Reviviendo la gratitud: el reflejo del Mesías Prometido (as) del ejemplo de su Maestro (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Reviviendo la gratitud: el reflejo del Mesías Prometido (as) del ejemplo de su Maestro (sa)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes – 14 de agosto de 2026

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

En sermones anteriores, he hablado sobre las enseñanzas que el Santo Profeta (sa) nos trajo con respecto a la expresión de gratitud, así como sobre el ejemplo personal que dio al respecto. Hoy mencionaré cómo, en esta época, su ferviente devoto comprendió forma más elevada de esta gratitud y cómo la presentó en diversas ocasiones y a través de distintas referencias. Del mismo modo, [también hablaré sobre] su propia práctica, sobre cómo guiaba en este sentido a los niños de su hogar y sobre las expectativas que tenía de un ahmadí. Todos estos aspectos constituyen principios rectores para nosotros en la actualidad.

Al explicar la importancia y la sabiduría de agradecer las bendiciones de Dios Altísimo, el Mesías Prometido (as) afirmó:

“Cuando una persona alcanza un rango elevado, se vuelve arrogante, cuando, precisamente en ese período, puede realizar muchas buenas obras y beneficiar a la humanidad. Dios Altísimo dice en el Sagrado Corán:

[Árabe]

‘Si sois agradecidos, ciertamente os concederé más favores; pero si sois ingratos, sabed que Mi castigo es muy severo’; es decir, cuando Dios concede Sus favores a una persona, esta debe expresar gratitud por ellos y preocuparse por el bienestar de la humanidad. Pero si, en lugar de hacerlo, comienza a cometer injusticias, entonces Dios le quita esas bendiciones y le castiga”.

En una ocasión, el Mesías Prometido (as) dijo:

“Lo primero y más importante es estar agradecidos a Dios, Quien nos dio la vida, la salud, el vigor y la paz, y nos proporcionó los medios para la propagación de la fe. En realidad, la verdad es que, si uno intentara enumerar estas bondades de Dios Altísimo, nos sería absolutamente imposible contar los favores y las bendiciones de Dios”.

En otra ocasión, el Mesías Prometido (as) afirmó:

“Los musulmanes deben estar sumamente agradecidos a Dios, quien les ha concedido una religión pura, tanto en la teoría como en la práctica, de toda forma de corrupción, abominación y defecto. Si una persona reflexiona con atención y profundidad, descubrirá que, en verdad, solo a Dios Altísimo pertenecen todas las alabanzas y virtudes, y que ningún ser humano ni ninguna otra creación es realmente, en el verdadero sentido, digna de alabanza y admiración.

Si una persona observa libre de cualquier interés personal, le resultará evidente que quien sea declarado digno de elogio, solo puede merecerlo si, en algún momento, cuando no existía nada material, ni se tenía conocimiento de ello, creó esas cosas. Otra razón podría ser que, en una época en la que nada existía y se desconocían los medios y elementos necesarios para dar existencia a algo, preservarlo, salvaguardar su salud y mantener su vida, alguien proporcionara todos esos medios necesarios. O tal vez que, en un momento en que esta creación pudiera haber sido presa de multitud de aflicciones, alguien tuviera misericordia de ella y la protegiera. Más aún, alguien podría ser digno de elogio si, por ejemplo, evitara que se desperdiciara el esfuerzo de quien trabaja y otorgara todos sus derechos a quienes trabajan. Aunque, aparentemente, el cumplimiento de los derechos de un trabajador no sea más que una mera compensación, se puede considerar benefactor a quien, además, cumple íntegramente con los derechos de los demás. Estas son las diversas cualidades, y, a menos que una persona las posea y ayude a los demás, no puede ser verdaderamente digna de elogio”.

Dijo:

“Estas son cualidades del más alto nivel, que pueden hacer que una persona sea merecedora de elogio y reconocimiento. Ahora reflexionad y ved que, en realidad, solo Dios Altísimo es verdaderamente merecedor de todas estas cualidades (afirma que solo Dios Altísimo es merecedor de estas tres o cuatro cualidades que he mencionado). Solo Él posee estos atributos en su perfección. No existe ninguna otra persona en la que se encuentren estas cualidades (no existe ningún otro ser que posea estos atributos)”.

Luego, llamando la atención sobre la expresión de gratitud a Al’lah por el renacimiento del islam y el establecimiento del Movimiento Ahmadía, el Mesías Prometido (as) afirmó:

“¡Oh sabios! No os extrañéis de que Dios Altísimo haya hecho descender una luz celestial en este tiempo de necesidad y en medio de estos días de intensa oscuridad, designando a un siervo para el bien universal y enviándolo al mundo con el propósito de [demostrar] la supremacía del mensaje del islam, promover la luz del Mejor de la Humanidad [el Santo Profeta (sa)], ayudar a los musulmanes y purificar su condición interior.

Más bien, lo sorprendente hubiera sido que ese Dios – que es el Defensor de la fe del islam y que prometió permanecer para siempre como Guardián de la enseñanza coránica, sin permitir jamás que se enfriara, se volviera inerte o se apagara –  hubiera guardado silencio al contemplar esta oscuridad y la maldad, tanto interna como externa, olvidando aquella promesa que Él mismo había afirmado con tanta vehemencia en Su Santa Palabra (la bendición que Dios Altísimo ha enviado está de acuerdo con Su promesa, y no hay nada sorprendente en ello. Lo asombroso habría sido que Dios Altísimo no hubiera cumplido Su promesa y que el declive del islam hubiera continuado)”.

Continúa diciendo:

“Vuelvo a insistir: si hubiera algún motivo de sorpresa, sería que no se cumpliera la profecía clara y explícita de ese Santo Mensajero (sa), en la que se afirmaba que Dios Altísimo seguiría suscitando, al comienzo de cada siglo, a un siervo de tal rango [exaltado] que reviviría Su religión. Así pues, esto no es motivo de sorpresa. Por el contrario, es una ocasión para dar miles y miles de gracias y un momento para fortalecer la fe y la convicción”. Así vemos que, hasta la llegada del Mesías Prometido (as), al comienzo de cada siglo aparecieron Muyaddids entre diferentes pueblos, y que Dios Altísimo lo envió entonces como el Muyaddid del último milenio, otorgándole el estatus de Mesías Prometido y Mahdi.

