Jalifas guiados - Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 02 de SEPTIEMBRE de 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), en el Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Surah Al-Fatihah,

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V (atba), pronunció estas palabras:

[En los últimos jutbas] se estaba haciendo mención de las batallas durante el Jalifato de Abu Bakr (ra) y, con respecto a esto, ahora mencionaré algunos detalles en relación a la Conquista de Damasco:

Esta tuvo lugar en el año 13 después de la Hégira [emigración del Santo Profeta (sa) de La Meca a Medina] y fue la última batalla que se libró durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra). En cuanto a la ubicación de Damasco, se afirma que fue la antigua capital de Siria y una ciudad llena de tradiciones históricas. Inicialmente, era un gran centro de adoración de ídolos. Sin embargo, cuando se introdujo el Cristianismo, transformó sus centros de adoración de ídolos en iglesias. [Asimismo], este fue un importante centro de comercio, donde también residían árabes. Aparte, como las caravanas comerciales musulmanas solían ir allí con frecuencia, estaban bien informados acerca de esta zona. Además, Damasco era una ciudad fortificada y se distinguía por su seguridad y sostenibilidad. Sus paredes estaban hechas de grandes rocas, tenían seis metros de altura y poseían puertas extremadamente fuertes. [Es más], las paredes tenían tres metros de ancho y las puertas estaban bien cerradas. [Finalmente], una trinchera de 3 metros de ancho rodeaba los cuatro lados de las murallas y se mantenía llena de agua de mar. Como tal, Damasco se consideraba bastante fuerte y segura, y no era fácil entrar en ella.

Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) envió varios ejércitos hacia Siria, nombró a Hazrat Abu Ubaidah (ra) como jefe de uno de estos contingentes y le ordenó que avanzara hacia Homs, que se encuentra cerca de Damasco y es una ciudad grande y antigua de Siria. Luego, de acuerdo con las instrucciones de Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Jalid bin Walid (ra) rodeó la fortificación al llegar a Damasco junto con otro ejército musulmán. Por su parte, la gente de Damasco trepó por los muros de su fortaleza y arrojó piedras y flechas contra los musulmanes, quienes se protegían con escudos de cuero y también les disparaban flechas cuando encontraban la oportunidad adecuada. Pasaron 20 días de esta manera, pero no se logró ningún resultado decisivo. No obstante, la gente de Damasco se enfrentaba a circunstancias bastante difíciles, ya que estaban atrapados en la fortaleza y el suministro de la misma se estaba acabando, y sus cultivos estaban afuera. Como tal, su cosecha y trabajo estaban siendo dañados, ya que el grano no podía entrar en la fortaleza y además había escasez de productos de consumo. En consecuencia, debido al prolongado período de asedio, se enfrentaban a una gran ansiedad y dificultades.

Mientras tanto, ya habían pasado 20 días desde el asedio a Damasco, cuando los musulmanes se enteraron de que Heraclio [emperador romano del Imperio Bizantino] había reunido un gran ejército bizantino en Ajnadain. Tan pronto como se enteraron de esto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) partió del lado este y llegó a Hazrat Abu Ubaidah (ra) en Yabiyah. Le informó de la situación y expresó su opinión diciendo: “Deberíamos abandonar el asedio de Damasco y encontrarnos con el ejército bizantino en Ajnadain. Si Dios nos concede la victoria, luego regresaremos y pondremos fin a los asuntos en Damasco”. Hazrat Abu Ubaidah (ra) respondió: “Mi opinión es la contraria, pues la gente de Damasco se ha cansado de estar rodeada en la fortaleza durante 20 días y los hemos intimidado. Si salimos de aquí, sentirán alivio y reunirán grandes cantidades de comida y bebida en su fortaleza; por lo que si regresamos a ellos desde Ajnadain, podrán enfrentarse a nosotros durante un período prolongado”. [En este caso], Hazrat Jalid bin Walid (ra) estuvo de acuerdo con la opinión de Hazrat Abu Ubaidah (ra) y continuó el asedio. Entonces, instruyó a todos los jefes musulmanes designados en las distintas puertas de la fortaleza para que intensificaran su ataque. Al final, cumpliendo con las instrucciones de Hazrat Jalid bin Walid (ra), el ejército musulmán comenzó a lanzar feroces ataques desde todos los lados.

Ya habían pasado 21 días desde el sitiado de Damasco y mientras animaba a los musulmanes a intensificar sus ataques, Hazrat Jalid bin Walid (ra) continuó personalmente lanzando ataques feroces también desde el lado este. La gente de Damasco ahora estaba extremadamente cansada y esperaba la ayuda de Heraclio. Por su parte, Hazrat Jalid bin Walid (ra) continuó sus ataques y estando enfrascados en la batalla vieron que los bizantinos que se encontraban en los muros de la fortaleza de repente comenzaron a aplaudir, bailar y expresar su alegría. Los musulmanes los miraron con asombro. Entretanto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) miró hacia un lado y vio una gran nube de polvo en esa dirección, como resultado de lo cual el cielo se había oscurecido. Incluso durante el día, la oscuridad se había extendido por todas partes. Hazrat Jalid bin Walid (ra) comprendió de inmediato que el ejército de Heraclio venía a ayudar a la gente de Damasco. Poco tiempo después, algunos informantes confirmaron esta noticia proclamando: “Vimos un gran ejército hacia el valle de la montaña y con toda seguridad es el contingente de los bizantinos”.

Hazrat Jalid bin Walid (ra) fue inmediatamente a Hazrat Abu Ubaidah (ra), le informó de la situación y dijo: “Tengo la intención de tomar todo el ejército para enfrentarnos a las fuerzas de Heraclio. ¿Qué me aconsejas al respecto?”. Por su parte, Hazrat Abu Ubaidah (ra) declaró: “Esa no sería la mejor forma de actuar, porque si abandonamos este lugar, la gente de la fortaleza saldrá y luchará contra nosotros. El ejército de Heraclio atacará por un lado, mientras que el pueblo de Damasco atacará por el otro y estaremos atrapados entre dos ejércitos bizantinos”. Ante esto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) contestó: “¿Cuál es entonces tu opinión?”. Hazrat Abu Ubaidah (ra) manifestó: “Debes designar a una persona valiente y enviarla junto con un grupo de personas para combatir al enemigo”. Por tanto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) envió a Hazrat Dirar bin Azwar (ra) junto con quinientos jinetes para combatir a los bizantinos.

Según otra narración, se registra que el ejército de Hazrat Dirar (ra) era de cinco mil. En cualquier caso, Hazrat Dirar (ra) partió con quinientos soldados, o con los que había en el ejército, y se dirigió hacia el contingente bizantino. Entretanto, algunos soldados vieron el ejército bizantino y le dijeron que era demasiado grande cuando ellos solo eran quinientos, por lo que sería mejor que regresaran y los atacaran con todo su ejército. [Al escuchar esto], Hazrat Dirar (ra) exclamó: “No temáis al gran número del enemigo, pues Dios ha hecho que unos pocos prevalezcan sobre muchos en varias ocasiones. Él nos ayudará ahora también. Amigos míos: regresar ahora es huir de la ‘yihad’ [el esfuerzo en el camino de Al’lah], lo que desagrada a Dios Altísimo. ¿Mancharéis la reputación árabe de valentía y devoción? Quien desee regresar puede hacerlo; sin embargo, yo lucharé y exaltaré el nombre del Islam. Dios nunca me verá huyendo”.

