Califas guiados – Hazrat Umar (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Califas guiados – Hazrat Umar (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes, 22 de octubre de 2021.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Sura Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo las siguientes palabras:

 En el sermón anterior mencioné la disputa entre Hazrat Ubaidul’lah bin Umar (ra) y Hazrat Uzman (ra) en relación con el martirio de Hazrat Umar (ra). En esa narración se relata -y solo Dios sabe cuánta verdad contiene- que también lucharon el uno con el otro. Así, ahora mencionaré algunos aspectos que han salido a la luz tras haber investigado más en profundidad sobre este asunto.

En un lugar se ha mencionado que Hazrat Uzman (ra) aún no había sido elegido como Jalifa (Sucesor) cuando Hazrat Ubaidul’lah bin Umar (ra) inició una disputa con él. En este sentido, ya mencioné anteriormente que Hazrat Ubaidul’lah (ra) tenía la intención de matar a todos los prisioneros que había en Medina. Los primeros “Muhayirin” (musulmanes que emigraron de La Meca a Medina) se juntaron y le hicieron cara, lo detuvieron y lo amenazaron.

Ante esto, Hazrat Ubaidul’lah (ra) dijo:

“¡Por Al’lah! Sin duda los mataré a todos”; es decir, que daría muerte a todos los prisioneros y esclavos. Ni siquiera consideró los sentimientos de los “Muhayirin”; tanto que Hazrat Amar bin Al-Aas (ra) discutió continuamente con él hasta que finalmente le entregó su espada. Después de esto, Hazrat Sad bin Abi Waqqas (ra) se le acercó para razonar con él, pero también se pelearon.

Como ya he mencionado, aparentemente estalló una pelea entre Hazrat Ubaidul’lah (ra) y Hazrat Uzman (ra), y la gente intentó resolver la disputa. Se afirma además que cuando ocurrió este incidente, la gente aún no había jurado lealtad a Hazrat Uzman (ra); o sea, todavía no había sido elegido como Jalifa, como ya expliqué anteriormente. Del mismo modo, también encontramos indicios de que Hazrat Ubaidul’lah (ra) fue encarcelado después de esto. Más tarde, una vez que la gente juró lealtad a Hazrat Uzman (ra) y este fuera elegido Jalifa, Hazrat Ubaidul’lah (ra) fue llevado ante Hazrat Uzman (ra), quien se dirigió a una reunión de “Muhayirin” y “Ansar” (musulmanes nativos de Medina) y les preguntó: “Dadme vuestra opinión con respecto a esta persona que ha causado tal desorden dentro del Islam”.

Entonces, Hazrat Ali bin Abi Talib (ra) dijo refiriéndose a Hazrat Ubaidul’lah bin Umar (ra):

“Va en contra de la justicia no responsabilizarlo y, en mi opinión, debería ser ejecutado”. Sin embargo, algunos “Muhayirin” consideraron que esta opinión era intolerable, dura y extrema, y añadieron que Hazrat Umar (ra) había sido asesinado el día anterior y que “¿acaso debería su hijo ser ejecutado ese mismo día?”. Esta objeción entristeció a las personas que estaban presentes y Hazrat Ali (ra) permaneció en silencio. No obstante, Hazrat Uzman (ra) deseaba que alguien de la reunión encontrara una solución a este delicado asunto y diera una sugerencia. Entonces, Hazrat Amar bin Aas (ra), que estaba entre los presentes en esta reunión, dijo lo siguiente: “Al’lah te ha mantenido al margen de este asunto, porque esto ocurrió cuando aún no eras el líder de los musulmanes y como este incidente no tuvo lugar durante tu Jalifato, la responsabilidad de esto no recae sobre ti”. De todas formas, Hazrat Uzman (ra) no estuvo satisfecho con esta opinión y consideró que era mejor pagar algo de dinero de sangre. En consecuencia exclamó: “Soy el tutor de los que fueron asesinados y, como tal, estableceré una cantidad de dinero de sangre y luego la pagaré de mi patrimonio personal”.

Esta es una opinión con respecto a todo este incidente.

Por su parte, según “Tarij Al-Tabari” (el libro de ‘Historia de Al Tabari’), Hazrat Uzman (ra) entregó a Hazrat Ubaidul’lah (ra) al hijo de Hormuzan para que matándolo pudiera vengar a su padre,  pero en cambio lo perdonó.

Al abordar la cuestión de si un musulmán puede ser castigado en represalia por matar a un incrédulo, Hazrat Musleh Maud (ra) también se ha referido al incidente antes mencionado. Aunque ya he narrado esto anteriormente en uno de los sermones, lo mencionaré aquí para aclarar más el asunto.

Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:

“En ‘Tarij Al-Tabari’, Qumazban bin Hormuzan relata el incidente de la muerte de su padre de la siguiente manera: ‘Hormuzan era un líder persa y tenía como fe la magia. Se  sospechó de él que estaba implicado en el asesinato de Hazrat Umar (ra). Posteriormente, sin realizar ninguna investigación y debido a sus intensas emociones, Hazrat Ubaidul’lah bin Umar (ra) mató a Hormuzan. La gente de Persia que vivía en Medina había desarrollado entre ellos una buena amistad porque, como es el caso, cuando uno viaja a otra tierra su etnia se vuelve aún más distintiva. Un día, Feroz, quien perpetró el asesinato de Hazrat Umar (ra), se encontró con mi padre y él tenía una daga consigo en ese momento y que había sido afilada por ambos lados. (El hijo de Hormuzan está narrando todo esto). Mi padre tomó la daga y le preguntó: ‘¿Qué haces con esta daga en esta tierra? Esta es una tierra donde hay paz, por lo tanto no hay necesidad de tal arma’. Tras esto, declaró que la utilizaba para guiar y tirar de los camellos. Mientras ambos hablaban entre sí, alguien los vio por casualidad. Más tarde, cuando Hazrat Umar (ra) fue martirizado, la persona que los había visto juntos afirmó haber presenciado personalmente a Hormuzan entregando la daga a Feroz. Tras esto, Ubaidul’lah, que era el hijo menor de Hazrat Umar (ra), mató a mi padre.

Cuando Hazrat Uzman (ra) se convirtió en Jalifa, me llamó y me entregó a Ubaidul’lah. Hazrat Uzman (ra) declaró: ‘¡Oh hijo mío! Él es quién mató a tu padre. Por tanto, tienes más derecho sobre él que yo, así que tómalo y mátalo’; y así, lo tomé y me dirigí fuera de la ciudad. Al hacerlo, todo aquel que me veía se me unía en el camino. Ninguno de ellos desafió mi decisión, aunque me pedían que lo dejara libre. Ante esto, me dirigí a todos los musulmanes allí presentes y les dije: ‘¿Tengo derecho a matarlo?’. Todos respondieron afirmativamente y que ejecutarlo era mi pleno derecho, y luego comenzaron a reprochar a Ubaidul’lah el mal que había cometido. Entonces, pregunté: ‘¿Tenéis derecho a liberarlo de mí?’. Todos respondieron: ‘¡No! Por supuesto que no’; y de nuevo, comenzaron a reprochar a Ubaidul’lah que había matado a mi padre sin ninguna prueba. Al escuchar aquello, lo dejé libre por amor a Dios y a esa gente. A continuación, por su gran alegría, los musulmanes me levantaron y me llevaron en volandas sobre sus hombros, y por Al’lah que llegué a mi casa siendo llevado encima de la cabeza y los hombros de la gente, ya que ni siquiera dejaron que mis pies tocaran el suelo’.

