Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa) - Hazrat Mu'adh bin Yabal (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa) – Hazrat Mu’adh bin Yabal (ra)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, el Ta’awwuz y el Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

El Compañero de cuyos relatos sobre hablaré hoy es Hazrat Mu’az bin Yabal (ra). Su nombre era Mu’az, el nombre de su padre era Yabal bin ‘Amr y el de su madre era Hind bint Sahl, quien pertenecía a la rama Raban de la tribu Yuhayna. El título de Mu’az bin Yabal (ra) era ‘Abdur Rahman y pertenecía a la rama ‘Uday bin Sa’d bin ‘Ali de la tribu Jazrall. El autor de Siyar-us-Sahabah [Vida de los Compañeros] escribe que Sa’d bin ‘Ali tuvo dos hijos: Salama y Uday.  En particular, Banu Salama es de la progenie de Salama. Durante la época del Islam, solo quedaron dos individuos de la progenie de Hazart ‘Uday bin Sa’d:  Hazrat Mu’az (ra) y su hijo, ‘Abdur Rahman. Las casas de los Banu ‘Uday estaban situadas en el barrio de los Banu Salama. Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) era de tez extremadamente clara y de rostro armonioso, dientes brillantes y ojos hermosos. Entre su gente era considerado la persona más bella, joven y generosa.

Abu Nu’aim relata que Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) era más compasivo, modesto y generoso que cualquier otro joven de los Ansar (los residentes de Medina). Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) participó en el segundo juramento de iniciación en ‘Aqaba, junto con otros setenta Ansar. Tenía dieciocho años cuando aceptó el Islam. Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) participó junto al Santo Profeta (sa) en todas las batallas, incluidas las de Badr, Uhud y Jandaq.  Concretamente, cuando participó en la batalla de Badr, solo tenía veinte o veintiún años de edad. Su hermanastro, (es decir, nacido de la misma madre pero de distinto padre), fue Hazrat ‘Abdul’lah bin Yadd (ra), quien también participó en la batalla de Badr. Según Usd-ul-Ghabah, el nombre de su hermanastro era Sahl bin Muhammad bin Yadd. Sahl pertenecía a Banu Salama, por lo que también lo consideraban parte de su tribu. Cuando los emigrantes de La Meca (Muhayirin) se trasladaron a Medina, el Santo Profeta (sa) formó un vínculo de hermandad entre Hazrat ‘Abdul’lah bin Mas’ud (ra) y Hazrat Mu’az bin Yabal (ra). Esta es la única referencia que se puede encontrar al respecto en los distintos libros de historia.

Después de aceptar el Islam, Hazrat Mu’az bin Yabal (ra), junto con los jóvenes de Banu Salama, rompieron los ídolos de su tribu. Este incidente, sobre cómo rompió los ídolos de su familia, ya ha sido mencionado antes, cuando narraba los relatos de otro Compañero,  pero lo mencionaré nuevamente. Hazrat ‘Amr bin Yamuh (ra) había colocado en su casa un ídolo hecho de madera. Lo llamaba Manaat y le mostraba un gran respeto y reverencia. Con motivo del segundo juramento de iniciación en ‘Aqaba, algunos jóvenes de Banu Salama juraron su lealtad. Entre ellos estaba Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) y el hijo de ‘Amr, que  también había prometido su lealtad. Este incidente que cito ahora se ha mencionado anteriormente en relación con Mu’az bin ‘Amr (ra). Pues bien, el hijo de Hazrat ‘Amr bin Yamuh (ra) ideó un plan para atraer a su padre hacia el Islam. Cogía el ídolo de Hazrat ‘Amr, que él había colocado en su casa, y lo arrojaban a un pozo o a un montón de basura. Buscó la ayuda de algunos jóvenes y el Hazrat Mu’az bin Yabal (ra)  era uno de ellos. Así pues, un día lo arrojó a una pila de basura, pero ‘Amr lo encontró, lo trajo a casa y dijo: “Si llego a saber quién le está haciendo esto a mi ídolo, lo castigaré severamente”. Al día siguiente, estos jóvenes hicieron lo mismo con el ídolo y de nuevo acabó boca abajo en la basura. Pero de nuevo lo volvió a recoger y lo trajo de vuelta. Al tercer día, volvió a limpiar el ídolo y lo colocó en su casa de nuevo, pero esta vez colgó su espada alrededor del ídolo y dijo: “¡Por Dios! No sé quién te está haciendo esto, pero te dejo una espada para que puedas protegerte. Ahora tienes una espada”. Al día siguiente, Hazrat ‘Amr notó de nuevo que el ídolo no estaba en su lugar y lo encontró en el mismo pozo cercano de la zona, atado al cuello de un perro muerto. Al ver esto, se sorprendió y se preocupó mucho, y se vio obligado a reflexionar sobre el hecho de que el ídolo que consideraba un dios y que había colocado en su hogar, ni siquiera tenía la fuerza y ​​el poder para protegerse, incluso con una espada a su lado. Siendo así, ¿cómo podría entonces protegerlo a él? Además, estaba tendido allí, tirado cerca del cuello de un perro muerto. Por lo tanto, reflexionó profundamente sobre cómo era posible que fuera un dios. Este incidente fue la causa de su inclinación hacia el Islam y posterior aceptación. El amor y la devoción de Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) por el Santo Profeta (sa), también se puede medir por el hecho de que cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, después de la batalla de Uhud, los lamentos y gemidos se podía escuchar en las calles. El Santo Profeta (sa) preguntó qué era todo es.   Respondieron que eran las esposas de los Ansar, que lloraban por sus mártires. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “¿no hay nadie que llore por Hamzah? El Santo Profeta (sa) entonces oró por el perdón de Hazrat Hamzah”.

Cuando Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), Hazrat Sa’d bin ‘Ubaidah (ra), Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) y Hazrat ‘Abdul’lah bin Rawahah (ra) escucharon esto, fueron a sus respectivas barrios y reunieron a las mujeres de Medina que se lamentaban y lloraban. Entonces dijeron: “nadie llorará más por los mártires de los Ansar hasta que hayan llorado por el tío del Santo Profeta (sa), porque él ha preguntado si no hay nadie en Medina que llore por Hazrat Hamzah (ra)”. Esto era su amor y devoción por el Santo Profeta (sa), al ver que estaba sufriendo, debido al martirio de Hazrat Hamzah (ra). Aunque está prohibido lamentarse y gemir por un difunto, el Santo Profeta (sa) lo permitió en este caso; tal vez, habiendo presenciado las emociones de la gente, expresó su deseo de que también lo  hicieran por Hazrat Hamzah (ra). Pero en cualquier caso, el llanto y la lamentación están generalmente prohibidos en el Islam y el mismo Santo Profeta (sa) los prohibió.

Después de la conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) fue a Hunain, que es un valle situado al noreste de La Meca, cerca de Ta’if. El Santo Profeta (sa) mantuvo a Hazrat Mu‘az bin Yabal (ra) en La Meca, para que pudiera enseñar a la gente de allí el Islam y el Sagrado Corán.  Hazrat Mu‘az bin Yabal (ra) participó plenamente en la batalla de Tabuk. Cuando el Santo Profeta (sa) preguntó acerca de Hazrat Ka‘b bin Malik (ra), quien en ese momento se había quedado en Medina, un hombre de la tribu Banu Salamah habló mal de Hazrat Ka‘b bin Malik (ra). En respuesta, Hazrat Mu‘az bin Yabal (ra) le reprochó y dijo: “¡oh Mensajero de Al’lah, solo vemos lo bueno en él, no vemos nada malo”. Este era su estándar de moral, es decir, no hablar mal de alguien a sus espaldas.

