibe solo de manera indirecta, pero en la vida venidera se manifestarán tan claramente como la luz del día. Una idea de esto, aunque muy imperfecta, puede ser obtenida de la manera en que una persona ve en un sueño la encarnación de lo que es predominante en su temperamento.

 Por tanto, de la forma en que las condiciones internas se presentan en formas físicas en los sueños, podemos formarnos alguna idea de la encarnación de las condiciones espirituales de este mundo en la vida venidera. Así, una vez hayamos transcurrido por nuestro viaje terrenal, seremos llevados a regiones donde nuestras acciones y sus consecuencias asumirán una forma manifiesta; o sea, lo que está escondido en nuestro ser en este mundo se abrirá y aparecerá claramente ante nosotros. Estas encarnaciones de hechos espirituales serán realidades manifiestas como incluso ocurre en los sueños; y aunque su vista pronto se desvanece, mientras está ante nuestros ojos se percibe como una realidad.

Debe tenerse en cuenta que el Santo Corán describe tres mundos o estados diferentes de la vida del hombre:

 El primero es el mundo presente, que se conoce además como el mundo en el que actuamos y el de la primera creación. Es aquí donde el hombre obtiene una recompensa por los buenos o malos actos que realiza; y a pesar de que hay etapas de progreso para la gente buena tras la resurrección, ese avance es concedido simplemente por la Gracia de Al’lah y no depende del esfuerzo humano.

El segundo mundo se conoce como ‘barzaj’, palabra que significa ‘un estado intermedio’. Como este mundo en particular se encuentra entre la vida presente y la resurrección, se le ha llamado ‘barzaj’. En consecuencia, el estado de ‘barzaj’ es aquel en el cual el alma abandona el cuerpo mortal y los restos perecederos del mismo se descomponen. El cuerpo es arrojado a una fosa y el alma es arrojada a otra fosa porque pierde el poder de hacer buenas o malas acciones, junto con su pérdida de control sobre el cuerpo. Así pues, resulta evidente que un buen estado del alma depende de la solidez del cuerpo.

 Más allá de toda duda razonable, la experiencia establece el hecho de que, con todas sus conexiones separadas del cuerpo, el alma no puede servir ningún propósito. Es inútil afirmar que el alma humana puede, en cualquier momento, disfrutar de la dicha sin tener una conexión con el cuerpo. En verdad, ello nos puede agradar como un relato interesante, pero la razón y la experiencia no lo avalan. Difícilmente podemos imaginar que el alma entra en un perfecto estado cuando todas sus conexiones con el cuerpo se han cortado, ya que sabemos por nuestras experiencias recurrentes que el más mínimo desorden del sistema físico interrumpe también las funciones del alma.

No hay duda de que después de la muerte el cuerpo de arcilla se separa del alma, aunque luego en el “barzaj” (estado intermedio), cada alma recibe temporalmente un nuevo cuerpo para estar en condiciones de probar la recompensa o el castigo de sus actos. Y este nuevo cuerpo no estará hecho de arcilla, sino que será un cuerpo brillante u oscuro que nos viene ya preparado según nuestras acciones en esta vida. Así es la descripción coránica del cuerpo en el “barzaj”: es decir, el alma obtiene un nuevo cuerpo que es brillante u oscuro dependiendo de las acciones buenas o malas que una persona haya realizado. Esto puede parecer un misterio para algunos, pero al menos se debe admitir que no es algo irrazonable.

 En este sentido, el hombre perfecto percibe la formación de ese cuerpo brillante incluso en esta misma vida. El entendimiento humano ordinario puede considerarlo como un misterio que está más allá de la comprensión, aunque aquellos que poseen una visión espiritual aguda y brillante no tendrán dificultad para entender la verdad de que un cuerpo brillante u oscuro aparecerá tras la muerte, y que será el resultado de nuestras acciones en esta vida. En resumen, el nuevo cuerpo que se nos concede en el “barzaj” se convierte en el medio para la recompensa del bien o el mal que hayamos llevado a cabo en nuestras vidas.

Yo mismo tengo experiencia personal en este asunto, ya que muchas veces, estando completamente despierto, he experimentado visiones en las cuales vi personas ya fallecidas. En este sentido, he visto a muchos individuos malvados y perversos con un cuerpo bastante oscuro y humeante. Tengo un conocimiento personal de estos asuntos y afirmo con certeza que, como Dios Todopoderoso ha dicho, a todo el mundo se le concede un cuerpo transparente u oscuro; y no es posible que la razón por sí misma pueda comprender estos misterios.

Finalmente, el tercero es el mundo de la resurrección. En este se dará a cada alma, buena o mala, virtuosa o perversa, un cuerpo visible. El día de la resurrección es el día de la manifestación completa de la Gloria de Al’lah y cuando todos seremos perfectamente conscientes de la existencia de Dios. En ese día, cada persona tendrá una recompensa completa y abierta por sus acciones; y no es necesario preguntarse cómo se puede dar esto, pues Al’lah es Todopoderoso y nada es imposible para Él.

