Consejo del Mesías Prometido (a.s.) a sus compañeros sobre la gratitud
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Consejo del Mesías Prometido (a.s.) a sus compañeros sobre la gratitud

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermon

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Sura al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

El Mesías Prometido (as) hizo un énfasis profundo y detallado ante sus compañeros en la importancia de la gratitud. A este respecto, Hazrat Pir Sirall-ul-Haqq Sahib Nu’mani relata que, en cierta ocasión, el Mesías Prometido (as) le formuló: “¿Sobre qué discutíais hoy tú y Miran Bajsh Saudai?”. Había una persona con discapacidad mental con la que Pir Sahib debió de mantener una discusión. Relata: “Me asusté, preguntándome qué diría el Mesías Prometido (as), pues seguramente había escuchado todo lo que dijimos”. Con cierta aprensión, le contó todo lo sucedido. Ante esto, el Mesías Prometido (as) dijo: “Un “Saudai” es aquel que tiene una discapacidad mental y no puede ser considerado responsable de sus actos” (es decir, alguien que carece de un razonamiento sólido y cuyos actos, según la Sharia [ley islámica], no se registran como buenos o malos, ni se le responsabiliza por sus pecados). El Mesías Prometido (as) dijo que las personas que se encuentran en este estado no son responsables de lo que dicen o hacen. Al fin y al cabo, ¿cómo se las puede responsabilizar si carecen de razón? Solo quien posee razón puede ser considerado responsable.

El Mesías Prometido (as) dijo:

“El mundo se refiere a tales individuos como ‘mallzub’ [alguien atraído por Dios], waliul’lah [amigo de Dios], Qutb [santo] y personas que tienen la misión de servir a la humanidad. Sin embargo, se equivocan al hacerlo. En realidad, esas personas no son ‘mallzub’ ni ‘waliul’lahs’; más bien, son “mahrum” (es decir, están privadas de todos los favores de Dios). Se las priva de la razón, del entendimiento, de la vestimenta, de los placeres de comer y beber, y de las bendiciones y recompensas asociadas con el cuidado y la crianza de la esposa y los hijos. Se las priva del conocimiento y el reconocimiento de Dios Altísimo, del conocimiento del Ser de Dios Altísimo y de Sus atributos, así como del reconocimiento del estatus de Sus Profetas y Mensajeros y de seguirlos. Se las priva de recitar el Sagrado Corán y de comprender sus significados, complejidades, perspectivas y sutilezas. Se las priva de la Sharia y de su observancia. Se las priva de la oración, que es la cúspide espiritual de los creyentes; del ayuno, cuya recompensa especial es el propio Al’lah; del ofrecimiento del Hall [peregrinación] y del Zakat [limosna], así como de las recompensas y los rangos espirituales asociados con estas obras.

Cuando interactúes con esas personas, en lugar de discutir o pelear con ellas, debes agradecer a Dios por haberte permitido beneficiarte de todas esas bendiciones y favores y por no haberte privado de ellas. Él te ha dado razón y entendimiento. Te ha dotado con la recitación del Sagrado Corán y la comprensión de su conocimiento, complejidades, intuiciones y sutilezas. Te ha dado la capacidad de distinguir entre lo lícito y lo ilícito. Te ha permitido reconocer a los Mensajeros. Te ha concedido el conocimiento de Su Ser y de Sus atributos”.

Así pues, del mismo modo que el Mesías Prometido (as) nos instruyó a no discutir con esas personas, sino a tratarlas con amabilidad, también nos enseñó a mostrar gratitud por las bendiciones otorgadas por Dios Altísimo (es decir, cuando vemos a esas personas, debemos agradecer a Dios Altísimo que nos haya concedido todas estas bendiciones).

De manera similar, Hazrat Malik Muhammad Hasan Muhammad Sahib relata que el Mesías Prometido (as) acudió a la oración del Fallr. Tras la oración, se dirigió a los jóvenes y preguntó: “¿Dónde estaban los ‘saranguis’ [instrumentos de cuerda] y los tambores que se tocaban durante la noche?”. En el barrio se habían estado tocando instrumentos musicales y cantando canciones. Alguien respondió: “Huzur, Mirza Nizamuddin Sahib había invitado a una bailarina (solía participar en ese tipo de tareas) y le había prometido 20 rupias por la noche. Por ello, el baile en casa de Mirza Nizamuddin continuó durante toda la noche”. El Mesías Prometido (as) suspiró profundamente y dijo:

“¡Al’lah! ¡Qué extraordinariamente devota es!” (se refería a la bailarina). Dijo: “Es sumamente dedicada, pues se ha quedado bailando y cantando toda la noche por 20 rupias. Por otro lado, nosotros no podemos permanecer despiertos ni siquiera una o dos horas por amor a nuestro Creador y Maestro, Quien nos ha otorgado innumerables bendiciones”. El Mesías Prometido (as) repitió estas palabras dos o tres veces. Al enterarse de las acciones de aquellas mujeres inmorales, su atención se centró en cumplir con los derechos que se deben a Dios Altísimo. Con gran dolor, expresó que aquellas personas estaban dispuestas a sacrificar su sueño por unas pocas rupias y, sin embargo, nosotros ni siquiera expresamos gratitud por las innumerables bendiciones de Dios Altísimo. No prestamos atención ni a las oraciones voluntarias ni a las obligatorias, y somos incapaces de mantenernos despiertos. De hecho, hay muchos que son negligentes incluso con las oraciones obligatorias, y levantarse para la oración del Fallr se les hace difícil. Por lo tanto, cada ahmadí debe autoevaluarse en este sentido y considerar hasta qué punto estamos cumpliendo con nuestro deber de gratitud hacia Dios Altísimo.