Qatadah relata que escuchó a Hazrat Anas (ra) decir: “En la época del Santo Profeta (sa), cuatro personas compilaron el Sagrado Corán, todos entre los Ansar. Estos fueron: Hazrat Mu‘az bin Yabal (ra), Hazrat Ubayy bin Ka‘b (ra), Hazrat Zaid bin Thabit (ra) y Hazrat Abu Zaid (ra)”. Hazrat Abu Zaid (ra) era el tío paterno de Hazrat Anas (ra).

Hazrat ‘Abdul’lah bin ‘Umar (ra) narra que escuchó al Santo Profeta (sa) decir: “aprended el Corán de estas cuatro personas: Ibn Mas’ud (ra), Salim (ra) -que era el esclavo liberado de Abu Hudhaifah ( ra)-, Ubayy bin Ka’b (ra) y Mu’az bin Yabal (ra)”. Esta narración que acabo de citar es de Sahih Al-Bujari.

Se ha detallado anteriormente, en relación con Hazrat Ka‘b (ra), que Hazrat Musleh Maud (ra) declaró en una ocasión, que el Santo Profeta (sa) había designado a un grupo de maestros para enseñar el Sagrado Corán, que aprendieron y memorizaron todo el Noble Corán del Santo Profeta (sa), y lo enseñaron a otros. Estos eran cuatro estimados maestros, responsables de aprender el Sagrado Corán del Santo Profeta (sa) y enseñarlo a otros, pero había muchos Compañeros bajo su tutela, que también enseñaban el Noble Corán a otros. Los nombres de estos cuatro estimados maestros son: “Abdul’lah bin Mas‘ud (ra), Salim -el esclavo liberado de Abu Hudhaifah (ra)-, Mu‘az bin Yabal (ra) y Ubayy bin Ka‘b (ra). Los dos primeros eran Muhayirin o emigrantes y los dos últimos Ansar. En cuanto a su trabajo, ‘Abdul’lah bin Mas‘ud (ra) era un jornalero, Salim (ra) era un esclavo liberado, mientras que Mu‘az bin Yabal (ra) y Ubayy bin Ka‘b (ra) eran los jefes de Medina. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) nombró qaris [recitadores], teniendo en cuenta a todos los miembros de la sociedad.

Se narra en un hadiz que el Santo Profeta (sa) solía decir:

[Árabe]

“Cualquiera que desee leer el Corán debe aprender de las siguientes cuatro personas: ‘Abdul’lah bin Mas‘ud, Salim, Mu‘az bin Yabal y Ubayy bin Ka‘b”. Estas fueron las cuatro personas que aprendieron todo el Sagrado Corán del Santo Profeta (sa) y lo recitaban ante él, para asegurarse de no cometer ningún error. Aparte de ellos, también hubo muchos otros Compañeros (ra) que aprendieron distintas partes del Noble Corán directamente del Santo Profeta (sa). 

Se relata en otra narración que en una ocasión, cuando Hazrat ‘Abdul’lah bin Mas‘ud (ra) estaba recitando el Santo Corán, pronunció una palabra de manera diferente. Hazrat ‘Umar (ra) lo detuvo y dijo que debía pronunciarse de tal y tal manera. Hazrat ‘Abdul’lah bin Mas’ud (ra) declaró que el Santo Profeta (sa) le enseñó a pronunciarlo de esa misma manera. Hazrat ‘Umar (ra) lo llevó al Santo Profeta (sa) y se quejó de que no recitaba el Sagrado Corán correctamente. El Santo Profeta (sa) preguntó: “¡oh ‘Abdul’lah bin Mas’ud, recita”. Cuando lo recitó, el Santo Profeta (sa) dijo que lo había recitado correctamente. Entonces Hazrat ‘Umar (ra) dijo: “¡oh Mensajero de Al’lah, me enseñaste a pronunciar la palabra de manera diferente”. El Santo Profeta (sa) le dijo que esa también era correcta.

Esto muestra que además de los cuatro Compañeros que aprendieron el Sagrado Corán del Santo Profeta (sa), también hubo otros.

La declaración de Hazrat ‘Umar (ra), de que le había enseñado a pronunciar una determinada palabra de una manera particular, muestra que él también solía aprender el Noble Corán del mismo Santo Profeta (sa).

Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “De entre mi ummah, el más misericordioso con ellos es Abu Bakr; el que se adhiere más estrictamente a la religión de Al’lah es ‘Umar; el más modesto de ellos es ‘Uzmán; el mejor tomador de decisiones de ellos es ‘Ali bin Abi Talib; el más conocedor del Sagrado Corán es Ubayy bin Ka’b; el más conocedor de lo que es legal e ilegal es Mu’az bin Yabal y el más conocedor de los asuntos obligatorios es Zaid bin Thabit. ¡Escuchad! Cada nación tiene un Amin [custodio] y el Amin de mi nación es Abu ‘Ubaidah bin al-Yarah (ra)”. Esta narración se ha mencionado anteriormente de manera similar.

Hazrat Abu Hurariah (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Qué excelente hombre es Abu Bakr, qué excelente hombre es ‘Umar, qué excelente hombre es Abu ‘Ubaidah bin al Yarah, qué excelente hombre es Usaid bin Hudair, qué excelente hombre es Thabit bin Qais bin Shammas, qué excelente hombre es Mu’az bin Yabal  y qué excelente hombre es Mu’az bin ‘Amr bin al-Yamuh”. Esta es una narración de Musnad Ahmad bin Hanbal.

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) relata que el Mensajero de Al’lah (sa) lo tomó de la mano un día y dijo: “¡oh Mu’az! Por Al’lah que te amo”. Hazrat Mu’az (ra) respondió: “Que mis padres sean sacrificados por ti, yo también te amo”.  El Santo Profeta (sa) respondió entonces: “¡oh Mu’az, te aconsejo que nunca te olvides de recitar esto después de cada oración:

[Árabe]

“Oh Al’lah, ayúdame a recordarte, a agradecerte y a adorarte de una manera excelente”.

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) relata que el Santo Profeta (sa) declaró: “¿quieres que te hable de una de las puertas del Paraíso?”. Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) dijo: “por supuesto”. El Santo Profeta (sa) le dijo que recitara:

[Árabe]

“No hay fuerza ni poder excepto con Al’lah”.

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) narra que le preguntó al Santo Profeta (sa) cuál es el tipo de fe más excelente. El Santo Profeta (sa) respondió: “la fe más excelente es amar a Al’lah y odiar solo por la causa de Al’lah, y ocupar la lengua en el recuerdo de Al’lah”. Hazrat Mu’az (ra) luego preguntó: ¡oh Mensajero de Al’lah, ¿qué más? El Santo Profeta (sa) respondió: “desea para los demás lo mismo que deseas para ti mismo. Es decir, debes desear para los demás lo que deseas para ti mismo y no debes desear para ellos lo que no te agrada a ti mismo”.

