Califas guiados – Hazrat Umar (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Califas guiados – Hazrat Umar (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes, 30-07-21.

 Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y el Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Recientemente, he estado narrando relatos sobre la vida de Hazrat Umar (ra) y las conquistas que tuvieron lugar durante su época.

Con respecto a la conquista de Madain (Ctesiphon), Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe en “La vida y carácter del Sello de los Profetas” sobre una profecía que el Mensajero de Al’lah (sa) hizo después de ser informado por Dios Altísimo. Refiriéndose a esto, escribe:

“Mientras se cavaba la zanja, se excavó una piedra que simplemente era difícil de romper. En ese momento, la condición de los Compañeros (ra) era que debido a tres días de inanición continua se sentían mareados. Incapaces de tener éxito en esta tarea, finalmente se presentaron ante el Santo Profeta (sa) y le dijeron: ‘Hay una roca que no podemos quebrar’.

 Por su parte, el Mensajero de Al’lah (sa) tenía una piedra atada a su estómago debido al hambre, pero a petición de ellos fue inmediatamente allí y, levantando un pico, golpeó la piedra en nombre de Dios. Cuando el hierro golpeó la roca, saltó una chispa, ante la cual el Santo Profeta (sa) dijo en voz alta: ‘¡Dios es el Más Grande!’. Luego afirmó: ‘Se me han concedido las llaves del reino de Siria. Por Dios, ahora mismo estoy contemplando los palacios de piedra roja de Siria’. Su golpe había roto de alguna forma una parte de la piedra. El Santo Profeta (sa) blandió el pico por segunda vez en nombre de Al’lah, lo que provocó de nuevo otra chispa, sobre la cual el Mensajero de Dios (sa) exclamó: ‘¡Dios es el Más Grande!’. A continuación dijo: ‘Esta vez, se me han otorgado las llaves de Persia y estoy viendo los palacios blancos de Madain’. Ahora, la roca se había quebrado en gran medida. El Santo Profeta (sa) blandió el pico una tercera vez, dando lugar a otra chispa y el Mensajero de Al’lah (sa) dijo: ‘¡Dios es el Más Grande!’. Luego afirmó: ‘Ahora se me han concedido las llaves de Yemen y, por Dios, se me están enseñando las puertas de Sana en este momento’. Finalmente, la roca se rompió por completo.

En otra narración se relata que en cada ocasión, el Santo Profeta (sa) proclamaba en voz alta la grandeza de Dios y después de que los Compañeros (ra) preguntaban, él relataba sus visiones. Una vez eliminado este obstáculo temporal, los Compañeros (ra) volvieron a su trabajo, (es decir, tras la ruptura de la roca comenzaron a cavar la zanja nuevamente). Estas fueron visiones del Santo Profeta (sa). En otras palabras, durante ese tiempo de aflicción, Dios Altísimo creó un espíritu de esperanza y deleite entre los Compañeros (ra) al mostrarle al Santo Profeta (sa) visiones de las futuras victorias y prosperidad de los musulmanes. Sin embargo, aparentemente en ese momento, las circunstancias eran tan difíciles y penosas que al escuchar estas promesas, los hipócritas de Medina se burlaron de los musulmanes diciendo: ‘Ni siquiera poseen la fuerza para salir de sus propios hogares y están soñando con los reinos de César y Cosroes’. Pero según la Voluntad Divina, todas estas recompensas habían sido decretadas para los musulmanes. Por consiguiente, estas promesas se cumplieron a su debido momento. Algunas se cumplieron en los últimos días del Santo Profeta (sa), mientras que la mayoría se cumplieron en la época de sus Jalifas y, por lo tanto, se convirtieron en un motivo para el aumento de la fe y la gratitud de los musulmanes”.

La promesa de la conquista de Madain se cumplió a manos de Hazrat Sad (ra), durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra). Anteriormente, ya se le mostró al Santo Profeta (sa) que Madain sería conquistada y esto se cumplió en la época de Hazrat Umar (ra). Tras conquistar Qadisiyah, el ejército musulmán pasó a conquistar Babilonia, una antigua ciudad del actual Irak. Tras conquistar Babilonia, llegaron a una ciudad histórica con el nombre de Qusa, que está situada en los alrededores de Babilonia.

Además, Qusa era el mismo lugar donde Nimrod encarceló al Profeta Abraham (as) y la prisión todavía permanecía allí en ese momento. Cuando Hazrat Sad (ra) llegó al lugar y vio la prisión, recitó el siguiente versículo del Sagrado Corán:

“Hacemos alternar esos días entre los hombres para que puedan ser amonestados”.

Más tarde, avanzando desde Qusa, llegaron a un lugar llamado Bahrseer. Este es el nombre de esa parte de Madain, una ciudad del actual Irak que se encuentra en la orilla occidental del río Tigris. En este lugar se guardaba el león cazador de Cosroes. Entonces, cuando el ejército de Hazrat Sad (ra) se acercó, soltaron al león y este se abalanzó sobre el ejército y los atacó ferozmente. No obstante, el hermano de Hazrat Sad (ra), Hashim bin Abi Waqqas, que era el jefe de la vanguardia del ejército, golpeó al animal con su espada y lo mató. Después de esto, se produjo la batalla de Madain, que como hemos dicho forma parte de Irak y se encuentra a poca distancia de Bagdad, hacia la orilla sur del Tigris. ¿Cuál es la razón para nombrar este lugar Madain? Porque allí se establecieron muchas ciudades, una tras otra y, como tal, los árabes comenzaron a llamar al lugar Madain, o sea, “una colección de ciudades”. Madain era el asiento del trono de los Cosroes y el hogar de sus palacios blancos. En esa ocasión, el río Tigris se encontraba entre los musulmanes y la gente de Madain, y los persas habían destruido todos los puentes que cruzaban el río.

