Una clave para la paz: la unidad global
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Prefacio

El 3 y 4 de diciembre de 2012, Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, Jalifatul Masih V, Líder de la Comunidad Internacional Ahmadía del Islam y Quinto Jalifa (sucesor del Mesías Prometidoas), realizó su primera visita al Parlamento Europeo, en Bruselas, y pronunció un discurso histórico ante un auditorio repleto de más de 350 per- sonas, procedentes de treinta países. El evento fue organizado por el nuevo Grupo multipartidario del Parlamento Europeo “Amigos de los musulmanes áhmadis”, presidido por el eurodiputado Dr. Charles Tannock. Este es un grupo multipartido y paneuropeo de diputados, creado para promover a la Comunidad Ahmadía del Islam en el Parlamento Europeo y favorecer sus intereses en Europa y el resto del mundo. Durante la visita, Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba también mantuvo una serie de reuniones con parlamentarios y personalidades. Se reunió con:

Dr. Charles Tannock (MPE-Reino Unido), Miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, miem- bro de la Subcomisión de Derechos Humanos, Vicepresidente de la Delegación Parlamentaria para las Relaciones con la Asamblea Parlamentaria de la OTAN y Presidente del Grupo del Parlamento Europeo “Amigos de los musulmanes áhmadis”.

Tunne Kelam (MPE-Estonia)—Miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, miembro del Sub-Comité de Seguridad y Defensa y Vicepresidente del Grupo del Parlamento Europeo “Amigos de los musulmanes áhmadis”

Claude Moraes (MPE-Reino Unido), Vicepresidente de la Delegación para las Relaciones con la Península Arábiga, miem- bro de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, vicepresidente del Partido Laborista en el Parlamento Europeo y Vicepresidente del Grupo del Parlamento Europeo “Amigos de los musulmanes áhmadis”

Barbara Lochbihler (MPE-Alemania), Presidenta del Subcomité del Parlamento Europeo para los Derechos Humanos

Jean Lambert (MPE-Reino Unido), Presidente de la Delegación Sudasiática del Parlamento Europeo

Phil Bennion (MPE-Reino Unido), Miembro de la Delegación Sudasiática del Parlamento Europeo y Presidente del Grupo Europeo Liberal Demócrata

El 4 de diciembre, antes del evento principal y del discurso de Su Santidad, se celebró una Conferencia Internacional de prensa en la Sala de Prensa del Parlamento Europeo. Su Santidad respon- dió a las preguntas de diferentes medios de comunicación durante dicha conferencia, a lo largo de cuarenta minutos, a la que asis- tieron periodistas y organizaciones de medios de comunicación de Reino Unido, España, Francia, Bélgica y Pakistán, entre otros países. En respuesta a una pregunta de la BBC sobre el papel del Islam en el mundo, Su Santidad dijo que: “el mensaje de paz del Islam es universal; por eso nuestro lema es “amor para todos, odio para nadie”. En respuesta a otra pregunta de un representante de los medios de comunicación españoles, Su Santidad dijo que todas las grandes religiones en su estado original enseñaron un mensaje de paz y, por tanto, los verdaderos musulmanes creen en todos los Profetas; cada Profeta trajo el mensaje de un único Dios. Como respuesta a otra pregunta, formulada por un representante de los medios de Malta, Su Santidad dijo que el deber de los musulma- nes áhmadis era acercar a la humanidad a Dios, y concienciar a los seres humanos de su deber de salvaguardar los derechos de los demás.

El acto principal se llevó a cabo ante un auditorio repleto. El Presidente y los Vicepresidentes del Grupo del Parlamento Europeo “Amigos de los Musulmanes Áhmadis” subieron al es- trado para recibir a Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, Líder de la Comunidad Internacional Ahmadía del Islam. El Eurodiputado y Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, también acudió especialmente para reunirse con Su Santidad. Antes del discurso de Su Santidad, algunos diputados del Parlamento

Europeo se dirigieron al público y hablaron de su admiración por el Islam pacífico promovido por la Yamaat Ahmadía del Islam. El eurodiputado presidente del Grupo del Parlamento Europeo “Amigos de los Musulmanes Áhmadis” Dr. Charles Tannock, dijo que “los musulmanes áhmadis son un excelente ejemplo de tole- rancia en el mundo”.

