En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los atributos de los verdaderos creyentes

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahud, Taáwuz y Sura Al-Fatiha, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) recitó el versículo 42 de Surah al-Hall y luego declaró:

Esto significa:

“Aquellos que, si los establecemos en la tierra, cumplen la Oración y pagan el Zakat, ordenan el bien y prohíben el mal. Pues en Al’lah está el destino final de todos los asuntos.”

En este versículo, Dios Altísimo ha llamado la atención de los creyentes sobre el hecho de que los verdaderos creyentes son aquellos que, tras haber adquirido poder después de un período de debilidad y angustia -al alcanzar un alto nivel de satisfacción y mejores condiciones para poder adorar libremente y seguir su religión-, no se dedican a sus deseos e intereses personales. Por el contrario, establecen la oración, prestan atención a sus oraciones, pueblan sus mezquitas, sirven a la humanidad y gastan su riqueza en los pobres y los humildes mientras temen a Dios Altísimo. Hacen sacrificios por la propagación de la fe. Purifican su riqueza al gastarla para la propagación de la fe de Dios. Son conscientes de realizar buenas obras y también exhortan a otros a hacer lo mismo y también a cumplir con los derechos de Dios Altísimo y Sus siervos. Se abstienen de los vicios y también impiden que otros cometan pecados. Como hacen todo esto por temor a Dios Altísimo y para actuar de acuerdo con Sus mandamientos, entonces Dios Altísimo se asegurará de que sus actos produzcan los mejores resultados. La razón es que Dios Altísimo es el que decide el resultado de todo. Por lo tanto, cualquier cosa que se haga siguiendo las instrucciones y el mandato de Dios Altísimo, y con temor de Él en el corazón, ciertamente tendrá un excelente resultado. Por lo tanto, si cada uno de nosotros entendiese este principio, entonces continuamente recibiríamos las bendiciones de Dios Altísimo.

Habéis construido una mezquita aquí en Mahdi Abad; del mismo modo, se ha inaugurado una mezquita recientemente en Fulda y Giessen. Por la gracia de Dios Altísimo, bajo el objetivo de las 100 mezquitas, la Comunidad en Alemania ha tenido la oportunidad de construir varias mezquitas. Ciertamente, los miembros de la Comunidad están haciendo sacrificios financieros para la construcción de estas mezquitas para que puedan elevar los estándares de su adoración y actuar según los mandamientos de Dios Altísimo.

Habiendo migrado a este país desde Pakistán, nuestra situación financiera ha mejorado. Esto debería atraer la atención de todos hacia gastar en el camino de Dios Altísimo y construir Su casa, donde podamos reunirnos y ofrecer con regularidad la oración, ofrecerla en congregación y crear tal condición en nuestras oraciones que atraiga la atención pura de Dios Altísimo hacia nosotros.

De esta manera podemos cumplir libremente con los derechos de adoración de Dios Altísimo. No tenemos libertad religiosa en Pakistán. Allí, la ley del país no nos permite construir mezquitas y no nos permite adorar libremente para cumplir con los derechos de Dios Altísimo y adorarLe. Aquí, estamos construyendo mezquitas para cumplir con los derechos de Dios Altísimo y Él también nos ha bendecido económicamente. Todos deberíamos ser conscientes de esto. Por lo tanto, también debemos cumplir con los derechos de la creación de Dios y, de hecho, lo estamos haciendo. Hemos prometido lealtad al Mesías Prometido (as) para mejorar nuestro estado espiritual y moral. Por lo tanto, nuestras mezquitas atraen nuestra atención hacia este hecho y así debería ser. Por lo tanto, todos los áhmadis que viven aquí deben desarrollar esa mentalidad y hacer todo lo posible para actuar de acuerdo con esto. Debéis desarrollar este sentimiento en vuestros corazones y debéis demostrarlo a través de vuestras acciones; de lo contrario, la construcción de mezquitas no aportará ningún beneficio.

Todos los áhmadis debemos recordar que su objetivo no se cumplirá mediante la construcción de mezquitas, sino que se cumplirá cuando sinceramente dirijan su atención hacia la adoración de Dios Altísimo, y cuando ofrezcan regularmente sus oraciones, cuando vayan a la mezquita para ofrecer las oraciones en congregación y dirijan su atención hacia Dios Altísimo durante las oraciones. Si vuestra atención se desvía hacia otro lugar, la redirigís de inmediato hacia la oración y hacia Dios Altísimo. Su objetivo se cumplirá cuando comprendamos que tenemos la oportunidad de conversar con Dios Altísimo durante las oraciones. No debemos simplemente inclinar la cabeza o postrarnos o simplemente repetir las palabras en árabe. Más bien, también debemos conversar [con Dios] en nuestro propio idioma. Debemos tratar de ofrecer oraciones de manera que tengamos una audiencia con Dios Altísimo.

