En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Quiero aclarar que un mero juramento verbal de Bai’at carece de valor si no se cumple con una sincera y completa disposición. Así pues, solamente aquel que siga fielmente mis enseñanzas, entrará en esta casa mía a la que Dios ha prometido una protección:

Es decir, protegeré a todo el que esté dentro de las cuatro paredes de tu hogar. Esto no se refiere solamente a los que habitan en mi casa de ladrillos y barro, sino también a los que siguen fielmente mis enseñanzas, los cuales viven dentro de mi casa espiritual. Para cumplir mis enseñanzas es necesario creer en un solo Dios, el Todopoderoso, Sustentador y Creador de todas las cosas, y cuyos atributos son eternos, permanentes e inmutables. No tiene padre ni hijo. Está libre de crucifixión, sufrimiento y muerte; es Quien está cerca a pesar de estar lejos, y está lejos a pesar de estar cerca, y Quien siendo Uno, muestra múltiples manifestaciones.

Aquellos que experimentan un profundo cambio en sus vidas, descubren a un Dios nuevo que les revela nuevas manifestaciones. Observan en Dios una transformación simultánea a su propia transformación; pero no es Dios Quien cambia, pues es invariable y perfecto en Sus atributos. Cuando la persona inicia una transformación y se encamina hacia la virtud, Dios se le manifiesta en una forma nueva. A medida que su condición progresa, más poderosa es la manifestación que recibe de Dios, siendo extraordinarias las manifestaciones del poder y gloria divinos cuando este cambio es también extraordinario. Esta es la raíz de todos los acontecimientos y los milagros extraordinarios.

Creer en este Dios es la piedra fundamental de nuestra Comunidad. Creed, pues, en Él y amadle sobre todas las cosas, sobre vuestra vida, vuestro bienestar y vuestras relaciones. Ofreced un ejemplo firme de lealtad y rectitud en Su camino. El mundo da prioridad a los bienes materiales y a sus seres queridos, pero vosotros debéis conceder prioridad a Dios sobre todas las cosas para que os contéis entre Su gente en el cielo.

Ha sido práctica divina mostrar signos de misericordia desde siempre, pero no podréis beneficiaros de ellos hasta que no logréis la comunión con Él; hasta que Su voluntad y Sus deseos no sean los vuestros, y hasta que, en cualquier circunstancia, tanto en la prosperidad como en la adversidad, os postréis humildemente ante Él, sometiéndoos a Su voluntad. De actuar así, el Dios que tanto tiempo ha ocultado Su rostro aparecerá ante vosotros. ¿Quién es capaz de cumplir estas enseñanzas? ¿Quién desea buscar Su agrado sin oponerse a Su voluntad? Cuando por todas partes os aceche la desgracia, debéis mostrar aún mayor firmeza. Esta será la clave del éxito.

Intentad por todos los medios establecer Su Unidad sobre la tierra. Mostrad piedad hacia Sus siervos. No les oprimáis con la lengua, ni con las manos, ni de forma alguna. Procurad el bienestar de la humanidad. No mostréis arrogancia a nadie, sea o no subordinado; no insultéis a nadie, aunque se os insulte. Adoptad la humildad y la bondad, y mostrad buena voluntad e indulgencia a vuestros semejantes para que Dios os acepte. Son muchos los que aparentan ser dulces, pero en el fondo son lobos, y muchos los que parecen sinceros, pero tienen naturaleza de serpientes. Dios no os podrá acoger en Su presencia hasta que os purifiquéis tanto interna como externamente. Si poseéis superioridad sobre los demás, mostrad compasión hacia los humildes y no los despreciéis. Si poseéis conocimiento, enseñad a los ignorantes en lugar de humillarlos, haciendo alarde de sabiduría; y si sois ricos, prestad ayuda a los pobres en lugar de ostentar con arrogancia vuestras riquezas.

Alejaos de los caminos que conducen a la ruina. Temed a Dios, adoptad la piedad y no adoréis a Su creación. Renunciad a todo para volver a vuestro Maestro. Alejaos del mundo para ser solamente Suyos; vivid por Él solamente, y sentid aversión hacia toda impiedad y pecado por Su causa, pues Él es Santo. Que cada mañana rinda testimonio de que habéis pasado la noche con rectitud, y cada tarde rinda testimonio de que habéis pasado el día temiendo al Señor.

No temáis las maldiciones del mundo, que se disipan ante vuestros ojos como el humo, y no pueden convertir al día en noche. Temed en cambio la maldición divina que desciende del cielo y destruye a sus víctimas en este mundo y en el otro. La hipocresía no conseguirá salvaros, porque Dios conoce lo más recóndito del hombre. No pretendáis pues, engañarle.

Así pues, enmendaos, purificaos y limpiad vuestros corazones. Bastará una minúscula mancha para disipar vuestra luz. Una pequeña muestra de arrogancia, hipocresía, vanidad o negligencia en vosotros hará que no seáis dignos de aceptación. No os engañéis pensando que habéis cumplido vuestra obligación al alcanzar ciertos logros; pues lo que Dios desea es que se opere una verdadera revolución en vuestro interior. Él os pide una muerte para concederos después una vida nueva.

Apresuraos a hacer la paz entre vosotros, y perdonad las faltas de vuestros hermanos, pues desgraciado es el hombre que no desea estar en paz con su hermano. Será eliminado por sembrar la disensión. Dominad vuestras pasiones y apartaos de las querellas. Adoptad la humildad de los culpables, aunque la verdad esté de vuestro lado, para ser dignos del perdón. No mostréis vanidad, pues la puerta que debéis atravesar no admite a personas jactanciosas. Desdichado el que no acepta estas palabras que proceden de la boca de Dios, y que yo he enseñado. Si deseáis que Dios esté complacido con vosotros en el cielo, uníos entre vosotros como los hijos de una misma madre. El más noble de entre vosotros es el que más veces perdona las faltas de su hermano. Desafortunado es el que muestra obstinación y se niega a perdonar, pues no pertenece a los míos. Temed la maldición divina, porque Él es Santo y Celoso. El malvado no puede acercarse a Dios. El arrogante no puede acercarse a Dios. El injusto no puede acercarse a Dios. El que muestra infidelidad no puede acercarse a Dios. Todo aquel que no honra el nombre de Dios no puede acercarse a Él. Aquellos que se lanzan sobre el mundo como los perros, hormigas o buitres, y encuentran consuelo en ello, no conseguirán aproximarse a Dios. Todo ojo impuro está alejado de Él, y todo corazón impuro Le desconoce. El que se lanza a las llamas por Su causa será librado del fuego; el que llora por Su causa se reirá, y el que se aparta del mundo por Su causa, Lo encontrará.

Haceos amigos de Dios con sinceridad, lealtad y devoción, para que Él también sea vuestro Amigo. Tratad con indulgencia a vuestros subordinados, a vuestras mujeres y a vuestros hermanos menos afortunados, para que el cielo os depare misericordia. Haceos realmente de Él para que Él también sea vuestro. El mundo es un lugar de pruebas y aflicciones, y la peste es una de ellas. Así pues, uníos sinceramente a Dios para que Él os proteja de todas las calamidades. Ninguna calamidad se abate sobre la tierra si antes no está decretada por el cielo, y ninguna aflicción puede alejarse si no desciende la misericordia del cielo. Por lo tanto, lo prudente es fiarse de la raíz y no de la rama. No se os prohíbe recurrir a los medios y remedios apropiados. Lo que se os prohíbe es depositar toda la esperanza en ellos, pues al final se cumplirá la voluntad divina. El que deposite su confianza absoluta en Dios habrá adoptado la medida más segura.

Una enseñanza esencial es no abandonar al Santo Corán, pues en él se encuentra vuestra vida. Los que honran el Corán serán honrados en el cielo. Los que dan prioridad al Corán sobre el Hadiz (tradiciones orales del Santo Profeta Muhammadsa) y cualquier otro relato, serán los predilectos en el cielo. No existe hoy sobre la faz de la tierra ningún libro como el Corán para guiar a la humanidad, ni Apóstol e Intercesor como el Santo Profeta Muhammad (la paz sea con él) para interceder por la humanidad. Intentad cultivar un verdadero amor por este Profeta de gloria y majestad, y no ensalcéis a nadie por encima de él para que os contéis en el cielo entre aquellos que han alcanzado la salvación.

Recordad que la salvación no es algo que se ha de manifestar después de la muerte. Por el contrario, la verdadera salvación es la que irradia su luz en este mismo mundo. ¿Quién alcanzará la salvación? Aquel que cree que Dios es la Verdad, y que Muhammad, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, es el Intercesor entre Dios y toda Su creación, y que bajo el cielo no hay ningún Mensajero que le iguale en rango, ni libro alguno que iguale al Corán.

Dios no ha querido conceder a nadie vida eterna, excepto a este Profeta Elegido, que vive para siempre. Para que subsista eternamente, Dios ha dispuesto que las bendiciones de su ley y su espiritualidad perduren hasta el Día del Juicio. Finalmente, como continuación de sus bendiciones espirituales, Dios ha enviado al mundo a este Mesías Prometido, cuya venida era indispensable para la terminación del edificio islámico. Era necesario que el mundo no llegara a su fin hasta que no se dispensara a la línea de Muhammadsa un Mesías espiritual semejante al que fue dispensado a la línea mosaica. Esto se indica en el versículo:11

Moisés recibió las riquezas que habían perdido las generaciones anteriores, y Muhammad, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él, recibió las riquezas que perdió la línea de Moisés. La dispensación de Muhammad ha reemplazado ahora a la dispensación mosaica, pero con tal grandeza, que “el semejante a Moisés” es miles de veces superior a Moisés, y “el semejante al hijo de María” es mil veces superior al hijo de María. De igual manera que el Mesías, hijo de María, apareció en el siglo catorce después de Moisés, el Mesías Prometido apareció en el siglo catorce después del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él12, y lo hizo en una época en que la condición de los musulmanes era similar a la de los judíos en el momento de la llegada del Mesías, hijo de María. Yo soy ese Mesías. Dios ejecuta Su voluntad. Necio es quien lucha contra Él, e ignorante el que le desafía, y considera que Su obra debería haber sido distinta. Él me ha enviado con más de diez mil señales brillantes, y la peste es una de ellas. Por lo tanto, en estos tiempos calamitosos, mi alma sólo intercederá por aquel que realice el juramento de mi Bai’at con sinceridad, me siga fielmente y se someta en obediencia a mí hasta el punto de renunciar a su propia voluntad.

Vosotros, los que proclamáis ser mis partidarios: no podréis ser contados como tales en el cielo hasta que adoptéis sinceramente el camino de la virtud. Por lo tanto, ofreced las cinco oraciones diarias con tal temor y devoción que parezca que estáis viendo al mismo Dios Todopoderoso. Observad sinceramente el ayuno por la causa de Dios. A quien le corresponda, que pague el Zakat (limosna), y quien tenga la obligación de realizar el Hall que emprenda la peregrinación a la Meca si nada se lo impide. Practicad el bien con devoción y sentid aversión hacia el mal, recordando que ninguna acción desprovista de rectitud es aceptada por Dios. La rectitud es la raíz de todo el bien. Si una acción está arraigada en la justicia nunca se malogra.

Es necesario que seáis sometidos a pruebas y aflicciones como lo fueron los creyentes de antaño. Cuidad, pues, de los tropiezos. La tierra no os podrá infligir ningún mal, si el lazo que os une al cielo es sólido. Son vuestras manos, y no las del adversario, las que causan vuestra perdición. Si se perdiera vuestro honor en la tierra a causa de Dios, Él os recompensará con el honor eterno en el cielo. Así pues, no Le abandonéis. Es preciso que sufráis adversidades, y os veáis privados de muchos de vuestros anhelos, pero no desesperéis, porque vuestro Dios os somete a pruebas para comprobar quién es constante en Su camino. Si deseáis que los mismos ángeles canten vuestras alabanzas en el cielo, alegraos cuando se os persigue, regocijaos cuando se os injurie, y no os separéis de Él aunque el fracaso os abrume.

Vosotros sois el último pueblo elegido por Dios. Practicad el bien de forma insuperable. El que se abandone a la indolencia, será expulsado de la Comunidad como un lastre, y morirá con pesar, sin haber logrado perjudicar a Dios lo más mínimo. Os anuncio la buena nueva de que Dios existe. Aunque todos somos Sus criaturas, Él elige a quien Le elige; se acerca a quien a Él se acerca, y honra a quien Le honra.

Acercaos a Él después de purificar vuestros corazones y limpiar vuestra lengua, ojos y oídos, y Él os aceptará. En cuestión de fe, Dios desea que creáis que Él es uno y que Muhammad (la paz sea con él) es Su Profeta, el sello de los profetas y superior a todos, y que, después de él, no puede aparecer ningún profeta excepto aquel que haya sido investido con el atavío de Muhammad, porque el servidor no está separado del amo, ni la rama de la raíz.

Por tanto, quien se funde totalmente con su maestro recibe el título de Nabi [Profeta] de Dios. Tal persona no rompe el sello de la profecía. Al contemplaros en un espejo, os parecerá que sois dos, cuando en realidad sois uno. La diferencia es que una imagen es real y la otra es su reflejo. Esta es la voluntad divina con respecto al Mesías Prometido, y este es también el secreto contenido en el siguiente relato del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él, cuando declaró: “El Mesías Prometido será enterrado en mi tumba”, es decir, él y yo somos el mismo, y completamente idénticos.”

También debéis tener la seguridad de que Jesús, el hijo de María, está muerto. Su tumba se encuentra en Sirinagar (Cachemira), en el barrio Khan Yar13. Dios Todopoderoso ha hablado de su muerte en Su preciado Libro. Si el siguiente versículo [citado abajo] tuviera otras implicaciones, ¿en qué otro lugar del Corán se haya mencionada la muerte de Jesús, el hijo de María? De tener otro significado, como creen nuestros adversarios, ¿Por qué el Corán no ha abordado en ninguna parte el tema de su muerte, ni ha mencionado cuando fallecería? Dios ha hablado de la muerte de nuestro Profeta, pero en ninguna parte del Corán ha mencionado la muerte de Jesús. ¿Qué significa esto? En el supuesto de que el versículo14  nos informara de la muerte de Jesús, esto implicaría claramente que hubo muerto antes de que los cristianos transgredieran. Si el versículo  hubiera sido sugestivo de que Jesús fue ascendido vivo al cielo con su cuerpo físico, ¿por qué no ha mencionado Dios en ninguna parte del Corán la muerte de una figura cuya “supuesta vida” indujo a la perdición a cientos de miles de personas? Es como si Dios le hubiera conferido vida eterna para que la gente sucumbiera a la idolatría y perdiera su fe, dando la impresión de que no fue el pueblo el que se hubo descarriado, sino que fue Dios, quien hizo todo esto para descarriarlos.

Tened presente que la religión de la cruz no podrá extinguirse a menos que se haga morir al Mesías. ¿De que sirve considerarlo vivo refutando la enseñanza del Corán? Permitidle morir para que esta fe [el Islam] vuelva a renacer. Dios manifestó la muerte del Mesías a través de Su Palabra; y en la noche del Mi’rall15el Mensajero de Al’lah, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él, lo vio morando entre los muertos. Sin embargo, aún no creéis en su muerte. ¿Qué clase de fe es esta? ¿Preferís las historias de los hombres a la Palabra de Dios? ¿Qué clase de religión es esta16?Nuestro Mensajero no solo atestiguó haber visto a Jesús entre las almas de los muertos, sino que, incluso a través de su propia muerte, el Profeta demostró que ninguno de los profetas anteriores a él permanecía aún vivo. Nuestros oponentes no solo han abandonado el Corán, sino que también han renunciado a la Sunnah, ya que la muerte es parte de la Sunnah de nuestro Profeta. Si Jesús aún estuviera vivo, la muerte hubiera sido una deshonra para nuestro Mensajero. Por lo tanto, vuestro rechazo a la muerte de Jesús implica un desafío al Corán y a la Sunnah. En cuanto a mí, no creáis que niego la grandeza de Jesús, la paz sea con él, a pesar de haber sido informado por Dios que el Mesías de Muhammadsa es superior en rango al Mesías de Moisés. Sin embargo, yo tengo en gran estima al Mesías, hijo de María, ya que desde el punto de vista espiritual yo soy el Jatam-ul-Julafa [el Sello de los Califas] del Islam, del mismo modo que el Mesías, hijo de María, fue el Jatam-ul-Julafa de la dispensación israelita. El Hijo de María fue el Mesías Prometido de la dispensación mosaica, y yo soy el Mesías Prometido de la dispensación de Muhammadsa. Por lo tanto, rindo honor a mi homónimo, y son falsos y malvados aquellos que me acusan de no respetar a Jesús.

No solamente honro al Mesías, sino también a sus cuatro hermanos17, ya que los cinco eran hijos de la misma madre. También considero piadosas a sus dos hermanas biológicas pues todas provienen del vientre de la Santa Virgen María. La grandeza de María se debe a que se abstuvo del matrimonio durante bastante tiempo, y finalmente accedió, durante su embarazo, debido a la insistencia de sus mayores. Ciertas personas objetan que María contrajo matrimonio durante su embarazo, lo cual se opone a las enseñanzas de la Torá, rompiendo así injustamente su pacto de permanecer virgen, y sentando las bases de la poligamia, ya que María aceptó contraer matrimonio con José el Carpintero, a pesar de estar él casado en ese momento. Sin embargo, repito que esto fue debido a las circunstancias, y en tal situación eran dignos de compasión en lugar de desprecio.

Tras estas explicaciones, repito que no basta una entrada formularia en mi Comunidad. Un acto aparente no representa nada. Dios observa vuestros corazones y os juzgará según su estado. Prestad atención —y de esta forma cumplo con el deber de entregar este mensaje— el pecado es un veneno; no lo toméis. La desobediencia a Dios es una muerte abominable; evitadla, y rogad a Dios que os infunda fuerzas.

