En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Dado que este capítulo contiene diversas clases de pruebas, para mayor claridad lo he dividido en varias secciones, que son las siguientes.

Sección 1

Pruebas de la literatura islámica que contienen una mención de los viajes de Jesús

En Rauzat-us-Safa, un conocido libro de historia en lengua persa, en las páginas 130-135, se encuentra una narración que, traducida brevemente, es como sigue.

Jesús (la paz sea con él) fue llamado Mesías porque fue un gran viajero. Llevaba una bufanda de lana en la cabeza y una túnica de lana sobre el cuerpo. Portaba un bastón en la mano; solía viajar de un país a otro y de una ciudad a otra, y al caer la noche dormía donde se encontraba. Comía verduras silvestres, bebía agua del bosque y efectuaba sus viajes a pie. En uno de sus viajes, sus compañeros le compraron en una ocasión un caballo; montó en él durante un día, pero, al no poder obtener provisión alguna para alimentarle, lo devolvió. Viajando desde su país, llegó a Nasibain, que se encontraba a una distancia de varios centenares de millas de su hogar. Con él estaban algunos pocos discípulos que fueron enviados a la ciudad para predicar. En la ciudad, empero, circulaban rumores erróneos e infundados sobre Jesús y su madre. En consecuencia, el gobernador de la ciudad arrestó a los discípulos y después requirió la presencia de Jesús. Jesús curó milagrosamente a algunas personas y realizó otros milagros. Viendo esto, el rey del territorio de Nasibain con todo su ejército y todo su pueblo, se convirtió en seguidor suyo. El incidente de la “bajada de alimentos” mencionada en el Santo Corán tuvo lugar durante sus viajes”.

Este es, resumido, el informe que se contiene en Rauzat-us-Safa. El autor del libro, sin embargo, también ha achacado muchos milagros absurdos e irracionales a Jesús, que no mencionaré aquí; y conservando mi exposición libre de falsedades y exageraciones absurdas, trataré del punto real que nos ocupa y que nos lleva a la conclusión que de Jesús, en el curso de sus viajes, llegó a Nasibain. Nasibain es un lugar situado entre Mosul y Siria que, en los mapas ingleses, se muestra como Nasibus. Si se viaja de Siria a Persia, hay que pasar por Nasibain, que se encuentra a 450 millas de Jerusalén. Mosul se halla a unas 48 millas de Nasibain y a 500 de Jerusalén y la frontera de Persia está sólo a 100 millas de distancia de Mosul. Esto significa que Nasibain está a 150 millas de la frontera persa. La frontera oriental de Persia roza la ciudad de Herat en Afganistán. Herat se encuentra en la frontera occidental de Afganistán, en dirección al territorio persa y a unas 900 millas del límite occidental de Persia. De Herat al Paso de Khyber la distancia es de unas 500 millas. Véase el mapa que muestra la ruta seguida por Jesús.

El mapa indica la ruta que siguió Jesús en su viaje a Cachemira.

El objeto de su viaje fue el de reunirse con los israelitas, cuyo rey, Salmanasar, había sido llevado prisionero a Media[1]. Puede verse que en los mapas publicados por los cristianos, Media aparece hacia el sur del Mar de Khizar (Azov) en lo que actualmente es Persia. Esto significa que Media era de cualquier modo parte del territorio que constituye Persia en la actualidad. La frontera oriental de Persia está adyacente con Afganistán; al sur está el mar y al oeste, el Imperio Turco. Si los informes de Rauzat-us-Safa son correctos, se comprueba que, dirigiéndose a Nasibain, Jesús pretendía llegar a Afganistán a través de Persia e invitar a la verdad a las tribus perdidas de los judíos que llegaron a ser conocidos como afganos[2]. La palabra “afgano” parece ser de origen hebreo; es un nombre derivado que significa “valiente”. Parece que, en la época de sus victorias, adoptaron para sí mismos ese nombre.

En resumen, Jesús llegó al Punjab después de pasar por Afganistán, con la intención última de dirigirse a Cachemira después de explorar el Punjab y el Indostán. Debemos señalar que Chitral y una franja del Punjab separan a Cachemira de Afganistán. Si viajamos de Afganistán a Cachemira, a través del Punjab, hay que recorrer una distancia de 80 millas o aproximadamente 135 kilómetros.

Sin embargo, Jesús tomó prudentemente la ruta que atraviesa Afganistán, para que las tribus perdidas de Israel, conocidas como afganos, pudieran sacar provecho de su presencia. La frontera oriental de Cachemira limita con el Tíbet. De Cachemira podría pasar fácilmente al Tíbet. Una vez llegado al Punjab, no tendría dificultades para recorrer los lugares más importantes del Indostán antes de dirigirse a Cachemira o el Tíbet. Existe, pues, una alta posibilidad, como indican algunos antiguos registros históricos de este país, que Jesús hubiera estado en Nepal, Benarés y otros lugares y después se hubiera dirigido a Cachemira a través de Jammu o Rawalpindi. Dado que pertenecía a un país frío, es seguro que sólo permaneció en estos territorios durante el invierno y, hacia finales de marzo o comienzos de abril, debió partir en dirección a Cachemira. Comoquiera que Cachemira se asemeja a Sham [Siria y sus territorios circundantes] habría adoptado su domicilio permanente en esta tierra. Además, es posible que hubiera permanecido algún tiempo en Afganistán y tampoco es improbable que incluso hubiera contraído matrimonio en ese país.

Puesto que una de las tribus de los afganos es conocida como Isa Khel[3], no sería sorprendente que se trataran de descendientes de Jesús. No obstante, es lamentable que la historia de Afganistán sea tan confusa. Es, pues, difícil llegar a nada definitivo estudiando sus narraciones tribales. Sin embargo, es indudable que los afganos son israelitas, como los cachemires. Los que en sus libros opinan lo contrario, han cometido un grave error al no haber estudiado a fondo la cuestión. Los afganos admiten que son descendientes de los Qais, y estos pertenecen a la casa de Israel. No es, sin embargo, necesario prolongar aquí esta discusión. Ya he expuesto este tema con detalle en uno de mis libros. Aquí me limitaré a describir el viaje de Jesús a través de Nasibain, Afganistán y el Punjab hasta Cachemira y el Tíbet. Debido a este largo viaje, fue llamado el “profeta viajero” e incluso el “jefe de los viajeros”. Un sabio musulmán, Ibn-al-Walid Al-Fahri Al-Tartushi Al-Maliki, célebre por su conocimiento, dice sobre Jesús en la página 6 de su libro Siraaj-ul-Maluk, publicado por la Matba Khairiyah de Egipto en 1306:

¿Dónde está Isa, el Ruhul-lah y el Kalimatul-lah, el líder de los justos y el jefe de los viajeros?

Esto significa que Jesús había muerto y que, incluso un gran hombre como él, había tenido que abandonar este mundo. Conviene señalar que este hombre ilustrado no llama a Jesús simplemente “un viajero”, sino “el jefe de los viajeros”.

De la misma manera, en la página 431 de Lisan-ul-Arab se dice:

Jesús fue llamado el “Mesías”, porque recorrió muchos países y no permaneció en un único lugar.

Lo mismo aparece en Tajul-Urus Sharah Qamus. Allí se afirma igualmente que el Mesías es el que ha sido bendecido con una piedad y justicia innatas, hasta tal punto, que incluso su tacto está bendito y que este nombre le fue dado a Jesús porque Dios da este nombre a quien Le place. En contraposición a él está el supuesto Mesías, que posee el mal y la maldición, es decir, que es maldito y malvado por naturaleza, hasta el punto de que su tacto da origen a la maldad, el pecado y la maldición. Este nombre, pues, fue dado al Dayyal, el Anticristo y a todos los que lo siguen. Los dos nombres anteriores, es decir, el de Mesías el Viajero y Mesías el Bendito, no son antagonistas entre sí. Uno no invalida al otro. Y es que es práctica divina que Dios dé a una persona un nombre con distintos significados y que todos estos se apliquen a la misma. En una palabra, el hecho de que Jesús fuese viajero ha quedado tan perfectamente demostrado por la historia islámica que si se copiaran todas las referencias de esos libros, se convertirían en un gran volumen. Por ello, lo que he mencionado es suficiente.

Sección 2

Pruebas de los libros budistas

Dejemos bien claro que las escrituras budistas nos han proporcionado pruebas de diversos tipos que, en general, bastan para demostrar que Jesús debió haber visitado el Punjab, Cachemira y otros lugares. Presento aquí estas pruebas de manera que cualquier lector imparcial pueda, en primer lugar, estudiarlas, y después, organizarlas en una narración conexa en su propia mente, llegando a esa misma conclusión. He aquí la evidencia:

En primer lugar, los títulos dados a Buda son similares a los dados a Jesús. De igual manera, los acontecimientos de la vida de Buda se asemejan a los de la vida de Jesús. Sin embargo, lo que aquí nos interesa respecto al budismo son los lugares dentro de las fronteras del Tíbet, como Leh, Lhasa, Gilgit y Hams, etc., que son los lugares que se ha demostrado que fueron visitados por Jesús. Con referencia a la semejanza de títulos, baste con señalar que si, por ejemplo, Jesús se llama a sí mismo la Luz en sus enseñanzas, de la misma forma, Gautama ha sido llamado Buda en la literatura budista, que en sánscrito significa “Luz”[4]. Si Jesús ha sido llamado Maestro en el Evangelio, de la misma forma, Buda ha sido también llamado Sasta o Maestro. Así como Jesús ha sido llamado Bendito en los Evangelios, Buda ha sido denominado Sugt, es decir, el Bendito. Si Jesús ha sido llamado Príncipe, así lo ha sido también Buda. Jesús ha sido igualmente descrito por los Evangelios como alguien que cumple el objeto de su venida, y Buda ha sido llamado en las escrituras budistas Siddhartha, esto es, el que cumple el objeto de su venida. Los Evangelios han llamado también a Jesús el refugio del fatigado, y Buda es nombrado en las escrituras budistas Asarn Sarn, es decir, el refugio del desamparado. Asimismo, los Evangelios han llamado a Jesús Rey, aunque él dijo que suyo era el Reino de los Cielos, y Buda ha sido también llamado Rey. La semejanza de acontecimientos entre ambos también queda demostrada por los hechos. Al igual que Jesús fue tentado por el Diablo con las riquezas y los reinos del mundo a condición de que le rindiera obediencia, Buda fue también tentado cuando el Diablo le dijo que le entregaría la pompa y el esplendor de los reyes si abandonaba la severidad de su vida y volvía a casa. Pero, al igual que Jesús no obedeció al Diablo, tampoco Buda, según está escrito, le obedeció[5]. Véase Budismo de T.W. Davids y Budismo de Sir Monier Williams [6].