[Al oír esto], todos los musulmanes declararon a una sola voz: “Nos sacrificaremos por la causa del Islam y alcanzaremos el grado de martirio”. En otras palabras, dijeron que estaban preparados para la batalla. Esto complació a Hazrat Dirar (ra) y ordenó lanzar un solo ataque contra el enemigo, y destruirlo por completo. Los musulmanes, junto con Hazrat Dirar (ra), asestaron golpes consecutivos a  sus adversarios y lucharon con valentía. [No obstante, en el transcurso del combate], el hijo de un comandante bizantino atacó a Hazrat Dirar (ra) y lo golpeó con una lanza en el brazo derecho, lo que provocó que la sangre brotara con gran fuerza. Después de un momento, Hazrat Dirar (ra) clavó esa misma lanza en el corazón de ese hombre y lo mató. La lanza se alojó en su pecho y su filamento metálico se rompió. Cuando el ejército bizantino vio que la lanza estaba rota, lo atacaron y lo encarcelaron, ya que no tenía ningún arma en la mano. Cuando los Compañeros (ra) vieron que Hazrat Dirar (ra) había sido capturado, se pusieron muy tristes y preocupados; y aunque lanzaron muchos ataques para liberarlo,  fueron incapaces de hacerlo.

Cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) se enteró de la captura de Hazrat Dirar (ra), se preocupó mucho; recopiló información de sus compatriotas sobre el ejército bizantino y luego consultó con Hazrat Abu Ubaidah (ra) acerca de [si debían] emprender un ataque. Hazrat Abu Ubaidah (ra) afirmó que tras hacer los arreglos necesarios para el asedio de Damasco, podría comenzar un ataque; [en este caso], el comandante en ese momento era Hazrat Abu Ubaidah (ra). Después de ocuparse de los arreglos para el asedio, Hazrat Jalid bin Walid (ra) partió con sus compatriotas y persiguió al enemigo,  y les aconsejó: “Tan pronto como os encontréis con el adversario, lanzad un ataque repentino. Si aún no han matado a Dirar (ra), entonces tal vez podamos liberarlo; y si han martirizado a Dirar (ra), entonces, por Al’lah, haremos que lo paguen con creces. De todas formas, tengo la esperanza de que Dios no nos cause dolor a causa de Dirar (ra)”.

Al mismo tiempo, Hazrat Jalid bin Walid (ra) vio a un jinete sobre un fuerte caballo rojo, que sostenía una lanza larga y brillante. El comportamiento del soldado exhibió valentía, inteligencia y experiencia en la guerra. El combatiente vestía ropa sobre su armadura. Todo su cuerpo, incluida su cara, estaba cubierto y se situó al frente del ejército. Hazrat Jalid bin Walid (ra) deseaba saber quién era este jinete, [por lo que exclamó]: “Por Al’lah, esta persona es extremadamente intrépida y valiente, y todos están yendo detrás de esta persona”. Cuando el ejército musulmán se acercó a las filas enemigas, se vio a este soldado atacando a los bizantinos, tal como un águila ataca a las aves. Un solo ataque de este luchador hizo que el ejército contrario entrara en pánico, el número de muertos se acumulaba y el soldado continuó avanzando hasta que llegó a la mitad del ejército contrario. Habiendo puesto ya su vida en peligro, dio media vuelta y atravesó el contingente enemigo, adentrándose todavía más en sus filas; y quienquiera que se cruzaba en el camino de este [valiente] luchador era aniquilado. Algunos pensaron que esta persona era Hazrat Jalid bin Walid (ra). Entonces, Hazrat Raafi (ra) preguntó a Hazrat Jalid bin Walid (ra) con asombro: “¿Quién es esta persona?”. Hazrat Jalid bin Walid (ra) replicó: “No lo sé, yo mismo estoy asombrado, preguntándome quién es esa persona”. Luego, Hazrat Jalid bin Walid (ra) estaba parado al frente del ejército cuando este mismo combatiente emergió de las filas bizantinas. Ninguno de los luchadores bizantinos se enfrentaba a este soldado que había estado luchando solo en medio de los mismos.

Durante este tiempo, Hazrat Jalid bin Walid (ra) atacó, extrajo a este soldado de en medio de los bizantinos y esta persona fue devuelta a las filas musulmanas. Entonces, Hazrat Jalid bin Walid (ra) le dijo a ese soldado: “Has desatado tu ira contra el enemigo. ¿Dime quién eres?”. El jinete no pronunció nada y se preparó para la batalla una vez más, por lo que Hazrat Jalid bin Walid (ra) puso de manifiesto: “¡Oh siervo de Dios, me has preocupado a mí y a todos los musulmanes! ¡Eres tan imprudente! ¿Quién eres?”. Ante la insistencia de Hazrat Jalid bin Walid (ra), el jinete contestó: “No me he negado a hablar por desobediencia (es decir, no estoy respondiendo por ser desobediente), más bien estoy avergonzada porque no soy un hombre, de hecho, soy una mujer. (Las mujeres también mostraron tales ejemplos de valentía). El dolor en mi corazón me ha traído aquí”. [Ante esto], Hazrat Jalid bin Walid (ra) inquirió: “¿Qué mujer eres?” y ella respondió: “Soy la hermana de Dirar (ra), Jaulah bint Azwar (ra) y, al enterarme de la captura de mi hermano, hice lo que acabas de presenciar”.

Así que, al escuchar esto, Hazrat Jalid bin Walid (ra) proclamó: “Todos deberíamos lanzar un ataque al mismo tiempo. Confío en que Al’lah va a liberar a Dirar (ra) del encarcelamiento”. [Por su parte], Hazrat Jaulah (ra) afirmó: “Yo también me mantendré al frente”. Luego, Jalid bin Walid (ra) emprendió un feroz ataque. Los bizantinos se desequilibraron y su ejército se dispersó. [En este caso], Hazrat Raafi (ra) dio muchas muestras de valentía. Los musulmanes se preparaban para otro ataque feroz cuando, de repente, algunos jinetes del ejército incrédulo se apresuraron a pedir seguridad y Hazrat Jalid bin Walid (ra) contestó: “Concédeles seguridad”; y a continuación añadió: “Tráemelos”. Entonces, Jalid bin Walid (ra) les preguntó: “¿Quiénes sois vosotros?”; ellos replicaron: “Somos del ejército bizantino y venimos de Homs. Deseamos llegar a un acuerdo”. Hazrat Jalid bin Walid (ra) respondió: “El acuerdo se hará cuando regresemos a Homs. No podemos hacerlo estando aquí. Sin embargo, podéis estar seguros de que, cuando Al’lah tome una decisión y obtengamos la victoria aquí, nosotros iremos y allí lo discutiremos.  Ahora, decidme: ¿Sabéis algo sobre uno de nuestros valientes hombres, encarcelado por matar al hijo de vuestro líder?”. [Al oír esto] dijeron: “Quizás estés preguntando por el que iba sin ropa y mató a muchos de nuestros hombres, incluido el hijo de nuestro líder”. Hazrat Jalid bin Walid (ra) declaró: “Sí, ese es”. Entonces, los bizantinos manifestaron: “Cuando fue capturado y llevado a Wardan, él lo envió a Homs [para presentarlo] ante el rey, rodeado de cien jinetes”. Hazrat Jalid bin Walid (ra) quedó complacido de escuchar esto y presto llamó a Hazrat Raafi (ra) y le dijo: “Conoces bien las instrucciones: toma a los soldados que quieras y libera a Hazrat Dirar (ra) antes de llegar a Homs, para que puedas ser recompensado por tu Señor”. Hazrat Raafi (ra) seleccionó a cien soldados y cuando estaba a punto de partir, Hazrat Jaulah (ra) imploró a Hazrat Jalid bin Walid (ra) permiso para ir con ellos, por lo que de esta forma partieron todos hacia Homs bajo el liderazgo de Hazrat Raafi (ra).

