En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La excelencia personificada; La mezquita del profeta

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahhud, Ta’awwuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

El nombre del primero de los compañeros que mencionaré hoy es Hazrat Saib Bin Usman (ra). Perteneció a la tribu Banu Yum’a. Era el hijo de Hazrat Usman Bin Maz’un (ra). El nombre de su madre era Jaulah Bint Hakim. Aceptó el Islam desde el principio. Hazrat Saib Bin Usman participó en la segunda migración a Abisinia junto con su padre y su tío, Hazrat Qudamah. El Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre Hazrat Saib Bin Usman y Harithah Bin Suraqah Ansari después de la migración a Medina. Se menciona entre los compañeros que fueron nombrados como los arqueros del Santo Profeta (sa). Hazrat Saib Bin Usman participó en las Batallas de Badr, Uhud y Jandaq y en todas las demás batallas junto con el Santo Profeta (sa).(Usdul Ghaba, Vol. 2, pp. 396-397, Saib bin Usmanra, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003)(Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, pp. 306-307, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990) (Al-Asaba Fi Tameez Al-Sahaba, Vol. 3, p. 20, Saib bin Usmanra, Dar-ul-Kutb Al-Ilimiyya, Beirut, 1995)

El Santo Profeta (sa) lo nombró Amir de Medina durante la Batalla de Buwaat. Acerca de la batalla de Buwaat, que tuvo lugar en el 2 dH, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib escribió que, “Durante los últimos días de este Rabiul Awwal o al comienzo de Rabi’ul Sani, el Santo Profeta (sa) recibió una vez más noticias de los Quraish. Como consecuencia de esto, el Santo Profeta (sa) se llevó a un grupo de compañeros y se puso en camino. Nombró a Saib bin Usman bin Maz’un (ra) como el Amir de Medina en su ausencia. Sin embargo, no se pudo determinar el paradero de los Quraish y al llegar a Buwaat, el Santo Profeta (sa) regresó”. (Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, p. 329)

Buwaat es el nombre de una montaña de la tribu de Yuhainah, ubicada a unos 48 kilómetros de Medina. (Subul Al-Huda, Vol. 4, p. 15, Baab Ghazwa-e-Bawaat, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 1993) Hazrat Saib Bin Usman participó en la batalla de Yamama. La Batalla de Yamama tuvo lugar en el año 12 después de la Hégira durante el período del Jilafat de Hazrat Abu Bakr, durante el cual [Hazrat Saib] fue alcanzado por una flecha, como resultado de la cual más tarde falleció. Tenía poco más de 30 años. (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 307, Saib bin Usmanra bin Mazoon, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

El nombre del siguiente compañero que mencionaré es Hazrat Zamrah Bin ‘Amr Yuhni. El nombre del padre de Hazrat Zamrah (ra) era “Amr Bin” Adi. Algunos también reportan el nombre de su padre como Bishr. Era un confederado de la tribu de Banu Tarif. Sin embargo, según algunos, era un confederado de la tribu de Banu Saa’idah, que era la tribu de Hazrat Sa’d Bin ‘Ubaadah. (Confederado significa que tenían un acuerdo para ayudarse mutuamente, si fuera necesario). Alamah Ibn Athir escribe en Usudul Ghabbah que “esto no es una contradicción porque Banu Tarif era una rama de Banu Saa’idah”. Hazrat Zamrah participó en las Batallas de Badr y Uhud y fue martirizado durante la Batalla de Uhud. (Usdul Ghaba, Vol. 3, pp. 60-61, Dhamrahra bin ‘Amr Juhni, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003)

El nombre del próximo compañero que mencionaré es Hazrat Sa’ad Bin Suhail. Hazrat Sa’ad era de entre los Ansar. Algunos han reportado su nombre como Sa’id Bin Suhail. Hazrat Sa’ad participó en las Batallas de Badr y Uhud. También tuvo una hija, cuyo nombre era Huzaila. Esto es todo lo que se sabe sobre él.(Usdul Ghaba, Vol. 2, p. 439, Saadra bin Suhail, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003) (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 395, Saadra bin Suhail, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

A continuación, mencionaré a Hazrat Sa’ad Bin ‘Ubaid, que era un compañero badri. Hazrat Sa’ad Bin ‘Ubaid participó en todas las batallas junto con el Santo Profeta (sa), incluidas las Batallas de Badr, Uhud y Jandaq. Su nombre también ha sido reportado como Sa’id. Era conocido por el título de Qari. Su epíteto fue Abu Zaid.

Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid se cuenta entre los cuatro compañeros de entre los Ansar, que recolectaron el Sagrado Corán durante la vida del Santo Profeta (sa). Su hijo, ‘Umair bin Sa’d gobernó una parte de Siria durante el califato de Hazrat ‘Umar (ra). Según una narración, Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid solía dirigir las oraciones en la mezquita Quba durante la vida del Santo Profeta (sa). También fue designado para dirigir las oraciones durante los califatos de Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat ‘Umar (ra). Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid (ra) fue martirizado durante la batalla de Qadisiyyah en 16 dH. Tenía sesenta y cuatro años de edad en el momento de su martirio.

