La bondad y la generosidad del Mesías Prometido (as)
Resumen
Tras recitar el Tashahhud, el Ta`awwuz y la sura Al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), continuó relatando episodios de la vida del Mesías Prometido (as), que ponían de manifiesto su bondad y generosidad.
Mostrar bondad hacia los oponentes
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) mostraría bondad incluso hacia quienes se le oponían. Por ejemplo, Mirza Imamuddin era un acérrimo opositor del Ahmadíat y se oponía a la familia del Mesías Prometido (as). Si bien el Mesías Prometido (as) no podía tolerar la oposición en asuntos religiosos, hacía la vista gorda ante la oposición en asuntos mundanos. En varias ocasiones, Mirza Imamuddin necesitaba ayuda económica, y el Mesías Prometido (as) no dudaba en ayudarlo. De hecho, a pesar de recibir esta ayuda del Mesías Prometido (as), Mirza Imamuddin continuaba con su oposición. Por ejemplo, una vez que Mirza Imamuddin tenía dificultades para vender su caballo, el Mesías Prometido (as) lo ayudó enviándolo con Hazrat Hakim Maulvi Nooruddin (ra), junto con su propia recomendación, para que lo ayudara a vender el caballo.
Su Santidad (aba) dijo que Mirza Muhammad Baig era otro opositor del Ahmadía y de la familia del Mesías Prometido (as). Sin embargo, a pesar de esta oposición, cuando Mirza Muhammad Baig buscó empleo en Yammu, se acercó al Mesías Prometido (as) para pedirle una carta de recomendación dirigida a Hazrat Hakim Maulvi Nooruddin (ra). El Mesías Prometido (as) escribió una carta de recomendación, gracias a la cual Mirza Muhammad Baig consiguió un empleo.
Su Santidad (aba) dijo que en Qadian había un conocido polemista hindú que se oponía al Ahmadía. Hacia el final de su vida, este hombre se vio en dificultades económicas, hasta el punto de que no podía costearse ni siquiera las necesidades básicas de la vida. A pesar de su oposición, visitó al Mesías Prometido (as). Le explicó su situación, tras lo cual el Mesías Prometido (as), haciendo caso omiso de toda su oposición, le dio algo de dinero y le dijo que más adelante le daría aún más. De hecho, este hombre regresaba a ver al Mesías Prometido (as) cada pocos meses para obtener dinero con qué mantenerse.
Dar nunca debe ser por ostentación
Su Santidad (aba) dijo que la esposa de Hazrat Hamid Ali (ra) cuenta que el Mesías Prometido (as) se hacía cargo de los gastos de su familia. Cuando el Mesías Prometido (as) se mandó hacer un chaleco, también mandó hacer uno igual para Hazrat Hamid Ali (ra). Una vez, cuando la esposa de Hazrat Hamid Ali (ra) tenía frío, él le dijo que podía ponerse el chaleco que el Mesías Prometido (as) le había regalado, ya que estaba hecho de una tela abrigada, y ella así lo hizo. El Mesías Prometido (as) se topó con ella por casualidad y, al ver que llevaba el mismo chaleco que él, le preguntó en tono jocoso si se había llevado su chaleco. Ella respondió que toda la ropa y la comida que tenían eran, en efecto, fruto de la bondad y la generosidad del Mesías Prometido (as).
Su Santidad (aba) dijo que cada vez que el Mesías Prometido (as) daba algo a los demás, nunca lo hacía para aparentar; más bien, lo hacía para complacer a Dios y por su compasión hacia la humanidad. Por lo tanto, la generosidad del Mesías Prometido (as) a menudo se manifestaba en secreto. Había un huérfano en Qadian cuyos gastos y educación eran financiados en su totalidad por el Mesías Prometido (as). Más tarde, este hombre consiguió un empleo en el periódico Badr de Qadian con un salario de 12 rupias. Un día, el Mesías Prometido (as) preguntó por él y se enteró de que su salario era de 12 rupias. El Mesías Prometido (as) pensó que tal vez eso no fuera suficiente para cubrir sus gastos. Por eso, el Mesías Prometido (as) pasó discretamente por la habitación del hombre y dejó un sobre con dinero en su interior. El hombre no tenía idea de dónde había venido ese sobre, y solo mucho más tarde se enteraría de que provenía del Mesías Prometido (as), quien discretamente lo había ayudado a cubrir todos sus gastos.
Ayudar a los necesitados incluso antes de que lo pidan
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) no solo nunca rechazaba a nadie que tuviera una necesidad, sino que además se anticipaba a las necesidades que pudieran surgir y las satisfacía. Por ejemplo, una vez, durante el invierno, el Mesías Prometido (as) le dio a un recién llegado a Qadian algo de dinero para que comprara ropa de abrigo. El hombre no había pedido nada en absoluto, pero el Mesías Prometido (as) percibió que podría tener una necesidad y la satisfizo.
Su Santidad (aba) dijo que, en una ocasión, Mian Nizamuddin, que era un hombre pobre, caminó desde Kapurthala hasta Qadian para visitar al Mesías Prometido (as). Al llegar a Qadian, le entregó dos rupias como regalo al Mesías Prometido (as). Unos días más tarde, cuando Mian Nizamuddin estaba a punto de partir, el Mesías Prometido (as) le dio siete u ocho rupias como regalo al despedirse.
Cuidar a quienes te ayudan
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) se preocupaba mucho por ayudar a quienes lo servían. Munshi Zafar (ra) cuenta que, en una ocasión, durante el Eid, la tela de su turbante estaba sucia. Esto se debía a que había llegado a Qadian solo por unos días, pero terminó quedándose más tiempo, reutilizando la ropa que había traído para lo que se suponía que sería un viaje corto. Por lo tanto, cuando se acercaba el Eid, pensó en ir al mercado a comprar una nueva tela para atarse como turbante. Mientras caminaba hacia el mercado, el Mesías Prometido (as) lo vio y le preguntó adónde iba. Munshi Zafar le explicó que iba a comprar un trozo de tela para atarse como turbante. En ese mismo instante, el Mesías Prometido (as) se quitó su turbante y se lo entregó a Munshi Zafar (ra), diciéndole que él mismo iría a atarse otro turbante. Esta amabilidad y generosidad dejaron una profunda huella en Munshi Zafar (ra).
Aplicar la sabiduría al dar
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) siguió el ejemplo perfecto del Santo Profeta (sa) y, al hacerlo, de acuerdo con los dictados de la sabiduría, hubo ocasiones en las que el Mesías Prometido (as) decidía no darle a alguien lo que pedía. Por ejemplo, en una ocasión, alguien acudió al Mesías Prometido (as) y le dijo que un familiar suyo había fallecido, pero que no tenía suficiente dinero para organizar el funeral. En lugar de darle al hombre lo que pedía de inmediato, el Mesías Prometido (as) envió a uno de sus compañeros a acompañarlo y a encargarse de los preparativos del funeral. Poco después, el compañero regresó sonriendo y dijo que el hombre era un embustero. En el camino, el hombre intentó convencer al compañero de que no siguiera adelante y que simplemente le diera algo de dinero. Cuando el compañero insistió en que lo acompañaría, el hombre admitió que había mentido y que, de hecho, ningún familiar suyo había fallecido; más bien, se trataba de una estratagema para conseguir algo de dinero. Por lo tanto, el Mesías Prometido (as) había actuado con gran sabiduría al abstenerse de darle dinero de inmediato.
