Reflejando a su Maestro (sa): Cuidado de los pobres y generosidad en la vida del Mesías prometido (as)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Reflejando a su Maestro (sa): Cuidado de los pobres y generosidad en la vida del Mesías prometido (as)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Resumen

Tras recitar el Tashahhud, el Ta‘awwuz y la sura Al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), señaló que, de acuerdo con la guía de Al’lah, el Todopoderoso, y siguiendo el ejemplo del Santo Profeta (sa), existen numerosos ejemplos en la vida del Mesías Prometido (as) que demuestran su generosidad. Esto no es algo que haya comenzado solo cuando se le encomendó su misión; más bien, encontramos estos ejemplos en su vida mucho antes de que fuera elegido como el Mesías Prometido (as).

Cualidades de una madre virtuosa

Su Santidad (aba) dijo que, en efecto, el Mesías Prometido (as) fue criado por una madre que demostraba una gran generosidad. Se tiene constancia de que Hazrat Chiragh Bibi mostraba una generosidad sin igual, hasta tal punto que, si le informaban de que se necesitaba comida para cuatro personas, preparaba y enviaba comida para ocho, por si acaso más personas la necesitaran más adelante. Ella se encargaba de organizar los funerales, incluso de proporcionar los sudarios, para los pobres que fallecían. Estaba verdaderamente al servicio de todos, como una madre compasiva. Dios dispuso que el Mesías Prometido (as) fuera criado por alguien que poseyera características tan elevadas como la compasión por la humanidad, la hospitalidad y la generosidad.

Su Santidad (aba) dijo que, en cuanto al Mesías Prometido (as) mismo y sus estándares de generosidad, se tiene constancia de que, cuando el Mesías Prometido (as) solía trabajar en Sialkot, hubo una ocasión en la que la madre del Mesías Prometido (as) le envió ropa y otras cosas por medio de un hombre. Cuando el hombre llegó hasta el Mesías Prometido (as) en Sialkot con sus cosas, el Mesías Prometido (as) le dijo que se quedara con la mitad de lo que le habían enviado. El hombre respondió que no podía hacerlo, ya que las cosas le habían sido enviadas a él. El Mesías Prometido (as) respondió diciendo que, dado que había recorrido todo ese camino cargando con esas cosas, era justo que se quedara con la mitad.

Compartir la riqueza con las viudas y los necesitados

Su Santidad (aba) dijo que, cuando el Mesías Prometido (as) trabajaba, solía repartir sus ingresos entre las viudas y los necesitados, y solo se quedaba con lo suficiente para su sustento. Esto demuestra cómo el Mesías Prometido (as) poseía la cualidad de la generosidad desde su juventud. Lo hacía de una manera que a menudo pasaba oculta a los demás, y nadie sabía las medidas que tomaba para atender a los demás, ya que llevaba una vida discreta. Sin embargo, cuando su vida se hizo pública, las personas que habían observado sus actividades diarias comenzaron a ser testigos de sus actos de generosidad.

Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, tras la oración en congregación, alguien se acercó al Mesías Prometido (as) y le comentó en voz muy baja que necesitaba ayuda económica. Lo pidió en un tono tan bajo que se mezcló con las voces de las demás personas en la mezquita que conversaban entre sí una vez concluida la oración. Por ello, su voz no llamó la atención de inmediato del Mesías Prometido (as), y el Mesías Prometido (as) continuó su camino. Unos minutos más tarde, la petición del hombre llegó a la atención del Mesías Prometido (as) y tuvo un profundo impacto en su corazón. El Mesías Prometido (as) mandó buscar a ese hombre, pero ya se había marchado. Más tarde, después de la oración de la tarde, el mismo hombre se acercó al Mesías Prometido (as) y le pidió ayuda una vez más, tras lo cual el Mesías Prometido (as) inmediatamente metió la mano en su bolsillo y le entregó una suma de dinero. Más tarde, el Mesías Prometido (as) explicó que, cuando al principio no había podido localizar al hombre, había sentido una carga inmensa, como si estuviera haciendo algo mal al no haberle prestado atención desde el principio. Estaba agradecido de que el hombre hubiera regresado y había rezado por su regreso; de lo contrario, dijo el Mesías Prometido (as), habría permanecido extremadamente preocupado.

Su Santidad (aba) contó que había un hombre que solía acudir a la mezquita, sentarse junto a una ventana y gritar: ‘Ghulam Ahmad, necesito una rupia’. El Mesías Prometido (as) solía estar ocupado en diversas tareas importantes, y mientras tanto, este hombre gritaba periódicamente de la misma manera. A muchos les parecía inapropiado, y si alguna vez lo reprendían, él respondía diciendo: ‘¿Acaso les estaba pidiendo a ustedes? He venido a pedirle a Ghulam Ahmad’. Si alguna vez el Mesías Prometido (as) se enteraba de que alguien había regañado al mendigo, no le gustaba eso, y en cambio sonreía mientras le daba algo de dinero. Era norma del Mesías Prometido (as) no dejar nunca que un mendigo pidiera durante demasiado tiempo.

Su Santidad (aba) contó que una vez un mendigo se acercó al Mesías Prometido (as) y no dejaba de decir ‘Datta, Datta’, que significa ‘benefactor’; en otras palabras, le estaba pidiendo dinero al Mesías Prometido (as). El Mesías Prometido (as) le respondió al mendigo diciendo: ‘Al’lah es el Benefactor’, y luego entró a su casa. Más tarde, cuando el Mesías Prometido (as) salió de su casa, el mendigo dijo: ‘Al’lah es el Benefactor, y te pido que me des algo’. Ante esto, el Mesías Prometido (as) le dio algo de dinero. Así, el Mesías Prometido (as) no solo fue generoso, sino que también se esforzó por impartir enseñanzas como esa.

Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) estaba hablando con un grupo de personas cuando se acercó un mendigo y le pidió algo en voz alta. A uno de los presentes en la reunión no le gustó que el mendigo interrumpiera el discurso del Mesías Prometido (as), por lo que cerró la puerta. Cuando el Mesías Prometido (as) vio esto, le dijo a la persona que había cerrado la puerta que fuera a su casa y trajera algo para darle al mendigo. Luego, el Mesías Prometido (as) dijo: ‘No está bien cerrarle la puerta a un mendigo’.

Su Santidad (aba) contó que había un mendigo que solía acudir al Mesías Prometido (as) y pedirle diferentes cantidades de dinero. Seguía pidiéndole al Mesías Prometido (as) incluso si este estaba ocupado y no se marchaba hasta recibir lo que había pedido. Con el tiempo, el Mesías Prometido (as) llegó a conocer a este mendigo y solía decir que simplemente se le debía dar a este hombre la cantidad que pidiera.

Donaciones a proyectos al servicio de la humanidad Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, alguien le dijo al Mesías Prometido (as) que se le había acercado una persona que le había expresado su deseo de construir un pozo en el bosque para facilitar el paso a los viajeros. Al Mesías Prometido (as) le gustó la idea y le dio al hombre 200 rupias para este proyecto. Así, el Mesías Prometido (as) no solo enseñó y exhortó al servicio a la humanidad, sino que también lo encarnó y lo ejemplificó él mismo.