Abd-ur-Rahman bin Abu Laila narra que durante la Batalla de Yisr, que tuvo lugar en el año 13 dH, los musulmanes fueron derrotados y sufrieron una gran pérdida y que Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid tuvo que retirarse de la batalla. Cuando regresó, Hazrat ‘Umar le dijo a Hazrat Sa’d bin’ Ubaid que “¿quieres hacer la Yihad en la tierra de Siria? Porque los musulmanes han sido brutalmente atacados allí y han sufrido una gran pérdida. Puedes ir allí si lo deseas. Y debido a este derramamiento de sangre y la pérdida que han sufrido, el enemigo se ha vuelto intrépido con respecto a ellos.” Hazrat ‘Umar le dijo que “quizás puedas limpiar la mancha de humillación que te queda debido a la derrota.” Esto se debe a que se había retirado de la batalla de Yisr y los musulmanes habían sufrido una gran pérdida. Por lo tanto, Hazrat ‘Umar le dijo que, si deseaba eliminar la mancha de esta humillación y derrota, también se estaba librando una batalla en Siria. Sin embargo, Hazrat Sa’d respondió que no irá a ninguna otra tierra que no sea la tierra desde donde había huido o regresado sin éxito. Además, dijo: “Solo perseguiré al enemigo, que logró lo que se propusieron hacer contra mí”. En otras palabras, se refirió al enemigo que había ganado la batalla contra él. Por lo tanto, Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid regresó a Qadisiyyah y fue martirizado en combate.

‘Abd-ur-Rahman bin Abu Laila relata que Hazrat Sa’d bin ‘Ubaid se dirigió a la gente y dijo que “lucharemos contra el enemigo mañana y seremos martirizados. Por lo tanto, no debéis lavar la sangre de nuestro cuerpo, ni vestirnos con ninguna otra ropa [para el entierro], además de la ropa que estamos usando”. (Usdul Ghaba, Vol. 2, p. 445, Saadra bin Ubaid, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003) (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 349, Saadra bin Ubaid, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990) (Al-Asaba Fi Tameez Al-Sahaba, Vol. 3, p. 57, Saadra bin Ubaid, Dar-ul-Kutb Al-Ilimiyya, Beirut, 1995)

También mencioné un breve relato de la batalla de Yisr en uno de los sermones anteriores. En relación a esto, compartiré algunos detalles más. Como he mencionado, la batalla de Yisr se libró en el decimotercer año después de Hégira, en la orilla del Éufrates, entre musulmanes e iraníes. El comandante en jefe de los musulmanes era Hazrat Abu ‘Ubaid Saqfi, mientras que el comandante en jefe de los iraníes era Bahman Yadhawiyah. El número del ejército musulmán era diez mil, mientras que el ejército iraní contaba con treinta mil y también tenían trescientos elefantes. Cuando el Eufrates dividió las dos partes, los combates cesaron entre los dos ejércitos durante algún tiempo. Esto continuó hasta que se construyó un Yisr, que es un puente, sobre el Eufrates, tras un acuerdo al respecto entre ambas partes. Debido a este mismo puente, se llama la batalla de Yisr. Una vez que se completó el puente, Bahman Yadhawiyah envió un mensaje a Hazrat Abu ‘Ubaid diciendo que “¿cruzarás el puente y vendrás a nosotros, o nos permitirá que lo crucemos?”. Hazrat Abu’ Ubaid era de la opinión que el ejército musulmán cruzara el río y luchara contra el ejército contrario. Sin embargo, los líderes del ejército, que incluían a Hazrat Salit, estaban en contra de esta opinión. Sin embargo, Hazrat Abu ‘Ubaid cruzó el Éufrates y atacó al ejército iraní. La batalla continuó de esta manera por un corto período. Poco después, Bahman Yadhawiyah vio a su ejército dispersado. Vio que el ejército iraní se estaba retirando, y ordenó que los elefantes fueran movidos al frente. Como resultado de llevar a los elefantes al frente, las filas de los musulmanes se rompieron y se desorganizaron. El ejército musulmán comenzó a dispersarse hacia diferentes lugares. Hazrat Abu Ubaid dijo a los musulmanes: “¡Oh siervos de Al-lah! ¡Atacad a los elefantes y cortarles las trompas! Habiendo dicho esto, el propio Abu Ubaid avanzó y atacó a un elefante y le cortó la trompa. Al ver esto, el resto del ejército también comenzó rápidamente a luchar. Cortaron las trompas y las patas de muchos elefantes y mataron a sus jinetes. Accidentalmente, Hazrat Abu Ubaid se encontró cara a cara con un elefante, desenvainó su espada y le cortó la trompa, sin embargo, fue aplastado bajo sus pies y fue martirizado. Después de su martirio, siete hombres, uno tras otro, fueron martirizados sujetando la bandera del Islam. El octavo fue Hazrat Musanna, quien sosteniéndola, intentó lanzar otro audaz ataque. No obstante, las filas del ejército musulmán estaban muy desorganizadas y, al ver que siete de sus líderes habían sido martirizados uno tras otro, la gente comenzó a dispersarse en diferentes direcciones y algunos saltaron al río. Hazrat Musanna y sus compañeros continuaron luchando valerosamente. Al final, Hazrat Musanna fue herido y mientras continuaba luchando contra el enemigo, cruzó el río y regresó. Los musulmanes sufrieron una gran pérdida. Cuatro mil hombres musulmanes fueron martirizados, y seis mil soldados iraníes murieron. (Tarikh ibn Khuldoon, translated by Hakim Ahmad Hussain Al-Abadi, Vol. 3, pp. 270-273, Dar-ul-Isha’at Karachi, 2003)

