En sus propias palabras: La gratitud del Mesías Prometido (a.s.) hacia los compañeros en la causa
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

En sus propias palabras: La gratitud del Mesías Prometido (a.s.) hacia los compañeros en la causa

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermon

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Sura al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Son evidentes los esfuerzos realizados por el Mesías Prometido (as) para enarbolar por todo el mundo la bandera del Santo Profeta (sa). Sin embargo, también se mostraba sumamente agradecido a cuantos le ayudaban, de cualquier manera, a cumplir su misión. En un anuncio fechado el 4 de octubre de 1899, el Mesías Prometido (as) puso en marcha una iniciativa destinada a mencionar los nombres de aquellas personas sinceras de la Comunidad que habían ofrecido ayuda económica. declaró:

“Es el proceder habitual de Al’lah Taala que, en sus comienzos, el grupo de Sus hombres siempre necesite ayuda económica. Incluso nuestro Santo Profeta (sa) recibió contribuciones económicas repetidas veces de sus discípulos, entre quienes Hazrat Abu Bakr fue el más destacado. Venid, pues, a prestar ayuda con hombría y sin vacilación”.

En aquel momento, hizo un llamamiento para recabar ayuda económica destinada al Langar Jana [comedor comunitario], pues este también desempeñaba una función importante, ya que los invitados acudían para conocer el islam y escuchar su testimonio. Declaró:

“Todos deben contribuir al Langar Jana de acuerdo con sus posibilidades. Deseo, si fuera posible, que se adopten las medidas necesarias para que podamos liberarnos de la carga del Langar Jana y dedicarnos a nuestra misión” (es decir, deseaba prestar todavía mayor atención a su misión de difundir el islam y propagar por todo el mundo el mensaje del Santo Profeta [sa]). Asimismo, deseaba que se dispusieran arreglos separados para aquellos invitados que acudieran con este propósito.

En cualquier caso, el Mesías Prometido (as) declaró:

“…y dedicarnos a nuestra misión, para que nuestro tiempo no se vea afectado negativamente. Quienes nos ayuden hoy serán testigos de la ayuda de Al’lah”.

Además, declaró:

“No puedo dejar de afirmar que la persona más destacada en este apoyo y devoción es nuestro más sincero y amado [hermano] por amor a Al’lah, Maulvi Hakim Nuruddin Sahib. No solo ha prestado ayuda económica, sino que ha roto todo vínculo con el mundo, se ha vestido como un mendigo, ha emigrado de su hogar y ha permanecido en Qadian hasta su muerte, siempre dispuesto [a ayudar]. Si quiero, puedo enviarlo al este o al oeste [para que difunda el mensaje del islam]. En mi opinión, estas son las personas de las que se habla en la revelación contenida en Barahin-e-Ahmadía: ‘El Pueblo de Suffah. ¿Y qué os hará saber quiénes son los Suffah?’”.

Luego declaró:

“Después de esta distinguida persona, ocupa el segundo lugar mi amado [hermano] por amor a Al’lah, Maulvi Abdulkarim Sahib de Sialkot. Dios Altísimo no le había otorgado inclinación hacia los asuntos mundanos ni hacia la búsqueda de rangos [mundanos]; pero ahora también ha renunciado por completo a todo pensamiento materialista y permanece en esta puerta, consagrado día y noche al servicio de la fe y empleando su mente al máximo de su capacidad. Durante las oraciones del viernes, expone numerosas verdades y reflexiones del Sagrado Corán, beneficiando así a los musulmanes. Después se encuentra Hakim Fazl Din Sahib, paisano de Maulvi Hakim Nuruddin Sahib. También él vive cerca y participa en este servicio. Uno de nuestros amigos más sinceros es el Dr. Burhe Jan Sahib. Aunque ha fallecido, existen motivos para estar agradecidos, pues en esta Comunidad hay otros cuatro médicos sinceros: Jalifa Rashiduddin Sahib de Lahore, el Dr. Mirza Yaqub Baig Sahib de Kalanaur, el Dr. Muhammad Ismail Sahib y el Dr. Abdulhakim Jan Sahib.

Del mismo modo, hubo también personas sumamente sinceras que se establecieron aquí. Entre ellas se encontraba Mirza Juda Bajsh Sahib, así como Sahibzada Sirall-ul-Haq Sahib Sarsavi, quien emigró de su tierra natal, Sarsawa, y llegó a Qadian, además de varias personas más. Oramos para que la migración de todos estos caballeros resulte bendita para ellos.

Por su parte, Maulvi Hakim Nuruddin Sahib (ra) es una de las luces brillantes de nuestra Comunidad. Todos los días imparte conferencias sobre el Sagrado Corán y los Hadices, y expone reflexiones y verdades tan profundas del Corán que, si esto no es la ayuda de Dios, ¿qué otra cosa podría ser? Hazrat Maulvi Sahib y mi amado hermano por amor a Dios, Maulvi Abdulkarim, desean sinceramente vivir y morir en Qadian.