Esta narración muestra que era práctica de los Compañeros (ra) condenar también a muerte a un musulmán que hubiera matado a un no-musulmán. Además, está comprobado que, independientemente del método utilizado, esa persona sería ejecutada en represalia. Asimismo,  está probado que un asesino solo podía ser detenido y condenado a muerte por el Estado. Esto se debe a que es evidente por esta narración que Hazrat Ubaidul’lah bin Umar (ra) fue detenido por Hazrat Uzman (ra) y fue él mismo quien lo entregó al hijo de Hormuzan. Así pues, no fue un familiar de Hormuzan quien lanzó una acusación contra él o lo detuvo”.

Hazrat Musleh Maud (ra) relata además:

“Aquí es necesario aclarar la cuestión de si un asesino debe ser entregado a los herederos del asesinado para ser castigado, como hizo Hazrat Uzman (ra); o si el Estado debe ocuparse del castigo mismo. Hay que recordar aquí que se trata de una cuestión secundaria y que el Islam ha dejado que este asunto se determine según la necesidad del momento. El país puede adoptar lo que considere más eficaz en función de su sociedad y sus circunstancias. No hay duda de que estos dos métodos solo son beneficiosos en circunstancias específicas”.

Después de explicar esto con detalle, ahora narraré algunos otros relatos de la vida de Hazrat Umar (ra). La humildad y la modestia en el momento de su fallecimiento fueron tal que su hijo narra que le instruyó:

“Adopta la moderación al envolver mi cuerpo para el entierro, porque si Al’lah ha decretado prosperidad para mí, entonces Él concederá una mejor prenda en su lugar y si ese no es el caso, entonces Él me quitará esto y eso también ocurrirá muy rápidamente. Además, adopta la moderación con respecto a mi entierro, pues si Al’lah desea concederme prosperidad, me la expandirá hasta donde alcanza la vista y si este no es el caso la contraerá hasta el punto de aplastarme las costillas. Tampoco permitas que ninguna mujer acompañe mi funeral. Que no se me alabe por una cualidad que no poseía, porque Al’lah tiene el conocimiento completo sobre mí. Cuando me lleves para el entierro no camines rápido, ya que si Al’lah ha decretado la prosperidad para mí, entonces estarás llevándome hacia lo que es mejor para mí y si ese no es el caso podrás retirarme rápidamente el mal que llevas ; (o sea, cuando me lleves para el entierro camina rápido porque si Al’lah ha decretado prosperidad para mí me llevarás hacia lo que es mejor para mí y si ese no es el caso podrás rápidamente eliminar el mal que estás cargando)”.

Aparte de esto, también se menciona que Hazrat Umar (ra) les indicó que no lavaran su cuerpo con almizcle.

Hazrat Uzman bin Affan (ra) relata que fue a Hazrat Umar (ra) y en ese momento descansaba la cabeza sobre el muslo de su hijo, Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra). Hazrat Umar (ra) le dijo a Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) que pusiera su cabeza en el suelo. En este contexto, Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) declaró: “Mi muslo y el suelo están casi al mismo nivel”; (en otras palabras, apenas había distancia entre los dos). Hazrat Umar (ra) repitió estos dos o tres veces y luego dijo: “Por favor, coloca mi cabeza en el suelo”. Hazrat Umar (ra) luego juntó las piernas y el narrador afirma que le escuchó decir: “Mi madre y yo estaremos en la ruina si Dios Altísimo no nos concede Su perdón”. A continuación, Hazrat Umar (ra) falleció.

Hazrat Simak Hanafi (ra) relata que escuchó a Ibn Abbas decir en una ocasión a Hazrat Umar (ra):

“Dios estableció nuevas ciudades a través de tí, muchas conquistas tuvieron lugar a través de tí y tales logros se obtuvieron a través de tí”. Sobre esto, Hazrat Umar (ra) declaró: “Deseo alcanzar la salvación sin obtener recompensa alguna por esto, ni llevar la carga de ningún mal”.

En otras palabras, no se enorgullecía de estos grandes logros ni de las conquistas conseguidas, pero el temor y la presencia de Dios Altísimo reinaban sobre él, y solo le preocupaba el Más Allá.

Zaid bin Aslam relata de su padre que, cuando se acercaba la muerte de Hazrat Umar (ra), este exclamó:

“Tienes dudas sobre mi liderazgo. Por Al’lah, deseo buscar la salvación de tal manera que no quiero recibir ningún castigo ni recompensa”.

 Sobre esto, Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:

“Hazrat Umar (ra) pasó toda su vida preocupándose y cuidando de la religión del Islam. En todo momento ofrecía los sacrificios más sublimes. Con respecto a sus sacrificios, estos no estaban al mismo nivel que los de Hazrat Abu Bakar (ra), pero en cuanto a sus intenciones y motivos eran iguales. En el momento de la muerte de Abu Bakar (ra), las lágrimas comenzaron a fluir de los ojos de Hazrat Umar (ra) y dijo: ‘Que Dios Altísimo derrame Sus bendiciones sobre Abu Bakar (ra) porque en muchas ocasiones intenté superarlo y jamás lo conseguí. En una ocasión, el Santo Profeta (sa) pidió a la gente que presentara su riqueza y yo traje la mitad de la mía pensando que superaría a Abu Bakar (ra). Sin embargo, Abu Bakar (ra) ya estaba allí antes que yo, y como estaba emparentado con el Santo Profeta (sa), quien ya se imaginaba que no habría dejado nada en casa, aún así le preguntó: ‘Abu Bakar, ¿qué has dejado en casa?’. A esto respondió: ‘He dejado el nombre de Al’lah y Su Mensajero (sa)’. En ese momento, Hazrat Umar (ra) comenzó a llorar y dijo: ‘Incluso en esa ocasión, no pude superarlo’.”

Hazrat Musleh Maud (ra) dijo además:

“Ese era el nivel de los sacrificios de Hazrat Abu Bakar (ra). También ofreció sacrificios en el pasado, pero cuando se presentaba una ocasión especial, donaba toda su riqueza. Así pues, por un lado tenemos a tales personas, aunque al mismo tiempo están quienes ni siquiera aprovechan la oportunidad de presentar una décima parte de su riqueza como sacrificio y afirman que si lo hicieran se arruinarían”.

Hazrat Umar (ra) cuando supo que su muerte se acercaba, sus ojos se llenaban de lágrimas y decía:

“¡Oh Al’lah! No soy digno de ninguna recompensa y todo lo que pido es que me salve del castigo”.

 Hay algunos detalles en relación al funeral y entierro de Hazrat Umar (ra):

El hijo de Hazrat Umar (ra), Hazrat Abdul’lah (ra), realizó el “ghusal”, o sea, se encargó de lavar su cuerpo. Se relata de Ibn Umar (ra) que la oración funeraria de Hazrat Umar (ra) fue dirigida en la “Masyid Nabawi” [‘Mezquita del Profeta (sa)] por Hazrat Suhaib (ra). La oración de su funeral tuvo lugar en el área entre el púlpito y la tumba del Santo Profeta (sa).

Hazrat Yabir (ra) narra que las personas que finalmente bajaron a Hazrat Umar (ra) a la tumba fueron las siguientes: Uzman bin Affan (ra), Said bin Zaid, Suhaib bin Sinan y Abdul’lah bin Umar. Además de ellos, se mencionan los nombres de Hazrat Ali (ra), Hazrat Abdur Rahman bin Auf, Hazrat Sad bin Abi Waqqas, Hazrat Talha (ra) y Hazrat Zubair bin Al-Awam (ra).

Por su parte, el Mesías Prometido (as) declara:

“Ser enterrado en compañía de los justos también es una bendición. Con respecto a Hazrat Umar (ra) está escrito que, cuando su muerte era inminente, envió un mensaje a Hazrat Aisha (ra) solicitando permiso para ser enterrado en el espacio que había junto al Santo Profeta (sa). Hazrat Aisha (ra) se sacrificó por él y le concedió ese lugar. Hazrat Umar (ra) luego declaró: ‘Ya no tengo ninguna otra preocupación ahora porque seré enterrado junto al Santo Profeta (sa)’.”

