La gratitud del Profeta (sa) hacia Dios y sus enseñanzas sobre el agradecimiento
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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La gratitud del Profeta (sa) hacia Dios y sus enseñanzas sobre el agradecimiento

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 17-07-2026

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Sura al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Dios Altísimo creó al ser humano, y antes de crearle, había dispuesto ya innumerables bendiciones para su beneficio. Este favor de Dios Altísimo y el trato que dispensa a Su creación exigen, sin duda alguna, que la humanidad le esté agradecida.

Cada profeta guio a su pueblo por el camino de convertirse en siervos agradecidos de Dios Altísimo y el ejemplo supremo de esa gratitud lo ofreció nuestro Maestro, el Santo Profeta (sa). En todas y cada una de sus acciones manifestó su gratitud hacia Dios Altísimo. Cuando se le veía llorar, sollozar y elevar fervientes súplicas ante Dios Altísimo, se le preguntó por qué derramaba tantas lágrimas, a pesar de que Dios Altísimo ya le había prometido toda clase de éxitos y, de hecho, ya se los estaba concediendo. En respuesta, el Santo Profeta (sa) dijo: “¿Acaso no debo ser un siervo agradecido de Dios Altísimo por estas bendiciones? ¿No debo inclinarme ante Él con humildad y expresarle mi gratitud?”.

En toda ocasión, al mismo tiempo que demostraba con su ejemplo práctico cómo debía ser un siervo agradecido, también animaba a su mancomunidad a serlo. Les enseñó las maneras de expresar gratitud a Dios Altísimo y les enseñó las oraciones para hacerlo.

Hoy hablaré acerca de este ejemplo del Santo Profeta (sa), de sus oraciones y de la guía que nos proporcionó al respecto.

En una narración, Hazrat Anas (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “La fe consta de dos mitades: una mitad es la paciencia y la otra, la gratitud”. La paciencia también constituye una manifestación de la gratitud. Por lo tanto, si se reflexiona sobre ello, la fe plena solo puede alcanzarse por medio de la gratitud.

Hazrat Suhaib (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “¡Qué maravilloso es el estado de un creyente! Todo cuanto le acontece es bueno para él, y esto solo es cierto en el caso de un creyente. Si algo le produce alegría, se muestra agradecido, y ello es bueno para él. Si le sobreviene alguna dificultad, permanece paciente, y eso también es bueno para él”. Esto es así porque Dios Altísimo dice: “…ciertamente, Al’lah está con los pacientes”. Además, dice: “…da buenas nuevas al paciente”.

Por lo tanto, para quien tiene a Dios Altísimo a su lado y recibe de Él tan buenas nuevas, ¿qué mayor bien podría existir? Esa verdadera paciencia solo puede alcanzarse cuando la persona se convierte en un siervo agradecido de Dios Altísimo por todas Sus bendiciones. Así, incluso las palabras y enseñanzas más concisas del Santo Profeta (sa) encierran tesoros de sabiduría.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Quien no es agradecido con la gente, tampoco es agradecido con Al’lah”. Si bien es esencial ser agradecido con Dios Altísimo, el Santo Profeta (sa) destacó especialmente la importancia de ser agradecidos también con las personas. Además, cuando se cultivan tales sentimientos de gratitud, se crea una sociedad hermosa, y esa es la verdadera sociedad islámica que el Santo Profeta (sa) deseaba establecer.

En otra narración, Hazrat Numan bin Bashir (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo desde el púlpito: “Quien no es agradecido por lo poco, tampoco será agradecido por lo mucho; y quien no es agradecido con la gente, tampoco es agradecido con Dios Altísimo. Hablar de los favores de Dios Altísimo también es una forma de gratitud, mientras que no mencionarlos es ingratitud”. Añadió: “La Yama’at [Comunidad] es una misericordia, y la división es un castigo”. Es decir, permaneced unidos a la Yama’at, convertíos en siervos agradecidos de Dios Altísimo y permaneced como un solo cuerpo, pues solo así participaréis de los favores de Dios Altísimo. Sin embargo, si sembráis la división y permitís que vuestros corazones se dividan, no podréis recibir los favores de Dios Altísimo.

El Santo Profeta (sa) enseñó la gratitud con una profundidad extraordinaria. En este sentido, Hazrat Anas (ra) relata que, siempre que el Santo Profeta (sa) se encontraba con una persona en particular, le preguntaba: “¿Cómo estás?”. Si la persona respondía: “Estoy muy bien y alabo a Dios Altísimo”, el Santo Profeta (sa) oraba: “¡Que Dios Altísimo continúe manteniéndote bien!”. En una ocasión, el Santo Profeta (sa) volvió a encontrarse con aquel mismo hombre y le hizo la misma pregunta. Esta vez respondió: “Si soy agradecido, entonces estoy bien”. El Santo Profeta (sa) permaneció en silencio. Entonces el hombre preguntó: “¡Oh Profeta (sa) de Al’lah! Siempre que antes me preguntaba y yo respondía que estaba bien y alababa a Al’lah, oraba por mí diciendo: “¡Que Al’lah te mantenga bien!”“. Pero hoy permaneció en silencio. El Santo Profeta (sa) respondió: “Cuando antes te preguntaba y decías: “Estoy muy bien y alabo a Dios Altísimo”, rogaba que Dios Altísimo continuara manteniéndote bien y aumentara Sus bendiciones sobre ti. Pero hoy dijiste: “Si muestro agradecimiento – estando sumido en la duda de si mostrar agradecimiento – en cuyo caso alabaría a Al’lah, mientras que de lo contrario, mi situación al no ser tan buena yo no podría decir que estoy bien. Por lo tanto, guardé silencio”.