Hazrat Yabir bin ‘Abdul’lah (ra) narra que Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) oró con el Santo Profeta (sa) y luego regresó a su tribu, y los dirigió en la oración. Primero vino a la Mezquita Nabawi y ofreció oraciones allí, después de lo cual regresó a su casa y dirigió a su gente en la oración. Esta es una narración de Sahih Al-Bujari.

Hazrat Yabir (ra) narra que Hazrat Mu’az (ra) ofreció oraciones con el Santo Profeta (sa) y luego regresó con su gente, y los dirigió en la oración. Una noche, ofreció la oración de ishaa detrás del Santo Profeta (sa). Cuando regresó con su gente, los dirigió en una de las oraciones y comenzó a recitar el Surah Al-Baqarah [capítulo 2 del Sagrado Corán]. Tras esto, una persona se separó de la congregación, recitó “salam” [para indicar el final de la oración] y comenzó a orar por su cuenta. O sea, cuando vio que se estaba recitando un capítulo extenso, dijo “salam” y comenzó a ofrecer la oración en solitario. Al verlo hacer esto, la gente se dirigió a él y dijo: “¿te has vuelto un hipócrita?”. O sea, lo amonestaron por dejar la oración congregacional y orar solo, y le preguntaron si se había vuelto hipócrita. A esto respondió: “no, por Dios que no soy un hipócrita. Ciertamente iré al Santo Profeta (sa) y le informaré de lo que he hecho. Si fuera un hipócrita, me habría escondido para ofrecer las oraciones. Ciertamente informaré al Santo Profeta (sa) de todo esto”. Posteriormente, fue a ver al Santo Profeta (sa) y dijo: “¡oh Mensajero de Al’lah! Transportamos agua de un lugar a otro en nuestros camellos y nos aseguramos de que la gente tenga agua en sus hogares; por eso, trabajamos todo el día. Hazrat Mu’az (ra) ofreció las oraciones de ishaa contigo y luego vino a su propio vecindario y comenzó a recitar Sura Al-Baqarah”. Entonces, el Santo Profeta (sa) se volvió hacia Hazrat Mu’az (ra) y dijo: “¡oh Mu’az! ¿Quieres hacer sufrir a la gente? ¿Por qué causas dificultades a la gente?”. El Santo Profeta (sa) luego le aconsejó qué recitar y lo repitió nuevamente. Según la narración de Hazrat Yabir, el Santo Profeta (sa) dijo: “debes recitar capítulos como el Surah Al-Shams, Surah Al-Duha, Surah Al-Lail y Surah Al-Ala”. Así pues, el Santo Profeta (sa) mencionó estos cuatro capítulos como ejemplo. Esta es una narración de Sahih Muslim.

Hay una narración en Sahih Al-Bujari, según la cual Hazrat Yabir bin ‘Abdul’lah Ansari (ra) relata que una noche, un hombre estaba llevando a sus camellos que transportaban agua y casualmente vio que Hazrat Mu’az (ra) dirigía las oraciones en la mezquita. Al verlo, ató sus camellos y comenzó a ofrecer oraciones detrás de Hazrat Mu’az (ra). Pero Hazrat Mu’az (ra) comenzó a recitar el Surah Al-Baqarah o el Surah An-Nisa. A esto que el hombre detuvo sus oraciones y se fue. Más tarde, el hombre descubrió que Hazrat Mu’az (ra) estaba disgustado por este acto suyo. Por lo tanto, acudió al Santo Profeta (sa) y se quejó de Hazrat Mu’az (ra). Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) le dijo a Hazrat Mu’az (ra) tres veces: “¡oh Mu’az! ¿Deseas someter a la gente a dificultades? ¿Por qué pones a la gente en dificultades, recitando Surahs largos? Es decir, capítulos largos del Sagrado Corán. ¿Por qué no recitaste capítulos como el Surah Al-‘Ala, Surah Al-Shams, Surah Al-Duha, Surah Al-Lail; porque en la congregación detrás de ti hay personas mayores, algunas son débiles y también hay quienes tiene otras necesidades.  Como se mencionó anteriormente, esta es una narración de Sahih Al-Bujari.

A la luz del consejo del Santo Profeta (sa) a Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) acerca de recitar Surahs más breves en las oraciones congregacionales, Hazrat Jalifatul Masih II (ra) escribe: “Era la preferencia del Santo Profeta (sa) recitar el Surah Al-‘Ala, el Surah Al-Ghashiya, el Surah Al-Fayr y otros surahs similares, en términos de longitud, en las oraciones obligatorias. En este sentido, An-Nisai también ha relatado de Hazrat Yabir (ra) que una vez Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) dirigía las oraciones y una persona vino, y se unió a las oraciones congregacionales detrás de él. Hazrat Mu’az (ra) prolongó las oraciones y según algunas narraciones, comenzó a recitar Surah Aale Imran o el Surah Al-Nisa. Dicha persona, como la oración se prolongaba, detuvo sus oraciones y, moviéndose a un lado, comenzó a orar por su cuenta; y cuando concluyó su oración, se fue. Después de terminar la oración, alguien informó a Hazrat Mu’az (ra) de lo que sucedió, o sea, que una persona vino y se unió a la oración, pero cuando la oración se prolongó, la detuvo y, moviéndose a un lado, comenzó a orar por su cuenta;  y que después de terminar su oración se fue. Hazrat Mu’az (ra) dijo que quizás era un hipócrita y luego relató todo el incidente al Santo Profeta (sa). En esta narración Hazrat Musleh Maud (ra) ha afirmado que el mismo Hazrat Mu’az fue al Santo Profeta (sa) y le dijo: ‘¡oh Mensajero de Al’lah! Yo estaba dirigiendo la oración cuando tal o cual persona se unió a la misma. Pero cuando la oración se prolongó, dejó de rezar, comenzó a realizar la oración por su cuenta, y se fue cuando terminó. Cuando la persona contra la que se presentó la queja se enteró de que el incidente había sido mencionado al Santo Profeta (sa), también fue  a verle y dijo lo siguiente: “¡oh Mensajero de Al’lah! Llegué para ofrecer las oraciones y me uní a él cuando él [o sea, Hazrat Mu’az (ra)] dirigía las oraciones. Sin embargo, las prolongó muchísimo. Nosotros trabajamos todo el día y mi camello también estaba atado sin comida. Por tanto, dejé de rezar en congregación y recé por mi cuenta a un lado de la mezquita. Luego regresé a casa y alimenté a mi camello”. Al oír esto, el Santo Profeta (sa) se disgustó con Hazrat Mu’az (ra) y le dijo: “¡oh Mu’az! Si haces eso pondrás a la gente en grandes dificultades. ¿Por qué no recitas el Surah Al-A’la, el Surah As-Shams, el Surah Ad-Duha, el Surah Al-Fajr o el Surah Al-Lail? ¿Por qué no recitaste alguno de estos capítulos y por qué elegiste recitar los capítulos más largos?”.

De este incidente podemos concluir que el Santo Profeta (sa) ha considerado estos surahs o capítulos, anteriormente mencionados, de duración media. En efecto, en condiciones especiales se pueden recitar los capítulos más largos, pero cuando hay gente que no se encuentra bien se puede recitar capítulos más cortos. Por consiguiente, estos capítulos, que tienen una duración media, deben ser recitados durante las oraciones en las que el imam recita una porción del Sagrado Corán en voz alta”.