En otro lugar, el Mesías Prometido (as) dice:

“Aquel que con la máxima devoción desarrolla un vínculo con Dios Altísimo nunca se extraviará, incluso si el mundo entero se pone en su contra. Aquellos que buscan establecer un vínculo con Al’lah nunca experimentan infortunio o pérdidas y Dios no abandona a Sus verdaderos fieles. ¡Al’lah es el Más Grande! ¡Qué enorme fue la sinceridad y la devoción de estos dos hombres [es decir: Hazrat Abu Bakar (ra) y Hazrat Umar (ra)]. Ambos fueron enterrados en una tumba tan bendita que si Moisés (as) y Jesús (as) estuvieran hoy vivos, expresarían el inmenso deseo de ser enterrados allí. No obstante, tal rango nunca se otorga debido a un anhelo o deseo sincero personal, sino por la misericordia eterna derramada por el Señor del Honor; y esta misericordia solo se concede a quienes son bendecidos con Sus Divinos favores desde el principio”.

 En una ocasión, Hazrat Musleh Maud (ra) afirmó:

“Cuando Hazrat Umar (ra) estaba cercano a su muerte, expresó su más sincero deseo de ser enterrado junto al Santo Profeta (sa). Por esta razón, envió un mensaje a Hazrat Aisha (ra) preguntándole si permitiría que lo enterraran en compañía del Santo Profeta (sa). Fue precisamente sobre este Hazrat Umar (ra) que los historiadores cristianos también escriben que su gobierno fue tal que no tiene parangón en el mundo. Por desgracia normalmente usan lenguaje obsceno contra el Santo Profeta (sa), pero elogian a Hazrat Umar (ra). Una persona que permaneció en su compañía en todo momento [o sea, la del Santo Profeta (sa)], anhelaba durante sus momentos finales tener un lugar cerca de los pies de Muhammad (sa). Si alguna acción del Santo Profeta (sa) hubiera demostrado que se esforzó por otra cosa que no fuera alcanzar el placer de Dios, entonces, después de haber alcanzado el rango que obtuvo, ¿habría Hazrat Umar (ra) deseado que se le diera un lugar cerca de los pies del Mensajero de Al’lah (sa)? Tal era el rango del Santo Profeta (sa), que Hazrat Umar (ra) expresó su deseo de ser enterrado cerca de sus pies”.

 Hay varias narraciones con respecto a la edad de Hazrat Umar (ra) en el momento de su fallecimiento y  existen diferencias de opinión en relación a su fecha de nacimiento. Según diversas narraciones encontradas en “Al-Tabari”, “Usad Al-Ghabah”, “Al-Bidayah wa Al-Nihayah”, “Al-Riyad Al-Nadirah” y en “Tarij Al-Julafa”, la edad de Hazrat Umar (ra) se menciona como 53, 55, 57, 59, 61, 63 y 65. Sin embargo, según narraciones de Sahih Muslim y Tirmizi, Hazrat Umar (ra) tenía 63 años en el momento de su muerte.

Hazrat Anas bin Malik (ra) narra que en el momento de su fallecimiento, el Santo Profeta (sa) tenía 63 años; que cuando murió Abu Bakar (ra) él también tenía 63 años; y que al fallecer Hazrat Umar (ra) también tenía 63 años.

Otras narraciones detallan los sentimientos de los Compañeros (ra) en el momento del fallecimiento de Hazrat Umar (ra). En este sentido, Hazrat Ibn Abbas (ra) narra:

“Cuando se colocó el cuerpo de Hazrat Umar (ra) para su oración fúnebre, la gente se apiló a su alrededor; y antes de que se llevaran el cuerpo oraron por él, y a continuación se ofreció su oración fúnebre. Yo también estaba presente entre la gente cuando una persona me agarró del hombro, lo que me sorprendió. Me volví y constaté que era Hazrat Ali bin Abi Talib (ra). Rezó para que Al’lah le concediera misericordia a Hazrat Umar (ra) y luego dijo: “¡Oh Umar! No hay nadie antes de ti y aparte de ti cuyas obras yo preferiría hacer y presentar ante Dios Altísimo. ¡Por Al’lah! Estoy seguro de que Dios te colocará junto a tus Compañeros [o sea, Hazrat Umar (ra) estará con el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakar (ra)]. En muchas ocasiones escuché al Santo Profeta (sa) decir: ‘Yo, Abu Bakar y Umar fuimos…; yo, Abu Bakar y Umar entramos…; yo, Abu Bakar y Umar salimos’…”, (es decir, el Santo Profeta (sa) usaba estas palabras cuando narraba incidentes).

Por su parte, Yafar bin Muhammad narra con la autoridad de su padre que cuando el cuerpo de Hazrat Umar (ra) fue lavado y envuelto en el sudario, lo colocaron en un camastro. Hazrat Ali (ra) se puso a su lado y lo elogió diciendo: “¡Por ​​Al’lah! No hay una sola persona en esta tierra cuyas buenas obras preferiría tener conmigo a la hora de presentarme ante Dios que las obras del que está envuelto en este sudario”.

Abu Majlad narra que Hazrat Ali bin Abi Talib (ra) declaró:

“El Santo Profeta (sa) aún no había fallecido cuando nos dimos cuenta de que, después de él, el mejor entre nosotros era Abu Bakar; y este aún no había fallecido cuando nos dimos cuenta de que Umar (ra) era el mejor entre nosotros después de Abu Bakar”.

 Por su parte, Zaid bin Wahab narra:

 “Una vez vinimos a ver a Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra), quien al mencionar a Hazrat Umar (ra) lloró tanto que las piedras del suelo se mojaron debido a sus lágrimas y luego dijo con respecto a Hazrat Umar (ra): ‘Umar era una sólida fortaleza para el Islam. La gente entraba en ella y no se iba (o sea, era una ciudadela inexpugnable en la que la gente entraba pero no salía). Pero cuando falleció, aparecieron grietas en dicha fortaleza y la gente comenzó a abandonar el Islam’.”

 Abu Wail narra que Hazrat Abdul’lah bin Masud (as) añadió:

 “Si el conocimiento de Umar se colocara en un lado de una escala y el conocimiento de todos los demás se colocara en el lado opuesto, el de Hazrat Umar sería mucho más pesado”.

 Abu Wail continúa diciendo:

 “Le mencioné esto a Ibrahim, a lo que contestó: ‘¡Por Al’lah! Eso es totalmente cierto. Aunque Abdul’lah bin Masud (ra) ha dicho algo incluso mejor que eso’. Le pregunté qué había dicho y me respondió: ‘Cuando Hazrat Umar (ra) falleció, Abdul’lah bin Masud (ra) dijo que era como si el noventa por ciento del conocimiento hubiera fallecido con él’.”

 Por su parte, Hazrat Anas (ra) narra que cuando Hazrat Umar (ra) fue martirizado, Hazrat Abu Talha exclamó:

 “No hay un solo hogar de entre los árabes o beduinos que esté libre del efecto devastador del martirio de Umar”; es decir, Hazrat Umar (ra) ayudaba a todo el mundo y sin duda que sentirían los efectos de dicha pérdida.

 Después del funeral de Hazrat Umar (ra), Hazrat Abdul’lah bin Salam (ra) se detuvo en su lecho y proclamó:

 “¡Oh Umar,  en verdad fuiste un gran hermano en el Islam! Defendiste con firmeza la verdad y fuiste feroz contra la falsedad. Dabas la aprobación cuando era oportuno y expresabas tu enfado cuando era el momento adecuado. Tu mirada era pura, eras una persona noble; no elogiabas en exceso, ni criticabas a nadie a sus espaldas”.

