En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
Date: 2018-11-30

La excelencia personificada

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Después de recitar el Tashahhud, Ta’awwuz y Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifat-ul-Masih V (aba) declaró:

 

El primero de los Sahabah [Compañeros del Santo Profeta (sa)] que mencionaré hoy es Hazrat Sabit bin Jalid Ansaari. Perteneció a la tribu de Banu Malik y al clan de Nayyaar. Participó en las Batallas de Badr, Uhud y Yamamah. Durante esta última batalla fue martirizado. Según algunos, fue durante el incidente en Bir-e-Maunah.

 

Luego está Hazrat Abdul-lah Bin Urfatah. Emigró a Abisinia junto con Hazrat Yafar bin Abi Talib. En un relato, Hazrat Abdul-lah bin Masud afirma: “El Mensajero de Al-lah (sa) nos envió a Negus y éramos aproximadamente unos ochenta”. Hazrat Abdul-lah bin Urfatah participó en la Batalla de Badr.

 

El siguiente es Hazrat Utbah bin Abdul-lah. El nombre de su madre era Busrah bint Zaid. Participó en el Baia’t que tuvo lugar en Aqabah, así como en las batallas de Badr y Uhud.

 

A continuación está Hazrat Qais bin Abi Sasa. El padre de Hazrat Qais fue Amr bin Zaid. Sin embargo, era conocido como Abu Sasa. El nombre de la madre de Hazrat Qais era Shaiba binte Asim. Hazrat Qais participó en el Bai’at que tuvo lugar en Aqabah junto con setenta Ansaar. También tuvo el honor de participar en las Batallas de Badr y Uhud. Cuando el Santo Profeta (sa) partió para la Batalla de Badr, él, junto con su ejército, acampó en Buyut as-Suqyaa, situado en las afueras de Medina. Algunos menores, ansiosos por acompañar al Santo Profeta (sa), que también venían con él, fueron enviados de vuelta. Luego, el Santo Profeta (sa) ordenó a los Compañeros que trajeran agua del pozo en Suqyaa. Bebió de ese agua y luego ofreció la oración cerca de las casas de Suqyaa. Al salir de Suqyaa, el Santo Profeta (sa) ordenó a Hazrat Qais bin Abi Sasa que hiciera un recuento del número de musulmanes. En esa ocasión también había sido nombrado supervisor del agua. Después, el Santo Profeta (sa) se quedó cerca del pozo en Bir-e-Abi Inabaa, ubicado a unos 2,5 kilómetros de la Mezquita del Profeta. Tras recibir la orden del Santo Profeta (sa) de contar el número de personas, Hazrat Qais lo hizo y comunicó al Mensajero de Al-lah (sa) que el número era de 313. El Santo Profeta (sa) escuchó con agrado este número y dijo que los Compañeros de Talut  [Goliat] también habían contabilizado lo mismo. Según la nota escrita en Suqyaa, estaba ubicada a unos dos kilómetros de la Mezquita del Profeta. Su nombre anterior era Husaiqa. Hazrat Jalaad relata que el Santo Profeta (sa) cambió el nombre de Husaiqa a Suqyaa.

 

Dice:

 

“Deseaba comprar Suqyaa, pero Hazrat Saad bin Abi Waqqas ya lo había comprado, a cambio de dos camellos”.

 

Según algunos, lo compró por siete Auqiyah, es decir, 280 Dirhams. Cuando se le mencionó ésto al Santo Profeta (sa), dijo que su oficio era muy rentable.

 

De manera similar, durante la Batalla de Badr, el Santo Profeta (sa) le nombró líder de Saaqah. Saaqah es la parte del ejército que se queda atrás para proteger la retaguardia. En una ocasión, le dijo al Santo Profeta (sa): “¡Oh, Profeta de Al-lah (sa)! ¿En cuántos días debo completar la recitación de todo el Corán?” El Santo Profeta (sa) respondió: “En quince noches”. Hazrat Qais dijo: “Me veo capaz de hacer más que esto”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Puedes completarlo en el plazo de dos viernes”. Al oírlo, dijo: “Me veo capaz de hacer incluso más que esto”.  A continuación recitó el Sagrado Corán de esta forma durante mucho tiempo. Y así siguió hasta el punto de que, ya envejecido y con sus ojos vendados, completaba la recitación de todo el Corán en quince días. Solía decir en aquel momento: “Solamente si hubiera cumplido con la concesión del Santo Profeta (sa)”.

 

Hazrat Qais tuvo dos hijos, Alfaqe y Umme Hariz. La madre de ambos era Amama bint Muaz. La progenie y descendencia de Hazrat Qais no continuó. Hazrat Qais tenía tres hermanos, quienes tuvieron la bendita oportunidad de pasar tiempo en compañía del Santo Profeta (sa). Sin embargo, no pudieron participar en la batalla de Badr. De entre ellos, Hazrat Hariz fue martirizado en la batalla de Yamama y Hazrat Abu Kilaab y Hazrat Yabir bin Abi Saasa fueron martirizados en la batalla de Mautah.