Entre los miembros sinceros de nuestra Comunidad dedicados al comercio y a los negocios, es digno de elogio mi querido hermano por amor a Dios, Seth Abdurrahman Sahib, comerciante de Madrás. Ha conseguido numerosas oportunidades de obtener recompensa espiritual. Es un amante tan ferviente que, pese a vivir tan lejos, permanece cerca de nosotros y presta una ayuda extraordinaria al Langar Jana de nuestra Comunidad. Su veracidad y su servicio constante, impregnado de amor, convicción y fe, constituyen un ejemplo para todos los miembros adinerados de la Comunidad, pues hay pocos como él. Envía puntualmente 100 rupias cada mes y, hasta el día de hoy, ha enviado repetidas veces sumas de hasta 500 rupias, movido únicamente por el fervor de su amor y sinceridad (en aquel entonces, se trataba de una suma considerable, que destinaba a la propagación de la fe y a sufragar los gastos de los huéspedes). Las 100 rupias que envía mensualmente son adicionales a estas cantidades.

Del mismo modo, se encuentra mi amado hermano por amor a Dios, Sheij Rahmatul’lah Sahib, comerciante de Lahore. Sé muy bien que Sheij Sahib es nuestro devoto amante con todo su corazón y toda su alma. Empleando una suma considerable de su propio dinero en los procesos penales que se habían incoado contra mí, me prestó una ayuda extraordinaria y, movido por el fervor de su amor, permaneció incansablemente entregado a mostrarme su solidaridad. Ahora, tras haber gastado cientos de rupias en nuestro trabajo, se encuentra en Londres. ¡Que Dios Altísimo lo traiga pronto de regreso sano y salvo!”. Esto sucedió cuando se había marchado a Londres.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“También merece ser mencionado mi amado hermano por amor a Dios, Sardar Nawab Muhammad Ali Jan Sahib, quien ha progresado enormemente en amor y sinceridad. Nuestra perspicacia atestigua que muy pronto alcanzará tal grado de sinceridad y amor que será motivo de envidia [sana]. Siempre ha prestado ayuda mediante contribuciones económicas, en la medida de sus posibilidades, y se espera que sacrifique aún más de su riqueza en aras de Dios. Dios Altísimo contempla las obras de cada persona, y no necesito decir ni escribir nada más al respecto”.

De igual manera, el Mesías Prometido (as) afirmó que había muchas otras personas sinceras, pero que, lamentablemente, si escribiera los nombres de todas ellas, aquel anuncio se convertiría en un artículo muy extenso.

Declara:

“He orado por todas ellas para que Dios les conceda la felicidad en ambos mundos. Todo cuanto hagan ahora o en el futuro por amor a Dios se encuentra bajo la atenta mirada de Dios Altísimo”. Así expresaba su gratitud a sus colaboradores el fiel siervo del Santo Profeta (sa). El Mesías Prometido (as) mostraba una inmensa gratitud incluso por el más pequeño servicio que cualquier persona le prestara.

A este respecto, Hazrat Munshi Mahbub Alam Sahib relata:

“En nuestro vecindario vivía un hombre no ahmadí que solía preparar faluda. Cuando el Mesías Prometido (as) llegó a la casa de Jwaya Kamaluddin Sahib, aquel fabricante de faluda me dijo: ‘Si pudiera obtener el permiso de Hazrat Sahib, me gustaría servirle faluda’. En consecuencia, presenté su petición al Mesías Prometido (as), y Hazur le concedió el permiso. El hombre trajo entonces todos los ingredientes necesarios y se dirigió allí. El Mesías Prometido (as) estaba sentado en una cama, en el patio de la casa de Jwaya Kamaluddin Sahib. Presenté al hombre, y el Mesías Prometido (as) le dijo que preparara el faluda. Este se sentó entonces fuera, preparó un cuenco de faluda y se lo ofreció a Hazur (as). Hazur lo bebió y expresó su satisfacción, diciendo que estaba muy bueno. El hombre envió después otros diez o doce cuencos al interior y sirvió a todos. Entonces, el Mesías Prometido (as) sacó dos rupias – que en aquel tiempo constituían una suma considerable -, me las entregó y me indicó que se las diera a aquel hombre. Le llevé las dos rupias, pero se negó a aceptarlas y me dijo: ‘¡Llévame ante Hazrat Sahib!’. Así pues, lo conduje ante el Mesías Prometido (as). Juntó las manos ante el Mesías Prometido (as) y dijo: ‘No necesito las dos rupias. He ofrecido el faluda como regalo’. Ante su insistencia, el Mesías Prometido (as) no le entregó el dinero. En cambio, oró por él y dijo: ‘Yazakumul’lah Ahsanal Yaza’“. El narrador afirma que, gracias a la bendición de esta oración, sus hijos están empleados en trabajos muy destacados.

Hazrat Maulvi Ibrahim Sahib Baqapuri relata:

“En una ocasión, la rama de Sialkot de la Comunidad, incluidos el difunto Hazrat Mir Hamid Shah Sahib, el difunto Chaudhry Nasrul’lah Jan Sahib y este humilde servidor, presentó al Mesías Prometido (as), como obsequio, una cantidad de dinero. El Mesías Prometido (as) tomó el pañuelo en el que estaba atado el dinero y dijo primero: ‘¡Alhamdulil’lah!’, y después: ‘¡Yazakumul’lah!’. Esto, en cierto modo, acrecentó nuestra fe, pues el Mesías Prometido (as) dio primero gracias a Dios y luego oró por nosotros”. Como ya he mencionado anteriormente, el Mesías Prometido (as) dijo que primero se debe dar gracias a Al’lah y, después, expresar gratitud a las personas.

