En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahhud, Taáwuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Khalifatul Masih V (aba) declaró:

Hoy, continuaré con la serie de relatos de las vidas de los compañeros Badri del Santo Profeta (sa) que había comenzado en el pasado. Debido a la reciente gira y varios Yalsas [convenciones anuales], hubo una pausa en esta serie. El último sermón que di sobre los relatos de las vidas de los Compañeros fue el 20 de septiembre. En ese sermón mencioné a Hazrat Jubaib (ra) bin Adi, sin embargo, quedaron pendientes algunas narraciones de su vida. En ese sermón se mencionó que, en el momento de su martirio, le pidió a Dios Altísimo que transmitiera su salaam [saludos de paz] al Santo Profeta (sa). Estas personas tenían un estatus muy elevado y habían alcanzado la cercanía de Dios Altísimo. También aprendemos cómo Dios Altísimo les trató en base a este incidente cuando le pidió a Dios Altísimo que transmitiera su salaam al Santo Profeta (sa) ya que no había nadie más para hacerlo, y Dios Altísimo transmitió su salaam al Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa), mientras estaba sentado con sus Compañeros (ra), respondió con wa alaikum as salaam e informó a los Compañeros (ra) sobre su martirio.

Después del martirio de Hazrat Jubaib (ra) bin Adi y sus Compañeros, el Santo Profeta (sa) ordenó a Hazrat Amr (ra) bin Umayyah que fuera a La Meca y matara a Abu Sufian, el principal instigador de este acto cruel, ya que ahora era merecedor de este castigo. El Santo Profeta (sa) también envió a Hazrat Yabbar (ra) bin Sajr Ansari con él. Ambos ataron sus camellos en un paso en el valle de Yayid, que está situado a 8 millas de La Meca y entraron en La Meca durante la noche. Hazrat Yabbar (ra) expresó su deseo a Hazrat Amr (ra) de realizar el tawwaf [circunvalar] la Kaaba y ofrecer dos rakaats (unidades) de oración (en la Kaaba). Hazrat Amr (ra) respondió que era costumbre de la gente de Quraish que después de terminar su cena, se sentaran en sus patios por la noche. Por eso temía que les atraparan. Hazrat Yabbar (ra) respondió que insha Al’lah (si Dios quiere)], eso no sucedería. Hazrat Amr (ra) dice:

“Realizamos el tawwaf de la Kaaba y ofrecimos dos rakaats de oración. Luego salimos en busca de Abu Sufian. ¡Por Dios, estábamos caminando cuando una pesona me vio y me reconoció y dijo!: ‘¡Este es Amr bin Umayyah! ¡Seguramente debe haber venido con alguna mala intención!’ Ante esto, le dije a mi compañero que se protegiera y que deberíamos partir de allí. Salimos rápidamente de allí y escalamos una montaña. Esas personas también nos siguieron. Sin embargo, cuando llegamos a la cima de esa montaña, se rindieron desmoralizados y regresaron. Luego, bajamos y entramos en una cueva en la montaña. Recogimos algunas piedras, las apilamos y pasamos la noche allí. A la mañana siguiente, uno de los Quraish se acercó mientras paseaba con su caballo por esa ruta. Nos escondimos en la cueva. Pensé para mí mismo que si nos viera, crearía un alboroto. Sería mejor matarlo.”

Hazrat Amr (ra) continúa narrando:

“Tenía una daga que había preparado para Abu Sufian. Clavé la daga en el pecho de esa persona y gritó tan fuerte que los mequíes también escucharon su voz.”

Una vez más regresé a mi lugar y me escondí. La gente rápidamente corrió hacia él mientras estaba agonizando. Le preguntaron quién le había atacado. Respondió que era Amr bin Umayyah. Después de esto, le sobrevino la muerte y expiró en ese mismo lugar, no pudiendo informarles dónde estábamos.

En aquellos días, la costumbre era de que si los enemigos se enteraban de [la presencia de alguien], eran asesinados debido a la extrema enemistad entre ellos. Dado que sospechaban de que les habían visto, era posible que informaran a los demás sobre ellos, con el riesgo de ser perseguidos y muertos por los incrédulos. Antes de que algo así sucediera, actuó en defensa propia.

Afirma que:

“No pudo informarles dónde estábamos y, por lo tanto, lo recogimos y nos lo llevamos”. Por la noche, le dije a mi compañero que ahora estábamos a salvo. Partimos durante la noche para ir de La Meca a Medina y pasamos junto a un grupo que vigilaba el cuerpo de Hazrat Jubaib (ra) bin Adi. Uno de ellos vio a Hazrat Amr (ra) y dijo que: ‘¡Por Dios! Nunca he visto a nadie caminar de forma tan similar a Amr bin Umayyah. Si no estuviera en Medina, diría que es Amr bin Umayyah.”

Incluso aquí, Dios Altísimo les cubrió los ojos con un velo. Continúa diciendo:

“Cuando Hazrat Yabbar (ra) llegó al tablón de madera en el que estaba colgado Hazrat Jubaib (ra), rápidamente lo recogió y salió corriendo. Los miembros de este grupo comenzaron a perseguirles.”