En “Tarij al-Tabari” está escrito que Hazrat Sad (ra) había buscado botes para cruzar el río, pero se dio cuenta de que los persas ya habían tomado control de los barcos. Hazrat Sad (ra) deseaba que los musulmanes cruzaran el río, aunque no les indicó que lo hicieran debido a su simpatía por ellos. Posteriormente, algunos pobladores les dijeron cómo cruzarlo y les mostraron cierto lugar que si iban por él podrían cruzar fácilmente. A pesar de esto, Hazrat Sad (ra) tampoco actuó de acuerdo a ese consejo. Mientras tanto, el río se desbordó. Entonces, una noche, se le mostró un sueño en el que los caballos de los musulmanes entraron en el agua y cruzaron el río, a pesar de que estaba desbordado. Por ello, con el fin de cumplir este sueño, Hazrat Sad (ra) estaba firmemente decidido a cruzar el río y le dijo al ejército: “¡Oh musulmanes! El enemigo ha tomado el río como refugio. ¡Venid y crucémoslo nadando!”. Habiendo dicho esto, condujo su caballo al agua. Los soldados de Hazrat Sad (ra) siguieron a su líder y también llevaron sus caballos al agua, y el ejército musulmán cruzó el río. Entonces, cuando el ejército contrario presenció esta escena, sus soldados comenzaron a gritar de miedo y se retiraron diciendo en su lengua persa: “¡Vienen los demonios! ¡Vienen los demonios!”. Finalmente, los musulmanes avanzaron y conquistaron la ciudad, y los palacios blancos de los Cosroes, que ya habían reubicado a los miembros de su familia antes de que los musulmanes entraran en la ciudad. Como tal, los musulmanes tomaron fácilmente la ciudad. De esta manera, se cumplió la visión del Santo Profeta (sa) que vio en la Batalla de Jandaq (la trinchera), cuando estaba cavando la zanja y golpeó la roca con su pico, es decir: “Se me mostraron los palacios blancos de Madain cayendo en nuestra manos”.

Al ver el estado desierto de estos palacios, Hazrat Sad (ra) recitó los siguientes versículos de Sura Al-Dujan:

“¡Cuántos fueron los jardines y los manantiales que dejaron atrás! ¡Y los campos de maíz y los lugares nobles! ¡Y las comodidades con las que se deleitaban! Por tanto, esto estaba destinado a ocurrir. E hicimos que otro pueblo heredara estas cosas”.

 Hazrat Sad (ra) ordenó que el tesoro real y la riqueza se reunieran en un solo lugar. En el mismo había reliquias de reyes que se contaban por miles, entre las que se encontraban cotas de malla, espadas, dagas y ropas reales. Además había un caballo dorado que tenía una montura de plata, rubíes y esmeraldas incrustados en su pecho. Asimismo, había un camello plateado, sobre el cual se encontraba una montura dorada y una brida recubierta de rubíes de alta calidad. Entre el botín de guerra había además una alfombra que se conocía como “irani bahar”. Su base era de oro y contenía un árbol de plata cuyos frutos eran gemas. El ejército recogió todas estas cosas y los soldados musulmanes demostraron la máxima honestidad e integridad. Estas cualidades en ellos fueron muy evidentes pues los soldados musulmanes llevaron todo lo que habían encontrado exactamente como estaba al comandante. Así, cuando todo fue traído y expuesto, y la llanura brillaba desde lejos, al presenciar esto Hazrat Sad (ra) se asombró y exclamó: “Aquellos que no tomaron nada de estas riquezas son ciertamente honestos en el grado más alto”.

Como era costumbre, después de su distribución, una quinta parte del botín de guerra se envió al Jalifato. Las alfombras y las reliquias antiguas se enviaron de una manera que fue un espectáculo para la vista cuando los árabes vieron la opulencia y la grandeza de los persas y el éxito y la victoria de los musulmanes sobre ellos. Cuando se le mostró esto a Hazrat Umar (ra), también quedó muy sorprendido por la honestidad e integridad del ejército;  o sea, Hazrat Umar (ra) quedó asombrado por el grado de integridad de los soldados.

En este contexto, había una persona llamada Muhallim que estaba en Medina y era alto y apuesto.  Hazrat Umar (ra) ordenó que le trajeran las prendas de Nosherwan para que se las pusiera, que eran de varios tipos, por lo que se hizo que se las pusiera todas, una a una. La gente se quedó perpleja por la belleza de estas prendas. Del mismo modo, esa alfombra con el nombre de “irani bahar” fue distribuida.

También está la “Batalla de Yalulah”, que tuvo lugar en el año 16 después de la Hégira. Tras la conquista de Madain (Ctesifonte), los persas se reunieron en Yalulah para comenzar a preparar la batalla una vez más. Siguiendo las instrucciones de Hazrat Umar (ra), Hazrat Sad (ra) envió a Hashim bin Utbah una milicia de 12.000 hombres con el fin de enfrentarse a este ejército persa. Yalulah es una ciudad de Irak situada en la ruta entre Jorasán y Bagdad, y allí se produjo esta batalla entre los musulmanes y los persas. Cuando los musulmanes llegaron, rodearon la ciudad y este asedio duró meses. Por su parte, de vez en cuando, los persas salían de sus fortalezas para lanzar ataques, llegando a tener lugar unas ochenta batallas.

Los musulmanes escribieron sobre las victorias en Yalulah a Hazrat Umar (ra), mencionando que Hazrat Qaqa (ra) estaba acampado en Hulwan. En esta carta se pedía permiso para perseguir a los no-árabes, aunque Hazrat Umar (ra) rechazó la petición; es decir, no se concedió permiso para perseguirlos. En cambio, afirmó: “Quiero que se levante un muro entre la región montañosa de Sawad (sur de Irak) e Irán, para que ni los persas vengan a nosotros, ni nosotros vayamos a sus tierras. Para nosotros, los pueblos de Sawad son suficientes. Doy prioridad a la seguridad y el bienestar de los musulmanes sobre el botín de guerra”, (es decir, no tenía ningún deseo de obtener el botín de guerra, pues salvaguardar la vida de los musulmanes era más importante).

Según una narración, Hazrat Sad (ra) envió cuencos de oro y plata y ropa como parte del botín de guerra con Quzai bin Amr Dauli, y cautivos con Abu Mafazzir Aswad.

Según otro relato, el botín se envió con Quzai y Abu Mufazzir, y los detalles de los mismos se enviaron a través de Ziyad bin Abi Sufian, ya que él era el responsable del inventario y lo catalogaba todo en los registros. Cuando todo llegaba a Hazrat Umar (ra), Ziyad hablaba con él (ra) sobre todos los detalles del botín de guerra. Hazrat Umar (ra) preguntó: “¿Podrías presentarte ante los musulmanes y relatarles los detalles que me estás contando?”. Ziyad respondió: “¡Por Dios, no hay nadie en toda la tierra a quien tema más que a usted, así que ¿por qué no voy a poder hablar ante los demás?”. Así pues, Ziyad se presentó ante la gente y describió todos los padecimientos y los logros de los musulmanes, la forma en que se desarrollaron las batallas y cómo se obtuvo el botín de guerra. También mencionó que los musulmanes deseaban perseguir al enemigo en su tierra. Tras escuchar su discurso, Hazrat Umar (ra) dijo que era un orador muy elocuente y  Ziyad respondió: “El logro de nuestro ejército es lo que ha hecho que mi lengua fluya”.