Ayudar incluso a quienes muestran animosidad

Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, alguien se acercó al Mesías Prometido (as) y comenzó a discutir con él; durante la discusión, utilizó un lenguaje inapropiado hacia el Mesías Prometido (as). Una vez finalizada la conversación, el hombre le envió una nota al Mesías Prometido (as) diciendo que necesitaba ayuda económica, y el Mesías Prometido (as) le envió de inmediato 15 rupias. Esto ocurrió a pesar de que, apenas unos momentos antes, el hombre había utilizado un lenguaje muy inapropiado hacia el Mesías Prometido (as). De hecho, el Mesías Prometido (as) brindó ayuda económica a este hombre en secreto, y nadie más, excepto los dos involucrados, se enteró de ello. Fue solo cuando el hombre publicó más tarde este incidente en un periódico que los demás se enteraron del noble carácter y la generosidad del Mesías Prometido (as), incluso hacia aquellos que lo reprendían.

Dar prioridad a los demás antes que a uno mismo

Su Santidad (aba) dijo que el Mesías Prometido (as) no solo era generoso y receptivo ante las peticiones de ayuda, sino que también comprendía incluso las formas en que las personas podían pedir algo. En una ocasión, alguien elogió el sombrero que llevaba puesto el Mesías Prometido (as). Ante esto, el Mesías Prometido (as) se quitó inmediatamente el sombrero de la cabeza y se lo entregó al hombre que lo había elogiado.

Su Santidad (aba) contó que, en una ocasión, cuando el Mesías Prometido (as) se había enfermado gravemente, hasta el punto de no poder asistir a la mezquita para la oración en congregación, recibió una carta en la que se le solicitaba una receta médica, así como uno de sus propios abrigos. A pesar de su estado de enfermedad, el Mesías Prometido (as) respondió a esta carta con la receta solicitada y también envió uno de sus abrigos. Este incidente muestra cómo el Mesías Prometido (as), incluso en un estado de grave enfermedad, atendía las peticiones de sus siervos, sin hacer caso de ninguna incomodidad física.

Su Santidad (aba) dijo que, en ocasiones festivas, la gente solía enviar una cantidad de dinero al Mesías Prometido (as) para que se pudiera organizar una comida en Qadian con motivo de la celebración. A menudo sucedía que las personas no se daban cuenta de que organizar algo así en Qadian significaba hacerlo para un gran número de personas que rodeaban al Mesías Prometido (as), por lo que la cantidad que enviaban no era suficiente. Por ello, el Mesías Prometido (as) participaba por su cuenta en su celebración, y destinaba los fondos restantes a organizar una comida para quienes se encontraban en Qadian.

Su Santidad (aba) oró para que Al’lah permita a todos desarrollar las mismas cualidades morales que el Mesías Prometido (as) demostró en completa sumisión a su maestro, el Santo Profeta Muhammad (sa).

Sermón del viernes 26-06-2026

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Cumpliendo los mandamientos de Dios Altísimo y siguiendo el ejemplo del Santo Profeta (sa), encontramos también numerosos episodios en la vida del Mesías Prometido (as) que ponen de manifiesto su cuidado por los pobres, así como su generosidad y munificencia. Estos ejemplos no se dieron únicamente después de su reclamación, sino que ya en los primeros años de su vida y durante su juventud hallamos manifestaciones de sus excelentes cualidades morales.

Asimismo, cuando observamos la vida de la madre bajo cuyo cuidado Dios Altísimo lo crió, encontramos igualmente ejemplos de su atención hacia los pobres, así como de su generosidad y munificencia. En otras palabras, fue criado por una madre que también le inculcó excelentes valores morales. De este modo, aunque Dios Altísimo infundió por Sí mismo la virtud en la naturaleza del Mesías Prometido (as), también le proporcionó, por medio de su madre, un ambiente piadoso.

A este respecto, al mencionar la generosidad y la munificencia de la madre del Mesías Prometido (as), Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe:

“Hazrat Mai Chiragh Bibi Sahiba, es decir, la venerada madre del Mesías Prometido (as), pertenecía a una distinguida y noble familia mogol de la aldea de Aima, en el distrito de Hoshiarpur. La generosidad, la munificencia y la hospitalidad estaban profundamente arraigadas en su carácter. Poseía todas las elevadas cualidades morales que una mujer modesta y virtuosa debe poseer. Siempre se mantuvo alegre y firme. Sentía una enorme pasión por la hospitalidad en su corazón generoso . Algunos de quienes fueron testigos de sus excelentes cualidades morales y de su hospitalidad aún viven” (Hazrat Maulvi Yaqub Ali Sahib Irfani escribe que algunos de ellos todavía viven).

Además, escribe:

“Si le informaban de que iban a llegar invitados y de que cuatro personas necesitaban comida, preparaba comida para más de ocho personas, de modo que, si llegaban otras y se unían a ellos, también pudieran comer. Se alegraba enormemente con la llegada de los invitados”.

Además, escribe:

“Mostró una especial preocupación por los pobres y los débiles de su ciudad. Una de sus prácticas habituales consistía en proporcionar sudarios a los pobres que habían fallecido (siempre que fallecía una persona pobre, se encargaba de su mortaja y entierro). En resumen, gracias a su compasión y ayuda hacia los pobres, se convirtió en una madre cariñosa para todos”.

Estas cualidades y virtudes de la venerada madre ejercieron una profunda influencia en la crianza del Mesías Prometido (as). Puesto que él habría de convertirse en la cabeza de una gran familia [espiritual], Dios Altísimo dispuso desde el principio que estas elevadas cualidades se desarrollaran a través de ella; es decir, fue criado bajo el cuidado de una madre tan amorosa y cariñosa, que constituía un ejemplo de compasión por la humanidad, hospitalidad y generosidad. Así pues, puede decirse que fue nutrido con estas cualidades junto con la leche de su madre. De su respetado padre heredó cualidades como la autosuficiencia, el coraje, la valentía y la franqueza, mientras que de su venerada madre heredó la hospitalidad, la generosidad y la compasión por la humanidad.

Con respecto a los incidentes relacionados con la generosidad del Mesías Prometido (as) durante su juventud, Hazrat Mian Al’lah Yar Sahib relata que, cuando el Mesías Prometido (as) trabajaba en Sialkot, su madre le envió en una ocasión dos conjuntos de ropa junto con algunos pinniyan [dulces caseros tradicionales] por medio de un individuo llamado Mangal Hayam.