Generosidad hacia los niños
Su Santidad (aba) dijo que la generosidad del Mesías Prometido (as) se extendía también a los niños. Una vez, mientras el Mesías Prometido (as) desayunaba, escuchó llorar a una niña pequeña y le preguntó a su madre qué quería. La madre respondió que la niña pedía algo de comer, por lo que el Mesías Prometido (as) le dio algo de comer; sin embargo, la niña siguió llorando. El Mesías Prometido (as) le preguntó por qué seguía llorando, a lo que la madre respondió que la niña pedía la misma comida que el Mesías Prometido (as) estaba comiendo. Al oír esto, el Mesías Prometido (as) le dio a la niña un poco de la misma comida que él estaba comiendo.
La importancia de pagar los préstamos
Su Santidad (aba) dijo que, en su sermón anterior, relató un episodio en el que el Mesías Prometido (as) utilizó las joyas de su esposa para cubrir los gastos de la cocina. Ante esto, alguien le preguntó a Su Santidad (aba) si esto significaba que un esposo puede utilizar las joyas de su esposa para cubrir sus gastos. Su Santidad (aba) explicó que debe quedar claro que el Mesías Prometido (as) consideraba esto como un préstamo de su esposa. De igual manera, se registra que durante una sequía, el Mesías Prometido (as) pidió un préstamo a su esposa para cubrir los gastos del hogar y los de la cocina comunitaria (Langar). Más tarde, al recibir algo de dinero, el Mesías Prometido (as) le devolvió el préstamo a su esposa.
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) a veces se sentaba en un huerto con sus amigos. En esas ocasiones, el Mesías Prometido (as) volvía a demostrar su generosidad repartiendo diversas frutas entre todos los que estaban sentados con él.
Su Santidad (aba) dijo que estas eran algunas anécdotas de la generosidad del Mesías Prometido (as), la cual demostraba al seguir a su maestro, el Santo Profeta (sa). Esta generosidad impactó tanto a los ahmadíes como a los no ahmadíes; de hecho, dejaba una profunda huella incluso en sus oponentes.
Sermón del viernes – 10 de julio de 2026
Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
Al describir la vida del Mesías Prometido (as), Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que, en su vida, se manifiesta otro aspecto de su generosidad y beneficencia, que queda patente en sus intercesiones y recomendaciones.
En ocasiones, alguien acudía a él en busca de ayuda para resolver un asunto que se hallaba fuera de su alcance, pues dependía de otras personas. En tales casos, recomendaba de buen grado a esa persona incluso ante aquellos a quienes nunca habría acudido por un asunto personal, siempre que ello redundara en beneficio de quien necesitaba ayuda. En otras palabras, aunque pedía a los demás que ayudasen a alguien [que lo necesitara], nunca les pedía que hiciesen nada por él personalmente. Escribe que se trata de una cualidad tan noble y sincera que resulta muy difícil encontrarla en el mundo.
Al referirse a Mirza Imamuddin Sahib, añade que no era ningún secreto que se trataba de un acérrimo opositor de esta comunidad y que albergaba enemistad hacia la familia del Mesías Prometido (as). No obstante, el Mesías Prometido (as) siempre pasaba por alto su enemistad en los asuntos mundanos. En las cuestiones religiosas, la situación era diferente, pues el Mesías Prometido (as) no toleraba la hostilidad en todo aquello que se refería a la fe. Sin embargo, en lo relativo a los asuntos mundanos, se mostraba indiferente. En otras palabras, el Mesías Prometido (as) no hacía distinciones en cuanto a su trato amable. En numerosas ocasiones, Mirza Imamuddin solicitó ayuda económica al Mesías Prometido (as), pero, a pesar de estos favores, continuó oponiéndose a él y siguió siendo un enemigo acérrimo.
En cierta ocasión, quiso vender un caballo y pensó que la mejor opción sería enviarlo a Yammu y venderlo por mediación de Hazrat Hakim Maulvi Nuruddin Sahib, Jalifatul Masih I (ra), con el fin de obtener un precio razonable. Hazrat Jalifatul Masih I (ra) conocía a los gobernadores y jefes de la zona que podrían comprar el caballo. Teniendo en cuenta esta posibilidad, Mirza Imamuddin pidió personalmente al Mesías Prometido (as) que escribiera una carta de recomendación dirigida a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib. El Mesías Prometido (as) no rechazó esta petición y, sin vacilar un instante, le entregó una carta de recomendación dirigida a Hazrat Maulvi Sahib.
Escribe que la animadversión y la hostilidad de Mirza Imamuddin no eran ningún secreto. Sin embargo, cada vez que se le presentaba la oportunidad de obrar con virtud y bondad, jamás pasaba por la mente del Mesías Prometido (as) la idea de su enemistad, ni dudaba nunca en hacerle un bien.
La carta que el Mesías Prometido (as) escribió a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib decía lo siguiente:
“En el nombre de Al’lah, el Clemente, el Misericordioso. Le glorificamos y enviamos bendiciones sobre Su noble Mensajero (sa).
Mi venerado y estimado hermano, Maulvi Hakim Nuruddin Sahib. ¡Que Dios Altísimo te proteja! Assalamu Alaikum wa Rahmatul’lahi wa Barakatuhu [que la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios estén contigo].
El motivo por el que le escribo esta carta es para molestarle [con una petición]. Espero que no escatime su atención ni sus sinceros esfuerzos en este asunto (le prestó mucha atención y le concedió gran importancia). Mirza Imamuddin Sahib, que es mi primo por parte de padre, posee un caballo de gran valor, veloz y digno de servir de montura a gobernadores y jefes. Ahora desea venderlo. Dado que la gente común no puede permitirse un caballo tan caro, mientras que los jefes suelen buscar animales de esta clase, le ruego que tenga la amabilidad de informar al rajá de Yammu o a alguno de sus hermanos y que haga todo lo posible por convencerles de que compren el caballo por un precio justo. Si realmente tienen intención de adquirirlo, le enviarán el caballo. Una vez que haya hecho todo lo posible, por favor, infórmeme del resultado.
Wassalam.
Atentamente,
Mirza Ghulam Ahmad”.
Este suceso tuvo lugar en 1888. Aunque Mirza Imamuddin ya se había vuelto hostil, el Mesías Prometido (as) todavía no había proclamado [que era el Mesías]. Sin embargo, incluso en tales circunstancias, ayudó de este modo a su hermano, que le era hostil.
