La bondad y la generosidad del Mesías Prometido (as)
Resumen
Tras recitar el Tashahhud, el Ta‘awwuz y la sura al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), dijo que expondría algunos episodios de la vida del Mesías Prometido (as) que ponen de manifiesto su bondad y generosidad.
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) daba como la lluvia que cae de las nubes, y que su generosidad no hacía más que aumentar durante el mes de Ramadán. Daba a los necesitados en secreto y nunca dudaba en dar a los demás, por muy valioso que fuera lo que ofrecía.
Siempre dispuesto a ayudar a los demás
Su Santidad (aba) contó que, incluso antes de proclamar que era el Mesías Prometido, cuando aún era un completo desconocido, ayudó a Abdul Ghaffar Kashmiri con motivo de su boda regalándole dos piezas de joyería de gran valor. No se trató de un caso aislado, sino que situaciones similares se repetían con frecuencia. Nunca ocurrió que alguien necesitara ayuda y él se negara a prestársela. De hecho, percibía las necesidades de los demás, incluso sin que ellos se expresaran con palabras, y se esforzaba por ayudarlos de cualquier forma que pudiera.
Su Santidad (aba) contó que, durante la boda de Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra), una música tradicional se presentó en la puerta principal y comenzó a tocar un tambor, tal y como era costumbre en la zona en las bodas. Lo hacía para ganarse algo de dinero. Cuando el Mesías Prometido (as) oyó el sonido del tambor, envió a alguien a decirle que dejara de tocar y ordenó que, de todos modos, se le diera algo de dinero. La música también comentó que se acercaban los meses de invierno y que pasaría frío. Por ello, el Mesías Prometido (as) ordenó que se le diera también una manta.
La costumbre del Mesías Prometido (as) de hacer regalos a los demás
Su Santidad (aba) dijo que la vestimenta del Mesías Prometido (as) era bastante sencilla y que no tenía ningún gusto ni deseo concreto al respecto. Especialmente en sus últimos años, solía recibir ropa como regalo, que luego se ponía. Por lo demás, solía comprarse su propia ropa, sobre todo sus turbantes. Sin embargo, el Mesías Prometido (as) solía ponerse algo y, poco después, regalárselo a alguien que se lo pidiera como una forma de bendición. Por ello, el Mesías Prometido (as) solía necesitar ropa nueva, ya que la que tenía la regalaba.
Su Santidad (aba) contó que un joven solía llevarle al Mesías Prometido (as) notas de Lekh Ram, un opositor de Ahmadía. Este joven tenía una relación de larga data con el Mesías Prometido (as) y su familia, por lo que cada vez que venía con una nota, este siempre le daba algún tipo de regalo, ya fuera fruta, algo dulce o artículos similares. Solía relatar la amabilidad del Mesías Prometido (as), que siempre mostraba con una sonrisa. Incluso Lekh Ram se había acostumbrado a ello y solía preguntar qué había traído esta vez el joven de parte del Mesías Prometido (as). Una vez, cuando el Mesías Prometido (as) le había dado al joven unas manzanas excelentes, Lekh Ram también probó una, tras lo cual el joven le dijo en tono de broma que no debía comer nada que procediera de la casa de alguien a quien se oponía. A pesar de ello, Lekh Ram se comió la manzana.
Su Santidad (aba) contó que el Mesías Prometido (as) solía tener frascos de almizcle. Una vez, alguien dijo que necesitaba almizcle, y el Mesías Prometido (as) puso lo que tenía delante de él y le dijo que tomara todo lo que necesitara. Aquel solo tomó un poco, a lo que el Mesías Prometido (as) respondió que eso no era nada y que debía tomar más. El almizcle era muy caro en aquella época y sigue siéndolo hoy en día, pero el Mesías Prometido (as) no dudó ni un instante en darle más.
Su generosidad con sus amigos
Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) era sumamente amable y generoso con sus amigos. En una ocasión, alguien le contó al Mesías Prometido (as) que su esposa había enfermado de meningitis. El Mesías Prometido (as) le recetó unos medicamentos y le dijo que volviera al cabo de una hora para informarle de cómo se encontraba. El Mesías Prometido (as) le dijo que, por muy tarde que fuera, no se preocupara por despertarle. Así pues, aquel hombre regresaba periódicamente para informar al Mesías Prometido (as) del estado de su esposa, que al principio no mejoraba, y el Mesías Prometido (as) seguía recetándole medicinas. Llegó un momento en que comenzaron a manifestarse las últimas fases de la enfermedad, tras lo cual el Mesías Prometido (as) dijo que habían agotado todos los medios terrenales y que ahora lo único que quedaba era rezar. El Mesías Prometido (as), movido por su inmensa bondad, dijo que se postraría en súplica y no se levantaría hasta que mejorara el estado de la esposa de aquel hombre. El hombre se fue a casa e informó a su esposa de que el Mesías Prometido (as) estaba rezando por ella. Consolado por las oraciones del Mesías Prometido (as), el hombre se quedó dormido. Cuando se despertó a la mañana siguiente, encontró a su esposa ordenando algunos platos. Al preguntarle cómo se encontraba, ella le dijo que, dos horas después de que él se hubiera quedado dormido, se había sentido mucho mejor y que, por la gracia de Al’lah, se había curado. Tal era la inmensa bondad y el afecto que el Mesías Prometido (as) mostraba a sus amigos.
Sin dudar a la hora de ayudar a los necesitados
Su Santidad (aba) contó que Hazrat Mufti Muhammad Sadiq (ra) escribió al Mesías Prometido (as) para expresarle que su familia tenía dificultades para preparar la comida. Ante esto, el Mesías Prometido (as) ordenó a la cocina que enviara diariamente dos platos excelentes al hogar de Hazrat Mufti Muhammad Sadiq (ra).
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, con motivo de la Yalsa Salana (Convención Anual), se agotaron los fondos. En aquel momento, no existía una cuota oficial que debiera abonarse para la Convención Anual, por lo que el Mesías Prometido (as) solía sufragar los gastos de su propio bolsillo. El responsable de la cocina le explicó al Mesías Prometido (as) que no disponían de medios para preparar la cena que se iba a servir a los invitados. El Mesías Prometido (as) le ordenó que recuperara algunas joyas de su esposa para venderlas y que el importe se utilizara para atender a los invitados. Un par de noches más tarde, se repitió la misma situación. El Mesías Prometido (as) dijo que había dado todo lo que tenía y que ahora el único recurso era rezar a Dios. A la mañana siguiente, el Mesías Prometido (as) recibió varias transferencias al mismo tiempo de personas que no habían podido asistir a la convención. Las personas mundanas se consuelan con el hecho de que pueden disponer en cualquier momento del dinero que han ahorrado; sin embargo, el Mesías Prometido (as) encontró mayor seguridad y confianza en Dios, A quien él sabía que siempre le echaría una mano.