El que en el momento de la súplica no cree que Dios tiene poder sobre todas las cosas, salvo sobre aquello que es contrario a Su promesa, no es de mi comunidad. El que no renuncia a la mentira y al engaño, no es de mi comunidad. El que está inmerso en la codicia material y no levanta la vista para mirar al Más Allá, no es de mi comunidad. Quien realmente no da prioridad a la religión sobre el mundo, no es de mi comunidad. El que no se arrepiente de todo vicio y toda maldad, como la embriaguez, los juegos de azar, las miradas lujuriosas, el engaño, el soborno y el hurto, no es de mi comunidad. Quien no observa las cinco oraciones diarias, no es de mi comunidad. Quien no es constante en su súplica, y no recuerda a Dios con humildad, no es de mi comunidad. El que no se aparta de las malas compañías que ejercen sobre él una influencia negativa, no es de mi comunidad. El que no respeta a sus padres ni les obedece en lo que no es contrario a las enseñanzas del Corán, y muestra negligencia a la hora de atenderles, no es de mi comunidad. El que no trata con bondad y afecto a su esposa y sus allegados, no es de mi comunidad. El que se niega a hacer el menor bien a su vecino, no es de mi comunidad. El que no perdona las ofensas y alimenta el rencor, no es de mi comunidad. El esposo que engaña a su esposa, y la esposa que engaña a su marido, no son de mi comunidad. El que de cualquier forma rompe la promesa que hizo en el momento del Bai´at no es de mi comunidad. El que realmente no me reconoce como Mesías Prometido y Mahdi (Guía) no es de mi comunidad. El que no está dispuesto a obedecerme en todo lo que es justo y razonable, no es de mi comunidad. El que participa en las reuniones de los oponentes y corrobora lo que dicen, no es de mi comunidad. El adúltero, transgresor, borracho, asesino, ladrón, jugador vicioso, engañador, sobornador, opresor, tirano, embustero, falsificador, y el que con ellos se asocia, así como el que calumnia a su hermano o hermana inocentes, no es de mi comunidad, a menos que se arrepienta totalmente de sus malas acciones y se aparte de las malas compañías.

Todos estos son venenos que, si los consumís, os impedirán sobrevivir, pues la luz no puede coexistir con la oscuridad. El que tiene naturaleza perversa y no se sincera con Dios, no podrá recibir las bendiciones otorgadas a los puros de corazón. Benditos sean los que purifican su corazón, limpiándolo de toda impureza, y entablan un pacto de fidelidad con Dios. Nunca encontrarán desamparo ni sufrirán humillación, porque son de Dios, y Dios es de ellos, y siempre serán protegidos de las calamidades. Necio es el enemigo que trama contra ellos, pues se encuentran en el regazo divino y disfrutan de Su apoyo.

¿Quién tiene fe en Dios? Sólo los que acabo de mencionar. También es insensato el que se inclina al pecado, que abriga maldad y odio en su interior, porque se destruirá a sí mismo. Desde que Dios creó los cielos y la tierra, nunca ha sucedido que Él haya arruinado, destruido o aniquilado, a los justos. Al contrario, siempre les ha mostrado, y continuará mostrándoles, señales extraordinarias de Su poder.

El Señor es un Dios fiel, y a Sus siervos fieles les manifiesta señales extraordinarias. El mundo deseará sepultarlos y sus enemigos se enfurecerán con ellos. Pero Él, que es su Amigo, les salvará de todos los peligros, y les concederá la victoria en todos los campos. Dichoso aquel que está estrechamente unido a Él. ¡Yo he creído en Él y le he reconocido! Este Dios, el Dios de todo el universo, es El que me ha revelado Su Palabra, El que ha mostrado grandes señalesen mi apoyo, y El que me ha enviado como el Mesías Prometido de esta época. Aparte de Él no existe otro Dios, ni en los cielos ni en la tierra. El que no cree en Él se ve privado de la felicidad, y está atrapado en la desgracia. Yo he recibido una revelación más brillante que el sol. He visto que Él es el único Dios del universo y que no existe otro aparte de Él. ¡Cuán Omnipotente y Sustentador es el Dios que he conocido! ¡Qué incomparables Sus atributos! En verdad, nada es imposible para Él, excepto lo que atenta contra Su Libro y Su Palabra. Así pues, cuando os dispongáis a rezar, no imitéis a los ignorantes naturalistas que han elaborado sus propias leyes, en las que no figura el sello divino, porque están proscritos y sus ruegos jamás serán aceptados. Son ciegos y no videntes; muertos y no vivos. Atribuyen a Dios leyes que ellos mismos han inventado, y limitan Sus poderes infinitos. Lo consideran débil. Por eso, serán juzgados en la medida de su condición.

Cuando te pongas en pie para rezar, debes estar seguro de que tu Dios tiene poder sobre todas las cosas. Entonces serán aceptadas tus oraciones y podrás contemplar, como yo, los milagros del poder divino. Y recuerda que mi testimonio se basa en la observación, no en los rumores. ¿Cómo podrán ser aceptados los ruegos del que desconfía del poder divino? ¿Cómo osará tal persona pedirle a Dios ayuda en las dificultades si tal ayuda implica una infracción de las leyes de la naturaleza? Pero tú, hombre piadoso, no pienses así. Tu Dios es el que ha suspendido en el espacio innumerables estrellas sin pilares, y El que ha creado los cielos y la tierra de la nada. ¿Dudas que pueda ayudarte en las dificultades?18Lo cierto es que tu desconfianza será lo único que te impida ser escuchado. Las maravillas divinas son innumerables, pero Él sólo las descubre a sus siervos fieles y sinceros, siendo ajenos a ellas los que dudan de Su omnipotencia y no son sinceros y leales con Él. Qué desafortunado es el hombre, que todavía, no es consciente de que existe un Dios que tiene poder sobre todas las cosas.

Nuestro paraíso es nuestro Dios; nuestra suprema felicidad descansa en Él, pues Lo hemos visto y hemos hallado en Él la máxima expresión de la belleza. Es un tesoro que merece ser adquirido aún a costa de nuestra vida; una joya digna de ser comprada, aunque nuestra vida se extinguiera para obtenerla. Vosotros los desposeídos: Apresuraos hacia este manantial, para que colme vuestra sed. Es la fuente de la vida que os salvará de la perdición. ¿Qué puedo hacer para implantar esta buena nueva en los corazones? ¿Con qué clarín he de anunciar por las calles, que este es vuestro Dios? ¿Qué remedio he de aplicar para que vuestros oídos se presten a mi voz?

Si os hacéis de Dios, no dudéis de que Él será vuestro. Dormiréis y Él velará por vosotros; estaréis desprevenidos y Él vigilará al enemigo y desbaratará sus planes. Aún no conocéis los poderes divinos. De lo contrario, no amanecería un día en el que os sintierais afligidos por este mundo. El que posee inmensas riquezas suele deplorar amargamente la pérdida de una sola moneda, hasta el extremo de desear la muerte, mas si estuvierais al corriente de este incalculable tesoro, y supierais que en cualquier momento de necesidad podéis recurrir a la ayuda divina, no sentiríais tanta avidez por los bienes de este mundo. Dios es un tesoro precioso; percataos de Su valor para que os ayude en todo momento. Sin Él no sois nada, y son vanos vuestros recursos y proyectos.

No imitéis a otras naciones que han depositado todas sus esperanzas en los recursos materiales, pues como las serpientes que muerden el polvo, muerden ellos el polvo del materialismo; como los perros y buitres que se lanzan sobre la carroña, desgarran con sus dientes los despojos. Son los más alejados de Dios. Adoran a sus criaturas, ingieren carne de cerdo y beben vino como si fuese agua. Su espíritu ha muerto por haberse volcado en cuerpo y alma en los recursos materiales, y por haber prescindido de la ayuda divina. El Espíritu Celestial les ha abandonado como una paloma que abandona el nido. Sus entrañas están infectadas con la lepra de la adoración al mundo, que ha corroído su interior. Temed, pues, a esta lepra.

Yo no os prohíbo recurrir a los medios materiales necesarios. Lo que os prohíbo es depender exclusivamente de estos medios, como las demás naciones, olvidando a Dios que es Quien os provee de ellos. Si tuvierais el sentido de la vista, veríais que sólo existe Dios, y que aparte de Él no hay nada. No podéis extender ni plegar el brazo sin Su permiso. Esto hará reír al que está muerto de espíritu, pero ¡cuán preferible hubiera sido la muerte a su risa!

¡Precaveos! No envidiéis a las naciones que han alcanzado grandes progresos materiales, ni intentéis marchar tras sus huellas. Creedme: han olvidado completamente al Dios que los llama. ¿Quién es su dios? Un débil ser humano. En consecuencia, languidecen en la negligencia. Yo no me opongo a que os dediquéis a las actividades del mundo. Más bien, os exhorto a no seguir los pasos de aquellos que consideran este mundo como el único fin de su existencia. En cualquier tarea, material o espiritual, implorad continuamente la ayuda divina; no con meras palabras, sino con el convencimiento firme de que toda bendición desciende del cielo. Sólo lograréis ser virtuosos cuando, antes de emprender cualquier tarea y ante cualquier dificultad, os postréis humildemente ante Dios, implorando Su misericordia para que os asista en las dificultades, antes de recurrir a algún remedio material. Entonces el Espíritu Santo os iluminará y hallaréis una solución por medios desconocidos.

Tened piedad de vuestras almas y no sigáis a los que, habiendo cortado toda relación con Dios, dependen hasta tal punto de las cosas materiales que ni siquiera pueden pronunciar las palabras Inshaallah (si Dios quiere) para buscar el auxilio divino. Que Dios os abra los ojos para que podáis ver que Él es la base de vuestros proyectos. Si caen los cimientos ¿pueden acaso las vigas sostener el techo? No sólo se desplomaría, sino que probablemente llevaría consigo la pérdida de vidas humanas. Igualmente, vuestros proyectos no podrán tener éxito sin la ayuda divina. Si no buscáis la ayuda divina, y no hacéis de ello la regla principal de vuestra vida, jamás prosperaréis y moriréis en medio del dolor.

No debe sorprenderos el hecho de que otras naciones hayan prosperado a pesar de ignorar completamente a Dios Todopoderoso y Perfecto. La respuesta es que han sido sometidas a la prueba de las tentaciones del mundo por haber abandonado a Dios. A veces, Dios abre las puertas del mundo para probar a la persona que Lo abandona, y que busca las alegrías y los placeres del mundo anhelando sus riquezas. A esta persona se le despoja del espíritu religioso, y al final encuentra la muerte sumida en sus pensamientos mundanos, siendo arrojada al Infierno duradero. En otras ocasiones se le somete a prueba a través de sucesivos fracasos en este mismo mundo. Pero esta última prueba no es tan peligrosa como lo anterior, ya que la primera engendra una extremada soberbia. De todas formas, ambas categorías se describen como las de aquellos que incurren en la ira divina. Dios es la fuente de la verdadera prosperidad. ¿Cómo pueden alcanzar tal felicidad los que ignoran absolutamente a este Dios Vivo y Sustentador volviéndole la espalda? Bienaventurado es aquel que comprende este secreto, y desdichado el que no lo comprende.

No sigáis a los filósofos de este mundo, ni les rindáis tanta admiración, pues sólo representan la insensatez. La verdadera filosofía es la que os enseña la Palabra divina. Los que sienten fascinación por la filosofía de este mundo, fracasarán; mientras que los que buscan la auténtica sabiduría y filosofía en el Libro de Dios, prosperarán. No sigáis los caminos de la ignorancia. ¿Pretendéis enseñarle a Dios lo que no sabe? ¿Pretendéis que los ciegos os muestren el camino? ¡Insensatos! ¿Pretendéis que os guíe el que está ciego? La verdadera sabiduría, la que se os ha prometido, proviene del Espíritu Santo, a través del cual seréis conducidos a la verdadera fuente del conocimiento, que no es asequible a los demás. Rogad a Dios con sinceridad y al final se os concederá. Entonces comprenderéis que esta es la única sabiduría que infunde vigor y vida a los corazones, y os eleva a las cimas de la certeza. ¿Cómo puede ofreceros manjares exquisitos el que se alimenta de carroña? ¿Cómo puede el ciego indicaros el camino? La auténtica sabiduría proviene del cielo ¿Qué pretendéis obtener de la gente de este mundo? Aquellos cuyas almas ascienden al cielo son los verdaderos herederos de la sabiduría. ¿Cómo podrá convenceros el que no está convencido? Sin embargo, antes es necesario purificar el corazón y adoptar el camino de la verdad y la sinceridad. Entonces seréis dignos de esta bendición.

No penséis que la revelación es cosa del pasado19y que el Espíritu Santo ya no desciende como lo hacía antaño, pues yo os aseguro que aunque todas las puertas se cerraran, la puerta de la revelación siempre permanecerá abierta. Abrid las puertas de vuestro corazón para que pueda entrar por ellas. Sois vosotros los que impedís que os alumbren los rayos del sol al mantener cerradas las ventanas. ¡Ignorantes! Venid y abrid esa ventana para que la luz se introduzca en vuestro interior. Dios no ha cerrado las puertas de los beneficios terrenales, sino que las ha abierto aún más ¿por qué, pues, os obstináis en creer que os ha cerrado las puertas de las bendiciones celestiales, que tanto necesitáis en este momento? No os engañéis pues esa puerta está abierta de par en par. ¿Por qué os negáis a recibir este don cuando están a vuestra disposición, según las enseñanzas que ha mencionado Dios en el Surah Al-Fateha, todas las bendiciones de antaño?

Ansiad el agua de esta fuente y manará hacia vosotros; llorad como niños por esta leche y fluirá del pecho por sí sola; inspirad compasión y seréis perdonados; afligíos y seréis consolados; suplicad sin cesar para que una mano os socorra. Es estrecho el camino que conduce a Dios, pero se ensancha para los que se arrojan al abismo dispuestos a morir y quemarse por el bien de su Amado. Tras arrojarse al fuego descubren que allí está el paraíso. Esto es lo que Dios dice:20

Es decir, ¡Oh vosotros, los que practicáis el mal y los que obráis bien! No hay ninguno de entre vosotros que no llegue al fuego del infierno. Quien se arroje a este fuego por Dios, estará a salvo, mientras quien se arroje a este fuego por su propio ego, que incita al mal, se abrasará. Benditos sean, pues, los que luchan contra su ego por la causa de Dios, y desgraciados los que luchan contra Dios por sus propias almas actuando contra Su voluntad.

El que elude los mandamientos de Dios por satisfacer sus propias pasiones no podrá entrar en el cielo. Haced lo posible para que ninguna palabra o párrafo del Corán de testimonio en contra vuestra, para que no seáis castigados, ya que la más leve falta es digna de castigo. El tiempo es corto y vuestra misión aún no ha terminado. Apresuraos, pues se acerca la noche. Examinad una y otra vez cuanto tengáis que presentar ante Dios, no sea que omitáis algo que pueda causar vuestra perdición, o que vuestra ofrenda sea impura y, por tanto, indigna de ser presentada ante la Corte Real.

He oído que algunos de vosotros rechazáis completamente el Hadíz, lo cual es un grave error. Yo no os he inculcado tales ideas. Al contrario, mi doctrina enseña que Dios os ha dispensado tres medios para vuestra orientación. En primer lugar, está el Santo Corán21, que establece la unidad, grandeza y gloria divinas y que resuelve las diferencias entre los judíos y cristianos. Por ejemplo, aclara la diferencia y la falsa idea de que Jesús, hijo de María, hubiera muerto de una muerte maldita en la cruz, o fuera exaltado espiritualmente con posterioridad, como lo fueron todos los demás profetas. Asimismo, El Santo Corán os prohíbe adorar cualquier cosa que no sea Dios —el hombre, las bestias, el sol, la luna u otro cuerpo celeste, las riquezas o vuestro propio ego—. Absteneos pues, de dar un solo paso en contra de los mandamientos divinos y las enseñanzas del Corán. En verdad, el que viola uno solo de los setecientos mandamientos del Santo Corán cierra ante sí la puerta de la salvación. El Corán ha abierto al mundo el camino de la verdadera y perfecta salvación, y los demás libros inspirados son solo su reflejo. Por lo tanto, leed con atención este Libro y amadlo más que a nada en el mundo. A este respecto, Dios me ha revelado:

Es decir: “El Corán encierra todo el bien”. Esta es la verdad. Desgraciado el que da preferencia a otras cosas. El Corán es la fuente del éxito y la salvación. No existe necesidad espiritual cuya satisfacción no se encuentre en el Corán. El Corán rendirá testimonio a favor o en contra de vuestra fe en el Día del Juicio. Aparte del Corán no existe bajo los cielos otro libro capaz de orientaros mejor.

Sois realmente agraciados por haber recibido de Dios un libro como el Corán, un Libro que de haberse revelado a los cristianos, hubiera evitado que se descarriaran; un don divino que de haber recibido los judíos en lugar de la Biblia, habría evitado que muchas de sus sectas negaran el Día de la Resurrección. Valorad, pues, este don que se os ha otorgado. Es un precioso bien, un tesoro incalculable. De no revelarse el Corán, el mundo no sería más que una inmundicia. En comparación con el Corán, todos los demás libros son insignificantes.

El Evangelio fue revelado por el Espíritu Santo, que apareció en forma de paloma, una criatura tan débil y frágil que puede ser apresada fácilmente por un gato. Los cristianos han caído gradualmente en la fosa de la debilidad hasta verse desprovistos totalmente de espiritualidad, al haber convertido a una paloma en el fundamento de su fe. En contraste, el Espíritu Santo del Corán se manifestó de un modo tan excepcional, que llenó toda la tierra y el cielo con su presencia. ¿Es posible comparar la paloma con esta gran manifestación mencionada en el Santo Corán?