El Santo Profeta (sa) explicó que aquel hombre había caído en la duda y había albergado un pensamiento negativo acerca de Dios. No podía soportar que ni el más mínimo rastro de ingratitud o de una suposición negativa acerca de Dios Altísimo pudiera penetrar en la mente de una persona.

Hazrat Usamah bin Zaid (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

“Si alguien te hace un bien y le dices ‘yazakal’lah o yazakallahu jairan’, es decir, ‘que Dios te recompense con la mejor de las recompensas’, entonces has expresado plenamente tu agradecimiento”.

De igual manera, Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Cuando Dios desea el bien y las bendiciones para un pueblo, le concede una larga vida y le inspira a ser agradecido (es decir, le capacita para expresar gratitud)”. Por lo tanto, la gratitud es esencial para el progreso de una nación, para el progreso de la Yama’at y para el progreso de cada individuo. La gratitud hacia Dios Altísimo, la gratitud hacia los demás y la gratitud hacia todos aquellos de quienes se recibe algún tipo de beneficio son fundamentales. Es este espíritu de agradecimiento el que fomenta la unidad y la cohesión dentro de una nación.

Existe una narración del Santo Profeta (sa) en la que también ofreció una profunda guía para ayudar a las personas a desarrollar un verdadero aprecio por la gratitud. Hazrat Aisha (ra) relata: “El Mensajero de Al’lah (sa) solía decirme a menudo: ‘¿Y qué hay de tu poesía?’ (es decir, recita algunos versos)“. Hazrat Aisha (ra) conocía mucha poesía que solía recitar. Entonces ella preguntaba: ‘¿Cuáles? Conozco muchos’. El Santo Profeta (sa) respondía: ‘Recita los versos sobre la gratitud’. Yo le decía, de acuerdo. ‘¡Que mis padres sean sacrificados por usted! Un poeta dice: ‘Apoya al débil, a aquel cuya debilidad le impide recompensarte jamás”. Un día verás los frutos de tu bondad (no ayudes a los demás solo porque esperas algo a cambio; antes bien, ayuda a quienes no pueden recompensarte, y serás testigo de las bendiciones que de ello se derivan. Esto es lo que ha dicho un poeta). ‘Un día, esa persona débil te devolverá la bondad o te elogiará; y quien expresa gratitud por tu favor, en realidad, ya te lo ha devuelto’. Quien expresa gratitud diciendo alhamdulil’lah [Toda alabanza pertenece a Al’lah] y da las gracias, ha correspondido a la bondad que se le ha mostrado.

Además, recitaba estos pareados: “Cuando alguien procura mantener los lazos de parentesco con una persona noble, jamás hallará que ese vínculo sea débil ni esté desgastado”. En otras palabras, mostrar amabilidad hacia los familiares nunca es como aferrarse a una cuerda frágil. Antes bien, se trata de un vínculo firme, porque Dios Altísimo mismo recompensa tales actos.

Hazrat Aisha (ra) relata: “Cuando terminé de recitar estos versículos, el Santo Profeta (sa) dijo: ‘¡Oh, Aisha, esto es verdad! Gabriel me ha informado de que, en el Día del Juicio, Dios resucitará a la humanidad y preguntará a uno de Sus siervos: ‘Uno de Mis siervos te hizo un favor. ¿Le diste las gracias?’. El siervo responderá: ‘Señor mío, yo sabía que ese favor procedía, en última instancia, de Ti, por lo que te di las gracias’ (no dio las gracias a esa persona; por el contrario, dio las gracias a Dios). Entonces Dios dirá: ‘Si no has dado las gracias a la persona por medio de la cual os concedí Mi favor, tampoco me las has dado verdaderamente a Mí’“. ¡Qué hermoso principio para construir una sociedad armoniosa!

El Santo Profeta (sa) enseñó también una oración para cultivar la gratitud. Hazrat Abdul’lah bin Ghanam al-Bayadi (ra) relata que el Mensajero (sa) de Al’lah dijo: “Quien, al despertar por la mañana, diga: ‘¡Oh, Al’lah! Cualquier bendición con la que he despertado proviene únicamente de Ti. Eres Uno y no tienes copartícipe. A Ti pertenece toda alabanza y a Ti pertenece toda gratitud’, habrá cumplido con la gratitud debida por ese día. Y quien diga lo mismo por la noche habrá cumplido con la gratitud debida por esa noche”.