Esto demuestra que los mismos títulos que Jesús se adscribe a sí mismo en los Evangelios han sido también otorgados a Buda en las escrituras budistas, que fueron recopiladas mucho más tarde; y, al igual que Jesús fue tentado por el Diablo, así, estos libros afirman que Buda fue también tentado por el Diablo; es más, la narración de la tentación de Buda que aparece en estos libros es más larga que la de la tentación de Jesús en los Evangelios cristianos. Está escrito que cuando el Diablo le ofreció la tentación de la riqueza y los honores reales, Buda se inclinó por volver a casa. Sin embargo, no sucumbió a la tentación. Mas el mismo Diablo volvió a reunirse con él una noche, llevando consigo a toda su progenie e intentó aterrorizarlo con apariencias grotescas. Para Buda, esos Diablos aparecían como serpientes que echaban fuego por sus bocas. Las serpientes empezaron a lanzar fuego y veneno hacia él pero el veneno se convertía en flores y el fuego se transformó en un halo alrededor de Buda.

Habiendo fracasado el Diablo, llamó a dieciséis de sus hijas y les pidió que mostraran su belleza a Buda, pero éste permaneció inmutable, quedando el Diablo frustrado en sus designios. Adoptó diversas estratagemas, pero no pudo hacer nada contra la firmeza de Buda, que continuó escalando etapas cada vez más altas de espiritualidad, hasta que, después de una larga noche, esto es, después de pruebas severas y prolongadas, venció a su enemigo Satanás. Entonces la luz del Verdadero Conocimiento brilló sobre él y, al amanecer, es decir, en cuanto sus pruebas terminaron, llegó a conocerlo todo. El día en que terminó esta gran batalla fue el día del nacimiento del budismo. Gautama tenía 35 años de edad cuando se le llamó Buda[7] o la Luz, y el Árbol bajo el cual estaba sentado en ese momento llegó a ser conocido como el Árbol de la Luz.

Si leemos los Evangelios, encontraremos que la Tentación de Buda se asemeja a la tentación de Jesús, hasta el punto de que la edad de Buda era aproximadamente la misma que la de Jesús en aquel momento. Como se desprende de la literatura budista, el Diablo no se apareció a Buda en forma corporal ni personificada, sino que fue una visión contemplada por Buda, y la conversación del Diablo fue una inspiración satánica. El Diablo, tal como se le apareció, sugirió a Buda que abandonara su camino y lo siguiera a él y que, de hacerlo, le daría todas las riquezas de este mundo. De igual manera, los eruditos cristianos creen que el Diablo que se apareció a Jesús no lo hizo en forma corporal, como un ser humano, ante los mismos ojos de los judíos, atravesando las calles en su cuerpo físico y hablando a Jesús de forma que los presentes pudieran oírle. Por el contrario, la reunión fue de la naturaleza de una visión contemplada solamente por Jesús. La conversación también fue un tipo de inspiración, es decir, el Diablo, como es habitual en él, susurró en el corazón de Jesús sugerencias malignas, que Jesús no aceptó y, al igual que Buda, rechazó todas las tentaciones de Satanás.

La cuestión que surge ahora es por qué hay tanto parecido entre Buda y Jesús. Los arias dicen a este respecto que Jesús conoció el budismo en su viaje a la India y, habiéndose informado de los acontecimientos de la vida de Buda, los incorporó en su Evangelio al volver a su país de origen; que Jesús compuso sus preceptos morales plagiando las enseñanzas morales de Buda y que, al igual que Buda se llamó la Luz y el Conocimiento, y adoptó otros títulos, hasta tal punto, que Jesús se adscribió todos esos títulos a sí mismo, hasta el punto de apropiarse incluso de la larga historia de la Tentación de Buda. Sin embargo, esto no es más que es una invención de los arias. Es incierto que Jesús llegara a la India antes del acontecimiento de la cruz pues no tenía necesidad de efectuar dicho viaje en aquella época; la necesidad surgió solamente cuando los judíos de Judea lo rechazaron y creyeron haberlo crucificado, aunque fuera salvado por un maravilloso designio divino.

Habiendo agotado así su simpatía por los judíos, su solicitud por predicarlos, y habiéndose convertido los judíos, en razón de su naturaleza malvada, tan insensibles como para ser incapaces de aceptar la verdad, Jesús, al ser informado por Dios que las diez tribus de los judíos habían emigrado hacia la India, partió hacia esas regiones. Dado que algunos de los judíos habían aceptado el budismo, no había otra alternativa para este verdadero profeta sino la de dirigir su atención a los seguidores del budismo. Como los sacerdotes budistas de aquel país esperaban la aparición del “Mesías Buda”, consideraron que Jesús era Buda, teniendo en cuenta todos los signos, como sus títulos, sus enseñanzas morales como las de “ama a tu enemigo” y “no resistas al mal”, así como la profecía de Buda sobre su piel clara. Es igualmente posible que algunos de sus títulos y enseñanzas y los mismos hechos de la vida de Jesús hayan podido adscribirse consciente o inconscientemente a Buda en aquella época, ya que los hindúes nunca han demostrado mucha aptitud para registrar la historia objetivamente. Los acontecimientos de la vida de Buda no fueron registrados hasta la época de Jesús. Los sacerdotes budistas tuvieron, pues, una buena oportunidad para atribuir a Buda cualquier cosa que desearan. Es pues muy probable que, al conocer los hechos de la vida de Jesús y sus enseñanzas morales, los mezclaran con otras muchas innovaciones y los atribuyeran a Buda[8]. Demostraré aquí que las enseñanzas morales de la Biblia que se asimilan a las de los Evangelios –los títulos de Luz, etc., que se atribuyen a Buda del mismo modo que a Jesús, así como las tentaciones satánicas- son detalles que han sido incorporados a la literatura budista solamente después de la visita de Jesús a este país, que ocurrió después de la crucifixión. Además, hay otro parecido entre Buda y Jesús. Las crónicas budistas demuestran que Buda, durante la Tentación, ayunó y que el ayuno duró cuarenta días. Los lectores del Evangelio saben que Jesús observó también un ayuno de cuarenta días.

Como acabo de mencionar, existe una semejanza tan notable entre la enseñanza moral de Buda y la de Jesús, que sorprende a quienes conocen las enseñanzas de los dos. Por ejemplo, los Evangelios dicen: “no resistas al mal, ama a tu enemigo, vive en la pobreza y huye del orgullo, la falsedad y la avaricia”; e iguales son las enseñanzas de Buda[9]. Más bien, las enseñanzas budistas insisten aún más en ello, hasta tal punto, que se declara como pecado el hecho de matar incluso a hormigas o insectos. El principio fundamental del budismo es mostrar simpatía hacia todo el mundo, buscar el bienestar de toda la humanidad y de todos los animales, y promover un espíritu de unidad y amor mutuo. Y lo mismo ocurre con las enseñanzas del Evangelio.

Por otra parte, al igual que Jesús envió a sus discípulos a distintos países –viajando él mismo a uno de ellos– así ocurrió con Buda. El libro Budismo de Sir Monier Williams[10] afirma que Buda envió a sus discípulos a predicar, hablándoles de este modo: “Id y recorred todo, llenos de compasión por el mundo y por el bienestar de dioses y hombres. Id en direcciones diferentes. Predicad la abstinencia total, la piedad y celibato.” Dijo que él también iría a predicar esa doctrina. En consecuencia. Buda fue a Benarés y realizó muchos milagros en aquél lugar. Pronunció un impresionante sermón desde una colina, al igual que Jesús pronunció el sermón de la montaña. El mismo libro afirma también que Buda predicaba casi siempre con parábolas, explicando los asuntos espirituales a través de analogías físicas.

Recuérdese que esta enseñanza moral y este método de predicar —hablar con parábolas— era el método de Jesús. Este modo de predicar y estas enseñanzas morales, combinadas con otras evidencias circunstanciales, sugieren de inmediato que se trataba de una imitación de Jesús. Jesús estuvo aquí en la India donde predicó extensamente. Los seguidores de la fe budista lo conocieron y vieron que era una persona santa y bendita. Registraron estos hechos en sus libros e incluso lo llamaron Buda, ya que es propio de la naturaleza humana intentar adquirir una cosa buena allí donde se encuentre. Las personas intentan registrar y recordar cualquier observación inteligente realizada por cualquier persona que encuentran.