En otra narración se menciona que cuando el botín fue presentado ante Hazrat Umar (ra) él dijo: “Este es un botín de guerra tan grande que ningún edificio puede contenerlo, por lo que deseo distribuirlo de inmediato”.

Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra) y Abdul’lah bin Arqam (ra) vigilaron el botín en el espacio abierto de la mezquita, ya que la riqueza fue traída y colocada en un rincón al aire libre de la misma, y ellos la vigilaron. Por la mañana, Hazrat Umar (ra) llegó a la mezquita con la gente, quitó la tela que cubría el botín y vio rubíes, esmeraldas y varias gemas preciosas. Al contemplar esto, Hazrat Umar (ra) comenzó a llorar y ante esto Hazrat Abdur Rahman (ra) le dijo: “¡Oh Líder de los Fieles! ¿Por qué lloras? ¡Por Al’lah! Este es el momento de ser agradecidos”. Hazrat Umar (ra) respondió: “¡Por Dios! Lo que me ha hecho llorar es que cualquiera que sea la nación a la que Dios conceda estos tesoros, la malicia y los celos entre ellos aumentarán. (O sea, le preocupaba que por las riquezas que se les había concedido pudiera hacer que en su hermandad surgieran celos y malicia). Además, lo que me hizo llorar es que cualquier nación que aumente sus celos entre sí, se puede ver envuelta en una guerra civil”.

Ciertamente hay que reflexionar y deliberar sobre esta declaración; hay que pedir perdón respecto a lo que Hazrat Umar (ra) ha declarado, ya que somos testigos de que cuanta más riqueza obtienen los musulmanes, solo aumenta el odio y los celos mutuos; ya sea entre las naciones musulmanas que tienen abundancia de petróleo o que tienen otras riquezas; y si uno observa detenidamente, lo mismo ocurre individualmente; hay una falta de rectitud.

Durante la Batalla de Madain, el rey persa Yazdegerd, abandonó la capital Madain y viajó con su familia y sirvientes a Hulwan; pero cuando Yazdegerd se enteró de la derrota en Yalula, abandonó Hulwan, viajó a Zeh y colocó a Josrow Shanum, un oficial de renombre, con unos cuantos contingentes militares para defender Hulwan. Hazrat Sad (ra) se quedó en Yalulah y envió a Hazrat Qaqa (ra) hacia Hulwan, quien llegó a Qasr-e-Shirin, que está a 5 kilómetros de Hulwan. Entonces fue cuando Josrow Shanum lanzó un ataque, pero fue derrotado y huyó. Hazrat Qaqa (ra) llegó a Hulwan y declaró la paz a todos. Los jefes de las zonas circundantes vinieron y aceptaron el “yizia” y acordaron apoyar al Islam.

¿Cómo se produjo la conquista de Masabzan? En relación a esta batalla, se menciona que Hazrat Hashim bin Utbah (ra), que era el comandante en jefe del ejército en Yalulah, regresó a Madain mientras Hazrat Sad (ra) residía allí cuando recibieron noticias de que un ejército persa bajo el mando de Azeen, hijo de Hormuzan, se dirigía hacia las llanuras abiertas para enfrentarse a los musulmanes. Hazrat Sad (ra) informó de esto a Hazrat Umar (ra),  quien ordenó que se enviara un ejército bajo el mando de Darrar bin Jattab, con Ibn Hazil como avanzadilla y Abdul’lah bin Wahab Rasibi y Madarib bin Fallah Iyali como comandantes de los flancos. El ejército musulmán partió para enfrentarse a los iraníes y se encontró con el enemigo cerca de las llanuras de Masabzan. La batalla tuvo lugar en un lugar llamado Handaf, donde los iraníes fueron derrotados. A continuación los musulmanes avanzaron y capturaron Masabzan, cuyos habitantes comenzaron a huir de la ciudad, aunque Darrar bin Jattab les invitó a vivir en paz dentro de la misma. Ante esto, aceptaron la invitación y volvieron a sus casas.

Balazuri ha relatado una narración diferente sobre la conquista de Masabzan, ya que en una narración se afirma que Abu Musa Ashari capturó la ciudad al regresar de la batalla de Nahavand sin tan siquiera luchar.

Los relatos sobre la conquista de Juzestán, que era una provincia de Persia, han sido recogidos por la historia. Antes de aceptar el Islam, Hormuzan era el gobernador de esta provincia y dicha zona y las personas que residían en ella se conocían como “Juz”, es decir, los que residían en la zona montañosa entre las afueras de Ahvaz, Fars, Basora, Was e Isfahan.

En el año 14 dH., debido a ciertas ventajas militares, Hazrat Umar (ra) decidió abrir un pequeño frente en Irak y envió un pequeño ejército bajo el mando de Utbah bin Ghazwan a esta frontera. Al principio, Basora se utilizó como ciudad de guarnición para el ejército, pero dicho contingente no solo capturó las tierras enemigas vecinas, sino que fue beneficioso en la campaña militar de Irak, ya que los persas, que se encontraban en batallas de mayor envergadura en las afueras, recibían constantes noticias de que sus compañeros estaban siendo derrotados y no podían ir a ayudarlos. Parece que el objetivo principal de ocupar este frente y colocar un ejército allí era impedir que los refuerzos y la ayuda llegaran a los persas, y que estos atacaran a los musulmanes. El comandante de este ejército fue a Hijaz con el fin de realizar el Hall (Peregrinación) y para reunirse con Hazrat Umar (ra). En su ausencia, Hazrat Umar (ra) asignó el mando a Hazrat Mughirah bin Shubah (ra), pero este fue acusado de cometer un delito contrario al código moral, por lo que Hazrat Umar (ra) lo depuso y lo llamó a Medina para una hacer una investigación. En esta situación, Hazrat Umar (ra) nombró a Hazrat Abu Musa (ra) como comandante del ejército en su lugar. Sin embargo, tras la investigación se llegó a la conclusión de que la acusación formulada contra Hazrat Mughirah (ra) era falsa. Finalmente, hay diversas opiniones sobre el año, si fue el 16 dC. o el 17 dC. De todas formas, el ejército musulmán continuó sus campañas y avanzó aún más, y los musulmanes capturaron Ahwaz, una famosa ciudad de Juzestán.

