Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa) – Hazrat Ali (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa) – Hazrat Ali (ra)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes, del 11-12-20,

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Ta’awwuz y el Surah Al-Fātihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

He estado narrando relatos sobre la vida de Hazrat ‘Ali (ra) y continuaré haciéndolo hoy y en los próximos sermones de los viernes, si Dios quiere.

Cuando Ibn Qami’ah martirizó a Hazrat Mus’ab bin ‘Umair (ra) durante la batalla de Uhud, pensó que había martirizado al Santo Profeta (sa). Así que regresó a los quraish y dijo que había matado a Muhammad [sa]. Cuando Hazrat Mus’ab (ra) fue martirizado, el Santo Profeta (sa) entregó la bandera a Hazrat ‘Ali (ra), así que Hazrat ‘Ali y los musulmanes continuaron en la batalla.

En una narración se menciona que durante la batalla de Uhud, el abanderado de los idólatras, Talha bin Abi Talha, llamó a Hazrat ‘Ali (ra) y lo desafió. Como consecuencia de ello, Hazrat ‘Ali (ra) dio un paso adelante y lo golpeó con tal fuerza que cayó al suelo y comenzó a estremecerse. Además, Hazrat ‘Ali (ra) fue matando uno tras otro a los abanderados de los incrédulos. Al ver también a otro grupo de incrédulos, el Santo Profeta (sa) le ordenó a Hazrat ‘Ali (ra) que los atacara. Hazrat ‘Ali (ra) mató a ‘Amr bin ‘Abdil’lah Yum’i e hizo que ese grupo se dispersara. Después de esto, el Santo Profeta (sa) le ordenó que atacara a otro contingente de incrédulos. Hazrat ‘Ali (ra) mató a Shai’bah bin Malik, a lo que el ángel Gabriel dijo: “¡oh Mensajero de Dios! Ciertamente, se merece tu simpatía”, refiriéndose a Hazrat ‘Ali (ra). El Santo Profeta (sa) respondió: “de hecho, ‘Ali es mío y yo soy de él”. El ángel Gabriel respondió: “Yo soy de los dos”.

Hazrat ‘Ali (ra) relata: “durante la batalla de Uhud, cuando se dispersó la gente alrededor del Santo Profeta (sa), comencé a buscarlo entre los cuerpos de los mártires, pero no encontré al Santo Profeta (sa). Entonces dije: ¡por Dios! El Santo Profeta (sa) nunca huiría y tampoco le he encontrado entre los mártires. A lo mejor Al’lah está disgustado con nosotros y se ha llevado consigo a Su Profeta (sa). Por lo tanto, ahora es mejor para mí seguir luchando hasta que me maten’. Luego rompí la vaina de mi espada y ataqué de nuevo a los incrédulos, dispersándolos. Cuando se dispersaron, vi que el Santo Profeta (sa) estaba en medio de ellos”. Esta es la historia de amor y devoción, que comenzó desde la infancia y se manifestó en todas y cada una de las ocasiones.

Hay una narración con respecto a las heridas que sufrió el Santo Profeta (sa) durante la batalla de Uhud. En este sentido, se le preguntó a Hazrat Sahl bin Sa’d por las heridas del Santo Profeta (sa) y dijo: si me lo pides, por Dios que recuerdo con claridad la persona que limpió las heridas del Santo Profeta (sa)’. Es decir, él recordaba de forma vívida quién lavó sus heridas y qué ungüento se usó. Hazrat Sahl añadió: “Hazrat Fátimah (ra), la hija del Santo Profeta (sa), limpiaba la herida y Hazrat ‘Ali (ra) usaba su escudo para verter agua sobre ella. Cuando Hazrat Fátimah (ra) vio que el agua hacía que fluyera más sangre de la herida, tomó un trozo de saco, lo quemó y lo puso como  parche sobre la herida, lo que detuvo el sangrado. Ese día, el Santo Profeta (sa) perdió uno de sus dientes delanteros, sufrió heridas en su rostro y el casco se rompió en su cabeza”.

Hazrat Sa’id bin Musayyib relata también que Hazrat ‘Ali (ra) tuvo 16 heridas durante la batalla de Uhud.

Mientras habla del hecho de que hay un tesoro de bendiciones escondido detrás de cada prueba y tribulación, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma:

“Cuando Hazrat ‘Ali (ra) regresó de la batalla de Uhud, le entregó a Hazrat Fátimah (ra) su espada y dijo: limpia esto, porque hoy esta espada me sirvió bien. El Santo Profeta (sa) escuchó esto y dijo: ‘Ali, no fue solo tu espada la que sobresalió, sino que muchos de tus hermanos usaron sus espadas de manera excepcional; y a continuación mencionó los nombres de seis o siete Compañeros diciendo: sus espadas no eran de ninguna manera inferiores a la tuya, pasaron por pruebas similares y también tuvieron éxito”.

La batalla de Jandaq tuvo lugar en Shawwal, el año 5 dH. En esa ocasión, cuando el ejército de los incrédulos había rodeado Medina, los jefes acordaron que iniciarían un ataque al unísono. Comenzaron a buscar un pasaje estrecho en la zanja para que su caballería pasara y llegara hasta el Santo Profeta (sa) y sus Compañeros (ra), pero no pudieron ubicar tal lugar. Dijeron que esta era una estrategia que hasta ese día nunca se había utilizado en tierras árabes. Se les dijo que el Santo Profeta (sa) tenía un Compañero (ra) persa que había sugerido esta idea. Los incrédulos dijeron que esa persona es quién diseño este plan.

Con posterioridad, llegaron a un pasaje estrecho de la zanja que los musulmanes desconocían y, entonces, ‘Ikramah bin Abi Yahl, Naufal bin ‘Abdil’lah, Darar bin Jattab, Hubairah bin Abi Wahab y ‘Amr bin ‘Abd Wudd atravesaron ese pasaje. Para llamar y desafiar a otros, ‘Amr bin ‘Abd Wudd recitó los siguientes versos:

“He perdido la voz, gritando constantemente a la otra parte: ¿alguien vendrá a desafiarme?”.

En respuesta a esto, Hazrat ‘Ali (ra) recitó los siguientes versos:

 “No te apresures, porque ha llegado el que responderá a tu llamada y que nunca muestra debilidad ni fragilidad.

La firme determinación, la total sagacidad y la resolución permanente e inquebrantable en el campo de batalla es clave para cada victoria exitosa.

De hecho, espero reunir a los que lloran por un difunto, para que se lamenten por ti, tras haberte causado una herida tan profunda que quede grabada en la historia de las guerras”.