Además hay que recordar que esto no significa que sólo se puedan recitar esos capítulos. El Santo Profeta (sa) ha dado una instrucción general de que no se deben recitar capítulos largos en las oraciones en congregación. No obstante, se puede recitar los capítulos de acuerdo a las circunstancias específicas o de acuerdo a lo que se ha aprendido. Algunos han memorizado capítulos más cortos y como no hay nadie más para dirigir la congregación, tienen que dirigir ellos mismos las oraciones. Así pues, se les permite recitar también capítulos más cortos. Sin embargo, las instrucciones generales del Santo Profeta (sa) es que no se deben recitar capítulos muy largos en las oraciones en congregación, porque hay distintas personas rezando: algunos son ancianos, otros no se encuentran bien o trabajan muchas horas, etc.

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) narra que: “Estaba cabalgando detrás del Santo Profeta (sa) y no había nada entre él y yo, excepto la parte trasera de la silla, cuando dijo: ‘¡oh Mu’az bin Yabal!’, a lo que yo respondí: ¡estoy presente, oh Mensajero de Al’lah y a su servicio! El Santo Profeta (sa) siguió su viaje por un corto tiempo más, cuando dijo de nuevo: “oh Mu’az bin Yabal”, a lo que yo respondí: ¡estoy presente, oh Mensajero de Al’lah y estoy a su servicio! Luego siguió en el viaje un poco más y dijo: ¡oh Mu’az bin Yabal! A lo que respondí: ¡estoy presente, oh Mensajero de Al’lah, y estoy a su servicio! El Santo Profeta dijo entonces: ¿sabes qué derecho tiene Al’lah sobre Sus siervos? Yo respondí: “Al’lah y Su Mensajero saben mejor”. El Santo Profeta (sa) dijo: “el derecho de Al’lah sobre Sus siervos es que Le adoren y no Le asocien nada”. El Santo Profeta (sa) cabalgó un poquito más y luego dijo: “¡oh Mu’az bin Yabal!”; a lo que yo respondí: “estoy presente, oh Mensajero de Al’lah, y estoy a su servicio”. El Santo Profeta (sa) respondió: “¿sabes qué derechos tienen los siervos sobre Al’lah?”. (Primero, la gente debe cumplir con los derechos que le deben a Dios Altísimo. Cuando cumplen con estos derechos y actúan en consecuencia, entonces la gente tiene derechos sobre Dios Altísimo. Yo respondí: “Al’lah y Su Mensajero saben mejor. El Santo Profeta (sa) dijo: “es que Al’lah no los va a castigar”. Cuando la gente obedece los mandamientos de Dios Altísimo, entonces se les concede el derecho a que Dios no los castigue. Esta es una narración de Sahih Muslim.

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) narra: “Una vez estaba viajando en compañía del Santo Profeta (sa). Mientras estábamos de viaje, me acerqué a él y le pregunté: “oh Mensajero de Al’lah, dígame una acción que me lleve al Paraíso y me mantenga alejado del fuego del infierno”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¡me has preguntado sobre un gran asunto! Sin duda es alcanzable para quien Al’lah se lo hace fácil”. Dijo además: “adora a Al’lah y no Le asocies ningún compañero, observa la oración, paga el Zakat, ayuna en el mes de Ramadán y haz la peregrinación a la Casa de Al’lah”.

El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “¿quieres que te informaré sobre las puertas para alcanzar la bondad? El Santo Profeta explicó: “te informaré sobre las puertas para alcanzar la bondad”. El ayuno es un escudo y la caridad lava los pecados como el agua apaga el fuego; y ofrecer oraciones en medio de la noche (o sea, ofrecer oraciones de Tahayyud); y a continuación el Santo Profeta (sa) recitó el siguiente versículo:

[Árabe]

“Sus costados se mantienen alejados de sus camas, e invocan a su Señor con temor y esperanza,

[Árabe]

y gastan lo que les hemos concedido. Y ningún alma sabe qué alegría de los ojos se mantiene oculta para ellos, como recompensa por sus buenas obras”.

El Santo Profeta (sa) dijo además: “¿acaso no debería informarte de la mejor acción, su esencia y su grandeza?”. El Santo Profeta (sa) afirmó: “es realizar la yihad”. Luego dijo: ‘¿acaso no debería decirte el fundamento de todo esto? Es decir, es un asunto fundamental sobre el que todo se basa. Yo dije: “sí, oh Mensajero de Al’lah”. Entonces, el Santo Profeta (sa) cogió su lengua y exclamó: “controlar esta”; es decir, cogió su lengua y dijo que había que controlarla.

Entonces pregunté: “¡oh Profeta de Al’lah, ¿seremos responsables de lo que digamos con ella? El Santo Profeta (sa) respondió: ¡que Al’lah te bendiga, oh Mu’az! No hay nada que arroje a la gente al fuego del infierno y se vea en sus rostros excepto lo que cosechen de sus lenguas”. Lo que significa que hacer comentarios duros e hirientes, o herir los sentimientos de uno a través de sus palabras es algo que puede llevar a disputas; y además, puede llevar a muchos otros males. Si las palabras de alguien son la causa del mal o se convierten en un medio para difundir el mal y el pecado, entonces, según el Santo Profeta (sa), esto hará que sean arrojados al fuego del infierno y lo sientan sobre sus caras. Por lo tanto, uno debe ser consciente de lo que dice y usar su lengua y palabras solo para difundir acciones virtuosas.

Hazrat Ka’b bin Malik (ra) narra que Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) emitía edictos [fatwahs] durante la vida del Santo Profeta (sa) y también durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra) en Medina. Muhammad bin Sahl bin Abi Jaithamah narra con la autoridad de su padre, que durante la vida del Santo Profeta (sa), tres hombres de los Ansar y tres hombres de los Muhayirin pasaban edictos. Eran los siguientes: Hazrat ‘Umar (ra), Hazrat ‘Uzmán (ra), Hazrat ‘Ali (ra), Hazrat Ubayy bin Ka’b (ra), Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) y Hazrat Zaid bin Thabit (ra).

‘Abdur Rahman bin Qasim narra de su padre que siempre que Hazrat Abu Bakr (ra) se enfrentaba a un asunto en el que necesitaba consultar a quienes poseían buen juicio y conocimiento de la jurisprudencia, llamaba a individuos de entre los Muhayirin y los Ansar, y estos incluían a Hazrat ‘Umar (ra), Hazrat ‘Uzmán (ra), Hazrat ‘Ali (ra), Hazrat Abdur Rahman bin ‘Auf (ra), Hazrat Mu’az bin Yabl (ra), Hazrat Ubayy bin Ka’b (ra) y Hazrat Zaid bin Thabit (ra). Todos estos individuos emitían los fatwas [edictos] durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra), en otras palabras, formaron el comité de jurisprudencia y se les permitió emitir edictos basados en el conocimiento que habían recibido del Santo Profeta (sa).

Durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Mu’az bin Yabl (ra) emigró a Siria y se estableció allí. A este respecto, Hazrat ‘Umar (ra) declaró que la partida de Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) había dejado un vacío en Medina y entre la gente de Medina en el campo de la jurisprudencia, y en aquellos asuntos respecto de los cuales emitía edictos. Hazrat ‘Umar (ra) pidió a Hazrat Abu Bakr (ra) que impidiera que se fuera ya que la gente lo necesitaba mucho. No obstante, Hazrat Abu Bakr (ra) se negó, diciendo que no podía detener a nadie que había tomado una decisión y deseaba abrazar el martirio. Hazrat ‘Umar (ra) declaró: “¡por Dios, uno puede alcanzar el martirio incluso estando en la cama!”.