El castigo y la recompensa se conceden inmediatamente después de la muerte: los que merecen el infierno serán llevados allí, mientras que aquellos que sean merecedores del Paraíso son llevados directamente hasta él. Pero el día de la resurrección es el día de la manifestación de la Gloria Suprema de Dios, pues Su sabiduría trascendente ha ordenado que por fin dicha Gloria se haga evidente. Al’lah creó al hombre y debe ser reconocido como el Sumo Vencedor; y al final de todo Él dará una vida perfecta a todos y los reunirá para que pueda ser reconocido como el Ser Todopoderoso”.

 (“La filosofía de las enzeñanzas del Islam”, segunda cuestión, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad).

El Sagrado Corán describe tres puntos importantes en relación con la vida en el Más Allá:

Primero, ha explicado repetidamente que la vida después de la muerte no será algo nuevo, sino una imagen y manifestación de esta misma vida. En este sentido dice:

wa kul-la insānin alzamnāhu tā’irahū fī ‘unuqih wa nujriyu lahū yaumal qiyāmati kitābany-yalqā hu manshūra

“Y hemos amarrado al cuello de cada hombre el recuento de sus acciones;

y en el Día de la Resurrección

le mostraremos un libro que él encontrará totalmente abierto”, (17:14).

La palabra “tair” usada en este versículo debe ser tenida en cuenta de forma particular, ya que significa literalmente ‘un pájaro’ y aquí se usa metafóricamente para representar las acciones de los hombres, porque cada acción, sea buena o mala, toma el vuelo como un pájaro. El disfrute o la carga que una persona siente al llevar a cabo una acción llegan entonces a su final, aunque deja su buena o mala impresión grabada en el corazón. De hecho, toda acción del hombre es seguida por una acción de Dios, que imprime su efecto bueno o malo no solo sobre el corazón, sino también sobre las manos, los pies, las orejas o los ojos del que realiza la acción. Así pues, este libro que registra cada acción y que está oculto al ojo humano está siendo preparado en esta misma vida y se mostrará claramente en la próxima.

El segundo punto de importancia que el Libro Sagrado ha descrito con referencia al Más Allá es que los acontecimientos espirituales de esta vida se verán representados en la próxima como encarnaciones, tanto en el “barzaj” como en la resurrección; y algunos de los versículos que se refieren a este tema son:

wa man kāna fī hāzi hī a‘mā fa huwa fil ājirati a‘mā

wa adal-lu sabīla

“Pero quien sea ciego en este mundo será ciego en el Más Allá

y estará aún más extraviado del camino”, (17:73).

En otras palabras, la ceguera espiritual en este mundo se hará evidente y se convertirá en una ceguera real en el próximo.

En otro versículo del Santo Corán Al’lah dice:

yauma tabyad-du wuyūhunw-wa taswad-du wuyūhun

 “En el día en que unos rostros serán blancos y otros serán negros”, (3:107).

El estado espiritual de cada persona se hará visible para todos en ese día y en ese día Dios se revelará ante los justos en Su gloria plena. En resumen, los estados espirituales ya no permanecerán ocultos sino que se manifestarán de forma palpable.

El tercer punto de importancia que el Sagrado Corán ha descrito en relación con la vida después de la muerte es que el progreso que se puede hacer en esa vida es ilimitado. La Palabra de Dios dice:

nūruhum yas‘ā baina aidīhim wa bi aimānihim yaqūlūna rab-banā atmim lanā nūranā waghfirlanā in-naka ‘alā kul-li shai-in qadīr

 “Su luz brillará delante de ellos y en sus diestras, y dirán:

‘Señor nuestro, perfecciona nuestra luz y perdónanos,

pues en verdad Tú tienes poder sobre todas las cosas’”, (66:9).

Este deseo incesante de perfección muestra claramente que el progreso en el Paraíso no tendrá fin; o sea, los justos seguirán avanzando y nunca retrocederán un paso ni se verán privados de esas bendiciones.

(Ataul M. Rashed, revista “The Reveiw of Religions”, vol. LXXXV, no. 11, noviembre 1990, pp. 33-36).

La salvación.

El Islam es la esencia de toda la verdad y la salvación consiste en someterse completamente a la Voluntad de Al’lah. Por lo tanto, el  Corán es una guía perfecta para la humanidad que requiere de nosotros que tengamos fe en todos los Profetas y en las revelaciones que les fueron concedidas, por lo que es un tesoro universal y una guía perfecta. Cualquiera que lo convierta en la ley a seguir en su vida y la viva hasta el final conforme al mismo, contemplará a Dios en esta misma vida. En definitiva, esta es la verdadera salvación y no existe otra salvación aparte de esta, que es el perfecto objetivo de nuestra existencia aquí y en el Más Allá.

Hazrat Ahmadas escribió acerca de la salvación:

“La salvación significa que una persona debe tornarse enteramente hacia Al’lah y debe además ofrecerse como un sacrificio en Su causa, y finalmente ha de probar su sinceridad no solo a través de sus intenciones sino además con una conducta virtuosa.