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta batalla se entabló porque los iraníes no paraban de lanzar asaltos continuos; y se les concedió permiso para luchar contra ellos con el fin de poner final a estas incursiones.

El siguiente compañero que voy a mencionar es Hazrat Sahl bin Atiq. También se le conocía como Suhail. Su madre se llamaba Yamila bin Alqama. Hazrat Sahl bin Atiq participó en el segundo juramento en Aqba junto a setenta Ansar. Tuvo el honor de participar en las batallas de Badr y Uhud. (Usdul Ghaba, Vol. 2, p. 578, S Sahlra bin ‘Atik, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003) (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 387, Sahlra bin ‘Atik, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

El siguiente compañero es Hazrat Suhail bin Rafi. Pertenecía a la tribu de los Banu Nayyar. El trozo de terreno donde Masyid Nabawi [la Mezquita del Profeta (sa)] fue construida era propiedad suya y de su hermano, Hazrat Sahl. Su madre se llamaba Zuhaiba bint Sahl. Hazrat Suhail participó junto al Santo Profeta (sa) en todas las batallas, incluyendo las batallas de Badr, Uhud y Jandaq [la Fosa]. Falleció durante el califato de Hazrat Umar. (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 372, Suhail bin Rafi’, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

En relación a la emigración del Santo Profeta (sa) a Medina, mencionaré lo que Hazrat Musleh Maud (ra) ha escrito.

Hazrat Musleh Maud (ra) relata:

“Mientras el Santo Profeta (sa) estaba en Medina, todos anhelaban tener el honor de ser su anfitrión. Cuando su camello pasaba por un camino, las familias hacían cola para recibirle, y todos ellos decían al unísono: ‘Aquí estamos con nuestros hogares, nuestra propiedad y nuestras vidas para recibirte y para ofrecerte protección, ven y vive con nosotros’. Muchos mostraban un mayor entusiasmo y se acercaban y sujetaban las riendas de su camello e insistían para que el Profeta desmontara en frente de sus puertas y entrara en sus casas. Cortésmente el Santo Profeta (sa) se negaba a hacerlo diciendo: ‘dejad a mi camella. Ella está bajo el mandato de Dios. Parará donde Dios quiera.’ Finalmente se detuvo en un lugar que pertenecía a los huérfanos de la tribu de Banu Nayyar, que estaba situada en un lado de Medina. El Santo Profeta (sa) desmontó y dijo: ‘Parece que es aquí donde Dios quiere que nos detengamos.’ Le informaron sobre quién era el dueño de la parcela. Le dijeron que este terreno pertenecía a unos huérfanos. El administrador de los huérfanos se acercó y le indicó a quién pertenecía la propiedad, y le ofreció un lugar para que el Santo Profeta (sa) lo utilizara. Él dijo que sólo aceptaría la oferta si se le permitía pagar. Se fijó un precio y el Santo Profeta (sa) decidió construir una mezquita y algunas viviendas en ese lugar. (Deebacha Tafsir-ul-Quran, Anwar-ul-Aloom, Vol. 20, p. 228) 

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib ha relatado más detalles sobre este evento en Sirat Jatam-ul-Nabiyeen. Escribe:

“Al llegar a Medina, la primera tarea fue la construcción de Masyid-e-Nabawi. El lugar donde la camella del Santo Profeta (sa) eligió para descansar era la propiedad de dos niños de Medina, llamados Sahl y Suhail, que vivían bajo la custodia de Hazrat Asad bin Zurarah (ra). Era un terreno vacío donde habían plantadas unas pocas palmeras datileras. En otra parte, había ruinas, etc. El Santo Profeta (sa) eligió este terreno para la construcción de Masyid-e-Nabawi, y sus propias viviendas. Este trozo de tierra se compró por 10 dinares. La superficie fue nivelada y despejada de árboles, después de lo cual, comenzó la construcción de la mezquita Masyid-e-Nabawi.” (Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, p. 269) 

Según otra narración, el pago de este terreno fue realizado por Hazrat Abu Bakr Siddique (ra). (Sharah Zurqani, Vol. 2, p. 186, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 1996)

“La superficie fue nivelada y despejada de árboles, y después se comenzó la construcción de Masyid-e-Nabawi. El Santo Profeta (sa) suplicó a Al-lah y él mismo colocó la primera piedra. Igual que en la construcción de Quba, los compañeros trabajaron como constructores y obreros. El Santo Profeta (sa) a veces también participaba en las tareas de construcción. En ocasiones, mientras levantaban los ladrillos, los compañeros recitaban los siguientes versos de Abdul’lah bin Rawahah (ra):

[árabe]

“Esta carga no es la carga de los productos comerciales de Jaibar, que llegan cargados en las espaldas de los animales. Más bien, ¡Oh nuestro Señor! Esta es la carga de la virtud y la pureza que soportamos por Tu agrado”.