 En una narración se dice que cuando Hazrat Umar (ra) falleció, Hazrat Saeed bin Zaid (ra) comenzó a llorar y una persona preguntó:

 “¡Oh Abul Awar! ¿Por qué lloras?”. Él respondió: “Lloro por el Islam. Ciertamente, el fallecimiento de Hazrat Umar (ra) ha dejado un vacío dentro del Islam que no se llenará hasta el Día del Juicio Final”.

 Hazrat Ibn Umar (ra) declaró:

 “Durante la vida del Santo Profeta (sa) decíamos que, después de él, el mejor entre ellos era Abu Bakar, luego Hazrat Umar y después Hazrat Uzman; y Hazrat Hudaifah (ra) decía que durante la época de Hazrat Umar (ra), el ejemplo del Islam era como el de una persona que se dirigía hacia el camino del éxito y la prosperidad, pero al ser martirizado fue como si ese éxito se invirtiera y entrara en constante regresión”.

  En cuanto a las esposas e hijos de Hazrat Umar (ra) se menciona que tuvo un total de diez esposas, de las cuales nacieron nueve hijos y cuatro hijas:

 Una de ellas fue Hazrat Hafsa (ra), que tuvo el honor de ser esposa del Santo Profeta (sa). La primera esposa de Hazrat Umar (ra) fue Hazrat Zainab bin Mazun, quien era hermana de Hazrat Uzman bin Mazun (ra) y con ella tuvo a Abdul’lah, Abdur Rahman, Akbar y Hazrat Hafsa (ra). Otra de sus esposas fue Hazrat Umm Kulzum bint Ali bin Talib (ra), de quien tuvo a Zaid, Akbar y Ruqayah. Luego, de Mulaika bint Jarwal, que también era conocida como Umm Kulzum, tuvo a Zaid, Asghar y Ubaidul’lah. Otra esposa más fue Kuraibah bint Abu Umayah Majzumi. Por otro lado, como Mulaikah y Kuraibah no aceptaron el Islam, Hazrat Umar (ra) se divorció de ambas en el año 6 dH. Otra esposa fue Hazrat Yamila bint Zabit (ra), su nombre era Asiyah, pero el Santo Profeta (sa) le dio el nombre de Yamilah y era la hermana de Hazrat Asim bin Zabit (ra), que participó en la Batalla de Badar y con ella tuvo un hijo llamado Asim. Luego, de Lauhiyah tuvo un hijo llamado Abdur Rahman Ausat. En cuanto a la primera, se dice que era “Umm Walad”, lo que significa que cuando uno se casa con una concubina y tiene un hijo de ella, queda libre; aunque había otra “Umm Walad”, con la cual tuvo un hijo llamado Abdur Rahman Asghar. Finalmente, de Hazrat Umm Hakim bint Hariz (ra) tuvo a Fátima; de Fuqaihah tuvo a Zainab y de Hazrat Atiqah bint Zaid (ra) tuvo un hijo llamado Iyad.

 Edward Gibbon, célebre orientalista, escribe elogiando a Hazrat Umar (ra):

“La abstinencia y la humildad de Umar no eran inferiores a las virtudes de Abu Bakar, pues su comida consistía en pan de cebada o dátiles; su bebida era agua; predicaba con una toga rota o hecha jirones en doce lugares diferentes; y un gobernador persa, que le rindió homenaje como conquistador que era, lo encontró dormido entre los mendigos en las escaleras de la mezquita de los musulmanes. La economía es la fuente de la generosidad y el aumento de los ingresos permitió a Umar (ra) establecer una recompensa justa y vitalicia por las necesidades pasadas y presentes de los fieles. Despreocupado por sus propios honorarios, asignó a Abbas, el tío del Profeta, la primera y más amplia asignación que consistía en veinticinco mil dirhams de piezas de plata. A cada uno de los Compañeros ancianos guerreros que participaron en el campo de batalla de Badar se le asignó cinco mil, y el último y más mezquino de los Compañeros de Muhammad fue distinguido con una recompensa anual de tres mil piezas”.

Michael H. Hart escribió un libro titulado “Las 100 personas más influyentes de la historia” y ha situado al Santo Profeta (sa) en el número uno y a Hazrat Umar (ra) en el número 52. Escribe:

“Umar Ibn Al-Jattab fue el segundo, y probablemente el más grande, de los califas musulmanes. Era un joven contemporáneo de Muhammad y, al igual que el Profeta, nació en La Meca. Se desconoce el año de su nacimiento, pero tal vez fuera hacia el 586 dC. Al comienzo, Umar fue uno de los más acérrimos opositores de Muhammad y su nueva religión. No obstante, inesperadamente, Umar cse onvirtió al Islam y a partir de entonces fue uno de sus más firmes defensores. El paralelismo con la conversión de San Pablo al cristianismo es sorprendente. Umar se convirtió en uno de los consejeros más cercanos del Profeta Muhammad y lo siguió siendo durante toda la vida de Muhammad.

 En el año 632 de la era cristiana, Muhammad murió sin haber nombrado un Sucesor. Umar apoyó rápidamente la candidatura de Abu Bakar, estrecho colaborador y suegro del Profeta; y ello evitó una lucha de poder”.

Michael H. Hart escribe desde su propia perspectiva y no estaba dispuesto a creer que la gente se reunió y eligió a un Jalifa. De todas formas, desde su perspectiva mundana escribe:

“Umar juró lealtad al suegro del Profeta. Esto evitó una lucha de poder y permitió que Abu Bakar fuera reconocido universalmente como el primer Jalifa, es decir, como el ‘Sucesor’ de Muhammad. Abu Bakar fue un líder exitoso, pero murió tan solo dos años después de ser nombrado Jalifa. Al final, eligió específicamente a Umar  -que también era suegro del Profeta- para sucederle, por lo que una vez más se evitó una lucha de poder”.

Una vez más, Michael H. Hart desea dar su propia perspectiva mundana sobre el asunto. En este contexto, elogia sin duda a Hazrat Umar y continúa diciendo:

“Umar se convirtió en Jalifa en el año 634 dC. y conservó el poder hasta el 644, cuando fue asesinado en Medina por un esclavo persa. En su lecho de muerte, Umar nombró un comité de seis personas para elegir al siguiente Sucesor, con lo que se evitó de nuevo un conflicto armado por el poder. El Consejo eligió a Uzman, el tercer Califa, que gobernó de 644 a 656”.

Además escribe:

“Fue durante los diez años del califato de Umar cuando se produjeron las conquistas más importantes de los árabes, pues  poco después de su llegada, los ejércitos árabes invadieron Siria y Palestina, que en aquella época formaban parte del Imperio Bizantino. En la Batalla de Yarmuk (año 636), los árabes obtuvieron una aplastante victoria sobre las fuerzas bizantinas. Damasco cayó ese mismo año y Jerusalén se rindió dos años después. En 641 los árabes habían conquistado toda Palestina y Siria, y avanzaban hacia la actual Turquía; y en el año 639 los ejércitos árabes invadieron Egipto, que también había estado bajo dominio bizantino. En tres años, la conquista árabe de Egipto se completó.