Hazrat Mian Al’lah Yar Sahib relata que, en su viaje de regreso, Mangal pasó por nuestra aldea y nos dijo: “Cuando entregué estos artículos en Sialkot y los presenté ante el Mesías Prometido (as), me dijo: ‘Toma la parte que te corresponde y dame [solo] la mía’. Le respondí: ‘Huzur, esto es para usted. Su madre, Amman Yaan, se lo ha enviado para usted’. Dijo: ‘Has cargado con todas estas cosas durante una distancia tan larga. Por lo tanto, debes tomar la mitad como tu parte’. En consecuencia, me dio un conjunto de ropa y algunos dulces caseros, y me dijo: ‘Dile a mi madre que me llame pronto para que vuelva a casa. Mi corazón no encuentra paz aquí. Hay personas que pasan su vida entregadas a prácticas indebidas, y me duele el corazón cuando las veo’“.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) narra, según la autoridad de Hazrat Syed Zain-ul-Abidin Waliul’lah Shah Sahib (ra):

“Cuando estaba en Sialkot, tuve la oportunidad de conocer a Mai Hayat Bibi Sahiba, hija de Fazal Din Sahib, quien era la respetada madre de Hazrat Hafiz Muhammad Shafi Sahib Qari. Mai Sahiba explicó que, antiguamente, Mirza Sahib vivía en una habitación situada en la planta superior de la casa contigua a la nuestra, en Mohal’la Yhanda Wala. Cuando aquella casa se derrumbó, Mirza Sahib se trasladó a la casa de mi padre, en Mohal’la Kashmiri”. Dijo que, “cuando vino a vivir a su casa, observó que apenas se relacionaba con las personas de la familia. También mencionó que cualquier salario que recibía Mirza Sahib lo distribuía entre las viudas y las personas necesitadas del vecindario. Les confeccionaba ropa o les daba dinero directamente, reservando para sí únicamente lo necesario para cubrir sus propios gastos de comida”.

Hazrat Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que, cuando observamos la vida del Mesías Prometido (as) en lo que respecta a la generosidad y al dar, y reflexionamos sobre los incidentes y circunstancias que presenciamos personalmente, queda claro que le había sido concedida una abundante porción de esta noble virtud. Esta forma de conducta estuvo presente en su vida desde que tuvo uso de razón (desde su infancia y juventud). No sucedió que, tras ser designado por Al’lah, tales nobles cualidades aparecieran en él por la formalidad. Más bien antes, formaban parte inherente de su naturaleza.

En ocasiones, aquellas cualidades permanecían completamente ocultas; en otras, sin embargo, se manifestaban de forma natural, hasta el punto de que quienes le rodeaban llegaban a percibirlas. No obstante, su inclinación habitual era que sus buenas acciones permanecieran ocultas. Deseaba que sus buenas obras permanecieran ocultas. Durante los primeros años de su vida, sus actos de generosidad y munificencia solían permanecer ocultos, pues llevaba una vida retirada y mostraba discretamente su bondad a determinadas personas, según las circunstancias de cada una. Pero cuando Al’lah le presentó ante el público, le designó, y la gente comenzó a acudir a él en gran número, sus circunstancias se hicieron públicas y surgieron testigos y narradores de estos acontecimientos.

Escribe que jamás rechazó a nadie que le pidiera ayuda. Su vida fue una encarnación práctica del mandato coránico:

[Árabe] 

“Y al que te pida, no le reprendas”.

Hazrat Maulana Abdul Karim Sahib (ra) relata que un día, después de la oración del Asr, el Mesías Prometido (as) se levantó, como de costumbre, y puso el pie en la ventana de la mezquita para entrar. En ese preciso instante, un mendigo dijo en voz baja: “Soy una persona necesitada”. En aquel momento, Hazrat Sahib (as) tenía un asunto importante que atender, y la voz del hombre se mezcló con las voces de quienes se habían levantado después de la oración y conversaban entre sí, como suele hacer la gente al concluir la oración. En resumen, Hazrat Sahib (ra) entró (es decir, entró sin ser consciente de ello y sin prestar atención. Aunque aquella débil voz hubiera llegado a sus oídos, su mente estaba ocupada en otro asunto; por ello, no le prestó atención, entró y no volvió la vista atrás).

Sin embargo, una vez que descendió las escaleras, aquella misma voz tenue que había escuchado comenzó a dejar una profunda huella en su corazón. Tras entrar, de repente cayó en la cuenta de que había oído a alguien decir: “Soy una persona necesitada”. Aquello le afectó profundamente. Regresó de inmediato y llamó al Jalifa Nuruddin Sahib, diciéndole: “Aquí había una persona necesitada; ve a buscarla. Había una persona necesitada; ¿adónde se ha ido?”. Pero, después de que Hazrat Sahib (as) entrara, el hombre ya se había marchado. Jalifa Sahib lo buscó por todas partes, pero no pudo encontrarlo. Jalifa Nuruddin Sahib era originario de Cachemira.

En cualquier caso, dice que aquella misma tarde, después de la oración, como era su costumbre, el mismo hombre necesitado regresó y volvió a pedir. Hazrat Sahib (as) metió inmediatamente la mano en el bolsillo, sacó algo y lo depositó en la mano del hombre. Parecía que Hazrat Sahib (as) se sentía aliviado y feliz, como si se le hubiera quitado un gran peso de encima.

Unos días después, mencionó que aquel día, al no haber podido encontrar al hombre necesitado, sintió una gran angustia en el corazón que le produjo una profunda inquietud. Temía haber faltado a su deber por no prestar atención a la persona necesitada y por haber entrado con demasiada rapidez. Dijo: “Doy gracias a Al’lah porque regresó por la noche. De otro modo, solo Dios sabe en qué estado de ansiedad habría permanecido. También recé para que Dios Altísimo lo trajera de vuelta”.

De manera similar, Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe en su biografía que, cerca de Qadian, había un pequeño pueblo llamado Sathiali, situado a unas seis millas de distancia. De allí solía venir un fakir yatt, a quien muchas personas que aún viven llegaron a conocer. Se sentaba bajo el techo de la Mezquita Mubarak, junto a la ventana situada en el muro occidental de Bait-ul-Fikr, y gritaba: “¡Ghulam Ahmad, quiero una rupia!”. Después permanecía allí sentado.

En ocasiones, el Mesías Prometido (as) estaba ocupado en algún trabajo y profundamente absorto, por lo que no llegaba a oírlo. El hombre seguía llamando a intervalos. Esto desagradaba a muchas personas, que pensaban: “¿Por qué está sentado aquí molestando al Mesías Prometido (as)?”. Si alguien le reprendía, respondía: “¿Acaso he venido a pedirte algo?”. Yo se lo pido a Ghulam Ahmad (as).

Si el Mesías Prometido (as) llegaba a saber que alguien le había hablado con dureza, le desagradaba. Sonriendo, daba una rupia al hombre. También era costumbre suya no hacer esperar mucho tiempo a una persona necesitada.

Hazrat Chaudhry Abdul’lah Yan Sahib (ra) relata que, en cierta ocasión, cuando regresaba de un paseo y entraba en la casa, un derviche vestido únicamente con un taparrabos (algunos faquires utilizaban esa vestimenta como parte de su disciplina espiritual y de su forma de vida) gritó:“¡Oh el que da, oh el que da! ¡Dame algo!”. Al oírlo, el Mesías Prometido (as) respondió: “¡Al’lah es el que da!”. Y, dicho esto, entró. Dijo: “¡Oh el que da! Pero solo Al’lah es el que da”. El hombre volvió a gritar: “Sí, Al’lah es ciertamente el que da, pero, por favor, deme algo”. En ese momento, el Mesías Prometido (as) le envió algo para él.