De manera similar, existe otra narración en la que Hazrat Muadh bin Yabal (ra) relata: “El Mensajero de Al’lah (sa) tomó mi mano y dijo: ‘¡Oh, Muadh! ¡Por Al’lah, verdaderamente te aprecio!’. Luego añadió: ‘¡Oh, Muadh! Te ruego que nunca dejes de decir, después de cada oración:

[Árabe]

‘¡Oh Dios! Ayúdame a recordarte, a agradecerte y a adorarte de la mejor manera’”“.

Otra narración relata que Abu Ala ibn Shajir transmitió de un hombre de los Banu Hanzalah, quien dijo: “Viajaba con Hazrat Shaddad bin Aus cuando dijo: ‘¿No quieres que te enseñe lo que el Santo Profeta (sa) nos enseñó? Él nos enseñó a orar: ‘¡Oh Dios! Te pido firmeza en cada asunto. Te pido firmeza en la guía. Te pido que me permitas ser agradecido por Tus bendiciones y adorarte de la mejor manera. Te pido una lengua veraz y un corazón sano. Busco Tu protección contra el mal que Tú conoces y Te pido el bien que Tú conoces. Busco Tu perdón por aquello que Tú conoces’“. En otras palabras, de Dios y de cada persona del mundo. En cada asunto, uno debe buscar la gracia de Dios y pedirle que haga beneficioso todo medio de beneficio. “Solo Dios posee el conocimiento de lo oculto”. Solo Él sabe lo que verdaderamente beneficiará a una persona y lo que no. Por lo tanto, la oración es: “¡Oh Dios!, derrama Tu gracia sobre mí en cada asunto y pon bondad para mí en todo lo que Has creado y que pueda constituir un medio de beneficio para mí”.

En otra ocasión, el Santo Profeta (sa) enseñó una oración. Hazrat Abu Said (ra) relata que un hombre preguntó: “¡Oh Mensajero (sa) de Dios! ¿Qué oración es mejor que recite durante mi oración?” El Santo Profeta (sa) respondió: “Di:

[Árabe]

‘¡Oh Dios! Toda alabanza Te pertenece; todo agradecimiento Te pertenece; toda la soberanía Te pertenece; toda la creación Te pertenece, y todo asunto retorna a Ti. Te pedimos toda clase de bondades y buscamos Tu protección contra toda clase de males’”.

Una narración también recoge una de las oraciones del propio Santo Profeta (sa). Hazrat Ibn Abbas (ra) narra que el Santo Profeta (sa) rezaba con frecuencia, y esta es su traducción: “¡Oh Señor mío! Ayúdame y no ayudes a nadie contra mí. Concédeme Tu ayuda y no concedas ayuda a nadie contra mí. Planea en mi favor y no planees contra mí. Guíame y haz que la guía me resulte fácil. Ayúdame contra quien cometa injusticia conmigo. ¡Oh Dios! Haz de mí alguien profundamente agradecido, alguien que Te recuerde con frecuencia, que Te tema, que Te obedezca plenamente y que se incline abundantemente ante Ti. ¡Oh Señor mío! Acepta mi arrepentimiento, lava mis pecados, acepta mi súplica, fortalece mi evidencia, guía mi corazón, mantén mi lengua firme en la verdad y elimina toda malicia de mi corazón”.

Ahora bien, el corazón del Santo Profeta (sa) ya era completamente puro y estaba libre de toda impureza, y se hallaba totalmente inclinado hacia Dios Altísimo. Aunque recitó esta oración por sí mismo, en realidad nos la estaba enseñando a nosotros, para que cada uno de sus seguidores ore por un corazón puro y busque la gracia de Dios Altísimo.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata: “Hay una oración que aprendí del Santo Profeta (sa), y nunca la he abandonado”. La traducción de esta oración es: “¡Oh Dios! Haz que Te agradezca abundantemente, que Te recuerde abundantemente, que siga Tu guía y que mantenga Tus mandamientos constantemente presentes en mi mente”. Si alguien recita esta oración todos los días, no le surgirán pensamientos indebidos ni se involucrará en acciones incorrectas. Por el contrario, solo hará aquello que Dios Altísimo ha mandado.

Hazrat Abu Hurairah (ra) también narra que el Mensajero (sa) de Dios dijo: “Quien vea a una persona afligida por alguna prueba y recite esta súplica, verdaderamente habrá expresado gratitud por la bendición que le ha sido concedida”. La súplica es: “Toda alabanza pertenece a Dios, Quien me ha protegido de esta prueba y que te ha puesto a prueba a ti, y me ha concedido excelencia sobre ti y sobre gran parte de Su creación”. Cuando uno ve a otra persona sufrir alguna dificultad, también debe orar de esta manera y agradecer a Dios Altísimo por haberlo protegido de esas dificultades.

Hazrat Aishah (ra) relata que, siempre que el Santo Profeta (sa) veía algo que le complacía, decía:

[Árabe]

“Toda alabanza pertenece a Dios, por Cuyo favor se completan todas las buenas acciones”.

Cada vez que veía algo que le desagradaba, decía:

[Árabe]

“Toda alabanza pertenece a Dios en cualquier circunstancia”.