Entonces, Hazrat ‘Ali bin Abi Talib (ra) dijo: “¡oh Mensajero de Dios, iré y lo desafiaré”; el Santo Profeta (sa) le entregó su espada, le ató el turbante y suplicó: “¡oh Al’lah, concédele Tu apoyo contra él!”, (es decir, contra ‘Amr bin ‘Abd Wudd)”; y Hazrat ‘Ali (ra) se adelantó para enfrentarse a él. Se acercaron uno al otro y el polvo se levantaba entre ellos mientras luchaban. Hazrat ‘Ali (ra) le dio un golpe y lo mató. Luego exclamó “Al’lahu Akbar” [Dios es el Más Grande], por lo que entendieron que Hazrat ‘Ali (ra) lo había matado. Los que estaban con ‘Amr bin ‘Abd Wudd huyeron y se salvaron gracias a sus caballos.

Añadiendo más detalles sobre este incidente, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

‘Amr era un guerrero reconocido y, debido a su valentía, se consideraba que valía por sí solo el equivalente a mil guerreros. Desde su regreso de Badr, frustrado y sin éxito, su corazón estaba lleno de sentimientos de maldad y venganza. Tan pronto como salió al campo de batalla, exigió un duelo de manera muy arrogante, preguntando si había alguien que se enfrentara a él. Algunos Compañeros (ra) se mostraron reacios a confrontarse con él, pero Hazrat ‘Ali (ra) se adelantó para enfrentarse a él, con el permiso del Santo Profeta (sa), quien le dio su propia espada y oró por él.

Hazrat ‘Ali (ra) avanzó y le dijo a ‘Amr: “he oído que has prometido que si una persona de los quraish te pide dos cosas, aceptarás una de las dos. En efecto, dijo ‘Amr. Hazrat ‘Ali (ra) respondió: entonces te pido que primero te conviertas al Islam y así te beneficies de los favores Divinos al aceptar al Santo Profeta (sa). Eso no es posible, dijo ‘Amr. Hazrat ‘Ali (ra) replicó: si no es así, acércate y prepárate para luchar contra mí”. Ante esto, ‘Amr se echó a reír y dijo: no creía que nadie pudiera reunir el valor para decirme esas palabras. Luego le pidió a Hazrat ‘Ali (ra) que proporcionara su nombre y línea de ascendencia, y al escuchar su descendencia, exclamó: ¡sobrino,  pero si todavía eres un niño! No deseo derramar tu sangre, envía a tus mayores. Tú no deseas derramar mi sangre, dijo Hazrat ‘Ali (ra), pero yo no dudaré en derramar la tuya. Al escuchar esto, ‘Amr se cegó de rabia y después de saltar de su caballo, lo inmovilizó (para que no hubiera forma de regresar) A continuación marchó enfurecido hacia Hazrat ‘Ali (ra) como una llama feroz de fuego y blandió su espada contra él con tanta fuerza, que cortó el escudo de Hazrat Ali (ra) y golpeó su frente, que llegó a herirse en cierta medida. No obstante, Hazrat ‘Ali (ra) se defendió a tal velocidad, gritando el lema de la Grandeza de Dios, que ‘Amr se quedó luchando por su vida. La espada de Hazrat ‘Ali (ra) penetró su hombro e hizo que su contrincante cayera al suelo. Así pues, ‘Amr cayó al suelo y perdió su vida dando vueltas y vueltas en agonía. Tras la muerte de ‘Amr bin ‘Abd Wudd, los infieles enviaron a decir al Santo Profeta (sa) que darían 10.000 dirhams a cambio de su cadáver. En respuesta a esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “tomadlo, porque no deseamos hacer dinero con los difuntos”.

Hazrat Bara bin Azib (ra) narra que cuando el Santo Profeta (sa) firmó el tratado en Hudaibiyah, Hazrat ‘Ali bin Abu Talib (ra) fue el escriba que redactó el documento entre ellos. Había escrito el nombre “Muhammad, el Mensajero de Al’lah”. Los idólatras dijeron: “no escribas Muhammad, Mensajero de Al’lah, porque si te considerásemos un mensajero, no tendríamos ninguna disputa contigo”. El Santo Profeta (sa) le ordenó a Hazrat ‘Ali (ra) que lo borrara. Hazrat ‘Ali (ra) dijo que no sería él quien lo borrara. El Santo Profeta (sa) lo borró entonces con su propia mano y aceptó el pacto con la condición de que él y sus Compañeros (ra) pudieran permanecer en La Meca durante tres días y que entraran habiendo guardado sus armas en los julubban (fundas). La gente preguntó: “¿qué son los julubban?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “la cubierta exterior en la que se colocan la espada y su vaina”.

Hazrat Musleh Ma’ud (el Segundo Jalifa -ra-) ha narrado este incidente con más detalles y  afirma: “cuando el Santo Profeta (sa) llegó a la reunión de Hudaibiyah y los incrédulos presentaban sus condiciones para el tratado, los Compañeros (ra) estaban sentados e hirviendo de furia por dentro, debido a las atrocidades que continuamente cometieron los incrédulos contra ellos durante veinte años. Por ello, desenvainaron sus espadas y esperaron cualquier oportunidad para vengarse de las crueldades que cometieron contra el Islam. Pero el Santo Profeta (sa) escuchó lo que los incrédulos tenían que decir y cuando propusieron la idea de firmar un tratado, dijo: muy bien, hagamos un tratado”.

Luego dijeron: “con la condición de que este año no podéis realizar la Umrah [peregrinación]. El Santo Profeta (sa) respondió: muy bien, este año no realizaremos la Umrah. Entonces los incrédulos dijeron: cuando vengáis el próximo año a realizar la Umrah, no podéis permanecer en La Meca por más de tres días. El Santo Profeta (sa) respondió: muy bien, acepto esta condición; y añadieron: no se os permitirá entrar en La Meca con vuestras armas. El Santo Profeta (sa) dijo: muy bien, no entraremos en La Meca armados. Mientras se acordaban las condiciones del tratado, los Compañeros (ra) estaban hirviendo de ira,  pues en el fondo se sentían inquietos debido a su enfado, aunque no podían hacer nada. Hazrat ‘Ali (ra) fue designado para redactar el tratado. Cuando comenzó a escribirlo, afirmó que ese pacto se estaba realizando entre el partido de Muhammad, el Mensajero de Al’lah y sus Compañeros (ra), y el partido de tales y tales jefes de La Meca y la gente de La Meca.

Esto enfureció a los incrédulos que dijeron: no podemos tolerar esas palabras, porque no aceptamos a Muhammad [sa] como el Mensajero de Al’lah. Si lo hubiésemos hecho, no habría ninguna disputa entre nosotros. Estamos acordando un tratado con él, en su calidad de Muhammad, hijo de ‘Abdul’lah, no con Muhammad el Mensajero de Al’lah. Por tanto, estas palabras no pueden incluirse en el tratado. En ese momento, las emociones de los Compañeros (ra) apenas pudieron ser contenidas y comenzaron a temblar de furia. Pensaban que Dios había creado otra oportunidad por la cual el Santo Profeta (sa) no aceptaría lo que decían los incrédulos y se les permitiría luchar, y así poder dejar salir la ira que sentían dentro de sí mismos. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) dijo: tienen razón, las palabras ‘Mensajero de Al’lah’ deben borrarse del tratado. Luego dijo a Hazrat ‘Ali (ra): ‘Ali, borra estas palabras. A pesar de Hazrat ‘Ali (ra) fue un modelo ejemplar cuando se trataba de la obediencia, en ese momento su corazón comenzó a temblar y las lágrimas comenzaron a fluir de sus ojos cuando dijo: ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! No puedo borrar estas palabras. El Santo Profeta (sa) dijo entonces: dame el pergamino. Lo tomó y con sus propias manos borró las palabras “Mensajero de Al’lah”.