Hazrat Raafi (ra) caminaba a paso ligero y al llegar a cierto lugar, les comunicó a quienes le acompañaban: “¡Alegraos, el enemigo aún no ha avanzado”; y entonces escondió allí a uno de sus batallones. Entonces ocurrió que, al estar en este estado, vieron cómo se levantada una polvareda. Hazrat Raafi (ra) ordenó a los musulmanes que permanecieran alerta, por lo que estaban preparados cuando llegaron los bizantinos. Hazrat Dirar (ra), que estaba bajo su custodia, recitaba poesía en un tono lleno de dolor: “¡Oh captores, transmitid a mi gente y a Jaulah (ra) que he sido capturado y estoy encadenado! Los incrédulos y la gente no religiosa de Siria me rodean, todos revestidos con armaduras. ¡Oh corazón mío, muere de pena y dolor! ¡Lágrimas de juventud corren por mis mejillas!”. Este es el significado del poema que recitaba.

Entretanto, Hazrat Jaulah (ra) proclamó en voz alta: “Tu oración ha sido respondida. La ayuda de Al’lah ha llegado. Soy yo, tu hermana Jaulah (ra)”. Al decir esto, dio un grito de guerra y comenzó a atacar, mientras los otros musulmanes hacían lo mismo y atacaron también. Los musulmanes vencieron a ese batallón y todos fueron aniquilados. Dios Altísimo liberó a Hazrat Dirar (ra) y los musulmanes recibieron el botín [de guerra]. Hazrat Jaulah (ra) desató las cuerdas que ataban a su hermano y lo saludó. Hazrat Dirar (ra) elogió a su hermana y le dio la bienvenida. Tomó entonces una larga lanza, se montó en un caballo y dio gracias a Dios. Mientras ellos estaban felices, Hazrat Jalid bin Walid (ra) emprendió un ataque feroz contra Wardan en Damasco y lo derrotó. La gente huyó y los musulmanes los siguieron. Allí se reunieron con Hazrat Dirar (ra) y los demás musulmanes. Al final, enviaron noticias de su victoria a Hazrat Abu Ubaidah (ra) y fue entonces cuando los musulmanes estaban seguros de que obtendrían la victoria en Damasco.

Mientras el ejército musulmán permanecía en Damasco y continuaba el asedio a la fortaleza, Hazrat Abbad bin Said (ra) llegó a Hazrat Jalid bin Walid (ra) desde Busrah y le informó que un ejército bizantino de 90.000 efectivos se había reunido en Ajnadain. [Al enterarse de esto], Hazrat Jalid bin Walid (ra) consultó con Hazrat Abu Ubaidah (ra), quien manifestó: “Nuestro ejército está disperso por varias partes de Siria. Escríbeles una carta a todos ordenándoles que se reúnan con nosotros en Ajnadain. Abandonaremos nuestro asedio en Damasco y partiremos hacia Ajnadain”.

[En este contexto], Heraclio se había enterado de la derrota de Wardan, así como de los detalles que rodearon la muerte de su hijo; y, por esa razón, le regañó severamente en una carta que decía: “Me he enterado de que árabes desnudos y hambrientos te han derrotado, y han matado a tu hijo. Jesús [refiriéndose al Hijo de María (as)] no ha tenido misericordia de él, ni de ti. Si tu habilidad con la espada no fuera tan famosa, te habría matado. Ahora bien, sea lo que sea lo que ya ha sucedido, ahora he enviado un ejército de 90.000 efectivos a Ajnadain y te nombro su líder”. [Al mismo tiempo], Hazrat Jalid bin Walid (ra) puso fin al sitiado en Damasco e instruyó al ejército partir hacia Ajnadain. Tan pronto como recibieron esta instrucción, los musulmanes desmantelaron sus tiendas de campaña y comenzaron a cargar sus pertenencias en sus camellos, los cuales eran parte del botín; y los que llevaban sus pertenencias, las mujeres y los niños iban en la parte trasera del contingente, y los jinetes por delante. [En este sentido], Hazrat Jalid bin Walid (ra) exclamó: “Pienso que debo viajar en la parte de atrás, con las mujeres y los niños”. No obstante, Hazrat Abu Ubaidah (ra) le aconsejó que debería permanecer al frente. [Y por eso] declaró: “Es posible que Wardan tome su ejército de Ajnadain y se dirija hacia Damasco, lo cual dará pie a que tengamos que enfrentarnos a ellos. Si permaneces al frente del ejército, podrás detenerlos y combatirlos. Por consiguiente, tú deberías estar al frente y yo me quedaré atrás”; y Hazrat Jalid (ra) replicó: “Tu sugerencia es correcta. No me opondré a tu opinión y consejo”.

Cuando el ejército musulmán terminó el asedio de Damasco y se fue, la gente se regocijó por su partida y comenzó a saltar y aplaudir para expresar su felicidad. [De todas formas], el pueblo de Damasco tenía opiniones diferentes sobre la partida del ejército musulmán, pues algunos decían que habían oído hablar de su gran ejército y que se había reunido en Ajnadain, y por esa razón los musulmanes habían ido a Siria para unirse a su otro contingente. Alguien más dijo que se habían cansado del bloqueo y que iban a otro lugar a combatir;  otros incluso llegaron al extremo de decir que huían para regresar a Hiyaz [región que comprende el oeste de Arabia, donde se encuentra La Meca y Medina, entre otras ciudades].

De todos modos, muchas personas que estaban en Damasco se habían reunido en el local de una persona que se llamaba Pablo, quien nunca se había enfrentado a los Compañeros (ra) en una batalla. Era una persona de mucha confianza para Heraclio y un excelente arquero. El pueblo de Damasco lo nombró gobernador y, al tentarlo con todo tipo de cosas, trataron de convencerlo para que combatiera. Juraron no huir del campo de batalla y él tendría derecho a matar por sí mismo a cualquiera que huyera. Cuando completó este juramento, Pablo regresó a su casa para ponerse la armadura y su esposa le preguntó a dónde iba. Pablo respondió: “El pueblo de Damasco me ha nombrado gobernador, así que ahora voy a pelear contra los árabes”. Entonces, su esposa le pidió: “No hagas eso y quédate en casa, porque no tienes fuerza para combatir a los árabes. No luches contra ellos innecesariamente. Hoy he visto en un sueño que sostienes un arco y estás cazando pájaros en el cielo. Algunas de las aves fueron golpeadas y cayeron al suelo, pero luego se levantaron y volaron una vez más; aunque me asombré cuando de repente vi en el sueño que venían muchas águilas desde arriba (no una, sino muchas). Te atacaron a ti y a tus compañeros tan ferozmente, que os destruyeron”. Y Pablo inquirió: “¿También me viste en el sueño?”. Ella respondió: “Sí. Las águilas te picotearon con tanta fuerza, que te hicieron caer [al suelo] inconsciente”. Habiendo oído esto, abofeteó a su esposa y afirmó: “El miedo a los árabes se ha apoderado de ti, por eso también tuviste miedo en tu sueño. No te preocupes, porque ahora haré que su líder sea tu sirviente, y sus compañeros pastores de cabras y cerdos”.

Pablo reunió inmediatamente un ejército de 6.000 jinetes y 10.000 soldados de a pie, partió para perseguir y luchar contra los musulmanes, y siguiendo la estela de las mujeres, los niños, la riqueza y el ganado del ejército musulmán, [enfrentándose así] al ejército de 1.000 efectivos de Hazrat Abu Ubaidah (ra). Presto, los musulmanes también se prepararon para la batalla y en poco tiempo llegaron los incrédulos. Pablo iba al frente e inmediatamente lanzó un ataque con 6.000 soldados contra Hazrat Abu Ubaidah (ra). El hermano de Pablo, Pedro, avanzaba con la infantería hacia las mujeres y regresó a Damasco habiendo capturado a algunas de ellas, [tras lo cual] llegó a cierto lugar y se quedó allí esperando a su hermano.