Su preocupación por los demás en tiempos de sequía
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, durante un periodo de sequía y hambruna, el Mesías Prometido (as) ordenó que se preparara comida en la cocina todos los días y que no se rechazara a nadie. Unos días más tarde, se agotaron el dinero y los recursos, tras lo cual el Mesías Prometido (as) hizo un llamamiento a la comunidad, diciendo que esos días cruciales solo se dan de vez en cuando, y rezó para que la gente diera un paso al frente y ofreciera sacrificios. Como resultado, se recaudó algo de dinero, suficiente para seguir proporcionando comida durante la hambruna. El Mesías Prometido (as) dijo que leía en el periódico noticias sobre otros países que sufrían hambrunas y donde la gente moría de hambre. Esto le causaba un gran dolor. Su Santidad (aba) dijo que en algunos países esas condiciones persisten incluso hoy en día, y que la gente sigue muriendo de hambre. Por la gracia de Dios, cuando surgen tales situaciones y la Comunidad se entera de ellas, envía dinero para ayudar a los necesitados. Las personas, a nivel individual, también envían toda la ayuda que pueden. Su Santidad (aba) rezó para que Alá siga permitiendo que la gente ayude a quienes se ven afectados por las sequías y las hambrunas.
Su generosidad desinteresada hacia los demás Su Santidad (aba) contó que Hazrat Hafiz Ali (ra) relató su experiencia: cada vez que el Mesías Prometido (as) recibía dinero de algún sitio, le llamaba y le daba dinero sin contarlo. El Mesías Prometido (as) le decía que cogiera todo lo que pudiera, pues quién sabía cuándo volvería a tener dinero. Hazrat Hafiz Ali (ra) solía ayudar al Mesías Prometido (as) con diversas tareas domésticas y a atender a los invitados.
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) envió a alguien con una lista de cosas que comprar. La persona enviada tardó más de lo previsto, lo que hizo que el Mesías Prometido (as) se preocupara, por lo que le preguntó cómo se encontraba. Después de esto, el hombre quiso entregar al Mesías Prometido (as) el recibo de las compras que había realizado y también le devolvió el cambio que le sobraba. Ante esto, el Mesías Prometido (as) comentó muy amablemente que no había necesidad de saldar ninguna cuenta; más bien, debía quedarse con el importe restante y utilizarlo para sus necesidades personales.
Su bondad incluso hacia quienes recurrían al robo
Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, una mujer robó un poco de arroz de la casa del Mesías Prometido (as). La gente la vio y se armó un gran alboroto, mientras el Mesías Prometido (as) estaba trabajando en su habitación. Al oír el alboroto, salió y vio a una mujer pobre, con la ropa hecha jirones, que sostenía arroz en las manos. El Mesías Prometido (as) dijo que parecía tener hambre, por lo que pidió a la gente que le dieran un poco más de arroz y la dejaran seguir su camino, adoptando así el atributo de Dios de cubrir las faltas de los demás. El Mesías Prometido (as) seguía la guía de su maestro, el Santo Profeta (sa), quien dijo que si alguien robaba en un estado de extrema hambre y pobreza, se debía pasar por alto su transgresión y no se le debía tratar como a un ladrón.
Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah enviara bendiciones sobre el Santo Profeta (sa) y su siervo, el Mesías Prometido (as).
Sermón del viernes
Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
Presentaré algunos incidentes relacionados con la bondad, la generosidad y la munificencia del Mesías Prometido (as).
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que su generosidad era como un río sin fin y que sus manos eran como nubes que derramaban perlas. Comenzaba a llover a cántaros y seguía saciando [a aquellos sobre quienes caía]. Esto aumentaba exponencialmente durante el mes de Ramadán, pues continuaba dando a los necesitados en completo secreto. De hecho, no dudaba en entregar a los demás incluso las cosas más preciadas. Esta característica suya puede encontrarse en todas las etapas de su vida. Era evidente incluso antes de su nombramiento [como el Mesías y Mahdi].
Así, al relatar la bondad y benevolencia del Mesías Prometido (as), Mian Ghaffar Sahib Abdul Ghaffar Kashmiri cuenta que, cuando se casó, el Mesías Prometido (as) le entregó dos piezas de joyería valiosa para ayudarle [financieramente]. Esto ocurrió antes de su designación, cuando aún vivía recluido.
Hazrat Sheij Sahib escribe que este no es un incidente aislado. Más bien, existen muchos incidentes de este tipo. Nunca sucedió que alguien le pidiera algo y él no le diera nada a cambio, o que percibiera la necesidad de alguien y no le ayudara o asistiera, incluso sin que el propio individuo se lo pidiera. Era extremadamente generoso y amable.
La madre de Bashir Sahib Bhatti dice que, en una ocasión, con motivo de la boda de Hazrat Amirul Muminin, el Jalifa II del Mesías (ra), Hazrat Mirza Mahmud Ahmad, una mujer que se dedicaba a tocar música tradicional llegó a la casa del Mesías Prometido (as) con un tambor y comenzó a tocarlo con la esperanza de recibir algo, ya que se trataba de una boda. Esa era la costumbre allí. Cuando el Mesías Prometido (as) oyó el tambor, inmediatamente dirigió su atención hacia ella y dijo: “Díganle que deje de tocar el tambor y que se detenga, y denle lo que pida”. En consecuencia, le dieron cuatro o cinco rupias. Luego ella dijo: “Ha llegado el invierno y tengo frío”. Entonces, el Mesías Prometido (as) también le dio una colcha. Sin embargo, no le autorizó a tocar el tambor.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata que, en primer lugar, debe entenderse claramente que al Mesías Prometido (as) no le entusiasmaba ningún tipo de vestimenta. Durante los últimos años de su vida recibió como regalo muchas prendas de vestir sencillas y confeccionadas a medida, especialmente abrigos, chalecos, pantalones y camisas, etc., que el jeque Rahmatul’lah Sahib de Lahore solía llevar consigo como obsequios en Eid ul-Adha. Esta era, por lo general, la ropa que usaba. Sin embargo, además de esta, ocasionalmente también mandaba confeccionar ropa a medida. Por lo general, compraba sus propios turbantes y también se los colocaba él mismo.
Del mismo modo que estas prendas se confeccionaban y se usaban, también se regalaban continuamente, pues la gente las solicitaba constantemente como recuerdos bendecidos. En ocasiones, llegaba incluso al punto de regalar una prenda como recuerdo bendecido y, de inmediato, mandaba confeccionar otra para usarla en su lugar. Algunas personas perspicaces incluso le enviaban una prenda de vestir y, al mismo tiempo, pedían al Mesías Prometido (as) que les entregara una de las prendas que él había usado como recuerdo bendecido.
Hazrat Mufti Muhammad Sadiq Sahib (ra) escribe que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) le dijo: “Yo solía llevar conmigo una pequeña copia de bolsillo del Corán (una pequeña copia del Sagrado Corán). Estaba impresa con una calidad excelente y una tipografía muy clara, y me gustaba mucho. Pero alguien me la pidió, así que se la di, pues no quise negársela a quien me la pidió”.