El historiador Tabari ha mencionado que esta conquista tuvo lugar en el año 17 dC., mientras que otras narraciones la sitúan en el año 16 dC. Acerca de la misma, Tabari ha afirmado que el comandante en el momento de la conquista era Utbah bin Ghazwan, mientras que Balazuri ha mencionado que Ahwaz fue conquistado antes del regreso de Utbah bin Ghazwan y se completó bajo el mando de Hazrat Mughirah bin Shubah (ra) y Hazrat Abu Musa Ashari (ra).  Se menciona también que el propio Hazrat Mughirah (ra) conquistó Ahwaz. Inicialmente el jefe de Ahwaz Bahrooz luchó contra los musulmanes, aunque más tarde se reconcilió. Al poco tiempo, Hazart Abu Musa Ashari (ra) fue nombrado comandante del ejército musulmán cubriendo la zona de Basora en lugar de Hazrat Mughirah (ra). No obstante, al poco tiempo Bahrooz rompió el acuerdo y se rebeló. Posteriormente, Hazrat Abu Musa Ashari (ra) se enfrentó a él y, tras la batalla, capturó la ciudad. Esto tuvo lugar en el año 17 aH.

Durante la conquista de Ahwaz, el ejército musulmán capturó muchos prisioneros, pero bajo las órdenes de Hazrat Umar (ra), todos fueron liberados; ninguno debía ser convertido en esclavo y todos los prisioneros fueron puestos en libertad. En Tabari está escrito que los persas lanzaban incursiones contra los musulmanes utilizando dos rutas y los dos centros para las incursiones a lo largo de estas rutas eran Nehrtira y Manazir. Por su parte, los musulmanes capturaron estos dos centros. En la mayoría de los lugares vemos que dondequiera que los musulmanes fueron atacados y desde donde se lanzaron las incursiones, ellos atacaron después esos lugares y los capturaron.

Balazuri ha escrito que Abu Musa Ashari (ra) capturó Nehrtira junto con la conquista de Ahwaz. Tras la toma de Ahwaz, avanzó hacia el otro centro, Manazir, y tras sitiar la ciudad tuvo lugar una intensa batalla. Durante este asedio, un día, un musulmán llamado Muhayir bin Ziyad estaba ayunando y, con la intención de sacrificar su vida por la causa de Dios Altísimo, se dirigió hacia el enemigo. Rabi, el hermano de Muhayir le dijo a Abu Musa, el comandante del ejército, que su hermano estaba entrando en el campo de batalla mientras estaba en estado de ayuno. Abu Musa anunció que quien estuviera ayunando debía romper su ayuno o no entrar en el campo de batalla. Cuando Muhayir escuchó este anuncio, tomó un sorbo de agua para romper su ayuno y dijo que lo había hecho únicamente por obediencia al comandante, de lo contrario no tenía sed. Al decir esto, tomó sus armas y atacó al enemigo, y fue martirizado en la batalla. Los habitantes de la ciudad le cortaron la cabeza y la colocaron en el umbral del palacio. El asedio se prolongó y tal vez por instrucciones de Hazrat Umar (ra), Hazrat Abu Musa (ra) dejó un contingente del ejército bajo el mando del hermano de Muhayir, Rabi, para continuar el asedio de Manazir y él mismo partió hacia Sus. Rabi continuó luchando y finalmente capturó la ciudad. Muchas personas fueron tomadas como prisioneras, aunque considerando las instrucciones de Hazrat Umar (ra), todos los prisioneros fueron liberados.

Luego, Hazrat Abu Musa (ra) avanzó hacia Sus. Al principio, los habitantes de Sus se defendieron, pero poco después se encerraron en la ciudad. Al final, cuando se les acabaron las provisiones de comida, depusieron las armas.

En cuanto a los detalles de los acontecimientos que condujeron a estas conquistas, Mir Mahmud Ahmad Sahib ha presentado sus investigaciones y análisis en su tesis. Escribe:

“Tabari y Balazuri contienen muchos puntos de vista diferentes, y quizás la razón de estas diferencias es que los jefes persas de estas zonas rompieron sus promesas y se rebelaron. Esto hizo que el ejército musulmán tuviera que movilizarse para la batalla una vez más y las narraciones relativas a la primera conquista se confundieron con estos acontecimientos. Las campañas que se lanzaron por segunda vez fueron para restaurar la paz”.

De todas formas, este es un punto mencionado por él.

Ahora mencionaré la “Batalla de Ram Hormuz y Tustar”. Tras la batalla de Yalulah, Yazdegerd, el rey persa, se trasladó de Reh a Istajir, que era el nombre de otro lugar. Todavía no había aceptado la derrota, cuando empezó a incitar a la gente contra los musulmanes e hizo todo lo posible por enviar refuerzos militares para luchar contra ellos en Juzestán, la zona donde se estaban produciendo las conquistas mencionadas.

Otra razón por la que alimentaba el fuego de la guerra en esta zona era por las campañas contra los musulmanes del jefe de la zona llamado Hormuzan, quien había participado en la batalla de Qadisiyah y, tras la derrota, se retiró a su ciudad natal y realizaba constantes incursiones contra los musulmanes. Aunque una vez que estos capturaron Yalulah, los persas se reunieron en Ram Hormuz bajo el mando de Hormuzan. Ram Hormuz era una famosa ciudad en las afueras de Juzestan.

Siguiendo las instrucciones de Hazrat Umar (ra), Hazrat Sad bin Abi Waqqas (ra) nombró a Numan bin Muqarrin como comandante del ejército y lo envió desde Kufa, y además envió a Hazrat Abu Musa (ra) desde Basora. También afirmó que cuando los dos ejércitos se encontraran, el comandante sería Abu Sabrah bin Rum. Así, cuando Hormuzan se enteró de la existencia del ejército de Numan bin Muqarrin, salió a enfrentarse a él y se produjo una feroz batalla. Hormuzan fue derrotado y a consecuencia de ello huyó hacia Tustar, que era una gran ciudad a tan solo un día de viaje desde Juzestan. Al llegar allí, Hormuzan se refugió en dicha ciudad. Posteriormente, bajo el mando de Hazrat Abu Sabrah (ra), el ejército musulmán sitió Tustar, lo que duró varios meses. Las fuerzas persas salían de la fortaleza y lanzaban ataques, pero luego se retiraban y sellaban las puertas. Hubo 80 escaramuzas durante esta batalla y en el enfrentamiento final los musulmanes lanzaron un feroz ataque. Cuando los musulmanes presionaron el asedio, dos persas les indicaron la ruta por la que el agua entraba en la ciudad y por la que podían entrar y conquistar la misma. Así pues, los musulmanes lograron capturar la ciudad.