Hazrat Sheij Muhammad Ismail Sahib Sardawi describe de la siguiente manera cómo el Mesías Prometido (as) expresaba su gratitud mientras comía:

“Era costumbre del Mesías Prometido (as) decir: ‘Subhanal’lah, Alhamdulil’lah’ mientras comía, y comía como si estuviera indagando algo”. En otras palabras, incluso mientras comía, recordaba las bendiciones de Dios Altísimo con cada bocado y expresaba su gratitud”.

Hazrat Musleh Maud (ra) dijo al respecto:

“También observamos al Mesías Prometido (as). Era su costumbre que, cuando comía pan [roti], partía un trozo pequeño, se lo llevaba a la boca y continuaba masticándolo bien hasta que sus dientes lo hubieran triturado adecuadamente. No tenía por costumbre tomar bocados grandes; más bien, siempre tomaba bocados pequeños. Mientras masticaba el primer bocado durante un buen rato, tomaba otro trozo de pan y lo hacía rodar entre sus dedos, diciendo todo el tiempo: ‘¡Subhanal’lah, Subhanal’lah! [Santo es Al’lah]’. Al cabo de un rato, mojaba uno de los trozos en el curry y se lo llevaba a la boca”.

Hazrat Syed Zain-ul-Abidin Waliul’lah Shah Sahib relata:

“Debido a mi corta edad, y también a que el Mesías Prometido (as) acogió como huésped en su propia casa a mi padre, Hazrat Dr. Syed Abdul Sattar Shah Sahib, vivíamos allí como si fuéramos miembros de la misma familia. Podíamos entrar y salir libremente de la casa y dormir en la casa del Mesías Prometido (as). Recuerdo muy bien que, cada vez que aparecía la peste en los alrededores o en la ciudad, el Mesías Prometido (as) no solo ordenaba que se limpiara su propia casa, sino que también disponía que se limpiara el área de alojamiento. Asimismo, instruía a todos los miembros para que utilizaran en sus hogares azufre, fuego, fenil y ‘guggal’ (resina de un árbol y se utiliza como incienso para matar bacterias), entre otras cosas, con el fin de eliminar los gérmenes.

El Mesías Prometido (as) decía que hacer uso de los medios disponibles es también una forma de expresar gratitud por las bendiciones de Dios Altísimo. Esto también es una bendición de Dios Altísimo, y debemos estar agradecidos de que Él haya creado cosas que sirven como remedio para estas enfermedades, especialmente durante las epidemias, cuando el medio ambiente se contamina, se acumula suciedad o se propagan sustancias nocivas. Estos medios ayudan a purificar el medio ambiente”.

Solía decir que hacer uso de estos medios es también una forma de expresar gratitud por las bendiciones de Dios Altísimo y equivale a obedecer Su mandato. Abandonar los medios disponibles es contrario a la ley divina. En otras palabras, no utilizar los medios disponibles también es contrario a la Sharia. ‘La confianza en Dios viene después’ (es decir, uno debe adoptar los medios disponibles, pero no debe depositar su confianza en los medios mismos). Más bien, la verdadera comprensión espiritual reside en reconocer la mano de Dios Altísimo detrás de esos medios. Hay que tener en cuenta que estas cosas que estoy utilizando también han sido creadas por Dios Altísimo y a través de ellas, que Al’lah Taala provea medios para nuestro beneficio. Uno debe darle gracias. Si una persona piensa de esta manera, siempre expresará gratitud a Dios Altísimo”.

Hazrat Muhammad Ibrahim Sahib relata:

“Una vez, cuando el Mesías Prometido (as) se encontraba en Gurdaspur en 1904, con motivo del caso de Karam Din, este humilde servidor también permaneció durante un mes en Gurdaspur en compañía del Mesías Prometido (as).

Un día, un amigo de Multan trajo unos dátiles recién maduros. Alguien comentó que aquellos dátiles eran de naturaleza “caliente”. La persona que los había traído dijo: “Come todos los dátiles que quieras y, después, come un poco de cebolla; no te hará ningún daño” (este era también uno de los remedios que los ancianos recomendaban antiguamente: si habías comido algo considerado energético, come cebolla después y su efecto se neutralizaría)”.

El Mesías Prometido (sa) dijo:

“Dios Altísimo ha dotado de una excelente provisión, pues también ha creado un paliativo para todo” (es decir, Él había provisto de algo para contrarrestar sus efectos). Dijo: “Come todos los mangos que quieras”. Por lo general, se recomienda a los diabéticos que no coman mangos porque contienen mucha azúcar. “Luego, come unos cuantos ‘yamunes’ (los ‘yamunes’ también se consideran beneficiosos para quienes padecen diabetes). No sufrirás ningún daño. En cuanto a los plátanos, también tienen sus desventajas, además de sus beneficios. Come tantos como quieras y luego mastica unos granos de arroz crudo. Todo será digerido”. En esta ocasión, el Mesías Prometido (sa) también pronunció un discurso en el que explicó las excelentes provisiones físicas y espirituales que Dios Altísimo ha dispuesto para los seres humanos, provisiones por las cuales el hombre jamás podrá expresar plenamente su gratitud.