 

Luego, hay un Compañero llamado Hazrat Ubaida bin Hariz. Hazrat Ubaida bin Hariz, que pertenecía a Banu Muttalib, era un pariente cercano del Santo Profeta (sa). Perteneció a la tribu de Banu Muttalib. Su nombre patronímico era Abu Hariz, aunque, según algunos, era Abu Muawiyah. El nombre de su madre era Sujaila bint Juzai. Hazrat Ubaida era diez años mayor que el Santo Profeta (sa). Fue uno de los primeros en aceptar el islam. Él aceptó el islam antes de que el Santo Profeta (sa) ingresara en Daar-ul-Arqam [Casa de Arqam, primer lugar designado, donde los musulmanes podían reunirse y adorar en secreto]. Hazrat Abu Ubaida, Hazrat Abu Salma bin Abdul-lah Asadi, Hazrat Abdul-lah bin Arqam Makzumi y Hazrat Usman bin Mazum se hicieron musulmanes al mismo tiempo. El Santo Profeta (sa) sentía una gran estima por Hazrat Ubaida y le trataba con gran honor. Hazrat Ubaida bin Hariz aceptó el islam en sus etapas iniciales y estuvo entre los jefes de Banu Abdi Manaaf.

 

Hazrat Ubaida bin Hariz emigró a Medina junto con sus dos hermanos, Hazrat Tufail bin Hariz y Hazrat Hussain bin Hariz. Hazrat Mistah bin Usasah también estaba con ellos. Antes del viaje, habían decidido reunirse en el valle de Naayi. Sin embargo, Hazrat Mistah bin Usasah se quedó rezagado porque una serpiente le mordió. Al día siguiente, fueron informados de que había sido mordido por una serpiente. Por eso, volvieron y viajaron con él a Medina. Se quedaron con Hazrat Abdur Rahman bin Salamah en Medina. El Santo Profeta (sa) formó un vínculo de hermandad entre Hazrat Ubaida bin Hariz y Hazrat Umair bin al-Humaam. Hazrat Ubaida bin Hariz y Hazrat Umair bin al-Humaam fueron martirizados en la batalla de Badr. Sus dos hermanos, Hazrat Tufail bin Hariz y Hazrat Hussain bin Hariz también participaron junto a él en la batalla de Badr.

 

Después de migrar a Medina, el Santo Profeta (sa) implementó ciertas estrategias para protegerse de los ataques de los incrédulos y para salvaguardar a los musulmanes, lo que supone una prueba clara de la excelente capacidad de gobierno del Santo Profeta (sa) y su gran visión en términos de guerra. Al mencionar esto, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib ha declarado lo siguiente en Sirat Jatam-un-Nabiyyin:

 

“La historia demuestra,  en relación con el primer grupo, que fue enviado por el Santo Profeta (sa) bajo el liderazgo de Ubaida bin Hariz y confrontado por Ikrimah bin Abi Yahl, dos hombres musulmanes de la Meca de poca fe, que de alguna manera habían viajado junto con los Quraish, los abandonaron y luego se unieron a los musulmanes. Por lo tanto, encontramos en un relato que, cuando el grupo de musulmanes se encontró con el ejército de los Quraish durante esta expedición, dos individuos, Miqdad bin Amr y Utbah bin Ghazwaan, que tenían un acuerdo con Banu Zuhrah y Banu Naufal, escaparon de los idólatras y se unieron a los musulmanes. Ambos eran musulmanes y simplemente se habían disfrazado de incrédulos con el propósito de unirse a los musulmanes. Por lo tanto, una de las razones por las que el Santo Profeta (sa) los envió fue para salvar a estas personas de la crueldad de los Quraish  y brindarles la oportunidad de unirse a los musulmanes”.

 

Tras ocho meses de la migración, el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Ubaida bin Hariz con setenta u ochenta jinetes. El Santo Profeta (sa) había atado una bandera blanca para Hazrat Ubaida bin Hariz, que sostenía Hazrat Mistah bin Usasah. El propósito de enviar este ejército o grupo de jinetes era detener a una caravana de mercaderes pertenecientes a los Quraish. Abu Sufian era el jefe de la caravana de los Quraish. Según algunos, era Ikrimah bin Abi Yahl y, según otros, era Miqriz bin Hafas. Esta caravana estaba compuesta por doscientos hombres, y en ella los incrédulos transportaban mercancías y bienes. El grupo de Compañeros se enfrentó a esta caravana en el valle de Rabiq. Este lugar también es conocido como Wadaan. Aparte de algunas flechas que se dispararon, no hubo batalla entre las dos partes y no se formaron filas formales para el combate. La primera flecha disparada por un Compañero del ejército musulmán fue lanzada por Hazrat Sad bin Abi Waqqas. Esta fue la primera flecha disparada por el islam. En esta ocasión, Hazrat Miqdad bin Aswad y Hazrat Uyayna bin Ghazwaan, quienes, según Ibn Hisham y en Tarij Al-Tabari, se registran como Utbah bin Ghazwan, escaparon del grupo de idólatras y se unieron a los musulmanes dado que habían aceptado el islam y deseaban unirse a ellos.