En relación con esto, Abu Hanifa Dinawari, el autor de “Ajbar Al-Tiwal” ha escrito que el asedio de los musulmanes hubo de prolongarse. Una noche, un hombre honorable perteneciente a la ciudad se acercó a Hazrat Abu Musa Ashari (ra) y se ofreció a ayudarles a tomar la ciudad a cambio de la protección de su familia y su riqueza, y Hazrat Abu Musa Ashari (ra) le concedió protección. En este sentido, está escrito en “Futuh Al-Buldan” que este individuo también aceptó el Islam. Entonces pidió a Hazrat Abu Musa Ashari (ra) que enviara a alguien con él, para que le informara de cómo podían entrar los musulmanes en el fuerte. Hazrat Abu Musa Ashari (ra) envió con él a Ashaz bin Auf, que era miembro de la tribu Banu Shaban. Ambos pasaron por un pequeño arroyo y entraron en la ciudad. Este individuo colocó entonces un manto sobre Ashaz bin Auf y le dijo que caminara detrás de él como si fuera su ayudante. Lo condujo por toda la ciudad y luego lo llevó hacia la puerta donde estaban los guardias y a continuación lo llevó hacia Hormuzan, que estaba celebrando una reunión a la entrada de las puertas del palacio. Después de mostrarle todo esto, lo condujo de vuelta por el mismo camino por el que habían venido. Al regresar, Ashaz bin Auf se lo contó todo a Hazrat Abu Musa Ashari (ra).

Ashaz bin Auf pidió a Hazrat Abu Musa Ashari (ra) que enviara 200 soldados fuertes con él y que matara a todos los guardias, y les abriera las puertas de la ciudad, a fin de que pudieran unirse a ellos desde la entrada de la ciudad. Por lo tanto, Ashaz bin Auf, junto con sus compañeros, fue por ese camino que se le había indicado y entró en la ciudad. Luego abrieron las puertas de la fortaleza. Al oír las consignas de “Dios es el Más Grande”, Hormuzan corrió hacia su ciudadela, que estaba dentro de la ciudad, pero los musulmanes la rodearon. Hormuzan miró desde arriba y dijo: “Tengo 100 flechas conmigo. Mientras me quede una sola flecha, nadie podrá ponerme la mano encima. Si después de eso me capturan, eso sí que sería una hazaña increíble”. Y los musulmanes preguntaron: “¿Qué quieres entonces?”. Hormuzan declaró: “Dejaré las armas con la condición de que la decisión sobre mí la tome Hazrat Umar (ra)”.

A continuación, Hormuzan dejó las armas y se entregó a los musulmanes. Hazrat Abu Musa Ashari (ra) envió a Hormuzan a Hazrat Umar (ra) en Medina bajo la vigilancia de Hazrat Anas bin Malik (ra) y Ahnaf bin Qais. Al entrar en la ciudad de Medina, le pusieron la túnica de seda que le pertenecía y que había sido bordada en oro. Aunque era un cautivo, le pusieron sus ropas, que eran muy elegantes, y le colocaron una corona hecha de joyas en la cabeza. Esto fue para que Hazrat Umar (ra) y el resto de los musulmanes pudieran verlo en su verdadera imagen y para demostrar que habían capturado a un líder muy prominente. Preguntaron a la gente dónde estaba Hazrat Umar (ra) y les dijeron que estaba en la Mezquita. Cuando llegaron allí, Hazrat Umar (ra) había colocado la tela de su turbante bajo su cabeza y estaba durmiendo.

Hormuzan preguntó dónde estaba Hazrat Umar (ra) y le dijeron que estaba durmiendo. En ese momento, no había nadie más que Hazrat Umar (ra) en la Mezquita. Hormuzan preguntó dónde estaban los guardias y los cortesanos de Hazrat Umar (ra) y le dijeron que no necesitaba ningún guardia ni cortesano o ayudante. Ante esto, Hormuzan declaró instintivamente que seguramente ese individuo parecía ser un profeta. La verdad es que la gente decía que, aunque no era un profeta, seguía la práctica de los profetas. Debido a la conversación de la gente, Hazrat Umar (ra) se despertó y luego preguntó si se trataba de Hormuzan, y se le informó que sí. Hazrat Umar (ra) observó cuidadosamente su atuendo y luego dijo: “Busco refugio en Dios del fuego y busco la ayuda de Al’lah”.

La gente dijo que se trataba de Hormuzan y pidió a Hazrat Umar (ra) que hablara con él. Hazrat Umar (ra) dijo: “Ciertamente no, a menos que se quite sus extravagantes ropas y adornos con los que está adornado”. Posteriormente, una vez se quitó todas esas ropas y joyas, comenzó una conversación con Hormuzan. Ante esto, Hazrat Umar (ra) declaró: “¿Has sido testigo ahora de las consecuencias de romper tus pactos y tus engaños?”. Las batallas que se libraban con ellos se debían a que rompían sus pactos y por sus engaños. Hormuzan respondió: “En la época de la ‘yahiliyah’ (época de ignorancia anterior al advenimiento del Islam), cuando Dios no estaba con ninguno de nosotros, fuimos victoriosos sobre vosotros. No obstante, ahora la ayuda de Dios está contigo”. Esta fue la respuesta de Hormuzan a Hazrat Umar (ra), quien entonces exclamó: “La razón por la que pudisteis vencernos fue porque en la época de la ‘yahiliyah’ nosotros estábamos divididos y vosotros estábais unidos”. Este fue otro factor importante. Hazrat Umar (ra) dijo entonces: “Has roto repetidamente tus pactos, así que ¿qué excusa presentas por ello?”. Como mencioné anteriormente, los musulmanes lucharon contra ellos debido a que violaban sus tratados y pactos, y no deseaban vivir como vecinos pacíficos. Hormuzan respondió: “Temo que me vayas a matar incluso antes de que pueda decir algo”.