Al escribir su libro Tadhkirat al-Shahadatain, el Mesías Prometido (as) expresó su gratitud por haber sido curado de una enfermedad y escribió:

“Cuando comencé a escribir este libro, mi intención era completar este tratado antes de ir a Gurdaspur el 16 de octubre de 1903, en relación con un caso penal que un oponente había presentado contra mí, y llevar este libro conmigo. Sin embargo, sucedió que, de repente, me vi afligido por un severo dolor de riñón. Pensé que la obra se había quedado sin terminar. Solo quedaban unos pocos días. Si continuaba sufriendo este dolor de riñón, que es una enfermedad fatal, no podría completar el libro.

En ese momento, Dios Altísimo atrajo mi atención hacia la oración. Por la noche, cuando habían transcurrido aproximadamente tres horas desde la medianoche, dije a los miembros de mi hogar: “Ahora voy a orar. Decid Amén” (reunió a todos los miembros del hogar). En aquella dolorosa condición, oré teniendo presente a Sahibzada Maulvi Abdul Latif y dije: “¡Oh Dios! Deseo escribir este libro para este difunto”. Cuando ofrecí esta oración, inmediatamente sentí somnolencia y recibí la revelación:

[Árabe]

‘Paz y seguridad, una palabra proveniente del Señor Misericordioso’. ¡Por Aquel en Cuyas manos está mi vida! Juro que aún no eran las seis de la mañana cuando quedé completamente curado, y ese mismo día escribí aproximadamente la mitad del libro. Por ello, todas las alabanzas pertenecen a Dios”.

Un aspecto brillante de la vida del Mesías Prometido (as) era que sentía tal aprecio incluso por las más pequeñas muestras de amabilidad y una gratitud tan profunda, que expresaba su agradecimiento incluso por servicios y gestos aparentemente menores. Hazrat Maulvi Abdul Karim Sahib relata:

“Durante la semana (en la que estaba relatando esta narración), el incidente más extraordinario e interesante que tuvo lugar, y que fortaleció enormemente nuestra fe, fue la llegada de una carta dirigida al Mesías Prometido (as). La carta afirmaba, con pruebas firmes y detalladas, que en la zona de Yalalabad, en Kabul, había una plataforma asociada con Yuz Asaf, un profeta, y que allí era comúnmente conocido que, hacía aproximadamente dos mil años, este profeta había llegado a aquel lugar procedente de Siria. También afirmaba que el gobierno de Kabul había concedido algunas tierras a nombre de esta plataforma. No es necesario entrar aquí en más detalles”. Maulvi Sahib escribe que el Mesías Prometido (as) se sintió sumamente complacido por esta carta. Dijo:

“Dios es Testigo y Omnisciente”. Entonces, el Mesías Prometido (as) dijo:  “Si alguien me trajera millones de rupias, nunca me sentiría tan feliz como me ha hecho la recepción de esta carta”.

Hazrat Maulvi Abdul Karim Sahib dice:

“¡Hermanos! ¿Acaso esta felicidad por un asunto religioso no es una señal de que proviene de Dios? ¿Quién hay hoy en día que experimente tal felicidad ante la perspectiva de la exaltación de la palabra de Dios? ¡Juro por Dios que, cuando vi y aprecié la felicidad del Mesías Prometido (as) en aquel momento, me sentí profundamente avergonzado de mí mismo! Aunque yo también estaba feliz, y los amigos se regocijaban de que se hubiera abierto otra vía para la derrota de la falsedad y de que la imagen completa del viaje de Jesús (as) hubiera sido descubierta, simplemente no había comparación con la felicidad del Mesías Prometido (as)”.

Cuando el Mesías Prometido (as) escribió Barahin-e-Ahmadía, dejó registrados en el libro los nombres de quienes habían prestado asistencia financiera para su publicación. Al tiempo que expresaba su gratitud hacia ellos, animó a otros a rezar por ellos. Esta lista de personas a quienes se debía recordar en la oración incluía incluso a quienes habían contribuido con cinco rupias, dos rupias e incluso dos annas.

El Mesías Prometido (as) escribe:

“¿Cómo puedo expresar mi gratitud al Señor de los mundos, Quien primero hizo posible que mi humilde persona escribiera este libro mediante Su ayuda, gracia y apoyo divino, y luego lo llevó a la atención de los líderes, ancianos, nobles y otros hermanos en la fe musulmanes, e infundió en ellos el deseo de que fuera impreso, publicado y promovido? Debo expresar mi gratitud a todos aquellos que me ayudaron y cuya generosidad evitó que mis objetivos y esfuerzos religiosos fueran en vano. De hecho, estoy tan obligado con ellos por su ayuda que no tengo palabras con las que darles las gracias. Cuando observo cómo tantos de ellos han hecho todo lo posible por ayudar a esta noble causa y cómo algunos han prometido hacer aún más contribuciones, mis sentimientos de gratitud hacia ellos se profundizan todavía más”.