Hay una larga narración en Sahih Muslim sobre la batalla de Jaibar, que tuvo lugar en Muharram y Safar, el año 7 dH. Hazrat Salama bin Akwa narra: “cuando llegamos a Jaibar, su jefe, Marhab, salió blandiendo su espada mientras decía: Jaibar sabe muy bien que soy Marhab y cuando las batallas se desatan soy un guerrero armado, valiente y experimentado”; lo que significa que demostraría su valentía en tales circunstancias.

El narrador continúa diciendo que “mi tío ‘Amir salió a combatirlo mientras decía: Jaibar sabe que soy ‘Amir, el armado, el valiente y el que se pone frente al peligro”. El narrador dice además: “ambos intercambiaron golpes; la espada de Marhab golpeó el escudo de ‘Amir, quien intentó atacarlo desde debajo del escudo, pero se golpeó con su propia espada, lo que le cortó una arteria como resultado de lo cual fue martirizado”.

Salamah (ra) añade: “cuando salí de allí, escuché a algunos Compañeros del Santo Profeta (sa) decir que las acciones de ‘Amir fueron en vano porque se había suicidado”.

Luego narra: “fui al Santo Profeta (sa) y estaba llorando. Le pregunté pues: ¡oh Mensajero de Al’lah, ¿se han desperdiciado las obras de ‘Amir? El Santo Profeta (sa) respondió: ¿quién ha dicho eso? Yo respondí: algunos de tus Compañeros lo han dicho. El Santo Profeta (sa) aclaró: quien haya dicho eso es incorrecto. De hecho, él [‘Amir] se ha ganado una doble recompensa”. Entonces el Santo Profeta (sa) me envió hacia Hazrat ‘Ali (ra), quien, en ese momento, estaba experimentando una enfermedad en los ojos. El Santo Profeta (sa) dijo: “le daré esta bandera al que ama a Al’lah y a Su Mensajero (sa), o al que es amado por Al’lah y Su Mensajero (sa)”.

El narrador continúa el relato: “fui a ver a Hazrat ‘Ali (ra) y lo llevé conmigo, porque tenía cierta incomodidad en los ojos (debido a alguna dolencia y a consecuencia de la cual estaban hinchados). Por lo tanto, lo llevé conmigo hasta que llegamos al Santo Profeta (sa), quien puso un poco de su saliva en los ojos de Hazrat ‘Ali (ra), como resultado de lo cual se alivió su dolor y luego el Santo Profeta (sa) le dio la bandera. A partir de ese momento, Marhab se adelantó y dijo: Jaibar sabe que soy Marhab y cuando la batalla se desata, estoy armado, soy valiente y experimentado”.

Hazrat ‘Ali (ra) respondió diciendo:

“Mi madre me llamó ‘haidar’, el que se parece a un león feroz que deambula por la jungla. Daré un sandarah a cambio de un Sa’. Este es un modismo árabe que tiene su equivalente en urdu y significa devolver el ataque de alguien con uno aún más feroz. El significado literal de sandarah es una gran escala, mientras que un sa solo se compone de tres seir [unidad de medida], por lo que un sandarah es mucho mayor.

El narrador continúa: “tras decir esto, Hazrat ‘Ali (ra) golpeó a Marhab en la cabeza y lo mató. Así, Jaibar fue conquistado a manos de Hazrat ‘Ali (ra)”. Esta narración es de Sahih Muslim.

Mientras menciona el mismo incidente, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) dice:

“A Hazrat ‘Ali (ra) se le concedió un gran favor el día de Jaibar, cuando el Santo Profeta (sa) dijo: hoy concederé una oportunidad al que ama Dios y a quien Dios Altísimo ama, y le daré mi espada a quien Dios Altísimo ha concedido excelencia. Hazrat ‘Umar (ra) dice que él estaba presente en esa reunión y levantó la cabeza esperando que el Santo Profeta (sa) le viera y le diese la espada. Pero cuando el Santo Profeta (sa) miró hacia él, permaneció en silencio. Hazrat ‘Umar (ra) volvió a levantar la cabeza, aunque al verlo, el Santo Profeta (sa) todavía permaneció en silencio. Luego llegó Hazrat ‘Ali (ra) y estaba experimentando dolor en los ojos. El Santo Profeta (sa) dijo: ‘Ali, ven aquí’. Cuando Hazrat ‘Ali (ra) se adelantó, el Santo Profeta (sa) puso su saliva en los ojos de Hazrat ‘Ali (ra) y exclamó: que Dios Altísimo sane tus ojos. Toma esta espada que Al’lah Altísimo te ha confiado”.

Hazrat Musleh Ma’ud (ra) ha mencionado el mismo incidente en otra ocasión cuando dice:

“Alrededor de cinco meses después de que el Santo Profeta (sa) había regresado de Hudaibiyah, decidió que el pueblo judío que residía en Jaibar debía ser expulsado, porque residía a poca distancia de Medina y podía fácilmente conspirar contra ellos. Así, el Santo Profeta (sa) tomó mil seiscientos Compañeros (ra) con él y partió hacia Jaibar en agosto de 628 dC. Jaibar era una ciudad fortificada ya que había fuertes en las colinas y en las cuatro esquinas de la ciudad. Conquistar una ciudad tan bien protegida con tan poca gente no fue una tarea fácil.  Varios pequeños puestos de vigilancia fueron superados tras algunas pequeñas escaramuzas; pero cuando todo el pueblo judío se reunió en la fortaleza central de la ciudad, los planes para conquistarla comenzaron a flaquear.

Un día, Dios Altísimo informó al Santo Profeta (sa) que esta ciudad estaba destinada a ser conquistada por la mano de Hazrat ‘Ali (ra). Así pues, por la mañana, el Santo Profeta (sa) anunció que otorgaría la bandera de color negro del Islam a quien fuera amado por Dios, Su Mensajero (sa) y por los musulmanes, ya que Dios había decretado que esta fortaleza fuera conquistada por su mano. A la mañana siguiente, el Santo Profeta (sa) convocó a Hazrat ‘Ali (ra) y le concedió la bandera, quién luego dirigió el ejército musulmán y atacó la fortaleza. Aunque el pueblo judío estaba bien protegido, Dios Altísimo concedió a Hazrat ‘Ali (ra) y a otros Compañeros (ra) tal fuerza en este día, que antes del anochecer, la fortaleza había sido conquistada”.