En otro relato, se menciona que estaban intoxicados con alcohol. Algunos estaban borrachos, otros estaban despiertos, mientras que otros dormían y otros estaban somnolientos. Sin embargo, al no darse cuenta de su presencia, rápidamente tomaron el cuerpo y huyeron. Cuando se percataron de ello, los persiguieron hasta que Hazrat Yabbar (ra) llegó un arroyo que fluía rápidamente cerca del monte Yayill y arrojó esta tabla de madera al arroyo. El grupo de hombres que los perseguía también llegó allí.  Sin embargo, Dios Altísimo hizo que esta tabla de madera permaneciera oculta a la vista de los incrédulos y no pudieron encontrarla. Hazrat Amr (ra) dice:

“Le dije a mi compañero Hazrat Yabbar (ra), que debería abandonar este lugar y viajar en su camello. Frenaré a estas personas que te están persiguiendo. Hazrat Amr (ra) dice: “Entonces comencé a caminar hasta llegar al monte Yallnan, que se encuentra a una distancia de veinticinco millas de La Meca. Me refugié en una cueva y salí de la cueva hasta llegar al área de Arll, que está a una distancia de setenta y ocho millas de Medina”.

Continúa diciendo:

“Luego seguí caminando hasta llegar al área de Naqi, que está a una distancia de aproximadamente sesenta millas de Medina. Allí, vi a dos hombres de entre los idólatras de Quraish, que fueron enviados a Medina en calidad de espías por los Quraish. Les dije que debían dejar las armas, al ser evidente que habían venido a espiar. No aceptaron. Estalló una pelea. Comenta que “golpeé a uno con una flecha y lo maté, y arresté al otro, lo encadené y lo traje conmigo a Medina”.

Según otra narración, Hazrat Amr (ra) bin Umayyah Zamri relata que el Santo Profeta (sa) lo envió solo como emisario para sacar a Hazrat Jubaib (ra) de la tabla de madera. Dice: “Por la noche, me acerqué a ese lugar y trepé a la tabla de madera en la que Hazrat Jubaib (ra) [colgaba]. Tenía miedo de que alguien pudiera verme. Cuando solté la tabla de madera, cayó al suelo. Después de esto, la tabla de madera se desvaneció como si la tierra se la hubiera tragado. Desde ese momento hasta hoy, no hay rastro de los huesos de Jubaib (ra)”.

Según otra narración, Hazrat ‘Amr (ra) bin Umayyah Zamri relata:

“Cuando solté a Hazrat Jubaib (ra) de las cuerdas y lo recosté, escuché un ruido detrás de mí. Cuando me volví de nuevo, no pude ver nada y el cuerpo de Hazrat Jubaib (ra) había desaparecido de mi vista”.

Por lo tanto, la primera narración parece más auténtica: cuando los persiguieron, él lo arrojó al río y el río se lo llevó, o la corriente o el flujo de agua se lo llevaron. Hay varias narraciones. Sin embargo, se hizo conocido por un nombre, que significa uno cuyo cuerpo desapareció en la tierra, y nadie pudo encontrarlo. Los incrédulos, que querían mutilar su cuerpo, no pudieron hacerlo y Dios Altísimo lo protegió.

Una narración en relación con el incidente del encarcelamiento de Hazrat Jubaib (ra) es la siguiente. Ma’wiyah era la esclava liberada de Hujair bin Abu Ayhab, en La Meca, y Jubaib (ra) fue encarcelado en su casa para ser asesinado tan pronto como pasaran los meses sagrados. Ma’wiyah aceptó el islam más tarde y demostró ser una buena musulmana. Más adelante, Ma’wiyah solía decir:

“¡Por Dios! No he visto a nadie mejor que Hazrat Jubaib (ra). Solía ​​observarlo desde la puerta y estaba encadenado. Que yo sepa, no había semillas de uva para comer en la faz de la tierra, (es decir, no habían uvas en esa área), y sin embargo, Hazrat Jubaib (ra) solía tener en la mano un racimo de uvas del tamaño de la cabeza de una persona (es decir, era un racimo grande de uvas). Estas eran las provisiones que Dios le había otorgado. Hazrat Jubaib (ra) recitaba el Sagrado Corán durante la oración de Taháyud [oración voluntaria previa al amanecer] y las mujeres lloraban al escucharle y sentían compasión hacia Hazrat Jubaib (ra)”.

Ella dice:

“Una vez, le pregunté a Hazrat Jubaib (ra): ‘¡Oh Jubaib (ra)! ¿Necesitas algo? Respondió que ‘No. En realidad, una cosa. Por favor, dame agua fría para beber y no me des carne que haya sido sacrificada en nombre de los ídolos. (No me des la comida que me das, que ha sido sacrificada en nombre de los ídolos). En tercer lugar, infórmame cuando decidan matarme.”

Luego dice:

“Después de esto, cuando pasaron los meses sagrados y una vez que se acordó la fecha del asesinato de Hazrat Jubaib (ra), fui a él y le informé de ello. ¡Por Dios! No le importó en lo más mínimo que fuese matado. Me dijo: ‘Envíame una cuchilla para que pueda arreglarme.’ Ella dice: “Le envié una cuchilla a través de mi hijo, Abu Hussain.”

Ese no era su hijo biológico, más bien, ella solo lo había criado. Esto es lo que está registrado. Ella además dice:

“¡Cuando mi hijo se fue, de repente vino a mi mente el siguiente pensamiento: ¡Por Dios que Jubaib (ra) tiene ahora la oportunidad de vengarse! Mi hijo ahora está con él, la cuchilla está en sus manos y él se vengará. ¿Qué he hecho dándole la cuchilla? Jubaib (ra) matará a ese niño con la cuchilla y dirá que una vida a cambio de otra vida”.