Al explicar las cualidades de una persona recta, las cualidades de un verdadero creyente, el Mesías Prometido (as) afirma que:

“Son aquellos que ofrecen con regularidad la oración. Afianzan la oración. Un persona justa es aquella que pone todo su esfuerzo en afianzar la oración. Es decir, cuando su oración declina o se debilita, la fortalecen y la enderezan una vez más”.

El Mesías Prometido (as) afirma que una persona recta teme a Dios Altísimo y ofrece con regularidad la oración. En este estado, uno puede sentir ansiedad y miedo, que pueden convertirse en una distracción en el camino de Dios. Las distracciones y los pensamientos en el corazón desvían la atención hacia Dios Altísimo. Estas distracciones y pensamientos en el corazón de una persona, que desvían su atención de Dios Altísimo, son en realidad la definición del declive de la oración. Enderezarla y fortalecerla una vez más implica volver a dirigir la atención hacia Dios Altísimo. El Mesías Prometido (as) declara:

“Sin embargo, si el corazón rebosa de rectitud, entonces una persona justa, es decir, un verdadero creyente afianza la oración a pesar de esa lucha sin cuartel de su alma”.

Es decir, la oración entra en declive y, a veces, nuestra atención se desvanece hacia otra parte. Sin embargo, la rectitud requiere que hagamos un esfuerzo y afiancemos la oración una vez más; para volver nuestra atención hacia la oración y hacia Dios Altísimo una vez más. Esto es lo que se conoce como afianzar o enderezar la oración. El Mesías Prometido (as) declara:

“Hace esfuerzos rigurosos para enderezar y afianzar su oración una y otra vez”.

Además, si una persona ofrece la oración resueltamente e intenta adquirir altos estándares a través de ella, llega un momento en que Dios Altísimo lo guía a través de Su palabra.

Después de esto, el Mesías Prometido (as) explica en qué consiste la guía y explica que es un estado en el que ya no es necesario luchar para practicar y afianzar la oración. La oración de esa persona no declina, no se sumerge en las distracciones, para luego tener que volver a recuperar su foco. Para esa persona, esto ya no es el problema. Más bien, al obtener la guía, su oración se convierte en su alimento. Se vuelve tan significativa como la comida. Comer alimentos es vital para el cuerpo físico de una persona. Del mismo modo, la oración se convierte en alimento para su sustento espiritual. El Mesías Prometido (as) afirma:

“Así como uno no puede sobrevivir sin comida, (estoy explicándolo en palabras fáciles), la vida también deja de existir sin la oración”.

Además, no se limita al hecho de que consumáis esta nutrición para seguir con vida. Más bien, el Mesías Prometido (as) afirma que este es un alimento sabroso. El Mesías Prometido (as) afirma que a esa persona se le concede un agrado y deleite tan grande durante la oración, que es similar a la de beber agua fría cuando una persona tiene mucha sed. La razón de esto es que bebe agua fría debido a un deseo extremo y se siente satisfecho después de beber hasta saciarse. Si una persona tiene mucha sed y está en una situación difícil en la que no puede encontrar agua, el placer que experimenta cuando finalmente encuentra agua fría es similar a la que experimenta una persona verdaderamente guiada en sus oraciones. El Mesías Prometido (as) dio otro ejemplo de que, si una persona tiene hambre y se le da comida extremadamente agradable y deliciosa, experimenta alegría al comerla. En realidad, alguien que realmente ofrece la oración experimenta una alegría similar. Por lo tanto, son estas oraciones, que se consideran verdaderas oraciones, las que deben ofrecerse con alegría y no como una carga.

De hecho, el Mesías Prometido (as) también ha dado un ejemplo de que la oración para un verdadero creyente es como una droga, sin la cual siente una gran angustia, similar a un drogadicto que siente un gran dolor si no encuentra su droga; siente gran angustia y agonía. Sin embargo, como resultado de ofrecer la oración, experimenta una sensación particular de satisfacción y frescor en su corazón.

El Mesías Prometido (as) afirma que no es posible expresar con palabras el placer que siente una persona que ofrece la oración de verdad. El Mesías Prometido (as) afirma que un creyente que practica la rectitud solamente experimenta placer durante la oración. Por lo tanto, hay que ofrecer la oración de la forma más excelente. El Mesías Prometido (as) ha dicho que esa oración es la raíz y la escalera de cualquier éxito. Por esta misma razón se ha dicho que la oración es la escalera de los creyentes mediante la cual una persona puede alcanzar a Dios Altísimo.