Hazrat Quraishi Sheij Muhammad Sahib (ra), quien trabajaba como cartero en la oficina de correos y era residente de Qadian, relata: “En una ocasión, llevé numerosos giros postales al Mesías Prometido (as) para que los distribuyera. Después de entregarle el dinero, continué repartiendo por toda la ciudad correos postales restantes. Cuando regresé a la oficina de correos hacia las cuatro y comencé a entregar al jefe de correos los giros postales ya procesados, las cuentas revelaron que, por error, había pagado seis rupias de más a alguien. Me preocupé muchísimo, porque la cantidad que había entregado al Mesías Prometido (as) era la de mayor consideración. El jefe de correos, cuyo nombre era Al’lah Ditta y que era un no ahmadí lleno de prejuicios, me dijo: ‘Lo mejor sería que fueras a preguntárselo a Mirza Sahib’.
Realmente no quería volver a molestar al Mesías Prometido (as), pero, como el jefe de correos insistió una y otra vez, fui a verle y le dije: ‘Hoy, sin querer, le pagué seis rupias de más a alguien’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘Querido, ni siquiera sé con exactitud cuánto dinero se recibió, y ya he gastado parte de él (ya lo había distribuido a otros). Sin embargo, eres un hombre pobre, así que te daré estas seis rupias. Pero, en el futuro, ten más cuidado, porque eres pobre’”.
Este incidente ilustra el noble carácter, la generosidad y la compasión del Mesías Prometido (as) hacia los necesitados.
Hazrat Mir Mehdi Husain Sahib (ra) relata: “En una ocasión, Maulvi Muhammad Ahsan Sahib me pidió un ejemplar de Chashma Masihi [Fuente del Mesías]. Le dije: ‘El Mesías Prometido (as) ha dado instrucciones de que siempre permanezca un determinado número de ejemplares en la oficina, porque el gobierno solicita, en ocasiones, copias de los libros publicados. Por lo tanto, no hay ejemplares de reserva disponibles para entregarte. Sin embargo, si obtiene el permiso del Mesías Prometido (as), podrá tener uno’. Entonces, Maulvi Sahib escribió al Mesías Prometido (as). En resumen, escribió: ‘Solo quedan veinte ejemplares de Chashma Masihi en la oficina y necesito uno. Si no hay inconveniente, por favor, permítame que me den uno’.
El Mesías Prometido (as) escribió en la carta: ‘Puedes llevarte una copia’, y la firmó”. Este incidente demuestra no solo la honestidad y la transparencia del compañero, quien explicó abiertamente la política de la oficina y el número limitado de copias restantes, al tiempo que formulaba respetuosamente su solicitud, sino también la gracia del Mesías Prometido (as). Aunque aquellas copias habían sido reservadas por si se necesitaban más adelante, no rechazó la petición de quien se la había hecho.
De vez en cuando, Pandit Mohan Lal, que por aquel entonces era un joven brillante, venía a ver al Mesías Prometido (as), trayendo una nota o una carta de Pandit Lekh Ram. Dado que la familia de Mohan Lal mantenía vínculos de larga duración con la familia del Mesías Prometido (as), cada vez que iba a visitarles, el Mesías Prometido (as) nunca le permitía marcharse con las manos vacías. Siempre le regalaba algo, como fruta o azúcar refinado, que en aquellos tiempos se consideraba un obsequio especialmente valioso.
El jeque Yaqub Ali Sahib dice: “Pandit Mohan Lal, cuya familia también había mantenido relaciones amistosas con la mía desde la época de mi padre, solía contarme estos incidentes. Siempre decía: ‘El Mesías Prometido (as) me trató con gran bondad, siempre me recibió con una sonrisa y nunca me permitió marcharme con las manos vacías’.
En una ocasión, el Mesías Prometido (as) me dio unas manzanas excepcionalmente buenas. Me las llevé conmigo. Pandit Lekh Ram tenía la costumbre de preguntarme, cada vez que regresaba: ‘¿Qué has traído?’. Cuando le dije que había traído manzanas, las miró con codicia y dijo: ‘¡Ven! Déjame comer algunas a mí también’. Pandit Mohan Lal dijo: ‘Le respondí en tono de broma: ‘No debes comer nada que provenga de la casa de tu enemigo’ (dices ser un gran adversario del Mesías Prometido (as): ¿por qué, entonces, pides algo de su casa?)’. Sin decir una sola palabra más, me arrebató la manzana de la mano y empezó a comérsela”.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib concluye diciendo que Mohan Lal siempre testificó que no había experimentado del Mesías Prometido (as) más que bondad, generosidad y gracia”.
Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib (ra) relata: “El Mesías Prometido (as) guardaba almizcle. En una ocasión, le mencioné que quería un poco. Colocó el recipiente delante de mí y me dijo: ‘Coge todo lo que quieras’. Tomé tan solo una pequeña cantidad. Sonriendo, dijo: ‘Eso no es casi nada’, y, acto seguido, midió entre una “tola” y una “tola” y media [aproximadamente 11-17 gramos] de almizcle y me la dio”. El almizcle era una sustancia sumamente valiosa, como sigue siéndolo hoy en día, y se utilizaba en perfumes y medicamentos. Sin embargo, al Mesías Prometido (as) nunca le preocupó el valor monetario de sus posesiones. Su única preocupación era demostrar los más altos estándares de generosidad y nobleza de carácter.
Hakim Mufti Fazlur Rahman Sahib (ra) relata el siguiente incidente, que ilustra la profunda compasión y generosidad del Mesías Prometido (as) hacia sus amigos: “Mi esposa dio a luz a un niño y, al séptimo día, alrededor de la hora del Maghrib, comenzó a mostrar síntomas de meningitis. Dado que en aquel momento se estaba propagando una epidemia de esta enfermedad, me preocupé muchísimo.
Después de la oración del Maghrib, me apresuré a ver al Mesías Prometido (as) y le expliqué el estado de mi esposa. Dijo: ‘Esto parece ser el comienzo de una enfermedad muy peligrosa. Dadle inmediatamente diez “rattis” [1,82 gramos] de asafétida (él mismo se la había recetado); luego regresa e infórmame dentro de una hora u hora y media’. Tras la oración de Isha, regresé y le informé: ‘La enfermedad ha empeorado, en lugar de mejorar’. Entonces dio instrucciones: ‘Dadle diez “rattis” de quinina y avísame de nuevo dentro de una hora. No pienses que estaré dormido. Simplemente llámame desde la escalera de los hombres, sin dudarlo’.
Una hora después, regresé y dije: ‘No ha habido ninguna mejoría’. Respondió: ‘Entonces dale diez “rattis” de almizcle’. Dije: ‘A estas horas, ¿dónde puedo conseguir almizcle?’. El Mesías Prometido (as) entró y regresó con un puñado de almizcle. Dijo: ‘Esto debería ser suficiente para diez rattis’. Respondí: ‘Hazur, esto es mucho más que eso’. Respondió: ‘Llévalo contigo. Te será útil de nuevo en el futuro’. Lo tomé, medí diez “rattis” y se los di a mi esposa.