Hazrat Abu Ubaidah (ra), considerando que esto era una catástrofe, proclamó que la opinión de Hazrat Jalid bin Walid (ra) de permanecer detrás del ejército era correcta. Al mismo tiempo que lloraban las mujeres y los niños, había un ejército de 1.000 hombres combatiendo valientemente. Pablo lanzó ataque tras ataque contra Hazrat Abu Ubaidah (ra) y es posible además que él mismo tomara parte en el combate.

Por otra parte, Hazrat Sahl (ra) llegó rápidamente a caballo hacia Hazrat Jalid bin Walid (ra) y le informó de la situación. Hazrat Jalid bin Walid (ra) recitó: ‘Inna lil’lahe wa inna ilehi rayiun’ [‘Ciertamente pertenecemos a Al’lah y hacia Él será el retorno’] y envió a Hazrat Raafi (ra) y Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra), cada uno con un ejército de 1.000 hombres, a fin de proteger a las mujeres y los niños. Luego mandó a Hazrat Dirar (ra) con 1.000 jinetes y él mismo partió con el contingente a fin de luchar contra el enemigo.

Mientras Hazrat Abu Ubaidah (ra) combatía con Pablo, los ejércitos musulmanes llegaron desde diferentes lugares y los golpearon tan ferozmente que los bizantinos, que habían venido a atacar desde Damasco, en verdad quedaron totalmente humillados. [Por su parte], Hazrat Dirar (ra) avanzó hacia Pablo como un fuego ardiente y, cuando lo vio, Pablo comenzó a temblar mientras se quedó parado una vez que lo reconoció. Entonces, se bajó de su caballo y comenzó a huir a pie. Hazrat Dirar (ra) lo persiguió, lo agarró vivo y lo detuvo. Al final, más o menos un centenar de incrédulos, de los 6.000 que había, sobrevivieron a esta batalla.

[En esta situación], Hazrat Dirar (ra) estaba preocupado porque Hazrat Jaulah (ra) también estaba entre los cautivos, aunque Hazrat Jalid bin Walid (ra) dijo: “No te preocupes, hemos capturado a uno de sus hombres, a cambio de quien fácilmente devolverán a nuestros cautivos”. Así, Hazrat Jalid bin  Walid (ra) llevó consigo a 2.000 soldados y confió a Hazrat Abu Ubaidah (ra) el resto del ejército para que las mujeres permanecieran protegidas, e ir él mismo a buscar a las  que habían sido detenidas, por lo que  llegó rápidamente al lugar donde los enemigos se habían llevado a las mujeres musulmanas tras capturarlas. Entonces, vio que había una gran polvareda y  se sorprendió al saber por qué se habían producido allí algunos combates. Al indagar se enteró de que el hermano de Pablo, Pedro, había retenido a las mujeres y esperaba a su hermano junto a un río, y se disponían a repartir las mujeres entre ellos. Pedro dijo con respecto a Hazrat Jaulah (ra) que ella sería suya. Habían retenido a las mujeres en una tienda de campaña y, mientras esperaban a Pablo, se fueron a descansar.

La mayoría de las mujeres eran muy valientes y experimentadas jinetes que dominaban todo tipo de artes de combate. Se reunieron y Hazrat Jaulah (ra) les pidió: “¡Oh hijas de la tribu Himyar! Y,  ¡oh herederas de la tribu Tubah! ¿Estáis contentas de que los incrédulos bizantinos os hagan sus sirvientas? ¿Dónde está vuestra valentía y honor, que eran bien conocidos en las reuniones de árabes? Es una pena veros sin honor, valor y decisión. Vuestra muerte es mejor que la tragedia que se avecina”. Al oír esto, una de las compañeras declaró: “¡Oh Jaulah (ra), lo que dices es sin duda cierto, pero dinos, ya que estamos detenidas y sin lanzas ni espadas, ¿qué podemos hacer? No tenemos ni caballos ni armas, ya que nos detuvieron inesperadamente”. Hazrat Jaulah (ra) manifestó entonces: “Estad atentas, los postes de las tiendas de campaña están aquí. Deberíamos tomarlos y atacar a estos desgraciados. Al’lah nos ayudará y tendremos éxito, o seremos martirizadas”. A continuación, cada mujer cogió un palo de madera. Hazrat Jaulah (ra) se colocó uno de ellos en el hombro y se puso al frente. [A continuación], pidió a las mujeres que estaban con ella: “Permaneced juntas como las aros de una cadena y no os disperséis, no sea que nos maten a todas”.

Presta, Hazrat Jaulah (ra) avanzó, atacó y mató a uno de los incrédulos bizantinos, quienes quedaron sorprendidos por el valor y el heroísmo de estas mujeres; [y ante esto], Pedro afirmó: “Gente inútil, ¿qué estáis haciendo?”. Entretanto, una de las mujeres respondió: “Hoy hemos decidido aplastar tu cabeza con estos palos de madera y salvaguardar el honor de nuestros antepasados matándote”. Entonces Pedro exclamó: “Capturadlas vivas y aseguraos de capturar viva a Jaulah (ra) en particular”. Así que fueron rodeadas por los cuatro costados por 3.000 bizantinos, aunque ninguno de ellos pudo llegar hasta las mujeres, pues si alguno de ellos avanzaba hacia ellas, las mujeres mataban tanto a ellos como a sus caballos. De esta manera, aniquilaron a 30 jinetes. Al ver esto, Pedro se enfureció y desmontó de su caballo. Atacó con sus cohortes, espada en la mano, pero las mujeres se reunieron en un lugar y se enfrentaron a todos ellos, sin que ninguno pudiera acercarse. [En dicho contexto], Pedro dijo a Hazrat Jaulah (ra): “¡Oh Jaulah (ra), ten piedad de tu alma. Te valoro y tengo muchos sentimientos en mi corazón por ti! ¿No deseas que un miembro de la realeza como yo sea tu amo y que todos mis bienes sean también tuyos?”. [Por su parte], Hazrat Jaulah (ra) manifestó: “¡Oh miserable infiel! Por Dios, si por mí fuera, te rompería la cabeza ahora mismo con este palo de madera. Por Al’lah, ni siquiera desearía que pastorearas mis cabras y camellos, y mucho menos que pretendieras ser igual a mí”. Ante esto, Pedro ordenó a su ejército que las matara a todas y ocurrió que cuando el mismo se estaba preparando para lanzar otro ataque, fue durante el ataque inicial que los musulmanes, liderados por Hazrat Jalid bin Walid (ra), llegaron, y se dio cuenta de todo lo que había pasado. Los musulmanes se alegraron mucho al enterarse del valor y la lucha de las mujeres y todo el ejército rodeó a los incrédulos, atacándolos juntos. [Ante esto], Hazrat Jaulah (ra) proclamó: “¡El apoyo de Al’lah ha llegado! Al’lah ha concedido su misericordia”.

Cuando Pedro vio a los musulmanes, se preocupó y huyó. Sin embargo, mientras huía, vio que dos jinetes musulmanes se acercaban a él. Uno de ellos era Hazrat Jalid bin Walid (ra) y el otro Hazrat Dirar (ra), quien le golpeó con una lanza. Sobrevivió al caerse del caballo, aunque Hazrat Dirar (ra) le golpeó por segunda vez y lo mató. Los musulmanes aniquilaron a muchos de los bizantinos, y el que sobrevivió huyó a Damasco.