Hazrat Anas (ra) relata: “Estábamos viajando con el Santo Profeta (sa) cuando comenzó a llover”. El narrador (Hazrat Anas) dice que el Santo Profeta (sa) se retiró la tela que cubría su cabeza para que parte de la lluvia cayera directamente sobre él. “Le preguntamos: ‘¡Oh Mensajero (sa) de Dios! ¿Por qué hizo esto?’. Respondió: ‘Porque acaba de venir directamente de nuestro Excelso Señor’“. Así, en señal de gratitud, permitió que aquellas frescas gotas de lluvia cayeran sobre él.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata de manera similar que, cada vez que comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia de una nube, el Santo Profeta (sa) y sus compañeros se descubrían la cabeza, y el Santo Profeta (sa) decía: “Esta es una bendición fresca de nuestro Señor, Poderoso y Excelso, y se encuentra entre Sus favores más bendecidos”. No hubo ocasión alguna en la que el Santo Profeta (sa) dejara de expresar su gratitud a Dios Altísimo.

Incluso en lo que parecía ser el asunto más pequeño, permanecía agradecido. Así, Hazrat Malik (ra) relata que, cada vez que el Santo Profeta (sa) salía del baño, recitaba:

[Árabe]

“Toda alabanza pertenece a Dios, Quien ha retirado de mí lo que era dañino y me ha concedido buena salud”.

Hazrat Zaid bin Jalid al-Yuhani (ra) narra que el Santo Profeta (sa) dirigió la oración del Fallr en Hudaybiyyah después de que hubiera llovido durante la noche anterior. Cuando concluyó la oración, se volvió hacia la gente y preguntó: “¿Sabéis lo que ha dicho vuestro Señor, el Poderoso y Exaltado?”. La gente respondió: “¡Dios y Su Mensajero (sa) saben más!”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Dios Altísimo ha dicho: ‘Entre Mis siervos, algunos han amanecido hoy como creyentes en Mí y otros como no creyentes en Mí. Quien haya dicho: ‘Hemos recibido la lluvia por la gracia y la misericordia de Dios’, es creyente en Mí y no creyente en las estrellas. Pero quien haya dicho: ‘Hemos recibido la lluvia debido al nacimiento de tal o cual estrella’, es no creyente en Mí y creyente en las estrellas’ (es decir, no cree en Dios, sino que continúa adorando a las estrellas)“.

Por lo tanto, el verdadero estándar de la gratitud consiste en atribuir cada bendición únicamente a Dios Altísimo y expresarle a Él el debido agradecimiento. En aquel tiempo, algunas personas aún no habían recibido el Tarbiyyat [formación moral] adecuado, y todavía permanecían en ellas vestigios de sus antiguas costumbres y creencias tradicionales. En ocasiones, atribuían la lluvia a determinadas estrellas. Por ello, el Santo Profeta (sa) explicó el verdadero significado de la gratitud y, en consecuencia, los educó moralmente.

Otra narración refiere que Yafar bin Muhammad transmite de su padre que, siempre que el Santo Profeta (sa) se miraba en un espejo, decía: “Toda alabanza pertenece a Dios, Quien me creó, me dio forma, embelleció mi carácter e hizo hermoso en mí aquello que en otros parece defectuoso”.

Hazrat Abu Said (ra) relata que, cada vez que el Santo Profeta (sa) comía o bebía algo, expresaba después su gratitud diciendo:

[Árabe]

“¡Toda alabanza pertenece a Dios, Quien nos ha alimentado, nos ha dado de beber y nos ha hecho musulmanes””.

Hazrat Abu Umamah (ra) narra que era costumbre del Santo Profeta (sa) que, siempre que terminaba de comer – y, en una ocasión, Hazrat Abu Umamah añadió que, cuando levantaba el mantel tras concluir la comida- , decía:

[Árabe]

“¡Toda alabanza pertenece a Dios, Quien nos ha bastado y ha saciado nuestra hambre. Esta no es una gratitud que termine aquí ni una que luego se desagradezca!”. En otras ocasiones decía: “Toda alabanza pertenece a Dios. ¡Oh Señor nuestro! Esta no es una gratitud que termine con esta comida, ni una que sea abandonada después, ni una de la cual jamás deje de haber necesidad, ¡oh Señor nuestro!”

Existe otra narración en la que el Santo Profeta (sa) recomendó el agradecimiento. Hazrat Sahl bin Muadh bin Anas relata, de su padre, que el Santo Profeta (sa) dijo que quien coma un alimento y luego ore:

[Árabe]