La narración más común dice que el niño estaba jugando y se acercó a él y que Jubaib (ra) tenía una cuchilla en su mano. Sin embargo, en esta narración se afirma que el niño era lo suficientemente maduro como para que le enviaran algo a través de él y, por lo tanto, ella envió la cuchilla a través del niño. Ella dice además:

“[Pensé que] iría a Jubaib (ra) y él diría que, “dado que me van a matar entonces yo le mataré a él también”. Cuando mi hijo fue con la cuchilla, la tomó y de manera alegre, le dijo al niño que era muy valiente y dijo: “¿No está tu madre preocupada de que le traicione al haberte enviado a mí con la cuchilla de afeitar, a pesar de que habéis decidido matarme?”

Hazrat Ma’wiyah dice:

“Escuché estas palabras de Jubaib (ra). Dije: ‘Oh Jubaib (ra)! No tengo temor de ti debido a la protección de Al’lah y envié a este niño a ti con la cuchilla confiando en el Ser que adoras. No lo envié para que mates a mi hijo con la cuchilla.’ Hazrat Jubaib (ra) respondió: “No soy así y no lo mataría. La traición no está permitida en nuestra religión”.

Ella dice:

“Después de esto, informé a Jubaib (ra) que la gente lo sacaría de este lugar al día siguiente por la mañana y lo matarían. Al día siguiente, la gente lo encadenó y lo llevó a Tanim, que es un lugar ubicado a una distancia de tres millas de La Meca hacia Medina. Niños, mujeres, esclavos y muchas personas de La Meca se habían reunido para ver el asesinato de Jubaib (ra)”.

Nadie se quedó en La Meca según esta narración. Ella dice:

“Algunas personas estaban allí para vengarse de sus mayores que fueron asesinados en la batalla. Otros presentes allí no buscaban venganza; en cambio eran enemigos del islam y deseaban ver la ejecución y disfrutar de ella. Cuando colocaron a Hazrat Jubaib (ra) junto con Zaid bin Dasnah para Tanim, los idólatras instruyeron que se cavara en el suelo un largo trozo de madera. Cuando trajeron a Jubaib (ra) cerca de esta madera que estaba clavada en el suelo, pidió permiso para ofrecer dos rakaats [unidades] de oración. Le permitieron hacerlo. Jubaib (ra) ofreció dos rakaats de oración voluntaria breves y no las prolongó en absoluto.”

Todos los detalles mencionados en esta narración fueron relatados por esta mujer. Según la narración que acaba de presentarse con referencia a Ibn-e-Sa’ad, Ma’wiyah era una esclava liberada de Huyair bin Ihaab en cuya casa Hazrat Jubaib (ra) fue retenido como prisionero.

Según Alama Ibn Abdul Bar, Hazrat Jubaib (ra) fue encarcelado en la casa de Uqba. La esposa de Uqba le proporcionó comida para él durante este tiempo, y le quitaba los grilletes a Hazrat Jubaib (ra) cuando era hora de comer.

Alama ibn Asir Yazwi escribe:

“Hazrat Jubaib (ra) fue el primero entre los Compañeros que fueron crucificados por la causa de Dios Altísimo”. Es decir, estaba atado a un trozo de madera excavado en el suelo y posteriormente, tras ser atado, fue martirizado.

El Segundo Jalifa (ra) ha escrito sobre el incidente del martirio de Hazrat Jubaib (ra). Él declara:

“Abu Sufian, el jefe de La Meca que también estuvo entre los que vinieron a presenciar la ejecución, dio un paso adelante y se dirigió a Zaid (ra) diciendo: ‘¿No prefieres que en tu lugar, Muhammad [sa] estuviese aquí y tu cómodamente te quedaras en tu casa? Zaid (ra) furiosamente respondió: ‘¡Abu Sufian! ¿Qué estás diciendo? ¡Por Dios! Preferiría morir si incluso una espina fuese a dañar el pie del Mensajero (ra) de Dios en las calles de Medina!’

Abu Sufian estaba muy asombrado por esta respuesta de gran devoción y miró a Zaid (ra) con total asombro y murmuró: ‘Dios es testigo de que nadie ama a ningún ser humano tanto como los Compañeros de Muhammad [sa] le aman a él”.

Este era el estándar de amor y devoción de los Compañeros (ra) hacia el Santo Profeta (sa). Estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por él. Del mismo modo, el trato de Dios Altísimo con ellos también es evidente. En el momento de su martirio, sus últimas palabras fueron:

“Mientras muera como mártir en el camino de Dios Altísimo, no me importa de qué lado caiga después de ser martirizado, tanto si caigo hacia la derecha, como si caigo hacia la izquierda, como si lo hago hacia adelante, como si lo hago hacia atrás, …, estoy dando mi vida por Dios Altísimo … “

Tales eran sus estándares de amor y devoción. Antes de ser martirizado, el único deseo que expresó era ofrecer las oraciones voluntarias ante Su Señor. También deseaba que enviaran sus saludos de paz (salaam) al Santo Profeta (sa) y Dios Altísimo también cumplió ese deseo. Él amaba tanto al Santo Profeta (sa) que le era insoportable incluso imaginar que su vida fuese perdonada a cambio de que una espina se clavara en los pies del Santo Profeta (sa). Le preocupaba inmensamente la más mínima aflicción sobre el Santo Profeta (sa) y nunca se preocupó por su propia vida. Por esta razón, pudieron obtener el placer y la aceptación de Dios Altísimo.