Por lo tanto, si se van a construir nuestras mezquitas, se deben hacer con el propósito de ofrecer tales oraciones. Si queremos dirigir la atención hacia la construcción de mezquitas, entonces debemos hacerlo para adquirir esa escalera, ya que este es el medio que conduce a Dios Altísimo y otorga a la persona la oportunidad de dialogar con Él. Por lo tanto, no debe desanimarnos la forma de conseguir este rango, puesto que Dios Altísimo otorga este rango después de realizar esfuerzos continuos.

Muchas personas preguntan y también me escriben diciendo que no pueden mantener su concentración durante la oración. Por lo tanto, este es el remedio en el que uno debe esforzarse y concentrarse repetidamente [durante la oración]. Una persona también hizo esa pregunta al Mesías Prometido (as) en una reunión, afirmando que su corazón no experimentaba ningún placer y fervor en la oración, y como resultado permanecía en constante agonía, porque previamente había experimentado el deleite de la oración. Él dijo que sus sentimientos y aprensión habían aumentado, y a pesar de que intentaba eliminar esas dudas, no podía deshacerse de ellas. ¿Qué debía hacer? El Mesías Prometido (as) respondió que también era una bendición y un favor de Dios Altísimo que una persona no fuera superada por tales distracciones. Aunque estas dudas pueden existir, y aunque uno se dé cuenta de esto, deben ser dominadas. El Mesías Prometido (as) dijo que cuando se desarrolla este estado y si la persona no permite que tales distracciones lo dominen, es una recompensa, y Dios Altísimo incluso lo premia. Dios Altísimo es un Dios misericordioso y benevolente. El Mesías Prometido (as) dijo que una persona cuya alma incite al mal ni siquiera es consciente de lo que es un vicio y los continúa cometiendo ya que es completamente inconsciente de esto. El alma reprobatoria comete vicios, sin embargo, tal alma siempre está angustiada y avergonzada al hacerlo.

Debe tenerse en cuenta que cuando alguien está en estado de auto-reprobación, se siente avergonzado por cometer pecados y siente arrepentimiento, y entonces Dios Altísimo lo recompensa. Una persona que se siente avergonzada y se arrepiente no es esclava de sus deseos.

El Mesías Prometido (as) declaró:

“Esto no debería preocupar a nadie. Si una persona experimenta distracciones y malos pensamientos y se esfuerza por repeler tales sentimientos, entonces Dios Altísimo le recompensa. Tal individuo no es un esclavo de su alma. Es necesario permanecer en tal estado hasta cierto punto. Por lo tanto, no hay que sentirse decepcionado porque la recompensa es tan inmensa que cuando llega el momento, Dios Altísimo otorga Su luz y tranquilidad. Llega la hora de la misericordia divina en forma de frescor y los malos pensamientos se esfuman. El ser humano no ha de cansarse y debe ofrecer constantemente en sus postraciones la siguiente oración:

[Árabe: ¡Oh, Viviente, oh Al’lah El que se sostiene y lo sostiene todo, dame Tu Misericordia!]

Sin embargo, tened en cuenta que hacer algo apresuradamente es perjudicial. El islam instruye al humano a ser valiente. Quién muestra prisa por conseguir algo, es un cobarde. Los ataques de Satanás se debilitan después de muchos años de esfuerzo. Finalmente se ve obligado a huir. Por lo tanto, debemos siempre tener en cuenta este principio de que uno no debe hacer las cosas con prisas, y aferrarse a Dios e inclinarse constantemente ante Él. Un día Satanás finalmente se rendirá y huirá. Si, por el contrario, un individuo se apresura y no trata de ofrecer con regularidad la oración tanto como le sea posible, entonces Satanás se apodera de esa persona. Por lo general, se ha observado que las personas a menudo muestran impaciencia. Si no ven resultados inmediatos, proclaman: “No hay beneficio en ofrecer oraciones”. Debe tenerse en cuenta que si un individuo solo reza por alcanzar logros mundanos, Dios Altísimo no acepta tales súplicas. Por el contrario, si alguien suplica para avanzar en su espiritualidad, la fe y la cercanía a Dios Altísimo, entonces Él se acerca a ellos y también satisface sus necesidades mundanas.

Por lo tanto, hay formas y principios específicos de suplicar a Dios Altísimo, y uno debe seguir estas pautas.

¿Cómo es posible que, por un lado, Dios declare:

[Árabe]

“¡Implórame; responderé tu oración!”,

y por otro lado, cuando los sirvientes Le oran, Él no escuche?

El Mesías prometido (as) lo ha explicado de la siguiente manera:

“La oración incluye ofrecer súplicas y bendiciones sobre el Santo Profeta (sa). Estos están en el idioma árabe, pero no está prohibido que se ore en la lengua materna. Dios ha identificado la oración como una acción que contiene humildad y concentración. Uno debe suplicar con humildad, un corazón tierno y temor [de Dios], expresando que estoy delante de Dios Altísimo y le estoy pidiendo ayuda. Entonces los pecados de esas personas son eliminados.