“¡Toda alabanza pertenece a Dios, Quien me alimentó con esta comida y me la proporcionó sin ninguna capacidad ni fuerza por mi parte!, entonces sus pecados pasados y futuros le serán perdonados. El Santo Profeta (sa) también dijo que quien vista una prenda y ore: “¡Toda alabanza pertenece a Dios, Quien me vistió con esta prenda y me la proporcionó sin ninguna capacidad ni fuerza por mi parte!”, entonces sus pecados pasados y futuros le serán perdonados.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que, cuando las personas veían el primer fruto de la estación, se lo llevaban al Santo Profeta (sa). Cuando el Santo Profeta (sa) lo recibía, oraba: “¡Dios nuestro! Bendice para nosotros nuestros frutos; bendice para nosotros nuestra ciudad; bendice para nosotros nuestro ‘sa’a’ (una unidad de medida) y bendice para nosotros nuestro ‘mudd’ (otra unidad de medida). ¡Dios nuestro! Ciertamente Abraham fue Tu siervo, Tu amigo y Tu Profeta, y yo soy Tu siervo y Tu Profeta. Él Te rezó por La Meca, y yo Te ruego por Medina del mismo modo que él rezó por La Meca, junto con otras oraciones similares a esa”. El narrador cuenta que, a continuación, el Santo Profeta (sa) llamaba al niño más pequeño de los presentes y le entregaba aquella fruta. En otras palabras, cada vez que llegaba fruta nueva, se la daba primero a los niños.

Hazrat Hudhaifah (ra) cuenta que, cuando el Santo Profeta (sa) se acostaba por la noche, ponía la mano debajo de la mejilla y rezaba:

[Árabe]

“¡Oh, Dios! En Tu nombre muero y vivo”.

Cuando se despertaba, rezaba:

[Árabe]

“¡Alabado sea Dios, que nos ha devuelto la vida después de habernos hecho morir, y a Él regresaremos!”.

En otra narración, la oración al despertar se recoge de la siguiente manera: cuando el Santo Profeta (sa) se despertaba por la noche, decía: “Alabado sea Dios, que me ha devuelto la vida después de haberme hecho morir, y a Él regresaré”.

Amr bin Shuaib relata, según su padre, quien a su vez lo relata según su abuelo, que el Santo Profeta (sa) dijo: “A Dios le agrada ver cómo Sus siervos muestran los signos de las bendiciones que Él les ha concedido”. Otra forma de mostrar gratitud a Dios, el Altísimo, es que las bendiciones que Él ha concedido a una persona sean visibles y se reflejen en su aspecto.

Del mismo modo, se relata que Abu al-Ahwas narró, según le contó su padre: “Me presenté ante el Santo Profeta (sa) vestido con ropas pobres y raídas”. El Santo Profeta (sa) le preguntó: “¿Tienes alguna riqueza?”. Él respondió: “Sí”. El Santo Profeta (sa) volvió a preguntar: “¿Qué clase de riqueza posees?” (en otras palabras, si eres una persona con recursos, ¿qué tipo de patrimonio tienes?). Él respondió: “Dios, Altísimo, me ha concedido camellos, ovejas, cabras, caballos y esclavos” (en otras palabras, poseía una fortuna considerable). Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: “Cuando Dios Altísimo te ha concedido riqueza, los signos de Su bendición y de Su favor deben hacerse visibles en ti”. Es preciso mostrar gratitud, y una forma de expresarla consiste en no vestir con ropa sucia o raída cuando se dispone de medios para hacerlo adecuadamente. Antes bien, se debe vestir con decoro y dar gracias a Dios Altísimo.

Hazrat Yabir bin Abdul’lah (ra) relata: “Nos presentamos ante el Santo Profeta (sa). Allí vio a un hombre con el cabello revuelto, es decir, desordenado, descuidado y sin peinar. Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: ‘¿Acaso no pudo encontrar algo con lo que arreglarse el pelo?’ (en otras palabras, llamó la atención del compañero sobre el hecho de que debía lavarse, arreglarse y peinarse). Después, el Santo Profeta (sa) vio a otro hombre que llevaba la ropa sucia y dijo: ‘¿Acaso no ha podido encontrar agua para lavar su ropa?’ (es decir, en lugar de llevar la ropa sucia, debe lavarse). Hay agua disponible, y debemos mostrar nuestra gratitud a Dios Altísimo. La limpieza y el buen orden reflejan pureza y refinamiento, pero también encierran en sí mismos un aspecto de gratitud. Nadie debería presentarse en un estado que lleve a los demás a preguntarse en qué estado se encuentra.

En otra narración, Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Quien tenga en su corazón siquiera el peso de un átomo de arrogancia no entrará en el Paraíso”. Un hombre preguntó: “Pero a una persona le gusta que su ropa sea buena y que sus zapatos sean buenos”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Dios es bello y ama la belleza” (es decir, Dios, el Altísimo, es bello en Sí mismo y ama la belleza; de ello no cabe duda alguna). La arrogancia es algo completamente distinto: consiste en rechazar la verdad por un sentimiento de superioridad y en menospreciar a los demás. Negar la verdad y tratar a los demás con desprecio es señal de arrogancia. Si una persona viste con elegancia y, por ello, se vuelve arrogante, eso es, sin duda, arrogancia. Pero si alguien viste bien y, aun así, trata a los demás con humildad y respeta sus derechos, eso no es arrogancia.

Hazrat Abu Said Judri (ra) cuenta que, cada vez que el Santo Profeta (sa) estrenaba una prenda, ya fuera una camisa, un turbante o cualquier otra vestimenta, la mencionaba por su nombre y rezaba: “¡Oh, Dios!, toda alabanza Te pertenece. Eres Tú quien me ha vestido con esto.Te pido el bien que hay en ello y el bien para el que fue creado, y busco refugio en Ti del mal que hay en ello y del mal para el que fue creado”.