El siguiente Compañero a mencionar es Hazrat Abdul’lah bin Ubay bin Salul (ra). Hazrat Abdul’lah (ra) era de Banu Auf, una rama de la tribu Jazrall de Ansar. Era el hijo del jefe de los hipócritas, Abdul’lah bin Ubay bin Salul. Fue un sincero, leal y devoto Compañero del Santo Profeta (sa). El nombre de su madre era Jaulah bint Munzir. Su nombre durante los días de ignorancia era Jubaab. El Santo Profeta (sa) cambió su nombre a Abdul’lah y declaró:

“Jubaab es el nombre de Satanás”.

“Salul” era el nombre de la abuela paterna de Abdul’lah bin Ubay, el jefe de los hipócritas, y pertenecía a la tribu Juzá. Ubay, era conocido por el nombre de su madre, por lo tanto, era llamado Abdul’lah bin Ubay bin Salul. Abdul’lah bin Ubay bin Salul era hijo de la tía materna de Abu Ámir Rahab. Abu Ámir era una de las personas que hablaban sobre el advenimiento del Santo Profeta (sa); es decir que un profeta surgiría en el futuro cercano. Solía ​​expresar su creencia en este profeta. Juraba ante la gente que seguramente iba a aparecer. Durante los días de ignorancia, Abu Ámir comenzó a usar ropas ásperas y adoptó una vida de aislamiento. Cuando Dios Altísimo envió a Su Profeta (sa), en lugar de aceptarlo como aconsejaba a otros, sucedió lo contrario, y se puso celoso. Se rebeló contra el Santo Profeta (sa) y persistió en su estado de incredulidad. Cuando acompañó a los idólatras a luchar contra el Mensajero (sa) de Dios durante Badr, el Santo Profeta (sa) lo etiquetó como un “Fasiq” (transgresor).

De entre los hijos de Hazrat Abdul’lah (ra) se mencionan los nombres de Ubadah, Yulayhah, Jayzamah, Juwal’li y Umamah. Hazrat Abdul’lah (ra) aceptó el islam y fue muy devoto en su fe. Fue uno de los Compañeros destacados del Santo Profeta (sa). Luchó junto al Santo Profeta (sa) en Badr, Uhud y todas las otras batallas. Sabía leer y escribir, y Hazrat Aisha (ra) ha narrado dichos del Santo Profeta (sa) a través de él. Tuvo el honor de ser uno de los escribas del Sagrado Corán. En un relato se menciona que la nariz de Hazrat Abdul’lah (ra) fue cortada en la batalla de Uhud y el Santo Profeta (sa) le dijo que se la reemplazara por una nariz hecha de oro, mientras que en otra narración, se dice que perdió dos dientes en la batalla de Uhud y el Mensajero de Dios (sa) le ordenó que se pusiera dientes de oro en su lugar. El narrador de esta tradición declara que el relato en el que se mencionan los dos dientes es más fidedigno y auténtico, y así parece. En algunas ocasiones algunos narradores tienden a exagerar, o el mensaje no se entiende correctamente. La narración en la que se menciona que pierde sus dientes parece más certera, y el Santo Profeta (sa) le ordenó reemplazarlos por otros hechos en oro. Incluso en esa época, se colocaban coronas en los dientes.

Abu Sufian había desafiado a los musulmanes en la batalla de Uhud diciéndoles que al año siguiente se enfrentarían de nuevo en el territorio de Badr. Mientras menciona este incidente en su libro: “La vida y el carácter del Sello de los Profetas”, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) habiendo consultado numerosas fuentes históricas, presenta los siguientes detalles:

“En los acontecimientos de la batalla de Uhud ya se ha mencionado que al regresar del campo de batalla, Abu Sufian retó a los musulmanes a encontrarse de nuevo al año siguiente en Badr, y el Santo Profeta (sa) anunció la aceptación de ese reto. Así, al año siguiente en el 4 después de la Hégira, a finales del mes de Shawwal, el Santo Profeta (sa) partió de Medina con una fuerza de 1.500 compañeros, dejando a Abdul’lah bin Ubay como el Amir de Medina en su ausencia.

Por otro lado, Abu Sufian bin Harb también partió desde La Meca con un ejército de Quraish, formado por 2.000 hombres. Sin embargo, a pesar de la victoria en Uhud y de tener una fuerza tan grande, su corazón estaba asustado y aunque estaba empeñado en la destrucción del islam, no deseaba enfrentarse a los musulmanes hasta que pudiera reunir una fuerza más significativa y poderosa. Por eso y mientras estaba en La Meca, envió a Medina a un hombre llamado Noem, que pertenecía a una tribu neutral y le ordenó de forma contundente intimidar y amenazar de todas formas posibles a los musulmanes e inventar historias para evitar que fueran a la guerra. Así, este individuo llegó a Medina, y al crear historias falsas sobre la preparación, la fuerza, el celo de los Quraish, creó un estado de inquietud en Medina. Esto se extendió hasta el punto que varias personas, con una disposición más débil comenzaron a albergar temor en participar en el Ghazwah [Batalla]. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) animó a los musulmanes a salir y en su discurso dijo:

“Ya hemos aceptado el reto de los Quraish, y hemos prometido partir, por lo tanto, no podemos echarnos atrás. Incluso si se me exige que vaya solo, lo haré y me mantendré firme frente al enemigo”.