Presentamos a continuación el histórico discurso pronunciado por Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, Jalifatul Masih V, Jefe Supremo Internacional de la Comunidad Ahmadía del Islam.

Bismillahir-Rahmanir-Rahim:  En  el  nombre  de  Al-lah,  el Clemente, el Misericordioso..

Distinguidos invitados: assalamo alaikum wa rahmatullahe wa barakatohu: la paz y las bendiciones de Al-lah sean con ustedes. En primer lugar me gustaría agradecer a los organizadores de este evento la oportunidad que me han dado de hablar ante todos ustedes, aquí presentes, en el Parlamento Europeo. También me gustaría dar las gracias a todos los delegados, representantes de los distintos países y demás invitados, que han hecho un gran esfuerzo para a asistir a este evento.

Las personas que están familiarizadas con la Yamaat o Comunidad Ahmadía, e incluso aquellos que están menos in- formados pero tienen contacto con personas áhmadis, son ple- namente conscientes de cómo, en nombre de la Comunidad, lla- mamos constantemente la atención del mundo a la necesidad de establecer la paz y la seguridad. Ciertamente, hacemos todos los esfuerzos posibles, dentro de nuestra capacidad, para el logro de estos objetivos.

Como Líder de la Yamaat Ahmadía del Islam, trato estos temas siempre que se me presenta la oportunidad. El hecho de que hable de la necesidad de la paz y del amor mutuo no se debe a ninguna doctrina nueva impartida por la Comunidad Ahmadía. Si bien es cierto que lograr la paz y la reconciliación fue uno de los objeti- vos principales del advenimiento del fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam, también es cierto que todos nuestros esfuerzos se deben a las enseñanzas impartidas por el Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammadsa.

Por desgracia, en los 1400 años posteriores a la época del Santo Profetasa, sus enseñanzas cayeron en el olvido por parte de la mayoría de los musulmanes. Por lo tanto, con el fin de rejuve- necer el verdadero Islam, Al-lah Todopoderoso envió, de acuer- do con la profecía del Santo Profetasa del Islam, al fundador de la Comunidad Ahmadía musulmana, Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas de Qadian. Me gustaría pedir a todos que tengan este punto en consideración mientras les hablo acerca de las enseñan- zas del Islam en relación con el desarrollo de la paz y la armonía en el mundo.