Es, pues, muy probable que los seguidores de la fe budista hayan reproducido todo el cuadro de los Evangelios en sus libros; como por ejemplo, el ayuno durante cuarenta días tanto de Jesús como de Buda; la tentación satánica que ambos afrontaron; el nacimiento de los dos sin intervención de padre alguno, las enseñanzas morales de ambos; el hecho de llamarse ambos la Luz y Maestro, y sus compañeros, discípulos. La afirmación de Mateo, en el capítulo 10, versículos 8 y 9, que dice: “No llevad oro, plata ni latón en vuestras bolsas”, se asemeja a la que dio Buda a sus discípulos[11]; del mismo modo que el Evangelio alienta al celibato así también lo hacen las enseñanzas de Buda; así como ocurrió un terremoto cuando Jesús fue colgado de la cruz, también está registrado que ocurrió un terremoto cuando murió Buda[12]. Todos estos puntos de semejanza se derivan del hecho de la visita de Jesús a la India. Los seguidores de la fe budista tuvieron la suerte de que permaneciera entre ellos durante un período de tiempo considerable, y que estos adquirieran un buen conocimiento de los datos de su vida y de sus nobles enseñanzas. En consecuencia, era inevitable que una gran parte de su enseñanza y ritos ceremoniales se introdujeran en los escritos budistas porque Jesús era muy respetado por los budistas, que incluso le habían tomado por Buda. Esta es la razón por la que registraron sus dichos en sus libros y los achacaron a Buda.

Sorprende que Buda, al igual que Jesús, hubiera enseñado a sus discípulos a través de parábolas, especialmente las mismas que se encuentran en los Evangelios. En una de estas parábolas, Buda dice: “Al igual que el campesino siembra la semilla pero no puede decir: el grano se hinchará hoy, mañana germinará, así también ocurre con el discípulo: no puede decir si germinará bien o será como el grano que se siembra en suelo rocoso y se seca”.

Como se observará, es la misma parábola que aún existe en los Evangelios. Buda vuelve a narrar otra parábola: “Cuando un rebaño de ciervos vive en un bosque, llega un hombre que abre para ellos un camino falso, que les lleva a la muerte, es decir, que intenta llevarles por un camino que al final les atrapa y les conduce a la muerte. Y llega otro que abre un camino seguro, es decir, siembra un campo y les abre un canal para que puedan beber; este es el caso de los hombres que viven en la prosperidad: el maligno viene y abre el camino ocho veces falso que les extravía. Entonces viene el Hombre Perfecto y les abre ocho veces el camino de la verdad, certidumbre y paz, para que puedan ser salvados”.

Buda enseñó también: “La rectitud es un tesoro seguro que nadie puede robar. Es un tesoro que acompaña al hombre incluso después de la muerte. Es un Tesoro que es la fuente de todo Conocimiento y toda la Perfección.[13]

Cabe observar que esta es exactamente la enseñanza del Evangelio. También figura en los libros antiguos budistas que pertenecen a un período no alejado de la época de Jesús; se trata incluso del mismo período. De nuevo, en la página 135 de ese mismo libro se informa que Buda dijo que él era tan irreprochable que nadie podría señalar una mancha en su conducta[14]. Esto guarda también parecido con un dicho de Jesús. El libro Budismo, en la página 45, afirma: “La enseñanza moral de Buda tiene una notable semejanza con la enseñanza moral cristiana”.

Estoy de acuerdo con esto e incluso estoy de acuerdo con lo que ambas enseñanzas nos dicen: No améis al mundo, ni la riqueza; no odiéis a vuestros enemigos; no obréis mal; conquistad el mal con el bien; haced a los demás lo que deseáis que os hagan. Todo esto tiene un parecido tan notable entre el Evangelio y las enseñanzas de Buda que es innecesario entrar en más detalles.

Los libros budistas muestran igualmente que Gautama Buda profetizó el advenimiento de un segundo Buda llamado Metteyya. Esta profecía se contiene en Laggawati Sutatta[15], un registro budista que se menciona en la página 142 del libro de Oldenberg. La profecía dice:

Él será el líder de un grupo de discípulos que sumarán centenares de millares, como ahora soy yo el líder de grupos de discípulos que se contarán por centenares[16].

Podría señalarse aquí que la palabra hebrea Masiha equivale a Metteyya en pali. Es sabido que cuando una palabra se traduce de un idioma a otro, a menudo sufre un cambio fonético. Igualmente, una palabra inglesa, cuando se traduce a otro idioma, sufre un cambio. Por ejemplo, Max Muller, en una lista que muestra en la página 318 del Volumen II de la obra Libros Sagrados de Oriente, dice que la th del alfabeto inglés se convierte en s en persa y árabe. Teniendo presente estos cambios, es fácil entender cómo la palabra Messiah se convirtió en Metteyya en el lenguaje pali, que significa que el futuro Metteyya profetizado por Buda es en realidad el Mesías y ningún otro. Este punto de vista está respaldado por el hecho de que el propio Buda había profetizado que la doctrina que había fundado no permanecería en el mundo más de quinientos años; que, en el momento de la decadencia de sus principios y enseñanzas, el Metteyya vendría a esta tierra y restablecería la fe y sus enseñanzas en el mundo. Como sabemos, Jesús apareció quinientos años después de Buda y, según el límite de tiempo fijado por Buda para la decadencia de su fe, el budismo entró en un estado de decadencia tal como fue predicho. Fue entonces cuando Jesús, después de librarse de la cruz, viajó a esta tierra, donde los budistas lo reconocieron fácilmente y lo trataron con gran reverencia.

No cabe ninguna duda de que las enseñanzas morales y los ejercicios espirituales enseñados por Buda fueron revividos por Jesús. Los historiadores cristianos admiten que tanto el Sermón de la Montaña que se menciona en los Evangelios como el resto de sus enseñanzas morales son las mismas que las que Buda predicó al mundo quinientos años antes. Afirman también que Buda no sólo enseñó preceptos morales sino también otras grandes verdades. En su opinión, el título de “Luz de Asia” aplicado a Buda es muy apropiado. Así pues, de acuerdo con la profecía de Buda, Jesús apareció quinientos años después de él y, como admiten la mayoría de eruditos cristianos, sus enseñanzas fueron las mismas que las enseñanzas de Buda. No cabe duda, pues, de que apareció en el “espíritu” de Buda. En el libro de Oldenberg, basándose en la autoridad de Laggawati Sutatta, se afirma que los seguidores de Buda, mirando al futuro, se consolaban con la idea de que, como discípulos del Metteyya, alcanzarían la dicha de la salvación. Tenían la seguridad de que aparecería el Metteyya y que a través de él se salvarían, ya que las palabras en las que Buda había presentado la espera del Metteyya demostraban claramente que sus discípulos lo conocerían y lo reconocerían.

La afirmación del libro arriba mencionado refuerza la convicción de que, para guiar a esos pueblos, Dios había creado dos circunstancias apropiadas. En primer lugar, en razón del título de Asif, mencionado en el Génesis, capítulo 3, versículo 10[17], que significa “el que une a un pueblo”, era inevitable que Jesús visitara la tierra a la que los judíos emigraron para establecerse; en segundo lugar, de acuerdo con la profecía de Buda, era esencial que los seguidores de Buda conocieran a Jesús y se beneficiaran espiritualmente de él. Teniendo en cuenta estos dos puntos, es fácil comprender que Jesús visitara el Tíbet. El hecho de que las enseñanzas y ritos cristianos afectaran tan profundamente al budismo tibetano lleva a la creencia de que Jesús debió visitar también al pueblo del Tíbet. Además, el hecho de que los fervientes seguidores del budismo, como se afirma en sus libros, hubiesen esperado siempre conocerlo, anuncia a viva voz que este deseo de su parte se convirtió en el preludio de la visita de Jesús a este país. Frente a estos dos hechos, una persona imparcial no necesitaría investigar a fondo los registros budistas para convencerse de que Jesús vino al Tíbet. Y es que, según la profecía de Buda, al ser tan intenso el deseo del segundo advenimiento de Buda, esa misma profecía debió atraer a Jesús al Tíbet.

Hay que señalar también que la palabra “Metteyya”, que se menciona con tanta frecuencia en los libros budistas, significa obviamente “Mesías”. En la página 14 del libro Tíbet, Mongolia, de H. T. Prínsep, se dice sobre el Metteyya Buda, que es en realidad el Mesías, que los primeros misioneros cristianos, habiendo oído y visto las condiciones existentes en el Tíbet, llegaron a la conclusión de que en los antiguos libros de los Lamas debían encontrarse trazas de la religión cristiana. En esa misma página se afirma que, sin lugar a dudas, esas antiguas autoridades creían que los discípulos de Jesús seguían vivos cuando llegaron a este lugar las enseñanzas cristianas. En la página 171 se indica que no existía la menor duda de que en aquella época todo el mundo esperaba con anhelo la aparición del gran Salvador. Tácito dice que los judíos no eran los únicos que mantenían dicha creencia, sino que el mismo budismo había establecido la base para tal creencia, al profetizar la venida del Metteyya. El autor de esta obra en inglés dice en una nota:

Los libros Pitakkatayan y Atha Katha contienen una clara profecía sobre la aparición de otro Buda, cuyo advenimiento ocurrirá mil años después de la época de Gautama o “Sakhiya Muni”. El mismo Gautama afirma que es el 25º Buda y que aún queda por aparecer el “Bagawa Metteyya”, esto es, que después de irse aparecería aquél cuyo nombre sería Metteyya, de piel clara.” El autor inglés continúa diciendo que la palabra Metteyya tiene un notable parecido con el Mesías[18]. Resumiendo, Gautama Buda afirma claramente en esta profecía que aparecería un Mesías en su país, entre su pueblo y sus seguidores. Por ello los seguidores del budismo estuvieron esperando todo el tiempo que apareciera el Mesías en su país. En su profecía, Buda lo denomina “Bagwa Metteyya” porque “Bagwa” en sánscrito significa “blanco” y Jesús, por ser habitante de los territorios sirios, era de piel clara.