Por lo tanto, Dios Altísimo ha declarado:

[Árabe]

Significa: ‘Ciertamente, las buenas obras alejan las malas obras.’ El significado de ‘buenas obras’ aquí es ofrecer oraciones. La concentración y la humildad en las oraciones se puede lograr suplicando en su propio idioma.”

Esto significa que la humildad y la mansedumbre que hacen que el corazón de una persona se derrita solo puede ser logrado si uno reza en su lengua materna porque así puede comprender completamente lo que está rezando. Por lo tanto, el Mesías Prometido (as) nos instruyó a orar en nuestro propio idioma también.

Él declara, además: ‘Es vital ofrecer las oraciones que Dios Altísimo nos ha enseñado, y la mejor oración entre esas oraciones es el Surat al-Fatihah, porque es una oración completa.

En Surat al-Fatihah, Dios Altísimo nos ha enseñado la siguiente oración:

[Árabe]

‘Guíanos por el camino recto” (1:6). El significado de esta súplica es extenso.

Hablando sobre esto, afirma:

“Cuando un agricultor aprende las técnicas y habilidades requeridas para la agricultura, es en ese punto que ha aprendido “la forma correcta” de cultivar la tierra”.

Es decir, si un agricultor aprende el conocimiento sobre la agricultura, él sabrá cómo arar, esparcir las semillas, cuándo fertilizar la tierra, cuándo verter agua sobre ella, cuándo rociar los campos; luego, el Mesías Prometido (as) afirma que esa persona ha alcanzado “el camino correcto” en su profesión.

“Del mismo modo, debéis buscar el camino correcto para encontrar a Dios y orar: ‘¡Oh mi Señor! Soy tu siervo pecador y humilde. ¡Por favor, guíame!’ Suplicad a Dios por vuestras necesidades insignificantes y significativas sin ninguna vergüenza. Él es quien otorga. El más recto es el que ora más, porque si un mendigo llama a la puerta de una persona miserable, algún día se sentirá avergonzado [y le dará algo al mendigo]. Entonces el que ruega delante de Dios Altísimo, cuya generosidad es inigualable, ¿cómo no os vais a recibir de Él? Por lo tanto, el que pide finalmente recibe.

El otro nombre de la oración es “súplica”, como Dios Altísimo dice:

[Árabe] “Implórame; contestaré tu oración”

Luego declara:

[árabe]

“Cuando mis siervos te pregunten por Mí, diles: “Estoy cerca. Respondo a la plegaria del que suplica cuando Me invoca.”

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Algunas personas tienen dudas sobre la existencia de Dios; sin embargo, Dios Altísimo afirma que una prueba de Su existencia es que cuando uno suplica y Le busca, El también responde y se acuerda de este siervo suyo”.

A menudo las personas afirman que suplican mucho, pero sus súplicas no encuentran respuesta. En relación a esto, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Estáis parados en un lugar y llamáis a alguien que está a bastante distancia de vosotros. La persona a la que llamáis realmente escuchará y responderá, pero debido a la distancia y al hecho de que también tenéis impedimentos auditivos, vosotros no podréis escucharle (la persona a la que se llama responderá desde lejos, pero debido a vuestra limitación auditiva no podéis escucharlo. Dado que tenéis un defecto en el oído, no podéis escuchar la respuesta de esa persona desde la distancia). Sin embargo, a medida que estos obstáculos y estas distancias se eliminen, podréis ciertamente escucharle.”

Cuando más os esforcéis en acercaros a Dios Altísimo, más capaces sereis de escucharLe. El Mesías Prometido (as) dice, además:

“La evidencia de que Dios Altísimo conversa con Sus siervos elegidos ha existido desde que el mundo ha sido creado. Si esto no hubiese sido así, con el paso del tiempo, el concepto de Su existencia habría desaparecido por completo de la faz de la tierra. Así una de las grandes pruebas de la existencia de Dios Altísimo es que somos capaces de contemplarLe y hablar con Él. Ser capaz de conversar con Dios Altísimo es igual que verle. Si los obstáculos e impedimentos entre Dios y el adorador permanecen, uno no podrá escucharle. Cuando estos obstáculos son eliminados, Su voz se escuchará”.

Por eso, es necesario eliminar los obstáculos que permanecen [entre el hombre y Dios]. Además, Dios Altísimo ha prometido que el que se acerca a Él con sinceridad, y trata de comprender la verdadera realidad de Su Ser, Él también se acerca a esa persona. El Santo Profeta (sa) también ha explicado esto. Dice que Dios Altísimo ha declarado que cuando Sus siervos dan un paso hacia Él, Él, a su vez, da dos pasos, y cuando Su siervo camina hacia Él, Él viene corriendo hacia él.