Hazrat Aisha (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Cuando Dios concede una bendición a un siervo y este reconoce que proviene de Dios, la gratitud por esa bendición se anota a su favor. Y cuando Dios ve que un siervo se arrepiente de un pecado, le perdona incluso antes de que le pida perdón”. “Una persona compra una prenda por un dinar, se la pone y alaba a Dios. Antes incluso de que esa prenda le llegue a las rodillas, ya ha sido perdonado -el pecado-”. Así es como Dios trata a quienes muestran gratitud.

Salim relata, según Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra), que, cuando el Santo Profeta (sa) regresaba de una expedición militar y llegaba a un valle o a un terreno elevado, solía decir tres veces: “Dios es el más Grande”. A continuación, rezaba:

[Árabe]

“No hay nadie digno de ser adorado excepto Dios. Él no tiene copartícipe. A Él pertenece toda la soberanía, y a Él pertenecen todas las alabanzas. Él tiene poder sobre todas las cosas. Regresamos de nuestro viaje, reconociendo nuestras faltas y decididos a no repetir nuestros errores. Adoramos a nuestro Señor. Nos postramos delante de nuestro Señor. Alabamos a nuestro Señor. Sin duda, Dios ha cumplido Su promesa, ha ayudado a Su siervo y ha destruido, Él mismo, a todas las fuerzas aliadas”.

El día de la batalla de Badr, los muertos de entre los incrédulos fueron arrojados a las fosas y a los pozos del campo de batalla. Entonces, el Santo Profeta (sa) dijo: “Toda alabanza sea para Dios, que ha humillado y destruido a Abu Yahl, y nos ha librado de él”. Cuando todos los caídos fueron depositados en el pozo, el Santo Profeta (sa) dio una vuelta a su alrededor. Mientras los cuerpos yacían en la fosa, Hazrat Abu Bakr (ra) fue identificando ante el Santo Profeta (sa) a cada uno de ellos por su nombre. El Santo Profeta (sa), al glorificar y dar gracias a Dios Altísimo, declaró en repetidas ocasiones: “Toda alabanza sea para Dios, que ha cumplido la promesa que me hizo”.

Tal fue la reacción del Santo Profeta (sa) al contemplar el destino de su adversario más acérrimo. No manifestó exteriormente ningún signo de júbilo ni de triunfo ante su destrucción. Antes bien, se inclinó con humildad ante Dios, el Altísimo, y le ofreció alabanzas y gratitud únicamente a Él.

Existen otras versiones sobre este suceso. En una narración, Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud (ra) relata: “El día de la batalla de Badr, me presenté ante el Santo Profeta (sa) y le dije: “He matado a Abu Yahl”. El Santo Profeta (sa) preguntó: “¿Lo juras por Dios, fuera de Quien no hay otro dios?”. Respondí: “Sí, por Dios, fuera de Quien no hay otro dios, efectivamente lo he matado”. El Santo Profeta (sa) repitió esta pregunta tres veces, buscando que se lo confirmara. Acto seguido, proclamó: “¡Dios es el Más Grande”. Toda alabanza pertenece a Dios, que ha cumplido Su promesa, ha concedido ayuda a Su siervo y, por Sí mismo, ha derrotado a todos los enemigos”. A continuación, dijo: “Ven, muéstrame su cadáver”. Así pues, partimos juntos. Cuando el Santo Profeta (sa) vio el cadáver, comentó: “Este es el faraón de esta Comunidad”.

En otra narración se cuenta que, cuando comunicaron al Santo Profeta (sa) la buena noticia de que Abu Yahl había sido asesinado, realizó dos rak’ats (unidades de oración) en agradecimiento a Dios.

En otra narración se mencionan más detalles al respecto. Abu Ishaq relata: “Cuando, el día de Badr, un hombre acudió ante el Santo Profeta (sa) para darle la buena noticia de la muerte de Abu Yahl, el Santo Profeta (sa) le pidió tres veces que jurara por Dios, fuera de Quien no hay otro dios: “¿Afirmas que, efectivamente, lo has visto morir?”. El hombre lo confirmó bajo juramento ante el Santo Profeta (sa). Acto seguido, el Santo Profeta (sa) se postró ante Dios”. Algunas narraciones añaden que el Santo Profeta (sa) realizó más de una postración en aquella ocasión.

En las tradiciones también se recogen relatos sobre la gratitud del Santo Profeta (sa) con ocasión de la conquista de La Meca. A este respecto, Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) relata que, el día de la conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) se situó en los escalones de la Kaaba. En primer lugar, alabó y glorificó a Dios Altísimo y, a continuación, proclamó:

[Árabe]

“Toda alabanza pertenece a Dios, que ha cumplido Su promesa, ha concedido ayuda a Su siervo y Él mismo ha derrotado a todos los enemigos”.