Luego, en otra instancia, con referencia a Hazrat ‘Ali (ra) y el mismo incidente, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma: “cuando surgió el asunto de la conquista de la fortaleza de Jaibar, el Santo Profeta (sa) llamó a Hazrat ‘Ali (ra) y deseó otorgarle la bandera del ejército musulmán; sin embargo, Hazrat ‘Ali (ra) estaba experimentando dolor en sus ojos (aquí se menciona que le dolían los ojos) y debido al extremo dolor, estos se habían hinchado. El Santo Profeta (sa) vio el estado en el que estaba Hazrat ‘Ali (ra) y le dijo: ven aquí. Cuando Hazrat ‘Ali (ra) fue hacia él, el Santo Profeta (sa) puso su saliva en los ojos de Hazrat ‘Ali (ra) y estos se vieron aliviados inmediatamente del dolor”.

En otra ocasión, al mencionar cómo el Santo Profeta (sa) concedió la curación a través de sus benditas manos, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma:

“Somos testigos de tales ejemplos en este mundo en el que ciertas personas afectadas por enfermedades se curan milagrosamente sin tan siquiera someterse a ningún tratamiento médico; o a veces se les concede la curación cuando el tratamiento médico resulta infructuoso. Un tipo de incidente similar, en cuanto a la concesión de la cura, se encuentra en la vida del Santo Profeta (sa) durante la batalla de Jaibar, pues en dicha batalla el Santo Profeta (sa) declaró: la victoria de Jaibar está destinada a aquel a quien le conceda mi bandera. Hazrat ‘Umar (ra) cuenta que cuando se acercó el momento de la batalla, levantó el cuello y empezó a mirar alrededor con la esperanza de que quizás el Santo Profeta (sa) le concediera la bandera. No obstante, el Santo Profeta (sa) no le asignó este deber. Mientras tanto, Hazrat ‘Ali (ra) vino y, en ese momento, estaba experimentando mucho dolor en los ojos. El Santo Profeta (sa) colocó su bendita saliva sobre sus ojos y fue inmediatamente curado de la dolencia de los mismos. El Santo Profeta (sa) entregó entonces la bandera en la mano de Hazrat ‘Ali (ra) y le confió la conquista de Jaibar”.

Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma además:

“Hay un incidente muy inspirado en la fe de Hazrat ‘Ali (ra). Durante la batalla de Jaibar, Hazrat ‘Ali (ra) se enfrentó a un general muy destacado de los judíos. Como él también era un luchador muy hábil, al enfrentarse, ambos continuaron luchando entre sí durante mucho tiempo. Finalmente, Hazrat ‘Ali (ra) lo derribó al suelo y se arrodilló sobre su pecho con la intención de cortarle la cabeza con el último golpe de su espada. No obstante, escupió en la cara de Hazrat ‘Ali (ra), quien se alejó inmediatamente de él. El judío se sorprendió del hecho de que Hazrat ‘Ali (ra) le había ganado y ahora lo había dejado ir. ¿Por qué me dejó ir a pesar de que fácilmente tuvo la oportunidad de matarme?, pensó. Y así, le preguntó a Hazrat ‘Ali (ra) por qué lo dejó ir. Hazrat ‘Ali (ra) respondió: hasta ese momento, estaba luchando contra ti puramente para conseguir el agrado de Al’lah; pero cuando me escupiste, me enfadé y sentí que ahora si te mataba no sería por la causa de Al’lah, sino debido a mi ira personal. Por consiguiente, te dejo ir para que mi ira disminuya, no sea que te mate por una razón personal”.

Qué gran ejemplo fue este que fue demostrado por Hazrat ‘Ali (ra), ya que, en medio de la batalla, dejó libre a un enemigo acérrimo, simplemente porque no quería matarlo debido a un agravio personal. Si lo hubiera hecho, habría sido sólo por la causa de Al’lah”.

Según las narraciones, se afirma que Hazrat ‘Ali (ra) leyó los primeros versos de Surah al-Taubah en la ocasión de Hall. La narración es la siguiente: Abu Ya’far Muhammad bin ‘Ali relata que “cuando el Surah Bara’ah (Surah al-Taubah) fue revelado al Santo Profeta (sa), ya había enviado a Hazrat Abu Bakr (ra) como el Emir del Hall. Se le sugirió al Santo Profeta (sa) que enviara este capítulo [Surah] a Hazrat Abu Bakr (ra) para que lo recitara allí. El Santo Profeta (sa) declaró: nadie puede cumplir con esta responsabilidad excepto alguien de mi familia. A continuación, el Santo Profeta (sa) llamó a Hazrat ‘Ali (ra) y declaró: “el día en que el pueblo se reúna en Mina para ofrecer su sacrificio, anuncia ante ellos lo que se ha mencionado en la parte inicial de Surah al-Taubah, que es que un kafir [incrédulo] no entrará en el Paraíso”. También, que después de este año, ningún idólatra podrá realizar el Hall, ni tampoco el tawāf [los circuitos] alrededor de la Casa de Dios, mientras esté desnudo; y respecto a quien haya hecho un tratado con el Santo Profeta (sa), se honrará la duración completa de ese tratado”.

Posteriormente, Hazrat ‘Ali (ra) se montó en el camello del Santo Profeta (sa) llamado Adhba y se fue a La Meca. Mientras estaba de camino, alcanzó a Hazrat Abu Bakr (ra). Al verlo, Hazrat Abu Bakr (ra) preguntó: ¿has sido nombrado Emir o estarás bajo mi mando? Hazrat ‘Ali (ra) respondió: serviré bajo tu mando. Así, ambos continuaron su viaje y Hazrat Abu Bakr (ra) supervisó todos los asuntos relacionados con el Hall. Ese año, los árabes habían acampado en el mismo lugar donde solían hacerlo durante la yahiliyyah [época de ignorancia previa al advenimiento del Islam]. Cuando llegó el día de ofrecer sus sacrificios, Hazrat ‘Ali (ra) se levantó y, tal como le había instruido el Santo Profeta (sa), anunció ante el pueblo: ¡oh pueblo, ningún incrédulo entrará en el Paraíso! Y después de este año, a ningún idólatra se le permitirá realizar el Hall, ni tampoco se le permitirá realizar el tawāf [los circuitos] alrededor de la Casa de Dios desnudo; y para quien haya hecho un tratado con el Santo Profeta (sa), se honrará la duración completa de ese tratado. A todos se les concedió un período de cuatro meses desde el momento de ese anuncio, para que todas las tribus pudieran llegar a sus respectivas áreas y lugares de seguridad. A partir de entonces, tras el transcurso de ese período, ningún idólatra tendría ningún tipo de tratado o pacto, o ninguna responsabilidad al respecto, excepto si hubieran hecho un tratado con el Santo Profeta (sa). En otras palabras, si la duración de un tratado aún estaba en vigor, entonces se seguiría cumpliendo, pero no habría ningún nuevo tratado o pacto para que los idólatras realizaran el Hall. Tras ese año, ningún idólatra realizó el Hall, ni nadie lo hizo estando desnudo. Luego, Hazrat ‘Ali (ra) y Hazrat Abu Bakr (ra) regresaron con el Santo Profeta (sa)”.