Como resultado de eso, el temor de las personas se disipó y se prepararon para partir en la compañía del Santo Profeta (sa) con gran celo y sinceridad. De este modo, el Santo Profeta (sa) partió de Medina con 1.500 compañeros y, en el extremo opuesto, Abu Sufian partió de La Meca con sus 2.000 guerreros. Sin embargo, el poder de Dios fue tal que los musulmanes llegaron a Badr de acuerdo con su promesa, pero el ejército de los Quraish salió a cierta distancia y luego se retiró a La Meca. Parece ser que cuando Abu Sufian se enteró del fracaso de Noem, la persona que fue enviada para desmoralizar a los musulmanes, y supo que los musulmanes habían salido para aceptar el reto de la batalla, tuvo miedo y después de haber viajado cierta distancia, se retiró con su ejército amonestándoles:

“Este año la hambruna es muy severa y las personas están teniendo dificultades económicas. Por lo tanto no es aconsejable luchar en este momento. Atacaremos Medina cuando estemos mejor preparados y cuando tengamos opulencia.”

El ejército musulmán permaneció en Badr durante ocho días. Además, se celebraba una feria allí anualmente a principios de Dhu Qa´dah. Durante la feria, muchos Compañeros se dedicaron al comercio y obtuvieron ganancias significativas. De hecho, en esta empresa comercial de ocho días, multiplicaron su capital inicial al doble. Cuando la Feria llegó a su fin, y el ejército de los Quraish no llegó, entonces el Santo Profeta (sa) partió de Badr y regresó a Medina.

Los Quraish regresaron a La Meca y comenzaron a prepararse para un ataque contra Medina. Este Ghazwah [Batalla] se conoce como Ghazwah de Badrul-Mau´id. Hazrat Abdul’lah (ra) fue martirizado el 12 después de la Hégira en la Batalla de Yamamah, en la época de Hazrat Abu Bakr (ra).

Existe una narración de Sahih Bujari sobre el padre de Hazrat Abdul’lah (ra), Abdul’lah bin Ubay bin Salul. Hay algunos relatos que quizá no están directamente relacionados. Sin embargo los presento porque así uno puede adquirir una comprensión de la historia [islámica].

Hazrat Usama bin Zaid (ra) relata que en una ocasión el Santo Profeta (sa) se montó en un burro sobre el cual se había colocado un trozo de tela hecha por Fadak. El Santo Profeta (sa) sentó a Hazrat Usama bin Zaid (ra) detrás de él y se fueron a visitar a Hazrat Sad bin Ubadah (ra) que estaba enfermo y residía en el barrio de Banu Hariz bin Jazrall. Este incidente ocurrió antes de la batalla de Badr. Hazrat Usama bin Zaid (ra) relata que mientras viajaban pasaron por una reunión en la que también estaba sentado Abdul’lah bin Ubay bin Salul. En ese momento él no se había hecho musulmán o ni siquiera había aceptado el islam para ocultar su hipocresía.

En esa reunión había algunos mushrikin [idólatras], judíos y musulmanes, todos ellos se encontraban sentados juntos en esta reunión y Hazrat Abdul’lah bin Rawaha (ra) también se encontraba entre ellos. Cuando el polvo levantado por el animal cayó sobre los presentes, Abdul’lah bin Ubay bin Salul se cubrió su nariz y dijo (quizá dirigiéndose al Santo Profeta (sa)): ¡No arroje polvo sobre nosotros! El Santo Profeta (sa) ofreció su salaam [saludos de paz] y se bajó del animal.

El Santo Profeta (sa) les invitó hacia Dios y les recitó el Sagrado Corán. Abdul’lah bin Ubay bin Salul respondió “No hay nada mejor que lo que dices”, o quizá dijo: “¿No hay nada mejor que puedas decir?“ El significado depende, por supuesto, de cómo se tradujo del texto original. Se debe consultar la fuente original para determinar exactamente cuáles fueron sus palabras. En cualquier caso, dijo: “Aunque sea verdad que no hay nada mejor que lo que dices, sin embargo no vengas a nuestra reunión para interrumpirla. Regresa de donde has venido y predica a los que vengan hacia tí.” Al escuchar esto, Hazrat Abdul’lah bin Rawah (ra) dijo: “¡Oh Profeta de Dios! Debes venir a nuestras reuniones y recitarnos porque lo disfrutamos enormemente.”

En consecuencia, los musulmanes, idólatras y judíos comenzaron a pelearse entre ellos y estuvieron a punto de atacarse unos a los otros, pero el Santo Profeta (sa) les tranquilizó y les aconsejó. Finalmente se detuvieron y el Santo Profeta (sa) montó en su animal y partió y llegó junto a Hazrat Sad bin Ubada (ra). El Santo Profeta (sa) le preguntó: “¡Oh Sad! ¿Has escuchado lo que Abu Hubab me ha dicho?” El Santo Profeta (sa) se refería a Abdul’lah bin Ubay. El Santo Profeta (sa) le relató todo el incidente. Hazrat Sad bin Ubadah (ra) respondió: “¡Oh Profeta de Dios! Perdónale y pasa por alto [este acto suyo]. Juro por Él, Quién te ha revelado este Libro que Dios Altísimo ha establecido ahora la verdad aquí y te la ha otorgado. La gente de aquí ha decidido escogerle (a Abdul’lah bin Ubay como su líder) y colocar el turbante sobre su cabeza representando la corona del liderazgo.

“Sin embargo, cuando Dios Altísimo no permitió que esto sucediera debido a la verdad que Dios Altísimo te ha revelado, comenzó a arder de celos. Esta es la razón por la que pronunció esto.”