Los pueblos de la tierra donde se anunció esta profecía, es decir, el pueblo de Magadh, donde estaba situada Rajagriha, eran de piel oscura. El mismo Gautama Buda era moreno. Había expuesto a sus seguidores dos signos conclusivos en relación con el futuro Buda: (1) que sería Bagwa o de piel blanca y (2) que sería Metteyya, es decir, viajero, y procedería de un país extranjero. Por tanto, esos pueblos habían observado constantemente esos signos hasta que vieron realmente a Jesús. Cualquier budista debía profesar necesariamente la creencia de que, quinientos años después de Buda, el Metteyya Bagwa aparecería en su país[19]. No hay, pues, que sorprenderse de que los libros de la fe budista mencionen la venida del Metteyya, esto es, del Masiha, a su tierra, y el cumplimiento de la profecía de Buda. Suponiendo que no existiera dicha mención, incluso entonces, debido a esta revelación divina, Buda habría dado a sus discípulos la esperanza de que el Bagwa Metteyya vendría a su tierra y ningún budista que conociera esta profecía podría negar la aparición a esta tierra del Bagwa Metteyya, cuyo otro nombre era el Masiha; y es que el incumplimiento de la profecía habría demostrado la falsedad de su fe. Si esta profecía, para cuyo cumplimiento había sido fijado un plazo y que Gautama Buda había narrado a sus discípulos repetidas veces, no se hubiese cumplido, los seguidores de Buda habrían comenzado a dudar de la verdad de su reivindicación y además hubiera quedado registrado que la profecía no se hubo cumplido.

Otro argumento en apoyo del cumplimiento de esta profecía es que en el Tíbet se descubrieron libros pertenecientes al siglo séptimo d.C., que contenían la palabra Mesías, que significa Jesús, y que está escrito como Mi-Shi-Hu. El recopilador de la lista que contenía la palabra Mi-Shi-Hu es budista. (Véase Un Registro de la Religión Budista de I. Tsing, traducido por G. Takakusu). Este Takakusu es un japonés que había traducido el libro de I. Tsing, que era un viajero chino. En el margen y en el apéndice de su libro, Takakusu afirma que un libro antiguo contiene el nombre de Mi-Shi-Hu[20] (Masih). Este libro pertenece aproximadamente al siglo séptimo, y ha sido traducido recientemente por un japonés, llamado G. Takakusu[21], y publicado por Clarendon Press, Oxford. En cualquier caso, el libro contiene la palabra Masih, lo que demuestra claramente que esta palabra no ha sido importada por los seguidores de Buda desde el exterior, sino más bien tomada de la profecía de Buda, escribiéndose a veces como Masih y otras como Bagwa Metteyya.

Entre los testimonios que encontramos en los libros budistas, está el de Sir Monier Williams, registrado en la página 45 de su libro Budismo. Dice que el sexto discípulo de Buda era un hombre llamado “Yasa”[22]. El nombre es la forma abreviada de Yasu o Yasa. Ya que Jesús apareció quinientos años después de la muerte de Buda, es decir, en el siglo sexto, fue llamado el sexto discípulo. Obsérvese que el profesor Max Muller, en la página 517 del número de Octubre de 1894 de The Ninetenth Century, apoya la afirmación anterior, diciendo que escritores célebres habían señalado en varias ocasiones que Jesús recibió influencia de los principios del budismo, e incluso hoy se está haciendo lo posible por descubrir alguna base histórica que pueda demostrar que los principios de la fe budista hubieran llegado a Palestina en la época de Jesús[23]. Esta observación de Max Muller corrobora los registros budistas en los que se afirma que Yasa fue discípulo de Buda. Si autores cristianos de la celebridad del Profesor Max Muller admiten que los principios del budismo tuvieron influencia sobre Jesús, no sería erróneo afirmar que esto equivale a ser discípulo de Buda. Sin embargo, consideramos el uso de tal título irrespetuoso e impertinente respecto a Jesús. La afirmación de la literatura budista de que Yasu fue discípulo de Buda, es sólo un ejemplo de la costumbre arraigada de los sacerdotes budistas de considerar a los grandes personajes de épocas posteriores como discípulos de los que aparecieron antes. Aparte de esto, como se ha señalado, por existir una gran semejanza entre las enseñanzas de Jesús y las de Buda, no sería incorrecto del todo hablar de una relación de maestro y discípulo entre Buda y Jesús, aunque pueda suponer una falta de respeto. Sin embargo, no aprobamos el modo en que los investigadores europeos quieren demostrar que los principios del budismo llegaron a Palestina en la época de Jesús. Es lamentable que estos investigadores adopten el torpe camino de intentar encontrar trazas de la fe budista en Palestina siempre que el nombre y la mención de Jesús aparecen en los antiguos libros del budismo. ¿Por qué no buscan las huellas benditas de Jesús en la zona montañosa de Nepal, Tíbet y Cachemira?

Sé, sin embargo, que no correspondía a estos investigadores descubrir la verdad que se hallaba oculta detrás de miles de velos de oscuridad, sino que tenía que hacerlo Dios. Él vio desde los Cielos que la adoración al hombre se había extendido por doquier en la tierra y que la adoración de la cruz y el sacrificio supuesto de un ser humano habían alejado los corazones de muchos millones de personas del verdadero Dios. Indignado, envió al mundo a un siervo suyo, seguidor de Jesús de Nazaret, para destruir el credo de la cruz. Y apareció como el Mesías Prometido de acuerdo con las antiguas profecías. Éste sería el tiempo de la destrucción del credo de la cruz, es decir, un tiempo en que el error del credo de la cruz se haría tan patente como el hecho de partir un trozo de madera en dos.

Ahora es cuando el Cielo ha abierto el camino para la destrucción de la cruz, para que quien busque la verdad lo observe y lo encuentre. Es cierto que la idea de la ascensión física de Jesús a los cielos era errónea. Sin embargo, tenía su propio significado. La verdad sobre la vida del Mesías había sido olvidada y había desaparecido como un cadáver que se descompone en la tumba; sin embargo, en los cielos tenía su propia existencia en forma de ser humano incorpóreo. Era, pues, inevitable, que esta realidad descendiera finalmente a la tierra en los últimos días y asumiera la forma de un ser humano. La realidad mesiánica ha descendido a la tierra en esta época, en la forma de un ser humano vivo. Y los males de la falsedad y el culto a la falsedad, que nuestro Santo Profetasa, en un Hadiz sobre la cruz, ha comparado con el cerdo, han sido cortados en pedazos junto con el quebrantamiento de la cruz, de la misma forma que el cerdo se corta con la espada. Es erróneo pensar que este Hadiz signifique que el Mesías Prometido mataría a los incrédulos y rompería las cruces. En realidad, la derrota de la cruz significa que, en esa época, el Dios del cielo y la tierra sacaría a la luz la Realidad oculta que, repentinamente, echaría por tierra toda la estructura de la cruz. La muerte del cerdo no significa la muerte de los hombres ni la del cerdo, sino la muerte de las cualidades porcinas, como la persistente falsedad y la insistencia en hacer alarde de ella, que equivale a comer excremento. Al igual que el cerdo muerto no puede comer porquería, llegaría un tiempo —más bien ha llegado ya— en el que a las naturalezas malvadas se les impida ingerir suciedad de este tipo.

Los clérigos musulmanes, los Ulema, han cometido una grave equivocación al interpretar esta profecía. El verdadero significado de la destrucción de la cruz y de la muerte del cerdo es el que acabo de indicar. Además, en la época del Mesías Prometido terminarían las guerras religiosas, y el cielo reflejaría unas verdades tan resplandecientes que harían diferenciar claramente la verdad de la falsedad. No creáis, por tanto, que he venido con la espada. Más bien he venido para que todas las espadas vuelvan a envainarse. El mundo ha estado sumido durante mucho tiempo en las tinieblas. Muchos hombres han atacado a quienes los admiraban, han herido los corazones de sus mejores amigos y han ofendido a sus seres queridos. Pero ahora, las tinieblas han desaparecido. La noche ha transcurrido y ya ha amanecido. ¡Bendito sea quien ya no permanece en la privación!

Entre los testimonios que se contienen en los libros budistas está la prueba mencionada en la página 419 de Budismo, de Oldenberg. En este libro, basándose en la autoridad del libro Mahawaga (página 54, sección I) está escrito que un hombre llamado Rahula[24]” era sucesor de Buda. Tal Rahula ha sido descrito no solamente como discípulo, sino también como hijo suyo. Tengo la convicción de que el Rahula de los libros budistas no es otro que Ruhul-lah, que es uno de los títulos de Jesús y se pronuncia como Rahula debido a la variación fonética. La afirmación de que Rahula era el hijo de Buda, que abandonó a su hijo en su infancia, se exilió y deseó separarse de su esposa para siempre, dejándola dormida sin decirle nada ni despedirse de ella, y huyó a otro país, es totalmente absurda e infamante para el elevado rango espiritual de Buda. Un hombre tan cruel e insensible, que no tuvo compasión de su propia esposa, a quien abandonó mientras dormía, y que huyó como un ladrón sin decirle una palabra de consuelo, que ignoró totalmente las obligaciones que le debía como esposo —sin divorciarse de ella ni pedirle permiso para irse a un viaje sin fin— causándola un profundo dolor al desaparecer repentinamente, sin enviarle ni siquiera una sola carta, ni compadecerse del pequeño que se convirtió en hombre en su ausencia, un hombre así, que no tuvo respeto por las enseñanzas morales que inculcó a sus discípulos, no puede ser nunca una persona justa. Mi conciencia se niega a aceptar este relato, al igual que se niega a aceptar la historia de los Evangelios de que Jesús en una ocasión no mostró respeto por su madre, ni le atendió cuando lo llamó, sino que se dirigió a ella con palabras insultantes.