Thaur bin Yazid relata que cuando Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) ofrecía la oración de Tahayyud en la noche, recitaba la siguiente oración:

”¡oh Al’lah!  Mis ojos se duermen mientras las estrellas brillan con fuerza. Tu eres el Vivo, el Auto-suficiente y el que Sostiene Todo.  ¡Oh Al’lah! Me falta el deseo de alcanzar el Paraíso y soy débil, y me falta la fuerza para escapar del fuego del infierno. ¡Oh Al’lah! Permíteme estar entre los guiados y guarda esto para que se me conceda en el Día del Juicio; ciertamente no vas en contra de Tu promesa”. 

Tal era el nivel de temor a Dios que tenía.

Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo lo siguiente a Hazrat Mu’az bin Yabal (ra), mientras estaba sentado detrás del Santo Profeta (sa) en la silla de montar: “¡oh Mu’az bin Yabl!”

Y este respondió: “¡oh Mensajero Al’lah, estoy aquí a su servicio”, respondió Hazrat Mu’az bin Yabal (ra). El Santo Profeta (sa) exclamó: “oh Mu’az”. Una vez más respondió: “oh Mensajero Al’lah, estoy aquí a su servicio”. El Santo Profeta (sa) volvió a llamarlo por su nombre y él respondió: “¡oh Mensajero Al’lah, estoy aquí a su servicio”.

Tras decir su nombre tres veces, el Santo Profeta (sa) aseguró que “quien con la sinceridad de su corazón testifique que no hay nadie digno de adoración excepto Al’lah y Muhammad es el Mensajero de Al’lah, entonces Al’lah seguramente lo protegerá del fuego del infierno”. Al escuchar esto, Hazrat Mu’az (ra) respondió: “¡oh Mensajero de Al’lah, ¿no debo transmitir esto a los demás ya que será una fuente de alegría para ellos?”. El Santo Profeta (sa) le dijo: “entonces sólo confiarán en esta única cosa y abandonarán todas las demás virtudes, por lo tanto no se lo digas a los demás”. Hazrat Mu’az (ra) sólo reveló este dicho del Santo Profeta (sa) en el momento de su fallecimiento, e incluso entonces, sólo lo hizo para no cometer un pecado por no haber transmitido las palabras del Santo Profeta (sa). Hazrat Mu’az (ra) pensó que debería transmitir este dicho a los eruditos de la época, pero no lo hizo mientras estaba vivo y con buena salud.

Hazrat Waliul’lah Shah Sahib ha escrito sobre esto en el comentario de Sahih Bujari. Había ciertos hadices en relación con un tema y al mencionarlos, también incluyó este hadiz en particular y afirmó:

“Esta declaración intelectual particular sólo se dirige a ciertas personas, porque otras podrían sufrir mucho por no entender su significado adecuadamente. No basta con proclamar simplemente que ‘no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah y Muhammad (sa) es el Mensajero de Al’lah’ y luego asumir que no hay necesidad de llevar a cabo ninguna otra acción”.

En realidad, esto se ha convertido en la condición actual de los musulmanes, que son musulmanes sólo de nombre. Recitan el Kalimah [la declaración de fe] y no llevan a cabo ninguna otra obra. Hazrat Shah Sahib continúa diciendo:

“Este Hadiz ha explicado que existe un contexto especial para estas declaraciones”.

Estaba mencionando varios Hadices y este, en concreto, también está incluido en ellos. Continúa escribiendo:

“Otra tradición auténtica narrada por Hazrat Ibn Masud, registrada en Sahih Muslim, dice:

[Árabe]

La esencia de los dichos del Santo Profeta (sa) mencionados con anterioridad es que uno debe dirigirse a las personas según su intelecto y su nivel de comprensión porque ciertas declaraciones pueden llevar a la Fitna “.

Shah Sahib ha dado también otras explicaciones, pero están relacionadas con las otras narraciones, así que las dejaré de lado. En cualquier caso, escribe más adelante:

“Vemos cómo los supuestos creyentes han hecho la mera declaración verbal de “no hay nadie digno de adorar excepto Dios … ” como una forma de liberar a la humanidad de sobrellevar las dificultades de la Shariah, concediéndoles un “certificado” por su fe y mostrando un desprecio total por todas las demás obligaciones religiosas “.

Cada Maulvi [clérigo musulmán] que pronuncia sermones desde su púlpito, afirma que quien ofrezca sus oraciones detrás de él y recite elKalimah, se le concederá el certificado de la fe sin necesidad de hacer nada más. Continúa:

“Fue ante la presencia de estos mismos creyentes que dieron testimonio verbal de su fe, que el Santo Profeta (sa) declaró que, en los últimos días, la fe no estaría ni en sus corazones, ni se pronunciaría en sus lenguas, sino que ascendería a los cielos .

También declaró el Hadiz acerca del Kalimah en este contexto.

Después, mientras cita la siguiente narración:

“Aquel que se abstiene de todo tipo de shirk [idolatría] hasta su muerte, entrará en el paraíso”. Escribe:

“La sabiduría que hay detrás del Santo Profeta (sa) diciendo repetidamente el nombre de Hazrat Mu’az y permaneciendo en silencio después ante su respuesta, fue para despertar su interés y pasión por escuchar las palabras del Santo Profeta (sa).  Así, el Santo Profeta (sa) al decírselo solo una vez, él permaneció plenamente atento y dispuesto a escuchar”.

Shah Sahib continúa escribiendo:

“Esto fue para que él pudiera realmente entender lo que el Santo Profeta (sa) iba a decirle porque le dejaría una impresión en él. Por tanto, el Santo Profeta (sa) repitió su nombre tres veces para llamar su atención sobre este asunto. Por otro lado, Hazrat Mu’az (ra) honró profundamente lo que el Santo Profeta (sa) declaró y no se lo reveló a nadie, solo lo hizo al final de su vida por temor a ser responsabilizado ante Dios Altísimo por no haber transmitido algo de conocimiento,  al menos a los eruditos de la época”.

Hoy en día, los musulmanes dicen ser creyentes y, aunque recitan el Kalimah y piensan que están libres de idolatría, sus corazones están llenos de todo tipo de idolatría. Ponen su confianza en las cosas materiales y si el verdadero estado fuera revelado por los destacados oradores religiosos, su condición es la misma.

En relación al Hadiz antes mencionado en el que se declara que Dios Altísimo protegerá del fuego del infierno a aquellos que reciten el Kalimah, también demuestra que la recompensa de esto solo recae en Dios. No es deber del hombre emitir un edicto sobre el que recita la Kalimah, o decir si uno es musulmán o no. Estos edictos emitidos están en contra de las enseñanzas coránicas. Hoy en día, durante el mes [islámico] de Rabi ul Awal es común que los musulmanes conmemoren el Milad-ul-Nabi, sin embargo, de lo que realmente se trata es de adoptar las enseñanzas y el bendito ejemplo del Santo Profeta (sa). Uno no debe simplemente considerarse musulmán, según su propia opinión, sino que el que recita el Kalimah debe dejar el asunto en las manos de Dios Altísimo para juzgarle.  Esto deparará felicidad al alma del Santo Profeta (sa) y estas acciones de su Ummah se convertirán en una fuente de alegría para él. Además de invocar saludos al Santo Profeta (sa), debemos expresar nuestra gratitud a Dios Altísimo por no haber abandonado la religión del Santo Profeta (sa). De hecho, de acuerdo con Su promesa divina y, tal como estaba profetizado, ha enviado el Mesías Prometido (as) para el renacimiento de la fe, quien nos ha enseñado la verdadera esencia de adherirnos al Kalimah y a los mandamientos de la Shariah, para que realmente estemos entre los que serán salvaguardados del fuego del infierno. ¡Qué Dios Altísimo también otorgue sabiduría para entender esto a aquellos que rechazan al Mesías Prometido (as)! ¡Que Dios Altísimo nos permita también comprender las verdaderas enseñanzas del Islam y el verdadero espíritu del  Kalimah, y actuar en consecuencia!