Luego registró los nombres de quienes habían prestado su ayuda y afirmó:

“Al final de esta declaración, he registrado los valiosos nombres de todas las personas generosas y dedicadas que han ayudado a esta causa mediante la compra de ejemplares del libro o contribuyendo a su publicación. Continuaré reconociendo tales contribuciones hasta que todo el libro haya sido impreso (escribió todos sus nombres)”. Afirmó:

“Para que, mientras continúe siendo una fuente de beneficio para el mundo (mientras las personas se beneficien de esto, estos nombres estarán escritos, para que recemos por ellos), cualquiera que se beneficie de él y pase un tiempo agradable leyéndolo pueda rezar por mí y por todos los que me han ayudado. Quienes se beneficien de él deben tenerlo a él y a sus ayudantes presentes en sus oraciones”.

El Mesías Prometido (as) también fue autor de un libro titulado Minan-ur-Rahman, en el que demostró que el idioma árabe es la lengua madre de todas las lenguas. A este respecto, al expresar su gratitud a los amigos que le habían ayudado a localizar diversas referencias, afirmó:

“Aquí no puedo dejar de expresar mi gratitud a mis amigos que me han ayudado en mi tarea de demostrar la existencia de relaciones entre las lenguas. Nos causa un gran placer reconocer que, con el fin de demostrar la existencia de relaciones entre las lenguas, nuestros sinceros amigos se han esforzado con tal celo que, sin duda, será recordado en este mundo mientras permanezca habitado. Estos hombres de Dios dedicaron valientemente su valioso tiempo a nosootros y, mediante un gran esfuerzo y un duro trabajo de día y de noche, llevaron a cabo esta tarea trascendental. Sé que serán enormemente recompensados por Dios Altísimo porque participaron en una guerra en la que, muy pronto, sonarán las trompetas de la victoria del Islam. Por lo tanto, cada uno de ellos merece ser condecorado con una medalla celestial. No puedo describir cómo, en cada sesión académica, se aventuraban cientos de millas dentro de [su investigación] para descubrir los lazos comunes de las palabras [entre idiomas], ni cómo regresaban con éxito y presentaban como obsequio una palabra cognada. Este proceso continuó hasta que las lenguas del mundo fueron reunidas ante nosotros. Nunca olvidaré que, en esta trascendental empresa, mis leales amigos prestaron una ayuda de tal magnitud que no tengo palabras para expresarla. Oro para que Dios Altísimo acepte sus esfuerzos, los acepte para Sí mismo, los mantenga siempre alejados y protegidos de una existencia impura, les conceda Su afinidad y un anhelo ardiente por Él, y esté con ellos. ¡Amén! ¡Amén!”.

Luego registró los nombres de quienes le habían prestado su ayuda, entre los cuales mencionó, en primer lugar, a Hazrat Hakim Maulvi Nuruddin Sahib (ra), seguido de Hazrat Maulvi Abdul Karim Sahib (ra), junto con muchos otros compañeros. Afirmó:

“Solo Dios Altísimo sabe qué esfuerzos en esta tarea son mayores; Él no permitirá que el esfuerzo de ningún verdadero devoto se eche a perder. Pero, por lo que atestigua nuestro conocimiento y nuestra observación personal, el mayor esfuerzo fue realizado por mi querido hermano Hakim Maulawi Nuruddin y mi querido hermano Maulawi Abdul Karim, quienes, dejando atrás todas sus relaciones, han permanecido conmigo durante muchos meses para llevar a cabo esta tarea. Además, Hazrat Maulawi Nuruddin no solo prestó el servicio mencionado, sino que, para esta tarea, también adquirió mediante la compra -de su propio bolsillo- libros en inglés de excelente calidad y reunió una colección de valiosos libros con este propósito.

[Árabe]

¡Que Dios les conceda la mejor recompensa! Dios no permite que se pierda la recompensa de quienes hacen el bien”.

Al mencionar a Mian Manzur Muhammad Sahib, el Mesías Prometido (as) escribió:

“Es mi deber, como expresión de gratitud por las bendiciones de Dios Altísimo, mencionar que, en mi importante labor de redacción y publicación, Dios, por Su gracia, me ha concedido un sincero ayudante de gran valor: mi querido Mian Manzur Muhammad, quien sirve como escribano y posee una caligrafía extraordinariamente hermosa. Él no trabaja para el mundo, sino puramente por amor a la fe. Ha dejado su ciudad natal y ha fijado su residencia aquí, en Qadian. Es una gran bendición de Dios Altísimo que Él me haya proporcionado, de acuerdo con mi necesidad y deseo, un ayudante tan dedicado y enérgico. A cualquier hora del día o de la noche, recurro a él para el servicio de copiar manuscritos, y él lleva a cabo este trabajo con total dedicación, puramente por complacer a Dios Altísimo. Es por esta razón que, en esta época de batalla espiritual, desde mi lado se están enviando, en rápida sucesión, folletos que derrotan a los oponentes, como ráfagas de fuego contra los adversarios. En verdad, la provisión de tales medios de apoyo es, en sí misma, una señal de Dios Altísimo. Desde todas las direcciones, se me han facilitado todos los medios provechosos. En la escritura, se me ha concedido tal poder que parece como si no fuera yo quien escribe, sino los ángeles, aunque exteriormente sea a través de mi propia mano”.