El Corán puede purificar a un hombre en una semana si se cumple al pie de la letra. El Corán puede haceros semejantes a profetas. Ningún otro libro ha enseñado a sus seguidores una oración tan excelente como esta:

Es decir22, “Guíanos por el camino recto, el camino de los que fueron premiados” (el de los profetas, los justos, los mártires y los virtuosos).

Así pues, levantad el ánimo y no rechacéis la invitación del Corán cuando os llama para concederos las mercedes que derramó sobre vuestros antepasados. En realidad, Dios os reserva aún mayores bendiciones. Él os ha nombrado herederos de un reino espiritual y material que ningún otro pueblo heredará hasta el Día de la Resurrección. ¿Acaso no os ha concedido la tierra de los hijos de Israel y su Bait-e-Maqdas, que hasta el día de hoy permanece en vuestra posesión?

A aquellos que dudáis de vuestra creencia y sois débiles de espíritu: ¿Pensáis que Dios os ha convertido en herederos físicos de las tierras de los israelitas, sin haberos convertido antes en sus sucesores espirituales? En verdad, Dios pretende bendeciros en mayor medida que a ellos. Dios os ha hecho heredar su riqueza espiritual y material. Sin embargo, nadie será vuestro heredero hasta el Día del Juicio. Dios nunca os privará de las bendiciones de la revelación, la conversación y la inspiración divina. Él hará que culminen en vosotros todas las bendiciones otorgadas a la gente del pasado. Sin embargo, quiero afirmar, poniendo como testigos a Dios y a Sus ángeles, que aquel que fabrique impunemente una mentira contra Dios, y afirme falsamente ser el recipiente de la revelación divina, alegando falsamente haber sido bendecido con la Palabra divina, encontrará la destrucción; pues tal individuo forja mentiras sobre Su Creador y actúa con engaño, temeridad e insolencia. Así pues, precaveos. ¡Malditos son los que inventan falsos sueños y pretenden falsamente ser receptores del discurso divino, como si Dios no existiera! Serán presa de un severo castigo divino, y nadie podrá evitar su desgracia. Por lo tanto, avanzad en la senda de la verdad, la piedad, la rectitud y en cosechar el amor divino, haciendo de ello el principal objetivo de vuestra vida. Entonces Dios bendecirá con Su discurso a quien Él considere digno. Sin embargo, no debéis sentir anhelo por tales cosas, para que este deseo egoísta no os haga caer bajo la influencia de Satanás, que destruye a muchos. Así pues, continuad trabajando con devoción y dedicaos a la oración. Todos vuestros esfuerzos deben centrarse en cumplir con todos los mandamientos divinos, en aumentar vuestra certeza y en conseguir la salvación, y no en ostentar ser receptores de la revelación. En el Santo Corán abundan los mandamientos puros, y uno de ellos es el de abstenerse de todo tipo de idolatría, pues el idólatra está privado de la fuente de la salvación. Tampoco profiráis mentiras, porque la mentira también constituye una forma de idolatría.

A diferencia del Evangelio, que permite mirar a las mujeres que no son Mahram23, a condición de que no se haga con codicia o lujuria, el Corán ordena abstenerse de mirar a las mujeres en todas las circunstancias, ya sea con codicia o con intenciones puras, pues se corre el riesgo de tropezar. De hecho, debéis bajar la mirada cuando os encontréis en presencia alguien que no es Mahram. No debéis percibir la forma física de una mujer, y debéis obnubilar la mirada, de la misma forma que la visión de una persona se nubla en las etapas tempranas de la catarata. A diferencia del Evangelio, el Corán no os permite ingerir bebidas alcohólicas, a condición que no intoxiquen, sino que prohíbe totalmente su consumo. De lo contrario, no encontraréis la senda que conduce a Dios, ni os hará receptores de Su conversación, ni tampoco limpiará a los impuros de sus impurezas. El Corán dice que tales cosas son invención de Satanás y que debéis protegeros de ellas.

A diferencia del Evangelio, el Corán no sólo no os prohíbe enojaros con vuestros hermanos sin motivo, sino que os enseña a suprimir vuestra propia ira, actuando conforme a este versículo24 y a exhortar a los demás a seguir también este ejemplo. No debéis limitaros a mostrar piedad hacia los demás, sino que también debéis aconsejar a vuestros hermanos a hacer lo mismo.

A diferencia del Evangelio, el Corán no os prescribe perdonar la conducta indecente de vuestras esposas, excepto en caso de adulterio. Tampoco prohíbe el divorcio. Dice en cambio:25 . En otras palabras, el Corán no desea que lo impuro se mezcle con lo puro. Aunque vuestra esposa no sea adúltera, si lanza miradas lujuriosas a otros y les abre sus brazos; si comete actos que bordean la infidelidad, aunque sin incurrir en el adulterio; muestra su desnudez, o es idólatra y malvada, y hostil al Santo Dios en quien creéis; en tal caso, de no cambiar de actitud, tenéis la libertad de divorciaros de ella, pues su modo de vida ya le ha separado de vosotros. Ya no es parte vuestra. En tales circunstancias no os sería lícito permanecer desvergonzadamente con vuestra mujer, pues ya no es parte de vuestro cuerpo, sino un miembro inmundo y pútrido que debe ser amputado, para evitar que contagie la enfermedad al resto de los miembros, provocando así vuestra muerte.

Además, el Corán, a diferencia del Evangelio, no os prohíbe tajantemente tomar juramento, sino que prohíbe los juramentos irrelevantes, pues en ciertos casos, los juramentos son el instrumento para pronunciar un juicio. Dios no desea impedir ningún tipo de testimonio, pues de lo contrario se cuestionaría Su sabiduría. Es natural que ante la ausencia de testigos en una disputa, se haga necesario realizar un juramento en nombre de Dios para invocar a Dios como testigo.

A diferencia del Evangelio, el Corán no os prohíbe enfrentaros a los opresores en todas las circunstancias. Por el contrario, dice:26

Es decir, la represalia de cualquier daño es un daño similar. Pero, si una persona muestra indulgencia y perdona la transgresión de la otra persona, y su clemencia da lugar a una reforma en lugar de una mayor transgresión, Dios se mostrará complacido con dicha persona y le recompensará en consecuencia. Por lo tanto, según el Corán, ni el castigo es meritorio en todos los casos, ni el perdón encomiable en todas las circunstancias. Exhorta, más bien, a juzgar el caso según las circunstancias. La retribución o el perdón deben ser administrados con sensatez, en función de las circunstancias, y sin recurrir a la arbitrariedad. Esto es lo que prescribe el Corán. Además, a diferencia del Evangelio, el Corán no os dice que améis a vuestros enemigos, sino que os enseña a zanjar vuestras enemistades personales, y a mostrar compasión a todos. Sin embargo, los que se oponen a Dios, su Mensajero y al Libro de Al’lah son ciertamente vuestros enemigos. No obstante, a pesar de ello, no debéis excluirlos de vuestras oraciones y súplicas. Debéis oponeros a sus acciones, pero no a sus personas, y tratar de corregir sus actos. Dios dice al respecto:27

Es decir, lo único que Dios desea de vosotros es que tratéis con equidad a todas las personas y además dispenséis un trato amable incluso a aquellos que no se han comportado bien con vosotros. Aun más, debéis amar a la creación divina como si se tratara de vuestros parientes y amigos, de la misma manera que las madres tratan a sus hijos. En los actos de bondad existe un elemento oculto de vanidad, y a menudo la gente tiende a jactarse de sus favores a los demás. Sin embargo, quien practica el bien espontáneamente, a semejanza de una madre, nunca mostrará vanidad. Así pues, el nivel más alto de virtud procede del anhelo natural, semejante al de la madre. Por otro lado, este versículo no sólo está relacionado con la creación divina, sino también con el mismo Dios. La justicia [Adl] debida a Dios significa recordar Sus bendiciones y mostrarle obediencia. La bondad [Ihsan] debida a Dios significa llegar a un pleno convencimiento de Su existencia, tal como si se le pudiera ver. Y28 [dar como se da a los parientes] delante de Dios puede definirse como la adoración pura que no se halla adulterada por la codicia del paraíso ni por el temor al infierno; es decir, que aunque no existieran el paraíso o infierno, esto no alteraría vuestro celo, amor y obediencia a Él.

El Evangelio dice que debéis solicitar las bendiciones para quienes os maldicen. Sin embargo, el Corán enseña a no actuar impulsados por vuestro propio ego, sino que es vuestro corazón, la morada de las manifestaciones divinas, el que ha de dictar el trato con esas personas. Si Dios infunde en vuestros corazones que el que os maldice es digno de compasión, y no merece la maldición del cielo, absteneos de maldecirle para no contrariar a Dios. Pero, si vuestra conciencia se niega a eximirlos y sentís en vuestro interior que son maldecidos por el cielo, absteneos de solicitar bendiciones para ellos. Ninguno de los profetas solicitó bendiciones para Satanás ni trató de liberarlo de su maldición. Sin embargo, no os apresuréis en maldecir a los demás, ya que muchos malos pensamientos están impregnados de falsedad, y muchas maldiciones revierten en contra del que maldice. Cuidad de vuestros pasos, deliberad sobre vuestras acciones, e implorad la ayuda divina, porque sois ciegos. De lo contrario, es probable que tachéis de tirano al justo y de embustero al veraz, dando lugar así al enojo divino y malogrando todas vuestras buenas obras.

Del mismo modo, el Evangelio indica que no debéis exhibir vuestras buenas acciones. El Corán, no obstante, dice que no debéis ocultar todas vuestras buenas obras de los demás, sino que, dependiendo de las circunstancias, debéis realizar ciertas acciones en secreto, en el supuesto de que sirvan para vuestra mejora espiritual, y otras en público, en el supuesto de que beneficien a los demás. De esta forma, obtendréis doble recompensa, ya que, como resultado de vuestras acciones, los más débiles, que se sienten incapaces de hacer el bien, se verían inspirados a seguir vuestro ejemplo. Dios mismo ha explicado la sabiduría de esta enseñanza con Su Palabra diciendo:29Es decir, realizad buenas obras tanto en privado como en público. Esto significa que debéis aconsejar a los demás tanto verbalmente como a través de vuestro ejemplo, pues a veces las palabras no bastan para persuadir, mientras que el ejemplo suele ejercer una mayor influencia.

Del mismo modo, el Evangelio enseña a sus seguidores a orar en reclusión. El Corán, empero, no prescribe orar en solitario en todas las ocasiones, sino también en público y en compañía de otros hermanos, pues es posible que la aceptación de alguno de vuestros ruegos contribuya a aumentar la fe de la congregación, y aliente a los demás a cumplir la oración.

Del mismo modo, el Evangelio nos prescribe orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga a nosotros Tu reino. Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es para siempre el reino, y el poder, y la gloria.”30Contrariamente a esto, el Corán dice que la tierra no está desprovista de la santidad divina, pues Su Santidad se manifiesta no sólo en el cielo, sino también en la tierra. Como dice:31 32

Es decir, cada partícula del cielo y de la tierra glorifica y proclama la Santidad divina y todo lo que hay en ellas se dedica a Su glorificación y alabanza.

Las montañas le glorifican, los ríos le glorifican, los árboles le glorifican, y muchas personas justas se mantienen ocupadas en Su recuerdo. El que no Le recuerda con el corazón y la lengua, y no se humilla ante Dios, será humillado con diversos tipos de tormento y castigo, como resultado del decreto divino. Según el Libro de Dios, los ángeles son los que muestran el grado más alto de sumisión. Lo mismo ocurre con todas y cada una de las hojas y partículas de la tierra, como afirma el Santo Corán. Todo le rinde obediencia. Ninguna hoja puede caer sin el mandato divino. Tampoco puede curar ninguna medicina, ni nutrir ningún alimento, si no es a través del mandato divino. Todo se prosterna ante el umbral divino con extrema humildad y sumisión, y todo se somete a Él. Cada partícula de la tierra y de las montañas; cada gota de los ríos y océanos, cada hoja de los árboles y plantas, incluyendo todos sus elementos, y cada partícula del hombre y la bestia reconocen a Dios, y le obedecen y exaltan Su alabanza y Su gloria. Por eso Al’lah el Exaltado ha dicho:33

Es decir, que todo lo que hay en los cielos y en la tierra glorifica a Al’lah y proclama Su Santidad.

¿Acaso Dios no es glorificado en la tierra? Nadie dotado de percepción espiritual puede afirmarlo. En el mundo, algunas cosas están sometidas a las leyes divinas, otras al decreto divino, y otras están sometidas a la obediencia de ambos. Las nubes, el viento, el fuego y la tierra están sujetos a la obediencia y glorificación de Dios.

Todo el que desobedezca los mandamientos de la ley divina seguirá estando sujeto a las órdenes del decreto divino, ya que nadie escapa al ámbito de estos dos dominios. Todo el mundo está unido al reino celestial de un modo u otro. Es cierto que la negligencia y el recuerdo divino se alternan en la tierra a causa de la pureza y de la corrupción de los corazones humanos, pero Dios no ha querido que estas fluctuaciones ocurran arbitrariamente, sino que acontecen de acuerdo con la sabiduría divina. Así como la noche sigue al día, también alternan los períodos de guía e impiedad, según la ley y la voluntad divina, y no por sí solos. A pesar de ello, toda la creación escucha Su voz y exalta Su santidad.

Sin embargo, el Evangelio dice que la tierra está desprovista de la glorificación divina, ya que esta oración del Evangelio continúa afirmando que el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra. Al no haberse establecido Su dominio, la voluntad divina no está vigente en la tierra, tal como lo está en el cielo. La enseñanza del Corán, sin embargo, es totalmente contraria. El Corán afirma claramente que ningún ladrón, asesino, adúltero, incrédulo, desobediente, rebelde o criminal puede infligir ningún mal en la tierra a menos que le sea permitido por el cielo. ¿Cómo se puede afirmar, pues, que el Reino de los Cielos aún no prevalece en la tierra? ¿Puede alguna fuerza contraria interferir en el cumplimiento de la orden divina en la tierra? ¡Santo es Al’lah! Indudablemente que no.

Al contrario, el mismo Dios ha establecido una ley para los ángeles del cielo y otra para los hombres en la tierra. En Su Reino de los Cielos, Dios no ha dado ninguna opción a los ángeles. La obediencia es inherente a su propia naturaleza. Son incapaces de rebelarse. No pueden incurrir en el error ni en el olvido. No obstante, la naturaleza humana tiene la opción de aceptar o rechazar, y puesto que esta libertad le ha sido conferida desde lo Alto, no es posible que la presencia de un transgresor constituya una amenaza al Reino de Dios en la tierra. El Reino de Dios predomina en todos los aspectos. No obstante, existen dos sistemas de leyes: Una ley del decreto divino, que gobierna a los ángeles en el cielo y les impide cometer pecados, y otra ley del decreto divino, que rige sobre la gente del mundo, y les da la elección entre el bien y el mal desde lo Alto. Sin embargo, cuando el ser humano pide a Dios fortaleza para dominar al mal y arrepentirse, entonces, con el apoyo del Espíritu Santo, consigue superar su debilidad y preservarse del pecado, como ocurre con los profetas y Mensajeros de Dios.

En cuanto a los que incurren en el pecado, su arrepentimiento puede liberarlos de las consecuencias del mismo, y también del castigo, pues cuando llega la luz, la oscuridad se disipa. Los malhechores que no imploran el perdón, es decir, que no piden a Dios que les conceda fortaleza, continúan padeciendo a causa de sus ofensas. En estos días, la peste también se ha abatido sobre la tierra como un castigo, y reclama la vida de los que transgreden contra Dios. ¿Cómo es posible, pues, afirmar que el Reino de Dios no se ha establecido en la tierra?

No debéis cuestionar por qué la gente comete pecados estando presente el Reino de Dios en la tierra. Lo cierto es que los pecados también están sujetos a la ley divina de los decretos. Así pues, aunque los pecadores piensan que están al margen de la ley de la religión, no conseguirán escapar de la providencia divina, es decir, de la ley del decreto divino. ¿Cómo es posible, pues, afirmar que los pecadores no se doblegan ante el yugo del reino divino?

En la India británica de hoy, proliferan el robo y el asesinato; y dentro del Estado acechan criminales de todo tipo, como los adúlteros, estafadores, malversadores etc. A pesar de ello, no se puede decir que el gobierno británico no gobierne sobre esta tierra. Aunque el gobierno británico aún ostenta el poder, no ha considerado oportuno implementar una ley severa, capaz de aterrorizar a sus súbditos, haciendo así la vida insoportable, pues si el Estado lo hubiera deseado, hubiera podido meter fácilmente en la cárcel a todos los culpables de delitos, poniendo así freno a la delincuencia, o introducir castigos más severos, terminando de esta forma con el crimen. Por lo tanto, se puede apreciar que el incremento en el consumo del alcohol, de la prostitución y los casos de robo y asesinato, no se deben a la ausencia de autoridad del gobierno británico en esta tierra, ni a la renuncia del gobierno británico a su autoridad, sino más bien a la indulgencia de la ley del gobierno, que facilita la proliferación de delitos. De hecho, el Estado tiene poder para aprobar una ley más estricta, y prescribir penas más severas para prevenir el crimen. Si este es el ejemplo de un gobierno humano, que no tiene ningún valor en comparación con el Reino de Dios, nos daremos cuenta de la magnitud y grandeza del Reino de Dios. Si la ley divina llegara a ser tan opresiva que todo adúltero fuera golpeado por un rayo, y todo ladrón fuera afligido por una enfermedad que descompusiera sus manos, haciendo que las perdiera, y todo rebelde que negara a Dios y su religión tuviera que morir de la peste, entonces, antes de una semana, todo el mundo se arroparía con la vestidura de la justicia y de la virtud. El Reino de Dios se halla sin duda establecido en la tierra, pero la indulgencia de la ley celestial ha otorgado tal libertad, que los malhechores no caen atrapados de inmediato. Sin embargo, también sobrevienen castigos: se producen terremotos; caen rayos; entran en erupción volcanes, reclamando miles de vidas; se hunden embarcaciones; se pierden cientos de vidas en accidentes ferroviarios; estallan tormentas; se derrumban viviendas; algunos sufren mordeduras de serpientes; las bestias despedazan a otros; se propagan epidemias; y se abren no una, sino miles de puertas de destrucción, que la ley divina de la naturaleza ha establecido para castigar a los delincuentes. ¿Cómo se puede, pues, decir que el Reino de Dios no ha sido establecido en la tierra?