Al regresar [a esa misma ciudad], Hazrat Jalid bin Walid (ra), llamó a Pablo y lo invitó al Islam diciéndole: “Acepta el Islam o serás tratado igual que tu hermano”. Entonces, Pablo preguntó qué le había pasado a su hermano y Hazrat Jalid bin Walid (ra) replicó: “Lo han matado”; y viendo lo que había pasado con su hermano, Pablo afirmó: “Ya no existe deleite en esta vida, déjame unirme a mi hermano”. Por lo tanto, él también fue matado. En cualquier caso, los musulmanes se reunieron en Ajnadain y los detalles de ello ya se han mencionado.

El segundo asedio a Damasco estaba entonces en marcha, pues tuvieron que abandonar el primero; y está escrito, en relación con el segundo asedio a Damasco, que tras la victoria en Ajnadain, Hazrat Jalid bin Walid (ra) ordenó al ejército musulmán que se dirigiera hacia Damasco. La noticia de la derrota en Ajnadain ya había llegado a los habitantes de Damasco, pero cuando se enteraron de que el ejército musulmán se acercaba de nuevo hasta allí, se alarmaron mucho. Los que vivían en las afueras de Damasco huyeron para refugiarse en la fortaleza y recogieron una gran cantidad de grano y otros bienes, a fin de que sus existencias no se agotaran rápidamente en caso de un asedio prolongado por parte del ejército musulmán. Además, también reunieron armamento y otros equipos militares, por lo que catapultas, piedras, escudos, arcos y flechas, etc., fueron llevados a las murallas de la fortaleza para atacar a los sitiadores.

Por su parte, el ejército musulmán había acampado cerca de Damasco y, tras avanzar, rodeó la fortaleza. Hazrat Jalid bin Walid (ra) había nombrado comandantes, junto con sus ejércitos, en cada puerta de Damasco. En ese momento, Tomás era el gobernador de Damasco. [Por su parte], los jefes, dirigentes y sabios de dicha ciudad le explicaron que no tenían fuerzas para enfrentarse al ejército musulmán. Por consiguiente, debería buscar el apoyo de Heraclio, o hacer un tratado de paz; o sea, darles lo que pidan a fin de salvar sus vidas. Ante esto, Tomás exclamó con arrogancia y orgullo: “Los árabes no tienen ninguna importancia a mis ojos. Soy el yerno de Heraclio y un experto en la batalla. Mientras yo esté aquí, los musulmanes no tendrán el valor de pisar la ciudad”. Al oír esto, los jefes comprendieron que les estaba asegurando que un gran ejército de Heraclio vendría pronto a ayudarles. Presto, Tomás ordenó que los musulmanes fueran atacados ferozmente desde todos los lados y muchos de ellos fueron heridos o martirizados durante estos ataques.

Entretanto, Hazrat Aban bin Said (ra) fue alcanzado por una flecha envenenada y tras extraerla, envolvió la herida con su turbante, aunque al poco tiempo el veneno se había extendido por todo su cuerpo y cayó inconsciente. Poco después alcanzó el martirio. El “nikah” [ceremonia matrimonial] de Hazrat Aban (ra) con Hazrat Umm Aban (ra) tuvo lugar durante la conquista de Ajnadain y el “mehndi” [henna que se aplica en la preparación de las bodas] aún permanecía en sus manos y el perfume en su cabello; es decir, que la boda solo tuvo lugar muy recientemente. Hazrat Umm Aban (ra) se cuenta entre las mujeres árabes que estuvieron al frente de la realización de la “yihad” [esfuerzo en el camino de Al’lah]. Cuando le llegó la noticia del fallecimiento de su marido, vino corriendo y dando tumbos. Tras encontrar el cuerpo de su esposo, exhibió una gran paciencia y autocontrol absoluto. Ni siquiera por un momento pronunció nada en forma de ingratitud y recitó algunos pareados al despedirse de su marido. Hazrat Jalid bin Walid (ra) dirigió su oración fúnebre.

Tras el entierro, Hazrat Umm Aban (ra) se dirigió a su tienda de campaña con firme resolución y determinación. Tenía un arma en la mano y una tela atada a la cara cuando llegó a la puerta de Tomás, donde su marido había sido martirizado. [En ese momento], una feroz batalla se estaba llevando a cabo en la puerta de Tomás. Hazrat Umm Aban (ra) se unió a los musulmanes y luchó valientemente, matando a muchos bizantinos con sus flechas. Al final, durante el combate, ella tuvo la oportunidad de apuntar al guardia de Tomás que sostenía la gran cruz, que era de oro y estaba llena de valiosas gemas. El que sostenía la gran cruz animaba a los bizantinos a luchar y a rezar por el éxito mediante la cruz. En cuanto la flecha de Hazrat Umm Aban (ra) le alcanzó, la cruz cayó y llegó a manos de los musulmanes. Cuando Tomás los vio en posesión de la cruz, bajó con sus compañeros para recuperarla y abrieron la puerta para luchar contra ellos. Mientras tanto, los bizantinos atacaban ferozmente desde lo alto de la fortaleza. Durante este tiempo, Hazrat Umm Aban (ra) vio la oportunidad de apuntar a un ojo de Tomás y disparó su flecha, cegándolo en uno de sus ojos permanentemente. En ese instante, Tomás y sus cohortes se vieron obligados a retirarse y cerraron la puerta una vez entraron dentro. [Finalmente], al ver el estado de Tomás, los habitantes de Damasco dijeron: “Por eso dijimos que no tenemos poder para enfrentarnos a los musulmanes. Deberíamos intentar hacer un tratado de paz con ellos de alguna manera”. Al oír esto, Tomás se enfureció aún más y comunicó a sus compañeros: “A cambio de este ojo, les sacaré mil ojos”.

Los habitantes de Damasco esperaban el apoyo de un ejército de 20.000 personas procedentes de Homs, pero los musulmanes ya habían planeado enviar un batallón de su ejército de camino a Damasco, y así detener allí mismo al ejército procedente de Homs.[Es más], los musulmanes habían continuado allí el robusto asedio a Damasco y los enemigos estaban muy preocupados por las embestidas, las flechas y las catapultas. Cuando los habitantes de Damasco tuvieron la certeza de que los refuerzos no llegarían y se habían vuelto débiles y cobardes, dejaron de esforzarse tanto [en tratar de repeler a los musulmanes] y esto aumentó los sentimientos de los creyentes para vencer a su enemigo. Los pobladores de Damasco creían que los musulmanes serían incapaces de soportar las dificultades del prolongado asedio en el intenso frío, pero los musulmanes, de hecho, desafiaron las circunstancias con el máximo valor y utilizaron las tierras vacías que rodeaban Damasco para descansar. Según su plan semanal, los batallones en el frente de batalla venían a descansar y cuando se iban, otro batallón venía a descansar. Además, había un contingente asignado para vigilar y apoyar a los batallones que luchan en las puertas designadas. De este modo, se facilitaba el control incluso de los asedios más largos. No obstante, los creyentes no se conformaron con eso, sino que siguieron investigando en el campo de batalla y desplegando tácticas militares para superar los obstáculos organizados por el enemigo.