Una hora después, regresé una vez más y le informé de que su estado se había agravado aún más. Entonces ordenó: ‘Dale diez “tolas” [116 gramos] de aceite de ricino’. Continuó cambiando los medicamentos para ayudarla. Regresé a casa y le di el aceite de ricino. Poco después, vomitó de forma intensa. En esta enfermedad, el vómito se considera generalmente la etapa final. Después de vomitar, su respiración se volvió dificultosa, su cuello se arqueó hacia atrás, perdió la vista y también la capacidad de hablar. Corrí de inmediato de regreso y llamé desde la escalera. Al oír mi voz, el Mesías Prometido (as) abrió la puerta y preguntó: ‘¿Va todo bien?’. Respondí: ‘Su estado es crítico. Le cuesta respirar, tiene el cuello rígido (este es un síntoma de esta enfermedad conocida como meningitis), ha perdido la vista y también el habla’. El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Ahora hemos utilizado todos los remedios que este mundo tiene para ofrecer. Solo queda un remedio: la oración. Vete a casa. Ahora inclinaré mi cabeza en oración (¡qué extraordinaria compasión mostró!) hasta que Dios le conceda la recuperación’.
Al escuchar estas palabras, regresé a casa y le dije a mi esposa: ‘Ahora no tienes nada de qué preocuparte. Aquel que ha asumido la responsabilidad de tu caso se ha hecho cargo personalmente’. Para entonces eran las dos de la madrugada. Dejé a mi esposa en aquella condición, preparé una cama para mí en la habitación contigua y me fui a dormir, diciéndome a mí mismo: ‘El Mesías Prometido (as) ha dicho que ahora va a rezar. Ya no hay nada más que yo pueda hacer’.
A la mañana siguiente, me desperté con el sonido de los utensilios. Cuando levanté la vista, vi a mi esposa, a los pies de mi cama, acomodando los utensilios de cocina. Le pregunté: ‘¿Cómo estás?’. Ella respondió: ‘Estabas dormido. Alrededor de dos horas después, Dios el Altísimo me concedió Su gracia. Toda la alabanza pertenece a Dios, Señor de todos los mundos’”.
Este incidente demuestra los ejemplares niveles de compasión del Mesías Prometido (as) hacia sus amigos, así como su extraordinaria generosidad con ellos.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe que en Qadián había un hombre de la raza Yatt llamado Nihal Singh, quien en su juventud era rudo e insensato. Había servido en el ejército y percibía una pensión. Su casa estaba pared con pared con el salón de Jan Bahadur Mirza Sultan Ahmad Sahib. Era un enemigo acérrimo de la Comunidad. Por instigación suya, se presentó un grave, aunque falso, caso penal contra el primer Jalifa, Hazrat Hakim-ul-Ummat Nuruddin (ra), y algunos otros ahmadíes. Siempre se unía a otros para acosar a los ahmadíes, y lanzarles insultos se había convertido en una costumbre habitual para él.
Durante el mismo período en que estos procesos judiciales estaban en curso, se hizo necesario conseguir almizcle para la esposa de su sobrino, llamado Santa Singh. El almizcle no solo no se encontraba disponible en ningún otro lugar, sino que además era una sustancia extremadamente costosa. En estas circunstancias, el propio Nihal Singh, el mismo hombre que era un opositor, acudió a la puerta del Mesías Prometido (as) y le solicitó un poco de almizcle. Tan pronto como llamó, el Mesías Prometido (as) salió de inmediato, sin hacerle esperar ni un solo instante. En cuanto escuchó su petición, entró enseguida diciendo: “Espere aquí; se lo traeré ahora mismo”. Poco después regresó con aproximadamente media “tola” de almizcle y se lo entregó.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) escribe además que, cuando la peste se propagó por el país, el Mesías Prometido (as), bajo revelación divina y la guía de Dios Altísimo, comenzó a preparar una medicina a la que llamó “Tiryaq-e-Ilahi” [el Antídoto Divino]. Esta medicina no tenía una fórmula fija. Más bien, reunía y añadía los ingredientes que Dios Altísimo le guiaba a incorporar mediante una sutil revelación divina, sin prestar atención a los principios convencionales de la medicina; incluso el peso y la medida de cada ingrediente se determinaban únicamente bajo la guía divina (a medida que recibía esa guía, continuaba añadiéndolos). En esta medicina se incorporaron ingredientes preciosos por valor de varios miles de rupias, junto con otros costosos ingredientes medicinales. Una vez preparada la medicina, el Mesías Prometido (as) la distribuyó con gran generosidad. No cobró a nadie ni siquiera por una sola píldora o un solo grano de ella. De hecho, cuando se la solicitaban desde lugares lejanos, la enviaba por correo certificado, enteramente a su propio cargo.
El Dr. Sadiq Sahib relató en una ocasión: “Alguien solicitó únicamente dos o tres “mash”a [unidad de medida] del Tiryaq; sin embargo, el Mesías Prometido (as) envasó una cantidad mayor en recipientes e hizo que se enviara por correo”.
[Hazrat Sheij Yaqub Ali] Irfani Sahib escribe: “cuando yo también solicité un poco, el Mesías Prometido (as) me concedió una cantidad muy abundante”. Esta no era su práctica únicamente con el “Tiryaq”; también, cuando se trataba de medicinas, su carácter era tal que con frecuencia entregaba botellas enteras a quienes se las solicitaban. En algunas ocasiones, incluso dio almizcle de gran valor y de la más alta calidad a sus enemigos más acérrimos, habiéndose mencionado ya anteriormente uno de estos incidentes.
Hazrat Sheij Muhammad Nasim Sahib afirma: “En una ocasión necesité almizcle, que era casi imposible de conseguir en Qadián por aquellos días. Se lo pedí al Mesías Prometido (as), y él me dio mucho más de lo que necesitaba”.
Munshi Zafar Ahmad Sahib, de Kapurthala, relata: “Un amigo había realizado grandes esfuerzos y gastado una cantidad considerable de dinero para obtener de alguien la fórmula con la que preparar un determinado compuesto medicinal (“kushta”). Después de prepararlo, presentó tanto la medicina como su fórmula al Mesías Prometido (as). Otro amigo me pidió que consiguiera aquella fórmula, pero su propietario no estaba dispuesto a compartirla con nadie. Fui al Mesías Prometido (as) y le dije: ‘Un cierto amigo ha presentado un compuesto medicinal a Hazur’. Respondió: ‘La botella está allí. Puede tomarla’. Luego pregunté: ‘¿Y la fórmula?’ Hazur respondió: ‘También está allí, justo al lado’”.