En cualquier caso, quizá aquel hombre no fuera a aprender mucho de ese intercambio, pero, mediante aquella respuesta, el Mesías Prometido (as) enseñó a sus seguidores una lección: que no debe existir ni el más mínimo rastro de asociar copartícipes con Al’lah en nuestra manera de hablar.

Hazrat Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que, en una ocasión, un mendigo llegó a Qadian. Cada mañana recorría el pueblo recitando un poema de Hazrat Mir Hamid Shah Sahib (ra) mientras caminaba por sus calles. Hacer una ronda significa que recorría el pueblo y sus calles recitando estos versos:

“Dios es tu Ayudante, ¡oh habitante de Qadian!

Nos has concedido la paz, ¡oh habitante de la ciudadela de la paz!”.

Recitaba estos versos y, a continuación, recitaba también el siguiente:

“Dejo volar mi imaginación en todas direcciones…”.

Recitaba este poema del Mesías Prometido (as) mientras recorría todo Qadián. Siempre que recitaba este segundo poema del Mesías Prometido (as), el honrado de nuestras comunidades, Hazrat Maulana Abdul Karim Sahib (ra), se disgustaba profundamente. Solía decir: “Este hombre no es digno de este poema, porque expresa una realidad y una condición que existían únicamente en la persona del Mesías Prometido (as)”. Cualquier cosa que se describiera en este poema, afirmaba que no podía soportar escuchar esos versos en boca de nadie más, debido al inmenso amor y veneración que profesaba al Mesías Prometido (as), y mucho menos que un mendigo común anduviera de un lado a otro recitándolos. El hecho de que un mendigo tan corriente recitara estos poemas hacía que Maulvi Abdul Karim Sahib se disgustara enormemente.

No obstante, Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib (ra) dice que ello reflejaba la intensidad del amor y la devoción que este honorable personaje sentía por el Mesías Prometido (as). En cualquier caso, aquel mendigo recorría Qadián. Era el mes de Ramadán y, durante ese período, el Mesías Prometido (as) le dio abundante caridad en numerosas ocasiones. Sin embargo, el mendigo continuaba diciendo: “¡Llena mi cuenco!”. Así, el día del Eid llegó llevando un cuenco muy grande. Extendió una sábana junto a la entrada de la mezquita y se sentó allí. Cuando llegó el Mesías Prometido (as), el mendigo le pidió: “¡Llena mi cuenco!”. El Mesías Prometido (as) depositó una rupia en él. Tan pronto como aquella rupia cayó en el cuenco, fue como si comenzara una lluvia de monedas, y el cuenco terminó llenándose con diversas monedas. Al escuchar la petición del mendigo, el Mesías Prometido (as) sonrió suavemente y colocó la rupia en el cuenco. Siguiendo su ejemplo, quienes creían en él también aportaron las monedas que pudieron, de modo que el cuenco del mendigo quedó lleno.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que, cuando el Mesías Prometido (as) viajó a Delhi por última vez en 1905, un día manifestó su intención de visitar algunos de los santuarios de la ciudad. Alguien comentó: “Hazur, a lo largo de esa ruta hay tantos mendigos que resulta difícil incluso pasar”. El Mesías Prometido (as) respondió: “Hoy iremos. Les daremos a todos”. No era una promesa ni una determinación ordinaria; estaba dispuesto a dar a todo el que pidiera. El número de mendigos resultó ser algo menor de lo que se había descrito, pero todo aquel con quien se encontraron recibió una respuesta práctica a su petición.

Hazrat Hafiz Ahmadul’lah Sahib Nagpuri relata:

“Un día, el Mesías Prometido (as) estaba sentado en la habitación redonda, donde había entre veinte y veinticinco personas presentes. Mientras pronunciaba un discurso, llegó un mendigo y pidió caridad en voz alta. Dice: ‘Me sentí muy molesto porque estaba interrumpiendo la voz del Mesías Prometido (as). Como Hazur estaba hablando y aquel hombre lo interrumpía, me levanté y cerré la puerta’. El Mesías Prometido (as) dejó de pronunciar su discurso y me dijo: ‘Ve, llama a la puerta interior y haz que traigan algo para este mendigo’. En otras palabras, preguntó: ‘¿Por qué cerraste la puerta? Ve adentro, pregunta a la familia, trae algo de allí y dáselo a este mendigo’. Trajo algo de la casa y se lo entregó al mendigo. Entonces el Mesías Prometido (as) observó: ‘No estuvo bien cerrarle la puerta a alguien que pedía ayuda’”.

Hazrat Babu Ghulam Muhammad Sahib (ra) relata que un ministril que tocaba el sarangi llegó a la residencia del Mesías Prometido (as) como mendigo. El Mesías Prometido (as) le dio una moneda de cuatro annas. En ese mismo momento, Mir Nasir Nawab Sahib (ra) bajó de la planta superior. El Mesías Prometido (as) ya había entrado. Al ver al hombre con el sarangi, Mir Sahib le reprendió severamente por tocar un instrumento musical y le dijo: “No vuelvas a venir aquí nunca más”.

Al día siguiente ocurrió lo mismo. El Mesías Prometido (as) salió para darle algo, pero vio que el mendigo había desaparecido. Al parecer, había visto a Mir Sahib, recordó la reprimenda del día anterior y salió huyendo. Entonces el Mesías Prometido (as) instruyó a alguien: “Ve y busca a ese mendigo que toca el sarangi. ¿Dónde está?”. Alguien respondió: “¡Hazur! Ha salido huyendo”. El Mesías Prometido (as) dijo: “Entonces tú también corre tras él y hazle volver”. Finalmente regresó. Al ver a Mir Sahib, volvió a asustarse. Entonces el Mesías Prometido (as) le dijo a Mir Sahib: “¡Mir Sahib! ¿Qué otra cosa puede hacer este pobre hombre? No conoce ninguna otra habilidad ni oficio. Si puede enseñarle otra profesión, entonces dejará de tocar el sarangi”.

Más tarde, en privado, el Mesías Prometido (as) le dijo al juglar: “Mientras permanezcas aquí, no toques el sarangi. Mir Sahib podría golpearte. En lugar de eso, agita silenciosamente la cadena del picaporte de la puerta, y yo te daré algo”.

Así pues, durante todo el tiempo que permaneció en Qadián, recibió cuatro annas cada día de parte del Mesías Prometido (as).