Hazrat Zulfiqar Ali Jan Gohar Sahib relata el siguiente incidente:

“En una ocasión, alrededor de las diez, el Mesías Prometido (as) salió del Bait al-Dua, que se encontraba en la planta inferior, para que le aplicaran “mehndi” [un tinte natural]. El Mesías Prometido (as) se había teñido la barba y el cabello. En aquellos días, el “mehndi” se utilizaba de este modo, y el Mesías Prometido (as) se lo aplicaba. Había una pequeña habitación contigua al Bait al-Dua, con una puerta que daba al patio y otra que comunicaba con mi habitación. Como yo vivía cerca, esperé en aquella habitación a que saliera el Mesías Prometido (as).

El Mesías Prometido (as) salió del Bait al-Dua y se sentó en un catre. Me dijo: ‘Dile a Maulvi Syed Sarwar Shah Sahib que nos traiga algo de comer’ (en aquella época llegaban invitados y la comida se preparaba de forma colectiva, mientras que Sarwar Shah Sahib era el responsable de la organización). Fui y le transmití el mensaje. Nosotros acabábamos de comer, pero, transcurridos diez minutos, ya no quedaba comida (después de tan solo diez minutos, ya no quedaba nada, pues la gente se lo había comido). Relata que, cuando le transmití el mensaje, el rostro de Maulvi Syed Sarwar Shah Sahib palideció. Sin embargo, puso un poco de leche en un cuenco pequeño, colocó tres rebanadas de pan tostado y azúcar en un plato, y se lo llevó. Su rostro reflejaba abatimiento y se encontraba profundamente afligido porque el Mesías Prometido (as) había pedido comida y ya no quedaba nada. Dijo: ‘Hazur, por el momento no hay nada más’”.

Hazrat Zulfiqar Ali Jan Sahib relata:

“Me sorprendió muchísimo que no se hubiera reservado comida para el Mesías Prometido (as). ¿Qué clase de organización era aquella? El Mesías Prometido (as), sin embargo, manifestó su gratitud de tal manera que esta se reflejaba claramente en su rostro. No se trataba simplemente de una expresión externa o artificial, sino que en su semblante resultaba evidente una gratitud sincera. Tomó las dos tostadas, les puso azúcar y se las comió; después bebió un poco de agua”.

El narrador afirma:

“En aquel momento comprendí que Dios Altísimo había permitido aquel descuido para que la paciencia, la gratitud y la grandeza espiritual de Hazur se manifestaran ante el mundo”. Los compañeros tomaban nota incluso de los incidentes más pequeños.

El 7 de agosto de 1900, el Mesías Prometido (as) escribió una carta de agradecimiento a Hazrat Nawab Muhammad Ali Jan Sahib (ra), quien le había enviado como obsequio unas prendas de vestir.

Escribió:

“He recibido las preciosas y excelentes prendas de vestir que me envió con tanto amor y sinceridad, y se lo agradezco profundamente. Al contemplar cada una de ellas, resulta evidente que mi querido amigo las había preparado con gran esfuerzo y dedicación. ¡Que Dios Altísimo le conceda, a cambio, Su gracia y Su favor infinitos e incomprensibles; que le vista por completo con el manto de la rectitud y le honre con el color de Sus santos y justos!”. De esta forma, a cambio de un regalo consistente en unas prendas de vestir, el Mesías Prometido (as) no solo expresó su gratitud, sino que rogó a Dios Altísimo que concediera al remitente el verdadero manto de la rectitud y lo adornara con las cualidades de los piadosos.

En una carta dirigida a Hazrat Munshi Ahmad Yan Sahib (ra), el Mesías Prometido (as) escribió:

“Mi honorable y estimado hermano, Munshi Ahmad Yan Sahib: que Dios Altísimo le proteja y le conceda la mejor de las recompensas. ¡Que la paz sea con usted! He recibido su carta. Los favores del Señor Generoso nunca podrán apreciarse suficientemente, pues Él ha provisto a este humilde siervo de amigos sinceros cuya sola existencia constituye una fuente de honor y orgullo para este ser insignificante. ¡Que el Señor Generoso le mantenga feliz y alegre, y le recompense por sus sinceras intenciones!”.

El Mesías Prometido [as] se mostró muy complacido y añadió:

“Este humilde siervo es completamente débil, inútil e insignificante. ¡Que Él derrame innumerables bendiciones sobre alguien tan indigno, sin que exista el más mínimo mérito de mi parte, es pura gracia y favor de Aquel que es el Más Misericordioso de cuantos muestran misericordia!” (consideren el rango del Mesías Prometido [as] y, sin embargo, vean cuán grande era su humildad). Encuentro numerosas faltas en mí mismo y, sin embargo, Él me concede favor tras favor. Él ve que cometo error tras error y, aun así, me otorga abundancia tras abundancia. En verdad, Él es el Más Misericordioso y el Más Generoso. ¿De dónde podría obtener palabras suficientes para expresarle mi gratitud?

Este humilde siervo no es nada; es insignificante, carece de medios y se encuentra en la más absoluta indigencia. Él me encontró en el polvo y me levantó. Me vio completamente indigno y cubrió mis faltas. Al contemplar mi debilidad, Él mismo me concedió fuerza; y, al contemplar mi ignorancia, Él mismo me otorgó conocimiento. Me ha dispensado favores que no puedo enumerar. Una manifestación de Su favor es que ha infundido amor por este humilde siervo en los corazones de nobles hermanos como usted (esta era la gratitud que el Mesías Prometido [as] expresaba hacia quienes lo apoyaban). Entre los favores de Dios se encuentra el que Él hará crecer este amor y concederá Su gracia a todos aquellos a quienes ha unido mediante este vínculo”.

