Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra) y una lección para el mundo musulmán a la luz de los asuntos actuales’
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra) y una lección para el mundo musulmán a la luz de los asuntos actuales’

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Resumen

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría mencionando las dificultades que se presentaron después de que Hazrat Abu Bakr (ra) se convirtiera en el Jalifa.

Cómo afrontar el dolor por la muerte del Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que la primera dificultad fue la pena resultante del fallecimiento del Santo Profeta (sa). Hazrat Abu Bakr (ra) fue quizás su compañero más cercano y lo conoció desde su infancia. Era extremadamente leal y fiel y amaba mucho al Santo Profeta (sa), por lo que también experimentó esta pena. Sin embargo, a pesar de este dolor, se mantuvo fuerte, e incluso cuando muchos no estaban dispuestos a aceptar que el Santo Profeta (sa) había fallecido, les dio consuelo y les ayudó a darse cuenta de la realidad.

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Abu Bakr (ra) citó el versículo del Corán:

Y Muhammad no es más que un Mensajero y antes que él han pasado todos los Mensajeros. Pero si muere o es asesinado, ¿volveríais sobre vuestros pasos? Quien vuelve sobre sus pasos no perjudicará en absoluto a Al-lah. Y Al-lah recompensa a los agradecidos. (El Sagrado Coran, 3:145)

De este modo, Hazrat Abu Bakr (ra) no sólo ayudó a dar consuelo a los musulmanes, sino que también reafirmó la unidad de Dios.

Abordando el asunto del Jalifato

Su Santidad (aba) dijo que la segunda dificultad era unir a los musulmanes con respecto al Jalifato. Al principio, parecía que los Ansar [nativos de Medina] no estaban dispuestos a aceptar un Jalifa de los Muhajireen [emigrantes a Medina], ni los Muhajireen estaban dispuestos a aceptar un Jalifa de los Ansar. Sin embargo, fue gracias a la elocuencia de Hazrat Abu Bakr (ra) que los musulmanes se unieron en el asunto del Jalifato.

Decisión sobre el ejército enviado con Hazrat Usama (ra)

Su Santidad (aba) dijo que la tercera dificultad se refería a la partida del ejército de Hazrat Usama (ra). El Santo Profeta (sa) había enviado este ejército a Siria en preparación para luchar contra los romanos, por temor a que pudieran atacar a los árabes. Así, Hazrat Usama (ra) fue enviado junto con su ejército dos días antes del fallecimiento del Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) instruyó que si obtenían la victoria, sólo debían permanecer allí un corto tiempo. El Santo Profeta (sa) también concedió a Hazrat Usama (ra) una bandera. El ejército se reunió en las afueras de Medina, y se llamó a todos los Compañeros, incluidos los mayores, para que se unieran. Algunos se quejaron de que se nombrara a una persona más joven como líder de los ancianos. Cuando el Santo Profeta (sa) se enteró de esto, se dirigió a los musulmanes diciendo que la gente también había cuestionado el nombramiento del padre de Usama (ra) como líder, sin embargo, ambos eran capaces de liderar y estaban entre las personas más queridas por el Santo Profeta (sa). A pesar de su débil salud, el Santo Profeta (sa) insistió en que el ejército debía proceder. Mientras el ejército se preparaba, Hazrat Usama (ra) visitó al Santo Profeta (sa) que, debido a su debilidad, no era capaz de hablar, y colocaba sus manos sobre la cabeza de Hazrat Usama (ra) para indicar que rezaba por él.

Su Santidad (aba) dijo que cuando el Santo Profeta (sa) falleció, este ejército regresó de las afueras de Medina donde se habían estado preparando. Entonces, después de que Hazrat Abu Bakr (ra) fuera elegido como Jalifa, dijo que la misión de este ejército debía continuar según lo previsto. Sin embargo, después del fallecimiento del Santo Profeta (sa), la gente se estaba convirtiendo en apóstata y los judíos y cristianos percibían que los musulmanes eran débiles y menos numerosos. La gente le dijo a Hazrat Abu Bakr (ra) que esto se debía a que pensaban que el ejército de Hazrat Usama (ra) era todo lo que quedaba de los musulmanes, que eran unos 3,000. Por lo tanto, sería mejor no enviar este ejército hacia adelante. Sin embargo, Hazrat Abu Bakr (ra) se mantuvo firme en su decisión. Dijo que su primer acto como Jalifa no podía ser llamar de vuelta al ejército que había sido encargado y enviado por el propio Santo Profeta (sa). Dijo que incluso si se enfrentaba a un grave peligro, mantendría su decisión. Por lo tanto, mantuvo la decisión tomada por el Santo Profeta (sa) y dijo que todos los que habían sido instruidos por el Santo Profeta (sa) para formar parte de este ejército debían volver al ejército.

Su Santidad (aba) dijo que cuando el ejército se volvió a reunir fuera de Medina, Hazrat Abu Bakr (ra) fue a inspeccionarlo. Pidió a Hazrat Usama (ra) que dejara a Hazrat Umar (ra) con él para que le ayudara en diversos asuntos. Hazrat Abu Bakr (ra) aconsejó entonces al ejército diez cosas: no ser deshonesto, no robar del botín, no romper sus juramentos, no mutilar los cuerpos, no matar a los niños, a los ancianos o a las mujeres, no cortar o quemar dátiles o árboles frutales, no sacrificar animales excepto para comerlos, y si se encontraban con algún sacerdote o monje debían dejarlos en paz. Si otros les ofrecían comida, debían antes recitar el nombre de Dios y, luego, comer. También dijo que se encontrarían con gente que se había afeitado la cabeza desde la mitad y tenía pelo a los lados de la cabeza – estos no eran sacerdotes sino líderes cristianos. Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que debían ser llevados a juicio. Entonces Hazrat Abu Bakr (ra) aconsejó a Hazrat Usama (ra) que hiciera exactamente lo que le había ordenado el Santo Profeta (sa).

Su Santidad (aba) dijo que el ejército se puso en marcha y finalmente salió victorioso. Hazrat Abu Bakr (ra) se sintió muy complacido a su regreso a Medina, que se dice que tuvo lugar después de 40-70 días. Está registrado que la bandera otorgada por el Santo Profeta (sa) permaneció en la casa de Hazrat Usama (ra) hasta que falleció.

Su Santidad (aba) dijo que al ver los sorprendentes impactos de la victoria lograda por este ejército, incluso aquellos que se habían opuesto inicialmente a la idea de que fuera enviara se dieron cuenta de la gran sabiduría y previsión en las decisiones tomadas por un Jalifa.

La cuestión de quienes se niegan a pagar el Zakat

Su Santidad (aba) dijo que el cuarto desafío al que se enfrentó Hazrat Abu Bakr (ra) fue el de aquellos que se oponían al Zakat. Se ha registrado que la gente de varias tribus se apartó del Islam después de la muerte del Santo Profeta (sa). Cuando los musulmanes de Quraish vieron esto, comenzaron a vacilar en su fe. Hazrat Suhail bin Amr (ra) les aconsejó que habían sido los últimos en aceptar el Islam y que no debían ser los primeros en convertirse en apóstatas, asegurándoles que, al final, el Islam seguiría siendo victorioso. Esto reafirmó la fe de los Quraish y se mantuvieron firmes.

Su Santidad (aba) dijo que la gente se convertía en apóstata por diferentes razones y de diversas maneras. Algunos abandonaban completamente la fe, otros aceptaban a los falsos profetas, algunos rechazaban asuntos como las oraciones y el Zakat, mientras que otros rechazaban las oraciones o el Zakat citando que estas cosas se limitaban a la época del Santo Profeta (sa).

Su Santidad (aba) dijo que con respecto a quienes se oponían al Zakat, Hazrat Abu Bakr (ra) consultó con algunos de los compañeros mayores sobre si se debía actuar contra ellos. Algunos aconsejaron incluirlos entre los apóstatas, otros aconsejaron tomar medidas estrictas contra ellos, mientras que otros aconsejaron tratar de hacerlos entender para que comenzaran a dar el Zakat de nuevo. Hazrat Umar (ra) dijo que el Santo Profeta (sa) había sido instruido para luchar hasta que la gente declarara que no hay más Dios que Al’lah, después de lo cual sus vidas y riquezas estarían a salvo, excepto lo que se debe. Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que lucharía contra aquellos que retuvieran el Zakat, ya que es la riqueza legítima que se debe. Tras esta explicación, Hazrat Umar (ra) aceptó y estuvo de acuerdo con Hazrat Abu Bakr (ra).