Hazrat Syed Fazal Shah Sahib relata:

“Un faqir tenía la costumbre de acudir ante el Mesías Prometido (as) para pedirle dinero. A veces decía: ‘dame una anna’; otras veces: ‘dame dos annas’; y, en ocasiones: ‘dame ocho annas’. En resumen, siempre pedía una cantidad concreta. Si el Mesías Prometido (as) estaba ocupado en algún trabajo o conversación, el hombre seguía repitiendo su petición sin respiro. Con el tiempo, el Mesías Prometido (as) llegó a conocer perfectamente su costumbre. Siempre que aquel hombre acudía y pedía una cantidad determinada, el Mesías Prometido (as) ordenaba que se le diera de inmediato y decía: ‘No se marchará sin recibir esa cantidad. Dadle exactamente lo que pide’”.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe:

“Entré al servicio permanente del Mesías Prometido (as) en 1898, aunque visitaba Qadián desde 1892. Durante todo ese tiempo fui testigo de cómo muchas personas acudían para solicitar ayuda económica. Nunca vi, ni una sola vez, que el Mesías Prometido (as) entregara una moneda de cobre a quien le pedía (paisa). Siempre daba una moneda de plata a cualquiera que solicitara algo”.

Según la moneda en circulación entonces, las monedas de cobre comprendían un paisa, dos paisas y hasta media anna, mientras que las monedas de plata incluían una anna, dos annas y denominaciones superiores, como la moneda de cuatro annas. Aunque en aquella época incluso uno o dos paisas tenían poder adquisitivo, el Mesías Prometido (as) acostumbraba a dar una o dos annas, e incluso más, en caridad; cantidades que se consideraban importantes. De hecho, no era raro que entregara una rupia entera incluso a un peticionario común.

En cierta ocasión, un faqir no ahmadí se presentó ante el Mesías Prometido (as) y le explicó que deseaba construir un pozo en un bosque para que los viajeros puedan beneficiarse de él y disponer de agua para beber. Se relata que el Mesías Prometido (as) le entregó doscientas rupias para ese propósito, diciendo: “Puesto que tu intención es realizar esta labor al servicio de la humanidad, sigue adelante y construye el pozo. Yo te proporcionaré los fondos”. Así pues, mientras el Mesías Prometido (as) exhortaba a los miembros de la Yamaat a servir a la humanidad, él mismo ofrecía el mejor ejemplo práctico de esa enseñanza.

Hazrat Abdus Sami Sahib, compañero del Mesías Prometido (as), relata:

“Era la ocasión del Aqiqah [celebración por el nacimiento de un hijo] de Mian Sharif Ahmad Sahib y todos los invitados estaban comiendo en la casa de huéspedes. Era el tercer hijo que permaneció con vida. Más tarde nacieron otros hijos que fallecieron durante la infancia, pero Hazrat Mirza Sharif Ahmad Sahib vivió una larga vida. Con ocasión de su Aqiqah, los invitados estaban reunidos compartiendo la comida, y el Mesías Prometido (as) se encontraba también presente entre ellos.

Durante la comida, un faqir entró en la casa de huéspedes en busca de alimento. Algunos de los presentes intentaron ahuyentarlo. Sin embargo, el Mesías Prometido (as) sirvió personalmente comida al faqir e indicó a los demás que no lo reprendieran ni lo expulsaran. Dijo: ‘Si ha venido a comer, no le regañen’. Y él mismo puso comida en un plato y se la entregó al faqir.

Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib Kapurthalvi relata:

“En cierta ocasión, un maulvi llegó a Qadian y comenzó a debatir con el Mesías Prometido (as). El Mesías Prometido (as) empezó a responderle, y el maulvi guardó silencio. La discusión versaba sobre si Jesús (as) estaba vivo o había fallecido. Este incidente tuvo lugar en los primeros tiempos [de la proclamación del Mesías Prometido (as)]. Mientras el Mesías Prometido (as) le exponía el asunto, él permanecía callado. Después, el Mesías Prometido (as) le preguntó: ‘¿Ha comprendido plenamente los argumentos que le he presentado?’. Respondió: ‘Sí, los he comprendido’. Pero, acto seguido, habló de una manera extremadamente descortés y dijo: ‘He comprendido que usted es el Dayyal [anticristo] (Dios nos libre), porque una de las características del Dayyal es que silenciará a los demás con sus argumentos’ (es decir, los dejará sin palabras). El Mesías Prometido (as) tampoco respondió en esta ocasión, y el maulvi se marchó.

Al llegar a Amritsar, el maulvi publicó un anuncio en el que, aludiendo a este incidente, declaró: ‘A pesar de haber pronunciado tales palabras, cuando él [es decir, el Mesías Prometido (as)] entró dentro de su casa, le envié una breve nota indicándole que me encontraba necesitado (aquí reconoce su propia falta de dignidad y, al mismo tiempo, el trato bondadoso que recibió del Mesías Prometido (as)). Le envié una breve nota en la que le hacía saber que me hallaba en una situación de necesidad y que deseaba que me diera algo. Aunque le había dirigido palabras ofensivas, me encontraba necesitado y le pedí que me tratara con benevolencia’. Además, escribió que ‘el Mesías Prometido (as) le envió inmediatamente quince rupias’. Afirmó que ¡el Mesías Prometido (as) era extraordinariamente generoso y que, aunque se le dirigieran palabras duras, no guardaba rencor a nadie’”.  El Mesías Prometido (as) no dijo a nadie que le había entregado quince rupias, y fue únicamente gracias a aquel anuncio público como la gente llegó a saber que se las había dado, a pesar de las duras palabras que había pronunciado.

Hazrat Qazi Abdul Ghafur Sahib cuenta lo siguiente:

“En 1906 viajé de Rawalpindi a Qadian junto con mi hermano mayor, Hazrat Hafiz Murad Bajsh Sahib. Mientras el Mesías Prometido (as) descendía por las escaleras de la mezquita, un caballero – muy probablemente Hazrat Hakim Shah Nawaz Sahib, de Rawalpindi – le entregó una ofrenda de diecisiete libras que llevaba en una pequeña bolsa. El Mesías Prometido (as) tomó la bolsa y la guardó en el bolsillo. Al pie de la escalinata había un mendigo pidiendo limosna. El Mesías Prometido (as) sacó inmediatamente aquella misma bolsa de su bolsillo y se la entregó al mendigo.

Cuando Hazrat Hakim Sahib presenció aquello, comentó respetuosamente: ‘Hazur, esa bolsa contenía diecisiete libras’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘Le pertenecían a él, y ahora han llegado a manos de su legítimo propietario’. Tras decir esto, Huzur guardó silencio’”. En aquella época, diecisiete libras representaban una suma muy considerable. Una libra equivalía aproximadamente a quince rupias indias, lo que suponía un valor total de unas doscientas cincuenta y cinco rupias, cuando era posible comprar una comida por tan solo unas pocas paisas.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que la caridad y la limosna estaban profundamente arraigadas en los hábitos del Mesías Prometido (as) y que, por lo general, destinaba una décima parte de sus ingresos a obras de caridad.