No hay duda de que en la tierra impera Su Reinado. Todo transgresor tiene unos grilletes en torno a sus muñecas, y cadenas alrededor de sus pies, pero la sabiduría divina ha suavizado su Ley hasta tal punto, que las consecuencias de tales grilletes y cadenas no se manifiestan de inmediato. Sin embargo, de persistir el hombre en su transgresión, lo arrastran al infierno eterno, y es sometido a un tormento en el que el malvado no vive ni muere.

En resumen, existen dos sistemas de ley. El primero está relacionado con los ángeles, que han sido creados solamente para la obediencia, siendo su obediencia una característica de su naturaleza brillante. No pueden pecar, pero tampoco consiguen progresar en la virtud. El segundo sistema jurídico está relacionado con los seres humanos, en el sentido de que, por naturaleza, pueden cometer pecados, pero también pueden progresar en la piedad. Ambas leyes naturales son inmutables; y del mismo modo en que un ángel no puede convertirse en humano, un humano no puede transformarse en ángel. Ambos sistemas de ley son permanentes: son eternos e inmutables. La ley que opera en el cielo no se aplica en la tierra, ni la ley que opera en la tierra puede aplicarse respecto a los ángeles. Si las faltas humanas terminan en arrepentimiento, el hombre puede llegar a superar en gran medida a los ángeles, pues los ángeles carecen de la capacidad de progresar. Los pecados humanos son perdonados a través del arrepentimiento. La sabiduría divina concede libertad a ciertos individuos para cometer pecados, con el objeto de que se cercioren de su debilidad, y logren el perdón a través del arrepentimiento. Esta es la ley establecida para el hombre y la que mejor concuerda con su naturaleza.

El error y el olvido son características de la naturaleza humana, y no de los ángeles. No es posible aplicar a los seres humanos la ley que regula a los ángeles. Es un error atribuir algún tipo de debilidad a Dios Todopoderoso, pues se trata de las consecuencias de la ley, que se manifiestan sobre la tierra. ¿Es acaso Dios tan débil que Su Reino, poder y gloria se limiten sólo al cielo? (que Dios nos perdone), ¿o es otra deidad la que tiene el poder sobre la tierra? Los cristianos no deberían insistir en que el Reino de Dios opera sólo en el cielo y aún no se ha establecido en la tierra, pues en su opinión, el cielo no representa nada. Es evidente que si el cielo, donde el Reino de Dios debe operar, no es nada, y el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra, Su Reino, aparentemente, no gobierna en ninguna parte. No obstante, observamos con nuestros propios ojos cómo el Reino de Dios opera en la tierra. Según su ley, nuestras vidas llegan a su fin y nuestras condiciones cambian continuamente. Experimentamos miles de comodidades y dolores. Miles de personas mueren por mandato divino y otros miles nacen; se aceptan las oraciones; se manifiestan señales; y la tierra produce miles de variedades de verduras, frutas y flores a través de Su orden. ¿Acaso todo esto ocurre sin el consentimiento del Reino de Dios? Además, los cuerpos celestiales parecen seguir en todo momento un curso establecido, y no se percibe ningún cambio o alteración en ellos, lo cual indica la existencia de un ser que produce ajustes en ellos. La tierra, sin embargo, está sometida constantemente a miles de cambios, alteraciones y transformaciones. Cada día decenas de millones de personas abandonan este mundo y decenas de millones nacen. En todos los aspectos se percibe el control de un Creador Poderoso. ¿Acaso sigue sin existir el Reino de Dios en la tierra?

El Evangelio no presenta ningún argumento que dilucide la razón por la cual el Reino de Dios aún no ha llegado a la tierra. A pesar de orar el Mesías por su liberación durante toda la noche en el jardín [de Getsemaní] y, como se registra en hebreos 5 versículo 7, a pesar de ser aceptada su súplica, Dios no tuvo el poder de liberarlo. Los cristianos, podrían argumentar que en ese momento no existía el Reino de Dios en la tierra. Sin embargo, yo he experimentado mayores pruebas y he sido liberado de ellas. ¿Cómo puedo negar al Reino de Dios? ¿Acaso ostentaba menor gravedad el caso en el que se me acusó de conspiración para asesinato en el tribunal del capitán Douglas, a instancias de Martyn Clarke, pidiendo mi condena a muerte, que el caso que iniciaron los judíos contra Jesús en el Tribunal de Pilatos, simplemente por tratarse de diferencias religiosas en lugar de una acusación de asesinato? Sin embargo, Dios, como Soberano de la tierra y del cielo, me informó de antemano de la celebración de este juicio, y también me informó de mi absolución. Esta noticia fue anunciada de antemano a centenares de personas, y finalmente fui absuelto. Fue el Reino de Dios el que me libró de este caso, que había sido tramado en contra mía a instancias de musulmanes, hindúes y cristianos. Por mi parte, he presenciado el Reinado de Dios en la tierra, no solo una sola vez, sino en repetidas ocasiones, y me he visto obligado a creer en el versículo:34

Que significa: Suyo es el reino de los cielos y la tierra. También estoy obligado a creer en el versículo:35

Es decir, toda la tierra y el cielo Le obedecen. Su mandato, cuando quiere una cosa, consiste solamente decir: “Sea”, y comienza a ser. Después dice Dios:36

En otras palabras, Dios tiene pleno poder sobre Sus designios, pero la mayoría de los hombres desconocen Su poder y Su fuerza.

En cuanto al Evangelio, la oración que enseña hace que los seres humanos pierdan las esperanzas respecto a la misericordia divina, y priva a los cristianos de Su providencia y beneficencia; y también de la recompensa y al castigo, al considerar que Dios no puede ayudarles en este mundo salvo que Su Reino llegue a la tierra. En contraste, la oración que Dios ha enseñado a los musulmanes en el Corán, expone que Dios no es impotente en la tierra, como los gobernantes vencidos, sino que, al contrario, Su sistema de providencia, gracia, misericordia, recompensa y castigo está vigente en la tierra, teniendo el poder de ayudar a quienes le adoran, y de destruir a los pecadores a través de Su ira. La oración es la siguiente:37

Traducción: Sólo Dios es digno de toda alabanza; es decir, no hay deficiencia en Su Reino. Ninguna de Sus excelencias aguarda un futuro estado, que hoy pueda ser deficiente y pueda perfeccionarse en el futuro. Ningún aspecto de Su Reino es ineficaz. Sustenta a todos los mundos. Derrama Su misericordia a cambio de nada, y también derrama Su misericordia en respuesta a las acciones del hombre. Él retribuye y castiga en el tiempo designado. Sólo a Él adoramos y sólo a Él imploramos ayuda. Oramos para que Él nos muestre todos los caminos a través de los cuales podamos obtener Sus mercedes, y para que nos mantenga alejados de los senderos que conducen a Su ira y nos extravían.

Esta oración que se expone en el Surah Fatihah contrasta claramente con la oración enseñada en el Evangelio, que niega el hecho de que el presente Reino de Dios haya sido establecido en la tierra. Así pues, según el Evangelio, la providencia divina, Su gracia, misericordia y Su poder de recompensar y castigar no pueden operar en la tierra, porque el Reino de Dios aún no se ha establecido en ella. El Surah Fatihah, sin embargo, indica que el Reino de Dios existe en la tierra e ilustra perfectamente todos los requisitos del reinado.

Es obvio que un rey debe poseer las siguientes cualidades: La primera es que debe tener la capacidad de sustentar al pueblo. En el Surah Fatihah esta cualidad se describe con las palabras Rabb-ul-Alamin [Señor de todos los mundos]. La segunda cualidad de un rey es que debe proporcionar los medios necesarios para el sustento de sus súbditos, en aras de su misericordia real y no a cambio de algún servicio. Ar-Rahman [el Clemente] se refiere a esta cualidad. La tercera cualidad que caracteriza a un rey es que debe ayudar a sus súbditos a lograr aquello que no son capaces de conseguir por sus propios esfuerzos. El Surah corrobora esta cualidad mediante el uso de la palabra Ar-Rahim [el Misericordioso]. La cuarta cualidad que un rey debe poseer es la capacidad de dispensar recompensas y castigos para evitar que se alteren las condiciones sociales. Esta cualidad se confirma en la descripción Maliki Yaum-id-Din [Dueño del Día del Juicio]. En resumen, el Surah mencionado anteriormente presenta todos los elementos esenciales de un reinado, que muestran que el Reino de Dios y su control real están vigentes en la tierra. Como tal, está presente la Rabubiyyat [providencia] divina, y también están presentes Su Rahmaniyyat [gracia], Su Rahimiyyat [misericordia] y Su socorro y castigo. De hecho, en la tierra se dan todos los requisitos previos de un reinado en relación con Dios. No existe ninguna partícula que escape a Su autoridad. Todo tipo de recompensa y todo tipo de misericordia descansan en Su mano.

Por su parte, el Evangelio enseña que el Reino de Dios aún no se ha establecido entre nosotros, y que debemos orar para su futuro establecimiento. En otras palabras, su dios no es aún el amo ni el rey de la tierra. ¿Cómo podemos depositar nuestras esperanzas en tal dios? Escuchad e intentad comprender que el conocimiento verdadero es saber que cada partícula de la tierra está bajo el control divino, y cada partícula del cielo está también comprendida dentro de Su Reinado. La manifestación extraordinaria mostrada por el cielo también la muestra la tierra. De hecho, la manifestación del cielo es una cuestión de fe. El hombre ordinario no ha ascendido al cielo ni ha sido testigo de esta manifestación, pero la manifestación del Reino de Dios sobre la tierra es claramente visible a todos los ojos.38

Todo ser humano, por rico que sea, debe beber en última instancia de la copa de la muerte, contrariamente a su deseo. Observad cómo se manifiesta en la tierra el mandato de este verdadero Rey: cuando llega Su orden, nadie puede retrasar su muerte ni siquiera un segundo. Ningún médico puede sanar a nadie que se encuentre afectado por una enfermedad grave y mortal. Reflexionad: la manifestación del Reino de Dios en la tierra es tan maravillosa que Su mandato no puede ser rechazado ¿Cómo es posible, pues, afirmar que el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra y que llegará en algún momento en el futuro?

En esta misma era, el mandamiento celestial divino ha sacudido la tierra con la peste para que sirva como señal para Su Mesías Prometido. ¿Puede alguien evitarla sin contar con la voluntad divina? ¿Cómo, pues, puede afirmarse que el Reino de Dios no se ha establecido en la tierra? El malvado habita en la tierra de Dios como un cautivo, y trata de evadir su muerte, pero es aniquilado por el verdadero reino de Dios cuando el ángel de la muerte se apodera de su persona. ¿Es posible afirmar que el Reino de Dios aún ha de establecerse en la tierra? Prestad atención: Cada día, en un momento, mueren cientos de miles de personas en la tierra por mandato divino, y cientos de miles nacen de acuerdo con Su voluntad. Miles de pobres se enriquecen por Su mandato y miles de ricos se empobrecen. ¿Puede afirmarse que el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra? El cielo está habitado solamente por ángeles, pero en la tierra hay hombres y ángeles; estos últimos son agentes divinos y siervos de Su Reino. Vigilan las diversas tareas del hombre, y son constantes en su obediencia a Dios, a Quien envían sus informes. ¿Cómo, pues, se puede decir que el Reino de Dios aún tiene que establecerse en la tierra?

De hecho, Dios ha sido reconocido de forma muy clara en Su reino terrenal, pues todo el mundo piensa que el secreto del cielo está oculto y no puede ser visto. Sin embargo, en la época actual, la mayoría de los cristianos y sus filósofos no están siquiera convencidos de la existencia del cielo, sobre el cual los Evangelios basan todo el Reinado de Dios. La tierra, sin embargo, es, en realidad, una morada temporal, donde se manifiestan miles de decretos divinos. Esto nos permite comprender que todo este cambio, transformación, nacimiento y muerte se produce por el mandato de un Maestro extraordinario. ¿Cómo se puede afirmar, pues, que el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra? Esta creencia no es la mas idónea en una época en que los cristianos han negado rotundamente la existencia de los cielos, pues por un lado la oración del Evangelio admite que el Reino de Dios aún no se ha establecido en la tierra, y, por otra parte, todos los eruditos cristianos admiten sin trabas (mediante sus investigaciones) que el cielo no tiene importancia, y que no existe y, como consecuencia, Dios no posee ningún reinado ni en la tierra ni en el cielo. Los cristianos rechazan los cielos, y su Evangelio niega el Reino terrenal de Dios, por lo que, según ellos, Dios no posee ninguna autoridad ni sobre el reino de este mundo ni sobre el del cielo.

En el Surah Fatihah, sin embargo, nuestro Dios que es el Señor del Poder y la Gloria, no se ha referido específicamente al cielo ni a la tierra, exponiendo de esta forma la realidad; al decir que Él es Rabb-ul-Alamin [el Señor de todos los Mundos]. Es decir, allá donde existan moradas39o criaturas de cualquier tipo, sean cuerpos o almas, Dios es el Creador y Sustentador de todos. Él es constante en Su sustento y los provee de acuerdo con sus necesidades. Su continua providencia, gracia, misericordia, castigo y recompensa, operan constantemente en todo momento y en todos los mundos. Téngase en cuenta que la frase Maliki Yaum-id-Din [Maestro del Día del Juicio] de la Surah Fatihah no significa simplemente que la recompensa y el castigo solo se retribuirán en el Día del Juicio. Al contrario, el Santo Corán ha declarado reiterada y explícitamente que el Día del Juicio será el momento de la Gran Recompensa. Sin embargo, en este mismo mundo comienza un cierto tipo de castigo y recompensa, como indica el versículo:40

Cabe mencionar que la oración del Evangelio pide el pan de cada día, como se dice en las palabras: “Danos hoy el pan nuestro de cada día”. Nos sorprende cómo puede conceder el pan Aquel cuyo gobierno aún no se ha establecido en la tierra, pues en el presente, todos los campos y frutos crecen independientemente de Su mandato y la lluvia cae por cuenta propia. ¿Qué poder tiene para dar el pan a nadie? Solo debería pedírsele el pan tras haber establecido Su Reino en la tierra, porque en el presente no tiene ninguna influencia en este mundo. Podrá conceder el pan a alguien solo tras asumir el control total de este dominio. En este momento, incluso implorarle es inapropiado. Después está la siguiente declaración: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”, la cual también es incorrecta en este sentido. Después de todo, ¿qué deuda se debe a Dios, si no posee el dominio del mundo, y los cristianos no han obtenido nada de Su mano? Por lo tanto, no es preciso pagar ninguna deuda a un Dios que tiene las manos vacías. Tampoco debe ser temido, pues Su Reino aún ha de establecerse en la tierra, y la autoridad de Su soberanía no es capaz de inspirar el menor temor. ¿Qué poder tiene Él para castigar a un pecador, o destruir a un pueblo a través de la plaga, como hizo con el pueblo transgresor de la era de Moisésas; o de arrojarles piedras como hizo con el pueblo de Lot; o aniquilar a los desobedientes mediante un terremoto, rayo o algún otro castigo, si el Reino de Dios ni siquiera ha sido establecido en la tierra? Así pues, como el Dios de los cristianos es tan frágil como Suhijo, y tan desposeído como Su hijo, es inútil ofrecerle súplicas implorando: “perdónanos nuestras deudas.” ¿Qué deuda tenemos con Él que deba perdonarnos, si Su reino terrenal aún tiene que establecerse? Como Su Reino aún no se ha establecido en la tierra, todo el crecimiento del mundo es independiente de Sus órdenes, y ninguna de las cosas de naturaleza terrenal le pertenecen; por el contrario, existen por sí mismas, ya que Él no posee el dominio sobre la tierra. Y al no ser Él ni Rey ni Soberano del mundo, y como ninguno de Sus beneficios suceden por Sus ordenes reales, no tiene autoridad ni derecho a castigar a nadie. Por lo tanto, es absurdo convertir a alguien tan débil en Dios, y mantener la esperanza de que intervendrá en el funcionamiento del mundo, porque Su Reino aún no se ha establecido en la tierra. En contraste, la oración de la Surah Fatihah nos enseña que en la tierra, Dios posee en todo momento el mismo poder que posee sobre otros mundos. Desde el principio, la Surah Fatihah habla de unos atributos tan perfectos y poderosos de Dios, que no han sido mencionados antes por ninguna otra escritura histórica. Como Al’lah el Exaltado establece, Él es Ar-Rahman [Clemente], Ar-Rahim [Misericordioso] y Él es Maliki Yaum-id-Din [el Maestro del Día del Juicio]. Después, se nos enseña a suplicarle. Además, la súplica en cuestión no se limita a pedir el pan de cada día como la oración enseñada por el Mesías, sino que, teniendo en cuenta las facultades con que ha sido dotada la naturaleza humana y sus necesidades, enseña:41

Es decir, ¡Oh Maestro de estos atributos perfectos; ¡Oh, el Munificente que nutre cada partícula, cada una de las cuales se beneficia de Tu gracia, misericordia y poder para recompensar y castigar! Haznos herederos de la gente piadosa del pasado y concédenos todas las bendiciones que Tú les has concedido. Y sálvanos de la desobediencia, para que no incurramos en Tu ira, y protégenos para que no nos veamos privados de Tu ayuda y nos extraviemos. Amén.