Hazrat Mu’az bin Yabal (ra) narra: “En el año en que tuvo lugar la batalla de Tabuk, nosotros también fuimos con el Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) solía unir las oraciones de Dohar y Asar, y las oraciones de Maghrib e Ishaa.  Un día, el Santo Profeta (sa) comenzó las oraciones un poco más tarde. Salió y juntó las oraciones de Dohar y Asar, y luego regresó a su residencia. Después salió de nuevo y dirigió las oraciones de Maghrib e Ishaa. El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “mañana, si Dios quiere, llegarás a los manantiales de Tabuk”.

Quiero aclarar que no significa que el Santo Profeta (sa) dirigiera las cuatro oraciones juntas, sino que unió la oración de Dohar con Asar y estas oraciones las realizó en el último momento en que se puede ofrecer Asar; y de manera similar ofreció las oraciones de Maghrib e Ishaa lo más temprano que se puede ofrecer la oración de Maghrib. En cualquier caso, el Santo Profeta (sa) declaró:

“mañana, cuando el sol haya salido completamente, llegaréis al manantial de Tabuk”. Así pues, el Santo Profeta (sa) estimó que llegarían allí aproximadamente durante el día. Y añadió; “quienquiera de vosotros que llegue allí, no debe tocar su agua, ni beber de ella hasta que yo no haya llegado”.

El narrador dice: “al llegar, dos individuos ya habían llegado antes que nosotros y había un chorro de agua muy pequeño, casi tan delgado como el cordón de un zapato. El Santo Profeta (sa) les preguntó a estos dos individuos si habían tocado el agua y ambos respondieron que sí, y que además habían bebido de ella.

El Santo Profeta (sa) amonestó a ambos, preguntándoles por qué lo habían hecho, si se les había prohibido; y continuó diciéndoles lo que Dios quería que dijera. El narrador dice que, poco a poco, la gente empezó a sacar agua del manantial hasta que se acumuló un poco de agua en un cuenco, porque en realidad solo había un pequeño chorro de agua. El cronista relata que el Santo Profeta (sa) se lavó ambas manos y el rostro. Luego tomó el agua y la volvió a verter en el manantial; lo que significa que se lavó el rostro mientras estaba de pie junto al arroyo y el excedente de agua lo volvió a dejar caer al manantial. Despues de esto, el manantial comenzó a fluir rápidamente, porque cuando el Santo Profeta (sa) se lavó la cara y las manos en el manantial, y el exceso de agua volvió a caer en el mismo, lo que una vez fue un insignificante arroyo, comenzó a fluir rápidamente y la gente pudo beber hasta saciarse.  Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: “¡oh Muʻaz! Si vives lo suficiente, verás que este lugar se llenará de jardines”. Según los libros de hadices, sabemos que este milagro ocurrió cuando el Santo Profeta (sa) acababa de llegar a Tabuk. Según Seerat Ibn Hisham, este evento tuvo lugar en el camino de regreso de Tabuk, en un valle llamado Mushaqaq. El Imam Malik también ha mencionado este incidente en su libro Muwatta. Mientras explica este hadiz, Muhammad bin Abdul Baqi Zarqani escribe que Abu Walid Wayi afirma que esta fue una profecía que ya se cumplió y que el Santo Profeta (sa) mencionó específicamente a Hazrat Muʻaz porque se había mudado a Siria y allí fue donde falleció. El Santo Profeta (sa) fue informado a través de una revelación que Hazrat Muʻaz (ra) vería este lugar y, gracias a las bendiciones del Santo Profeta (sa), ese valle se convertiría en un lugar lleno de árboles y jardines.

Allamah ibn Abdul Barr relata que Ibn Wasa afirma que él visitó toda la zona que rodeaba ese manantial y encontró la exuberancia y la vegetación de sus árboles, hasta el punto de que tal vez permanecería así hasta el fin de los tiempos, exactamente como lo había profetizado el Santo Profeta (sa).

Está escrito en Aqdas Seeratun Nabawi (sa) que el jefe de Tabuk dijo: “hasta hace dos años, esto ha estado rebosando de agua durante 1.375 años. Luego se cavaron pozos en las zonas de menor altitud y así el agua de este manantial se trasladó hacia los pozos;  y después de repartirse entre 25 pozos, este arroyo terminó secándose”.  Después nos llevó a un pozo donde vimos que se había instalado una tubería de diez centímetros y de ella fluía agua con mucha fuerza, sin el uso de ninguna máquina; y nos dijeron que los otros pozos eran similares a este. En realidad, que hubiera tanta abundancia de agua en Tabuk se debe únicamente a las bendiciones del milagro del Santo Profeta (sa). Aparte de Medina y Jaibar, no hemos visto tanta agua en ningún otro lugar. De hecho, lo cierto es que la cantidad de agua en Tabuk es incluso mayor que en estos dos lugares. Debido a esta agua, se están plantando jardines en todas partes en Tabuk y según la profecía del Santo Profeta (sa), Tabuk está lleno de jardines, que continúan aumentando día a día.

Hablaré sobre el resto del relato de su vida en el próximo sermón, si Dios quiere.

Voy a dirigir algunas oraciones fúnebres en ausencia después de la oración del viernes y además mencionaré algunos detalles sobre ellos. La primera es de Maulvi Farzand Khan Sahib, misionero encargado del distrito de Jurdah Dunya Garh en Odisha. Era diabético. El 10 de septiembre repentinamente enfermó de tifus y neumonía severa, por lo que fue ingresado en el hospital, falleciendo allí por decreto Divino:

[Árabe]

“Ciertamente a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos”.