También debo mencionar que la “paz” y la “seguridad” tienen varias facetas. Cada aspecto individual es importante en sí mismo pero, al mismo tiempo, el camino que imbrica cada aspecto tam- bién es muy importante. Por ejemplo, la pieza básica necesaria para que exista la paz en la sociedad es la tranquilidad y la armonía en el hogar familiar. La situación existente dentro de un hogar no está restringida a dicho hogar, sino que tiene un efecto en cadena sobre la tranquilidad de la zona, que a su vez afecta a la paz del pueblo o la ciudad en general. Si hay perturbaciones en el hogar, éstas afectan negativamente a su entorno, y este, a su vez, altera el conjunto del pueblo o de la ciudad. De la misma manera, el estado del pueblo o de la ciudad afecta a la paz de todo el país, y, finalmen- te, el estado de una nación afecta a la paz y armonía de la región, o del mundo entero. Se hace con ello evidente que cuando pretende- mos discutir un único aspecto de la paz, nos damos cuenta de que su alcance no es limitado, sino que es muy extenso. De la misma manera, vemos que allá donde hay falta de paz, se requieren dife- rentes métodos para la resolución del conflicto, en función de los problemas de fondo existentes, y en base a los aspectos particulares de la paz y la seguridad que hayan sido violados. Si tenemos esto en mente, se hace obvio que para discutir y abordar estas cuestiones en detalle y de forma completa, se precisa de mucho más tiempo del que hoy disponemos. En cualquier caso, voy a tratar de cubrir al menos algunos aspectos de las verdaderas enseñanzas del Islam. En el mundo moderno hay muchas personas que objetan contra el Islam y atribuyen a la religión una gran parte de la culpa de las discordias y conflictos presentes en el mundo. Se hacen estas acusaciones, muy a pesar de que el propio significado de la palabra Islam es “paz” y “seguridad”. Por otra parte, el Islam es la religión que ofrece una guía específica sobre la manera de crear la paz, pre- sentando para ello normas específicas. Antes de pasar a presentar- les una imagen de las verdaderas enseñanzas de paz del Islam, me gustaría comentar brevemente cuál es el estado actual del mundo. Estoy seguro de que todos estan bien versados en este asunto pero, aun así, lo mencionaré para que lo tengan presente cuando hable de las enseñanzas del Islam sobre la paz y la armonía. Todos somos conscientes y aceptamos que el mundo de hoy se ha convertido en una aldea global. Estamos conectados a través de diversos medios, bien a través de los medios modernos de transporte, bien a través de los medios de comunicación e internet, o a través de otras vías. Todos estos factores permiten que las naciones del mundo estén más cerca que nunca. Vemos cómo en los países más grandes, se ha asentado y viven juntas, personas de todas las razas. Hay de hecho en varios países, una importante población de inmigrantes extran- jeros, que se han integrado de tal manera que sería muy difícil, casi imposible, que los gobiernos o las personas nativas les expulsaran. Aunque se ha intentado limitar la inmigración y se han implanta- do restricciones, siguen existiendo vías por las que un ciudadano de una nación puede entrar en otro país. En efecto, al margen de la inmigración ilegal, existen leyes internacionales a favor de quienes se ven obligados a emigrar por razones genuinas.

También se observa cómo la inmigración masiva está provo- cando en algunos países el aumento de la inquietud y el desorden. La responsabilidad de ello recae tanto sobre los inmigrantes como sobre la población local. Por un lado, algunos inmigrantes pro- vocan a los lugareños, al rechazar integrarse en ninguna medida, mientras que, por el otro, determinados oriundos exhiben su in- tolerancia y falta de cordialidad. En ocasiones el odio hierve a un nivel muy peligroso. En particular y a menudo, la población local de occidente manifiesta su odio o enemistad hacia el Islam como reacción a la conducta negativa de algunos musulmanes, en su ma- yoría inmigrantes. Esta ira y reacción no se manifiestan únicamen- te a pequeña escala, sino que pueden y, de hecho, llegan, a niveles extremos. De ahí que los líderes occidentales hablen regularmente sobre estos problemas. Así, en ciertas ocasiones, la canciller ale- mana habla de los musulmanes como una parte de Alemania; o el Primer Ministro del Reino Unido habla de la necesidad de inte- grar a los musulmanes; sin embargo, otros líderes de ciertos países van tan lejos como para amonestar a los musulmanes. El estado interno de los conflictos, si no peor, se ha convertido al menos en motivo de preocupación. Estas cuestiones podrían agravarse y avivar la destrucción de la paz. Y, sin duda alguna, el efecto de conflictos de esta índole no quedaría restringido a Occidente, sino que tendría un impacto en todo el mundo, sobre todo en países musulmanes, y se deteriorarían gravemente las relaciones entre Oriente y Occidente. Por tanto, la mejora de la situación y el desa- rrollo de la paz requieren un trabajo conjunto de todas las partes involucradas. Los gobiernos deben hacer políticas que establezcan y protejan el respeto mutuo, y a través de las cuales se ilegalicen aquellos actos que hieran los sentimientos de otras personas o les causen cualquier tipo de daño.