Por consiguiente, si alguna vez hay alguna falta, ésta se encuentra dentro de nosotros. Por lo tanto es esencial para nosotros esforzarnos en buscar a Dios Altísimo. Para buscar los caminos que conducen a Él y para encontrarnos con Él, necesitamos de Su Ayuda. Si afirmamos haber prometido lealtad al Mesías Prometido (as), entonces es esencial que nos esforcemos al máximo para llegar a Dios Altísimo. No es suficiente cumplir solamente con una de las instrucciones del Mesías Prometido (as) que es la construcción de mezquitas, como un medio para presentar el islam a los demás, sino que también debemos hacer todos los esfuerzos prácticos posibles y buscar la ayuda de Dios Altísimo. Uno solo puede lograr el éxito cuando hace un esfuerzo y también se le concede la ayuda de Dios Altísimo.

Desarrollando este tema, el Mesías Prometido (as) declara:

“Recordad que la búsqueda del arrepentimiento en el momento del Ba´iat [juramento de lealtad] produce bendiciones. Si uno se compromete a dar prioridad a su fe sobre todas las cosas mundanas, obtendrá un mayor progreso (cuando uno promete lealtad, se le otorgan bendiciones, pero cuando uno se compromete a dar prioridad a su fe sobre todas las cosas mundanas, entonces obtiene un éxito mayor). Sin embargo, dar preferencia a la fe no está en vuestras manos, (se necesita la ayuda de Dios Altísimo para lograr esto). Tal como Dios Altísimo declara:

[árabe]

“En cuanto a los que se esfuerzan en Nuestro camino, en verdad los guiaremos por Nuestras sendas”.

El Mesías Prometido (as) continúa:

Al igual que sin esfuerzo y sin riego, una semilla plantada en la tierra no da frutos (cuando un agricultor siembra una semilla, si no hace ningún esfuerzo por cultivarla o regarla, ésta no dará ningún fruto. De hecho no crecerá, y si lo hace, será extremadamente débil y rápidamente se marchitará). Así, si no se recuerda todos los días la promesa de dar prioridad a la fe sobre las cosas mundanas y no se pide a Dios Altísimo Su ayuda, no se os otorgará ninguna bendición divina”.

El Mesías Prometido continúa diciendo:

“Sin la ayuda de Dios Altísimo, no es posible cambiar nuestra condición”. Para conseguir la ayuda de Dios Altísimo, uno tiene que suplicar continuamente para buscar Su ayuda y Su gracia.

El Mesías Prometido (as) dice:

“Un ladrón, un embustero, un adúltero o un criminal, etc, no permanecen siempre en esa condición, sino que llega un momento en que siente remordimientos por sus acciones. Esto es cierto en el caso de una persona malvada, lo que demuestra que cada individuo tiene pensamientos virtuosos dentro de ella”.

Por ello, para conseguir estos pensamientos virtuosos, es esencial buscar la ayuda de Dios Altísimo. Es por ello que se nos ha ordenado recitar el Surah Al-Fatihah en nuestras cinco oraciones diarias y recitamos:

[árabe]

“A ti solo te adoramos y a Ti solo imploramos ayuda.”

Esto se refiere a dos cosas: En primer lugar, para lograr acciones virtuosas, uno debe emplear todas las facultades que Dios le ha otorgado y hacer todo el esfuerzo posible y a esto se refieren las palabras “Na´budu”, es decir, “adoramos”. Una persona que únicamente reza y no hace ningún esfuerzo, nunca puede prosperar. Rezar sólo no es suficiente, hay que esforzarse también. Si un agricultor pone una semilla pero no hace ningún esfuerzo, ¿cómo puede esperar que dé frutos? Esta es la práctica establecida por Dios Altísimo. Si uno planta una semilla y luego solo reza para ella y no la cuida, ni la riega ni cultiva la tierra, se verá privado [de sus frutos]

Si por ejemplo hay dos agricultores y uno de ellos trabaja extremadamente duro en el cultivo de la tierra, seguramente tendrá éxito, el otro no pone ningún esfuerzo, o muy poco, el rendimiento de su cosecha será tan insuficiente que, tal vez, ni siquiera tendrá lo suficiente para pagar impuestos y seguirá empobrecido. Lo mismo ocurre con la fe. Entre ellos hay hipócritas, perezosos, virtuosos, santos, eruditos y líderes espirituales (en otras palabras, todos son humanos, sin embargo, algunos de ellos son hipócritas o individuos incompetentes y otros justos y alcanzan el estado de santos, eruditos y líderes espirituales y Dios Altísimo les concede un rango elevado) y algunos de ellos observan las oraciones durante cuarenta años pero no sufren ningún solo cambio en su condición, ni observan ningún beneficio después de ayunar durante 30 días (guardan los ayunos durante todo el mes de Ramadán pero no les aporta ningún beneficio y permanecen en su estado original).