En ocasiones, los compañeros recitaban estos versos de Abdul’lah bin Rawahah (ra).

[árabe]

“¡Oh Nuestro Al-lah! La verdadera recompensa está solamente en el Más Allá. Por Tu Gracia, envía bendiciones sobre los Ansar y Muhayirin.”

Cuando los compañeros recitaban estos versos, a veces, el Santo Profeta (sa) se les unía. De este modo, después de un largo periodo de arduo trabajo, la mezquita se completó. La estructura de la mezquita estaba hecha de baldosas y ladrillos, que se ensamblaron entre pilares de madera (en esa época, el modo de construir una estructura sólida era haciendo columnas de madera y entre medias colocaban ladrillos y barro para fortalecerlo). El tejado estaba cubierto de troncos y ramas de palmeras. Troncos de palmera fueron colocados dentro de la mezquita para sostener el tejado. Hasta que no se propuso la construcción de un púlpito, el Santo Profeta (sa) se apoyaba sobre estos troncos cuando pronunciaba el sermón. El suelo de la mezquita no estaba pavimentado, y siempre que llovía, el suelo se llenaba de barro. Por este motivo, posteriormente, el suelo se pavimentó. Inicialmente la dirección de la mezquita era hacia Baitul-Maqdas, pero cuando se cambió la dirección de la Qibla, la orientacion de la mezquita se modificó. En aquel tiempo, la altura de la mezquita era de 10 pies, la longitud de 105 pies y la anchura de 90 pies. Después, se amplió (el área de 105 por 90 podía acoger aproximadamente a mil quinientos o mil seiscientos fieles). En un rincón de la mezquita se construyó un porche que se denominaba Suffah. Esto era para las personas Muhayirin sin recursos que no tenían hogar. Estas personas se quedaban allí y se les conocía como los Ashabus-Suffah. Como tal, permanecían día y noche en compañía del Santo Profeta (sa), hacían la oración y recitaban el Sagrado Corán. Estas personas no poseían ningún medio permanente de subsistencia. El Santo Profeta (sa) se hacía cargo de ellos personalmente y cuando el Santo Profeta (sa) recibía un regalo o había algo disponible en su casa, separaba especialmente su parte para ellos. De hecho, a veces, el Santo Profeta (sa) se privaba de comer y enviaba todo lo que había en su casa a los Ashabus-Ṣuffah. Los Ansaar también permanecían comprometidos a su hospitalidad en lo posible, y a menudo daban racimos de dátiles en la mezquita. Sin embargo, a pesar de ello, vivían en estado de adversidad, y con frecuencia alcanzaban el estado de desnutrición. Esta situación continuó hasta que algunos encontraron trabajo, debido a la expansión de Medina, y otros comenzaron a recibir apoyo del Baitul-Mal Nacional. (Cuando las condiciones de los musulmanes mejoraron en general, comenzaron a recibir apoyo).

Se construyó un lugar de residencia adyacente a la mezquita para el Santo Profeta (sa). Su hogar era una pequeña recámara de apenas diez a quince pies. Una sola entrada conducía desde esta recámara a la mezquita, por donde el Santo Profeta (sa) entraba para dirigir el Salat, etc. Cuando aumentó el número de esposas, se construyeron también residencias adicionales junto a la primera para el Santo Profeta (sa). También las casas de algunos Compañeros fueron construidas en las proximidades de la mezquita.

Esto era Masyid-e-Nabawi, y fue construido en Medina. En esa época, dado que no había ningún edificio público donde se realizaran tareas de importancia nacional, la mezquita servía como sede de la administración. Las reuniones del Santo Profeta (sa) tenían lugar aquí. Fue aquí donde se llevaron a cabo todo tipo de consultas. Las sentencias legales se dictaron desde aquí. Y desde aquí se emitían progresivamente las medidas cautelares. Fue también la casa oficial de huéspedes. En definitiva, sirvió como centro de cualquier tarea de importancia nacional. Si era necesario, también se usaba como un confinamiento para los prisioneros”.