Otra narración recogida en Sahih al-Bujari refiere que Hazrat Abdur Rahman bin Abi Layla (ra) dijo: “Nadie nos informó de haber visto al Santo Profeta (sa) realizar la oración de Chasht [de la mañana], salvo Hazrat Umm Hani (ra)”. De hecho, entre las narraciones relativas a la oración de Chasht, la única existente es la de Hazrat Umm Hani (ra). Ella relata: “El día de la conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) vino a mi casa, donde realizó la ablución y luego rezó ocho rak’ats. Nunca le he visto rezar una oración más breve que aquella (fue relativamente breve, pero constaba de ocho rak’ats) y, sin embargo, realizó la inclinación [ruku’] y la postración [sajdah] con total serenidad”. No significa que realizara los movimientos de la oración con precipitación. Sin embargo, incluso lo que se describió como una oración “ligera” del Santo Profeta (sa) sería comparable, por su duración y devoción, a lo que muchas personas considerarían una oración prolongada.

Un biógrafo del Santo Profeta (sa) ha registrado este incidente bajo el siguiente título: “El Santo Profeta (sa) realizó ocho rak’ats para expresar su gratitud por las bendiciones que Dios le había concedido aquel día”.

Hazrat Anas (ra) relata que, cuando el Santo Profeta (sa) entró en La Meca, la gente se congregó para verlo. Debido a su profunda humildad y a la inmensa gratitud que sentía hacia Dios, llevaba la cabeza tan inclinada que llegaba a tocar la silla de montar de su montura. Rodeado por la gente, suplicó:

[Árabe]

“¡Oh, Dios! Ciertamente la verdadera vida es la vida del Más Allá”.

El Mesías Prometido (as) afirma: “La exaltación que se concede a los siervos especiales de Dios Altísimo se caracteriza por la humildad, mientras que la exaltación de Satanás va acompañada de arrogancia; es decir, encierra orgullo en sí misma”. Fijáos cómo nuestro Noble Profeta (sa) inclinó la cabeza y se postró tras la conquista de La Meca exactamente del mismo modo en que solía inclinarse y postrarse durante los días de penurias y tribulaciones, cuando en esa misma La Meca se le oponía de todas las formas posibles y era sometido a persecución. Al reflexionar sobre el estado en que había abandonado aquella ciudad y el estado en que ahora regresaba, su corazón se llenó de gratitud hacia Dios y se postró.

En el Sahih Muslim también se recoge una súplica del Santo Profeta (sa) que expresa este mismo espíritu de gratitud. Durante la Peregrinación de Despedida, cuando el Santo Profeta (sa) se dispuso a realizar el Sa’i [circuito] entre Safa y Marwah, comenzó en Safa. Ascendió la colina hasta que la Kaaba quedó a la vista. Entonces, orientándose hacia la Qiblah, proclamó la Unidad de Dios y exaltó Su grandeza, diciendo: “No hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah. Él es Uno y no tiene copartícipe. A Él pertenecen toda la soberanía y todas las alabanzas. Él tiene poder sobre todas las cosas. No hay nadie digno de adoración sino Dios, el Único. Él ha cumplido Su promesa, ha concedido ayuda a Su siervo y, por Sí mismo, ha sometido a las fuerzas enemigas”. Repitió estas palabras tres veces mientras permanecía en medio [de las dos colinas].

Otra narración se refiere al momento en que Hazrat Ali (ra) envió un mensaje informando de la conversión al islam de la tribu de Hamdan, en Yemen. Hazrat Al-Bara’ bin ‘Azib (ra) relata que, en el décimo año después de la Hégira, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Ali (ra) a Yemen. Como resultado de ello, toda la tribu de Hamdan abrazó el islam. Hazrat Ali (ra) comunicó al Santo Profeta (sa) la buena nueva de su conversión al islam mediante una carta. Cuando el Santo Profeta (sa) leyó la carta, se postró inmediatamente ante Dios en señal de gratitud y declaró: “¡La paz sea con Hamdan! ¡La paz sea con Hamdan!”. Repitió estas palabras dos veces.

Se han registrado, además, los siguientes detalles acerca de las Salldat-e-Shukur [postraciones de gratitud] del Santo Profeta (sa): Hazrat Abu Bakrah (ra) relata que, cada vez que algo que complacía o causaba alegría al Santo Profeta (sa), este se postraba para expresar su gratitud a Dios, Bendito y Exaltado sea.

Del mismo modo, Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que al Santo Profeta (sa) le fueron transmitidas buenas noticias sobre un asunto concreto, tras lo cual se postró en señal de gratitud.

