Daños y Perjuicio
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Que bajo el impulso de cualquier pasión, él/ella no causará ningún daño a las criaturas de Dios en general, y a los musulmanes en particular, ya sea por medio de su lengua, manos, o cualquier otro medio.

Como queda claro en esta condición, nadie debe causar daño a nadie con sus manos, o con su lengua, en un ataque de ira, o bajo el pretexto de la dignidad o el honor propio. Evidentemente, es obligatorio no hacer daño a ningún musulmán, y esto es inexcusable para nosotros. Tenemos que atenernos especialmente a esta condición, porque los musulmanes se relacionan con nuestro querido Maestro, el Santo Profeta Mohammadsa y no podemos siquiera imaginar dañarles.

Buscamos la ayuda de Al-lah, el más Fuerte y Todopoderoso Dios, Señor de Todos los Poderes, contra aquellos autoproclamados “ulemas”, que constituyen una mancha en el limpio nombre del Islam- aquellos que han superado todos los límites en su enemistad contra el Mesías y Mahdias de la época-, y nos postramos ante Su umbral implorándole que los detenga. Lo hacemos porque el Santo Profetasa de Al-lah les ha denominado “lo peor de la creación”. De otra manera, no les guardamos rencor innecesario, ni nos enfadamos con nadie, sino que actuamos de acuerdo con los mandamientos de Al-lah Todopoderoso. Como recomendación para reprimir nuestra ira, Al-lah el Todopoderoso dice: [1]

“Los que gastan en la prosperidad y en la adversidad, y los que reprimen su cólera y perdonan a los hombres; pues Al-lah ama a los que hacen el bien”

Fue en virtud de este versículo por el que un criado de Hadrat Imam Husainra consiguió su libertad. Se dice que al criado derramó sin intención algo caliente (tal vez agua) sobre Hadrat Husainra. Él le miró enfadado. El criado era inteligente y conocía también el Sagrado Corán. Enseguida mencionó la parte del versículo sobre la contención de la ira.[2]

Hadrat Husainra le dijo, “tienes razón, he decidido reprimir mi ira.” Entonces el criado pensó que aunque hubiera puesto la ira bajo control, aún permanecería en su corazón, y era posible que más tarde fuera regañado por otro error. Así que mencionó la segunda parte del versículo.[3]

Hadrat Husain le dijo, “ya te he perdonado”. El conocimiento del criado y su rapidez le proporcionaron beneficios inmediatos. A continuación, mencionó la tercera parte del versículo. [4]

A lo que Hadrat Husain respondió, “por la presente, te concedo la libertad.” En aquellos tiempos, los esclavos solían ser comprados. Era casi imposible que uno consiguiera su libertad tan fácilmente. La perspicacia y el conocimiento del criado le consiguieron la libertad por parte de su amo, que era un devoto de Dios. Esta es la enseñanza del Islam.

Practicad el perdón y la tolerancia

Respecto a las cualidades morales que se relacionan con el logro de la virtud, el Mesías Prometidoas dice:

De estos, la primera cualidad moral es el perdón, que consiste en indultar los pecados del otro. La virtud radica en que la persona que comete un pecado hiere a alguien, y por tanto es susceptible de ser sancionado, encarcelado, multado, o castigado con una acción directa. Por lo tanto, el hecho de perdonarle es un buen acto, si el perdón es lo apropiado. En este sentido la enseñanza del Sagrado Corán es:[5] [6]

 

Es decir, los virtuosos son los contienen su ira cuando es oportuno, y perdonan cuando es adecuado perdonar los pecados.

Un mal acto debería ser retribuido en proporción similar; pero en las situaciones en las perdonar la ofensa constituye un acto reformatorio, y no causa ningún daño –es decir, el perdón se concede cuando la ocasión lo justifica, y no de otra forma-, entonces tal acto merece una recompensa. (Islami Usul ki Philosophy, Ruhani Khaza’in, vol. 10, p. 351)

Existe una tradición famosa del Santo Profetasa que muchos han escuchado. Apuntando hacia su pecho, el Santo Profetasa dijo: “El Taqwa (la virtud) reside aquí”. Es decir, que el taqwa puro e inigualable, de encontrarse en algún lugar, se hallaba sólo en el corazón del Santo Profetasa. No había otra cosa que taqwa en su corazón.