Su Santidad (aba) dijo que continuaría con este tema en futuros sermones.

Una lección para las naciones musulmanas a la luz de la situación actual del mundo

Su Santidad (aba) volvió a llamar la atención sobre las oraciones por la situación actual del mundo. Su Santidad (aba) rezó para que los gobiernos entren en razón y eviten el derramamiento de sangre. Su Santidad (aba) dijo que los musulmanes deberían aprender del estado actual del mundo y de cómo, a la luz de los últimos acontecimientos, el mundo se ha unido, pero los musulmanes siguen sin poder unirse a pesar de declarar el mismo credo. Países como Irak, Siria y Yemen se enfrentan a la destrucción a manos de otros, pero los musulmanes son incapaces de unirse. Su Santidad (aba) rezó para que el mundo musulmán sea capaz de unirse, lo que sólo puede ocurrir cuando acepten al Imam de la Era. Su Santidad (aba) rezó para que los musulmanes se reformen y recen por el resto del mundo para que se salve de la guerra.

Oración fúnebre

Su Santidad (aba) dijo que dirigirá la oración fúnebre en ausencia de los siguientes miembros fallecidos:

Syedah Qasirah Zafar Hashmi esposa de Zafar Iqbal Hashmi de Lahore. Residió en varios lugares después de casarse. Sirvió a la Comunidad en Lahore. Poseía muchas cualidades virtuosas y estaba al frente de la presentación de sacrificios financieros. Le sobreviven su marido, cinco hijos y una hija. Uno de sus hijos es actualmente un prisionero en el camino de Al’lah en Pakistán. Su Santidad (aba) dijo que la situación es tal que a un ahmadi encarcelado no se le permite ni siquiera ofrecer oraciones fúnebres, mientras que a las personas acusadas de crímenes atroces se les concede el permiso. Su Santidad (aba) dijo que uno de sus nietos, Asim Iqbal Hasmi, está sirviendo como misionero en el Reino Unido. Su Santidad (aba) rezó para que su progenie continúe con sus virtudes, y que Al’lah le conceda el perdón y la misericordia.

Resumen preparado por The Review of Religions

SERMÓN DEL VIERNES, 11 DE MARZO DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Sura Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (atba) habló en los siguientes términos:

Previamente, estábamos narrando las dificultades que encontró Hazrat Abu Bakr (ra) tras ser nombrado Jalifa y seguiré hablando de ello:

La primera que mencioné fue la tristeza y la pena que sintió por el fallecimiento del Santo Profeta (sa). Aunque esto fue sentido por todos y cada uno de los musulmanes, Hazrat Abu Bakr (ra) fue quien más impactado y triste se sintió, ya que era su amigo desde su temprana niñez y, como era natural, lo sintió muchísimo. Aparte, nadie más poseía el mismo nivel de sinceridad que él y tampoco nadie había reflexionado sobre el profundo significado del juramento de alianza o “Baiat” y entendido su esencia como lo hizo Hazrat Abu Bakr (ra). En otras palabras, en aquel momento él mostró una gran valentía y fe.

Ya he mencionado con anterioridad que la primera gran y delicada prueba, aparte de ser bastante estresante, fue la del fallecimiento del Santo Profeta Muhammad (sa), que entristeció a los Compañeros (ra) del Mensajero de Dios (sa) hasta tal punto, que incluso algunos de ellos no se pudieron controlar. Nadie pudo afrontar su repentina partida y todos estaban en estado de shock. Nadie podía imaginarse estar separado del Profeta (sa). Por lo tanto, su  muerte fue algo tan fuerte y doloroso, que hasta muchos Compañeros (ra) prominentes e importantes se entristecieron hasta tal nivel, que fue muy difícil para ellos sobrellevar la pena.

Asimismo, el estado de Hazrat Umar (ra), que era un hombre con mucho coraje, era aún peor que el de los demás, debido al inmenso amor que sentía por el Mensajero de Al’lah (sa). En consecuencia, se puso de pié y espada en mano dijo:

“Si alguien afirma que  Muhammad (sa) ha muerto, le cortaré la cabeza y la separaré de su cuerpo”. 

 Su reacción fue tan fuerte que muchos musulmanes se quedaron perplejos y dudaron si  realmente el Santo Profeta (sa) había fallecido o no. Además, era ya de noche y estos ardientes devotos, debido a su amor por el Mensajero (sa), se olvidaron del principal aspecto de la Unidad de Dios (Tauhid) y proclamaron que Muhammad (sa) nunca fallecería y que estaba vivo. En ese momento, Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) entró en la “Masyid Nabawi” [Mezquita del Profeta (sa)] de Medina y dirigiéndose a la muchedumbre que se encontraba allí reunida anunció:

“Quienquiera de vosotros que haya adorado a Muhammad (sa), que sepa que Muhammad (sa) ha muerto; y quienquiera de vosotros que haya adorado a Al’lah, que sepa que Dios es eterno y jamás morirá”.

Por tanto, a pesar de su inmenso e inigualable amor por el Santo Profeta (sa), les recordó la Unidad de Al’lah.

Y Hazrat Abu Bakr (ra) continuó diciendo:

“Y Muhammad (sa) no es más que un Mensajero y antes que él han muerto todos los Mensajeros.

Pero si muere o es asesinado, ¿volveríais sobre vuestros pasos?”, (3:145).

Así  es como Hazrat Abu Bakr (ra), con mucha sabiduría y valentía y durante esos momentos de tristeza, levantó la moral de los Compañeros (ra). Por un lado, se convirtió en el medio para calmar los corazones de aquellos devotos que tenían una grandísima angustia; y por el otro, por así decirlo, fortaleció el tambaleante edificio de la Unidad de Dios.

El propio Mesías Prometido (as) comenta sobre dicho episodio:

“Él recitó un  versículo del Sagrado Corán en una gran congregación y al hacerlo eliminó todas las ideas equivocadas que se habían formado en la mente de algunos Compañeros (ra) respecto a si el Mensajero de Dios (sa) aún seguía con vida. Además de esto, eliminó el concepto falso en relación a que Jesús (as) seguía con vida y que se había formado en los corazones de algunos individuos que no habían meditado bien  sobre algunos hadices o dichos del Mensajero de Al’lah (sa)”.  

Tras ser elegido Jalifa, la segunda tarea difícil y pena que tuvo que soportar Hazrat Abu Bakr (ra) tras el fallecimiento del Profeta (sa) fue en relación a  la forma en que manejó la situación y cómo lidió con ella, es decir, cómo reagrupó a la “Nación Musulmana” (‘Ummah’) y mantuvo unidos a todos los musulmanes durante ese triste momento. En definitiva, después del fallecimiento del Santo Profeta (sa) apareció el segundo gran peligro en el “Saqifa” (huerto) de la tribu de los Banu Saidah, donde los “Ansar” (musulmanes residentes de Medina mayores de cuarenta años) y los “Muyahirin” (musulmanes que emigraron de La Meca hacia Medina) se habían reunido. Inicialmente, parecía como si los “Ansar” no estaban dispuestos a acercar a alguien de entre los “Muhayirin” como su Líder o Jalifa; y al mimso tiempo,  los propios “Muhayirin” tampoco parecían estar por la labor de elegir a alguien de entre los “Ansar” como Jalifa y Líder. Tanto fue así, que el  asunto estuvo a punto de llegar incluso a las manos, o sea, de una mera conversación sobre los diferentes puntos de vista casi llegan a coger las espadas. Sin embargo, en ese momento tan frágil, Dios Altísimo bendijo a Hazrat Abu Bakr (ra) y puso tal efecto en su discurso, que ello hizo que de un golpe los corazones se inclinaran hacia él y todo ese desacuerdo, desunión y discordia se transformaron en unidad y amor.