Continúa:

“Es una ocasión para dar miles de gracias y un momento para fortalecer la fe y la convicción de que Dios Altísimo, por Su gracia y misericordia, cumplió Su promesa y no permitió ni un minuto de retraso en la profecía de Su Mensajero. No solo cumplió esta profecía, sino que también abrió la puerta a miles de profecías y milagros futuros”. Con la llegada del Mesías Prometido (as), Dios Altísimo cumplió muchas otras profecías.

Afirma:

“Si tenéis fe, sed agradecidos y postraos en señal de gratitud, pues habéis llegado a la época cuya llegada aguardaron fervientemente vuestros nobles antepasados hasta su muerte, y en cuyo anhelo innumerables almas partieron de esta vida” (los eruditos y santos musulmanes de antaño continuaron esperando la llegada del Mesías Prometido, pero no pudieron presenciar su venida. Afirma que tenéis la fortuna de haber presenciado esa época, así que agradeced a Dios Altísimo). Ahora está en vuestras manos apreciarlo o no, así como beneficiaros de él o no. Proclamaré una y otra vez – declaración que no puedo evitar hacer –  que soy yo quien fue enviado en el momento señalado para la reforma de la humanidad (Dios Altísimo cumplió esa promesa en mí), para que la fe vuelva a arraigarse firmemente en los corazones”.

Ojalá quienes se oponen a él y los musulmanes que no le aceptan comprendieran esto y, al tiempo que expresan su gratitud a Dios Altísimo, aceptaran al enviado por Él y se unieran en el vínculo de la unidad, para que pudieran salvarse de las dificultades por las que atraviesan los musulmanes hoy en día.

Dirigiéndose a un buscador de la verdad, el Mesías Prometido (as) declaró:

“Dad gracias a Dios porque ha venido en nuestra ayuda precisamente en el momento de necesidad y ha establecido esta dispensación. Por lo tanto, os corresponde no malgastar esta generosidad que se os ha concedido, sino valorarla con respeto; dad importancia a la ayuda y al socorro que se os ha brindado.

Tened muy presente que, sin el apoyo de Dios y a menos que Él capacite a alguien para hablar, ningún individuo puede exponer correctamente ningún asunto con toda la fuerza necesaria. Sin ello, una persona simplemente no puede encontrar los argumentos adecuados y es incapaz de hablar de manera eficaz (solo cuando se cuenta con la ayuda de Al’lah se aceptan los argumentos).

También se debe a la gracia especial de Dios que, mediante esta forma de exposición, aquellas personas que poseen en su interior la facultad de la bondad puedan reconocer a quien habla con el poder y la fuerza de Dios, lleno del Espíritu Santo (es un favor de Al’lah que la gente pueda reconocer al enviado de Él)”.

Por lo tanto, constituye una magnífica gracia de Dios Altísimo para con vosotros el haberos conferido esta facultad y haberos dado ojos con los que reconocer la verdad (dirigiéndose a los buscadores de la verdad, dijo: ‘Estás buscando la verdad; así pues, da gracias a Al’lah por haberte concedido este entendimiento’. Hay muchas personas que se consideran grandes eruditos, pero carecen de conocimiento. Su oposición sigue aumentando, pero vosotros debéis estar agradecidos de que Al’lah os haya concedido entendimiento. Estos son favores muy grandes de Al’lah).

Afirmó:

“Si Él no os hubiera bendecido de esta manera, al igual que otros se cubren con velos y profieren insultos, vosotros también estaríais entre ellos (por lo tanto, quienes quienes le aceptaron son afortunados). Es la pura gracia de Dios la que os ha atraído hasta aquí”.

Luego expuso el siguiente ejemplo:

“Fijaos en Miyan Abdulhaq. Si la gracia de Dios no hubiera acudido en su ayuda, ¿cómo habría podido abandonar su vida de lujos?”. El tal Mian Abdulhaq mencionado aquí era Munshi Abdulhaq, residente de Kasur. En aquel entonces era estudiante y cursaba su licenciatura. Aunque era musulmán, tres años antes de que se hiciera esta declaración se había convertido al cristianismo. Tras leer Al-Hakam y algunos de los escritos del Mesías Prometido (as), escribió una carta al Mesías Prometido (as), manifestando su deseo de ver la verdad y la veracidad del islam demostradas de forma práctica. Dijo que no había encontrado nada parecido en el islam y que, por lo tanto, deseaba verlo demostrado en la práctica. El Mesías Prometido (as) le respondió por escrito, indicándole que fuera a Qadian y permaneciera allí durante al menos dos meses. En consecuencia, partió hacia Darul Aman y llegó allí en 1901. Luego permaneció en compañía del Mesías Prometido (as), especialmente cuando varios consejeros se habían reunido a su alrededor.

Cuando decidió ir allí, varias personas le aconsejaron que no fuera a Qadian. Incluso intentaron impedir que se marchara. Uno de ellos llegó incluso a insultarle, a pesar de que el uso de lenguaje ofensivo está prohibido en su religión y, en general, es contrario al civismo y a las buenas maneras. Sin embargo, a pesar de todo ello, la gracia de Dios prevaleció y le atrajo hasta allí (los medios para hacer el mal simplemente no estuvieron a su alcance). De lo contrario, si en aquel momento hubiera estado casado, el Mesías Prometido (as) dijo que podrían haber surgido dificultades debido a su matrimonio. Si se hubiera casado, podría haber tenido que enfrentarse a una prueba. Pero Dios le protegió en todos los sentidos”.

“La gracia de Dios no surge repentinamente como algo nuevo (es decir, es la gracia de Dios, que Él concede a quien favorece; no es algo nuevo). Más bien, cuando Dios otorga Su gracia a alguien, le protege de todas las maneras. No penséis que, meramente somos musulmanes. El islam es una gran bendición: valoradlo y dad gracias por ello. En esto existe una filosofía que no puede alcanzarse meramente pronunciando palabras. Llamarse a uno mismo musulmán no resuelve el asunto. Uno debe seguir las enseñanzas, las acciones y los principios que exige el islam”.