 Los ataques árabes a Irak, que por aquel entonces formaba parte del imperio sasánida de los persas, habían comenzado incluso antes de que Umar asumiera el cargo. La crucial victoria árabe en la Batalla de Qadisiyah (año 637) se produjo durante el reinado de Umar. En el año 641 de la era cristiana, todo Irak estaba bajo control árabe; y eso no fue todo: los ejércitos árabes invadieron la propia Persia y en la Batalla de Nehavend (año 642) derrotaron enérgicamente a las tropas del último emperador sasánida. Cuando Umar murió, en el año 644, la mayor parte del oeste de Irán había sido invadido y los ejércitos árabes no se quedaron sin ímpetu cuando murió Umar, puesto que en Oriente concluyeron la conquista de Persia de forma muy rápida y en Occidente continuaron su avance por el norte de África”.

Michael H. Hart nos dice además:

“Tan importante como el alcance de las conquistas de Umar es su continuidad. Irán, aunque su población se convirtió al Islam, acabó recuperando su independencia del dominio árabe. Pero Siria, Irak y Egipto nunca lo hicieron. Esos países se arabizaron completamente y siguen estándolo hasta hoy”.

Después relata:

“Umar, por supuesto, tuvo que idear políticas para gobernar el gran imperio que sus ejércitos habían conquistado, por lo que decidió que los árabes debían ser una casta militar privilegiada en las regiones que habían conquistado y que debían vivir en fuertes, apartados de los nativos. Los pueblos sometidos debían pagar un tributo a sus conquistadores musulmanes -en su mayoría árabes-, pero por lo demás debían ser dejados en paz. En particular, no fueron obligados a convertirse al Islam. De lo anterior, se desprende que la conquista árabe fue más una guerra nacionalista que una guerra religiosa, aunque el aspecto religioso formó parte de ella.

 Los logros de Umar fueron ciertamente impresionantes. Después de Muhammad mismo, él fue la principal figura en la difusión del Islam. Sin sus rápidas conquistas, es dudoso que el Islam se hubiese extendido tanto como lo ha hecho en la actualidad. Además, la mayor parte del territorio conquistado durante su reino ha permanecido árabe desde entonces. Obviamente, Muhammad, el principal impulsor, debe recibir la mayor parte del crédito por estos acontecimientos, aunque sería un grave error ignorar la contribución que hizo Umar. Las conquistas que realizó no fueron una consecuencia automática de la inspiración conferida por Muhammad, ya que una parte de la expansión probablemente hubiese tenido lugar de cualquier manera, pero no en una extensión tan amplia como lo hizo bajo el liderazgo brillante de Umar”.

Luego añade:

“Puede sorprender a algunos que Umar -una figura virtualmente desconocida en Occidente -haya sido clasificado por encima de figuras tan famosas como Carlo Magno y Julio César. No obstante, las conquistas que realizaron los árabes bajo Umar, teniendo en consideración tanto su tamaño y su duración, son sustancialmente más importantes que las de César o el propio Carlo Magno”.

 Por otra parte, el profesor Philip K. Hitti escribe en su libro “Historia de los árabes”:

“Simple y frugal en sus métodos, el sucesor energético y talentoso del Profeta, Umar (desde el año 634 hasta el 644), que era muy alto, de constitución fuerte y cabeza calva, continuó durante un tiempo, después de convertirse en Jalifa, financiando sus gastos a través del comercio y vivió su vida sin ostentación como un ‘sheij’ beduino. De hecho, Umar, cuyo nombre, según la tradición musulmana, es el mejor en la primera época del Islam después de Muhammad, ha sido idolatrado por los escritores musulmanes por su piedad, justicia y simplicidad patriarcal, y también considerado como la personificación de todas las virtudes que un Jalifa debería poseer”.

Además escribe:

“Su carácter intachable fue un ejemplo para todos los Sucesores diligentes que le siguieron. Poseía, se nos ha dicho, solo una camisa y un manto, ambos reconocidos por sus remiendos; dormía sobre un lecho de hojas de palmera y no le preocupaba otra cosa que mantener la pureza de la fe, la justicia, el ascenso y la seguridad del Islam y de los árabes”.

Estos relatos continuarán y, si Dios quiere seguiré, relatándolos en los sermones futuros.

A continuación, mencionaré los detalles de algunos miembros fallecidos de la Yamat:

El primero es de la respetable Sahibzadi Asifa Masud Begum Sahiba, mujer de Mirza Mubashar Ahmad Sahib, que era hijo de Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra). Falleció recientemente a la edad de 92 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él retornaremos!

Era nieta del Mesías Prometido (sa) y la hija más jóven de Hazrat Nawab Mubarka Begum Sahiba (ra) y Hazrat Nawab Muhammad Ali Jan Sahib (ra). También fue la nuera de Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra). Por la gracia de Dios Altísimo, era “musia”. Le sobreviven un hijo y cuatro hijas.

Su hijo, Tariq Akbar, dice:

“Mi madre siempre permaneció fiel a la Comunidad, el Jalifato y el Jalifa de la época. Siempre se esforzó por servir a la Yamat y cumplir su pacto del ‘Wasiyat’. Pagó el ‘Hisa Yaidad’ durante su vida (que consiste en pagar una décima parte de tu propiedad una vez hayas fallecido como parte de tu promesa de Wasiyat). Cada año, ofrecía donaciones de parte de los fallecidos. Era generosa a la hora de ayudar a los pobres y lo hacía en secreto. A menudo me decía que los trabajadores ‘son como mis hermanos y hermanas’ y que debía cuidar de ellos. Siempre mantenía una buena relación con sus familiares y se aseguraba de que ningún daño les perturbara. Era regular en ofrecer sus oraciones y cumplía con los derechos correspondientes a Dios y los debidos a Su creación”.

Su nuera, Naima Sahiba, escribe:

“Cuando nuestra casa fue construida en Estados Unidos, nos aconsejó que antes de comprar muebles, deberíamos ofrecer oraciones voluntarias en cada habitación y rincón de la casa. Tras el fallecimiento de mi madre, me dijo: ‘Nunca te consideres huérfana de madre, porque yo soy como tu madre’. Ciertamente, su bella y cariñosa personalidad y su devoción eran tales que me mostró más afecto que incluso a sus propias hijas. Siempre me aconsejaba que jamás cortara los lazos con el Jalifato”.

Estaba emparentada conmigo porque era la hermanastra de mi abuelo paterno y como tal le llamábamos “dadi” (abuela). También era mi tía materna y paterna; aunque su nuera dice que, a pesar de estas relaciones, siempre me decía que era obediente al Jalifato. Esto no era una declaración vacía, sino que ciertamente hizo justicia a su vínculo con el Jalifato. Realizó muchas donaciones y ofrecía contribuciones para “Tahrik-e-Yadid” por parte de los ancianos, profesores e incluso trabajadores de Qadián. Cuando un trabajador se iba, se despedía de ellos ofreciéndoles una cantidad generosa y les pedía perdón por cualquier error que hubiese hecho en el pasado”.

Su hija llamada Shahida cuenta:

“Nuestra madre nos presentó a Dios Altísimo desde una edad temprana y dijo que incluso si necesitábamos algo tan insignificante como un cordón de zapato, debíamos pedírselo a Al’lah. Nos aconsejó que nos centráramos en las oraciones y enfatizó la importancia de mantener el honor del Jalifato. Cuando tuvieron lugar las elecciones del Jalifa, nos dijo que debíamos obedecer de todo corazón a quienquiera que fuese elegido como tal. Además nos dijo que oráramos para convertirnos en una rama fértil del Mesías Prometido (as), en lugar de ser una rama seca y marchita que haga que otros flaqueen”.

Luego, su hija Nusrat Yahan dice:

“Desde nuestra infancia, siempre tuvo en mente nuestra formación. Si estaba recitando el Corán, se detenía en un versículo en concreto y nos explicaba su significado, o nos daba algún consejo en relación a ello; y siempre recordaba con cariño a nuestros mayores, ya que tenía una memoria vívida de muchas de sus anécdotas singulares y que estaban llenas de consejos, y a menudo nos las contaba”.