 

Este fue el segundo ejército del islam, bajo el liderazgo de Hazrat Ubaida bin Hariz. Después de lanzar las flechas, ambas partes se retiraron, dado que los idólatras quedaron tan impresionados por los musulmanes que pensaron que tenían un gran ejército y estaban recibiendo refuerzos. Por esa razón, se asustaron y se retiraron, y los musulmanes tampoco los persiguieron. Los siguieron, pero no quisieron involucrarse en una batalla contra ellos. Los musulmanes dispararon flechas y también lo hicieron los idólatras y al final, cuando los incrédulos se retiraron, los musulmanes también se fueron.

 

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib ha escrito en su libro Sirat Jatam-un-Nabiyyin:

 

“Hacia el comienzo del mes de Rabi’-ul-Awwal [tercer mes en el calendario islámico], después de regresar de la batalla de Waddan, el Santo Profeta (sa) envió un grupo de sesenta Muhayirin [migrantes de la Meca a Medina] montados en camellos, bajo el liderazgo de uno de sus parientes cercanos, Ubaida bin Hariz Muttalibi. El objetivo de esta campaña también era prevenir los ataques de los Quarish  de Meca. Por ello, cuando Ubaidah bin Ḥariz (ra) y sus Compañeros avanzaron sobre el terreno y llegaron cerca de Zaniyyatul-Marrah, de repente notaron que 200 jóvenes armados habían establecido un campamento al mando de Ikramah bin Abi Yahl. Las dos partes se enfrentaron y se dispararon algunas flechas entre ellos. Sin embargo, este grupo de idólatras se retiró atemorizado pensando que los musulmanes probablemente tenían ocultos refuerzos a su disposición y, en consecuencia, los musulmanes no les persiguieron. Sin embargo, dos individuos del ejército de los idólatras llamados Miqdad bin Amr (ra) y Utbah bin Ghazwaan (ra) huyeron del mando de Ikramah bin Abi Yahl y se unieron a los musulmanes. Está escrito que partieron con los Quraish con este objetivo, para luego encontrar la manera de unirse a los musulmanes. La razón para hacerlo fue que eran musulmanes de corazón, pero no podían migrar por temor a los Quraish. Por otra parte, es posible que este mismo hecho les desanimara y decidieran dar un paso atrás considerando que eso era un mal presagio.

 

No se menciona en la historia si la caravana de los Quraish viajaba en esa dirección por alguna razón específica; sin duda, no era una caravana comercial, aunque  se presentara  como si así lo fuera, sino que era un ejército organizado y bien equipado, y sobre el que Ibn Isaaq ha usado las palabras Yam’i Azim, es decir, un gran ejército. Sin embargo, es evidente que sus intenciones no eran buenas y que no habían viajado allí con un buen propósito. En cualquier caso, habían venido a atacar y esta es la razón por la que los musulmanes también comenzaron a lanzar flechas y,  de hecho, las primeras flechas seguramente fueron lanzadas por los incrédulos. Debido a la Gracia de Al-lah el Todopoderoso, se dieron cuenta de que los musulmanes estaban siempre preparados y, habiendo visto a algunos de sus propios hombres unirse a los musulmanes, no pudieron reunir el coraje suficiente y se retiraron. El beneficio real para los Compañeros de esta misión fue que dos de ellos se salvaron de las transgresiones de los Quraish.

 

Durante la batalla de Badr, luchó en nombre de los musulmanes en el duelo de combate contra Walid bin Utbah. En el Ahadiz se menciona que en ese momento también se reveló un versículo del Sagrado Corán.

 

Hazrat Ali (ra) relata:

 

“El versículo [árabe] se reveló con respecto a estas personas que lucharon en los duelos de combate en la batalla de Badr, es decir, Hazrat Hamza bin Abdil Muttalib (ra), Hazrat Ali bin Talib (ra) y Hazrat Ubaidah bin Hariz (ra) y en el otro lado, estaban Utbah bin Rabi’ah, Shaybah bin Rabi’ah y Walid bin Utbah.

 

El significado de este versículo es: “Estos son dos contendientes que disputan sobre su Señor.

 

El versículo completo es el siguiente:

 

[Árabe]

 

“Estos son dos contendientes que disputan sobre su Señor. En cuanto a los incrédulos, se les vestirá con prendas de fuego; y se derrramará agua hirviendo sobre sus cabezas.”