Expresando gratitud por quienes poseen sinceridad y amor por el Movimiento Ahmadía, el Mesías Prometido (as) afirma:

“En este punto, no puedo continuar sin mencionar y expresar mi gratitud por el hecho de que la gracia y la benevolencia de Dios Altísimo no me han abandonado. Quienes forjan un vínculo de hermandad conmigo y entran en este Movimiento, que Dios Altísimo ha establecido con Su propia mano, están adornados, de una manera maravillosa, con los matices del amor y la lealtad. No ha sido por ningún esfuerzo mío, sino por Su propio favor especial, que Dios Altísimo me ha regalado estas almas rebosantes de sinceridad (está alabando a las personas sinceras que se han unido a la Comunidad Ahmadía, afirmando que son almas rebosantes de sinceridad que han acudido a él).

Entre estas personas sinceras que se han unido al Ahmadíat, mi corazón se conmueve, ante todo, al mencionar a uno de mis hermanos espirituales, cuyo nombre, al igual que la luz de su sinceridad, es Nuruddin. Siempre he contemplado con anhelo algunos de los servicios religiosos que presta por la causa de exaltar la palabra del islam, gastando de sus ingresos lícitos, y he deseado que yo también pudiera ser capaz de prestar tales servicios (a pesar de que él mismo estaba haciendo tanto por la causa del islam, afirma que, cuando veía los sacrificios de Hazrat Maulvi Nuruddin (ra), sentía un profundo anhelo y deseaba que él también pudiera prestar tales servicios financieros).

Cada vez que contemplo el fervor de su corazón por apoyar la fe, se presenta ante mis ojos una imagen del poder divino, que muestra cómo Él atrae hacia Sí mismo a Sus siervos. Con toda su riqueza, toda su fuerza y todos los medios a su disposición, permanece siempre dispuesto a obedecer a Dios y a Su Mensajero” (aquí, el Mesías Prometido (as) está hablando de Hazrat Jalifatul Masih I [ra]).

Sé por experiencia, y no meramente sobre la base de una buena opinión, que él no dudaría en sacrificar, en mi causa, no solo su riqueza, sino incluso su vida y su honor. Si se lo hubiera permitido, habría sacrificado todo en esta causa y habría cumplido el derecho de la compañía física y de la asociación constante conmigo, del mismo modo que cumplió el derecho de la compañía espiritual (habría continuado conmigo permanentemente)”. Cuando se escribieron estas palabras, era alrededor de 1890, hacia finales de la década de 1890, en el libro Fath-e-Islam. Más tarde, Hazrat Maulvi Hakim Nuruddin (ra) lo dejó todo y se puso al servicio del Mesías Prometido (as), permaneciendo junto a él.

Al mencionar los favores físicos y espirituales de Dios Altísimo bajo Su atributo de ser el Clemente, el Mesías Prometido (as) afirmó:

“Es digno de infinita alabanza y adoración el Poderoso Señor que demostró Su gran poder creando todas las almas y cuerpos mediante Su mandato y decreto, sin ninguna materia ni sustancia preexistente, y que manifestó la señal de Su gracia eterna impartiendo conocimiento y perfeccionando la moral de todos los nobles profetas sin la mediación de maestro o mentor alguno” (es decir, los profetas que Dios envía también son enseñados por Él, capacitados por Él y reciben Sus mandamientos).

Afirmó:

“Santo es Dios, el Clemente y Benefactor, que nos dio a nosotros, pobres mortales, sin mérito propio alguno, todo cuanto necesitábamos. Para nuestro sustento físico, Él designó el sol, la luna, las nubes y los vientos. Para satisfacer nuestras necesidades espirituales, envió la Torá, los Evangelios, el Corán y todos los demás libros celestiales en sus momentos oportunos”.

Luego oró:

“Infinitas gracias te sean concedidas, ¡oh Dios!, por guiarnos hacia el camino que conduce a Ti y por salvarnos de los errores del pensamiento y de la razón mediante el envío de Tus libros sagrados. Invocamos bendiciones sobre el Jefe de los Profetas, Hazrat Muhammad Mustafa (sa) [el Elegido], sobre su descendencia y sobre sus compañeros. A través de él, Dios guió hacia el sendero recto a todo un mundo que había perdido su camino.

Él fue el maestro y el benefactor que guió de nuevo al sendero recto a las personas extraviadas; el benevolente y compasivo que libró a la gente del shirk [politeísmo] y de la maldición de los ídolos; la luz y el difusor de luz que iluminó al mundo con la luz del Tauhid [unidad de Dios]; el sanador y médico que capacitó a los corazones enfermos para transitar por el camino de la rectitud; el noble hacedor de milagros que revivió a los muertos con el elixir de la vida (es decir, a aquellos que estaban espiritualmente muertos); el misericordioso y compasivo que sufrió dolor y pesar por su Ummah (su comunidad estaba cayendo en declive y, por su causa, el Mesías Prometido (as) fue enviado en esa época, y soportó una gran angustia por ella); el valiente y audaz que nos rescató de las fauces de la muerte (Dios envió primero al Santo Profeta (sa) para la reforma del mundo y luego envió a su Verdadero Servidor)”.

Afirma con respecto al Santo Profeta (sa):

“El valiente y audaz que nos rescató de las fauces de la muerte; el humilde y abnegado que inclinó su cabeza ante su Señor en total sumisión (es decir, el Santo Profeta [sa]) y aniquiló por completo su ser; el creyente perfecto en la unidad de Dios y el océano de conocimiento que no se amedrentaba ante nada excepto ante la majestad de Dios y consideraba insignificante todo lo demás aparte de Él; y el milagro del poder divino que, a pesar de ser analfabeto, superó a todos en conocimiento divino e hizo comprender a todas las naciones los errores y equivocaciones que padecían”.