Cuando los prisioneros vieron cómo oraban los musulmanes y su mutuo amor y respeto, muchos de ellos se convirtieron al islam. Sin embargo, en este sentido, incluso Sir William Muir, un orientalista, ha escrito lo mismo. Ha escrito muchas cosas contra el islam y el Santo Profeta (sa), pero en relación a la mezquita, Sir William Muir escribe:

A pesar de ser ordinaria en material, y comparativamente insignificante en dimensión, la Mezquita de Mahoma es gloriosa en la historia del islam. Aquí el Profeta y sus Compañeros pasaron la mayor parte del tiempo: aquí el servicio diario, con sus oraciones a menudo recurrentes, fue por primera vez establecido en público: aquí la gran congregación se reunía cada semana y se estremecía a menudo mientras escuchaba las oraciones del Profeta y sus mensajes divinos. Aquí él planeaba victorias. Desde este lugar envió progresivamente emisarios a reyes y emperadores con invitaciones a unirse al islam. Aquí recibió a las embajadas de tribus contritas y creyentes; y de ahí en adelante emitió órdenes que llevaban consternación entre los rebeldes a las afueras de la península. Pasado el tiempo, falleció en la habitación de Aisha, y ahí está enterrado junto a sus dos Califas. (Citado en Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, pp. 269-271)

“Esta mezquita y sus recámaras contiguas se construyeron en un período de siete meses, más o menos. El Santo Profeta (sa) se instaló en su nuevo hogar junto con su esposa Ḥaḍrat Saudah (ra). Varios otros muhaiyirin también adquirieron tierras de los Ansaar, y construyeron casas en las proximidades de la mezquita. Los que no pudieron obtener tierras cercanas a la mezquita construyeron sus casas a cierta distancia de la mezquita. Otros fueron lo suficientemente afortunados como para obtener casas pre-construidas de los Ansaar”. (Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, pp. 269-271)

No obstante, Hazrat Sohail y su hermano tuvieron la buena fortuna de ofrecer su tierra para este gran centro del islam.

El siguiente Compañero es Hazrat Sa’ad bin Jaithamah, que pertenecía a la tribu Aus. El nombre de su madre era Hind Bint Aus. El Compañero Badri, Abu Ziyaah Nu’man bin Thabit, era su medio hermano por parte de madre. Fue conocido por los títulos de Abu Jaithamah y Abu Abdul’lah. El Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre Hazrat Sa’ad bin Jaithamah y Hazrat Abu Salmah bin Abdul Asad. (Usdul Ghaba, Vol. 2, p. 429, Saadra bin Khaithamah, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 2003) (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, pp. 366-367, Saadra bin Khaithamah, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

Hazrat Sa’ad era uno de los doce jefes designados para supervisar a los musulmanes de Medina durante la segunda promesa en Aqabah. Con respecto a cómo fueron elegidos los doce jefes y detalles sobre el incidente, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib ha escrito lo siguiente en Sirat Jataman Nabiyyin:

“Al año siguiente, es decir, Zul-Ḥillah de 13 Nabawi, con motivo de Hayy, cientos de personas de Aus y Jazrall vinieron a la Meca. Entre ellos había setenta personas que se habían convertido o que ahora deseaban convertirse en musulmanes, y vinieron a la Meca para encontrarse con el Santo Profeta (sa). Muṣ’ab bin ‘Umair (ra) también estaba entre ellos. La madre de Muṣ’ab (ra) estaba viva, y aunque era una idólatra, le quería mucho. Cuando se le informó de su llegada, le envió el siguiente mensaje: ‘Primero ven y reúnete conmigo, luego ve a otro lugar’. Muṣ’ab (ra) respondió: ‘Aún no he conocido al Santo Profeta (sa), iré a ti una vez que le conozca.’ Por lo tanto, él se presentó ante el Santo Profeta (sa) primero, le informó sobre temas clave, y luego visitó a su madre. Ella estaba muy molesta. Cuando lo vio, comenzó a llorar y a quejarse. Muṣ’ab (ra) dijo: ‘¡Madre! ¿Te digo algo maravilloso que es muy beneficioso para ti, y pondrá fin a todos los desacuerdos?’ Ella preguntó: ‘¿Qué es?’ Mus’ab (ra) respondió tranquilamente: ‘Esto: que abandones la adoración de ídolos y te conviertas en musulmana, y creas en el Santo Profeta (sa)’. Era una idólatra firme, y tan pronto como lo escuchó, montó en cólera diciendo: ‘Juro por las estrellas que nunca entraré en tu religión’, e hizo una señal a sus familiares para que capturaran a Muṣ’ab (ra), pero él escapó.

El Santo Profeta (sa) había sido informado de la llegada de los Ansaar por Muṣ’ab (ra), y unos pocos de ellos habían conocido también al Santo Profeta (sa) personalmente. En esta ocasión, necesitaban tener una reunión colectiva y privada después de los ritos de Ḥayy, así que se fijaron las fechas medias del mes de Zul-Ḥillah para este propósito. Ese día, cerca de la medianoche, todas estas personas debían venir y encontrarse con el Santo Profeta (sa) en el mismo valle que el año anterior, para que la reunión privada se pudiera llevar a cabo en paz y completa atención. El Santo Profeta (sa) ordenó a los Anṣar: ‘No vengáis en grupo, pero sí en pares de uno o dos al valle a la hora acordada (para no atraer la atención del enemigo). No despertéis al durmiente ni esperéis al ausente. Por lo tanto, cuando llegó la fecha señalada, durante la noche, cuando había transcurrido alrededor de un tercio de la noche, el Santo Profeta (sa) salió de su casa. Se llevó a su tío Abbas con él, que todavía era un idólatra, pero amaba al Santo Profeta (sa) y era un jefe de la dinastía Hashim. Ambos llegaron a este valle, y no pasó mucho tiempo antes de que los Anṣar comenzaron a llegar en pares de uno y dos. Eran setenta almas de los Aus y los Jazrall. Al principio, ‘Abbas (que aún no había aceptado el islam) comenzó el discurso diciendo:

