¿Por qué vale la pena vivir? Y otras preguntas sobre la vida
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

¿Por qué vale la pena vivir? Y otras preguntas sobre la vida

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¿Por qué vale la pena vivir?

Si algo vale la pena, significa en otras palabras que tiene valor. Si algo es valioso, debe tener un propósito que le haya otorgado ese valor. Por lo tanto, se puede concluir que solo vale la pena vivir cuando la vida tiene un propósito. ¿Cómo sabemos si la vida tiene un propósito y quién lo decide?

Si hay un Dios vivo, todo lo que ha creado debe tener un propósito y un fin, de lo contrario, si Su Creación no tiene valor, iría en contra de que Dios, por definición, es Perfecto. Entonces, procede que Dios, que es Perfecto y Omnisciente, haya creado al hombre con un propósito, y ese propósito es algo que solo Él puede decidir.

Según el islam, el propósito de la vida es cumplir con dos cosas:

  1. Los derechos que corresponden a Dios
  2. Los derechos que corresponden a los seres vivos

Entonces, en conclusión, vale la pena vivir solamente si tenemos un Creador Viviente que nos haya creado. Y solo cuando lleguemos a saber con certeza que hay un Creador, y hemos podido formar una relación espiritual con Él, entonces podremos comprender el sentido de la vida, y también que cada persona hemos sido creados porque tenemos un gran valor, ya que tenemos un propósito y una meta.

De esta manera, finalmente, nos daremos cuenta de que Dios es un tesoro precioso, el único que lo vale, y el valor de quienquiera que esté en posesión de ese tesoro, se multiplicará. Lee aquí el artículo completo.

El Concepto Islámico de Dios

¿Cómo se vive una vida que vale la pena ser vivida? ¿Cómo puedo saber si merece la pena? 

Ahora, ¿cómo exactamente encontramos a Dios y, como resultado, averiguamos si valemos algo? La respuesta más sencilla es la oración. La oración es una práctica universal y atemporal defendida por todas las religiones principales como un medio para conectarse con un Ser Superior. Ya sea Moisés en el monte Sinaí, Jesús en el huerto de Getsemaní o Muhammad (sa) retirándose a la cueva de Hira. Las personas bendecidas por Dios, la paz sea con todos ellos, siempre han buscado a su Creador a través de la oración.

En su forma más simple, la oración es una forma de buscar a Dios y establecer una relación con Él.

Como Dios Me Salvó La Vida

Pero, ¿por qué rezar? Después de todo, podemos practicar la medicación y desarrollar nuestra atención plena para calmar nuestras ansiedades sin tener que luchar para acercarnos a Dios, obligando a que nos enfrentemos con las dificultades de comprender el significado y el propósito de la vida. Pero la oración es el único medio para saber quién está al otro lado de esa puerta. De lo contrario, la atención plena y la meditación solo resulta en tú hablando contigo mismo; un reflejo de que estás solo.

Insatisfechos, nos retorcemos ante los deseos incumplidos, siempre buscando la sensación de tener nuestro verdadero sitio en un lugar, pero cayendo en distracciones materialistas, solo para regresar con frustración y una desesperación silenciosa. Parte del propósito de la oración es satisfacer este deseo innato de sentirnos como una parte de la creación unificada de Dios y nuestro papel en ello y, por lo tanto, nuestra relación inherente con nuestro Creador; en otras palabras, nuestro valor.

Según el islam, vale la pena vivir la vida porque existe un Dios Viviente, que no guarda silencio. Nos damos cuenta de nuestro valor cuando alcanzamos la certeza de Su existencia, desarrollamos una relación bidireccional con Él y recibimos una verdadera sensación de felicidad en Su recuerdo. Esa certeza se obtiene a través de la oración, con dedicación y compromiso; y nuestra intención debe engendrar la acción de servir a Su creación, porque para encontrar a Dios y conocer Su Amor, debes atraerlo. Lee aquí el artículo completo.

¿Cómo se puede vivir una vida que no quieres vivir?

Primero, es necesario comprender el significado de la vida. Si no hay un propósito detrás de nuestra creación, no hay vida después de la muerte, entonces ¿realmente tiene importancia si vivimos o morimos? Las acciones no tendrán sentido si no hay Dios y si no hay vida después de la muerte. Vivir con la sospecha de que en el fondo la vida no tiene significado produce un malestar que corrompe y socava la existencia humana y conduce a la pregunta de por qué seguir viviendo.

El Mesías (segunda venida de Jesús) ha caracterizado este malestar describiéndolo como una sensación de estar buscando algo perdido, pero no saben lo que es exactamente. De vez en cuando creen que están bien encaminados, pero luego se encuentran otra vez perdidos. Ven el reflejo de Dios, Su belleza y beneficencia en sus carreras o en sus seres queridos o en cualquier otro aspecto de su vida, pero luego acaban creyendo que este reflejo es de verdad y cuando se van a beber, la fuente está seca.