Al oír esto, el Santo Profeta (sa) le perdonó. El Santo Profeta (sa) y sus Compañeros (ra) perdonaron a los idólatras y a la gente del Libro según lo ordenado por Dios Altísimo y demostraban paciencia cuando les causaban aflicciones. Dios Altísimo declara:

“…y ciertamente oiréis muchas cosas perniciosas de parte de quienes recibieron el Libro antes que vosotros y de quienes asocian a Dios otras divinidades.” (3:187)

Dios Altísimo también afirma:

“Muchos del Pueblo del Libro desearían, por la mera envidia que sienten sus almas, convertiros en incrédulos después de que habéis creído, tras habérseles hecho evidente la verdad. Mas perdonadlos y alejaos de ellos, hasta que Al’lah traiga Su decreto. En verdad, Al’lah tiene el poder de hacer todo lo que le place.” (2:110)

De hecho, el Santo Profeta (sa) consideraba el perdón como el recurso más apropiado, tal como Dios Altísimo le había ordenado que hiciera, pero al final, Dios Altísimo le concedió permiso al Santo Profeta (sa) cuando se enfrentó a ellos en Badr.

Dios Altísimo hizo que algunos de los líderes prominentes entre los incrédulos de Quraish murieran, y fue entonces cuando Abdul´lah bin Ubay bin Salul y otros idólatras comenzaron a afirmar que esta era en verdad una comunidad excepcional.

Posteriormente, juraron el pacto de iniciación al Santo Profeta (sa) a adherirse al islam y se convirtieron en musulmanes. Sin embargo, su aceptación del islam se debió únicamente al miedo porque se dieron cuenta de que los musulmanes habían ganado la Batalla de Badr.

Como he mencionado, algunas de las narraciones pueden no tener ningún vínculo directo, sin embargo, las menciono para que también podamos desarrollar una comprensión de los acontecimientos históricos de esa época.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) tiene más detalles relacionados con el personaje de Abdul´lah bin Ubay bin Salul:

El Santo Profeta (sa) reunió a los musulmanes con motivo de la Batalla de Uhud y pidió su consejo con respecto a este ataque de los Quraish; preguntó si debían permanecer en Medina, o luchar afuera de la ciudad contra el enemigo. Abdul´lah bin Ubay bin Salul, que en realidad era un hipócrita, pero que después de la batalla de Badr se había convertido en musulmán aparentemente, también formaba parte de esta reunión consultiva, y esta fue la primera ocasión en la que el Santo Profeta (sa) le invitó a participar en la consulta.

Antes de comenzar a recibir consultas, el Santo Profeta (sa) mencionó el ataque de los Quraish y sus sangrientas intenciones. Entonces, el Santo Profeta (sa) dijo:

“Anoche en mi sueño, vi una vaca, y también vi que la punta de mi espada se había roto. Entonces, vi que la vaca estaba siendo sacrificada, y también vi que había puesto mi mano en una cota de malla segura y fuerte”.

También se ha relatado en una narración que el Santo Profeta (sa) dijo:

“Vi que estaba montado sobre el lomo de un carnero.”

Los Compañeros (ra) preguntaron: “¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! ¿Cómo ha interpretado este sueño?”

El Santo Profeta (sa) respondió:

“He interpretado que la matanza de la vaca significa que algunos de mis Compañeros (ra) serán martirizados, y la rotura de la punta de mi espada parece una indicación hacia el martirio de alguien de entre mis parientes, o quizás yo mismo sufriré dificultades en esta campaña. En cuanto a poner mi mano sobre una cota de malla, interpreto que para evitar este ataque, es más apropiado que permanezcamos en Medina.”

El Santo Profeta (sa) interpretó el sueño de montarse sobre un carnero como que simbolizaba que el líder del ejército de la Quraish, es decir, su abanderado, por voluntad de Dios, sería asesinado a manos de los musulmanes.

Después de esto, el Santo Profeta (sa) buscó el consejo de sus Compañeros (ra), en cuanto a lo que debería hacer en el estado actual de las cosas. Al sopesar los pros y los contras de la situación en cuestión, y tal vez influenciados por el sueño del Santo Profeta (sa), algunos de los prominentes Compañeros (ra) opinaron que era más apropiado permanecer en Medina y luchar.

Abdul’lah bin Ubay bin Sulul, jefe de los hipócritas, propuso lo mismo. El Santo Profeta (sa) también prefirió esta propuesta y dijo: “Parece más beneficioso para nosotros permanecer en Medina y luchar contra ellos”. Sin embargo, la mayoría de los Compañeros (ra), y especialmente aquellos jóvenes que no habían participado en la Batalla de Badr, y que estaban inquietos por recibir la oportunidad de servir a la religión por medio de su propio martirio, insistieron con mucha fuerza en que debían salir de la ciudad y luchar en un campo abierto.

Este grupo presentó su opinión con tal persistencia que, al ser testigo de su fervor, el Santo Profeta (sa) aceptó su propuesta y decidió que los musulmanes lucharían contra los incrédulos en un campo abierto. Después de la oración del viernes, el Santo Profeta (sa) instó públicamente a los musulmanes a alcanzar la recompensa espiritual a través de la yihad en el camino de Dios participando en esta batalla.

Después, el Santo Profeta (sa) se retiró a su residencia, donde se ató su turbante, se puso su equipo y se pusó sus armas con la ayuda de Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra), y salió en nombre de Dios Altísimo. Sin embargo, durante este tiempo, debido a la amonestación de Sa’d bin Mu’az (ra), jefe de la tribu Aus y otros prominentes Compañeros (ra), el grupo de jóvenes comenzó a darse cuenta de su error; en el sentido de que no deberían haber insistido en su propia opinión en oposición a la del Mensajero de Dios, y la mayoría de ellos estaban ahora inclinados al remordimiento.