Por ello, aunque las historias respecto a la injuria de los sentimientos de la esposa y madre tienen un cierto parecido mutuo, no puedo atribuir historias que connoten una degradación de la conducta moral de Jesús y de Gautama Buda. Si Buda no quería a su esposa ¿no habría sentido piedad por esta pobre mujer y por su hijo que sufría? Se trata de una conducta moral tan grave que me horroriza pensar en esta historia después del lapso de cientos de años. ¿Por qué tuvo que comportarse de tal modo? Para mostrar maldad, basta con mostrar insensibilidad hacia la propia esposa, salvo que esta sea inmoral, desobediente, incrédula u hostil hacia su marido. Por tanto, no podemos achacar una conducta tan degradante a Buda, que atenta contra sus propias enseñanzas.

Esto demuestra que la historia es falsa. De hecho, “Rahula” significa Jesús, cuyo otro nombre es “Ruhul-lah”. La palabra “Ruhul-lah” del hebreo es similar a “Rahula”, y “Rahula” o “Ruhul-lah” ha sido llamado el discípulo de Buda porque, como he dicho anteriormente, Jesús vino después de Buda y brindó enseñanzas similares a las de Buda: por ello los seguidores de la fe budista declararon que la fuente de esa enseñanza era Buda, y que Jesús fue uno de sus discípulos. No sería pues sorprendente que Buda, basándose en la revelación de Dios, declarara que Jesús era su “hijo”. Otra prueba circunstancial es que en el mismo libro está escrito que cuando el niño “Rahula” fue separado de su madre, una mujer que era seguidora de Buda y cuyo nombre era Magdaliyana, actuó de mensajera. Es fácil comprobar que el nombre Magdaliyana es, en realidad, una forma corrompida de Magdalena, mujer seguidora de Jesús, mencionada en los Evangelios.

Todas estas pruebas, que han sido brevemente presentadas, llevan a las personas imparciales a la conclusión de que Jesús tuvo que visitar este país. Al margen de pruebas tan claras y evidentes, ninguna persona inteligente puede ignorar la semejanza que se encuentra entre los ritos ceremoniales del budismo y los del cristianismo, especialmente en el Tíbet. El parecido es tan notable, que la mayoría de los investigadores cristianos consideran que el budismo es el cristianismo de oriente y el cristianismo el budismo de occidente[25].

Sorprende que Jesús dijera: “Soy la Luz y el Camino” y Buda dijera lo mismo. Los Evangelios llaman a Jesús el Salvador, y Buda también se llama a sí mismo el Salvador (ver Lalta Wasattara). En los Evangelios se afirma que Jesús no tuvo padre y, en cuanto a Buda, también se afirma que nació sin padre[26] aunque aparentemente, al igual que Jesús tuvo un padre adoptivo (José), Buda tuvo igualmente un padre adoptivo. Se afirma asimismo que en el momento del nacimiento de Buda nació una estrella. Está igualmente la historia de Salomón, ordenando cortar al niño en dos mitades y darlas a cada una de las dos mujeres. Un episodio exactamente similar se encuentra en el libro Jataka de Buda[27]. Aparte de demostrar que Jesús vino a este país, muestra igualmente que los judíos que habían emigrado a esta tierra también habían establecido relaciones estrechas con el budismo.

La historia del Génesis que se menciona en los libros de la fe budista tiene mucha semejanza con la misma historia que se ofrece en la Torah. Del mismo modo que, según la Torah, el hombre se considera superior a la mujer, así en la religión de Buda un monje es considerado superior a una monja. Buda, sin embargo, creía en la transmigración de las almas, pero este concepto de transmigración no se opone a las enseñanzas de los Evangelios. Según Buda, la transmigración es de tres tipos: (1) Las acciones y esfuerzos del hombre exigen que tras su muerte le sea conferido otro cuerpo nuevo; (2) el tipo de transmigración en que creen los tibetanos es característico de los Lamas. Esto significa que alguna parte del espíritu de algún Buda o Buda Satwa transmigra al Lama en un determinado momento, lo que significa que su poder, su temperamento y cualidades espirituales se transfieren a ese Lama y empiezan a animar al receptor; (3) que en esta misma vida el hombre pasa por diferentes creaciones hasta que, gracias a sus cualidades morales, se convierte en un ser humano real. Sin embargo, antes de esto, puede llegar un momento en el cual es, metafóricamente hablando, un toro; cuando crece en avaricia y maldad, se convierte en perro, desapareciendo la primera existencia y dando origen a otra correspondiente a la calidad de sus acciones. Todas estas “metamorfosis”, sin embargo, ocurren en esta misma vida. Este tipo de creencias no se oponen a las enseñanzas de los Evangelios.

He dicho ya que Buda cree también en la existencia del Diablo, y que cree igualmente en el cielo y el infierno, en los ángeles y en el Día del Juicio. La acusación de que Buda no creía en Dios es una pura invención. Sin embargo, Buda no creía en Vedanta[28] ni en los dioses corpóreos de los hindúes. Critica profundamente los Vedas y no cree en la verdad de los Vedas existentes, pues los considera corruptos e interpolados. El período durante el cual fue hindú y seguidor de los Vedas lo considera como el período de nacimiento malo. Señala, por ejemplo, que durante un tiempo fue un simio; después, fue elefante durante una época; más tarde, ciervo, y perro; cuatro veces serpiente, después gorrión, y rana; dos veces pez; diez, tigre; cuatro, ave de corral; dos veces cerdo y una vez liebre. Cuando era liebre, solía enseñar a los monos, los chacales y los perros de aguas. Dice igualmente que fue una vez espíritu, una vez mujer y una vez un diablo bailarín. Todos estos datos intentan señalar las fases de una vida llena de cobardía, de afeminamiento, impureza, salvajismo, libertinaje, gula y superstición. Parece que, de hecho, sus confesiones pertenecen a la época en que era seguidor de los Vedas ya que, una vez abandonados estos últimos, no da señal alguna de que persistiera en él ningún tipo de vida malvada.

Realiza, por el contrario importantes afirmaciones. Dice que se había convertido en una manifestación de Dios y que había alcanzado el Nirwana[29]. Buda declara igualmente que el hombre que abandona el mundo llevándose con él acciones malvadas es lanzado al infierno, y que los centinelas del infierno lo arrastran hacia el Guardia del Infierno, llamado Yamah, preguntándose entonces al condenado si no había visto a los Cinco Mensajeros que habían sido enviados para advertirle:

    i.        La Niñez,
   ii.La Edad Adulta,
 iii.La Enfermedad,
  iv.El Castigo por los propios pecados en esta misma vida como prueba del castigo en el más allá
   v.Los Cadáveres que nos recuerdan la naturaleza transitoria de este mundo.

El condenado contesta entonces que fue un necio por no haber pensado en ninguna de estas cosas. Entonces los Guardianes del Infierno lo arrastran al lugar del castigo y lo sujetan con cadenas de hierro al rojo vivo. Buda, además, afirma que el infierno tiene varias zonas a las que serán lanzados los pecadores de diferentes categorías. En una palabra, toda esta enseñanza es un claro exponente de que la religión budista debe mucho a la influencia y ejemplo personal de Jesús.

No me propongo continuar con esta exposición y termino aquí esta sección, ya que la profecía sobre la venida de Jesús a este país ha sido expuesta claramente en la literatura budista. Tampoco puede negarse que las parábolas y la enseñanza moral de los Evangelios se encuentran sin duda alguna en los libros budistas compilados en la época de Jesús. Por tanto, la prueba que nos habíamos propuesto encontrar en los libros budistas ha quedado totalmente demostrada, gracias al Dios Todopoderoso.

Sección 3

Pruebas de los escritos históricos que muestran que era inevitable la venida de Jesús al Punjab y a los territorios vecinos

Surge naturalmente la pregunta de que, por qué Jesús, después de escapar de la cruz, vino a este país y qué razón le indujo a realizar un viaje tan largo. Esta pregunta requiere una respuesta detallada y creo que sería conveniente incluir en este volumen todo el tema.

Señalemos, por tanto, que era sumamente necesario, en razón de su misión de mensajero divino, que Jesús viajara hacia el Punjab y sus cercanías ya que las diez tribus de Israel, que habían sido llamadas en los Evangelios las Ovejas Perdidas de Israel, habían emigrado a este país. Se trata de un hecho que ningún historiador ha podido negar. Era, pues, preciso que Jesús (la paz sea con él) viajara a este país y, después de halladas las ovejas perdidas, les transmitiera su mensaje divino.

De no haberlo hecho, el objetivo para el que le había enviado Dios hubiese quedado sin cumplir. Su misión era la de predicar a las Ovejas Perdidas de Israel. Su partida de este mundo sin buscar a esas ovejas perdidas o sin enseñarles —después de halladas— la salvación, habría sido como el caso de un hombre a quien su rey encargara que acudiera a una tribu salvaje para perforar un pozo y proporcionarles agua, pero que en su lugar se dirigiera a otro lugar, empleando allí tres o cuatro años sin tomar medida alguna para buscar la tribu. ¿Hubiera cumplido ese hombre la orden de su rey? No, en absoluto; más bien diríamos que, por comodidad propia, se habría despreocupado totalmente de esa tribu.