A este respecto, Hazrat Sahibzada Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha recogido una narración de Hazrat Ummul Mu’minin (ra). Escribe:

“Mi querida madre me contó que el Mesías Prometido (as) solía dar abundantemente en caridad y que, por lo general, lo hacía con tanta discreción que ni siquiera nosotros llegábamos a enterarnos. Le pregunté: ‘¿Cuánto solía donar a obras benéficas?’. Mi madre respondió: ‘Daba mucho. En los últimos años de su vida, de todo el dinero que recibía apartaba una décima parte expresamente para obras benéficas, y continuaba haciendo donaciones de esa cantidad’. Mi madre añadió que esto no significaba que no diera más de una décima parte. Más bien, solía decir: ‘A veces aumentan los gastos: llegan invitados, hay que atender los gastos del Langar [casa de húespedes] y muchos otros desembolsos; entonces una persona puede descuidar la caridad. Pero si el dinero destinado a obras benéficas se separa de antemano, no hay lugar para la negligencia, pues ese dinero ya no puede destinarse a ningún otro fin’“.

Mi madre decía que, por esa razón, él apartaba de antemano una décima parte de todos sus ingresos; de lo contrario, cuando llegaba el momento de dar, solía entregar incluso más que eso. Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) añade que preguntó: ‘¿Tenía en cuenta si alguien era áhmadi o no al hacer donativos?’. Su madre respondió: ‘¡No! Nunca se planteó quién era áhmadi y quién no. Si alguien se encontraba en una situación de necesidad, él le ayudaba’.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe que, del mismo modo que jamás rechazaba a quien le pedía algo y que, con frecuencia, ayudaba a los necesitados incluso sin que se lo solicitaran, también formaba parte de su noble carácter comprender hasta las formas más sutiles de pedir. También en esas circunstancias solía responder con generosidad.

Sahibzada Sirall-ul-Haq Sahib cuenta que, en cierta ocasión, alguien envió una preciosa gorra al Mesías Prometido (as). Casualmente, cuando llegó el paquete, también se encontraba allí un hombre hindú. El Mesías Prometido (as) abrió el paquete y encontró la gorra. El hombre hindú la admiró profundamente. En cuánto el Mesías Prometido (as) le oyó elogiarla, se la entregó de inmediato.

Hazrat Munshi Zafar Ahmad Sahib, de Kapurthala, cuenta que un áhmadi llamado Halli Hussain regresó del Hall y trajo consigo un tasbih [rosario] de perlas auténticas. Se lo ofreció como regalo al Mesías Prometido (as) (era un tasbih de perlas auténticas). El narrador dice: “En aquel momento, un amigo de Sialkot y yo nos encontrábamos en compañía del Mesías Prometido (as). Halli Husain Sahib presentó el tasbih ante Huzur. Huzur dijo: ‘YazakAl’lah”. El tasbih era muy hermoso. Pensé para mis adentros que, una vez se hubiera marchado Halli Husain Sahib, le pediría el tasbih. Mi amigo de Sialkot albergaba la misma intención.

Cuando Halli Husain Sahib se marchó, el amigo de Sialkot comentó: ‘¡Huzur, este tasbih es muy bonito’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘Si le gusta, quédeselo!’ Y se lo entregó. Entonces respondí: ‘¡Huzur! Yo también tenía intención de pedirlo’. Huzur sonrió y dijo: ‘¡Entonces, deberíais repartíroslo entre los dos a partes iguales: que cada uno se quede con la mitad!’. Más tarde, el amigo de Sialkot me dijo: ‘¡Déjame quedarme con el tasbih. De todas formas, tiene cien cuentas!’. Le respondí: ‘¡Muy bien, quédatelo!’. Y así lo hizo”.

Hazrat Hakim Al’lah Ditta Sahib cuenta que Sarfaraz Jan relató lo siguiente:

“Vinimos para asistir al Yalsa y alguien regaló una yegua a Huzur (as). Pensé para mis adentros: ‘¡Qué maravilla sería que me regalaran esa yegua! Me la llevaría a casa y le diría a todo el mundo que había traído la yegua del Mesías’. Era una excelente yegua de montar, de magnífico pedigrí.

Cuando terminó el Yalsa, le dije: ‘¡Huzur! Me gustaría volver a casa’. Huzur respondió: ‘¡Espera! Al tercer día volví a hacer la misma petición. En esta ocasión, Huzur (as) dijo: ‘¡Chaudhry Sahib, llévate esta yegua contigo!’. Pregunté: ‘¡Huzur! ¿Cuánto cuesta?’. Huzur respondió: ‘Aliméntala con hierba y grano, y móntala. Ese es su precio! (en otras palabras, no tenía precio). ¡Tómala y sácale partido!’”.

Hazrat Malik Ghulam Husain Sahib (ra) cuenta que, cuando Maulvi Abdul Rahman Sahib (quien más tarde fue martirizado en Afganistán) visitó al Mesías Prometido (as), llevó consigo numerosos regalos, entre ellos un abrigo de piel de oveja.

Tras ser informado de su llegada, el Mesías Prometido (as) le invitó a pasar. Entregó los regalos y el abrigo de piel de oveja. El Mesías Prometido (as) se mostró muy complacido y dijo: “¡Maulvi Sahib! Se ha tomado muchas molestias”. Maulvi Abdul Rahman Sahib respondió: ‘¡Huzur! Le he traído este abrigo de piel de oveja especialmente para usted, y me encantaría verle con él puesto frente a mí’. El Mesías Prometido (as) se levantó de inmediato y se lo puso. Era una túnica larga, o un abrigo, o como se llamara, que le llegaba hasta los tobillos. Era un abrigo largo.

Más tarde, aquella misma noche, durante la cena, Jwaya Kamal-ud-Din Sahib dijo: “¡Huzur! Maulvi Abdul Rahman Sahib le ha traído un abrigo de piel de oveja muy valioso, cálido y de excelente calidad!” (Jwaya Sahib lo había visto de antemano). El Mesías Prometido (as) respondió: “¡Jwaya Sahib! Si tanto le gusta, quédeselo”. Jwaya Sahib respondió: “¡Huzur! Es un gran detalle”. A continuación, el Mesías Prometido (as) entregó el abrigo de piel de oveja a Jwaya Kamal-ud-Din Sahib.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) afirma que Hafiz Nur Ahmad Sahib, comerciante de pashmina de Ludhiana – la pashmina es un tipo de tejido de lana -, se contaba entre los antiguos y más devotos servidores del Mesías Prometido (as). Era comerciante de tejidos de lana y figuraba entre los siervos más sinceros y fieles del Mesías Prometido (as). En una ocasión sufrió graves pérdidas económicas en su negocio textil, hasta el punto de quedar al borde de la quiebra. Como consecuencia, decidió trasladarse a otro lugar y emprender un negocio diferente para recuperar su situación económica.

A lo largo de toda la vida del Mesías Prometido (as), mantuvo una correspondencia constante con él y apoyó económicamente a la comunidad más allá de sus medios y posibilidades. Solía decir: “En cuanto a la generosidad, la caridad y la benevolencia del Mesías Prometido (as), puedo resumirlo en una sola frase: sencillamente, no sabía dar cantidades pequeñas”.