Dios Altísimo dice en el Corán:

balā man aslama wayhahū lil-lāhi huwa muhsinun falahū ayruhū

‘inda rab-bihī walā jaufun ‘alaihim walā hum yahzanūn

‘¡No! Quien se someta completamente a Al’lah,

siendo excelente en su conducta,

tendrá su recompensa con su Señor;

ningún temor les sobrecogerá ni sufrirán aflicción alguna’, (2:113).

qul in-na salātī wa nusukī wa mahyāya wa mamātī lil-lāhi rab-bil

‘ālamīna lā sharīka lahū wa bizālika umirtu wa anā aw-walul muslimīn

‘Diles:

‘Mi oración, mi sacrificio, mi vida y mi muerte son en su totalidad para Al’lah,

el Señor de los mundos.

Él no tiene copartícipe.

Así se me ha ordenado y soy el primero de los que se someten’’, (6:163-164).

wa an-na hāzā sirātī mustaqīman fat-tabi‘ūhu walā tat-tabi‘us-subula fatafar-raqa bikum ‘an sabīlih

“Y diles:

‘Este es mi camino que guía rectamente.

Seguidlo pues y no sigáis otros caminos, no sea que os alejen de Su camino’, (6:154).

qul in kuntum tuhib-būnal-lāha fat-tabi‘ūnī yuhbibkumul-lāhu wa yaghfir lakum zunūbakum wal-lāhu ‘ghafūrur-rahīm

‘Diles:

‘Si amáis a Al’lah, seguidme;

entonces Al’lah os amará y os perdonará vuestros pecados.

Y Al’lah es el Sumo Indulgente, el Misericordioso’”, (3:32).

(“La filosofía de las enseñanzas del Islam”, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, pp. 9-10, 1996).

El cielo y el infierno.

De acuerdo al Libro Sagrado, el Cielo y el infierno son ambos reflejos de la vida de un hombre y no algo nuevo que viene de fuera. Es cierto que en el Más Allá se verán manifestados físicamente, pero solo como el reflejo de las condiciones espirituales del hombre en esta vida. En este sentido, no concebimos que el Cielo contenga árboles reales ni que el infierno esté lleno de azufre, etc. Según las enseñanzas islámicas, el Cielo y el infierno simplemente serán el reflejo de las acciones que una persona lleve a cabo en este mundo.

(Ataul M. Rashed, revista “The Review of Religions”, vol. LXXXV, no. 11, noviembre de 1990, p. 36).

Hazrat Jalifatul Masih IIra escribió estas palabras en su gran tratado “Invitación al Ahmadíat”:

Los que no creen en Dios y los enemigos de Su guía revelada, a menos que sean perdonados por Su infinita Misericordia, permanecerán en un lugar llamado infierno. El castigo que recibirán en ese lugar será de calor y frío extremos, pero el objetivo de este castigo no será impartir dolor a sus moradores, sino reformarlos; aunque seguirán sufriendo en el infierno hasta que la Misericordia de Al’lah, que alcanza todas las cosas, abarque también a los malhechores y su maldad. Entonces, se cumplirá una promesa de Dios que fue anunciada por el Santo Profetasa de la siguiente manera:

ya’tī ‘alā yahan-nama zamānun laisa fīhā ahadunw-wa

nasīmus-sabā tuhar-riku abwābahā

‘Llegará un momento en que nadie quedará en el infierno;

los vientos soplarán y las ventanas y puertas del infierno

harán un estruendoso ruido a causa de los vientos que soplarán’”.

 (“Tafsirul Malammut Tanzil” sobre el versículo 11:107 del Sagrado Corán).

(“Invitation to Ahmadiyyat”, 1980, Hazrat Khalifatul Masih II, pp. 10-11).

Por su parte, Hazrat Jalifatul Masih IVrh afirmó:

“El concepto de Cielo e infierno en el Islam es completamente diferente del que se nos presenta normalmente, pues no son dos lugares diferentes que ocupan tiempo y espacio separados”.

De acuerdo al Corán el Cielo cubre todo el universo:

wa sāri‘ū ilā maghfira tim-mir-rab-bikum wa yan-natin ‘ardu

has-samāwātu wal-ard

“Y rivalizad mutualmente rogando el perdón de vuestro Señor

y pidiendo el Paraíso cuya recompensa son los Cielos y la tierra”, (3:134).

sābiqū ilā maghfira tim-mir-rab-bikum wa yan-natin

‘arduhā ka ‘ardis-samā ‘i wal ard

“Rivalizad mutuamente en busca del perdón de vuestro Señor

y de un Paraíso cuya envergadura es igual a la extensión del Cielo y la tierra”, (57:22).

 Una vez alguien le preguntó al Santo Profetasa:

Si el Paraíso ocupa toda la extensión del Cielo y la tierra,

¿dónde estará entonces el infierno?”.

Él respondió:

“En el mismo sitio, pero tu no tienes la facultad para entender su coexistencia”.

 Es decir, en términos humanos ordinarios pueden parecer que ocupan el mismo espacio y tiempo, aunque en realidad, ya que pertenecen a dimensiones diferentes, coexistirán sin interferir e interrelacionarse el uno con el otro.