La siguiente narración ya ha sido mencionada con referencia a otro Compañero (ra), aunque la mencionaré de nuevo con respecto a Hazrat ‘Ali (ra). Este evento tuvo lugar con motivo de la conquista de La Meca, en el Ramadán del año 8 dH, o enero de 630 dC. Hazrat ‘Ali (ra) narra que el Santo Profeta (sa) lo envió a él, a Hazrat Zubair (ra) y a Miqdad bin Aswad (ra) a Rauz Jaaj – este evento, de hecho, tuvo lugar antes de la conquista de la Meca – y el Santo Profeta (sa) les dijo: “salid y cuando lleguéis a Rauz Jaaj, allí encontrareis a una mujer quién estará montada en un camello y tendrá una carta. Coged la carta de ella”.

Hazrat ‘Ali (ra) relata además: “a continuación salimos corriendo con nuestros caballos y llegamos a Rauz Jaaj. Al llegar allí, encontramos una mujer montada en un camello. Le instruimos para que entregara la carta, pero ella negó tener ninguna carta. Le advertimos que o bien presentaba la carta, o nos veíamos obligados a quitarle la ropa para buscarla. Al escuchar esto, ella sacó la carta que estaba escondida en el moño de su cabello y nos la entregó. Cogimos la carta y regresamos al Santo Profeta (sa). Al abrir la carta, descubrimos que Hatib bin Abi Balta (ra) se había dirigido a algunos de los idólatras de La Meca y estaba revelando información sobre cierto plan del Santo Profeta (sa), quien acto seguido le hizo llamar y le pidió que explicara el asunto. Hatib (ra) le explicó: ¡oh Mensajero de Dios! Por favor, no tome una decisión apresurada con respecto a mí. La razón por la que he hecho esto es porque no soy de los quraish, pero de hecho vine y me uní a ellos,  porque los otros Muhayirin o Emigrantes que están con usted tienen relaciones en La Meca a través de las cuales pueden salvaguardar sus riquezas y propiedades.  Por lo tanto, como no tengo familia allí, quise hacer un favor a la gente de La Meca, para que por medio de este servicio, tuvieran algún respeto por mí. No cometí este hecho por incredulidad, apostasía o hipocresía. (Dijo que no era incrédulo ni apóstata, y que no cometió este acto por ninguna de esas razones). Ni nunca he dado preferencia a la incredulidad después de haber aceptado el Islam. Se lo aseguro. Al escuchar esto,  el Santo Profeta (sa) dijo: sin duda, has dicho la verdad”. En otras palabras, aceptó lo que había dicho.

Al narrar este incidente, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma:

“Un Compañero débil reveló a los habitantes de La Meca que el Santo Profeta (sa) partía hacia la misma con un ejército de 10,000 Compañeros (ra). En la carta escribió: no sé exactamente hacia dónde se dirige el Santo Profeta (sa), pero creo que está viajando hacia La Meca. Algunos de mis parientes cercanos y familiares viven en La Meca, espero que durante esta hora difícil les conceda su ayuda y apoyo, y no permitan que sean lastimados de ninguna manera. Esta carta aún no había llegado a La Meca, cuando el Santo Profeta (sa) llamó a Hazrat ‘Ali (ra) por la mañana y le dijo: ve a tal lugar, porque Dios el Altísimo me ha informado que encontrarás allí a una mujer montada en un camello y tendrá una carta que entregará a los habitantes de La Meca. Coge la carta y traérmela inmediatamente”. Cuando Hazrat ‘Ali (ra) estaba a punto de irse, el Santo Profeta (sa) dijo: recuerda, es una mujer, así que, no la trates con dureza. Trata de presionarla y persuadirla para que admita que tiene la carta, pero si, a pesar de tus esfuerzos por convencerla, no accede, puedes tomar medidas más severas, incluso matarla, pero no debes permitir que esa carta llegue a La Meca.

Así, Hazrat ‘Ali (ra) llegó a ese determinado lugar y encontró a esa mujer. Cuando le pidieron que fuera registrada, se puso a llorar y juró que no era ni una traidora, ni una embustera. Aun así, la registraron y buscaron en sus bolsillos y pertenencias, pero no encontraron la carta. Los Compañeros (ra) insinuaron que parecía que ella no tenía la carta. No obstante, Hazrat ‘Ali (ra) se exaltó y les dijo que guardaran silencio. Después dijo fervientemente: juro por Al’lah, el Mensajero de Dios nunca dice una mentira; y le dijo a la mujer: el Mensajero de Dios nos ha dicho que tienes una carta y juro por Dios que no estoy mintiendo. Después de esto, Hazrat ‘Ali (ra) desenvainó su espada y dijo: ¡entrega la carta! De lo contrario, si tengo que quitarte la ropa y registrarte, lo haré porque el Mensajero de Dios ha dicho la verdad y tú estás mintiendo. Por tanto, se asustó y, cuando la amenazaron con quitarle la ropa, sacó rápidamente la carta del moño de su cabello y la entregó”.

En otra ocasión, al narrar los detalles de este incidente, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) declaró:

“Durante la vida del Santo Profeta (sa), uno de los Compañeros intentó revelar información secreta a sus familiares en La Meca acerca de los planes de los musulmanes de atacar La Meca, para que, a cambio de este acto de compasión, ellos trataran bien a sus parientes. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) fue informado de esto por medio de la revelación Divina, por lo que  el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat ‘Ali (ra) junto con otros Compañeros (ra) a un lugar determinado y les dijo que recuperaran la carta de una mujer. Al llegar allí, se la pidieron a esa mujer, pero ella negó tenerla. Algunos de los Compañeros (ra) pensaron que quizás el Santo Profeta (sa) había cometido un error,  pero Hazrat ‘Ali (ra) insistió en que ese no era el caso y que el Santo Profeta (sa) nunca se equivocaba. Dijo que hasta que ella no le diera la carta, él no se iría. Hazrat ‘Ali (ra) entonces advirtió a la mujer y, en consecuencia, ella sacó la carta y se la dio”.