“¡Oh grupo de los Jazrall! Muḥammad [sa] es venerado y amado dentro de su dinastía. Hasta la fecha, su dinastía siempre ha sido responsable de su protección, y en tiempos de peligro siempre ha acudido. Pero ahora, Muḥammad [sa] tiene la intención de dejar su tierra natal y residir con vosotros. Como tal, si deseáis acogerle, debéis protegerle en todos los sentidos, y tendréis que enfrentaros al enemigo. Si estáis preparados para esto, entonces no hay problema, o de lo contrario, sed francos en vuestra respuesta, porque el discurso verdadero es lo mejor.”

Al-Bara ’bin Ma’rur (ra) un hombre anciano e influyente de la tribu de los Ansaar, dijo: “Abbas, hemos escuchado tu discurso, pero nos gustaría escuchar las propias palabras benditas del Santo Profeta (sa), y que nos exponga la responsabilidad que desea poner sobre nosotros.’

Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) recitó algunos versículos del Sagrado Corán y describió las enseñanzas del islam en un breve discurso. Refiriéndose a Huququl’lah y Huququl-‘Ibad, el Santo Profeta (sa) dijo:

“Con respecto a mí, todo lo que deseo es que, al igual que protegéis a vuestros seres queridos y a vuestros familiares, si es necesario, me tratéis de la misma manera.”

Cuando el Santo Profeta (sa) completó su discurso, según la costumbre de Arabia, Al-Bara ‘bin Marur (ra) tomó la mano del Santo Profeta (sa) en la suya, y dijo: “¡Oh Mensajero de Al-lah! Juramos por el Dios que te envió con la verdad que te protegeremos con nuestras vidas, porque hemos sido criados bajo las sombras de las espadas y..” aún no había completado su declaración, cuando Abul-Haitham bin Tayyihan (ra) – que era uno de los que aceptaron el islam- intervino y dijo:

“¡Oh Mensajero de Al-lah! Hemos tenido largas relaciones con los judíos. Al apoyarte, estas relaciones acabarán. Que no suceda que cuando Al-lah te conceda la victoria, nos dejes y regreses a tu tierra natal, y nos quedemos sin nada.”

El Santo Profeta (sa) se río y dijo: “¡No, no! Eso no sucederá. Porque vuestra sangre será mía, vuestros amigos serán mis amigos y vuestros enemigos serán mis enemigos”. Sobre esto, ‘Abbas bin’ Ubadah Anṣari (ra) miró a sus compañeros y dijo: “¡Oh pueblo! ¿Entendéis el propósito de este tratado y os comprometéis a ello? Esto significa que debéis prepararos para enfrentaros a todos, sin importar quiénes sean, y debéis estar listos para ofrecer cualquier sacrificio”.

Esto significa que ahora debéis preparaos para enfrentaros a cada oponente del Santo Profeta (sa), y debéis estar listos para ofrecer todo tipo de sacrificios.

La gente dijo: “Sí, lo entendemos, pero ¡Oh Mensajero de Al-lah! ¿Qué recibiremos a cambio de esto?” El Santo Profeta (sa) dijo: “Recibiréis el paraíso de Al-lah, que es el más grande de todos Sus premios”.

Todos dijeron: “Aceptamos este acuerdo. Oh Mensajero de Al-lah, extiende tu mano”.

El Santo Profeta (sa) sacó su bendita mano, y este grupo de setenta devotos aceptó el pacto defensivo de la mano del Santo Profeta (sa). El nombre de este Baiat es “El Segundo Baiat en “Aqabah”.

Cuando se llevó a cabo el Bai’at, el Santo Profeta (sa) dijo: “Moisés (as) nombró a doce jefes entre su pueblo que sirvieron como sus supervisores y protectores. También deseo nombrar a doce jefes entre vosotros, quienes serán sus supervisores y sus protectores. Ellos serán como los discípulos de Jesús (as) para mí, y serán responsables ante mí con respecto a la gente. Como tal, proponedme nombres de hombres dignos”.

Por lo tanto, se propusieron doce hombres, que el Santo Profeta (sa) aprobó, y nombrando a cada uno como supervisor de una tribu, les explicó sus deberes. Para algunas tribus, el Santo Profeta (sa) nombró a dos jefes. En cualquier caso, los nombres de estos doce jefes son los siguientes:

As’ad bin Zurarah, Usaid bin Al-Ḥuḍair, Abul-Haitham Malik bin Tayyihan, Sa’d bin ‘Ubadah, Al-Bara’ bin Ma’rur, ‘Abdul’lah bin Rawaḥah,’ Ubadah bin Ṣamit, Sa’d bin Ar -Rabi, Rafi ‘bin Malik,’ Abdullah bin ‘Amr, Sa’d bin Jaithamah (el compañero sobre el que se está hablando. Fue elegido uno de los jefes) y Mundhir bin’ Amr. (Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, pp. 227-232)