Y esto mismo es lo que el Mesías Prometido (as) ha explicado:

“De la misma forma que los Hijos de Israel escucharon a Josué (as) tras la muerte de Moisés (as) y no hubo desacuerdo alguno, y aceptaron a Joshua bin Nun (as) y le mostraron lealtad, lo mismo ocurrió en esta ocasión con Hazrat Abu Bakr (ra), pues a pesar de sufrir muchísimo por el fallecimiento de Muhammad (sa), todos aceptaron a Hazrat Abu Bakr (ra) como Jalifa de forma voluntaria y de corazón”.

El tercer desafío importante y seria prueba a los que tuvo que enfrentarse tiene relación con la salida del ejército musulmán con Usama bin Zaid (ra) y la manera en la que Hazrat Abu Bakr (ra) fue capaz de resolverla fue. En este caso, el Mensajero de Dios (sa) había preparado ese ejército para que fuese enviado a defender las fronteras en Siria contra los bizantinos, puesto que tras las batallas de “Mutah” y “Tabuk”, el Profeta (sa) tenía miedo de que estos atacaran a los árabes en cualquier momento, debido a las crecientes disputas entre los musulmanes y los cristianos, y también debido a los problemas que estaban causando los judíos. En este sentido, en la “Batalla de Mutah”, tanto Hazrat Zaid bin Hariz (ra) como Hazrat Yafir (ra) y Hazrat Abdul’lah bin Rawaha (ra), los tres líderes del ejército musulmán, fueron martirizados uno tras otro. Mutah es una ciudad situada en una tierra fértil en el este de Jordania.

Pues bien, Hazrat Anas (ra) relata en relación a esto que:

“El Santo Profeta (sa) había predicho y comunicado por anticipado a los musulmanes acerca de los maritirios de Hazrat Zaid (ra), Hazrat Yafir (ra) y Hazrat Abdul’lah bin Rawaha (ra) antes que esa noticia llegara a la gente; y en este contexto, el Mensajero de Al’lah (sa) proclamó: ‘Zaid (ra) tomó la bandera y fue martirizado; luego Yafir (ra) la cogió y también fue martirizado; tras él, Abdul’lah bin Rawaha (ra) prendió la bandera y fue martirizado’. El Profeta (sa) se puso a llorar en ese momento y entonces dijo: ‘Finalmente, una de las espadas de Dios [es decir, Jalid bin Walid (ra)] tomó el estandarte hasta que Dios Altísimo concedió la victoria sobre el enemigo’.”

 

Más adelante, el Mensajero (sa) salió con el ejército musulmán hacia Tabuk, pero el enemigo no tuvo el coraje de enfrentarse a los musulmanes en el campo de batalla, por lo que pensaron en refugiarse del ataque de los musulmanes entrando y permaneciendo en las zonas interiores de Siria. No obstante, como resultado de estas batallas, los bizantinos diseñaron un plan muy peligroso en contra de los musulmanes y comenzaron los preparativos para atacar la frontera con los territorios árabes; y fue por esta misma razón, como medida preventiva, que el Santo Profeta (sa) dio la orden de enviar un ejército hacia Siria, bajo el liderazgo de Hazrat Usama bin Zaid (ra). Entretanto, ello también tenía otro objetivo: la venganza de los mártires de la “Batalla de Mutah”. Al final, los preparativos del ejército de Usama (ra) finalizaron un sábado, o sea, dos días antes del fallecimiento del Mensajero de Dios (sa), y ya habían empezado antes del inicio de su enfermedad final. De hecho, el Profeta (sa) dio la orden de hacer estos preparativos por posibles conflictos con  los bizantinos a finales del mes de Safar, por lo que llamó a Hazrat Usama (ra) y le comunicó: “Debes ir hacia donde ha sido martirizado tu padre [Hazrat Zaid (ra)] y debéis pisoteadlos con vuestros caballos. Te nombro comandante en jefe y líder de ese ejército”.

Hay otra narración en la que el Mensajero de Al’lah (sa) dice:

“Pisotea la tierra de Balqa y Darom con los  caballos”, lo cual quería decir que la gente de ese territorio estaba ansiosa por combatir y que por consiguiente debía combatir contra ellos con todas tus fuerzas. Balqa es una región de Siria que se encuentra entre Damasco y el  Valle de Qura; y por su parte, Darom es un lugar situado en Palestina y junto a  Gaza, de camino hacia Egipto; y esto es lo que se ha escrito en relación con su descripción.

Sin embargo, mientras daba la orden de partir para Siria, el Santo Profeta (sa) instruyó lo siguiente:

“Atacad a la gente de Ubna (otra región de Siria de camino a Balqa) con las primeras luces del alba y apresuraos hacia ellos para que lleguéis allí antes de que se den cuenta. Luego, si Dios os otorga la victoria, quedaros allí solo por un poco tiempo; llevad guías con vosotros para el camino y asimismo debéis enviar espías e informadores en avanzadilla para que consigan toda la información posible”.

El Mensajero (sa) ató una bandera para Hazrat Usama (ra) con sus propias manos y anunció a continuación:

“En el nombre de Al’lah, salid y llevad a cabo esta ‘yihad’ (esfuerzo) y combatid contra los que  han rechazado a Dios”. Así pues, Hazrat Usama (ra) cogió el estandarte que fue atado por el propio Muhammad (sa) y partió. Entonces, se lo entregó a Hazrat Buraidah bin Husaib (ra) y Hazrat Usama (ra) reunió el ejército en un sitio llamado Yurf (un sitio a tres millas de Medina, en dirección hacia el norte). Entretanto, no hubo ni uno solo de los Compañeros (ra) más prominentes, tanto de los “Muhayirin” como de los “Ansar” que no fueran llamados  a esta guerra y se quedaran atrás, y entre ellos estaban Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Umar (ra), Hazrat Abu Ubaidah bin Yarrah (ra), Hazrat Sad bin Abi Waqqas (ra), Hazrat Said bin Zaid (ra), Hazrat Qatadah bin Noman (ra) y Hazrat Salma bin Aslam (ra).

En esos momentos, algunas personas empezaron a hacer comentarios y decir que un joven [Hazrat Usama (ra)] había sido elegido como líder de los distinguidos “Muhayirin”, por lo que al escuchar esto el Profeta (sa) se enojó mucho. En ese instante, tenía un pañuelo amarrado alrededor de su cabeza y colocó una túnica sobre sí mismo. A continuación se puso de pie en el púlpito, primero alabó a Al’lah y después pronunció las siguientes palabras:

“¡Oh gente! Me ha llegado la noticia de que tenéis objeciones contra el liderazgo de Usama (ra). Pues bien, que quede claro que si habéis hablado en contra del hecho de que estoy nombrando a Usama (ra) como el comandante en jefe y líder del ejército, ya hicisteis lo mismo cuando nombré a su padre [Hazrat Zaid (ra)] como líder del ejército. Por tanto, juro por Dios que merecía mi confianza y el liderazgo, y su hijo también lo merece. Él [Hazrat Zaid (ra)] era una de las personas que yo más quería y ciertamente podéis esperar de ambos que demuestren todo tipo de buenas obras y virtudes. Por consiguiente, tomad este consejo y pensad bien de él [es decir, de Usama (ra)], porque él es uno de los mejores de entre vosotros”.

Esto tuvo lugar en el décimo día del mes “Rabiul Awwal”, un sábado, dos días antes que muriera el Santo Profeta (sa). Entonces, aquellos musulmanes que estaban marchándose con Hazrat Usama (ra), después de despedirse del Mensajero de Dios (sa), salieron para reunirse con el ejército en un lugar que se llama Yurf y a pesar de que la enfermedad del Profeta Muhammad (sa) había empeorado, el Mensajero (sa) siguió insistiendo en que el ejército de Usama (ra) debía partir. De todas formas, llegado el domingo, se agravó la enfermedad que el Santo Profeta (sa) sentía, por lo que Hazrat Usama (ra) regresó desde donde el ejército estaba acampado y encontró al Mensajero de Al’lah (sa) inconsciente, a quien ese mismo día le habían administrado alguna medicina. Luego, Hazrat Usama (ra) bajó su cabeza y besó al Profeta (sa), quien no podía hablar, aunque levantó las dos manos hacia el Cielo y las puso sobre la cabeza de Hazrat Usama (ra), quien nos dice al respecto: “Entendí que estaba rezando por mí”; y presto, Hazrat Usama (ra) regresó hacia el ejército.

