Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra) y refutación de las falsas nociones sobre el castigo de la apostasía
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra) y refutación de las falsas nociones sobre el castigo de la apostasía

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 01 DE ABRIL DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Sura Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (atba) dijo lo siguiente:

Se había mencionado previamente el desorden que surgió durante la era de Hazrat Abu Bakr (ra) y en relación con eso, el Mesías Prometido (as) escribe lo siguiente en su libro “Sirr-ul-Jilafa” (‘El secreto del Jalifato’):

“Ibn Jaldun ha afirmado que entre los árabes, tanto la gente común como los nobles habían abandonado el Islam. Los ‘Banu Tayy’ y los ‘Banu Asad’ se habían congregado en torno a Tulaihah, los ‘Banu Ghatfan’ se habían convertido en apóstatas, mientras que los ‘Banu Hawazin’ permanecían en la duda y habían dejado de pagar el ‘Zakat’ (limosna). Además, la tribu de ‘Banu Sulaym’ también se había apartado del Islam y lo mismo ocurría con el resto de la gente.

Ibn Azir ha escrito en sus obras históricas que los árabes habían abandonado el Islam y que la hipocresía de la gente normal, así como la de los individuos más estimados de cada tribu, se había hecho manifiesta; y los judíos y cristianos empezaron a levantar sus cabezas y a mirar en su dirección. Debido a la muerte de su Profeta (sa), a su limitada cantidad y a verse superados en número por el enemigo, el estado de los musulmanes empezó a parecerse al de un rebaño de ovejas y cabras en una noche de lluvia (es decir, se juntan por miedo en un lugar y para buscar refugio).

Ante esto, la gente le dijo a Abu Bakr (ra): ‘El pueblo solo considera el contingente de Usama (ra) como todo el ejército musulmán que hay y, como puedes ver, los árabes se han rebelado contra ti. Por lo tanto, no parece apropiado que separes a este grupo de musulmanes de tu lado’. En respuesta a esto, Hazrat Abu Bakr (ra) proclamó: ‘¡Por Aquel en cuyas manos está mi vida, incluso si tuviera la certeza del hecho de que las bestias me devorarían, enviaría con toda seguridad el ejército de Usama (ra), tal y como instruyó el Santo Profeta (sa)! No puedo anular una decisión tomada por el Mensajero de Dios (sa)’.”

 

El Mesías Prometido (as) hace referencia a Abdul’lah bin Masud y escribe que este proclamó:

“Tras el fallecimiento del Profeta (sa), llegamos a un estado en el que, si Al’lah no hubiera derramado Su Benevolencia sobre nosotros por medio de Abu Bakr (ra), habríamos estado al borde de la destrucción. Nos unió para luchar por la recaudación del ‘Zakat’, que se aplicaba a la ‘Bint Majad’ (la camella de un año) y a la ‘Bint Labun’ (la camella de dos años), y para destruir las ciudades árabes (por su rebeldía) y seguir adorando a Al’lah hasta que nos alcance la muerte”.

El Mesías Prometido (as) continúa diciendo:

“En este debate pueden surgir varios malentendidos y se puede plantear la siguiente pregunta: si el Islam prescribe la pena de muerte para la apostasía. Así pues, abordaré brevemente este tema.

Tras la muerte del Santo Profeta (sa), casi toda Arabia abandonó el Islam. Algunas personas se alejaron completamente del mismo y otras se negaron a pagar el ‘Zakat’. Por ello, Hazrat Abu Bakr (ra) luchó contra todos ellos. En este sentido, en los libros de historia y las biografías, la palabra ‘murtad’ (apóstata) se ha utilizado para describir todas las categorías de personas mencionadas anteriormente. Por tanto, los historiadores y eruditos que vinieron después se equivocaron en su comprensión, o se convirtieron en el medio de difusión de la falsa enseñanza de que el castigo para un apóstata es la muerte y por esta razón los eruditos pensaron que Hazrat Abu Bakr (ra) declaró la guerra contra todos esos apóstatas y los hizo matar a todos, a menos que entraran de nuevo en el Islam. Debido a esto, los historiadores han retratado a Hazrat Abu Bakr (ra) como defensor y héroe del movimiento ‘Jatm-e-Nabuwwat’ (El Sello de los Profetas).

Sin embargo, el hecho es que durante la era del ‘Jilafat-e-Rashida’ (Jalifato rectamente guiado) no existía tal concepto de defender el ‘Jatm-e-Nabuwwat’, ni se tomó la espada contra esas personas por la razón de que el concepto de ‘Jatm-e-Nabuwwat’ estaba en peligro de alguna forma, ni fueron matados porque la apostasía se castiga con la muerte. Estos detalles se mencionarán más adelante, es decir, los detalles de por qué se declaró la guerra contra ellos. Antes de esto, es necesario ver si el Sagrado Corán o el Santo Profeta (sa) prescribieron la pena de muerte para la apostasía, o si ha sido prescrito otro castigo. En la terminología islámica, un apóstata es un individuo que abandona la religión del Islam; o sea, que tras aceptar el Islam lo abandona. Cuando estudiamos el Corán, observamos que Dios Altísimo ha mencionado a los apóstatas en numerosas ocasiones. No obstante, Al’lah no les ha prescrito la muerte ni ningún otro castigo mundano. Así pues, presentaré algunos versículos a modo de ejemplo. El primer versículo es el siguiente:

Esto significa: ‘Y aquel de vosotros que abandone su fe y muera como incrédulo, será de aquellos cuyas obras serán vanas en este mundo y en el otro. Son los moradores del fuego y allí vivirán’, (Sura Al-Baqarah, 2:218).

Este versículo menciona a quien abandona su religión y finalmente muere en este estado de incredulidad. Por consiguiente, está muy claro por ello que el castigo para la apostasía no era la muerte, porque si el castigo fuera realmente la muerte, no se afirmaría que tal apóstata muere finalmente en un estado de incredulidad.

Luego, en otro lugar Dios Altísimo afirma:

Es decir: ‘¡Oh vosotros, los que creéis! Quienes de vosotros renieguen de su religión, que sepan que en su lugar Al’lah traerá pronto a un pueblo al que Él amará y que le amará a Él, y que serán amables y humildes con los creyentes, pero duros y firmes con los incrédulos. Se sacrificarán por la causa de Al’lah y no temerán el reproche del que se dedica a censurar. Esa es la gracia de Al’lah; Él la concede a quien le place; pues Al’lah es Magnánimo, Omnisciente’, (Sura  Al-Maidah, 5:55).

También aquí, mientras se menciona a los que se apartan de la religión, se les ha dado a los creyentes la buena nueva de que Dios Altísimo traerá a otras personas y naciones en su lugar, pero no se menciona que se deba matar a los que se apartan de la religión, ni que se les dé ningún castigo.

Asimismo, hay otro versículo del Sura An-Nisa, que elimina todo tipo de duda, incertidumbre y cualquier cuestión que pueda surgir:

O sea: ‘A quienes creen, dejan de creer, creen de nuevo, otra vez dejan de creer y luego aumentan en su incredulidad, Al’lah nunca los perdonará ni los guiará al camino recto’, (Sura Al-Nisa, 4:138).