No obstante, si nos preguntamos cómo y por qué debe suponerse que las diez tribus de Israel llegaron a este país, la respuesta es que la evidencia en apoyo de esta tesis es tan firme e incontrovertible, que ni siquiera una persona de poco intelecto podría negarla. Es perfectamente sabido que los pueblos como los afganos y los habitantes originales de Cachemira son en realidad de origen israelita. Por ejemplo, los pueblos de Alai Kohistan, que está a dos o tres días de viaje del distrito de Hazara, se denominan a sí mismos Beni Israel desde tiempo inmemorial. De igual modo, existe otra cadena montañosa en esta región conocida como Kala Dakah, cuyos habitantes se enorgullecen de ser de origen israelita. Hay además una tribu en el mismo distrito de Hazara que atribuye su origen a Israel. De la misma manera, los pueblos de la región montañosa entre Chalas y Kabul se denominan también israelitas. La opinión del Dr. Bernier sobre el pueblo de Cachemira, que se basa en la autoridad de algunos intelectuales ingleses y se expresa en la segunda parte de su libro Viajes, está bien fundada. Según su opinión, el pueblo de Cachemira es descendiente de Israel; sus trajes, sus rasgos y algunas de sus costumbres señalan claramente el hecho de que son sin duda alguna de origen israelita[30]. Un caballero inglés llamado Georges Foster, afirma en su libro que, durante su estancia en Cachemira, creyó encontrarse en medio de una tribu de judíos[31]. H.W. Bellews C.S.I, en su libro llamado Las Razas de Afganistán (19) de Thacker Spink & Co., Calcuta, menciona que los afganos procedían de Siria. Nabucodonosor los hizo prisioneros y los asentó en Persia y Media, desde donde más tarde se dirigieron a oriente y se establecieron en las colinas de Ghor, donde fueron conocidos como Beni Israel. Como evidencia de esto está la profecía del profeta Idris (Henoc) que afirma que las diez tribus de Israel que fueron hechas prisioneras escaparon de la esclavitud y se refugiaron en el territorio llamado Arsarah, que al parecer es el otro nombre de la parte conocida como Hazara, perteneciente a la región llamada Ghor. En Tabaqat-i-Nasri, hay una narración de la conquista de Afganistán por Gengis Khan. Se afirma que, en la época de la dinastía Shabnisi, vivía allí una tribu llamada Beni Israel, entre la que había grandes negociantes y buenos comerciantes. En el año 622 d.C., cerca de la época en la que nuestro Santo Profeta Muhammadsa anunció su llamada, estos pueblos se encontraban establecidos en el territorio cercano al Este de Herat. Un jefe quraish, de nombre Khalid Bin Walid, les llevó la buena nueva de la aparición del Profetasa con el fin de colocarlos bajo el estandarte del Mensajero Divinosa. Le acompañaron cinco o seis jefes, de los que el principal era Qais, cuyo otro nombre era Kish. Después de aceptar el Islam, estos pueblos combatieron valientemente por la causa del Islam y realizaron muchas conquistas. El Santo Profetasa les ofreció muchos presentes a su regreso, les bendijo y profetizó que conseguirían un gran poder y dominio. El Santo Profetasa también profetizó que los jefes de estas tribus serían siempre conocidos como Maliks. Dio a Qais el nombre de Abdul Rashid y le confirió el título de Pathán. Algunos escritores afganos dicen que es una palabra siria que significa timón. Dado que el Qais recién convertido era guía de su tribu, actuando como el timón de un buque, se le otorgó el título de Pathan.

No es posible determinar el momento en que los afganos de Ghaur avanzaron más y se instalaron en el territorio que rodeaba Kandhar, que es actualmente su morada. Esto sucedió probablemente en el primer siglo del calendario islámico. Los afganos mantienen que Qais contrajo matrimonio con la hija de Khalid Bin Walid, de quien tuvo tres hijos cuyos nombres fueron Saraban, Patan y Gurgasht. Saraban tuvo dos hijos, llamados Sacharj Yun y Karsh Yun. Sus descendientes son conocidos como afganos o Beni Israel. El pueblo de Asia Menor y los historiadores musulmanes de occidente llaman a los afganos sulaimanis[32].

En La Enciclopedia de la India y el Asia Oriental y del Sur, de Edward Balfour, Vol. III[33], se afirma que el pueblo judío se extiende por la región central, sur y oriental de Asia. En épocas antiguas estos pueblos se habían establecido en gran número en China; tenían una sinagoga en Yih Chu, la capital del distrito de Shu. El Dr. Wolf, que deambuló durante mucho tiempo en busca de las ovejas perdidas de Beni Israel, es de la opinión de que los afganos son de la progenie de Jacob que proceden de las tribus de Yahuda y Bin Yamin.

Otros datos demuestran que los judíos se exiliaron al territorio de los tártaros y se encontraban en gran número en los territorios que rodeaban Bukhara, Merv y Khiva. Prester John, Emperador de Tartaria, en su carta a Alexis Comminus, el emperador de Constantinopla, escribiendo sobre sus dominios, declara que más allá del río Amu están las diez tribus de Israel que, aunque afirman que tienen su propio rey, son en realidad ciudadanos y vasallos suyos. Las investigaciones del Dr. Moor muestran que las tribus tártaras llamadas Chosan son de origen judío y que, entre ellos, pueden encontrarse trazas de la antigua fe judía. Por ejemplo, aún observan el rito de la circuncisión. Los afganos mantienen la tradición de que son las diez tribus perdidas de Israel. Después del saqueo de Jerusalén, el rey Nabucodonosor los hizo prisioneros y los instaló en el país de Ghaur, cerca de Bamiyar. Antes de la venida de Khalid Bin Walid, habían preservado la fe judía.

En su aspecto, los afganos se parecen a los judíos en todos sus rasgos. Al igual que ellos, el hermano más joven se casa con la viuda del mayor. Un viajero francés, de nombre L.P. Ferrier, que visitó Herat, afirma que en este territorio hay muchos israelitas que tienen plena libertad en la práctica de su religión[34]. El Rabino Bin Yamin de Toledo (España) viajó a la búsqueda de las tribus perdidas en el siglo XII d.C. Afirma que estos judíos se encuentran establecidos en China, Irán y el Tíbet. Josefus, que escribió la antigua historia de los judíos en el año 93 d.C., al hablar de los judíos que escaparon de la esclavitud con el Profeta Ezra, afirma en su undécimo libro que las diez tribus se habían instalado más allá del Eúfrates incluso en aquella época, y que su número era incontable[35]. Más allá del Eúfrates quiere decir Persia y los territorios orientales. San Jerónimo, que vivió en el siglo V d.C., escribiendo sobre el Profeta Oseas, afirma de pasada, en apoyo de su tesis, que a partir de aquel día las diez tribus (de los israelitas) habían estado bajo el rey Parthya o Paras, y no se habían librado de la esclavitud. En el primer volumen del mismo libro se afirma que el Conde Bjorn Stjerna escribe en la página 233-34 de su libro que los afganos admiten que Nabucodonosor, después de la destrucción del templo de Jerusalén, los exilió al territorio de Bamiyan (que se encuentra junto a Ghaur, en Afganistán).

En la página 166 del libro Una narración de una visita a Ghazni, Kabul y Afganistán de G.T. Vigne, F.G.S. (1840) se afirma que un tal Mul-lah Khuda Dad leyó en su presencia, de un libro llamado Mayma-ul-Ansab, que el hijo mayor de Jacob era Judas, cuyo hijo era Usrak; el hijo de Usrak era Aknur; el hijo de Aknur era Maalib; el de Maalib, Farlai; el de Farlai, Qais; el de Qais, Talut; el de Talut, Armea y el hijo de Armea era Afghan, cuyos descendientes son el pueblo afgano que debe su nombre al mencionado en último lugar. Afghan, contemporáneo de Nabucodonosor, fue conocido como descendiente de Israel y tuvo cuarenta hijos. En la trigésimo cuarta generación de su árbol genealógico, después de 2.000 años, nació Dais, que vivió en la época del Santo Profeta Muhammadsa Sus descendientes se multiplicaron hasta 64 generaciones[36]. El hijo mayor de Afghan, Salm, emigró de su casa de Siria y se estableció en Ghor Mashkok, cerca de Herat y sus descendientes se extendieron por Afganistán[37].

En Una Enciclopedia de Geografía de James Bryce, F.G.S. (Londres, 1856), se afirma en la página 11 que los afganos remontan su genealogía hasta Saúl, el rey israelita, y se llaman a sí mismos descendientes de Israel. Alexander Burns afirma que los afganos se consideran a sí mismos de origen judío; que el rey Babul los hizo prisioneros y los estableció en el territorio de Ghaur, que está al noroeste de Kabul, que hasta el 622 d.C. continuaron con su propia fe judía, pero que Khalid Bin Abdullah (Abdullah se ha escrito erróneamente en lugar Walid) contrajo matrimonio con la hija de un jefe de esta tribu y les hizo aceptar el Islam ese mismo año[38].

En el libro Historia de Afganistán del Coronel G.B. Malleson, publicado en Londres (1878) en la página 39 se dice que Abdullah Khan de Herat, el viajero francés llamado Friar, y Sir William Jones, un orientalista de renombre, están de acuerdo en que pueblo afgano desciende de los Beni Israel y que son los descendientes de las diez tribus perdidas[39]. El libro Historia de los Afganos de L. P. Ferrier[40], traducido por el Capitán W. M. Jasse y publicado en Londres (1958), afirma en la primera página que la mayoría de los historiadores orientales son de la opinión de que el pueblo afgano desciende de las Diez Tribus de Israel y que esta es la opinión de los mismos afganos. El mismo historiador afirma en la página 4 de su libro que los afganos poseen pruebas de que en Pishawar, durante su invasión de la India, Nadir Shah fue obsequiado por los jefes de la tribu Yusaf-Zai con una Biblia escrita en hebreo así como con algunos otros artículos preservados por sus familias para la celebración de las ceremonias religiosas de su antigua fe. Había también judíos en el campamento de Nadir Shah, quienes, al ver los artículos, los reconocieron fácilmente.