Ya el lunes, una vez más, Hazrat Usama (ra) regresó a ver al Profeta Muhammad (sa) y vio que el Mensajero de Dios (sa) se sentía un poco mejor, por lo que en ese instante el Santo Profeta (sa) le pidió a Usama (ra): “Marcha ahora con la ayuda de Dios”. Entonces, tras pedir el permiso del Mensajero de Al’lah (sa) y despedirse de él, Usama (ra) regresó hacia su ejército y ordenó a los soldados que avanzaran. No obstante, apenas acababa de comenzar su viaje cuando alguien vino con un mensaje de su madre, Umme Aiman (ra), diciendo que parecía que el último suspiro del Profeta (sa) se estaba acercando. Al oír esto, Usama (ra) se presentó ante Muhammad (sa) y allí encontró a Hazrat Umar (ra) y Hazrat Abu Ubaidah (ra). En ese momento, el Mensajero de Al’lah (sa) estaba en los últimos momentos de su vida. Finalmente, el lunes 12 del mes “Rabiul Awwal”, tras la puesta del sol, el Santo Profeta Muhammad (sa) falleció, por lo que el ejército de los musulmanes regresó de Yurf a Medina y Hazrat Buraidah bin Husaib (ra) trajo la bandera de Hazrat Usama (ra) y la plantó frente la puerta del Profeta (sa).

Según una narración, el Santo Profeta (sa) murió cuando el ejército de Hazrat Usama (ra) estaba en Zi Jushub, que es un valle que se encuentra en el camino de Medina a Persia. Más tarde, al tener lugar el juramento de lealtad o “Baiat” a manos de Hazrat Abu Bakr (ra), este ordenó a Hazrat Buraidah bin Husaib (ra) que llevara la bandera a la casa de Usama (ra) para que pudiera marcharse  con el ejército y así cumplir con su deber. Así que Hazrat Buraidah (ra) llevó el estandarte a su lugar original. En este sentido, se dice que el ejército tenía un contingente de unas tres mil personas; aunque según otra narración, Hazrat Usama bin Zaid (ra) solo fue enviado con 700 hombres hacia Siria.

En otro relato se dice que el día después del fallecimiento del Profeta Muhammad (sa), Hazrat Abu Bakr (ra) hizo un llamamiento para anunciar que la campaña de Usama (ra) cumpliría con sus objetivos y que nadie de su ejército debía de quedarse atrás en Medina, sino que todos debían reunirse con dicho ejército en Yurf. De todas formas, una vez murió el Mensajero de Dios (sa), el desorden y la apostasía había comenzado a expandirse a lo largo y ancho de Arabia, y había afectado tanto a las tribus pequeñas como a las grandes, tanto si se trataba de jefes o de gente ordinaria. Así, la gente comenzó a mostrar señales de hipocresía y en ese momento, los cristianos y judíos empezaron a tomar nota de la situación y ver si tenían la oportunidad de sublevarse. En este contexto, debido al fallecimiento del Mensajero de Al’lah (sa) y al poco número de musulmanes en comparación con la gran población de enemigos, su condición era como la de un pequeño rebaño de ovejas y corderos en un desierto en medio de una noche de lluvia tormentosa. En otras palabras, estaban totalmente indefensos y no tenían ayuda alguna.

Ante eso, algunos dijeron a Hazrat Abu Bakr (ra):

“Esta gente considera al ejército de Usama (ra) como el único ejército de los musulmanes y como bien sabes, los árabes se han rebelado en contra tuya. Así que no es recomendable que separes a este grupo de musulmanes de tu lado [querían decir que no enviara a su destino al ejército de Usama (ra)]”.

Pero al escuchar eso, Hazrat Abu Bakr (ra) respondió:

“¡Juro por aquel en cuyas manos está mi vida, que incluso si yo tuviera la plena certeza de que los animales salvajes me fueran a hacer pedazos y me comieran, aun así no descansaría hasta ver implementada la decisión del Santo Profeta (sa) acerca del ejército de Usama (ra)”. 

En otra narración se menciona también que Hazrat Abu Bakr (ra) dijo:

“¡Juro por Aquel aparte de Quien no hay ningún otro que merezca ser adorado, que incluso si las honorables esposas del Santo Profeta (sa) son arrastradas de los pies por perros por las calles de Medina, todavía no llamaría de vuelta el ejército que el mismo Profeta de Dios (sa) envió, ni tampoco desataré la bandera que el propio Santo Profeta (sa) amarró con sus manos”.

 Respecto a este tema, Hazrat Musleh Maud, Jalifatul Masih II (ra), escribe:

“Cuando el Profeta (sa) falleció, toda Arabia se volvió apóstata. Entonces, al ver esta disensión, incluso personas valientes como Hazrat Umar (ra) y Hazrat Ali (ra) se preocuparon al contemplar dicha maldad. El Profeta Muhammad (sa) había preparado un ejército para atacar un área ocupada por los bizantinos en un tiempo próximo a su muerte y había designado a Hazrat Usama (ra) como su comandante, pero dicho ejército todavía no había partido cuando Muhammad (sa) murió. 

Después de la muerte del Santo Profeta (sa) y debido a que las tribus de Arabia se volvieron apóstata, los Compañeros (ra) pensaron que por dicha rebelión y en ese tiempo tan peligroso, si enviaban al ejército de Usama (ra) para atacar el territorio de los bizantinos, solo se quedarían atrás en Medina los hombres ancianos, las mujeres y los niños, y no habría manera de defender la ciudad en esta situación. Así que recomendaron que un grupo de Compañeros (ra) destacados debía presentarse ante Hazrat Abu Bakr (ra) y pedirle que no enviara dicho ejército hasta que la rebelión se sofocara. Por lo tanto, Hazrat Umar (ra) y otros Compañeros (ra) destacados se fueron ante él y presentaron su petición, aunque al escuchar Hazrat Abu Bakr (ra) su petición, les dio una respuesta en un tono de ira y enfado extremos, y proclamó:

‘¿Queréis que, tras el fallecimiento del Profeta Muhammad (sa), el primer trabajo realizado por el hijo de Abu Qahafa (ra) sea detener el ejército que el propio Profeta (sa) ordenó que marchara?’. 

Luego Hazrat Abu Bakr (ra) añadió:

‘¡Por Al’lah! Incluso si los ejércitos enemigos entran en Medina y los perros salvajes arrastran los cadáveres de las mujeres musulmanas, aun así no detendría ese ejército que el Profeta Muhammad (sa) había decidido enviar’. 

 Esta valentía y coraje se instaló dentro de Hazrat Abu Bakr (ra) porque Dios ha mencionado en el Sagrado Corán acerca de los creyentes:

‘Muhammad es el Mensajero de Al’lah y quienes están con él son firmes contra los incrédulos’… 

Al igual que cuando un simple cable se conecta a la corriente eléctrica y se le infunde un poder impresionante, de la misma manera, la gente que estableció un vínculo con el Santo Profeta Muhammad (sa) y fueron sus seguidores se convirtieron en el cumplimiento de la frase: ‘Los que son firmes contra los incrédulos’ y, por tanto, dichos seguidores se volvieron dignos de ser etiquetados como tales”.

En relación a la partida del ejército de Usama (ra), el Mesías Prometido (as) escribe lo siguiente en su libro “Sirrul Jilafa” o ‘El secreto del Jalifato’:

“De acuerdo a los relatos históricos de Ibne Asir, cuando el Santo Profeta (sa) falleció y la noticia de su muerte llegó al gobernador de La Meca, Attab bin Asid, este se escondió y a continuación hubo un levantamiento dentro de La Meca y esta tembló, y se hizo de noche, por así decirlo, puesto que todos sus habitantes se convirtieron en apóstatas. Además, escribe que muchos árabes se hicieron apóstatas. En cada tribu, tanto si se trataba de la élite como de personas de nivel social normal, su hipocresía y apostasía llegaron a ser aparentes. En consecuencia, la hipocresía se extendió por doquier y los judíos y cristianos empezaron a levantarse y tomar nota de la situación, debido a la muerte del Mensajero de Dios (as) y además al hecho de que el número de musulmanes era en gran medida mucho menor que el de sus enemigos. Por eso, su condición era como la que sentiría un rebaño de cabras y ovejas en una noche de lluvia torrencial. Así que ante esto, algunos dijeron a Hazrat Abu Bakr (ra):

 ‘Esta gente considera que el contingente de Usama (ra) es el único ejército de los musulmanes y, como puedes ver, los árabes se han rebelado en contra tuya. Por consiguiente, no es recomendable que alejes a este grupo de musulmanes de tu lado y mandes dicho ejército fuera de aquí’.