era musi. Deja a su esposa Sakina Begum, a su hija Fariha y a su hijo Rehan. Siempre estuvo a la vanguardia del servicio a la Comunidad. Fue muy virtuoso. Cuidó de los misioneros y muʻallimeen que trabajaban con él. Era de buen corazón, humilde y tenía altos estándares morales; también era extremadamente piadoso y sincero. Se matriculó en Yamia Qadián en 1980 y se graduó en 1988, y tras ello comenzó a trabajar como misionero. Sirvió durante 32 años con gran esfuerzo, sinceridad y exhibiendo un verdadero espíritu de devoción. Durante este tiempo, ayudó a las personas a aceptar el Islam-Ahmadiat en varios lugares, y también estableció muchas sedes de la Comunidad. Su esposa, Sakina Begum Sahiba, dice que Mualvi Sahib solía relatar que su primer destino fue en Haryana, donde no había ningún edificio oficial de la Yama’at, ni había áhmadis allí. Iba a varios lugares, propagaba el mensaje del Islam-Ahmadiat y estableció centros. Mientras hacía esto, una vez terminó en una aldea de la provincia de Haryana y les transmitió el mensaje del Ahmadiat. Un lugareño dijo que una de sus vacas no podía producir leche. Si su Comunidad era sincera, debería soplar en algo y dárselo, para que su vaca pudiera bebérselo y producir leche. El lugareño dijo que si él era sincero y ocurría este milagro, entonces toda su familia aceptaría el Ahmadiat. Maulvi Sahib dijo que recitó Surah al-Fatihah, Durood Sharif y dijo algunas oraciones, después de lo cual sopló un poco de agua y se la dio al hombre, quien se llevó el agua y se fue.  Maulvi Sahib dice que pasó toda la noche en ese pueblo sentado bajo un árbol, orando para que Dios Altísimo manifestara este milagro como una señal de la veracidad del Mesías Prometido (as). Maulvi Sahib dice que al amanecer, vio a alguien que venía hacia él con un cubo. Cuando miró dentro del cubo, vio que era leche y la persona dijo: “Maulvi Sahib, nuestra vaca ha producido leche y llenos de felicidad, toda mi familia y yo nos hemos dado cuenta de que la Comunidad Ahmadía es verdadera y ahora nos unimos a esta Yama’at”.

Su hijo Rehan dice que “fue extremadamente humilde, muy bondadoso y saludaba a todos con gran amor y afecto. Vivió su vida para el agrado de Dios Altísimo y para el servicio a la Comunidad. Escuchaba todas las instrucciones y orientaciones del Jalifa y nos aconsejó siempre que hiciéramos lo mismo.  Siempre nos trató con amabilidad y amor. Junto con su servicio a la Comunidad, ayudaba a mi madre a realizar los trabajos de la casa. Él salvaguardó sus oraciones durante toda su vida y se aseguró de que nosotros también lo hiciéramos;  y siempre nos aconsejó que camináramos por el camino de la virtud”. Todos los misioneros y muʻallimeen que trabajaron con él han escrito que fue un misionero ejemplar, que era extremadamente amable y nunca lo vieron expresar ningún enojo.

El segundo funeral es de Abdul’lah Munsiku Sahib, quien fue un misionero local en Malasia. El 7 de octubre cayó inconsciente y fue trasladado al hospital, pero no pudo ser reanimado y falleció esa misma noche.

[Árabe]

[Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él regresaremos.]

El fallecido tenía 68 años y  era musi. Le sobreviven su esposa y ocho hijos. Era suegro de dos misioneros en Malasia, que son: Salahuddin Sahib y Masrur Ahmad Sahib. Abdul’lah Munsiku Sahib nació en Filipinas y, después de graduarse en la universidad, se unió a la organización musulmana llamada Moro National Liberal Front. Esta organización luchó contra el gobierno y su propósito era establecer un gobierno islámico en Filipinas. En 1973 sus padres emigraron de Filipinas a Malasia y se establecieron en Sandakan Samba. En cualquier caso, Dios Altísimo le había concedido un corazón puro. El Mesías Prometido (as) apareció en sus sueños muchas veces, lo mismo que el Segundo Jalifa (ra) y el Tercero (rh). Fue de acuerdo a la Voluntad Divina que pudo asistir a la Convención Anual de Takinabalu en 1973. Participar en dicha Convención y experimentarla resultó ser una inspiración para su fe y, por tanto, aceptó el Ahmadiat. El área de Sandakan, donde vivía, no tenía un misionero y su alma tenía sed de conocimiento. Así pues, sació esta sed estudiando extensamente la literatura de la Comunidad. Le apasionaba propagar el mensaje del Islam-Ahmadiat. Prácticamente implementó esta pasión al propagar el mensaje del Ahmadiat a sus amigos, familiares y en toda su área. Como resultado de sus esfuerzos, muchas personas se unieron al redil del Islam-Ahmadiat. Fue precisamente por esta pasión hacia la predicación, que dedicó su vida y luego fue destinado como misionero. Además tuvo la oportunidad de servir en Filipinas durante algún tiempo, junto a Jairuddin Maros Sahib. Como resultado de su disposición virtuosa, celo por el conocimiento, humildad y temor de Dios Altísimo, también pudo prestar un gran servicio allí,  donde debatía con los cristianos y trajo a mucha gente al redil del Islam. No sabía hablar urdu, pero tenía un gran deseo de aprenderlo. Por eso había memorizado muchas citas y poemas en dicha lengua. Le gustaba ser hospitalario y, en particular, se ocupaba de la hospitalidad de los que acudían a la oración del viernes. Él era un hombre de disciplina y deseaba que todos fueran disciplinados, por lo que por ello emprendió el Tarbiat [entrenamiento moral y espiritual] de los demás. Tenía dificultades para caminar durante los últimos años, aunque nunca permitió que esto representara un obstáculo para su trabajo.

El tercer funeral es de Abdul Wahid Sahib, que era mu’allim en Qadián. Falleció el 12 de septiembre, a la edad de 55 años.

[Árabe]

Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos. Él era originalmente de una familia cristiana. Su hermano mayor, un maestro jubilado, fue el primero de su familia en tener el honor de aceptar el Ahmadiat. Más tarde, toda su familia aceptó la Yama’at. Después de aceptar el Ahmadiat, Abdul Wahid Sahib hizo un curso de tres años en Yamiʻatul Mubashirin. Al graduarse, fue a varias regiones para difundir el mensaje del Islam-Ahmadiat. Además se le confió el deber de Ta’lim y Tarbiyyat en varias áreas de Qadián. Fue muy obediente y trabajó con gran celo. Era muy hábil en el trabajo de tabligh (predicación) y fue como resultado de su propagación que tres familias cristianas, y otras tres familias no áhmadis de Qadián entraron en el redil del Ahmadiat. Por la gracia de Dios Altísimo, dos personas de estas familias también son musi, lo que significa que no solo aceptaron el Ahmadiat, sino que también destacan por sus virtudes. Le sobreviven su esposa, un hijo y dos hijas. Su hijo se graduó este año en Yamia Ahmadía como misionero. Que Dios Altísimo eleve la posición de todos estos difuntos y les conceda Su perdón y misericordia. Que sus descendientes continúen con sus buenas obras y que Dios Todopoderoso satisfaga los deseos que tenían para la crianza de sus hijos, y que se conviertan en los verdaderos ayudantes del Jalifato, especialmente aquellos niños que han consagrado sus vidas. Que Dios Altísimo les conceda Su perdón y misericordia. Como dije, después de rezar la oración del viernes, dirigiré sus oraciones fúnebres “in absentia”, insha Al’lah (si Dios quiere).

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que mencionaría los incidentes de la vida del compañero Hazrat Mu’adh bin Yabal (ra).

Hazrat Mu’adh bin Yabal (ra)

El nombre de su padre era Yabal bin ‘Amr y el de su madre Hind bint Sahl. Hazrat Mu’adh (ra) era de la rama Udayy bin Sa’d bin Ali de la tribu Khazraj.

Hazrat Mu’adh (ra) participó en todas las batallas junto al Santo Profeta (sa). Está registrado que en el momento de la Batalla de Badr, la edad de Hazrat Mu’adh (ra) era de 20 o 21 años.