Así, con barreras continuas y organizadas, Hazrat Jalid bin Walid (ra) logró elegir un lugar adecuado donde era posible penetrar dentro de Damasco, que era el mejor lugar de Damasco, pues allí había agua muy profunda en las trincheras y entrar desde allí sería muy peligroso. El plan ideado por Hazrat Jalid bin Walid (ra) para entrar en Damasco consistía en reunir algunas cuerdas para escalar las murallas y atarlas entre sí para utilizarlas como escaleras y así poder entrar en su interior. Hazrat Jalid bin Walid (ra) recibió la noticia de que el jefe del ejército bizantino de 10.000 personas que se dirigía a Damasco había tenido un hijo; o sea, el comandante tuvo un hijo y todos, incluidos los guardias, estaban ocupados en la celebración. Por ello, todos comieron y bebieron hasta saciarse, y dormían mientras estaban ebrios, sin prestar atención a sus obligaciones. En ese momento, utilizando sus bolsas de cuero como apoyo, Hazrat Jalid bin Walid (ra) y algunos compañeros pudieron cruzar la trinchera y llegar al muro. Después de anudar las cuerdas para hacer una escalera, la colgaron firmemente a la pared y colgaron varias de estas cuerdas al muro. A partir de entonces, un gran número de musulmanes comenzó a escalarlo utilizando estas cuerdas y, tras bajar al otro lado, pudieron llegar a la puerta y cortaron el pestillo con sus espadas para separarlo. De este modo, el ejército musulmán pudo entrar [finalmente] en Damasco.

El contingente militar de Hazrat Jalid bin Walid (ra) asumió el control de la puerta oriental y, por pánico, los bizantinos hicieron un tratado de paz con Hazrat Abu Ubaidah (ra) en la puerta occidental, aunque anteriormente ya habían rechazado el tratado de paz ofrecido por los musulmanes y estaban decididos a hacer la guerra. Hazrat Abu Ubaidah (ra) aceptó con agrado el tratado de paz y entonces los bizantinos abrieron la puerta de la fortaleza diciendo a los musulmanes: “Entrad rápidamente y salvadnos de la embestida [es decir, de Hazrat Jalid bin Walid (ra)]”. Al final, los musulmanes pudieron entrar en la ciudad tras hacer tratados de paz en cada puerta, mientras que Hazrat Jalid bin Walid (ra) se abrió paso en la ciudad desde la puerta por la que entró. [A continuación], Hazrat Jalid bin Walid (ra) y los otros cuatro líderes se reunieron en el centro de la ciudad. Aunque Hazrat Jalid bin Walid (ra) había obtenido la victoria en partes de Damasco mediante la batalla, como Hazrat Abu Ubaidah (ra) había aceptado la reconciliación, los términos de la paz fueron aceptados en todas las zonas conquistadas.

Hay que aclarar aquí que a menudo los historiadores atribuyen la victoria de Damasco a la época del Jalifato de Hazrat Umar (ra). Sin embargo, las expediciones a Damasco ya se habían iniciado durante la época del Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra). Pues bien, cuando la noticia de la victoria llegó a Medina, Hazrat Abu Bakr (ra) ya había fallecido. Esta fue la última batalla durante la era de Hazrat Abu Bakr (ra).

Si Dios quiere, en el futuro presentaré otros aspectos de la vida de Hazrat Abu Bakr (ra).

En este momento, mencionaré a algunos [miembros de la Comunidad] que han fallecido:

El primero es el respetado Sr. Umar Abu Arqub, que fue el “sadr” [presidente local] de la Yamat Musulmana Ahmadía en el sur de Palestina. Falleció el 15 de agosto, a la edad de setenta años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos!

Umar Abu Arqub Sahib conoció el Ahmadíat en 2010, a través de la MTA3 Al-Arabiyya [el canal de la MTA que transmite en árabe]. [En este sentido], una vez dijo que: “Cuando vi por primera vez la MTA, me di cuenta de que los áhmadis son indudablemente puros y piadosos. Por un lado, veía al mundo musulmán sumido en el derramamiento de sangre, el robo, el fraude y la enemistad mutua; y  por otro lado, vi a la Comunidad Musulmana Ahmadía impartiendo enseñanzas de paz y armonía, animando hacia el tahayud’ [oración voluntaria muy anterior al amanecer] y la recitación del Sagrado Corán. Esto me impresionó de forma profunda, ya que  pensé que esta es la verdadera Yamat, que sin duda es esencial que sigamos. A través del ‘istijara’ [oración especial para buscar la ayuda de Dios para un asunto en particular] obtuve la certeza. Entonces, en un sueño se me mostró que esta es la verdadera Comunidad y me comprometí a mantenerme dedicado a esta Yamat hasta la muerte”.

[El Sr. Umar Abu Arqub] se mantenía firme ante cualquier adversidad y solía decir: “Me mantendré firme en mi promesa [de alianza, el Baiat] mientras viva”. Después de su “Baiat” [juramento de lealtad], su mujer vio un sueño y [cuenta que] “unas personas llevaron a mi marido a una habitación, lo bañaron, le abrieron el pecho y lo limpiaron por dentro, y luego me dijeron: ‘mira, lo hemos devuelto en un estado excelente’.”

Era alguien que tenía la máxima devoción hacia el Jalifato y era muy rezador, y devoto de la Yamat y por eso  había dedicado la parte inferior de su casa a la Comunidad. La yamat del sur de Palestina realiza allí las oraciones, los “Eids”, las oraciones del viernes y demás reuniones y encuentros. Incluso su hijo dice que “dejó en su testamento que esta parte de la casa se dedicará a la Comunidad”. Durante su enfermedad, sus adversarios le instaban a arrepentirse y a abandonar la Yamat, y le decían que la misma remitiría si lo hacía. A pesar de ello, participaba en discusiones de predicación. De hecho, mantuvo un debate con un feroz oponente y lo dejó totalmente sin palabras e incapaz de responder. Cuando su enfermedad se intensificó, tuvo que ser trasladado a la UCI [unidad de cuidados intensivos]. Su hijo le dijo a este clérigo musulmán, que se oponía ferozmente [a su progenitor], que dejara en paz a su padre porque tenía mucha experiencia y nunca lo convencería.

Aparte, su hijo dice que, en su lecho de muerte, su padre les aconsejó que no se entristecieran por su fallecimiento. Luego recitó las palabras de Hazrat Bilal (ra) que, [una vez pronunció]: “Mañana me reuniré con mi amado Muhammad, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, y sus Compañeros (ra)”.

El difunto era alguien muy querido por todos y poseía una hermosa personalidad. Deja atrás a su esposa, tres hijos y cuatro hijas.

¡Que Dios Altísimo permita que sus hijos, que no son áhmadis, acepten el Ahmadíat!

¡Que Al’lah eleve el rango [espiritual] del difunto y le confiera Su misericordia y perdón!

La siguiente mención es la de Sheij Nasir Ahmad de Mithi, Tharparkar, que falleció recientemente a la edad de 93 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos!

Aceptó el Ahmadíat en 1969. Era un predicador apasionado que guardaba un inmenso honor por su fe. Entre sus cualidades más destacadas se encuentran que no tenía miedo [por la persecución de los oponentes], era puntual en sus cinco oraciones diarias, muy hospitalario y tenía una profunda devoción por el Jalifato. Tuvo la bendición de traer al redil del Ahmadíat a muchas personas de Mithi y sus alrededores. La primera mezquita que se construyó allí se edificó [precisamente] en una zona que él había cedido. Tuvo que enfrentarse a la firme oposición de su familia, parientes y comunidad. Al casar a su hija, su gente ejerció una enorme presión para tratar de impedir que se casara fuera de su comunidad, entre áhmadis. Lo boicotearon y no asistieron a la boda. A pesar de esta feroz oposición, con la gracia de Al’lah, todas sus hijas se casaron en hogares áhmadis. Aparte, dio especial importancia a la buena educación de sus hijos y por ello se aseguraba de que leyeran el Santo Corán y de que fueran puntuales al ofrecer las oraciones. Las mujeres de su familia, que antes vestían atuendos tradicionales hindúes, pronto se pusieron el burka.

Una vez Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) pronunció algunas palabras de elogio con respecto a él y manifestó: “Si producimos un Nasir en cada centro, ciertamente alcanzaremos el éxito”.