Y Hazrat Abu Bakr (ra) replicó: ‘¡Juro por Aquel en cuyas Manos está mi vida, que incluso si tuviera la certeza de que los animales salvajes me fuesen a arrastrar y llevarme con ellos, aun así, ciertamente enviaré el ejército de Usama (ra) tal y como instruyó el Santo Profeta Muhammad (sa)! No puedo cambiar la decisión que el Mensajero de Dios (sa) ha hecho’. Así pues, Hazrat Abu Bakr (ra) implementó literalmente la decisión que hizo el Profeta (sa) y a los Compañeros (ra) que formaban parte del ejército de Usama (ra) se les ordenó que se reunieran de nuevo con dicho ejército. 

Además, Hazrat Abu Bakr (ra) manifestó: 

‘Cada persona que ya formaba parte del ejército de Usama (ra) y a quienes el Mensajero de Al’lah (sa) había ordenado que se reunieran para ello, no deben quedarse atrás en absoluto, ni tampoco les doy permiso de que así lo hagan; pues aunque tenga que viajar de pie, irá de todos modos’. Así que nadie entre ellos se quedó atrás”.

 Al final, el ejército se preparó, pero algunos Compañeros (ra), debido a la delicada situación, presentaron de nuevo el consejo de que se detuviera por el momento. En este sentido, según una narración, Hazrat Usama (ra) dijo a Hazrat Umar (ra): “Ve hacia Hazrat Abu Bakr (ra) y dile que cancele la orden de enviar las tropas para que podamos enfrentarnos a los que se han convertido en apóstatas y también para que estén a salvo de los ataques de los idólatras tanto el Jalifa del Mensajero (sa) como sus esposas, los miembros de su familia y el resto de musulmanes. Es más, algunos “Ansar” que estaban presesntes en el ejército de Hazrat Usama (ra) incluso dijeron a Hazrat Umar (ra) que si el Jalifa del Santo Profeta Muhammad (sa), Hazrat Abu Bakr (ra), insistía en enviar dicho contingente, debía presentarle por parte de ellos el mensaje de que nombrara a alguien mayor en edad que Usama (ra).

Por lo tanto, Hazrat Umar (ra) fue a ver a Hazrat Abu Bakr (ra) ante la petición de Usama (ra), se presentó ante él y le informó de lo que Hazrat Usama (ra) había dicho. Entonces, al oír el mensaje, Hazrat Abu Bakr (ra) respondió:

“Incluso si los perros salvajes y los lobos me hicieran pedazos y me devoraran, aun así implementaré esa instrucción que el Santo Profeta (sa) ordenó, y no cambiaré la decisión que el Profeta de Dios (sa) hizo; y además, en estas tierras que existen a mi alrededor, incluso si todo el mundo muere, aún así implementaré esa decisión de todos modos”. 

Hazrat Umar (ra) luego anunció:

“Los ‘Ansar’ quieren un comandante en jefe y líder que sea mayor en edad que Usama (ra)”.

Y en respuesta a esto, Hazrat Abu Bakr (ra), que estaba sentado en ese instante, se puso de pie, agarró a Hazrat Umar (ra) de la barba y le dijo:

“¡Oh Ibn Al-Jattab! ¡Que tu madre se separe de ti! El Profeta Muhammad (sa) lo nombró como el líder y ¿tú me dices que debo quitarle de su puesto de comandante?”.

Entonces, Hazrat Umar (ra) regresó a la gente y estos le preguntaron qué había sucedido, por lo que les explicó la situación con estas palabras:

“¡Que vuestras madres se avergüencen de vosotros!”. O sea, expresó su enfado y proclamó: “Hoy, por vuestra culpa, no he recibido nada bueno por parte del Jalifa del Mensajero de Al’lah (sa)”, [ya que Hazrat Abu Bakr (ra) estaba enfurecido]”.

Más tarde, de acuerdo con las instrucciones de Hazrat Abu Bakr (ra), cuando el ejército de Usama (ra) se reunió en Yurf, el propio Hazrat Abu Bakr (ra) fue hasta allí y una vez llegó a ese lugar, inspeccionó el ejército y lo organizó. La escena de su despedida también fue impresionante, pues en ese momento, Hazrat Usama (ra) estaba en su montura, mientras que Hazrat Abu Bakr (ra) permanecía de pie, por lo que al ver esto Hazrat Usama (ra) proclamó:

“¡Oh Jalifa del Mensajero de Dios (sa)! O tomas una montura o yo me bajaré”.

Y al oír eso, Hazrat Abu Bakr (ra) replicó:

“¡Por Al’lah! Ni tú vas a bajarte, ni yo voy a montarme. Pues, ¿por qué no voy a dejar que mis dos pies se cubran de polvo en el camino de Al’lah durante algún tiempo? Ya que cuando alguien da tan siquiera un paso durante una expedición, como recompensa, se registran a su favor setecientas buenas acciones para tal persona, a pesar de ser tan poca cosa; y además ese individuo es elevado en su rango espiritual setecientas veces y también se le borran setecientos pecados”. 

Luego Hazrat Abu Bakr (ra) pidió a Hazrat Usama (ra): “Si lo consideras adecuado, deja a Hazrat Umar (ra) atrás para que me pueda ayudar en mi labor como Jalifa”; y Hazrat Usama (ra) le dio permiso. Por tanto, tras este incidente, cada vez que Hazrat Umar (ra) se encontraba con Hazrat Usama (ra), incluso después de haber sido elegido Jalifa, se dirigía a él con estas las palabras: “¡Qué la paz sea contigo, oh líder!”. Ciertamente, ya que Hazrat Umar (ra) formaba parte de dicho ejército y Hazrat Usama (ra) era su líder en tal ocasión, por eso le decía: “¡Assalamo aleikum oh Amir!, (‘¡Que la paz sea contigo, oh líder!”. Y por su parte, Hazrat Usama (ra) respondía diciendo: “¡Que Al’lah te conceda Su perdón, oh Amirul Mominin (Líder de los Fieles)!”.

 En cualquier caso, se menciona que finalmente Hazrat Abu Bakr (ra) se dirigió al ejército y dijo:

“Os aconsejo que seáis conscientes de diez cosas: no seáis deshonestos, no robéis del botín de guerra, no rompáis vuestros pactos, no mutiléis a los muertos (es decir, no cortéis sus narices, orejas, saquéis sus ojos, ni desfiguréis sus caras); no matéis a los niños, a los ancianos, ni a las mujeres; no cortéis ninguna palmera datilera ni la queméis, no cortéis ningún árbol frutal; y no matéis a ninguna cabra, vaca o camello excepto aquellos que vayáis a consumir. 

 Os encontraréis con personas que han dedicado sus vidas a la iglesia, así que debéis dejarles en paz (o sea, no molestéis a los ermitaños, curas cristianos, etc.). También os encontraréis con personas que os ofrecerán platos de comida diferentes, presentados de distintas maneras; debéis comer de ellos después de profesar el nombre de Al’lah, (es decir, no debían rechazar la comida que les presentaran alegando que era impura), pues podéis comer dicha comida una vez invoquéis el nombre de Dios.

Luego, os encontraréis con ciertas personas que han afeitado su cabello en medio de sus cabezas y que han dejado crecer su pelo alrededor como si fueran vendas. Por tanto, si los veis, debéis utilizar vuestras espadas contra ellos”.