Así que tomé el compuesto medicinal junto con su fórmula escrita y se los mostré a ese amigo, diciéndole: ‘Tú no se lo dirías a nadie, pero yo lo he traído. Aquí está’. Entonces, aquel amigo fue al Mesías Prometido (as) y comentó: ‘Hazur, ¿se lo ha regalado?’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘Vino a mí pidiéndolo, así que se lo di’. Además, el Mesías Prometido (as) me dijo: ‘También tenemos el cuaderno de recetas que pertenecía a Mirza Sahib (refiriéndose a su difunto padre). Si quiere fórmulas médicas, también le daré ese cuaderno. Contiene muchas recetas excelentes; puede llevárselo’. Sin embargo, después ya no me acordé de recoger aquel cuaderno, a pesar de que Hazur había deseado amablemente dármelo”.
Hazrat Mufti Muhammad Sadiq Sahib (ra) escribió en una carta al Mesías Prometido (as): “Debido a un embarazo, desde hace algún tiempo existe tal dificultad en mi hogar que no se puede preparar comida en casa. Se puede encargar a otras personas que horneen el pan, pero preparar platos cocinados resulta difícil. Por lo tanto, solicito respetuosamente que, durante algún tiempo, se disponga el envío de curry del Langar [cocina comunitaria] a mi casa. En respuesta, el Mesías Prometido (as) escribió a Mian Nallmuddin Sahib, quien estaba a cargo del Langar (comedor), dándole la siguiente instrucción: “A Mufti Sahib se le debe proporcionar curry de buena calidad del Langar dos veces al día. Esta es una orden”.
Hazrat Muhammad Ismail Sahib (ra) relata: “En una ocasión, el Mesías Prometido (as) tuvo la intención de enviar una delegación a Nisibis para investigar asuntos relacionados con Jesús (as). La delegación estaba compuesta por Mirza Juda Bajsh Sahib, Maulvi Qutbuddin Sahib y, según relata el narrador, el tercer miembro era mi padre, Mian Yamaluddin Sahib. Estas personas habían sido seleccionadas por sorteo. El Mesías Prometido (as) entregó a cada uno de los tres hombres cincuenta rupias para preparar la ropa y cubrir las demás necesidades del viaje. También organizó para ellos una reunión de despedida.
Sin embargo, debido a determinadas circunstancias, la expedición fue posteriormente cancelada. Cuando se canceló el viaje, mi padre – según relata el narrador – fue a devolver las cincuenta rupias al Mesías Prometido (as). Hazur respondió: ‘Lo que una vez hayamos dado a alguien, no volvemos a quitárselo’. Más tarde, cuando mi padre regresó a casa, me narró este incidente”.
Hazrat Malik Ghulam Husain Sahib relata: “A la Yalsa Salana (Convención Anual) de 1894 o 1895 también asistió Husamuddin Sahib Sialkoti, quien tenía un gran gusto por la cocina y la buena comida. En presencia del Mesías Prometido (as) habló muy elogiosamente de un plato llamado “shab deg”, diciendo: ‘Su Santidad, el shab deg es un plato excepcionalmente delicioso’ (el “shab deg” es un plato preparado con diferentes tipos de carne, al que también se añaden diversas verduras y otros ingredientes; posteriormente, se cocina durante toda la noche). El Mesías Prometido (as) me llamó y me dijo: ‘Proporciona a Shah Sahib todo lo que le guste y tantos ingredientes como necesite’. En consecuencia, la carne se obtuvo localmente, mientras que los nabos fueron traídos de Batala. Al atardecer, se colocaron al fuego aproximadamente cuatro ollas grandes para cocinar. También se compró arroz en una tienda muy conocida, en una cantidad aproximada de entre dos y dos “man” y media (un “man” son aproximadamente 37,3 kgs). Por la mañana, la comida fue servida a los invitados conforme al deseo de Syed Husamuddin Sahib”.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib relata: “Munshi Zafar Ahmad Sahib me escribió diciendo: ‘En una ocasión, durante la Yalsa Salana, los fondos se agotaron. En aquellos días no existía un sistema regular de recaudación de donaciones destinado específicamente a la Yalsa Salana; por el contrario, el Mesías Prometido (as) sufragaba personalmente todos los gastos con sus propios recursos. El difunto Mir Nasir Nawab Sahib, quien supervisaba el Langar, vino y expuso que ya no quedaba provisión alguna para los invitados aquella noche; es decir, los fondos se habían agotado, el dinero se había terminado y las provisiones de alimentos también se habían acabado. Ya no había nada disponible con lo que alimentar a los invitados’.
El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Toma algunas joyas de Bibi Sahiba; eso puede ser suficiente para satisfacer la necesidad actual’ (en otras palabras, el Mesías Prometido (as) instruyó que se tomaran las joyas de Hazrat Amman Yaan (ra) para venderlas o utilizarlas con el fin de recaudar fondos, de modo que pudieran organizarse las provisiones). En consecuencia, las joyas fueron vendidas o empeñadas, y Mir Sahib trajo el dinero y organizó las provisiones necesarias para los invitados.
Dos días después, por la noche y en mi presencia, Mir Sahib volvió a decir que no quedaba nada para el día siguiente. Los fondos recaudados con las joyas habían durado dos días, pero ¿qué se iba a hacer ahora? El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Hicimos todos los arreglos que pudimos con los medios aparentes. Hemos dado todo lo que teníamos. Ya no nos queda nada por hacer. Estos son los huéspedes de Dios y han venido por Dios Altísimo; son los huéspedes de Dios. Ahora será Él mismo quien se encargue de todo’.
Munshi Zafar Ahmad Sahib dice: ‘A la mañana siguiente, sobre las ocho o las nueve, cuando llegó el cartero, el Mesías Prometido (as) nos llamó a Mir Sahib y a mí’. El cartero llevaba en la mano entre diez y quince giros postales procedentes de distintos lugares, cada uno por un importe de cincuenta o cien rupias. Los remitentes habían indicado en los envíos que no podían asistir a la Convención Anual y que, por lo tanto, enviaban dinero para sufragar los gastos de los invitados.
El Mesías Prometido (as) recibió los giros postales y, a continuación, pronunció un discurso sobre la confianza en Dios. Munshi Zafar Ahmad Sahib dice: ‘En aquel momento también había otras personas presentes’. El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Del mismo modo que una persona mundana confía en el dinero que guarda en su caja fuerte, convencida de que puede sacarlo cuando quiera, quienes depositan su confianza en Dios tienen una certeza aún mayor en Dios Altísimo. Es indudable que, siempre que surge una necesidad, Dios Altísimo envía de inmediato los medios’. Por lo tanto, cuando el Mesías Prometido (as) dijo que eran huéspedes de Dios y que habían venido por Él, sin duda también rezó por ellos; y su confianza en Dios era inquebrantable. Entonces, Dios Altísimo se encargó personalmente de todo”.