Después de escribir esta carta, le fue revelado el siguiente dístico de un santo, y él (as) escribió:

[Persa]

“Quien tiene el corazón vivificado por el amor jamás morirá.

Nuestra eternidad ha quedado inscrita en el registro del mundo”.

En otra carta, dirigida a Hazrat Qazi Zahuruddin Akmal Sahib (ra), el Mesías Prometido (as) escribió, en respuesta a los tres libros que este le había enviado en su apoyo:

“He recibido su obsequio de tres libros. ¡Que Dios le conceda la mejor recompensa!  He ojeado los tres. El discurso es excelente y está bien argumentado. ¡Que Dios le conceda la mejor recompensa! Amén. Debería publicarlos y distribuirlos donde y cuando resulte apropiado, para que la recompensa se le duplique”.

De igual manera, en una carta dirigida al Dr. Jalifa Rashiduddin Sahib – padre de Hazrat Umm-e-Nasir y suegro de Hazrat Musleh Mau‘ud (ra) -, el Mesías Prometido (as) escribió:

“Mi querido hermano, Dr. Jalifa Rashid-ud-Din Sahib: la paz sea con usted. He recibido la suma de cincuenta rupias que me envió. En un momento tan delicado y de tanta necesidad, cuando personas malintencionadas y envidiosas han presentado una demanda contra mí ante los tribunales, su reiterada ayuda económica es verdaderamente digna de gratitud. ¡Que Dios le conceda la mejor de las recompensas!

La próxima comparecencia ante el tribunal por este caso está fijada para el 24 de febrero de 1899 y probablemente tendrá lugar el día siguiente al Eid. Lo más probable es que el Eid caiga en domingo y que, al día siguiente, lunes, tenga que acudir a Pathankot por el caso. ¡Dios lo sabe!

He decidido que continuaré orando por usted durante algún tiempo (como muestra de gratitud, el Mesías Prometido [as] dijo que continuaría orando por él). ¡Que Dios le conceda una liberación segura, completa y sana de la distancia y la separación (dijo esto porque había sido destinado a un lugar lejano y deseaba regresar a su hogar). Amén y, de nuevo, amén”.

En otra carta, escrita a Hazrat Sahibzada Sirayul Haq Sahib, el Mesías Prometido (as) declaró:

“A mi estimado hermano Sahibzada Sirayul Haq Sahib: ¡Que la paz y las bendiciones de Dios sean usted! He recibido su carta. Le agradezco el amable obsequio del turbante y el perfume que me envió (fue un detalle pequeño, pero el Mesías Prometido [as] escribió una carta para expresar su agradecimiento). ¡Que Dios le conceda la mejor recompensa y le trate con benevolencia en este mundo y en el Más Allá! ¡Que Dios Altísimo le mantenga muy feliz y le proteja de las cosas desagradables, tanto en lo relativo a la fe como al mundo!”. Junto con su gratitud, también oraba por el progreso espiritual de los demás.

Syed Mahmud Alam Sahib relata que Hazrat Maulvi Nurudddin Sahib (ra) solía decir que, cuando el Mesías Prometido (as) pronunció el sermón en árabe con motivo del Eid al-Adha, le preguntaron acerca del estado en el que lo había pronunciado. Al preguntársele sobre ello, el Mesías Prometido (as) respondió, en otras palabras, que los ángeles le traían tablillas escritas con letras grandes y que él las leía a medida que iban apareciendo. Cuando aparecía una tablilla, recitaba lo que estaba escrito en ella; después aparecía otra y la primera desaparecía. Esta sucesión de tablillas continuaba de ese modo.

Si alguno de los escribas le pedía que repitiera algo – había dos personas sentadas para transcribir el sermón -, la tablilla que había desaparecido volvía a aparecer; él la miraba y repetía las palabras. Al concluir el sermón, el Mesías Prometido (as) se postró en señal de gratitud. Todos los presentes se unieron a él en aquella postración de agradecimiento. Tras levantar la cabeza, dijo: ‘Acabo de ver escrita con letras rojas la palabra ‘Bendito’’. Esto fue, por así decirlo, una señal de aceptación”.

Hazrat Mian Ferozuddin Sahib relata que el Mesías Prometido (as) escribió la conferencia de Sialkot en la azotea de la casa de Mir Hisamuddin Sahib. Sobre los cuatro muros bajos del parapeto de la azotea se habían colocado cuatro tinteros. El Mesías Prometido (as) escribía mientras caminaba. Se acercaba la hora de Asr [la oración de la tarde]. Caminaba mientras escribía y, en ocasiones, se postraba repentinamente (parece que, cuando Dios Altísimo le revelaba algún punto especial, él se postraba en señal de gratitud). Mientras escribía, hacía pausas y se postraba.

[Hazrat Mian Ferozuddin Sahib] dice:

“Observamos toda esta escena desde el tejado de nuestra casa. Muchos otros también se habían reunido allí para presenciarla. Nuestra casa estaba cerca y era más alta que cualquier otra, lo que nos permitía ver claramente toda la escena del Mesías Prometido (as) escribiendo el libro y cómo, junto con su escritura, agradecía continuamente Dios Altísimo.