La Sadar Sahiba Lallna (presidenta de las mujeres áhmadis) del distrito de Lahore, Fauzia Shamim Sahiba, hija de Nawab Amatul Hafiz Begum Sahiba, nos relata:

“Era una mujer extraordinaria, pues siempre que había una solicitud para que hiciera una contribución financiera, mostraba satisfacción y hacía donaciones generosas. Hacía promesas verbalmente para hacer contribuciones o por escrito en un pequeño trozo de papel y ofrecía grandes sumas de dinero. Aparte, mientras lo hacía, pedía que no se mencionara a nadie. Vivía una vida sencilla y dirigía sus asuntos personales con modestia. De hecho, algunas personas pensaban que vivía muy humildemente, pero a pesar de que llevaba una vida muy sencilla, era muy generosa cuando se trataba de realizar donaciones. En una ocasión realicé un a solicitud para recaudar contribuciones en nuestra zona en vistas a construir una mezquita. Al enterarse de ello, envió una gran suma de dinero de aproximadamente 10 millones de rupeas”.

Su nieta llamada Razia relata:

“Desde que éramos pequeños, siempre nos hablaba sobre las virtudes morales y nos guiaba. Nos aconsejó que rezáramos desde una edad temprana por un futuro próspero y además nos aconsejó que oráramos para encontrar un marido virtuoso. Cuando mostrábamos timidez, debido a que eramos pequeñas, nos decía que ante Dios Altísimo no hacía razón para ser tímidos y que deberíamos suplicar con sinceridad. Leía literatura religiosa con regularidad y a menudo, durante sus viajes, recitaba oraciones o súplicas”.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y permita a sus hijos y a las generaciones futuras seguir sus pasos!

La siguiente mención es para la respetable Klara Aapa Sahiba, mujer de Rolan Seisenbayev Sahib, que fue anteriormente Amir de la Comunidad en Kazajistán. Falleció recientemente:

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y a Él retornaremos!

Ataur Rabb Chima Sahib, misionero de Kazajistán, escribe:

“Klara aceptó el Ahmadíat en 1994/95. Procedía de una familia reconocida de Kazajistán. Su marido, el respetable Rolan Seisenbayev Sahib, fue el primer Amir de la Comunidad en Kazajistán y además fue consejero del presidente del país y un escritor kazajo famoso. La propia Klara Sahiba era también una prominente traductora y escritora. Tanto Klara Sahiba como su marido jugaron un papel vital en el establecimiento de la Yamat en Kazajistán. La respetable Klara Sahiba tradujo el Sagrado Corán en kazajo y a pesar de que no pudo publicarse, demostró cuando amor sentía por la Comunidad y su deseo de verla florecer en Kazajistán, y realizó un gran esfuerzo por lograrlo. Incluso en su oposición a la Yamat, los clérigos locales siempre mencionaban que esta familia era áhmadi y que habían sido responsables del establecimiento del Ahmadíat en Kazajistán”.

La hija de Klara Sahiba, Marhaba Seisenbayeva, escribe:

“Era muy buena traductora, tenía muchos talentos, una gran personalidad y un buen carácter. En 1995, fue una de las fundadoras del Centro Cultural de Kazajistán llamado ‘Casa de Abai’. Durante su estancia en Londres, escribió un libro titulado ‘Kazajistán’ y fue en ese momento cuando se le presentó la Comunidad y pudo jurar lealtad a manos del Cuarto Jalifa (rh). Fue una madre no solo para sus hijos, sino también para todos los que acudían a ella en busca de ayuda o consejo”.

Nurym Taibek Sahib, consagrado de Kazajistán y que vive en Londres, escribe:

“Fue una figura maternal para los jóvenes áhmadis, así como para todos los miembros de la Yamat en Kazajistán. De los 10 años que he llegado a conocer a Klara Sahiba, ya en los tres primeros observé que era sumamente apasionada y diligente. A veces, se ponía de pie como una montaña en defensa de la Comunidad y estaba muy ocupada en servir a la Yamat. Sin embargo, más tarde estuvo enferma durante una época y al mismo tiempo se dedicó a la preparación de varios libros, etc. Pero siempre fue su deseo constante el servir al Jalifato tanto como fuera posible y seguir siendo sincera con el Jalifato y la Comunidad.

Rolan Sahib y Klara fueron reconocidos como símbolos del amor a la nación kazaja y del éxito y el excelente progreso de dicha nación. Klara Sahiba contribuyó enormemente a los éxitos de Rolan Sahib y él está en deuda con ella, ya que no solo fue una Sadar Lallna muy activa, sino que fue la mentora del primer Amir de la Yamat de Kazajistán. Recuerdo cómo desde 1996 hasta 1999, o incluso después, organizaba magníficamente una clase semanal para Lallna en la casa-misión, se aseguraba su asistencia y en la que Lallna hacía preguntas al misionero y recibía sus respuestas. No hubo mejor traductora de la literatura de la Comunidad que Klara Sahiba,  quien era la mejor áhmadi entre los ancianos áhmadis y una fuente de poder espiritual para los jóvenes áhmadis. Ella encarnaba los valores de la Yamat, o en otras palabras, encarnaba el verdadero espíritu del Islam. Incluso en los momentos de dificultad, nunca perdió su fuerza y se condujo a sí misma y a todos los demás hacia el éxito”.

¡Que Dios le conceda su misericordia y perdón! ¡Que Él permita que sus esfuerzos por la difusión del Ahmadíat en Kazajistán tengan éxito y que acepte sus oraciones!

A continuación mencionaré al comandante del aire Abdul Rashid Sahib, que falleció el mes pasado:

¡En verdad a Al’lah pertenecemos y hacia Él retornaremos!

Por la gracia de Dios era “musi”.

Su hijo, Faruq, dice:

“Su padre se llamaba Babu Sheikh Abdul Aziz, que fue secretario del Majlis Karpardaz; y su tío paterno se llama Farzand Ali Khan, que fue nombrado primer Amir de Lahore en la historia de la Comunidad por Hazrat Musleh Maud (ra). Su padre hizo el Baiat a manos de Hazrat Musleh Maud (ra) en su juventud”.

Además dice sobre su padre:

“Rashid Sahib era el único hijo de sus padres. Su padre se casó inicialmente y luego aceptó el Ahmadíat, debido a lo cual su esposa lo dejó y se llevó a sus dos hijas. Luego se casó por segunda vez, esposa de la que nació Rashid Sahib. Era muy obediente con sus padres y siempre les servía con diligencia. Hasta la partición, estudió en Qadián. Cuando se produjo la partición, llegó a Lahore con los convoyes de otras familias y luego fue a Rabwah con sus padres y otros primeros colonos.

Más tarde, alrededor de 1954, obtuvo un puesto en el ejército del aire y fue destinado a varias bases aéreas. Dondequiera que vivía declaraba abiertamente que era áhmadi. El gobierno pakistaní lo envió a Libia para una misión de deportación, a pesar de que en su expediente figuraba claramente que era un ‘qadiani’ y no se le permitía ir. Sin embargo, su oficial superior lo siguió enviando y decía que no hay otro oficial de su calibre.

Mi padre me contó una vez que tuvo que reunirse con el embajador de Pakistán en Libia. Cuando entró en el despacho del embajador, vio que había algunos libros y panfletos impresos en lengua árabe en contra de la Comunidad. Con gran valentía, preguntó al embajador por esa literatura y por qué estaba presente allí. El embajador respondió diciendo que no había que preocuparse y que todo era literatura sin sentido. El gobierno de Zia ul Haq lo imprimió y lo envió para que se distribuyera en estos países, así como en otras embajadas árabes.