Hazrat Mian Rahmatul’lah Sahib cuenta: “El Mesías Prometido (as) solía decir: ‘La hambruna y la peste se han desatado al mismo tiempo, y aun así la gente no se arrepiente. Se mueren de hambre’“. Tres años después, una grave epidemia se extendió por todo el país. Durante los días de hambruna, el Mesías Prometido (as) solía decir que en los Hadices se menciona que se produciría una hambruna en la época del Mesías Prometido. Así se cumplieron las palabras del Santo Profeta (sa) y la promesa de Dios Altísimo. Por otra parte, el Mesías Prometido (as) ordenó a Maulvi Sahib, Hazrat Jalifatul Masih I (ra), que adquiriera todo el grano que fuera posible. En aquella época, el Mesías Prometido (as) supervisaba personalmente los preparativos del Langar (cocina comunitaria y servicio de hospitalidad). Dado que existía el temor y el peligro de que se produjera una hambruna, ordenó organizar, en primer lugar, el suministro de cereales y otras provisiones, y encomendó esta tarea a Hazrat Jalifatul Masih I (ra), para que las compras pudieran realizarse de inmediato.
De acuerdo con las instrucciones del Mesías Prometido (as), Maulvi Sahib me compró treinta sacos para el Langar. Había escasez de donativos, por lo que el Mesías Prometido (as) vendió todas las joyas que tenía en su casa. Le entregó a Maulvi Sahib setecientas rupias para comprar trigo (setecientas rupias constituían una suma muy elevada en aquella época). A continuación, Hazrat Maulvi Sahib envió al difunto Mian Nallmuddin Sahib al pueblo para comprar trigo. Se dice que Mirza Ismail Sahib también le acompañó y que compraron cereales”.
Llegaron a nuestra zona personas desplazadas desde Bikaner, una región de Rayastán, en la India. Allí se había desatado una grave hambruna, y la gente había comenzado a llegar desde aquella región. Por todas partes se oían gritos pidiendo pan. El Mesías Prometido (as) ordenó que siempre hubiera harina preparada en el Langar y que el pan estuviera constantemente listo. Le dijo a Mian Nallmuddin Sahib que se diera pan a todo aquel que lo pidiera y que nadie se marchara con las manos vacías. En pocos días se agotó todo el grano que se había comprado. Entonces, el Mesías Prometido (as) pronunció un discurso cuyas palabras fueron las siguientes: ‘Se trata de un asunto pasajero. No siempre se exigen tales sacrificios, ni tampoco siempre se obtiene una recompensa. Son días especiales para los creyentes. ¡Que Dios Altísimo permita a los miembros esforzarse por complacerle!’.
A raíz de este discurso, se recaudó algo de dinero y también llegó ayuda del exterior. A continuación, se compró más cereal. De este modo, durante los días de hambruna, este sistema siguió funcionando. A todo el que llegaba se le daba de comer inmediatamente. El Mesías Prometido (as) solía decir: ‘He leído en algunos periódicos que, en ciertos países, han muerto de hambre muchos niños y han fallecido numerosas personas. No hay cereal disponible. El hecho de que no haya cereal disponible es un castigo severo y una muestra de la ira de Dios Altísimo’. Solía repetir una y otra vez: ‘¡Que Dios Altísimo tenga misericordia!’. Con gran preocupación y angustia, el Mesías Prometido (as) solía preguntar a Mian Nallmuddin Sahib y a Maulvi Sahib por el grano”.
Incluso hoy en día, hay algunos países en el mundo en los que se dan condiciones similares. La situación es muy difícil: reina la hambruna, no hay cereal disponible o la inflación es tal que la gente no puede permitirse comprar alimentos. Hay personas que mueren de pobreza y de hambre. Por la gracia de Dios, siempre que la Comunidad tiene conocimiento de este tipo de situaciones, envía fondos para ayudar a las personas y atender sus necesidades básicas. Los miembros también aportan a este esfuerzo. ¡Que Dios Altísimo les conceda una capacidad aún mayor para seguir esforzándose por ayudar a los pobres y a quienes padecen hambruna!
Hazrat Qazi Nur Muhammad Sahib cuenta (en un texto escrito en la época de Hazrat Jalifatul Masih II [ra]): “Tuve la oportunidad de estudiar por las noches en Dar-ul-Masih con Hazrat Jalifatul Masih II (ra), que era mi compañero de clase. Hazrat Maulvi Sher Ali Sahib nos enseñaba. El Mesías Prometido (as) solía dirigir discursos a las mujeres y, en aquel momento, el sonido de su discurso nos llegaba con claridad; sin embargo, lamentablemente, no recuerdo lo que dijo el Mesías Prometido (as). Por lo general, Mul’lah Ahmad Nur se encargaba de ir a buscar harina para el langar. Cuando traían la harina en un burro, Dios Altísimo concedía a este humilde siervo la oportunidad de levantar el saco de harina y llevarlo a Dar-ul-Masih. En una ocasión, vi al Mesías Prometido (as) sacar muchas rupias del pliegue de su camisa y guardarlas, sin contarlas, en el bolsillo de la prenda del clérigo Ahmad Nur. Le entregó el dinero sin contarlo y, en definitiva, le indicó que fuera a comprar todo lo necesario para el Langar, de modo que pudieran continuar con los preparativos”.
Hazrat Mian Chiragh Din Sahib relata: “En una ocasión, sentí la garganta tan oprimida que no podía hablar”. El Mesías Prometido (as) dijo a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib: ‘Examina la garganta de Chiragh Sahib. ¿Qué le ocurre para haber perdido la voz?’. Hazrat Maulvi Sahib lo trató durante algún tiempo, pero fue en vano. Más adelante, cuando el Dr. Muhammad Husain Shah Sahib, el Dr. Yaqub Baig Sahib y el Dr. Bura Jan Sahib, de Lahore, se encontraban reunidos, el Mesías Prometido (as) volvió a plantearles el asunto y les preguntó cuál podría ser la causa de que el chico hubiera perdido la voz. El Dr. Yaqub Baig Sahib me examinó la garganta y dijo: ‘Si da la orden, se le puede cortar el interior de la garganta’, queriendo decir que, al parecer, se trataba de un problema de amígdalas y que su extirpación le devolvería la voz. El Mesías Prometido (as) no respondió nada y permaneció en silencio.
Unos días después, le dijo: ‘Chiragh, ahora te curaremos nosotros mismos’ y, mirándolo allí mismo, añadió: ‘Te prepararemos un remedio’. Por la sabiduría de Dios, ese mismo día llegó un herbolario de Amritsar con un frasco de encurtido elaborado con hojas de madar. El Mesías Prometido (as) lo abrió, lo observó y dijo: ‘Esta es tu cura’. Ya había dicho que prepararía un remedio y, entonces, como si se tratara de una señal, llegó un hombre que se dedicaba a elaborar ese tipo de productos, remedios y conservas, trayendo consigo aquel encurtido de hojas de “madar”, tras lo cual declaró que ese era el tratamiento. A la hora de comer, le colocaban dos o tres hojas sobre un pan plano y se las daban. Era muy agradable de comer, y el Mesías Prometido (as) también lo probó. Dice: ‘Me proporcionó un alivio. En ese momento, el Mesías Prometido (as) me entregó la jarra entera y me dijo: ‘Tómatela tú mismo’. Cuando lo hice, me recuperé por completo”.