Hazrat Sheij Mahmud Nasib Sahib (ra) cuenta: “Hubo un tiempo en que vivía en una casa alquilada, cuyos propietarios eran unos carpinteros sijs. La casa estaba situada junto a la residencia de Mirza Nizamuddin Sahib, jefe del pueblo. Por un asunto, la casera se enzarzó conmigo en una discusión sin motivo y me exigió que abandonara la casa. Le respondí: ‘Tenemos un contrato de alquiler por escrito en papel timbrado y estoy pagando el alquiler que me corresponde, por lo que no voy a marcharme de la casa’. La mujer solicitó el apoyo de Mirza Nizamuddin Sahib en este asunto. Por medio de Jairuddin Sahib, el vigilante del pueblo, me hizo llamar varias veces. En algunas ocasiones acudía y, en otras, no. En cualquier caso, pretendían intimidarme, montando un escándalo, para obligarme a abandonar la casa, pero me negué a dejarla.
Mirza Nizamuddin Sahib solicitó entonces la ayuda de Sheij Yaqub Ali Sahib. El Sheij Sahib me aconsejó: ‘Sería mejor que dejaras la casa’. Sin embargo, en aquel momento acababa de nacer mi hija, lo que dificultaba mucho la mudanza. Expuse mi situación a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib. Maulvi Sahib se enfadó con Sheij Yaqub Ali Sahib y le escribió diciéndole: ‘Primero búsquele otra casa y, solo entonces, pídale que desocupe esta’. Después de que Maulvi Sahib expresara su descontento, Sheij Sahib guardó silencio, pero Mirza Nizamuddin continuó insistiendo en que me marchara.
Finalmente, escribí al Mesías Prometido (as) y le expliqué todo el asunto. Se sintió profundamente afligido y dijo: ‘La lectura de su carta me ha causado una gran angustia. Si tuviera una casa desocupada, sin duda se la daría. Lo tendré en cuenta en el futuro’. A continuación, añadió: ‘Cuando acuda hoy a la oración del Zuhr, si el Sheij Yaqub Ali Sahib también está presente, recuérdeme este asunto’.
En aquella época se estaba ampliando la mezquita Mubarak, por lo que las oraciones se celebraban en la casa que más tarde perteneció a Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra). Cuando acudí a la oración del Zuhr, llegó el Mesías Prometido (as). Antes de que pudiera decir nada, me vio y dijo por sí mismo: ‘Una mujer de la casa de Mirza Nizamuddin ha venido a verme. Les he enviado un mensaje. Ya no sufrirás más’. A partir de entonces, nadie volvió a mencionarme el asunto. Permanecí en aquella casa hasta que el Sadr Anlluman Ahmadía me asignó posteriormente una vivienda oficial, momento en que la abandoné. Para entonces, la actitud de la mujer había cambiado por completo. Tal había sido la bondad que el Mesías Prometido (as) le mostró que ella ya no quería que me marchara. Lloró a lágrima viva y preguntó: ‘¿Por qué te vas?’. La situación había cambiado por completo gracias a la conducta generosa del Mesías Prometido (as) y a la bondad que había demostrado”.
Escribe que “la compasión y la bondad del Mesías Prometido (as) hacia uno de sus humildes siervos fueron extraordinarias, sobre todo si se tiene en cuenta que no mantenía relación alguna con Mirza Nizamuddin. Todo el mundo sabía que habían roto por completo sus relaciones y, sin embargo, pese a ello, él me hizo este gran favor”.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe: “También debería mencionar el incidente de Mirza Muhammad Baig, hijo de Mirza Ahmad Baig, de Hoshiarpur. Las relaciones con la familia de Mirza Muhammad Baig también eran tensas, pero el Mesías Prometido (as) se relacionaba con ellos únicamente con el propósito de buscar el agrado de Dios (se trataba de la misma familia de Ahmad Baig y Muhammadi Begum, cuyos miembros eran totalmente irreligiosos y se habían vuelto profundamente hostiles hacia la Comunidad).
Mirza Muhammad Baig deseaba conseguir un empleo en Yammu y pidió al Mesías Prometido (as) que le escribiera una carta de recomendación dirigida a Hazrat Hakim-ul-Ummat. El Mesías Prometido (as) sin dudar escribió la carta que abajo se menciona, porque no rechazaba ninguna petición válida.
En la carta escribió: “Respecto a Muhammad Baig, el joven que está con usted, Su Señoría ya sabrá que su padre, Mirza Ahmad Baig, debido a su ignorancia y sus prejuicios, siente una intensa hostilidad y un profundo resentimiento hacia este humilde servidor. No obstante, nada hay de malo en responder a su dureza con amabilidad, cumpliendo así el mandato divino:
[Árabe]
‘Rechaza el mal con lo que es mejor’. ¿Por qué no habría de procurar la recompensa por cumplir este mandamiento de Al’lah, tratándolo con bondad a cambio?”. El Mesías Prometido (as) señaló, además, que había recibido varias cartas de Muhammad Baig en las que este solicitaba a Maulvi Sahib que le ayudara a conseguir un puesto de trabajo en el cuerpo de policía. A raíz de esta recomendación, Hazrat Maulvi Sahib hizo lo necesario para que fuera nombrado para un puesto en dicho cuerpo.
Estos hechos demuestran que el Mesías Prometido (as) siempre estuvo dispuesto, por todos los medios posibles, a beneficiar a la creación de Dios. Nunca vacilaba en mostrarse generoso ni en interceder y recomendar a otros en su nombre. Al mismo tiempo, siempre que consideraba que dar algo supondría un derroche, se abstenía de hacerlo, pues debía evitarse el despilfarro.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe: “En Qadian vivía un hombre llamado Nihal Chand, conocido popularmente como Nihala. Nihal Chand Baharurall era brahmán. En su juventud – era de religión hindú – era muy conocido por verse envuelto habitualmente en litigios. Hasta el final de su vida, siguió siendo una de aquellas personas que se oponían constantemente a la familia del Mesías Prometido (as) y les causaban problemas. Además, se relacionaba con los enemigos de la Comunidad.
Sin embargo, hacia el final de su vida, su situación económica se deterioró considerablemente. A veces, incluso le costaba cubrir sus necesidades básicas -apenas podía permitirse comprar comida -. En una ocasión, se presentó en la puerta del Mesías Prometido (as) y solicitó una audiencia (a pesar de que era un adversario; esa gente no siente vergüenza alguna. Se dirigió a la casa del Mesías Prometido (as) con la esperanza de encontrarse con él). El Mesías Prometido (as) fue informado y salió inmediatamente a recibirlo. Tras saludarle, Nihal Chand comenzó a explicarle su situación. El Mesías Prometido (as) no solo le consoló, sino que, además, le trajo veinticinco rupias y le puso el dinero en las manos, diciéndole: ‘Por ahora, apáñate con esto. Si necesitas algo más, dímelo’.