El Mesías Prometido (as) nunca dejaba pasar la oportunidad de agradecer a quienes le ayudaban, incluso por el más pequeño de los servicios. Reconocía abiertamente a sus compañeros, los elogiaba y decía que, gracias a su ayuda, su trabajo se había visto facilitado.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib relata que el Mesías Prometido (as) siempre valoraba incluso los más pequeños servicios de sus devotos y mostraba una gran consideración por sus sentimientos. Les daba más de lo que su trabajo merecía. En aquellos tiempos, cuando había que imprimir y publicar con urgencia un libro o un folleto y el trabajo se prolongaba durante toda la noche, hacía arreglos especiales para conseguir leche y otros refrigerios para quienes trabajaban en la imprenta. Les pagaba más del salario habitual y no solo expresaba su satisfacción por su trabajo, sino también su gratitud.

Hazrat Musleh Maud (ra) escribe que los corazones de los profetas son profundamente agradecidos y que expresan su gratitud incluso por el más mínimo gesto. Dijo:

“He visto que, cuando los libros del Mesías Prometido (as) se imprimían día y noche, aunque él mismo a veces permanecía despierto durante varias noches seguidas, siempre que alguien traía una prueba por la noche y le llamaba, se levantaba personalmente para recepcionarla. Mientras lo hacía, decía: “¡Que Al’lah le conceda la mejor recompensa! ¡Cuánta molestia se ha tomado! ¡Cuántas dificultades soporta esta gente! ¡Que Dios les recompense abundantemente!”. Decía esto a pesar de que él mismo también había permanecido despierto toda la noche”.

Hazrat Musleh Maud (ra) dice además:

“Muchas veces me quedé dormido mientras observaba al Mesías Prometido (as) trabajar y, cuando desperté, le encontraba todavía trabajando, hasta la mañana. Los demás ciertamente trabajaban por amor a Dios, pero el Mesías Prometido (as) aun así se preocupaba por sus dificultades. ¿Por qué? Porque los corazones de los profetas poseen un extraordinario sentido de gratitud”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata otro incidente. Hafiz Nabi Bajsh Sahib, de Faizul’lah Chak, dijo:

“Una vez, el Mesías Prometido (as) salió a dar un paseo por su jardín. En su bendita mano sostenía un bastón de sauce. Intentó golpear con el bastón una fruta que estaba en el árbol, pero este quedó atascado entre las ramas. Lo había lanzado desde lejos y quedó atrapado con tanta firmeza que no caía. Los compañeros intentaron repetidamente sacarlo, pero sin éxito. Entonces dije: ‘Su Santidad, puedo trepar al árbol y bajarlo’. Subí rápidamente y bajé el bendito bastón. El Mesías Prometido (as) se mostró tan complacido y asombrado que repetidamente dijo, con gran afecto: ‘¡Mian Nabi Bajsh, ha hecho algo extraordinario! Trepó al árbol y bajó el bastón de inmediato. ¿Cómo trepó al árbol? ¿Dónde aprendió a subir así? Este bastón es de la época de nuestro padre; hoy es como si nos lo hubiera devuelto de nuevo’. Incluso durante el camino de regreso, el Mesías Prometido (as) seguía repitiendo: ‘Mian Nabi Bajsh ha demostrado una gran habilidad para trepar al árbol y recuperar el bastón’“.

También era costumbre del Mesías Prometido (as) que, ya fuera joven o anciano, nunca se dirigía a nadie con la palabra “tú”. Dice: “Aunque yo era solo un niño pequeño, el Mesías Prometido (as) nunca se dirigió a mí de esa manera”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe que el Dr. Mir Muhammad Ismail Sahib le dijo que, siempre que alguien llevaba un regalo al Mesías Prometido (as), mostraba una profunda gratitud. También mencionaba en su hogar la sinceridad de esa persona y decía que tal o cual persona había enviado aquel regalo.

La profunda apreciación que el Mesías Prometido (as) sentía incluso por los pequeños obsequios queda ilustrada por otro relato registrado por Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra). La esposa del difunto Dr. Jalifa Rashiduddin Sahib escribió:

“En una ocasión, el Dr. Sahib se tomó tres meses de vacaciones de Agra y vino a Qadian. En Agra había un dulce llamado ‘jurma’ (algo parecido al ‘balushahi’), que allí se preparaba muy bien y en trozos grandes. Era algo que le gustaba al Mesías Prometido (as). Siempre que venía el Dr. Sahib, traía ‘jurmas’ para el Mesías Prometido (as). Un día, cuando llegó, el Mesías Prometido (as) no había comido desde la mañana. Dice que “llegué a la casa aproximadamente a la hora de Asr, y él se alegró mucho de verme. Me preguntó por el viaje. Hazrat Amman Yaan (ra) dijo: ‘La comida está lista’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘No tengo ganas de comer’. Entonces Hazrat Amman Yaan dijo: ‘Murad Jatun te ha traído jurmas de Agra’. Al oírlo, el Mesías Prometido (as) se alegró y dijo: ‘Me gustan. Tráelos; comeré algunos’. Cuando se los llevaron, los elogió mucho y dijo: ‘¡Cuántos!’. Luego comió algunos y dijo: ¡Guárdalos para mí. Ya he comido un poco y comeré más después’“.