En lo que respecta a los inmigrantes, éstos deben llegar con la voluntad de integrarse en la población local que, por su parte, ha de estar dispuesta a abrirles sus corazones y mostrarles toleran- cia. Por otro lado, la implantación de determinadas restricciones contra los musulmanes no conducirá a la paz, en la medida en que dichas restricciones, por sí solas, no pueden cambiar las mentes y las opiniones de las personas. Este hecho no se limita a los mu- sulmanes, pues dondequiera que una persona se sienta reprimida por la fuerza, a causa de su religión o su creencia, generará una reacción negativa que perjudicará gravemente a la paz. Como ya he dicho, hay ciertos países donde los conflictos van en aumento, en particular entre la población local y los inmigrantes musulma- nes. Es evidente que ambas partes son cada vez menos tolerantes y hay una resistencia a intentar conocerse mutuamente. El liderazgo europeo debe aceptar esta realidad y entender que el estableci- miento del respeto mutuo y la tolerancia religiosa es su respon- sabilidad; que es esencial para que se desarrolle una atmósfera de buena voluntad y no se quebrante la paz mundial, tanto en lo que se refiere al interior de los países europeos, como entre los países europeos y los musulmanes.

A mi parecer, la causa de estos conflictos y divisiones no es únicamente la religión y las creencias, ni tampoco se trata de una simple cuestión de diferencias entre los países occidentales y mu- sulmanes. Una causa importante de la discordia ha sido la crisis financiera global. Cuando no había recesión o crisis crediticia, nadie se sentía molesto por la afluencia de inmigrantes; ya fueran éstos musulmanes, no musulmanes o africanos. Sin embargo, ahora la situación es diferente y es la que ha dado origen a todo. Tanto es así que ha afectado incluso a las relaciones mutuas de los países europeos, de manera que la ira y el resentimiento entre la gente de algunas naciones europeas con respecto a los ciudadanos de otros países europeos no hace sino aumentar día tras día. Este estado de desesperación es visible en todas partes.

La formación de la Unión Europea ha constituido un gran logro por parte de los países de Europa, ya que ha servido de medio para unir el continente. Por lo tanto, deben hacer cuanto les sea posible para preservar esta unidad mediante el cumplimien- to de sus obligaciones respecto a los derechos de los otros. Deben erradicar los temores y las preocupaciones del público en general. Deben estar dispuestos a aceptar sus demandas justas y equitativas y proteger a sus respectivas sociedades. Y, por supuesto, los ciu- dadanos de cada país deben plantear demandas que sean justas y equilibradas.

Recuerden que la fuerza de Europa radica en que permanez- can unidos y juntos como uno sólo. Esta unión no sólo beneficia a Europa, sino que es la vía para mantener la fuerza y la influencia del continente a nivel global. De hecho, desde una perspectiva is- lámica, debemos esforzarnos para que todo el mundo esté unido. En términos económicos, el mundo también debe estar agrupa- do. En cuanto a la libre empresa y el comercio, el mundo ha de estar igualmente unido, y, en términos de libertad de circulación e inmigración, se deben desarrollar políticas prácticas de cohesión mediante las cuales todo el mundo pueda también llegar a juntar- se. En esencia, los países deben tratar de cooperar entre sí para que la división sea sustituida por la unidad. Cuando se tomen estas medidas, no tardará en hacerse evidente como desaparecen los conflictos existentes y cómo en su lugar impera la paz y el respeto mutuo; todo ello siempre y cuando se practique la verdadera justi- cia y cada país sea consciente de su responsabilidad. Pero, con gran pesar debo decir que, a pesar de ser ésta una enseñanza islámica esencial, los países islámicos han sido incapaces de unirse entre sí. Si sólo fueran capaces de cooperar y unirse no tendrían que buscar constantemente la ayuda y el socorro occidental para aliviar sus problemas y necesidades internas.