Esto es una clara refutación de la idea de que el castigo por apostasía es la muerte y además es lo que se explica en nuestra literatura, y algunos comentaristas lo han explicado también”.

Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) ha dado una breve explicación de esto en su traducción del Santo Corán, dónde dice:

“Este versículo refuta la noción de que el castigo para un apóstata es la muerte, pues se dice que si alguien abandona su religión, más tarde vuelve a creer, luego de nuevo vuelve a ser apóstata y finalmente a creer una vez más, entonces será Dios quien decidirá respecto a él. Por lo tanto, si mueren en estado de incredulidad, serán efectivamente los habitantes del infierno. En consecuencia, si el castigo por apostasía fuera la muerte, no habría posibilidad para ellos de creer y dejar de creer una y otra vez”.

Aparte de esto, hay otros versículos del Sagrado Corán que en principio refutan la pena de muerte para los apóstatas, como afirma Dios Altísimo:

La traducción es: “Diles: ‘Esla verdad de vuestro Señor; por tanto, el que quiera creer que crea y el que no quiera creer que no crea’. En verdad, para los malvados hemos preparado un fuego cuyo dosel llameante los rodeará. Y si gritan pidiendo ayuda, recibirán agua como plomo fundido que les quemará los rostros.  ¡Qué horrible bebida y qué espantoso es el fuego como lugar de reposo!”, (Sura Al-Kahf, 18:30).

Al mismo tiempo, mientras refuta que haya algún tipo de compulsión en la religión, Al’lah afirma:

“No ha de existir coacción en la religión. Ciertamente, lo recto ha quedado separado de lo erróneo; así, quien se niegue a ser conducido por los pecadores y crea en Al’lah ha agarrado con seguridad una empuñadura fuerte, que no tiene grietas. Y Al’lah es quien todo lo oye, Omnisciente”, (Sura Al-Baqarah, 2:257).

Se han presentado algunos versículos del Santo Corán como ejemplo que niegan la idea de que se pueda forzar a alguien u obligarlo o castigarlo con respecto a cuestiones de fe.

Al no mencionar ningún castigo para los apóstatas, el Corán nos indica que, según la “Sharia islámica”, no hay ningún castigo físico estipulado para los apóstatas. Es más, esta enseñanza coránica se ve reforzada por el hecho de que propio Sagrado Corán menciona a los hipócritas en varias ocasiones y sus maldades se mencionan con tanto vigor, que ni siquiera las de los incrédulos se han mencionado de la misma manera. En definitiva, han sido declarados pecadores y transgresores, calificados como incrédulos y se menciona sobre ellos que vuelven a la incredulidad después de aceptar el Islam. Sin embargo, en ningún caso se estipula un castigo para tales hipócritas. Así, la historia del Islam da testimonio de que ningún hipócrita fue alguna vez castigado por su hipocresía. Por eso, refiriéndose a los hipócritas, el Corán manifiesta:

“Diles: ‘Aunque gastéis voluntaria o involuntariamente, no se os aceptará. Sois, en realidad, un pueblo desobediente”.

“Y nada les ha privado de la aceptación de sus contribuciones, excepto el no creer en Al’lah y en Su Mensajero. Pues solo acuden a la oración perezosamente y no hacen sus contribuciones sino con disgusto”, (Sura At-Tauba, 9:53-54).

En estos versículos, los hipócritas han sido calificados como “desobedientes” y “aquellos que rechazan a Dios y a Su Mensajero (sa)”.

Luego, la gravedad de su incredulidad se menciona en el siguiente versículo:

“Juran por Al’lah que no dijeron nada, pero en verdad usaron un lenguaje blasfemo y no creyeron después de haber abrazado el Islam. Y meditaron sobre lo que posteriormente fracasaron en conseguir. Y alimentaron su odio únicamente porque Al’lah y Su Mensajero los habían enriquecido por Su Magnanimidad. Por tanto, si se arrepienten, mejor sería para ellos; pero si se apartan, Al’lah les infligirá un castigo doloroso en este mundo y en el Más Allá, y no tendrán ni amigo ni abogado en la tierra”, (Sura At-Tauba, 9:74).

Del mismo modo, en el versículo 66 de la Sura At-Tauba, Dios Altísimo declara que se volvieron incrédulos tras profesar la fe:

“No os excuséis. Ciertamente dejasteis de creer después de haber creído”.

Además, se reveló un capítulo entero sobre los hipócritas llamado “Sura Al-Munafiqun” (los hipócritas) y en dicho capítulo se menciona:

“Han hecho de sus juramentos un escudo; de este modo apartan a los hombres del camino de Al’lah.  ¡Qué perverso es en verdad lo que han estado haciendo!”.

“Y es porque en primer lugar creyeron y después dejaron de creer. Se les puso, pues, un sello en sus corazones y, en consecuencia, no comprenden”, (Sura Al-Munafiqun, 63:3-4).

Incluso en este último versículo se menciona que volvieron a la incredulidad tras profesar la fe; no obstante, no se ha estipulado ningún castigo para ellos, ni se les administró ninguno. Por consiguiente, hay muchos versículos como estos que hablan de tales personas que profesaron la fe y más tarde, ya sea por medio de una declaración abierta o por sus acciones, se convirtieron en incrédulos; y se les ha llamado transgresores, incrédulos y apóstatas, aunque no se ha estipulado para ellos ninguna pena de muerte, etc.

Ahora, ¿qué ha dicho el Santo Profeta Muhammad (sa) sobre los apóstatas?

Después de los versículos del Sagrado Corán, observemos lo que el bendito modelo, sobre quien se reveló el Corán, que fue el cumplimiento de la frase “su carácter era el Corán” y puso en práctica sus enseñanzas, ha dicho con respecto a los hipócritas.

El siguiente incidente mencionado en un hadiz de “Sahih Al-Bujari” resuelve definitivamente la cuestión de que según la “Sharia” (Ley islámica) no hay castigo para un apóstata por el simple hecho de abandonar su fe. Pues bien, las palabras del hadiz son: “Hazrat Yabir bin Abdil’lah (ra) afirma que un beduino vino al Santo Profeta (sa) y aceptó el Islam haciendo el juramento de lealtad (‘Baiat’). Al día siguiente, en Medina, el beduino tuvo fiebre, vino a ver al Profeta (sa) y le dijo que le devolviera su promesa; luego regresó y, de nuevo, le pidió que le devolviera su promesa. El Santo Profeta (sa) se negó tres veces y no le respondió. Entonces el beduino abandonó Medina. Entretanto, el Mensajero de Al’lah (sa) dijo: ‘Medina es como un horno, expulsa las impurezas y deja atrás lo puro’.”