Ahora bien, en relación a estas personas, hay varias narraciones en las que se menciona que eran un grupo de cristianos que no eran ermitaños, sino líderes religiosos que incitaban a la gente a combatir en contra de los musulmanes y que además participaban en el combate. Por esta razón, para diferenciarlos, Hazrat Abu Bakr (ra) aclaró que no debían molestar a los ermitaños que estaban en las iglesias, ni combatir contra ellos. Sin embargo, sí debían luchar contra esos líderes religiosos ya mencionados (que incitaban a los demás a la guerra) y contra aquellas personas que se aliaran con ellos, ya que iniciaron la guerra e incitaron a otros a combatir. Finalmente, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo: “Partid ahora en nombre de Dios y que Él os proteja de cualquier tipo de herida, y que os salvaguarde de toda enfermedad y de la plaga”.

A continuación, Hazrat Abu Bakr (ra) le pidió a Usama (ra) lo siguiente:

“Implementa todas las órdenes que el Santo Profeta (sa) te dio y no permitas que haya ninguna deficiencia al hacerlo”. Después, Hazrat Abu Bakr (ra) se llevó a Hazrat Umar (ra) consigo y volvió a Medina.

Hazrat Abu Bakr (ra) envió el ejército de Usama bin Zaid (ra) hacia finales del mes de “Rabiul Awal”, en el año 11 después de la Hégira. No obstante, según otra narración, lo envió en el mes de “Rabiul Zani”, en el año 11 tras la Hégira. Sea como fuere, Hazrat Usama (ra) viajó durante 20 noches y al llegar cerca de los habitantes de Ubna, lanzó un ataque repentino y el eslógan de los musulmanes era: “¡Oh Mansur, matadlos!”. En otras palabras, debían matar a aquellos que habían venido a combatirles; y así ocurrió, pues aniquilaron a todos aquellos que se enfrentaron a ellos y aquellos que capturaron fueron hechos prisioneros. Luego, Hazrat Usama (ra) ordenó a sus jinetes que cabalgaran sobre sus tierras y permaneció ocupado a lo largo del día recogiendo y organizando todo aquello que habían obtenido como botín de guerra. En definitiva, Hazrat Usama (ra) estaba montado sobre el caballo de su padre, llamado Sabha, y atacó y mató a la persona que había asesinado a su padre. Ya por la tarde, Hazrat Usama (ra) ordenó a la gente partir y tras ello aumentó el ritmo de la marcha; y después de viajar durante nueve noches, llegó al Valle de Qura. Entonces mandó mensajeros a Medina para dar la noticia de la victoria de su ejército y de su bienestar; tras lo cual partió de allí y transcurridas seis noches llegó a Medina. Al final, en esta expedición, no fue martirizado ningún musulmán.

Cuando este ejército victorioso y exitoso alcanzó Medina, Hazrat Abu Bakr (ra) junto con los “Muhayirin” y los habitantes de Medina salieron para dar la bienvenida al mismo y mostrar su alegría por la victoria. Por su parte, Hazrat Usama (ra) entró en la ciudad montado sobre el caballo de su padre y Hazrat Buraidah bin Usaib (ra) portaba la bandera y cabalgaba delante de él. Tras llegar a la “Masyid Nabawi” (‘La Mezquita del Profeta -sa-), Hazrat Usama (ra) fue adentro y ofreció dos “rakats” (unidades de oración) y presto se marchó a su casa. En resumen, según varias narraciones, este contingente militar regresó tras un periodo de 40 a 70 noches fuera de Medina.

Por otra parte, quizá fue debido a su amor por el Mensajero de Dios (sa) que, en relación al nudo que él mismo hizo personalmente en la bandera de Usama (ra), que Hazrat Abu Bakr (ra) dijera que no era posible para Abi Quhafa (ra) deshacer el nudo que el propio Santo Profeta (sa) había atado con sus propias manos. Así que, tras el regreso del ejército de Usama (ra), este nudo nunca fue deshecho y la bandera permaneció en la casa de Hazrat Usama (ra) hasta su fallecimiento.

Luego, en relación al impacto que el ejército de Usama (ra) tuvo, está escrito que dichas tropas tuvieron un impacto muy significativo y duradero:

En primer lugar, todos aquellos que creían firmemente que el ejército de Usama (ra) no debía ser enviado debido a las circunstancias, se dieron cuenta de lo beneficiosa y oportuna que fue la decisión del Jalifa (ra), y también se percataron de que Hazrat Abu Bakr (ra) poseía una percepción, sabiduría y sentido de la observación muy profundos.

En segundo lugar, al enviar dicho contingente quedó reflejado el poder de los musulmanes entre las tribus de Arabia, puesto que creyeron que si los musulmanes no tuvieran tal poder y fuerza, jamás hubieran enviado a su ejército. Así pues, quedaron muy asombrados por ello.

En tercer lugar, las naciones no-árabes que se encontraban al otro lado de las fronteras comenzaron a sentirse impresionados por los musulmanes y los estaban monitorizando de cerca. Entretanto, los bizantinos se preguntaban cómo era posible que hubiesen podido atacar su país cuando su Profeta (sa) ya había fallecido e incluso querían atacar su país.

Pues bien, un reconocido erudito y orientalista británico, Sir Thomas Walker Arnold, escribe en relación al ejército de Usama (ra):

“Tras el fallecimiento de Muhammad (sa), Abu Bakr (ra) envió el ejército de Usama (ra), el cual el Santo Profeta (sa) había querido enviar a Siria, a pesar de que algunos musulmanes se oponían a esto, debido al estado de agitación en Arabia, aunque Abu Bakr (ra) los silenció con la siguiente declaración: ‘No abrogaré ninguna orden emitida por el Mensajero de Al’lah (sa), incluso si Medina cae presa de las bestias salvajes. Por consiguiente, este ejército ciertamente honrará el deseo del Santo Profeta (sa)’. En definitiva, esta fue la primera de las extraordinarias expediciones a través de las cuales los musulmanes conquistaron Siria y el Norte de África, y pusieron fin al antiguo reino persa; a la vez que se hicieron con el control de las provincias más importantes que pertenecían al Imperio Bizantino”.

De manera similar, bajo el nombre de Usama (ra), la “Enciclopedia del Islam” ha escrito:

“El recién elegido Jalifa, Abu Bakr (ra), ordenó que el ejército de Usama (ra) partiera para honrar el deseo del Profeta (sa), incluso a pesar de que, en ese momento, estaba formándose una rebelión en las tribus árabes. Finalmente, Usama (ra) llegó a Balqa, una zona situada en Siria, donde Hazrat Zaid (ra) -su padre- fue previamente asesinado. Pues bien, Usama (ra) atacó el asentamiento de Ubna. Pero a pesar de todo, debido a las noticias de apostasía creciente, la población de Medina estaba muy preocupada, lo cual no impidió que al escuchar las noticias de esa victoria se alegraran en gran medida. En consecuencia, esta expedición tuvo un impacto muy significativo en comparación con otras expediciones y se considera como la precursora de la conquista de Siria”.

Otro desafío al que se tuvo que enfrentar Hazrat Abu Bakr (ra) fue el desorden creado por aquellos que rechazaron pagar el “Zakat”, (pago que ha de realizarse anualmente bajo la ley islámica sobre ciertos tipos de propiedad y que se usa para caridad y propósitos religiosos, y que es uno de los Cinco Pilares del Islam). Así que, cuando se extendió por toda Arabia la noticia del fallecimiento del Mensajero de Dios (sa), las llamas de la apostasía y la rebelión comenzaron a prender en todas direcciones.

En este sentido, Alama Ibn Ishaq relata:

“Tras la muerte del Santo Profeta Muhammad (sa), toda Arabia se volvió apóstata, excepto la gente de las dos mezquitas –o sea, la de La Meca y Medina-. Es decir, una vez murió el Mensajero de Al’lah (sa), los habitantes de La Meca continuaron estando protegidos de la apostasía y los detalles que prueban esto son que Hazrat Suhail bin Amr (ra), que aceptó el Islam cuando La Meca fue conquistada, fue hecho prisionero durante la Batalla de Badr, cuando era todavía incrédulo. Pues bien, esta persona tenía un símbolo marcado sobre sus labios y Hazrat Umar (ra) exclamó: ‘¡Oh Mensajero de Dios (sa)! Rompe sus dos dientes delanteros donde tiene marcado ese símbolo y, de esa forma, nunca podrá decir nada en contra de Muhammad (sa)’. Entonces, el Mensajero de Al’lah (sa) respondió: ‘¡Oh Umar! Déjale en paz; es posible que algún día alcance un rango tan elevado que empieces a elogiarle’.”