Nada en este mundo es permanente y la búsqueda de la perfección, por tanto, continúa. Tengo todo, pero no tengo nada.

Este sentimiento de desconexión, de vacío, de no querer vivir, se ha atribuido a toda una miríada de cosas, pero el motivo causal de nuestro sentimiento de desconexión es que hemos abandonado la parte clave de lo que nos hace humanos, nuestra espiritualidad, nuestras prácticas de oración y contemplación, y que hay una realidad que no es accesible a nuestros sentidos físicos, y a la que solo se puede acceder a través de prácticas espirituales. Después de todo, el hilo conductor que une la inmersión en la naturaleza o la conexión con otras personas es un intento de sentirse íntimamente conectado con algo más grande, algo que es trascendente, inmutable, hermoso, nutritivo. Casi todas las culturas humanas del pasado parecen entender esto en un grado u otro.

¿Qué hay Más Allá de la muerte?

Cualquiera, sin importar su pasado, que se dedique a esta práctica de manera constante y a diario, incluso durante unos pocos minutos, con el corazón y la mente abiertos, encontrará en su estado interno y su experiencia de vida una notable mejoría. Los sentimientos de desconexión y aislamiento interno que puede haber sentido anteriormente se transformarán en sentimientos opuestos: de paz, armonía y conexión. Lee aquí el artículo completo.

 ¿Qué tipo de cosas no valen la pena? 

La felicidad es una sensación de realización. ¿Por qué te sientes feliz cuando apruebas un examen o llegas al final de tu viaje? Es porque te has fijado una meta y la has conseguido. Por tanto, el propósito y el significado están intrínsecamente ligados a la felicidad. Las metas materialistas pueden brindar una felicidad superficial a corto plazo, pero no proporcionan un sentido de verdadero propósito a tu vida.

El verdadero valor de algo no se puede definir en términos materialistas sino sólo en términos espirituales. Si llegamos a la conclusión de que somos solamente de un cuerpo sin alma, entonces el mundo entero es simplemente una carcasa vacía y sin significado. Entonces podemos preguntarnos, ¿puede haber algo que realmente tenga valor? Si la vida tiene un verdadero propósito y este propósito se comprende, solo entonces podemos afirmar que todo lo que hacemos en la vida vale la pena de una forma u otra estamos trabajando hacia un objetivo final y seguir este camino conduce a la felicidad.

Hay una tendencia muy extendida en el mundo de hoy en día a pensar que el remedio contra la sensación de desconexión, de vacío, consiste en rellenar la vida con el trabajo, las amistades, la diversión o incluso las drogas. Pero el efecto no es duradero. Estas cosas pueden funcionar a corto plazo, pero no llegan a la raíz del problema. Estas actividades están impulsadas en parte por la sensación de que hay algo incompleto y que el vacío se puede rellenar a través de estas actividades. Pero no se puede saciar el hambre con agua.  Cuando estas medidas, por cualquier motivo, ya no están disponibles, la sensación de desconexión vuelve a menudo peor que antes. ¿Realmente vale la pena hacer estas cosas?

De hecho, la eliminación de las prácticas espirituales de la vida, especialmente la oración regular, es lo que hace que las cosas pierdan su valor. Sin Dios, no hay propósito, no hay meta final, no hay verdadera paz interior. Por tanto, la realidad es que hasta que una persona alcanza la paz interior, sus comodidades materiales no tienen valor. En pocas palabras, una de las muchas cosas que el dinero no puede comprar, es la paz interior.

Todas las religiones enseñan que nuestro propósito final en la vida es amar a Dios y mostrar misericordia y compasión hacia Su creación. El verdadero propósito de la vida y la responsabilidad moral ante Dios es lo que debe formar la base de todo lo que hagamos en nuestras vidas. Es gracias a Dios que tenemos la posibilidad de entender qué vale la pena y qué no.

Si una persona realmente cree en Dios y lo ama, entonces le es imposible hacer a sabiendas algo que no tenga valor a Sus ojos. Lee aquí el artículo completo.

Testimonio personal: “Dios escuchó mis plegarias.”

Si tienes dudas, recuerda que incluso un escéptico verdaderamente racional pone a prueba deliberada y honesta aquellas ideas y teorías sobre las que es más escéptico. Si como resultado de estas investigaciones los supuestos beneficios de una práctica resultan realmente tan extraordinarios, entonces evidentemente vale la pena persistir con ello. Es posible que te sorprendas gratamente de lo que puedes experimentar y encontrar.

¿Merece la pena luchar por los sueños?

Muchas veces la vida puede parecer un túnel interminable de preocupaciones, incertidumbres y pruebas. Pero no siempre es tan malo. Las olas de alegría y felicidad acaban por acudir a nuestro encuentro para rejuvenecer nuestra voluntad humana de seguir superando los obstáculos de la vida. Pero, aun así, los momentos de angustia e incertidumbre finalmente nos ponen a prueba y nos hacen cuestionar la vida y si vale la pena luchar por las esperanzas y los sueños.