Hazrat Maulana Sher Ali Sahib (ra) escribió un libro titulado “Qatl-e-Murtad Aur Islam” (‘Asesinar a un apóstata en el Islam’), que fue preparado bajo la supervisión de Hazrat Jalifatul Masih II (ra), y en el mismo citó este hadiz y escribió:

“El hecho de que el beduino acudiera repetidamente al Mensajero de Dios (sa) demuestra que no existe un castigo estipulado para la apostasía; de lo contrario nunca habría acudido al Profeta (sa). De hecho habría hecho todo lo posible por marcharse sin informar a nadie y no dejar que nadie supiera que se había convertido en apóstata”. Además explica: “Se nos dice que la pena de muerte para los apóstatas ha sido indicada por la ‘Sharia islámica’ y la razón dada es que de esta manera las personas se verán obligadas a seguir siendo seguidoras del Islam. Pero si esto es cierto, entonces, ¿por qué el Santo Profeta (sa) no advirtió de eso a la persona que continuó viniendo a verlo?

Y ¿por qué el Mensajero de Al’lah (sa) no le dijo: ‘Recuerda que el castigo por la apostasía en el Islam es la muerte y si te conviertes en un apóstata morirás?’. Especialmente cuando estaba expresando constantemente su intención de convertirse en apóstata y existía el peligro de que realmente se convirtiera en apóstata y se marchara. En su caso, ¿por qué no se le designó un guarda para que, si se convertía en apóstata y decidía marcharse, pudieran apresarlo e imponerle el castigo (aparentemente) estipulado por la ‘Sharia’? ¿Por qué los Compañeros (ra) no le dijeron: ‘Mira, si quieres salvar tu vida, ni siquiera pienses en convertirte en  apóstata, porque en esta ciudad hay una ley que dice que quien se convierte en apóstata después de hacerse musulmán, es asesinado al instante?’. Así pues, el hecho de que el beduino expresara repetidamente su apostasía y fuera a ver al Profeta (sa), y este no le advirtiera de las consecuencias de la apostasía, ni los Compañeros (ra) ordenaran que lo ejecutaran, saliendo finalmente de Medina sin ningún impedimento, apunta en su totalidad a la clara realidad de que no hay castigo para la apostasía en la ‘Sharia islámica’.

De la misma manera, cuando se fue, hasta cierto punto, el Santo Profeta Muhammad (sa) expresó su satisfacción y dijo que ‘Medina es como un horno que limpia la suciedad de un pozo’. Todo esto demuestra que el Mensajero de Al’lah (sa) se opuso al concepto de obligar a alguien a seguir siendo musulmán y a que se impida a la gente que se haga apóstata utilizando métodos de coacción. De hecho, al Profeta (sa) no le desagradó que una persona impura se separara de la comunidad de musulmanes. En consecuencia, él nunca obligó a nadie a permanecer en el Islam en contra de su voluntad, sino que, según él, si esa persona se marchaba, como dice el refrán: ¡Buen viaje!

Por lo tanto, si era la creencia del Mensajero de Dios (sa) que, una vez que una persona entraba en el Islam, debía ser obligada a seguir siendo musulmana y que si no estaba de acuerdo tenía que ser asesinada, podría haber hecho de él un ejemplo que sirviera de advertencia a los demás. Así pues, el Santo Profeta (sa) debería haberse enfadado porque el beduino se marchara y expresado su descontento con los Compañeros (ra) en cuanto a por qué le dejaron marcharse, y que por qué no lo amenazaron con matarle. El Mensajero de Al’lah (sa) debía haber ordenado a los Compañeros (ra) que lo persiguieran y atraparan a tal miserable hombre donde quiera que estuviera, para que se le aplicara la pena de muerte. Sin embargo, el Profeta (sa) no hizo tal cosa. Por el contrario, sus palabras fueron en el sentido de que ‘es mejor que se haya ido, ya que no era lo suficientemente digno de permanecer entre los musulmanes; Al’lah lo ha alejado de nosotros por Su propia Mano’. Por tanto, el ejemplo de este beduino es una prueba definitiva y categórica de que no existe ningún castigo en el Islam para un apóstata, y que no había tal práctica entre los musulmanes de matar a los apóstatas simplemente por el hecho de que abandonaran su fe.

La segunda prueba del hecho de que en el Islam no hay un castigo prescrito para un apóstata son las condiciones que el Santo Profeta (sa) acordó con los idólatras durante el ‘Tratado de Hudaibiya’. En el hadiz que habla sobre el mismo, Bara bin Azib ha narrado que en ese día el Mensajero de Dios (sa) acordó el tratado con los idólatras con tres condiciones: la primera condición era que si alguien de entre los idólatras se convertía en musulmán e iba junto al Profeta (sa), este lo devolvería a los idólatras. La segunda condición era que si alguien de entre los musulmanes se convertía en apóstata y se iba a vivir con los idólatras, no lo devolverían a los musulmanes. Así, la segunda condición de este tratado muestra claramente que el Islam no ha prescrito ningún castigo para un apóstata, porque si la ‘Sharia islámica’ estipulara la pena de muerte, entonces el Santo Profeta (sa) nunca habría llegado a un acuerdo con los idólatras sobre un asunto que tuviera que ver con un castigo prescrito por la ‘Sharia’. Aparte de esto, hay muchos otros incidentes que dejan evidentemente claro que, durante la vida del Mensajero de Al’lah (sa), algunas personas se convirtieron en apóstatas, pero nunca fueron castigadas debido a su apostasía, y solo sucedió en el caso de que se rebelaran y fueran culpables de hacer la guerra”.

 Por su parte, Hazrat Musleh Maud, Jalifatul Masih II (ra), ha profundizado en esta cuestión a la luz de otro versículo del Santo Corán:

“Pues el Mensajero solo es encargado de la simple entrega del mensaje”, (Sura An-Nur, 24:55).

Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:

“Esto alude al principio fundamental de que, en lugar de la espada, hay que llevar a cabo el ‘tabligh’ (propagar el mensaje del Islam mediante la predicación). El Profeta Abraham (as) también adoptó este mismo principio y la gente de su época recibió el mismo mandamiento de Dios Altísimo de que el deber de Sus Profetas era simplemente transmitir el mensaje y no obligar a la gente mediante el uso de la espada. Este es el resumen de todo el Sagrado Corán, en el sentido de que las personas religiosas utilizan el poder de sus argumentos para convencer a los demás y no lo hacen mediante la coacción. En consecuencia, es una pena que hasta ahora el mundo no haya entendido este punto e incluso entre los musulmanes se considera lícita la muerte como castigo por la apostasía”.