Con estas palabras, ahora voy a proceder a hablar de las ver- daderas enseñanzas islámicas en relación con el establecimiento de una paz duradera en el mundo. En primer lugar, una enseñanza básica del Islam es que un verdadero musulmán es aquél de cuya lengua y manos están a salvo todas las demás personas pacíficas. Esta es la definición de un musulmán dada por el Santo Profeta Muhammadsa. Después de escuchar este hermoso principio funda- mental, ¿podría alguien lanzar una acusación o reproche contra el Islam? Por supuesto que no. El Islam enseña que sólo merecen ser castigados quienes emplean sus lenguas y manos para difundir la injusticia y el odio. Por lo tanto, si desde el nivel local hasta el nivel global, todas las partes se mantuvieran dentro de los límites de este principio de oro, no habría desorden religioso, ni habría conflictos políticos, ni tampoco existiría el desorden basado en la codicia y el deseo de alcanzar el poder. Si se siguieran estos verdaderos princi- pios islámicos dentro de cada país, los ciudadanos protegerían los derechos y sentimientos de los demás, y los gobiernos cumplirían con sus funciones de salvaguardar a todos los ciudadanos. A nivel internacional, todas las naciones trabajarían juntas con un espíritu de sincera simpatía y compasión hacia los demás.

Otro principio clave que el Islam enseña es que a la hora de promover la paz, es preciso que ninguna de las partes muestre ningun orgullo o arrogancia. Este principio fue perfectamente ilustrado por el Santo Profetasa cuando afirmó que “ni el negro es superior al blanco, ni tampoco el blanco es superior al negro”. Tampoco el europeo es superior a ningún ciudadano de otro país; ni lo son los africanos, los asiáticos o la gente de cualquier parte del mundo. Las diferencias de nación, color o etnia tienen el mero valor de proporcionar identidad y reconocimiento.

Lo cierto es que en el mundo moderno todos dependemos de todos. Hoy día, incluso las grandes potencias, como Europa o Estados Unidos, no pueden sobrevivir aisladas de los demás. Los países africanos tampoco pueden permanecer aislados y mantener la esperanza de prosperar, ni tampoco pueden hacerlo los países asiáticos o los pueblos de cualquier parte del mundo. Por ejemplo, si ustedes quieren que su economía prospere, deben estar dispues- tos a aceptar el comercio internacional. Un claro ejemplo de cómo el mundo está interrelacionado queda ilustrado por el hecho de que la crisis financiera europea, o mundial, de los últimos años ha afectado negativamente, en mayor o menor medida, a todos los países del mundo. Por otra parte, el avance en la ciencia y otros campos de experiencia, obliga a los países a cooperar y ayudarse mutuamente.

Siempre debemos recordar que Al-lah Todopoderoso ha dotado a todas las personas del mundo, sean de África, Europa, Asia o de cualquier otro lugar, de grandes capacidades intelectua- les. Si todas las partes utilizaran, por el bien de la humanidad, las mejores habilidades y facultades que Dios les ha otorgado, encon- traríamos al mundo convertido en un oasis de paz. Sin embargo, si los países desarrollados intentan suprimir el crecimiento y el pro- greso de los países menos desarrollados, o en vía de desarrollo, y no dan oportunidades a las mentes fértiles y brillantes de las demás naciones, entonces el desasosiego se extenderá, y la consiguiente inquietud arruinará la paz y la seguridad internacional.

Otro de los principios del Islam para el desarrollo de la paz de- clara que no debemos tolerar que se haga injusticia con los demás, ni que sus derechos sean usurpados. De la misma manera que no aceptaríamos que otros tomaran decisiones por nosotros, tampo- co debemos esperarlo de los demás. El Islam enseña que cuando se hace precisa la imposición de un castigo, éste debe ser propor- cional al acto de transgresión. Sin embargo, si el perdón puede conducir a la reforma, entonces, se ha de perdonar. Los objetivos verdaderos y globales deben ser siempre la reforma, la reconcilia- ción y el desarrollo de una paz duradera. Pero, ¿qué sucede hoy día, en realidad? Cuando alguien comete un agravio o injusticia, la víctima busca vengarse de una manera completamente despropor- cionada, mucho mayor que la injusticia original cometida.