Esta es una descripción del Santo Profeta (sa). El Mesías Prometido (as) dio primero los ejemplos de la Torá y el Evangelio para los pueblos que habían sido guiados a través de esas escrituras. Pero, cuando posteriormente la corrupción se extendió por todo el mundo, fue a la persona del Santo Profeta (sa) a quien Dios Altísimo envió y a través de quien hizo volver a las personas a su Creador.

El Mesías Prometido (as) suplica a continuación:

“¡Oh Señor de todos los mundos! Está más allá de mis posibilidades ofrecerte gratitud por todos Tus favores. Tú eres el más Misericordioso y Compasivo, y las albricias que me has concedido son innumerables. Perdona mis pecados, no sea que acabe arruinado. Llena mi corazón de un amor sincero por Ti, para que pueda recibir la vida. Cubre mis faltas y permíteme realizar obras que se conviertan en fuente de Tu complacencia. Busco refugio en Tu noble rostro, no sea que Tu castigo caiga sobre mí. Ten misericordia y sálvame de las calamidades de este mundo y del más allá. Porque toda gracia y compasión están en Tu mano. Amin, y de nuevo, Amin”.

Luego, el Mesías Prometido (as) escribe:

“Mil veces gracias se deben a ese Señor Noble que nos ha otorgado una religión que proporciona un medio para conocer a Dios y temerle como nunca se ha presenciado en ninguna otra época ni en ningún otro momento. Y miles de bendiciones sean sobre ese Profeta (sa) libre de pecado, a través del cual entramos en esta religión santa, y miles de misericordias sean sobre los compañeros del Santo Profeta (sa), que regaron este jardín con su sangre”.

En otra ocasión, el Mesías Prometido (as) dijo:

“Aquellos que son veraces y justos a los ojos de Dios siempre han soportado sufrimientos a manos y por boca de los ignorantes”. Aquellos que son justos y veraces a los ojos de Dios Altísimo, que están verdaderamente vinculados a su fe y son fieles a Dios Altísimo, sufren daños a manos y por boca de los ignorantes, tal como los ahmadíes también están sufriendo en varios lugares en esta época.

“Dado que ha sido la práctica eterna de Dios desde los tiempos más remotos que esto sea así, si nosotros también soportamos algún daño, ya sea de nuestra propia gente o de extraños, debemos dar gracias y regocijarnos por haber demostrado ser, al menos, dignos, a los ojos de ese verdadero Amado, de ser hechos sufrir en Su camino”. Si estamos sufriendo en el camino de Dios Altísimo, esto también es nuestra buena fortuna, y debemos regocijarnos y dar gracias a Dios, porque solo aquellos a quienes Dios Altísimo ama soportan el sufrimiento en Su camino y son perseguidos.

“Así pues, soportar el sufrimiento de esta manera es, de hecho, nuestro propio honor. Pero, cuando contemplamos el otro lado – que ciertos enemigos de la fe, mediante sus mentiras, no se contentan simplemente con causarnos aflicción, sino que también sumen en la confusión a personas desatentas y desinformadas – , consideramos que, en tal caso, es nuestro deber proteger a estas personas desprevenidas de la confusión, en la medida de nuestras posibilidades”. Es decir, también debemos explicarles la realidad y exponer todos los males que estos enemigos cometen para dañar a las personas. Proteger a las personas de la confusión no significa que nosotros mismos debamos comenzar a utilizar el mismo lenguaje vulgar que emplean nuestros oponentes y descender a los malos modales; más bien, permaneciendo dentro de los límites de la enseñanza islámica, debemos responder a su falsa propaganda y a sus acusaciones calumniosas.

Esto es algo que cada uno de nuestros predicadores también debería tener en cuenta: a veces, al responder a las objeciones de los críticos, nosotros mismos expresamos cosas de tal naturaleza que dan al objetor ocasión para cuestionar nuestros estándares morales. Nuestros principios morales deben ser extremadamente elevados. De hecho, sin duda debemos decir la verdad, pero permaneciendo dentro de los límites de la buena conducta moral. No debemos adoptar el mismo lenguaje que ellos.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Este humilde no puede agradecer suficientemente los favores de Dios Altísimo, pues, en este momento en que se me declara infiel y desde todas las direcciones se alzan las voces de los clérigos de esta época diciendo:

[Árabe]

“Tú no eres un creyente”,

llega, de parte de Dios – Gloriosa es Su Majestad- , esta llamada:

[Árabe]

“Di: ‘Se me ha ordenado, y soy el primero de los creyentes’”. Por un lado, los clérigos dicen: “De alguna manera, desarraigad a este hombre”; y, por otro, llega la revelación:

[Árabe]

“Ellos aguardan con expectación que te sobrevengan desgracias; en su lugar, un mal giro de la fortuna les sobrevendrá a ellos”. Al final, este será, en efecto, el resultado, si Dios quiere. Por un lado, se están esforzando por deshonrar y humillar por completo a este hombre; y, por otro, Dios promete:

[Árabe]

“Quien busque deshonrarte, Yo lo deshonraré; Dios es tu recompensa; Dios te concederá tu majestad”. Por un lado, los clérigos escriben edicto tras edicto, declarando que creer en este hombre y seguirlo convierte a una persona en infiel; mientras que, por otro, Dios Altísimo enfatiza repetidamente en Su revelación:

[Árabe]

“Di: ‘Si amáis a Dios, seguidme; Dios os amará’”. Dios Altísimo también le había dicho esto al Santo Profeta (sa) y, siguiendo al Santo Profeta (sa), Dios Altísimo le ha dicho lo mismo a su verdadero siervo, porque solo él es el verdadero y ardiente amante del Santo Profeta (sa), y aceptarle supone prestar una obediencia perfecta al Santo Profeta (sa), puesto que él es su siervo perfecto y obediente. En resumen, todos estos clérigos están luchando contra Dios Altísimo Mismo; veamos ahora a quién pertenece la victoria”.

Por la gracia de Dios Altísimo, la Comunidad está progresando gradualmente. El crecimiento de la Comunidad constituye una respuesta más que suficiente para estas personas. ¡Ojalá tuvieran un poco de sentido común y algo de vergüenza!