Hazrat Musleh Maud (ra) continúa diciendo:

“Tanto si nuestras doctrinas son falsas o verdaderas, ellos (es decir, sus seguidores) las considerarán, sin duda alguna, como la verdad; al igual que un musulmán considera que su religión es la fe verdadera. Aunque el Cristianismo es falso, la cuestión es: ¿cuál es la opinión de la mayoría de los cristianos del mundo sobre el Cristianismo? En efecto lo consideran como la verdad. De la misma manera, la fe hindú es falsa, aunque de nuevo la cuestión es: ¿cuál es la opinión de la mayoría de los hindúes del mundo sobre su religión? En efecto lo consideran como la verdad. Por su parte, en este momento el judaísmo ya no es verdadero, pero la cuestión es: ¿cuál es la opinión de la mayoría de los judíos respecto al judaísmo? Sin duda lo consideran como la verdad. Por consiguiente, si se considera lícito que uno le quite la vida a alguien simplemente por considerar que su fe es verdadera y la del otro falsa, entonces ¿por qué un cristiano no puede matar a un musulmán o por qué un hindú no tiene derecho a obligar a otros a adoptar la fe hindú, o de lo contrario matarlos? ¿Por qué los seguidores del Confucianismo en China no tienen derecho a obligar a la gente a entrar en su fe? Hay entre 15.000 y 20.000 musulmanes en Filipinas [esta era la cifra en el momento en que Hazrat Musleh Maud (ra) mencionaba esto y ahora hay muchos más musulmanes], entonces ¿por qué los cristianos no tienen derecho a obligar a los musulmanes a aceptar el Cristianismo? ¿Por qué los Estados Unidos no tienen derecho a forzar a los musulmanes que viven en su país a aceptar el Cristianismo? ¿Por qué Rusia no tiene derecho a obligar a la gente a hacerse cristiana o comunista? Porque si los musulmanes tienen derecho a obligar a la gente a adoptar la misma fe que ellos, entonces, lógicamente los demás también deberían tener derecho a hacer lo mismo.

No obstante, ¿podría haber paz en el mundo si se estableciera este derecho? Al establecer ese derecho, ¿puede alguien decir a sus hijos o esposas que es una práctica correcta el que los cristianos tienen derecho a obligar a los musulmanes a convertirse en cristianos? De la misma forma, los musulmanes tendrían derecho a obligar a los cristianos a convertirse en musulmanes; el pueblo de Irán tendría derecho a forzar a los seguidores de la escuela de pensamiento hanafí a convertirse en chiíes; y los hanafíes tendrían derecho a obligar a todos a convertirse en suníes. Por lo tanto, se trata de una noción tan ilógica que nadie puede aceptarla ni siquiera por un minuto.

La verdad es que cuando las naciones de los Profetas anteriores se negaban a aceptar la guía Divina, Al’lah se dirigía a ellas diciendo:

Es decir: ‘(Si no deseáis aceptar la guía), ¿hemos de forzaros a admitirla, si sois contrarios a ella?’, (Sura Hud, 11:29).

Lamentablemente, hay personas entre los musulmanes de esta época presente que rechazan este principio fundamental y observamos que la mayoría de los musulmanes son de esta opinión. Por eso, si el mundo comprendiera este punto, seguramente la crueldad y las injusticias, tanto en el ámbito religioso como en el político, llegarían a su fin; y la gente no impondría por la fuerza su fe a los demás ni trataría de imponer sus programas políticos a otros países.

El Mesías Prometido (as) también manifiesta:

“No sé de dónde y de quién han oído nuestros oponentes que el Islam fue extendido por la espada, pues Dios afirma en el Santo Corán:

‘No ha de existir coacción en la religión’, (Sura Al-Baqarah, 2:257).

Por tanto, ¿quién dice que hay compulsión en la religión? ¿Y qué medios había incluso para ejercer esta compulsión? Y los que son obligados a convertirse en musulmanes, ¿demuestran tanta sinceridad y fe como los que, sin recibir ningún tipo de remuneración y a pesar de ser solo 200 o 300 personas, lucharon contra miles de personas? Estos son los mismos que cuando llegaron a ser miles en número, derrotaron al enemigo que consistía en cientos de miles. ¿Acaso ofrecieron sus cuellos a la fuerza para ser sacrificados como ovejas y cabras en vistas a defender su fe del enemigo? ¿Acaso fueron obligados a presentar su sangre para que sirviera de testimonio de la veracidad del Islam? Pues bien, estos son los que estaban tan apasionadamente dedicados a difundir la Unidad de Dios, que soportaron las dificultades como derviches y llegaron a los desiertos de África y propagaron el mensaje del Islam por sus tierras, y aguantaron todo tipo de dificultades y viajaron tan lejos como China, pero no para hacer la guerra, sino como simples derviches; y al llegar a esa tierra, transmitieron el mensaje del Islam y a través de su bendito discurso, millones de personas estuvieron dispuestas a aceptar el Islam en esas tierras. Luego viajaron a la India como simples derviches e introdujeron el mensaje del Islam a un gran número de seguidores de la fe ‘arya’ y además hicieron que la declaración de ‘no hay más dios que Al’lah’ resonara en las fronteras de Europa. ¿Podéis decir sinceramente si esto pudo ser obra de aquellos que se vieron obligados a convertirse en musulmanes, cuyos corazones no creían y se limitaron a expresar su fe verbalmente? ¡No! De hecho, esta es la obra de aquellos cuyos corazones están llenos de la luz espiritual de la fe y de la creencia en Dios”.

A la luz de estos versículos coránicos y dichos del Profeta (sa), está probado que no hay pena de muerte por apostasía. Sin embargo, si el castigo por apostasía no es la muerte, entonces ¿por qué Hazrat Abu Bakr (ra) mató a los que se convirtieron en apóstatas u ordenó que los mataran? El hecho es que si estudiamos la historia del Islam podemos comprender fácilmente que aquellos que cometieron apostasía durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra) no solo se convirtieron en apóstatas, sino que de hecho fueron culpables de rebelión, y además con intenciones sanguinarias. No solo urdieron estratagemas malvadas para lanzar un ataque contra Medina y matar a los musulmanes, sino que también se apoderaron de musulmanes en varias zonas y los mataron sin piedad. Les cortaron las extremidades y los golpearon y quemaron vivos. Por consiguiente, estos apóstatas fueron culpables de cometer graves delitos como crueldades, injusticias, asesinatos, rebelión y saqueo. En consecuencia, como propósito de defensa y represalia, se emprendió una guerra contra esa gente que habían alzado sus armas, y de acuerdo con el versículo:

‘La recompensa de un daño es un daño similar’, (Sura Ash-Shura, 42:41).

Por lo tanto, se les impuso un castigo igual al que habían cometido y fueron asesinados debido a los crímenes que habían realizado”.

Ahora presentaré algunos detalles de los libros de historia.

Por ejemplo, se menciona en el “Tarij Al-Jamis” lo siguiente:

“Jariyah bin Hisn, que era uno de los apóstatas, tomó algunos jinetes de entre su gente y se dirigió hacia Medina. Su intención era detener a la gente de Medina incluso antes de que pudieran salir a luchar; o lanzar un ataque repentino sin que ellos tuvieran conocimiento alguno de ello. Posteriormente, atacó a Hazrat Abu Bakr (ra) y a los musulmanes que lo acompañaban en un momento en el que estaban completamente desprevenidos. Los apóstatas no solo atacaron Medina, sino que cuando Hazrat Abu Bakr (ra) les infligió la derrota, (estos rebeldes) mataron a los musulmanes fieles que vivían entre sus diferentes tribus”.

También mencioné esto en el sermón anterior; o sea, que a pesar de vivir entre estas tribus que se habían convertido en apóstatas, se muchos fieles se mantuvieron firmes en el Islam.