A partir de entonces, se convirtió en una costumbre visitarle cada mes o cada dos meses, y, en cada ocasión, el Mesías Prometido (as) le entregaba una cantidad razonable para cubrir sus necesidades. Además de recibir ayuda del Mesías Prometido (as), también había pedido prestada una suma considerable a Hazrat Jalifatul Masih I (ra), con el compromiso de devolverla en la fecha acordada. Cuando pasó dicha fecha, Hazrat Jalifatul Masih I (ra) le pidió que le devolviera el dinero, pero Nihal Chand restó importancia al asunto mediante respuestas evasivas”.
El narrador dice: “Finalmente, Hazrat Jalifatul Masih I (ra) me pidió que le hablara de ello. Cuando lo hice, Nihal Chand relató el incidente mencionado anteriormente y dijo: ‘Maulvi Sahib no deja de enviar personas para reclamar el préstamo, pero Mirza Sahib siempre me está dando dinero, y es gracias a su generosidad como estoy logrando sobrevivir’. Cuando le transmití esto a Hazrat Jalifatul Masih I (ra), él se limitó a decir: ‘Muy bien, no vuelvas a preguntárselo’. Después de eso, nunca volvió a pedirle el préstamo”.
Escribe, además: “También había un hombre llamado Pandit Bhell Nath. Sé que, en varias ocasiones, el Mesías Prometido (as) le trató con amabilidad, a pesar de que su propia conducta distaba mucho de ser encomiable”.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe que, en su libro en inglés “The Ahmadiyya Movement”, el reverendo Walter M. A., secretario de la YMCA – era reverendo y escribió el libro The Ahmadiyya Movement -, en el cual expresó la siguiente opinión acerca del Mesías Prometido (as): “Es evidente, en todos los aspectos, que Mirza Sahib era un hombre de hábitos sencillos y disposición generosa. El coraje moral que demostró frente a la intensa oposición y persecución de sus adversarios es incuestionablemente digno de admiración. Solo una persona dotada de un notable magnetismo personal y de un carácter excepcionalmente tierno podría haber inspirado tal amistad y lealtad entre sus seguidores, de los cuales al menos dos dieron su vida en Afganistán a causa de sus creencias (se estaba refiriendo a los mártires ahmadíes de Afganistán). Dijo que, debido al noble carácter del Mesías Prometido (as), nunca le abandonaron. Cuando pregunté a varios de los ahmadíes más antiguos por qué habían aceptado el ahmadíat, la mayoría respondió que la razón principal había sido la influencia personal del propio Mirza Sahib: su carácter convincente y la extraordinaria atracción de su personalidad”.
El Mesías Prometido (as) solía manifestar en reuniones públicas que incluso estaba dispuesto a sufragar los gastos de sus oponentes si acudían a él para resolver sus dudas mediante preguntas.
A este respecto, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata: “Mian Fajaruddin Sahib de Multán me contó que durante la vida del Mesías Prometido (as), mi padre fue una vez a Qadián. Era un ferviente oponente y hablaba con gran dureza contra el Mesías Prometido (as). Incluso después de llegar a Qadián, continuó expresándose de manera agresiva. Mientras aún se encontraba en Multán, solía decir: ‘Si alguna vez me encuentro con Mirza, que Dios me perdone, lo maldeciré en su propia cara. Le diré exactamente lo mismo que digo aquí’. A pesar de todo, le llevé a conocer al Mesías Prometido (as). Cuando Hazur salió, mi padre se puso inmediatamente en pie con respeto. Después, atemorizado, dio un paso atrás y se sentó. En la reunión también había otras personas presentes.
Sin que nadie formulara pregunta alguna, el Mesías Prometido (as) comenzó a dirigirse a la asamblea. Dijo: ‘Una y otra vez deseamos que la gente venga a nosotros, escuche lo que tenemos que decir y nos formule preguntas. Incluso estamos dispuestos a sufragar sus gastos. Sin embargo, la gente no viene. Y si viene, permanece en silencio, para después hablar a nuestras espaldas’. El Mesías Prometido (as) continuó hablando con claridad y franqueza, exponiendo el mensaje del islam y animando reiteradamente a los presentes a formular preguntas. Mi padre era un orador sumamente elocuente; sin embargo, era como si hubieran sellado sus labios. No pudo pronunciar ni una sola palabra. Después de marcharnos, le pregunté: ‘¿Por qué no dijo nada allí?’. No me dio ninguna respuesta concreta y se limitó a eludir la pregunta”. En cualquier caso, Mian Fajaruddin Sahib relata que Hazrat Sahib (as) no se dirigía específicamente a su padre en aquel discurso, sino que pronunció unas palabras de carácter general para toda la asamblea. Asimismo señala, lamentablemente, que el propio Mian Fajaruddin Sahib abandonó más tarde la Comunidad durante la época del Segundo Jalifa.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relató: “Safiyyah Begum, hija del difunto Maulvi Abdul Qadir Ludhianvi, quien era maestra en la Escuela Secundaria Nusrat, me narró que, en cierta ocasión, un mendigo se acercó a la ventana pidiendo un kurta [vestido]. El Mesías Prometido (as) se quitó inmediatamente el suyo y se lo entregó al pobre hombre a través de la ventana. Mi difunto padre comentó que había presenciado aquello y exclamó: ‘¡Dios, Dios! ¡Qué extraordinaria generosidad está mostrando!’“.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad (ra) relata que Rasul Bibi, esposa del difunto Hafiz Hamid Ali Sahib y suegra de Maulvi Abdur Rahman Sahib Fazil Yatt, narró: “Todos los gastos de nuestro hogar, incluidos los de alimentación y vestido, eran sufragados por el Mesías Prometido (as).
En cierta ocasión, el Mesías Prometido (as) mandó confeccionar dos chalecos idénticos: uno para él y otro para Hafiz Hamid Ali Sahib. Era invierno, y le dije a Hafiz Sahib: ‘Cuando me levanto para las oraciones de Tahayyud y preparo la comida del amanecer, tengo frío’. Hafiz Sahib me entregó entonces el chaleco abrigado que el Mesías Prometido (as) había mandado confeccionar para él, diciéndome: ‘Deberías usarlo’. Mientras lo llevaba puesto y encendía el fuego de la estufa, el Mesías Prometido (as) pasó por allí. Sonriendo y en tono de broma, me preguntó: ‘Rasul Bibi, ¿has robado mi chaleco?’. Respondí: ‘Hazur, todo le pertenece a usted. Comemos lo que usted nos proporciona y vestimos lo que usted nos proporciona’. Al escuchar esto, el Mesías Prometido (as) se rio y dijo: ‘Entonces, coman bien y beban bien’“.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe que era costumbre del Mesías Prometido (as) que cuanto daba a alguien, nunca lo hacía por exhibición ni ostentación, sino únicamente para obtener el complacimiento de Dios Altísimo y por compasión hacia Su creación. Por esta razón, generalmente donaba de manera muy discreta. Sin embargo, en ocasiones daba abiertamente para animar a los demás y ofrecerles un ejemplo práctico que pudieran seguir. Uno de sus métodos para dar discretamente consistía en hacerlo de una forma tan sutil que incluso a los beneficiarios les resultaba difícil saber de dónde provenía.