Ya se ha mencionado la forma en que comía el Mesías Prometido (as); comía muy poco cada vez y lo hacía mientras estaba en oración. En cualquier caso, ella relata:

“Sentí una alegría inmensa al ver cómo apreciaba algo tan pequeño, una alegría que no puedo describir. Cuando se lo conté al Dr. Sahib, él también se puso muy contento. Durante un buen rato, siguió alzando el rostro hacia el cielo y diciendo: ‘¡Subhanal’lah! ¡Subhanal’lah! [¡Santo es Al’lah, Santo es Al’lah!]’“. El propio Dr. Sahib era también una persona muy sincera.

Hazrat Musleh Maud (ra) narra que, cuando Maulvi Karam Din de Bhain presentó una demanda contra el Mesías Prometido (as) en Gurdaspur, había en aquel momento una gran escasez de dinero y los gastos habían aumentado considerablemente. En aquella ocasión, bajo guía divina, se contactó con ciertas personas, entre las que se encontraba el Dr. Jalifa Rashiduddin Sahib. En ese momento, reunió todo lo que tenía en casa y lo envió, escribiendo que continuaría enviando cualquier ingreso que recibiera en el futuro. Y así, todo lo que recibía de su salario y de su práctica médica lo enviaba al Mesías Prometido (as). Un amigo que fue su huésped en aquellos días relata:

“Le dije: ‘¿Envía todo allí y no deja con nada para usted?’. Respondió: ‘Sí, estos son tiempos que lo exigen’“. En aquel momento, el Mesías Prometido (as) también le escribió una carta que Hazrat Musleh Maud (ra) leyó (el Dr. Sahib había dicho que aquellos eran tiempos que requerían que se ayudara al Mesías Prometido [as]). En cualquier caso, el Mesías Prometido (as) le escribió una carta en aquel momento, y Hazrat Musleh Maud (ra) dice que él la leyó. En ella, el Mesías Prometido (as) había escrito: ‘Ha hecho sacrificios hasta el límite más alto. No es necesario que haga más contribuciones’. Donaba tanto y, sin embargo, Hazrat Musleh Maud (ra) señala que el Mesías Prometido (as) normalmente aconsejaba a la gente que hiciera sus contribuciones con regularidad, e incluso había dicho que quien no contribuyera durante tres meses no podía seguir formando parte de la Comunidad. Hazrat Musleh Maud (ra) dice que esta carta tal vez aún se encuentre en la casa del difunto Jalifa Sahib.

Continuó haciendo donaciones después de aquello, y así debía hacerlo; no es que, tras recibir aquella carta, dejara de donar por completo. Sin embargo, siguió donando, y así debía ser. Hazrat Musleh Maud (ra) dice que debía continuar haciéndolo, porque lo que había estado haciendo antes era cumplir con una obligación, mientras que lo que dio después fue por gratitud.

El Mesías Prometido (as), en su tratado El Testamento, escrito por revelación divina, eximió a sus propios hijos del pago de la contribución de Wasiyyat. Hazrat Musleh Maud (ra) dice: “En ello nos eximió (es decir, a sus propios hijos)”. Hazrat Musleh Maud (ra) dice: “Siempre tuve la persistente sensación de que se nos había privado de una oportunidad para el sacrificio. Pero entonces se me ocurrió que el Santo Profeta (sa) adoraba con tal intensidad que, como dice Hazrat Aisha (ra), sus pies se hinchaban. Al verlo, una vez le dijo: ‘Si Al’lah ha perdonado todos tus pecados, ¿por qué se somete a tales dificultades?’. Respondió:

[Árabe]

‘¿Acaso no debo ser un siervo agradecido?’. Habiendo llegado a tal estado -dice Hazrat Musleh Maud (ra)-, incluso si algo no es obligatorio, debe hacerse por gratitud. Aunque no sea una obligación, debería hacerse como muestra de agradecimiento. Se me ocurrió lo siguiente: aunque hemos sido eximidos de la contribución al Wasiyyat, aun así debemos expresar nuestra gratitud. Así, después de aquello, adopté la práctica de asegurarme de que mis propias contribuciones superaran incluso las de los Musian [miembros del sistema Wasiyyat]. Entonces también recordé una revelación que había recibido. Poco tiempo después del fallecimiento del Mesías Prometido (as), recibí la revelación:

[Árabe]

‘Trabajad con gratitud, ¡oh Casa de David!’. Al’lah el Altísimo se había referido al Mesías Prometido (as) como David, como en las palabras:

[Árabe]

‘Oh David, tratad a la gente con gentileza y bondad’. Al’lah alivia ciertas cargas de ciertas personas, pero, a pesar de ello, sigue siendo su deber actuar con gratitud. Quizás esa revelación me fue dada precisamente para disipar esta duda mía. Y así, dice Hazrat Musleh Maud (ra): ’Después de aquello, hice contribuciones muy generosas’”.

También deseo aclarar una cuestión que, de hecho, también me ha sido planteada. La gente pregunta si tal vez todos los miembros de la familia del Mesías Prometido (as), o los Jalifas, están exentos de hacer contribuciones. Que quede claro que esta exención era únicamente para sus cinco hijos, no para las esposas de sus hijos varones, ni para los maridos de sus hijas, ni para sus descendientes. Quienquiera que haga el juramento de Wasiyyat está obligado a pagar la contribución de Wasiyyat y a hacer contribuciones de la misma manera que cualquier otro Musi, incluyendo dar su parte de la propiedad, tal como lo hacen los demás Musian.