Hazrat Mirza Afzal Baig Sahib relata: “Llegué por primera vez a Qadian en 1898. Mi padre, un abogado litigante – en ambos casos su nombre figura como Afzal Baig; parece que hay un error en los nombres -, me matriculó en el instituto Talimul Islam para que continuara mis estudios. En aquella época había unos cuántos alumnos internos, y sus comidas se servían en el comedor comunitario. Surgieron algunas quejas acerca de la comida, y mi padre comentó al Mesías Prometido (as) que a los niños les costaba comer. En un gesto de generosidad, dijo de inmediato que enviaría comida a los niños desde su propia casa y, de ese modo, durante varios meses nuestras comidas procedieron de su hogar. De vez en cuando, también enviaba mangos y dulces para que los niños los disfrutaran.
Jwayah Abdul Rahman Sahib Kashmiri contó a Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) que el difunto Hafiz Hamid Ali Sahib solía relatar lo siguiente: “Siempre que al Mesías Prometido (as) le llegaba dinero de cualquier lugar, me llamaba, me lo entregaba sin contarlo y me decía: ¡¡Tómalo ahora; quién sabe cuándo llegará más’”. Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib señala que el difunto Hafiz Hamid Ali Sahib era uno de sus asistentes personales, a quien solía entregar dinero para las necesidades del hogar y para atender a los invitados”.
Hazrat Jan Sahib Syed Ghulam Husain Sahib cuenta: “En una ocasión, el Mesías Prometido (as) me envió desde Qadian a Batala para recoger un paquete que había llegado en tren y me dio cinco rupias para ello. Tenía que ir a recoger aquel paquete, que resultó ser una cesta de uvas, por la cual solo se habían cobrado cuatro annas. Cuando se la llevé y se la entregué, rasgó con ambas manos la arpillera que la cubría, sacó unas uvas y me las dio primero a mí, diciendo: ‘Esta es su parte’. Cuando intenté devolverle el dinero que había sobrado (casi cinco rupias), cogió la cesta, la llevó al interior y dijo: ‘Entre amigos no hacemos cuentas’. Yo tenía quince años por aquel entonces”.
Hazrat Munshi Qazi Mahbub Alam Sahib dice: “Maulvi Muhammad Ali Sahib y Jwayah Kamaluddin Sahib solían ejercer juntos la abogacía en Peshawar como socios; compartían un mismo bufete. Maulvi Muhammad Ali Sahib llegó más tarde a Qadian, mientras que Jwayah Sahib permaneció allí. Cuando se presentaron demandas contra el Mesías Prometido (as) – esto parece referirse a los casos presentados por Karamuddin -, Jwayah Sahib vino desde Peshawar para representarlo.
El Mesías Prometido (as) se encontraba en la Mezquita Mubarak cuando llegó Jwayah Sahib con gran angustia y dijo: ‘¡Su Santidad! Solo Dios y Su Profeta saben lo que me costó llegar hasta aquí. Empeñé las joyas de mi esposa para reunir el dinero del viaje. Mi situación financiera es muy mala’. El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Jwayah Sahib, ¿necesita dinero? Venga’. Entró, y Jwayah Sahib lo siguió. Abrió un baúl, sacó dos o tres grandes puñados – cuantas monedas le cupieron en las manos – y los depositó en el regazo de Jwayah Sahib, diciendo: ‘¿Es suficiente, Jwayah Sahib, o necesita más?’. Jwayah Sahib respondió: ‘¡Esto es más que suficiente!’. Cuando más tarde contó el dinero en la Mezquita Mubarak, ascendía a casi trescientas rupias. Al día siguiente partió hacia Gurdaspur”.
El Mesías Prometido (as) había depositado aquel dinero en su regazo sin contarlo en absoluto, y ese era su hábito habitual. Tampoco contaba nunca el dinero que entregaba a sus ayudantes, pues depositaba en ellos plena confianza y seguridad. Durante todo el tiempo que tuve la fortuna de permanecer en su compañía, ni una sola vez le vi pedir cuentas a ninguno de sus ayudantes. Siempre que alguien le pedía, él sencillamente daba”.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani escribe, al mencionar la bondad mostrada hacia Jwayah Sahib: “Jwayah Kamaluddin Sahib, quien ahora ha roto sus lazos con la Comunidad – es decir, se ha separado de ella – y alberga enemistad y hostilidad hacia la progenie de su benefactor (es decir, el Mesías Prometido (as) le había otorgado innumerables favores y, sin embargo, él muestra animosidad hacia Hazrat Jalifatul Masih II (ra), quien pertenece a su progenie), tenía una amplia experiencia personal de la gracia, la benevolencia, la generosidad y la munificencia del Mesías Prometido (as). De hecho, había sido testigo de estos favores en numerosas ocasiones. Recibió repetidamente sumas sustanciales de dinero, pero, a pesar de ello, ni una sola vez lo reconoció ni expresó jamás gratitud hacia su benefactor. Más bien, continuó jactándose de sus propios servicios, afirmando constantemente que estaba prestando un gran servicio a la Comunidad”.
Escribe además: “Considero esto una ingratitud hacia el benefactor de uno y un desprecio absoluto por sus favores. Durante los días en que se celebraban los procesos judiciales contra Maulvi Karam Din en Gurdaspur, en cierta ocasión, en el transcurso de las actuaciones, mostró al Mesías Prometido (as) una carta que había llegado de su casa en Peshawar, en la que se mencionaban las dificultades económicas por las que estaban atravesando. El Mesías Prometido (as) le entregó inmediatamente 500 rupias en efectivo y, posteriormente, dispuso que se le dieran 100 rupias cada mes. A partir de entonces, continuó recibiendo 100 rupias mensuales. Además, por instrucción del Mesías Prometido (as), los miembros de la Comunidad habían contribuido con una suma considerable para sufragar los gastos de los procesos judiciales, y ese dinero permaneció bajo la custodia de Jwayah Sahib. Aun así, el Mesías Prometido (as) no le pidió ni una sola vez que rindiera cuentas de ello.
Además de semejante generosidad y beneficencia económica, Hazrat Sahibzada Abdul Latif Sahib Shahid había obsequiado al Mesías Prometido (as) un valioso abrigo de estilo afgano. Jwayah Sahib se lo pidió diciendo: ‘¡Su Santidad! Tenga la bondad de concederme este abrigo para que pueda usarlo al comparecer ante el tribunal. En virtud de su bendición, infundiré respeto y asombro en el abogado de la parte contraria y en el tribunal’. Con una sonrisa, el Mesías Prometido (as) obsequió a Jwayah Sahib aquella valiosa y bellamente bordada capa”.
Esto también se mencionó en el sermón anterior: alguien había traído un fino abrigo de cuero de piel de oveja. Incluso hoy en día las prendas de cuero se consideran valiosas, y así también se consideraban en aquellos tiempos. Cuando Jwayah Sahib solicitó aquel abrigo, el Mesías Prometido (as) se lo concedió.