En estas palabras se ha mostrado la diferencia entre la oración del Evangelio y la oración del Corán. El Evangelio promete que aparecerá el Reino de Dios, mientras que el Corán dice que el Reino de Dios está con vosotros. Dice que no sólo está presente, sino que todo el mundo cosecha las ventajas de su beneficencia. Por lo tanto, el Evangelio se limita a realizar una sola promesa, mientras que El Corán no se limita a hacer una promesa, sino que habla de un reino establecido y muestra su recompensa. La superioridad del Corán se demuestra por el hecho de que presenta a un Dios que es el Salvador y Consolador de los justos en esta vida material. No existe ningún alma que se vea privada de Su beneficencia, pues la gracia de Su providencia, merced y misericordia abarca a cada alma según sus necesidades. Por el contrario, el Evangelio habla de un Dios cuyo dominio aún está por establecerse en la tierra y se limita solamente a una promesa. Cabe reflexionar: ¿a cuál de los dos merece la pena seguir, impulsados por nuestra razón?

Hafiz Shirazi tiene razón al afirmar:42

Los Evangelios alaban al tolerante, al dócil, al manso y a los que permanecen pasivos frente a la intimidación. Sin embargo, el Corán no aconseja adoptar la mansedumbre en todas las circunstancias, ni abstenerse de confrontar el mal. Por el contrario, enseña que la tolerancia, la humildad, la mansedumbre y la pasividad son todas meritorias, pero dejan de serlo cuando se ejercen de manera inapropiada. Todas las buenas acciones deben ser realizadas en el momento oportuno y en las circunstancias apropiadas. Un acto de piedad ejercido en un momento o situación inapropiada constituye un pecado. Sabemos que la lluvia es un don incalculable y esencial, pero cuando es intempestiva, produce devastación. Es bien sabido que no es posible mantener una buena salud a base de alimentos fríos o alimentos calientes exclusivamente. Sólo es posible mantener una buena salud a través de una dieta variada que se atenga a nuestras necesidades y requerimientos. Por lo tanto, la severidad, la clemencia, el perdón, la retribución, la bendición o la maldición, y todas las demás formas de moral que nos benefician en distintas circunstancias, también requieren un cambio similar.

Adoptad la indulgencia y la bondad supremas, pero no lo hagáis en circunstancias inoportunas e inapropiadas, y recordad también que las virtudes auténticamente sublimes, las que no están adulteradas con el veneno de los deseos egoístas, son las que descienden de lo alto a través del Espíritu Santo. No conseguiréis alcanzar esta noble moral a través de vuestros esfuerzos si el cielo no la concede, y aquel que no adquiere la virtud a través de la gracia celestial que proviene del Espíritu Santo, es falso en su pretensión de poseer valores morales. Estas personas se asemejan al agua, cuyas profundidades están contaminadas de gran cantidad de suciedad y excrementos, que salen a flote en forma de pasiones egoístas. Así pues, implorad siempre por la fortaleza a Dios, para que os ayude a libraros de estas inmundicias y excrementos, y para que el Espíritu Santo inculque en vuestro interior la verdadera pureza y belleza. Recordad que la moral verdadera y pura es el milagro de los justos, que no pueden compartir aquellos que no se funden en Dios al no recibir fuerza desde lo alto. Por ello son incapaces de alcanzar los valores morales puros. Así pues, estableced una relación sincera con Dios. Abandonad todo tipo de escarnio, burla, rencor, lenguaje soez, avaricia, falsedad, impureza, miradas lujuriosas, pensamientos pecaminosos, materialismo, arrogancia, orgullo, presunción, maldad y obstinación. Entonces el cielo os deparará todo. Hasta que no seáis fortalecidos con el poder celestial que os eleva, y hasta que no se introduzca en vosotros el Espíritu Santo que infunde la vida, permaneceréis en un estado inmensamente frágil, y seguiréis sumidos en las tinieblas. De hecho, estáis muertos y carentes de vida. En esta condición, no seréis capaces de afrontar ninguna desgracia. Tampoco conseguiréis libraros del orgullo ni la arrogancia si gozáis de prosperidad y de riqueza, pues estáis en todos los aspectos bajo el dominio de Satanás y de vuestro propio ego. Vuestro único remedio efectivo es que el Espíritu Santo, que desciende especialmente de la mano divina, haga inclinar vuestro rostro hacia la virtud y la justicia. Convertíos en los hijos del cielo, y no en los hijos de la tierra. Convertíos en herederos de la luz, y no de los que se enamoran de las tinieblas, para que podáis escapar de los caminos de Satanás, pues Satanás ama la noche en lugar del día, por ser un ladrón experimentado que sólo avanza en la oscuridad.

La Surah Fatihah no es sólo una mera enseñanza sino que también contiene una gran profecía: Dios ha descrito sus cuatro atributos: Rabubiyyat [providencia], Rahmaniyyat [clemencia], Rahimiyyat [misericordia] y Malikiyyat-e-Yaum-id-Din, es decir, el poder de recompensar y castigar; y después de hablar sobre Su infinita omnipotencia, Dios enseña la siguiente oración en los siguientes versículos:

“¡Señor nuestro! Haznos herederos de los profetas y Mensajeros piadosos del pasado. Abre para nosotros su camino y concédenos las bendiciones que a ellos les fueron otorgadas. ¡Señor nuestro! No permitas que seamos como aquel pueblo que incurrió en Tu castigo en esta misma vida, es decir, como el pueblo judío de la época de Jesús el Mesías, que fue destruido por la plaga. “¡Señor nuestro! No permitas que seamos como aquellas personas que no recibieron Tu guía y se descarriaron del mismo modo que los cristianos.”

Por lo tanto, esta oración contiene la profecía implícita de que habrá musulmanes que, gracias a su veracidad y sinceridad, se convertirán en herederos de los profetas del pasado, y serán acreedores de las bendiciones de la profecía y la mensajería. También habrá otros que llegarán a ser como los judíos y serán castigados en esta misma vida; mientras que otros se cubrirán con el atuendo de los cristianos. La práctica inmutable que se puede discernir de la Palabra divina es que cuando se impone cierta prohibición a determinado pueblo, Dios sabe que algunos de ellos han de desobedecer, mientras que otros elegirán la justicia y la virtud. Desde las épocas más remotas, ha sido la práctica eterna de Dios, que cada vez que revela un libro en el que prohíbe una acción determinada a una nación, o se le alienta a practicar ciertas obras, Él sabe con certeza que algunos obedecerán y otros no. Por lo tanto, el capítulo mencionado profetiza que alguien de entre esta Ummah aparecerá en forma perfecta de un profeta, para que la profecía derivada del versículo 43pueda cumplirse a la perfección.

Entonces, aparecerá un grupo de entre esta Ummah, que se asemejará a los judíos que fueron maldecidos por Jesús, y fueron presa del castigo divino, para que pueda manifestarse la profecía contenida en el versículo44

Y otro grupo de entre ellos se volverá como los cristianos que, por su embriaguez, permisividad moral, pecado e inmoralidad fueron despojados de la guía, para que pudiera cumplirse la profecía expuesta en el versículo:45

Una parte de la doctrina que mantienen los musulmanes, es que en los Últimos Días, miles de los “así llamados” musulmanes llegarán a parecerse a los judíos. Esto también ha sido profetizado por el Santo Corán en distintos lugares. Además, se puede observar claramente cómo miles de musulmanes se están convirtiendo al cristianismo, o han escogido vivir una vida completamente libre y sin restricciones similar a la de los cristianos. De hecho, muchas personas que todavía se conocen como musulmanes prefieren el estilo de vida cristiano. A pesar de llamarse musulmanes, sienten una inmensa aversión hacia la oración, el ayuno y los mandamientos relacionados con los asuntos lícitos e ilícitos. Cabe observar que predominan en este país ambos tipos de personas, que han adoptado los rasgos de los judíos y los cristianos, cumpliéndose de esta forma ante vuestros propios ojos dos de las profecías de la Surah Fatihah mencionadas antes. Es fácil comprobar hasta qué punto los musulmanes han adoptado los rasgos de los judíos y se han arropado con el atavío de los cristianos. Por lo tanto, la tercera parte de la profecía también debe aceptarse sin titubeos. Al igual que los musulmanes iban a imitar a los judíos y a los cristianos participando de la injusticia existente en ellos, también surgiría otro grupo de musulmanes con el derecho a alcanzar el rango y el estatus de los antiguos personajes santos de los Hijos de Israel. Pensar que Dios comparase a los musulmanes con los judíos y cristianos, hasta el punto de llamarles judíos por seguir el mal camino que adoptaron, y a su vez impida que esta Ummah46alcance el rango de sus profetas y mensajeros, es pensar mal de Dios Todopoderoso. De ser esto cierto, ¿cómo podemos creer que esta Ummah es la mejor? Por el contrario, sería la peor Ummah, por haber adoptado todos los males y evitado toda la virtud. ¿No era acaso necesario que apareciera alguien de esta Ummah en forma de Profeta o Mensajero que fuera el heredero y el reflejo de todos los profetas de los Hijos de Israel?

No concuerda con la misericordia divina que Él suscitara, en esta Ummah y en esta época, a miles de personas con las características de los judíos, y permitiera que otros miles se conviertieran al cristianismo, sin hacer surgir a nadie que fuera heredero de los profetas del pasado y compartiera sus bendiciones. Era necesario que la profecía contenida en los versículos47,

se cumpliera, al igual que la profecía, que ya se ha cumplido, que dice que los musulmanes se convertirían en judíos y cristianos. A esta Ummah se le han dado nombres terribles, y del Santo Corán y del Hadiz se deduce que también estaba destinada a ser como los judíos. Así pues, en tales circunstancias, en consonancia con la gracia divina, era esencial que, del mismo modo en que los musulmanes adoptaron los males de los cristianos pasados, también heredaran sus virtudes. Por esta razón, en el versículo siguiente48 de la Surah Fatihah, Dios Todopoderoso proclamó la buena nueva de que algunas personas de esta Ummah recibirían las mismas bendiciones que los profetas del pasado; es decir, que no estaban destinados exclusivamente a seguir las malas costumbres de los judíos y de los cristianos, renunciando por completo a las virtudes.

A esto también hace referencia la Surah Al-Tahrim, que indica que ciertas personas de esta Ummah se asemejarían a María la veraz, que vivió una vida de castidad, en cuyo vientre se insufló el alma de Jesús, a quien dio a luz. Este versículo significa que en esta Ummah aparecería alguien a quien le sería conferido el rango de María, y a quien se insuflaría el alma de Jesús. Después, Jesús emergería de María. Es decir, los atributos de la persona que se asemeja a María se transformarían en los de Jesús. En otras palabras, la cualidad de similitud a María daría origen a alguien que adoptaría la forma de Jesús. Tal persona se llamaría “el Hijo de María”. Asimismo, en Barahin-e-Ahmadía, se me otorgó por primera vez el nombre de María, como puede deducirse de la revelación de la página 241:49 es decir: “¡María! ¿De dónde obtuviste tal bendición?”. Otra revelación de la página 22650también hace referencia a esto, es decir:

“¡Oh María! Agita el tronco de la palmera”. Y después, en la página 496 de Barahin-e-Ahmadía, consta la siguiente revelación:

Es decir: “¡Oh María! Entra al cielo con tus compañeros. Yo te he insuflado, de Mí, el Alma de la Verdad”. En esta revelación, Dios me ha llamado el Alma de la Verdad. Se trata de una referencia al versículo51

En este ejemplo, se dice metafóricamente que el alma de Jesús fue insuflada en el vientre de María y denominada el Alma de la Verdad. Finalmente, en la página 556 de Barahin-e-Ahmadía se anunció la siguiente revelación respecto al nacimiento del Jesús que estuvo, en cierto momento, en el vientre de María:52

Aquí, yo he sido llamado Jesús, y la revelación descubre el hecho de que el Jesús, cuya alma fue insuflada en María, que se menciona en la página 496 ya ha aparecido. Así pues, a este respecto, he sido nombrado Jesús, hijo de María, porque mi condición de Jesús surgió de mi condición inicial de María, a través del aliento divino. Véanse las páginas 496 y 556 de Barahin-e-Ahmadía. Este mismo fenómeno del nacimiento de Jesús, hijo de María en esta Ummah, fue profetizado claramente en la Surah Al-Tahrim, donde se explica que alguien de esta Ummah sería transformado primero en el semejante a María, y después, el alma de Jesús sería insuflada en esta María. Como tal, durante un período de tiempo esta persona se nutriría dentro del vientre de María antes de nacer como la manifestación espiritual de Jesús. Y tal persona llegaría a ser conocida como Jesús, hijo de María. Esta es la profecía acerca del Hijo de María perteneciente a la Ummah de Muhammadsa, que fue revelada hace aproximadamente mil trescientos años en la Surah Al-Tahrim del Santo Corán. Por otro lado, en Barahin-e-Ahmadía, el mismo Dios Todopoderoso ha explicado con detalle los versículos de la Surah Al-Tahrim. El Santo Corán está al alcance de todos. Si se analiza el Santo Corán por un lado, y el Barahin-e-Ahmadía por otro, y se reflexiona sobre este tema con imparcialidad, prudencia y piedad, se comprobará que la profecía de l Surah Al-Tahrim, —a saber, que alguien de entre esta Ummah también se llamaría María y después se transformaría en Jesús, es decir, nacido de María— se cumplió en las revelaciones de Barahin-e-Ahmadía. ¿Es posible que esto sea obra de un ser humano? ¿Acaso poseo personalmente algún control sobre este asunto? ¿Estuve acaso presente cuando se reveló el Santo Corán para implorar que se revelara un versículo que me convirtiera en Hijo de María, y me librara así de alguna acusación futura por ser llamado el Hijo de María?

Por otra parte ¿es posible que, hace veinte o veintidós años, o incluso antes, hubiera podido forjar una revelación anunciando que en primer lugar sería llamado María, y más adelante inventara otra revelación que sugiriera que se me insufló el espíritu de Jesús al igual que a la María del pasado, y, finalmente que, en la página 556 de Barahin-e-Ahmadía, hubiera escrito que, de María, yo emergería como Jesús?

¡Queridos míos! Reflexionad y temed a Dios. Esta no es en absoluto la obra del hombre. Sabidurías tan profundas y sutiles como estas trascienden al entendimiento y juicio humanos. Si durante la publicación de Barahin-e-Ahmadía, que ocurrió hace largo tiempo, hubiera tramado algo parecido, ¿por qué habría de escribir en el mismo libro que el Mesías, Jesús, hijo de María, volvería de nuevo del cielo? Dios sabía que, de estar yo informado de ello, mi argumento presente se debilitaría. Por lo tanto, aunque Dios se hubiera referido a mí como María en la tercera parte de Barahin-e-Ahmadía, como se deduce del mismo tratado; durante dos años fui criado a semejanza de María, y me fui formando en el manto del secreto. Después, transcurridos dos años, como consta en la cuarta parte de Barahin-e-Ahmadía, en la página 496, se me insufló el espíritu de Jesús, al igual que a María y, en términos metafóricos, fui impregnado. Más adelante, tras un período de no más de diez meses, a través de la revelación registrada en el final de la cuarta parte de Barahin-e-Ahmadía, en la página 556, fui transformado de María en Jesús, convirtiéndome así en el Hijo de María. Sin embargo, Dios no me informó de este secreto en el momento de la publicación de Barahin-e-Ahmadía, a pesar de ser el receptor de todas las revelaciones divinas en las que se encontraban tales secretos, que quedaron registrados en Barahin, ni tampoco se me informó de su significado y secuencia. Por esta razón, también hice constar en Barahin-e-Ahmadía la doctrina tradicional de los musulmanes (que Jesús descendería del cielo físicamente). Esto demuestra mi naturaleza sincera y franca. Mis oponentes no pueden hacerme responsable de hacer constar este credo tradicional, que no se basa en la revelación, porque no pretendo saber nada de lo oculto hasta que no me es expuesto por la misma divinidad. Así pues, durante ese período de mi vida, la sabiduría divina deseó que una parte importante de los secretos revelados registrados en Barahin-e-Ahmadía escapara a mi entendimiento.

Sin embargo, llegado el momento, me fueron revelados tales secretos. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi reivindicación de ser el Mesías Prometido no era algo que no se hubiera mencionado anteriormente, sino que era la misma afirmación que se había registrado claramente y en repetidas ocasiones en Barahin-e-Ahmadía. Quisiera también hacer referencia a otra revelación. Aunque no recuerdo si fue publicada en alguno de mis anteriores tratados o anuncios, recuerdo, no obstante, haberla anunciado a cientos de personas. Se halla registrada en mi agenda personal de revelaciones. Se remonta a la época en que Dios me confirió primero el título de “María”, y después, la revelación sobre el soplo del espíritu. Posteriormente, recibí la siguiente revelación:

Es decir, entonces el dolor del parto hizo que María, es decir, yo mismo, se dirigiera hacia el tronco de la palmera. En otras palabras: me vi confrontado con las masas, los ignorantes y los incultos eruditos que no poseían el fruto de la fe. La rechazaron y ridiculizaron, y lanzaron una tormenta de vituperios. Entonces María dijo: “Ojalá hubiera muerto antes de esto y me hubiera convertido en una cosa olvidada”. Esto se refiere al clamor que surgió por primera vez entre los clérigos musulmanes, a quienes le resultó intolerable mi reivindicación, y agotaron todos los medios posibles para destruirme. Por lo tanto, en la revelación anterior, Dios Todopoderoso ha ilustrado el dolor y el sufrimiento que abrumó mi corazón como resultado del revuelo causado por los ignorantes. Hay otras revelaciones a este efecto. Por ejemplo:

En relación con esto también está la revelación de la página 516 de Barahin-e-Ahmadía que dice:

Véanse las líneas doce y trece de la página 516 de Barahin-e-Ahmadía.