Con motivo de la conquista de La Meca, mientras el Santo Profeta (sa) estaba sentado en la Masyid al-Haram (La Sagrada Mezquita), Hazrat ‘Ali (ra) se presentó ante el Santo Profeta (sa), le entregó las llaves de la Ka’abah y  dijo: “¡oh Mensajero de Dios, asígnanos las tareas de proporcionar agua durante los días del Hall, así como de supervisar la apertura y el cierre de la puerta de la Ka’abah”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¿dónde está ‘Uzmán bin Talha?”. Este fue llamado y el Santo Profeta (sa) declaró: “¡oh ‘Uzmán! Esta es tu llave. Hoy es el día de la virtud y la lealtad”. El Santo Profeta (sa) después le dijo a Hazrat ‘Ali (ra): “no te daré algo que te abrume con dificultades y tribulaciones, sino lo que es mejor para ti y una fuente de bendición; ni tampoco os daré algo que vosotros mismos deseáis”. O sea, no se lo concedía porque lo había pedido.

Hazrat Umm Hani bint Abi Talib (ra) narra:

“Cuando el Santo Profeta (sa) se quedó en la parte elevada de La Meca, dos de mis suegros de la tribu Bani Makhzum huyeron y acudieron a mí”.

Hazrat Umm Hani (ra) continúa diciendo que “mi hermano, ‘Ali bin Abi Talib se acercó a mí y exclamó: ¡por Dios, los mataré a ambos! Hazrat Umm Hani (ra) afirma: “los encerré a los dos dentro de la casa. Luego fui junto al Santo Profeta (sa) en la parte alta de La Meca y descubrí que, en ese momento, se estaba bañando usando un recipiente que tenía restos de masa de harina dentro. Su hija, Hazrat Fátimah (ra) sostenía una tela para cubrirlo. Después de bañarse, el Santo Profeta (sa) se cambió de ropa y luego ofreció ocho rak’āts (partes) de oración voluntaria a media mañana. Después se giró hacia mí y me dijo: ¡bienvenida, oh Umm Hani! ¿Qué te trae por aquí? Tras ello le informó sobre el incidente con los dos hombres y lo que Hazrat ‘Ali (ra) había dicho sobre matarlos y también que los había escondido dentro de su casa. El Santo Profeta (sa) declaró: damos refugio a quien tú concediste refugio y garantizo la seguridad de aquellos a quienes tú concediste protección; es decir, el Santo Profeta (sa) ordenó a Hazrat ‘Ali (ra) que no los matara.

El Santo Profeta (sa) había dictaminado la sentencia de muerte de Huwairth bin Nuqaid, ya que había perseguido despiadadamente al Santo Profeta (sa) en La Meca y había ideado muchos planes para infligirle daño y además le maldecía. Cuando Hazrat Abbas (ra), el tío del Santo Profeta (sa), preparó el camello para que Hazrat Fátimah (ra) y Hazrat Umm Maktum partieran de La Meca a Medina y ya se habían sentado, Huwairith hizo caer el camello. Hazrat ‘Ali (ra) mató a Huwairith durante la conquista de La Meca cuando ya había huido de allí.

La batalla de Hunain tuvo lugar en Shawwāl del 8 dH. En una narración se afirma que durante esta batalla, Hazrat ‘Ali (ra) llevaba la bandera de los Muhayirin o Emigrantes. Durante la batalla de Hunain, debido a un feroz ataque de los incrédulos, solo un puñado de Compañeros (ra) permaneció alrededor del Santo Profeta (sa) y Hazrat ‘Ali (ra) se encontraba entre ellos. En dicha batalla, un hombre montado en un camello rojo llevaba una bandera negra delante de las filas de los idólatras. Esta bandera estaba atada a una larga lanza y la gente de Banu Hawazin estaba detrás de él. Si alguien se acercaba, lo golpeaba y lo mataba, pero si esa persona eludía su ataque, levantaba su lanza como señal para las personas que se encontraban detrás, y ellos lanzaban un ataque repentino y permanecían detrás del hombre del camello rojo. Este hombre continuó atacando de esta manera. De repente, Hazrat ‘Ali (ra) y una persona de los Ansar (residentes de Medina) se volvieron hacia él y avanzaron para matarlo. Hazrat ‘Ali (ra) vino por detrás de él y golpeó su camello en la cadera o articulación, por lo que el camello cayó hacia atrás. Al instante, un hombre de los Ansar (residente de Medina, mayor de 40 años) le atacó con tanta fuerza que su pierna fue cortada desde la mitad de su pantorrilla. En ese momento los musulmanes lanzaron un feroz ataque contra los idólatras.

En relación a la expedición de Hazrat ‘Ali al Banu Tai, se afirma que el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat ‘Ali (ra) junto con 150 hombres para destruir el ídolo del Banu Tai llamado Fuls. Los Banu Tai vivían al noreste de Medina. Durante esta expedición, el Santo Profeta (sa) le dio a Hazrat ‘Ali (ra) una gran bandera negra y una bandera blanca más pequeña. Por la mañana, Hazrat ‘Ali (ra) lanzó un ataque contra la gente de Hatim y destruyó el ídolo de Fuls. Hazrat ‘Ali (ra) regresó a Medina con un gran botín de los Banu Tai, incluyendo a los cautivos.

Con respecto a la batalla de Tabuk que tuvo lugar en Rajab, el 9 dH., Mus’ab bin Sa’d cuenta un incidente con la autoridad de su padre: que cuando el Santo Profeta (sa) partió hacia Tabuk, en su ausencia, nombró a Hazrat ‘Ali (ra) a cargo de Medina. Hazrat ‘Ali (ra) dijo: ¿me estás dejando atrás con las mujeres y los niños? El Santo Profeta (sa) declaró: ¿no te complace tener la misma relación conmigo que Aarón (as) tuvo con Moisés (as), con la excepción de que no hay ningún profeta después de mí”.

Narrando este incidente, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) afirma: “En una ocasión el Santo Profeta (sa) se fue a una batalla y dejó a Hazrat ‘Ali (ra) a cargo en su ausencia. Sólo los hipócritas se quedaron atrás y por eso se preocupó. Fue a ver al Santo Profeta (sa) y le pidió que lo llevara con él. El Santo Profeta (sa) lo tranquilizó diciendo: ¡oh ‘Ali! Eres para mí como Aarón (as) fue para Moisés (as) y como Aarón, después de mí serás un Jalifa, con la diferencia de que no serás un profeta”.

Con respecto al envío de Hazrat ‘Ali (ra) a Yemen, se menciona en una narración que en el 10 dH., el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat ‘Ali (ra) a Yemen. Antes de esto, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Jalid bin Walid hacia el pueblo de Yemen para invitarlos al Islam, pero ellos se negaron. Al ocurrir esto, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat ‘Ali (ra), quien leyó la carta del Santo Profeta (sa) ante el pueblo de Yemen, como resultado de lo cual todos los residentes de Hamadan aceptaron el Islam en un solo día. Hazrat ‘Ali (ra) escribió una carta al Santo Profeta (sa) informando de su aceptación del Islam. Debido a esto, el Santo Profeta (sa) recitó tres veces: “que la paz sea con el pueblo de Hamadan”. Hamadan está situado en el Yemen y está aproximadamente a 1100 km al sudeste de Medina. Después de esto, el pueblo de Yemen aceptó el Islam. Hazrat ‘Ali (ra) escribió al Santo Profeta (sa) informándole sobre esto y se postró en agradecimiento.

