En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Parte 10, Ruku 13 3—

Traducción: Ciertamente, nada nos sobrevendrá salvo lo que Dios ha decretado para nosotros. Él es nuestro Señor y nuestro Maestro. Y sólo en Él deben los creyentes poner su confianza.

Se le debe gratitud al ilustre gobierno británico que, mostrando bondad a sus súbditos, ha aconsejado de nuevo la inoculación contra la peste, y ha asumido el gasto de cientos de miles de rupias para el bienestar de los siervos de Dios. En verdad, es deber de las personas prudentes acoger esta iniciativa con agradecimiento. Cualquiera que vea la vacunación con desconfianza es inmensamente necio, y enemigo de sí mismo, ya que se ha observado una y otra vez que este gobierno cauteloso es contrario a la administración de cualquier tratamiento nocivo, y se limita a prescribir solamente los remedios que han sido examinados a fondo, y han demostrado ser eficaces. Atenta contra la norma de la honestidad y el civismo atribuir segundas intenciones a un gobierno que ha gastado, y continúa haciéndolo, por simpatía genuina, cientos y miles de rupias y recursos en sus súbditos .

Desafortunados son los que llegan a tal grado de desconfianza. No cabe duda de que hasta ahora la vacunación es, con diferencia, el mejor remedio físico que el gobierno ha encontrado, y no se puede negar que este remedio ha demostrado ser eficaz. Es deber de todos los individuos hacer uso de los medios que están a su disposición para que puedan aliviar al gobierno del dolor que siente por ellos. No obstante, con el debido respeto, debemos decir a este amable gobierno, que de no haber existido una prohibición celestial para nosotros, habríamos sido los primeros entre sus súbditos en ser vacunados. La prohibición celestial consiste en que Dios desea mostrar en esta época una señal celestial de Su misericordia a la humanidad. Dirigiéndose a mí, ha dicho: “Tú y los que habitan en los cuatro muros de tu casa; aquellos que te siguen incondicionalmente y te obedecen, y que, en base a una auténtica piedad, se han convertido en devotos tuyos, estarán a salvo de la peste. Esta será una señal de Dios en los Últimos Días, para que Él pueda mostrar la distinción entre las personas. Pero los que no te siguen completamente, no te pertenecen. No te angusties por ellos”.

Esta es una directiva divina, por la cual yo mismo, y todos los que habitamos en las cuatro paredes de mi casa, no tenemos necesidad de ser vacunados, pues, como he mencionado, Dios —que es el Señor del cielo y de la tierra, por encima de Cuyo conocimiento y poder no existe nada— me reveló hace mucho tiempo que Él salvaría de la muerte por la peste a todo el que habite dentro de los cuatro muros de esta casa, siempre que abandone todo tipo de antagonismo, y realice el pacto del Bai’at4con toda sinceridad, sumisión y humildad. No será arrogante, mal intencionado, orgulloso, insensible ni vanidoso con respecto a los mandamientos divinos y Su Elegido, y su conducta estará en conformidad con mis enseñanzas. También me ha dicho que Qadian se salvará de los estragos de la peste que hace morir a las personas como perros, y les hace perder el juicio a causa del dolor y la confusión, y que, en general, los miembros de esta comunidad, por numerosos que sean, estarán a salvo de la peste en comparación con mis oponentes. Sin embargo, aquellos de mis seguidores que no cumplen plenamente con su promesa, o respecto a los cuales exista alguna razón oculta en el conocimiento divino, podrán ser presa de la peste. Pero al final, la gente quedará maravillada, y reconocerá, en comparación relativa, que el apoyo de Dios está con estas personas, y que Él las ha salvado mediante Su especial misericordia de una manera que no tiene precedentes.

Algunas personas desinformadas se sorprenderán al oír esto, otros se reirán, otros me tacharán de desequilibrado, y otros se preguntarán si realmente existe un Dios que pueda enviar Su misericordia sin recurrir a medios físicos. La respuesta es que sí, efectivamente; existe, sin duda, un Dios tan poderoso, pues de no serlo, quienes están próximos a Él habrían sufrido una muerte en su vida.