Por su parte, Alama Al-Tabari narra:

“Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) derrotó a las tribus que se lanzaron un ataque, los Banu Zubyan y Abs comenzaron a atacar a los musulmanes que vivían entre ellos y los mataron de todas las maneras posibles. Después, otras tribus hicieron lo mismo”, (es decir, mataron a los que se mantuvieron firmes en el Islam).

Luego, Alama Ibn Azir relata:

“Las tribus de Abs y Zubyan comenzaron a matar sin piedad a los musulmanes que vivían entre ellos y tras esto otras tribus comenzaron a hacer lo mismo. Por tanto, Hazrat Abu Bakr (ra) juró matar a todas aquellas personas que pertenecieran a estas tribus y estuvieran involucradas en la matanza de los musulmanes”.

Como se ha mencionado, tras la muerte del Santo Profeta (sa), los que se convirtieron en apóstatas no lo hicieron simplemente respecto a su fe, sino que, de hecho, se rebelaron contra el gobierno islámico: tomaron la espada, atacaron Medina y también mataron a los musulmanes que vivían entre sus tribus, arrojándolos al fuego y mutilándolos.

Asimismo, se ha registrado en “Tarij Al-Tabari” (‘La historia de Al-Tabari’) lo siguiente:

En este libro aparece con referencia a Hazrat Jalid bin Walid (ra), que cuando las tribus de los Asad, Ghatfan, Hawazin, Sulaim y Tay fueron derrotadas, Jalid bin Walid (ra) no aceptó sus disculpas a menos que trajeran ante él a aquellos que se convirtieron en apóstatas y arrojaron a los musulmanes al fuego, los habían mutilado y realizado además otras crueldades contra ellos.

Luego, Alama Ibn Jaldun escribe:

“Estas tribus apóstatas pertenecientes a la tierra árabe se dirigieron hacia Medina para luchar contra Hazrat Abu Bakr (ra) y los musulmanes. El libro ‘Tarij Al-Tabari’ relata que fueron las tribus de Abs y Zubyan las primeras que lanzaron un ataque. A continuación, Hazrat Abu Bakr (ra) tuvo que luchar contra ellos antes de que Hazrat Usama (ra) pudiera regresar”.

Alama Ibn Jaldun prosigue:

“La tribu de Rabia se volvió apóstata y nombró a Munzir bin Numan, conocido como Maghrur, como su líder”.

Por otro lado, Alama Aini, el cronista de “Sahih Al-Bujari”, explica que:

“La razón por la que Hazrat Abu Bakr (ra) luchó contra aquellos que se negaron a pagar el ‘Zakat’ fue porque rechazaron pagarlo con la amenaza de sus espadas y comenzaron una guerra contra la Umma (comunidad) musulmana”.

Asimismo, Alama Al-Shawkani escribe:

“Después de mencionar varios detalles sobre la apostasía que tuvo lugar tras la muerte del Santo Profeta (sa) y aquellos que se negaron a pagar el ‘Zakat’, el Imam Jattabi ha escrito que estas personas eran de hecho rebeldes y la razón por la que han sido denominados ‘apóstatas’ es porque se infiltraron entre aquellos que se habían convertido en apóstatas”.

Un autor de historia se ha referido repetidamente en su libro a los apóstatas como rebeldes y explica:

“Cuando la noticia de la muerte del Santo Profeta Muhammad (sa) se extendió a lo largo y ancho de la tierra árabe y las llamas de la apostasía comenzaron a encenderse en todas direcciones, estas fueron más intensas en Yemen. A pesar del hecho de que Ansi, que fue quien instigó esto, había sido asesinado, no obstante, Musailma de los Banu Hanifah y Tulaiha de los Banu Asad proclamaron ser profetas, y reunieron el apoyo de miles de personas. La gente comenzó a decir que el profeta perteneciente a las tribus confederadas de los Banu Asad y Ghatfan era más amado que el Profeta (sa) de los qureish, porque Muhammad (sa) había fallecido y Tulaiha todavía estaba vivo.

Posteriormente, cuando las noticias de estos rebeldes llegaron a Hazrat Abu Bakr (ra), este proclamó: ‘Seguiremos esperando hasta que recibamos un informe completo de estos incidentes por parte de los gobernadores y líderes designados en esas áreas’; pero no habían pasado muchos días cuando empezaron a recibir informes de esos gobernadores y se vio claramente por estos informes que los rebeldes no solo representaban una amenaza para el gobierno islámico, sino que además significaban una amenaza muy seria para aquellos musulmanes que se habían mantenido firmes en su fe, y no apoyaron a los rebeldes, a pesar de la tormenta de apostasía. Entretanto, a la luz de tales circunstancias, Hazrat Abu Bakr (ra) no tuvo otra opción que desafiar a los rebeldes con todas sus fuerzas, infligirles la derrota y tomar el control de la situación”.

 

Otro autor ha escrito lo siguiente:

“Hazrat Abu Bakr (ra) buscó aplastar a los apóstatas, quienes en varias partes de la tierra árabe estaban instigando una rebelión y como resultado de ello representaban una grave amenaza para el Islam y sus seguidores”.

Otro autor más escribe:

“Tras la muerte del Santo Profeta (sa), muchos de los líderes tribales se volvieron apóstatas y todos se convirtieron en gobernantes independientes de sus respectivas áreas. Según los investigadores, esta apostasía se debió principalmente a factores políticos y muy poco a motivos religiosos. En los últimos días de la vida del Profeta (sa), algunos de los líderes de estas tribus árabes trataron de usar la religión para disfrazar su rebelión política afirmando ser profetas”.  

 Estos relatos seguirán narrándose en el futuro, si Dios quiere.

Por consiguiente, el resumen de estas distintas referencias históricas es que esas tribus, que se volvieron apóstatas, se negaron a pagar el “Zakat”; o sea, detuvieron por la fuerza el impuesto legislado por el gobierno y en algunas zonas incluso lo saquearon. También prepararon sus ejércitos y atacaron Medina, la ciudad-capital del gobierno islámico; mataron a los musulmanes que se negaron a convertirse en apóstatas y algunos de ellos fueron quemados vivos. Por ello, el castigo de ser asesinado se había vuelto obligatorio para estos apóstatas, dado que eran culpables de rebelarse contra el gobierno, robar sus riquezas, matar a los musulmanes y quemarlos vivos.

Como dice el Sagrado Corán, (Sura Ash-Shura, 42:41):

Lo que significa que una persona que comete un delito debe ser castigada de acuerdo con el delito que ha cometido.

En otro caso se afirma (Sura Al-Maida, 5:34):

Es decir:

“La retribución de quienes hacen la guerra contra Al-lah y Su Mensajero e intentan sembrar la discordia en la tierra sólo será ésta: que sean ajusticiados o crucificados, o que se les corte las manos y los pies alternativos o que sean expulsados del país. Será una desventura para ellos en este mundo, y en el Futuro sufrirán un gran castigo;”.