Las buenas noticias que Dios Altísimo dio a los creyentes respecto a invocar bendiciones sobre el Santo Profeta (sa), así como la forma en que el Santo Profeta (sa) expresó su gratitud por ello, se mencionan en una narración transmitida por Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra): “El Mensajero (sa) de Dios salió y se dirigió al lugar donde iba a dar limosna. A continuación, entró, se orientó hacia la Qiblah y se postró. Prolongó la postración tanto que pensé que Dios Altísimo y el Más Honorable había hecho que su alma se separara de su cuerpo mientras se encontraba en ese estado. Por ello, me acerqué a él y me senté a su lado. Levantó la cabeza y preguntó: “¿Quién eres?”. Respondí: “Abdur Rahman”. Preguntó: “¿Qué ocurre?”. Le respondí: “¡Oh, Mensajero (sa) de Dios! Prolongó su postración hasta tal punto que temí que Dios Altísimo y el Más Honorable hubiera hecho que su alma partiera en ese mismo estado”, es decir, temí que hubiera fallecido. Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: “Gabriel vino a mí y me dio la buena nueva de que Dios Altísimo dice: ‘A quien invoque bendiciones sobre ti, Yo le concederé Mi misericordia; y a quien te envíe saludos, Yo le enviaré Mis saludos’. Por lo tanto, me postré ante Dios Altísimo y el Más Honorable en señal de gratitud”. Así pues, esta postración fue una postración de gratitud, y por esta razón se prolongó tanto.

Hazrat Abu Bakr (ra) relata que vio al Mensajero (sa) de Dios cuando alguien acudió a comunicarle la buena noticia de que a su ejército se le había concedido la victoria sobre el enemigo. En ese momento, la cabeza del Santo Profeta (sa) descansaba sobre el regazo de Hazrat Aisha (ra). Al oír la noticia, el Santo Profeta (sa) se levantó y se postró.

En otra narración, Amr bin Shu’aib relata, de su padre, quien a su vez lo relata de su abuelo, que oyó decir al Mensajero (sa) de Dios: “Hay dos cualidades que, si se encuentran en una persona, Dios Altísimo la incluye entre los pacientes y los agradecidos. Si estas dos cualidades están ausentes, Dios no la considera ni paciente ni agradecida. La primera es que, en cuestiones de fe, una persona debe fijarse en quien sea superior a ella y esforzarse por seguir su ejemplo. La segunda es que, en los asuntos mundanos, debe fijarse en alguien que esté por debajo de ella y, a continuación, alabar a Dios por el favor de haberle concedido superioridad sobre esa persona. Dios Altísimo la incluye entre los pacientes y los agradecidos. Sin embargo, quien mire hacia quien está por debajo de él en cuestiones de fe y hacia quien está por encima de él en asuntos mundanos, y luego se aflija por aquello que no se le ha concedido, Dios Altísimo lo registra como ni paciente ni agradecido”.

Del mismo modo, Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Mensajero (sa) de Dios dijo: “Mira hacia quienes están por debajo de ti y no mires hacia quienes están por encima de ti. Esto te ayudará a no menospreciar los favores de Dios”. Es decir, en los asuntos mundanos, uno debe fijarse en quienes poseen menos y, a continuación, expresar gratitud a Dios por haberle concedido Sus favores.

Hazrat Ibn Abbas (ra) relata que el Mensajero (sa) de Dios dijo: “Hay cuatro cosas que, si se conceden a una persona, verdaderamente se le ha concedido el bien de este mundo y del Más Allá: un corazón agradecido; una lengua dedicada al recuerdo de Dios; un cuerpo que permanece firme en la paciencia durante los momentos de prueba; y una esposa que le sea fiel, que no traicione ni su propio honor ni su castidad, ni traicione a su marido”. Si se conceden estas cuatro cualidades, entonces verdaderamente se le ha concedido el verdadero bien.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Mensajero (sa) de Dios dijo: “¡Oh, Abu Hurairah! Adopta la rectitud y te convertirás en la persona más devota en el culto. Conténtate con lo que Dios te ha concedido y te convertirás en la persona más agradecida”. Así pues, la satisfacción también conduce a la gratitud.

Además, dijo: “Ama para los demás lo que amas para ti mismo, y te convertirás en un verdadero creyente. Trata a tu prójimo con amabilidad, y te convertirás en un verdadero musulmán. Ríe poco, pues la risa excesiva mata espiritualmente el corazón”. Es decir, una persona debe inclinarse más a humillarse ante Dios, el Exaltado, y permanecer constantemente atenta a la súplica. No debe permanecer continuamente ocupada en diversiones ociosas y risas. ¡Que Dios Altísimo nos permita actuar conforme a las palabras del Santo Profeta (sa)!

Al describir la constante gratitud y el recuerdo de Dios que caracterizaron la vida del Santo Profeta (sa), Hazrat Aisha (ra) relata que el Santo Profeta (sa) siempre recordaba a Dios. Así, el Santo Profeta (sa) estableció los más altos estándares de conducta para su Ummah y nos aconsejó en consecuencia. ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de actuar conforme a ello!

El segundo asunto que mencionaré brevemente es que, si Dios quiere, el Yalsa Salana de la Comunidad Musulmana Ahmadía del Reino Unido comenzará el próximo viernes. Recen para que Dios Altísimo lo bendiga en todos los aspectos. Que Él mantenga a todos bajo Su protección y los proteja. La intensidad del clima actual, debido al calor, también conlleva ciertos riesgos. ¡Que Dios Altísimo proteja a todos de cualquier tipo de efecto nocivo!. Del mismo modo, que permita a los trabajadores que están de servicio – algunos de los cuales deben permanecer de pie bajo el calor y asumir responsabilidades exigentes-  desempeñar sus funciones de la mejor manera posible.

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