Este mismo historiador afirma también en la página 4 de su libro que, en su opinión, la teoría de Abdullah Khan es muy fiable. Brevemente expuesta, esta teoría es la siguiente:     Malik Talut (Saúl) tuvo dos hijos: Afghan y Jalut. Afghan fue el patriarca de este pueblo. Después de los reinados de David y Salomón, las tribus israelitas comenzaron a luchar entre sí. Como resultado, cada tribu se separó del resto. Este estado de cosas continuó hasta la época de Nabucodonosor, que los invadió y mató a 70.000 judíos. Saqueó la ciudad, llevándose a los judíos restantes con él a Babel como prisioneros. Después de esta catástrofe, los hijos de Afgan huyeron aterrorizados de Judea a Arabia y permanecieron allí durante mucho tiempo. Pero dado que el agua y la tierra escaseaban y los hombres y los animales sufrían graves dificultades, decidieron emigrar a la India. Una parte de los Abdalis permanecieron en Arabia y, durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr, uno de sus jefes estableció lazos por matrimonio con Khalid Bin Walid… Cuando Persia pasó a Arabia, estos pueblos emigraron de Arabia y se establecieron en las provincias iraníes de Faras y Kirman. Allí permanecieron hasta la invasión de Gengis Khan. Como los Abdalis se sentían impotentes frente a las atrocidades de Gengis Khan, marcharon a la India a través Makran, Sind y Multán. Pero tampoco encontraron allí la paz. Por último llegaron a Koh Sulaiman y se establecieron allí. Los demás miembros de la tribu de Abdalis se unieron también a ellos. Formaban 24 tribus, todas descendientes de Afghan, quien tuvo tres hijos, Saraband (Saraban), Arkash (Gargasht) y Karlan (Batan). Cada uno de ellos tuvo ocho hijos que se multiplicaron formando veinticuatro tribus, recibiendo cada tribu el nombre de cada hijo. Los nombres de las tribus y de los hijos son los siguientes[41]:

Relación de las 24 tribus de los Abdalis:

Hijos de Saraband Nombre de la tribu
AbdalAbdali
BaburBaburi
WazirWaziri
LohanLohani
BarchBarchi
KhugiyanKhugiyani
SharanSharani
Hijos de Gargasht (Arkash) Nombre de la tribu
KhiljKhilji
KakerKakari
JamurinJamurini
SaturiyanSaturiyani
PeenPeeni
KasKasi
TakanTakani
NassarNassari
Hijos de Karlan                                                Nombre de la tribu
KhatakKhataki
AfridAfridi
TurTuri
ZazZazi
BabBabi
BanganeshBanganeshi
LandipurLandipuri
KhatakKhataki

El libro Makhzan-i-Afghani[42], de Khawaja Nimatullah de Herat, fue escrito en 1018 de la Hégira durante el reinado del Emperador Jahangir, y fue traducido y publicado por el Profesor Bernhard Doran de la Universidad de Kharkov en 1836 en Londres. Contiene las siguientes afirmaciones en los capítulos que se mencionan a continuación:

En el capítulo I está la historia de Jacob Israel con quien comienza la genealogía de los afganos.

En el capítulo II está la historia del Rey Talut; es decir, que la genealogía de los afganos se remonta hasta Talut. En las páginas 22 y 23 se afirma: Talut tuvo dos hijos: Barkhiya y Armiyah. Barkhiya tuvo un hijo, Asaf, y Armiah, tuvo a Afghan y en la página 24 se menciona que Afghan tuvo veinticuatro[43] hijos y ninguno de entre los israelitas se pudo comparar en número con los descendientes de Afghan. En la página 65[44] se afirma que Nabucodonosor[45] ocupó todo Sham (Siria), etc., exilió a las tribus israelitas y las obligó a establecerse en las regiones montañosas de Ghaur, Ghazni, Kabul, Kandhar y Koh Firoz, en donde los descendientes de Asaf y Afghan particularmente establecieron su morada.

El tercer capítulo contiene la declaración de que cuando Nabucodonosor expulsó a los israelitas de Siria, algunas tribus que eran descendientes de Asaf y Afghan se refugiaron en Arabia. Los árabes solían dirigirse a ellas como Beni Israel y Beni Afgan[46].

En las páginas 37 y 38 del mismo libro, basándose en la autoridad del autor de Majma-ul-Ansab y de Mastaufi, el autor de Tarikh Buzidah, se afirma que, en vida del Santo Profeta Muhammadsa, Khalid Bin Walid invitó al Islam a los afganos, los cuales, después de la invasión de Nabucodonosor, habían establecido su residencia en el territorio de Ghor. Los jefes de los afganos, bajo el mando de Qais, que fue descendiente de Talut en trigésimo grado, acudieron a rendir homenaje al Santo Profetasa. El Santo Profetasa puso el nombre de Abdul Rashid a Qais (aquí se menciona la genealogía de Abdul Rashid Qais hasta Talut-Saúl). El Santo Profetasa también concedió a los jefes el título de Pathan, cuyo significado es “timón del buque”. Después de algún tiempo, los jefes volvieron a su territorio y empezaron a predicar el Islam.

En ese mismo libro, Makhzan-i-Afghan, se recoge en la página 63 que Farid-ud-Din Ahmad realiza la siguiente afirmación en cuanto a los títulos de Beni Afghanah o Beni Afghan, en su libro Rasalah Ansab-i-Afghaniyah: “Después de que Nabucodonosor, el Magiano, sometiera a los israelitas, conquistara los territorios de Sham y saqueara Jerusalén, se llevó prisioneros a los israelitas y los exilió como esclavos. Se llevó con él varias de sus tribus que seguían la ley mosaica y les ordenó renunciar a su fe ancestral y adorarlo a él en lugar de a Dios, a lo que se negaron. En consecuencia, Nabucodonosor mató a dos mil de los más inteligentes y sabios de entre ellos, y ordenó al resto que salieran de su reino y de Siria. Algunos de ellos abandonaron el territorio de Nabucodonosor bajo el liderazgo de un jefe y se dirigieron a las colinas de Ghaur. Sus descendientes se instalaron en aquel lugar, se multiplicaron rápidamente y empezaron a llamarse Beni Israel, Beni Asaf y Beni Afghan.”

En la página 64, el mismo autor afirma que registros fidedignos como Tarikh-i-Afghani, Tarikh-i-Ghauri, etc., contienen la afirmación de que los afganos son en su mayoría Beni Israel, y algunos de ellos son de origen copto. Además, Abul Fazl declara también que algunos afganos se consideraban de origen egipcio, siendo la razón expuesta por ellos que, cuando los Beni Israel volvieron a Egipto desde Jerusalén, esta tribu, a saber, los afganos, emigró a la India. En la página 64, Farid-u-Din Ahmad escribe sobre el título “afgano”: “Existe constancia de que algunos escritores han mencionado que, después del exilio (de Siria) solían siempre “lamentarse y llorar” (faghan) en recuerdo de su hogar. Por esta razón fueron llamados afganos[47]”. Sir John Malcolm es también de la misma opinión; véase Historia de Persia, Vol. I, página 101.

En la página 63 se contiene la afirmación de Mahabat Khan: “Dado que son seguidores y familiares de Salomón, son llamados Sulaimanis por los árabes”.

En la página 65 está escrito que las investigaciones de casi todos los historiadores orientales muestran que la propia opinión del pueblo afgano es que son de origen judío. Algunos historiadores actuales han adoptado la misma opinión y la consideran verdadera o casi verdadera…

La opinión del traductor Bernard Dorn —de que la adopción de nombres judíos por los afganos se debe a su aceptación del Islam— no se apoya en ninguna prueba. En el noroeste y el oeste del Punjab hay tribus de origen hindú que se han hecho musulmanes pero cuyos nombres no pertenecen a pueblos judíos, lo que demuestra claramente que los pueblos no adoptan necesariamente nombres judíos por el hecho de hacerse musulmanes. El que los afganos tengan una notable semejanza con los judíos en cuanto a sus rasgos faciales es un hecho admitido incluso por los estudiosos que no adoptan la opinión de que los afganos son de origen judío. Esta es la única prueba sólida que establece que los afganos son de origen judío. A este respecto, estas son las palabras de Sir John Malcolm:

“Aunque es muy dudoso su derecho a esta orgullosa ascendencia (judía), por su aspecto personal y muchas de sus costumbres, es evidente que ellos (los afganos) son una raza distinta de los persas, tártaros e indios y sólo esto parece dar cierta credibilidad a la afirmación afgana, que, por otro lado se contradice por muchos datos sólidos, y de la que no se ha presentado prueba directa. Si la semejanza de los rasgos étnicos entre un pueblo y otro pudiera indicar algo, se diría ciertamente que los habitantes de Cachemira, con sus rasgos judíos, son de origen judío. Esto no sólo lo ha mencionado Bernier, sino también Forster, y tal vez otros autores.” Aunque Forster no acepta la opinión de Bernier, admite que cuando estuvo entre los habitantes de Cachemira, pensó que se encontraba en un pueblo judío[48].