Deja atrás dos hijos y cuatro hijas. Sus hijos también sirven a la religión y hay algunos que son consagrados de por vida entre ellos.

¡Que Al’lah eleve el rango [espiritual] del difunto!

La tercera mención es la de Malik Sultan Ahmad Sahib, quien fue el anterior “mual’lim” [alguien que entrena en la fe] local de Waqf-e-Yadid y que ha fallecido recientemente a la edad de 84 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos!

Nació en 1938 en Pakka Nisowanna, en el distrito de Jhang. Era Áhmadi de nacimiento y el Ahmadíat comenzó en su familia a partir de su padre, el respetado Sayada Sahib, Al-Maruf Shahzada, que fue personalmente durante la época de Hazrat Musleh Maud (ra), [Jalifatul Masih II], a Qadián para hacer el “Baiat” [promesa de lealtad]. Completó su educación hasta la escuela secundaria y luego, en 1960, solicitó dedicarse a los servicios de “Waqf-e-Yadid” [llamamiento que Hazrat Jalifatul Masih II (ra) hizo en 1957 para que la gente se dedicara a la religión], petición que fue aceptada. Más tarde, cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) estaba a cargo del “Waqf-e-Yadid”, el difunto permaneció bajo su entrenamiento. Después de un tiempo, fue nombrado “mual’lim” en 1960 y enviado a Tharparkar, donde trabajó incansablemente, y después también estuvo en otras zonas de Pakistán. Durante más de 38 años llevó a cabo su servicio, que desempeñó de manera excelente. Le apasionaba transmitir el mensaje de la religión [el “tabligh”, la predicación].

En 1968 sufrió un atentado que puso en peligro su vida. Era muy amable y social, hospitalario y de buen corazón. Era puntual al ofrecer el “tahayud” [oración voluntaria antes del amanecer] y las oraciones diarias. Era una persona muy dedicada a la plegaria. Mantuvo un vínculo de lealtad con el Jalifato hasta su último aliento y también aconsejaba a sus hijos en este sentido. Deja atrás a su esposa, tres hijos y dos hijas.

¡Que Dios le conceda misericordia y perdón, y eleve su rango [espiritual]!

La siguiente mención es la de Mahbub Ahmad Rayeki Sahib, que era de Sadul’lahpur, Mandi Baha-uddin. Falleció recientemente a la edad de 86 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos!

Era “musi” [integrante del sistema de ‘Al-Wasiyat’] y deja atrás dos hijos y una hija. Uno de sus hijos está en Alemania y otro en Lahore. Era hijo del Compañero del Mesías Prometido (as) llamado Hazrat Ghulam Ali Sahib Rayeki (ra), sobrino de Hazrat Maulwi Ghulam Rasul Rayeki Sahib (ra) y nieto materno de Hazrat Maulwi Ghaus Muhammad Sahib (ra).

El hijo del difunto, Mabrur Sahib, escribe:

“Trabajó durante 37 años como Presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Sadul’lahpur. Era muy rezador y un verdadero devoto del Santo Profeta Muhammad (sa) y del Mesías Prometido (as). Sentía un profundo afecto por el Jalifato y era un intrépido servidor de la fe. En tres ocasiones tuvo el honor de ser prisionero en el camino de Al’lah. Era puntual con las cinco oraciones diarias y dedicaba mucho tiempo a las oraciones de ‘tahayud’. En muchas ocasiones se le mostró la aceptación de sus oraciones por parte de Dios Altísimo. A veces veía visiones y sueños. Durante su encarcelamiento, a menudo veía sueños, como que en este día concreto sería liberado, o que tal o cual cosa ocurriría en una fecha concreta. Pasaba el día a menudo dedicado a las súplicas y al ‘Durud’ [invocar bendiciones sobre el Profeta (sa)].

Alguien escribió que una vez vino para la oración del ‘fayr’ [oración obligatoria de antes del amanecer] y cuando le puso la mano encima tenía mucha fiebre. A pesar de ello, acudió a la mezquita para ofrecer la oración en congregación. Veía regularmente la MTA y era muy devoto del Jalifato, de tal manera que la escuchaba con volumen alto. Incluso si no entendía, se sentaba frente al televisor durante el sermón y se esforzaba por escucharlo. Muchos no-áhmadis vinieron después de su fallecimiento. Incluso antes, los no-áhmadis venían regularmente a reunirse con él, ya que tenían confianza en su persona, y le pedían oraciones. Tras su fallecimiento, muchos vinieron a dar el pésame. [Incluso algunos] decían que si no hubiera sido un áhmadi, miles de personas habrían sido sus seguidores; y mucha gente no-áhmadi relata incidentes de aceptación de plegarias relacionadas con él”.

¡Que Dios le conceda misericordia y perdón, y eleve su rango [espiritual]!

¡Que sus hijos también puedan continuar con sus caminos piadosos!

Si Dios quiere, dirigiré [la oración de] estos funerales después de las oraciones del viernes.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando la vida de Hazrat Abu Bakr (ra) y las batallas que tuvieron lugar durante su época. Su Santidad (aba) dijo que hoy mencionaría la Conquista de Damasco, que fue la última batalla que tuvo lugar durante su era.

Su Santidad (aba) dijo que Damasco era la capital de Siria. Solía ser un centro de idolatría, pero más tarde el cristianismo se impuso. También era un lugar central para el comercio y muchas caravanas pasaban por allí. Damasco era también una ciudad bien fortificada, con altas murallas y zanjas que rodeaban las fronteras, lo que dificultaba su entrada.

El asedio de Damasco

Su Santidad (aba) dijo que cuando Hazrat Abu Bakr (ra) envió varios ejércitos a Siria, mandó a Hazrat Abu Ubaidah (ra) con un ejército a Homs, cerca de Damasco. Más tarde, Hazrat Khalid bin Walid (ra) recibió instrucciones de llegar a Damasco y junto con otros ejércitos musulmanes rodeó la ciudad. Los habitantes de Damasco se subían a los muros de su fortaleza y lanzaban piedras y flechas a los musulmanes, que se defendían con escudos de cuero. Esto se prolongó durante 20 días, sin ningún resultado. Los habitantes de Damasco que se encontraban dentro de la fortaleza pasaban por dificultades, ya que escaseaba el sustento sin que pudiera entrar nada. Mientras tanto, los musulmanes se enteraron de que Heraclio había formado un gran ejército cerca de Aynadain. Hazrat Khalid (ra) inicialmente pensó que debían combatir a ese ejército, sin embargo Hazrat Abu Ubaidah (ra) aconsejó que ya que la gente de Damasco estaba en circunstancias difíciles, no debían irse todavía. Hazrat Khalid (ra) estuvo de acuerdo y ordenó a los ejércitos musulmanes que lanzaran un feroz ataque.