Esto es exactamente lo que estamos presenciando en estos días en el creciente conflicto entre Israel y Palestina. Las grandes poten- cias han expresado abiertamente su indignación y preocupación por la situación en Siria, Libia o Egipto, a pesar de que se podría argumentar que se trata, en esencia, de sus asuntos internos. Sin embargo, no parecen estar están preocupados por la suerte del pueblo palestino. Esta doble moral es la causa de que aumenten los sentimientos de agravio y malicia en los corazones de personas de países musulmanes contra las grandes potencias del mundo. Esta ira y animosidad es extremadamente peligrosa y podría des- bordarse y explotar en cualquier momento. ¿Con qué resultado?

¿Cuánto daño supondría para el mundo en vías de desarrollo? ¿Se vería comprometida su supervivencia? ¿En qué medida se verían afectados los países desarrollados? Sólo Dios conoce la respuesta a estas preguntas. Ni yo puedo responderlas, ni nadie puede ha- cerlo. De lo que sí podemos estar seguros es que destruiría la paz mundial.

Quiero dejar claro que no estoy hablando en apoyo o a favor de ningún país en particular. Todo cuanto quiero decir es que todas las formas de crueldad, dondequiera que existan, deben ser erradicadas y suprimidas, indistintamente de si han sido perpe- tradas por el pueblo de Palestina, el pueblo de Israel o el pueblo de cualquier otro país. Las crueldades deben detenerse porque, si permitimos su extensión, las llamas del odio acabarán envolviendo a todo el mundo, hasta el punto de que la gente no tardará en ol- vidarse de los problemas causados por la crisis económica actual y se enfrentará a una situación mucho más grave y terrorífica. Habrá una pérdida de vidas tan grande, que no la podemos abarcar con la imaginacion.

Por tanto, es el deber de los países europeos, que ya sufrieron grandes pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial, que apren- dan de su pasado y salven al mundo de la destrucción. Deben cum- plir con las exigencias de la justicia y estar dispuestos a aceptar sus responsabilidades. El Islam hace un especial hincapié en la nece- sidad de actuar siempre de manera justa y equitativa. Enseña que ninguna parte debe recibir un trato preferencial, ni debe ser favo- recida indebidamente. Todo malhechor debe saber que si trata de actuar injustamente contra cualquier país, indistintamente de su tamaño o estatus, la comunidad internacional no le permitirá ha- cerlo. Si los Estados Miembros de las Naciones Unidas, los países que obtienen beneficio de la Unión Europea, los países que están bajo la influencia de las grandes potencias, e incluso los países en vías de desarrollo lo aceptaran, entonces y sólo entonces, podría emerger la paz.

Además, la justicia sólo puede ser realmente establecida cuando las naciones con derecho a veto en las Naciones Unidas sean conscientes de que tendrán que rendir cuentas de sus accio- nes. De hecho, iré un paso más adelante, para afirmar que el dere- cho a veto no permite ni facilita el desarrollo de la paz, pues evi- dentemente, no coloca a todos los países al mismo nivel. Este es un punto al que también me referí a principios de este año, cuando me dirigí a los responsables y líderes políticos de los Estados Unidos, en el Capitol Hill. Si analizamos el historial de votación de las Naciones Unidas, vemos que el poder de veto no siempre se ha utilizado para ayudar a quienes estaban oprimidos o a quienes actuaron correctamente. Al contrario, hemos presenciado cómo en determinadas ocasiones, se ha abusado del poder de veto para ayudar y cooperar con la crueldad, en lugar de prevenirla. Esto es algo que ni está oculto ni es desconocido; hay muchos comen- taristas que han escrito o se han manifestado abiertamente sobre este tema.

Otro hermoso principio que enseña el Islam es que la paz de la sociedad exige que contengamos nuestra ira, y no permitir que prevalezca sobre los principios de la honestidad y la justicia. La historia del inicio del Islam da testimonio de que los verdaderos musulmanes siempre actuaban en base a este principio, y quie- nes no lo hicieron fueron severamente reprendidos por el Santo Profeta Muhammadsa. Sin embargo, hoy día, por desgracia, no ocurre siempre. Hay situaciones en las que los ejércitos, o los sol- dados enviados para establecer la paz, se comportan de de manera absolutamente contraria a sus objetivos declarados. Por ejemplo, en algunos países los soldados extranjeros han profanado los ca- dáveres de sus víctimas de la manera más horrible e irrespetuosa.