Luego dice que en 1982, después de uno de sus informes, cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) estaba en España, Hazur (rh) escribió una carta con su propia mano nombrándolo Amir de Libia y así se convirtió en el primer Amir de ese país. Además de ofrecer las oraciones, como es el deber de un creyente, era muy regular en la recitación del Sagrado Corán y en dar limosna. Incluso antes de su fallecimiento, se aseguró de pagar su ‘Hisah Aamad’ (la cuota mensual de chanda Wasiyat que consiste en una décima parte de nuestros ingresos). También donaba para el ‘Waqf-e-Yadid’ y el ‘Tahrik-e-Yadid’ de su parte y en nombre de otros miembros mayores”.

Su hijo dice que le contó un incidente de Hazrat Jalifatul Masih II (ra) y le escribió diciendo que en una ocasión, en los primeros días de Rabwah, Hazrat Jalifatul Masih II (ra) le llamó durante los meses de verano: “Cuando mi padre entró en la habitación, Su Santidad (ra) estaba tumbado en una alfombra de ramas de palmera y cuando se levantó, la alfombra de palma le había dejado marcas en el cuerpo”. Dice que a partir de estas conversaciones desarrollaron un fuerte vínculo de amor y obediencia hacia el Jalifato en sus corazones, y que ello tuvo un profundo impacto en ellos.

Se retiró como jefe de escuadrón del Ejército del Aire en 1984 y se fue a vivir a Rabwah. Prestó servicios en los departamentos de Sadar Umumi y la oficina del Qaza durante algún tiempo. Se ocupaba de los pobres y atendía las necesidades de todo el mundo. Su hijo dice que el último consejo que dio antes de partir fue que se ocupara de los pobres.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y permita a sus hijos continuar con sus buenas acciones!

El siguiente funeral es el de Zubaidah Begum Sahiba, esposa de Karim Ahmad Naim Sahib de Estados Unidos. Ella también falleció el mes pasado:

¡Ciertamente venimos de Dios y hacia a Él volveremos!

 Era la nuera más joven del Dr. Hashmatullah Khan Sahib, una ferviente devota del Jalifato y una mujer muy piadosa y sincera. Por la gracia de Al’lah era “musia” (parte del sistema Al-Wasiyat). Le sobreviven tres hijos y dos hijas. Uno de sus hijos es Munim Naim Sahib, presidente de Humanity First de Estados Unidos. También era la suegra del Dr. Abdul Mannan Siddiqi Shahid Sahib.

Su hija, Amatul Shafi, esposa del Dr. Abdul Mannan Siddiqi Sahib, escribe:

“Tenía la costumbre de mostrar amor a todo el mundo, rezaba por ellos, les daba consejos y siempre cuidaba de los pobres. Poseía la particularidad de ser muy cariñosa con todos los familiares, fueran o no parientes cercanos. Desde que era joven era muy regular en ofrecer la oración de ‘tahayud’. Pasó su vida depositando su confianza solo en Dios Altísimo. Desde nuestra infancia observamos que se pasaba los viernes rezando fervientemente. Siempre tuvo la preocupación de dar sus limosnas a tiempo”.

¡Que Dios Altísimo le conceda su perdón y misericordia, y permita a sus hijos continuar con sus buenas acciones!

El siguiente funeral es el de Hafiz Ahmad Guman Sahib, que falleció recientemente:

¡Ciertamente venimos de Al’lah y hacia Él volveremos!

Tenía un especial interés en leer la traducción y el comentario del Sagrado Corán, y leyó todos los libros del Mesías Prometido (as). Tuvo el honor de servir a su fe en Rabwah. Era muy puntual, hospitalario, amable con los niños, extremadamente modesto y muy trabajador. Siempre estaba ocupado en el recuerdo de Al’lah. Una cualidad distintiva suya era su servicio a la creación de Dios y soportaba sufrimientos a fin de dar consuelo a los demás. Era “musi” por la gracia de Al’lah. Le sobreviven su esposa, tres hijos y tres hijas. Uno de sus yernos, Kashif Hamid Bajwa, sirve aquí como misionero en la Oficina del secretario privado (de Hazur).

La hija de Hafiz Sahib, Amatul Quddus, dice:

“La humildad y la modestia eran sus señas de identidad. Llevaba ropa modesta, su casa era modesta, su comida era sencilla y siempre evitaba la arrogancia, y en todo momento se preocupó por ayudar a los pobres. A pesar de sus limitados medios, gastaba poco en sí mismo y más en los pobres”.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y permita a sus hijos continuar con sus buenas obras!

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando incidentes de la vida de Hazrat Umar (ra).

Tratamiento dado a Ubaidul’lah bin Umar

Su Santidad (aba) dijo que después del martirio de Hazrat Umar (ra), Ubaidul’lah bin Umar se dispuso a no dejar ni un solo prisionero o esclavo con vida; se había encargado de matar a quienes conspiraron en contra su padre (es decir, Hormuzan y Yufaynah). Varios compañeros veteranos intentaron hablar con él para que entrara en razón, pero no cambió su postura. En ese momento, Hazrat Uthman (ra) aún no había sido elegido como el siguiente Jalifa. Se ha registrado que Ubaidul’lah fue tomado como prisionero. Después de que Hazrat Uthman (ra) se convirtiera en Califa, Ubaidul’lah fue llevado ante él y Hazrat Uthman (ra) pidió consejo sobre lo que debía hacerse con él. Algunos sugirieron que se le aplicara la pena de muerte. Otros decían que había que dejarle en libertad. Sin embargo, según una narración, Hazrat Uthman (ra) determinó una cantidad como dinero de sangre que debía pagar Ubaidul’lah bin Umar.

Su Santidad (aba) dijo que hay otra narración en la que se afirma que Hazrat Uthman (ra) entregó a Ubaidul’lah bin Umar al hijo de Hormuzan y le dejó determinar el destino de Ubaidul’lah. Se dice que el hijo de Hormuzan preguntó a los compañeros si tenía o no derecho sobre Ubaidul’lah, y ellos respondieron afirmativamente. A partir de ese momento, los hijos de Hormuzan le perdonaron y le dejaron marchar, y los compañeros se alegraron de su decisión. Su Santidad (aba) citó al Segundo Califa (ra), quien dijo que es evidente que a través del ejemplo de los compañeros, queda claro que en tales casos, la acción contra el culpable debe ser determinada sólo por el estado, y no se debe actuar a nivel individual.

Humildad de Hazrat Umar (ra)

Su Santidad (aba) dijo con respecto a la humildad de Hazrat Umar (ra) que él había pedido que su ataúd se mantuviera simple y que no se le alabara excesivamente ni se mencionara ninguna cualidad que no poseyera.

Su Santidad (aba) dijo que una vez el hijo de Hazrat Umar (ra) le dijo que a través de él, el Islam se extendió a muchas tierras nuevas. Hazrat Umar (ra) respondió que no deseaba enorgullecerse de estos logros, sino que sólo deseaba centrarse en el temor a Dios.

Nivel de Sacrificio de Hazrat Umar (ra)

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Umar (ra) deseaba alcanzar grandes alturas en su nivel de sacrificio. Hazrat Abu Bakr (ra) era el estándar más alto de presentación de sacrificios, y por lo tanto Hazrat Umar (ra) tenía la intención de superar o alcanzar ese mismo nivel. Una vez, cuando el Santo Profeta (sa) hizo un llamamiento para que se presentaran sacrificios financieros, Hazrat Umar (ra) tuvo la intención de hacer más que Hazrat Abu Bakr (ra). Así, presentó la mitad de lo que poseía en casa. Sin embargo, Hazrat Abu Bakr (ra) presentó todo lo que tenía sin dejar nada en casa. Sin embargo, la intención y las acciones de Hazrat Umar (ra) eran presentar el mayor nivel de sacrificio que pudiera.