Al describir la gratitud del Mesías Prometido (as), un compañero, Hazrat Jairuddin Sahib, relata:

“Una vez, el Mesías Prometido (as) visitó nuestra aldea, Qadirabad. Mi madre, Tall Bibi Sahiba, llenó una bandeja de azúcar y se la ofreció. El Mesías Prometido (as) colocó el azúcar en el regazo de mi abuela, quien estaba sentada allí, y se la dio. Dijo: ‘¡Que Dios te recompense!’, y oró por nosotros”. Así, el Mesías Prometido (as) expresó gratitud incluso por el más pequeño de los regalos.

Halli Muhammad Din Sahib relata:

“Una vez supe que el Mesías Prometido (as) vendría a Sialkot para una reunión. En la fecha señalada, yo también fui allí con grandes deseos de conocerlo. El Mesías Prometido se encontraba en la planta superior de una casa, mientras que sus seguidores, como polillas atraídas por la luz, se agolpaban abajo en una gran multitud, esperando con impaciencia poder verlo aunque fuera un instante. Al cabo de un rato, bajó las escaleras y concedió a los presentes el honor de su presencia.

Cuando un anciano se encontró con el Mesías Prometido, empezó a llorar sin poder contenerse. El Mesías Prometido lo consoló y le preguntó por su situación. Afirmó: ‘¡Su Santidad!, solía rezar para poder vivir hasta la llegada del Imam Mahdi”. El Mesías Prometido respondió: ‘Entonces, anciano, Dios Altísimo ha aceptado sin duda tu oración’. Al oír eso, se puso muy contento. A continuación, presentó a uno de sus nietos ante el Mesías Prometido (as) y le pidió que le pusiera su mano bendita y rezara por él. El Mesías Prometido (as) rezó por él y luego subió a la planta de arriba”.

A continuación, menciona el incidente concreto que pone de manifiesto la gratitud del Mesías Prometido (as). Esto no era más que una introducción a los detalles relacionados con el incidente. Continúa hablando del incidente y dice:

“Por casualidad, mientras el Mesías Prometido subía las escaleras, uno de sus zapatos, que era muy simple, se le salió del pie y cayó al suelo. Este humilde servidor lo recogió y se lo volvió a poner él mismo en el pie. Ante esto, el Mesías Prometido, con una expresión sonriente, dijo con cariño: “¡Que Dios te recompense!”, y expresó su agradecimiento de la forma más agradable”. El Mesías Prometido (as) nunca dejaba pasar la oportunidad de expresar su gratitud.

En una carta dirigida a Hazrat Munshi Rustam Ali Sahib, el Mesías Prometido (as) escribió lo siguiente:

“Munshi Rustam Ali Sahib, que Dios le proteja: ¡Que la paz y las bendiciones de Dios sean con usted! Se ha recibido la suma de cincuenta rupias enviada por medio de Mian Imamuddin Sahib. Por todos los esfuerzos realizados por usted y por Chaudhry Muhammad Bajsh Sahib, que el Señor Misericordioso – glorificada sea Su Majestad – les conceda una gran recompensa y les otorgue el éxito en este mundo y en el Más Allá. En el momento de escribir estas líneas, aquí todo marcha bien”. El Mesías Prometido (as) le informó de su propia situación. Siempre daba las gracias a todos por todo, incluso cuando alguien había hecho por él algo muy insignificante.

Hazrat Mian Miran Bajsh Sahib relata otro incidente:

“Presté juramento de lealtad al Mesías Prometido y al Imam Mahdi (as) hacia 1897 o 1898, pero durante algún tiempo no se lo conté a mi padre. Sin embargo, ¿cuánto tiempo podía permanecer oculto aquel asunto? Cuando el secreto salió a la luz, mi padre se negó rotundamente a aceptarme y me expulsó de casa, diciéndome: ‘Te has convertido en ahmadí. ¡Ahora vete de mi casa!’. Confiando en Dios, el Proveedor, alquilé una tienda independiente. Aunque atravesaba dificultades económicas, sentía un profundo deseo de preparar, del modo que pudiera y de acuerdo con mis posibilidades, una prenda para el Mesías Prometido (as), coserla con mis propias manos – pues era sastre – y regalársela.

Con este pensamiento, compré una kurta de muselina [túnica tradicional de muselina], un shalwar de latha [pantalón tradicional confeccionado con tela latha], un abrigo negro y un turbante de muselina. Cosí yo mismo las prendas y preparé el conjunto. Después, de una manera u otra, logré reunir de aquí y de allá el dinero necesario para el viaje y partí hacia Qadian.

Al día siguiente era viernes, y pensé que, si fuera posible, este humilde siervo podría entregar aquel mismo día este modesto obsequio al Mesías Prometido (as). Quizá el Mesías Prometido (as) se lo pusiera antes de la oración del viernes y, de ese modo, alegrara el corazón de este pobre hombre.

Así pues, mientras reflexionaba sobre cómo podría conseguirlo, llegué a la tienda de Qazi Ziauddin Sahib y le expresé mi más sincero deseo. En cuanto me oyó, dijo: ‘¡Ven!, te llevaré ante el Mesías Prometido’. Se levantó inmediatamente y me condujo ante el Mesías Prometido (as). En aquel momento, el Mesías Prometido (as) se encontraba sentado en un banco, escribiendo algo, mientras que Jwaya Kamaluddin Sahib estaba sentado frente a él sobre una estera. Ambos nos sentamos allí, junto a Jwaya Sahib. Jwaya Sahib me preguntó cuál era el motivo de mi visita, tras lo cual Qazi Sahib le explicó mi deseo. Jwaya Sahib permaneció en silencio durante unos instantes. Después, dirigiéndose a mí, me preguntó: ‘Bien, ¿quieres que te represente?’. Jwaya Sahib era abogado y, por ello, incluso en aquella ocasión empleó terminología propia de su profesión. Le respondí: ‘Sería un gran detalle por su parte. Por favor, represénteme’.