 

Se han proporcionado más detalles sobre este duelo en Sunan Abu Dawud. Hazrat Ali (ra) relata:

 

“Utbah bin Rabi’ah, seguido de su hijo y su hermano, se adelantó y anunció: ‘¿Quién se enfrentará a nosotros? ‘En ese momento, muchos de los jóvenes de entre los Ansaar le respondieron. Utbah preguntó: ‘¿Quiénes sois?’ Ellos respondieron: ‘Somos los Ansaar.’ Utbah luego dijo: ‘No tenemos ninguna disputa con vosotros, solo deseamos luchar contra nuestros primos.’ El Santo Profeta (sa) dijo entonces: ‘¡Oh, Hamza, levántate, oh Ali levántate, y Ubaidah bin Hariz avanza!’ Hazrat Ali (ra) narra: ‘Tan pronto como oímos la llamada del Santo Profeta (sa), Hazrat Hamza avanzó a Utbah, avancé a Shaibah y hubo un enfrentamiento entre Ubaidah bin Hariz y Walid, quien dejó a ambos gravemente heridos. Luego nos dirigimos a Walid, le matamos y sacamos a Ubaidah bin Hariz del campo de batalla. Durante el duelo, Utbah atravesó la pierna de Hazrat Ubaidah bin Hariz y le hirió gravemente. El Santo Profeta (sa) ordenó que lo retiraran del campo de batalla y tras terminar la Batalla de Badr, falleció en Safraa, un lugar cerca de Badr, y fue enterrado allí.

 

Según una narración, cuando la pierna de Ubaidah fue herida y su médula sangraba, los Compañeros lo llevaron al Santo Profeta (sa) y él le dijo al Santo Profeta (sa):

 

“¡Oh Mensajero de Al-lah!, ¿No soy acaso un mártir?” Había sido herido en la batalla pero no había muerto de inmediato. El Santo Profeta (sa) respondió: “¡En efecto! Serás considerado un mártir”. Según otra tradición, cuando Hazrat Ubaidah bin Hariz compareció ante el Santo Profeta (sa), colocó su cabeza en el regazo del Santo Profeta (sa) y dijo:

 

“Si solo Abu Talib estuviera vivo hoy, sabría que tengo más derecho que él a lo que solía decir, y era:

 

[Árabe]

 

Es decir, “es falso que os entregaremos a Muhammad. Esto solo será posible cuando nos ataquen a su alrededor, y hasta el punto que nos olvidemos de nuestras esposas e hijos”.

 

Tales fueron los sentimientos de estas personas. En el momento de su fallecimiento, Hazrat Ubaidah bin Hariz tenía 63 años de edad.

 

Después de hablar de estos Compañeros, quiero mencionar a uno de nuestros devotos misioneros de Indonesia, que falleció hace unos días. Su nombre era Suyuti Aziz Ahmad Sahib y falleció el 19 de noviembre. ¡A Al-lah le pertenecemos y a Él volveremos! Suyuti Sahib sufría una enfermedad cardíaca grave y fue enviado a Rabwah para recibir tratamiento. Allí, en el Tahir Heart Institute en Rabwah, se sometió a una cirugía mayor, pero tras unos días su salud no mejoró y el 19 de noviembre falleció. Le sobreviven su esposa, dos hijos y dos hijas y diez nietos. Entre ellos, seis son Waqf-e-Nau.

 

Suyuti Aziz Ahmad Sahib nació el 17 de agosto de 1944 en Bone, South Sulawesi. Estudió en Yamia Rabwah entre septiembre de 1966 y octubre de 1971. En abril de 1972 fue nombrado misionero central de Indonesia. Luego, en 1985, recibió el diploma de Shahid, mientras ejercía, por sus servicios. En el año 2000 tuvo la oportunidad de realizar el Hayy.

 

Entre 1972 y 1979 pasó estos siete años sirviendo como misionero en el sur de Sumatra, Lampung, Jambi y Bengkulu. Entre 1979 y 1981 desempeñó la vocación de profesor para los Mu’al-limin. En 1981 fue nombrado misionero en Purwokerto. Luego, en 1982, fue nombrado director adjunto de las clases Mu’al-limin y Mubal-lighin. Entre 1982 y 1992 trabajó como director de Yamia Ahmadía en Indonesia. Durante esta época, en 1985, recibió el diploma de Shahid. Desde 1992 hasta 2016, permaneció como jefe de Tabligh durante veinte años. Luego, desde 2016 hasta su fallecimiento, trabajó nuevamente como director de Yamia Ahmadía en Indonesia. En 1973 se casó con Afifa Sahiba, hija del misionero Abdul Wahid Sahib de Sumatra, que también fue la hermana mayor de Maulana Abdul Basit Sahib, Amir de la Yama’at de Indonesia. Ella dio a luz a cuatro hijos: Warda Jalid, Hariz Abdul Bari, Sa’adat Ahmad y Aliyah Atiyyatul Alim. Afifa Sahiba falleció en 2009. Posteriormente, Suyuti Sahib se casó con Arina Damayinti Sahiba pero no tuvieron hijos juntos.