En relación con esto, dice: “Narraré un incidente relativo a Munshi Muhammad Nasib Sahib, quien ahora ha cortado su vínculo con Qadian. Más tarde se fue de la Comunidad. Originalmente, había llegado a Qadian siendo huérfano y recibió allí su educación bajo el cuidado y el apoyo del Mesías Prometido (as). Todos sus gastos y necesidades eran sufragados por la Comunidad. Cuando alcanzó la edad adulta y contrajo matrimonio, trabajó como empleado en la oficina de un periódico de Lahore y, posteriormente, se incorporó a la oficina de Badr en Qadian, con un salario mensual de doce rupias. Cuando Dios Altísimo concedió a Hazrat Jalifatul Masih II (ra) su primer hijo, Nasir Ahmad – quien más tarde falleció durante la infancia -, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as) necesitó una nodriza que cuidara del bebé”.
Sheij Yaqub Ali Sahib dice: “Le sugerí a Sheij Muhammad Nasib que ofreciera los servicios de su esposa en aquella ocasión. Es un caso de ‘salir ganando por partida doble (se trataba de una oportunidad que aportaba tanto una satisfacción como una recompensa espiritual). Saldrás ganando de ambas maneras’. Sheij Sahib aceptó mi sugerencia con aprecio y respeto. De este modo, fue bendecido con aquella oportunidad, y a su esposa se le confió la lactancia de Sahibzada Nasir Ahmad Sahib”.
Durante este período, mientras conversaba de manera informal, el Mesías Prometido (as) preguntó cuál era el salario de Sheij Muhammad Nasib. Al enterarse de que percibía tan solo doce rupias al mes, consideró que una remuneración tan modesta quizá no fuera suficiente para cubrir sus gastos de manutención, a pesar de tratarse de una época en la que el coste de la vida era muy bajo y los bienes resultaban económicos. Un día, al pasar casualmente junto a la habitación de Sheij Muhammad Nasib, el Mesías Prometido (as) arrojó silenciosamente al interior un pequeño fardo que contenía veinte o veinticinco rupias. Al principio, Sheij Sahib se preguntó de dónde procedía aquel dinero, pero finalmente comprendió que el Mesías Prometido (as), tras haber percibido sus dificultades económicas, lo había dejado allí para que pudiera vivir cómodamente y sin contratiempos. Más tarde, empleó aquel dinero en la elaboración de joyas, pues, en ese momento, todas sus necesidades alimenticias ya estaban siendo cubiertas por la generosa cocina comunitaria del Mesías Prometido (as).
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe, además, que, aunque el Mesías Prometido (as) tenía por costumbre no rechazar jamás a quien le pidiera ayuda, también era propio de él reconocer las necesidades de las personas incluso antes de que formularan petición alguna. Relata que, el 28 de octubre de 1904, antes de la oración de Fallar, el Mesías Prometido (as) entregó a un migrante sincero entre seis, ocho o diez rupias, diciéndole: “Se acerca el invierno, y necesitará ropa”. El hombre no había pedido nada; por el contrario, fue el propio Mesías Prometido (as) quien percibió su necesidad y le entregó aquella cantidad. Este no fue un hecho aislado. Sucesos semejantes se produjeron repetidamente. Continuaba ayudando en silencio a los necesitados, sin establecer distinción alguna entre amigos y enemigos, ahmadíes y no ahmadíes, hindúes o musulmanes.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe también que formaba parte de los hábitos del Mesías Prometido (as) percibir, con frecuencia, la necesidad de alguien sin esperar a que se la expusiera o siquiera la mencionara. Por el contrario, prestaba su ayuda por iniciativa propia. A este respecto, Mukarrami Sheij Fathe Muhammad Sahib, inspector jubilado del Estado de Cachemira, quien había estado visitando al Mesías Prometido (as) durante muchos años, relata: “Cada vez que acudía a visitar al Mesías Prometido (as), él siempre se mostraba dispuesto a sufragar mis gastos de viaje. Sin embargo, como no los necesitaba, nunca los acepté. Tal era su extraordinario espíritu de generosidad que siempre me lo ofrecía sin siquiera preguntarme si precisaba ayuda. Esto no era algo que hiciera únicamente conmigo; también entregaba ayuda regularmente a muchas otras personas. Solían acudir gentes de Siria y Arabia y, en ocasiones, él les proporcionaba sumas considerables de dinero como provisión para el viaje de regreso a sus hogares, sabiendo que habían llegado desde tierras lejanas”.
Del mismo modo, Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe que, a menudo, también había personas necesitadas que no solicitaban asistencia abiertamente, sino que escribían una nota y se la entregaban, para que nadie supiera que habían formulado una petición. Sin embargo, únicamente cuando el Mesías Prometido (as) enviaba desde el interior algo para aquella persona, los demás llegaban a enterarse. En otras ocasiones, antes de entrar, le decía a alguien: ‘Espera aquí; volveré’. Algunas personas permanecían sentadas, pensando que el Mesías Prometido (as) regresaría; pero después se hacía evidente que había ido a buscar precisamente aquello que la persona había solicitado, ya fuera dinero en efectivo o ropa.
Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib cuenta que Mian Nizamuddin Ahmadi, de Kapurthala, era un hombre muy pobre. En cierta ocasión, recorrió a pie todo el camino hasta Qadian y entregó al Mesías Prometido (as), como obsequio, dos annas. El Mesías Prometido (as) aceptó las dos annas y dijo: “¡Que Dios te recompense!”. Unos días después, cuando Nizamuddin Sahib se disponía a partir, el Mesías Prometido (as) le pidió que esperara. A continuación, entró en la casa, sacó siete u ocho rupias y se las entregó a Mian Nizamuddin.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe: “Munshi Zafar Ahmad Sahib de Kapurthala, me contó por escrito: ‘Munshi Ali Gohar Sahib trabajaba en la oficina de correos de Kapurthala. Cuando se jubiló, su pensión quedó fijada en dos rupias y media y, tras su jubilación, su situación económica se volvió extremadamente precaria. Regresó a su casa, en Yalandhar. Me escribió para decirme que, siempre que fuera a Qadian, debía llevarle conmigo. Era un áhmadi muy sincero. Por eso, cuando estaba a punto de partir hacia Qadian, fui a Yalandhar para llevarle conmigo. Era un hombre muy humilde y hospitalario. Me preparó una comida muy elaborada y, más tarde, me enteré de que había vendido uno de sus utensilios para poder prepararla’“. Tal era la situación de aquellos compañeros que habían sido formados por el Mesías Prometido (as).