Respecto a la palabra “Cashmiri”, puede leerse lo siguiente en la página 250 del Diccionario de geografía de Johnston:

Los nativos tienen un cuerpo robusto y alto, con rasgos muy salientes; las mujeres bien formadas y esbeltas, con nariz aquilina y rasgos similares a los de los judíos[49].

La Gaceta Civil y Militar (23 de noviembre de 1898, pág 4) bajo el título “Sawati y Afridi”, reproduce un informe muy valioso e interesante presentado ante la Sección Antropológica de la Asociación Británica en una de sus recientes reuniones y que será leída en la sesión de invierno ante el Comité sobre Investigación Antropológica. El informe dice lo siguiente:

Los Pathan o Paktan originales, habitantes de estas puertas occidentales de la India, son reconocidos en la historia más antigua, habiendo sido mencionadas muchas de las tribus por Heródoto y los historiadores de Alejandro. En tiempos medievales, sus montañas ásperas y sin cultivar eran denominadas Roh, y sus habitantes Rohilas, y es indudable que la mayoría de estas primeras tribus Rohila o Pathan estaban ya instaladas allí mucho antes de que se pensara en las tribus afganas que vinieron después. Todos los afganos se consideran ahora de cualquier modo Pathanes, porque todos hablan el idioma pathan, pashto, pero no reconocen ninguna descendencia directa con los primeros, sino que afirman ser Beni Israel, es decir, descendientes de las tribus que fueron llevadas cautivas a Babilonia por Nabucodonosor. No obstante, todos ellos adoptaron la lengua pashto y reconocieron el mismo código de normas civiles llamado Paktanwali, que, en muchas de sus disposiciones, sugiere curiosamente tanto la antigua ley mosaica como las más viejas tradiciones de las razas Rajput.

Por lo tanto, los pathanes, que han acaparado un especial interés por parte nuestra, podrían ser divididos en dos grupos importantes; por un lado, las tribus y clanes de origen indio, como los Waziris, Afridis, Orakzais, etc. y, por otro, los que son de origen afgano, que afirman ser semitas y representan la raza dominante a lo largo de nuestra frontera. Parece que es posible que el paktanwali, un código no escrito reconocido por todos ellos pueda ser de origen mixto, pues podemos encontrar en él la ley mosaica enraizada con tradiciones de los Rajput y modificadas por las costumbres musulmanas. Los afganos, que se llaman a sí mismos Duranis —nombre que se atribuyen desde la fundación del Imperio Durani, hace alrededor de siglo y medio–— afirman que descienden de las tribus israelitas a través de un antecesor llamado Kish (Qais), a quien el Profeta Mahometano dio el nombre de Pathan (que en sirio significa timón), porque debía dirigir a su pueblo a las filas del Islam…

Es difícil explicar la frecuencia universal de nombres israelitas entre los afganos sin admitir algunas relaciones con la nación israelita. Aún más difícil es explicar ciertas costumbres, como por ejemplo, la observación de la Fiesta del Paso (que, en el caso de la raza afgana, al menos es curiosamente muy bien imitada) o la persistencia con la que los afganos menos cultos mantienen la tradición, sin ninguna base original real para ello. Bellew considera que esta relación israelita podría ser auténtica; pero señala que al menos una de las tres grandes ramas de la familia afgana que se derivó tradicionalmente de Kish, tiene el nombre de Sarabaur, que no es más que la forma pashto del antiguo nombre aplicado a la raza solar de Rajput, cuyas colonias se sabe que emigraron a Afganistán después de su derrota por los Chandrabans, en la batalla de Mahabharat, por los primeros escritos indios. Por tanto, los afganos tal vez fuesen israelitas absorbidos en antiguas tribus de Rajput, y esta me ha parecido siempre la solución más probable al problema de su origen. De cualquier modo, el afgano moderno considera, basándose en la tradición, que es uno de la razas elegida, descendiente de Abraham, y solo reconoce la afinidad con otros pathanes a través de un lenguaje común y un código común de costumbre tribal.

Todas estas citas de libros de escritores muy conocidos, si se consideran globalmente, convencerán al lector imparcial de que los afganos y habitantes de Cachemira, que pueden encontrarse en la India, en la frontera y en sus cercanías, son realmente Beni Israel. En la segunda parte de este libro, Dios mediante, demostraré con más detalle que el objeto final del largo viaje de Jesús a la India fue el de cumplir su tarea de predicar a todas las tribus israelitas, un hecho al que había aludido en los Evangelios. No es, pues, sorprendente, que llegara a la India y a Cachemira. Sería, por el contrario, sorprendente que, sin cumplir su tarea como profeta, hubiese subido a los cielos. Aquí terminamos esta parte de la exposición. La paz sea con aquellos que siguen el camino recto.

MIRZA GHULAM AHMAD

El Mesías Prometido

Qadian, Distrito de Gurdaspur

[1] Existe una carta en la catorceava parte del primer capítulo de la historia en griego del “Credo de Eusebio” traducido por un londinense llamado Heinmer en 1650 d. C., que muestra que un rey llamado Abgerus invitó a Jesús desde un territorio que se extendía más allá del Éufrates, a su corte. La carta enviada por Abgerus a Jesús, y su respuesta, está colmada de invenciones y exageraciones. Sin embargo, parece ser cierto que el rey, habiendo sido informado de las crueldades de los judíos, invitó a Jesús a su corte para proporcionarle refugio. El rey creyó probablemente que era un profeta verdadero. (Autor).

[2] En la Tora estaba la promesa a los judíos de que si creían en el “último” profeta serían gobernados por sus propios reyes y gobernantes. Esta promesa se cumplió con las diez tribus de Israel que adoptaron el Islam. Por esta razón han existido reyes importantes tanto entre los afganos como entre los cachemires. (Autor).

[3] Después del nombre de Jesús (Isa). (Editores)

[4] Budismo, de Sir M. M. Williams, página 23

[5] Véase apéndice, extractos 1, 2, 3, 4 y 5 (Editores)

[6] Véase Budismo Chino por Edkins, Buda por Oldenberg, traducido por W. Hocy, y La Vida de Buda, traducido por Rockhill (Autor)

[7] Véase Apéndice, extracto 2. (Editores)

[8] No podemos negar que la fe budista, desde tiempos antiguos, ha contenido una gran parte de enseñanza moral; pero al mismo tiempo opinamos que la parte que constituye solamente la enseñanza de los Evangelios –las parábolas y otras reproducciones de la Biblia- fue añadida indudablemente a los libros budistas en la época en que Jesús se hallaba en este país. (Autor)

[9] Véase Apéndice.

[10] Véase Apéndice, extracto 2. (Editores)

[11] Los budistas también tienen una tradición similar a la Cena del Señor de los cristianos. (Autor)

[12] Véase Apéndice, extracto 1, 2, 3 y 4. (Editores)

[13] P. Oldenberg, 191, 192 (Editores)

[14] Véase Apéndice, extracto 2. (Editores)

[15] Según Oldenberg, se pronuncia Cakkavatti Suttanta. Véase Apéndice, extracto 5. (Editores)

[16] Véase Apéndice, extracto 5. (Editores)

[17] El sentido de la cita es correcto, pero parece que existe una errata en la primera edición. Léase 49:10 en lugar de 3: 10. (Editores)

[18] Véase Apéndice, extracto 6. (Editores)

[19] El período de mil o cinco mil años es incorrecto. (Autor)

[20] Véase Apéndice, extracto 7. (Editores)

[21] Véase páginas 169 y 223 de este libro. (Autor)

[22] Véase Apéndice, extracto 2. (Editores)

[23] Véase Apéndice, extracto 8. (Editores)

[24] También conocido como Rahula. Véase Apéndice, extracto 5. (Editores)

[25] Véase Apéndice, extracto 9. (Editores)

[26] Véase Apéndice, extracto 3. (Editores)

[27] En la literatura budista se encuentran los relatos de los anteriores nacimientos de Buda. (Editores)

[28] El concepto y filosofía védicos de lo divino. (Editores)

[29] Según la enseñanza budista, Nirvana es el estado de felicidad completa que se adquiere cuando el alma se libra de todos los sufrimientos y queda impregnado del espíritu supremo. (Editores)

[30] Véase Apéndice, extracto 10. (Editores)

[31] Véase Apéndice, extracto 11. (Editores)

[32] Véase Apéndice, extracto 12. (Editores)

[33] Debería ser volumen I, tercera edición. (Editores)

[34] Véase apéndice, extracto 13, 14 y 15. (Editores)

[35] Véase Apéndice, extracto 16. (Editores)

[36] Debería leerse como 66. (Editores)

[37] Véase Apéndice, extracto 17. (Editores)

[38] Véase Apéndice, extracto 18. (Editores)

[39] Véase Apéndice, extracto 19. (Editores)

[40] Debería ser J. P. Ferrier (Joseph Pierre Ferrier). (Editores)

[41] Véase Apéndice, extracto 20. (Traductor)

[42] Debería leerse como “cuarenta” como se menciona en el extracto 21 del Apéndice. (Editores)

[43] Véase la página 3 del prefacio del autor. Este libro es un resumen de crónicas auténticas como TarijeTibri, Majmaul Ansaab, Gazida Jahankushai, Matlaul Anwar y Maadane Akbar. (Autor)

[44] Se trata de una errata, que debería leerse como página 25. Véase Apéndice, extracto 21. (Editores)

[45] Nabucodonosor. (Editores)

[46] Significa los hijos de Israel y los hijos de Afgan. (Editores)

[47] Significa que el título “Afgan” es una combinación de dos palabras persas: “Aah” (lamento) y “Faghan” (grito o dolor). (Editores)

[48] Véase Apéndice, extracto 21. (Editores)

[49] Véase Apéndice, extracto 22. (Editores)