Acto seguido, Jwaya Sahib tomó las prendas y se las entregó al Mesías Prometido (as). Al mismo tiempo, añadió: ‘¡Su Santidad!, este joven desea que se ponga estas prendas y ofrezca con ellas la oración del viernes’. Al oír aquellas palabras, el Mesías Prometido (as) tomó las prendas y comenzó a ponérselas. Sin embargo, cuando se puso el abrigo, le quedaba muy ajustado. Le dije: ‘¡Su Santidad!, el abrigo le queda muy ajustado. Si se lo quita, podré ensancharlo un poco’ (el Mesías Prometido no se había puesto allí las prendas, sino que había interrumpido su trabajo, se había vestido con ellas y, a continuación, había regresado junto a los presentes).

Cuando se puso el abrigo, este le quedaba ajustado. El Mesías Prometido (as) se lo quitó y me lo entregó. Dije: ‘Lo mandaré arreglar. Le queda un poco ajustado’. Me levanté inmediatamente, llevé el abrigo al mercado y, sentado en la sastrería, descosí toda su parte trasera. A continuación, volví a presentarme ante el Mesías Prometido (as). El Mesías Prometido (as) se lo puso de nuevo, pero, aun entonces, los botones del abrigo no llegaban a juntarse ni podían abrocharse correctamente como él deseaba. Sin embargo, para no herir mis sentimientos, el Mesías Prometido (as) tiró del abrigo, se lo ajustó y se abrochó los botones, sin detenerse a pensar si aquella ropa era adecuada para llevarla puesta (se puso así las prendas por consideración hacia los sentimientos de aquel joven, que se había convertido recientemente en ahmadí y había acudido con un obsequio). A continuación, también le expresó su agradecimiento de manera muy cordial”.

Hazrat Mian Saiful’lah Sahib relata:

“En una ocasión fui a Qadian. Alguien dejó ante el Mesías Prometido (as) una cantidad de dinero, unas cincuenta o sesenta rupias, pero él (as) ni siquiera le prestó atención (habitualmente daba las gracias cuando alguien le ofrecía algún obsequio, pero quizá en aquella ocasión existiera alguna razón concreta. En cualquier caso, relata que aquella persona le entregó el dinero en efectivo, pero el Mesías Prometido (as) no le prestó atención). Mientras tanto, llegó una anciana, probablemente hindú, acompañada de un niño. Llevaba un puñado de panela envuelto en un trozo de tela. La mujer dijo: ‘Su Santidad, este niño le ha traído este trozo de panela. Por favor, rece por él’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘¡Muy bien!, y se mostró muy complacido. Tomó de la mano del niño el trozo de panela, junto con el paño, y se lo colocó sobre el hombro’”. De esta forma, aunque se trataba únicamente de un sencillo obsequio de aquel niño pobre, lo aceptó con gran aprecio, le expresó su gratitud y oró por él.

En una carta dirigida a la Comunidad Ahmadía, el Mesías Prometido (as) escribió lo siguiente:

“Ante todo, mi corazón rebosa gratitud hacia Dios Altísimo, quien ha concedido a mi Comunidad una determinación sincera, amor y compasión. Si la gracia de Dios Altísimo no hubiera estado con ellos, jamás se les habría concedido la oportunidad de mostrar tal obediencia siguiendo los pasos de los compañeros (ra), hasta el punto de que, a pesar de sus propias dificultades económicas y de sus escasos ingresos, se entregan a prestar ayuda económica más allá de sus posibilidades.

Ruego que Dios Altísimo bendiga todas sus riquezas y que la ayuda y el apoyo que están prestando para el cumplimiento de los objetivos religiosos se conviertan en un medio para su bienestar, tanto en esta vida como en la otra”.

A continuación, al impartir sus enseñanzas, el Mesías Prometido (as) afirma:

“La gratitud por el favor que Dios Altísimo ha concedido a una persona consiste en que esta haga el bien y trate con bondad a Su creación, y en que no se vuelva arrogante a causa del favor que Dios le ha concedido. Tampoco debe oprimir a los pobres, como hacen los salvajes”. Por ello, también hizo hincapié en la necesidad de ayudar a los pobres.

Al haber recibido conocimiento de Dios Altísimo, en ocasiones informaba también a las personas con antelación acerca de ciertos asuntos que les concernían. Del mismo modo, tras haber recibido de Dios Altísimo información sobre sus adversarios, les comunicaba que les sucedería tal o cual cosa. Sin embargo, en ocasiones, debido a la sabiduría de Dios Altísimo, estos acontecimientos tardaban en producirse. En tales circunstancias, se inquietaba y se entregaba a la oración, temiendo que sus adversarios provocaran un gran revuelo al respecto. Pero, cuando finalmente sucedían, se postraba ante Dios Altísimo con la mayor gratitud.

Así, el Mesías Prometido (as) afirma:

“En una ocasión formulé una profecía acerca de Bishambar Das, hermano de Sharampat Khatri, según la cual, aunque no sería absuelto del proceso penal incoado contra él, se le condonaría la mitad de la pena. Posteriormente, cuando Bishambar Das quedó en libertad tras haber cumplido la mitad de su condena, tal como se había anunciado en la profecía, sus herederos, contrariamente a lo esperado, comenzaron a difundir la noticia de que había sido absuelto.