Munshi Zafar Ahmad Sahib continúa: “Yo mismo compré el billete de Munshi Ali Gohar Sahib. Insistió en pagar su propio billete, pero yo conocía su situación. Le dije: ‘Puede entregar esta cantidad al Mesías Prometido (as) en su lugar’. Conocía su situación financiera. Pagué el billete de mi propio bolsillo y, cuando insistió una y otra vez, le dije: ‘Muy bien, pues entregue este dinero al Mesías Prometido (as)’. En consecuencia, le entregó dos rupias. Tras permanecer allí entre ocho y diez días, cuando fuimos a pedir permiso para regresar, el Mesías Prometido (as) nos lo concedió y, a continuación le dijo a Munshi Sahib: ‘Por favor, espere un momento’. Después, sacó unas diez o quince rupias y se las entregó. Munshi Sahib comenzó a llorar y dijo: ‘¡Su Santidad! ¿Debo ser yo quien le sirva o debo aceptar lo que usted me ofrezca?’. Entonces, el Mesías Prometido (as) me dijo: ‘Es su amigo; explíqueselo’. Le dije: ‘Esto es una bendición. Acepta lo que el Mesías Prometido (as) te ha dado’. Entonces lo aceptó y nos marchamos”. El Mesías Prometido (as) no tenía conocimiento alguno de la situación de Munshi Sahib.
Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib también escribe que el Mesías Prometido (as) se preocupaba profundamente por los sentimientos y el bienestar de sus devotos y que, para cuidar de ellos, demostraba personalmente toda clase de sacrificio y abnegación. Dice: “Una vez, era el día del Eid. Mi pañuelo para el turbante no estaba limpio. Cada vez que acudíamos a Qadian, solíamos hacerlo tras haber conseguido únicamente uno o dos días libres. Sin embargo, cuando llegábamos, el Mesías Prometido (as) nos indicaba que permaneciéramos allí durante unos días. Entonces dejábamos de preocuparnos por regresar a nuestro trabajo y nos quedábamos. De este modo, llegó el Eid mientras yo todavía me encontraba allí, y solo había llevado conmigo un pañuelo para el turbante (es decir, el paño que había llevado para cubrirme la cabeza a modo de turbante se había ensuciado). Decidí ir al mercado para comprar otro. Mientras me dirigía al mercado, el Mesías Prometido (as) me vio. Gracias a la intuición que Dios le había concedido, me preguntó: ‘¿Dónde vas?’. Respondí: ‘Hoy es Eid y el paño de mi turbante está sucio. Voy al mercado para comprar otro’. Allí mismo, de pie, se quitó su propio turbante bendito y me lo entregó, diciendo: ‘Si te gusta, puedes quedártelo. Yo me ataré otro’. El efecto que aquel amor y aquella bondad produjeron en mí no puede expresarse con palabras. El Mesías Prometido (as), sin la más mínima formalidad, entró en su casa y, poco después, salió con otro turbante”.
Hazrat Mian Jairuddin Sahib relata el siguiente suceso, que tuvo lugar antes de que el Mesías Prometido (as) anunciara su misión. Algunas cabras que había pastoreado un hombre de Nangal Bagbana habían sido llevadas para la boda del hermano mayor del Mesías Prometido (as). Un día, el Mesías Prometido (as) salía a dar un paseo cuando se cruzó con aquel hombre, que estaba pastoreando las cabras. Su hijo también se encontraba con él, y el niño iba descalzo. Al verle el Mesías Prometido (as) le dijo: ‘¡Niño! ¿No te pinchan las espinas en los pies?’. El niño respondió: ‘¡Su Santidad! No tengo zapatos y mi padre es pobre; no puede comprármelos’. El Mesías Prometido (as) se quitó un zapato y dijo: ‘Póntelo y comprueba si te queda bien’. El niño respondió en tono de disculpa: ‘¿Cómo voy a ponerme su zapato?’. El Mesías Prometido (as) insistió, diciendo: ‘¡No, póntelo!’. Continuó insistiendo hasta que el muchacho accedió. Cuando el niño se hubo puesto el zapato, el Mesías Prometido (as) comentó: ‘Sí, te queda bien’. A continuación, se quitó el otro zapato y dijo: ‘Ahora ponte también este’. El niño así lo hizo, tras lo cual el Mesías Prometido (as) se mostró muy complacido y dijo: ‘Muy bien. Puedes quedártelos y utilizarlos’. A continuación, el Mesías Prometido (as) regresó descalzo a casa”. Este suceso tuvo lugar cuando el Mesías Prometido (as) tenía aproximadamente entre veinte y treinta años.
El Mesías Prometido (as), siguiendo el noble ejemplo de su Bienhechor y Maestro, el Santo Profeta (sa), era la encarnación misma de la generosidad y la magnanimidad. No obstante, en ciertas ocasiones, movido por la prudencia y la conveniencia, se abstenía de dar a quienes le pedían ayuda. A este respecto, el jeque Yaqub Ali Sahib escribe que, en 1889, año en que el Mesías Prometido (as) comenzó a aceptar el Bai’at – pacto de iniciación -, en una ocasión se presentó ante él un mendigo, quien le explicó que uno de sus familiares había fallecido y que no disponía de medios para sufragar los gastos del sudario y del entierro del difunto. Para respaldar su afirmación, mostró en un cuenco unas cuantas monedas de cobre y plata que, según dijo, había recaudado mediante limosnas, y añadió que aún necesitaba más ayuda para hacer frente a los gastos del entierro. A continuación, el Mesías Prometido (as) dio instrucciones al respetado Qazi Jwaya Ali Sahib, un compañero sumamente sincero y devoto, diciéndole: “¡Qazi Sahib! Acompaña a este hombre y encarga todo lo necesario para el sudario” (es decir, le pidió que se ocupara de los preparativos del sudario, por lo que debía proporcionarse todo lo necesario para el entierro).
En general, el Mesías Prometido (as) no solía responder de esta manera. Por lo común, daba directamente algo a cualquiera que se lo pidiera; sin embargo, en este caso, fuimos testigos de algo nuevo y diferente. Normalmente, concedía algo según lo que consideraba adecuado. Por ello, lo sucedido sorprendió a los devotos. No obstante, Qazi Sahib no preguntó cuánto debía gastar. Accedió de inmediato y le dijo al hombre: “Ven, hermano, yo me encargaré de todo”. El mendigo se marchó con Qazi Sahib. Al cabo de un rato, Qazi Sahib regresó sonriendo y dijo: “¡Su Santidad! Aquel hombre era un gran embaucador. Por el camino, comenzó a suplicarme con vehemencia, diciéndome: ‘Por el amor de Dios, por favor, no venga conmigo. Sea lo que sea lo que quiera darme, simplemente entréguemelo’. Le respondí: ‘He recibido instrucciones expresas de acompañarle. Muéstreme lo que tiene y, cualesquiera que sean los gastos realmente necesarios, yo mismo me haré cargo de ellos’. Cuando se dio cuenta de que yo no iba a ceder, cruzó las manos, avergonzado, y confesó: ‘No ha muerto nadie, ni hace falta ningún sudario ni entierro. Este es, sencillamente, mi trabajo. Por favor, no me delate. Ya puede regresar y déjeme seguir. No volveré a hacerlo’“. Tal era, en ocasiones, la situación de quienes pedían ayuda en aquella época.