También debo dejar claro que el Mesías Prometido (as) había donado el terreno de Bahishti Maqbara en Qadian, y quizá esta fuera una de las muchas razones, a los ojos de Dios, por las que eximió a sus cinco hijos de la contribución del Wasiyyat y les concedió permiso para ser enterrados en Bahishti Maqbara. Pero los sacrificios que estas personas han hecho han sido inmensos. Hazrat Amma Yaan (ra) hizo grandes sacrificios, y sus hijos también han realizado sacrificios extraordinarios en cada momento de la historia.

En cualquier caso, al igual que Hazrat Musleh Maud (ra) afirmó que había hecho sacrificios económicos por los objetivos de la Comunidad que superaban incluso los de un Musi, lo mismo ha ocurrido con el resto de los hijos de Hazrat Musleh Maud (ra). Que quede también claro que ningún Jalifa posterior a Hazrat Musleh Maud (ra) está exento de ello, sino que todos han formalizado el compromiso de Wasiyyat y pagan, en consecuencia, sus contribuciones de Wasiyyat. Del mismo modo, todos han participado en las demás campañas e iniciativas económicas puestas en marcha por los Jalifas, contribuyendo en la medida de sus posibilidades e incluso más allá de ellas. No existe ninguna exención, ni para ningún Jalifa ni para ningún miembro de la familia del Mesías Prometido (as). La exención se aplicó exclusivamente a esos cinco hijos. Hago esta aclaración porque se me ha planteado esta pregunta al respecto.

Hazrat Mirza Bashir Sahib (ra) relata que Munshi Abdul Aziz Sahib Aull’lawi le declaró por escrito que, cuando Maulvi Muhammad Husain Sahib Batalvi había iniciado un proceso penal contra el Mesías Prometido (as) en Gurdaspur, el Mesías Prometido (as) residía en la casa de Jan Sahib Ali Muhammad Sahib, un pensionista, en una vivienda contigua a la mezquita de Hayamah. “Este humilde servidor, junto con Mian Yamal-ud-Din, Imam-ud-Din y Jair-ud-Din, residentes en Sejwan, acompañábamos al Mesías Prometido (as). También había otras personas que se alojaban en otro lugar”.

Un día, el Mesías Prometido (as) sufrió un malestar estomacal. Por lo general, padecía problemas gastrointestinales y, en aquella ocasión, tuvo que levantarse repetidamente para ir al baño. El Mesías Prometido (as) nos indicó que siguiéramos durmiendo y dijo: ‘Yo me levantaré; vosotros no debéis levantaros’. Cada vez que el Mesías Prometido (as) se levantaba para ir al baño, este humilde siervo se levantaba inmediatamente, cogía una jarra de agua y le acompañaba. Así continuó durante toda la noche. Cada vez, el Mesías Prometido (as) le decía: ‘Sigue durmiendo’.

Por la mañana, mientras estábamos sentados en una reunión, el Mesías Prometido (as) me comentó que existe una marcada diferencia entre los discípulos del Mesías [Jesús] y nuestros compañeros. Cuando el Mesías se enfrentaba a un momento de dificultad, tenía que despertar a sus discípulos diciéndoles: ‘Permaneced despiertos y orad’; sin embargo, ellos se quedaban dormidos. Los despertaba una y otra vez y, aun así, volvían a dormirse. En cambio, tal es la condición de los discípulos del Mesías del Profeta Muhammad (sa); instamos repetidamente a nuestros amigos a que sigan durmiendo y, aun así, ellos permanecen despiertos’.

A continuación, mencionando a este humilde siervo por su nombre, el Mesías Prometido (as) dijo: ‘No sé si Mian Abdul Aziz durmió siquiera durante toda la noche. Cada vez que me levantaba, él se ponía inmediatamente en pie, con gran atención y, a pesar de que le decía repetidamente que siguiera durmiendo, se levantaba’”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha comentado al respecto que la afirmación del Mesías de Nazaret es cierta y, de hecho, acertada: un árbol se conoce por sus frutos. Así pues, toda persona imparcial tendrá que reconocer que los dulces frutos que produjo la compañía del Mesías Prometido (as) nunca podrían haberse producido permaneciendo en la compañía del Mesías de Nazaret. La bendita influencia del Mesías Prometido (as) creó una comunidad de miles y cientos de miles de personas que consideraban que sacrificar sus vidas por él era un honor mayor que cualquier otro y que, de hecho, siguen considerándolo así incluso hoy en día. Estaban, y siguen estando, dispuestos a sacrificar todas sus comodidades y su confort al experimentar la más mínima dificultad que él sufriera. Sin embargo, el Mesías de Nazaret ni siquiera pudo mantener una pequeña comunidad de doce personas, y uno de ellos aceptó treinta piezas de plata, hizo que lo detuvieran e informó a las autoridades sobre él”.

Hazrat Inayatul’lah Sahib relata que, cuando llegó a Qadian por primera vez, trajo consigo un frasco de perfume. Había realizado el viaje a pie. Pasó la noche en Batala y cuenta que, al mirar el frasco, descubrió que se había derramado todo el perfume salvo una sola gota. Esto le entristeció mucho. A la hora de la oración de la tarde, cuando el Mesías Prometido (as) subió a la azotea de la mezquita Mubarak, le estrechó la mano y comenzó a darle un masaje. Le dijo: “Había traído un frasco de perfume, pero se derramó por el camino”. Le entregó el frasco al Mesías Prometido (as), en el que solo quedaba aquella única gota. El Mesías Prometido (as) dijo: “Has recibido la recompensa de todo el frasco. ¡YazakAl’lah!”.