Hazrat Dhirar (ra) enviado para combatir a las fuerzas de Heraclio y la valiente lucha de Hazrat Khaulah (ra)

Su Santidad (aba) dijo que mientras tanto, Heraclio fue visto trayendo su ejército para ayudar a la gente de Damasco. Hazrat Abu Ubaidah (ra) sugirió que se formara un batallón para salir a combatir a Heraclio. Por lo tanto, Hazrat Dhirar (ra) fue designado con 500 jinetes que salieron a combatir a Heraclio y su ejército. En un principio, se mostraron temerosos porque el adversario era muy numeroso, pero Hazrat Dhirar (ra) les animó diciendo que no debían temer por su número, y que nadie debía huir de la Yihad. Así, los musulmanes lucharon ferozmente. Durante la batalla, Hazrat Dhirar (ra) fue capturado y a pesar de los intentos, los musulmanes no pudieron liberarle. Cuando Hazrat Khalid (ra) se enteró de esto, se entristeció mucho. Hazrat Abu Ubaidah (ra) le dijo que debía hacer arreglos para continuar con el asedio de Damasco, y luego podría ir a combatir a Heraclio y su ejército.Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Khalid (ra) se dispuso a tratar de liberar a Hazrat Dhirar (ra), y si ya lo habían martirizado, entonces tomarían la recompensa. Había una persona al frente del ejército musulmán que estaba luchando valientemente contra los oponentes, vestido con armadura, sin embargo no le reconoció. Esta persona se adentraba en las filas enemigas y abatía a cualquiera que se interpusiera en su camino. Hazrat Khalid (ra) preguntó a esta persona quién era, y tras dudar inicialmente, la persona admitió que en realidad era una mujer; Khaulah, la hermana de Hazrat Dhirar (ra). A partir de entonces, los musulmanes lanzaron un ataque unido y derrotaron a los bizantinos, otorgando seguridad a los que la buscaban. Hazrat Khalid (ra) les preguntó por Hazrat Dhirar (ra) y le informaron de su paradero. Hazrat Khalid (ra) designó a Hazrat Rafay (ra) para que fuera a liberar a Hazrat Dhirar (ra). Hazrat Khaulah (ra) también pidió permiso para acompañarles.

Su Santidad (aba) dijo que al llegar, los musulmanes encontraron a Hazrat Dhirar (ra), los musulmanes lanzaron un feroz ataque y finalmente pudieron liberar a Hazrat Dhirar (ra).

Su Santidad (aba) dijo que mientras tanto, el asedio a Damasco continuaba. En ese momento, Hazrat Abu Ubaidah (ra) acordó que los musulmanes debían ir a Aynadain para combatir al ejército de Heraclio. Mientras los musulmanes viajaban, un personaje llamado Boolis atacó a los musulmanes por la espalda con un ejército de 6,000 jinetes. Los musulmanes se prepararon para la batalla, y cuando Boolis llegó, se lanzaron al ataque. Los musulmanes lucharon valientemente, y mientras tanto, Hazrat Khalid (ra) envió refuerzos. Boolis fue finalmente capturado, y de los 6,000 jinetes, no quedaron más de 100 con vida.

Su Santidad (aba) dijo que los bizantinos habían capturado a algunas de las mujeres musulmanas, incluida Hazrat Khaulah (ra). Hazrat Khaulah (ra) había reunido a las mujeres musulmanas prisioneras y las instó a defenderse y atacar a sus captores. Así pues, cada una de ellas tomó un pilar de madera de la carpa y se dirigió hacia los bizantinos. 3,000 personas rodearon a las mujeres musulmanas, pero si alguien intentaba avanzar, las mujeres musulmanas atacaban y le mataban. Mientras tanto, Hazrat Khalid (ra) llegó con su ejército y derrotó a los bizantinos.

El ejército musulmán regresa a Damasco tras derrotar a los bizantinos en Aynadain

Su Santidad (aba) dijo que después de esto y de haber derrotado a los bizantinos que se habían reunido en Aynadain, el ejército musulmán regresó a Damasco. Mientras tanto, la gente de Damasco se había abastecido de diversos suministros, por si los musulmanes volvían a asediar durante mucho tiempo. El líder de Damasco en la época de Taumah, ordenó un feroz ataque contra los musulmanes. Hazrat Aban (ra) fue martirizado durante este ataque, y más tarde, su recién casada esposa Umm Taumah regresó al mismo lugar donde su marido había sido martirizado. Muchos bizantinos murieron en sus manos. Entonces apuntó a la persona que protegía a Taumah, que llevaba una cruz. Umm Taumah lanzó una flecha y la cruz cayó de su mano. A continuación, apuntó a Taumah y le lanzó una flecha al ojo, por lo que nunca más pudo ver por ese ojo.

Su Santidad (aba) dijo que los musulmanes estaban preparados para un largo asedio, y que por ello llevaron a cabo varias investigaciones para encontrar la mejor manera de derrotar y conquistar Damasco. Como resultado de estas investigaciones, Hazrat Khalid (ra) encontró el momento perfecto para cruzar la trinchera, escalar las murallas y así, el ejército musulmán entró en Damasco. Los musulmanes se hicieron con el control de la entrada oriental, por lo que la gente de Damasco se dirigió a Hazrat Abu Ubaidah (ra), que estaba en la entrada occidental, solicitando formar un tratado. Hazrat Abu Ubaidah (ra) accedió y los musulmanes que se encontraban fuera de la fortaleza pudieron entrar en ella.

Su Santidad (aba) dijo que cuando las noticias de esta victoria llegaron a Medina, Hazrat Abu Bakr (ra) había fallecido.

Su Santidad (aba) dijo que esto completaba la mención de las batallas durante la era de Hazrat Abu Bakr (ra). Continuaría destacando otros aspectos de su vida en futuros sermones.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres en ausencia de los siguientes miembros fallecidos.

Umar Abu Arqub

Umar Abu Arqub, que había sido presidente de la Comunidad en el norte de Palestina. Conoció la Comunidad en 2010 a través de la MTA y después de rezar aceptó el Ahmadíat. Fue paciente a través de cualquier dificultad. Amaba mucho el Jilafat. Había dedicado la parte inferior de su casa a la Comunidad, donde los miembros venían a ofrecer oraciones y a celebrar diversas reuniones. A pesar de que los opositores le instaron a abandonar el Ahmadíat, se mantuvo firme y, de hecho, debatía con ellos hasta el punto de que no tenían respuesta. En su última enfermedad, aconsejó a su hijo que no estuviera triste. Era una persona muy querida. Le sobreviven su esposa, tres hijos y cuatro hijas. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah permita que el resto de su familia acepte el Ahmadíat, y que trate al fallecido con perdón y misericordia.

Sheikh Nasir

Sheikh Nasir de Mithi Tharparkar: fue el primer ahmadi del lugar, era regular en el ofrecimiento de oraciones, hospitalario y amaba mucho el Jilafat. Muchas personas aceptaron el Ahmadíat gracias a sus esfuerzos de predicación. Se enfrentó a una gran oposición, especialmente en las bodas de sus hijos. El Cuarto Jalifa (rh) lo elogió diciendo que si hubiera un Nasir en cada centro, tendríamos éxito. Le sobreviven dos hijos y cuatro hijas. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah eleve su posición.

Malik Sultan Ahmad

Malik Sultan Ahmad fue un misionero local bajo el mando de Waqfe Yadid. Aprendió del Cuarto Jalifa (rh) cuando era el jefe de Waqfe Yadid. Más tarde fue enviado a servir en varias zonas. Tenía pasión por la propagación. Era asiduo a las oraciones, hospitalario y querido por todos. Le sobreviven su esposa, tres hijos y dos hijas. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah lo trate con perdón y misericordia y eleve su posición.

Mahboob Ahmad Rajiki

Mahboob Ahmad Rajiki de Mandi Bahauddin. Le sobreviven dos hijos y una hija. Era hijo de Hazrat Ghulam Ali Rajiki y sobrino de Hazrat Maulvi Ghulam Rasool Rajiki (ra), compañeros del Mesías Prometido (as). Era dedicado a la oración, al Santo Profeta (sa) y al Mesías Prometido (as) y amaba el Jilafat. Fue encarcelado injustamente tres veces. Siempre intentaba ofrecer las oraciones en la mezquita incluso cuando estaba enfermo. Muchos no ahmadis han atestiguado la aceptación de sus oraciones. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah le conceda el perdón y la misericordia y eleve su posición, y permita a su progenie continuar con el legado de sus virtudes.

Resumen preparado por The Review of Religions

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