Así que, Oh gente, Oh comunidad de creyentes, para vosotros, la enseñanza eterna es que tenéis que emular el ejemplo y el modelo del Santo Profetasa. Así que, buscad en vuestros corazones. ¿Estáis haciendo esfuerzos para imbuiros del taqwa, siguiendo el ejemplo del Santo Profetasa? ¿Teméis a Al-lah, y tenéis Su amor? Y como resultado de ello, ¿mostráis simpatía y hacéis el bien a Su creación?

Ahora os relato la anterior tradición al completo:

Hadrat Abu Hurairahra narra que el Santo Profetasa dijo:

“No os mostréis celosos de otros. No os peleéis entre vosotros. No alberguéis malas intenciones mutuas. No mantengáis entre vosotros la enemistad. Ninguno de vosotros debe pujar más alto por un contrato que haya sido acordado por otro. Oh servidores de Al-lah, sed hermanos de uno y otro. Un musulmán es el hermano de otro musulmán. No oprime a su hermano. No atenta contra él ni le subestima.” Entonces el Santo Profetasa, apuntando hacia su pecho, dijo tres veces, “el Taqwa reside aquí”. Un hombre que subestima a su hermano comete un gran mal. La sangre, la propiedad y el honor de cada musulmán, es ilícita para los demás musulmanes.” (Sahih Muslim, Kitab-ul-Birri was Silah, Babu Tahrimi-Zulmil Muslimi Wa Khadhlih)

No causéis daño a nadie

En la cuarta condición se ha establecido que uno no debe causar daño a otro, ya sea con sus manos, o con su lengua, o a través de otros medios. Ahora explicaré esta condición del Bai’at. De las narraciones del Santo Profetasa que he presentado anteriormente, deberíais centraros en las palabras “no seáis celosos.” En última instancia, los celos y la envidia fomentan la enemistad. La persona que tiene envidia en su corazón siempre desea herir a la persona de la que está celosa. Los celos son un tipo de enfermedad que a la vez que daña a la otra persona, también consume a la persona celosa. Da lugar a muchos resentimientos mezquinos: por qué la otra persona tiene mejor negocio, o mejor salud o hijos con más talento. En el caso de las mujeres, los celos pueden surgir porque otra tenga mejores alhajas. Incluso en asuntos religiosos –donde los buenos actos deben apreciarse, y donde la gente debería tratar de avanzar en el camino de servir a la religión- se hacen esfuerzos para obstaculizar el camino de los que prestan el servicio religioso, haciendo acusaciones contra ellos, de modo que, a su vez, se ven privados de prestar servicio a la religión.

Luego, el Santo Profetasa nos insta a no pelearnos entre sí. Las peleas surgen a partir de asuntos insignificantes. Por poner un ejemplo, a veces, un responsable comunitario advierte a un niño que se ha comportado mal en una reunión, y que de volver a hacerlo, sería tratado con severidad, o castigado. Los padres, que se hallan sentados cerca, se arremangan de inmediato para pelear, y la persona que estaba realizando su trabajo es arrojada al suelo de forma terrible. En esta acción, los padres no sólo rompen una condición del Bai’at y echan a perder sus buenas formas, sino que también destierran de la mente de sus futuras generaciones el respeto a la organización de la Yama’at, y la distinción entre lo bueno y lo malo.

Así que se nos ordena no albergar enemistad entre unos y otros. La enemistad empieza por las cosas insignificantes. Los corazones se llenan de rencor y mala voluntad. Hay gente que está siempre buscando la oportunidad de vengarse, cuando la enseñanza insiste en no albergar enemistad ni mala voluntad contra nadie. En una ocasión, un Compañerora le pidió al Santo Profetasa un consejo simple pero que fuera inolvidable, y de pocas palabras. El Santo Profetasa le aconsejó: “evita la ira” y luego volvió a repetir: “evita la ira.” Si tienes presente que debes evitar la ira, la maldad y el rencor desaparecerán automáticamente.