Esto se refiere a aquellos que combaten contra el Santo Profeta Muhammad (sa) y sus Sucesores (ra) o el gobierno islámico, porque no se puede combatir contra Al’lah. De todas formas, nadie puede herir a Dios con su mano, ni con piedras, flechas o espadas; o sea, no se puede hacer la guerra contra ellos [el Mensajero (sa) y sus Sucesores (ra)].

La continuación de la cláusula mencionada anteriormente aclara lo que significa hacer la guerra contra Dios y Su Mensajero (sa). Pues bien, la explicación es que aquellos que hacen la guerra contra Al’lah y Su Profeta (sa), o que crean desorden en otros mundos, asesinan, saquean y emprenden una rebelión armada en la Tierra, su castigo es

que sean asesinados o crucificados.

En todo caso, como dije –y me he extendido un poco más– el resto se mencionará en el futuro, si Dios quiere.

Ahora, deseo mencionar a algunos miembros fallecidos de la Comunidad cuyas oración fúnebre dirigiré después de las oraciones del viernes.

La primera mención es la del respetado Sr. Muhammad Bashir Shad, un misionero jubilado que residía en Estados Unidos y que  ha fallecido a la edad de 91 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia a Él volveremos!

Su padre aceptó el Ahmadíat en 1926 y él, tras completar la escuela secundaria en 1945, se matriculó en la “Madrassa Ahmadía” (‘Escuela Ahmadía’). En 1952 aprobó y obtuvo una buena posición en el “examen de árabe Fazil”. También obtuvo su título de “Shahid” de la “Yamiatul Mubashirin” (‘Universidad de misioneros’) en 1954 y luego estudió medicina durante un año. Sirvió en “Wakalat-e-Tabshir” (departamento de los misioneros) de Rabwah, entre 1956 y 1957. Luego fue enviado como misionero a Sierra Leona en 1958, donde sirvió en varias zonas. Durante ese tiempo, estableció una imprenta en ese país. Más tarde fue asignado a Nigeria, donde realizó un buen trabajo. Posteriormente, lo llamaron de Nigeria después de tres años y en 1964 lo enviaron a Nigeria una vez más.

En 1967, el difunto realizó una gira de predicación por Benin, donde Dios Altísimo le permitió predicar a la población local, como resultado de lo cual aceptaron el Ahmadíat. Durante el viaje de Hazrat Jalifatul Masih III (rh) a África en 1970, cuando fue a Kano, entregó un regalo a Hazrat Jalifatul Masih III (rh) de cien nuevos conversos, por lo que Su Santidad (rh) expresó su gran alegría, dirigió una oración en silencio (‘dua’) y luego regaló su bendito turbante a Bashir Shad Sahib.

En 1970, mientras regresaba, tuvo la bendita oportunidad de realizar la “Umrah” (visita a los lugares sagrados de La Meca). En 1983, el difunto fue nombrado secretario del “Mayilis Karpurdaz Bahishti Maqbarah” (Comité encargado de los asuntos del Cementerio Celestial) de Rabwah. Más tarde, cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) tuvo que emigrar de Pakistán en 1984, tras la ordenanza que se aprobó contra la Yamat, se pronunció un sermón, el día antes de la emigración, en presencia de Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) y Bashir Sahib tuvo el honor de dirigirlo. Por esta razón es también parte de la historia del Ahmadíat. Finalmente, en 1988, por motivos personales, el difunto envió una solicitud a Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) solicitando la jubilación, que fue aceptada, tras lo cual Bashir Sahib se mudó a Estados Unidos.

Le sobrevive su esposa, la respetada Sra. Nasrin Ajtar Shad, un hijo y cuatro hijas.

¡Que Dios Altísimo otorgue Su perdón y misericordia, y permita a sus hijos permanecer siempre firmemente apegados a la Comunidad y al Jalifato!

La siguiente mención es para el Sr. Rana Muhammad Siddiq, hijo de Rana Ilam Din Sahib de Malianwala, distrito de Sialkot, quien falleció recientemente:

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y hacia a Él volveremos!

El padre del difunto fue a Qadián en 1938 y aceptó Ahmadíat. El fallecido solía ofrecer oraciones y ayunos, así como la oración de “tahayud” (oraciones voluntarias de mitad de la noche) y era una persona devota, valiente e intrépida. Tenía un profundo amor por el Jalifato y siempre actuó según las instrucciones del Jalifa. Además, exhortó a todos sus hijos a permanecer apegados a la Comunidad y a amar y obedecer al Jalifa de la época. Debido a la oposición hacia la Yamat, tuvo que enfrentarse a circunstancias difíciles en 1974 y 1984, pero las soportó con firmeza.

Le sobreviven su esposa, seis hijos y una hija.

Uno de sus hijos, el Sr. Rana Muhammad Akram Mahmud, sirve como misionero en Nigeria y no pudo asistir al funeral de su padre debido a que estaba trabajando en la predicación. Su madre ya falleció en 2018 y él tampoco pudo estar presente en ese momento.

¡Que Dios Altísimo le conceda paciencia y resignación a su hijo misionero; y perdón y misericordia al difunto!

La última mención es para el respetado Dr. Mahmud Ahmad Jawaya de Islamabad, quien murió recientemente:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!

El fallecido tenía 78 años y  por la gracia de Dios Altísimo era “musi” (integrante del sistema ‘Al-Wasiyat’).

El Ahmadíat se estableció en su familia a través de su padre, el Sr. Jawaya Muhammad Sharif, quien lo aceptó por un sueño que tuvo durante la época de Hazrat Jalifatul Masih II (ra). Era una persona muy piadosa, razón por la que Dios Altísimo le instruyó tres veces, en diferentes sueños, para que aceptara al Mesías Prometido (as), a pesar de que el resto de su familia se oponía a la Yamat. Así pues, finalmente aceptó el Ahmadíat.

El Dr. Mahmud Jawaya obtuvo su educación inicial en Peshawar y más tarde obtuvo su maestría (MSc) en química por la Universidad de Peshawar, en 1966. Ya en 1973, obtuvo su doctorado en la Universidad de La Trobe en Melbourne, Australia. Luego, enseñó en varias universidades de Pakistán y otros países extranjeros. Yo lo conocí por primera vez cuando enseñaba en la Universidad de Cape Coast en Ghana y noté que era una persona de naturaleza muy sencilla, humilde y abnegada. Fue un excelente erudito e investigador. Además, era muy respetado como investigador académico tanto en Pakistán como en el extranjero. Estaba casado con la Sra. Amatul Qayyum, hija del Sr. Chaudhry Ikramul’lah y tienen un hijo y una hija.

Junto con su esposa, el Dr. Mahmud Jawaya trabajó bajo el esquema de “Nusrat Yahan” (que promocionaba la construcción de escuelas y hospitales en África Occidental) de 1979 a 1984 y sirvió en Sierra Leona.