Hazrat Jalifatul Masih IIra escribió lo siguiente comentando el anterior versículo del Sagrado Corán (3:134):

“ ‘Arz’ significa: (1) precio o valor de una cosa en una forma distinta al dinero; (2) anchura o amplitud, inmensidad (Aqrab). El versículo significa que el Paraíso comprenderá tanto los cielos como la tierra; o sea, que los verdaderos creyentes estarán en el Paraíso tanto en esta vida como en próxima.

 Por otra parte, otro dicho muy conocido del Profetasa arroja bastante luz sobre la naturaleza del Paraíso y del infierno, porque cuando se le preguntó que ‘si el Paraíso abarca tanto los cielos como la tierra, ¿donde está el infierno?’, el Mensajero de Diossa respondió:

‘¿Dónde está la noche cuando llega el día?’, (Kazir)”.

Se dice además que el Santo Profetasa afirmó que la más pequeña recompensa del Paraíso será tan grande como el espacio entre el cielo y la tierra, lo cual muestra que el Paraíso es un estado espiritual y no un lugar físico en particular.

(El Sagrado Corán con traducción y comentario corto, 1994, p. 162).

De nuevo, Hazrat Jalifatul Masih IVrh afirma:

“Un alma sana que ha adquirido el gusto por las cosas buenas, cuando es llevada hacia los objetivos de su elección y está muy cerca de los mismos, obtendrá aún más placer que antes. Todo lo que un hombre de espíritu sano desea a toda costa es la cercanía de Al’lah y Sus Atributos e imitar las virtudes Divinas. En el Cielo, toda alma pura comenzará a ver, concebir y sentir la cercanía de los Atributos de Dios como nunca antes lo había hecho. Estos Atributos, según el Mesías Prometidoas, no seguirían siendo meramente valores espirituales, sino que adquirirían formas y figuras etéreas que el espíritu celestial recién nacido disfrutará con la ayuda del alma de antaño, que funcionaría como el cuerpo. Esto nuevamente será una cuestión relativa a cada persona en particular.

 Lo contrario será la realidad del infierno, donde un alma enferma creará un cuerpo enfermo para la nueva alma en la otra vida; y los mismos factores que proporcionan placer al alma sana también proporcionarán tortura y un sufrimiento profundo para esta entidad enfermiza.

En resumen, cada individuo crea su propio Cielo o infierno, y de acuerdo con su propio estado cada cielo será diferente al cielo de otra persona y cada infierno será distinto del infierno de otra persona, aunque aparentemente ocupan el mismo espacio y tiempo en otras dimensiones mundanales.

Luego, ¿qué sucede con el alma de un hombre entre el momento de su muerte carnal y de su resurrección en el Día del Juicio?

Se dice que el Santo Profetasa afirmó lo siguiente al respecto:

‘Después de nuestra muerte se abrirán ventanas en la tumba;

para las personas piadosas las ventanas se abrirán hacia el Cielo

y para los malvados se abrirán hacia el infierno’.

No obstante, si abriéramos una tumba no encontraríamos ninguna ventana, así que la aceptación literal de estas palabras no nos transmitirá el verdadero significado de lo que ahí se afirma. Es imposible que el Mensajero de Al’lahsa nos haya dado jamás alguna información incorrecta, por lo que se deduce que dijo esto de forma metafórica. De no ser así, cada vez que excaváramos una tumba encontraríamos ventanas, ya sea abriéndose al infierno o dejando entrar el aire fragante y agradable del Paraíso. Sin embargo, en realidad nunca se han presenciado ninguno de estos fenómenos. Entonces, ¿qué significan las palabras del Mensajero de Diossa?

La tumba es en realidad una fase intermedia de existencia entre esta vida y el Más Allá. Aquí, la vida espiritual progresará gradualmente a través de muchas etapas hasta alcanzar su destino final. Más tarde, por orden de Al’lah, una trompeta será tocada y la forma espiritual final empezará a existir. En ese período intermedio, las diferentes almas pasarán a través de una especie de Cielo o infierno antes de alcanzar su etapa final de perfección, en la que serán aptas y estarán listas para ser transformadas en una entidad completamente diferente.

El Libro Sagrado ilustra de forma brillante este concepto:

mā jalqukum wa lā ba‘zukum il-lā ka nafsinñw-wāhidah

“Vuestra creación y vuestra resurrección

son justo como la creación y resurrección de un solo ser”, (31:29).

Así pues, la pregunta que ahora se plantea es: ¿progresará también el alma como lo hace el bebé en el vientre de la madre y pasará por todas estas etapas? La respuesta a esta pregunta se puede encontrar en el versículo anterior del Santo Corán porque nos dice que ‘vuestra primera creación y vuestra segunda creación serán idénticas’. Por eso, para comprender la segunda creación, debemos entender la manera en que un niño toma forma en el vientre de su madre; y aunque solo tarda unos nueve meses en desarrollarse, en realidad la creación de la vida ha tardado en evolucionar billones de años. O sea, la creación de la vida pasó por un largo periodo de desarrollo para llegar a la forma final que vemos tras esos nueve meses. Esto arroja algo de luz sobre el hecho de que el periodo de nuestra primera creación fue muy largo y asimismo nuestra segunda creación abarcará un largo periodo. Por eso, al estudiar estos nueve meses podemos aprender algo de los miles de millones de años de la historia de la vida y sobre la evolución de las almas en el otro mundo. En consecuencia, podemos deducir con seguridad que el tiempo transcurrido desde el origen primero de la vida hasta la creación última del hombre será necesario una vez más para el desarrollo del alma después de la muerte.