Otro hábito relacionado con “herir o dañar a alguien, o perjudicar el trato con otra persona” consiste en pujar más alto por un contrato que ya había sido acordado con otro. En esta expresión, se nos pide que nos abstengamos de tales acciones, consistentes en ofrecer un precio superior para adquirir algo, con el único propósito de arruinar el negocio de otro, sin obtener ningún beneficio personal de ello. Esto es aplicable también a las propuestas de matrimonio. Los áhmadis deben tener en cuenta esta prohibición.

A continuación, la advertencia nos dice que no oprimamos a nadie, que nos pensemos mal de nadie, que no quitemos los méritos a nadie. Un opresor nunca consigue la cercanía de Al-lah. Por tanto, ¿cómo es posible que, por una parte uno prometa lealtad a quien ha sido designado por Al-lah, para ganar Su favor; y por otra parte, oprima a la gente arrebatándoles sus derechos? En nuestras aldeas es una práctica común no otorgar los derechos correspondientes a los hermanos, ni dar a las hermanas su parte de la herencia, por el mero hecho de que se hayan casado con otra familia, a fin de que las propiedades no queden al alcance de dicha familia. Están también aquellos que oprimen a sus esposas, y que no respetan sus derechos; y están también las esposas que no respetan los derechos de sus maridos. Hay muchos asuntos como estos que caen dentro de esta categoría. Muchas de estas acciones revelan el mal trato hacia los demás. Cuando afirmáis haber tomado el Bai’at y aseveráis abandonar esos malos actos, ¿cómo podéis cometer tales acciones? El mandamiento claro es que, bajo ninguna circunstancia, se permite que ningún musulmán piense mal de otro musulmán. De igual manera, la sangre, propiedad y honor de un musulmán es ilícita para el otro musulmán. Así que, aceptando a la persona designada de esta época, vosotros que seguís la mayoría de las enseñanzas islámicas, ¿cómo podéis tolerar estos hechos, y cómo os consideráis todavía miembros de la Yama’at del Mesías Prometidoas?

Quisiera ahora exponeros algunos ahadiz que ilustran lo que los Compañerosra del Santo Profetasa hicieron para no tomar estos asuntos a la ligera, y cómo cambiaron ellos mismos tras aceptar el Islam.

Hadrat Abu Dhar al-Ghaffarira solía proporcionar agua potable de su aljibe. Algunos miembros de una familia se acercaron. Uno de ellos preguntó a los demás quién sería el que iría a Abu Dharra para sujetarle por la cabeza y pedirle que rindiera cuentas. Uno de ellos se ofreció para hacerlo. Se dirigió a Abu Dharra cuando éste se encontraba de pie cerca del aljibe y empezó a interrogarle. Abu Dharra, que en ese momento estaba de pie, se sentó y poco después se tumbó. Uno de ellos le preguntó, “Abu Dharra, ¿por qué te sentaste y te tumbaste?” Él le respondió, “el Santo Profetasa nos dijo que “cuando la ira se apodera de uno mientras está de pie, debe sentarse para que así disminuya la ira; y si esto no funciona, debe tumbarse”. Musnadu Ahmadabni Hanbal, vol. 5, p. 152, impreso en Beirut)

En otro hadiz el narrador expone que:

Estábamos sentados en compañía de ‘Urwah Bin Mohammad cuando un hombre se acercó. Empezó a hablar de tal manera que enojó al ‘Urwah Bin Mohammad. El narrador expone que cuando su cólera estaba a punto de explotar, éste se levantó, y después de realizar la ablución, retornó al grupo. Nos contó que había oído un relato transmitido por su padre a través de su abuelo, ‘Atiyyah, que era compañero del Santo Profetasa, en el que el Santo Profetasa había afirmado: la ira viene de Satán. Satán fue creado del fuego, y el fuego se vence con agua; así que cuando uno de vosotros se enfade, debe realizar la ablución. (Musnadu Ahmadabni Hanbal, vol. 4, p. 226, impreso en Beirut)