Hazrat ‘Ali (ra) declara que “el Santo Profeta (sa) me designó como qadhi (juez) y me envió a Yemen. Le dije al Santo Profeta (sa): me envías a Yemen pero soy joven y no sé nada sobre asuntos de arbitraje. A esto el Santo Profeta (sa) declaró: Dios ciertamente guiará tu corazón y bendecirá tus palabras. Cuando dos personas involucradas en una disputa se sienten ante ti, no emitas tu veredicto hasta que escuches los relatos de ambos.  Esto te facilitará la decisión. Hazrat ‘Ali (ra) afirma que después de esto nunca tuvo dificultades para tomar una decisión”.

Hazrat ‘Amr bin Sha’ath Aslami, que fue parte del Tratado de Hudaibiyah, afirma: “en una ocasión viajé al Yemen con Hazrat ‘Ali (ra). Durante el viaje me trató de manera estricta y empecé a albergar quejas contra él. Así, cuando volvimos de Yemen, me quejé de él en la mezquita y el Santo Profeta (sa) se enteró de mi queja. Un día, cuando entré en la mezquita, el Santo Profeta (sa) estaba sentado con algunos de sus Compañeros. Cuando el Santo Profeta (sa) me vio, me observó de cerca”. Y sigue narrando: “el Santo Profeta (sa) miró hacia mí intensamente. Cuando me senté, el Santo Profeta (sa) dijo: ¡oh ‘Amr! ¡Por Dios, me has causado dolor! Yo respondí: ¡oh Mensajero de Dios! Busco refugio en Dios de lo que te causa dolor. El Santo Profeta (sa) dijo: “ciertamente quien le causa dolor a ‘Ali, me causa dolor a mí”. Esta es una narración de Musnad Ahmad bin Hanbal.

La siguiente narración es de Hazrat Abu Sa’id Khudri (ra) que afirma: “en una ocasión, algunas personas se quejaron contra Hazrat ‘Ali (ra). El Santo Profeta (sa) se levantó para dar un discurso y le oí decir: ¡oh gente! No os quejéis de ‘Ali. Juro por Dios que es temeroso de Dios Altísimo o quizá dijo es muy temeroso de Dios, no sea que se haga una queja contra él”.

Si Dios quiere, continuaré narrando los relatos de Hazrat ‘Ali (ra) en el futuro.

Hoy volveré a hacer una petición de oraciones puesto que en el último sermón no hablé sobre Argelia. Los áhmadis que residen en Argelia también se enfrentan a grandes dificultades y algunos han sido encarcelados. Recuérdenlos en sus oraciones; que Dios les haga las cosas fáciles y les proporcione los medios para su libertad. Además las circunstancias son difíciles allí; que Dios permita al gobierno entrar en razón y adherirse a la justicia, y conceder a los áhmadis sus debidos derechos. Del mismo modo, la situación en  Pakistán está empeorando. Mencioné a ciertos funcionarios de la Comunidad; rezad por ellos también. Si Dios no desea conceder a estos maulvis (clérigos) y funcionarios del gobierno pakistaní la sabiduría o no quieren entrar en razón, o si se decreta que seguirán actuando de esta manera, sufrirán la ira de Dios. Que Al’lah asegure los medios para que sean capturados rápidamente y proporcione alivio a los áhmadis.

Después de las oraciones del viernes, dirigiré la oración fúnebre en ausencia de Rasheed Ahmad Sahib, hijo de Muhammad ‘Abdul’lah Sahib de Rabwah. Era el padre de Tahir Nadim Sahib, que es un misionero aquí sirviendo en el “departamento de árabe”. Falleció el 28 de octubre a la edad de 76 años, (árabe):

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y a Él volveremos!

El Ahmadiat entró en la familia del difunto a través de su abuelo paterno, Hazrat ‘Abdul Ghafur Sahib, quien junto con su primo Maulvi Alá Ditta Sahib,  fue a Qadián en 1891-1892 y realizó bai’at (juramento de lealtad) a manos del Mesías Prometido (as). Hazrat Maulvi Alá Ditta Sahib (ra) era un erudito educado y conocía al Mesías Prometido (as) antes de su proclama. En un sueño, Maulvi Alá Ditta Sahib vio que la bandera del Santo Profeta (sa) estaba sostenida por el Mesías Prometido (as). Así, Hazrat Maulvi Alá Ditta Sahib fue a Qadián con su primo, Hazrat Maulvi ‘Abdul Ghafur Sahib – el abuelo del difunto – y prometió lealtad al Mesías Prometido (as). Después de esto, a través de los esfuerzos de predicación de Hazrat Maulvi Alá Ditta Sahib, muchas personas de Alipur y Hasanpur en Multan, aceptaron el Ahmadiat

El difunto tuvo la oportunidad de servir como secretario de finanzas del Yama’at en el distrito de Bhawalpur durante mucho tiempo. Era muy piadoso y justo, tenía una disposición virtuosa, además era hospitalario y una persona compasiva. Tenía una buena relación con sus parientes, sus vecinos y los pobres, y los ayudaba discretamente. Le sobrevive su esposa, Siddiqa Begum Sahiba, que era la nieta materna de un Compañero del Mesías Prometido (as), Qadir Baksh Sahib (ra). Por la gracia de Dios, el difunto era musi (parte de la institución de Al-Wasiyyat). También entre los que deja atrás están sus hijos. Aparte de su esposa, le sobreviven tres hijas y dos hijos. Como mencioné, un hijo es un devoto de la vida y un misionero que sirve aquí en el departamento de árabe.

Que Dios Altísimo conceda su perdón y misericordia al difunto y eleve su estatus.

Resumen

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Surah al-Fatiha, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que seguiría relatando incidentes de la vida de Hazrat Ali (ra).

Digno de compasión

Su Santidad (aba) dijo que durante la batalla de Uhud, el Santo Profeta (sa), después del martirio de Hazrat Mus’ab bin Umair (ra), entregó la bandera del Islam a Hazrat Ali (ra). Durante esta batalla, el portador de la bandera de los incrédulos se adelantó y atacó a Hazrat Ali (ra), contra quien Hazrat Ali (ra) luchó y derrotó. Cuando otro grupo de los Quraish se acercó, el Santo Profeta (sa) instruyó a Hazrat Ali (ra) que luchara contra ellos. En ese momento, el ángel Gabriel le dijo al Santo Profeta (sa) que Hazrat Ali (ra) era digno de compasión. El Santo Profeta (sa) dijo que era de Ali, y Ali era de él.