Su hijo, el Dr. Tariq Jawaya, dice:

“Él recitaba mucho el Sagrado Corán, particularmente en Ramadán, aparte de leer su traducción con gran atención y concentración. Hacía hincapié en el hecho de que los mandamientos de Dios, Su Mensajero (sa) y el Jalifa deben transmitirse exactamente con las mismas palabras, ya que la más mínima desviación en la redacción podría dar un significado completamente diferente”.

El Sr. Abdul Bari, amir (presidente) del distrito de Islamabad escribe:

“Tanto el Sr. Jawaya como yo tuvimos la oportunidad de servir en Sierra Leona bajo el esquema de ‘Nusrat Yahan’. Al regresar a Pakistán, trabajó inicialmente en una institución gubernamental, tras lo cual se mudó a Islamabad, donde se unió al SDPI (Instituto de políticas de desarrollo sostenible). Era un hombre de fama y, a pesar de su popularidad, trabajaba con mucha sinceridad. Luchó para eliminar las sustancias químicas dañinas de los productos alimenticios, los sistemas de riego y de los productos de maquillaje y belleza, y obtuvo reconocimiento internacional por este trabajo. También es autor de varios libros sobre este tema”.

El Sr. Bari dice que cada vez que escribía un libro, le enviaba una copia.

Y continúa diciendo:

“Ahora tengo bastantes libros suyos. Era un áhmadi muy sincero. Amaba al Jalifato y ayudaba a los ‘juddam’ (jóvenes áhmadis) a reconocer sus defectos por el bien de su formación moral”.

Científicos, representantes de ministerios gubernamentales, rectores y profesores universitarios, directores de ONG’s y sociedades civiles de Pakistán, Alemania, Suecia, Burkina Faso, Estados Unidos, Azerbaiyán, Suiza, Nigeria, Egipto, Bahrein y varios otros países han enviado mensajes de condolencia por el fallecimiento del Sr. Jawaya Mahmud. Hay muchos mensajes que sus hijos también me enviaron, pero solo leeré uno como ejemplo.

El Sr. Charles G. Brown, presidente de la “Alianza mundial para la odontología libre de mercurio de Washington DC” de Estados Unidos, manifiesta:

“El Dr. Mahmud Jawaya fue un funcionario único, inteligente y de valor incalculable. Sus magníficos trabajos científicos sobre nuevos descubrimientos de sustancias químicas tóxicas han aumentado el nivel de estudios sobre ello y son vitales para proporcionar una base a instituciones gubernamentales y privadas. A través de organizaciones internacionales, sus esfuerzos durante décadas han hecho realidad acuerdos entre las naciones; ha ayudado a fomentar la armonía mutua entre las sociedades civiles y a reducir las toxinas en Pakistán. En 2019, recibió el premio PBC (Premio del presidente del consorcio de la cuenca del Pacífico para el medio ambiente y la salud). Entre los muchos logros del Dr. Mahmud, uno era ser presidente de una Asociación Médica Internacional. De los médicos elegidos para este cargo hasta ahora, él es el único doctor que no era médico, pero tenía un doctorado”.

De manera similar, muchos otros científicos lo han elogiado, incluidos médicos de Alemania y Suiza.

¡Que Dios Altísimo conceda al difunto perdón y misericordia, otorgue paciencia a la familia y les permita continuar con sus virtudes!

Resumen

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) continuó mencionando sobre el desorden que surgió durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra).

Su Santidad (aba) dijo que la gente de varias tribus de Arabia comenzó a apartarse del Islam y a levantar desórdenes. Al mismo tiempo, los judíos y los cristianos asomaban la cabeza porque percibían que el Islam era débil. Además, Hazrat Abu Bakr (ra) fue advertido de que la gente creía que el ejército de Hazrat Usama (ra) era el último que quedaba de los musulmanes, y por lo tanto el ejército no debía ser enviado. Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que aunque supiera que sería atacado por todos lados, no iría en contra de la instrucción dada por el Santo Profeta (sa).

¿Es la muerte el castigo por la apostasía?

Su Santidad (aba) dijo que estos incidentes pueden dar lugar a la pregunta de si el castigo por la apostasía es la muerte. Después de la muerte del Santo Profeta (sa) mucha gente abandonó la fe, o se alejó y se opuso al Zakat. Los libros de historia han registrado a todos ellos como apóstatas, y fue contra esta gente que luchó Hazrat Abu Bakr (ra). Los historiadores han deducido que como Hazrat Abu Bakr (ra) llevó a cabo la Yihad contra esta gente, ello significa que el castigo por la apostasía es la muerte. Estos historiadores han alabado a Hazrat Abu Bakr (ra) como el héroe del Khatm-e-Nabuwwat. Sin embargo, durante la era del Jalifato Guiado, el concepto de la finalidad de la profecía nunca estuvo en peligro.

Su Santidad (aba) dijo que es necesario ver si el Sagrado Corán y la práctica del Santo Profeta (sa) han establecido la muerte como el castigo por la apostasía, o cualquier otro castigo para ese asunto. Su Santidad (aba) dijo que en la terminología islámica, la apostasía se refiere a quienes se desprenden de la fe y se apartan completamente de ella. Además, la apostasía se menciona en varias ocasiones en el Sagrado Corán, sin embargo no se menciona ningún castigo mundano.

Y aquél de vosotros que abandone su fe y muera como incrédulo, será de aquellos cuyas obras serán vanas en este mundo y en el otro. Son los moradores del Fuego y allí vivirán. (2:218)

Su Santidad (aba) dijo que este versículo muestra claramente que el castigo por la apostasía no es la muerte. En otra ocasión en el Sagrado Corán se dice:

¡Oh vosotros, los que creéis! Quienes de vosotros renieguen de su religión, que sepan que, en su lugar, Al-lah traerá pronto a un pueblo al que Él amará y que le amará a Él, y que serán amables y humildes con los creyentes, pero duros y firmes con los incrédulos. Se sacrificarán por la causa de Al-lah y no temerán el reproche del que se dedica a censurar. Ésa es la gracia de Al-lah; Él la concede a quien le place; pues Al-lah es Magnánimo, Omnisciente. (5:55)

Su Santidad (aba) dijo que aquí se menciona que otras personas serán traídas en lugar de los apóstatas; no se menciona que el castigo por la apostasía sea la muerte. Luego, otro versículo aclara aún más el asunto:

A quienes creen, dejan de creer, creen de nuevo, otra vez dejan de creer y luego aumentan en su incredulidad, Al-lah nunca los perdonará ni los guiará al camino recto. (4:138)

Su Santidad (aba) dijo que, por lo tanto, está claro que no hay pena de muerte para la apostasía. El Cuarto Califa (rh) expuso que si el castigo por la apostasía fuera la muerte, entonces no habría la oportunidad para un apóstata de volver a la creencia después de descreer, como se menciona en el versículo anterior.