El Mesías Prometido (as) afirma:

“En este momento no puedo dejar de expresar mi agradecimiento: así como Dios Altísimo, en apoyo de nuestro Santo Profeta (sa), hizo rendir cuentas a los incrédulos mediante Su revelación y declaró que Mi Profeta posee una conducta de tan elevada calidad que no tenéis poder alguno para señalar ningún defecto o fallo en sus últimos cuarenta años de vida, pese a que vivió entre vosotros, día y noche, durante cuarenta años; ni tenéis tampoco el poder de encontrar siquiera una pizca de culpa en su noble familia, que es una familia de nobleza, pureza, soberanía y eminencia.

Entonces, reflexionad: una persona que pertenece a una familia tan exaltada, tan pura y tan noble, y cuyos cuarenta años de vida, vividos ante vuestros propios ojos, dan testimonio de que la falsedad y la mentira no forman parte de su forma de ser; dadas estas excelencias, cuando además está mostrando signos celestiales, cuando el apoyo de Dios Altísimo está manifiestamente con él y cuando ha traído una enseñanza frente a la cual vuestras propias creencias resultan totalmente inmundas, impuras y empapadas de politeísmo, después de todo esto, ¿qué duda os queda en la mente acerca de la veracidad de este Profeta?”.

A continuación, en lo que respecta a responder a los detractores del islam, afirmando que el Santo Profeta (sa) es ese profeta verdadero y auténtico que vino de Dios Altísimo y proporcionó los medios para que el mundo se uniera a Dios, el Exaltado, el Mesías Prometido (as) se refiere a sí mismo y afirma:

“Del mismo modo, Dios Altísimo ha hecho rendir cuentas a mis enemigos y a quienes me niegan, pues yo también soy el verdadero siervo del Santo Profeta (sa). A mí también Dios Altísimo me ha hecho esta misma promesa”. De esta forma, cita el Barahin-e-Ahmadía y dice: “En él hay una revelación que me concierne. Han transcurrido ya veinte años desde su publicación, y esta es la revelación:

[Árabe]

Es decir, decidles a estos adversarios: “He vivido entre vosotros durante cuarenta años y, a lo largo de este extenso período, me habéis observado. Mi labor nunca ha sido una invención ni una falsedad, y Dios me ha protegido de llevar una vida de impureza. Entonces, ¿cómo es posible que una persona que durante un período tan prolongado, es decir, durante cuarenta años, se mantuvo a salvo de todo tipo de falsedades, fechorías, engaños y malicia, y que ni una sola vez mintió a ninguna de las criaturas de Dios, ahora, en contra de la costumbre de toda su vida, invente una mentira contra Dios Altísimo?”.

Ya he descrito anteriormente muchos aspectos de su carácter, de los que se desprende claramente que incluso sus adversarios solían elogiarlo, diciendo que nunca mentía ni se comportaba de tal o cual manera. Por lo tanto, estas son expresiones de agradecimiento mediante las cuales el Mesías Prometido (as) mostró gratitud por las bendiciones de Dios Altísimo y expresó también sus sentimientos de agradecimiento hacia sus seguidores y ayudantes.

Además de todo esto, también se esforzaba por inculcar a los niños la importancia de la gratitud. En cuanto a cómo era su comportamiento en casa a este respecto, una narración cuenta que, en cierta ocasión, el Mesías Prometido (as) relató a los niños de su casa una historia que Hazrat Musleh Maud había anotado para publicarla en el periódico Al-Hakam, y que era la siguiente:

“Había un hombre calvo y un hombre ciego. Un ángel de Dios, tras adoptar forma humana, se acercó al hombre calvo y le preguntó: ‘¿Qué deseas?’. El hombre calvo respondió: ‘Que me crezca pelo en la cabeza y que consiga riqueza y propiedades’. Así pues, el ángel pasó la mano por la cabeza del hombre calvo y, por el poder de Dios, le creció pelo; además, se le concedieron riquezas y sirvientes.

Entonces, el ángel se acercó al ciego y le preguntó: ‘¿Qué deseas?’. El ciego respondió: ‘Que se me devuelva la vista, para no tener que ir por ahí tropezándome, y tener dinero, para no tener que depender de nadie’. El ángel le pasó la mano por los ojos, y estos se iluminaron; además, obtuvo riqueza y propiedades.

Entonces, por orden de Dios Altísimo, ese mismo ángel se presentó, con el fin de poner a prueba al ciego y al calvo, bajo la apariencia de un mendigo y, dirigiéndose al calvo, le pidió algo. El hombre calvo le respondió con dureza y de mala manera, le gritó y le dijo: ‘¡Lárgate! Hay un montón de mendigos como tú por ahí’. El ángel pasó la mano por su cabeza, y el hombre volvió a quedarse calvo; le fueron arrebatadas todas sus riquezas y bienes, y quedó nuevamente reducido a la misma situación de dificultad en la que se encontraba antes.

Entonces, ese mismo ángel, disfrazado de mendigo, se acercó al ciego, que había recuperado la vista y se había hecho muy rico, y le hizo su petición. El ciego dijo: ‘Es solo Dios Altísimo quien ha concedido todo esto; es Su riqueza; tómala’. Ante esto, Dios Altísimo concedió al ciego aún más riqueza y bienes”.

El Mesías Prometido (as) dijo entonces:

“Así pues, mis queridos hijos, vosotros también debéis recordar dar las gracias por las bendiciones que Dios Altísimo os ha concedido, valorarlas y no reprender nunca a quien os pida algo. Hacer obras de caridad es algo bueno, y hay que dar a quien lo pide; esto agrada a Dios, y Él multiplica aún más Sus bendiciones” (aunque esto se extrae de un extenso Hadiz en el que se mencionan tres tipos de personas, él lo resumió para los niños y se lo contó en casa en forma de cuento).

Cuando el Ramadán coincidía con el invierno, el Mesías Prometido (as) expresaba su gratitud de una forma elegante y sutil. Así, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib escribe que Maulvi Sher Ali Sahib le contó que, en una ocasión, el Mesías Prometido (as) dijo que también era una gracia de Dios Altísimo habernos creado en una época en la que el mes de Ramadán coincidía con el invierno, de modo que el ayuno no nos causara grandes dificultades físicas y pudiéramos continuar con nuestro trabajo con facilidad incluso durante el Ramadán.