Hay muchos que dicen ser virtuosos y realizan las oraciones durante muchos años pero fracasan en ser receptores de la ayuda Divina. Esto es debido a que hacen sus oraciones de una manera ceremonial, como un ritual. Solo Le adoran en el sentido físico y no piensan en el progreso. No hacen ningún esfuerzo en buscar los pecados que yacen dentro de ellos, ni tampoco buscan el verdadero arrepentimiento (uno solo puede buscar el verdadero arrepentimiento cuando es capaz de identificar sus pecados).  (Cuando uno reflexiona sobre sus malas acciones y pecados, sólo entonces su arrepentimiento puede ser aceptado). Se quedan como están en su primer estado y su condición no es diferente a la de los animales. No hay diferencia entre los animales y las personas. Sus oraciones atraen la ira de Dios Altísimo y no son aceptadas. De hecho, sus oraciones son arrojadas sobre ellos mismos. La verdadera oración concede el progreso.

Por ejemplo, si alguien que padece una enfermedad visita a un médico, y este le prescribe que tome un determinado medicamento durante diez días, pero se da cuenta de que su salud se sigue deteriorando progresivamente, después de tantos días sin haber experimentado beneficio, comenzará a dudar si éste es el medicamento adecuado para él y, en consecuencia, intentará cambiarlo. De manera similar, la adoración meramente superficial no es la correcta, y esto también ha de cambiar. Uno debe preguntarse por qué su súplica no está siendo contestada, cuando Dios Altísimo ha declarado que Él responde las oraciones del suplicante.

Por lo tanto, la adoración verdadera es aquella mediante la cual se alcanza la cercanía de Dios Altísimo.

Luego, explicando la importancia de las oraciones, el Mesías Prometido (as) dice:

“La Salat, en esencia, es una forma de oración. Cada palabra pronunciada en la Salat toma la forma de una súplica. Si durante la Salat, el corazón no está inclinado hacia la oración, entonces debe prepararse para la ira de Dios porque el que no ora, invita a la ira sobre sí mismo. Por ejemplo, un gobernante o un gobierno proclama repetidamente que aliviará el dolor de los que sufren, que se mostrará misericordioso hacia la gente y que ayudará a todos los necesitados. Sin embargo, si un individuo, que se enfrenta a grandes dificultades, pasa de largo y no responde a esta llamada (una persona que se enfrenta a dificultades pasa de largo y no presta atención a la llamada, ni expresa su dificultad, ni pide ayuda), entonces, aparte de enfrentarse a la ruina, ¿qué más puede esperar para sí mismo? Lo mismo sucede con Dios Altísimo; Él está siempre dispuesto a dar consuelo a la humanidad, pero con la condición de que uno Le busque. Para que las oraciones sean aceptadas, es esencial abstenerse de la desobediencia, y también suplicar con gran intensidad, porque una chispa sólo se enciende cuando se golpea con fuerza una piedra contra otra piedra.

De esta manera, cuando uno llega a esta etapa, entonces nuestras acciones y nuestras oraciones tendrán únicamente el propósito de alcanzar el placer de Dios. A su vez, Dios Altísimo nos concederá la paz a pesar de todos nuestros temores. Recordad siempre que todo lo que habéis cosechado después de haber venido aquí, se debe únicamente a las bendiciones de Dios Altísimo y sólo la gracia de Dios puede aumentar estas bendiciones. Para alcanzar estas bendiciones es vital dirigir nuestra atención a la adoración de Dios y al cumplimiento de nuestras obligaciones con las criaturas de Dios. Todos vosotros debéis analizar vuestro comportamiento en cuanto a la medida en que estáis cumpliendo con la oración, en la proporción en que habéis establecido una relación con Dios Altísimo, o en la que os estáis esforzando hacia este objetivo. ¡Cuántos esfuerzos mundanos se interponen entre nosotros y nuestras oraciones! Por esta razón, uno debe recordar siempre el dicho del Santo Profeta (sa) en el que decía que la diferencia entre la fe y la incredulidad es el abandono de la Salat. El aspecto que distinguirá la creencia de la incredulidad es el abandono de la oración. Esta instrucción es de tal naturaleza que debe hacernos temblar, ya que se ha declarado que un creyente es aquel que es regular en sus oraciones, pues de lo contrario no hay diferencia entre él y un incrédulo.