 Lo que Dios nos está diciendo es que no seremos juzgados al día siguiente de morir. En cambio, el juicio tendrá lugar en un futuro tan lejano, que nuestras vidas anteriores nos parecerán como una cuestión de unos pocos segundos y serán como un pequeño punto lejano en la distancia. En resumen, la resurrección del hombre se describe como una transformación que él no puede visualizar y un evento tan cierto como su propia existencia aquí en la tierra. En definitiva, todos estos temas han sido explicados en detalle en el Sagrado Corán”.

(“An elementary study of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 46-53).

Los yinn.

Se dice y se cree que antes de su caída satanás pertenecía a la categoría de los ángeles. El Santo Corán rechaza este punto de vista y presenta a satanás como poseedor de una naturaleza llameante, perteneciendo así a una forma de vida creada del fuego como son los ‘yinn’.

(“An elementary study of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, p. 12).

Hazrat Mirza Tahir Ahmad, Jalifatul Masih IVrh, describió lo que son los “yinn” en su famoso libro “Revelation, Rationality, Knowledge and Truth” (‘Revelación, racionalidad, conocimiento y verdad’):

“El léxico árabe menciona lo siguiente como posibles significados de la palabra ‘yinn’: literalmente significa cualquier cosa que tenga una connotación de ocultamiento, invisibilidad, reclusión y lejanía; además de gruesas penumbras y oscuras sombras. Por eso la palabra ‘yannah’, que viene de la misma raíz, es empleada por el Corán para designar el Paraíso, que estaría lleno de jardines densos y muy sombreados.

Por ejemplo, la palabra ‘yinn’ se puede aplicar a las serpientes que habitualmente permanecen ocultas al ojo humano y viven aisladas de otros animales en grietas rocosas y agujeros de la tierra; al mismo tiempo se aplica a las mujeres que practican la segregación y a tales líderes que se mantienen distantes de la gente común; aparte, a los habitantes de las montañas remotas e inaccesibles se les conoce como ‘yinn’. Por tanto, con esta palabra se describe cualquier cosa que esté más allá del alcance de la vista común o sea invisible para el ojo humano.

Este concepto está plenamente respaldado por una tradición del Santo Profetasa en la cual él exhorta a las personas a no usar trozos secos de estiércol o huesos de animales muertos para limpiarse después de atender la llamada de la naturaleza, porque son alimento para los ‘yinn’. Al igual que ahora usamos papel higiénico, en esa época la gente utilizaba terrones de tierra, piedras o cualquier cosa seca que tuvieran a mano para limpiarse. Por consiguiente, podemos inferir con certeza que él llamaba ‘yinn’ a algunos organismos invisibles que se alimentan de huesos podridos, estiércol, etc. Recordad que el concepto de bacterias y virus era totalmente desconocido en ese tiempo, pues ningún hombre tenía tan siquiera la más vaga idea acerca de la existencia de esas pequeñas criaturas invisibles, pero asombrosamente el Profetasa se refirió a la existencia estos seres y el lenguaje árabe no podía ofrecerle una expresión más apropiada que la palabra ‘yinn’.

 Otra observación importante hecha por el Corán está relacionada con la creación de los ‘yinn’, que son descritos como nacidos de ráfagas de fuego del cosmos:

 wal yā an-na jalaqnāhu min qablu min-nāris-samūm

‘Y anteriormente habíamos creado a los yinn del fuego de vientos llameantes’, (15:28).

Aquí el adjetivo usado para describir la naturaleza del fuego en particular del cual fueron creados los ‘yinns’ es ‘samum’, que significa ‘fuego ardiente o una explosión sin humo’. Asimismo, encontramos una declaración similar en otro versículo coránico:

wa jalaqal yā an-na mim-māri yim-min-nār

‘Y Él creó a los yinn de la llama del fuego’, (55:16).

Habiendo establecido que la palabra ‘yinn’ se aplica aquí a algún tipo de organismo bacteriano, volvamos nuevamente nuestra atención a los versículos citados anteriormente que hablan de los ‘yinn’ como seres creados a partir del fuego. Los mejores candidatos para la aplicación de estos versículos parecen ser organismos tan diminutos que atrajeron la energía para su existencia directamente de las llamaradas ardientes de los relámpagos (samum) y de la radiación cósmica.

Por su parte, Dickerson inadvertidamente está de acuerdo con la opinión coránica cuando afirma que los organismos más antiguos ‘habrían vivido sobre la energía de los rayos y la radiación ultravioleta’.

(“Evolución de la química y origen de la vida”, Dickerson, R.E.; revista “Scientific American”, septiembre de 1978, p. 80).