Hazrat Umar (ra) le dijo que no debía temer nada y entonces Hormuzan pidió un poco de agua. Le trajeron agua en un cuenco viejo y Hormuzan declaró que no podía beber de un cuenco así, aunque eso significara morir de sed. Por lo tanto, se le dio agua en un cuenco acorde con su estatus y ante esto sus manos empezaron a temblar, por lo que declaró: “Temo que mientras beba agua me vayan a matar”. Hazrat Umar (ra) le respondió: “Hasta que no te acabes el agua, nadie te causará ningún daño”. Al oír esto, tiró el cuenco de agua al suelo. Fue muy perspicaz y dijo que no bebería agua porque los musulmanes siempre cumplían sus promesas, por lo que no bebería agua y la tiró al suelo. Hazrat Umar (ra) ordenó que se le diera agua de nuevo y que no se le matara mientras estuviera sediento. La muerte era, en efecto, el castigo por sus crímenes de violar los tratados, causar desorden y maldad e instigar guerras. Hormuzan respondió: “No tengo sed, sino que solo deseaba que se me concediera protección”. Finalmente, dijo la verdad.  Después de esto, Hormuzan aceptó el Islam y empezó a vivir en Medina y se le asignó una asignación de 2.000 dirhams.

Está escrito en “Iqd al-Farid” que cuando Hormuzan fue capturado y llevado ante Hazrat Umar (ra), este le invitó a aceptar el Islam, pero Hormuzan se negó. Hazrat Umar (ra) ordenó que lo mataran y justo cuando estaba a punto de ser ejecutado, se sometió y afirmó: “¡Oh Líder de los Fieles! Concédeme un poco de agua para beber”. Hazrat Umar (ra) ordenó que se le diera agua. Cuando le pusieron el cuenco de agua en la mano, le preguntó a Hazrat Umar (ra): “¿Estaré a salvo mientras bebo agua?”. Hazrat Umar (ra) dijo: “Sí”. Ante esto, Hormuzan arrojó el cuenco de agua y dijo: “Ahora debes cumplir tu promesa”. Hazrat Umar (ra) contestó: “Te concederé un respiro y evaluaré cómo te comportas”. Cuando le fue quitada la espada, Hormuzan declaró: “Atestiguo que no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah, que Él no tiene copartícipes; y atestiguo que Muhammad (sa) es Su Siervo y Mensajero”.

Hazrat Umar (ra) le preguntó a Hormuzan por qué no había profesado su creencia antes y él respondió: “¡Oh Líder de los Fieles! Temía que la gente pensara que me había hecho musulmán por miedo a la espada, porque la tenía encima de la cabeza”.

Tras esto, Hazrat Umar (ra) consultaba a Hormuzan siempre que había que lanzar una campaña contra los persas y seguía sus sugerencias. Más tarde, también se convirtió en uno de los consejeros de Hazrat Umar (ra).

Hay quienes sospechan que Hormuzan estuvo involucrado en el martirio de Hazrat Umar (ra), aunque Hazrat Musleh Maud (ra) no consideraba correcto este punto de vista. Al explicar el versículo relativo a Qisas (retribución), Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Una vez, un musulmán fue llevado ante el Santo Profeta (sa), pues había matado a un incrédulo que había establecido un tratado con los musulmanes y, por tanto, era considerado como un subdito del gobierno musulmán. El Santo Profeta (sa) ordenó la pena de muerte como castigo y declaró: ‘Entre los que cumplen sus promesas, yo soy el más estricto en el cumplimiento de mis promesas’. En consecuencia, este musulmán fue castigado con la pena de muerte, ya que había matado a alguien con quien habían firmado un tratado. Del mismo modo, “At-Tabari” también ha registrado una narración en la que Hazrat Ali (ra) ordenó que se matara a un musulmán porque había asesinado a un ‘zimmi’ (no-musulmán que vivía bajo el dominio musulmán). Hay quienes dicen que en el Hadiz se afirma: ‘Un creyente no debe ser asesinado en retribución por matar a un incrédulo’. A pesar de esto, al reflexionar sobre todo el hadiz, este asunto se aclara, ya que lo que el hadiz dice realmente es lo siguiente:

La segunda parte del hadiz, ‘Zu Ahdin Fi Ahzi’ aclara el significado, porque si tomáramos el significado de que un musulmán no debe ser asesinado en retribución por matar a un incrédulo, entonces tendríamos que traducir la segunda parte como ‘Wa La Zu Ahdin Bikafirin’; o sea, ‘ni una persona (no-musulmana) que tiene un pacto con los musulmanes debe ser ejecutada en retribución por matar a un incrédulo’. No obstante, nadie puede aceptar tal interpretación. Así pues, por ‘incrédulo’ aquí se refiere a los incrédulos que han levantado armas contra los musulmanes, es decir, los que luchan contra los musulmanes y no un incrédulo común. Por eso se dice en el hadiz que tampoco se debe matar a un incrédulo ‘zimmi’ en retribución de un incrédulo, que está luchando activamente contra los musulmanes.

Ahora, observemos la práctica de los Compañeros (ra), ya que ellos también aplicaban la pena de muerte a un no-musulmán que había cometido un asesinato”.

En “At-Tabari”, Qumazban bin Hormuzan relata el incidente de la muerte de su padre, narrando:

“Hormuzan era un líder persa y ‘mayusi’ de fe (adoraba el fuego). Se sospechó que estaba implicado en el asesinato de Hazrat Umar (ra). Posteriormente, sin llevar a cabo ninguna investigación y debido a sus intensas emociones, Ubaidul’lah bin Umar mató a Hormuzan. La gente de Persia se conocía en Medina porque, como es el caso, cuando uno viaja a otra tierra, su etnia se vuelve aún más distintiva. Un día, Feroz, quien perpetró el asesinato de Hazrat Umar (ra) se encontró con mi padre y tenía una daga con él en ese momento y que había sido afilada por ambos lados. Mi padre cogió la daga y le preguntó: ‘¿Qué haces con esta daga?’. (Puesto que se trataba de una tierra donde había paz, no había necesidad de tal arma). Tras esto, declaró que la utilizaba para guiar y tirar de los camellos. Mientras ambos hablaban entre sí, alguien los vio por casualidad.