Maulvi Sahib solía decir que, en aquella época, el Ramadán caía en diciembre, y afirmaba con humildad que había consultado el calendario de aquel tiempo. Esta es mi propia observación: quizá sea Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib quien afirma que examinó el calendario de aquella época y que, según este, el Mesías Prometido (as) proclamó ser el Mesías en 1891, año en que el mes de Ramadán comenzó el 11 de abril. Esto supuso, por así decirlo, el inicio de la llegada del mes de Ramadán a la temporada invernal. Así, en 1892, el mes de Ramadán comenzó el 31 de marzo; en 1893, el 20 de marzo; y, a partir de entonces, el Ramadán fue cayendo cada año, de forma progresiva, en los días de invierno. Cuando el Mesías Prometido (as) falleció, en 1908, el mes de Ramadán de aquel año comenzó el 1 de octubre. De esta forma, por así decirlo, todo el período de la misión del Mesías Prometido transcurrió en unas circunstancias tales que los ayunos del Ramadán fueron cayendo en la estación invernal. Esto constituía un favor de Dios Altísimo, propiciado por Su decreto general, que el temperamento perspicaz del Mesías Prometido (as) reconoció como una bendición de Dios y que despertó en él sentimientos de gratitud.

El Mesías Prometido (as) también solía dar gracias por el hecho de que la humanidad se beneficiara del trabajo de alguien. Así pues, al hablar de las buenas obras relacionadas con el bienestar de la humanidad, Hazrat Musleh Maou’d (ra) se refirió en una ocasión a la práctica de la medicina en relación con Hazrat Hakim Maulana Nuruddin Sahib. El tratamiento y la curación de los enfermos son algo muy beneficioso, y el Mesías Prometido (as) los valoraba enormemente.

Una vez, cuando se mencionó en casa a Hazrat Maulvi Sahib, el Mesías Prometido (as) no dejó de repetir durante un buen rato: “¡Alabado sea Al’lah, alabado sea Al’lah!”, y dijo que el propio Hazrat Hakim Maulvi Nuruddin Sahib era una de las bendiciones de Dios Altísimo, ya que, gracias a él, muchas personas pobres recibían tratamiento. Eran otros quienes recibían tratamiento, pero era el Mesías Prometido (as) quien daba gracias por el servicio que se prestaba a la humanidad y por el hecho de que aquellos seres humanos se beneficiaran de él. Esta era también su compasión por la humanidad; expresaba su gratitud incluso hacia quien aliviaba el sufrimiento de las personas, y también daba gracias a Dios Altísimo por haber dispuesto los medios para aliviar dicho sufrimiento.

Si Dios quiere, en el futuro hablaré más sobre este tema.

En este momento, me gustaría recordar a algunos de nuestros miembros fallecidos y, tras la oración, también dirigiré las oraciones fúnebres en su ausencia.

La primera de ellas es la mención de Hafiz Shahbaz Ahmad Sahib, un misionero de la Comunidad que prestaba servicio en Costa de Marfil y que falleció el 18 de julio, a causa de un paro cardíaco, a la edad de 31 años.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

Por la gracia de Dios Altísimo, era Musi. Deja atrás a esposa y una hija.

En 2008, memorizó el Sagrado Corán. Tras graduarse en Yamia (Universidad de Teología y Lenguas) en 2019, obtuvo un diploma de un año en lengua francesa por la Universidad NUML, tras lo cual cursó un máster en francés. Posteriormente, fue destinado a Costa de Marfil. El difunto era un hombre de carácter sumamente sociable, hospitalario y alegre, dedicado al Jalifato y servidor sincero de la Comunidad, que desempeñó de manera excelente las responsabilidades a las que había dedicado su vida.

Desde hacía bastante tiempo, impartía clases del Sagrado Corán por internet, enseñando, en urdu y en persa, la pronunciación correcta y las normas de recitación. Quienes escriben sobre él dicen que lo más destacable del difunto era su dignidad y su paciencia: nunca fue una carga para nadie. Le apasionaba mucho predicar y, a veces, incluso organizaba reuniones de predicación en su propia casa. Mantuvo excelentes relaciones con personalidades destacadas y con la administración municipal. Buscaba constantemente nuevas formas de formar a los miembros de la Comunidad. Nunca permitió que se creara distancia alguna entre él y el pueblo africano. En su región, también llevó a cabo proyectos de construcción para la Comunidad y, con gran dedicación y mucho esfuerzo, logró buenos resultados, construyéndose mezquitas en diferentes lugares.

Su esposa, Sabika Sahiba, afirma que era un buen misionero, marido y padre, además de piadoso y muy responsable. Una cosa que solía decir siempre era: “Rezad por mí para que Dios Altísimo me permita prestar un gran servicio a la Comunidad”. Sentía un gran deseo de hacer algo importante por la Comunidad. Tenía en muy alta estima los fondos de la Comunidad. Estaba lleno de paciencia y tolerancia. Por muchas dificultades o penas que tuviera que afrontar, nunca dejó que se notaran sus efectos. No había en él ni el más mínimo atisbo de enfado. Siempre estaba sonriente y alegre; hablaba con amabilidad y explicaba las cosas con cariño.

Nauman Qadir Sahib, que es misionero, afirma que Hafiz Sahib era una persona de buen criterio. Cada vez que se le consultaba sobre cualquier asunto relacionado con la Comunidad, ofrecía consejos con una inteligencia tan notable que cualquier cuestión que pareciera difícil se resolvía con facilidad. Dios Altísimo le había concedido una gran capacidad, incluso en su juventud.

Ehtisham-ul-Haq Sahib, un misionero, escribe que, además de su relación con los misioneros, mantenía también un vínculo muy estrecho con los misioneros locales, con sus vecinos y con los miembros de la Comunidad; muchas personas le mencionaban durante las reuniones. Ayudaba discretamente a los demás en momentos de dificultad.