Cuando esta gente vio al Santo Profeta (sa) venir con sus armas, vestido con su armadura, y su casco, etc., su arrepentimiento creció aún más. Dijeron al unísono: “¡Oh Mensajero (sa) de Dios! Hemos cometido un error al insistir en nuestra propia opinión sobre la suya. Debe emplear la estrategia que considere más apropiada. Con la voluntad de Dios, será una bendición.”

El Santo Profeta (sa) dijo con mucho énfasis:

“No le conviene a un Profeta de Dios ponerse su armadura y luego dejarla en el suelo antes de que Dios emita un veredicto. Salid, pues, en nombre de Dios, y si sois pacientes, estad seguros de que el socorro de Dios Altísimo estará con vosotros”.

Después de esto, el Santo Profeta (sa) ordenó que se prepararan tres banderas para el ejército musulmán. La bandera de la tribu Aus fue confiada a Usaid bin Al-Ḥuḍair (ra), la bandera de la tribu Jazrall fue confiada a Ḥubbab bin Mundhir (ra), y la bandera de los Muhayirin (emigrantes) fue confiada a Hazrat Ali (ra). Luego, después de nombrar a Abdul’lah bin Ummi Maktum (ra) como Imamus-Salat [quién dirige la oración] en Medina y observar la oración de Asar, el Santo Profeta (sa) partió de Medina con un gran grupo de Compañeros (ra).

Los jefes de las tribus Aus y Jazrall, Sa’d bin Mu’az (ra) y Sad bin Ubadah (ra) siguieron adelante, corriendo lentamente, justo delante de la montura del Santo Profeta (sa), y el resto de los Compañeros (ra) se adelantaron, posicionados a la derecha, izquierda y detrás del Santo Profeta (sa). La montaña de Uḥud está situada aproximadamente a tres millas al norte de Medina. A la mitad del camino, en un lugar conocido como ‘Shaijain’, cerca de Medina, el Santo Profeta (sa) acampó y ordenó una inspección del ejército musulmán.

Los menores que habían llegado en su afán de participar en la Yihad fueron devueltos. En consecuencia, Abdul’lah bin Umar (ra), Usamah bin Zaid (ra) y Abu Said Judri (ra), entre otros, fueron devueltos. Rafeh bin Jadill (ra) también tenía la misma edad que estos niños, pero poseía una gran habilidad en tiro con arco. Debido a esta cualidad suya, su padre intercedió en su favor ante el Santo Profeta (sa) para que se le permitiera participar en esta Yihad. Cuando el Santo Profeta (sa) dirigió su vista hacia Rafeh, tomó una posición firme similar a la de los guerreros, para que pudiera parecer fuerte y alto. Como tal, este plan tuvo éxito y el Santo Profeta (sa) le concedió permiso para seguirles.

Al enterarse de esto, otro niño llamado Samarah bin Yundub (ra), a quien se le había ordenado regresar, se dirigió a su padre y le dijo: “Si a Rafeh se le ha concedido permiso, entonces yo también debería combatir, porque soy más fuerte que Rafeh y puedo derrotarlo en un combate de lucha libre”.

El padre se alegró mucho de la sinceridad de su hijo; tanto el padre como el hijo se presentaron ante el Santo Profeta (sa) y el padre presentó el deseo de su hijo. El Santo Profeta (sa) sonrió y dijo: “Muy bien, que Rafeh y Samarah luchen entre sí, para que podamos determinar quién es el más fuerte de los dos’. Así, el combate tuvo lugar. Samarah (ra) se apoderó de Rafeh (ra) y lo arrojó al suelo en un instante. El Santo Profeta (sa) concedió a Samarah (ra) permiso para ir también y este niño inocente estaba encantado. Al llegar la noche, Bilal (ra) dió el Azán [la llamada a la oración], y todos los Compañeros (ra) ofrecieron la Salat detrás del Santo Profeta (sa). Luego, los musulmanes acamparon en este mismo lugar para pasar la noche. El Santo Profeta (sa) designó a Muhammad bin Maslamah (ra) para organizar la vigilancia durante la noche; junto con un grupo de cincuenta compañeros, rodeó al ejército musulmán y permanecieron de guardia toda la noche.

Al día siguiente, el 15 de Shawwal del año 3 después de la Hégira, o el 31 de marzo de 624 d.C. un sábado, antes del amanecer, el ejército musulmán marchó al frente y ofreciendo su Ṣalat de camino, llegó al pie del monte Uhud al comienzo de la mañana. Fue en esta ocasión cuando el malvado Abdul’lah bin Ubay bin Sulul, jefe de los hipócritas, traicionó a los musulmanes y, separándose junto con 300 seguidores, regresó a Medina diciendo: “Muhammad [sa] no prestó atención a mi consejo, y al ser influenciado por jóvenes sin experiencia ha salido de Medina. Por lo tanto, no puedo quedarme con él y luchar”. Algunas personas lo amonestaron por su propia voluntad, diciendo que tal traición no era apropiada, pero él no lo aceptó, y continuó respondiendo: “Si esta fuera una batalla, yo también habría tomado parte de ella, pero esto no es una batalla, es un suicidio”. Ahora todo lo que quedaba del ejército musulmán eran 700 almas, que eran incluso menos de un cuarto de los 3.000 guerreros de los Quraish”.

En cualquier caso, la batalla comenzó y hay varios incidentes y relatos en relación a esto que voy a relatar en el próximo sermón, si Dios quiere.