Era de noche y acudí a mi gran mezquita para rezar. Una persona llamada Ali Muhammad, un maulvi residente en Qadian, entró en la mezquita y afirmó que Bishambar Das había sido absuelto y que la gente del bazar [mercadillo] le estaba felicitando. Al escuchar aquella noticia, me sentí profundamente angustiado y una gran inquietud se apoderó de mi corazón, pues pensé que los hindúes prejuiciosos me atacarían diciendo: ‘Tú habías anunciado que Bishambar Das no sería absuelto. Ya ves: lo han absuelto’. A causa de aquel dolor, cada parte de la oración se me hacía tan larga como un año. Cuando, durante la oración, me postré tras una de las unidades, mi angustia alcanzó su máxima intensidad. Entonces, mientras permanecía postrado, Dios se dirigió a mí en voz alta y dijo:

لَا تَخَفْ إِنَّكَ أَنْتَ الْأَعْلَىٰ

[Árabe]

‘No temas; tú prevalecerás’.

A continuación, esperé para ver cómo se cumpliría la profecía, pero no apareció señal alguna. Pregunté repetidamente al propio Sharampat si era cierto que Bishambar Das había sido absuelto. Él me daba siempre la misma respuesta: que, efectivamente, había sido absuelto y que no tenía ninguna necesidad de mentir (esto era lo que afirmaba aquel hindú). Cualquier persona de aquel pueblo a la que preguntaba me daba la misma respuesta, diciendo que también había oído que había sido absuelto.

De este modo transcurrieron aproximadamente seis meses. La gente malvada se burlaba de mí y me ridiculizaba, como venía haciendo desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, Sharampat no participó en las burlas ni en las mofas, lo que me convenció de que ahora me trataba con decencia. No obstante, continuaba sintiéndome avergonzado ante él, pues le había asegurado con gran énfasis que su hermano no sería absuelto y, sin embargo, se había producido aquella situación.

A pesar de ello, tenía una fe firme en mi Dios y estaba seguro de que Él mostraría alguna manifestación de Su poder. Era posible que, después de haber sido absuelto, volvieran a detenerle. Pero yo ignoraba que la propia noticia de su absolución era inventada; se trataba de una noticia falsa que se había difundido.

Después sucedió que, hacia las ocho de la mañana, un recaudador de impuestos [tahsildar] de Batala, llamado Hafiz Hidayat Ali, llegó a Qadian en visita de inspección. Puesto que Qadian se encuentra bajo la jurisdicción del distrito de Batala, se presentó en nuestra casa. Aún no había desmontado de su caballo cuando, como es costumbre entre ellos, varios hindúes se acercaron a saludarle, y Bishambar Das se encontraba también entre ellos. Al ver a Bishambar Das, el recaudador de impuestos le dijo: ‘Bishambar Das, nos alegramos de que hayas sido liberado de la cárcel, pero es una lástima que no hayas sido absuelto’. Al oír aquellas palabras, me postré inmediatamente en señal de gratitud. Acto seguido, llamé a Sharampat y le dije:

¿Por qué has estado mintiéndome durante tanto tiempo, afirmando que Bishambar Das había sido absuelto y causándome así una angustia innecesaria? Respondió: ‘Me vi obligado a decir esta mentira por una razón concreta. Entre nuestra gente, cuando se conciertan matrimonios y se establecen relaciones matrimoniales, se examinan y critican hasta los asuntos más insignificantes y, si se demuestra alguna mala conducta, resulta difícil encontrar pareja chicas para casarse. Por esta razón, continué afirmando algo contrario a los hechos, difundí esta noticia falsa y seguí contando esta mentira’”.

Al mencionar una de sus señales, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Una de estas profecías se cumplió en relación con los seguidores y adeptos de Pandit Dayanand. No estaría de más que los lectores conocieran las circunstancias relacionadas con ella. Aunque la exposición de los detalles pueda prolongar un poco este relato, se hace con buena voluntad y en beneficio de aquellas personas que desconocen la grandeza del islam.

Antes del cumplimiento de esta profecía surgieron algunas dificultades extraordinarias y circunstancias desagradables (también en este caso, el propósito subyacente de estas profecías era que se manifestaran la gloria y la grandeza del islam, y que el estandarte del Santo Profeta [sa] se alzara por todo el mundo). Finalmente, el Dios Misericordioso eliminó todas aquellas dificultades y, el lunes 10 de septiembre de 1883, cumplió esta profecía.

Los detalles son los siguientes: el jueves 6 de septiembre de 1883, en un momento de gran necesidad, el Dios Misericordioso, para consolar a este humilde siervo, le comunicó mediante Su Santa Palabra la buena nueva de que llegarían veintiuna rupias (un aspecto extraordinario de esta buena nueva fue que se reveló el número exacto de rupias que llegarían). Que se comunique de esta manera una cifra concreta es una característica propia del Conocedor de lo Oculto y no está al alcance de nadie más.

No se trataba de un asunto cualquiera: se estaba proporcionando información sobre una cantidad determinada; es decir, se anunciaba que llegaría una suma concreta. Aún más extraordinario era el hecho de que aquella cifra se hubiera comunicado sin que existiera indicio ni expectativa previa alguna; anteriormente, no se había pensado en absoluto en esa cantidad. Aquella cifra tampoco guardaba relación alguna con el precio fijado del libro.