Este escenario de radiación cósmica no se menciona específicamente en el trabajo de otros científicos en su búsqueda de los organismos prebióticos, aunque ellos también han corroborado la idea de que cualquier organismo existente antes de la evolución biótica debió tomar su energía directamente del calor. En este sentido, de todas las categorías de bacterias clasificadas como las más antiguas, solo las ‘procariotas’ y las ‘eucariotas’ fueron mencionadas por generaciones anteriores de científicos. No obstante, esa conclusión resultó ser muy  precipitada, según Karl R. Woese y sus colegas, ya que afirmaron que ‘simplemente porque haya dos tipos de células en el nivel microscópico, no significa que debe haber solamente dos tipos en el nivel molecular’.

(“Archaebacteria”, Woese, K. R., revista “Scientific American”, junio de 1981, p. 104).

Para el beneficio del lector no familiarizado con esto, la diferencia entre las dos bacterias conocidas como ‘procariotas’ y ‘eucariotas’ es la siguiente: se relaciona con la presencia o ausencia de un núcleo en ellas, pues el tipo de bacterias procariotas, a pesar de tener una membrana celular bien definida, no tienen un núcleo definido; y las eucariotas, por otro lado, poseen núcleos bien definidos y desarrollados que ocupan el centro de cada célula.

 Se consideraba que estas eran las únicas dos formas más antiguas de bacterias que dieron a luz a otras y evolucionaron para convertirse en organismos que podrían ser referidos como los antepasados ​​de la vida. Sin embargo, Woese publicó las conclusiones de su investigación pionera en la revista “Scientific American” de junio de 1981, alegando que las ‘arqueobacterias’ podrían considerarse sin lugar a dudas como las primeras formas de organismos. Con ello, él y sus colegas informaron a la comunidad científica que eran una tercera línea y distinta, que aparte precedía a todas las demás. De este modo, las ‘arqueobacterias’ son las que deberían tener derecho a ser consideradas como los antepasados ​​más antiguos de la vida; y Woese y sus colaboradores continuaron vertiendo evidencia inequívoca sobre este descubrimiento. Posteriormente, cuando el hielo empezó a derretirse, Woese afirmó:  

‘Aunque unos pocos biólogos todavía cuestionan nuestra interpretación, la idea de que las arqueobacterias presentan una agrupación separada al más alto nivel está siendo cada vez más aceptada’.

(“Archaebacteria”, Woese, K. R., revista “Scientific American”, junio de 1981, p. 114).

Los organismos referidos como ‘yinn’ en el Sagrado Corán parecen encajar en esta descripción. Ahora bien, aunque los científicos describen unánimemente a estas bacterias como poseedoras del potencial de extraer su energía del calor, no se mencionan como originariamente creadas directamente por los rayos cósmicos y las explosiones de relámpagos por parte de algún otro científico que no sea Dickerson, aunque el resto continúa revelando más misterios con  investigaciones adicionales que demuestran que aparecen ‘en respiraderos termales submarinos, las aguas termales, el Mar Muerto y las salinas, e incluso se han adaptado a lugares donde se acumula basura’.

 (“The Hutchinson dictionary of science”, Editorial Helicon Ltd, 1993, Oxford, p. 37).

Sobre el tema de la antigüedad, Woese y sus colegas no dudan de que las arqueobacterias son las principales candidatas; y según algunos científicos pueden haber evolucionado de alguna paternidad desconocida de manera simultánea. Por otra parte, si las otras bacterias evolucionaron a partir de ellas o no es irrelevante para esta discusión, ya que el punto clave es que todas las formas más antiguas de bacterias extraían su energía directamente del calor. En consecuencia, este es un reconocimiento de gran magnitud a la declaración coránica hecha hace más de mil cuatrocientos años:

wal yā an-na jalaqnā hu min qablu min-nāris-samūm

‘Y anteriormente habíamos creado a los yinn del fuego de vientos llameantes’,  (15:28).

Finalmente, de acuerdo a investigaciones científicas aceptadas, el calor directo del fuego jugó un papel vital en la creación y el mantenimiento de los organismos prebióticos. En efecto, este fue el único modo de transferencia de energía que consumían las formas organizadas de existencia durante esa era”.

(“Revelation, rationality, knowledge and truth”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 363, 367).

La justicia.

Si se desea investigar con una mente abierta la causa de todos los males, ya sean sociales, políticos, económicos o morales, siempre se encontrará que el desprecio por la justicia está en el corazón de todos esos males. Por consiguiente, el mundo no podrá convertirse en una morada de paz hasta que el hombre se adhiera a la justicia, pues esta es fundamental para la supervivencia de la humanidad; y esto es así porque cuando la injusticia, la tiranía y la opresión se apoderan de la sociedad, nacen ciertos males sociales y estos tienen el poder de destruir naciones enteras. Por eso, hoy día más que nunca muchísima gente proclama: “Sin justicia no hay paz”.

Es más, si el hombre no es justo en sus obligaciones para con Al’lah, será muy improbable que sea justo con sus semejantes, que también son creación de Dios. Desde este punto de vista, hay que recordar que nadie puede jugar con los dictados de la justicia sin exponerse al peligro de caer víctima de las consecuencias punitivas de su propia locura. Tal castigo no estará relacionado con la ira de Dios, como si descendiera del Cielo, sino que será el resultado natural de la violación de las leyes de la naturaleza, puesto que nadie está por encima del dominio de dichas leyes. Por ejemplo, un estudio de la historia de las guerras establecerá que la causa subyacente de toda perturbación de la paz es, sin duda alguna, la violación de los principios de la justicia.