Hadrat Ziyad Bin ‘Alaqahra relata, en base a una narración proporcionada por su tío Hadrat Qatbah Bin Malikra, que el Santo Profetasa solía suplicar, “Oh Dios mío, busco refugio en Ti de las malas cualidades morales, de las malas obras y los malos deseos.”(Sunan-ut-Tirmadhi, Abwabud-Da’wat, Babu Jami’id-Da’wat)

Ahora os expongo lo que el Mesías Prometidoas dijo a este respecto y lo que esperaba de los miembros de la Yama’at.

El Mesías Prometidoas dice:

Los miembros de mi Yama’at, donde quiera que estén, deben prestarme atención. El propósito de su unión a este Movimiento, y el establecimiento conmigo de una relación mutua de preceptor espiritual y discípulos, es que deben lograr un alto grado de buena conducta, buen comportamiento y rectitud. Ningún tipo de maldad, mala conducta o mal comportamiento, debe estar en su proximidad. Deben realizar las cinco oraciones diarias con regularidad; no pronunciar ninguna palabra falsa, ni herir a nadie con su expresión. No deben ser reos de ningún vicio, y no deben siquiera permitir que algún pensamiento nocivo, malvado, desordenado o turbulento pase por sus mentes. Deben evitar todo tipo de pecado, infracción, acción indeseable, cólera, y comportamiento indecente. Deben tener un corazón puro y convertirse en siervos sumisos de Dios Todopoderoso; y ningún germen venenoso debe florecer en ellos…La compasión con la humanidad ha de ser su principio, y deben ser temerosos de Dios Todopoderoso. Deben proteger su lengua, y sus manos, y sus pensamientos, de todo tipo de impurezas, desorden y deshonestidad. Deben realizar las cinco oraciones diarias sin falta. Deben abstenerse de todo tipo de mal, transgresión, deshonestidad, soborno, pecado, y parcialidad. No deben participar de las malas compañías. Si se comprueba que uno de los que frecuenta su compañía no obedece los preceptos de Dios…o no cuida los derechos de las personas, o es cruel o malvado, o de mala conducta, o busca engañar a los siervos de Dios Todopoderoso hablando mal o groseramente de ellos, o es culpable de impostura hacia las personas que han aceptado la alianza del Bai’at; debe ser su obligación rechazarle y mantenerse alejado de esta personas peligrosa. No deben hacer daño a los seguidores de ninguna religión, o a los miembros de cualquier tribu o grupo. Desead el bien de todos, y procurad que ninguna persona malvada, viciosa, desordenada, o maleducada forme parte de vuestra compañía, o habite entre vosotros; dicha persona podría ser en cualquier momento la causa de vuestro tropiezo…

Estos son los temas y las condiciones con que he os venido instando desde el principio, y que todo miembro de mi Yama’at tiene la obligación de seguir. No debéis permitiros ninguna impureza, burla o escarnio. Caminad sobre la tierra con buenos corazones, temperamento puro, y pensamientos virtuosos. No merece la pena luchar contra todo el mal, así que acostumbraros a perdonar y a pasar por alto los defectos, y a comportaros con constancia y modestia. No ataquéis a nadie indebidamente, y mantened vuestra cólera bajo un completo control. Si tomáis parte en una discusión, o en un intercambio de posturas sobre un asunto religioso, expresaos con cuidado y sed educados. Si alguien se porta mal con vosotros, apartaos de esa compañía con un saludo de paz. Si sois perseguidos o injuriados, sed conscientes de que no debéis enfrentaros a la estupidez con la estupidez, pues de otra manera os encontraréis en la misma categoría que vuestro oponente. Dios Todopoderoso desea que nos convirtamos en una Yama’at que establezca un ejemplo de bondad y veracidad para el mundo entero. Apresuraos a excluir de vuestra compañía a todo aquel que sea ejemplo de malevolencia, mala conducta, provocación, o mala educación. Aquel que sea incapaz de vivir entre nosotros con humildad, bondad y piedad, y de emplear palabras educadas, y de mostrar buena conducta, debe abandonarnos rápidamente; pues Dios no desea que una persona así viva entre nosotros. Morirá de forma miserable, pues no adoptó el camino de la bondad. Por lo tanto, estad alerta y tened buen corazón, sed gentiles y virtuosos. Seréis reconocidos por vuestra asistencia regular a los servicios de la Oración y por vuestras altas cualidades morales. Aquel que tenga implantada en su interior la semilla de la maldad no podrá seguir las directrices de esta exhortación. Ishtihar (The Announcement), 29 de Mayo de 1898. Majmu’ah Ishtiharat, vol. 3, p. 46-48)