Debido a estas circunstancias extraordinarias, antes de que la profecía se cumpliera, esta revelación fue comunicada a ciertos aryas. Después, el 10 de septiembre de 1883, la revelación se repitió tres veces para darle énfasis: ‘Han llegado veintiuna rupias’. De esta revelación se dedujo que la profecía se cumpliría aquel mismo día. No habían transcurrido más de tres minutos desde aquella revelación cuando llegó un hombre llamado Wazir Singh, que se encontraba indispuesto, y, nada más llegar, presentó una rupia como ofrenda.

Aunque el tratamiento de enfermos no es mi profesión, cuando, por casualidad, acude a mí alguna persona enferma y conozco algún remedio para su dolencia, se lo administro únicamente con el propósito de obtener la recompensa de Dios y exclusivamente por Su causa. Jamás he cobrado nada por ello. Sin embargo, acepté la rupia de aquel hombre porque enseguida se me ocurrió que formaba parte de la profecía relativa a la llegada de las veintiuna rupias.

Después de esto, envié a uno de mis confidentes a la oficina de correos, pensando que tal vez otra parte de la profecía pudiera cumplirse por medio del correo. El jefe de correos, que era hindú, respondió que solo había llegado desde Dera Ghazi Jan un giro postal de cinco rupias, acompañado de una tarjeta. Dijo que el dinero todavía no se encontraba en su poder y que me lo entregaría cuando llegara.

Al conocer esta noticia, me quedé profundamente asombrado y me invadió una ansiedad imposible de describir. La razón era que había estado proclamando esta profecía ante los no musulmanes con el propósito de que, de este modo, quedara establecida la verdad del islam”.

Además, afirma:

“Me sentí extremadamente angustiado. Así pues, este humilde siervo se sentó con la cabeza inclinada, profundamente absorto en sus pensamientos. Reflexioné: ‘Cinco más uno son seis; ¿cómo, entonces, llegará la cifra a veintiuno? ¡Oh, Señor mío! ¿Qué ha sucedido?’. Mientras me encontraba en aquel estado de completa abstracción, recibí de repente la revelación: ‘Han llegado los veintiuno; no cabe duda al respecto’.

Apenas había transcurrido parte de aquella tarde cuando, ese mismo día, un arya que ya había oído la declaración anterior del jefe de correos se dirigió a la oficina de correos. Allí, después de esforzarse en explicar el asunto, el jefe de correos le comunicó que, en realidad, habían llegado veinte rupias y que anteriormente, por descuido, había dicho que eran cinco. En consecuencia, aquel mismo arya trajo las veinte rupias junto con una tarjeta de Munshi Ilahi Bajsh Sahib, el contable. Entonces se descubrió que, en realidad, la tarjeta no estaba adjunta al documento del giro postal, como había afirmado el jefe de correos. También se comprobó que el dinero ya había llegado. Además, la nota de Munshi Ilahi Bajsh Sahib, que constituía el recibo expedido por la oficina de correos, permitió comprobar que el giro postal había llegado a Qadian el 6 de septiembre de 1883, el mismo día en que se había recibido la revelación. Así pues, toda la declaración del jefe de correos resultó ser incorrecta, mientras que cada uno de los detalles comunicados por el Conocedor de lo Oculto resultó ser verdadero.

Para conmemorar aquel día bendito, se compraron dulces por valor de una rupia y se distribuyeron entre algunos de los aryas (puesto que anteriormente había informado a los aryas acerca de la revelación y les había explicado cómo Dios Altísimo se lo había comunicado, lleno de alegría hizo también que se distribuyeran dulces entre ellos). ¡Toda alabanza pertenece a Dios por Sus favores y bendiciones, tanto manifiestos como ocultos!”.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“No existe una sola nación en la que no hayan aparecido señales a mi favor, ni existe secta alguna que no sea testigo de mis señales. No sería exagerado afirmar que el número de testigos de estas Señales asciende a cien millones. Sin embargo, la situación de los adversarios es verdaderamente lamentable, pues no obtuvieron beneficio alguno de estos signos. Si los signos que se les han mostrado hubieran sido mostrados a los judíos en la época de Jesús, hijo de María (as), no habrían sido calificados como ‘aquellos afligidos por la humillación’ – tal como se menciona en el Sagrado Corán -. Si el pueblo de Lot (as) hubiera presenciado estos signos, no habría quedado sepultado bajo tierra a causa de aquel devastador terremoto.

Pero, ¡ay de estos corazones, que resultaron ser más duros que la piedra! La oscuridad que se ha apoderado de ellos supera toda clase de oscuridad. Lo cierto es que, del mismo modo que el mundo ha progresado en toda clase de medios materiales, también ha avanzado en la incredulidad y en la falta de fe. Por consiguiente, esta incredulidad ‘avanzada’ exige no ser castigada con un castigo ordinario, sino ser abatida por un castigo como jamás ha descendido desde el principio del mundo.

En cualquier caso, mil gracias a Dios, pues la misma luz que nuestros adversarios se negaron a aceptar y ante la cual permanecieron ciegos se convirtió en la causa del progreso de nuestra propia visión y de nuestra perspicacia espiritual’. El Mesías Prometido (as) escribió estas palabras en Haqiqat-ul-Wahi.

¡Que Dios Altísimo nos conceda una verdadera comprensión de la gratitud y que, después de habernos permitido entrar en el Baiat del verdadero siervo del Santo Profeta (sa), nos otorgue también verdadera luz espiritual, perspicacia y conocimiento divino!

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