Durante la migración a Medina, el Santo Profeta (sa) residió en la casa de Hazrat Kulthum bin Al Hadam en Quba. También se relata que el Santo Profeta (sa) se quedó en la casa de Hazrat Sa’ad bin Jaithamah. Del mismo modo, se narra que, aunque el Santo Profeta (sa) se quedó en la casa de Kulthum bin Al Hadam, cuando salió de la casa para ir a sentarse entre la gente, fue en la casa de Hazrat Sa’d bin Jaithamah. Después del primer Bai’at en Aqabah, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) para el entrenamiento moral y espiritual de los nuevos conversos de Medina, poco después de que Mus’ab le pidiera permiso al Santo Profeta (sa) para dirigir sus propias oraciones de los viernes. Sobre esto, el Santo Profeta (sa) le otorgó permiso y lo guio en el asunto. En consecuencia, la primera oración del viernes ofrecida en Medina bajo estas pautas fue en la casa de Hazrat Sa’d bin Jaithamah. La referencia para esta narración es de “Tabaqaat Al Kubraa”.(Al-Sira Al-Nabwiyya Li ibn Kathir, pp. 215-216, Kutub Al-Illmiyyah, Beirut, 2005)(Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, pp. 87-88, Mus’abra Al-Khair Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990).

Hazrat Sa’ad bin Jaithamah era propietario de un pozo en Quba que se llamaba “Al Ghars”. El Santo Profeta (sa) bebía regularmente de ese pozo y había dicho acerca del pozo “Esta es de las fuentes del Paraíso y su agua es excelente”. Lo que significa que es muy dulce y fresca. Tras la muerte del Santo Profeta (sa), se lavó su cuerpo con el agua de este pozo. Hazrat Ali (ra) narra que el Santo Profeta (sa) había dicho: “Tras mi fallecimiento, saca siete cubos de agua del pozo de Ghars para lavar mi cuerpo”.

Abu Ya’far bin Muhammad Ali relata que el cuerpo del Santo Profeta (sa) fue lavado tres veces. Se lavó con el agua y las hojas de tamarisco con la prenda superior todavía puesta. Lo que significa que no quitaron su camisa. Hazrat Ali, Hazrat Abbas y Hazrat Fazl lavaron el cuerpo del Santo Profeta (sa) después de su muerte. Según algunas narraciones, Hazrat Usama bin Zaid, Hazrat Shukraan y Hazrat Aus bin Jawali también participaron en el lavado del cuerpo del Santo Profeta (sa). Para muchos migrantes musulmanes, que escapaban de la persecución de los Quraish de la Meca, al llegar a Medina, el primer lugar de llegada a menudo sería la casa de Hazrat Sa’d bin Jaithamah. Es decir, todos los que llegaban después de la migración descansaban temporalmente en su casa. Algunos de los nombres conocidos de esas personas son los siguientes: Hazrat Hamza (ra), Hazrat Zaid bin Haritha, Hazrat Abu Kabsha, que fue un esclavo liberado por el Santo Profeta (sa), Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud, etc. estos compañeros emigraron y, al llegar a Medina, se quedaron en la casa de Hazrat Sa’d bin Jaithamah. (Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 2, pp. 214, Zikr Ghusl-e-Rasool Allah, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990) (Sunan ibn Maaja, Kitabul Janaiz, Baab Maa Jaa fi Ghusle Nabi, Hadith no. 1468) (Subul Al-Huda, Vol. 7, p. 229, Dar-ul-Kutb Ilmiyyah, Beirut, 1993)(Al-Tabqaat-ul-Kubra li ibn Saad, Vol. 3, p. 6, 32, 36, 112, Dar-ul-Kutb al-Ilimiyya, Beirut, 1990)

Suleiman bin Abaan relata que cuando el Santo Profeta (sa) partió para la Batalla de Badr, tanto Hazrat Sa’d bin Jaithamah como su padre intentaron salir con él. Cuando se llamaron la atención del Santo Profeta (sa) de que tanto el padre como el hijo, de una sola familia, estaban saliendo juntos; Él instruyó: “Solo uno saldrá, y para decidir quién va, deben echarlo a suertes”.

Hazrat Jaithamah le dijo a su hijo Sa’d “Como solo uno de nosotros puede ir a la batalla, te aconsejo que te quedes en casa con las mujeres para protegerlas”.

Hazrat Sa’d respondió:

“Si este hubiera sido un asunto relacionado con algo más que el Paraíso, seguramente habría dado prioridad a tu solicitud. Pero yo mismo tengo envidia por el martirio”.

Después de esto, ambos echaron suertes, y ganó Hazrat Sa’d. Por tanto, se dispuso a ir a la batalla junto con el Santo Profeta (sa) y fue martirizado en la batalla de Badr. (Al-Mustadrak Ala Al-Sahihain Li Hakim, Vol. 3, p. 209, Hadith no. 4866, Dar-ul-Kutb Al-Illmiyyah, 2002)

Fue martirizado a manos de ‘Amr bin’ Abd Wudd, mientras que, según otra narración, fue de Ta’imah bin ‘Adi. Hazrat Hamzah mató a Ta’imah en la batalla de Badr, mientras que Hazrat ‘Ali mató a’ Amr bin ‘Abd Wudd en la batalla de la zanja.