Él es sumamente Omnipotente y Sus santos poderes son maravillosos. Mientras, por un lado, Él permite que los oponentes ignorantes ataquen a Sus amigos como perros; por otro lado, Él ordena a los ángeles que les sirvan. De la misma manera, cuando se abate Su ira sobre el mundo, y se levanta Su cólera contra los malhechores, Dios vela y protege a Sus elegidos. Si no fuera así, toda la misión de la gente de Dios terminaría en el caos, y nadie sería capaz de reconocerles. Sus poderes son infinitos, pero se revelan a las personas en la medida de su fe. Él muestra milagros a aquellos que son bendecidos con la certeza y el amor, y cortan todos los lazos por Él, liberándose de sus malos hábitos. Dios hace lo que quiere, pero decide mostrar sus poderes milagrosos solamente a aquellos que renuncian a sus malos hábitos por Su causa. En este día y época, hay muy pocas personas que Le conocen y creen en Sus poderes extraordinarios. Por el contrario, hay muchos que no creen en absoluto en este Dios Todopoderoso, Cuya voz es escuchada por todo, y para Quien nada es imposible.

Deberíamos recordar aquí que recibir tratamiento para la peste u otras enfermedades no es un pecado. De hecho, según un Hadiz, no hay enfermedad para la cual Dios no haya creado un remedio. Sin embargo, considero un pecado poner en duda esta señal recurriendo a la vacunación, pues se trata de un signo que Dios desea manifestar claramente al mundo por nosotros. Por mi parte, por respeto a Su verdadera señal, y a Su verdadera promesa, no deseo recurrir a la vacunación. Si lo hiciera, incurriría en el pecado de no creer en la promesa que Dios me ha hecho. Si tuviera que beneficiarme de la misma, debería estar agradecido al médico que inventó la vacuna, y no a Dios que me prometió que protegería a todos los que habitan en esta casa.

Afirmo con la clara percepción de que las promesas del Dios Omnipotente son verdaderas. Y contemplo los días venideros como si ya hubieran aparecido. También estoy convencido de que el principal objetivo de este gobierno ilustre es proteger a la gente de la peste a través de cualquier medio, y si el gobierno descubriera un remedio más eficaz que la vacuna para la protección de la peste, lo adoptaría felizmente. Es evidente, pues, que el camino que Dios me ha ordenado seguir no está en conflicto con los objetivos de este gobierno ilustre.

Hace veinte años, en mi libro Barahin-e-Ahmadía se registró una profecía sobre esta gran calamidad de la peste, y que también contiene la promesa de bendiciones especiales para mi comunidad. Véase Barahin-e-Ahmadía páginas 518 y 519.

Además, Dios Todopoderoso ha afirmado claramente que librará de la aflicción de la peste a los habitantes leales de mi casa que no muestren arrogancia ante Él ni ante Su Elegido. En comparación con los demás, Dios concederá a esta comunidad un favor especial. Es posible que ocurran casos aislados en mi comunidad debido a la debilidad en la fe, por inacción, o porque la muerte llegue en el momento designado, o por otras causas conocidas por Dios. Sin embargo, instancias raras como éstas no pueden constituir la regla general. Siempre que se hace una comparación, se concede prioridad a la mayoría. El gobierno ha descubierto, después de cierta investigación, que quienes emplean la vacuna contra la peste tienen una menor tasa de mortalidad que los que no lo hacen. Por lo tanto, al igual que la muerte ocasional no resta valor a la vacunación, de manera similar, si existen casos esporádicos de peste en Qadian, o algunos miembros de esta comunidad mueren por la enfermedad, esto no ha de restar valor a la grandeza de esta señal. Esta profecía ha sido registrada de acuerdo con la Palabra impoluta de Dios. No es propio de una persona inteligente apresurarse a hacer burla del decreto celestial, porque es la Palabra divina y no la palabrería de un adivino. Proviene de una fuente de luz, y no de la penumbra de la conjetura. Estas son las palabras de Aquel que ha hecho acaecer la peste y que también tiene el poder de erradicarla.

Nuestro gobierno invariablemente dará credibilidad a esta profecía cuando compruebe, con asombro, que la gente de nuestra comunidad ha permanecido sana y salva de la peste en un número mucho mayor que el de los vacunados. Declaro con plena convicción que si esta profecía no se cumple exactamente como ha sido anunciada durante los últimos veinte o veintidós años, entonces yo no pertenezco a Dios. Como señal de que procedo de Al’lah, la gente sincera que habita dentro de los cuatro muros de mi hogar se verá protegida de la muerte por esta enfermedad. Y, en relación comparativa con los demás, toda mi comunidad se salvará de los embates de la peste. La seguridad que goza mi comunidad no será compartida por nadie más. A Qadian no llegará el terrible brote de la peste, que causa la devastación total salvo en circunstancias esporádicas. ¡Ay! Si este pueblo adoptara la piedad y el temor a Dios, se salvaría totalmente, pues ninguna calamidad se abate sobre nadie en este mundo debido a diferencias teológicas. Tales asuntos se decidirán en el Más Allá. El castigo sobreviene en el mundo a causa de la propagación del mal, el orgullo y el pecado desenfrenado. Cabe también recordar que el Santo Corán y otros libros de la Torá5, predicen que la peste brotará en la época del Mesías Prometido. De hecho, el Mesías, la paz sea con él, también lo anunció en el Evangelio y no es posible que las profecías de los Mensajeros sean revocadas.