Su Santidad (aba) dijo que antes de su fallecimiento, Hazrat Umar (ra) tenía un ardiente deseo de ser enterrado cerca del Santo Profeta (sa). Una persona de tan gran estatura como Hazrat Umar (ra), sólo deseaba ser enterrado en la proximidad de su maestro. Esto demuestra que Hazrat Umar (ra) sólo deseaba alcanzar la complacencia de su Señor y esta era su motivación para todo lo que hacía.

Funeral de Hazrat Umar (ra)

Su Santidad (aba) dijo que en el funeral de Hazrat Umar (ra), Hazrat Ali (ra) rezó por él y dijo que siempre pensó que sería enterrado cerca del Santo Profeta (sa). De hecho, a menudo oía al Santo Profeta (sa) referirse a sí mismo, a Hazrat Abu Bakr (ra) y a Hazrat Umar (ra) en la misma frase.

Su Santidad (aba) dijo que otro compañero expresó que Hazrat Umar (ra) era como una poderosa fortaleza para el Islam, en la que la gente entraba pero no salía. Otro compañero expresó que con el fallecimiento de Hazrat Umar (ra), nueve de cada diez partes del conocimiento también habían partido del mundo. También se dijo que no había un solo hogar que no se viera afectado por la ausencia de Hazrat Umar (ra), ya que solía ayudar a mucha gente.

Su Santidad (aba) dijo que a lo largo de su vida, Hazrat Umar (ra) tuvo diez esposas en diferentes momentos, de las que tuvo nueve hijos y cuatro hijas.Testimonio de escritores renombrados sobre las cualidades de Hazrat Umar (ra)

Su Santidad (aba) citó al escritor Edward Gibbon que escribió sobre las excelentes cualidades de Hazrat Umar (ra). Escribió que Hazrat Umar (ra) se preocupaba por todos, y establecía estipendios para ayudar a los demás, mientras que no se preocupaba por sí mismo.

Su Santidad (aba) dijo que al hacer una lista de las 100 personas más influyentes del mundo, Michael H. Hart incluyó al Santo Profeta (sa) como la persona más influyente de la historia, mientras que incluyó a Hazrat Umar (ra) en el número 52. Escribe que inicialmente Hazrat Umar (ra) había sido uno de los más acérrimos opositores al Islam, pero que después de aceptar el Islam, se convirtió en uno de sus más firmes partidarios. Comparó la aceptación del Islam por parte de Hazrat Umar (ra) con la aceptación del cristianismo por parte de San Pablo. Fue durante su época que el Islam obtuvo grandes victorias y fue capaz de extenderse a lo largo y ancho de nuevas tierras. Hazrat Umar (ra) también creó políticas para gobernar estas nuevas tierras que se unían a la bandera del Islam. Después del Santo Profeta (sa), desempeñó un papel vital en la difusión del Islam. Sus victorias y logros fueron tales que quizás sean mayores que los de Julio César.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría relatando la vida de Hazrat Umar (ra) en futuros sermones.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres de los siguientes miembros fallecidos:

Sahibzadi Asifa Masood Begum Sahiba

Sahibzadi Asifa Masood Begum Sahiba, esposa del Dr. Mirza Mubashar Ahmad Sahib, quien era hijo de Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib. Era la nieta del Mesías Prometido (as) y la hija menor de Hazrat Nawab Mubaraka Begum Sahiba. Le sobreviven un hijo y cuatro hijas. Siempre fue leal al Jilafat y se esforzó por servir a la Comunidad en todo lo que pudo. Siempre aconsejó a sus hijos que se mantuvieran apegados al Jilafat. Su Santidad (aba) dijo que era la hermana de su abuela, y también su tía, sin embargo, sin importar su relación con él, siempre fue completamente obediente y permaneció al servicio de Jilafat. Subrayó la importancia de la oración, por muy pequeño que sea el asunto. Aconsejó rezar para convertirse en una rama fructífera del árbol del Mesías Prometido (as), en lugar de una rama seca. Ofrecía generosamente contribuciones financieras y deseaba que estas contribuciones permanecieran ocultas a los demás. Llevaba una vida muy sencilla y, en cambio, gastaba más en contribuciones financieras y sacrificios. Leía muchos libros y, durante los viajes, se mantenía siempre ocupada en ofrecer diversas oraciones. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah la trate con perdón y misericordia y permitiera a sus hijos seguir sus pasos.

Kalara Appa Sahiba

Kalara Appa Sahiba, esposa del antiguo Amir de la Yamat de Kazajstán. Pertenecía a una conocida familia de Kazajistán. Ella y su marido Rolan Sahib tuvieron un gran papel en el establecimiento de la Comunidad en Kazajistán. De hecho, incluso los oponentes del Ahmadíat se referían a ellos y decían que habían jugado un papel crucial en el establecimiento del Ahmadíat en Kazajistán. Siempre se esforzó por servir a la Comunidad tanto como pudo y permaneció leal y al servicio de Jilafat. Organizaba clases en la misión para que los mujeres y niñas de la Comunidad vinieran a hacer cualquier pregunta que tuvieran. Era muy hábil en la traducción y realizó un gran trabajo en este sentido. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah la trate con perdón y misericordia, y acepte sus esfuerzos en la causa de Ahmadíat en Kazajistán y cumpla sus oraciones en este sentido.

Comandante Abdur Rashid Sahib

El Comandante Abdur Rashid Sahib falleció el mes pasado. Él mismo aceptó el Ahmadíat de la mano del Segundo Califa (ra). Había estado casado, pero cuando aceptó el Ahmadíat, su esposa lo dejó y se llevó a sus dos hijas. Luego se volvió a casar, de lo cual tuvo un hijo. Sirvió en la Fuerza Aérea y estuvo destinado en varias bases. Allá donde iba, siempre difundía el mensaje del Ahmadíat. A pesar de que en su expediente se indicaba explícitamente que era un ahmadi y que no debía ser destinado, sus superiores consideraron que era la mejor opción y la más digna de confianza y lo destinaron de todos modos. Era perseverante en las oraciones, en la recitación del Sagrado Corán y a los sacrificios económicos. Siempre inculcó el amor al Jilafat en su progenie. Después de su jubilación, sirvió a la Comunidad en varios puestos. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah lo trate con perdón y misericordia, y permita a su progenie adoptar sus virtuosas cualidades.

Zubaidah Begum Sahiba

Zubaidah Begum Sahiba, esposa de Karim Ahmad Naeem Sahib de Estados Unidos. Era devota del Jilafat y poseía muchas cualidades virtuosas. Le sobreviven tres hijos y dos hijas. Uno de sus hijos es el presidente de Humanity First en los Estados Unidos. Trataba a todo el mundo con amor y afecto. Era amable con los pobres y cuidaba de los miembros de su familia. Siempre tuvo en cuenta sus contribuciones monetarias. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah la trate con perdón y misericordia y permita a su progenie adoptar sus virtuosas cualidades.

Hafeez Ahmad Ghumman Sahib

Hafeez Ahmad Ghumman Sahib, fallecido recientemente. Le encantaba estudiar el Sagrado Corán y sus comentarios. También le gustaba estudiar los libros del Mesías Prometido (as). Era hospitalario, sencillo, trabajador y se preocupaba por los demás. Asumía dificultades para sí mismo con el fin de ayudar a los demás. Uno de sus hijos está sirviendo en la Oficina del Secretario Privado en Londres. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah le trate con perdón y misericordia y permita a su progenie adoptar sus virtuosas cualidades.

Resumen preparado por The Review of Religions.

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