Luego dijo:

Un hombre no debe ser engreído, ni indecente, ni maleducado hacia su prójimo. Debe actuar con amor y bondad, y no mostrar mala voluntad hacia nadie por motivos personales. Debe comportarse con firmeza o con gentileza, dependiendo de las ocasiones o las condiciones. (Malfuzat, nueva ed., vol. 5, p. 609)

Adoptad la modestia y la humildad

Con respecto a la modestia y la humildad el Mesías Prometidoas dice:

…buscad el perdón de Al-lah, antes de que el castigo de Dios venga a cerrar la puerta del perdón. Si se temen las leyes de este mundo, ¿por qué no se temen las leyes de Dios? Cuando acontecen calamidades hemos de pasar por ellas. Cada uno de vosotros debe intentar levantarse para el tahayyud e incluir el qunut[7] en las cinco oraciones diarias. Arrepentíos de todo aquello que pueda provocar la cólera de Al-lah. El arrepentimiento significa renunciar a todas las malas acciones, y a todo lo que va en contra del agrado de Dios, y llevar a cabo un verdadero cambio, haciendo progresos y adoptando el camino de la justicia. También en esto se encuentra la misericordia de Dios. Que vuestros hábitos sean decentes. Evitad la ira, y reemplazadla con la bondad y la modestia. Junto con la adopción de las buenas cualidades morales, debéis también dar por caridad.[8]

Lo que significa que para la búsqueda del agrado de Dios, alimentáis a los pobres, a los huérfanos y a los necesitados, y señaláis que realizáis estos actos sólo por ganar el agrado de Dios Todopoderoso, y teméis ese Día sumamente terrible.

En resumen, rezad, pedid perdón y seguid dando limosna, para que Dios Todopoderoso os trate con Su Gracia y Misericordia. (Malfuzat, nueva ed., vol. 1, p. 134-135)

Después dice:

¡Amigos! Ceñíos a esta regla: tratar a todos con amabilidad. La amabilidad aumenta la inteligencia, y la tolerancia promueve un pensamiento más profundo. Quien no adopte este camino no es uno de nosotros. Si algún miembro de nuestra Yama’at no puede tolerar el abuso y la dureza de nuestros oponentes, puede recurrir a los tribunales; pero no es apropiado que responda a la dureza con la dureza y origine un altercado. Esta es la advertencia que hemos dado a nuestra Yama’at; y expresamos nuestro desagrado y declaramos que quien no actué bajo estas reglas no pertenece a nuestra Yama’at. (Tabligh-e-Risalat, vol. 6, p. 170)

[1] (Al-e-‘Imran, 3:135)

[2] …. y aquellos que contienen la ira… (Al-e-‘Imran, 3:135)

[3] …. y perdonan a los hombres… (Al-e-‘Imran, 3:135)

[4] …y Al-lah ama a los que hacen el bien (Al-Imran 3:135)

[5] (Al- e-‘Imran, 3:135)

[6] (al-Shura, 42:41)

[7] Una plegaria buscando ayuda y perdón de Al-lah que se realiza en la oración de witr

[8] (al-Dahr, 76:9)

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