Debe también tenerse en cuenta que, debido a esta promesa divina, es necesario evitar cualquier intervención humana, para que nuestros enemigos no atribuyan esta señal divina a otras instancias. Sin embargo, si aparte de esto, Dios Todopoderoso me revelara cualquier otro medio o remedio a través de Su palabra, tales medios o remedios no contravendrían esta señal, porque emanarían de Dios, quien ha manifestado esta señal. Nadie debería engañarse creyendo que si tiene lugar un caso aislado de muerte a causa de la peste dentro de mi comunidad, ello podría mermar la grandeza y el rango de esta señal. En tiempos antiguos, se ordenó a Moisés y Josué, y finalmente, a nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, matar por la espada a aquellos que tomaron la iniciativa de atacarles por la espada, y que derramaron la sangre de centenares de personas. Esto también constituyó una señal de los profetas, que después lograron una gran victoria. Sin embargo, a pesar de ello, los fieles también murieron por las espadas de los malhechores en el campo de batalla, aunque fueran muy pocos. Tal pérdida no fue lo suficientemente significativa como para mermar la grandeza de esta señal. En consecuencia, si en raras ocasiones, algunos miembros de mi comunidad contrajeran la peste, por las razones ya especificadas, esto no mermaría en absoluto esta señal divina. ¿No es una magnífica señal que yo insista en declarar que Dios Todopoderoso manifestará esta profecía con tal grandeza, que nadie que busque la verdad albergará ninguna duda acerca de ella, y que tales personas reconocerán que Dios ha protegido milagrosamente a esta comunidad?

De hecho, como resultado de esta señal divina, la peste hará que esta comunidad se multiplique y triunfe hasta tal punto que será motivo de gran asombro. De no haber manifestado Dios distinción alguna entre esta comunidad y las demás, según la profecía, los oponentes, que hasta ahora han sufrido continuas derrotas, como he escrito en mi libro Nuzul-ul-Masih, quedarían justificados si me llamaran embustero. Hasta ahora, sólo han conseguido atraer la maldición sobre sí mismos al desmentirme. Por ejemplo, provocaron un gran revuelo porque Atham6no murió en el plazo de quince meses, sabiendo que la profecía anunciaba claramente que si aceptaba la verdad, no perecería en el plazo de quince meses. Lo cierto es que, durante el curso de nuestro debate, se retractó de llamar anticristo al Santo Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, delante de setenta hombres respetables. No solo se limitó a esto, sino que en los posteriores quince meses, su silencio y su miedo corroboraron su arrepentimiento. El fundamento de esta profecía era el hecho de que se había referido al Santo Profeta, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, como el anticristo; y su arrepentimiento le sirvió para no morir en el plazo de quince meses. Sin embargo, finalmente pereció. Esto ocurrió porque la profecía establecía que el primero en morir sería aquel de nosotros dos que fuera falso en sus creencias. Por lo tanto, falleció antes que yo. Del mismo modo, ascienden al menos a diez mil otros asuntos de lo desconocido que Dios me ha revelado, y que han ocurrido en su momento apropiado. A modo de ejemplo, solo en mi libro Nuzul-ul-Masih, que está a punto de publicarse, he registrado ciento cincuenta señales de este tipo, que he complementado con pruebas y testigos. No existe ninguna profecía mía que no se haya cumplido, o que no se haya cumplido parcialmente en el caso de las profecías que contienen dos partes. Nadie será capaz de encontrar una sola profecía procedente de mi boca que no se haya cumplido, aunque se esfuerce toda la vida en ese empeño. Sin embargo, por desvergüenza o por ignorancia, cada cual tiene la libertad de decir lo que quiera.

Afirmo categóricamente que existen miles de claras profecías mías, que se han cumplido de modo contundente, habiendo dado testimonio de ello centenares de miles de personas. A excepción del Santo Profeta, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, no se puede encontrar un ejemplo similar en nadie más. Si mis enemigos me hubieran juzgado únicamente por este criterio, sus ojos se habrían abierto hace mucho tiempo, y hubiera estado gustosamente dispuesto a darles una espléndida recompensa de haber sido capaces de presentar algo semejante a estas profecías.