Cuando Qazi Sahib relató el suceso, este provocó, como era de esperar, las risas de los presentes. Sin embargo, al mismo tiempo, dejó una profunda impresión acerca de la perspicacia y la sabiduría del Mesías Prometido (as). Gracias a su gran sabiduría, el Mesías Prometido (as) no respondió directamente a su petición, sino que optó por una estrategia que condujo a la rectificación de aquel hombre, al tiempo que garantizaba que no se gastara dinero innecesariamente.
El propio Mesías Prometido (as) relató también este suceso, u otro muy similar, y afirmó: “Mientras me encontraba en Ludhiana, se me acercó un mendigo y me dijo que había fallecido un hombre y que estaba recaudando dinero para comprarle un sudario al difunto. Dijo que solo le faltaban cuatro annas para completar la cantidad. Alguien sugirió: ‘Primero deberíamos averiguar dónde se encuentra el fallecido y, a continuación, prestarle toda la ayuda posible’. Por lo tanto, aquella persona acompañó al mendigo. Sin embargo, poco después de ponerse en camino, el mendigo huyó, pues toda la historia que había contado era falsa”.
En otra ocasión, el Mesías Prometido (as) recibió una carta procedente de cierto lugar, en la que se decía: “Tenemos la intención de construir una mezquita y nos gustaría recibir una contribución por su parte como muestra de bendición”. El Mesías Prometido (as) respondió: “Sin duda, podemos aportar nuestro granito de arena, y hacerlo no sería difícil. Sin embargo, en la actualidad tenemos ante nosotros numerosos proyectos urgentes y esenciales que requieren una inversión. En comparación con estos, participar en una iniciativa de este tipo supondría un gasto innecesario. ¿Cómo podemos, entonces, participar en ella? La mezquita que Dios mismo está construyendo aquí es Masllid Aqsa, y esta merece la máxima prioridad. En cambio, la gente debería enviar sus aportaciones para su construcción y, de ese modo, participar de su bendita recompensa”. Además, añadió: “Nuestro verdadero amigo es aquel que acepta lo que decimos, no aquel que insiste en dar prioridad a su propia opinión”.
A continuación, mencionó un suceso: “Un día, un hombre se acercó al imam Abu Hanifa y le dijo: ‘Estamos construyendo una mezquita y nos gustaría que contribuyera a ella’. El imam Abu Hanifa se excusó diciendo: ‘Por el momento, no puedo hacer ninguna aportación’. Aunque tenía medios más que suficientes para donar una cantidad considerable, el hombre insistió diciendo: ‘No pedimos mucho. Por favor, denos algo, aunque solo sea como muestra de bendición’. Al final, le dio una moneda pequeña y, esa misma noche, el hombre regresó con ella y dijo: ‘¡Su Santidad, esta moneda es falsa!’. El imam Abu Hanifa se mostró muy complacido y comentó: ‘¡Excelente! No tengo ningún deseo de contribuir a lo que estás haciendo. Ya existen muchas mezquitas y considero innecesario realizar más gastos’ (no rezáis, pero seguís construyendo mezquitas solo para aparentar)”.
El Mesías Prometido (as) también concedía algo a los niños de acuerdo con sus deseos. En este sentido, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe que Bibi Rani Musiah, madre de Azizah Begum y esposa de Hakim Muhammad Umar Sahib, de Qadian, relató lo siguiente: “Juré lealtad por correspondencia en 1901. Como mi hija Azizah Begum, esposa de Hakim Muhammad Umar Sahib, vivía en Qadian, me sentí inspirada a visitar Qadian en 1902. Mi hija pequeña me acompañó”.
Siempre que el Mesías Prometido (as) salía a dar su paseo matutino hacia el jardín, yo solía acompañarle. Debido al paso del tiempo y a mi avanzada edad, ya no recuerdo muchos detalles. Sin embargo, sí recuerdo un incidente. Una mañana, llegué mientras el Mesías Prometido (as) estaba desayunando. Mi hija pequeña comenzó a llorar. El Mesías Prometido (as) preguntó: ‘¿Por qué llora?’. Respondí: ‘Quiere pan’. El Mesías Prometido (as) pidió que le trajeran pan y se lo dio; sin embargo, la niña continuó llorando. Cuando el Mesías Prometido (as) volvió a preguntar por qué seguía llorando, respondí: ‘Quiere el mismo trozo de pan que Hazur está comiendo’. Entonces, el Mesías Prometido (as) le dio el trozo de pan que él mismo estaba comiendo. La niña tomó aquel pequeño trozo de pan, se calmó y comenzó a comerlo”. Siempre que el Mesías Prometido (as) encomendaba una tarea a alguien, se preocupaba también por su comodidad y bienestar.
El Dr. Ittaruddin Sahib relata: “En una ocasión, Hazrat Mir Muhammad Ishaq Sahib, que aún era un niño, salió a algún lugar. Cuando el Mesías Prometido (as) fue informado de su ausencia, se preocupó de inmediato. Envió a uno de sus ayudantes a la residencia estudiantil para que llamara a los alumnos que corrían más rápido. En aquel entonces, Qiblah Bhai Abdur Rahim Sahib, un recién converso al islam, ejercía como superintendente de la residencia. Me envió junto con otros tres o cuatro muchachos, nombrando a este humilde servidor líder del grupo. Cuando nos presentamos ante el Mesías Prometido (as), nos habló con gran afecto y dijo: ‘Os he molestado a todos al convocaros aquí. Sin embargo, tendréis que emprender una tarea. Es posible que os lleve algún tiempo, que tengáis que recorrer una distancia considerable y que paséis hambre durante el camino’. Luego, me entregó personalmente varios panes. También trajo lentejas cocidas y nos las dio él mismo, diciendo que, puesto que íbamos en busca de alguien, podríamos necesitar provisiones durante el camino”. Dice: “En cualquier caso, mientras nos preparábamos para partir, el respetado Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) llegó en aquel preciso momento con el respetado Mir Sahib y, como lo habían encontrado, no tuvimos que marcharnos”. Esto ilustra el afecto que el Mesías Prometido (as) mostraba incluso hacia sus discípulos.