Por consiguiente, Hazrat Umar (ra) quería castigarlo, pero el Santo Profeta (sa) le ordenó que no se le hiciera nada, porque en el futuro llegaría un momento en el que diría algo que haría que Hazrat Umar (ra) le elogiara. En todo caso, luego afirma:

“Y esa ocasión tuvo lugar cuando el Profeta (sa) había fallecido y la fe de la gente de La Meca comenzó a mermar. Por eso, cuando los quraish vieron que los árabes se alejaban del Islam y Hazrat Attab bin Asid Umawi (ra), que había sido elegido como su líder por el Santo Profeta Muhammad (sa), había huido, en ese momento Hazrat Suhail bin Amr (ra) se levantó y dio un discurso diciendo:

‘¡Oh pueblo de los qureish! No seáis los últimos en aceptar el Islam y los primeros en abandonarlo. Por Dios, esta religión se extenderá igual que el sol y la luna se extienden por el horizonte desde el momento en el que aparecen hasta el instante en el que se ponen sobre él’.

De esta manera, Hazrat Suhail (ra) pronunció un largo discurso que produjo un gran impacto sobre los habitantes de La Meca y como consecuencia de ello desistieron de su equivocada actitud. Por lo tanto, llamaron a Hazrat Attab (ra), que había huido, y de ahí en adelante los qureish permanecieron firmes como seguidores de la religión del Islam”.

Ahora bien, aquellos que abandonaron el Islam eran de varios tipos y un autor que escribió sobre la vida de Hazrat Abu Bakr (ra) explica lo siguiente en relación a estos tipos de personas:

“La apostasía adoptó diferentes formas: algunos abandonaron el Islam de inmediato y comenzaron de nuevo a adorar a los ídolos; hubo varios que se auto-proclamaron profetas, aunque había muchos que continuaron formando parte del Islam; pero entre estos últimos había quienes continuaban realizando las oraciones, pero dejaron de ofrecer el ‘Zakat’; otros se regocijaron por la muerte del Santo Profeta (sa) y volvieron a sus tradiciones y costumbres de la ‘yahiliya’ (la era de la ignorancia); y finalmente, incluso otros se quedaron estupefactos y dubitativos, y esperaron ver quien acabaría prevaleciendo”. 

Estas diversas formas de apostasía han sido descritas por diferentes eruditos de la historia y de la jurisprudencia. Por ejemplo, el Imam Jattabi dice que habían dos tipos de apóstatas: el primero estaba formado por aquellos que abandonaron la fe, dejaron la nación musulmana y volvieron a ser incrédulos. Al mismo tiempo, esta facción tenía dos subcategorías: la primera era la de aquellos que aceptaron a Musailmah Kazzab y Aswad Ansi (que falsamente proclamaron ser profetas). Pues bien, aceptaron sus proclamas de ser profetas y rechazaron el profetazgo del Santo Profeta Muhammad (sa); y la segunda subcategoría era la de aquellos que se convirtieron en apóstatas del Islam al rechazar parte de la ley islámica como las oraciones y el “Zakat”, y revirtieron a la fe que tenían en la época de la ignorancia o “yahiliyah”.

El segundo tipo de apóstatas consistía en aquellas personas que eligieron o bien las oraciones o el “Zakat”; es decir, continuaban ofreciendo oraciones pero rechazaron la obligatoriedad del “Zakat” y su pago al Jalifa; aunque lo cierto es que de entre aquellas personas que rechazaron el “Zakat” habían algunos que sí deseaban pagarlo, pero sus líderes no les permitían hacerlo.

Por su parte, la división de los apóstatas presentada por Qazi Ayyaz es la más cercana a esta, aunque él menciona tres grupos: el primero es el de aquellos que adoptaron la idolatría, el segundo es el de los que siguieron a Musailmah Kazzab y Aswad Ansi -ambos proclamaron falsamente ser profetas-, y el tercero fue el de aquellos que permanecieron dentro del Islam pero rechazaron el “Zakat” e hicieron sus propias interpretaciones alegando que solo era obligatorio durante la época del Santo Profeta (sa).

Luego está el Dr. Abdul Rahman, que afirma que existían cuatro tipos de apóstatas: en primer lugar, los que adoptaron la adoración de ídolos; en segundo, los que siguieron a los que falsamente proclamaron ser profetas, como Aswad Ansi, Musailmah Kazzab y Sayah; en tercer lugar, los que rechazaron la obligación del “Zakat”; y en cuarto, aquellos que, a pesar de no rechazarlo, se negaron a entregárselo a Abu Bakr (ra). En este sentido, entre las tribus que rechazaron ofrecer el “Zakat”, las más destacadas fueron las tribus Abs y Zubyan, que se encontraban próximas a Medina, y cerca de ellas estaban las tribus de Banu Kinanah, Ghatfan y Fuzarah; además, la tribu Hawazin puso en duda el “Zakat” y también se negó a pagarlo.

Por otro lado, está registrado que Hazrat Abu Bakr (ra) consultó con los Compañeros (ra) acerca de los que se negaban a pagar el “Zakat”. Por eso, Hazrat Abu Bakr (ra) reunió a los más veteranos de entre ellos y les preguntó acerca de cómo librar una batalla contra dichas personas; o sea, se trataba de aquellos que se negaban a pagar el “Zakat”, pero a su vez se denominaban a sí mismos musulmanes. Tras dicha consulta, la mayoría de los musulmanes, incluyendo a Hazrat Umar (ra), eran de la opinión que la guerra no debía entablarse contra los que creían en Dios y Su Mensajero (sa), sino que debían ser incluidos en los esfuerzos en contra de los apóstatas. También había algunos que se oponían a esta opinión, pero eran muy pocos. Al final, según una narración, los Compañeros (ra) aconsejaron a Hazrat Abu Bakr (ra) que aquellas personas que se oponían al “Zakat” debían ser dejadas en paz y, en su lugar, él debía cambiar sus corazones para que la fe se arraigara firmemente en ellos, después de lo cual se recibiría el pago de su “Zakat”.

No obstante, Hazrat Abu Bakr (ra) no estuvo de acuerdo y rechazó esta idea, puesto que él era de la opinión de que había que hacer la guerra contra los que se oponían a pagar el “Zakat” y así obligarlos a que lo dieran. Es más, su convicción en este asunto era tan firme que tras esa discusión declaró enérgicamente:

“Por Al’lah! Si los que se oponen al ‘Zakat’ se niegan a darme tan siquiera una cuerda como solían hacerlo en la época del Santo Profeta (sa), entonces libraré una guerra contra ellos”. 

Esto ha sido explicado en detalle en una narración de “Sahih Bujari”, según la cual Hazrat Abu Hureira (ra) relata que Hazrat Umar (ra) afirmó:

“¿Cómo puedes luchar contra esas personas? No sabes que el Mensajero de Dios (sa) dijo: ‘Se me ha ordenado luchar contra la gente solo hasta que declaren que no hay más dios que Al’lah; y quien declare esto, su riqueza y sus vidas estarán a salvo de mí, excepto por un derecho que es debido por ello y su ajuste de cuentas será con Al’lah”.

Entonces, Hazrat Abu Bakr (ra) vino a decir:

“¡Por Dios! Lucharé contra los que escogen entre las oraciones y el ‘Zakat’, porque el ‘Zakat’ es una riqueza que se debe pagar. ¡Por Al’lah! Incluso si se quedan cortos en darme tan siquiera un cordero, tal y como solían darlo en la época del Santo Profeta Muhammad (sa), lucharé contra ellos”.

Al escuchar esto, Hazrat Umar (ra) respondió:

“¡Por Al’lah, ocurrió que Dios Altísimo abrió el pecho de Hazrat Abu Bakr (ra) y comprendí que esa era realmente la verdad!”. En otras palabras, Hazrat Umar (ra) tuvo que aceptar más tarde que lo que Hazrat Abu Bakr (ra) estaba diciendo era lo correcto.