(“Absolute Justice, kindship and kinship, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 99-100).

Las enseñanzas del Islam se refieren a la justicia de la siguiente manera:

wa izā hakamtun bainan-nāsi an tahkumū bil ‘adil

“…Y que, cuando juzguéis entre los hombres, lo hagáis con justicia”, (4:59).

yā ay-yuhal-lazīna āmanū kūnū qaw-wāmīna bilqisti

shuhadā’a lil-lāhi wa lau ‘alā anfusikum āwil wālidaini wal aqrabīn

“¡Oh vosotros, los que creéis!

Sed estrictos en la observancia de la justicia,

actuando de testigos por la causa de Al’lah,

aunque sea contra vosotros mismos o contra vuestros padres y familiares”, (4:136).

wa lā yajriman-nakum shana ānu qaumin ‘alā al-lā ta’dilū

i‘dilū huwa aqrabu lit-taqwā

“…Y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia.

Sed siempre justos, porque eso está más cerca de la rectitud”, (5:9).

wa qātilū fī sabīlil-lā hil-lazīna yuqātilūnakum

wa lā ta ‘tadū in-nal-lāha lā yuhib-bul mu‘tadīn

“Y luchad en la causa de Al’lah contra los que luchan en contra vuestra,

pero no seáis transgresores.

En verdad, Al’lah no ama a los transgresores”, (2:191).

wa in yanahū lis-salmi fajnah lahā

“Pero si se inclinan hacia la paz, inclínate también hacia ella”, (8:62).

Creemos que el Islam es la ley Divina final y completa enviada por Dios para el ser humano, y presenta una enseñanza que no está influenciada por lugar o tiempo algunos, lo que se ilustra ampliamente en sus enseñanzas.

El Libro Sagrado proclama:

wa yazā’u say-yi’atin say-yi’atum-mizluhā faman ‘afā

wa aslaha fa ajruhū ‘alal-lāh in-nahū lā yuhib-buz-zālimīn

“Y la recompensa de un daño es un daño similar;

mas quien perdona y su acto produce la reforma,

tendrá su recompensa con Al’lah.

En verdad, Él no ama a los malvados”, (42:41).

Así pues, el Islam combina las mejores características de las enseñanzas anteriores al mismo, con la adición vital de que el perdón es elogiado siempre y cuando resulte casi seguro en una mejora y en la corrección de la persona que se ha portado mal o transgredido, pues su reforma es el verdadero objetivo. Si no es así, entonces se considera que el castigo es necesario, aunque sin exceder el grado de perjuicio en el que hemos sido perjudicados. Sin duda, esta enseñanza maravillosa está en plena conformidad con la naturaleza humana y es tan practicable hoy como cuando se reveló hace catorce siglos.

(“Distinctive features of Islam”, Hazrat Mirza Tahir Ahmad, pp. 10-12).

La igualdad de la humanidad.

Los musulmanes creemos que el Santo Profetasa fue enviado como “Misericordia para todos los mundos” y que él trajo la religión final, perfecta y completa para toda la humanidad. En este sentido, una de las enseñanzas fundamentales del Islam y que cada musulmán ha de cultivar en su corazón es la hermandad e igualdad entre los seres humanos.

Dios dice en el Santo Corán:

yā ay-yuhan-nāsu in-nā jalaqnākum-min zakarinw-wa unzā

wa ya‘alnākum shu‘ūbanw-wa qabā’ila li ta‘ārafū in-na akramakum ‘indal-lāhi atqākum in-nal-lāha ‘alīmun jabīr

“¡Oh humanos! Os hemos creado de un varón y una hembra;

y os hemos constituido en clanes y tribus para que os reconozcáis mutuamente.

En verdad, el más honorable de entre vosotros, a la vista de Al’lah,

es el más justo de vosotros.

Ciertamente Al’lah es Omnisciente, Conocedor de Todo”, (49:14).

El Islam rechaza totalmente el racismo en la forma o manifestación que sea, pues condena cualquier distinción basada en la nacionalidad, el color, la clase social, etc. Según sus enseñanzas, tampoco puede haber una raza superior, aristocracia o sacerdocio, etc., y el más noble para Dios es el más piadoso. Por eso, la hermandad del hombre en el Islam siempre ha sido un hecho palpable y evidente, no una simple teoría, ya que es una religión única en cuanto requiere una expresión física de dicha hermandad. Por ejemplo, en las oraciones diarias los musulmanes deben ponerse hombro con hombro sin importarles el estatus o el color de la persona que esté a su lado. Por otra parte, no hay mayor ejemplo físico expresado de igualdad que el Hall o Peregrinación, donde todos los musulmanes llevan el mismo vestido y dan vueltas al unísono a la Kaaba o Casa de Al’lah.

El Profeta del Islamsa afirmó en su discurso de despedida lo siguiente:

“Todos los seres humanos son hijos de Adán y Adán fue creado de arcilla. El árabe no tiene superioridad sobre el no-árabe, ni tiene superioridad el no-árabe sobre el árabe; ni los blancos tienen ninguna preferencia sobre las personas de color oscuro salvo, por supuesto, a través de la rectitud, la honestidad, la integridad, el aprendizaje y otras cualidades intrínsecas”.