 

Con respecto a la expansión del Ahmadíat en su familia, una vez le entrevistaron en la MTA donde dijo:

 

“La principal razón por la que mi familia y yo tomamos el juramento de lealtad es porque mi abuelo nos dijo que en los últimos días el Imam Mahdi (as) aparecería, por lo que todos debíamos aceptarlo. Para honrar esta instrucción de su familia, emigró dos veces. En 1959 mi familia se mudó a Lampung. En 1963, un misionero llamado Maulana Zaini Dehlan Sahib vino a predicar en Lampung y le conocimos. Nos dijo que el Imam Mahdi ya había aparecido. Luego le pregunté por las pruebas de su advenimiento, y como respuesta nos dio un libro que prueba la veracidad del Mesías de los últimos días y nos dijo que lo leyéramos. Cuando leí el libro, me convencí de que el Mesías que debía venir ya ha venido y no es otro que el Imam Mahdi Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)”.  Dice: “El 13 de febrero de 1963, a la edad de 19 años, 40 miembros de mi familia y yo prestamos juramento de lealtad a través de Maulana Zaini Dehlan Sahib”.

 

Luego afirma:

 

“En 1963, Wakil-ut-Tabshir Sahib visitó a Badung desde Rabwah y yo estaba allí en ese momento. Después de asistir a los programas de la Yama’at y reunirme con sus misioneros, la verdad se hizo aún más clara para mí.”

 

Mientras menciona su admisión en Yamia, declara:

 

“En 1963, Maulana Abu Bakr Ayub Sahib, que servía como misionero en el sur de Sumatra, nos visitó en Lampung para la formación de los nuevos conversos. Después de su visita, informó a Rais-ut-Tabligh, Maulaana Syed Shah Muhammad Yilani, diciendo:

 

“Algunas personas de la tribu Bogas han aceptado el juramento de lealtad en Lampung y no tenemos ningún misionero de esa tribu, aunque tenemos misioneros de entre las tribus de Yava y Sunda. Escribe:

 

“Me reuní con tres jóvenes que pueden ser enviados a Rabwah para estudiar”.

 

Luego él (Suyuti Sahib) dice:

 

“Yo era uno de esos tres jóvenes. Nuestros nombres fueron recomendados para ser admitidos en Yamia Ahmadía Rabwah y nos pidieron que solicitáramos nuestros pasaportes. Sin embargo, no pudimos obtener nuestros pasaportes debido a la inestabilidad del clima político de Indonesia en esa época. Luego, en 1966, solicité un visado a través de Rais-ut-Tabligh, Maulana Imam ul-Din, en la Embajada de Pakistán, y obtuve el visado en quince minutos”.

 

Continúa diciendo:

 

“Llegué a Karachi y me quedé allí una noche y desde allí viajé a Rabwah en tren. Después de llegar a la estación, caminé hacia Yamia”.

 

Dice:

 

“Muchos estudiantes de Yamia me dieron la bienvenida. El ambiente era nuevo por lo que era bastante difícil acostumbrarse, sin embargo, logré adaptarme en este sentido. A los tres días, me inscribí en Yamia. Había una persona entre los maestros cuyo nombre era Hazrat Master ’Ata Muhammad Sahib, que había sido un Compañero del Mesías Prometido (as)”.

 

Además, dice:

 

“Tuve el honor de reunirme con varios Compañeros del Mesías Prometido (as) durante mi estancia en Rabwah. Siempre buscaba la oportunidad de reunirme con un Compañero del Mesías Prometido (as) y masajear sus pies mientras conversábamos con ellos”.

 

Narrando una experiencia agradable en una audiencia con Hazrat Jalifatul Masih III (ra), afirma:

 

“Cuando Hazrat Jalifatul Masih III (ra) fue elegido como el Jalifa de la Comunidad, nos reunimos con él y le abrazamos. Hazur (ra) me dio unas palmaditas cariñosas en la cara y dijo:

 

“Han venido desde Indonesia”.

 

Habían otros estudiantes extranjeros allí. Hazrat Jalifatul Masih III (ra) continuó diciendo:

 

“Todos vosotros habéis venido desde lejos, todos vosotros sois mis hijos”.

 

La luz espiritual de Hazrat Jalifatul Masih III (ra) siempre permaneció entre nosotros y, por este motivo, todas nuestras dificultades se nos hicieron fáciles. Hazur (ra) había instruido:

 

“Podéis venir a mí cuando tengáis cualquier dificultad”.