Rafay Tabassum Sahib afirma que el difunto consideraba cada tarea de la Comunidad como una responsabilidad propia. Siempre que se le asignaba un deber, lo cumplía no solo como una obligación, sino como un acto de adoración. La puntualidad, la planificación, la responsabilidad y la sinceridad figuraban entre los rasgos más destacados de su carácter. Otra cualidad del difunto era que siempre estaba pensando en nuevas formas de educar y formar a los miembros de la Comunidad. Se preocupaba por la formación moral y espiritual tanto de los jóvenes y los niños como de los mayores, cualidad esta muy importante y esencial que debe poseer un misionero.

Otra cualidad destacada del difunto era su gran sinceridad. Servía desinteresadamente y nunca hacía alarde de ello. No era de quienes buscaban la fama, sino el agrado de Dios Altísimo. Dondequiera que fuera destinado, se mantenía ocupado al servicio de la fe. Enseñaba a los niños a recitar el Sagrado Corán con la pronunciación correcta y lo hacía con gran amor. Muchos niños fueron alumnos suyos y lo recuerdan con cariño.

A continuación, mencionamos a Yaringana Momini Sahib, de Burkina Faso. Desempeñaba el cargo de Zaim del Mall’lis Ansarul’lah en su zona. En julio, mientras trabajaba en el campo, unos terroristas abrieron fuego contra él y murió mártir.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

Aceptó el Ahmadíat en 1989. Wudud Sahib, un misionero, escribe que el mártir era una persona sumamente sincera y sentía un profundo amor por la Comunidad y el Jalifato. Sentía un amor apasionado por el Sagrado Corán, un fuerte apego a la mezquita y un espíritu especial para el culto, la obediencia al Jalifato y el servicio a la Comunidad.

Del mismo modo, Abdul’lah Yangani Sahib, un misionero local, afirma que era muy valiente, intrépido, sincero, recto, devoto del culto, afable, sociable, reservado en sus palabras y un excelente trabajador que amaba y obedecía al Jalifato. A menudo era el primero en llegar a la mezquita y se sentaba allí a recitar el Sagrado Corán. El misionero local añade que, cuando pasaba por delante de su casa a la hora del Fallar, oía desde el interior el sonido de la recitación del Corán.

Abdur Rahman Sahib, presidente regional de esa zona, cuenta que, cada vez que le llamaba para realizar tareas de la Comunidad, a pesar de su avanzada edad, acudía personalmente y, siempre que había que realizar el Waqar-e-Amal, traía consigo a sus hijos. Se aseguraba de asistir a todas las Yalsa e I’lltema (convención). Incluso cuando no se encontraba bien, seguía participando en los programas de la Comunidad.

Amin Baloch Sahib afirma que él también vivía en esa zona y sabía que era asiduo en el pago de sus contribuciones económicas. Del mismo modo, el respetado Balbo Sahib, un misionero local, cuenta que, incluso un día antes de su martirio, se había puesto en contacto con él en relación con sus contribuciones económicas y había expresado su preocupación por el pago de las mismas. Estaba imbuido del espíritu de servicio a la Comunidad. Estas son precisamente las cualidades que han mencionado todos los que han escrito sobre él.

Le sobreviven dos viudas y trece hijos e hijas. ¡Que Dios, el Altísimo, le conceda Su perdón y Su misericordia!

La tercera mención corresponde al respetado Yahya Soumare Sahib, de Malí. Falleció recientemente a la edad de 32 años.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

También es un mártir. Debido al terrorismo, la situación en Malí es difícil desde hace algún tiempo. Yahya Soumare Sahib prestaba servicio en el ejército y estaba destinado en la aldea de Anéfis, en la región de Gao. Se dice que el 4 de julio hacía mal tiempo y soplaban fuertes vientos. En ese momento, le dijo a su oficial al mando que iba a comprobar cómo se encontraban los soldados que estaban de servicio. Cuando salió para comprobar cómo se encontraban las unidades que patrullaban contra los terroristas, estos atacaron y, durante ese ataque, Yahya Sahib cayó mártir.

Se ha escrito sobre él que el ejército había decidido ascenderlo el 22 de septiembre, Día de la Independencia de Malí, y que también iba a recibir una Medalla de Honor. Además, estaba previsto que fuera destinado a una gran ciudad. Sin embargo, antes de que esto pudiera suceder, alcanzó el martirio.

Su hermano, Fodi Soumare, cuenta que Yahya Soumare asistió al Yalsa Salana en 2022. Durante el Yalsa, tan pronto como vio la imagen del Mesías Prometido (as), se sintió abrumado por la emoción y experimentó una notable sensación de paz y tranquilidad. Durante el Yalsa, tras escuchar los discursos y estudiar la literatura de la Comunidad, en particular la traducción de La filosofía de las enseñanzas del islam al idioma local, su convicción se afianzó aún más. La postura racional e islámica de la Comunidad Musulmana Ahmadía respecto a la Yihad tuvo un impacto especialmente profundo en su corazón y, en aquella bendita ocasión del Yalsa Salana, juró lealtad y se unió a la Comunidad Musulmana Ahmadía.

Su esposa afirma que era un marido ejemplar, un padre muy cariñoso con su hijo y que se ocupaba de sus necesidades. Fue un gran apoyo para ellos en todos los momentos difíciles. Sus padres dicen que mantenía con ellos una relación de gran amor y respeto. Solía llamarles con regularidad para interesarse por su bienestar, atendía sus necesidades e intentaba resolver todas las dificultades a las que se enfrentaban. Era un hijo muy obediente.

El misionero responsable de Malí escribe que era un joven alegre y agradable; asiduo en el ayuno y en el cumplimiento de las oraciones; considerado con los necesitados; un excelente ejemplo tanto para los suyos como para los demás; fiel en el mantenimiento de los lazos familiares, y una persona recta y sincera. A pesar de ser un nuevo converso, el difunto sentía una extraordinaria devoción, un profundo apego, reverencia y verdadero amor por la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Mesías Prometido (as) y los Jalifas.