Traducción: “Y el pueblo dijo: “¡Oh María! Qué acto tan detestable y despreciable has cometido, tan alejado de la virtud. Tu padre53y tu madre nunca fueron así”. Pero Dios establecerá la inocencia de Su siervo de tales acusaciones. Y le convertiremos en una señal para el pueblo. Esto se había decretado desde el principio y estaba destinado a cumplirse. Él es Jesús el hijo de María, pero la gente lo duda, aunque esta es la verdad”.

Todo esto está escrito en Barahin-e-Ahmadía y estas revelaciones son en realidad versículos coránicos relacionados con Jesús y su madre. En estos versículos, Al’lah el Exaltado dice que el mismo Jesús, que fue acusado por el pueblo de ser un hijo ilegítimo, se convertiría en una señal divina. Este es el Jesús a quien esperáis. El Jesús y María mencionados en las revelaciones anteriores no son nadie más que yo. Sobre mí se ha dicho que Dios me convertirá en una señal, y que yo soy Jesús, el hijo de María, cuyo advenimiento se esperaba, y sobre quien albergarían dudas. Sin embargo, esta es la verdad, y yo soy el que esperáis. Las dudas provienen solo de la ignorancia. Aquellos que no comprenden los secretos divinos y sólo perciben lo que está delante de ellos, nunca serán capaces de discernir la verdad interior.

Recordad que uno de los grandes objetivos de la Surah Fatihah es también enseñar la oración:54

Mientras que en la oración del Evangelio, se enseña a suplicar por el pan de cada día, en la oración anterior se piden a Dios Todopoderoso todas las bendiciones y recompensas que se otorgaron a los profetas y Mensajeros del pasado. Merece la pena reflexionar sobre esta diferencia. Además, al igual que la oración del Mesías fue aceptada, y los cristianos han recibido su pan de cada día en abundancia, de manera similar, esta oración del Corán fue aceptada a través del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él, y los que eran piadosos y virtuosos entre los musulmanes, especialmente los más excelentes de ellos, se convirtieron en herederos de los profetas israelitas. En realidad, el nacimiento del Mesías Prometido en esta misma Ummah es también un fruto de la aceptación de esta misma oración, pues aunque muchos santos y personas sagradas compartieron semejanzas con los profetas israelitas bajo el manto del secreto, el Mesías Prometido de esta Ummah fue enviado públicamente, por orden y mandato divino, y a semejanza del Mesías israelita, para que pudiera comprenderse la semejanza entre la dispensación mosaica y la de Muhammadsa.

Por esta razón, este Mesías ha sido creado a imagen del Hijo de María, hasta el punto de haber sido sometido a las mismas tribulaciones que el hijo de la María israelita. Del mismo modo en que Jesús, hijo de María, nació del mismo aliento divino, este Mesías también nació de María a través del aliento divino, de acuerdo con la promesa de la Surah Al-Tahrim. Asimismo, al igual que se produjo un gran alboroto por el nacimiento de Jesús hijo de María y los adversarios ignorantes dijeron a María:55del mismo modo, en mi caso, se levantó un tumulto impetuoso en contra mía. Además, cuando la María de los israelitas dio a luz a su hijo, Dios respondió a las acusaciones de sus oponentes con la siguiente proclamación respecto a Jesús:56

Dios Todopoderoso respondió a mis adversarios con la misma respuesta ofrecida en Barahin-e-Ahmadía en el momento de mi nacimiento espiritual, que ha sido expuesta en forma de metáfora. Dios dijo claramente a mis oponentes: “Vuestras maquinaciones no le harán daño, y le convertiré en un signo de misericordia para el pueblo”. Esto estaba decretado por Él desde el principio. De la misma manera, los eruditos judíos emitieron un edicto de incredulidad contra Jesús, que fue preparado por un malvado erudito judío, y respaldado por otros sacerdotes. Incluso los eruditos judíos y los sacerdotes de Bait-ul-Maqdas, la mayoría de los cuales eran fariseos y se contaban por centenares, pusieron su sello de confirmación en este decreto de incredulidad contra Jesús.57 Esto es exactamente lo que sucedió conmigo. Después, tras haberse emitido tal edicto contra Jesús, este sufrió un gran acoso. Fue objeto de un terrible maltrato, y se publicaron contra él libros ofensivos y difamatorios. Lo mismo ocurrió conmigo. Después de 1800 años, era como si el mismo Jesús y los mismos judíos hubieran nacido de nuevo. Por desgracia, este era el significado de la profecía58 que Dios había explicado de antemano. Pues estas personas no se sintieron satisfechas hasta llegar a ser como los judíos, incurriendo así en la ira divina. Una de las similitudes entre Jesús y mi persona fue establecida por la mano del mismo Dios. Él me hizo surgir como Mesías del Islam exactamente al inicio del siglo decimocuarto al igual que el Mesías, hijo de María, apareció a principios del siglo decimocuarto. Dios continúa mostrando abundantes señales poderosas a mi favor, y no existe bajo el cielo ningún adversario de entre los musulmanes, judíos y cristianos, etc. que posea el poder de presentar nada semejante a estas señales. Después de todo ¿puede acaso un débil y humilde ser humano luchar contra Dios? Yo soy la primera piedra colocada por el mismo Dios. Quienquiera que trate de romper esta piedra fracasará. En cambio, cuando esta piedra se desplome sobre ellos, serán aplastados, pues pertenece a Dios, y ha sido colocada por la mano divina. Respecto a la segunda piedra, ha sido colocada por mis adversarios para desafiarme. En su oposición a mí han seguido las huellas de los judíos del pasado con el fin de aniquilarme, hasta el punto de acusarme falsamente de asesinato, de cuyo veredicto yo ya había sido informado por Dios con antelación.

Este caso contra mí fue mucho más grave que el que se presentó contra Jesús, el hijo de María, pues el caso contra Jesús se basaba meramente en un desacuerdo teológico, que a los ojos del gobernante carecía de importancia —más bien, no representaba nada—, mas el caso forjado contra mí era un caso de intento de asesinato. Durante el juicio al Mesías, los sacerdotes judíos testificaron contra él, por lo que era necesario que algunos clérigos musulmanes también testificaran contra mí. Para esta tarea, Dios eligió a Maulvi Muhammad Husain Batalvi, que acudió a testificar arropado en un manto largo, de la misma manera que el Sumo Sacerdote se presentó en la corte para testificar contra el Mesías, para que fuese colocado en la cruz. La única diferencia entre ambos era que el Sumo Sacerdote tuvo derecho a sentarse en el tribunal de Pilatos, como era habitual en el caso de las personalidades judías respetadas bajo el gobierno romano, pues algunos de ellos solían ser incluso magistrados honorarios. Por lo tanto, el Sumo Sacerdote tuvo derecho a un asiento según las reglas del tribunal, mientras que el Mesías, hijo de María, tuvo que permanecer de pie en la corte como un criminal común. Sin embargo, durante mi juicio ocurrió exactamente lo contrario, a saber: contrariamente a las esperanzas de mis oponentes, el capitán Douglas, que sustituyó a Pilatos como presidente del tribunal en mi caso, me dio permiso para sentarme. Por lo tanto, este Pilatos demostró ser mucho más virtuoso que el Pilatos del Mesías, hijo de María. Al emitir su veredicto, se atuvo con valentía y rigurosidad a las reglas del tribunal, y no prestó ninguna atención a presiones externas, ni mostró ningún prejuicio hacia la religión o la etnicidad. Llevó el proceso de manera tan implacable que si se propusiera a su persona como ejemplo de orgullo para la nación, y como ejemplo para sus compañeros jueces, esta acción estaría totalmente justificada. La tarea de dictar una sentencia justa es difícil, pues hasta que la persona no se desliga de todos sus vínculos no es posible un ejercicio correcto de la profesión. Sin embargo, puedo testificar con honestidad que este Pilatos cumplió honestamente su deber, mientras que el primer Pilatos de Roma no pudo hacerlo tan fielmente. Debido a su cobardía, el Mesías tuvo que padecer muchas aflicciones. Por lo tanto, nuestra Comunidad debe recordar siempre esta diferencia. Mientras que el mundo exista, y a medida que la comunidad se multiplique en centenares de miles y de millones, este noble juez será recordado con gran aprecio. Tuvo la buena fortuna de haber sido escogido por Dios para esta tarea. Para un juez, debe ser extremadamente difícil enfrentarse a dos partidos, uno de ellos misionero de su religión, y el otro opuesto a tal religión, especialmente tras haber sido informado el juez de una total discrepancia en las creencias del último. Pero este valiente Pilatos superó tenazmente esta prueba, a pesar de habérsele mostrado pasajes de mis libros que, por falta de erudición, fueron interpretados como inapropiadamente hostiles al cristianismo. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de la oposición, su expresión facial permaneció impasible. Gracias a su conciencia iluminada, ya había descubierto la verdad. Al intentar buscar honradamente la verdad detrás del caso, Dios le ayudó y le desveló la verdad, y consiguió averiguar cuál era la realidad. Se alegró mucho al haber podido encontrar el camino de la justicia. De hecho, me ofreció que tomara asiento, como se hace con el demandante, debido únicamente a su imparcialidad. Cuando Maulvi Muhammad Husain acudió a prestar testimonio contra mí, del mismo modo en que lo hizo el Sumo Sacerdote, me halló sentado. Al ver esto, sus ojos no pudieron percibir en mí el estado de desgracia que tanto anhelaba ver. Entonces, pensando que tenía derecho a igualdad de trato, pidió una silla a nuestro Pilatos. Sin embargo, este Pilatos lo reprendió y exclamó en voz alta que ni él ni su padre habían tenido nunca derecho a sentarse [en ninguna institución gubernamental] y que no había ninguna instrucción oficial para proporcionarle asiento. Debe observarse la diferencia entre el anterior Pilatos, que, debido a su temor a los judíos, ofreció una silla a algunos de los personajes reverenciados que acudieron como testigos, e hizo que el Mesías, que fue presentado como un criminal, permaneciera de pie, a pesar de albergar buenas intenciones hacia su persona, e incluso asemejarse a sus discípulos. De hecho, su esposa sentía una especial devoción por el Mesías, y era conocida por su santidad. Pero estaba tan nervioso debido a su temor, que entregó injustamente a este inocente Mesías a los judíos, a pesar de no existir ninguna acusación de asesinato, como ocurrió conmigo, sino solo una causa de disputas religiosas de menor importancia. Sin embargo, este Pilatos de Roma carecía de fortaleza, y se sentía atemorizado ante la amenaza de ser informado al César.

Merece recordar aquí otro paralelismo más entre el Pilatos romano y este Pilatos. Cuando el Mesías hijo de María fue llevado ante el tribunal, el Pilatos anterior dijo a los judíos: “No veo nada malo en este hombre”. Del mismo modo, cuando el Mesías de los Últimos Días, (es decir, yo mismo), fue presentado ante el Pilatos de esta época, y pidió que le dieran unos días de plazo para preparar su defensa ante dicha acusación de asesinato, el Pilatos de esta era dijo: “No te acuso de nada”. Los veredictos de ambos Pilatos eran exactamente iguales. La única diferencia es que el Pilatos anterior no pudo atenerse a su palabra. Cuando Pilatos fue amenazado de ser informado al César, mostró aprensión y, aunque era conocedor de la verdad, entregó el Mesías a los judíos sedientos de sangre; ello a pesar de sentirse él y su esposa perturbados por esta decisión, pues ambos creían firmemente en el Mesías. Sin embargo, viendo el furor y el ultraje de los judíos, fue presa de la cobardía. Sin embargo, hizo todo lo posible para liberar en secreto al Mesías de la muerte en la cruz, y lo consiguió, pero sólo después de que el Mesías fuera colgado en la cruz, y hubiera sufrido un desmayo similar a la muerte a causa del dolor insoportable que padeció. En cualquier caso, gracias a los esfuerzos del Pilatos de Roma, el Mesías hijo de María salvó su vida. La oración del Mesías ya había sido aceptada para su liberación (véase Hebreos capítulo 5 versículo 7)59. Posteriormente, el Mesías salió en secreto de esa tierra y emigró a Cachemira, y allí es donde falleció.

Como se ha mencionado antes, su tumba está situada en Mohal’la Janyar, en Sirinagar. Todo esto fue posible gracias a los esfuerzos de Pilatos, a pesar de que sus esfuerzos quedaron mancillados, en cierta forma, por su cobardía. Tras declarar no haber hallado ningún pecado en el Mesías, Pilatos pudo haberlo liberado fácilmente si lo hubiera deseado. Sin embargo, sucumbió ante el temor de que se informara al César. En contraste, el Pilatos de esta época no se dejó intimidar por las protestas del clero, a pesar de que esta nación también está gobernada por una potencia imperial. Sin embargo, la Emperatriz actual es infinitamente mejor que el César del pasado. Por lo tanto, nadie consiguió presionar al juez para que renunciara a la justicia bajo amenazas de denuncia a la Emperatriz. En cualquier caso, el Mesías de esta época fue objeto de mayores intrigas y escándalos que el Mesías del pasado. Los adversarios y los líderes de todas las comunidades se unieron en oposición a mí, pero el Pilatos de esta época dio preferencia a la verdad, y, ateniéndose a su palabra, dijo que yo no era culpable de asesinato, absolviéndome así con gran honestidad y valor. Mientras que el primer Pilatos se vio obligado a recurrir a otras estrategias para salvar al Mesías, este Pilatos cumplió diligentemente con sus obligaciones hacia el tribunal sin mostrar el menor atisbo de cobardía. El mismo día en que fui absuelto, también fue sometido a juicio un ladrón perteneciente al Ejército de Salvación. Esto ocurrió porque junto al primer Mesías también fue procesado un ladrón. Sin embargo, al ladrón capturado junto al Mesías de la época actual no se le colgó en la cruz, ni le fueron quebrados sus huesos como al primero. Mas bien, fue condenado solamente a tres meses de prisión.

Volviendo al tema principal, puedo asegurar que el Surah Fatihah está tan repleto de verdades, sutilezas y conocimiento, que si se plasmaran por escrito, sería imposible compilarlos en un solo tomo. Reflexionemos sólo sobre el significado de la oración profunda,60 enseñada en este capítulo. Esta oración, que posee un significado de gran alcance, es la clave de todos los objetivos espirituales y materiales.

Nunca podremos conocer la verdadera esencia de ninguna cosa, ni obtener beneficio de ella, si no encontramos un camino recto que nos ayude a descubrirla. Los asuntos del mundo son intrincados y complejos, ya sea con respecto a responsabilidades relacionadas con el gobierno y la administración, o relacionadas con el combate, la batalla y la guerra; con las sutilezas de la ciencia natural y la astronomía; con el método de diagnóstico y tratamiento en el campo de la medicina, o con el comercio y la agricultura. El éxito en cualquiera de estos campos es difícil, o incluso imposible, si no se halla una solución clara que permita abordar el tema en cuestión. Al tropezar con dificultades, el hombre sensato se ve obligado a reflexionar, día y noche, durante largas horas en la búsqueda de una solución al problema. Toda profesión e invención, o cualquier otro asunto intrincado y complejo requieren un enfoque correcto para su ejecución satisfactoria. Por ello, para alcanzar el éxito en objetivos mundanos o religiosos, la oración más eficaz es la que implora para encontrar el camino recto. Cuando se aborda cualquier tarea desde el ángulo correcto, se consigue ciertamente el objetivo propuesto, con la gracia divina. Dios, a través de Su poder y sabiduría, ha establecido el modo apropiado de lograr cualquier cosa. Por ejemplo, no es posible el tratamiento de ningún enfermo, si no existe un enfoque efectivo del diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, que lleve a la convicción de que el curso de acción adoptado es el correcto. De hecho, de no adoptarse un método correcto para lograr el objetivo en cuestión, no es posible conseguir nada en este mundo. Así pues, del mismo modo en que es necesario andar primero por el camino recto para alcanzar el éxito en los asuntos mundanos, igualmente, para llegar tener amistad con Dios y merecer Su amor y gracia, ha sido necesario adoptar el camino recto desde tiempo inmemorial. Por lo tanto, al principio de la Surah Al-Baqarah, el capítulo que sigue al Surah Fatihah, Dios dice:61 que significa: “el camino para alcanzar las bendiciones es el que Nosotros presentamos”.62

Por lo tanto, la súplica63 es una oración completa que dirige la atención del individuo hacia el hecho de que en tiempos de dificultad, material o espiritual, lo primero que debe buscar el hombre es el camino recto que conduce a la consecución de su objetivo. Es decir, ha de buscar un camino despejado y directo para alcanzar la meta sin obstáculos; para que el corazón se llene de certeza y se libere de las dudas. Sin embargo, según las ordenanzas del Evangelio, el que suplica por el pan no saldrá a la búsqueda de Dios porque su objetivo es recibir el pan. Una vez alcanzado el objetivo, ¿de qué les sirve Dios? Esta es la razón por la cual los cristianos se han desviado del camino recto, y han adoptado una creencia muy desvergonzada, la de convertir a un mero mortal en Dios. Seguimos sin entender qué tipo de superioridad ostentaba el Mesías hijo de María que les haya dado la idea de deificarle. La mayoría de los profetas que aparecieron anteriormente a él, como Moisés, Eliseo y el profeta Elías, le superaron en milagros. Juro por Dios en cuyas manos está mi vida que si el Mesías, hijo de María, hubiera vivido en mi época, no hubiera conseguido hacer, en absoluto, nada de lo que yo puedo hacer, ni hubiera podido, en ningún momento, mostrar mayores señales que las que por mí se están manifestando64, y hubiera comprobado que Dios me ha bendecido en mayor medida que a él. Al ostentar yo este rango, cabe imaginar el rango que ha sido otorgado al Santo Profetasa, en cuya servidumbre yo he aparecido.