 

Dice:

 

“Cuando estaba a punto de regresar a Indonesia, fui a visitar a Hazur (ra) antes de mi partida. Hazur (ra) preguntó: ‘¿Necesitas algo?’ Respondí: ‘Necesito algunos libros, visité la oficina pero no pude obtener nada’. Hazrat KMIV (ra) escribió una nota con su pluma que decía: ‘Dé los libros a Suyuti’. Poco después, recibí una serie completa de Ruhani Jazain, que tengo en mi poder hasta el día de hoy. Antes de irme, Hazur (ra) me abrazó con amor y me dijo al oído: ‘Nunca seas infiel a tu maestro. Este es mi consejo para ti.’”

 

Escribe sobre un incidente:

 

“En 1992, Sharif Ahmad Baugis, Amir Sahib Indonesia, me envió a Filipinas para garantizar que tenía éxito el Bai’at internacional que se estaba llevando a cabo allí y me dijo: ‘Esto es según las instrucciones de Hazrat Jalifatul Masih IV (ra).’ Le dije: ‘Soy muy débil y ni siquiera conozco el idioma local.’ Respondió: ‘Tengo plena fe en ti.’ Luego dije: ‘Si estas son las instrucciones, entonces estoy listo.’ Por lo tanto, salí de la sede de la Yama’at, y  en ese momento para llegar había que pasar por Manila y Zambwakasti. Comí algo de comida, contraje cólera y me debilité. En esta situación, oré: ‘¡Oh Al-lah! Si muero aquí, entonces no habrá musulmanes  que ofrezcan mi oración funeraria.’ Dice: ‘Por la noche vi en un sueño que un enfermero con uniforme me visitaba y mientras me daba una palmadita en la frente, sopla sobre mí. En ese momento sentí como si todo mi cuerpo se hubiera enfriado con hielo y ese frío saliera de mi cuerpo a través de los dedos de los pies. Cuando me desperté por la mañana estaba completamente recuperado,  así que partí hacia Tawi-Tawi. Por la Gracia de Al-lah el Todopoderoso ciento treinta personas hicieron el Juramento de Lealtad y se unieron a la Yama’at en un periodo de tres meses.”

 

Abdul Basit Sahib, Amir Sahib de Indonesia, escribe:

 

“Tuve la oportunidad de observar a Siyuti Aziz Sahib a un nivel muy personal como mi cuñado y misionero. Tenía una personalidad muy sencilla y sus mayores atributos fueron la humildad y la modestia. Fue un ejemplo vivo de paciencia y tolerancia en todos los asuntos. Él siempre le suplicaba a Dios, ofrecía Tahayyud [oración voluntaria antes del amanecer] oraba regularmente, mostraba una inmensa confianza en Al-lah el Todopoderoso y tuvo una relación de tremendo amor y sinceridad con el sistema del Jilafat y los Julafah de Yama’at. Daba preferencia a los asuntos de la Yama’at sobre sus asuntos personales. Fue un sirviente exitoso de la Yama’at. Cualquier responsabilidad, deber y cargo que se le encomendó, la llevó a cabo con inmensa sinceridad y lealtad. No importaba si estaba desempeñando ese deber como misionero o maestro de Yamia,  como director o responsable de propagar el mensaje. Era un modelo excelente y un ejemplo para los que han consagrado su vida”.

 

Ma’sum Sahib, el subdirector de Yamia Ahmadía Indonesia, afirma:

 

“Suyuti Sahib enseñaba la traducción del Sagrado Corán a las clases de tercer, cuarto y quinto año. Él enseñaba Kalaam a la clase Mubashir [último curso]. Para impartir esta clase, había traducido el libro ‘Irfaan-e-Ilahi’ al idioma indonesio. Cuando se debilitó debido a una enfermedad y era incapaz de moverse, sus alumnos lo visitaban en la oficina para estudiar. Dio su clase el 8 de noviembre antes de partir hacia Rabwah. Siempre decía:

 

“Los años de Yamia se han aumentado a siete años y Hazrat Jalifatul Masih ha aprobado esto. Así que todos vosotros debéis trabajar muy duro y cumplir los deseos de Hazur”.

 

Su hija, Mardiya Sahiba, escribe:

 

“Mi padre dedicó su vida por completo. Se pasó la vida sirviendo a la Yama’at y, de hecho, viajamos muy poco por turismo o entretenimiento. Siempre consideramos que este es el estilo de vida de una persona que ha consagrado su vida. Enseñó a sus hijos que el tiempo de un Waqf-e-Zindagi debía gastarse completamente por el bien de la Yama’at”.

 

Luego ella dice:

 

“En términos de formación, mi respetado padre no dio muchos consejos, sino que practicaba con el ejemplo”.