Según una narración, Hazrat Ali (ra) dijo:
“En el día de Badr, cuando el sol ya había salido por completo, se enfrentaron los ejércitos musulmanes y los de La Meca, es decir, la batalla comenzó. Fui a buscar a cierta persona y vi a Sa’d Bin Jaithamah (ra) luchando contra un idólatra, y como el idólatra martirizaba a Hazrat Sa’d (ra) sobre una duna de arena. El idólatra iba a caballo y llevaba una armadura de hierro. Bajó del caballo tras haberme reconocido, aunque yo no lo había reconocido aún. Me apremió a combatir con él, y respondí persiguiéndole. Cuando se adelantó para atacarme, evadí su línea de ataque, porque venía desde lo alto y esto me suponía una desventaja, (es una táctica de batalla) y no podía permitir que me atacara desde arriba, por lo que me puse a un lado. El idólatra gritó: “¡Oh hijo de Abu Talib! ¿Estás huyendo?’

Le respondí: “¡Es imposible que el hijo de Ishtiraa huya!”

Lo que significa que nunca huiría. El término Ishtiraa se convirtió en proverbial entre los árabes. La historia relata el caso de un ladrón que venía para robar a la gente, y cuando lo atacaban, huía. Sin embargo, su huida era solo temporal, ya que atacaba de nuevo a la primera oportunidad. Por lo tanto, se hizo popular como proverbio entre los árabes; es decir, evadir al enemigo como estrategia para atacar de nuevo.

Hazrat Ali (ra) dice a continuación que, “cuando afiancé mis pies, (para pelear) se me acercó y me atacó con su espada, a la que evite con mi escudo, y descargué mi propia espada contra su hombro, con tal fuerza, que penetró en su cota de malla. Estaba convencido de que mi espada acabaría con él cuando noté el brillo plateado de un filo en mi proximidad.”

Hazrat Ali explica: “Estaba a punto de atacarle por segunda vez, pero bajé la cabeza de inmediato cuando noté que otra espada venía hacia mí por detrás. La segunda espada no me alcanzó, pero golpeó a mi oponente con tal fuerza que su cabeza se separó de su cuerpo junto a su casco.”

Hazrat Ali (ra) continúa, “Cuando me giré para mirar, vi a Hazrat Hamza (ra), diciendo: ‘¡Toma esto! ¡Soy el hijo de Abdul Muttalib! (Kitabul Mahazgi Li Al-Waqadi, pp. 92-93, Ghazwa-e-Badr, Alam-ul-Kutb, 1984) (Lughaatul Hadith, Vol. 2, p. 431, Ali Asif Printers, Lahore, 2005)

A partir de esta narración de Hazrat Ali (ra), se deduce que Taimah Bin ‘Addi martirizó a Hazrat Sa’d, y luego también pereció en ese lugar.

Según relata una narración, durante la Batalla de Badr, el Santo Profeta (sa) llevaba dos caballos. En uno de los caballos, se sentaba Hazrat Musab bin Umair y en el otro Hazrat Sa’d bin Jaithamah. Hazrat Zubair bin Awam y Hazrat Miqdad bin Aswad también se turnaban para sentarse sobre ellos.(Dalail Al-Nabuwwah Li Al-Bahqi, Vol. 3, p. 110, Siyaq Qisatu Badr, Dar-ul-Kutb Al-Illmiyyah, Beirut, 1988)

Hay varias narraciones en los relatos de la historia en relación con el número de caballos que tenían los musulmanes en la Batalla de Badr. Según Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib, durante la batalla de Badr, los musulmanes poseían setenta camellos y dos caballos. Sin embargo, otras fuentes históricas citan que el número de caballos eran tres, e incluso cinco. Independientemente de la cantidad de provisiones y de caballos y camellos que tenían los musulmanes, no tenían comparación con la magnitud de las provisiones y cantidad de caballos que poseía el enemigo. Cuando los musulmanes fueron atacados y se vieron obligados a participar en la batalla, los no creyentes vinieron con la intención de destruir completamente al islam. En aquel momento, los musulmanes no miraron sus provisiones y caballos. En realidad, tenían la pasión ferviente de ofrecer sacrificios en el camino de Dios, como se pudo ver en su respuesta. No tenían, en absoluto, ningún deseo mundano, sino simplemente el deseo de ofrecer sus vidas por Dios el Todopoderoso. Por esta razón, el hijo le dijo al padre que no podía darle prioridad. En cualquier caso, fue una pasión sincera [la de ofrecer el sacrificio] que Dios el Todopoderoso aceptó, otorgándoles la victoria. Que Dios el Todopoderoso continúe elevando el rango de los Compañeros. (Sirat Khatamun-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmadra, p. 353) (Sharah Zurqani, Vol. 2, p. 260, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 1996) (Al-Sira Al-Halabiyyah, Vol. 2, p. 205, Baab Zikr Maghazia, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 2002)