(Sihah Sittah, Tabari, Hisham y Khamis).

La ética.

En cuanto a la ética, el Islam cree que cada hombre nace puro y libre de pecado, y cada uno de nosotros es responsable ante Dios por sus acciones, por lo que no podremos ser salvados por ninguna clase de expiación hecha por un tercero, ya que depende de nosotros mismos elegir el bien en lugar del mal y desarrollar nuestra salvación por medio de la fe, la oración y la caridad.

La piedad y la virtud no significan abandonar los placeres legítimos de esta tierra y caer en el ascetismo monástico, puesto que debemos llevar una vida activa, sana y útil, en la que las cualidades tales como la bondad, la castidad, la honestidad, la mansedumbre, la misericordia, el coraje, la veracidad, la paciencia, la cortesía y la limpieza sean las más importantes; y las faltas como la crueldad, la inmoralidad, la cobardía, la avaricia, la calumnia y la dureza del corazón sean evitadas.

(“Why Islam?”, Islam International Publications, Londres, pp. 23-24).

La herencia.

Dios Todopoderoso dice en el Corán:

lir-riyāli nasībum-mim-mā tarakal wālidāni walaqrabūna wa lin-nisā’i nasībum-mim-mā tarakal wālidāni wal aqrabūna mim-mā qal-la minhu au kazur nasībam-mafrūda

“A los hombres les corresponde una parte

de lo que dejen sus padres y parientes cercanos;

y a las mujeres les corresponde también una parte

de lo que dejen sus padres y parientes cercanos,

sea poco o mucho: una parte determinada”, (4:8).

Cuando alguien muere y deja algo de dinero o propiedad ello se conoce como su ”tarkah”, o sea, los bienes de una persona fallecida. De acuerdo con la ley islámica, en primer lugar, todos los préstamos del difunto, si los hubiera, deben ser pagados; y si ha hecho un testamento, entonces los beneficiarios de ese legado deben recibir la parte estipulada. Por último, después del pago de cualquier préstamo y del legado, la porción restante ha de dividirse entre los familiares cercanos del fallecido de acuerdo con lo que se menciona en el Santo Corán:

yūsīkumul-lāhu fī aulādikum liz-zakari mizlu haz-zil unza yaini fa in kun-na nisā ’an fauqaznataini falahun-na zuluzā mā tarak wa in kānat wāhidatan falahan-nisf wali abawaihi likul-li wāhidim-minhu

mas-sudusu mim-mā taraka in kāna lahū waladun fa il-lam yakul-lahū waladunw-wa warizahū abawāhu fali um-mi hiz-zuluzu fa in kāna lahū ijwatun fali um-mi his-sudusu mimba’di wasiy-yatiny-yūsī bihā au dainin ābā ’ukum wa abnā’ukum lā tadrūna ay-yuhum aqrabu lakum naf’an farīdatam-minal-lāh in-nal-lāha kāna ‘alīman hakīma

“Al’lah os ordena en relación con vuestros hijos:

el varón tendrá la parte de dos mujeres;

pero si solo hay mujeres, en número superior a dos,

entonces tendrán dos tercios de lo que deja el difunto;

y si hay una, recibirá la mitad.

Y sus padres tendrán cada uno la sexta parte de la herencia, si tuviera un hijo; pero si el fallecido no tiene hijos y sus padres son sus herederos,

la madre recibirá un tercio;

y si tiene hermanos y hermanas, su madre obtendrá una sexta parte,

después de pagado cualquier legado que hubiera dispuesto o deuda pendiente.

En cuanto a vuestros padres y vuestros hijos,

desconocéis cuáles de ellos representan un mayor beneficio para vosotros.

Esta fijación de partes procede de Al’lah.

En verdad, Al’lah es Omnisciente, Sabio”, (4:12).

Algunas leyes islámicas sobre la herencia.

  1. De acuerdo con la Sharia islámica, se considera que los siguientes son herederos de una persona fallecida: hijo, padre, abuelo, hermano, sobrino, tío paterno, primo, esposo, hija, madre, abuela, hermana y esposa.
  1. Un asesino convicto no será, bajo ninguna circunstancia, elegible para obtener una parte de la herencia de la persona que ha matado.
  1. Si no hay nadie que pueda ser considerado heredero de la persona fallecida, entonces el “tarkah” irá a “Baitul Maal” (tesorería o departamento financiero). En nuestra Yamat, toda la contabilidad financiera de la Comunidad es responsabilidad de este departamento del Sadar Anyuman Ahmadía de Pakistán, que mantiene un registro sistemático con la información sobre el chanda pagado por todos los miembros de la Yamat.
  1. Los familiares de la persona fallecida obtendrán una de esas porciones que están basadas en las diferentes condiciones que se den al respecto: la mitad, dos tercios, un tercio, un cuarto, una sexta parte y una octava parte.

(“Dini syllabus” para la formación de Nou Mubain (en urdu), Nazarat nashru ishaat, Qadián, p. 57).

 

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