En asuntos como estos no no hay motivo para los celos o la envidia. Dios hace lo que desea. Aquellos que se oponen a la voluntad divina no sólo se verán frustrados en sus intentos, sino que después de su muerte serán enviados al infierno. Desgraciados son los que han convertido a un humilde mortal en Dios; desgraciados los que no aceptan a un profeta elegido por la divinidad.

Bienaventurados sean los que me han reconocido. De todos los caminos que conducen a Dios, yo soy el último; y de todas Sus luces soy la última. Desgraciado es aquel que me rechaza, porque aparte de mí no existe nada salvo la oscuridad.

El segundo medio de orientación para los musulmanes es la Sunnah, es decir, el ejemplo práctico que ofreció el Santo Profeta Muhammad, la paz sea con él, para dilucidar los preceptos del Santo Corán. Por ejemplo, el Santo Corán no especifica el número de rakats (partes de la oración) de las cinco oraciones diarias que han de observarse por la mañana, o en las distintas horas del día. Sin embargo, la Sunnah lo ha aclarado todo. Ahora bien, no hay que confundir a la Sunnah con el Hadiz. Los Hadices o tradiciones se recopilaron siglo y medio después [de la venida del Santo Profeta], mientras que la Sunnah ya existía en la época del Santo Corán. Después del Corán, la Sunnah es una gran merced dispensada a los musulmanes. Dios y Su Apóstol tenían primordialmente dos responsabilidades: En primer lugar, Dios transmitió al mundo Su voluntad a través de Su Palabra, revelando el Corán. Esta era la obligación de la ley divina. En cuanto al Santo Profetasa, su obligación era mostrar al mundo esta Ley divina mediante su ejemplo práctico, exponiéndolo claramente a la gente. De esta forma, hizo una demostración práctica de Su palabra y, a través de su Sunnah, es decir, su práctica, resolvió asuntos de complejidad y dificultad. Sería erróneo sugerir que esta función correspondía al Hadiz, ya que el Islam se había establecido en la tierra mucho antes de aparecer el Hadiz.65¿Acaso la gente no cumplía la oración, ni ofrecía limosna, ni efectuaba la peregrinación, ni tampoco distinguía lo lícito de lo ilícito antes de ser recopilados los Hadices?

No cabe duda que el tercer medio de dirección para los musulmanes es el Hadiz (tradiciones), pues aclara cuestiones relacionadas con la historia, ética y jurisprudencia islámica. Además, la mayor ventaja del Hadiz es que juega el papel de auxiliar en relación con el Corán y la Sunnah. Los que no honran debidamente al Corán consideran al Hadiz como una autoridad superior al Corán, al igual que los judíos hicieron con sus tradiciones.

Por el contrario, yo declaro que el Hadiz está al servicio del Corán y también de la Sunnah. Es evidente que la dignidad del amo aumenta al disponer de servidores. El Corán es la Palabra de Dios y la Sunnah es la práctica del Mensajero de Al’lah. Los Hadices son un testimonio adicional en apoyo de la Sunnah. Es erróneo sugerir que los Hadices son una autoridad para el Corán (que Dios nos perdone). Si el Corán tuviera algún juez, este sería el mismo Corán. El Hadiz, que se basa en cierta forma en conjeturas, nunca puede actuar de juez sobre el Corán, ya que solo sirve de prueba testimonial. El Corán y la Sunnah desempeñan la tarea fundamental, mientras que el Hadiz sirve como soporte testimonial. ¿Cómo puede el Hadiz erigirse en juez sobre el Corán, cuando el Corán y la Sunnah guiaban al mundo en una época en la que no existía ni rastro de este ficticio juez? No digáis, pues, que el Hadiz es una autoridad sobre el Corán, sino más bien que es un testimonio que confirma y respalda la verdad del Corán y de la Sunnah. Aunque la Sunnah expone el significado del Corán y es el medio a través del cual el Santo Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, guiaba a sus Compañeros a través de su ejemplo práctico, el término Sunnah no se refiere al conjunto de relatos que se compilaron aproximadamente siglo y medio después, ya que estos relatos se denominan Hadiz. La Sunnah es el ejemplo práctico que los musulmanes piadosos mostraron ya desde un principio, y que miles de musulmanes han seguido. Aunque es cierto que el Hadiz en su mayor parte está basado en conjeturas, el Hadiz que no contradiga al Corán, debe ser aceptado, pues representa un firme apoyo al Libro Santo y a la Sunnah, y también encierra un valioso material de preceptos islámicos. Por lo tanto, menospreciar al Hadiz equivale a cortar un miembro del cuerpo islámico. No obstante, si apareciera un Hadiz contrario al Corán o a la Sunnah, o contrario a otro Hadiz que concuerda con el Corán, o con el libro del Hadiz Sahih Bujari (verídico), no deberá aceptarse, pues tal hecho implicaría un rechazo al Corán y a las demás tradiciones concordantes con el Corán. Estoy seguro de que ninguna persona justa tendrá la osadía de aceptar un Hadiz contrario al Corán, la Sunnah, o a otros Hadices fieles al Corán.

De todas formas, debéis valorar los Hadices e intentar beneficiaros de ellos, porque proceden del Santo Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, y no debéis rechazarlos a menos que el Corán y la Sunnah los rechacen. Es más: debéis seguir el Hadiz con tal diligencia, que marque la pauta de vuestra conducta, pensamiento y acción. Sin embargo, si apareciera algún Hadiz que fuera contrario al Corán, debéis reflexionar sobre su interpretación para intentar compaginarlo, pues es posible que la aparente contradicción se deba a un error vuestro. Sin embargo, si no conseguís resolver la discrepancia, debéis descartar tal Hadiz, pues no es la palabra del Santo Profetasa. Por otro lado, si existiera algún Hadiz de carácter dudoso que, no obstante, coincidiera con el Corán, debéis aceptarlo por estar respaldado por el Corán. Mas si hubiera algún Hadiz que contuviera alguna profecía, al que los expertos consideraran dudoso, pero cuya profecía se cumpliera, en vuestra época o posteriormente, debéis aceptar ese Hadiz como auténtico, y considerar que quienes lo rechazaron por considerarlo dudoso, estaban equivocados o mintieron. Los Hadices que contienen profecías son numerosos, pero la mayoría son dudosos, defectuosos o inventados, según el criterio de los expertos del Hadiz. Por lo tanto, si rechazáis un Hadiz cuya profecía resulta verdadera, alegando que es defectuoso, o porque la persona que lo transmitió no era digna de crédito, estaréis pecando de incredulidad al rechazar un Hadiz cuya veracidad ha sido confirmada por Dios. Reflexionad por un momento: si existieran miles de Hadices semejantes, de carácter dudoso para los expertos, pero cuyas profecías resultaran verdaderas ¿declararíais como deficientes a tales Hadices, desechando de esta forma miles de argumentos a favor del Islam? En tal caso, os contaríais entre los enemigos del Islam. Dios Todopoderoso dice en el Corán:66

Por consiguiente, nadie excepto un profeta puede ser receptor de una verdadera profecía. En este caso ¿no es más piadoso atribuir el error al transmisor que consideró dudoso al Hadiz, que achacar a Dios la equivocación de cumplir una profecía falsa? Debéis aceptar al Hadiz, aunque sea considerado de carácter dudoso, siempre y cuando no contradiga al Corán, a la Sunnah, y a otros Hadices que corroboran el Corán. En cualquier caso, se requiere mucha precaución a la hora de aceptar un Hadiz, pues están en boga un gran número de ellos que han sido causa de discordia en el Islam. Cada secta presenta distintas narraciones al gusto de sus propias creencias, hasta el punto de dar distintas formas a algo tan claro e inconfundible como es la oración, debido a las distintas versiones halladas en los Hadices. Algunos recitan «amén» en voz alta, mientras otros lo hacen en voz baja; algunos recitan el Surah Al-Fateha siguiendo al Imam, mientras que otros piensan que esto invalida la oración; algunos cruzan los brazos a la altura del pecho, mientras que otros lo hacen sobre el vientre, etc. La verdadera causa de estas discrepancias recae en el Hadiz.67

De hecho, la Sunnah sólo mostró un único modo de práctica. la causa de tales variaciones en la práctica fueron las narraciones interpoladas. Del mismo modo, la falsa interpretación del Hadiz ha sido motivo de perdición para mucha gente, incluyendo a los chiitas. Si hubieran aceptado la autoridad última del Corán, el Surah Nur [el capítulo de la luz] hubiera sido suficiente para iluminarlos, pero encontraron la perdición a causa de los Hadices. Los judíos fariseostambién se destruyeron del mismo modo en la época del Mesías.68 Habían abandonado la Torá durante largo tiempo y sostenían, según su creencia — que mantienen incluso en la actualidad— que la tradición oral constituía una autoridad sobre la Torá. Muchas de sus tradiciones establecían que su Mesías Prometido no aparecería hasta que Elías descendiera físicamente del cielo. Por lo tanto, tropezaron gravemente a causa de estas tradiciones, pues al buscar respaldo en ellas, fueron incapaces de aceptar la interpretación del Mesías, que anunció que Elías se refería a Juan el Bautista, que hubo aparecido en el espíritu y la semejanza de Elías, y como reflejo espiritual de su carácter. *

Por lo tanto, la razón de todos sus tropiezos fueron sus tradiciones orales, que ocasionaron finalmente la pérdida de su fe. También es posible que hubieran dado una interpretación errónea a estas tradiciones, o que los hombres adulteraran tales narraciones. Los musulmanes ignoran, posiblemente, que los judíos que rechazaron al Mesías fueron precisamente los Ahl-e-Hadiz de su época. Fueron ellos los que se sublevaron en contra suya; los que le acusaron de incredulidad, declarándolo infiel; y los que le calumniaron alegando que rechazaba los libros divinos; pues, según ellos, Dios había profetizado la segunda venida de Elías, y este hombre trataba de malinterpretar la profecía ofreciendo una exégesis disparatada, carente de evidencia.69No solo llamaron al Mesías incrédulo, sino también hereje; y afirmaron que de ser verdadera esta persona, entonces toda la religión mosaica sería falsa. Era una época de superstición e ignorancia, en la que el pueblo era engañado con falsas tradiciones. Por lo tanto, al leer el Hadiz, se observa cómo un pueblo del pasado, por el hecho de conceder mayor autoridad a las tradiciones que a la Torá llegó al extremo de rechazar a un verdadero Profeta acusándolo de hereje y anticristo.

Sahih Bujari, no obstante, es un compendio de Hadices de gran valor, y una bendición para los musulmanes. En esta recopilación es donde se expone claramente que Jesús, la paz sea con él, ya falleció. Asimismo, Muslim y otros libros del Hadiz constituyen también un tesoro de conocimiento religioso y de entendimiento, y es obligatorio seguir estas tradiciones, siempre que no contradigan al Corán, la Sunnah o a los Hadices que concuerdan con el Corán.

Vosotros, los que buscáis a Dios: Prestad atención a mis palabras: Nada se puede comparar con la certeza. La certeza es lo único que nos libera del pecado; la certeza es lo único que infunde vigor para hacer el bien; la certeza es lo único que alienta el verdadero amor a Dios. ¿Pretendéis evitar el pecado si no tenéis certeza? ¿Pretendéis controlar vuestras pasiones sin la ayuda de la certeza? ¿Aspiráis a alcanzar la paz sin ayuda de la certeza? ¿Pretendéis experimentar cambios puros sin ayuda de la certeza? ¿Conseguiréis lograr el auténtico bienestar sin la certeza? ¿Creéis que existe bajo el cielo algún tipo de redención que os pueda liberar del pecado? ¿Acaso la supuesta expiación del hijo de María os eximirá del yugo del pecado? Seguidores de Cristo: absteneos de proferir una mentira que puede hacer saltar la tierra en pedazos. Incluso el mismo Jesús tuvo que recurrir a la certeza para su propia salvación, y fue salvado gracias a su certeza.

Desdichados los cristianos que engañan a la creación diciendo que han sido redimidos a través de la sangre del Mesías, cuando ellos mismos se hallan sumergidos en el pecado de la cabeza a los pies. No saben quién es su Dios. Sus vidas discurren con negligencia. Se embriagan de vino, pero desconocen la embriaguez pura que desciende del cielo, y son totalmente ajenos a los parabienes de una existencia purificada al lado de Dios y de los frutos de una vida santa.

Tened presente que sin ayuda de la certeza no lograréis salir de la oscuridad, ni recibir al Espíritu Santo. Bienaventurados son los que tienen fe, porque podrán contemplar a Dios. Bienaventurados los que se liberan de la duda e incertidumbre porque serán librados del pecado. Bienaventurado seas tú, cuando recibas el tesoro de la fe, porque con él se borrarán tus pecados. La fe no puede coexistir con el pecado. ¿Introduciríais la mano en un agujero sabiendo que contiene serpientes venenosas? ¿Permaneceríais al lado de un volcán en erupción; en un paraje fulminado por los rayos; o junto a un feroz león; o donde la peste hace estragos? Si tuvierais la misma convicción sobre Dios que tenéis sobre la serpiente, el rayo, el león o la peste, no osaríais rebelaros contra los mandamientos divinos, incurriendo en el castigo, ni tampoco romperíais la relación de sinceridad y fidelidad que os une a Él.

Vosotros, que habéis sido invitados hacia el bien y la piedad: Sabed con certeza que sólo os sentiréis atraídos hacia Dios y lograréis purificaros de la mancha del pecado, cuando vuestros corazones se llenen de certeza. Posiblemente afirméis que ya la habéis adquirido, pero estáis sufriendo un engaño. No poseéis nada de fe, pues no reunís las condiciones para ello. La razón es que no os abstenéis del pecado. No progresáis como es debido, ni tampoco teméis a Dios como debe ser temido. Reflexionad por un momento: ¿Quién introduciría la mano en un agujero sabiendo que está lleno de serpientes venenosas? ¿Quién consumiría a sabiendas una comida envenenada? ¿Quién penetraría temerariamente y sin precauciones en una selva, sabiendo con seguridad que está plagada de fieras? ¿Cómo es posible que vuestras manos y pies, y vuestros oídos y ojos, se atrevan a pecar teniendo la certeza de la existencia de Dios y de Su retribución? El pecado no puede vencer a la certeza. Nunca os arrojaríais a un fuego ardiente y desolador sabiendo que os reduciría a cenizas. Las cúpulas de la certeza se elevan hasta el cielo, donde Satanás nunca podrá llegar. La certeza es la que purifica a la persona. La certeza otorga fuerzas para afrontar el sufrimiento, hasta el punto de hacer abdicar a reyes del trono y a soportar las tribulaciones de la pobreza. La certeza atenúa todo tipo de angustia. La certeza es la que nos ayuda a ver a Dios. Cualquier “expiación” es falsa y cualquier “redención” vana, pues toda la pureza proviene de la senda de la certeza. La certeza libera al hombre de la esclavitud del pecado y le conduce a Dios, hasta el punto de hacerle superar a los mismos ángeles en perseverancia y sinceridad. Cualquier religión incapaz de inculcar la certeza es falsa. Cualquier religión incapaz de mostrar realmente a Dios es falsa, y cualquier religión que se apoye solamente en antiguas leyendas es falsa.

El Dios de hoy es el mismo de antes; Sus poderes son los mismos de siempre, y Su capacidad de mostrar prodigios es la misma de antaño. ¿Por qué os conformáis, pues, con meras leyendas? La religión cuyos milagros y profecías del pasado se reduce a meras fábulas es una religión muerta. La comunidad que no conoce a Dios, y que no se ha purificado por Su mano a través de la certeza, está al borde de la destrucción.

Así como los seres humanos se sienten atraídos internamente hacia los placeres que anhelan, del mismo modo, la gente se siente atraída hacia Dios al experimentar la dulzura espiritual que emana de la certeza, y es tal la fascinación que Su belleza les produce, que todo lo demás les resulta intrascendente. El hombre sólo consigue librarse del pecado, cuando adquiere un conocimiento certero acerca de la existencia de Dios, de Su Poder, y de la retribución divina. La raíz de la temeridad es la ignorancia. No es posible que aquel que obtiene la percepción espiritual a través de la certeza, sea temerario. Nadie permanecerá en su vivienda si sabe que está a punto de ser arrasada por una inundación, o destruida por un incendio, si descubre un punto de escape. ¿Cómo es posible, pues, que permanezcáis impasibles en vuestra arriesgada situación, habiendo declarado estar seguros de la retribución divina? Abrid, pues, los ojos y contemplad la Ley divina que rige al mundo. No seáis como ratas que escarban bajo tierra, sino palomas que aman el fresco aroma de los cielos. No persistáis en el pecado después de jurar arrepentimiento. No imitéis a las serpientes que siguen siendo serpientes, aunque cambien de piel. Recordad la muerte, que os acecha mientras pues estáis despreocupados. Intentad purificaros y recordad que sólo cuando os transforméis totalmente alcanzaréis al Ser Puro. ¿Cómo podréis alcanzar esta bendición? El mismo Dios nos responde en el Corán:70

Es decir, implorad la ayuda divina con perseverancia y la oración. ¿Qué es la oración? Es la plegaria dirigida a Dios con un espíritu de humildad que le suplica, alaba y glorifica, a la vez que implora Su perdón, y solicita Sus bendiciones para el Santo Profetasa. Así pues, cuando os dispongáis a rezar, no lo hagáis con la inconsciencia del que sólo recita palabras en árabe, pues tales oraciones y alabanzas no son más que ritos desprovistos de sentido.