Hazrat Muhammad Ismail Sahib relata que tenía aproximadamente 20 años cuando, en Gurdaspur, se dictó la sentencia en el caso de Karam Din Jhelumi Bhain. Bhain se encuentra en el distrito de Jhelum -o quizás en el distrito de Chakwal, como se conoce hoy en día-. En cualquier caso, se iba a dictar sentencia en su caso. Había llegado allí desde su pueblo un día antes.

El Mesías Prometido (as) también se alojaba en una casa de allí. Era verano y se encontraba sentado en una habitación. También estaban presentes su padre [el de Muhammad Ismail], Mian Yamal-ud-Din Sahib, Mian Muhammad Din Sahib Sellwani y Chaudhry Abdul Aziz Sahib. Se acercó y comenzó a abanicar al Mesías Prometido (as). El Mesías Prometido (as) le miró y, señalando a su padre, Mian Yamal-ud-Din Sahib, sonrió y dijo: “ Mian Ismail también ha venido y se ha llevado una parte de la recompensa”. Cuenta que, incluso ahora, cada vez que recuerda lo complacido que se mostraba el Mesías Prometido (as) ante el más pequeño y humilde acto de servicio, le invade un sentimiento de alegría.

Hazrat Mian Sadr-ud-Din Sahib relata que el Mesías Prometido (as) solía llevar un chal de lana, que se echaba sobre el hombro cuando salía al exterior. En una ocasión, Chaudhry Bhola me contó que una vez acompañó al Mesías Prometido (as) a Batala. El Mesías Prometido (as) llevaba consigo un caballo. Durante un rato, él mismo permaneció montado en él y, a continuación, me ayudó a montar. En otras palabras, primero montó él mismo y luego hizo que yo montara. Tras cabalgar durante un rato, dejó que el caballo siguiera sin jinete para que también pudiera descansar un poco.

Del mismo modo, el padre de Chiragh, que trabajaba como peón en la Escuela Ahmadía, me contó que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) le llevó al pozo conocido como el pozo de Phaya Kashmiri para que pudiera bañarse allí. Por el camino, le dio algo de dinero y le pidió que comprara un poco de ‘rewri’ [un dulce hecho de semillas de sésamo y azúcar].

Relata una anécdota personal, pero el incidente propiamente relacionado con la gratitud comienza aquí. Cuenta que el Mesías Prometido (as) le dio algo de dinero y le pidió que le trajera un poco de ‘rewri’. Cuando regresó con él, el Mesías Prometido (as) dividió el ‘rewri’ en dos porciones y comenzó a darle una de ellas. Se negó a aceptarla. Entonces, el Mesías Prometido (as) dijo: “¿Cómo voy a comerme todo esto yo solo? El dinero era mío y yo lo mandé traer; pero el esfuerzo fue tuyo. Tú fuiste a buscarlo y, por tanto, fuiste tú quien hizo el esfuerzo”. Posteriormente, el Mesías Prometido (as) le dio la mitad del ‘rewri’. Esto también fue un ejemplo de su gratitud por el servicio prestado por otra persona. Ya fuera joven o mayor, quienquiera que le sirviera de cualquier forma, él expresaba su gratitud por su servicio. Ya he mencionado varios ejemplos de este tipo.

Hazrat Sher Muhammad Sahib también relata que, cuando el Mesías Prometido (as) fue a Jhelum para un juicio relacionado con el caso de Karam Din, algunos de mis amigos de Batala habían preparado un té y nos invitaron. Fuimos todos juntos, incluido el Mesías Prometido (as), y Hazrat Maulvi Abdul Latif Sahib Shahid también estaba con nosotros.

En aquella ocasión, el Mesías Prometido (as) preguntó: “¿Quién está sirviendo el té?”. Los amigos nos habían invitado a tomar el té, y yo respondí humildemente: “Huzur, son sus sirvientes”. Eran los cocineros y el personal doméstico de aquellas damas inglesas -las esposas de oficiales británicos- que solían proclamar que Cristo era Dios y el Hijo de Dios. En otras palabras, se trataba de personas que servían a quienes creían y proclamaban que Jesucristo, el Mesías de Nazaret, era el Hijo de Dios.

En cualquier caso, el Mesías Prometido (as) escuchó esto y expresó su satisfacción, transmitiendo su reconocimiento y gratitud a quienes habían organizado el té. Ya fueran cristianos, no musulmanes o amigos de cualquier otro origen, daba las gracias a quienes le habían servido. No se limitó a expresarles personalmente su gratitud. Se tiene constancia de que, posteriormente, publicó también un anuncio de agradecimiento en el periódico, en el que indicaba que aquellas personas le habían servido allí. Así pues, concedió tal importancia a su servicio que no se limitó a darles las gracias verbalmente, sino que reconoció públicamente su servicio y expresó su gratitud por él.

¡Que Dios Altísimo nos permita también adoptar los más altos estándares de gratitud y agradecimiento!

Share via
Share via