Su padre no era ahmadí. Sin embargo, tras el martirio de su hijo, al ver la amabilidad mostrada por la Comunidad y la forma en que esta se ocupó de todo, quedó profundamente conmovido por aquella solidaridad. Llevaba ya algún tiempo investigando sobre la religión y afirmó que se le había revelado la verdad del Ahmadíat. Por este motivo, decidió unirse a la Comunidad.

A continuación, cabe mencionar al respetado Sirall-ul-Haq Qureshi Sahib, quien ostentaba el cargo de Naib Afsar del Yalsa Salana de Rabwah. También ha fallecido recientemente, a la edad de 86 años.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

Por la gracia de Dios, era musi [formaba parte del sistema Al-Wasiyyat]. El Ahmadíat llegó a su familia a través de su abuelo, Hazrat Mian Qutb-ud-Din Sahib, quien fue Compañero del Mesías Prometido (as). Había visto en un sueño que el Mesías Prometido ya había venido. Como consecuencia, se desplazó a Qadian y juró lealtad ante el Mesías Prometido (as). Su abuela también fue compañera del Mesías Prometido (as).

Dios Altísimo bendijo a su abuelo con dos hijos: Qureshi Fazl-e-Haq Sahib y Qureshi Abdul Ghani Sahib. Ambos se dedicaron con gran devoción al servicio de la fe. A pesar de dedicarse a los negocios, siempre estuvieron dispuestos a servir a la fe. También desempeñaron un papel significativo en el desarrollo y la colonización de Rabwah, especialmente cuando comenzó la búsqueda de agua. En aquel momento, se les encomendó la tarea de instalar bombas manuales y otros sistemas similares.

El abuelo materno de Qureshi Sirall-ul-Haq Sahib, Maulvi Muhammad Usman Sahib, también fue compañero. Más recientemente, Sirall-ul-Haq Sahib desempeñó los cargos de Naib Nazir y Naib Afsar del Yalsa Salana. Comenzó a prestar servicio regular en la Comunidad hace unos años – aproximadamente entre 15 y 20 años – . Antes de eso, trabajó en el Departamento de Educación, impartiendo clases en diversas escuelas superiores. También impartió clases en el T.I. Colegio Rabwah.

Syed Qasim Ahmad Sahib afirma que, con el fallecimiento de Sirall-ul-Haq Qureshi Sahib, todos los trabajadores de la oficina del Yalsa Salana sienten como si se hubiera separado de ellos un colega, una persona venerable profundamente comprensivo y compasivo. Siempre que se le asignaba alguna tarea, la cumplía con gran responsabilidad.

Le sobreviven dos hijas y dos hijos. Uno de ellos, Qamar-ul-Haq Qureshi Sahib, es misionero de la Comunidad y presta servicio en el Departamento de Historia. ¡Que Dios Altísimo le conceda el perdón y la misericordia!

A continuación, queremos recordar al respetado Lawal Tayyab Sahib, un misionero local de la comunidad en Nigeria. También ha fallecido recientemente, a la edad de treinta años.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

Por la gracia de Dios, era musi [formaba parte del sistema Al-Wasiyyat]. Durante los días del Yalsa Salana, mientras se realizaban los preparativos para la retransmisión en directo, estaba reparando la antena parabólica de la mezquita cuando cayó de una escalera y resultó gravemente herido. A pesar del tratamiento, no pudo sobrevivir. Sufrió una lesión muy grave en la columna vertebral. Le sobreviven sus padres, su esposa y una hija de aproximadamente once meses.

Finalizó sus estudios en la Yamiatul-Mubashirin de Nigeria en 2018 y fue nombrado misionero local. Era un misionero local muy humilde, activo y sincero. Cumplía cualquier responsabilidad que la Comunidad le asignara de la mejor manera, con gran diligencia, esfuerzo y sinceridad.

Sus padres dicen que era un hijo muy responsable, que se preocupaba mucho por ellos y los servía. A pesar de sus limitados recursos económicos, siempre intentaba, en la medida de lo posible, satisfacer las necesidades económicas de sus padres. Su esposa afirma que, además de cumplir con sus responsabilidades en la Comunidad, se adhería fielmente a las enseñanzas islámicas y a la guía del Jilafat-e-Ahmadía. Gracias a su excelente moral, sinceridad y amabilidad, era igualmente querido por los miembros de la Comunidad, por otros musulmanes y por los no musulmanes.

Munawar Sahib, un misionero local, afirma también que poseía una moralidad excelente. Tenía una gran paciencia y valentía, y solía animar a los demás. Desde sus días de estudiante, sentía un profundo deseo de servir a la Comunidad. Incluso mientras yacía enfermo, a pesar de su grave lesión, su dolencia y su dolor, seguía interesándose por los asuntos de la Comunidad y por la formación moral y espiritual de sus miembros. ¡Que Dios, el Altísimo, le conceda el perdón y la misericordia!

El siguiente funeral es el del respetado maestro jubilado Ghafur Ahmad Sahib, que residía en Canadá. También había ejercido como presidente en un pueblo de Sangla Hill. También falleció recientemente.

[Árabe]

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él volveremos”.

Era asiduo en la realización de las cinco oraciones diarias, devoto del Tahayyud [oración voluntaria antes del amanecer], temeroso de Dios, sociable, profundamente apegado al Jalifato y siempre obediente al sistema de la Comunidad y al Jalifato. Se preocupaba también por las necesidades de los demás y solía proporcionar discretamente ayuda económica a algunas personas. Participaba activamente en las contribuciones económicas de la Comunidad y en otras iniciativas financieras. Escuchaba los sermones con regularidad y animaba a los demás a hacer lo mismo. Sentía un gran respeto por los trabajadores de la Comunidad y por los consagrados de por vida.

Le sobreviven su esposa, tres hijas y cinco hijos, así como sus nietos. Uno de sus hijos, Naim Iqbal Sahib, es el Amir y responsable misionero de Fiyi. Al encontrarse prestando servicio en el momento del fallecimiento de su padre, no pudo asistir al funeral. ¡Que Dios Altísimo le conceda paciencia y fortaleza, y que conceda al difunto el perdón y la misericordia!

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