Más tarde, cuando Hazrat Umar (ra) fue martirizado, el individuo que los había visto juntos afirmó que había presenciado personalmente cómo Hormuzan entregaba la daga a Feroz. Tras esto, Ubaidul’lah bin Umar, que era el hijo menor de Hazrat Umar (ra), mató a mi padre. Cuando Hazrat Uzman (ra) se convirtió en Jalifa, me llamó y me entregó a Ubaidul’lah. Hazrat Uzman (ra) dijo: ‘¡Oh hijo mío! Él es quién mató a tu padre. Por lo tanto, tienes más derecho sobre él que yo, así que tómalo y mátalo’. Y así, lo tomé y me dirigí fuera de la ciudad. En el camino, quienquiera que me veía se unía a nosotros. Ninguno de ellos me desafió, sino que lo único que hacían era pedirme que lo dejara ir. Entonces, me dirigí a todos los musulmanes allí presentes y les dije: ‘¿Tengo derecho a matarlo?’. Todos respondieron afirmativamente en el sentido de que sí tenía derecho a matarlo y comenzaron a reprochar a Ubaidul’lah que lo que había hecho estaba mal. Entonces, pregunté: ‘¿Tienen derecho a liberarlo de mí?’. Todos respondieron diciendo: ‘¡No! Por supuesto que no’. Y de nuevo, comenzaron a reprochar a Ubaidul’lah que había matado a mi padre sin ninguna prueba. Tras esto, lo dejé por la causa de Dios y de esa gente. Después de recibir tantas recomendaciones, preguntas y respuestas, dice que dejó el asunto por la causa de Al’lah y de Su pueblo. ‘Por su felicidad, los musulmanes me alzaron sobre sus hombros y, por Dios, llegué a mi casa sobre las cabezas y los hombros de la gente, ya que ni siquiera dejaron que mis pies tocaran el suelo’.

Esta narración muestra que la práctica de los Compañeros (ra) era dar la pena de muerte también a un musulmán que mataba a un no- musulmán. Además, está demostrado que, sea cual fuere el método utilizado, esa persona sería ejecutada. Del mismo modo, está probado que un asesino solo podía ser detenido y condenado a muerte por el Estado. (Aunque en este caso se había convertido en musulmán, pero incluso si se trata de un no-musulmán, como parece por todo lo que se ha mencionado, el asesino de un no-musulmán sería tratado de la misma manera que el asesino de un musulmán, especialmente en el caso donde existía un tratado). Esto demuestra que un asesino debe ser apresado y castigado por el Estado, pues ningún individuo puede llevar a cabo esta tarea, sino que debe ser el propio Estado. Según esta narración, está claro que Ubaidul’lah bin Umar fue apresado por Hazrat Uzman (ra) y fue él mismo quien lo entregó al hijo de Hormuzan. No fue un heredero de Hormuzan quien lanzó una acusación contra él o lo detuvo”.

Hazrat Jalifatul Masih II (ra) continúa:

“Aquí es necesario abordar si un asesino debe ser entregado a los herederos del que ha sido asesinado para ser castigado, como fue hecho por Hazrat Uzman (ra), o debe el Estado ocuparse del castigo por sí mismo. Hay que recordar que se trata de una cuestión secundaria y que el Islam ha dejado que se determine según las necesidades de la época. El país puede adoptar lo que considere más eficaz en función de su sociedad y sus condiciones. No hay duda de que cualquiera de los dos métodos solo es beneficioso en circunstancias específicas”.

Todavía hay más relatos y, Dios mediante, continuarán en futuros sermones. En este momento, quiero mencionar a algunos miembros fallecidos de la Yamat, tras lo cual dirigiré sus oraciones fúnebres en ausencia.

La primera es la respetada profesora Sayeda Nasim Said Sahiba, esposa de Muhammad Said Sahib, e hija de Hazrat Al-Hay Hafiz Doctor Syed Shafi Sahib, investigador de Delhi. Ha fallecido recientemente a la edad de 88 años en Pakistán:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!

Su padre era Hazrat Al-Hay Hafiz Doctor Syed Shafi Ahmad Sahib, un investigador de Delhi. Fue autor de muchos libros y un excelente orador en los debates, investigador y reputado escritor. Publicó 16 periódicos desde Delhi. Hazrat Shafi Syed Ahmad Sahib juró lealtad al Mesías Prometido (as) a la edad de 12 años. Era de la progenie del célebre poeta sufí del subcontinente indio Jawaya Mir Dard. Por lo tanto, estaba relacionado con Hazrat Mir Nasir Nawab, pues Hazrat Syed Shafi Ahmad Sahib era el sobrino de Hazrat Amma Yan (ra).

Syeda Sahiba se casó en 1957 con el respetado Muhammad Said Ahmad Sahib, un ingeniero de Lahore Chaoni. Su hija, Jalida Sahiba, dice: “Mientras mi abuela arreglaba el matrimonio de mis padres, ella puso la condición de rectitud en primer plano. Solo se fijó en el hecho de que a la edad de 22 o 23 años, este joven era un Qaid (líder de un mayilis en Juddamul Ahmadía) respecto al cual Hazrat Musleh Maud (ra) había dicho que había una Comunidad inactiva, a la que se le había insuflado una nueva vida, y el mérito de ello correspondía a su qaid, Muhammad Said Sahib, y a sus cuatro o cinco ayudantes. A continuación, Hazrat Musleh Maud (ra) mencionó su servicio a la humanidad, pues durante unas inundaciones de aquella época realizó una labor extraordinaria. Por consiguiente, desde este punto de vista, merecía ser alabado. Así, Hazrat Musleh Maud (ra) hablaba muy bien del marido de Nasim Said Sahiba y fue sobre esta base que la madre de Nasim Said Sahiba arregló su matrimonio con él.

A Nasim Said Sahiba le sobreviven cuatro hijos y dos hijas. Sus servicios a la fe comenzaron en 1954, cuando empezó a trabajar con Sayeda Choti Appa, y estos servicios continuaron hasta 2015, unos 61 años. Como Said Sahib estaba en el ejército y lo trasladaban de vez en cuando, ella también iba a diferentes ciudades con él, donde tenía la oportunidad de servir. Era culta y bien educada, y tiene una veintena de publicaciones que incluyen historias de profetas, y además ha escrito varios libros sobre grandes personalidades.

Su hija Hamdah Ghafur Mannan dice: “Mi madre era devota, predicaba con el ejemplo y era una encarnación de la sinceridad y la lealtad, la devoción y el sacrificio, el amor, la compasión y la humildad. Siempre la vi rezar con gran fervor. Se encargó de ofrecer las oraciones de tahayud (antes del amanecer), las voluntarias y las obligatorias”.

Desde la época del segundo Jalifa (ra) hasta ahora, mantuvo una relación personal con cuatro Jalifas y tuvo la oportunidad de servir también a la Comunidad. No pudo reunirse conmigo aquí, pero expresó sus sentimientos a través de cartas. Además, sus hijos lo han escrito y yo mismo he visto que cada vez que se recibían sus cartas, estas mostraban una extraordinaria emoción. No se trataba de meras palabras, sino que prácticamente se podía ver que tenía una conexión sincera y leal con el Jalifato.