Hoy en día especialmente hay un aumento de la ansiedad y la depresión debido al covid-19 y la tasa de suicidio también ha aumentado significativamente. Existe incertidumbre y miedo constante sobre lo que nos depara el futuro.

Para los que creen en Dios, siempre hay luz al final del túnel porque supone un consuelo saber que hay una lógica subyacente a todo lo que nos rodea y que todo vuelve a Dios finalmente. Cuando tenemos confianza en Dios, la confianza de que Dios es el sustentador del universo, es lo que nos motiva para seguir luchando por el camino de la vida.

Para un creyente, si vale la pena luchar por los sueños, pero la pregunta que realmente debemos hacernos es: ¿quién hace realidad los sueños y las esperanzas? Muchos de nosotros usamos estas expresiones, incluidos aquellos que ni siquiera creen en un Ser Supremo. Pero hay que preguntarse, ¿podemos confiar en nuestras propias habilidades, nuestra propia suerte, para llegar hasta la meta?

Según el islam, la respuesta es no. Dios es el único en el que podemos confiar para cumplir con nuestros sueños y esperanzas. Nunca podemos equivocarnos si confiamos en Dios y aceptamos Su voluntad. Al confiar en Él, los creyentes no se vuelven vulnerables; ni mucho menos. Hay que tener confianza en el poder de Dios y de que, a través de Él, saldrán los mejores resultados. Lee aquí el artículo completo.

 ¿Tenemos lo que no merecemos?

La respuesta breve es: sí; eso es si crees en Dios. Pero si no hay Dios, entonces la cuestión de lo que merecemos o no merecemos no tiene sentido. Richard Dawkins dijo una vez que somos robots patosos, que somos efectivamente máquinas orgánicas. Si somos el producto casual de procesos accidentales que suceden en esta tierra accidental que de alguna manera se convirtió accidentalmente en nosotros, entonces vamos a morir algún día y eso será todo. Si no hay un Poder Consciente que sea Clemente y Misericordioso, entonces nadie merece nada ya que todo es casualidad. Nada significa nada.

Cuando estudiamos la Ley Divina de la Naturaleza, descubrimos claramente que todo lo que Dios ha provisto para Sus siervos se puede dividir en dos clases. El primero nació mucho antes de la existencia del hombre y no tiene nada que ver con ningún esfuerzo o acción de su parte, como el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el agua, el aire, el fuego, todo para el bienestar y la comodidad del hombre. Esta generosidad no se otorga a cambio de los actos virtuosos del hombre, sino a través de Su pura gracia. El segundo, por otro lado, es ese tipo de misericordia que nos proporciona las recompensas otorgadas al hombre a cambio de sus supuestas acciones virtuosas.

La Búsqueda de un Ser Supremo

Alguien cuya alma está libre de toda clase de arrogancia y egoísmo y que es plenamente consciente de su propia debilidad e ineficacia, debería comprender con facilidad que en verdad tenemos innumerables recompensas que no merecemos. ¿Quién recuerda haber pedido a Dios por la vida, por nacer en este mundo? El da la vida sin que nadie haga nada para merecerla. Un hombre sólo puede apreciar todo lo que tiene cuando se da cuenta de que él mismo es incapaz de lograr nada y es consciente de las limitaciones de sus habilidades. Su espíritu débil estará empeñado en buscar ayuda celestial, su mirada observando continuamente al Todopoderoso. Entonces es cuando percibe que hay muchas cosas que se le han concedido y que no se merecía.

Cuando nos damos cuenta de que se hemos recibido innumerables bendiciones que no merecíamos, apreciamos nuestra existencia, nuestra vida, nos damos cuenta de que la vida vale la pena vivirla, especialmente él la vale, de lo contrario, ¿por qué el Ser Supremo nos otorgaría tantas bondades que nos permiten vivir y prosperar si la existencia del hombre no tuviera valor? Ni siquiera se atrevería a pensar en no querer vivir porque se daría cuenta del peso de las bondades que Dios le ha dado, de Su pura Gracia. Luego, cuando un hombre comienza a mostrar aprecio, se abren las puertas para más bendiciones.

“Si estás agradecido, ciertamente, Él te otorgará más favores.” (Sagrado Corán: capítulo 14, versículo 8)

Hay que ser agradecido y apreciar lo que tenemos.

En conclusión, sí vale la pena vivir la vida. Dios nos ha dado la vida por Su pura gracia. Nada de lo que Dios crea carece de propósito o es inútil. Es precisamente debido a que la creación del hombre tiene un valor, un propósito y una meta final, que la Gracia de Dios lo comprende todo; nos concede sin ningún esfuerzo de nuestra parte y muestra Su Misericordia repetidamente a quienes cumplimos con Sus derechos y los derechos de Su creación. Nunca seremos capaces de contar todas las bendiciones de Dios. Eso es razón suficiente para que sigamos viviendo. Cuán bendecidos y afortunados somos en verdad. Lee aquí el artículo completo.

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