Por su parte, Hazrat Syed Zainul Abideen Waliullah Shah Sahib (ra) escribe como explicación de ese hadiz o dicho del Profeta (sa), que:

“La cláusula mencionada arroja más luz sobre el asunto; es decir, si un musulmán no defiende los derechos islámicos tras declarar que no hay más dios que Al’lah, entonces puede ser considerado responsable. Uno no puede salvarse del castigo solamente por profesar la fe. Puede haber dos significados de las palabras de árabe que se mencionan en el hadiz: el primero se refiere a los derechos que debemos cumplir según las enseñanzas islámicas, pero la palabra ‘haqq’, que es una forma infinitiva, puede además significar la forma plural; y el segundo significado es que el Islam considera necesario tomar esta riqueza y vida; y la expresión de esto que aparece en dicho hadiz significa que es necesario y se ha utilizado en forma transitiva. La razón es que el bienestar de las personas en la sociedad depende de que se cumplan los derechos que cada uno tiene y al igual que no pagar impuestos se considera una rebelión y merece un castigo, también lo es negarse a ofrecer el ‘Zakat’. 

Al principio, Hazrat Umar (ra) no estuvo de acuerdo con Hazrat Abu Bakr (ra), pero cuando escuchó el argumento basado en las palabras que pronunció, aceptó su punto de vista. En consecuencia, este incidente demuestra que la mera declaración de que no hay más dios que Al’lah no significa automáticamente que ya hemos realizado buenas acciones. El tema de este capítulo queda clarificado con el siguiente versículo, que mientras repite el asunto mencionado en el versículo anterior, en el mismo Dios Altísimo afirma que: ‘Pero si se arrepienten y observan la oración y pagan el ‘Zakat’, entonces son tus hermanos en la fe (y no debe haber oposición contra ellos)’. 

Estas palabras demuestran que una persona que abandona cualquiera de estas tres cuestiones no puede ser musulmana, pues los ‘Cinco Pilares del Islam’ son obligatorios. Así que, al afirmar ‘excepto lo que se debe como derecho’, el propio Santo Profeta (sa) ha considerado que gastar en el camino de Dios es un derecho que se debe a las partes más débiles de la sociedad. En otras palabras, es obligatorio para aquellos que poseen medios seguir los mandamientos del Islam y cumplir con el derecho financiero que les corresponde. De este modo, verán además sus propios derechos protegidos.

La conclusión a la que llegó Hazrat Abu Bakr (ra) basándose en las palabras árabes del hadiz muestra su profundo y amplio conocimiento, puesto que según él, negarse a pagar el  ‘Zakat’ es una rebelión y los individuos que no lo paguen (siempre y cuando les pertenezca), no pueden seguir formando parte de una sociedad islámica y es necesario hacer la guerra contra ellos a causa de su rebelión. Incluso aunque el Islam ha concedido libertad en materia religiosa al declarar que ‘no hay compulsión en la religión’, sin embargo, a una persona que aparentemente acepta el Islam, se le concede seguridad al pertenecer a una sociedad islámica y por ello disfruta de los beneficios y derechos comunales al formar parte de la misma. En conclusión, si una persona no cumple con los deberes y obligaciones que el Islam ha establecido para quienes forman parte de una sociedad islámica, entonces no tendrá derecho a beneficiarse de la protección comunal ni del derecho a la seguridad, puesto que en definitiva no hay ninguna ley en el mundo que tolere a los que infringen la ley y se muestran rebeldes. En defintiva, el sistema islámico del ‘Zakat’ y las limosnas tiene que ver con la sociedad en su conjunto y no con un individuo; y sus resultados e impactos también están relacionados con la sociedad en general, no con un solo individuo”. 

Según otra narración, en esta ocasión, Hazrat Umar (ra) proclamó:

“¡Oh Sucesor del Mensajero (sa)! Conquista los corazones de la gente y sé amable con ellos”.

Ante esto, Hazrat Abu Bakr (ra) le dijo a Hazrat Umar (ra):

“Fuiste muy valiente durante el tiempo de la ignorancia (‘yahiliyah’), pero ahora, durante el tiempo del Islam, estás mostrando cobardía”. 

En cualquier caso, los resultados derivados de la conducta de los que se opusieron al “Zakat”, la lucha emprendida contra ellos y el impacto y consecuencias que tuvieron en los mismos serán expuestos en el futuro, si Dios quiere.

Hoy me gustaría volver a decir algo sobre la situación actual del mundo:

Rezad para que Dios Altísimo conceda guía y sabiduría a los gobiernos de ambos bandos para que no provoquen el derramamiento de sangre de la humanidad. Además, por un lado, los musulmanes deberían aprender una lección de esta guerra actual en cuanto a cómo se ha unido Occidente; y por otro, a pesar de recitar el mismo “Kalimah” (la declaración de la fé islámica), los musulmanes nunca se unen. En lugar de mostrar unidad, han permitido que sus países sean destruidos: por ejemplo, Irak fue destruido, al igual que Siria y actualmente hay destrucción teniendo lugar en Yemen. Así pues, por desgracia, en vez de mostrar unidad, permiten que todo esto se haga a través de otros y además ellos mismos participan directamente en ello. Por eso, los musulmanes deberían, al menos, aprender una lección de unidad de esta gente.

¡Qué Dios Altísimo conceda Su misericordia a las naciones musulmanas, a cada musulmán y a la Ummah musulmana! Pero recordad que esto (la unidad) solo puede ocurrir cuando acepten al Imam de esta época, quien fue enviado por Al’lah en este tiempo para ese mismo propósito.

¡Qué Dios Altísimo les conceda sabiduría y entendimiento!

Al mismo tiempo, que recen para la reforma de sus estados internos, que también lo hagan por el mundo y utilicen sus medios y recursos para evitar que el este entre en guerra, en lugar de unirse al conflicto ellos mismos.

Después de las oraciones del viernes, dirigiré la oración fúnebre en ausencia de Syeda Qaisara Zafar Hashmi Sahiba, esposa de Zafar Iqbal Hashmi Sahib de Lahore, quien ha fallecido recientemente:

¡Ciertamente venimos de Al’lah y a Él volveremos!

Era la nieta de Hazrat Syed Muhammad Ali Bukhari (ra), un Compañero del Mesías Prometido (as) y también hija de Syed Nazir Ahmad Bukhari Sahib. Tras casarse, vivió en varios lugares. Se casó en 1961 y en 1981 se trasladó a Alama Iqbal Town de Lahore, donde pudo ejercer como “Sadr” (presidenta) y secretaria de “Lallna” (la organización local de mujeres áhmadis).

Era mujer muy devota, amable, hospitalaria, paciente, agradecida, piadosa y sincera. Sentía un profundo amor y obediencia por el Jalifato. Estaba al frente de la participación en los proyectos financieros y ofrecía sus contribuciones monetarias a principios de año. Por la gracia de Dios era “musia” (integrante del sistema ‘Al-Wasiyat’). Le sobreviven su marido, cinco hijos y una hija.

Uno de sus hijos, Mahmud Iqbal Hashmi Sahib, está actualmente prisionero en el camino de Dios, en la “Camp Jail”, una cárcel de Lahore. No obtuvo permiso para salir de la prisión para poder asistir al funeral de su madre, aunque la administración le concedió cierta indulgencia por la que el cuerpo de su querida madre fue llevado a la cárcel y pudo ver su rostro por última vez. Lo cierto es que a los ahmadis se les imponen castigos muy duros por adoptar las tradiciones islámicas y no se les permite salir de la cárcel, ni siquiera para ofrecer las oraciones fúnebres, mientras que los peores asesinos obtienen permiso para salir. En cualquier caso, que Dios Altísimo se apiade del gobierno de ese país.

En junio de 2019 se presentó un caso contra Mahmud Iqbal Sahib y tres de sus amigos, después de lo cual se les concedió la libertad bajo fianza, pero esta fue revocada en agosto de 2021 y los tribunales los enviaron de nuevo a prisión. ¡Qué Dios Altísimo le procure rápidamente los medios para su liberación!

Uno de los nietos de la fallecida, Asim Iqbal Hashmi Sahib, es misionero aquí en el Reino Unido. ¡Qué Al’lah le permita actuar según las virtudes de su abuela, lo mismo que al resto de su progenie; y que Él conceda Su perdón a la fallecida!

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