¡Que Dios Altísimo permita a sus hijos establecer la misma conexión!

Su hijo mayor, Jalid Said Sahib, dice: “Lo principal que nos dijo fue que debemos tener una conexión con Al’lah y que nuestra relación con Él sea siempre tal que Dios se convierta en nuestro amigo. Aparte, que debemos inculcar el verdadero amor por el Santo Profeta (sa) en nuestros corazones. Ella misma lo hizo y enseñó a sus hijos a hacer lo mismo. Tenía una fuerte conexión espiritual con el Mesías Prometido (as) y se lo inculcó a sus hijos. Poseía un fuerte vínculo con el Jalifato, al que ella misma mostraba obediencia y nos enseñaba a hacer lo mismo. Siempre estaba dispuesta a servir a la Comunidad. Desde pequeños, nos inculcó el hábito de la oración y las costumbres islámicas. Siempre sirvió a la humanidad y decía que debíamos ayudar en lo posible a los demás. Prestaba especial atención a los sacrificios económicos y enseñaba a atender los gastos del hogar después de haber hecho sacrificios económicos. Recitaba el Sagrado Corán a diario y nos ordenaba hacer lo mismo; a mantener buenas relaciones con los familiares y una buena relación con todos los parientes, ricos o pobres, lo cual era un atributo destacado de ella y nos aconsejaba hacer lo mismo. Constantemente estaba dispuesta a llamar a la gente a Dios. Nos aconsejaba regularmente que ofreciéramos las oraciones de tahayud. Nos enseñó a aumentar nuestros conocimientos y nos decía que siempre estuviéramos sonriendo y que no deseáramos mal a nadie. Las cualidades de hospitalidad y de honrar a los invitados estaban impregnadas en ella”.

¡Que Dios Altísimo le conceda el perdón, le otorgue su misericordia y eleve su posición espiritual! ¡Que sus hijos mantengan estas virtudes y les permitan llevar adelante estas cualidades virtuosas!

La siguiente mención es la de Daud Sulaiman Butt Sahib de Alemania, que falleció a los 46 años a causa de un cáncer:

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y a Él volveremos!

El Ahmadíat fue introducido en su familia a través de su bisabuelo, Hazrat Abdul Hakim Butt Sahib, que era un Compañero del Mesías Prometido (as). Le sobreviven su esposa, una hija y dos hijos.

Su esposa, Samira Daud Sahiba, dice: “Siempre estuvo dispuesto a servir a la Comunidad y constantemente trató de hacerlo tanto como pudo. Realmente dio prioridad a su fe sobre los intereses mundanos”.

Todos los que le conocieron dicen que siempre tenía una sonrisa en la cara. Estaba a la vanguardia de dar limosna y caridad, y siempre constantemente dispuesto a servir. En Alemania, solía realizar el trabajo de “Hifazat-e-Jas” (seguridad especial) y los miembros de su equipo han escrito que trabajaba con gran alegría y cumplía su deber con gran diligencia. Otra de sus cualidades era que antes de empezar cualquier cosa, primero recitaba el Sagrado Corán. Yo también he sido testigo de que siempre cumplió con su deber de manera excelente.

¡Que Dios Altísimo conceda paciencia a su familia y permita a sus hijos continuar con sus virtuosas cualidades!

La siguiente mención es la de Zahida Parvin Sahiba, esposa de Ghulam Mustafa Awan Zapai Sahib del distrito de Sialkot. Falleció a la edad de 61 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!

Su hija Hibbatul Kalim Sahiba, esposa de nuestro misionero Yamil Tabassum Sahib en Bashkortostán, Rusia, escribe: “Por la Gracia de Dios, mi madre era áhmadi de nacimiento y era musia”. El Ahmadíat llegó a su familia a través del abuelo de sus padres, Dada Dewan Bajsh Awan Sahib. Y continúa: “Desde que tengo uso de razón, nunca la he visto faltar a la oración de tahayud y regularmente ordenó a sus hijos que tuvieran un profundo amor por la Comunidad y el Jalifato”.

Le sobreviven un hijo y cuatro hijas. Tres de sus yernos son consagrados y dos de sus hijas que están casadas con misioneros estaban fuera de su país y no pudieron estar con su madre en sus últimos momentos y verla.

¡Que Dios le conceda Su perdón y misericordia y que Él permita a sus hijos continuar con sus cualidades virtuosas!

La siguiente mención es la de Rana Abdul Wahid Sahib de Londres, que era hijo de Chaudhary Abdul Hai Sahib, subdivisión de Yaranwala del distrito de Faisalabad. Falleció el 26 de junio a causa de un infarto:

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y a Él volveremos!

Por la gracia de Al’lah era un musi. Trabajó con gran devoción bajo Ansarul’lah y también fue secretario “ziafat” (hospitalidad) y secretario “maal” (finanzas) de la Mezquita Fazal de Londres. Era muy trabajador y servía con mucha alegría.

¡Que Dios Altísimo le conceda el perdón y la misericordia, y otorgue a sus hijos y a su familia paciencia y perseverancia!

La siguiente mención es la de Al-Hall Mir Muhammad Ali Sahib, antiguo presidente nacional de la Comunidad Musulmana Ahmadía de Bangladesh. Falleció a la edad de 84 años:

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!

Ocupó diversos cargos a nivel local y nacional. De 1997 a 2003 fue presidente nacional de la Yamat de Bangladesh. Luego fue secretario de Rishta Nata (matrimonios) y secretario de tabligh (predicación). Desde 2013 hasta sus últimos días, fue presidente de la Comunidad en Dhaka. Durante su mandato como Amir o presidente nacional, la Comunidad en Bangladesh hizo grandes progresos, especialmente en cuanto a propiedades y edificios. La casa central de la misión también se construyó durante su mandato, junto con varias mezquitas. Era muy virtuoso, sincero, fiel, regular en el tahayud, amable, devoto y estaba al frente de la presentación de sacrificios financieros. Se ocupaba mucho de los pobres y era una persona muy servicial. Era devoto del Jalifato y fue un activo servidor de la Yamat. Le sobreviven dos hijos y una hija.

¡Que Dios Altísimo conceda su perdón y misericordia y que Él permita a sus hijos continuar con sus cualidades virtuosas!

Como he dicho, después de la oración del viernes, ofreceré la oración fúnebre en ausencia por todos los miembros fallecidos.

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