Los intentos maliciosos e ignorantes de refutar mis profecías solo pueden ser atribuídos a la mezquindad y a la mala fe. Seguramente tendrían que retractarse de sus afirmaciones si discutieran el tema en una reunión organizada para determinar la verdad; de lo contrario habría que llamarles desvergonzados. El cumplimiento al pie de la letra de miles de profecías junto con el testimonio de miles de testigos (que aún siguen vivos) corroborando su verdad, no es una cuestión insignificante. Esto equivale a mostrar a Dios, el Señor del Honor y la Gloria. ¿Alguien ha presenciado alguna vez alguna época, excepto la era del Profeta [Muhammadsa], en la que se hubieran anunciado miles de profecías, cuyo contundente cumplimiento hubiera sido presenciado por miles de testigos? Sé con certeza de que el modo en que Dios Todopoderoso se acerca y se manifiesta en esta época, revelando cientos de asuntos de lo oculto a Su siervo, apenas tuvo precedentes en épocas pasadas. En esta época, la gente presenciará pronto una manifestación del rostro del Dios Todopoderoso, como si Él hubiera descendido del cielo. Él se se ha mantenido oculto durante mucho tiempo. Fue rechazado y guardó silencio, pero ya no se ocultará más y el mundo será testigo de las manifestaciones de Su poder jamás vistas por sus antepasados. Esto sucederá porque la tierra se ha corrompido y la gente ha perdido la fe en el Creador de los cielos y la tierra. Le rinden culto verbal, pero sus corazones están alejados de Él. Por eso Dios ha declarado que ahora creará un nuevo cielo y una nueva tierra. Significa que la tierra ha perecido, es decir, que los corazones de la gente de la tierra se han endurecido como si estuvieran muertos. El rostro divino está oculto ante ellos y las señales celestiales del pasado han quedado reducidas a mitos y leyendas. Así pues, Dios ha decretado crear un nuevo cielo y una nueva tierra.

¿Qué es este nuevo cielo? ¿Y qué es esta nueva tierra? Una tierra nueva alude a aquellos corazones puros que Dios está preparando con Su propia mano, a quienes Dios hará manifestarse y a través de los cuales se manifestará Dios. Un cielo nuevo quiere significar las señales que se están mostrando bajo Su mandato a manos de Su siervo. Es de lamentar, sin embargo, que el mundo se haya opuesto a esta nueva manifestación divina. Solo se basan en cuentos. Su Dios lo engendran sus propias fantasías. Sus corazones están torcidos, su voluntad endeble y sus ojos, velados. Otras naciones han perdido al verdadero Dios, ¡Qué se puede esperar de los que han deificado a la descendencia de los hombres!

Mirad el estado de los musulmanes, cuán lejos se han apartado de Dios. Son enemigos declarados de la verdad, y se asemejan a los enemigos acérrimos del camino de la justicia. Están, por ejemplo, los Nadwat-ul-Ulama, que alegan representar al Islam, o los Anyuman-i-Himayat-i-Islam de Lahore, que se apoderan de la riqueza de los musulmanes en nombre del Islam. ¿Acaso desean estas personas el bien del Islam? ¿Son partidarios del camino recto? ¿Recuerdan las tribulaciones que han arrasado al Islam, y el método divino para su renacimiento? Digo en verdad que si yo no hubiera aparecido, sus afirmaciones de apoyo al Islam hubieran sido aceptables hasta cierto punto. Sin embargo, esta gente está siendo ahora acusada por el mismo Dios, pues a pesar de insistir en su apoyo, han sido los primeros en denegar a la estrella del cielo en el momento de su aparición.

¿Qué respuesta darán al Dios que me ha enviado exactamente en el tiempo señalado? Por desgracia, se niegan a prestar atención. El sol está apunto de alcanzar su cenit, pero en sus cálculos todavía es de noche. La fuente divina sigue manando, pero siguen lamentándose en sus tierras baldías. Ante ellos fluye el río del conocimiento celestial, pero son totalmente ajenos a él. Las señales divinas continúan manifestándose, pero no se dan cuenta. No solo muestran indiferencia, sino que son hostiles a la comunidad de Dios. ¡Estos son sus esfuerzos por ayudar a propagar y enseñar el Islam! Sin embargo, ¿podrá el rechazo de estas personas impedir que se cumpla la voluntad divina, de la que han dado testimonio todos los profetas desde las épocas más remotas? ¡Ciertamente que no! Al contrario, no tardará en cumplirse la profecía divina7 Hace diez años, Dios testificó en favor de Su siervo haciendo que el sol y la luna se eclipsaran en el Ramadán. Él hizo que la luminaria del día y la luminaria de la noche dieran testimonio a mi favor, manifestando de esta forma dos señales. Del mismo modo, en cumplimiento de las profecías de los profetas, también mostró dos señales terrenales:

(1) La primera se puede leer en el Santo Corán, que dice:8

Después se lee en este Hadiz:9

Para su cumplimiento, se está construyendo un ferrocarril en la tierra de Heyaz, es decir, entre la Meca y la Medina.