Transmitiendo el mensaje a su Padre

Su Santidad (aba) dijo que al aceptar el Islam, Hazrat Mu’adh (ra) deseaba transmitir el verdadero mensaje de Dios a su padre. Así, junto con otros jóvenes, tomó el ídolo que su padre ‘Amr adoraba y lo tiró a una cuneta. Lo hicieron durante tres noches consecutivas. Después de que, por segunda vez, Amr encontrara su ídolo en la cuneta, dejó su espada junto al ídolo y le dijo que debía protegerse. Sin embargo, al día encontró el ídolo colgando del cuello de un perro. Esto hizo que Amr pensara que un ídolo al que había adorado toda su vida no podía ni siquiera protegerse a sí mismo. Así, Amr fue capaz de reconocer al único Dios verdadero.

Amor y devoción por el Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) relató que al regresar a Medina de la batalla de Uhud, el Santo Profeta (sa) escuchó a las mujeres llorar y lamentarse por los mártires. El Santo Profeta (sa) preguntó: “¿No hay nadie que se lamente por el martirio de Hamzah?” [tío del Santo Profeta (sa)]. Sobre esto, Hazrat Mu’adh (ra) estuvo entre los compañeros que fueron y dijeron a las mujeres que no debían lamentarse por el martirio de nadie, hasta que hubieran lamentado el martirio de Hazrat Hamzah (ra). Su Santidad (aba) dijo que aunque el Islam no permite lamentarse o expresar la pena de manera excesiva, esto era una expresión de amor y lealtad al Santo Profeta (sa).

Papel en la compilación del Sagrado Corán

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Mu’adh (ra) fue uno de los cuatro compañeros durante la vida del Santo Profeta (sa) que habían memorizado y ayudado a compilar el Sagrado Corán. Además, Hazrat Mu’adh (ra) fue uno de los cuatro estimados compañeros que fueron nombrados por el Santo Profeta (sa) como maestros del Sagrado Corán, ya que habían aprendido todo el Sagrado Corán directamente del Santo Profeta (sa).

Su Santidad (aba) relató que una vez el Santo Profeta (sa) dijo que Hazrat Mu’adh (ra) tenía la mayor comprensión de lo que es legítimo e ilegítimo según las enseñanzas del Islam.

El amor del Santo Profeta (sa) por Hazrat Mu’adh (ra)

Su Santidad (aba) relató una narración de Hazrat Mu’adh (ra) en la que decía que una vez el Santo Profeta (sa) le tomó de la mano y le dijo que le amaba. Entonces le aconsejó que dijera la siguiente oración después de completar el Salat: “Mi Señor, te imploro que me ayudes en tu recuerdo, por estarte agradecido y adorarte de la mejor manera”.

Instrucciones del Santo Profeta (sa) sobre la duración del Salat

Su Santidad (aba) presentó narraciones en las que se cuenta que Hazrat Mu’adh dirigía el Salat durante el cual recitaba largas porciones del Sagrado Corán. Debido a la longitud de la oración, una persona dejó la congregación y ofreció su propia oración. Cuando el Santo Profeta (sa) escuchó la noticia, instruyó a Hazrat Mu’adh (ra) que no agobiara a los congregantes con largas oraciones. Entonces le dio a Hazrat Mu’adh (ra) ejemplos de algunos capítulos del Sagrado Corán que debería recitar y que son de una longitud adecuada para dirigir la oración.

Consejo para ser salvado del fuego y entrar en el cielo

Su Santidad (aba) relató una narración de Hazrat Mu’adh (ra): una vez pidió al Santo Profeta (sa) que le aconsejara qué acciones debía llevar a cabo para salvarse del fuego y entrar en el cielo. El Santo Profeta (sa) respondió que ofrecer una oración y no asociarse con Dios, pagar el Zakat, ayunar y realizar la peregrinación podría salvar a una persona del fuego. El Santo Profeta (sa) dijo entonces que le informaría de acciones que podrían abrir las puertas del bien y la prosperidad. El Santo Profeta (sa) dijo que el ayuno es un escudo, y dar limosna es como el agua que apaga el fuego, y ofrecer oraciones voluntarias en medio de la noche, y llevar a cabo la Yihad. El Santo Profeta (sa) dijo que la base de todas estas cosas era mantener el control sobre la lengua, ya que las heridas y los diversos daños causados por la lengua son los que llevan a una persona al fuego.

Su Santidad (aba) relató una narración en la que el Santo Profeta (sa) llamó a Hazrat Mu’adh (ra), y dijo que cualquiera que declarara sinceramente su creencia en la Unidad de Dios y en el hecho de que Muhammad (sa) era Su mensajero sería salvado del fuego. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) aconsejó que Hazrat Mu’adh (ra) no debía difundir esto, de lo contrario la gente dejaría de hacer buenas obras. Su Santidad (aba) comentó y explicó que este era un asunto que no habría sido entendido por todos. Hoy en día se puede ver que hay muchos que declaran su creencia, mientras que sus corazones están llenos de Shirk (asociar partícipes con Dios) ya que dependen únicamente de los medios mundanos. Además, Su Santidad (aba) comentó que esta narración deja claro que la autoridad de la decisión y la recompensa por la creencia recae únicamente en Dios Todopoderoso, no en el ser humano.

Su Santidad (aba) dijo que continuaría mencionando los incidentes de la vida de Hazrat Mu’adh (ra) en el futuro.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres (en ausencia) de los siguientes miembros fallecidos:

Maulvi Farzan Khan, misionero a cargo en Odisha. Le sobreviven su esposa y sus dos hijos. Cuidó muy bien de los misioneros a su cargo. Sirvió a la Comunidad con gran celo y tenía una pasión por difundir el mensaje del Islam, como resultado de lo cual pudo ayudar a la gente a unirse al Islam. Una vez fue a un pueblo para difundir el mensaje del Islam. La gente de allí le informó que tenían una vaca que no daba leche. Dijeron que si realmente tenía el verdadero mensaje del Islam, entonces debería rezar y soplar en la leche que se le daría a la vaca. Lo hizo, y luego rezó a Dios para probar la veracidad del Mesías Prometido (as). Poco después, la vaca produjo leche, lo que alegró a la gente del pueblo y aceptaron el Ahmadíat. Su Santidad (aba) dijo que todos los que le escribieron expresaron que era un misionero ejemplar.

Abdul’lah Munsiku: un misionero local en Malasia. Falleció el 8 de octubre. Le sobreviven su esposa y sus ocho hijos. Vio al Mesías Prometido (as), el segundo Califa y el tercer Califa en sus sueños y también pudo asistir a la Convención Anual en Malasia que le llevó a aceptar el Ahmadíat. Difundió el mensaje del Islam con gran pasión y ayudó a muchas personas a unirse al Islam Ahmadíat.

Abdul Wahid, que falleció el 12 de septiembre. Era un Mu’al’lim local en Qadian. Anteriormente era cristiano, pero más tarde toda su familia aceptó el Ahmadíat. Era muy obediente y era muy hábil en la propagación del mensaje del Islam. Pudo ayudar a varias familias a unirse al Ahmadíat. Le sobreviven su esposa y sus tres hijos.

Su Santidad (aba) rezó por el perdón de estos miembros fallecidos y también rezó por sus familias. Su Santidad (aba) rezó para que sus hijos puedan mantener vivas sus virtudes y permanezcan siempre unidos a Jilafat.

Resumen preparado por The Review of Religions

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