En cuanto a quien ofrece sus oraciones en la congregación, Dios Altísimo no sólo ha dicho que debemos ofrecer las oraciones, sino que, si oramos cumpliendo con las plenas obligaciones de la oración, se nos concederán bendiciones, veinticinco veces – o en algunos casos veintisiete veces mayores -. Si no hay una verdadera excusa, y no prestamos atención a este aspecto, entonces, ¡qué desafortunados seremos! Por lo tanto, si hemos construido mezquitas, debemos cumplir con las obligaciones inherentes a la construcción de una mezquita, y debemos elevar los estándares de nuestro culto. Además, también debemos ser conscientes de que debemos ofrecer sacrificios financieros, practicar las virtudes elevando nuestros estándares morales, y también animar a otros a desarrollar estas virtudes. Debemos abstenernos de los males de la sociedad, y también proteger a los demás de ellos; de lo contrario, nuestro juramento de lealtad no sería más que un juramento verbal.

Debemos tener siempre en la mente estas palabras del Mesías Prometido cuando dice:

“Debéis reformaros de tal manera que vuestras intenciones se alineen con las intenciones de Dios Altísimo. Hasta el punto de que nada quede para uno mismo, sino que todo se someta a Dios. La purificación significa que el corazón de uno se limpia de toda clase de creencias y acciones que se oponen a Dios. Dios Altísimo no ayuda a nadie a menos que este se asegure de que sus intenciones convergen con los deseos de Dios Altísimo, y se someten completamente a Su voluntad”.

El Mesías Prometido (as) dice:

“No me alegra el mero crecimiento de la comunidad”.  Cuando el Mesías Prometido (as) escribió esto, el número total de seguidores era de unos cuatrocientos mil o tal vez algo mayor. Una Comunidad no se forma simplemente extendiendo la mano para realizar el Bai’at [juramento de lealtad], sino que una comunidad será verdaderamente considerada como tal cuando actúe de acuerdo con el Bai’at, a través del cual uno produce un cambio virtuoso dentro de sí mismo, y su vida se vuelve completamente libre de la inmoralidad del pecado. Uno entonces se separa de sus deseos carnales y de las garras de Satanás, y se sumerge en Dios Altísimo. Cumple con las obligaciones hacia Dios y las obligaciones que se le deben a Su creación, de todo corazón. Uno debe permanecer ansioso por propagar la fe. Habréis de destruir todos vuestros deseos y anhelos y convertiros en uno con Dios Altísimo. Dios ha declarado que todos estáis extraviados, salvo los que Yo guío y que estáis ciegos, salvo, los que reciben la luz divina de Él. Estáis todos muertos, salvo a los que se les concede el elixir de la vida. Es Dios quien oculta las deficiencias del hombre; de lo contrario, si los comportamientos internos de las personas se hicieran visibles para que otros los vieran, entonces es posible que algunas personas ni siquiera se acercaran a otras”.

Es un atributo de Dios Altísimo que oculte las faltas de los demás, pues de conocerse, es muy posible que ciertas personas se mantuvieran alejadas de otras.

El Mesías Prometido (as) dice:

“Dios Altísimo es Sattar [el que oculta las faltas de los demás] y no revela las faltas de los demás. Por lo tanto, el hombre debe esforzarse por realizar obras virtuosas y ofrecer siempre plegarias. Recordad bien que, si no hay nada que diferencie a la gente de mi Comunidad de los demás, entonces Dios Altísimo no es pariente de nadie”.

Si nosotros como áhmadis que hemos realizado el Bai’at no somos diferentes a otras personas, entonces debemos recordar que Dios Altísimo no es pariente de nadie. ¿Por qué nos habría de conceder el honor y protegernos? Si no hay diferencia, entonces Dios Altísimo no está relacionado con nadie, de forma que se vea obligado a concedernos honor, y humillar a otros y castigarlos”.

El Mesías Prometido (as) dice:

[árabe]

“Dios Altísimo sólo acepta el honor y la protección de los justos.

El que abandona toda acción que va en contra de la voluntad de Dios Altísimo es considerado justo. Consideran que sus pasiones carnales y todo lo que hay en el mundo no es nada comparado con Dios Altísimo. El nivel de fe de una persona sólo puede ser medido cuando es probado. Hay algunos que escuchan algo por un oído y lo sacan por el otro. No incrustan estos mandamientos en sus corazones, e independientemente de lo mucho que se les aconseje, permanecen impasibles. Recordad siempre que Dios Altísimo es Autosuficiente, y que hasta que uno no ora constantemente, con gran fervor, Él no lo acepta. Reflexionad sobre el hecho de que cuando la esposa o el hijo están enfermos, una persona sufre mucho y se siente ansiosa a causa de ellos. Hasta que uno no desarrolle tal fervor y ansiedad en sus oraciones, orar es un acto inútil y vano. Para la aceptación de la oración, es esencial desarrollar un estado de fervor, tal como Dios Altísimo lo ha declarado:

[árabe]

“O, quién responde a la persona afligida cuando le llama y le quita el mal.”