Cuando ofrezcáis la oración, aparte de recitar los versículos del Corán que son la Palabra de Dios, y las oraciones enseñadas por el Santo Profeta, que son las palabras del Mensajero, debéis dirigir vuestras súplicas en vuestra propia lengua con sincera humildad para que produzcan un mayor efecto en el corazón.

¿Qué son las cinco oraciones diarias? Son un reflejo de vuestras distintas condiciones. Vuestra vida está marcada por cinco cambios de estado, que sobrevienen en épocas de tribulaciones y es esencial que los experimentéis.

La primera de ellas es la que se produce cuando estáis a punto de padecer una calamidad. Supongamos, por ejemplo, que se emite un mandato judicial que requiere vuestra presencia ante los tribunales. Este es el primer estado, que perturba vuestra serenidad y tranquilidad. Este estado se asemeja al momento en que el sol comienza a declinar, en el que vuestro ánimo comienza a decaer. Correspondiente a esta condición se ha prescrito la oración de Zuhr, en cuyo momento comienza al declinar del sol.

La segunda condición la experimentáis cuando os aproximáis al lugar de la calamidad. Por ejemplo, cuando tras haber sido detenidos por orden judicial, sois llevados ante el juez. Es cuando os invade un profundo temor, y tenéis la sensación de que la luz de la esperanza está a punto de extinguirse. Esta condición se asimila al momento en que la luz del sol se atenúa y el sol puede visualizarse directamente, siendo evidente que se acerca el momento del ocaso. A esta condición espiritual le corresponde la oración de Ásar.

La tercera condición es cuando perdéis toda esperanza de libraros de la calamidad. Por ejemplo, cuando tras exponerse la evidencia de la parte acusadora cuyo propósito es destruiros, sois acusados del delito y se prepara el veredicto. En este momento estáis a punto de perder el sentido y os sentís prisioneros. Esta condición se parece al momento de la puesta del sol, en que se disipa cualquier esperanza de ver la luz del día. Ese estado espiritual se refleja en la oración de Maghrib.

La cuarta condición corresponde al momento en que sobreviene la calamidad y su oscuridad profunda os envuelve por completo. Por ejemplo, cuando, tras la evidencia de las pruebas y el testimonio de los testigos, sois sentenciados y condenados, y entregados a la policía para quedar bajo custodia. Esta condición se asemeja al momento de la caída de la noche, en que prevalece una profunda oscuridad. La oración de Isha corresponde a esta condición espiritual.

Tras transcurrir cierto tiempo sumidos en la aflicción, surge la merced divina que os saca de la oscuridad, como el alba que predomina sobre la oscuridad de la noche y da paso al resplandor de la luz del día. La oración del Fáyar corresponde a esta condición espiritual.

En vista de vuestros cinco estados variables, Dios Todopoderoso os ha prescrito cinco oraciones. De esta manera entenderéis que tales servicios han sido prescritos para el beneficio de vuestra propia alma. Si deseáis protección contra estas calamidades no mostréis negligencia respecto a las cinco oraciones diarias, pues constituyen un reflejo de vuestra condición interna y espiritual. La oración es el remedio para las tribulaciones futuras. Desconocéis el destino que os depara el nuevo día. Por lo tanto, antes de que amanezca, implorad a vuestro Señor con humildad para que el nuevo día os procure bondad y bendiciones.

A vosotros me dirijo, poderosos, reyes y adinerados: Muy pocos de entre vosotros temen al Señor y son piadosos en todos los aspectos. La mayoría de vosotros os desvivís por las riquezas y posesiones de este mundo. En ese afán discurre vuestra existencia y no pensáis en la muerte. Cualquier hombre rico que no observa la oración y hace caso omiso de Dios, será responsable de los pecados de sus subordinados. Cualquier hombre rico que beba alcohol será culpable de los pecados de cuantos subordinados compartan con él la bebida.

¡Insensatos! Este mundo no es un lugar permanente. ¡Precaveos! Abandonad todos los excesos y absteneos de todos los intoxicantes, pues el alcohol no es lo único que arruina al hombre. El opio, ganya, charas, bhang, tarhi,71o cualquier otro estupefaciente adictivo, también degenera la mente, acarreando finalmente la destrucción. Absteneos pues, de estas sustancias. No comprendo por qué os empeñáis en consumir tales drogas, sabiendo que, cada año siguen cobrando las vidas de miles de adictos,72 sin mencionar el tormento del Más Allá.

Volveos piadosos para vivir una larga vida y ser acreedores de las mercedes divinas. El que está abismado en el lujo y el desenfreno vive una vida maldita. El que muestra insolencia o desconsideración, vive una vida maldita. El que hace caso omiso a Dios y no muestra compasión hacia sus siervos, vive una vida maldita. Cualquier hombre rico será interrogado acerca de sus obligaciones ante Dios y ante los hombres de igual forma que cualquier pobre, o incluso en mayor medida. Desafortunado es aquel que deposita todas sus esperanzas en esta corta vida y vuelve la espalda a Dios; el que hace uso de las cosas prohibidas con tanta imprudencia como si le estuvieran permitidas; quien, cuando se enfurece, se dispone a ofender, insultar, herir e incluso a matar como un demente a los que le rodean; y quien, cegado por sus instintos llega a cometer los actos más obscenos. Esta persona, no hallará la auténtica felicidad hasta que no le llegue la muerte.

Queridos compañeros: habéis venido a la tierra para unos pocos días, de los cuales una gran parte ya ha transcurrido. No enojéis a vuestro Señor. Un simple gobierno temporal os podría destrozar si se enojara con vosotros. ¿Imagináis cómo podréis escapar a la ira de Dios Todopoderoso? Si ante los ojos divinos sois piadosos, nadie os podrá aniquilar, pues Él estará allí para protegeros, y ningún enemigo que amenace vuestra vida os logrará alcanzar. De lo contrario, nadie os protegerá. Viviréis en medio de la angustia, ya sea temiendo al enemigo, o sumidos en desdichas; y vuestros días terminarán en medio del pesar y la ira.

Dios se convierte en refugio de aquellos que acuden a Él. Venid, pues, a Él, y abandonad todo tipo de oposición a Él. No seáis indolentes en el cumplimiento de vuestras obligaciones hacia Él, y absteneos de oprimir a Sus siervos73con vuestras manos o palabras, y temed la ira y la maldición del cielo, ya que este es el único camino de la verdadera salvación.

Eruditos del islam: No os apresuréis a rechazarme. Existen muchos misterios que el hombre no puede comprender fácil-mente. No os dispongáis a rechazar inmediatamente lo que tengo que decir, pues este no es el camino de la piedad. Si no hubierais errado, ni hubierais interpretado mal los hadices, la venida del Mesías, que es el Mediador, hubiera sido en vano. Ya ha quedado establecido un precedente, pues los judíos del pasado enfatizaron y argumentaron exactamente lo mismo que vosotros, y al igual como aguardáis vosotros la segunda venida de Jesús, la paz sea con él, ellos esperaron también la segunda venida del Profeta Elías. Afirmaron que el Mesías sólo aparecería después del descenso físico del Profeta Elías, que fue elevado al cielo, y que aquel que afirmara ser el Mesías antes de la venida del Profeta Elías era un embustero. Basaron esta creencia no sólo en sus hadices, sino que además citaron las escrituras divinas —el libro de Malaquías— en apoyo de sus afirmaciones.

Pero cuando Jesús, la paz sea con él, afirmó ser el Mesías que se prometió a los judíos, y Elías no descendió, a pesar de esta aparente condición previa, se hizo evidente que todas estas doctrinas de los judíos eran falsas. Quedó claro que la creencia de los judíos de que el Profeta Elías bajaría físicamente del cielo implicaba en realidad que aparecería otra persona que reflejaría su espíritu y carácter. De hecho, esta fue la interpretación que hizo el mismo Jesús, a quien ahora intentan hacer descender del cielo. ¿Vais a tropezar de nuevo en el mismo sitio donde tropezaron los judíos? En vuestro país habitan miles de judíos. Deberíais preguntarles si su creencia es exactamente la misma que la que exponéis vosotros. ¿Por qué el Dios que no hizo descender al Profeta Elías por la causa de Jesús -teniendo los judíos que recurrir a interpretaciones-, haría descender a Jesús para vosotros? Estáis rechazando el veredicto de la misma persona que habéis bajado del cielo. Si tenéis dudas, podéis inquirir a alguien de entre los cientos de miles de cristianos de este país, o consultar el Evangelio. ¿Acaso no es cierto que el mismo Jesús afirmó que Juan el Bautista era en realidad la segunda venida de Elías, frustrando así las esperanzas de los judíos? Si fuera preciso que el Profeta Jesús descendiera ahora del cielo, Jesús, en tal caso no podría ser considerado como un profeta verdadero, pues si el Sunnatul-ah (la práctica establecida por Al’lah) hiciera regresar a los profetas desde el cielo, ¿por qué Elías no regresó, y por qué se indicó que Juan era Elías en base a la interpretación? Quienes están dotados de entendimiento, deberían reflexionar sobre ello.

Además, vuestra creencia respecto a la segunda venida de Jesús —que descenderá de los cielos para unirse al Mahdi con el fin de convertir a la gente al Islam por medio de la coacción— es una creencia que denigra al Islam. ¿Dónde menciona el Sagrado Corán que esté permitida la violencia? Muy al contrario, dice:74que significa: “Nada de coacción en lo que respecta a la religión”. ¿Por qué se ha de autorizar al hijo de María a utilizar la violencia hasta el punto de obligar a la gente a aceptar el Islam o enfrentarse a la muerte, sin siquiera aceptar la Yizyah? En qué lugar, parte o capítulo75del Santo Corán se prescribe algo semejante? El Corán menciona repetidas veces que no está permitida la violencia en asuntos de religión, y es contundente al afirmar que las batallas que se emprendieron en la época del Santo Profeta no fueron para la propagación del Islam por la fuerza, sino que, al contrario, fueron de naturaleza retributiva, es decir, que sirvieron de represalia justificada contra aquellos que asesinaron, torturaron sin piedad y expulsaron de sus hogares a un gran número de musulmanes, tal como dice Dios el Exaltado:76

Es decir, se concede permiso para combatir a aquellos musulmanes que han sido atacados por los infieles, porque han sido oprimidos injustamente, y Dios tiene el poder de ayudarlos. También se emprendieron guerras defensivas contra aquellos que intentaron erradicar el Islam o impedir su propagación; así como para defender las libertades legítimas del país. El Santo Profetasa, y sus benditos Califas jamás emprendieron guerra alguna que no se atuviera a estas tres razones. De hecho, los musulmanes soportaron hasta tal punto las injusticias de otros pueblos, que no es posible hallar semejante ejemplo en la historia de las naciones. ¿Qué derecho tienen, pues, Jesús el Mesías y el Mahdi para venir y empezar a asesinar a la gente, sin aceptar siquiera la Yizya del Pueblo del Libro? En tal caso, abrogarían el versículo:77

¿Qué clase de defensores del Islam serán los que a su llegada comienzan a abrogar versículos del Corán que fueron válidos en la época del Profeta, la paz y bendiciones de Al’lah sean con él, sin que esta revolución afectara al Jatm-e-Nubuwwat [el Sello de la Profecía]?

Hoy, después de haber transcurrido 1300 años desde la época del Santo Profeta, el Islam se halla dividido internamente en setenta y tres sectas. La tarea de un verdadero Mesías debería ser la de conquistar los corazones mediante los argumentos. y no por la espada, y romper el credo de la cruz a través de argumentos irrefutables y poderosos, en lugar de dedicarse a romper cruces hechas de oro, plata, latón y madera. El uso de la fuerza sólo serviría para demostrar que no poseéis ningún argumento en apoyode vuestro punto de vista.78 Las personas ignorantes y crueles, cuando son derrotadas en las discusiones, tienden a extender la mano para sacar la espada o el rifle. Sin embargo, la religión que recurre a la espada para propagar su mensaje no puede proceder de Dios Todopoderoso. Si no os abstenéis de tal Yihad, y el punto de vista expuesto arriba os enfurece hasta el punto de calificar a los justos de “anticristos” y “herejes”, terminamos nuestra discusión con dos frases:79

En esta época de división interna y disensiones, ¿a cuántas personas atacará con la espada vuestro Mesías y Mahdi imaginario? ¿No consideran acaso los sunitas que hay que levantar la espada contra los chiitas ? ¿Y no creen los chiitas que los sunitas merecen ser aniquilados por la espada? Por lo tanto, si según la creencia común, cada secta considera a las demás como dignas de castigo, ¿en cuántos frentes de batalla emprenderá cada secta la Yihad? Recordad, sin embargo, que Dios no necesita espada. Él hará florecer a su religión en la tierra a través de señales celestiales, y nadie podrá impedirlo. Y recordad que Jesús nunca descenderá de nuevo. La confesión que hará en el Día del Juicio, como se menciona en el versículo80 muestra claramente que no volverá aparecer en el mundo. En el Día del Juicio, dirá que ignoraba el descarrío de los cristianos. De haber regresado al mundo antes del Día del Juicio, ¿hubiera acaso dado esta misma respuesta, es decir, que no sabía nada de la decadencia de los cristianos? Por lo tanto, este versículo demuestra que él admitió claramente que no retornaría de nuevo al mundo, pues de haber vuelto a la tierra antes del Día del Juicio, y de haber vivido en ella durante cuarenta años, hubiera proferido una mentira ante Dios Todopoderoso al declarar que no tenía ningún conocimiento del estado de los cristianos. Debería haber informado, por el contrario, que en el momento de su segunda venidase encontró con aproximadamente cuatrocientos millones de cristianos en el mundo, y que estaba bien informado de su extravío, y que merecía una recompensa por haber convertido a todos los cristianos al Islam, y por romper sus cruces. Constituiría una grave mentira por parte de Jesús afirmar no tener conocimiento del tema.

En resumen, este versículo registra una declaración clara del Mesías, que establece que nunca volverá al mundo. La verdad es que el Mesías ha fallecido81y su tumba está situada en Mohal-la Janyar de Srinagar.82 Ahora, el mismo Dios descenderá y luchará contra los que luchan contra la verdad. La lucha divina no merece objeción alguna, pues lo hace manifestando Sus señales. Sin embargo, la lucha de los seres humanos es inaceptable porque lo hacen para exhibir la fuerza física.

Me dan lástima estos molvis [clérigos musulmanes], pues si poseyeran integridad moral hubieran quedado plenamente satisfechos volviendo al camino de la piedad. Dios ha consolado ciertamente a las almas que son puras. Sin embargo, los que han sido creados del mismo polvo que Abu Yahl siguen los mismos pasos que él pisó.

Un molvi de Mirut me ha enviado una notificación por correo certificado, en la que informa que los Nadwat-ul-Ulama están celebrando una conferencia en Amritsar, y sugiere que se celebre allí un debate. Sin embargo, quiero aclarar que si mis oponentes abrigaran buenas intenciones, y no estuvieran obsesionados con la victoria o la derrota, no hubieran tenido necesidad alguna de recurrir a Nadwah u otros de su índole para estar tranquilos. En mi opinión, los eruditos religiosos de Nadwah no son distintos a los de Amritsar. Todos hacen gala de las mismas doctrinas, el mismo carácter y la misma disposición, y todos tienen plena libertad para venir a Qadian, no para debatir, sino para escuchar lo que tengo que decir en la búsqueda de la verdad. Si tienen alguna duda, pueden tratar de disiparla con humildad y respeto. Tales personas serán tratadas como huéspedes durante su estancia en Qadian. No necesito la referencia de los Nadwah, ni tampoco necesito recurrir a su ayuda. Todos son enemigos de la verdad. Sin embargo, la verdad sigue extendiéndose en el mundo. ¿No es acaso un milagro extraordinario que Dios Todopoderoso me haya informado hace veinte años en Barahin-e-Ahmadía, por medio de la revelación, que la gente intentaría por todos los medios posibles hacerme fracasar, pero que, al final, Dios me concedería una gran comunidad? Esta revelación divina se remonta a una época en que no contaba con un solo seguidor. Posteriormente, cuando se publicó mi reivindicación, mis adversarios no escatimaron esfuerzos a la hora de oponérseme. Sin embargo, finalmente, mi comunidad se ha extendido de acuerdo con la profecía antes mencionada, y en la actualidad cuenta con más de cien mil seguidores en la India británica. Si los Nadwatul-Ulama fueran conscientes de la muerte, deberían consultar Barahin-e-Ahmadía y otros documentos oficiales pertinentes, y testificar si esto es o no un milagro. Después de habérseles presentado tanto el Corán como este milagro divino ¿de qué sirve tal debate?

En este país, los custodios de los santuarios y los descendientes de los santos están tan apartados de la religión y tan imbuidos en sus creencias fabricadas, que son absolutamente inconscientes de las dificultades y tribulaciones que padece el Islam. En lugar del Santo Corán y los libros del Hadiz, se pueden observar todo tipo de panderetas, violines, tambores, cantantes de Qawwali, etc. en sus reuniones, que no son otra cosa que innovaciones de la fe. A pesar de ello, se jactan de ser los guías de los musulmanes y los seguidores del Santo Profeta. Algunos usan incluso vestimentas de mujeres, se decoran las manos con henna y se adornan con brazaletes. En sus congregaciones, en lugar de recitar el Santo Corán prefieren recitar versos poéticos. Estas costumbres están tan arraigadas como el óxido, y parece imposible imaginar cómo pueden erradicarse. Pero, Dios Todopoderoso manifestará, sin duda, Sus poderes y acudirá en ayuda del Islam.