 

Continúa diciendo:

 

“Servía a mi madre con paciencia cuando ella enfermó y también hacía las tareas de la casa él mismo. Preparaba las comidas de la mañana y de la tarde durante los días de Ramadán. Nunca pidió a nadie que hicieran algo por él. Tenía el hábito de hacer su trabajo con sus propias manos”.

 

Su hijo Sa’adat Ahmad Sahib escribe:

 

“Nos formó con mucha paciencia, no obstante, enfatizó mucho sobre ofrecer oraciones. Durante nuestra infancia, él nos instruía para ofrecer oraciones en congregación en la mezquita. Si no me veía en la mezquita, me buscaba y me llevaba él mismo”.

 

Además, dice:

 

“Siempre nos aconsejó que nunca perdiéramos las oraciones, que ofreciéramos las oraciones de Sunnah y siempre recitáramos el Sagrado Corán”.

 

Su hija Atiyyatul Alim dice:

 

“Mi padre siempre decía la verdad. Nunca pronunció una falsedad frente a sus hijos, incluso en forma de broma. Nunca perdía la oración de Tahayyud y ofrecía su oración en congregación en la mezquita. Dejando de lado cuando estuvo enfermo, nunca lo vi ofreciendo sus oraciones obligatorias en casa”.

 

Su segunda esposa dice:

 

“Antes de partir hacia Rabwah, él me dijo a mí y a los niños: ‘Mis herederos, mi familia y mi hogar es el Jilafat y mi vida y mi muerte son para la Yamaat.”

 

También asistió al Yalsa de Alemania este año. Estaba muy ansioso por asistir aunque sus hijos le aconsejaron que no viajara porque estaba enfermo. Sin embargo, dijo que quería saludar al Jalifa. Por lo tanto, asistió al Yalsa de Alemania y se encontró conmigo allí, y esta fue la última vez que me vio.

 

Ella también dijo:

 

“Fue un excelente esposo y aprendí la importancia de la obediencia de él. Nunca mostró ninguna preocupación por su propia salud y bienestar en lo que respecta al trabajo de la Yama’at”.

 

El yerno de Suyuti Aziz Sahib, Zaki Sahib, dice:

 

“En 2005, cuando nos alertaron sobre la noticia de un ataque en nuestra sede, se ordenó a los Juddam que vinieran y la protegieran. También estuve allí y en ese momento Suyuti Sahib era el jefe de Tabligh y noté que nunca estaba asustado. Podía ir a media noche, reunirse  con los Juddam y darles valor. Noté que sentía un inmenso amor por el Jilafat. Decía que había consagrado su vida y, por lo tanto, todo lo que hacía era con la aprobación y la instrucción del Jalifa de la época. Sufrió un derrame cerebral en 2017 y durante algún tiempo no pudo hablar con claridad, pero a pesar de esto continuó estudiando y siempre mantenía el deseo ir a Yamia y enseñar a los estudiantes”.

 

Ahmad Sahib, el secretario de Tarbiyyat, escribe:

 

“Si alguna vez recibía un buen consejo, lo apreciaba abiertamente con mucho respeto y cada vez que se enfrentaba a alguna dificultad, pedía sugerencias con sinceridad”.

 

Ahmad Nur Sahib, un misionero, dice:

 

“Llevaba una vida muy sencilla y era muy respetable. A pesar de su vejez, era muy activo en su trabajo en la Yama’at como si fuera un hombre joven. Un consejo que me dio y que siempre recuerdo es que nunca me alejara de Dios y siempre Le suplicara porque Él nunca rechaza la oración de Sus siervos “.

 

Dice además:

 

“Cuando tuve mi entrevista para la clase de Shahid [el último año de Yamia Ahmadía], me aconsejó de una manera muy emotiva con lágrimas en los ojos y temblando, diciendo que ‘nunca abandonara mi Waqf [promesa de consagración de la vida], ya quien descarta su Waqf está entre los que incurren en grandes pérdidas”.

 

Otra persona ha escrito que Suyuti Sahib visitó Kindari y, al tiempo que daba varios consejos, dijo:

 

“Si algún misionero tiene algún problema interno o externo al tratar de conseguir que las personas se adhieran al sistema de la Yama’at, debéis continuar sin ningún temor porque tendréis la ayuda y el apoyo de Al-lah el Todopoderoso. Sin embargo, si los miembros de la Yama’at os critican debido a vuestras debilidades personales, debéis evaluar vuestra condición y lograr una mejora”.

 

Uno nunca debe preocuparse por el trabajo de la Yama’at, debéis tener plena confianza en Al-lah el Todopoderoso y tener intenciones puras. Sin embargo, si uno tiene alguna debilidad personal, entonces debe evaluar su condición.