No hay coacción en la religión

Además, el Sagrado Corán enseña que no hay coacción en materia de religión:

No ha de existir coacción en la religión. Ciertamente, lo recto ha quedado separado de lo erróneo; así, quien se niegue a ser conducido por los pecadores, y crea en Al-lah, ha agarrado con seguridad una empuñadura fuerte, que no tiene grietas. Y Al-lah es quien todo lo oye, Omnisciente. (2:257)

Su Santidad (aba) dijo que el Corán estipula claramente que no hay coacción en la religión, por lo que no puede haber ningún castigo mundano por la apostasía. El Sagrado Corán también menciona a los hipócritas en muchas ocasiones, que han sido descritos como malvados y sus acciones aún peores que las de los apóstatas. Sin embargo, tampoco se menciona ningún castigo mundano para las personas simplemente por su hipocresía. Por ejemplo:

Diles: “Aunque gastéis voluntaria o involuntariamente, no se os aceptará. Sois, en realidad, un pueblo desobediente”. (9:53)

Su Santidad (aba) dijo que un capítulo entero del Sagrado Corán fue revelado con respecto a los hipócritas en el que se dice:

Han hecho de sus juramentos un escudo; de este modo apartan a los hombres del camino de Al-lah. Qué perverso es en verdad lo que han estado haciendo. (63:3)

Su Santidad (aba) dijo que está claro que no hay pena de muerte para estas personas a la luz de las enseñanzas coránicas. Entonces, cuando miramos el ejemplo del Santo Profeta (sa) a quien fue revelado el Sagrado Corán, vemos que no había ningún castigo en el Islam para la apostasía. Una vez hubo una persona que se acercó al Santo Profeta (sa) y le pidió que rescindiera su promesa de lealtad tres veces. El Santo Profeta (sa) no respondió y la persona acabó abandonando Medina. Si el castigo por la apostasía fuera la muerte, entonces esta persona nunca lo habría declarado abiertamente al Santo Profeta (sa) y en su lugar habría tratado de abandonar Medina en secreto. Además, si el castigo por la apostasía era la muerte, ¿por qué el Santo Profeta (sa) no le advirtió de ello? ¿Por qué el Santo Profeta (sa) no ordenó que se le vigilara para que, si intentaba salir, lo mataran? ¿Por qué no hubo compañeros que le aconsejaran que lo reconsiderara ya que el castigo sería la muerte? El hecho de que nada de esto ocurriera demuestra claramente que no hay pena de muerte por la apostasía.

Su Santidad (aba) dijo que otra prueba es que durante el establecimiento del Tratado de Hudaibiyah, una de las condiciones era que si alguno de los musulmanes se convertía en apóstata, los Quraish no lo devolverían a los musulmanes. Si el castigo en el Islam por la apostasía fuera la muerte, entonces el Santo Profeta (sa) nunca habría aceptado esta condición. Sin embargo, el hecho de que aceptara demuestra que no hay pena de muerte para la apostasía.

Cómo el Sagrado Corán enseña a difundir el Islam

Su Santidad (aba) citó al Segundo Califa, Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra), quien afirma que al estudiar el Sagrado Corán queda claro que la intención del Corán es que la fe se difunda mediante pruebas y argumentos, no por la espada o la fuerza. Por lo tanto, en el Islam no se castiga la apostasía. Si está permitido matar a los que no se ajustan a las propias creencias, ¿por qué los cristianos o las personas de otras creencias no tienen derecho a matar a los que no aceptan sus creencias? Por lo tanto, es completamente contradictorio con la razón pensar que puede haber alguna fuerza u obligación en estos asuntos. No se puede obligar a nadie a alcanzar la orientación. Si el mundo entendiera esto, entonces se acabaría la crueldad y la injusticia, especialmente en nombre de la religión.

Por qué Hazrat Abu Bakr (ra) tomó las armas

Su Santidad (aba) dijo que está demostrado que el castigo por la apostasía no es la muerte. Pero entonces, ¿por qué Hazrat Abu Bakr (ra) tomó las armas contra ellos? Su Santidad (aba) explicó que no sólo la gente de su tiempo era apóstata, sino que también eran rebeldes, que se alzaron en armas contra los musulmanes y estaban causando un gran desorden. El Sagrado Corán establece que la recompensa debe ser igual al crimen. Esta gente no sólo atacó Medina, sino que también atacaba a gente inocente. Cometían crímenes incalificables contra aquellos que se mantenían firmes en su fe en el Islam. Aquellos que se oponían al Zakat buscaban acabar con él con la espada, y fue así como Hazrat Abu Bakr (ra) tuvo que luchar contra ellos.

Su Santidad (aba) dijo que continuaría con este tema en futuros sermones. En resumen, Su Santidad (aba) dijo que los que se oponían al Zakat y los apóstatas tomaron la espada, robaron del tesoro, mataron a musulmanes inocentes, incluso los quemaron vivos, entre otros crímenes atroces. Y como dice el Sagrado Corán, la recompensa debe ser igual al crimen. Por eso, Hazrat Abu Bakr (ra) luchó contra ellos.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres de los siguientes miembros fallecidos:

Muhammad Bashir Shad

Muhammad Bashir Shad, que era un misionero jubilado que residía en los Estados Unidos. Sirvió como misionero en Pakistán, Sierra Leona (donde también estableció una imprenta), Nigeria y Benín. Una vez, mientras el Tercer Califa (rh) visitaba África, Muhammad Bashir Shad Sahib le regaló cien nuevos ahmadíes. Cuando el Cuarto Califa (rh) estaba a punto de emigrar de Pakistán, Muhammad Bashir Shad Sahib fue quien pronunció el sermón del viernes en presencia del Cuarto Califa (rh). Le sobreviven su esposa, un hijo y cuatro hijas. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah el Todopoderoso le conceda su perdón y misericordia y permita a sus hijos permanecer unidos a la Yamat y al Jilafat.

Rana Muhammad Siddiq

Rana Muhammad Siddiq que ha fallecido recientemente. Era regular en las oraciones y en los ayunos, poseía muchas cualidades virtuosas y estaba muy apegado al Jilafat. También aconsejaba a sus hijos que se mantuvieran siempre apegados al Jilafat. Le sobreviven seis hijos y una hija. Uno de sus hijos es misionero en Nigeria y no pudo asistir al funeral. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah le conceda paciencia y para que Al’lah conceda al difunto el perdón y la misericordia.

Dr. Mahmood Ahmad Khawaja

El Dr. Mahmood Ahmad Khawaja, de Islamabad, ha fallecido recientemente. Estudió en Pakistán y en el extranjero, y también enseñó en universidades de Pakistán y del extranjero. Su Santidad (aba) dijo que lo conoció cuando enseñaba en una universidad de Ghana y lo vio humilde, desinteresado, sencillo y un excelente investigador. Le sobreviven un hijo y una hija. También prestó sus servicios en Sierra Leona en el marco del programa Nusrat Yahan. Estudiaba intensamente el Sagrado Corán e intentaba poner en práctica sus enseñanzas de la mejor manera posible. Era muy conocido y respetado por su trabajo. Sin embargo, seguía siendo humilde y era un ahmadi muy sincero. Muchas personas de todo el mundo han enviado mensajes de condolencia. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah conceda el perdón y la misericordia al fallecido, conceda paciencia a su familia y les permita continuar con sus virtuosas cualidades.

Resumen preparado por The Review of Religions

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