(2) La segunda señal es la peste, como dice Dios Todopoderoso:10

Así pues, Dios estableció el ferrocarril en el país, y también envió la peste para que tanto el cielo como la tierra, dieran testimonio de ello. Así pues, no os enfrentéis a Dios, ya que enfrentarse a Él es pura locura. En el pasado, cuando Dios decretó hacer de Adán un Jalifa, los ángeles expusieron su inquietud. Pero ¿acaso Dios se retractó ante su demanda? Ahora, al suscitar al segundo Adán, Él ha declarado: es decir, Yo he decretado suscitar a un Jalifa, por lo que he creado a este Adán. ¿Puede alguien impedir que se haga la voluntad divina? ¿Por qué, pues, presentáis esta conjetura inútil y no adoptáis la certeza? No os pongáis a prueba pues tened la seguridad que nadie puede frustrar la voluntad divina. Tales disputas no se fundamentan en la rectitud. Mas si a alguien le asalta alguna duda, existe otro método. Basado en la revelación divina (y esto ya ha sido publicado), he recibido la buena nueva de que el grupo de personas que preste atención a mis palabras se salvará del castigo de la peste. Del mismo modo, aquellos que se preocupan sinceramente por el bienestar de su pueblo, también recibirán la buena nueva de Dios Todopoderoso de que sus correligionarios serán protegidos de la peste. En tal caso, ellos también deberán publicar esta profecía para que el público esté informado que cuenta con el apoyo divino. De hecho, esta es también una oportunidad maravillosa para los cristianos que proclaman que la salvación depende del Mesías. Sin duda, en estos días de peligro, también están obligados a salvar a sus compañeros cristianos de la peste. Por lo tanto, de todas estas confesiones, aquella que sea escuchada en mayor medida por la divinidad, deberá ser considerada digna de Su aceptación. En este momento, Dios ha dado a todos la oportunidad de abstenerse de debates innecesarios en la tierra, y mostrar, a cambio, cierto grado de aceptación para lograr la salvación de la peste, y para que también salga a la luz su propia verdad.

Esto es particularmente cierto para el clero cristiano que ha declarado al Mesías, hijo de María, como el salvador del mundo y del Más Allá. Si realmente creen que el Hijo de María es el Señor de este mundo y del otro, estarán capacitados para mostrar una manifestación de la salvación a través de su expiación. Esto también facilitará la tarea de nuestro ilustre gobierno. Para salvar a su pueblo y librarlos de la peste, las diversas confesiones presentes en la India británica, que consideran verdaderas sus creencias, deberán apelar al Dios en el que creen, o a cualquier otro ser que consideren digno de adoración aparte de Dios, para que interceda por estas almas afligidas. También deberán obtener una firme promesa de su Dios, y publicarla en forma de anuncio, del mismo modo en que yo he publicado este anuncio. Este procedimiento no solo sirve al interés de toda la creación en su conjunto, sino que también sirve para establecer la verdad de la fe de cada individuo en particular, y del gobierno en general. Esto es, en definitiva, lo que desea el gobierno: que su pueblo se libre de la peste a través de cualquier modo posible.

Finalmente, a través de la publicación de este anuncio, deseo informar a los miembros de mi comunidad —que se hallan repartidos por todo el Punjab y en otras partes de la India— que no les está prohibido vacunarse. Si el gobierno hace obligatoria la vacunación para determinadas personas, estas deberán cumplir puntualmente con esta directiva y proceder a vacunarse. En cuanto a aquellos que tienen la opción de su elección voluntaria, deberán vacunarse en el supuesto de no seguir firmemente estas enseñanzas, para que no tropiecen ni generen dudas en la gente, a causa de su propio estado miserable, respecto a la promesa divina. A continuación, expongo brevemente la enseñanza, que, de cumplirse fielmente, puede evitar los estragos de la peste, para quienquiera que tenga interés en conocerla.