Ahora mencionaré algunos detalles sobre un miembro fallecido, el respetado Jwaya Rashid-ud-din Qamar Sahib, hijo de Maulana Qamar-ud-Din Sahib, y también dirigiré su oración funeraria en ausencia. Jwaya Rashid-ud-din Qamar Sahib falleció a la edad de 86 años el 10 de octubre después de sufrir una enfermedad. ¡Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él retornaremos!

Jwaya Rashid-ud-din Qamar Sahib nació en 1933 en Qadian y, como mencioné anteriormente, era hijo de Maulvi Qamar-ud-Din Sahib. Hazrat Musleh Maud (ra) nombró a Maulvi Qamar-ud-Din Sahib primer Sadr [presidente] del Mall’lis Juddamul Ahmadía. Jwaya Rashid-ud-din Qamar Sahib era el nieto paterno de Hazrat Mia Jair-ud-Din Sahib Sijwani (ra) y era el tío materno de nuestro respetado Amir Sahib (presidente) de Reino Unido. Con respecto a Hazrat Mian Jair-ud-Din Sahib Sijwani (ra) y sus dos hermanos, el Mesías Prometido (as) ha escrito en Anllam-e-Atham:

“Estoy asombrado por el amor y la sinceridad mostrada por nuestra Yamaat. Incluso personas con bajos ingresos como Mian Yamal-ud-Din, Jair-ud-Din, e Imam-ud-Din de Cachemira que viven cerca de nuestro pueblo. Incluso estos tres hermanos de escasos recursos, que trabajan como obreros y ganan quizás tres o cuatro anas [doce o dieciséis centavos al día], participan en las donaciones mensuales con gran celo”.

El Mesías Prometido (as) una vez hizo una apelación para donativos y los tres hermanos contribuyeron. Mencionando esto, el Mesías Prometido (as) declara:

“Su contribución a los donativos es en verdad asombrosa y admirable porque guardan muy poco de la riqueza mundana para sí mismos, como el ejemplo de Hazrat Abu Bakr (ra) que trajo todo lo que tenía en su casa, y han dado prioridad a la fe sobre todas las cosas mundanas, tal como lo estipulan las condiciones del Baiat (juramento de iniciación)”.

Jwaya Sahib era su descendiente. Después de la partición, el difunto sirvió en la Fuerzas Aéreas de Pakistán por un corto tiempo y luego se trasladó al Reino Unido en 1958 y trabajó en British Airways durante 33 años. Puesto que tenía una gran pasión por servir a la Yamaat, se encargaba de que sus turnos fueran de noche durante su trabajo, para que pudiera servir a la Yamaat durante el día. Pasó casi toda su vida sirviendo a la Yamaat y lo hizo en varios puestos. El difunto tuvo la oportunidad de servir como el primer Qaid de Mall’lis Juddamul-Ahmadía de Reino Unido y trabajó como tal durante 7 años. En ese momento, todas las organizaciones auxiliares de Juddamul-Ahmadía alrededor del mundo estaban bajo la sede central y Jwaya Sahib fue el primer Qaid para el Reino Unido. Jwaya Sahib también tuvo la oportunidad de servir como Secretario General, Secretario de Finanzas, Secretario Rishta Nata [asuntos matrimoniales],  Secretario Umur-e-Aama [asuntos internos]  y Naib Afsar Yalsa Gah [ayudante jefe de la convención anual].

Jwaya Sahib era un hombre de muchas cualidades, tenía un gran amor por el Jalifato y mostraba un gran respeto por los ancianos de la Yamaat, los misioneros y los funcionarios de la Yamaat. Era una persona extremadamente piadosa, muy regular en ofrecer su oración de Taháyud, en sus oraciones congregacionales y en sus contribuciones a Sadqa (caridad). Era muy sociable, cuidaba a los pobres, mostraba gran compasión por los niños y mostraba respeto por todos, jóvenes y ancianos por igual, y era muy devoto de la oración. El difunto era un Musi por la gracia de Dios Altísimo y deja atrás a su esposa, un hijo y dos hijas. También tiene una hermana y tres hermanos. Uno de sus nietos maternos, Qasid Muin, que es misionero de la Yamaat y actualmente trabaja en la MTA y Al-Hakam. Qasid Muin Sahib escribe:

“Cada fin de semana, íbamos a casa de nuestro abuelo y nos quedábamos allí. Por lo tanto, cada semana tenía la oportunidad de verlo de cerca. Durante mi infancia, a menudo dormía en su habitación y observé que él siempre ofrecía Nawafil antes de dormir. Él ofrecería estos Nawafil de la manera más bella y pacífica. Siempre se despertaba para la oración de Taháyud por la mañana y también nos despertaba para la oración del Fallr“.

Escribe además:

“Siempre le vi extremadamente compasivo y tenía una personalidad muy angelical. Nunca solia regañarnos. Sin embargo, recuerdo que una vez que me regañó, durante el tiempo del Cuarto Jalifa (rh), por mi inocencia, ya que le pregunté una vez sobre el próximo Jalifa y quién sería. Sobre esto mi abuelo me regañó y me explicó que no dijera esas cosas. Así, desde mi infancia, esto me enseñó una gran lección sobre el verdadero estatus del Jalifato”.

El difunto tenía una extraordinaria relación de lealtad con el Jalifato y me escribía regularmente. Durante los últimos días de su enfermedad, también vino a visitarme unos días antes de esta gira. Le habían diagnosticado cáncer y tuvo que pasar por un tratamiento y una enfermedad muy dolorosas, pero lo soportó con mucha paciencia y firmeza y me lo explicó todo con gran determinación. ¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia y le conceda la compañía de Sus seres queridos y también permita a sus hijos y a su futura progenie continuar con sus buenas obras!

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