¿Puede establecerse la paz bajo estas condiciones? La reacción ante semejantes comportamientos no se limita únicamente al país afectado, sino que se manifiesta en todo el mundo. Por supuesto que si son musulmanes los maltratados, los extremistas se aprove- chan inmediatamente de la situación, a pesar de que sus respuestas sean contrarias a las enseñanzas del Islam; así queda rota la paz del mundo. El Islam enseña que la paz sólo se pude establecer me- diante la ayuda que debe ofrecerse tanto a los oprimidos como a los opresores, de una manera completamente imparcial, libre de intereses creados y carente de toda enemistad. La paz se construye proporcionando a todas las partes una plataforma equitativa de igualdad de condiciones.

Debido a las limitaciones del tiempo, sólo mencionaré un punto más: el Islam enseña que la riqueza y los recursos de los demás no deben ser mirados con codicia. No debemos envidiar aquello que pertenece a otros, pues ésta también es una manera de descomponer la paz. Si los países ricos extraen y utilizan la riqueza y los recursos de las naciones menos desarrolladas para satisfacer sus propias necesidades, entonces, naturalmente, se ex- tenderá la alarma. Cuando proceda, los países desarrollados deben tomar sólo una parte pequeña y justa a cambio de sus servicios, permitiendo que la mayor parte de dichos recursos se utilicen para ayudar a los países en vía de desarrollo a elevar su nivel de vida. Se les debe permitir prosperar y se les debe ayudar en sus esfuer- zos por alcanzar los mismos niveles que el mundo desarrollado. Entonces, y sólo entonces, se puede establecer la paz. Si los diri- gentes de esos países en vías de desarrollo no son honestos, enton- ces las naciones occidentales, o las naciones desarrolladas, deberán actuar como supervisores, y organizar el desarrollo de tales países, proporcionándoles la ayuda necesaria.

Hay muchos otros aspectos que se podrían tratar pero que no me ha sido posible debido a la falta de tiempo, por lo que me he li- mitado a los que ya les he mencionado. Ciertamente, todo cuanto les he explicado representa las verdaderas enseñanzas del Islam.

Hay una pregunta que quizás pueda surgir en sus corazones y, por ello mismo, permítanme referirme a ella por adelantado. Ustedes pueden plantearse que si estas son las verdaderas enseñan- zas del Islam, ¿por qué, entonces, vemos tantas divisiones y desor- den en el mundo musulmán? Ya he contestado anteriormente a esta pregunta, al mencionar la necesidad del advenimiento de un

Reformador, ya que creemos que esta persona fue el Fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam. Nosotros, la Yamaat musul- mana Ahmadía, siempre tratamos de transmitir estas verdaderas enseñanzas a un público tan amplio como sea posible.

Me gustaría pedirles a todos ustedes que también hagan es- fuerzos para concienciar a sus propios círculos de influencia sobre estos temas, para que la paz duradera pueda desarrollarse en todas las áreas del mundo.

Si fracasamos en esta tarea, entonces ninguna parte del mundo se mantendrá a salvo de los terribles efectos destructivos de una guerra. Ruego a Al-lah Todopoderoso que conceda a los pueblos del mundo la capacidad de elevarse por encima de sus intereses y deseos personales, en el esfuerzo por salvar al mundo de la des- trucción inminente que se avecina. Las naciones desarrolladas del Occidente son las que cuentan con el mayor poder en el mundo de hoy, y su deber, por encima de todo, es prestar atención inmediata a estas cuestiones cruciales.

Para terminar, me gustaría darles las gracias una vez más a todos por acudir hoy aquí y escuchar cuanto les he dicho. Que Dios les bendiga”.

Muchas gracias.
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