El amor de Hazrat Ali (ra) por el Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) narró un incidente que evidenció el gran amor que Hazrat Ali (ra) tenía por el Santo Profeta (sa); un amor que había continuado desarrollándose y aumentando desde su infancia. Su Santidad (aba) relató que durante la batalla de Uhud el Santo Profeta (sa) fue herido por un Quraish. Se cuenta que Hazrat Fátimah (ra) estaba limpiando las heridas del Santo Profeta (sa) mientras Hazrat Ali (ra) vertía agua de su escudo. Se narra que ese día, el Santo Profeta (sa) sufrió dieciséis heridas.

A Hazrat Ali (ra) se le concede la espada del Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que durante la Batalla de Khandaq, cuando algunos de los Quraish pudieron cruzar la zanja, los Quraish se acercaron y ‘Amr bin ‘Abd Wudd de los Quraish dio la voz de guerra. Hazrat Ali (ra) respondió a esta llamada y pidió al Santo Profeta (sa) permiso para combatirles. El Santo Profeta (sa) le concedió a Hazrat Ali (ra) su espada y rezó por su victoria. Como resultado, Hazrat Ali (ra) venció y derrotó a ‘Amr mientras el resto de los Quraish huían.

Escriba del Santo Profeta (sa) durante el Tratado de Hudaibiyah

Su Santidad (aba) dijo que durante el Tratado de Hudaibiyah, Hazrat Ali (ra) sirvió como escriba del Tratado. Mientras se escribía el tratado, Hazrat Ali (ra) escribió, ‘Muhammad, Mensajero de Al’lah’ sin embargo el representante de los incrédulos se opuso a esto ya que no aceptaban que fuera el mensajero de Al’lah. Así, como el propósito principal del Santo Profeta (sa) al formar este tratado era el establecimiento de la paz, le dijo a Hazrat Ali (ra) que lo borrara. Los ojos de Hazrat Ali (ra) se llenaron de lágrimas y no se atrevió a hacerlo. Así, el Santo Profeta (sa) lo borró él mismo.

Su Santidad (aba) relató que en el momento de la Batalla de Khaibar, el Santo Profeta (sa) anunció que concedería la bandera del Islam a quien amara al Santo Profeta (sa), y el Santo Profeta (sa) lo amaba (según otra narración, quien ama a Al’lah y Al’lah lo ama) porque la victoria se logrará de sus manos. En ese momento, Hazrat Ali (ra) estaba sufriendo una enfermedad en los ojos. El Santo Profeta (sa) puso un poco de su saliva bendita en sus ojos, lo que le alivió de este dolor, y después concedió a Hazrat Ali (ra) la bandera del Islam.

Su Santidad (aba) dijo que durante la batalla, Hazrat Ali (ra) se enfrentó cara a cara con un soldado judío y lucharon. Como ambos tenían mucha experiencia en la guerra, fue una batalla extensa, pero finalmente, Hazrat Ali (ra) le venció y se arrodilló sobre él. Justo cuando Hazrat Ali (ra) estaba a punto de dar el golpe final, el hombre escupió en la cara de Hazrat Ali (ra). Hazrat Ali (ra) inmediatamente dio un paso atrás y perdonó al hombre. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, Hazrat Ali (ra) explicó que hasta ese momento, había estado luchando simplemente por el bien de Al’lah; pero cuando el hombre le escupió en la cara, se enfadó y se preocupó de que ahora lo mataría por esta ira personal. Así que se alejó y le perdonó la vida.

Ocasiones en que el Santo Profeta (sa) puso su confianza en Hazrat Ali (ra)

Su Santidad (aba) relató que Hazrat Ali (ra) era parte del enviado mandado por el Santo Profeta (sa) para recuperar una carta que se estaba enviando a los Quraish detallando los planes de los musulmanes antes de la conquista de La Meca. Hazrat Ali (ra) y este enviado lograron recuperar esta carta antes de que llegara a los Quraish y la devolvieron al Santo Profeta (sa).

Su Santidad (aba) dijo que durante la batalla de Hunain, Hazrat Ali (ra) recibió la bandera de los Muhajireen (emigrantes). Durante la batalla, llegó un momento en el que sólo quedaban unos pocos compañeros que permanecieron junto al Santo Profeta (sa), entre los cuales estaba Hazrat Ali (ra).

Su Santidad (aba) dijo que cuando el Santo Profeta (sa) partió para la batalla de Tabuk, asignó a Hazrat Ali (ra) como el Emir en su lugar. Hazrat Ali (ra) le preguntó al Santo Profeta (sa) si lo dejaría atrás entre las mujeres y los niños. El Santo Profeta (sa) respondió que Hazrat Ali (ra) debería ser feliz, ya que era para él, como Aarón (as) para Moisés (as).

Su Santidad (aba) dijo que, una vez, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Ali (ra) a Yemen como juez. Hazrat Ali (ra) dijo que se sometió al Santo Profeta (sa) que aún era joven, y no estaba bien versado en juzgar asuntos. El Santo Profeta (sa) le aseguró que Dios le concedería la habilidad y rezó por él. El Santo Profeta (sa) aconsejó a Hazrat Ali (ra) que siempre que dos partes opuestas presentaran un asunto ante él para decidir entre ellas, nunca debería tomar una decisión hasta que hubiera escuchado el asunto de ambas partes. Hazrat Ali (ra) dijo que después de esto y siguiendo el consejo del Santo Profeta (sa), nunca experimentó ninguna dificultad para ser juez.

Su Santidad (aba) dijo que continuaría relatando los incidentes de la vida de Hazrat Ali (ra) en el futuro.

Solicitud de oraciones

Al final, Su Santidad (aba) hizo un llamamiento a las oraciones. Su Santidad (aba) dijo que en su último sermón no había podido mencionar a Argelia, donde los ahmadíes musulmanes se enfrentan a circunstancias muy difíciles y algunos han sido encarcelados también por su fe. Su Santidad (aba) rezó para que se concediera al gobierno sabiduría para que dejara de cometer tales agravios contra los ahmadíes musulmanes. Su Santidad (aba) también pidió oraciones para Pakistán donde las condiciones siguen empeorando. Su Santidad (aba) rezó para que si los clérigos y los funcionarios del gobierno se niegan a desistir y no prestan atención, que Al’lah les haga sufrir rápidamente las consecuencias de sus actos.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que ofrecería la oración fúnebre en ausencia del siguiente miembro fallecido de la Comunidad:

Rashid Ahmad de Rabwah, Pakistán, falleció el 28 de octubre del 2020. Era el padre de Tahir Nadeem, que está sirviendo en departamento de árabe en el Reino Unido. El abuelo de Rashid Ahmad Sahib tuvo el honor de aceptar al Mesías Prometido (as) y jurar lealtad en su mano bendita. Rashid Ahmad Sahib era muy justo, amable y hospitalario. Siempre se ocupó de los pobres y menos afortunados. Le sobreviven su esposa, tres hijas y dos hijos. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah lo tratara con perdón y misericordia y elevara su posición en el paraíso.

Resumen preparado por The Review of Religions

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