Hazrat Muhammad Din Sahib, hijo de Bhagu Sahib, quien vivía en la aldea de Qadirabad, contigua a Qadian, relata: “En muchas ocasiones, el Mesías Prometido (as) traía comida de su casa, la comía en la mezquita de nuestra aldea y también nos daba generosamente un poco a nosotros”.
Es esencial devolver cualquier préstamo contraído con la esposa. En el sermón anterior relaté el incidente en el que, al aumentar los gastos del Langar [cocina comuntaria], el Mesías Prometido (as) los sufragó mediante la venta de las joyas de Hazrat Amma Yan (ra). A raíz de ello, alguien me preguntó la semana pasada si esto significaba que, en caso de necesidad, el esposo podía utilizar las joyas de su esposa y gastar su valor. Por lo tanto, debe quedar claro que el Mesías Prometido (as) lo consideraba un préstamo y lo devolvía. A este respecto, existe otra narración.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata que Rasul Bibi Sahiba, viuda de Hazrat Hamid Ali Sahib, declaró: “Cuando hubo hambruna, el Mesías Prometido (as) pidió dinero prestado a Hazrat Ummul Muminin (también en el incidente anterior se trató de un préstamo o de algo empeñado como garantía y, cuando se recuperó la garantía, fue el propio Mesías Prometido (as) quien la pagó). En cualquier caso, pidió el dinero prestado, compró trigo y cubrió tanto los gastos del hogar como los del Langar. Esto no se destinó únicamente al hogar, pues gran parte de la comida del Langar también se preparaba en su casa. Después, a través de Hafiz Hamid Ali Sahib, pidió a Chaudhry Rustam Ali Sahib que le enviara 500 rupias, junto con algunos recipientes de mantequilla clarificada. Cuando llegó el dinero, devolvió el préstamo a Hazrat Ummul Muminin”.
Dice: “Vi en muchas ocasiones que Hafiz Sahib traía sacos y sacos de dinero. Durante aquellos días de hambruna, cuando había tanta necesidad, tenía que custodiarlos por la noche. Esos fondos eran una ayuda proporcionada por la gente. Siempre, tanto si pedía prestado a Hazrat Amma Yan como a cualquier otra persona, devolvía el préstamo”.
Hazrat Babu Ghulam Muhammad Sahib relata: “En ocasiones, en Qadian, las mujeres del pueblo se presentaban ante Su Santidad con las manos cubiertas de estiércol de vaca y la ropa sucia. Le decían: ‘Mirza Yi, nuestra hijita ha enfermado. No recupera la consciencia y tiene mucha fiebre’. Después, señalándose las manos, decían: ‘Mire, ni siquiera nos hemos lavado las manos’. En una ocasión, una mujer con las manos cubiertas de estiércol de vaca se presentó ante el Mesías Prometido (as) y le dijo: ‘Mi hija está enferma. Tiene una fiebre muy alta y está completamente inconsciente’. El Mesías Prometido (as) preguntó: ‘¿Has traído un recipiente?’. Ella presentó un cuenco de barro con aquellas mismas manos llenas de estiércol. El Mesías Prometido (as) tomó el cuenco, lo llenó con esencia de “kewra”, le dio aproximadamente cinco ratti de almizcle y le indicó: ‘Dale medio cuenco en dos ocasiones, junto con esta medicina’. Además, le dijo: ‘Infórmame sobre el estado de la niña’”. Esto demuestra la gran bondad y el trato generoso que mostró incluso hacia los pobres.
Hazrat Sheij Mahmud Nasib Sahib (ra) cuenta: “En una ocasión, me encontraba en apuros económicos y escribí a Hazur para pedirle que me enviara diez rupias en calidad de préstamo. Le indiqué que se las devolvería en dos plazos. Hazur me envió el dinero. En cualquier caso, era su costumbre no rechazar jamás una petición semejante. También hemos visto que nunca exigía su devolución. Más bien, si alguien le devolvía el dinero, decía: ‘No, mi riqueza y la tuya son una sola. Guárdalo contigo’. Ésa era, en verdad, su costumbre”.
También existe un incidente que ilustra la bendición en la comida. Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib escribe que Mian Abdul’lah Sahib Sanori relató: “En una ocasión, el Mesías Prometido (as) convocó a algunos invitados y se preparó la comida en casa. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de ser servida, llegó un número igual de invitados adicionales y Masllid Mubarak se llenó. Era una mezquita pequeña. El Mesías Prometido (as) envió un mensaje al interior para comunicar que habían llegado más invitados y que debía enviarse comida adicional. No era posible que unos comieran y otros permanecieran sin comer. Semejante cosa era totalmente contraria a su naturaleza y a su generosidad. Estaba empeñado en dar de comer a todos.
Ante esta situación, Hazrat Bibi Sahiba, Hazrat Amma Yan (ra), llamó al Mesías Prometido (as) al interior y le dijo: ‘Sólo hay una pequeña cantidad de comida. Ha sido preparada únicamente para los pocos invitados que usted mencionó al principio. Quizás podamos gestionar de alguna manera el resto de la comida, pero sólo hay una cantidad muy pequeña de “zardah” [arroz dulce]. ¿Qué podemos hacer al respecto?’. Ella misma sugirió: ‘No enviaré el “zardah”. Sólo enviaré el resto de la comida’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘No, eso no sería apropiado. Tráeme el recipiente que contiene el “zardah”’. Cuando se lo trajeron, colocó un paño sobre el recipiente; después, pasó la mano por debajo del paño e introdujo los dedos en el “zardah”. A continuación, dijo: ‘Ahora, sirvan la comida a todos. Dios pondrá Su bendición en ella’. Mian Abdul’lah Sahib dice: ‘El “zardah” fue servido a todos; todos los invitados comieron de él y todavía sobró un poco’“.
Mian Abdul’lah Sahib continúa narrando: ‘El propio Mesías Prometido (as) me relató este incidente y me explicó que, cuando le informaron de la situación existente en la casa, respondió de esta manera, y Dios Altísimo puso Su bendición en la comida’”.
Con absoluta naturalidad y sin ceremonias, también ofrecía a sus amigos frutas de temporada y otras cosas similares. Nunca fingía; su generosidad era constante. Hazrat Mumtaz Ali Sahib Siddiqi relata: “Recuerdo que había un pabellón elevado en el huerto, que ahora ha sido restaurado. Hazur acudía allí, se sentaba con sus amigos y, en ocasiones, comían juntos fruta de temporada. Recuerdo especialmente una ocasión en la que Hazur, con su propia mano bendita, me obsequió con dos mangos y, del mismo modo, entregó dos mangos a cada uno de mis amigos”.
Éstos son tan sólo algunos ejemplos que ilustran su generosidad y benevolencia, cualidades que manifestó siguiendo el ejemplo perfecto de su Maestro. Gracias a esta generosidad y beneficencia, no sólo su propio pueblo, sino también otras personas, incluidos sus oponentes, continuaron beneficiándose.