El Mesías Prometido (as) dice entonces que cuando uno se reforma a sí mismo, debe también asegurar la reforma de sus familias, y uno es responsable de la reforma de su esposa e hijos. El Mesías Prometido (as) dice:

“Dios Altísimo sólo concede socorro a aquellas personas que se esfuerzan constantemente por hacer el bien y sobresalir, en lugar de permanecer estáticos en un punto. Es esta gente la que tendrá un buen resultado a la hora de rendir cuentas. He observado que algunas personas son extremadamente apasionadas y desarrollan un estado de gran fervor, sin embargo, después de un tiempo se vuelven estacionarias en un lugar, como resultado de lo cual no tienen un buen final . Dios Altísimo ha enseñado la siguiente oración en el Sagrado Corán:

[árabe]

“Haz que mi descendencia sea recta. (46:16)”

El Mesías Prometido (as) luego dice que cuando uno se reforma a sí mismo, debe garantizar la reforma de sus familias, y es responsable de la reforma de la esposa y los hijos. El Mesías Prometido (as) dice:

Cuando uno se esfuerza por hacer un cambio hacia la pureza y ora por sí mismo, debe orar también por su esposa e hijos, ya que muchos problemas se deben a los hijos, mientras que otras muchas dificultades son debidas a las esposas. Mirad, la primera prueba a la que se enfrentó Hazrat Adam (as) se debió a una mujer. Balam perdió su fe al contrario que Hazrat Moisés (as), y la verdadera razón que encontramos en la Torá fue que el rey en ese momento dio ciertas piezas de joyería a la esposa de Balam con el fin de incitarle en su contra y el resultado fue que la mujer de Balam le incitó a maldecir a Hazrat Moisés (as).

Por lo tanto, es debido a ellas [a las mujeres] que muchas personas se ven enfrentadas a dificultades y privaciones, y por lo tanto uno debe prestar atención a la reforma de ellas y también suplicar constantemente por ellas.

¡Que Dios Altísimo nos capacite para reformar nuestras condiciones y no sólo para ofrecer con regularidad la oración, sino para elevar nuestros estándares! ¡Que podamos purificar nuestra riqueza, aumentar nuestros estándares morales, realizar obras virtuosas y también difundirlas por todas partes! ¡Que nos abstengamos del mal y nos esforcemos por proteger a nuestros hijos del entorno! Al mismo tiempo que construimos mezquitas, que podamos llevar el verdadero mensaje del islam a los habitantes de estas regiones, y que podamos convertirlos en adoradores del Dios Único. Ésto sólo será posible cuando hagamos cambios importantes dentro de nosotros mismos. ¡Que Dios Altísimo nos dé oportunidad de llevarlos a cabo!

A continuación mencionaré algunos detalles sobre la propia mezquita. Anteriormente habíamos llamado a esta zona Mahdi Abad. El área local se llama Nahe, donde se ha construido esta mezquita y la Comunidad local es pequeña. Se trataba de tierras agrícolas, que se compraron en 1989. Una parte de ella se ha concedido por contrato con fines de explotación agrícola. Anteriormente había una granja y otro edificio, que se nos concedió permiso para usar como misión.

Nos concedieron permiso para construir una mezquita sobre el gran salón y todo esto se llevó a cabo a través de Waqar-e-Amal (trabajo voluntario). Se trata de un edificio de dos plantas que consta de una residencia para el misionero, que fue construida con anterioridad. En 2010 el ayuntamiento concedió permiso para construir en el terreno agrícola, como resultado se construyeron 12 casas en este terreno y se concedió permiso para construir una mezquita.

De las doce casas, la Comunidad se ha quedado con dos y el resto fueron vendidas, lo que generó ingresos, también se generaron ingresos de la tierra que fue recuperada por el ayuntamiento, de hecho, se recibió una mayor cantidad y como resultado, se compró este sitio.

Sin embargo, hace seis o siete años, o mejor dicho, hace ocho años, puse la primera piedra y ahora se ha construido la mezquita. La superficie cubierta de la mezquita de dos plantas es de 350 metros cuadrados y puede albergar a 210 fieles. El piso superior es para los hombres y el piso inferior es para las mujeres. Hay servicios para la ablución, etc. El coste total de la construcción fue de aproximadamente 560.000 euros. Los miembros locales aportaron algo más de 200.000 euros y el resto lo aportó el “Programa de las 100 Mezquitas”. ¡Que Dios Altísimo bendiga la riqueza y la progenie de todos los que se sacrificaron por ello y que con la construcción de esta mezquita, podamos cumplir con los derechos de nuestra adoración más que antes!

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