Al relatar una experiencia personal, dijo: “cuando mi negocio quebró y decidí trasladarme a otro lugar para empezar de nuevo, le pedí al Mesías Prometido (as), a modo de préstamo, una cantidad de dinero para poder establecer un nuevo negocio”. Huzur (as) sacó una caja en la que guardaba dinero y la puso delante de mí, diciéndome: “Toma todo lo que necesites”. Se notaba una gran alegría en este gesto. Solo tomé lo necesario para cubrir mis necesidades, aunque Huzur seguía diciéndome: “¡Tómalo todo!”. La realidad es que su actitud hacia sus amigos era completamente distinta. En la práctica, consideraba que su riqueza les pertenecía a ellos. En estos asuntos, le preocupaba que un seguidor fiel mostrara algún tipo de reserva (algún tipo de vergüenza o sentido del honor)”.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib (ra) dice:

“Sheij Muhammad Ismail Sahib Sarsawi ha sido mi amigo y hermano sincero durante treinta y dos años, y es uno de los servidores más antiguos del Mesías Prometido (as). Desde el primer momento, su carácter ha sido de naturaleza espiritual y piadosa, y siempre se ha sentido atraído por la compañía de los justos. Ha sido profesor en la madraza Talim-ul-Islam desde sus comienzos hasta la actualidad.

En los primeros tiempos, también era él quien se encargaba de alimentar y atender a los invitados; con toda razón podría llamársele Nazir Ziafat [Superintendente de Hospitalidad]. Desde el momento en que llegó a Qadian, el Mesías Prometido (as) se ocupó especialmente de él y asumió personalmente la responsabilidad de todas sus necesidades, actuando, por así decirlo, como garante de cuanto necesitaba.

En cierta ocasión, Hazrat Nana Yan, el difunto Hazrat Mir Nasir Nawab Sahib, se enfadó profundamente con Sheij Sahib. Hizo una relación de sus deudas, en la que figuraban las cantidades que debía a los vendedores de dulces, sin saber que ya habían sido saldadas. El asunto llegó al Mesías Prometido (as) que Sheij Sahib había contraído aquellas deudas con los pasteleros para mantener en funcionamiento el comedor comunitario. Al oír esto, el Mesías Prometido (as) sonrió y dijo: ‘Soy plenamente consciente de ello, y esa deuda ya ha sido saldada. Mir Sahib, no se preocupe. Cualquiera que sea la deuda, se liquida cada semana sin falta’”.

El Mesías Prometido (as) liquidaba semanalmente los gastos de Sheij Sahib, o siempre que era necesario, y Sheij Sahib le planteaba estos asuntos con absoluta naturalidad y familiaridad – como un hijo se dirigiría a su padre, o incluso con mayor naturalidad aún -, limitándose a decir: “se ha gastado tal y tal cantidad”, y el Mesías Prometido (as) la liquidaba de inmediato. Esa era la clase de generosidad majestuosa y paternal que le caracterizaba. Sin duda, aquellos gastos incluían tanto los personales como los de la cocina comunitaria”.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe:

“Hazrat Syed Fazl Shah Sahib era uno de los siervos más devotos del Mesías Prometido (as). Shah Sahib era el hermano mayor del respetado Syed Nasir Shah Sahib. Sentía un profundo amor por el Mesías Prometido (as) y, finalmente, emigró a Qadian, donde residió en Dar-ul-Dhuafá.

El incidente en cuestión data de julio de 1900, cuando se encontraba en Qadian. El 6 de julio de 1900 solicitó permiso al Mesías Prometido (as) para marcharse y le pidió que le escribiera unas palabras aconsejándole. Además, le solicitó medicinas y una camisa. En aquel momento, el Mesías Prometido (as) sufría un fuerte ataque de vértigo y no había podido asistir a la oración; sin embargo, a pesar del intenso dolor de cabeza, escribió una carta de consejo en respuesta a la nota de Shah Sahib y le entregó tanto las medicinas como la camisa.

Este incidente da testimonio de que, incluso en los estados más agudos de enfermedad, permanecía dispuesto a atender las peticiones legítimas de sus siervos y no daba importancia a su propio malestar cuando se trataba del beneficio y el bienestar de los demás”.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra) escribe:

“De la conducta del Mesías Prometido (as) también se desprende que, en ocasiones, participaba generosamente en las alegrías y celebraciones de sus amigos, lo cual reflejaba su amor, su generosidad y su munificencia. Las cartas que escribía de vez en cuando a Hazrat Munshi Abdul’lah Sahib Sanori, así como el propio relato de Munshi Sahib, dan testimonio de ello. En una ocasión, con motivo del walima [cena de bodas] de Munshi Sahib y, en otra, del Aqiqah [celebración del nacimiento] de su hijo, el Mesías Prometido (as) contribuyó de su propio bolsillo y, al hacerlo, experimentó una alegría y un gozo genuinos.

Había ocasiones en que la gente enviaba dinero para tales celebraciones, pidiendo por escrito que se organizara una reunión en Qadian en su nombre, sin darse cuenta, en el momento de escribir, de que una reunión en Qadian nunca sería un acto pequeño. El Mesías Prometido (as) siempre estaba rodeado de mucha gente, y la cantidad enviada resultaba invariablemente insuficiente para cubrir los gastos. Sin embargo, nunca hacía mención del déficit. Por el contrario, añadía discretamente dinero de sus propios recursos para cubrir la diferencia y cumplir el deseo de quienes lo habían enviado. Tales situaciones se repetían una y otra vez, pero él jamás lo mencionaba – ni por insinuación ni por implicación – y, en cada ocasión, simplemente decía: “este es un banquete ofrecido por tal amigo”, sin dar a entender en ningún momento que él mismo hubiera contribuido. Sin embargo, había ocasiones en que sí lo manifestaba y decía a sus allegados que el dinero enviado no había sido suficiente y que él mismo había cubierto el resto.

En una carta dirigida a Hazrat Munshi Abdul’lah Sahib Sanori con motivo de su boda, el Mesías Prometido (as) escribió:

“Felicitaciones por su matrimonio. El viernes, conforme a su carta, se ofreció de su parte un banquete de walima para los invitados, pues eran muchos. Entre ellos se encontraban Seth Sahib (es decir, Abdul Rahman Sahib Madrasi Sahib), Sheij Rahmatul’lah Sahib y muchos otros distinguidos invitados, más de ochenta en total. Usted envió diez rupias, las cuales no fueron suficientes. Por lo tanto, en honor de esta feliz ocasión, añadí diez rupias de mi parte y preparé una comida completa por veinte rupias: buena comida, pulao, zarda, korma, naan, etc”..

Continuó escribiendo que los invitados quedaron muy complacidos y que, después de comer, ofrecieron oraciones y buenos deseos en su nombre. A los invitados únicamente se les dijo que era un banquete ofrecido por el novio; no mencionó que él mismo hubiera contribuido.