 

Jalid Ahmad Jan Sahib, un misionero, escribe:

 

“Durante nuestra época como estudiantes en Yamia, Suyuti Sahib fue un brillante ejemplo para nosotros tanto espiritual como  moralmente. Hacía un gran esfuerzo por ofrecer las oraciones en congregación. Siempre llegaba a tiempo a la mezquita y  en ocasiones, llegaba mucho antes, y hasta su fallecimiento, a pesar de su mala salud, continuó con el hábito de esforzarse mucho por sus oraciones.

 

Otro misionero, Hashim Sahib escribe:

 

“Tuve el honor de recibir clases de Suyuti Aziz Sahib en la asignatura de Ilm-ul-Kalam. Durante sus clases tenía el hábito de hacer preguntas a los alumnos y elogiaba sus respuestas. Una vez, nos preguntó  cuál era la mayor prueba de la veracidad del Mesías Prometido (as). Todos citamos varios versículos del Sagrado Corán y presentamos referencias de los Ahadiz. Escuchando nuestras respuestas, nos dijo que nosotros somos la mayor prueba de su veracidad, es decir, cada áhmadi debe considerarse como la prueba más poderosa de su veracidad. Luego dijo que todos deberían elevarse a un estándar mediante el cual puedan ser signos de su veracidad”.

 

Este era su estilo de formación moral, es decir, si seguían por completo las enseñanzas del Ahmadíat, que es el auténtico islam, entonces ellos mismos se convertirán en el mayor signo de su verdad. Tal era su estilo de formación.

 

Escuchaba los sermones muy atentamente. Cuando escuchaba mis sermones, comentaba los distintos puntos del sermón con sus alumnos y se aseguraba de que tomasen notas. Siempre comprobaba si los estudiantes habían entendido o no el mensaje dado por el Jalifa y   aconsejaba a los estudiantes sobre la obediencia al Jilafat.

 

Shamsuri Mahmud Sahib,  un misionero, escribe:

 

“Suyuti Sahib fue una persona consagrada muy exitosa. En una ocasión, me aconsejó diciendo:

 

“Tras haber consagrado tu vida, debes de asegurarte de que no llegues a ser una persona negligente. Renunciar a tu dedicación es como abandonar la Yama’at, siempre recuerda este punto”. Luego repitió esta afirmación y vi que sus ojos estaban rojos y había lágrimas en ellos”.

 

Yusuf Ismael Sahib, quien también es misionero, escribe que cuando fue designado como misionero local, se reunió con él. Como Suyuti Sahib era Rais-ut-Tabligh, Yusuf Sahib fue a verle y le preguntó: “¿Por qué me has nombrado misionero regional? Tengo muchas debilidades y poca experiencia. No soy digno de servir como misionero regional. Hay muchos otros que están mejor cualificados que yo, podría nombrar a uno de ellos”. A esto Suyuti Sahib le respondió de manera simple pero honesta: “¿Quién te ha informado de que te han nombrado misionero regional por ser digno para el trabajo? Se te ha confiado esta tarea para que puedas aprender de esta capacidad y desarrollar el sentido de la responsabilidad”. Luego dijo: “Todos somos seres humanos débiles. Sin embargo, si tenemos una relación fuerte con Al-lah el Todopoderoso, entonces todas nuestras tareas se harán fáciles. Por lo tanto, siempre ten en cuenta que, tanto si sirves como un misionero local o no, siempre debes tener una fuerte conexión con Al-lah el Todopoderoso. Sólo entonces alcanzarás el éxito, y tus tareas te serán fáciles”

 

El director general de la MTA, Ajanur Sahib, dice:

 

“En una ocasión nos enfrentamos a una cierta dificultad por lo que le escribí para oraciones. No respondió de inmediato,  pero sin embargo, al día siguiente consiguió mi número de teléfono de alguien. Cuando me reuní con él, la primera pregunta que hizo fue que le había pedido oraciones a él, pero, ¿le había escrito a Hazrat Jalifatul Masih para oraciones? Cuando le dije que lo había hecho, se alegró y dijo que así era como debía ser. Incluso en ese momento tenía lágrimas en sus ojos. Uno puede medir su profundo amor por el Jilafat a través de su expresión.”  Del mismo modo, en diferentes ocasiones, siempre que se mencionaba el tema de establecer una relación con el Jilafat, la emoción le superaba.

 

Por la Gracia de Al-lah, el fallecido era un Musi [parte de la institución de Al-Wassiat]. Falleció en Rabwah, Pakistán, el 23 de noviembre. Su cuerpo fue trasladado de Pakistán a Indonesia y  enterrado el 24 de noviembre en el cementerio de Musian. Una gran congregación de miembros de la Yama’at asistió a su funeral.

 

¡Que Al-lah el Todopoderoso eleve su estatus y le conceda un elevado rango en los jardines del paraíso! ¡Que Dios conceda paciencia a todos los miembros de su familia y pueda permitir que sus hijos y descendientes sigan sus pasos!

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