Sheij Hamid Ali Sahib relata: “Hasta el mismísimo final de su vida, nunca me pidió ni una sola vez que rindiera cuentas, ni jamás se disgustó conmigo. En una ocasión fui a Lahore. Maulvi Nuruddin Sahib había enviado una remesa de setecientas rupias, que traje de vuelta, ya fuera en efectivo, mediante un giro postal o por medio de un vale. También compré algunos suministros y, después de hacerlo, regresé con aproximadamente cincuenta rupias. Presenté al Mesías Prometido (as) el desglose de los gastos. Respondió: ‘¿Cuándo te he pedido yo un desglose?’“.
Hazrat Sheij Ahmad Din Sahib relata: “En cierta ocasión, el Mesías Prometido (as) instruyó a este servidor: ‘Ve a ver a Mian Nabi Bajsh Sahib, el zurcidor, en Amritsar’. El Mesías Prometido (as) escribió una carta y dijo: ‘Entrégasela. Cualquier artículo que compre para ti, tráelo de vuelta sin demora y regresa mañana’.
Al día siguiente me retrasé un poco en regresar. Entonces se instruyó al ayudante del Mesías Prometido (as), Mian Karamdad Sahib: ‘Ve de inmediato. Envié a Ahmad Din a Amritsar y todavía no ha regresado. Espero que todo esté bien. Ve y averígualo’.
En el camino, Mian Karamdad Sahib se encontró conmigo y me dijo: ‘Hazrat Sahib está muy preocupado por ti’. Cuando me presenté ante el Mesías Prometido (as), de inmediato me preguntó: ‘¿Sufrió algún inconveniente?’. Respondí: ‘¡Hazur! No sufrí ningún inconveniente en absoluto’. El simple hecho de escuchar a Hazur preguntar por mi bienestar llenó mi corazón de una inmensa alegría, al ver que se había interesado con tanta bondad por mi estado. Luego quise presentarle un desglose de los gastos junto con el dinero restante. Hazur (as) preguntó: ‘¿Qué es este papel?’. Respondí respetuosamente: ‘Es la lista de los artículos comprados, y este es el dinero que ha sobrado’. Con gran afecto, Hazur dijo: ‘¿Qué cuentas puede haber entre usted y yo? Puede gastar este dinero restante en sus propias necesidades’. Me sentí desbordante de alegría”.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) relata que, en una ocasión, Hazrat Hakim-ul-Ummat Maulana Nuruddin Sahib (ra) pidió prestada una suma de dinero al Mesías Prometido (as). Cuando, más tarde, envió el dinero de vuelta para saldar la deuda, el Mesías Prometido (as) expresó su desaprobación, lo devolvió y comentó: “¿Acaso considera que nuestro dinero es algo separado del suyo?”.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe, además, que, después de que el Mesías Prometido (as) anunciara que había sido elegido por Dios Altísimo y de que la gente también se enterara de que Dios le había dado las buenas nuevas de que “los reyes buscarán bendiciones en tus prendas”, las personas comenzaron a pedirle con frecuencia prendas de su ropa. Nunca se las negó a nadie. A veces, la situación llegaba a tal punto que solo le quedaba la ropa que llevaba puesta en ese momento, pues todas sus demás prendas habían sido regaladas.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) relata que el Mesías Prometido (as) permitió a Mir Abbas Ali Sahib conservar y gastar las ganancias obtenidas por la venta de Barahin-e-Ahmadiyya. Esto no es más que una modesta muestra de su magnanimidad y generosidad.
Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib (ra) narra que Mirza Nizamuddin Sahib y Mirza Imamuddin Sahib, aunque eran parientes del Mesías Prometido (as), se encontraban entre sus más acérrimos opositores. Sin embargo, cada vez que se veían en apuros y solicitaban ayuda financiera al Mesías Prometido (as), él atendía su petición. En una ocasión, relata, Mirza Nizamuddin Sahib pidió al Mesías Prometido (as), en su presencia, cincuenta rupias o una cantidad aproximada. El Mesías Prometido (as) ordenó de inmediato a Hafiz Hamid Ali Sahib que le entregara dicha cantidad.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe que el Dr. Mir Muhammad Isma’il Sahib le relató que, durante la época de Hazrat Jalifatul Masih I (ra), Abdul Muhi Sahib, un árabe, le comentó en una ocasión: “¿Qué se puede decir de la generosidad del Mesías Prometido (as)? Durante su vida, nunca experimenté dificultad alguna. Cada vez que necesitaba algo, se lo pedía sin la menor vacilación, y él me daba más de lo que necesitaba. De hecho, también me proveía por su propia iniciativa”.
Después del fallecimiento del Mesías Prometido (as), aunque el propio Hazrat Jalifatul Masih I (ra) era renombrado por su generosidad, no pudo satisfacer mis necesidades del mismo modo. Al fin y al cabo, al encontrarme en dificultades, le escribí diciéndole: ‘Usted se ha convertido en el Jalifa del Mesías Prometido (as), pero, al satisfacer mis necesidades, no ha logrado seguir su ejemplo. El Mesías Prometido (as) solía tratarme de tal y tal manera’. Al recibir mi carta, Hazrat Jalifatul Masih I (ra) me proporcionó ayuda económica. ‘Aún así’, dijo, ‘juro por Al’lah que, en este aspecto, no hay comparación entre el Mesías Prometido (as) y cualquier otra persona. Nadie se le aproxima’”.
En una ocasión, una mujer pobre robó algo de arroz de la casa del Mesías Prometido (as). Cuando la gente lo vio, se armó un gran alboroto. En ese momento, el Mesías Prometido (as) se encontraba en su habitación trabajando y, al oír el ruido, salió. Vio a una mujer pobre e indigente, extremadamente desaliñada, de pie con una pequeña bolsa de arroz en la mano. Cuando el Mesías Prometido (as) se enteró de todo lo sucedido y observó el estado de aquella pobre mujer, sintió una gran compasión por ella y dijo: “Esta mujer parece estar hambrienta e indigente. Así que denle un poco más de arroz y déjenla marchar. Adoptad el atributo divino de Sattar [es decir, el que cubre los defectos o faltas de los demás]”.
Después de narrar este incidente, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) afirma:
“A raíz de este relato, alguien podría sacar apresuradamente la conclusión de que este acto fomenta el hábito de robar; en otras palabras, que se está premiando a quien ha cometido un robo. Sin embargo, una persona sabia comprenderá que, dado que los bienes pertenecían al Mesías Prometido (as) y quien tomó de ellos era una mujer hambrienta e indigente, esto no se considerará un apoyo al acto de robar; más bien, se considerará una ayuda al necesitado. Está demostrado por los Hadices que, en tales circunstancias extremas, el Santo Profeta (sa) tampoco consideraba ladrón a quien padecía un hambre extrema y tomaba algo para comer. Al contrario, ocultaba su falta en un caso así”.
Estos son ejemplos perfectos de sumisión a su maestro.
[Árabe]
“¡Oh Al’lah! Envía Tus bendiciones sobre Muhammad y sobre Tu siervo el Mesías Prometido. Y concédeles bendiciones y paz”.