En otra carta dirigida a Hazrat Munshi Abdul’lah Sahib Sanori, escrita con motivo de la ceremonia del Aqiqah de su hijo, el Mesías Prometido (as) escribió:

“Se sacrificaron dos carneros; la carne era excelente. Se cocinó una gran olla de pulao [arroz] de carne y otra de arroz dulce zarda con azafrán y otros ingredientes. También se preparó pan y carne. Había cerca de setenta invitados, y todos fueron atendidos con esmero. Gracias a su buena voluntad, tanto el pulao como el zarda quedaron deliciosos. El gasto total ascendió a veinticuatro rupias. Como sé que no podrá enviar la cantidad completa, si en algún momento desea enviar la mitad – doce rupias -, puede hacerlo”. El Mesías Prometido (as) expresó una gran alegría por la celebración y transmitió sus más sinceras felicitaciones.

Hazrat Ahmad Nur Kabuli Sahib narra:

“Cuando llegué a Qadian en 1902, el Mesías Prometido (as) aceptó mi juramento de lealtad durante la oración del Maghrib de aquella misma tarde. Por iniciativa propia, y sin que yo se lo pidiera, me concedió un terreno para construir mi casa y organizó mi matrimonio, también sin que yo se lo solicitara. Sin que yo lo supiera, envió a algunos acompañantes a la recepción de mi boda. Asimismo, dispuso que se me asignara de forma permanente un saco de harina de su propia cocina comunitaria y dio instrucciones a Maulvi Muhammad Ali Sahib, diciéndole: ‘Mientras Ahmad Nur viva, entrégadle esta harina a mi cargo. El coste de la harina de Ahmad Nur corre por mi cuenta’”.

Mian Abdul Rahim Sahib relata:

“En una ocasión enfermé gravemente, hasta el punto de que ya no había esperanza de que sobreviviera, y perdí el conocimiento. En aquel momento, mientras el Mesías Prometido (as) regresaba de un paseo hacia la aldea de Buttar, mi tío paterno, el difunto Mian Bajsh Sahib, se presentó en el Chowk de Mori Gate y dijo: ‘¡Su Santidad! Por favor, venga a ver a Abdul Rahim, pues está gravemente enfermo’. Hazrat Jalifatul Masih I (ra), junto con otros compañeros, acompañaba al Mesías Prometido (as).

Por pura gracia, Su Santidad (as) vino a nuestra humilde morada. Al verme recostado en el catre, me sacudió suavemente el hombro con la mano derecha y me dijo: ‘¿Por qué tienes miedo? Tú no te vas a morir’. Al oír estas palabras, abrí los ojos. Entonces Su Santidad dirigió la mirada hacia el tejado de la casa y dijo: ‘Abdul Rahim, no morirás de esta enfermedad. Sin embargo, esta casa vieja y en ruinas probablemente sea la causa de tu muerte. El techo está en muy mal estado. Cuando te recuperes, haz que lo reparen’. Después le dijo a mi madre: ‘Venga conmigo y recoja las medicinas. Déselas, y también rezaremos. Si Dios quiere, se recuperará’.

Mi madre acompañó a Su Santidad (as) hasta su casa, donde le entregó tres pequeños paquetes de medicina [envueltos en papel]. Tomé la primera dosis aquella misma mañana, hacia las nueve o las diez, y la segunda por la noche. Después de tomar estas dos dosis, ya pude sentarme en la cama. A la mañana siguiente tomé la tercera dosis y, con solo esas tres tomas, mi enfermedad desapareció por completo”.

En cualquier caso, al cabo de cinco o seis días, me había recuperado por completo, salvo por una ligera debilidad. Aproximadamente una semana después, me presenté ante Su Santidad. Aún me sentía débil, por lo que me ayudaron a subir. Cuando comparecí ante Su Santidad, me preguntó: “¿Ya te has recuperado?”. Respondí: “Gracias a las oraciones y a la medicina de Su Santidad, desde aquel día no he vuelto a tener fiebre ni enfermedad alguna”. Entonces Su Santidad preguntó: “¿Qué ha sido de la casa?”. Respondí: “Estuve enfermo durante un mes o seis semanas y no tengo ni un solo céntimo. ¿Cómo puedo reparar la casa? ¿Cómo puedo reemplazar el techo?”. Su Santidad respondió: “La repararemos nosotros”. Inmediatamente llamó a Maulvi Muhammad Ali Sahib y le ordenó: “Cuando pida madera para las habitaciones de la madrasa, consiga también madera para el techo de la casa de Abdul Rahim y haga que lo reparen. Sea cual sea el costo, lo pagaremos”. En consecuencia, Maulvi Muhammad Ali Sahib envió al albañil Raka Ram a inspeccionar mi casa y calcular la cantidad de madera necesaria. Regresó e informó a Maulvi Sahib de que serían necesarias diez vigas. Maulvi Muhammad Ali Sahib comunicó a Su Santidad que la madera costaría treinta rupias. Su Santidad le entregó inmediatamente las treinta rupias, y mi casa fue reparada”.

Añade: “En cuanto a los gastos adicionales ocasionados por la mano de obra y otros trabajos, desconozco su importe. Esos también fueron sufragados por el Mesías Prometido (as)”.

Al presentar un resumen general del bendito carácter del Mesías Prometido (as) en Sirat Tayyibah, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“Nuestro respetado tío materno, Hazrat Dr. Mir Muhammad Ismail Sahib (ra), a petición mía, escribió en una ocasión un artículo sobre las cualidades morales y las virtudes del Mesías Prometido (as).

En ese artículo afirmó: ‘El Mesías Prometido (as) era sumamente compasivo y misericordioso. Era generoso y hospitalario. Era Ashya al-Nas, el más valiente entre los hombres. En tiempos de adversidad, cuando el miedo se apoderaba de los demás, él avanzaba como un león intrépido. Entre sus más destacadas cualidades morales se encontraban el perdón, la indulgencia hacia los demás, la generosidad, la humildad, la lealtad, la sencillez, el amor a Dios Altísimo, el amor al Santo Profeta (sa), el respeto a los mayores de la fe, el cumplimiento de las promesas, un trato afable con los demás, la dignidad, el honor, el valor, la firmeza de propósito, la alegría y un semblante radiante’.

Además, escribe: ‘Vi por primera vez al Mesías Prometido (as) cuando tenía dos años, y él falleció cuando yo era un joven de veintisiete. Sin embargo, juro por Dios que jamás he visto a nadie mejor que él, de carácter más noble, más justo, más afectuoso, y venerable compasivo, ni más profundamente entregado al amor de Al’lah y de Su Mensajero (sa). Era una luz que apareció en la tierra para beneficio de la humanidad, y una lluvia de misericordia que descendió sobre este mundo tras una prolongada sequía de fe, devolviéndole la vida y el verdor’“.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) añade después su propio testimonio:

“Este es también mi propio testimonio presencial, tal como lo describió Mir Sahib”.

¡Que Dios Altísimo nos permita también encarnar esas elevadas cualidades morales para cuyo establecimiento Dios Altísimo lo envió, en perfecta obediencia al Santo Profeta (sa)!

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